Archive for junio, 2019

Ciudadanos en su laberinto

Concluía mi último post advirtiendo que Pedro Sánchez lo que no puede hacer son trampas. Pretender que Albert Rivera le abra las puertas de La Moncloa, para luego gobernar con el primo de Pablo Iglesias de subsecretario y pactar con Rufián en el Congreso

Después de lo ocurrido en la Ejecutiva Nacional de Ciudadanos, en que la formación liberal ratificó su rechazo a cualquier tipo de acuerdo para facilitar el gobierno de Sánchez, tengo que añadir que me sorprende la falta de perspectiva del partido de Rivera, deterninada por la mala lectura de los resultados electorales del 28-A. Ciudadanos  sigue sin reconocer que los electores no han dado a este partido el liderazgo de la oposición, a pesar de que el PP obtuvo el peor resultado de su historia, y pretende aparentar lo contrario. Por ello se enroca en el “no es no” a cualquier pacto de gobernabilidad con Sánchez, utilizando la misma estrategia que el PP, como es comprensible cuando se trata del primer partido de la oposición.

Pero si los electores han negado a Ciudadanos el liderazgo de la oposición, sí le han dado un notable poder para influir en la política española y en concreto en la formación de gobierno. Para ser útiles. Como escribía días atrás, Rivera no será el Helmut Kohl en la Alemania anterior a la caída del muro, pero sí podría jugar, ahora, el papel de Hans-Dietrich Genscher y ocupar la centralidad de la política española desde una posición determinante, metiendo en cintura y sirviendo de freno a populistas y nacionalistas.

Rivera tiene todos los motivos del mundo en sospechar de la buena voluntad de Pedro Sánchez cuando el PSOE mete a independentistas en el gobierno de las Baleares o coquetea con filoetarras y populistas en Navarra, un territorio donde los constitucionalistas deberían acordar políticas de estado y que eviten su deriva hacia las redes del separatismo. Pero aun sabiendo que con Sánchez en cualquier momento puedes quedar colgado de la brocha, Ciudadanos no ha puesto al presidente del Gobierno entre la espada y la pared, lo que ha facilitado su discurso de que son estos (por Ciudadanos) los que me obligan a echarme de brazos ante Podemos y los independentistas. Un argumento de peso si al final este Pedro Sánchez que parece de la escuela quietista de Rajoy opta por la repetición de elecciones.

Como inteligentemente escribía Arcadi Espada, uno de los fundadores de Ciudadanos, la división mostrada en el último comité ejecutivo del partido naranja (en el que, por cierto, Orlena de Miguel, relegada de cualquier lista en las últimas elecciones, se abstuvo) no es tanto una pugna entre liberales (Rivera) y social-liberales (Garicano), como algunos medios próximos a Sánchez han vendido, sino un debate sobre cuál debe ser la relación de Ciudadanos con el poder. O dicho de otra manera: lo que Ciudadanos quiere ser de mayor. Y aunque Rivera no lo acepte, lo que los ciudadanos le han dado en las últimas elecciones es un poder suficiente como para intentar modificar la inquietante hoja de ruta de Pedro Sánchez, recuperando el acuerdo alcanzado con él para la investidura fallida de 2015. Pero no el papel de jefe de la oposición, que quiere robar a Pablo Casado.

Si no lo ejerciera -y es un riesgo que no ha valorado Ciudadanos- los electores podrían pensar que ha hecho dejación de ese poder, que daría estabilidad a España, por no aparentar ser un partido bisagra, con lo que sería más seguro dejarse de rodeos y votar directamente al PP. Esto es lo que hay. Ciudadanos en el laberinto no del minotauro, sino de Sánchez. Más riesgo, José Tomás. 

 

Foto: Albert Rivera, en campaña electoral. Tras él Orlena de Miguel. 

Sánchez en estado puro

Cortito y al pie, como decía D’Stéfano. Pedro Sánchez debe formar gobierno, porque no hay alternativa.  Pero es él quien debe tomar la iniciativa. Es un descaro pretender que Albert Rivera le dé el apoyo gratis en la investidura, para luego formar gobierno con Podemos (ya sea de subsecretarios, direcciones generales u ordenanzas de ministerios, porque como decía el Conde de Romanones son los únicos que no están de paso) y  finalmente completar una mayoría parlamentaria con los independentistas.

Lo que tiene que hacer Sánchez es dejar de jugar a Rajoy, bajarse de la peana de Don Tancredo y ofrecer a Ciudadanos un pacto de investidura razonable que le permitiera gobernar, aunque fuera en solitario, con una mayoría parlamentaria suficiente para afrontar los difíciles retos que España y Europa tienen en un mundo cada vez más turbulento y con amenazas de desaceleración (otra vez) cuando todavía no hemos salido de la crisis en tantas cosas. Ahí están los salarios.

La otra alternativa ya sabemos cuál es, la que intuimos que más gusta a Sánchez, con la que ha llegado a presidir el Gobierno y a ganar las últimas elecciones en que el centro-derecha llevó hasta tres desnortadas legiones a la batalla. Hacer del pragmatismo su razón de ser y arrojar los principios por la ventana. O mejor aún: prescindir directamente de ellos, o como decía Groucho Marx, “estos son mis principios, pero si no le gustan tengo otros”. Y así sucede que  le encaja pactar con Esquerra Republicana si se tercia, aunque los de Junqueras están dispuestos a reeditar el golpe de mano contra el Estado en cuanto tengan ocasión; jugar con las cosas de comer en Navarra y hacer presidente del parlamento a un independentista que hace su discurso en euskara, lengua que solo habla una minoría en la comunidad Foral; permitir que la señora Armengol regale dos consejerías a los independentistas en Baleares, para acabar como hemos terminado en Cataluña; en La Rioja y Canarias pactar con los populistas de Podemos ¿Y en Castilla-La Mancha? Pues como Page, que va con la bandera de España en el reloj, ganó las elecciones por aplastamiento pues traga con que los pactos en los principales ayuntamientos sean con Ciudadanos, aunque para ello tengan que firmar un documento dando vivas al 155.

Es Sánchez en estado puro. Se mueve muy bien en aguas turbulentas y no se recata en abrir puertas a los nacionalistas, aunque cada vez que lo hace se da un paso más en la ¿inevitable? ruptura de España. Ahí tienen el partido final de la liga de baloncesto como ejemplo: había más esteladas y pancartas en favor de los presos en el Palau Blaugrana que en un mitin de Puigdemont. Hasta el Barça se ha sumado al aquelarre del independentismo, porque es lo políticamente correcto en una sociedad catalana abandonada al mensaje único de TV3. Yo lo denomino la independencia a plazos.

Pues bien, ante este panorama Sánchez tiene tres opciones: 1ª) La oportunidad de ser un patriota, como si francés fuera, y recuperar los viejos principios del PSOE, como partido que tanto ha contribuido a la cohesión de España, y proponer un pacto de investidura a Ciudadanos, como lo hizo en 2015. 2ª) Seguir jugando con fuego con independentistas y filoetarras. 3ª)  Convocar elecciones anticipadas y buscar una mayoría más cómoda.

Lo que no puede hacer son trampas. Pretender que Rivera le abra las puertas de La Moncloa, para luego gobernar con el primo de Pablo Iglesias y pactar con Rufián en el Congreso. ¡Pero qué ocurrencias!  Sánchez en estado puro.

Esto es lo que hay.

Victoria por aplastamiento de Page

Tras su pacto con Ciudadanos, Emiliano García-Page ha rematado su cómoda mayoría absoluta en las Cortes de Castilla-La Mancha (me gusta llamarlas así, no “parlamento regional”, de la misma manera que Junta de Comunidades a su órgano ejecutivo y no el impersonal “Gobierno de Castilla-La Mancha”  que ahora utilizan) acumulando un poder que ningún presidente, ni siquiera José Bono, llegó a reunir.  El pacto con Ciudadanos le sirve en bandeja las alcaldías de las capitales de provincia y los municipios más poblados de Castilla-La Mancha, amén de todas las diputaciones de la región. Más poder de lo que acumuló Bono, que incluso en sus mejores momentos tuvo a Paco Tomey enfrente haciendo de Astérix en la Diputación de Guadalajara y algún ayuntamiento despistado en manos populares. El pacto con Ciudadanos le sirve además a Page para mandar un mensaje a Ferraz: que él sí ha sido capaz de entenderse con Ciudadanos y ocupar una posición central en la política regional, por lo que el “sanchismo” pata negra en la Región, ya sea amparado en ministerios o en mayorías absolutas de municipios importantes, mejor será que se ocupe de lo suyo y no andar con enredos; que aquí hay tarta para todos. Y además, no nos engañemos: un moderado como Page está más cómodo teniendo como aliado circunstancial a un partido liberal que a una fuerza populista de izquierdas, a la que terminó por dar el abrazo del oso. Podemos ha sido barrido del mapa en Castilla-La Mancha y a la izquierda del PSOE no se ve nada más allá de un debilitada IU , pero con menos poder de decisión que en tiempos del Partido Comunista de España.

Desde el primer momento escribí que todo tenía pinta de que Ciudadanos iba a pactar con el PSOE en Castilla-La Mancha. La Ejecutiva Nacional de Ciudadanos había acordado como estrategia pactar preferentemente con el PP, y así lo ha hecho en Madrid y otras comunidades autónomas. Por lo que le venía de cine  para engrasar su bisagra, que en alguna comunidad girara a la izquierda. Y qué mejor sitio para ello que Castilla-La Mancha, con un Page que lleva la bandera de España en la correa del reloj y que es de los pocos barones socialistas del viejo testamento que ha resistido el alud provocado por Pedro Sánchez. Pero es que, además, el pacto de CS con Page les garantizaba a los naranjas lo mismo que podrían sacado de acuerdo con el PP (salvando la dificultad de que cualquier pacto tendría que ser bendecido por Vox de aquella manera), más dos huevos duros.  Que son: la Mesa de las Cortes de Castilla-La Mancha y la Diputación de Guadalajara. En fin, que si Page dio a Podemos la vicepresidencia de las Cortes ¡qué menos que también lo haga con Ciudadanos! Y si Ciudadanos va a garantizar la mayoría en la Diputación de Guadalajara pues habrá que hacer a su diputado vicepresidente primero para no tener que andar con pactos con el diputado de IU-Podemos. Con el acceso de Ciudadanos a los gobiernos locales, los anaranjados van a tener más visibilidad y nuevos recursos para seguir haciendo partido. ¿El inconveniente? El pacto con el PSOE de Page les acorta casi todo el espacio para hacer oposición, que se la deja a un Partido Popular que vive sus peores momentos desde su refundación.

Es verdad que el PP tenía las peores cartas en esta partida de los pactos y que hubiera hecho lo que fuera seguramente se habría quedado colgado de la brocha. ¡Pero es que ni tan siquiera la ha jugado! Cuando Page se fue con tranquilidad a las Azores para presidir un congreso de vinos europeos todo estaba encauzado, y para peinarlo se quedaba Sergio Gutiérrez, su número 2. Todo se remató en una reunión que se celebró en las Cortes Regionales en la tarde del jueves, aunque las condiciones de CS, que incluían compartir las alcaldías de Albacete y Ciudad Real, ya se sabían cuando Page cogió el portante hacia las Azores. Hasta entonces, el PP intentó aproximaciones locales en los distintos ayuntamientos, hablando con concejales sin mando en plaza, pero no fue hasta el jueves cuando lanzó su órdago y anunció que estaba dispuesto a firmar ante notario lo mismo que les daba el PSOE en Albacete y Ciudad Real y tres huevos duros: la propia alcaldía de Guadalajara. Pero cuando el PP reaccionó regional ya era tarde; todo estaba acordado. “No hay nada que hacer”, le dijo Rafa Pérez Borda a Román cuando este le llamó al trabajo ese mismo jueves.

Los pactos “desde arriba” muñidos por Page con Ciudadanos se plasmaban en un sencillo decálogo de diez puntos que los podría haber firmado el PP sin el mayor problema. Muy poco ropaje para vestir a estos santos, porque incluso asuntos que están en el ADN de Ciudadanos, como es la bajada de impuestos, se dejan en una esquina: lo más que llegan a decir es que se comprometen a no subirlos. Ha sido destacado por Ciudadanos el respaldo a la aplicación del artículo 155  “en caso de que el Govern de la Generalitat siga sin acatar el orden constitucional”, pero eso dicho por un ayuntamiento de Castilla-La Mancha compromete tanto como si yo mando una carta al parlamento de Westminster pidiendo otro referéndum para que el Reino Unido siga en la UE. Como decía Tierno Galván, los programas están hechos para incumplirlos, así que para qué nos vamos a molestar con los detalles. Porque incluso en esto del artículo 155 las lecturas fueron radicalmente diferentes. Mientras que CS lo vendía como una crítica a las políticas “sanchistas” y sus acuerdos con los nacionalistas, el propio Sergio Gutiérrez tuvo que salir al paso y defender a su secretario general a quien presentó como el último baluarte de España en Cataluña.

Resumiendo, que siendo sinceros: el socio “preferente” de  CS en Castilla-La Mancha ha sido el PSOE de Page, y el PP apenas ha tenido oportunidad de negociar. Pero siendo esto cierto, tampoco hubo por parte de su dirección regional ninguna estrategia que no fuera torpedear los pactos cuando el crucero estaba en las Azores. Pero en esta vida siempre hay que ver el lado positivo: al PP le han dejado el campo libre a la derecha para hacer oposición, porque Vox no está en las Cortes regionales. Otra cosa es que por Paco Núñez y su entorno se diga que aquí no ha pasado nada, que borrón y cuenta nueva, que empieza una nueva época, pero dirigida por los mismos. Pues no se va a entender. Porque a día de hoy, García-Page no tiene una alternativa en Castilla-La Mancha y eso no es bueno para el funcionamiento del sistema. ¿La habrá dentro de cuatro años?

Resaltaba el flamante senador y número 2 del PSOE provincial, Rafael Esteban, que el 82% de los ayuntamientos de la provincia tendrán (ya tienen) alcalde socialista. Pues ahí radica el asunto, que este éxito clamoroso del PSOE que lidera Pablo Bellido en la provincia no acabe en empacho y que algunos alcaldes que van a gobernar con mayoría absoluta (o casi) no lo acaben por confundir  con el poder absoluto. En la antigua Roma, cuando los generales volvían victoriosos de una campaña, solían celebrar sus triunfos con una marcha por las vías principales de la ciudad. Montados en una cuadriga, recibían las aclamaciones del pueblo hasta la llegada al Senado. Si además de generales eran emperadores, un esclavo los acompañaba en el vehículo donde, sosteniendo la corona de laurel, y cada cierto tiempo recitaba junto al oído la frase: ¡Oh, César, recuerda que eres mortal! Era la manera de recordarlos que sus éxitos militares no debían inducirles a creerse dioses.

Pues sí, es verdad. Nunca el Partido Socialista ha tenido tanto poder en Castilla-La Mancha, y en Guadalajara en particular, por lo que no está de más recordar lo que el esclavo sugería a César, porque hace apenas cinco años, este PP que ahora  anda, como el personaje de Ionesco, en busca de una identidad, llegó a gobernar al mismo tiempo  España, la Junta de Castilla-La Mancha, el Ayuntamiento de Guadalajara y la Diputación, pero nadie le dijo en el oído a la antecesora de Page: “Oh, María Dolores, recuerda que eres mortal”, porque seguramente le habrían arrojado a las fieras del Circo.

En mi próximo post les hablaré del Ayuntamiento de Guadalajara en  que el PSOE recupera la alcaldía, con el apoyo de Ciudadanos, después de 12 años de  Antonio Román. Es complicado siempre hablar de un político de larga trayectoria, porque en ella hay un poco de todo, como en la fritura gaditana. Pero yo quiero destacar de Román su honestidad y capacidad de servicio hacia su ciudad, que desde luego es mejor que la que se encontró. Espero, confiado, que de su sucesor, Alberto Rojo, pueda decir lo mismo cuando él se vaya, si para entonces me quedan ganas y salud para seguir escribiendo.

Me gustaría que el sistema electoral español hubiera devuelto la palabra al pueblo en una segunda vuelta que evitara este fregado de los pactos, pero esto es lo que hay.

 

Ciudadanos y el inteligente (pero arriesgado) ejercicio de la bisagra

Hans-Dietrich Genscher fue uno de los políticos europeos más influyentes en la Europa de la guerra fría. Estuvo en el Bundestag como diputado desde 1965 hasta 1998, en que se retiró, y desempeñó un puesto clave en la política alemana y europea como ministro de Asuntos Exteriores de la RFA entre 1974 y 1992. Como líder del partido liberal alemán (FDP), gobernó primero en coalición con los socialdemócratas de Willy Brandt y de Helmut Schmidt; y cuando intuyó que el tiempo de la izquierda alemana había pasado cambió de aliado estratégico y contribuyó a la llegada al poder de la  CDU (democristianos) con su canciller Helmut Kohl, el gigante político que logró la reunificación alemana.  Hans-Dietrich Genscher fue un exquisito bisagrista, y hoy lo traigo a colación  a propósito de la situación de Ciudadanos, otro partido liberal, enfrentado ante la decisión más difícil de su historia. Decidir el destino de los principales ayuntamientos de España, entre ellos el de Madrid, y de las comunidades autónomas de Castilla y León, Aragón, La Rioja, Murcia, Canarias y posiblemente Asturias. ¡Ahí es nada!

Los resultados electorales del 26 de Mayo han despejado en parte la duda de Ciudadanos sobre lo que querían ser de mayores: si disputar al endeble PP de Pablo Casado el liderazgo del centro-derecha o conformarse con una posición muy cualificada pero subordinada, la de bisagrista  entre de los dos partidos mayoritarios. En las elecciones Generales del 28-A, Ciudadanos se acercó mucho al “sorpasso” del PP, pero se quedó a las puertas con 57 diputados y el 15,8% de los votos frente a 66 diputados y el 16,7% de los populares.  Y en las elecciones locales del 28-M, la tendencia se confirmó: la mayor organización territorial del PP les reportó 5.148.808 votos con el 22,60%, mientras que CS bajó al 8,72% y 1.878.729 votos. No hay vuelco.

En estas circunstancias, Ciudadanos queda como partido bisagra. Lo que tampoco debería ser un papel indecoroso. Depende de cómo lo gestione; y si Rivera es capaz de imitar a Hans-Dietrich Genscher y ocupar la centralidad de la política española desde una posición muy influyente, pero minoritaria, metiendo en cintura y sirviendo de freno a populistas y nacionalistas; o si los inexpertos candidatos de Ciudadanos acaban siendo absorbidos por los gobiernos locales y autonómicos que tendrán de mascarón de proa a presidentes y alcaldes socialistas o populares, que capitalicen su gestión. Ejemplos: el último gobierno de García-Page con Podemos en Castilla-La Mancha; o el primero en coalición de PSOE y PCE en Guadalajara, que desencadenaron dos amplias mayorías absolutas socialistas.

En Guadalajara, todo tiene pinta de que Ciudadanos va a gobernar con el PSOE, el partido más votado. Y si lo hace, sería deseable de que entrara en el gobierno y se comprometiera con él, lo que no hizo en el último mandato de Román, con mal resultado para la ciudad. No se puede entregar el gobierno a un alcalde y al minuto siguiente dejarlo en minoría. También podría Ciudadanos llegar a un acuerdo de gobierno con el PP, con el contundente argumento de que el centro-derecha (PP+ CS+Vox), sumó 1.111 votos más que la izquierda en Guadalajara, pero surge como impedimento un obstáculo que parece insalvable: CS se niega a sentarse en la mesa con Vox, y encima los descalifica. Por ello, Román tendría que negociar un pacto de gobierno con CS, que apenas sumaría 11 ediles, y luego mostrarlo a Vox como si fuera las tablas de la Ley esculpidas en mármol, solo para que lo echara un vistazo y lo votara en el pleno. En el mejor de los casos estaríamos desde el minuto 1 con otro gobierno en minoría de 11 concejales.

En esas circunstancias, el camino hacia un gobierno entre PSOE y CS en Guadalajara está más despejado, y seguro que a engrasarlo contribuirá Page, porque en la misma situación están los ayuntamientos de Ciudad Real y Albacete; y alguna Diputación, como la de Guadalajara.  Aunque el presidente regional, con su mayoría absoluta, tiene poco que ofrecerles. Pero algo se le ocurrirá, que Page es hombre imaginativo. Otra cosa es que luego cuando tengan que comparar programas en asuntos como la fiscalidad o las políticas de empleo, verán que hay serias diferencias, las mismas que desde hace medio siglo separan a socialdemócratas y liberales. ¿Se harán Page y Rojo social-liberales como se hizo Helmut Schmidt por exigencia de Genscher? ¿O se convertirá Pérez-Borda y Alejandro Ruiz en socialdemócrata?

En Guadalajara, presiento que a este PP tan necesitado de cambios y de caras nuevas, tampoco le vendrá mal un gobierno de centro-izquierda PSOE-CS, porque le dejará ocupar toda la oposición y, si es inteligente, visualizar que eso de votar a partidos a su derecha extrema no ha sido un buen invento. Un grupo de oposición en el que no estaría Román, y supongo que alguno más, podría dar guerra a un equipo de gobierno repleto de novatos y que van tener que aprender rápido en gestión municipal para que no se les note mucho. Pero esto es lo que hay.

Consecuencias de una Ley Electoral que deja a los partidos la decisión de los pactos y no devuelve la palabra al ciudadano, como sucede en Francia con su famosa segunda vuelta.  Rajoy lo pudo haber cambiado, pero no se atrevió. Pues ahora, que no se quejen.
75 AÑOS DEL DÍA D.- El 6 de junio de 1944 se cumple el 75 aniversario del Día D. Ningún otro lugar me ha impresionado tanto como pasear por aquella playa de Omaha en la que 2.500 soldados americanos perdieron la vida solo en las dos primeras horas del desembarco frente a guarniciones alemanas parapetadas sobre acantilados de más de viente metros desde los que practicaron el tiro al blanco con los que intentaban desembarcar. Normandía está sembrada de cementerios, en los que miles de tumbas rematadas por cruces o la estrella de David se pierden en el horizonte. En todas ellas solo pone el nombre de enterrado, rango, la fecha de su muerte y el estado de procedencia. En el Día D y posteriores perdieron la vida unas cien mil personas, más de la mitad alemanes, que tienen sus propios cementerios.

En estos tiempos donde por los euroescépticos de todo pelaje, aquí y allá del Atlántico, con tanta ligereza se cuestiona la Europa unida y democrática que nació del sacrificio de aquellos héroes es bueno recordar de dónde venimos, sobre todo para no regresar a aquellos años treinta en que la Europa de los ultranacionalismos inoculó a sus sociedades más cultas el virus de la intolerancia y el fanatismo. Deberían promover excursiones gratis a aquellos cementerios normandos para que todos supieran hasta dónde puede llegar la raza humana cegada por el totalitarismo.

Sobre estas líneas,  Normandía, playa de Omaha y cementerio americano /Foto: S. Barra.

 

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