Aragón, termómetro de España

Las elecciones autonómicas en Aragón han sido seguidas en el resto de España con una expectación inusitada. Nunca antes otras elecciones regionales habían girado tanto sobre el pivote de la política nacional; pero es que además Aragón es un buen termómetro de como respira España en su conjunto (menos Cataluña y País Vasco), hasta tal punto de que se les conoce como el Ohio español, por su similitud con ese estado americano con tendencia a clavar el ganador de las presidenciales.

Pues bien, lo primero que nos ha dicho nuestro Ohio aragonés es que la derecha, como en toda Europa está muy en alza (entre PP y Vox llegan al 52,2% de los votos), pero el electorado ha decidido no dar una mayoría suficiente al centro-derecha si no lo hace pactando con el partido de la derecha populista española.Y apenas se ha destacado que el ultrapopulista de derechas Se Acabó la Fiesta (SALF) de Alvise ha estado a tres décimas de entrar en el parlamento aragonés con dos diputados (se quedó con 2,7% mientras Podemos apenas sacó 0,9% cuando en 2015 llegó a 20,6% del voto). Esto es lo que ha querido el pueblo español y tampoco es demasiado nuevo. Pedro Sánchez nunca ganó por mayoría absoluta  y para ser investido presidente se tuvo que aliar con la izquierda populista-comunista española y como todavía no le bastó incorporó a su tropa al separatismo catalán y vasco.

El PP de Azcón sumó un porcentaje del 34,3%, bastante estimable para lo que están sacando sus partidos homónimos del Partido Popular Europeo, pero desalentador para un presidente aragonés que anticipó las elecciones porque Vox le tiró los presupuestos. Habrá que ver cómo se las arregla, ahora, con dos diputados menos. Pero la lectura política nacional es otra: el PP de Feijóo parece haber tocado techo sin alcanzar la mayoría absoluta y cada vez es más dependiente de Vox. Ante esa constatación, que ya se dio en Extremadura, la cuestión más peliaguda es saber cuál va a ser su respuesta: si acercarse a Vox, como hizo Sánchez con Podemos hasta suplantarlo, aun a riesgo de perder sus esencias europeístas, liberales y democristianas, y alejarse del centro político, o poner pie en pared con la extrema derecha y esperar a ver qué pasa. En función de una cosa u otra, el PP necesitaría un líder diferente, es obvio.

Si la victoria del PP se puede calificar de agridulce, la derrota del PSOE (24,3% de los votos) de Sánchez -con su ex portavoz de candidata- es histórica y certifica que estamos al final de una época; aunque todavía no sepamos cuánto durará la caída y cómo será la sucesión. Consolarse con que los socialistas han igualado su peor resultado en el 2015 es autoengañarse. Entonces, el PSOE de Javier Lambán, un crítico de Sánchez, acabó gobernando y sus 18 diputados coincidieron con los 14 de Podemos, mientras que Alegría no ha tenido esa dura competencia al desaparecer el partido de los Iglesias de la cámara regional, como antes en Extremadura. Pero hay más: esta vez el muro de Sánchez no ha evitado que electores del PSOE hayan engrosado directamente las filas de Vox, porque si el PP ha perdido 2 diputados, que se supone han acabado en las alforjas de la derecha populista, de los 5 que se ha dejado en el camino la ex ministra Alegría 2 o 3 han sido facturados por Abascal y otros 2 o 3 han caído en el morral de la Chunta, que pasa de 3 a 6. Siendo esto así, habrá que cuestionar si se puede seguir hablando en puridad de un bloque de derechas que incluye a Vox cuando el partido de Abascal ya ha demostrado que puede pescar entre los indignados que tradicionalmente votaban al PSOE o a la extrema izquierda. Si Vox es el partido que mejor se mueve en las crisis, porque su electorado no le exige que se aplique en resolverlas, me cuesta mucho pensar que acceda a entrar en los gobiernos autonómicos del PP en Extremadura y Aragón, y el próximo mes en Castilla y León con las mismas perspectivas demoscópicas; y que lo más probable es que se abstenga para no forzar una repetición electoral que esta vez no le favorece. Y en la oposición parlamentaria llevar a Guardiola y a Azcón por el camino de la amargura.

Esto es lo que hay y esto es lo que se nos viene encima en la primavera de 2027 en que se convocarán elecciones autonómicas y locales y con unas expectativas de voto en el Corredor del Henares que acentuará la tendencia que en Aragón se ha confirmado. Solo un adelantamiento electoral podría cambiar algo las cosas, especialmente para el PSOE, que si estuviéramos en tiempos de Felipe González habría tenido que convocar de urgencia un comité federal extraordinario que habría durado dos días. Pero estamos en el PSOE de Sánchez, al que le ha bastado una complaciente reunión de la Ejecutiva en la que se ha felicitado a Pilar Alegría por su trabajo y se responsabilizó al PP por el crecimiento de Vox. No esperen que el César socialista adelante nada, aunque arruine a su partido y persevere en alimentar a los extremos del arco (in)constitucional, hasta agotar su mandato en el otoño de 2028. Aunque se pase la legislatura entera sin aprobar un solo presupuesto.  Y esto es lo que hay.

LA FRASE: «Aragón ha votado en clave de generales, hay que estar muy desconectados para no entender el mensaje. Alegría ha hecho la mejor campaña posible, pero, como en Extremadura, este resultado no se puede explicar en clave regional. Seguir igual no traerá resultados mejores. Inaplazable». PABLO BELLIDO, secretario general PSOE Guadalajara y presidente de las Cortes de CLM.  

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