2015 marzo | Esto es lo que hay

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Un convenio realista que evita un conflicto en Guadalajara

Los parlamentos de Vallecas y Toledo, sedes de las comunidades autónomas de Madrid y Castilla-La Mancha, aprobaron ayer el convenio sanitario firmado por los presidentes Ignacio González y María  Dolores Cospedal,  que regulará la atención de los pacientes de Guadalajara en  la sanidad madrileña, y de aquellos vecinos del norte de la provincia de Toledo que voluntariamente prefieran ser  atendidos en hospitales cercanos de la comunidad de Madrid. Queda pendiente la ratificación del Senado, donde el PP tiene mayoría absoluta, y su posterior publicación en el Diario Oficial para que el convenio entre en vigor, aunque en el caso de Toledo  habrá que esperar seis meses más para que los potenciales usuarios puedan hacer su elección,  y en base a ello acomodar el servicio (Hay un cupo máximo de 60.000 cartillas).

No soy sospechoso de tibieza en la defensa de esta reivindicación histórica de los guadalajareños, ahí están las hemerotecas,  y los que me siguen saben que como no pertenezco a ninguna de las nutridas comparsas del agit-prop  de los partidos políticos, de haber fracasado el gobierno de Cospedal en este asunto se lo habría recriminado hasta el mismo día de las elecciones.  En justa correspondencia tengo que valorar la gestión política al respecto, y que ha cristalizado en un convenio realista y suficiente a las necesidades demandadas desde Guadalajara. Como explicaré.

Ayer mismo, el doctor Ochoa, presidente del Colegio de Médicos, y alma libre de su colectivo profesional, recordaba algo muy importante que le pasó a él como médico del Hospital. “Hace veinticinco años ya pregunte por escrito a qué hospital se podría trasladar a los enfermos del Hospital de Guadalajara, si surge un problema neuro-quirúrgico, y me dijeron que iba a solucionarse enseguida, pero todavía no está firmado”.

Hace muy bien el doctor en ser incrédulo, porque si bien es cierto que tradicionalmente el Hospital de Guadalajara derivaba normalmente pacientes  cuando había en España un servicio de salud estatal –del que nunca debimos prescindir, pero claro ¡había que dar poder y recursos a los taifas autonómicos!–, pero las cosas se empezaron a complicar a medida en que las competencias sanitarias se fueron asentando en cada autonomía, y cada califa regional empezó lógicamente a pensar  primero en sus administrados, que son los que le votan, y no en los vecinos. En Guadalajara, el asunto más o menos se fue capeando con un convenio de voluntades que se firmó siendo Bono presidente de Castilla-La Mancha y José Ignacio Echániz de consejero de Sanidad de la comunidad de Madrid, pero el problema no se acabó de resolver por completo, porque en el texto no se habían asignado hospitales de referencia en Madrid con lo que pasaba lo que ayer comentó el doctor Ochoa. Que, al final, la admisión del enfermo dependía de la buena voluntad del centro que lo recibía, y no de un protocolo reglado.

Las cosas se acabaron complicando cuando se agudiza la crisis económica, el Fondo de Cohesión se restringe al máximo, y las autonomías, notoriamente Castilla-La Mancha, empiezan a dejar facturas sin pagar en la sanidad madrileña, hasta que esta dice ¡basta!, y que cada cual se las componga como pueda. Y así sucedió que los guadalajareños, sin comerlo ni beberlo, acabamos recorriendo hasta más de seiscientos kilómetros en un día para ser atendidos de especialidades que antes, con el malhadado estado centralista, se proporcionaban desde Madrid.

Pues bien, con el convenio firmado ya es posible responder a la pregunta que ayer se hacía el doctor Ochoa, y que nunca le respondieron por escrito cuando trabajaba en el Hospital. “¿Adónde envío a un enfermo si surge un problema neuro quirúrgico?”. La respuesta está en el anexo número 1 del convenio. Si es adulto al Hospital Ramón y Cajal y si es un niño al de La Paz. Se termina por tanto el trasiego de ambulancias de un hospital a otro,  como ha llegado a suceder, hasta que finalmente un enfermo de Guadalajara sea atendido. El convenio le garantiza además la misma prioridad que a un vecino de la comunidad de Madrid.

Madrid  se ha curado esta vez en salud, y el convenio deja muy claro que los gastos originados por la atención de los avecindados en Castilla-La Mancha –que no “ciudadanos” castellano-manchegos, como he llegado a leer, ciudadanía solo hay una con esta Constitución y es la española—los paga su comunidad autónoma. ¡Como no podía ser de otra manera!…, porque –y aunque a mí no me guste— la Sanidad es competencia de las comunidades autónomas, que a su vez reciben el dinero del Estado. ¿Pero es que alguien en su sano juicio puede pretender que la comunidad der Madrid, además de dejarnos utilizar sus hospitales, lo fuera a hacer gratis? Pues bien, todo esto también lo resuelve el convenio, que marca y fija las distintas tarifas, y regula cómo y cuándo hay que pagarlas. A tres meses fecha de factura. Con una cautela: el incumplimiento reiterado de los pagos permitiría a Madrid liquidar el convenio. Es decir,  si otra vez en Castilla-La Mancha se produjeran impagos generalizados  de facturas por la mala cabeza de los gobernantes de turno, ya sabemos que lo primero que saldría por la ventana es este convenio. Pero sepan que detrás de él se iría toda Guadalajara.

He escuchado también críticas desde la oposición sobre si con este sistema se está produciendo un doble pago. ¡Vaya por Dios! Se supone que si a un vecino de Guadalajara le operan de cirugía cardiaca en el Ramón y Cajal, y por lo tanto ya no tiene que ir de excursión hasta el hospital de Albacete, pues es un dinero que nos estamos ahorrando. ¿Qué a lo mejor no es todo? No diría yo que no, pero ¿saben cuál es la única forma de optimizar este gasto? Pues sí, volviendo a un sistema de salud estatal único, que permitiría ajustar  más los costes y las plantillas, generando mayores sinergias en la política de compras. Bajando un peldaño mis expectativas se podrían fusionar las autonomías de Madrid y Castilla-La Mancha, como se debiera haber hecho en la Transición, con lo que nos habríamos ahorrado miles de cargos y cientos de organismos y empresas públicas, y tendríamos unos servicios más eficientes y baratos. ¿Por qué no se atreven?  Eso sí que sería verdaderamente revolucionario, y no la demagogia populista que hay que escuchar estos días de los que van por ahí predicando que todo se resuelve con aumentar el gasto público y dar marcha en los antipáticos recortes, pero ocultan que lo quieren hacer a costa de cargar con más  impuestos a las clases medias,  y a la pequeña y mediana empresa, porque las multinacionales tienen recursos para tributar en otros países europeos con una fiscalidad más favorable.

Dijo ayer el portavoz socialista en las Cortes toledanas, que todo se debería haber resuelto mediante el Fondo de Cohesión. Bien sabe él que esto no es así; que solo con el Fondo de Cohesión –que los nacionalistas, por cierto, quieren reducir a la mínima expresión—no se podría financiar unos servicios tan completos como los que garantiza el convenio, aunque no estén todos. De hecho, el texto distingue entre las tarifas reguladas en el SIFCO y las que no lo están. Así que no cuela. Solo con fondos de Cohesión, no se habría firmado este convenio, porque Madrid no lo habría aceptado, ya que a cambio nosotros no podemos ofrecer contraprestaciones, como sucede con los convenios  de Aragón o Valencia,  y sin una garantía de cobro la comunidad de Madrid nos habría mandado a esparragar,  la presida  Cifuentes, Gabilondo  o el primo de Nicolás Maduro.

Por ello, prefiero dejar correr las afirmaciones del mentado portavoz de que si gana Page cambiará el convenio. No lo podrá hacer, porque no lograría un consenso para ello; y él lo sabe. Pero como es un político inteligente, y conoce Guadalajara mejor que la mayoría de los políticos toledanos,  también sabe que si  gobierna y se carga el convenio esta provincia se le subleva. Como ya lo hizo durante seis meses en la primera legislatura municipal  tras la Transición cuando se paralizó el proceso autonómico y tuvo que amenazar Alfonso Guerra con disolver la Agrupación Socialista de Guadalajara si no respaldaban la integración de Guadalajara en Castilla-La Mancha, aunque no estuviera en ella Madrid. ¡Qué error, que gran error!, escribo parafraseando a  Ricardo de la Cierva sobre el nombramiento de Suárez por Juan Carlos.  Algún día les contaré con más detalle la historia.

Si esta vez las cosas han salido razonablemente bien es porque hemos tenido la suerte de que ambos gobiernos autonómicos son del mismo signo político, y porque ha habido un político de la tierra, José Ignacio Echániz,  que ha puesto lo que había que poner en la mesa de operaciones; y al final todo el gobierno de Cospedal ha remado en la misma dirección. Esto es lo que hay.

Y así hay que dejar constancia de ello.

P.D. Estoy hasta las narices, y lo siguiente, cada vez que leo o escucho que con este convenio los “manchegos” van a poder ser atendidos en la comunidad de Madrid. Ni los de Guadalajara somos manchegos, ni tampoco los del norte de la provincia de Toledo. La Mancha queda más al sur, como todo el mundo debería saber menos algunos compañeros de profesión instruidos en la Logse y que en asuntos de geografía son más analfabetos que el asno de Sancho Panza. Me consta que en algunos medios emplean el gentilicio “manchego” por abreviar. Nada bueno se puede esperar de un país en el que un partido puede llegar a tener un significativo resultado electoral sin necesidad de presentar un programa; o cuando las únicas  ideas que llegan a la gente de algunos políticos  caben en un tuit. Pero por lo que no paso es que por abreviar te maten al padre o a la madre, porque con el tiempo te acabarán tratando como a una persona sin referencias, ni pasado. Es decir, como un vulgar hijo de puta.

Los que vivimos en la autonomíade Castilla-La Mancha somos castellano manchegos en su definición más  genérica.  Y si nos referimos únicamente a  los de la provincia de Guadalajara, con castellanos nos basta. ¿Tan complejo es el asunto  para algunos juntaletras  que hasta el burro manchego de Sancho Panza lo entendería?

Mal rayo nos parta  el día en que lo dejemos pasar.

 

Las elecciones más abiertas desde la Transición, aquí y allí

El último barómetro que publico el domingo El País aportó un dato nuevo, que se veía venir, como es el vertiginoso crecimiento de Ciudadanos, sustentando en el atractivo médiático de su líder, Albert Rivera, que por primera vez  desde la restauración juancarlista sentencia el fin del bipartidismo y sitúa a cuatro partidos con opciones de gobernar o de formar parte del gobierno de turno.  Este es la gran novedad de este barómetro, y no tanto que en intención de voto Podemos sería el primer partido con el 22,5%; el PSOE  volvería al segundo puesto con el 20,12%; por primera vez el PP caería hasta el tercer lugar con el 18,6%, y pisándolos los talones se ha acercado Ciudadanos como un bólido con el 18,4%, lo que significaría que Albert Rivera está rebañando electores en predios que fueron de los populares en las últimas Generales. Izquierda Unida, con el 5,6%, y UPyD con el 3,6% tiene el serio riesgo de caer en la irrelevancia, que es un paso anterior a su extinción como partidos. Si fuesen entidades bancarias, con esos resultados están al borde de una OPA por absorción.

Que el estudio demoscópico avance que hay cuatro partidos en la carrera electoral, y que uno sea una formación moderada, social liberal y sin complejos frente a los nacionalistas, como Ciudadanos, es sin duda más relevante que los propios porcentajes que estima el barómetro de Metroscopia, porque todavía queda un mundo para las elecciones (sean en noviembre o diciembre) y porque el número de indecisos es altísimo (el último sondeo del CIS sobre Andalucía los elevaba al 40% nada menos). Los dos partidos mayoritarios confían en que hay mucho voto oculto suyo en estos barómetros, porque hay millones de personas que no están dispuestos a confesar públicamente  que van a votar  a PP o a PSOE ni hartos de guisqui; pero esto tiene también una segunda lectura, y es que hay serio riesgo de perder la prima del voto útil que populares y socialistas tienen a derecha e izquierda del electorado por la irrupción de Podemos y Ciudadanos. También el barómetro de Metroscopia detecta otro elemento fundamental, que invariablemente apuntan los estudios más precisos del CIS, como es que un 84% sigue pensando que la situación económica es mala, lo que constituye un serio hándicap para todo partido de gobierno, ya que pone de relieve que la recuperación económica –incontestable  en España en cuanto a los fundamentos de su economía nacional—no se percibe mientras no se recupere el empleo y aumente su calidad.

Este es el escenario que se va configurando con las elecciones Generales en el horizonte, y que van a tener como aperitivo unas elecciones Locales y Autonómicas,  que supondrán un buen test sobre lo que vendrá después.

En CASTILLA-LA MANCHA estamos pendientes de algún estudio del CIS con un muestreo decente, que nos avance como van los tiros, y nos tenemos que conformar  con las filtraciones de  algunas encuestas privadas, que se publican sin ficha, y con muchas lagunas. La última de Asturbarómetro daba 16 diputados al PP, 10 al PSOE y 5 a Podemos, lo que confirma que estamos  ante unas elecciones muy abiertas en las que cualquier cosa puede pasar. Tal es así que con que solo variara de 3 a 2 los diputados que el muestreo concede al PP en Guadalajara o Cuenca, el PP perdería la mayoría absoluta en Castilla-La Mancha, y eso significa dejar  el gobierno, ya que Podemos ha anunciado tajantemente que no permitiría un gobierno de Cospedal en la región. Eso significaría que tendría que votar en la investidura a Emiliano García-Page ( no le valdría con abstenerse), si como es previsible el PP es el partido más votado. Esta es la opción que maneja como más verosimil el equipo de Page, y así lo reconoce internamente, ya que  da por hecho que los populares tendrán más diputados que ellos. Pero el PSOE tiene a su izquierda a Podemos,  mientras que el PP, pendiente de sondeos más fiables,  no dispondría de nadie con quien pactar ya que Ciudadanos, UpyD o IU se quedarían fuera del parlamento regional, insisto,  según el barómetro citado,  del que no sabemos las tripas sobre cómo se hizo. Así que…

En Guadalajara , lo que queda fuera de toda duda es que el quinto diputado, que se decide por el último resto, va a estar muy disputado, y es posible que sea el que determine el gobierno regional. Parece que hay un consenso general en que Podemos podría sacar al menos 1 diputado en Guadalajara, lo que significaría que en ese último resto, dando por hecho que en la asignación anterior de la ley D,Hondt, el PP tendría 2 escaños y el PSOE solo 1 escaño, para que el PP sacara el tercero,  el cociente debería ser mayor al dividir sus votos por tres, mientras que al PSOE (o a Podemos si tuviera más votos que el PSOE), le valdría dividir por 2 para adjudicarse el quinto diputado. Sí, ya sé que esto es un lío, pero yo se lo traduzco: esto significa que el PP tendría que ganar con mucha claridad en Guadalajara, seguramente en torno al 50% de los votos, para conseguir el tercer diputado. Muy complicado, ¿ verdad?, tal y como vienen los vientos de Madrid, aunque no imposible, porque a buen seguro que PP y PSOE, especialmente el primero, van a descontar en la provincia parte del voto de Podemos, que se agrupará fundamente en el Corredor.

En las locales de  GUADALAJARA capital se empiezan a aclarar varias cosas. Lo último, que Podemos, aunque no arriesga su nombre, ni su logotipo, va a respaldar (si sus afiliados no deciden lo contrario) a la coalición izquierdista  Ganemos Guadalajara. También  han dejado una puerta abierta para integrarse en la lista, ya que los dirigentes de Podemos podrían hacerlo con solo renunciar a sus cargos en el partido, y los militantes de base no tienen restricciones. Barra libre para presentarse.  El día 27 de marzo,  Ganemos elegirá su cabeza de lista en Primarias, y ese día sabremos si el candidato a la Alcaldía es un comunista, un ecologista, un independiente o un militante de Podemos de paisano, como crisol de todo lo anterior, pero  desprovisto de cualquier logotipo partidario, que el partido de Iglesias  reserva en CLM para las Autonómicas.

En el PSOE,  mucha atención  al día  19 de marzo , porque su candidato a la Alcaldía Daniel Jiménez presenta por segunda vez su lista a la confianza de los militantes en la Asamblea Local. En la primera vez hubo problemas, fundamentalmente, por el pasado antiabortista de una mujer que Jiménez metió en la lista, y que finalmente ha retidado. Habrá que ver si con ello será suficiente. Las normas internas del PSOE permitirían incluso que el Comité Federal  proclamara una lista que no ha sido refrendada  por una samablea local, pero ¡qué duda cabe que sería un varapalo para el candidato!. No se entendería muy bien que una lista que no ha recibido el respaldo de la militancia se sometiera luego a la confianza de los ciudadanos. Y encima en unas elecciones en las que los socialistas, por primera vez desde la Transición, no es que  se jueguen solo  la Alcaldía de Guadalajara  sino seguir siendo el primer partido de la izquierda guadalajareña.    

En el PP, el alcalde ya ha dicho que aguantará hasta última hora para dar la lista, una cautela lógica teniendo en cuenta lo que ha pasado en los últimos plenos de la legislatura entre concejales que se han quedado fuera de la lista  Teniendo en cuenta que el periodo oficial para presentar candidaturas es del 15 al 20 de abril, no habría lista oficial hasta después de Semana Santa. Román ya ha adelantado que habrá pocos cambios (parece que entre dos y tres en la zona alta de la lista) pero el problema es quién se queda  detrás del puesto decimotercero, que es el número mágico de la mayoría absoluta. En el PP se da por hecho que el 14 lo tiene muy difícil, y el 15 y 16 (hasta la decimosexta planta subió el agua del PP en las últimas elecciones)  prácticamente imposible.

Mucha atención también por si Ciudadanos o UPyD pudieran entrar en el Ayuntamiento, y al final se convierten en la llave de su gobernabilidad.

P.D.- En el patio trasero de Madrid, que tanto influye en la política local de Guadalajara, el PP va a presentar a sus mejores bazas electorales. Cristina Cifuentes sustituye a Ignacio González (por cierto, que todavía tenemos en su gobierno un convenio sanitario por ratificar) y Rajoy ha hecho de tripas corazón y finalmente ha puesto a la gran esperanza blanca del PP, Esperanza Aguirre. Pero esta última, ¡genio y figura!, no está dispuesta a que a cambio Cospedal  la desmonte de la presidencia provincial del PP de Madrid, y amenaza con renunciar a la nominación. Para empezar, este domingo hizo unas declaraciones reivindicando que en el PP no solo tiene que haber gestores sino líderes  políticos con idelología que cumplan con el programa , opiniones que iban con bala. ¿Verdad señor Rajoy?.

¡Vaya follón! Ella dice que no es un “monigote”, y Cospedal en medio del lío. Y con nuestro convenio sin firmar, que es lo que más me importa.

Pues esto es lo que hay. Y veremos cómo acaba.

Un mercado en decadencia, como las ideas de un portavoz

La propuesta electoral del candidato a la Alcaldía de Guadalajara, Daniel Jiménez, sobre el Mercado de abastos ha venido muy bien, con independencia de su contenido, que luego analizaremos, para poner sobre el tapete un debate necesario sobre este emblemático edificio de propiedad municipal y que funciona mediante concesión. Pero vayamos primero con lo que todos estamos de acuerdo.

El Mercado vive su peor momento de actividad desde que se construyó allá por 1887. De los 24 puestos que dispone solo 7 están abiertos. Los comerciantes que han cesado en la actividad por jubilación no encontraron a nadie de la familia para que heredaran el “negocio” y en los últimos tiempos  sólo ha habido una petición para explotar un local; y fue el del bar. A pesar de este panorama, o precisamente como consecuencia de él, el Mercado es deficitario para el Ayuntamiento y nos cuesta a los contribuyentes unos 74.000 euros anuales. Esto es así porque solo ingresa unos 24.000 en concepto de arrendamiento, pero tiene unos gastos de mantenimiento que alcanzan los 98.000. Y todo ello en una instalación municipal que cada día es menos rentable socialmente, porque pierde tanto oferta como demanda.

Ante todo ello, Jiménez propone dos medidas destacadas para revitalizarlo. Por un lado,rebajar aun más el precio de los nuevos puestos hasta los 100 euros al mes para los más pequeños (15 metros cuadrados) y realizar  una inversión pública  de 600.000 euros para mejorar aspectos funcionales del edificio, como la climatización y el saneamiento, y también estéticos, a través de un proyecto de interiorismo que encargaría a la Escuela de Arte de Guadalajara.

Por su parte, el Equipo de Gobierno es más favorable a ceder a la iniciativa público-privada la reforma del edificio y su posterior explotación, con lo que los contribuyentes nos ahorraríamos el gasto público del que habla Jiménez, y su concejal responsable Mariano del Castillo reconoce que durante le legislatura ha habido contacto con cuatro empresas interesadas, pero sin llegar a nada concreto. Según la versión que él mismo dio en el pleno, el principal obstáculo es la falta de acuerdo entre esas empresas con los adjudicatarios de los puestos, que tienen unos derechos adquiridos y logicamente los tienen que defender.

Para hablar de soluciones, primero habría que investigar y aclarar algunas cuestiones previas. ¿Por qué ha perdido interés el mercado entre los consumidores? Es cierto que las conexiones entre la periferia y esa zona no son las mejores, pero eso mismo sucede en los mercados de otras ciudades, que en cambio marchan bien. También se apunta a que cada vez hay menos residentes en la zona, y son cada día más mayores, aunque esto es una verdad a medias: vale para el eje nordeste que iría hasta la Plaza Mayor, Los Caídos y Miguel Fluiters, donde la mayoría de los vecinos han salido huyendo –y yo, el primero–; pero no es el caso del eje oeste que va desde la calle del Matadero hasta la de Cifuentes, en la que se concentran algunos de los barrios más populosos de la ciudad. Así que gente hay en el entorno del Mercado, lo que sucede es que ya no compran en él. ¿Por qué? Porque ha dejado de ser competitivo y atractivo paras esos vecinos que compran en  otros comercios de la zona; o se van al híper con su coche.

¿Qué hacer por tanto para que el mercado vuelva a ser competitivo? Parece claro que mientras su oferta se limite solo a siete puestos, no lo lo logrará y mucho me temo que con solo bajar los arrendamientos de los puestos pequeños a 100 euros (de 8,5 a 7,5 metros cuadrados) tampoco  estos se van a cubrir si no hay un proyecto de negocio más ambicioso e innovador, detrás. En el pleno se habló del modelo del mercado madrileño de San Miguel. Hay muchos más ejemplos. El otro día estuve en el mercado de San Antón, cerca de Fuencarral, me tomé una caña reserva y unos pinchos que me costaron casi el doble que en cualquier bar de Guadalajara, pero ¡que ricos estaban! El mercado tiene un toque chic y gourmet muy interesante y estaba lleno de gente tomando vinos o comprando en los puestos donde primaba la especialización y el gusto por lo diferente.

Cualquier proyecto de reforma del Mercado debe ir ligado a un proyecto para cambiar el modelo de negocio, y en este sentido yo también veo inicialmente más ventajas en la iniciativa público-privada, por dos razones: por el ahorro que esto lleva consigo al contribuyente, y porque cualquier empresa privada especializada es más operativa a la hora de promover esas reformas y diseñar un mantenimiento que sea sostenible. Eso sí, esa empresa tiene que asumir los derechos de esos 7 comerciantes que resisten como Astérix en el mercado a los híper invasores de la vieja Arriaca, u ofrecerles unas alternativas atractivas para que pudieran aceptar unos cambios en función de un horizonte diferente. Por lo que oímos a Castillo es evidente que no lo han logrado.

Pero dicho esto,  lo que añado de inmediato es si esa reforma del mercado no viene de la mano de la iniciativa público-privada, como ha sucedido en las dos últimas legislaturas en que ha gobernado el PP, pues el señor Castillo deberá reconocer que la credibilidad ha quedado dañada cuando prometió el otro día  sacar adelante el proyecto de reforma del mercado si vuelven a ganar las elecciones con el solo aval de que el “el PP siempre cumple”. Quiero más detalles.

La propuesta de Jiménez  compromete una inversión de 600.000 euros en  mejorar aspectos funcionales del edificio, como la climatización y el saneamiento, y también estéticos, a través de un proyecto de interiorismo que encargaría a la Escuela de Arte de Guadalajara, no es que parezca mal. Pero no deja de tener sus riesgos. Que nos gastáramos otros 600.000 euros en obras en el edificio y luego no se consiguiera revitalizar el espacio para que se  adjudicarán más puestos, y por lo tanto hacer menos deficitario el mantenimiento. El Ayuntamiento tiene la obligación de mantener los mejores servicios sociales que le permitan sus recursos, aunque por definición sean deficitarios, pero no puede perder dinero del contribuyente con un mercado que tiene 7 puestos.  

Esto es lol que hay. Seguir como estamos es la peor solución de todas. La dejadez es tal que no es  solo que el Mercado haya dejado de ser competitivo; es que por no tener, carece hasta de calefacción, que lleva estropeada desde octubre.

LA IZQUIERDA MÁS SECTARIA AJUSTA CUENTAS CON EL PASADO.– En Guadalajara se han concedido por los ayuntamientos democráticos títulos de hijos adoptivos o predilectos y medallas de oro a comunistas como Antonio Buero Vallejo, Ramón de Garciasol o José Herrera Petere; a socialistas como José Bono, Leopoldo Torres, José Luis Sampedro o Jean Aroux, y nadie en la Corporación Provincial, incluyendo al PP,  le importó un rábano su ideología sino si esos dramaturgos, poetas, economistas o políticos habían hecho méritos para ser reconocidos por la ciudad de Guadalajara. Y así lo entendieron los concejales de las corporaciones democtráticas con independencia de que fueran de izquierda, de centro o de derecha.

Esta sana costumbre del consenso, ahora tan denostada, se rompió en el último pleno cuando el portavoz de Izquierda Unida, José Luis Maximiliano, rechazó el título de Hijo Adoptivo para María Teresa Butrón Viejo por haber sido de Sección Femenina y haber recibidos dos condecoraciones durante el régimen franquista. Eso valió mucho más que la trayectoria de Tere Butrón en favor de los derechos de la mujer, que no solo los defendió de boquilla en plenos, bares y tertulias, sino que los promovió activamente fundando cooperativas laborales para que las mujeres pudieran trabajar o conciliar la vida laboral con la familiar, cuando nadie en esa época tenía la más repajotera idea sobre lo que era eso,  o tiró del carro de asociaciones y colectivos que promovieron innumerables actividades para abrir puertas y expectativas a mujeres que no se conformaban con su tradicional papel de amas de casa. Se lo recordó con ecuánime criterio la portavoz socialista Araceli Martínez. Pero fue como predicar el desierto.

La actual Izquierda Unida no solo ha roto amarras con la Constitución democrática  más duradera de la historia de España, precisamente al no ser sectaria, con posiciones como esta entierra los valores del consenso y la reconciliación que alguna vez defendió el PCE en la Transición y los reemplaza por los de la radicalidad y el enfrentamiento que nos llevan otra vez a esas dos Españas antagónicas contra las que nos advirtió Antonio Machado.

Si a esto sumamos su negativa a condenar la arbitraria detención del alcalde de Caracas por el régimen militarista de Maduro, ese mismo gobierno de exaltados que está detrás de 31 detenciones de cargos públicos de la oposición y de 41 muertos producidos en manifestaciones estudiantiles de protesta solo en 2014, es como para echarse a temblar sobre lo que podrían traer algunos a España si fueran más influyentes.

Respeto y valoro el  buen trabajo que ha hecho Maximiliano como portavoz de IU, pero en nada respeto a los que olvidando los valores de la reconciliación que hicieron posible en España pasar de una dictadura a una democracia sin un nuevo baño de sangre ahora ajustan cuentas con el pasado y quieren otra vez que los españoles nos pongamos a contar muertos. Pues sería muy triste, porque solo en esta ciudad los tenemos a cientos; pero por ambos bandos, y hasta entre los que no eran de ninguno.

Muchos no estamos dispuestos. Esto es lo que hay.

 

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