Archive for octubre, 2016

Ya tenemos gobierno; y ahora, el presupuesto

Hemos perdido casi un año con el postureo. Ayer, el candidato del partido ganador de las dos últimas elecciones (en minoría parlamentaria), Mariano RajoyEl paciente”, era elegido presidente del Gobierno tras 315 días de bloqueo y un día después de que el líder de la oposición renunciara a su escaño, para evitar el espectáculo de un ex secretario general del PSOE votando en contra de lo establecido por los órganos de representación de su partido. Otros diputados socialistas optaron por dar gusto a su intestino y creyéndose más guapos que nadie, y que un partido político es el ejército de Pancho Villa, votaron en contra de la investidura de Rajoy, es decir, votaron a favor de unas terceras elecciones en menos de un año. De lo quince díscolos, 7 de ellos son del PSC, que ahora toma sus decisiones al margen del PSOE y pone a este último partido ante una disyuntiva: ¿Merece la pena seguir como aliados de un partido desnaturalizado, que en cada elección baja su representación, o es el momento de reconstituir la Federación Catalana del PSOE?

Al Partido Socialista le quedan muchas decisiones que tomar para cambiar una deriva de derrota que se ha agravado con Pedro Sánchez, cuya solución era mimetizarse con Podemos, y va a necesitar tiempo para ello. Eso es bueno, porque ello ayudará a dar estabilidad a un gobierno de Rajoy, que como poco tiene que presentar un presupuesto para 2017 antes de que acabe el año, y del que ya sabemos que por indicación de la comisión europea debe recortar 5.500 millones. En este sentido, soy optimista de que Rajoy acabe logrando una mayoría de respaldo, porque de lo contrario el presidente del gobierno no tendría más remedio que divolver las Cortes a finales de junio. Un gobierno sin presupuesto es tan inútil como un gobierno en funciones.

El patriotismo y el sentido de responsabilidad del Partido Socialista, que es un partido alternativa de gobierno o no será, unido a la defensa de sus propios intereses ( eran con Ciudadanos los que mas tenían que perder en unas terceras elecciones) ha posibilitado el gobierno del partido ganador, corrigiendo de paso un enorme fallo que tiene nuestra Ley Electoral, pensada para gobernar solo con dos partidos principales. Me estoy refiriendo a que en contra de lo que sucede, por ejemplo, en el País Vasco o en Castilla-La Mancha, el candidato del partido con más escaños no es investido automáticamente cuando no es posible lograr una coalición alternativa. Y esto nos ha conducido a un bloqueo que ha durado un año, y en el que España ha perdido lastimosamente el tiempo.  Tras las primeras elecciones, el mayor responsable del bloqueo fue Pablo Iglesias, que prefirió volver a las urnas antes que dejar que fuera presidente Pedro Sánchez, apoyado por Ciudadanos. Después de la repetición de los comicios, el único responsable fue Sánchez, que en lugar de haber dimitido tras su segundo fracaso electoral, se empeñó en formar un gobierno con la izquierda comunista, y los independentistas de izquierdas y de derechas que había sido vetado por el Comité Federal de su propio partido.

Ahora hemos salido de este desbloqueo político, insisto, que favorece un obsoleto sistema electoral, pero a estas alturas todavía no sabemos si servirá para algo. Ciudadanos ya acreditado su sentido patriótico pactando a dos bandas con los dos partidos constitucionalistas (conservadores y socialmemócratas), como lo hacen los partidos liberales en el resto de Eueopa, y al mismo tiempo mostró donde están sus rayas rojas: no al pacto con el neocomunismo ni con el soberanismo que quiere romper España.

Ahora, el gobierno de Rajoy “El paciente”, nos tiene que demostrar que tiene cualidades para pilotar un gobierno que necesariamente debe ser trasversal y reformista, con capacidad de generar acuerdos, como lo fueron los gobiernos de Adolfo Suárez en la Transición y en las dos primeras legislaturas de la Democracia. El jueves sabremos algo más al analizar el perfil de los nuevos ministros, en los que deberá concurrir una probada capacidad, su lejanía a los ambientes de corrupción por la que el electorado ha castigado al PP – privándole de la mayoría absoluta-, y una capacidad para tejer acuerdos sobre bases amplias,  que tanto echamos de menos en la legislatura de la supermayoría absoluta ra-ra-ra. No todos los políticos valen para todas las situaciones; y si algo ha demostrado este último año parlamentario es que algunos de ellos, por su radicalidad, carecen de toda cualidad para el pacto, que es incompatible con dogmáticos y populistas.

Pero si el camino por el que debe transitar Rajoy se asemeja más al de los primeros gobiernos de la Transición ( entre otras cosas, porque asuntos como la educación, la financiación de las Autonomías y el modelo territorial exigen pactos de Estado), tampoco desde la oposición se puede pretender que como son mayoría frente al gobierno, ello les legitima para legislar a diestro y siniestro; y que el papel del gobierno sea la de un mero gestor que ejecuta todo lo que le venga del parlamento. Si el PSOE y Ciudadanos cometieran el error de querer desmontar toda la legislación emanada de la legislatura popular, en lugar de buscar puntos de encuentros sobre aspectos muy definidos, como los citados anteriormente, forzarían la disolución precipitada de la legislatura por Rajoy no más allá del mes de julio. Con Unidos Podemos no se puede contar para casi nada, y menos cuando hay diputados suyos que no tienen inconveniente en mezclarse con manifestantes que niegan la legitimidad a la máxima expresión de la soberanía popular, como es un parlamento democrático.

Lo mejor de este escenario es que tanto a PSOE como Ciudadanos (y aquí yo apuntaría también al PNV), le interesa que el Gobierno pueda sacar adelante los presupuestos, y,  por lo tanto pueda gobernar. ¿Y lo peor? Que esta nueva generación de políticos está muy poco dotada para el consenso, porque apenas lo han practicado, o porque más allá de espolear a los jóvenes contra los intolerables abusos en los que ha caído el poder, no sabemos apenas nada sobre cuáles son esas nuevas soluciones.

Esto es lo que hay. Necesitamos una legislatura moderadamente larga, para que  las ideas se posen… y veamos en qué consisten. Lo último que conviene a España es que dentro de seis meses montemos otro numerito que frene, esta vez sin solución, una mejora de los indicadores económicos de nuestra economía, y que servirán para  crear empleo, mejorar su calidad e ir recuperando posiciones que la crisis nos arrebató. Y todo esto es incompatible con el frenazo de una mula o con un gobierno que no gobierne.

Burrocracia

El palecete de los Medina, más conocido como Palacio de San Esteban por la plaza en la que se ubica, está condenado a un proceso de ruina ante la indiferencia de la administración autonómica a la que le importa más el fuero que el huevo, como decimos en Castilla.

Según el Plan de Ordenación Municipal, aprobado en el año 1999-2000, ese edificio, aunque es de propiedad privada, está calificado como SG-SO, lo que significa que sólo puede ser utilizado como sede de alguna administración. Esa calificación no había sido ningún problema hasta ahora porque el edificio siempre ha albergado servicios de este tipo ( fue sede de Hacienda y de la Sección Femenina en la época de Franco), sin embargo, desde que la Junta trasladó su sede al antiguo edificio de Caja Guadalajara el Palacio de San Esteban ha quedado sin uso y sin inquilinos. A merced de las palomas. Y aunque la propiedad (la familia de los Figueroa, herederos de los marqueses de Villamejor, padres del Conde de Romanones) lo puso a la venta desde el mismo momento en que la Junta se mudó es evidente que ninguna administración se ha interesado por él. Es tan remoto que una administración compre el palacete, lo rehabilite y lo destine a un uso administrativo como subir el Everest en chanclas. Como mínimo, debería permitirse un uso hotelero y esperar a que alguna cadena especializada en hoteles urbanos con encanto se fijara en él y se animara a su reforma interior y explotación. No será fácil, ni ocurrirá pasado manaña, pero sin cambio de uso el horizonte del palacio de los Medina ya sabemos cuál será: la ruina progresiva del inmueble, tal y como los conocemos actualmente, para que en pocos años un concejal de la oposición se fotografíe frente a él para denunciar la desidia del Ayuntamiento de turno.

palacete-sanesteban-370x277Por dos ocasiones, la burocracia toledana ha negado el cambio de uso del edificio. En la primera ocasión fue con el gobierno de Cospedal. En esta ocasión, y con nuevo inquilino en la ventanilla autonómica, ha vuelto ocurrir,  y eso que los técnicos municipales buscaron una solución imaginativa y muy razonable.Ofrecieron transferir ese uso administrativo del palacio de los Medina, que tiene 2.300 metros cuadrados, al edificio que es la actual sede de la Delegación de la Junta, y que tiene el cuádruple de eficicabilidad: 9.200 m2. Pero tampoco les vale a los burócratas de la Junta porque se descuelgan con el antiguo inmueble de la desaparecida Caja Guadalajara es formalmente de Gicaman, la sociedad pública que gestiona parte del patrimonio autonómico. “Es igual que si yo cojo y lo paro porque el teatro Buero Vallejo no es del Ayuntamiento y digo que es del Patronato de Cultura”, se queja con razón el vicealcalde Jaime Carnicero.

De momento, cualquier solución a medio plazo se paraliza, y seguramente quedará al pairo de la aprobación del nuevo Plan de Ordenzación Municipal, que con buen criterio se paralizó en 2009 tras el estallido de la crisis, y habrá que confiar en que para entonces no haya daños estructurales en el inmueble,  por su mala conservación.

Es el sino de esta ciudad, tan acostumbrada a aplazar las soluciones en materia de urbanismo y patrimonio -y a a hacer demagogia con ellas desde que se rompió el consenso que en otros tiempos caracterizó a este ayuntamiento -, con la colaboración de una administración autonómica que no está a la altura de las circunstancias. Porque cuando la Ley se utiliza para lo contrario de lo que en teoría la inspiró, la burocracia se convierte en burrocracia. Esto es lo que hay.

Comité Federal elige entre susto o muerte

 

El Comité Federal del PSOE que se celebrará el próximo sábado, posiblemente sea el más trascendente, y el más desagradable, de su historia reciente. Haga lo que haga, no dejará contento a medio partido, porque este es el peor legado que la etapa de Pedro Sánchez ha dejado al Partido Socialista. Por no reconocer la derrota en las dos últimas elecciones celebradas, y enhebrar una estrategia para la regeneración del partido, no hizo nada y al final el PSOE está  más dividido que nunca.  Y ahora el Comité Federal deberá elegir entre susto y muerte, en su particular Halloween.

Porque susto es para cuadros, militancia y cuerpo electoral, permitir con la abstención  que gobierne Rajoy, y sobre todo cuando solo ha habido una estrategia, tratar de impedirlo a toda costa, y ni los barones más críticos con Sánchez han hecho la menor pedagogía sobre los beneficios que reportaría, para España y el PSOE,  desbloquear una situación que nos llevaría a un año sin gobierno. Tal ha sido el escaqueo de los barones críticos, que aunque tienen el susto metido en el cuerpo, ninguno ha tenido la suficiente capacidad de liderazgo para hablar con claridad a la militancia, como lo hizo Felipe González en el famoso congreso  en el que reconvirtió al PSOE en un partido socialdemócrata, y explicarles que la abstención no es un sí a Rajoy, sino un voto resignado  a que el Partido Socialista no desaparezca como alternativa de Gobierno en unas posibles elecciones el 18/25 de diciembre, y se convierta en un apéndice residual  del populismo neocomunista.  Porque aunque vayan muy mal las cosas, y Rajoy tuviera que disolver en junio de 2017, porque no fuera capaz de aprobar los presupuestos, el  PSOE por lo menos tendría la oportunidad de celebrar un congreso y unas primarias y medio año para tomar aire. Este es el susto…

…Porque la muerte significaría mantener el  “No es no”,  y agarrarse a los sillones que flotarían tras el naufragio de unas  elecciones navideñas en las que los sondeos conocidos, el último de Metroscopia este fin de semana,  nos avanzan que el PSOE podría caer del 22,7% del 26-J al 18%,  ser sobrepasado por Unidos Podemos y previsiblemente ver como se esfuman en los restos de la ley de Hondt más de quince diputados. Correría riesgo hasta el escaño de Bellido en Guadalajara. Mientras tanto, el PP, con un candidato mal visto por la opinión pública, subiría casi cuatro puntos, del 33% al 37,8%, lo que  le pondría al borde de la mayoría absoluta, que en cualquier caso podría negociar con Ciudadanos, que también baja: del 13,1 al 11,6. Podemos parece que ha tocado techo o casi.

Esta sería la muerte para el Partido Socialista, y seguramente la ruptura definitiva del mismo. Mi impresión es que en el Comité Federal no habrá orden de saltar a la pira como en un entierro indio, sino que buscarán la solución menos mala posible. La abstención técnica, que 12 diputados socialista asignados por el partido se vayan al baño durante la votación, es una chapuza, y como estética se asemeja a la boñiga de una vaca.

Pero es que la política, como nos enseñó Andreotti,  se practica en los fangales. Y una abstención técnica podría evitar que el PSOE escenificase en 3-D en lo que se ha convertido. Un partido dividido en el que cualquier barón cree estar por encima del Comité Federal. Como paladinamente ha recocido Miquel Iceta, el menguante secretario general del menguado PSC.

Así que no lo descarten, y que Rajoy salga elegido presidente en medio de un vodevil de Mihura en el que van entrando  unos y otros, y al final no hay manera de saber quién fue el asesino.

Pero esto es lo que hay. Como decía el dramaturgo  en las comedias escritas en colaboración, como los paseos en tándem, uno de los ciclistas suda por el otro, el cual, sin que nadie se entere, lo único que hace es dejarse llevar amablemente.

 

 

Un final esperado a un año perdido por España y el PSOE

El mismo día en que se desataban las hostilidades en Ferraz y a Pedro Sánchez le dimitía más de la mitad de la Ejecutiva,  el parlamento catalán aprobó convocar un referéndum unilateral por la independencia para el mes de septiembre. El dato ilustra hasta qué punto la estrategia del ya ex secretario general del  PSOE era un puro despropósito, ya que desde las elecciones de diciembre de 2015 sólo exploró un camino para salir de este atolladero: ese llamado “gobierno del cambio”,  que incluía a Podemos y  a sus mareas,  y necesariamente a las fuerzas independentistas. El pacto con Ciudadanos fue puro postureo, porque chocaba contra la aritmética.

Sánchez ha estado un año exhibiendo un programa que constaba de único punto: el “No es no” a Rajoy.  Este es el  pensamiento político que nos deja como legado. Más allá de la descalificación global a todo el cuerpo legal producido durante  el mandato de Rajoy, tampoco sabemos  gran cosa sobre  qué consistía su alternativa, por lo cual no deja  de sorprendernos ese cartel que desde su propio  entorno, y el de Podemos, se le adjudica como adalid en la lucha contra el establishment y el Ibex 35. El presunto izquierdismo de Sánchez no ha sido el detonante de su derrota y abandono. A Sánchez le han echado los “barones” (seis de los siete presidentes autonómicos socialistas  no le apoyaban)  por sus  resultados catastróficos. Porque desde que está al frente del PSOE –y  ¡ojo! , sin sufrir el desgaste del gobierno que destruyó a Zapatero—su partido  ha perdido dos elecciones generales seguidas (  y  25 diputados desde  Rubalcaba ), amén de las  autonómicas en Galicia y el País Vasco en donde el PSOE ya no es  la alternativa al PP.  Por tanto, lo primero en lo que pensaban los barones es que con Sánchez pilotando el barco ellos mismos  acabarían naufragando en sus territorios. Castilla-La Mancha mismamente.

El “No es no” a Rajoy pudo valer para marear la perdiz tras las elecciones de diciembre, pero al repetirse  los comicios en junio, y  con peores resultados, Sánchez no valoró que las piezas en el tablero de ajedrez habían cambiado,  porque esta vez  la diferencia de escaños fue mayor -nada menos que 52-, y por ello solo un osado pretendería gobernar una coalición tan variopinta como la que él soñó encabezar. Sánchez  podría tener razón en que las rayas rojas que le marcó el Comité Federal le dejaba prácticamente las manos atadas, porque solo podía negociar  con Ciudadanos y a medias con Podemos, siempre que no saliera a relucir el derecho a decidir; pero no es menos verdad que él nunca cuestionó esos límites, ni pidió al citado comité que los reconsiderara.

Así las cosas, Sánchez puso a au su partido frente a un dilema,  que lo desquició: o permitía la investidura a Rajoy, con un acuerdo honorable por el bien de España y de su gobernabilidad; o desencadenaría la tormenta perfecta en  unas elecciones en las que -así lo vaticinan los sondeos-, el PSOE seguiría en caída libre y perdería ese papel central en la negociación, que su ex secretario general  ha desperdiciado en las dos últimas legislaturas.

Esa es la patata caliente que Pedro Sánchez deja al nuevo Comité Federal. Es toda una paradoja, pero ese “No es no” que los partidarios de Sánchez exihibieron  frente a la sede de Ferraz se convertiría en unas terceras elecciones en  un  “Sí” aplastante   al PP, que rozaría la mayoría absoluta, o que la podría completar fácilmente sin el concurso del viejo partido socialdemócrata español.

Esta vez los intereses de España – que no puede permanecer más tiempo con un gobierno en funciones, porque ya lo está  pagando la economía y nuestra imagen en el mundo- coinciden con los del PSOE. Así que  es de esdperar en que el sentido común impere entre los dos partidos españoles que históricamente dan  soporte a nuestro sistema democrático,  y no desafiemos al pueblo español con unas terceras elecciones en tiempo de Navidad.

Y ojalá que el PP también lo sepa ver, y no juegue al cortoplacismo de forzar unas terceras elecciones en las que podría mejorar su resultado, pero que dejaría como alternativa de gobierno a un conjunto de fuerzas heterogéneas  que lo que pretenden es poner patas abajo la Constitución, la unidad de España y el sistema mismo.

Estos es lo que hay. En la Restauración tales atascos se deshacían con lo que se llamaba un gobierno corto, que respondía a unos objetivos muy concretos de interés nacional. Aunque sea para variar, esta vez toca negociar la investidura  con un mínimo de fineza,  patriotismo y altura de miras.  Y el PSOE, un partido indispensable para la buena salud de la democracia española, recuperase y cauterizar heridas  en la oposición, y madurar una alternativa socialdemócrata homologable con la Europa del progreso y  que no sea una mera copia del populismo neocomunista.

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