Guadalajareando y catedraleando que es gerundio

Prácticamente se van a solapar en el tiempo la salida de imprenta de la segunda edición de “Guadalajareando”, el libro con textos míos al que ha puesto unas extraordinarias fotografías Nacho Abascal, y la primera de “Catedral de Sigüenza, 850 años de piedra viva”, mi última publicación que va a presentarse de forma oficial el próximo día 9 de abril, a las 8 de la tarde, en el Centro San José. Están/estáis todos ustedes/vosotros invitados al acto.

Apelando a la conocida anécdota televisiva de Francisco Umbral y dando un paso más que él -físico, que no literario, pues yo no le llego ni al tacón del zapato- hoy he venido a hablar, no de mi libro, sino de mis libros porque no es habitual que un autor presente dos obras casi simultáneamente, aunque en esta ocasión así lo han querido las circunstancias. Y yo, tan contento por ello pues si hay algo que agrada a un autor es ver sus obras publicadas. Y si, además, son leídas y no solo ocupan unos milímetros de anaquel en las estanterías, pues ya miel (de la Alcarria, por supuesto) sobre hojuelas, que están muy ricas, aunque tienen muchas calorías.

De “Guadalajareando” he de decir que, aunque alguien pueda pensar que es petulancia, no me ha extrañado en absoluto que haya tenido que reeditarse apenas tres meses después de publicarse porque se trata de un libro espectacular desde un punto de vista formal, algo a lo que yo solo he aportado la idea y el texto pero que quien lo ha conseguido de verdad es Nacho Abascal con sus magníficas fotografías. Como ya comenté con motivo de la exposición que realizó hace algunas semanas en el centro San José con una selección de sus fotografías que se incluyen en “Guadalajareando”, esta provincia ha tenido y tiene grandes fotógrafos y Nacho está entre ellos, sin duda alguna. Además, como amigo es de los buenos y como persona es de las mejores, así que bien pueden sus padres presumir de hijo -de hijos, más bien, pues tienen muchos y todos valen un “potosí”-, algo que no hacen porque son muy sencillos y reservados.

Quienes no hayan podido “guadalajarear” con la primera edición de “Guadalajareando” -vaya trabalenguas- van a poder hacerlo próximamente con la segunda, idéntica a aquella, si bien incorporándose la corrección de algunas erratas y/o errores detectados en el texto y sustituyéndose un par de fotografías que Nacho ha considerado que mejoraban las de la primera edición. Confío en que este libro siga teniendo recorrido en el futuro porque con él también lo tendrá la propia provincia ya que es un compendio de su historia, arte, geografía, costumbres y tradiciones, pero, sobre todo, un espléndido catálogo de sus paisajes de excelencia, que son muchos y variados, como comprobarán quienes no conozcan Guadalajara y caiga esta publicación en sus manos. La sorpresa suele ser anfitriona de la curiosidad y ésta vísperas de un viaje.

Y ahora vamos a hablar -brevemente porque aún está sin presentar en público y hay que guardarse palabras para cuando le llegue el momento- del librito que con tanta ilusión como empeño he escrito sobre la catedral de Sigüenza. Utilizo el diminutivo de libro, no porque lo considere una obra menor en mi bibliografía, bien al contrario, sino porque, formalmente, en comparación con “Guadalajareando”, su tamaño es un tercio menor (20 X 20, frente a 30 x 30), al igual que su paginación ya que, mientras el que ahora se reedita alcanza las 250 páginas, el que se ha publicado por primera vez no llega al centenar.

“Catedral de Sigüenza, 850 años de piedra viva” está evidentemente escrito con ocasión del 850 aniversario de la consagración o dedicación litúrgica de la seo seguntina, efeméride que se viene celebrando desde junio del año pasado y que concluirá en junio de éste al tiempo que el jubileo concedido por el papa Francisco por tan relevante hecho. Aporto así mi granito de arena al mucho y buen trabajo que se está llevando a cabo para conmemorar este acontecimiento desde el obispado de la Diócesis Sigüenza-Guadalajara, en general, y desde el Cabillo catedralicio, en particular, con su dinámico y proactivo deán al frente, Jesús de las Heras.

Este libro se enmarca dentro de las publicaciones de carácter pedagógico y didáctico que la Diputación Provincial me viene encargando y publicando desde que iniciamos esta línea de trabajo con “Guadalajara para niños” y la continuamos con “Viaje a la Alcarria en familia” y “Cisneros, vida y obra de un gran cardenal”. La obra tiene un carácter fundamentalmente divulgativo y está dirigida a un público familiar y escolar que, como en las publicaciones antes citadas, encontrará un apéndice didáctico que les ayudará a conocer mejor y de una manera entretenida la historia sucinta de la diócesis y de la propia catedral, así como a visitarla en familia o formando parte de un grupo escolar. Las magníficas ilustraciones que incluye la obra las ha aportado nuevamente la diseñadora, arquitecta y docente alcarreña Nora Marco Alario que, en esta ocasión, también ha diseñado las cubiertas y los dos bellos desplegables (pop-ups) que abren y cierran el libro, curiosas arquitecturas de papel que reflejan el exterior y el interior de la catedral y que contribuyen a hacer más atractivo y artístico el libro. El muy buen diseño y maquetación electrónicos del libro los ha realizado Águeda Herrera, de Aache ediciones, y están a la altura del bien ganado prestigio de la editorial guadalajareña y guadalajareñista creada por Antonio Herrera Casado.

Da gusto trabajar con gente tan profesional y con equipos tan competentes, así, hasta los mediocres como yo no parecemos tan malos. Gracias a todos ellos. Y ustedes/vosotros: ¡A “guadalajarear” y a “catedralear”! O mejor, ya están “guadalajareando” y “catedraleando” (en Sigüenza, por supuesto), que es gerundio.

 

 

 

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