Otra vez 1-1-1, pero con Vox en lugar de Ciudadanos

Han pasado tres semanas desde mi último post preelectoral con el análisis de lo que nos intenta avanzar la demoscopia, y como prometí voy con las conclusiones de mayor interés.

Lo primero que hay que subrayar es que mientras en Guadalajara se aclaran bastante las cosas en el conjunto de España la maraña se hace más grande. En nuestra provincia, se confirma que otra vez el reparto de escaños será de 1-1-1, pero con una diferencia: Ciudadanos perdería el suyo en beneficio de Vox. Aunque en su sondeo el CIS no se mojó, y apuntaba a que ese tercer escaño se disputa entre el segundo del PSOE y el cabeza de lista de Vox,  hay que tener en cuenta que las entrevistas que se hicieron para el CIS de Tezanos son anteriores a conocerse la reacción violenta a la sentencia del Supremo sobre Cataluña, que tal y como acreditan los sondeos posteriores han servido de combustible para Vox se convierta en el tercer partido nacional, puesto que disputa a Unidas Podemos.  Y, en Guadalajara, Vox ha tomado una ventaja por encima de nueve puntos porcentuales sobre el segundo diputado del PSOE.

Pero si las incógnitas se van despejando en nuestra provincia, en el conjunto de España sucede todo lo contrario, salvo que el CIS de Tezanos acierte con sus pronósticos, algo que cuestionan el resto de empresas demoscópicas por lo apuntado anteriormente. Así, lo que nos debela el promedio de las encuestas que se publican en España es que la composición de un futuro gobierno será más complicado de lo que venía siendo hasta ahora, porque ni el bloque de derechas (PP,Cs, Vox) alcanzaría la mayoría absoluta, ni tampoco lo lograría el bloque de izquierdas (PSOE, UP, +País). Y para colmo, una posibilidad que siempre existió en esta legislatura, un gobierno de coalición de centro-izquierda entre PP y Ciudadanos, tampoco bastaría para investir a un presidente. Con lo que nos veríamos abocado a un gobierno Frankenstein entre PSOE y Podemos con el respaldo de los independentistas. O a algún tipo de acuerdo entre el PSOE y PP. De momento, Sánchez ya ha avanzado que no habrá gobierno de gran coalición a la alemana entre socialdemócratas y conservadores, y Casado se ha comprometido a no hacer a Sánchez presidente. Un lío mayúsculo el que nos puede traer el 10-N.

Veamos, por partidos, cuál es la proyección a 31 de octubre, aplicando en el caso de Guadalajara un índice corrector en función de los resultados de las elecciones de abril. Hay que recordar que en la semana anterior a las elecciones, no se permiten encuestas por una ley electoral obsoleta, porque los “trackings” se siguen haciendo a diario y se publican sustituyendo los nombres de los partidos por frutas que los representan: la rosa, la berenjena, el brócoli, la naranja, una gota de agua azul….

PSOE: A nivel nacional se mantiene en torno al 27%, pero parece estancado salvo en el sondeo de Tezanos, que se dispara. En Guadalajara pierde apenas seis décimas, y aunque parece tener consolidada la primera plaza (está a unos 3 puntos del PP), como ya sucedió en las últimas elecciones, no le da para sacar un segundo diputado, ya que para ello (dependiendo de la abstención) debería estar entre el 37 y el 38% de los votos válidos.

Promedio nacional sondeos:  27,2 % (120 escaño). Proyección Guadalajara: 28,3% (1 escaño)

PP: El partido conservador liderado por Casado gana cerca de dos puntos en las últimas tres semanas y está rozando el 22%, lo que le daría el liderazgo en un bloque del centro-derecha, aunque por otro lado se quedaría lejos de la mayoría absoluta. En Guadalajara sube algo más de 1 punto, y estaría a 3 del PSOE provincial.  Promedio nacional: 21,8 % (100 escaños). Proyección Guadalajara (25,18%)

Vox: El partido ultranacionalista es la gran sorpresa de estas elecciones bis. Después de estar estancado,  rema a favor de corriente, gana 3 puntos porcentuales, y todos los sondeos le elevan al tercer puesto en el conjunto de España; y aunque Unidas Podremos le pisa los talones en votos, el reparto electoral favorece a los de Abascal, que mojan en las provincias pequeñas, como es el caso de Guadalajara, donde tienen el tercer escaño en la mano con una proyección de 18,72% de los votos. Para evitarlo, el partido más votado, el PSOE, ley de Hondt en mano, tendría que sumar cerca del 38% de los sufragios, algo muy improbable teniendo en cuenta de que ahora, están en torno al 28%. El candidato madrileño López Maraver, a quien Abascal puso de número 1 en Guadalajara, tiene el escaño en la mano. Promedio nacional 12,5 (37 diputados). Proyección Guadalajara: 18,72% (1 escaño)

Unidas Podemos: Con una candidatura nucleada en torno a Izquierda Unida, el partido de izquierda radical que lidera Pablo Iglesias podría arrebatar en Guadalajara el tercer lugar a Ciudadanos (están muy igualados), aunque no tendría recompensa porque Vox está casi a seis puntos por encima en intención de voto. En Guadalajara, no tiene que hacer frente a la competencia del partido de Errejón, por lo que mantendría un porcentaje en torno al 13% en intención de voto. Promedio nacional: 12,5% (33 escaños). Proyección Guadalajara: 12,81%. (Sin escaño)

Ciudadanos: Agrava su espectacular caída, que ya se avanzaba en los sondeos de hace un mes. Como Albert Rivera no dé un golpe de mano en el debate de los candidatos a presidentes del Gobierno y en lo que queda de campaña, su partido liberal pasará de tercero a quinto en España. Aunque esto no es lo peor: al contrario que en esta legislatura, lo que le quedase de grupo parlamentario no le daría al menos para ser bisagra de los dos grandes partidos.  En Guadalajara perdería el escaño que ha tenido en los últimos seis meses María Ángeles Rosado, a no ser que remonte más de seis puntos en una semana. Promedio nacional: 9,3% (17 escaños). Proyección Guadalajara: 12,23% (sin escaño).

Como siempre, repito, esto es lo que dice la demoscopia, que no deja de ser una fotografía de un momento concreto. Esto es lo que hay.  Pero al final es el ciudadano, con su voto, el que decide y hace, o no, buenas las encuestas.   

El Gigante, una sensible pérdida para Guadalajara

Guadalajara tiene tres eventos que podríamos calificar de multitudinarios, amén de los encierros y las carrozas dentro del ciclo Ferial. Son el Maratón de Cuentos, el Tenorio Mendocino y el Festival Gigante.

Hay diferencias entre ellos. Maratón y Tenorio surgieron, y perviven, gracias a la iniciativa del Seminario de Literatura Infantil y Juvenil y de la asociación Gentes de Guadalajara, respectivamente. En ambos casos se nutren de presupuestos públicos, esencialmente del Ayuntamiento de Guadalajara, pero si no hubiera detrás un nutrido grupo de voluntarios que realizan las mil y una funciones que son necesarias (en el Tenorio, hasta los actores lo hacen gratis, porque son aficionados; caso diferente a los cuentacuentos profesionales del Maratón), sería imposible su celebración. Maratón y Tenorio, aun recibiendo público de fuera, se nutren del consumo interno de la ciudad, y ambos ya forman parte del paisaje arriacense, si ahora le encargaran a Jorge Inglés realizar un nuevo retablo para el Marqués de Santillana.

El formato del Festival Gigante es diferente. Es una empresa privada la que se juega su dinero, por lo que es natural que esta quiera unas garantías antes de tirarse a la piscina. Y este año, con la incertidumbre sobre dónde se iba a ubicar el Festival, y que carecía de un cabeza de cartel de relumbrón como años anteriores (Bunbury, Love of Lesbian, Amaral, Sidonie, Vestusta Morla, Lori Meyers...) pues la piscina estaba medio llena; y acabaron palmando unos 25.000 euros a pesar de que mantuvieron una asistencia con cerca de veinte mil espectadores entre  las cuatro jornadas. A pesar del impacto que el Gigante tiene en la ciudad, el Ayuntamiento no se juega un euro. No hay subvención directa, y su colaboración consiste en dejar gratis la Fuente de la Niña y correr con los gastos del escenario principal. ¡Pero ojito, que ese escenario es el que se utiliza para los conciertos de Ferias, con lo que no hay un gasto extra! Así que si el formato es diferente, el resultado es el mismo: el Gigante dinamiza a la ciudad, le quita la caspa, y da satisfacción especialmente a los jóvenes, aquellos a los que solemos oír protestar porque “Guadalajara está muerta” cuando la comparan con Alcalá de Henares. Y a los que hemos estudiado en la cuna de Cervantes y de Azaña, no nos extraña. Por todo ello, los portavoces municipales deberían ser muy cuidadosos cuando hablan alegremente de que el “Ayuntamiento no va a hurtar del debate a la ciudad porque una empresa privada necesita tomar decisiones”. (sic)  

La puñetera verdad, como apunta el periodista Fernando Rojo, que de festivales sabe un rato, mientras todos estos están contratando en estos momentos los grupos del año que viene, «aquí estamos empezando procesos participativos». Y a día de hoy, el Ayuntamiento de Guadalajara no garantiza que el Gigante se pueda celebrar allí, en 2020, la condición que ponían los organizadores para seguir en Guadalajara. Resulta, además, que el Gigante, con seis ediciones a sus espaldas, se ha convertido en un producto muy sabroso para cualquier ayuntamiento, y según ha podido saber este diario digital, su empresa tiene una oferta muy jugosa encima de la mesa de Alcalá de Henares, que supera la colaboración que nuestro consistorio presta al Festival.

Así las cosas, salvo verdadero milagro, Guadalajara va a perder al Gigante y la séptima edición, la de 2020, se celebrará en Alcalá de Henares, y los mentideros festivaleros apuntan que con Vetusta Morla de cabeza de cartel.  A estas alturas alguno me puede replicar: “tío listo, qué haría usted si fuera el alcalde o la responsable de Festejos”. En primer lugar, acompañarlos en el sentimiento, porque hagan lo que hagan van a salir trasquilados, porque seguir en la Fuente de la Niña es una mala solución (para las pistas y con los atletas a los que se les priva de su elemento natural tres semanas) y bajarse al Escartín es casi peor, fastidiaría al Deportivo, habría que desmontar una tribuna y el escenario tampoco convence a la empresa del Gigante.

Ante este panorama, aun reconociendo que tiene los inconvenientes apuntados, lo que yo haría es firmarun convenio por tres años con el Festival Gigante, con luz y taquígrafos, garantizándoles seguir en la Fuente de la Niña y en las condiciones de las seis ediciones anteriores; y durante ese tiempo proseguir ese debate ciudadano para que todo el mundo pudiera opinar con un mínimo de rigor. Aunque para no acabar dando palos de ciego es imprescindible delimitar cuál es el campo de juego. Es decir: hay que buscar un lugar alternativo a los conciertos de la Niña, que ahora no lo hay, o bien ampliando el recinto Ferial o buscar, como han hecho en Aranda de Duero con el Sonorama, un espacio nuevo que no deja de ser una gran explanada pavimentada, y poco más. Es imprescindible por lo tanto centrar el debate, pero al final es el equipo de gobierno el que toma la decisión, que para eso los elegimos y por ello los pagamos. No una asamblea de unos cuantos.

El asunto no es sencillo, aunque nunca lo fue montar un nuevo Ferial en Guadalajara, y si no que les pregunten a los alcaldes que lo promovieron: Javier de Irízar, que sacó las barcas de La Concordia, o José María Bris, que libró al barrio de la escandalera en que se había convertido el recinto de  Adoratrices y luego, con Román, les legó un gran parque. Es ley de vida. Ahora al Ayuntamiento de Alberto Rojo le toca dar otra vuelta de tuerca; pero sería una grave pérdida que por el camino se dejara uno de los festivales más importantes de España.  Y mucho ojito, porque además del Gigante nos quedaríamos sin un recinto para seguir ofreciendo conciertos punteros en las Ferias. Es decir, que en lo musical bajaríamos de golpe a tercera división.

Esto es lo que hay, y ciertamente no tiene buena pinta. De hecho, el compañero Evaristo Olcina, ahora metido en asuntos de la política, se mostraba convencido en su twitter de que la decisión de marcharse estaba tomada por el organizador del festival incluso antes de su última edición en Guadalajara. Y que las pistas «son excusas baladíes». Pues sería una sensible pérdida para Guadalajara.  Pregúntenles a sus hijos.

Foto: Luis Toquero Ochayta

Nota de urgencia: Como se esperaba, la organización del Gigante ha confirmado horas después de que colgara este post que abandonan Guadalajara. Lo achacan a la «incertitumbre» y a la «dejadez institucional en los últimos años». Ahora vendrán los reproches mutuos entre nuestros políticos, sobre quién ha contribuido más al desenlace, aunque en el fondo ya da igual. Quien realmente pierde es Guadalajara, por no saber conservar uno de los tres eventos más multitudinarios que se organizan durante el año, y el más seguido por nuestros jóvenes. En Alcalá de Henares, o en Torrejón de Ardoz, que gana enteros en los últimos días, lo sabrán agradecer.

Ana del Campo, una periodista que honró a su profesión

La periodista Ana del Campo Illera llegó a Guadalajara desde su Madrid natal en la primavera de 1979, con poco más de veinte años. Aquí tenía la ocasión de comenzar su carrera periodística en un periódico «Guadalajara, Diario de la Mañana», un medio tan joven como ella que nació con una pretensión que la historia ha demostrado imposible: contar con un diario impreso en Guadalajara. El periódico, a pesar de la buena voluntad de sus fundadores, duró un par de años, pero le dio tiempo a Ana del Campo a acreditar su buen hacer, lo que le valió, con Javier de Irízar de alcalde, para poner en marcha el primer gabinete de comunicación que tuvo una institución de Guadalajara. Allí estuvo desde mayo de 1981, y en 38 años de servicio le ha dado tiempo a conocer seis alcaldes (Irízar, Blanca Calvo, José María Bris, Jesús Alique, Antonio Román y Alberto Rojo), quienes tuvieron la oportunidad de conocer de su profesionalidad, honradez con la institución, y el rigor que se ha de pedir a cualquier gabinete institucional, cualidad de tanto valor en unos tiempos donde tan a menudo se confunde la información con la propaganda y las opiniones con los hechos. Ana del Campo siempre estuvo allí para servir a los periodistas esos hechos y la información de interés general que merecía ser conocida por el vecino de Guadalajara, sin apostillas, dejando que fuera cada medio el que la valorara libremente. En ese sentido, Ana puede de dar clases a los aprendices de periodistas sobre cuál es el papel de un gabinete institucional, y cómo servir de herramienta para que el periodista tenga la información que precisa, y no convertirse en cortafuego del cargo público. Un periodista nunca es un guardaespaldas.

Esa Guadalajara que no había saltado de los cincuenta mil habitantes, que solo tenía dos semanarios (Flores y Abejas y Nueva Alcarria), ninguna radio propia y ya no digamos televisión (un monopolio que todavía ejercía el Estado) fue en la que Ana del Campo creció como periodista; y como persona. En lo profesional vivió una etapa tan apasionante como aquellas primeras elecciones locales democráticas y en la que fuimos testigos del patinazo más trascendental de la historia electoral de Guadalajara. Esta mañana recordábamos aquella tardanza de tres minutos en presentar la candidatura de UCD por culpa de un gobernador civil que no había puesto en hora su reloj con las formas de la democracia que llegaba, y que a la postre impidiera que Luis Suárez de Puga, de UCD, fuera el alcalde y Agustín de Grandes, el primer presidente de la Diputación tras la dictadura. Y cómo todavía apenas unas horas antes de la resolución de la Junta Electoral (órgano judicial ciertamente novedoso) ese mismo gobernador declaraba que no habría ningún problema con lo del reloj.

Pero si apasionantes eran aquellos años en los que la Transición llegaba a todas las instituciones del Estado, no menos fue la etapa de Ana en el Ayuntamiento y donde con la ya fallecida María Cruz Crespo, recibieron el encargo de abrir las puertas del Consistorio a la ciudad y contar lo que allí había. Todo un acontecimiento porque antes de llegar la democracia a la prensa no se nos comunicaba ni cuando se celebraban los plenos y había que enterarse del orden del día por algún concejal amigo. Desde el recién creado gabinete también se puso en marcha con Jesús Ropero de fotógrafo la primera revista municipal, Calle Mayor, entre marzo de 1981 y mayo de 1991, llegando a convertirse en una publicación diaria coincidiendo con la celebración de los primeros encierros taurinos en la ciudad. La revista cumplió con su papel de servir esa información de las fiestas al día al que no llegábamos desde nuestros semanarios. También fue la responsable de varias revistas de información interna en el Ayuntamiento y de otras publicaciones como la revista “Tragaluz”.

En lo personal, Ana unió sus destinos a aquella provinciana capital de provincia que tanto le llamó la atención el día que la conoció, aquí se casó, tuvo sus hijos, fue muchos años miembro de la Asociación de la Prensa y con su trabajo -no lo dudes- contribuyó a hacerla más abierta, menos envarada, y sin ceder nunca al principal enemigo de la democracia: el sectarismo.

Esto es lo que hay. Ana del Campo Illera se jubila. Aunque ya sabemos que los periodistas no nos acabamos de jubilar del todo. Por eso, aquí sigues teniendo tu casa.

P.D. Mientras escribo estas líneas están echando por la televisión la exhumación del cadáver de Franco con todo lujo de detalles (¿no habíamos quedado en que iba a ser una ceremonia íntima?); y además de no entender muy a qué viene tal despliegue, que parece una etapa de montaña de La Vuelta, solo siento indiferencia. Queridos niños: aunque la presencia de un dictador en un monumento nacional es una anomalía que había que resolver, no creáis que hoy ha acabado la transición porque Franco repose a partir de ahora en Mingorrubio. La Transición terminó hace tiempo, el día en que la sociedad española decidió que nunca más debería haber vencedores y vencidos. Por ello hay que tener mucho cuidado en confundir la justicia histórica con la revancha, y a tal efecto hacer coincidir la «resurrección» de Franco con la campaña electoral no es la mejor manera de despejar la política española esa gran lacra que es el guerracivilismo. Entonces la pregunta es: ¿A quién beneficia? No a los moderados.

Eso sí, el Tour de Franco desde Cuelgamuros hasta Mingorrubio hurtó de la apertura de los telediarios la noticia del peor verano para el empleo desde 2012 y que en Guadalajara la EPA nos ha traído mil parados más que hace tres meses. Si a esto sumamos el rapapolvo que le han dado a la ministra Calviño por el déficit de las cuentas que presentó a la Comisión Europea, y que es anuncio de nuevos recortes por el gobierno que salga, pues qué quieren que les diga. Que este reallity-show de Franco de vuelta a El Pardo me suena a pan y toros. Solo falta que lo presente Kiko Matamoros.

Yo también pediría el indulto

Era de esperar que una sentencia tan compleja como la del “Procés” fuera acogida con división de opiniones. La han rechazado tajantemente Vox y los independentistas, se celebra en el gobierno de Sánchez, la respetan pero no muestran entusiasmo PP y Cs, y en Podemos en Belén con los pastores con Iglesias predicando paz y amor.

El presidente del Tribunal, Manuel Marchena, ha hecho un esfuerzo para lograr la unanimidad so pena de que su resultado valga igual para un roto que un descosido. Empezando por el argumento principal para decantarse por el delito de secesión frente al de rebelión. Ciertamente, la violencia ejercida el 1-0 no fue suficiente como para tumbar el orden constitucional, ni puede atribuirse directamente a los procesados, pero no es menos cierto que algún peligro había cuando tuvo que salir el rey Felipe por televisión como lo hizo su padre en el golpe del 23-F. ¿Qué habría pasado si no se hubiera reaccionado desde el Estado, con la aplicación del artículo 155 y la intervención policial? La respuesta es: Eslovenia.

Con todos los matices que ustedes quieran, la sentencia tiene la virtud de haber puesto a los golpistas en su sitio. Pero si no fueran tan miopes y radicales verían que deja la puerta entreabierta a la clemencia. Dado que, hasta ahora, no se ha producido una desgracia irreparable, yo también estaría dispuesto a pedir su indulto tras un tiempo prudencial, si los condenados mostraran su arrepentimiento y defendieran la independencia por vías legales. Pero el gran problema del «Procés», más allá de esta sentencia, es lo que dijo ese iluminado que preside la Generalitat: “Lo volveremos a hacer”.

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Ante esta respuesta tan contumaz, no hay espacio para la generosidad ni para nuevos experimentos, en la línea de volver a reformar el Estatuto para que los nacionalistas se sientan cómodos en España. Así se ha hecho varias veces, y los independentistas lo único que han hecho es dar un paso más en su desafío al Estado. Ha llegado el momento de cortar por lo sano, de detener la infección. Y para ello es indispensable que una televisión pública que se paga con los impuestos de los catalanes y del resto de españoles deje de estar privatizada por el independentismo. O que en las escuelas se enseñe, sin que la alta inspección se dé por enterada, historias falseadas sobre Cataluña y España.

De lo contrario, más tarde o más temprano, habrá un gobierno que tendrá que negociar alguna extraña fórmula constitucional para que Cataluña pueda ejercer esa autodeterminación que no existe en ninguna constitución europea. Y Torra, Puigdemont y la tropa de fanáticos que ha ocupado las instituciones catalanas, y desprecian a los no nacionalistas, lo saben. Es la independencia a plazos. Un conflicto que, como el Brexit, está peor que ayer, pero menos que mañana.

Esto es lo que hay. Nada que celebrar.

10-N: Mas incertidumbre que hace 6 meses. El caso de Guadalajara

Han pasado apenas seis meses desde que fuimos a las urnas para unas elecciones legislativas, y la demoscopia empieza a apuntar dos cosas: que en el conjunto de España los resultados pueden ser envenenados, porque no resolverían la ecuación que los líderes políticos han sido incapaces de resolver, mediante pactos de gobierno. Mientras que en Guadalajara los resultados generan más incertidumbre que entonces. Si en abril el 1-1-1 estaba cantado desde el inicio de la campaña, el electorado ha experimentado sensibles cambios desde entonces, especialmente el de Cs, y el diputado que entonces el partido de Albert Rivera “robó” al PP,  el 10-N va a estar más disputado que el voto del señor Cayo, como diría Mingote. Hasta tres partidos están en condiciones de adjudicárselo, por este orden: Vox, PSOE y el propio Ciudadanos.

Recuerdo la mecánica que empleo. Hago el promedio de todos los sondeos publicados en España (en este caso a comienzos de semana), se aplica un índice corrector en base a los resultados obtenidos en las últimas elecciones generales en Guadalajara y en función de su resultado se realiza la proyección voto.  Y este es el primer diagnóstico:

PSOE: Algún asesor áulico de Pedro Sánchez se puede estar tirando de los pelos por no haber estirado más la negociación con Podemos y ni tan siquiera haberlo intentado “Con Rivera, no”. Porque los sondeos confirman el retroceso del PSOE, al que tampoco le viene bien la acumulación de noticias sobre la desaceleración económica, que siempre castiga al que gobierna. En Guadalajara le damos, ahora, un porcentaje en torno al 30% de los votos, ligeramente por encima del resultado cosechado el 28 de abril -los mejores, después de los de 1982- , que le vale para disputar el segundo escaño, aunque necesitaría subir de ese último resultado, para así doblar en votos a Ciudadanos y Vox, quienes -paradojas de la política- son esta vez sus rivales directos en Guadalajara, por encima del PP. El PSOE será, din dudas, el partido más votado en Guadalajara, circunscripción en la que no se presenta el partido de Errejón. Promedio nacional: 27,8% . Proyección Guadalajara: 28,9%.

PP: Pablo Casado empieza a obtener fruto en su estrategia de no exponerse mucho y rehuir las polémicas, una vez que queda claro que Cs ha fracasado en la disputa del liderazgo del centro-derecha. Está en alza en los sondeos, desde abril, con cerca del centenar de diputados mientras que  el 28-A tocó fondo con 66. En Guadalajara pilotará la nave, con el respaldo de la dirección nacional,  un “apparatchik” muy experimentado, José Ignacio Echániz, con Román encabezando el Senado. Solo pueden ir para arriba tras la catástrofe de hace seis meses en que el PP obtuvo los peores resultados de su historia. Tienen 1 escaño garantizado, pero con el 24,2% de los votos, que tendrían a día de hoy, están lejos de entrar en la pelea por disputar el segundo. Así que Daniel Martínez Batanero lo tiene muy complicado. Promedio nacional: 20,9%. Proyección Guadalajara: 24,2%.

Cs: Todos los estudios publicados coinciden en que Ciudadanos sigue cayendo y podría perder hasta un tercio de su electorado. Mantener a toda costa la promesa electoral de no pactar con Sánchez, ha sido una estrategia equivocada de Rivera, como le reprocharon sus compañeros de partido con más experiencia, ya que condenó a Ciudadanos, a pesar de tener 57 diputados, a la irrelevancia. Además de no lograr el “sorpasso” con el PP,  por no conformarse con su condición de influyente bisagra, sería un triunfo que en estas elecciones frenara su caída hasta el punto de ser decisivo en unos futuros pactos a izquierda o derecha.  Aunque tuviera veinte escaños menos. En Guadalajara está en trance de perder ese tercer escaño, que disputa con el PSOE y Vox.  Promedio nacional: 11,2%. Proyección Guadalajara: 14, 1%

Unidas Podemos: Podemos sigue en baja, aunque en Guadalajara tiene la ventaja de que no se presenta Errejón con su +País. Aun así, las posibilidades de sacar escaño son remotas, ya que la media de los sondeos les otorgan el quinto puesto y el PSOE les dobla claramente. Hay que recordar que en una circunscripción como Guadalajara, para obtener el tercer escaño con la ley D’Hont en la mano no puedes ser doblado por la primera fuerza política. Promedio nacional: 12,5%. Proyección Guadalajara: 12,8.

Vox: El partido de Santiago Abascal se pegó una costalada en las Europeas, pero está remontando y vuelve a estar en una media nacional en torno al 10%, como hace seis meses.  Tiene el hándicap de que un escenario de voto útil en el centro-derecha les perjudica, pero es un partido que por su radicalismo no solo puede pactar con la derecha sino atraer votos de orillas aparentemente muy lejanas. Por lo que podría salir bien librado en un escenario de abstención alta. En Guadalajara, Vox tiene una prima de seis puntos y  los sondeos le conceden una sólida base electoral que raya el 16%, lo que significa que entra claramente en la disputa de ese tercer diputado. Ello explicaría que un asesor tan cercano a Abascal, el periodista madrileño Ángel López Maraver, encabece su lista en Guadalajara, aun siendo cunero. Hay que recordar que Tezanos, equivocándose, ya llegó a conceder a Vox 1 diputado en las anteriores elecciones.  Promedio nacional: 9,7%. Proyección Guadalajara: 15,9 %.       

Esto es lo que hay, esta semana. A finales de mes, más.  

UNA SORPRESA RELATIVA.– Si alguien se cree que en Génova iban a quedarse quietos después de que en Guadalajara se cosechara el peor resultado de su historia es que desconocen al PP y a la política en general. El ambiente de críticas y reproches que se vivió en el último comité ejecutivo provincial presidido por Guarinos no fue diferente a los que soportaron en el PSOE después de alguna negra noche electoral, que ha habido varias. Pero hechos son hechos: mientras el PP ha perdido todas las instituciones que gobernaba, y Paco Núñez tuvo que irse a la toma de posesión del alcalde de Yunquera, como primera opción, en el PSOE pasaba algo inédito: gobiernan todo, algo que no sucede ni en Sevilla. Así que Génova ha movido ficha, Echániz vuelve a Guadalajara por deseo expreso de Casado y Egea, y al carro se ha subido Paco Núñez, que tiene de 2 en el Senado a un paisano de El Casar. Román, un superviviente nato, sigue encabezando el Senado, con Isabel Nogueroles, que fue su concejal, de número 3, al no postularse  Ana González. De 2 en el Congreso está un compañero de pupitre de Echániz, Daniel González Batanero, que como probablemente no saldrá seguirá en su exitosa carrera profesional. Aunque con el oído puesto.

PD. Felicidades a La Crónica y a Augusto González Pradillo por sus 20 años en el frente digital. Con la perspectiva y serenidad que dan los años y el haber librado cien batallas, algunas contra gigantes que luego eran molinos, mi reconocimiento por el trabajo bien hecho. Que desde la competencia siempre es estimulante.

¿Y si el 10-N tampoco resuelve el nudo gordiano?

Cuando en la noche del 21 de abril,  Pedro Sánchez mandó a su agit-prop a que corease “Con Rivera no” debajo de su ventana en la calle Ferraz,  en la engañosa noche “triunfal” del secretario general del PSOE con más poder desde el tandem González-Guerra,  fue cuando se “jodió el Perú”, como diría Vargas Llosa.  Un endiosado Sánchez se alejaba de la fórmula de gobierno más deseada por los españoles -en lo que coinciden todas las encuestas, hasta las de Tezanos-, un gobierno de centro-izquierda entre PSOE y Cs, y todos los pasos dados a partir de entonces por el presidente en funciones han bloqueado cualquier posibilidad de rectificación. Los acuerdos con Bildu en Navarra fueron el corolario de una estrategia incompatible con cualquier acuerdo con Ciudadanos, que tuvo otros momentos de gloria como el dar consejerías estratégicas al independentismo pancatalanista en el gobierno balear, que preside Francine Armengol, una socialista con ropaje nacionalista. Solo Castilla-La Mancha se salvó de la estrategia autonómica de Sánchez en favor de los pactos con Podemos o el nacionalismo; y solo porque el pacto municipal con Ciudadanos lo negoció un Page, reforzado en su amplia mayoría absoluta.

Pero Sánchez es el hombre de las mil caras, como decían de Paesa. Y si ese 21 de abril avanzaba que Podemos sería el socio preferente para formar gobierno en poco más de un mes cambió de opinión. Primero,  fue el veto a Pablo Iglesias para ocupar una vicepresidencia política que se le ofreció a Podemos a modo de frontispicio de unos ministerios que no se acabaron de concretar. Y cuando el líder de la izquierda radical  cedió ante el órdago de Sánchez, pronto se encontró con que la oferta a un gobierno de coalición había periclitado; y si te he visto no me acuerdo. Llama la atención que Sánchez descubriera, de repente, las consabidas diferencias que en cuestiones esenciales (Europa, política económica, la propia concepción de España o cómo afrontar el Process) separan a un partido socialdemócrata de otro neocomunista, por lo que el reconocimiento de Sánchez ante Ferrreras ( “Ni yo ni el 95% de los españoles dormiría tranquilo con Podemos en el Gobierno” ) cae en el terreno de lo cómico, por verdad que sea. Por ello, hay que preguntarse ¿qué nos hemos perdido entre medias?; y la respuesta se me antoja clara: sus consejeros áulicos, José Félix Tezanos e Iván Redondo, llegaron a la conclusión de que unas nuevas elecciones ampliarían su minoría mayoritaria. Con lo todo lo que los desvelos del Gobierno a partir de entonces fueron encaminados a teatralizar que Sánchez ha hecho todo posible por evitar las elecciones. En ese sentido, la apariencia, estimulada por sus consultores, de que si no lo consiguió lo fue por no echarse de nuevo en brazos del independentismo y la izquierda radical, le va a venir muy a Sánchez en ese viraje a la centralidad que utilizará a partir de ahora.     

Pero no sería justo echarle al presidente (en funciones) toda la responsabilidad. Albert Rivera, por ejemplo, ha demostrado estar todavía muy tierno para dar batallas que se libran en el fango, y podría ser el primer dirigente de la historia al que sus votantes le castigan por hacer lo que prometió en campaña electoral: no prolongar la presidencia de Sánchez . El presidente de Ciudadanos se equivocó no haciendo caso a políticos más curtidos que él en el arte de la política (por el Conde de Romanones sabemos que decir “nunca” en política es decir “hasta esta tarde”), que acabaron saliendo del partido, por disentir de una estrategia contestada por los hechos. Por mucho que se empeñe Rivera, los resultados electorales han dado al PP liderazgo de la oposición (la última encuesta de El País concede 94 escaños al PP por 34 a Cs), con lo que mantener la ficción de que el sorpasso en el centro-derecha es posible ha llevado a Cs a la irrelevancia. Ciertamente que Rivera no puede pactar con un partido que se encama con nacionalistas y bolivarianos, pero el error lo comete en no haber puesto en evidencia a Sánchez, desde el minuto 1, ofreciéndole un acuerdo por escrito, como el de 2015, alternativo a la mayoría  Frankeistéin que se formó en la moción de censura contra Rajoy. No lo hizo por su temor a que le calificaran de “bisagrista”, olvidando ejemplos como el de Genscher en la Alemania de la guerra fría . Y ahora el Waterloo de Rivera se desencadenaría si sus votantes se preguntan: ¿Para qué ha servido Ciudadanos? Pues bien, la respuesta es inquietante cuando algún sondeo señala que casi la mitad de los votantes de Cs no saben si volverán a votarlos.

El Partido Popular de Pablo Casado, con el PSOE de Sánchez, es el gran beneficiado por este adelanto electoral, pues todos los sondeos coinciden en que liderará el centro-derecha, y eso puede suponer entre 25 y 30 diputados más. Casado sí ha hecho una lectura correcta de la hecatombe que vivió su partido en abril: se ha puesto de perfil, para no ser arrastrado por la ventolera que se puede llevar a su gran rival, que no es Sánchez sino Rivera, y esperar tiempos más propicios. La estrategia de Casado es la correcta, pero no debería desaprovechar la ocasión para impulsar una renovación que no debe confundir ser conservador con lo viejo o lo atrabiliario. De momento, ha parado el golpe por su derecha, al haber frenado a Vox, pero no parece suficiente para conformar una mayoría rejuvenecida con la que parar a Sánchez.

Así que el 10 de noviembre volveremos a acudir a las urnas, por quinta vez en cinco años, con una sensación de hartazgo, (que llega al 90 %  del electorado, según el estudio antes citado), lo que constituye un dato que va a ser muy difícil evaluar por la demoscopia: ¿A quién beneficiará  la abstención que puede batir récords?  

Pero lo peor de todo es que una repetición de las elecciones no nos garantiza un panorama político diferente  tras el 10-N, porque podría ocurrir que la suma de PP, CS y Vox se quede lejos de la mayoría absoluta, y tampoco la previsible mejoría del PSOE bastaría, sin un acuerdo de investidura con Podemos o Ciudadanos,  para reelegir a Sánchez. Es decir, que hay serio riesgo de que después de una legislatura perdida, con todos los problemas que tiene España y Europa, volvamos a la casilla de salida. Y el nudo gordiano siga sin desatar.  Todo un estropicio para la credibilidad del propio sistema que nació con la Constitución de 1978, pero con una ley electoral que pudo valer cuando solo había dos fuerzas mayoritarias, pero que ahora nos ha traído inestabilidad y desgobierno.

O se introducen reformas como la segunda vuelta (lo más democrático), la prima de escaños al partido más votado (Grecia) o la proclamación automática por el Congreso del candidato más votado si nadie alcanza la mayoría absoluta (me parece insuficiente porque no garantiza una legislatura estable) o entraremos en una pendiente de descrédito del sistema democrático que puede ser aprovechado por los populistas de toda clase, como ha ocurrido en otros países europeos.  Esto es lo que hay.

P.D.- Dejo para otro post posterior el análisis demoscópico sobre las elecciones en nuestra provincia, aunque avanzo algo: si en las del 21 de abril, dije desde mi primer artículo escribí que en Guadalajara estaba cantado el 1-1-1,  el  10 de noviembre va a haber partido hasta el último momento.      

Ahora es el momento de hablar de Ferias

Terminaron las Ferias de Guadalajara y desde este mismo lunes es el momento de hablar de los cambios que se pueden introducir de cara a las Ferias de 2020, que llegan en un año redondo.

Las Ferias de Guadalajara se sustentan en un modelo, que nació hace 41 años en el primer mandato de Javier de Irízar, y que se fue perfeccionando con los alcaldes que le sucedieron. Un modelo que tiene las siguientes patas: encierros, feria taurina, peñas y fiesta en la calle. Por ello es tan importante para su éxito el concurso del buen tiempo. Este año, el fin de semana ha sido malo en lo meteorológico -después de muchos de bonanza- y las Ferias no han pasado de regulares.

Por ello, lo primero que tienen que debatir los grupos políticos y la sociedad civil de Guadalajara es si cambiamos de modelo, decisión que en mi opinión sería una temeridad, o si vamos incorporando cosas nuevas para hacerlo mejor. Entiendo que los partidos mayoritarios apoyan toros y encierros-que sin embargo cuestionan Podemos y Aike-, por lo que en este sentido hay poco que elucubrar.  De hecho, los encierros con los toros de las corridas se han convertido en el espectáculo que arrastra más público (alarga la noche arriacense y la plaza de toros se llena), a la altura de las carrozas (siempre mejorables, aunque este año han sido más que dignas) y el toro de fuego, un evento que arrastra masas en nuestra ciudad.

Dicho esto, todo lo demás es susceptible de cambios. Este año se ha constatado que las actuaciones de Santo Domingo van a menos, a pesar de ser grupos de un caché importante.  A lo mejor podemos ahorrarnos algo de allí, y ofrecer una alternativa a los miles de personas que no frecuentan ni las verbenas de las peñas, ni los conciertos de la Fuente de la Niña, ni los cachivaches del Ferial. Hace tiempo que sostengo que el Buero Vallejo debería programar durante la semana de Ferias, como antes lo hacía el Coliseo Luengo, con el buen criterio de Don Protasio y Don Salustiano . Una programación variada, donde se combinara el humor, la música, la danza, la comedia ligera y  la revista, que sería la alternativa a un sector de los vecinos que no tienen ganas de  grandes alborotos.

Otro tema a resolver es la música. Está claro que si queremos a grandes grupos, como Marea o Melendi este año, no pueden ser gratis, y hace falta un recinto adecuado. El estadio de atletismo de la Fuente de la Niña no lo es: porque se maltrata el césped y se pone en peligro sus calles de atletismo; pero también porque supone estar quince días inutilizado, desde antes del Gigante hasta el domingo de Ferias.     

El nuevo Equipo de Gobierno no puede eludir el problema, y máxime cuando estamos al inicio de la legislatura. Tiene que decidir si busca un nuevo emplazamiento para los conciertos al estilo Sonorama, es decir, una gran plataforma para público y escenario, aunque sea fuera del casco urbano. Otra solución sería utilizar para conciertos el recinto Ferial, pero como este no reúne las condiciones hay dos alternativas: estudiar la ampliación del actual, adquiriendo los terrenos anexos, o directamente venderlo y reunir fondos para un Ferial nuevo. Mientras no se tome una decisión al respecto, cualquier debate sobre las Ferias es una bla-bla-bla que no va a ninguna parte. Sé que el tema no es fácil y que requiere de un alcalde enérgico y que tenga las cosas claras. Pero nunca los éxitos son fáciles,  como lo sabe Nadal o nuestra selección de baloncesto.

Dejo para el final la Feria Taurina, que este año sólo ha podido dar el cincuenta por ciento de los festejos. No ha tenido suerte la empresa: no solo ha llovido en el ruedo sino en los modelos de los meteorólogos. El viernes, todos coincidían en que llovería por la tarde, luego aguantó y hubo corrida, pero se cargó la venta de la mañana. Sábado y domingo  se suspendieron ambas, pero el domingo se abrió un claro por la tarde y podría haberse dado si no hubiera sido por el mal estado de la plaza. Nuestro cronista taurino Jaime Hita se preguntaba por qué no se pusieron las lonas, como otros años, y no se trajo un camión de arena para arreglar el ruedo.

Por último, lo de los “12 toros 12”, condenados a ser sacrificados por culpa de un reglamento regional que parece hecho con los pies. Un perjuicio innecesario para la empresa de la plaza de Guadalajara. Ahora que se van a estrechar las relaciones taurinas con Pamplona -ha venido un concejal de Ciudadanos a la Feria-, sería bueno que le pregunten por qué en Navarra se pudieron vender los toros del encierro de Cebada Gago, aunque se suspendió la corrida por la tarde, y en Castilla-La Mancha hay que matarlos. Sin piedad. Por lo que se ve, en Navarra eso de los privilegios forales debe llegar hasta a los toros del encierro.

Esto es lo que hay. Será cuestión de que todos nos hagamos navarros.     

Confesión de una tomadura de pelo consentida: la OBS de Caja Guadalajara

Recientemente mi amigo y compañero del alma Jesús Orea se ocupaba de uno de los hechos más vergonzosos y que puso en evidencia la inanidad de la clase política que dice representar a esta provincia y a su comunidad autónoma. Cuando alguien me interpela sobre la influencia que tiene la prensa en las acciones de los poderes públicos, yo les respondo que cada vez menos, y en todo caso lo aprovecharán siempre que les interese a ellos. Confieso que el caso del que hoy hago reseña es uno de lo que más frustración me han producido entre los que me topado en mi ya larga carrera profesional, uno de esos ante los que te dan ganas de coger el portante y dedicarte a mejor vida, y no ofuscarse en la ingenuidad de pretender servir a los intereses generales de Guadalajara.

Jesús Orea, que todavía es capaz de indignarse por Guadalajara, se escandalizaba en su post por el triste final que han tenido los últimos restos del naufragio de la antigua Obra Social y Cultural (OBS) de la desaparecida, por reabsorción, Caja Guadalajara. Se refería a los cuadros propiedad de esa OBS que en un principio se guardaban en su mayoría en su antigua sede de la Virgen del Amparo, luego pasaron a Torre Guadalajara -casi vacía como el cerebro de algunos, precisa Orea-, de ahí a una nave azudense y finalmente nos hemos enterado por un reportaje en La Tribuna de Guadalajara que ahora están en un almacén de Sevilla, propiedad de la Fundación Cajasol, sin mayor gloria.

El post de Jesús me hacía recordar con pena una serie de artículos, bien documentados, que escribí ya en este digital sobre el expolio del patrimonio de esa Obra Social, que una vez fue orgullo de esta provincia, y terminó disuelto en la noche de los tiempo sin que en Guadalajara sus instituciones dijeran ni Pamplona. No voy a entrar en detalles, pero al pie de este post les dejo constancia del primer artículo de la serie (5.4.2013) en que hablé de que la citada fundación estaban empantanada. Un segundo (19.11-2014) en la que denuncié que Guadalajara ya había perdido 3,8 millones para Obra Social por los incumplimientos de Cajasol. Otro de 17.11.2014 en el que daba cuenta de que el último presidente de Caja Guadalajara, José Luis Ros, culpaba con un documento esclarecedor a Antonio Pulido, ex presidente de Caja Sol y mandamás de su Fundación, de incumplir los acuerdos a los que en su día se llegaron para la fusión por absorción de ambas cajas. Otro más de 25.3.15 en el que recogía la visita de Antonio Pulido a la Diputación de Guadalajara y en la que nadie le reprochó públicamente el incumplimiento de los acuerdos de fusión, y todos parecían conformes con que Pulido les hubiera devuelto el Retablo Arriacense, una de aquellas obras de la OBS, como si con ello se resolviera el problema.

Nadie parecía estar interesado en hincar el diente a esta pieza, el asunto se enterró hasta que el 12 de marzo de 2018 me llevé una sorpresa y el entonces diputado por el PP de Guadalajara, Ramón Aguirre, osaba dar una rueda de prensa en la que desempoló el incumplimiento del convenio entre las dos cajas. Y en el que pedía a Emiliano García Page “que despierte” y “tome la iniciativa” para que reclame “bien por la vía política o bien por la vía jurídica” el cumplimiento del convenio de integración de Caja de Guadalajara en CajaSol por el que se constituía la Fundación de Caja Guadalajara y se distribuyeran los recursos de su Obra Social. Unos recursos que Aguirre cifró en 15 millones de euros “que se deben a la provincia de Guadalajara y a los guadalajareños”. Bien es cierto que esta demanda de acción Aguirre se la debería haber exigido, además, a la ex presidenta de Castilla-La Mancha, María Dolores Cospedal, que seguía siendo la número 2 del PP nacional, o a las instituciones que gobernaba su partido en Guadalajara, ayuntamientos o la propia Diputación. Pero por algo se empieza. El diputado Aguirre había tenido al menos la valentía de Aguirre de retomar una antigua reivindicación que no había perseguido ninguna institución local, provincial y autonómica y recordaba que el 14 de abril de 2010 los gobiernos socialistas de Andalucía y de Castilla-La Mancha firmaron un convenio relativo a la absorción de Caja de Guadalajara por la andaluza CajaSol. Respaldándolo.

Aguirre siguió interesado por el asunto. Parecía que tenía algo. Yo le invité a escribir un artículo para que dejara constancia por escrito de sus avances, pero con el tiempo se desinfló. Pinchó en hueso. No había encontrado pista libre en su propio grupo parlamentario. Los acuerdos para la fusión y la continuidad de la Obra Social de Caja Sol, en la que se había integrado Caja Guadalajara, parecían esculpidos en piedra. Y los dos partidos mayoritarios, PSOE y PP, no querían enredos.¿Por qué? Misterio.

Así llegamos hasta el punto en que comienza el artículo de Jesús Orea. Lo recuerdo: «al absorber Caja Sol a la Caja de Guadalajara, una de las condiciones que se establecen en ese proceso -y que conocen y aprueban sus respectivas asambleas y tanto la Junta de Andalucía como la de Castilla-La Mancha- es que, con el patrimonio de la antigua obra de la caja guadalajareña y con el fin de mantener su actividad social y cultural, se cree una Fundación Caja de Guadalajara que, inicialmente, tendría una dotación de 5 millones de euros anuales durante los 3 primeros años de funcionamiento. Como es sabido, esa Fundación jamás llegó a constituirse, incumpliéndose así el acuerdo de fusión por absorción de Caja de Guadalajara con Cajasol, hecho que, a mi juicio, podría hacer hasta revisable la validez y eficacia del mismísimo acuerdo y, por supuesto, reclamable su cumplimiento ante las instancias judiciales que proceda». Ciertamente es así, alguien (persona física o institución) podría reclamar ante los Tribunales ese incumplimiento. Pero nadie lo hizo. Hasta hoy.

Y así nos encontramos con que una colección fundamentalmente conformada por pinturas de autores locales de la talla de Alejo Vera, Casto Plasencia, Regino Pradillo, Fermín Santos, Raúl Santos, Santos Viana, González Lamata, Fernández Molina, Antonio Burgos, Carlos Iznaola, José María Ortíz, etc., más otros nacionales que concurrían al Certamen de Pintura que convocaba Caja Guadalajara (ahora los bancos se dedican a otra cosa, ya saben) están depositados, entre ratones, en un almacén de Sevilla.

Propone Orea que una gran sala en el Museo de la Ciudad, con sede en El Fuerte, en la que se exhibieran de manera permanente los más destacados fondos artísticos de la OBS de Caja de Guadalajara, sería un buen destino para ellos. Yo añado que es lo mínimo que se puede pedir. Pero ya verán que ni aun eso conseguiremos.

Esto es lo que hay. ¡Qué triste! Guadalajara, esperando a nada y a nadie con una eterna sonrisa de resignación. ¿Verdad, Salva?

Pies de foto:

Superior: Antonio Pulido y José Luis Ros, en Guadalajara, mirando la fachada de Caja Guadalajara  durante el proceso de fusión de las dos entidades que presidían. Archivo GD.

Inferior:  El protocolo de fusión entre Cajasol y Caja Guadalajara reservaba dos plantas y el salón de actos para la Fundación Caja Guadalajara, que luego no se constituyó. Torre Guadalajara ahora pertenece a Caixabank, que la destina al alquiler. Foto: GD.

La visita de Hugo Morán y el desaire del murciano Egea

«El verano se nota en Sacedón. Esta mañana, a primera hora, las terrazas y bares estaban llenos de gente desayunando, mientras los más mayores estaban sentados en los bancos al sol. Eso, y una gran pancarta diciendo “No al trasvase Tajo-Segura” es lo que se ha encontrado el secretario de Estado de Medio Ambiente en funciones, Hugo Morán, cuando ha llegado hoy a la localidad. No ha habido quejas, ni protestas, ni reivindicaciones vecinales por el trasvase. Simplemente indiferencia».

Así comenzaba Nuria Fernández su crónica de la visita de Morán a los municipios ribereños. No digo que me sorprendiera la indiferencia – a pesar de que la visita había sido publicitada por los medios de comunicación-, porque soy de Guadalajara, conozco el paño y sé que en esto del trasvase la indiferencia tiene su fundamento.  Los que estaban sentados al sol en la plaza de Sacedón, parafraseando la dedicatoria del libro “Buscando a Cela en la Alcarria”, que escribí con el maestro Salvador Toquero, son los que siguen esperando a nada y a nadie con una eterna sonrisa de resignación.

Sí, sucede que medio siglo  después de inaugurarse el trasvase, que inundó las mejores tierras de labor de la comarca, en la ribera del Tajo, ha servido para que una región como Murcia se haya convertido en un vergel desde que accedes a ella por la A-301 hasta que la dejas por la nueva autovía de Almería.  A un lado y otro de la carretera, con un horizonte desértico, contrasta el verde intenso de las explotaciones agrícolas de regadío que con esmero y profesionalidad explotan los agricultores murcianos, y que han convertido a su agricultura en la más puntera de España. También podemos ver desde la autovía carteles con la leyenda “Trasvase Tajo-Segura”, canales por lo que discurre un agua que ha sido providencial para aquella impresionante transformación que enriquece el PIB español.

¿Y qué ha podido ver el secretario de Estado de Medio Ambiente en su visita a los pueblos Ribereños de Entrepeñas y Buendía? Pues unos pantanos que almacenan una cuarta parte de su capacidad, con unos niveles de agua que van y vienen, lo que desalienta cualquier inversión en el sector turístico.  Y lo que no alcanzará a ver, ni con el telescopio de Yebes, son tierras de regadío como en Murcia o Almería. El gran fracaso del Tajo-Segura en su cabecera es que no hemos capaces de crear una agricultura de regadío como la que se desarrolló en Murcia, y que recogieron las originarias Leyes de Compensación que se aprobaron con Franco vivo. Y al no lograrlo, llegó lo que ahora llamamos la España vaciada, y que no es otra cosa que la antigua emigración del campo a la ciudad ante la ausencia de una economía rentable. Por eso en el Levante cualquier cambio del actual estatus se ve como una cataclismo y en los campos secos de la Alcarria guadalajareña y conquense con la indiferencia del que ya no tiene nada que perder.

Pero sí, con la cautela que hay que tomarse cualquier cosa que venga de un alto cargo de Medio Ambiente, me parece muy positiva la visita que el Secretario de Estado hizo a la cabecera del Tajo, aunque solo fuera porque sus antecesores ni se molestaron en venir desde Madrid, aunque esté a una hora de viaje.  Pero es que además algunas reflexiones que hizo, dejan entrever que este equipo ministerial es menos inmovilista que los anteriores.   Me refiero a que Morán ha reconocido que con el actual Memorándum los embalses de la cabecera del Tajo están casi siempre en nivel 3 y señaló que hay que buscar fórmulas para cambiar la situación y que en la cabecera haya una lámina “suficiente y razonable”. “Sabemos cuanta agua entra y cuanta agua sale y con la fórmula que se ha estado usando hasta ahora esto coloca permanentemente a los embalses en una situación de excepcionalidad. Creemos que hay fórmulas razonables para conseguir que haya unos niveles de agua adecuados que no se genere un estrés continuo en la cabecera», añadió. Y esta música, en principio suena bien. Por ello no se entiende el comunicado de rechazo a la visita de los alcaldes del PP de la comarca, y que mas bien parecía estar redactado de antemano.  Es más, mejor habría sido haberle acompañado a la visita, aunque fuera con una pancarta detrás, como hicimos los medios de comunicación.

Sí, yo también creo que algo está cambiando en la toma decisiones sobre la política del agua en España, que tiene dos piedras de toque.  Una de ellas es que el cumplimiento de las sentencias que determinan que hay que aumentar el caudal ecológico del Tajo tiene que reflejarse necesariamente en un aumento del nivel de los pantanos, como reconoció el Secretario de Estado. Morán asume  que los actuales caudales no atendían las exigencias de las directivas marco del agua y ha asegurado que ya se están revisando, un proceso que estará listo en 2021.

Es decir, cambios se van a producir a medio plazo, por lo que es imprescindible que en Castilla-La Mancha se consensúe un Pacto Regional del Agua con el que acudir luego a la imprescindible negociación de un gran Pacto Nacional.  Para ello hay que dejarse de populismos y de propósitos imposibles, como lo que nos llevó a fracasar en las Cortes de España cuando Barreda quiso poner una  fecha de caducidad al trasvase. Por una vez, los partidos de Castilla-La Mancha deberían mirarse en lo que hacen sus compañeros de partido del levante, que saben poner por delante  los intereses de sus territorios cuando del agua se trata. Aunque haya alguno, como le ha sucedido a Teodoro García-Egea, que en ese empeño por defender a su región, Murcia, se le ha olvidado que es el secretario general del PP de toda España, y por lo tanto sus iniciativas deben responder a un concepto más global. En ese sentido, es intolerable que el número 2 del PP de España haya propiciado una  Proposición No de Ley (PNL) pidiendo que los alcaldes ribereños de Entrepeñas y Buendía no entren a formar parte de la Comisión de Explotación del Trasvase Tajo-Segura. En esta petición, que ha sido firmada por la portavoz del PP en el Congreso, Cayetana Álvarez de Toledo,  el propio  Egea y tres diputados de las circunscripciones de Alicante, Murcia y Almería es todo un desaire para Paco Núñez y todos los diputados del PP en Castilla-La Mancha a los que pone al pie de los caballos. La respuesta que ha dado el PP-CLM, a través del vicesecretario de Comunicación del PP de Castilla-La Mancha, Santiago Serrano, asegurando -sin citar el episodio- que Núñez defenderá la región «por encima de todo» en materia de agua, es insuficiente. Si Núñez quiere que le tomen en serio en Génova tiene una oportunidad de oro de labrarse un perfil propio. O  en 2023 vendrá otro, de Madrid, como siempre.

Porque incluso el argumento que da en su exposición de motivos la PNL del PP es falso. Aseguran que dicha comisión de Explotación está formada en la actualidad exclusivamente por técnicos del Ministerio y las dos confederaciones hidrográficas, un carácter técnico que se rompería si entrasen los ribereños. La moción, sin embargo, olvida que los regantes también están representados a través de la Mancomunidad del Taibilla, que se encarga de distribuir el agua que viene del Tajo. Así lo reconoció el propio Secretario de Estado: “ La Mancomunidad de los Canales del Taibilla ya forma parte del órgano de gestión. Lo único que se hace, es que la cuenca cedente tenga su representación igual que la tiene la cuenca demandante. No creo que eso tenga que suponer ningún trauma ni a un territorio ni a otro. Más bien todo lo contrario”.

Pues bien, para algunos ya se ve que sí, aunque lo grave es que lo reclamen en nombre de todo el Grupo Parlamentario del PP del Congreso, como si éste fuera el Grupo Popular del parlamento de Cartagena (sede del legislativo murciano, aclaro, no del cantón de la I República Española).  Teniendo en cuenta que la representación de los Ribereños en la Comisión de Explotación del Tajo-Segura  será puramente declarativa, allí podrán expresar su opinión, pero la decisión sigue siendo competencia del Ministerio, que es quien controla la citada Comisión, lo que desprende esta iniciativa parlamentaria es que Egea trata de mandar un mensaje populista en clave puramente levantina, incompatible con su condición de número 2 del PP español, y de alguien que reclama consenso y un pacto nacional  del agua.

Supongo que la diputada del PP por Guadalajara, Silvia Valmaña, y el resto de parlamentarios populares de Castilla-La Mancha sabrán poner en su sitio a Egea. Por la cuenta que les trae.

Esto es lo que hay. Como diría el Conde de Romanones, ¡vaya tropa!

Puro postureo. Solo gestos. Incompetencia.

Nunca me ha parecido que Pedro Sánchez tuviera intención de acordar un gobierno con alguien. Solo que algunos de sus partenaires tampoco, como Pablo Iglesias y Albert Rivera. Que andan haciendo la competencia a los leones del Congreso. En su estulticia.

Si Sánchez hubiera ido en serio con Podemos habría pactado un acuerdo de investidura, aunque nos hubiera puesto los pelos de punta en estos momentos de desaceleración económica, que nos llega  por la Ruta de la Seda, pero el presidente en funciones y el aspirante a vicepresidente político se enredaron con una negociación sobre cargos y sillas, hasta que Iglesias descubrió que los ministerios que le ofrecía Sánchez eran  humo. Eso pasa cuando te olvidas de los programas, como insistía el califa comunista Julio Anguita: “¡Programa, programa, programa!” Pero Sánchez no dio opción a Iglesias a que negociaran un programa, porque en el fondo nunca ha visto a Podemos como un partido de gobierno a enseñar por Europa, sino como una izquierda agitadora y populista a la que absorber  para ocupar su espacio político. Y como Tezanos e Iván Redondo le están diciendo que si hay  elecciones en noviembre van a quedarse al borde de la mayoría, ¿ para qué vamos entonces a reeditar los pactos Frankenstein con lo mejor de cada casa si en menos de tres meses todo este lío se puede resolver de un plumazo?  Así que España tendrá que aguantar hasta entonces aunque Xi Jinping y el tarambana de Trump nos pueden meter el PIB y el crecimiento por donde amargan los pepinos.

Sánchez tampoco tuvo la mínima intención de llegar a un acuerdo con Rivera y su partido, porque ni tan siquiera le emplazó a retomar el acuerdo al que llegaron ambos en 2015, lo que habría puesto en aprieto al líder de Ciudadanos, atrapado en una estrategia chapucera copiada del propio Sánchez, cuando dijo “No es no” a Rajoy en similares circunstancias y dimitió de diputado antes que abstenerse.  Rivera cree que si pacta con Sánchez, nunca jamás podrá aspirar al sorpasso con el PP. Y en lugar de despejar el camino,  y poner a Ciudadanos ante sus contracciones,  lo que ha hecho el presidente en funciones es levantar un muro más grande que el de Berlín: pactar el gobierno de Navarra con los nacionalistas vascos y meter en el Ejecutivo de Chivite a una ex parlamentaria de Batasuna, Itziar Gómez,  que nunca condenó el terrorismo cuando  estaba en aquella formación.  Silencio general entre los barones socialistas.  Nafarroa nos espera.

Sánchez tampoco quiso pactar con Casado y el PP, porque esto no es Alemania, somos los más guapos del mundo y aquí no hay ninguna necesidad de llegar a grandes coaliciones entre socialdemócratas y conservadores, porque nos podemos permitir el lujo de estar seis meses con un gobierno en funciones…y tres huevos duros. Casado fue el más honesto de todos: sí aceptó ir a La Moncloa cuando Sánchez le invitó de tapadillo, le ofreció pactos en temas de Estado muy interesantes, pero nunca su abstención. Es decir, un souffle de gran apariencia exterior pero relleno de aire. Y Sánchez lo que quiere es seguir, claro.

Esto es lo que hay. Llevan desde el 28 de abril tocando el rigodón, eso sí, cobrando puntualmente la mensualidad, y al final querrán que lo resuelva un electorado cada vez más cansado, que les puede mandar a esparragar. Así que, por favor, aprueben cuanto antes la segunda vuelta, como en Francia,  porque esto es lo que hay. Puro postureo. Solo gestos. Incompetencia.

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