Los pegamentos de Sánchez

Dos cosas me llamaron más la atención en el día en que Pedro Sánchez  fue elegido presidente del Gobierno (hasta ahora también lo era, pero fruto de un incidente llamado moción de censura). La larga fila de diputados y senadores socialistas que esperaron para poder saludar al presidente, de pie junto a su escaño, y la foto que se hizo apoyado en la mesa de los taquígrafos y estenotipistas del Congreso, como mirando a España de arriba abajo después del éxito con seguido. No hay mejor pegamento para un partido que el poder, porque ocupa a todos durante una legislatura. Pero si el pegamento del grupo socialista fragua sólido y está a prueba de los bandazos que ha dado Sánchez en los últimos meses, bien diferente es lo que sucede con sus socios. Minutos antes del besamanos de Sánchez, la portavoz de los ultranacionalistas de ERC dejó paladinamente claro que la gobernabilidad de España les importa un “comino”. Pues bien, con estos bueyes tendrá que arar el gobierno de PSOE y Podemos. Con una parte del gobierno que aun admitiendo por imperativo legal la Constitución de 1978 la quieren cambiar en puntos sustanciales; pero que al no sumar necesitan del respaldo de unos socios independentistas que la quieren enviar de una patada al Mediterráneo.    

Minutos antes del besamanos de Sánchez, la portavoz de los ultranacionalistas de ERC dejó paladinamente claro que la gobernabilidad de España les importa un “comino”. Pues bien, con estos bueyes tendrá que arar el gobierno de PSOE y Podemos.

Pero el gobierno de Sánchez no solo tendrá que lidiar con la oposición, en una legislatura muy radicalizada y con un parlamento en el que no se adivinan los puntos de encuentro, sino en convencer a los barones socialistas críticos con el independentismo de que todo esto no se les ha ido de las manos. No es casual que ni Page, ni Lambán ni Vara acudieran al besamanos de Sánchez en el Congreso de los Diputados,  que es tanto como decir que les tendrá que convencer de que la relación bilateral entre el gobierno de España y Cataluña, y los reconocimientos nacionales hechos al PNV y Bildu,  se hará siempre en el marco de la  Constitución y la consulta prometida sobre un Estatuto de Cataluña reformado. Pero solo hay que oír a Rufián para constatar que él espera todo lo contrario. Lo que la investidura ha dejado claro es que en el mejor de los casos por las demandas ultranacionalistas iremos a unas comunidades autónomas de dos velocidades y a un estado menos cohesionado y más desigual. Aunque a esto lo llamarán “progresista”.  En el mejor de los casos, insisto.

¿Y la oposición? Pues mucho que reflexionar. Sánchez nos genera un mar de dudas por su obsesiva estrategia de la conquista del poder, pero no menos verdad es que ha sido el único que lo ha intentado con contumacia. El PP y Ciudadanos desaprovecharon una coalición histórica para haber sumado más que cualquier otro, y a estas alturas están más lejos de La Moncloa que nunca. El papel a desempeñar también es difícil, porque no pueden ser todos los días los profetas de la Apocalypsis. En fin, que más les vale que recuperen la centralidad, ahora que Sánchez se alía con radicales, o serán devorados por el populismo de derechas, que aguarda paciente.   

Por último, Sánchez ha repetido durante el debate que este es el gobierno que han elegido los españoles. No es verdad, obviamente. Nuestro sistema parlamentario permite a los españoles elegir a los diputados, que representan la soberanía popular, y estos a su vez eligen al gobierno en mayoría o en coalición. Pero nuestra Constitución no otorga a los ciudadanos la elección directa del gobierno, como sucede en Francia con la segunda vuelta. Esto posibilita que entre los partidos que votaron en contra de la investidura de Sánchez sumen más votos  electorales que el bloque del “sí”, sin que por ello se pueda decir que no sea democrático. O que un partido como Teruel Existe, con 19.000 votos, haya decantado la elección de Sánchez.  Así que si se abre el melón constitucional, yo me apunto. Muchos cuestionamos una Ley Electoral que ha dado un poder desmesurado al independentismo y a las minorías,  porque en la deriva cantonalista actual nos preguntamos si merece la pena dar el voto a partidos nacionales, que en teoría están ahí para cohesionar al Estado y defenderlo de agresiones exteriores. O mejor nos tiramos al monte como los de Teruel.

P.D. Lo que sabemos, porque lo ha filtrado Podemos, es que Magdalena Valerio dejaráde ser Ministra de Trabajo, puesto que se reserva a Yolanda Díaz, una dirigente de Galicia en Común. Pero desconocemos qué competencias quedarán colgando de Trabajo, si mantendrá o no el importante área de Seguridad Social. O cuántos ministerios tendrá el nuevo gobierno para que los pactos con Podemos encajen.

A seguir también el acuerdo con Teruel Existe, que incluye autopistas. Recordemos que tras el trágico incendio de La Riba,  Zapatero prometió un parador  y una vía rápida a Molina con continuidad hasta Teruel.  Desde entonces han pasado 15 años. Tendría gracia que al final un partido de Teruel rescataría la autovía de Molina, con lo que podríamos pedir al señor Guitarte que abriera una delegación en el Señorío. Pero esto es lo que hay.

Foto: Sánchez prometiendo la Constitución, sobre una mesa sin Biblia y crucifijo.

Esto se ha ido al carajo: ¿Una nueva Transición?

La noche del 10 de Noviembre de 2019 en que PSOE y Unidas Podemos perdían diez escaños y el centro-derecha dividido fracasó, Pedro Sánchez tomó una decisión para ser investido que nos podría llevar a una segunda Transición, con actores políticos y aliados bien diferentes a los que se reunieron en torno a la Constitución de 1978. Si ese acuerdo constitucional representó el entierro de la dictadura, la superación de una horrible guerra civil sin vencedores y vencidos, la recuperación de las libertades individuales y colectivas, la incorporación de España a las instituciones europeas y un consenso territorial que definió el Estado de las Autonomías, la situación de hoy es bien diferente.

Porque Sánchez, así lo ha querido, por el acuerdo–abrazo al que llegó al día siguiente de las elecciones con Pablo Iglesias -aquel hombre que hace solo unos meses le quitaba el sueño-, para formar un «gobierno progresista» de coalición, cerraba cualquier puerta a la negociación con PP y Ciudadanos.  Ni se molestó en hablarlo con Casado o Arrimadas. Ningún líder de centro-derecha podría haber dado pista libre a un gobierno integrado por un partido neocomunista sin perder a la mayoría de sus diputados en las siguientes elecciones; y entregar en bandeja la oposición al populismo de derechas.  Por lo tanto, Sánchez sabía perfectamente que el abrazo con Iglesias, al carecer de mayoría suficiente, significaba también la búsqueda de unos aliados al margen de los constitucionalistas: el independentismo vasco y catalán. Por ende, Sánchez conocía que la negociación con los nacionalistas no podía hacerse sobre la base de la Constitución de 1978, que concede al pueblo español la soberanía en su conjunto, con lo que irremediablemente tendría que colocar la Constitución en almoneda y dotar a la negociación de instrumentos ex novo al margen de aquella.

Así, en los últimos días, hemos ido conociendo cómo el PNV, siempre presto a llenar la cartera de nueces con cualquier gobierno, cerró un sustancioso acuerdo de apenas doce folios en los que ponen alfombra roja a sus demandas soberanistas con una posterior reforma del Estatuto de Guernika para introducir el derecho a decidir en su articulado. Pero como los Jeltzale son gente paciente, mientras ese día llega recibirán una treintena de competencias, entre ellas la de Prisiones, tan importante para los presos de ETA, o asuntos de gran calado social: el reconocimiento a las selecciones vascas, por mucho que en España al contrario que en Gran Bretaña sí hay ligas nacionales en todos los deportes. A nadie puede extrañar que en esas condiciones el 85% de las bases de Bildu, aquellos que nunca se arrepintieron de su apoyo a los crímenes de ETA, respalden la investidura de Sánchez. ¡Pero si hasta la Guardia civil va a salir de las carreteras de Navarra y el PNV ha negociado por la comunidad Foral con los mensajeros de Sánchez!

Más complicado de articular ha sido el pacto para asegurarse la abstención de Esquerra Republicana de Catalunya. Ha pasado por la admisión de que en Cataluña existe un “conflicto político”, como siempre ha mantenido el conjunto del independentismo y negado por Sánchez hasta el 9 de noviembre de 2019. Y en consecuencia, como reza el acuerdo, “debe resolverse a través de cauces democráticos” (¿es que aplicar la Ley y la Constitución no lo eran?), “mediante el diálogo, la negociación y el acuerdo, superado la judialización del mismo”. Este último punto es de extraordinaria importancia porque se está apartando a los tribunales de sus funciones en la interpretación de la Ley, que se deja a una mesa bilateral entre los gobiernos de España y Cataluña, en situación equivalente. Y se rompe con toda la política seguida hasta ahora en Europa sobre el Process en Cataluña, porque ya no se podrá argumentar ni cuando es el propio gobierno español el que ha negociado con los sediciosos su propia investidura.

Como escribía Raúl del Pozo sobre los valores del 78, todo  esto se ha ido al “carajo”, porque a partir de ahora los que deben dar soporte al gobierno de España son los que trabajan a diario para desmontarla; y lo único que aceptarán es a alargar un poco los plazos. Sánchez seguramente tendrá la esperanza, no se lo voy a negar, de lograr un nuevo encaje para Cataluña y el País Vasco en base a una relación bilateral propia de los estados de estructura confederal (Suiza) o con un Estado Libre Asociado (Puerto Rico). Pero Sánchez no debería hacerse trampas en el solitario cuando el jefe Junqueras ya la ha dicho que el derecho de autodeterminación es “innegociable” y la independencia de Cataluña “inevitable”. Es decir, que si en 2020 todavía no hay mayoría de independentistas, como reconoce el propio CIS catalán, pues habrá que repetir el referéndum tantas veces como haga falta hasta que salga. Y para ello solo hay que dejar pasar una generación más hasta que se hayan muerto los abuelos, que  emigraron a Cataluña cuando en la mayoría de España no había industria pesada, y en ese tiempo cumplan 18 años  una nueva hornada de jóvenes independentistas educados en el pensamiento único y el rencor hacia la “España que nos roba” e impide su felicidad plena.

 Esta es la hoja de ruta que acepta Sánchez, y que seguramente incluirá gobiernos con Iceta como perejil de todas las salsas por la crisis entre ERC y los Puigdemont, pero que requiere de un marco de difícil encaje legal. Es el compromiso adquirido para que las medidas que se acuerden sean sometidas en su caso “a la validación democrática a través de la consulta a la ciudadanía de Cataluña”. ¿Y si esas medidas no son constitucionales y aun así se aprueban en referéndum, qué hacemos?  ¡Ah, no pasa nada porque no vamos a pedir que las interpreten los jueces!

Estos son los socios que Sánchez se ha buscado para su nueva Transición, con lo que inevitablemente España se radicalizará, se acentuará la división entre la izquierda y la derecha, la periferia y el centro, los rojos y azules, el trabajo y el capital, los liberales y carlistas, los católicos y los ateos (esa línea roja para la Iglesia sobre la religión no evaluable que se van a saltar), la sustitución del diálogo social por el decreto ley, el intervencionismo por bandera… Frentismos que nos recuerdan a la España del siglo XIX y los años anteriores a la Guerra Civil, si no fuera por algo fundamental y con lo que consuelo a mis amigos más pesimistas: aquella sociedad estaba formada por proletarios y campesinos carentes de todo y en frente solo las oligarquías. No había una clase media mayoritaria, como ahora, que no permitirá que pongan en riesgo su bienestar y propiedades. Aunque alguno me responde: sí, pero recuerda la reacción de esas clases medias en Alemania o Italia cuando fracasó el régimen de Weimar o Mussolini se apoderó de la monarquía de Victor Manuel III. ¿ Y a quién votó? Mucho cuidado pues a las salidas-milagro en tiempos de crisis.

En definitiva, malos tiempos para lo moderados en todos los partidos, porque les están acotando el campo de juego. Como Sánchez ha hecho con la Corona, para que en unos años Iglesias  pueda decir: “si no sirve para nada, por qué no la quitamos”.  Unos tiempos muy complicados para los históricos del PSOE, fuera de las listas como Barreda o dando vueltas por el mundo como Borrell. Es otro PSOE, clama Alfonso Guerra, en el que se ha sustituido el funcionamiento representativo de comités locales, provinciales, regionales y federales, que ejercían de contrapoder, por una relación directa del líder con la militancia a través de plebiscitos con trampa. Nunca se les preguntó por la tercera pata, el pacto con los independentistas y sus límites. En medio de este ambiente, cada vez más cerrado y tóxico, tendrán que convivir los Lambán, Vara o Page, cuyas prédicas («La Constitución está por encima de todos y cada uno, de todos los partidos y de cada institución por separado”, dijo el presidente castellano-machego en su mensaje de Año Nuevo) son como el que habla en el desierto. El acuerdo entre PSOE y ERC no cita ni una sola vez a la Constitución ¿Dónde está el límite?  Aunque ya lo sabemos: las crisis se abren en los partidos cuando se pierde, porque si gobiernas todos están colocados.  ¿Y quién se atreve a pegar una patada al avispero?

Esto es lo que hay. Por caprichos de una Ley electoral que puede acabar con la España del 78, la de mayor prosperidad de nuestra historia, un diputado de Teruel con 19.000 votos podría decidir el destino de la investidura de Sánchez. Yo supongo que al final lo arreglará con él o con el diputado del BNG, poniendo sobre la mesa lo que haga falta. Pero no me digan el mensaje que se envía al país: votar a un partido nacional vale infinitamente menos que a otro regionalista o a un cantonalista

¡Pues viva Cartagena y la Alcarria libre!    

Esto sí que es una amenaza (con perdón del independentismo)

En este mundo virtual que vivimos, atados a la pata de las redes sociales, los independentistas se manejan a las mil maravillas hasta el punto de hacernos creer que el gran problema España es dar una salida a las aspiraciones soberanistas de Cataluña (o de una parte de ella), con lo que Sánchez-Iceta (tanto monta monta tanto) no ha contemplado otra solución para ser elegido presidente que acudir al Vis a Vis de la cárcel de Lledoners; y esperar. Mientras tanto, se acumulan los problemas a la puerta del Gobierno y pasan desapercibidos auténticos noticiones, como es el que nos dejó hace unos días el INE: «España registra la cifra de nacimientos más baja desde 1941. El INE muestra un saldo vegetativo negativo de más de 45.400 personas durante el primer periodo de 2019».

La madre de todas las batallas en España y en Europa es la baja natalidad, que como va a suceder este año no es que crezca poco, sino que va a estar en índices negativos. ¿Pero es que alguien piensa que una España y una Europa con más defunciones que nacimientos puede asegurar el actual sistema de bienestar del que todavía disfrutamos (aunque cada vez más deteriorado) y garantizar el cobro de las pensiones dentro de unas décadas? Es metafísicamente imposible. La baja natalidad en Europa es la mayor amenaza a su cohesión, y llama la atención la ausencia de políticas específicas que animen a los europeos a evitar su desaparición como sociedad.

¿De qué le vale a Torra, Junqueras y Puiddemont su Cataluña independiente si en la última década ha pasado de tener un saldo positivo del 3,95 al -0,58?

En los últimos años hemos ido evitando las tasas negativas gracias a la inmigración, que algunos populismos nacionalistas vuelven a señalar como el origen de todos los males (mismamente, el Defensor del Pueblo de Cataluña, hablando de los gastos en Sanidad, un discurso que Page le refutó como falso), pero lo que nos está advirtiendo el INE es que ya no va a ser suficiente. Ahí tenemos el caso de Guadalajara, una de las provincias con más inmigración y actividad económica, en que los primeros datos provisionales de 2019 avanzados por el INE muestran que se han producido menos nacimientos que muertes en nuestro territorio. La diferencia entre nacimientos y defunciones es cada vez menor. Si en 2018 cerramos el año con un saldo positivo de 0,36 es posible que los datos de 2019 empiecen a estar en números rojos. Según el avance realizado por el INE entre enero y junio de 2019 en Guadalajara ha habido 966 nacimientos (541 hombres y 455 mujeres) mientras que han fallecido 1085 personas( en este caso murieron más mujeres 536, que hombres 522). Un saldo negativo de 119 personas.

Este dato viene a confirmar la tendencia de decrecimiento que se ha producido en Guadalajara a lo largo de los últimos diez años. Mientras en 2008 el saldo vegetativo era de 5,78 en 2018 pasamos a un exiguo 0,36. Todavía en datos positivos pero rozando el cambio de tendencia que podría producirse este año cuando se faciliten los datos de todo 2019. En Castilla-La Mancha, la dituación es algo peor, porque vemos como a partir de 2015 ya entró índices negativos y ha ido aumentando en los últimos dos años hasta llegar a -1,81.

Pues bien, si este es el panorama en una provincia como Guadalajara, con un Corredor industrial tan potente como el del Henares, en la Guadalajara rural o en comunidades envejecidas, como sucede con la cornisa cantábrica o la Castilla más alejada de la concurvación de Madrid, el panorama es desolador. Ahí tienen el caso de Asturias, una región bella como pocas, pero que se desangra sin remedio: hace diez años ya tenía índice negativos (-4,21) y en 2018 alcanza el -7,3. O la Cantabria del locuaz Revilla, que viene perdiendo habitantes desde 2011 y en 2018 ya se acerca al -4%. Los de Teruel, ahora con voz propia en el Parlamento, llevan más de diez años con más fallecidos que nacimientos y en 2028 han superado el -6%. Así que Teruel Existe, ¿pero por cuanto tiempo?

Pero nada de esto parece preocupar a una sociedad que recibe cada vez más imputs de información, pero con grandes dificultades para separar el grano de la paja. Lo importante de lo accesorio.

Aquí, lo que acapara los titulares es el jueguecito que se traen algunos para mantenerse a toda costa en el poder. Meternos hasta en la sopa a la pobre Greta ante la falta de resultados de la cumbre del Clima. O como ha hecho el tal Boris Johnson, un antiguo publicista del periódico más antieuropeo y sensacionalista de Gran Bretaña, volver los ojos al Imperio y al nacionalismo del siglo XIX para atajar problemas complejos de la mitad del siglo XXI. Pero esto es lo que hay.

El Corredor no debe ser el ejército de Pancho Villa.- Les pongo estos encomiables deseos a propósito de la iniciativa para la Reindustrilización del Corredor del Henares que llevaron a Europa los alcaldes de las ciudades del Corredor madrileño y a los que se juntó el de Azuqueca, que allí acudió tal Llanero Solitario como única voz de Guadalajara

Jesús Martín Sanz, presidente de AEDHE: «Todos estamos motivados por un objetivo en común, el impulso industrial, económico y sostenible del Henares”.

Jesús La Roda Muñoz, Unión Comarcal Este UGT-Madrid: “Los agentes económicos y sociales, y los ayuntamientos del Corredor, desde Guadalajara hasta Madrid, llevamos años trabajando en conjunto, para que se conozca su potencial. Y desde Bruselas, nos han dado las claves técnicas de hacia dónde van a ir las políticas europeas, para que podamos reforzar nuestras sinergias”.

Ángel Viveros, alcalde de Coslada: «La iniciativa conjunta que hemos presentado los municipios del Corredor del Henares en Bruselas se basa en cuatro pilares que coinciden plenamente con las directrices que desde la Unión Europea: la transición ecológica, el Green Deal y la economía circular, la digitalización industrial y un gran pacto social, sin olvidar las políticas de formación profesional dual».

Francisco Javier Corpa, alcalde de San Fernando de Henares:“Tenemos un proyecto en común, y un potencial importante de desarrollo económico dentro de las dos Comunidades Autónomas que engloban el Corredor, que son la Comunidad de Madrid y la Comunidad de Castilla-La Mancha, que ayudará a mejorar la calidad de vida de toda la zona del Henares”. “Contamos con el apoyo de Europa, y toca implicar aún más al Gobierno de Madrid, de Castilla-La Mancha, y por supuesto, al Gobierno de España”.

José Luis Blanco Moreno, alcalde de Azuqueca: “Las fronteras no existen. Los municipios del Henares tenemos un objeto en común y lo hemos demostrado».

Javier Rodríguez Palacios, alcalde de Alcalá de Henares:»Es imprescindible que los municipios del Corredor del Henares nos coordinemos».

Pues bien, dicho y muy bien todo esto:¿alguien me explica por qué esta delegación que acude durante dos días al Parlamento Europeo solo está formada por un alcalde de la provincia de Guadalajara, el de Azuqueca, y por qué en la representación sindical y empresarial tampoco se incluyó a sindicatos y empresarios de Guadalajara? El alcalde de Guadalajara se excuso porque no le invitaron.

Ninguna crítica al alcalde de Azuqueca que hizo lo que debía: representar a su localidad en un foro interesante. Pero el Corredor no puede ser el ejército de Pancho Villa, si como dice el alcalde de Alcalá y ex presidente de la MAS, «es imprescindible que los municipios del Corredor del Henares nos coordinemos».

¡Pues sí que hemos empezado bien la aventura europea! Y eso que Azuqueca tiene un consejero y un presidente de las Cortes, que algo podrían aportar. Que esta vez no podemos argumentar que en Toledo no se enteran. ¿Tan caro cuesta pedir un poco de coordinación y menos personalismos?

Desmontando la Constitución del 78

Cuando llegamos al 41 aniversario de la Constitución española la Nación vive un momento grave del que no tenemos experiencia desde 1978. El gobierno en funciones que lidera Pedro Sánchez quiere conseguir una investidura que las sucesivas elecciones no le han permitido revalidar con mayoría suficiente desde el triunfo de su moción de censura contra Mariano Rajoy, y lo quiere hacer apoyándose en dos patas principales, Podemos y Esquerra Republicana de Cataluña, que no comparten aspectos fundamentales de la Constitución del 78.

En el caso de Podemos, sería la primera vez que un partido populista de extracción comunista llegaría al gobierno de España con esta Constitución de la que cuestionan asuntos esenciales, recogidos en el artículo primero de nuestra carta magna. En su apartado 2, se especifica que «la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado», y el partido de Iglesias defiende el derecho de autodeterminación de Cataluña (también el de País Vasco y Galicia, ¿y por qué no de Castilla-La Mancha, dónde se pone el límite), «derecho» que no recoge ninguna constitución europea. En su apartado 1.2 la Constitución señala que «la forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria», y a estas alturas el postulante a vicepresidente del Gobierno todavía se pregunta ¿para qué sirve la monarquía?». Pero lo peor es que el presidente en funciones parece darle la razón al comportarse en todo este proceso de formar gobierno como un presidente de la República de facto, escondiendo la figura del Rey y su papel constitucional, porque ni tan siquiera ha podido iniciar las consultas para la formación del Gobierno, y todo parece decidido.

La segunda pata de la mesa que diseña Sánchez en su república de Ikea, se llama Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), el partido más desleal a la democracia española que existe. En 1934, ya proclamaron el Estat Catalá, y la República tuvo que mandar al general Batet para poner orden, algo que ahora no parece muy dispuesta su descendencia (¡Ay Meritxel, qué espectáculo más esperpéntico consentiste en la toma de posesión de los diputados independentistas y antisistema de esta legislatura!). Esta misma ERC que el 1 de octubre de 2017 promovió y apoyó un referéndum ilegal en Cataluña, y que no tiene el más mínimo empacho en declarar (Oriol Junqueras, dixit) que «lo volveremos a hacer». Como dijo el otro día Alfonso Guerra en referencia a esta doble coalición «es como si a los niños les das una granada explosiva».

Pues bien, con estos mimbres quiere construir Sánchez la legislatura, sin explicarnos qué ha cambiado sobre lo que decía hace unos meses en campaña electoral del desvelo que le iba a producir un gobierno de Podemos. O de su firme disposición a aplicar la Constitución en Cataluña ante cualquier aventura separatista. De la noche a la mañana, el «problema de convivencia» al que se refirió en campaña se ha transformado en un «conflicto político», con lo que nuestros socios en Europa se deben estar pellizcando. Porque vamos a ver, ¿cómo puede un gobierno de Sánchez pedir a un gobierno de la UE que no reciba a los líderes sediciosos si ese mismo gobierno está negociando con ellos en la cárcel la investidura del presidente en funciones? Como decía también Guerra «este no es el nuevo PSOE, es otro PSOE», y en el que un referéndum plebiscitario a la militancia con una pregunta inducida se sustituye por el debate democrático que antes se hacía en las asambleas locales, provinciales, regionales hasta llegar al Comité Federal. Es este «otro PSOE» que en aplicación de los usos y maneras caudillistas el jefe se relaciona directamente con la militancia, sin contrapoderes intermedios, mediante referéndums en los que no es posible saber ni el resultado en cada provincia. Solo cifras globales.

Para hacer posible que estas alianzas contra natura funcionen, ya hemos visto que hay que empezar a desmontar principios esenciales de la Constitución, que en su artículo 2 nos habla de la «indisoluble unidad de la Nación española», a lo que siempre estará dispuesto ese PSC, principal apoyo de Sánchez en el PSOE, que le ha faltado tiempo para reclamar el «estado plurinacional», se supone que como paso previo a una interpretación diferente de la soberanía (si hay más de una nación, hay diferentes soberanías).

Pero esto no es lo malo, lo peor para que este tacticismo de Sánchez funcione (y que consiste en poner por delante su investidura de una mayoría parlamentaria que le dé estabilidad a ese gobierno), se está tirando por la borda la base fundamental de la Constitución y de la Transición que la hizo posible: renunciar a esas dos Españas, que parafraseando a Machado, una de ellas nos helaría el corazón. El camino que Sánchez parece dispuesto a recorrer disuelve ese consenso que se fraguó en la Transición, o como muy bien se expresa en esa «Carta a los españoles» que Nicolás Redondo, Fernando Savater, Paco Vázquez o Rodríguez de la Borbolla, entre otros han publicado: «Un gobierno que represente solo a una mitad del país no estará en condiciones de realizar las reformas imprescindibles para encarar el futuro ni conseguirá que cicatricen las heridas recientes. No lo estará un gobierno formado exclusivamente por el PSOE y Podemos. La situación empeora si consideramos que el gobierno que se prefigura habrá de contar, para cada paso, con la aprobación de fuerzas independentistas que no disimulan el objetivo de destruir nuestro devenir democrático común amparado en la Constitución. Además, resulta inviable la defensa del Estado del Bienestar a base de acuerdos con quienes pretenden destruir el Estado. Así que en estas circunstancias ningún gobierno de España puede quedar bajo su dependencia. Sería un gravísimo error político y una irresponsabilidad que pondría en riesgo nuestras libertades y la convivencia ciudadana».

Porque esta es la clave de todo este asunto. Por mucho que Sánchez pueda prometer a los independentistas, nunca les podrá reconocer el derecho a la autodeterminación, y en consecuencia a un referéndum vinculante. Con lo que una vez más estaríamos engordando la frustración de la que se autoalimenta el independentismo y el victimismo que luego inocula a la sociedad desde la escuela y la TV3. En lugar de reflexionar sobre cómo se ha podido llegar a este estado de cosas y adoptar las medidas correctoras oportunas -empezando por la reforma de la Ley Electoral-, lo que nos propone Sánchez es que volvamos a entrar en el juego del nacionalismo, para que él pueda gobernar durante cuatro años, aunque sus futuros socios ya le han dicho que no están dispuesto a bajarse del burro, y que la misma felonía que hicieron en 1934 y en 2017 la van a repetir en cuanto tengan ocasión.

«Creemos que el momento exige abrir una fase de colaboración constitucionalista y transversal, que sitúe la política española en posiciones moderadas, alejadas de los extremismos sectarios. Tras años de tremendismo verbal, de exageraciones partidistas, debemos propugnar el sosiego. Las formas para conseguir la concordia necesaria y que la democracia funcione correctamente pueden variar: coalición de gobierno o pacto parlamentario. Lo importante es que sirvan para fortalecer los consensos básicos iniciados en la Constitución de 1978», prosigue la recomendación de esa «Carta a los españoles». Aunque ya sabemos que Sánchez no está por la labor, porque pedir a PP y CS que se abstengan (sin negociación de por medio) para que él pueda gobernar con la extrema izquierda es un insulto a la inteligencia que llevaría a estos partidos a su desaparición; y a dejar a un partido populista de derecha como Vox, única alternativa a Sánchez. ¿O no es esto lo que ha pretendido siempre para taponar un gobierno moderado de centro-derecha? ¿Estirar la política hacia los extremos buscando el frentismo que se ensayó en la última fase de la II República con los resultados conocidos?

Esto es lo que hay. Un tercio de los diputados que el martes tomaron posesión, utilizando algunos las formulas más estrafalarias, que avergonzarían a cualquier sede parlementaria europea, están por liquidar el edificio legal que «con errores y aciertos, vivimos el periodo de progreso social y económico más brillante de nuestra reciente historia y con la Constitución, nuestra casa común, recuperamos las libertades y alcanzamos la máxima dignidad, porque la ley nos hace a todos libres e iguales».

Desde la tristeza que a algunos nos produce esta «España de coros y danzas» a la que nos dirigimos (la expresión es también de Guerra), me gustaría que todavía hubiera tiempo para gritar:¡Viva la Constitución!, aunque la pena es que algunos lo hagan muy bajito para no molestar al jefe, y este no se entera.

Por fin algo de sensatez en el MITECO

El Ministerio de Transición Ecológica (MITECO), así como su antecesor Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente, acaba de dar un síntoma de sensatez que sería injusto no subrayar desde la cabecera del Tajo. El famoso Memorandun, aprobado en 2014, tiene de positivo que aumenta la cantidad mínima por debajo de la cual no se puede trasvasar de 240 a 400 Hm3 en la cabecera, pero a partir de ahí institucionaliza los trasvases como si estuvieran labrados en la Constitución, con lo que el ministerio se ha limitado a autorizar la cantidad de agua a derivar en función de lo que embalsa la cabecera, sin atender a otros criterios medioambientales. Con la actual normativa, los ministros de la cosa han sido más notarios que ministros, y desde luego nada políticos, en el sentido de lo que los griegos definían como política.

Por todo ello, hay que celebrar que para este mes de noviembre el Ministerio de Transición Ecológica no ha seguido las recomendaciones de la Comisión Central de Explotación del Acueducto Tajo-Segura de trasvasar 14,7 Hm3 al Segura, sino solo 7,5 Hm3. Y no lo hace de manera gratuita, sino porque las últimas previsiones sobre entrada de agua en el sistema de Entrepeñas y Buendía son muy pesimistas, ya que si bien las lluvias previstas están dentro de lo normal las extracciones son todavía mayores. Quiere esto decir que como el Tajo tiene cada vez más servidumbres, nos podríamos encontrar con que en el 2020 las reservas conjuntas en los embalses de Entrepeñas y Buendía serían inferiores a los 400 hm3. Entrando de lleno en el nivel 4, que conforme al Memorandum implica la imposibilidad de realizar ningún tipo de trasvase, ni siquiera para abastecimiento.

En ese sentido, con esta decisión el MITECO aplica el «principio de precaución», posibilitando así que «se pueda garantizar durante más tiempo el uso para consumo urbano restringiendo ya todas las aportaciones que no vayan destinadas a abastecimiento». La situación está así de grave: restricción de todas las derivaciones que no sean para consumo humano.

Aunque el comunicado lo elude, entre estas últimas demandas estaría la pretensión de trasvasar hasta 20 Hm3 para favorecer el encharcamiento del parque natural de Las Tablas de Daimiel, y que lógicamente en aplicación de este «principio de precaución» no debería ser posible. Confirmándose la precipitación de Francisco Martínez Arroyo, el superconsejero responsable de agua, agricultura, desarrollo rural y no sé cuántas cosas, en apoyar la citada demanda, y el seguidismo del consejero de Desarrollo Sostenible, el azudense José Luis Escudero, que no ha sabido ejercer de contrapunto en esta ocasión. En palabras de la ambientalista Rosa Prieto, conocedora de lo que se despacha en el alto Guadiana, «en esta nueva legislatura el Consejero de Agricultura ha asumido las competencias de agua, sacándolas de la Consejería de Fomento. Han puesto al lobo a guardar ovejas sin el más mínimo rubor y encima nos miente diciendo que es compatible ese modelo agrícola de voracidad infinita con el Medio Ambiente».

A ambos consejeros les toca reflexionar, porque no es de recibo que a estas alturas todavía se pretenda regularizar pozos en el alto Guadiana con un recurso escaso y sobreexplotado, como es el agua del Tajo, que está a más de trescientos kilómetros de distancia. Como escribía en mi último post no se puede seguir poniendo una vela a Dios y otra al diablo. O como se recalca desde SEO/BirdLife es «una irresponsabilidad» seguir incidiendo aún más en los conflictos sin atajar los problemas en su origen: un modelo agroindustrial gran demandante de agua en expansión en La Mancha. Una política en la que «subyace la oferta del agua y que no atiende a la gestión y control de la demanda», tal y como obliga la Directiva Marco del Agua, que «sigue obviando la urgente necesidad de redimensionar la demanda del sector agrario de regadío, verdadero origen de los problemas ambientales, y repite los mismos errores que sufren otros humedales como Doñana y el Mar Menor «.

Insistir en estas políticas que luego el superconsejero no tiene remilgos en rechazar cuando se practican en el levante, como dice Roberto González, responsable del Programa de Aguas de SEO/BirdLife, «estos planteamientos no solo imposibilitan avanzar en la nueva cultura del agua, sino que retrotraen el debate a finales del siglo pasado».

Pues esto es lo que hay.

Una vela a Dios y otra al diablo

Francisco Martínez Arroyo, el superconsejero responsable de agua, agricultura, desarrollo rural y no sé cuántas cosas más se ha convertido, a propósito del demandado trasvase del Tajo al Parque Nacional de Las Tablas de Daimiel, en una especie de Dr. Jeckly y Mr. Hyde, que emplea un argumento y su contrario en función de los intereses que le toque defender.

Así, pone una vela a Dios cuando cada vez que se aprueba un trasvase para el levante español señala, con sentido común, que la agricultura y el desarrollo de aquella zona no puede depender de recurso escaso que está a más de 400 kilómetros de distancia; recuerda que al amparo de ese agua se ha ido extendiendo sin fin la agricultura industrial, que a la postre es el foco de contaminación del Mar Menor; o que es un atropello persistir en una política de trasvases al Segura cuando la prioridad debería ser la propia cuenca del Tajo, atender a su desarrollo y garantizar los caudales ecológicos suficientes para que el cauce no se convierta en una cloaca. Todo lo que defiende el superconsejero es difícil de cuestionar desde lo que ahora se llama desarrollo sostenible (¿no hay una consejería de tal asunto con uno de Guadalajara al frente?) , al que todo el mundo apela en campaña electoral aunque sistemáticamente es luego ignorado por el gobierno de España de turno, porque estamos hablando de la agricultura más potente, de casi cuatro puntos del PIB español y los pobrecitos, y menguados, alcarreños de la cabecera del Tajo, pues tendrán que sacrificarse una vez más por el bien de España, que siglos atrás desde Castilla facieron y ahora les gasta.

De igual manera, el superconsejero Arroyo, el de las aguas, no tiene empacho en poner otra vela al diablo al defender un trasvase al parque nacional (y ojalá lo sea por mucho tiempo) de Las Tablas de Daimiel con el argumento de que presenta una situación “complicada” con menos del cinco por ciento de la superficie, que cuenta con más de 1.750 hectáreas, encharcadas en este momento. Arroyo olvida que ese agua que reclama para el Guadiana procede de otra cuenca, la del Tajo, y si bien apela a que se trata de una situación «extraordinaria», por la falta de lluvias, olvida que esa misma situación «extraordinaria» se vive en la cabecera del Tajo, como le recuerdan desde la Asociación de Municipios Ribereños, con los pantanos muy cerca de esa raya de 400 Hm3, por debajo de la cual no se podría hacer ningún trasvase. Por todo ello, el superconsejero de aguas y trasvases ha tenido que escuchar esta semana las verdades del barquero, como le recuerdan desde Ecologistas en Acción por «la política de regadíos a ultranza, que aún se mantiene, y responsable de la liquidación definitiva» de estos espectaculares humedales ligados al río Guadiana (¡no al Tajo!) y complementados con las lagunas volcánicas del Campo de Calatrava.

¡Ojalá fuera solo la falta de lluvia el culpable de la situación y que con mandar 20 Hm3 se hubiera resuelto el problema, para siempre, pero el consejero no puede engañarse así mismo y engañarnos a los demás porque bien conoce, como le recuerdan desde EA, que la desaparición completa de las lagunas fluviales (de las que las llamadas Tablas de Daimiel eran un caso singular) «no tienen otra causa que la del descenso de los niveles freáticos de los acuíferos y éste no tiene otra causa que la sobreexplotación de los mismos para transformar una agricultura tradicional sostenible en un sistema de agroexplotación industrial insostenible». Ante esta situación la pregunta que tiene que contestar el superconsejero de aguas y trasvases es si la opción que va a tomar es convertir las Tablas de Daimiel en un parque acuático para el turismo con lagunas artificialmente alimentadas desde la cabecera de un río sobreexplotado, que está a 300 kilómetros de distancia, o si de una vez por todas quiere recuperar los humedales como Dios manda, para lo que deberá impedir las regularizaciones de pozos que vacían el famoso acuífero 23 y dar un giro a la actual política agrícola que incentiva el incremento del consumo de agua.

Esa es la clave de bóveda de este asunto, y no si hay que mandar unos hectómetros en una situación de emergencia. Y por lo que el propio Arroyo debela, en su cabeza no está clausurar los pozos ilegales sino utilizar el agua del Tajo para regularizar nuevos pozos en el Alto Guadiana, y así se lo ha prometido a los agricultores, con el lógico mosqueo de la Asociación de Municipios Ribereños. Para ello, no solo bastaría con las inyecciones a Las Tablas en periodos de sequía, sino que hay que completar las obras de lo que llaman «Tubería Manchega» (están en los Presupuestos de Sánchez que fracasaron) y que en puridad se debería llamar «Tubería Alcarreña», porque lo que trasportará es agua que se recogerá en Entrepeñas-Buendía, en la Alcarria, utilizará primero el canal del Trasvase y luego discurrirá hasta los llanos de La Mancha por una tubería. La concesión actual son 50 Hm3 anuales y suministraría agua a 59 municipios de La Mancha. Lo mismo que reprochamos al levante se calca en este caso: el desarrollo de un territorio que está en otra cuenca y a trescientos kilómetros de distancia va a depender de un recurso escaso y sobreexplotado, como es el agua del Tajo. Solo que como esta vez el agua no sale de la Comunidad Autónoma, ni tan siquiera lo llaman trasvase, sino «Tubería manchega», como si tal tubería no naciera en la Alcarria sino entre los bellísimos molinos de Campo de Criptana. Pero claro, como explica el superconsejero de trasvases, hay que resolver los problemas que se viven en La Mancha y esto pasa por «garantizar el agua para los jóvenes y los profesionales del sector, al mismo tiempo, que se compatibiliza con el medio ambiente (?). Y es posible unificar ambas necesidades». ¿No les suena este discurso, por idéntico, al que emplean en el levante cada vez que el mismo Arroyo reclama que primero están las necesidades de la cuenca y los caudales ecológicos del Tajo?

Le voy a confesar una cosa, que mis lectores habituales ya saben: yo no soy antitrasvasista, por razón de algún raro dogma progre, ni creo que las derivaciones de agua sean cosa del diablo. Pero como guadalajareño tengo que defender antes a mis santos que a la iglesia, y lo que rechazo es el monotrasvase, que en España solo exista uno, el del Tajo-Segura, y al que en poco tiempo se le añadirán tres más: el Tajo-Daimiel, para rellenar lagunas como si fueran piscinas, y el Tajo-La Mancha, para dar agua de calidad a 59 municipios.

El problema, por tanto, no es solo que haya que destinar cincuenta o más Hm3 anuales de agua del Tajo a Daimiel y a La Mancha, lo que me preocupa es que con estas infraestructuras se está reproduciendo la misma dependencia para el desarrollo de un recurso lejano y escaso que el superconsejero critica cuando el agua viaja al Levante, y en el uso lingüístico se convierte en «Trasvase». Y, para colmo, estas dos nuevas servidumbres se inician sin que hayamos sido capaces de rebajar en el Memorando, por el que se rige el Trasvase, un solo hectómetro para compensar las nuevas detracciones. Mucho ministerio de Transición Ecológica y la biblia en verso, pero con el levante hemos topado, amigo Sancho, porque por aquellas huertas está el 4% del PIB y crecen tres veces más diputados que en Castilla-La Mancha, por si las cosas se ponen feas, como bien sabe el señor Barreda, que ingenuamente quiso poner fecha de caducidad al Trasvase, y mira lo que dijo el Parlamento: que se fuera con el proyecto de Ley por donde había venido.

Dejemos por tanto de hacernos trampas en el solitario, porque esto es lo que hay: la mejor huerta industrial de España, unos humedales sobreexplotados en el alto Guadiana y 59 municipios manchegos que en pocos años también van a pasar a depender del agua del Tajo. ¿Y en la Alcarria, qué? Esperando a nada y a nadie con una eterna sonrisa de resignación.

Tengan cuidado los partidos nacionales, los que de verdad deberían vertebrar España y hacerla más equilibrada, porque si la solidaridad territorial sigue siendo de una sola vía, abusar del más pequeño, el «Teruel Existe» puede acabar en un «Guadalajara existe», un «Cuenca existe», un «Soria existe», un «Ávila existe», un «Segovia existe», y así hasta terminar con todas las provincias de la España interior de las que no se acuerda nadie. Para frenar ese camino hacia el cantonalismo -ya hay 18 formaciones políticas representadas en el Congreso- que nos llevaría a los tiempos de la I República, hay que hacer algo más que preocuparse de Torra y sus torradas. Esto es lo que hay.

PD1.- Dicen que la pregunta que Sánchez va a hacer a los militantes es si son partidarios de que el PSOE encabece un «gobierno pogresista». Si este es todo el debate que el secretario general va a propiciar en el PSOE sobre la gobernabilidad de España, casi es mejor que se ahorre las papeletas y las urnas. ¡Qué tiempos aquellos en los que en las agrupaciones del PSOE y en su comité federal se hablaba de política, de verdad, antes de este neoperonismo que ahora impera en muchos partidos políticos!

PD2.- ¿Y Pablo Casado que opina de todo esto? ¿Se va a limitar a escudarse en que Sánchez no le ha llamado sin hacer él una propuesta alternativa a un gobierno que por primera vez integrará a la extrema izquierda y que necesita de la abstención de ERC, unos tíos a los que les importa un carajo España fuera de su estrategia hacia la independencia? Que se acuerde de Rivera y su política de Don Tancredo.

PD3.- Ya sabemos lo que cuesta el Festival Gigante, 150.000 euros pagará por él Alcalá de Henares cuando aquí germinó y creció a cambio de montar un escenario, que luego valía para los conciertos de Ferias, la explotación del bar y el montaje de unos urinarios.Hay veces que tienen que faltar las cosas para echarlas de menos.¡Nos hemos lucido!

Sánchez, el Cameron español

Lo desveló recientemente Jordi Évole. A los pocos días de iniciarse la negociación con Podemos, los Redondo, Tezanos  y compañía ya habían decidido que lo mejor era forzar una repetición electoral. Sánchez no se encontraba cómodo con Podemos (ya sabe, un gobierno que son dos) y con el juicio del Procés de por medio, la negociación con los independentistas era más indigesto que beber lejía. Pero los cabezas de huevo de La Moncloa erraron, y como le pasó a Cameron con el Brexit, desencadenaron una decisión peor de la que se partió. David Cameron dimitió al día siguiente de su fracaso.

Una quinta parte del parlamento está formado por partidos que defienden la autodeterminación de las autonomías (algo insólito en Europa) y 29 parlamentarios son declaradamente independentistas. Y un partido ultranacionalista pisa los talones al PP como alternativa de gobierno. Este es el panorama con que nos encontramos.  

Esto es lo que ha dado sí el 10N en España y nuestra provincia.

PSOE: 120 diputados. Pierde 3 y 760.159 votos a pesar de que por el aumento de la abstención solo baja 0,67 puntos. Sánchez se apuntó a lo de “Con Rivera, no”, no se atrevió con un gobierno Frankenstein, lo confió todo al 10N, a modo de segunda vuelta, y ha perdido. Sigue siendo el más votado, pero su posibilidad de formar gobierno pasa por meter todavía más partidos a esa olla Frankenstein, que espantaba al recordado Rubalcaba.  La otra alternativa es un pacto de investidura (y de Estado) con el PP, aunque por lo que dijo Sánchez a los militantes en Ferraz no contempla. A no ser que el PP se haya convertido, para Sánchez, en una alternativa “progresista” de la noche a la mañana. Como sin duda lo debe ser el PNV o ERC.   

En Guadalajara el PSOE pierde 1.531  votos por la caída de casi 5 puntos en la participación, aunque porcentualmente sube 1,33%.  Aumenta su condición de primer partido provincial con más de ocho mil votos sobre la segunda fuerza, que es Vox. Sacó 1 diputado (Magdalena Valerio) y 2 senadores, perdiendo 1 en beneficio del PP  por la estrategia de Vox.

PP: 88 diputados. Gana 22 escaños y 646.216 votos. Casado sube, pero por la fragmentación de la derecha, no tiene posibilidades de conformar una alternativa a la de Sánchez. El presidente en funciones es el que debe tomar la iniciativa y Casado se reservará a adoptar un papel determinante si fracasa Sánchez en la negociación con Podemos y los independentistas.

En Guadalajara el PP gana 1757 votos y 3,02%. Aunque en la noche electoral vendieron que los resultados eran mejores porque tenían más votos y 1 senador más, objetivamente son todavía peores porque, por primera vez en su historia, un partido como Vox los adelanta por la derecha y se convierte en la alternativa ante el PSOE en el Corredor del Henares. Entre los municipios mayores de Guadalajara, el PP solo es la fuerza más votada en Sigúenza y Pastrana.  En la ciudad de Guadalajara mantiene el segundo puesto. José Ignacio Echániz vuelve a ser diputado por Guadalajara.

 Vox: 52 diputados. Gana 28 y 952.100 votos. El partido de Abascal es el que más saca con esta repetición de elecciones a lo que no es ajeno la violencia televisada en Cataluña tras la sentencia del Procés. Pero a pesar de todo, sus 52 diputados no van a contar en cualquier fórmula  de gobierno que se presente; porque no suman. Ejercerán una dura oposición, con las miras puestas en dar el sorpasso al PP si hubiera otra repetición electoral dentro de otros seis meses. Serían los más beneficiados de un escenario de inestabilidad

En Guadalajara se votó en clave nacional y no importó que su cabeza de lista, López Maraver, fuera un “paracaidista” que de Guadalajara  solo conoce algunos cotos de caza. Para ser un partido nuevo, en Guadalajara Vox ha elegido lo peor de la vieja política, el cunerismo. Ni tan siquiera estuvo en la noche electoral celebrando el triunfo y atendiendo a los medios de comunicación. Aun así, Vox obtiene por primera vez 1 escaño. Gana 8099 votos y mejora 7,53%. Su estrategia de presentar solo un candidato al senado supuso un senador más para el PP,  pero  Vox no tuvo premio. En la ,provincia, Vox se convierte en la fuerza más votada en la Guadalajara de los chalets del cinturón de Madrid: Alovera, El Casar, Chiloeches, Mondéjar, Pioz, Torrejón del Rey, Tórtola, Trijueque, Valdeaveruelo y Yebes. 

UP: 26 diputados. Pierde 7 escaños y 533.227 votos. El invento de Errejón (2 diputados) le ha hecho a Iglesias menos daño de lo que creía el viajante, pero aun así Podemos se deja más de medio millón de votos. Vuelve a ser decisivo para que Sánchez forme gobierno y a buen seguro que engrasará todo lo que pueda la negociación  con los independentistas.

En Guadalajara Unidas Podemos baja 2.728 votos, el 1,04%. Cedió votos al PSOE, y algo también por la bajada de la participación.

Ciudadanos: 10 escaños. Pierde 47 escaños y 1.637.540 votos. El partido de Albert Rivera es el gran perdedor del 10N, porque sus electores se han preguntado: ¿Para qué ha servido dar a Ciudadanos la llave de la gobernabilidad si luego la guarda en un cajón? El derrumbe es tal que Cs pierde más electores de los que conserva. En contra de los más sabios del partido, Rivera prefirió jugar a ser la alternativa al PP cuando en las elecciones del 28-A, Casado ya había salvado los muebles. Pudo ser el Hans-Dietrich Genscher español, aquel liberal alemán que daba y quitaba mayorías a socialdemócratas  y democristianos, pero solo quiso ser presidente del Gobierno. En un alarde de honestidad ha dimitido al día siguiente de las elecciones. Falta por saber si Cs, con solo 10 diputados, tendrá un sitio en la política española, como partido de centro liberal, o seguirá la deriva del antiguo CDS de Suárez o la UPyD de Rosa Díez.  

En Guadalajara también fue el partido peor tratado por su electorado. Pierde 16.701 de los 26.817 votos que sacó el 28A, un -7,09% en porcentaje de voto provincial. Como ya le sucedió en la legislatura corta de Rajoy, en seis meses se queda sin diputado. En Castilla-La Mancha tampoco obtiene representación.

ERC:  13 diputados. Gana 2 escaños a pesar de perder 150.458 votos. Por misterios de nuestra Ley Electoral, que beneficia a los nacionalistas, aun teniendo la mitad de votos que Ciudadanos tendría una influencia decisiva en cualquier gobierno “progresista” que quiera encabezar Sánchez. Solo con sus votos no basta para dar la mayoría a Sánchez y a Podemos, pero sin ellos nada es posible. El líder de ERC, el sedicioso (TS dixit) Oriol Junqueras habrá respirado desde su celda. Bien podría convocar a los emisarios de Sánchez en un vis a vis, para decirles que él no se apea un milímetro de su República Catalana, aquella que un ingenuo Mosso expedientado, dijo que no existía. ¡Pues a lo mejor va a ser que sí!

Además de todos estos partidos, hay otras 13 formaciones políticas más, con las que Sánchez puede ensayar su gobierno “progresista”. Entre ellas la CUP, que ha saltado de las barricadas ardiendo en la plaza de Urquinaona al Congreso de España  con 2 escaños.

Que la providencia nos asista, pero esto es lo que hay si los dos partidos que han sostenido el sistema democrático en España desde la Transición no vuelven a coger las riendas de la nación. Como en  Alemania. De lo contrario, las Cortes que nazcan de este 10N pueden enterrar la Transición y sus valores a todos los efectos.

Otra vez 1-1-1, pero con Vox en lugar de Ciudadanos

Han pasado tres semanas desde mi último post preelectoral con el análisis de lo que nos intenta avanzar la demoscopia, y como prometí voy con las conclusiones de mayor interés.

Lo primero que hay que subrayar es que mientras en Guadalajara se aclaran bastante las cosas en el conjunto de España la maraña se hace más grande. En nuestra provincia, se confirma que otra vez el reparto de escaños será de 1-1-1, pero con una diferencia: Ciudadanos perdería el suyo en beneficio de Vox. Aunque en su sondeo el CIS no se mojó, y apuntaba a que ese tercer escaño se disputa entre el segundo del PSOE y el cabeza de lista de Vox,  hay que tener en cuenta que las entrevistas que se hicieron para el CIS de Tezanos son anteriores a conocerse la reacción violenta a la sentencia del Supremo sobre Cataluña, que tal y como acreditan los sondeos posteriores han servido de combustible para Vox se convierta en el tercer partido nacional, puesto que disputa a Unidas Podemos.  Y, en Guadalajara, Vox ha tomado una ventaja por encima de nueve puntos porcentuales sobre el segundo diputado del PSOE.

Pero si las incógnitas se van despejando en nuestra provincia, en el conjunto de España sucede todo lo contrario, salvo que el CIS de Tezanos acierte con sus pronósticos, algo que cuestionan el resto de empresas demoscópicas por lo apuntado anteriormente. Así, lo que nos debela el promedio de las encuestas que se publican en España es que la composición de un futuro gobierno será más complicado de lo que venía siendo hasta ahora, porque ni el bloque de derechas (PP,Cs, Vox) alcanzaría la mayoría absoluta, ni tampoco lo lograría el bloque de izquierdas (PSOE, UP, +País). Y para colmo, una posibilidad que siempre existió en esta legislatura, un gobierno de coalición de centro-izquierda entre PP y Ciudadanos, tampoco bastaría para investir a un presidente. Con lo que nos veríamos abocado a un gobierno Frankenstein entre PSOE y Podemos con el respaldo de los independentistas. O a algún tipo de acuerdo entre el PSOE y PP. De momento, Sánchez ya ha avanzado que no habrá gobierno de gran coalición a la alemana entre socialdemócratas y conservadores, y Casado se ha comprometido a no hacer a Sánchez presidente. Un lío mayúsculo el que nos puede traer el 10-N.

Veamos, por partidos, cuál es la proyección a 31 de octubre, aplicando en el caso de Guadalajara un índice corrector en función de los resultados de las elecciones de abril. Hay que recordar que en la semana anterior a las elecciones, no se permiten encuestas por una ley electoral obsoleta, porque los “trackings” se siguen haciendo a diario y se publican sustituyendo los nombres de los partidos por frutas que los representan: la rosa, la berenjena, el brócoli, la naranja, una gota de agua azul….

PSOE: A nivel nacional se mantiene en torno al 27%, pero parece estancado salvo en el sondeo de Tezanos, que se dispara. En Guadalajara pierde apenas seis décimas, y aunque parece tener consolidada la primera plaza (está a unos 3 puntos del PP), como ya sucedió en las últimas elecciones, no le da para sacar un segundo diputado, ya que para ello (dependiendo de la abstención) debería estar entre el 37 y el 38% de los votos válidos.

Promedio nacional sondeos:  27,2 % (120 escaño). Proyección Guadalajara: 28,3% (1 escaño)

PP: El partido conservador liderado por Casado gana cerca de dos puntos en las últimas tres semanas y está rozando el 22%, lo que le daría el liderazgo en un bloque del centro-derecha, aunque por otro lado se quedaría lejos de la mayoría absoluta. En Guadalajara sube algo más de 1 punto, y estaría a 3 del PSOE provincial.  Promedio nacional: 21,8 % (100 escaños). Proyección Guadalajara (25,18%)

Vox: El partido ultranacionalista es la gran sorpresa de estas elecciones bis. Después de estar estancado,  rema a favor de corriente, gana 3 puntos porcentuales, y todos los sondeos le elevan al tercer puesto en el conjunto de España; y aunque Unidas Podremos le pisa los talones en votos, el reparto electoral favorece a los de Abascal, que mojan en las provincias pequeñas, como es el caso de Guadalajara, donde tienen el tercer escaño en la mano con una proyección de 18,72% de los votos. Para evitarlo, el partido más votado, el PSOE, ley de Hondt en mano, tendría que sumar cerca del 38% de los sufragios, algo muy improbable teniendo en cuenta de que ahora, están en torno al 28%. El candidato madrileño López Maraver, a quien Abascal puso de número 1 en Guadalajara, tiene el escaño en la mano. Promedio nacional 12,5 (37 diputados). Proyección Guadalajara: 18,72% (1 escaño)

Unidas Podemos: Con una candidatura nucleada en torno a Izquierda Unida, el partido de izquierda radical que lidera Pablo Iglesias podría arrebatar en Guadalajara el tercer lugar a Ciudadanos (están muy igualados), aunque no tendría recompensa porque Vox está casi a seis puntos por encima en intención de voto. En Guadalajara, no tiene que hacer frente a la competencia del partido de Errejón, por lo que mantendría un porcentaje en torno al 13% en intención de voto. Promedio nacional: 12,5% (33 escaños). Proyección Guadalajara: 12,81%. (Sin escaño)

Ciudadanos: Agrava su espectacular caída, que ya se avanzaba en los sondeos de hace un mes. Como Albert Rivera no dé un golpe de mano en el debate de los candidatos a presidentes del Gobierno y en lo que queda de campaña, su partido liberal pasará de tercero a quinto en España. Aunque esto no es lo peor: al contrario que en esta legislatura, lo que le quedase de grupo parlamentario no le daría al menos para ser bisagra de los dos grandes partidos.  En Guadalajara perdería el escaño que ha tenido en los últimos seis meses María Ángeles Rosado, a no ser que remonte más de seis puntos en una semana. Promedio nacional: 9,3% (17 escaños). Proyección Guadalajara: 12,23% (sin escaño).

Como siempre, repito, esto es lo que dice la demoscopia, que no deja de ser una fotografía de un momento concreto. Esto es lo que hay.  Pero al final es el ciudadano, con su voto, el que decide y hace, o no, buenas las encuestas.   

El Gigante, una sensible pérdida para Guadalajara

Guadalajara tiene tres eventos que podríamos calificar de multitudinarios, amén de los encierros y las carrozas dentro del ciclo Ferial. Son el Maratón de Cuentos, el Tenorio Mendocino y el Festival Gigante.

Hay diferencias entre ellos. Maratón y Tenorio surgieron, y perviven, gracias a la iniciativa del Seminario de Literatura Infantil y Juvenil y de la asociación Gentes de Guadalajara, respectivamente. En ambos casos se nutren de presupuestos públicos, esencialmente del Ayuntamiento de Guadalajara, pero si no hubiera detrás un nutrido grupo de voluntarios que realizan las mil y una funciones que son necesarias (en el Tenorio, hasta los actores lo hacen gratis, porque son aficionados; caso diferente a los cuentacuentos profesionales del Maratón), sería imposible su celebración. Maratón y Tenorio, aun recibiendo público de fuera, se nutren del consumo interno de la ciudad, y ambos ya forman parte del paisaje arriacense, si ahora le encargaran a Jorge Inglés realizar un nuevo retablo para el Marqués de Santillana.

El formato del Festival Gigante es diferente. Es una empresa privada la que se juega su dinero, por lo que es natural que esta quiera unas garantías antes de tirarse a la piscina. Y este año, con la incertidumbre sobre dónde se iba a ubicar el Festival, y que carecía de un cabeza de cartel de relumbrón como años anteriores (Bunbury, Love of Lesbian, Amaral, Sidonie, Vestusta Morla, Lori Meyers...) pues la piscina estaba medio llena; y acabaron palmando unos 25.000 euros a pesar de que mantuvieron una asistencia con cerca de veinte mil espectadores entre  las cuatro jornadas. A pesar del impacto que el Gigante tiene en la ciudad, el Ayuntamiento no se juega un euro. No hay subvención directa, y su colaboración consiste en dejar gratis la Fuente de la Niña y correr con los gastos del escenario principal. ¡Pero ojito, que ese escenario es el que se utiliza para los conciertos de Ferias, con lo que no hay un gasto extra! Así que si el formato es diferente, el resultado es el mismo: el Gigante dinamiza a la ciudad, le quita la caspa, y da satisfacción especialmente a los jóvenes, aquellos a los que solemos oír protestar porque “Guadalajara está muerta” cuando la comparan con Alcalá de Henares. Y a los que hemos estudiado en la cuna de Cervantes y de Azaña, no nos extraña. Por todo ello, los portavoces municipales deberían ser muy cuidadosos cuando hablan alegremente de que el “Ayuntamiento no va a hurtar del debate a la ciudad porque una empresa privada necesita tomar decisiones”. (sic)  

La puñetera verdad, como apunta el periodista Fernando Rojo, que de festivales sabe un rato, mientras todos estos están contratando en estos momentos los grupos del año que viene, «aquí estamos empezando procesos participativos». Y a día de hoy, el Ayuntamiento de Guadalajara no garantiza que el Gigante se pueda celebrar allí, en 2020, la condición que ponían los organizadores para seguir en Guadalajara. Resulta, además, que el Gigante, con seis ediciones a sus espaldas, se ha convertido en un producto muy sabroso para cualquier ayuntamiento, y según ha podido saber este diario digital, su empresa tiene una oferta muy jugosa encima de la mesa de Alcalá de Henares, que supera la colaboración que nuestro consistorio presta al Festival.

Así las cosas, salvo verdadero milagro, Guadalajara va a perder al Gigante y la séptima edición, la de 2020, se celebrará en Alcalá de Henares, y los mentideros festivaleros apuntan que con Vetusta Morla de cabeza de cartel.  A estas alturas alguno me puede replicar: “tío listo, qué haría usted si fuera el alcalde o la responsable de Festejos”. En primer lugar, acompañarlos en el sentimiento, porque hagan lo que hagan van a salir trasquilados, porque seguir en la Fuente de la Niña es una mala solución (para las pistas y con los atletas a los que se les priva de su elemento natural tres semanas) y bajarse al Escartín es casi peor, fastidiaría al Deportivo, habría que desmontar una tribuna y el escenario tampoco convence a la empresa del Gigante.

Ante este panorama, aun reconociendo que tiene los inconvenientes apuntados, lo que yo haría es firmarun convenio por tres años con el Festival Gigante, con luz y taquígrafos, garantizándoles seguir en la Fuente de la Niña y en las condiciones de las seis ediciones anteriores; y durante ese tiempo proseguir ese debate ciudadano para que todo el mundo pudiera opinar con un mínimo de rigor. Aunque para no acabar dando palos de ciego es imprescindible delimitar cuál es el campo de juego. Es decir: hay que buscar un lugar alternativo a los conciertos de la Niña, que ahora no lo hay, o bien ampliando el recinto Ferial o buscar, como han hecho en Aranda de Duero con el Sonorama, un espacio nuevo que no deja de ser una gran explanada pavimentada, y poco más. Es imprescindible por lo tanto centrar el debate, pero al final es el equipo de gobierno el que toma la decisión, que para eso los elegimos y por ello los pagamos. No una asamblea de unos cuantos.

El asunto no es sencillo, aunque nunca lo fue montar un nuevo Ferial en Guadalajara, y si no que les pregunten a los alcaldes que lo promovieron: Javier de Irízar, que sacó las barcas de La Concordia, o José María Bris, que libró al barrio de la escandalera en que se había convertido el recinto de  Adoratrices y luego, con Román, les legó un gran parque. Es ley de vida. Ahora al Ayuntamiento de Alberto Rojo le toca dar otra vuelta de tuerca; pero sería una grave pérdida que por el camino se dejara uno de los festivales más importantes de España.  Y mucho ojito, porque además del Gigante nos quedaríamos sin un recinto para seguir ofreciendo conciertos punteros en las Ferias. Es decir, que en lo musical bajaríamos de golpe a tercera división.

Esto es lo que hay, y ciertamente no tiene buena pinta. De hecho, el compañero Evaristo Olcina, ahora metido en asuntos de la política, se mostraba convencido en su twitter de que la decisión de marcharse estaba tomada por el organizador del festival incluso antes de su última edición en Guadalajara. Y que las pistas «son excusas baladíes». Pues sería una sensible pérdida para Guadalajara.  Pregúntenles a sus hijos.

Foto: Luis Toquero Ochayta

Nota de urgencia: Como se esperaba, la organización del Gigante ha confirmado horas después de que colgara este post que abandonan Guadalajara. Lo achacan a la «incertitumbre» y a la «dejadez institucional en los últimos años». Ahora vendrán los reproches mutuos entre nuestros políticos, sobre quién ha contribuido más al desenlace, aunque en el fondo ya da igual. Quien realmente pierde es Guadalajara, por no saber conservar uno de los tres eventos más multitudinarios que se organizan durante el año, y el más seguido por nuestros jóvenes. En Alcalá de Henares, o en Torrejón de Ardoz, que gana enteros en los últimos días, lo sabrán agradecer.

Ana del Campo, una periodista que honró a su profesión

La periodista Ana del Campo Illera llegó a Guadalajara desde su Madrid natal en la primavera de 1979, con poco más de veinte años. Aquí tenía la ocasión de comenzar su carrera periodística en un periódico «Guadalajara, Diario de la Mañana», un medio tan joven como ella que nació con una pretensión que la historia ha demostrado imposible: contar con un diario impreso en Guadalajara. El periódico, a pesar de la buena voluntad de sus fundadores, duró un par de años, pero le dio tiempo a Ana del Campo a acreditar su buen hacer, lo que le valió, con Javier de Irízar de alcalde, para poner en marcha el primer gabinete de comunicación que tuvo una institución de Guadalajara. Allí estuvo desde mayo de 1981, y en 38 años de servicio le ha dado tiempo a conocer seis alcaldes (Irízar, Blanca Calvo, José María Bris, Jesús Alique, Antonio Román y Alberto Rojo), quienes tuvieron la oportunidad de conocer de su profesionalidad, honradez con la institución, y el rigor que se ha de pedir a cualquier gabinete institucional, cualidad de tanto valor en unos tiempos donde tan a menudo se confunde la información con la propaganda y las opiniones con los hechos. Ana del Campo siempre estuvo allí para servir a los periodistas esos hechos y la información de interés general que merecía ser conocida por el vecino de Guadalajara, sin apostillas, dejando que fuera cada medio el que la valorara libremente. En ese sentido, Ana puede de dar clases a los aprendices de periodistas sobre cuál es el papel de un gabinete institucional, y cómo servir de herramienta para que el periodista tenga la información que precisa, y no convertirse en cortafuego del cargo público. Un periodista nunca es un guardaespaldas.

Esa Guadalajara que no había saltado de los cincuenta mil habitantes, que solo tenía dos semanarios (Flores y Abejas y Nueva Alcarria), ninguna radio propia y ya no digamos televisión (un monopolio que todavía ejercía el Estado) fue en la que Ana del Campo creció como periodista; y como persona. En lo profesional vivió una etapa tan apasionante como aquellas primeras elecciones locales democráticas y en la que fuimos testigos del patinazo más trascendental de la historia electoral de Guadalajara. Esta mañana recordábamos aquella tardanza de tres minutos en presentar la candidatura de UCD por culpa de un gobernador civil que no había puesto en hora su reloj con las formas de la democracia que llegaba, y que a la postre impidiera que Luis Suárez de Puga, de UCD, fuera el alcalde y Agustín de Grandes, el primer presidente de la Diputación tras la dictadura. Y cómo todavía apenas unas horas antes de la resolución de la Junta Electoral (órgano judicial ciertamente novedoso) ese mismo gobernador declaraba que no habría ningún problema con lo del reloj.

Pero si apasionantes eran aquellos años en los que la Transición llegaba a todas las instituciones del Estado, no menos fue la etapa de Ana en el Ayuntamiento y donde con la ya fallecida María Cruz Crespo, recibieron el encargo de abrir las puertas del Consistorio a la ciudad y contar lo que allí había. Todo un acontecimiento porque antes de llegar la democracia a la prensa no se nos comunicaba ni cuando se celebraban los plenos y había que enterarse del orden del día por algún concejal amigo. Desde el recién creado gabinete también se puso en marcha con Jesús Ropero de fotógrafo la primera revista municipal, Calle Mayor, entre marzo de 1981 y mayo de 1991, llegando a convertirse en una publicación diaria coincidiendo con la celebración de los primeros encierros taurinos en la ciudad. La revista cumplió con su papel de servir esa información de las fiestas al día al que no llegábamos desde nuestros semanarios. También fue la responsable de varias revistas de información interna en el Ayuntamiento y de otras publicaciones como la revista “Tragaluz”.

En lo personal, Ana unió sus destinos a aquella provinciana capital de provincia que tanto le llamó la atención el día que la conoció, aquí se casó, tuvo sus hijos, fue muchos años miembro de la Asociación de la Prensa y con su trabajo -no lo dudes- contribuyó a hacerla más abierta, menos envarada, y sin ceder nunca al principal enemigo de la democracia: el sectarismo.

Esto es lo que hay. Ana del Campo Illera se jubila. Aunque ya sabemos que los periodistas no nos acabamos de jubilar del todo. Por eso, aquí sigues teniendo tu casa.

P.D. Mientras escribo estas líneas están echando por la televisión la exhumación del cadáver de Franco con todo lujo de detalles (¿no habíamos quedado en que iba a ser una ceremonia íntima?); y además de no entender muy a qué viene tal despliegue, que parece una etapa de montaña de La Vuelta, solo siento indiferencia. Queridos niños: aunque la presencia de un dictador en un monumento nacional es una anomalía que había que resolver, no creáis que hoy ha acabado la transición porque Franco repose a partir de ahora en Mingorrubio. La Transición terminó hace tiempo, el día en que la sociedad española decidió que nunca más debería haber vencedores y vencidos. Por ello hay que tener mucho cuidado en confundir la justicia histórica con la revancha, y a tal efecto hacer coincidir la «resurrección» de Franco con la campaña electoral no es la mejor manera de despejar la política española esa gran lacra que es el guerracivilismo. Entonces la pregunta es: ¿A quién beneficia? No a los moderados.

Eso sí, el Tour de Franco desde Cuelgamuros hasta Mingorrubio hurtó de la apertura de los telediarios la noticia del peor verano para el empleo desde 2012 y que en Guadalajara la EPA nos ha traído mil parados más que hace tres meses. Si a esto sumamos el rapapolvo que le han dado a la ministra Calviño por el déficit de las cuentas que presentó a la Comisión Europea, y que es anuncio de nuevos recortes por el gobierno que salga, pues qué quieren que les diga. Que este reallity-show de Franco de vuelta a El Pardo me suena a pan y toros. Solo falta que lo presente Kiko Matamoros.

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