El español del año es la vivienda (que no hay)

En la espumosa época de Luis María Anson en ABC, el periódico monárquico, a imitación de las grandes revistas mundiales, concedía por estas fechas el título de “Español del año”. Y así fue que uno de esos españoles del año fue el mismísimo Jordi Pujol, justificándolo Anson porque contribuía a la estabilidad de la política española. Fue antes de que Pujol se pasara a las filas soberanistas, coincidiendo con las primeras investigaciones de la UDEF (la unidad de delincuencia económica de la Policía Nacional) sobre su familia y CiU, y de ahí su legendaria expresión: “¿Pero qué coño es eso de la udef?”

Las investigaciones de la UDEF se han sustanciado en el procesamiento a él y a toda la familia (hay veces que el estado de derecho funciona), en juicio que se celebrará en el año que comienza, lo que en perspectiva no deja de ser paradigmático sobre un galardón, que de seguir concediéndose este año, difícilmente podría reducirse a un personaje físico, por cuanto lo que realmente ha destacado este año es el problema de la vivienda y la brecha que especialmente ha abierto entre las generaciones. Hasta el punto de que esa falta de soluciones y el fracaso de las políticas gubernamentales pone en cuestión la sociedad del bienestar, que se instauró en Europa tras la derrota de los fascismos en la II Guerra Mundial y  como alternativa al liberalismo ortodoxo del XIX y a la dictadura comunista, que fracasó al otro lado del telón de acero. Si hay algo en lo que deben ponerse de acuerdo las fuerzas sistémicas, que constituyen la armadura de la Unión Europea (con sus defectos, un invento que funciona), es en adoptar soluciones que terminen con la marginación de esa generación entre los 18 a los 29 años que han sido expulsados de este mercado por la falta de ingresos, y que acabará generando la desafección al sistema democrático y a sus valores de libertad. Una crisis social en toda regla. La expansión del populismo de izquierda y derecha, ya sucedió en los años treinta con la caída de las democracias europeas (la República alemana de Weymar no estaba menos asentada que la actual democracia española y su Constitución de 1978) y es el riesgo que vuelve a correr Europa cuando es incapaz de afrontar los grandes problemas que horadan las bases del sistema.  “Hay que cambiar nuestro modelo de crecimiento, por uno en el que crezca menos el empleo y más la productividad y los salarios”, es la receta que da el economista y profesor de la Universidad de Alcalá, José Carlos Díez, quien remata así su reflexión: “Crecer y crear empleo es siempre una buena noticia pero el desorden del modelo actual no es sostenible a medio plazo y es más fácil cambiarlo cuando crece el empleo que en las recesiones cuando sube la tasa de paro y la gente está más indignada”.   

Hospitalentorno
Los cambios en el actual Plan de Urbanismo abordarán el crecimiento de la ciudad, que deberá romper el corsé actual

Me ha venido este artículo a la cabeza, mientras estoy recogiendo datos sobre el cierre del año sobre el mercado de la vivienda en Guadalajara, sobre el que aporto algunos enlaces de interés al final de este post, porque detrás de esas inquietantes cifras sobre la escalada de la vivienda en Guadalajara (es la capital peninsular en la que más sube el precio de la vivienda nueva, el 21,2%, y la primera en el incremento de los alquileres, el 46,1%) está el cambio de una sociedad que antes tenía unas rentas de clases medias, producto de la industria que aquí llegó a partir de los años 70, y ahora ha visto como esa población se descapitaliza por un modelo de crecimiento que no incorpora tecnología y es muy intensivo en mano de obra, en sectores de baja productividad que pagan salarios bajos. Guadalajara ha cambiado su perfil industrial de los años 70-80 por los servicios, con referencia especial a la logística, y eso trae consigo una nueva sociedad con menos capacidad de compra, desde luego peor a la nuestra, y que explica el crecimiento de los populismos y sus soluciones simplistas. Que algunos lo tengan claro: no se van a poder atajar las consecuencias de la  precariedad salarial y laboral en Guadalajara, con su deriva política consiguiente (anoten lo ocurrido con el crecimiento de Vox en Extremadura, que en Badajoz ya supera al PSOE en votos) mientras no se aumente el parque público de viviendas y se ponga más suelo a disposición de los promotores en condiciones favorables. Un problema acuciante en nuestra capital, porque tiene un plan de urbanismo prácticamente consumido y que a corto plazo se tiene que conformar con aprovechar el suelo de los sectores urbanísticos sin desarrollar y paralelamente definir por dónde va ir el crecimiento de la ciudad: si en la franja derecha de la A2 (dirección Zaragoza), desde el centro comercial hasta Iriépal, lo más probable,  o saltar la Ronda Norte y continuar hasta Taracena. En fin, decisiones que deberían generar el mayor consenso posible entre la sociedad alcarreña y los partidos políticos sistémicos, porque se tendrán que desarrollar durante varias legislaturas, si es que no queremos que todo se descontrole.

Pues esto es lo que hay. Y no es poco. El español del año; el alcarreño del año, no es otro que la vivienda o la carencia de ella. Y sobre cómo se solucione, o no, dependerá el perfil y los valores de la sociedad que ya se está construyendo. Con la interesada vigilancia de Trump y la amenaza de Putin, que hace tiempo entonan las canciones bárbaras que oía con preocupación el gran emperador Adriano al otro lado del Rin.

LA FRASE. “En España aún estamos a tiempo de evitar repetir errores que vemos en Francia y en países europeos que recibieron el fenómeno migratorio antes que nosotros. Hay que cambiar nuestro modelo de crecimiento, por uno en el que crezca menos el empleo y más la productividad y los salarios”. JOSÉ CARLOS DÍEZ, economista y profesor de la Universidad  de Alcalá.  

Guadalajara, la capital peninsular en donde más sube la compra y el alquiler de la vivienda en 2025.                  

Expertos, pesimistas sobre la evolución de la vivienda en España y Guadalajara.      

Alquiler en Guadalajara: una misión (casi) imposible

Guadalajara combinará para crecer los cambios en el PGOU con la promoción del último suelo existente

Ir a la barra de herramientas