El Mercado de Abastos y el modelo de negocio

El mercado de abastos de Guadalajara tiene capacidad para albergar 24 negocios pero desde hace un par de años sólo resisten ocho: varias carnicerías, un par de fruterías, una pollería y un puesto de variantes. Ninguna pescadería. Sólo ocho puestos y ni siquiera están ubicados en la misma planta, lo que hace que  la sensación de abandono sea aún mayor.

Es un negocio ruinoso para el Ayuntamiento de la ciudad. Cada mes ingresa, por los alquileres de esos ocho puestos, unos 1.500 euros, alrededor de 18.000 euros al año, mientras que los gastos casi multiplican por cuatro esa cifra. En 2013, según datos oficiales, los gastos del mercado fueron de 65.000 euros y  eso que no se invirtió nada, ni un euro, en mejoras del edificio.

Esta es el panorama que se vive en el Mercado de Abastos, que cada cierto tiempo aparece de manera recurrente, como el monstruo del lago Ness, en el debate municipal. Ahora es el grupo de Ciudadanos el que propone la convocatoria de una mesa de diálogo en la que participen tanto comerciantes como Equipo de Gobierno y grupos de oposición y en la que se hable sobre lo que se puede hacer. En febrero se aprobó la enésima moción -por mociones que no quede- en la que se demandaba una acción rehabilitadora, encargada a la Escuela de Arte de Guadalajara, y que concluiría con la ejecución de unas obras en su interior, tampoco se sabe muy bien con que propósito, y sobre esta base se volverían a sacar a concurso los puestos que ahora no están ocupados.  Y se supone -solo se presume- que para entonces se suscitaría un interés que ahora no existe por parte de potenciales interesados. La moción no se ha cumplido, porque además de estar cogida con alfileres, no tenía dotación presupuestaria. Pero de haberlo hecho, habría sido como poner el carro antes de los bueyes.

Porque el problema del mercado de abastos es de modelo de negocio, y eso no se arregla con mociones para hacer como que se hace.Porque corremos el riesgo otra vez de tirar el dinero del contribuyente para financiar ocurrencias que pueden no ir a ninguna parte.

Por tanto, lo primero que hay que definir mediante el procedimiento que sea, incluyendo el concursode ideas,  es el modelo de negocio. Que ya no puede ser el de aquel proyecto diseñado en 1883 por Mariano Medarde cuando Guadalajara  apenas tenía
veinte mil habitantes, cuatro veces menos que ahora, aunque sobre el mercado pronto comenzó a pivotar la vida comercial de la ciudad. Eso era así porque la  escasa población de la ciudad se arrebujaba en torno al mercado y apenas tenía competencia en un pequeño comercio que ubicado en el eje plaza de los Caídos-plaza de Santo Domingo no dejaba de ser complementario.

Un siglo y cuatro después, todo es diferente. Y ya no tanto porque el mercado haya dejado de estar en una zona poblada de Guadalajara, porque potencialmente el mercado de abastos tiene más vecinos en el nuevo polígono del Balconcillo que se hizo allá por el cerro del Pimiento; estamos hablando de un cambio radical en la concepción del comercio y los hábitos de consumo, que ha pillado al mercado con el pie cambiado. El mismo concepto de mercado de abastos municipal, tulelado por el Ayuntamiento, ya no es propio de estos tiempos. Como no lo es el Servicio Nacional del Trigo que tutelaba el precio y el mercado del cereal, la Campsa que monopolizaba el combustible, o la Jefatura Provincial de Precios y Consumos, que fijaba los precios máximos de los productos considerados de primera necesidad. El propio concepto de los mercados municipales forman parte de esa España de la autarquía en la que el Ayuntamiento debía socorrer la falta de iniciativa y capacidades de comercio local, al que había que tutelar desde los poderes públicos como a un pariente disminuido.

Afortunadamente, el comercio de Guadalajara sigue hoy otros parámetros, y en nada se asemeja con el de ese mercado que Merarde diseño a finales del siglo XIX, pero es más: ni tan siquiera con la estructura comercial de la ciudad de hace apenas quince años. O si me apuran todavía más: con la cultura de las grandes superficies comerciales, de las que El Corte Inglés es su moderna catedral  pagana. Con mi cariño para la Escuela de Artes y el fenomenal trabajo que allí se realiza. De nada valdría su valioso trabajo creativo si eso no va acompañado de un nuevo modelo de negocio. Y sobre él hay que hablar primero. ¿El modelo debe seguir siendo municipal, y seguir malgastando el dinero del contribuyente, a lo que se ve con escaso retorno al tener vacíos la mayoría de los puestos? ¿Hay que pesar en un modelo de gestión privada con adjudicación a veinte o treinta años vista, y que respetara los derechos adquiridos por los comerciantes que han sobrevivido a la guerra de los cien años? ¿O tal vez es mejor un modelo público-privado en el que la gestión ya no sea del Ayuntamiento sino de una empresa especializada  del sector?

En España, hay experiencias para todos los gustos, pero no son fáciles de exportar. Algunos se han fijado en el glamour de los mercados madrileños de San Antón o San Miguel, volcados hacia los puestos delicatessen y el género de alta calidad, pero olvidándose de que en gran medida están vinculados al turismo, y en Guadalajara el turismo es el que es. Les invito a que lean el reportaje que en Guadalajara Diario publicamos sobre el asunto para que vean que el asunto no es sencillo.

Por ello, lo primero que hay que definir es el modelo; y luego establecer el marco adecuado para que los potencialmente interesados en poder operar en este mercado, ya sea en su gestión integral o como interesados en posibles espacios pudieran presentar sus proyectos. Lo único que sabemos ahora es que el modelo con que se concibió el mercado en el siglo XIX está agotado. La pena es que en ciento treinta años no hayamos dado una salida al asunto más allá de la ocurrencia de turno para buscar un titular en los periódicos.

Esto es lo que hay. O casi habría que decir: lo que no hay. Un modelo de negocio que nos sirva al menos para otros veinte años.

La Comisión de Transparencia es un sofisma: no es transparente

 

La Comisión de Transparencia del Ayuntamiento de Guadalajara  es un puro sofisma. Porque no es transparente  y en el tiempo que lleva funcionando no ha demostrado que sirva para algo, salvo para engordar alguna nómina y aumentar el gasto a costa del sufrido contribuyente. La Comisión de Transparencia es un sofisma porque los medios de comunicación no pueden acceder a ella y el Ayuntamiento ni tan siquiera publica las actas, con lo que el ciudadano no tiene posibilidad alguna de saber lo que allí se cuece, salvo a través de la versión interesada de los políticos que asisten a ella. La Comisión de Transparencia no es que haya quedado herida de muerte, como se teme el alcalde, es que nunca ha estado viva. Y nunca lo estará mientras mientras que la comisión no haga honor a su nombre.

Los que parieron la idea (la comisión viene pomposamente anunciada en el acuerdo entre PP y Ciudadanos) confundieron una Comisión de Transparencia con una comisión parlamentaria de secretos oficiales, que es cosa bien distinta. En un ayuntamiento no existen temas que afecten a la seguridad nacional o que podrían mancillar el honor de nadie; y el que sostenga lo contrario le desafío a que me lo demuestre.

El último sucedido en relación a la Comisión es de vodevil. La representante de Ahora Guadalajara se ausenta de la misma, porque iban a preguntar al portavoz socialista Daniel Jiménez sobre cómo su unidad familiar logró dos pisos de protección oficial, y la excusa es que las acusaciones no están claras.¡Toma ya! Si de esas acusaciones se hubiera probado un delito, los acusadores habrían ido directamente al juzgado del Guardia. En este tipo de comisiones no se dirimen delitos, sino comportamientos éticos o morales, y ello con independencia de que se hayan producido o no en el ejercicio del cargo municipal. Y la mayor fuerza de cualquier comisión informativa en un parlamento o institución que se precie es poner a disposición de la ciudadanía la información que allí se produce, para que se forme libremente su criterio.

Cualquier otra cosa es puro sofisma y ganas de perder su tiempo y nuestro dinero.

P.D. El martes conmemoramos  el 38 aniversario de la constitución española que ha traído un mayor periodo de libertad, paz y prosperidad en ¡nuestra historia, oigan! No lo olvidemos, como lo olvidan quienes rechazan celebrarla. Es muy posible que a nuestra Constitución del 78 haya que darle alguna vuelta, porque en la vida del hombre  nada es eterno. Pero cualquier cambio que no tenga el respaldo que concitó la actual carta magna está condenado al fracaso, como fracasaron todas las constituciones que la precedieron.  Las fuerzas democráticas más representativas deben recuperar ese espíritu de la Transición, y tener muy claro que lo buscan sus enemigos no es tanto reformarla como cuestionarla desde su tipo preliminar, para cambiar el concepto de soberanía. Y de representatividad.

Esto es lo que hay y esto es lo que ha funcionado, mas bien que mal.

“España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político.

“La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado”.

“La forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria”.

“La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas”.

¡Larga vida a la Constitución del 78!

¿Cuánto vale el tiempo de un alcalde?

 

El pleno del Ayuntamiento de Guadalajara tumbó una propuesta del  Grupo Popular para que el alcalde de Guadalajara  pudiera compatibilizar como segunda actividad  el ejercicio de la medicina con las obligaciones de su cargo. La fórmula consistía en que Antonio Román estaría liberado al 80 por 100 en el Ayuntamiento, con un sueldo de 60.000 euros (la Ley permitiría al alcalde de Guadalajara cobrar hasta 75.000) y el 20% restante lo podría dedicar al ejercicio de su profesión, la medicina.

¿Quiere esto decir que Román pensaba emplear solo seis horas a la Alcaldía y dos a la medicina,  y luego dedicarse a leer el periódico en el Casino? Ya les digo que no: durante el último año en que se incorpora a su plaza en el Hospital de Guadalajara,  la jornada de Román, sin cobrar por ello, ha superado con creces esas seis horas al día, acumulando en tiempo en que acudía a su despacho a primeras horas de la mañana, más las tardes y las anochecidas.  Cuando la oposición reprocha a Román que un alcalde de Guadalajara debe estar plenamente dedicado a la ciudad,  pasa por alto el tiempo que trabaja para  el  Ayuntamiento, y que seguramente es mayor al de  la mayoría de los ediles que tienen la dedicación exclusiva o parcial.

Comparto  que un alcalde de una ciudad, como la de Guadalajara,  lo es las 24 horas del día, y por ello es deseable que la actividad principal de nuestro regidor sea el servicio a sus vecinos. Y , por tanto,  no deja ser un inconveniente que el  tiempo  que dedica Román a la Alcaldía no coincida con el horario normal de los funcionarios, que se desarrolla por la mañana, o con los actos de representación y ruedas de prensa, que por el trabajo del alcalde se retrasan a la tarde. Tan poco corriente es esta situación que Román debe ser el único alcalde de una capital provincia de España que cumple extra muros una jornada laboral, como cualquier trabajador, y luego otra de propina al servicio de su ciudad, sin cobrar por ello.

Esta anormalidad, que se ha vivido en el último año, se quiso corregir con la propuesta que el  Equipo de Gobierno llevó al lunes al pleno, y que la oposición tumbó con la excusa de que el Alcalde debe tener una dedicación plena al cargo. Aunque todos ellos saben que una jornada de Román al 80 por ciento del Ayuntamiento  le permitiría atender las obligaciones  de su cargo, porque excedería con mucho esas seis horas que debería cumplir si fuera un funcionario corriente. ¿Y qué más da que la propuesta sea un traje a medida, como se le ha reprochado desde Ahora Guadalajara? Lo que hay que ver es si el traje le sienta bien a la ciudad o no.  O la posición de Ciudadanos, que comparte  la posibilidad de que la Alcaldía sea compatible con la medicina,  pero como algo “residual”,  y al mismo tiempo no ve inconveniente en que Román estuviera liberado  al cien por cien –aunque nos hubiera costado 15.000 euros más  al contribuyente- y al mismo tiempo solicitar la compatibilidad para ejercer la medicina, como “el que juega el tenis”. Sinceramente, me cuesta entenderlo: ¿cuántas horas a la semana habría que jugar al tenis para que se considere una actividad residual?

Por tanto, la propuesta que llevó al pleno Román es razonable, porque le permite atender con suficiencia su trabajo como Alcalde, y lo único que se le podría reprochar es por qué no la hizo desde el primer momento, cuando dejó de ser diputado en diciembre de 2015, y ya no percibió un sueldo público.

Pero dicho esto, no es menos verdad que si lo que quería la oposición, además de desgastar al alcalde -lo que está en la lógica de la política-, era que Román tuviera una mayor dedicación al cargo, con su rechazo  logra todo lo contrario. Y envía además un mensaje que personalmente  me disgusta: que un alcalde no puede tener una ocupación marginal a la política, lo que supone un tapón para que destacados profesionales se puedan dedicar a ella. Y eso influye en la calidad del banquillo, como es público y notorio.

No es saludable para la democracia que la política se la dejemos solo a los políticos profesionales, que luego carecen de la deseable autonomía frente a los aparatos del partido que les nombra. Porque en España las listas siguen cerradas y bloqueadas, y eso que llaman algunos llaman Primarias no dejan de ser una broma mientras no permitan  participar al electorado, como sucede en Estados Unidos y Francia. ¡Qué gran ejemplo el de los Republicanos franceses, que así pudieron elegir al que a buen seguro disputará la presidencia de la República, me temo que a Marine Le Pen! Así se empieza por ganar unas elecciones.

Esto es lo que hay. Aquí nos empeñamos en poner precio al tiempo de un alcalde, prescindiendo de lo único que debería importar. Que es la calidad de su trabajo. Y eso solo lo puede valorar el vecino de Guadalajara, que está en otras cosas. Se lo aseguro.

Muerta la reválida no se acaba la rabia

 

Reválidas: Felicidades. En la provincia de Guadalajara, según nos contaba Pablo Bellido, se han “librado” de las reválidas 2.629 alumnos de sexto de primaria, 2.412 de cuarto de la ESO y 1.649 alumnos de segundo de bachillerato. Y en España serán tropecientos mil. Los profesores estarán encantados porque sin reválida y evaluaciones externas habrá menos posibilidades de que les saquen los colores sobre el grado de cumplimiento de los objetivos; y los alumnos que por naturaleza son enemigos de cualquier examen o prueba de esfuerzo, y ya no digamos reválidas que incluyan ciclos completos, como el antiguo Bachillerato afrancesado. A mí me lo van a contar, que me tocaron todas.

El gobierno  ha dado pruebas de su buen talante sacrificando las reválidas en el altar del consenso, y estamos como siempre con la Educación en España: en la casilla de salida.

Así viene siendo desde la prehistoria.  En España hemos tenido dos leyes de Educación con verdadero peso, la de Villar Palasí de 1970 y la LOGSE de 1990, que se puede considerar su antítesis, y a partir de ahí  todo han sido palos de ciego. Los estudios internacionales demuestran que nuestro sistema educativo tiene uno de los índices más altos de fracaso escolar; que no ofrece lo que el mundo de la empresa demanda, y especialmente en el campo de las ciencias y las ingenierías; y que no ha sido capaz de lograr una verdadera carrera docente para el profesorado, como en otros países de Europa en los que el magisterio está en lo más alto de las enseñanzas universitarias, y por ello luego los docentes son los mejor pagados. Y los más preparados. Véase la carrera docente en Finlandia.

En España, ante los problemas, reaccionamos con la política del avestruz. Que el informe PISA nos deja a la altura del betún, pues nos desapuntamos de PISA, como hizo Castilla-La Mancha con Barreda, y muerto el perro se acabó la rabia. Que se sospecha que las reválidas pueden ofrecer un cuadro tenebrista sobre los objetivos reales alcanzados por el alumnado, pues refutamos a las reválidas por medievales, y así no se nos molesta nadie. Siempre es lo mismo. Tejiendo y destejiendo, como Pandora, una Ley de Educación, que seguramente debería estar a medio camino entre Villar Palasí y Maravall, pero que nunca llega por falta de consenso. Y los niveles bajando, como los pantanos de la cuenca del Tajo. Hasta el fango.

La falta de un partido que tenga mayoría absoluta en el actual parlamento puede ser otra oportunidad histórica para ponerse a trabajar en una Ley de Educación de consenso, tarea en la que han fracasado todos los ministros de Educación de nuestra democracia. Y a las pruebas me remito. En España solo mejoraron los índices de abandono escolar cuando  estalló la crisis y era imposible para los jóvenes encontrar más empleos de escasa cualificación. Partiendo del reconocimiento de la realidad actual,  es urgente establecer por lo menos una hoja de ruta sobre lo que hay que poner sobre la mesa. O como siempre nos quedaremos con cuatro medidas coyunturales, no sea que alguien se vaya a enfadar.

Bajocubiertas

plaza-mayor-sobrecubiertas-370x278Algo se mueve en el casco, algo se empieza mover en el Ayuntamiento tras demasiado tiempo de dejar hacer-o mejor dicho, de no hacer-, y  en ese nuevo impulso incluyo la medida que el Equipo de Gobierno presentará al pleno sobre las bajocubiertas. Hasta ahora, al contar como una planta más en el cómputo de la edificación, las bajocubiertas acabaron convirtiéndose en dúplex, una tipológía que el mercado ya no demanda. Tengo repetidamente  escrito que si el casco es el gran marginado de la expansión inmobiliaria de Guadalajara,  lo  fue porque los promotores y propietarios no veían en él la posibilidad de lograr un moderado negocio en la reconstrucción y rehabilitación  con lo que siempre era más rentable la construcción extensiva en los grandes desarrollos. Una forma de poner en valor los inmuebles del casco podría venir por dejar de considerar a la bajocubiertas como plantas, algo que muchos promotores están esperando, te dicen, para que “nos salgan las cuentas”. Con ello se fomentaría en el casco una tipología de pequeña vivienda muy demandada, especialmente por las parejas jóvenes, que son las que tienen que dinamizarlo. Podemos hacer esto – e impulsar los PAE que están congelados en los juzgados- o seguir lamentándonos de lo malos que son los propietarios, porque abren las ventanas para que entren las palomas… en algún caso de inmuebles que la Administración favorece a un inevitable proceso de ruina.

Esto es lo que hay.

Marchamalo resuelve su problema y abre un melón

 

El lunes entró entró en servicio la nueva línea de autobuses urbanos entre Marchamalo y Guadalajara que la consejería de Fomento – cuya titular es Elena de la Cruz, la número dos del PSOE en las últimas elecciones municipales- ha impuesto al Ayuntamiento de Guadalajara.

Recordemos:  El Ayuntamiento de Guadalajara entiende que la nueva línea  contraviene la Ley a nivel estatal, a nivel regional y también el Plan de Movilidad Urbana Sostenible que el Ayuntamiento de Guadalajara aprobó en 2015 sin que la Junta presentara una sola alegación al mismo. Y se apoya en que la legislación marca que no se pueden establecer líneas nuevas sobre trayectos ya existentes.

Por su parte,  la consejera de Fomento sostiene que le resolución de su departamento   «desmantela punto por punto» las objeciones planteadas por el Gobierno municipal, apoyándose además en que existen dos sentencias del Tribunal Superior de Justicia de Castilla-La Mancha dictadas en 2013 que confirman la competencia del Gobierno regional para definir paradas urbanas en los servicios interurbanos conforme a lo dispuesto en el artículo 27 de la Ley 14/2005 de Ordenación del Transporte de personas por carretera en Castilla-La Mancha. Estas sentencias se dictaron a raíz de procedimientos iniciados por el propio Ayuntamiento de la capital alcarreña contra la Junta tras la puesta en marcha de otros servicios ASTRA que enlazan con otros municipios del Corredor del Henares.

El alcalde anunció recientemente la intención del Ayuntamiento de plantear un recurso ante los tribunales, así que ya veremos quién finalmente tiene razón.

De momento, Marchamalo se ha salido con la suya y tiene una línea más competitiva de la que disponían cuando dejaron de pertenecer al servicio urbano de transporte de Guadalajara. La negociación con Fomento ha sido plenamente satisfactoria para sus intereses, pues no solo han logrado disponer de tres paradas en el casco urbano de Guadalajara (Estación, plaza Santo  Domingo y Ferial Plaza), el coste del billete (subvencionado) sale bien a los usuarios (1,30 euros; 0,70 euros con abono) y  la línea ofrece 27 expediciones diarias en días laborables, 16 los sábados y 9 (más dos búhos nocturnos) los domingos y festivos. Cada cual defiende sus intereses, y se puede decir que el alcalde de Marchamalo, un político influyente en la provincia provincial y regional, ha logrado un convenio muy favorable para su consistorio.

Ahora bien, la manera bilateral de resolver este problema supone al mismo tiempo abrir un melón no exento de complicaciones para la citada consejería. Porque si los autobuses de Marchamalo tienen el derecho de efectuar tres paradas interurbanas en Guadalajara, ¿por qué ese privilegio no se va a extender al transporte de Azuqueca, Cabanillas, Alovera,  Yunquera o de cualquier otra localidad? Todos los municipios de Guadalajara querrán tener un convenio similar al de Marchamalo. Pero la respuesta es clara:  si el Ayuntamiento de Guadalajara puso el grito en el cielo porque  el centro de la ciudad debe soportar el tránsito de 320 autobuses semanales más procedentes de Marchamalo. No quiero ni imaginarme qué diría entonces si esta solución se extendiera a otros municipios del Corredor.

Estoy de acuerdo con el alcalde de Marchamalo en que hay que abrir un diálogo entre las administraciones para poder profundizar en la solución de estos problemas, que son complejos y con muchos intereses por conciliar. Pero ello debería hacerse en un marco multilateral, y seguramente en el ámbito de  un Consorcio Supra Municipal de Transportes. O como quieran llamarlo. Y eso exige un ambiente de consenso que hoy está viciado entre el Ayuntamiento y la citada consejería; y que por el bien de todos se debería superar. Aunque tengo escasas esperanzas.

Por lo menos, hoy, el Ayuntamiento ha evitado el espectáculo lamentable de la policía local poniendo multas a los conductores de los autobuses  que dejaban viajeros en las tres paradas a las que se opone. Los antecedentes recomendaban comedimiento. Pero no deja de ser una anormalidad, que muestra que estamos ante un problema sin resolver,  que los autobuses de Marchamalo ignoren las señales de prohibición de parar que el Ayuntamiento ha colocado en Santo Domingo, la Estación y Ferial Plaza para los autobuses que no sean urbanos. Sobre todo porque puede cundir el ejemplo.

Esto es lo que hay. Las señales y prohibiciones, como cualquier norma, o se respetan; o se imponen; o se derogan. Estamos hablando de países serios, claro.

Ya tenemos gobierno; y ahora, el presupuesto

Hemos perdido casi un año con el postureo. Ayer, el candidato del partido ganador de las dos últimas elecciones (en minoría parlamentaria), Mariano RajoyEl paciente”, era elegido presidente del Gobierno tras 315 días de bloqueo y un día después de que el líder de la oposición renunciara a su escaño, para evitar el espectáculo de un ex secretario general del PSOE votando en contra de lo establecido por los órganos de representación de su partido. Otros diputados socialistas optaron por dar gusto a su intestino y creyéndose más guapos que nadie, y que un partido político es el ejército de Pancho Villa, votaron en contra de la investidura de Rajoy, es decir, votaron a favor de unas terceras elecciones en menos de un año. De lo quince díscolos, 7 de ellos son del PSC, que ahora toma sus decisiones al margen del PSOE y pone a este último partido ante una disyuntiva: ¿Merece la pena seguir como aliados de un partido desnaturalizado, que en cada elección baja su representación, o es el momento de reconstituir la Federación Catalana del PSOE?

Al Partido Socialista le quedan muchas decisiones que tomar para cambiar una deriva de derrota que se ha agravado con Pedro Sánchez, cuya solución era mimetizarse con Podemos, y va a necesitar tiempo para ello. Eso es bueno, porque ello ayudará a dar estabilidad a un gobierno de Rajoy, que como poco tiene que presentar un presupuesto para 2017 antes de que acabe el año, y del que ya sabemos que por indicación de la comisión europea debe recortar 5.500 millones. En este sentido, soy optimista de que Rajoy acabe logrando una mayoría de respaldo, porque de lo contrario el presidente del gobierno no tendría más remedio que divolver las Cortes a finales de junio. Un gobierno sin presupuesto es tan inútil como un gobierno en funciones.

El patriotismo y el sentido de responsabilidad del Partido Socialista, que es un partido alternativa de gobierno o no será, unido a la defensa de sus propios intereses ( eran con Ciudadanos los que mas tenían que perder en unas terceras elecciones) ha posibilitado el gobierno del partido ganador, corrigiendo de paso un enorme fallo que tiene nuestra Ley Electoral, pensada para gobernar solo con dos partidos principales. Me estoy refiriendo a que en contra de lo que sucede, por ejemplo, en el País Vasco o en Castilla-La Mancha, el candidato del partido con más escaños no es investido automáticamente cuando no es posible lograr una coalición alternativa. Y esto nos ha conducido a un bloqueo que ha durado un año, y en el que España ha perdido lastimosamente el tiempo.  Tras las primeras elecciones, el mayor responsable del bloqueo fue Pablo Iglesias, que prefirió volver a las urnas antes que dejar que fuera presidente Pedro Sánchez, apoyado por Ciudadanos. Después de la repetición de los comicios, el único responsable fue Sánchez, que en lugar de haber dimitido tras su segundo fracaso electoral, se empeñó en formar un gobierno con la izquierda comunista, y los independentistas de izquierdas y de derechas que había sido vetado por el Comité Federal de su propio partido.

Ahora hemos salido de este desbloqueo político, insisto, que favorece un obsoleto sistema electoral, pero a estas alturas todavía no sabemos si servirá para algo. Ciudadanos ya acreditado su sentido patriótico pactando a dos bandas con los dos partidos constitucionalistas (conservadores y socialmemócratas), como lo hacen los partidos liberales en el resto de Eueopa, y al mismo tiempo mostró donde están sus rayas rojas: no al pacto con el neocomunismo ni con el soberanismo que quiere romper España.

Ahora, el gobierno de Rajoy “El paciente”, nos tiene que demostrar que tiene cualidades para pilotar un gobierno que necesariamente debe ser trasversal y reformista, con capacidad de generar acuerdos, como lo fueron los gobiernos de Adolfo Suárez en la Transición y en las dos primeras legislaturas de la Democracia. El jueves sabremos algo más al analizar el perfil de los nuevos ministros, en los que deberá concurrir una probada capacidad, su lejanía a los ambientes de corrupción por la que el electorado ha castigado al PP – privándole de la mayoría absoluta-, y una capacidad para tejer acuerdos sobre bases amplias,  que tanto echamos de menos en la legislatura de la supermayoría absoluta ra-ra-ra. No todos los políticos valen para todas las situaciones; y si algo ha demostrado este último año parlamentario es que algunos de ellos, por su radicalidad, carecen de toda cualidad para el pacto, que es incompatible con dogmáticos y populistas.

Pero si el camino por el que debe transitar Rajoy se asemeja más al de los primeros gobiernos de la Transición ( entre otras cosas, porque asuntos como la educación, la financiación de las Autonomías y el modelo territorial exigen pactos de Estado), tampoco desde la oposición se puede pretender que como son mayoría frente al gobierno, ello les legitima para legislar a diestro y siniestro; y que el papel del gobierno sea la de un mero gestor que ejecuta todo lo que le venga del parlamento. Si el PSOE y Ciudadanos cometieran el error de querer desmontar toda la legislación emanada de la legislatura popular, en lugar de buscar puntos de encuentros sobre aspectos muy definidos, como los citados anteriormente, forzarían la disolución precipitada de la legislatura por Rajoy no más allá del mes de julio. Con Unidos Podemos no se puede contar para casi nada, y menos cuando hay diputados suyos que no tienen inconveniente en mezclarse con manifestantes que niegan la legitimidad a la máxima expresión de la soberanía popular, como es un parlamento democrático.

Lo mejor de este escenario es que tanto a PSOE como Ciudadanos (y aquí yo apuntaría también al PNV), le interesa que el Gobierno pueda sacar adelante los presupuestos, y,  por lo tanto pueda gobernar. ¿Y lo peor? Que esta nueva generación de políticos está muy poco dotada para el consenso, porque apenas lo han practicado, o porque más allá de espolear a los jóvenes contra los intolerables abusos en los que ha caído el poder, no sabemos apenas nada sobre cuáles son esas nuevas soluciones.

Esto es lo que hay. Necesitamos una legislatura moderadamente larga, para que  las ideas se posen… y veamos en qué consisten. Lo último que conviene a España es que dentro de seis meses montemos otro numerito que frene, esta vez sin solución, una mejora de los indicadores económicos de nuestra economía, y que servirán para  crear empleo, mejorar su calidad e ir recuperando posiciones que la crisis nos arrebató. Y todo esto es incompatible con el frenazo de una mula o con un gobierno que no gobierne.

Burrocracia

El palecete de los Medina, más conocido como Palacio de San Esteban por la plaza en la que se ubica, está condenado a un proceso de ruina ante la indiferencia de la administración autonómica a la que le importa más el fuero que el huevo, como decimos en Castilla.

Según el Plan de Ordenación Municipal, aprobado en el año 1999-2000, ese edificio, aunque es de propiedad privada, está calificado como SG-SO, lo que significa que sólo puede ser utilizado como sede de alguna administración. Esa calificación no había sido ningún problema hasta ahora porque el edificio siempre ha albergado servicios de este tipo ( fue sede de Hacienda y de la Sección Femenina en la época de Franco), sin embargo, desde que la Junta trasladó su sede al antiguo edificio de Caja Guadalajara el Palacio de San Esteban ha quedado sin uso y sin inquilinos. A merced de las palomas. Y aunque la propiedad (la familia de los Figueroa, herederos de los marqueses de Villamejor, padres del Conde de Romanones) lo puso a la venta desde el mismo momento en que la Junta se mudó es evidente que ninguna administración se ha interesado por él. Es tan remoto que una administración compre el palacete, lo rehabilite y lo destine a un uso administrativo como subir el Everest en chanclas. Como mínimo, debería permitirse un uso hotelero y esperar a que alguna cadena especializada en hoteles urbanos con encanto se fijara en él y se animara a su reforma interior y explotación. No será fácil, ni ocurrirá pasado manaña, pero sin cambio de uso el horizonte del palacio de los Medina ya sabemos cuál será: la ruina progresiva del inmueble, tal y como los conocemos actualmente, para que en pocos años un concejal de la oposición se fotografíe frente a él para denunciar la desidia del Ayuntamiento de turno.

palacete-sanesteban-370x277Por dos ocasiones, la burocracia toledana ha negado el cambio de uso del edificio. En la primera ocasión fue con el gobierno de Cospedal. En esta ocasión, y con nuevo inquilino en la ventanilla autonómica, ha vuelto ocurrir,  y eso que los técnicos municipales buscaron una solución imaginativa y muy razonable.Ofrecieron transferir ese uso administrativo del palacio de los Medina, que tiene 2.300 metros cuadrados, al edificio que es la actual sede de la Delegación de la Junta, y que tiene el cuádruple de eficicabilidad: 9.200 m2. Pero tampoco les vale a los burócratas de la Junta porque se descuelgan con el antiguo inmueble de la desaparecida Caja Guadalajara es formalmente de Gicaman, la sociedad pública que gestiona parte del patrimonio autonómico. “Es igual que si yo cojo y lo paro porque el teatro Buero Vallejo no es del Ayuntamiento y digo que es del Patronato de Cultura», se queja con razón el vicealcalde Jaime Carnicero.

De momento, cualquier solución a medio plazo se paraliza, y seguramente quedará al pairo de la aprobación del nuevo Plan de Ordenzación Municipal, que con buen criterio se paralizó en 2009 tras el estallido de la crisis, y habrá que confiar en que para entonces no haya daños estructurales en el inmueble,  por su mala conservación.

Es el sino de esta ciudad, tan acostumbrada a aplazar las soluciones en materia de urbanismo y patrimonio -y a a hacer demagogia con ellas desde que se rompió el consenso que en otros tiempos caracterizó a este ayuntamiento -, con la colaboración de una administración autonómica que no está a la altura de las circunstancias. Porque cuando la Ley se utiliza para lo contrario de lo que en teoría la inspiró, la burocracia se convierte en burrocracia. Esto es lo que hay.

Comité Federal elige entre susto o muerte

 

El Comité Federal del PSOE que se celebrará el próximo sábado, posiblemente sea el más trascendente, y el más desagradable, de su historia reciente. Haga lo que haga, no dejará contento a medio partido, porque este es el peor legado que la etapa de Pedro Sánchez ha dejado al Partido Socialista. Por no reconocer la derrota en las dos últimas elecciones celebradas, y enhebrar una estrategia para la regeneración del partido, no hizo nada y al final el PSOE está  más dividido que nunca.  Y ahora el Comité Federal deberá elegir entre susto y muerte, en su particular Halloween.

Porque susto es para cuadros, militancia y cuerpo electoral, permitir con la abstención  que gobierne Rajoy, y sobre todo cuando solo ha habido una estrategia, tratar de impedirlo a toda costa, y ni los barones más críticos con Sánchez han hecho la menor pedagogía sobre los beneficios que reportaría, para España y el PSOE,  desbloquear una situación que nos llevaría a un año sin gobierno. Tal ha sido el escaqueo de los barones críticos, que aunque tienen el susto metido en el cuerpo, ninguno ha tenido la suficiente capacidad de liderazgo para hablar con claridad a la militancia, como lo hizo Felipe González en el famoso congreso  en el que reconvirtió al PSOE en un partido socialdemócrata, y explicarles que la abstención no es un sí a Rajoy, sino un voto resignado  a que el Partido Socialista no desaparezca como alternativa de Gobierno en unas posibles elecciones el 18/25 de diciembre, y se convierta en un apéndice residual  del populismo neocomunista.  Porque aunque vayan muy mal las cosas, y Rajoy tuviera que disolver en junio de 2017, porque no fuera capaz de aprobar los presupuestos, el  PSOE por lo menos tendría la oportunidad de celebrar un congreso y unas primarias y medio año para tomar aire. Este es el susto…

…Porque la muerte significaría mantener el  “No es no”,  y agarrarse a los sillones que flotarían tras el naufragio de unas  elecciones navideñas en las que los sondeos conocidos, el último de Metroscopia este fin de semana,  nos avanzan que el PSOE podría caer del 22,7% del 26-J al 18%,  ser sobrepasado por Unidos Podemos y previsiblemente ver como se esfuman en los restos de la ley de Hondt más de quince diputados. Correría riesgo hasta el escaño de Bellido en Guadalajara. Mientras tanto, el PP, con un candidato mal visto por la opinión pública, subiría casi cuatro puntos, del 33% al 37,8%, lo que  le pondría al borde de la mayoría absoluta, que en cualquier caso podría negociar con Ciudadanos, que también baja: del 13,1 al 11,6. Podemos parece que ha tocado techo o casi.

Esta sería la muerte para el Partido Socialista, y seguramente la ruptura definitiva del mismo. Mi impresión es que en el Comité Federal no habrá orden de saltar a la pira como en un entierro indio, sino que buscarán la solución menos mala posible. La abstención técnica, que 12 diputados socialista asignados por el partido se vayan al baño durante la votación, es una chapuza, y como estética se asemeja a la boñiga de una vaca.

Pero es que la política, como nos enseñó Andreotti,  se practica en los fangales. Y una abstención técnica podría evitar que el PSOE escenificase en 3-D en lo que se ha convertido. Un partido dividido en el que cualquier barón cree estar por encima del Comité Federal. Como paladinamente ha recocido Miquel Iceta, el menguante secretario general del menguado PSC.

Así que no lo descarten, y que Rajoy salga elegido presidente en medio de un vodevil de Mihura en el que van entrando  unos y otros, y al final no hay manera de saber quién fue el asesino.

Pero esto es lo que hay. Como decía el dramaturgo  en las comedias escritas en colaboración, como los paseos en tándem, uno de los ciclistas suda por el otro, el cual, sin que nadie se entere, lo único que hace es dejarse llevar amablemente.

 

 

Un final esperado a un año perdido por España y el PSOE

El mismo día en que se desataban las hostilidades en Ferraz y a Pedro Sánchez le dimitía más de la mitad de la Ejecutiva,  el parlamento catalán aprobó convocar un referéndum unilateral por la independencia para el mes de septiembre. El dato ilustra hasta qué punto la estrategia del ya ex secretario general del  PSOE era un puro despropósito, ya que desde las elecciones de diciembre de 2015 sólo exploró un camino para salir de este atolladero: ese llamado “gobierno del cambio”,  que incluía a Podemos y  a sus mareas,  y necesariamente a las fuerzas independentistas. El pacto con Ciudadanos fue puro postureo, porque chocaba contra la aritmética.

Sánchez ha estado un año exhibiendo un programa que constaba de único punto: el “No es no” a Rajoy.  Este es el  pensamiento político que nos deja como legado. Más allá de la descalificación global a todo el cuerpo legal producido durante  el mandato de Rajoy, tampoco sabemos  gran cosa sobre  qué consistía su alternativa, por lo cual no deja  de sorprendernos ese cartel que desde su propio  entorno, y el de Podemos, se le adjudica como adalid en la lucha contra el establishment y el Ibex 35. El presunto izquierdismo de Sánchez no ha sido el detonante de su derrota y abandono. A Sánchez le han echado los “barones” (seis de los siete presidentes autonómicos socialistas  no le apoyaban)  por sus  resultados catastróficos. Porque desde que está al frente del PSOE –y  ¡ojo! , sin sufrir el desgaste del gobierno que destruyó a Zapatero—su partido  ha perdido dos elecciones generales seguidas (  y  25 diputados desde  Rubalcaba ), amén de las  autonómicas en Galicia y el País Vasco en donde el PSOE ya no es  la alternativa al PP.  Por tanto, lo primero en lo que pensaban los barones es que con Sánchez pilotando el barco ellos mismos  acabarían naufragando en sus territorios. Castilla-La Mancha mismamente.

El “No es no” a Rajoy pudo valer para marear la perdiz tras las elecciones de diciembre, pero al repetirse  los comicios en junio, y  con peores resultados, Sánchez no valoró que las piezas en el tablero de ajedrez habían cambiado,  porque esta vez  la diferencia de escaños fue mayor -nada menos que 52-, y por ello solo un osado pretendería gobernar una coalición tan variopinta como la que él soñó encabezar. Sánchez  podría tener razón en que las rayas rojas que le marcó el Comité Federal le dejaba prácticamente las manos atadas, porque solo podía negociar  con Ciudadanos y a medias con Podemos, siempre que no saliera a relucir el derecho a decidir; pero no es menos verdad que él nunca cuestionó esos límites, ni pidió al citado comité que los reconsiderara.

Así las cosas, Sánchez puso a au su partido frente a un dilema,  que lo desquició: o permitía la investidura a Rajoy, con un acuerdo honorable por el bien de España y de su gobernabilidad; o desencadenaría la tormenta perfecta en  unas elecciones en las que -así lo vaticinan los sondeos-, el PSOE seguiría en caída libre y perdería ese papel central en la negociación, que su ex secretario general  ha desperdiciado en las dos últimas legislaturas.

Esa es la patata caliente que Pedro Sánchez deja al nuevo Comité Federal. Es toda una paradoja, pero ese “No es no” que los partidarios de Sánchez exihibieron  frente a la sede de Ferraz se convertiría en unas terceras elecciones en  un  “Sí” aplastante   al PP, que rozaría la mayoría absoluta, o que la podría completar fácilmente sin el concurso del viejo partido socialdemócrata español.

Esta vez los intereses de España – que no puede permanecer más tiempo con un gobierno en funciones, porque ya lo está  pagando la economía y nuestra imagen en el mundo- coinciden con los del PSOE. Así que  es de esdperar en que el sentido común impere entre los dos partidos españoles que históricamente dan  soporte a nuestro sistema democrático,  y no desafiemos al pueblo español con unas terceras elecciones en tiempo de Navidad.

Y ojalá que el PP también lo sepa ver, y no juegue al cortoplacismo de forzar unas terceras elecciones en las que podría mejorar su resultado, pero que dejaría como alternativa de gobierno a un conjunto de fuerzas heterogéneas  que lo que pretenden es poner patas abajo la Constitución, la unidad de España y el sistema mismo.

Estos es lo que hay. En la Restauración tales atascos se deshacían con lo que se llamaba un gobierno corto, que respondía a unos objetivos muy concretos de interés nacional. Aunque sea para variar, esta vez toca negociar la investidura  con un mínimo de fineza,  patriotismo y altura de miras.  Y el PSOE, un partido indispensable para la buena salud de la democracia española, recuperase y cauterizar heridas  en la oposición, y madurar una alternativa socialdemócrata homologable con la Europa del progreso y  que no sea una mera copia del populismo neocomunista.

Sánchez, Cameron y patada de Podemos a García-Page

Cualquier dirigente político medianamente sensato y con un mínimo de vergüenza torera habría dimitido a los diez minutos de haberse proclamado oficialmente los resultados de las elecciones autonómicas en Euskadi y Galicia. El PSOE encadenaba su tercera derrota consecutiva, y en todas ellas empeorando sus resultados históricos. En Galicia ha perdido  cuatro escaños y  en Euskadi  siete. Redondo Terreros sacó 13 escaños en 2001 y dimitió al día siguiente. Y Joaquín  Almunia sumó 125 en el 2000 y presentó su renuncia esa misma noche. Eran otros tiempos y otras conductas. Otra moral.

Pedro Sánchez tuvo esta mañana una salida honorable. Anunciar su dimisión irrevocable ante la Permanente Socialista y dejar paso a una gestora que llevara las riendas del partido hasta la elección del nuevo líder. Una gestora que tendría la capacidad de negociación de la que él carece para desbloquear la situación política, y hacer valer la posición de privilegio que tiene el PSOE en cualquier acuerdo para formar gobierno. Que no es solo elegir a un presidente.  Él ha dilapidado ese capital de gran calidad que le concedió la aritmética parlamentaria al empeñarse en bloquear cualquier salida para que pudiera gobernar el partido más votado por escuchar los cantos de sirena de ese entorno de inconscientes que le susurran sobre la posibilidad de formar un gobierno Frankienstein (Rubalcaba, dixit)  con solo 85 diputados y la alianza, expresa o tácita, de populistas, comunistas, independentistas de todo pelaje, y hasta EH Bildu, el partido que todavía no ha condenado el terrorismo de ETA y que llevó a la tumba a numerosos ediles y cargos socialistas: Mújica, Buesa, Carrasco,  Casas…La lista es muy larga.

Hasta ahora pensaba  que no había gobernante más inútil entre la clase política europea desde la II Guerra Mundial que David Cameron, que  para arreglar un problema interno de su partido provocó el mayor descarrilamiento en el proceso de unidad europea, que ni con Le Pen o Bossi conduciendo  la locomotora de la Unión habría sido peor. Pero David Cameron, políticamente un tonto de capirote, por lo menos tuvo la decencia de marcharse ante la magnitud del desaguisado provocado.

Pedro Sánchez, ni eso. Su reflexión ante el nuevo aviso de las urnas ha sido enrocarse en Ferraz, y como diría Groucho en Los hermanos Marx en el oeste, “echa más madera que es la guerra”.  Que este tren no pare en la alocada carrera hacia el precipicio, del que ahora Sánchez quiere que le salven los militantes convalidando una estrategia,  sin pies ni cabeza, alentando el espantajo izquierdista entre las filas de su partido. Sánchez se ha dado cuenta de que en los mítines solo le aplauden cuando da caña a Rajoy y enfatiza que él no le va a hacer presidente del Gobierno (porque los cuatro años de mayoría absoluta del PP han dejado muchas secuelas); y  se ha emperrado en convertir al PSOE en un partido asambleario que le que saque del apuro. Desconozco si lo logrará  o no,  pero todo es posible, porque como he oído alguna vez a Joaquín Leguina, hay dudas de que la actual militancia del PSOE se corresponda con el cuerpo electoral de un partido socialdemocrata de centro-izquierda, pero cada elección que pasa está más cerca de que esa identificación sea mayor  por la sangría socialista entre ese electorado moderado y poco amigo de los nacionalismos.

En cualquier caso, el necesario debate que tiene pendiente el PSOE, y que no es ajeno al que ya se está produciendo en la socialdemocracia europea, no  puede darse en medio de una campaña electoral, porque lo que está claro con este salto adelante  de Sánchez es que las terceras elecciones están convocadas. A falta de la firma del Rey. El secretario general no ha hecho caso a los barones del partido, que casi mayoritariamente le pedían que no convocara un congreso extraordinario… Y si no quieres taza, pues taza y media. Hay que estar muy desnortado para airear  los trapos sucios que todo Congreso de un partido dividido y sin rumbo genera, proponiendo unas Primarias para el 23 de octubre y el congreso, el 1 y 2 de diciembre, a escasos días del comienzo de la campaña electoral. Eso no se le habría ocurrido ni a Cameron.

Pero a Pedro Sánchez alguien le ha susurrado al oído que él puede ser presidente, y es como el burro del maño que se mete entre las vías del tren. “Chufla, chufla, que como te apartes tu…”.

No parece una casualidad que un día después de celebrarse los resultados en Galicia, Podemos haya anunciado que retira su apoyo al gobierno de García-Page. Al secretario general de Podemos, José García Molina, en una rueda de prensa sin preguntas, al estilo de la vieja Herri Batsasuna, se le olvidó detallar  los motivos de esta repentina decisión más allá de enumerar  media docena de vaguedades con lo que todo parece sugerir, como cree el gabinete de García-Page,  que se debe a una estrategia nacional de Podemos: «en algún sitio tenían que empezar y, desgraciadamente, han elegido Castilla-La Mancha».  

Como nada en política es casual, y menos en la cabeza de Pablo Iglesias, pronto intuiremos mejor por qué Podemos ha elegido el trasero de  un moderado como García-Page para patearlo  y si esto se debe a su oposición frontal a un gobierno de PSOE con Podemos y los independentistas; y sin con ello Iglesias quiere también influir a su manera en el Congreso que Sánchez se ha empeñado en convocar. Todo es posible. A más no quiero llegar, porque como ha dicho el vicepresidente regional, Martínez Guijarro,  a preguntas de los periodistas,  imaginar que detrás de esta maniobra pueda estar el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, solo pensarlo le parece «abominable» y hace que «se me pongan los pocos pelos que me quedan como escarpias».

Estrategias al margen, que es lo que impera en la política española, por encima del bien general, la retirada del respaldo por Podemos al gobierno de García-Page llega en el peor momento, a mitad de la crisis política de mayor hondura  desde la recuperación de la democracia, y con unos presupuestos sin aprobar. Luego que en Podemos no se quejen de que no hay dinero para nada y que los recortes siguen.  Como ha dicho el gobierno regional,  la postura de Podemos pone en dudas la «fiabilidad de quienes pretenden formar gobierno en España» , porque anteponen la estrategia partidista por encima de la estabilidad de un gobierno que ellos eligieron. Porque no olvidemos que fue el PP el que ganó las elecciones en minoría en Castilla-La Mancha.

Habrá que ver lo que sucede en las próximas semanas en las Cortes regionales, en las que previsiblemente la escenificación de esta ruptura de los populistas se traducirá en un rosario de votaciones perdidas. Cospedal ha ofrecido una entrevista a García-Page para “no tener que depender de Podemos”, aunque  personalmente no confío en un acuerdo PSOE-PP en Castilla-La Mancha si no forma parte de pacto nacional de mayor calado. Pero visto el panorama  y la nula finezza de nuestra actual clase política, lo previsible es que la incertidumbre nacional se acabe extendiendo a Castilla-La Mancha. Y un escenario de inestabilidad así no es bueno para la inversión, para el empleo y podría frenar la incipiente recuperación económica.

Porque no hay mayor enemigo de la inversión productiva que la incertidumbre. ¡Hasta el mismo gorro estamos de estrategias y postureos!

Pero esto degraciadamente  es lo que hay. Al paso que vamos, nacionalizamos a Cameron español para que nos lo arregle.

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