2015 enero | Esto es lo que hay

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El secreto está en el “dos”

Este fin de semana se celebra en Madrid la convención nacional del PP, que servirá  de pista de despegue a la precampaña de los populares, y que ya no parará hasta el 24 de mayo. Agotador el  año que nos espera con una convocatoria electoral  de locales y autonómicas en  13 comunidades, una específica para Cataluña en septiembre, en la que Artur Mas Junqueras promete la independencia y dos huevos duros, otra probable en Andalucía si así lo decide Susana Díaz y su hoja de ruta hacia La Moncloa, y las generales  en noviembre, diciembre o incluso a mediados de enero. No me digan que no es como para coger las obras de San Juan de la Cruz y meterse en una cueva de Pastrana hasta que escampe.

Después del Congreso del PP,  ya solo queda designar los candidatos que se están peinando. Esperanza Aguirre ha quedado más aparente para aspirar a que Mariano Rajoy la designe como candidata a la alcaldía de Madrid  después del archivo judicial de su  novelesco episodio por la famosa multa de tráfico y la persecución por las calles de Madrid, con lo que al presidente del Gobierno se le plantea un dilema. Elegir a la que sin duda es la más popular de los candidatos para luchar a cara de perro con Carmona (PSOE)  y Monedero (Podemos, Ganemos o la marca que sea) en la elección más complicada para el PP desde que Tierno dejó la alcaldía; o hacer caso a lo que le pide el cuerpo y tocar con el dedazo a su delegada Cristina Cifuentes. Luego está lo de la Comunidad, si repite Ignacio González, o Rajoy arriesga y se busca un candidato con más punch mediático. Un asunto que concierne más de lo que aparenta  a Guadalajara, por la influencia que tiene en el Corredor del Henares –mucho menos en el resto de la provincia—los aires que vengan de Madrid. Y si hay “marea roja”, a buen seguro que el agua alcanzará la plaza Mayor, y  la de Moreno –un liberal al que los absolutistas cortaron la cabeza–,  por mucho que el PP consiga la heroicidad de deshacer el empate en el partido judicial de Sigüenza.

Pero no solo Rajoy tendrá que ponerse con los deberes para cuando acabe la convención, por mucha fatiga que le dé la tarea, en Castilla-La Mancha también María Dolores Cospedal, ahora que tiene a Floriano ocupado con la campaña, tendrá la última palabra sobre las dos decisiones más peliagudas que le quedan por resolver en las grandes capitales de la región. Está la alcaldía de Toledo, donde parecen colocados Agustín Conde, pero sobre todo el delegado del Gobierno Jesús Labrador –sin descartar a una candidata como tercera vía—y luego queda lo de Guadalajara, que se está enredando más de lo deseable para los intereses populares.

Lo que sé. Que Antonio Román, a pesar de llevar metido más de veinte años en el ayuntamiento, con lo que se merece un cuadro XXL para la Galería de Alcaldes  el día que se vaya, y aunque el cuerpo lo que le pide es explorar otros caminos políticos y profesionales, está (inicialmente)  dispuesto a encabezar por cuarta vez la candidatura del PP, si su partido estima que es el candidato con más posibilidades. Tradicionalmente, los alcaldes de Guadalajara han sido los políticos provinciales más conocidos, aunque los encuestadores del PP, como hacen siempre, dejan caer otros nombres, en este caso los de Ana Guarinos y Jaime Carnicero, por lo que pueda pasar. Hasta ahora, no ha habido una reunión formal para hablar del asunto entre Román  y la dirección del partido (Guarinos, Tirado y, lógicamente, Cospedal), y cuando se celebre (no sabemos si será en el ámbito privado o en el mismo Ejecutivo Regional) el alcalde de Guadalajara se va a vender caro.

Lo que presumo. Que Román va a reclamar plenos poderes  en cuanto a la confección de la lista, y eso incluye el emblemático  número dos. Román va a querer que sea Jaime Carnicero, el edil que ha ejercido durante la legislatura como su vicealcalde, aunque sea un cargo que formalmente no exista en el organigrama de este ayuntamiento. El número dos es doblemente relevante.  Por lo simbólico, en el PP de Guadalajara tradicionalmente lo ha ocupado el presidente provincial cuando era el candidato in péctore a presidir la Diputación, como sucedió largo tiempo con el fructífero tánden Bris-Tomey,  y que tantos éxitos dio a los populares. Pero el número dos tiene además un relevancia legal, porque es el  sucesor natural de un alcalde  en caso de renuncia o fallecimiento, sin que haya que andar con dimisiones de por medio, cosa que sucedería si la decisión para el recambio estuviera más debajo en la lista. Esta circunstancia cobra ahora especial relevancia. Yo  no tengo constancia de que  Antonio Román tenga decidido no acabar el mandato y renunciar a favor de Carnicero, si renovara su mayoría absoluta, pero tampoco hay garantías de lo contrario, o por lo menos Román no las dio la última vez que le pregunté públicamente sobre el asunto con motivo de la presentación del balance de 2014.

Lo que sé. Que Ana Guarinos nunca ha puesto pegas a que Antonio Román vuelva a repetir como cabeza de lista. Parece lo más sensato, aunque no siempre ha ocurrido así. Cuando Jesús Alique fue secretario provincial del PSOE, su primer objetivo era ser alcalde de Guadalajara, sin lugar a dudas el cargo con más lustre de la política provincial; no lo consiguió, aunque  la suerte le favoreció porque pudo ser presidente de la Diputación, y cuatro años después se aupó a la Alcaldía en coalición con Izquierda Unida, y dejó la Diputación primero a José Carlos Moratilla y luego a María Antonia Pérez León.

Lo que presumo. Que una cosa es acceder a que Román sea el alcalde, porque así lo recomienda la demoscopia, y otra cosa a que lo sea otro que al que tú no has puesto. Y hasta aquí puedo leer. Los partidos son muy jerárquicos, y cuando se gobierna, más, y Román lo debe saber porque ha sido presidente provincial.

Lo que sé. Si no hay consenso en el ámbito del PP provincial, es decir, entre Román y Guarinos, decide Cospedal. Y si la cosa se enreda más de lo que al PP le convendría, y no hay acuerdo con Román por la confección de la lista, Guarinos dará el paso adelante y será la candidata a la alcaldía con Lorenzo Robisco de número dos. Pero, insisto, esta opción está en la recámara, no es la primera.

Quédense con esta frase pronunciada por Guarinos hace dos semanas. “Siempre he estado a disposición del partido y seguiré estando a disposición de lo que quiera y pueda necesitar”. “Sería una osadía que cada uno pidiéramos lo que quisiéramos”.

Esto es lo que hay.

EL MODELO DEL CENTRO ACUÁTICO.- Desde el lunes está en marcha el Centro Acuático Municipal, cuyos encendidos elogios por parte de Román a su vicealcalde, Jaime Carnicero, a quien colocó en la inauguración en lugar preferente junto al presidente de Supera, tienen mucho que ver con lo que he escrito antes, pero ahora yo quiero subrayar que nadie puede negar que Guadalajara tiene un centro estupendo para los que les gusta el agua en todo tiempo y condición, y que ha costado más de ocho millones de euros. Es una inversión que no ha tenido que pagar el Ayuntamiento, porque su economía no se lo permite, ni ahora ni en los próximos lustros. A cambio,  la empresa Supera, líder en el sector, gestionará la instalación durante cincuenta años y pagará un canon, parece que pequeño, porque no se ha explicado bien, durante ese tiempo. El modelo de colaboración público-privada utilizado por el Ayuntamiento de Guadalajara está cada vez más extendido por España, porque es la única manera de que en las ciudades se puedan hacer inversiones en grandes infraestructuras a pesar de la caída en la recaudación de los ayuntamientos.  Puede tener sus detractores, por ejemplo entre los gimnasios privados de Guadalajara, que de alguna manera ven una competencia desleal en la iniciativa, porque a ellos nadie les ha pagado el suelo del  negocio, y ahora van a tener que hacer frente a una oferta muy competitiva. Los medios de comunicación sabemos mucho de ello, y es lo que menos me gusta. Más ideológica es la crítica que se hace desde Izquierda Unida,  ellos priman lo público por encima de todas las cosas, pero el problema es que lo público no lo pagan los señores concejales, lo pagamos el contribuyente con nuestros impuestos y tasas; y se lo sigo sin acritud: estamos ahogados, pues los ayuntamientos en lugar de reducir el gasto corriente para compensar la caída de la recaudación, lo que han hecho en esta legislatura para cuadrar sus números es aumentar el IBI, las tasas y los impuestos.  Aunque en este último año se hayan producido algunas rebajas para el maquillaje.

P.D. ¿Pero a Pedro Sánchez no le eligieron hace seis meses para liderar el PSOE? No entiendo nada, Susana. Es la primera vez en la política española que se diseñaría una estrategia en base a la posibilidad de que el jefe de tu partido se estrelle en unas elecciones a las que no se presenta. Creo que Pedro Sánchez no ha acabado de encontrar un discurso socialdemócrata sólido que oponer a las ocurrencias del populismo; pero de ahí a convertirle en chivo expiatorio… Lo que hay que ver.

Un incierto 2015

Si hubiera que emplear un calificativo para este nuevo año de 2015 tal vez el más apropiado sea el de “incierto”. Al margen de cualquier otro tipo de análisis que nos merezca la situación actual, en lo que posiblemente todos estaremos de acuerdo es que nunca desde la Transición hemos estado ante una situación política tan abierta. Pero no tanto porque por primera vez hay una opción real de  ruptura de ese bipartidismo imperfecto que favorece nuestro sistema electoral, lo que en principio constituiría una sana autoregeneración del propio sistema, la incertidumbre se suscita porque al pairo de la crisis y de la manipulación en clave populista de los efectos de la corrupción, como si esta no formara parte de la condición humana y fuera un genuino producto de la Constitución de 1978, lo que algunos nos sugieren es que como infalible remedio hay que liquidar toda esa arquitectura constitucional de consenso que permitió a este país entrar en la modernidad y en Europa, y reemplazarla por no sabemos qué, aunque sospechamos que la alternativa  puede estar más cerca de la Venezuela de Maduro que de la América de Obama. Resumiendo: que la Constitución no tiene la culpa de que Zapatero no supiera encarar la crisis como se merecía lo que se nos venía encima, ni la Constitución le impidió a Rajoy actuar de otra manera para rebajar el déficit, contener la deuda desbocada y comenzar a crear empleo neto. No atribuyamos por tanto a las constituciones lo que son acciones del poder ejecutivo,  y desconfiemos de los que nos dan a entender que con su cambio, como el que se muda de sombrero al estilo de la España del siglo XIX,  vamos a solucionar los problemas de España de la noche a la mañana.

Sí, este año 2015 es tan incierto que es muy posible que el Gobierno de Mariano Rajoy quiera prorrogar la legislatura hasta enero de 2016 en lugar de convocar las elecciones antes de la Navidad, y así dar margen a que se visualicen más los efectos de la recuperación, que aún siendo ciertos, no acaban de llegar a la microeconomía de las familias. No lo va a tener fácil el Gobierno, porque se va a enfrentar a una tesitura en la que jamás se ha visto ningún otro Ejecutivo español desde que en España surgió una clase media-colchón tras el proceso de industrialización en los años sesenta. Se lo oí en algunas tertulias de la Transición al llorado Paco Fernández Ordóñez. Él pronosticaba que los comunistas no liderarían la izquierda, porque esa nueva clase media, post industrial y trabajadora,  ya tenía cosas que perder, y acabarían identificando el comunismo con la inestabilidad y la Guerra Civil a pesar del positivo papel que el PCE jugó en toda la Transición. Y así sucedió.

El principal problema para el actual gobierno es que esa misma clase media de la que se nutre ha perdido calidad de vida aún teniendo trabajo, por la caída en torno al 20 por ciento de su renta disponible en el núcleo familiar, además existe una parte de la población más  joven que al carecer de empleo o de expectativas de encontrarlo más allá de una ETT,  tiene la tentación de indentificar a nuestro régimen de libertades  y a sus partidos mayoritarios con el peor de los mundos posibles, y son presa fácil de ese populismo que ante problemas complejos, como es la crisis del estado del bienestar por los efectos de la globalización (una gran parte de la industria europea no es competitiva frente a los países emergentes) ofrecen soluciones simplistas que acabarían empeorando la ya precaria situación actual.  El problema para el gobierno y la izquierda socialdemócrata es que muchos de estos jóvenes no tienen la perspectiva histórica de los que sí hemos conocido otro país más empobrecido y en el que la libertad estaba ausente, y por lo tanto han llegado a la conclusión de que nada tienen que perder. Los estudios electorales desde hace muchos años dicen  que la primera opción de los jóvenes que accedían a la mayoría de edad era no votar, pasar de las urnas. Y no lo dimos importancia. Pues bien, ahora eligen en primer lugar dar su confianza a una opción rupturista como Podemos, que ha roto todas las expectativas de voto sin llegar a presentar un programa más allá de algunas viejas ideas sacadas del intervencionismo más ortodoxo.  El germen del descontento ya estaba ahí, durmiente, y solo ha habido que esperar a que surgiera alentado por el populismo de algunas estrambóticas tertulias televisivas que robaron el formato a los programa del corazón más procaces.  El resultado: que ahora  hay millones de españoles que  se creen que no tienen nada que perder, como pasó en la Alemania de la hiperinflación con la república de Weimar, y si a la crisis se junta la exhibición impúdica de sucesivos fenómenos de corrupción, nos encontramos con que los dos grandes partidos presentan un agudo problema de credibilidad y costará que nos vuelvan a convencer de que está vez, sí,  están dispuestos a regenerarse frente a los abusos producidos en los últimos años, y ya no digamos cómo van a trasladar sus convicciones en esa generación más joven que no ha conocido otra España que la de la crisis, el  fracaso educativo, el subempleo y los recortes,  una crisis que ya nos dura siete años. ¿Cómo les van a convencer de que con sus defectos todavía España es un país que está entre las primeras diez economías del mundo y  que, si no hay frenazo y marcha atrás,  dispone de un tejido productivo capaz de llevar a nuestro PIB  en 2015 a crecimientos por encima del 2 por ciento, y que solo creciendo a ese ritmo luego sería posible mejorar la calidad del empleo y apuntalar el estado del Bienestar?

Intuyo que habrá millones de españoles que querrán pegar un zapatazo encima de la mesa, sin reparar en el riesgo de que se haga añicos la vajilla de la abuela, y pudiera ser que se quiera aprovechar la ocasión de que hay municipales en mayo para mostrar ese desagrado, como ya ocurriera en las Europeas. Eso nos lleva a otro panorama incierto, y no tanto porque pudieran cambiar los gobiernos municipales, que eso es intrínseco al sistema democrático, sino porque la proliferación de fuerzas haga los ayuntamientos ingobernables. Y la ingobernabilidad muchas veces es también sinónimo de corrupción y casi siempre de tiempo perdido, el que desperdician los políticos en tener que hablar de lo suyo a cada momento como si ni fuera bastante con atender a la gestión del día a día. Extrañó a alguno la sinceridad del alcalde Antonio Román, en su balace de fin de año, al reconocer que la mayoría absoluta del PP está en el aire (y eso que podrían perder hasta tres concejales, y no bajarían de 13, el número mágico en el Ayuntamiento de Guadalajara) y  pronosticar que si las elecciones se celebraran hoy, 5 o 6 fuerzas tendrían opción de entrar en el Ayuntamiento. Pero es que la volatilidad en la opinión pública española se asemeja a la Bolsa griega. Están pasando tantas cosas, que una semana haces una encuesta en Guadalajara y al PP le da mayoría absoluta con 14 concejales y quince días después te quedas en 12. Y de las autonómicas, que para el PP van a estar especialmente difíciles en la zona del Corrredor, vamos a ver si García Page no tiene razón y la clave de la mayoría de Cospedal vuelve a estar en Guadalajara, pero ahora en sentido contrario.

Yo ya tengo escrito que los cambios en esta comunidad empiezan primero por Guadalajara, por su vinculación a Madrid, y aquí puede pasar cualquier cosa. Por eso Román, que es el político más conocido,  se vende caro en las conversaciones que iniciará en los próximos días con su partido.

Atención a este mes porque hay muchas cosas por cerrar. En el PP, en el PSOE menos, y no digamos a su izquierda más izquierda con Ganemos, Podemos y una IU que lucha por sobrevivir, curiosamente después de una legislatura en la que ha tenido un mayor protagonismo en la oposición de lo que cabe a un grupo con un solo concejal por el concienzudo trabajo de su portavoz, José Luis Maximiliano. Pero así están las cosas. Hoy, la experiencia dejó de ser un grado, y al paso que llevamos y por la simpleza de algunos argumentos acabaremos transcribiendo un pleno del ayuntamiento en un tuit.

Esto es lo que hay. Mañana, Dios sabrá.  Feliz año.

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