Las puñeteras elecciones Europeas y Pedro J.

Las elecciones Europeas son unas elecciones muy puñeteras, porque los electores no se las llegan a tomar en serio. Motivos tienen para ello, porque el Parlamento Europeo no es una expresión pura de la soberanía popular europea, con capacidad para elegir, controlar y deponer al poder Ejecutivo –que en Europa es bicéfalo: la Comisión y los gobiernos nacionales– y aunque cada vez que llegan  unas Europeas a los políticos se les llena la boca hablando sobre lo importante que son para todos nosotros, pues al final no cuela. ¿Qué sucede entonces? Que el elector europeo –salvo el ultranacionalista y antieuropeo militante—se dedica a experimentar siguiendo el refrán de “los experimentos, mejor con gaseosa”  y se permite lujos que no se concedería en otras elecciones más cercanas.

Tengo la impresión de que el PP puede salir mal parado de esta tentación “tocanarices” que tradicionalmente ha penalizado a los partidos gobernantes en las Europeas. Está en el ambiente. El electorado popular más o menos reconoce que el gobierno Rajoy ha tenido algunos éxitos en eso que llamamos política macroeconómica –control del déficit y de la prima de riesgo, fundamentalmente- que ha salvado a España de una intervención a la griega, pero también sabe que ha sido a costa de enormes sacrificios: el poder adquisitivo del español medio ha descendido como nunca desde la Transición, por un lado por la congelación de los sueldos en los funcionarios, las bajadas de las nóminas de los asalariados en no pocas empresas privadas y el deterioro general de los beneficios en los autónomos y pequeños empresarios. Sesudos estudios de institutos, organismos y cabezas de huevo de todo pelaje lo que nos develan es que en España se ha producido una proletarización acelerada de las clases medias españolas, el principal  granero de voto de todo partido moderado de centro-derecha, a lo que ha ayudado lo suyo la disciplina presupuestaria que ha aplicado el “socialista” Cristobal Montoro –se lo acabo de oír a Esperanza Aguirre—a base de haber protagonizado la mayor subida de impuestos desde la Transición, que se ha extendido a muchos ayuntamientos y autonomías gobernados por los populares, también en Guadalajara. Todo ello se ha justificado por los chicos de Montoro como medidas necesarias para asegurar la sostenibilidad del sistema –nóminas,  servicios sociales básicos y pensiones—pero como los abusos en el gasto ordinario, el derroche e incluso la nómina de la función pública en España no deja de crecer, pues la proletarizada clientela del partido del Gobierno todavía sigue sin notar dónde están los beneficios a tanto recorte y sacrificio, y las Europeas  aparecen en el horizonte como una ocasión propicia para desquitarse, pero sin causar demasiado destrozo, que en este caso sería votar directamente al PSOE o a IU.

Los sondeos que hemos conocido nos indican que el PSOE tiene opciones de ganar la Europeas, no es descartable, pero aunque así sucediera no sería porque los socialistas recuperaran votos sino porque es el PP el que los pierde de dos maneras: por la abstención, que puede llegar al 50 por ciento del censo, o por el voto de “castigo” hacia formaciones como Ciudadanos, UPyD o Vox. La última encuesta realizada entre los lectores de Guadalajaradiario.es –insisto, no es un sondeo científico, pero no deja de marcar una tendencia–  tiene su miga. Además de anticipar una espesa sopa de letras en una provincia tradicionalmente  decantada hacia el bipartidismo (en las últimas Europeas entre PP y PSOE sumaron casi el 88% de los votos), los lectores que participaron en ella  han puesto en primer lugar de sus preferencias a los socialistas, aun perdiendo cuota respecto a las Europeas de 2009 –en las que el PSOE  obtuvo el 36% de los sufragios en Guadalajara–, aunque lo más sorprendente es el voto de castigo que recibe el PP, que nada menos reunió el 51,48% de los votos entonces en Guadalajara. Personalmente, no creo que al final el descontento hacia el PP cristalice en un voto de castigo tan alto en Guadalajara como indica  la encuesta, pero el que quiera saber adónde van los votos que históricamente han recibido los populares en Guadalajara no lo tienen difícil: en primer lugar a la abstención, y después a Vox, Ciudadanos y  algo menos a UPyD. No hay trasvase hacia la izquierda.

La convención de los Populares en Valladolid fue el primer mitin del PP a la Europeas, y allí Rajoy descubrió algunas de esas preocupaciones que señalamos.

El discurso contra el terrorismo fue contundente y apuntaba Vox, el partido de Ortega Lara y Vidal Quadras que ha salido a la derecha del PP y que todavía es pronto para evaluar su recorrido. Sigo sin entender muy bien con qué exactamente  discrepan de la política antiterrorista los que se han  marchado del PP a Vox, y los que siguen en el partido pero con la puerta entreabierta,  y me sigue pareciendo a mí que lo que ha faltado ha sido comunicación, algo de sensibilidad y seguramente que también liderazgo para explicar algunas cosas. Pero tan cierto es que ni ETA ha derrotado al Estado ni ha conseguido sus objetivos políticos –una república independiente y comunista—como que no ha entregado las armas ni ha pedido perdón a las víctimas.¡ Y duele, vaya que duele!

Rajoy apuntó a Ciudadanos, a UPyD y al PSOE al enfatizar en que el PP defiende la “innegociable unidad de España”. Pues sí, claro, pero no porque lo diga Rajoy, sino porque lo dice la Constitución que mayoritariamente votaron los españoles, y singularmente en Cataluña. El día que pregunten a los catalanes si se quieren marchar, también nos tienen que preguntar a nosotros si queremos que se vayan. El gobierno no tiene en este asunto del referéndum de Mas margen de maniobra, y lo único que nos podemos preguntar es si cabe algún tipo de conversación futura con el nacionalismo en base a una relación especial con Cataluña, al estilo de la de Baviera con Alemania. Pero con un tipo como Mas, que se quiere poner la Constitución de barretina, y ha montado este espectáculo peronista en mitad de una crisis  no hay nada que hablar. Que pase el siguiente.

Rajoy habló también de rebajar la presión fiscal, pero no le entendimos casi nada. Ni sabemos cómo, ni a qué tramos, ni cuándo. En fin, como siempre.

También buscó el cuerpo a cuerpo con Rubalcaba y algunos les extraña. A mí, nada. Es una manera de reconocer que las elecciones Europeas, que es lo que toca ahora, no están ganadas y que el secretario general del PSOE se llama Alfredo Pérez Rubalcaba. Así que se las tiene que ganar a él. Y si no lo hace, quien quedará tocado para la gran cita de 2015 es el propio Rajoy; y para  Rubalcaba sería como un chute de Red-Bull. Que le llevaría a presentarse a las Primarias. Aunque se equivocaría porque en él mucha gente sigue viendo a Zapatero.

P.D. Pedro J.  Ramírez tenía a casi toda la clase política en contra. Y al actual gobierno especialmente. Pero eso tampoco era nuevo para él. Los problemas de Pedro J., como los de cualquier director de periódico, empiezan cuando las pérdidas se suceden un ejercicio tras otro y ya no queda cemento para tapar las vías de agua. El principal accionista de su periódico, Rizzoli, había puesto hace pocos meses una ampliación de capital de 400 millones de euros y a cambio se encontraron con  un periódico que en los primeros nueves meses de 2013 ya estaba perdiendo 176 millones y encima estaba a tortas con el poder político. Demasiado incluso para un descomunal periodista como Pedro J., que con sus fallos  –y la teoría de la conspiración del 11-M no fue el único—nadie puede dejar de reconocer que su periódico ha publicado las exclusivas más trascendentales desde la Transición. Lo que menos me gusta de su destitución es que como escribió un ex presidente de la FAFE, González Urbaneja, con el despido de Pedro J. los periodistas vuelven a perder y los políticos ganan algo más de impunidad. Pero los números mandan. Los tres periódicos madrileños situados en el  espectro del centro-derecha pierden dinero—también El País, pero ocupa en solitario el centro-izquierda y eso le da grandes ventajas– y tras haber caído la publicidad y la difusión de la prensa en papel una media del 50% desde 2008 no hay tarta para todos. Con Pedro J. estas cosas ni se podían hablar. Ahora los editores lo volverán a intentar. Por si acaso, en su brillante y emotiva despedida ante la redacción, Pedro J. acabó recordando que el gran Indro Montanelli fundó Il Giornale a los 65 años. Y que él solo tiene 61.

Esto es lo que hay.

Leguineche: Y la Alcarria habitó en él

Conozco a Manu Leguineche desde mucho tiempo antes de que él me conociera a mí. Porque a los periodistas y a los escritores se les conoce por su trabajo; y un servidor ya se consideraba amigo de Manu Leguineche antes de que coincidiera con él y me regalara su amistad al trasladarse a vivir a la provincia de Guadalajara. Yo soy también un periodista de la vieja escuela  al que se le metió el gusanillo de la profesión leyendo el periódico. Y les confesaré una cosa: cuando tengo una entrevista de trabajo con algún joven periodista, lo primero que le pregunto es si lee el periódico. Y si me responde que no tiene tiempo o que se conforma con el telediario pierde todo interés para mí, aunque venga con el título de la Universidad de Columbia bajó el brazo. Esta es una profesión vocacional, por lo que malamente se puede llegar a entender, y a querer, algo que se desconoce.

300x238-images-stories-00MAYO2008-leguinecheDe niño siempre tuve periódicos en casa. Es costumbre que debo agradecer a mi abuelo, que traía alguno de los diarios matutinos (ABC o el Ya), y luego era mi padre el que venía con los vespertinos (Pueblo e Informaciones). Eran periódicos sometidos a la censura previa, hasta la ley Fraga, y luego al capricho del ministro, del gobernador o del delegado de Información de turno, por lo que había que desentrañar la información leyendo entre líneas. De ahí la importancia que tenían las dos secciones que solían escapar al lápiz rojo del censor: la de Deportes e Internacional. Especialmente en esta última, los periódicos destacaban a lo más granado de la redacción. Y en ellas los lectores teníamos la oportunidad de conocer los cambios que se producían en el mundo, las corrientes políticas o filosóficas, la mlucha por la liberación de la mujer, la Guerra Fría y las consecuencias del Tratado de Yalta, que dividió al mundo en dos bloques enfrentados, o las recurrentes guerras regionales en las que las superpotencias se ventilaban el poder. Entre estas últimas me impactó la guerra del Vienam, por su crueldad  y la influencia que llegó a tener en la política americana; y con ella descubrí a los reporteros de guerra, a los Manu Leguineche que nos traían un torrente de información y que contrastaba con la opacidad y el aburrimiento de las páginas de información nacional.

Desde entonces, me hice amigo de Manu Leguineche y en sus crónicas encontré la ventana por la que acceder al mundo exterior. Preciso en sus descripciones, huyó siempre de la paja y la retórica y de los análisis prolijos, para concentrarse en las personas que sufrían las guerras. Y entre estas últimas, se quedó siempre con los más débiles. Manu no es un historiador de academia, pero con él aprendí  también más de la historia que en los libros de texto. Unas veces sus libros me ayudaron a desentrañar los entresijos de los conflictos mundiales (Los años de la infamia: crónica de la II Guerra Mundial, Adios, Hong-Kong, Apocalipsis Mao: una visión de la nueva China, Recordar Pear Harbour, Recordad Manhattan…); otros me sirvieron de brújula  para tratar de comprender la complejidad de la formación de países como la India (La destrucción de Gandhi); en los más me estimuló el gusanillo por el viaje y la aventura de conocer otros mundos y otras culturas (La vuelta al mundo de un periodista, El camino más corto, La vuelta al mundo en 81 días, El viaje prodigioso…); nos anticipó la amenaza del fundamentalismo y las dificultades del diálogo entre civilizaciones (En el nombre de Dios, Bajo el volcán…); y nos impartió lecciones magistrales sobre las consecuencias del Desastre del 98 y de las guerras coloniales que sangraron a las clases más humildes del país, lastrando el futuro de España  como la potencia europea que ya nunca fue. Filipinas en mi jardín, Yo de diré, Annual 1921, Gibraltar, Yo pondré la guerra, y algún título más del que me olvidaré, son lecturas obligadas para penetrar en la piel de España y saber más de nosotros mismos. Porque solo así lograremos algún día entendernos.

leguiManu Leguineche ha dado dos veces la vuelta al mundo sin coger un transporte aéreo, sobrevivió de milagro y hace tiempo que se vino a vivir a Brihuega a un viejo caserón del siglo XVII que compró a Margarita Pedroso, una mujer exquisita de sangre aristocrática. Puso a los árboles de su jardín nombres de escritores y con el tiempo consiguió uno de sus propósitos: “Lo esencial no es habitar una casa sino que ella te habite a ti”. Leguineche, el hombre. En su último libro: El club de los faltos de cariño, se nos revela el Leguineche más humano, el espíritu libre del incansable viajero que un día encontró su estación Termini en Brihuega y se quedó entre nosotros: “La gente es agradable en Brihuega pero salgo poco porque con mi timidez me molesta saludar a alguien a quien conozco”, se disculpa.

Además del Leguineche corresponsal y viajero, con jugosas anécdotas que refleja a lo largo de más de 300 páginas, hay una parte en este libro de cabos sueltos que me interesa particularmente; es la del Leguineche alcarreño, léase Manu. El viejo corresponsal cede el destino al Manu que se vino a vivir a la Alcarria, hasta formar parte del paisaje.  Es el Manu que clama contra “el cemento que avanza y nos obligan a poner buena cara”; el que contempla el AVE “como los sioux cuando el ferrocarril llegó a la pradera de los búfalos”; el bellotero que se marchó hasta la virgen de los Enebrales con el Kempis y una garrota, tratando de encontrar a los diablos que acechan al sabinar.

Es el Manu que puede jactarse de no haber perdido nunca, al menos a sabiendas, un amigo o una amiga.  Es Manu, el hombre. El reportero que recorrió varias veces el mundo es hoy un ejemplo de entereza, porque la silla de ruedas que necesita para desplazarse no ha conseguido quebrar su arrolladora humanidad. Manu nos está demostrando a todos que una enfermedad puede complicar la movilidad de las piernas. Pero que no logrará acabar con el hombre que arraiga en la buena tierra como los cipreses de su casa de Brihuega. En un reciente encuentro al calor de un buen whisky, en animada conversación con su hermano Benigno y con Yayo, mi mujer, le recordé una anécdota de su paso por la India y de las apreturas por las que pasó. Acabó vendiendo medicinas y para atraer a los paisanos cantaba “Granada”. En el caserón de la plaza de Manuel Leguineche, Manu volvió a cantar “Granada” a pleno pulmón. Como un tenor. Nos emocionó a todos saber que sigue con nosotros. Desbordante de vitalidad. Porque el corazón no va en silla de ruedas.

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Este artículo forma parte del libro coral “Guadalajara tiene quien le escriba. Homenaje a Manuel Leguineche” editado por la Diputación Provincial en 2008.   

Fotos: Leguineche recibe el premio de honor de la Asociación de la Prensa de Guadalajara (arriba) y la Medalla de la provincia de Guadalajara (abajo).      

De acuerdo con Cospedal: hay que difuminar los límites territoriales

Me gustó el discurso que hizo ayer Dolores  Cospedal en Molina de Aragón.  En el acto de  la refirma del convenio sanitario entre Castilla-La Mancha y Aragón  lo enmarcó en un principio básico: “Que  todos los españoles tengan exactamente los mismos derechos, las mismas libertades, y también las mismas obligaciones, con independencia de la parte del territorio nacional donde vivan, y éste es el caso de los vecinos de los municipios limítrofes del Señorío de Molina con las localidades de las provincias de Zaragoza y de Teruel”.

Así debería ser y cuando esto no sucede más de uno nos preguntamos si fue un acierto que las competencias sanitarias se transfirieran a las comunidades autónomas para mayor gloria del político de turno, que no del sufrido paciente. Porque “más allá de castellano-manchegos o aragoneses, somos todos españoles y, como tal, tenemos derecho a disfrutar de un sistema de salud de la misma calidad para todos”. (Cospedal dixit)

Así sucedía antes. Los vecinos del Señorío de Molina podían ser atendidos en centros sanitarios de Aragón, ya fueran de Calatayud, Zaragoza o Teruel, mientras que los del resto de la provincia acudíamos a los hospitales madrileños para alguna intervención o atención especializada de la que no se disponía en el hospital de Guadalajara. Mientras las autonomías españolas y el Estado tuvieron dinero no hubo mayor problema porque esos servicios sanitarios interautonómicos se pagaban mediante el fondo de cohesión. Pero estalló la crisis, el citado fondo se redujo a la mínima expresión, y cada autonomía decidió que había que ocuparse solo de sus habitantes, como si fueran nacionales de un estado soberano al grito de “los míos los primeros”. Y así pasó que  como Castilla-La Mancha no tenía firmado ningún convenio que regulara este libre trasiego de pacientes por la “frontera” autonómica, pues nos vimos todos, no solo los de Molina, haciendo interminables viajes hasta lejanos hospitales de la región. Todos nos llevamos las manos a la cabeza al saber que enfermos de Alustante y de otros pueblos en la raya de Aragón  tuvieron que hacer 1.000 kilómetros para ser atendidos en el hospital de Ciudad Real. ¿Pero qué engendro territorial hemos creado?, nos preguntamos.

Pues bien, la importancia del convenio firmado ayer es que como (Cospedal dixit)  “se hace obligatorio ese uso y esa costumbre, que había antes de la firma, además de mejorarlo cuantitativa y cualitativamente”. Con este convenio ya no se deja la atención sanitaria a la buena voluntad de una de las partes, como sucedía hasta ahora, sino que forma parte de la Ley y además se regula el procedimiento. En los casos de  atención especializada de segundo nivel, la remisión al hospital de referencia será gestionada dentro del Sistema Nacional de Salud. En cuanto a las situaciones de emergencia, serán gestionadas por la central de urgencias sanitarias que mejor y más pronto resuelva la situación y por lo tanto, habrá una comunicación más fluida, entre el 061 de Aragón y el 112 de Castilla-La Mancha. Además, el transporte sanitario no urgente será prestado preferentemente por la comunidad de residencia del paciente.

La consejería de José Ignacio Echániz ha hecho un buen trabajo del que se beneficiarán 26 municipios de Guadalajara, y en el caso aragonés 34 municipios de Zaragoza y Teruel. Como entrenamiento para la Champions League que le queda por librar le vendrá bien, porque solo en Molina quedan otros 8.000 usuarios de la sanidad públicas –entre ellos los vecinos de la ciudad de Molina—más los 250.000 del resto de Guadalajara y otros 100.000 de los pueblos  de Toledo más próximos a Madrid que están reclamando lo que dijo ayer Cospedal en Molina:  “El trabajo conjunto y el compromiso de ambas administraciones [por las de CLM y Aragón]  nos permite difuminar los límites territoriales, porque más allá de castellano-manchegos o aragoneses, somos todos españoles y, como tal, tenemos derecho a disfrutar y a poder usar un sistema de salud que tiene que ser de la misma calidad para todos”.

El propio consejero de Sanidad ya nos ha dicho que el convenio con Madrid está más complicado, porque mientras con Aragón había una prestación mutua    que permitía compensar los gastos, con Madrid nos sale siempre a pagar. Seguro, pero habrá que esforzarse más en articular toda esta colaboración, para llegar a “la mejor atención sanitaria, con la mayor rapidez y calidad” (Cospedal dixit), porque los usuarios no pueden seguir siendo los paganos del turismo sanitario al que ahora se ven sometidos. De lo que se trata por tanto es de que  «queremos hacer realidad algo en lo que creemos muchos, que los acuerdos entre las administraciones en lo que más redundan es en beneficio de los ciudadanos y en avanzar hacia la cohesión y la equidad de la sanidad española”. (Cospedal dixit)

Como he escrito alguna vez, si el servicio más importante que me puede dar la comunidad autónoma es la atención sanitaria, y por su culpa me lo alejan: ¿Para qué demonios me sirve a  mí y al paisanaje esta autonomía?

Sin acritud…Esto es lo que hay

P.D. ¿No les parece un poco raro que todos los diputados de la izquierda sean partidarios de que el aborto sea una decisión de la mujer en función de una ley de plazos y que absolutamente todos los de derecha tengan una visión restrictiva del mismo hasta el punto de querer impedir que una mujer con un feto malformado pueda abortar diga la madre lo que diga? Me gusta Estados Unidos porque allí nadie discute que las cuestiones que afectan a la conciencia y a la ética atañen al individuo, no a la moral grupal de partido de turno o confesión religiosa, y por ello cada legislador obra en consecuencia. Yo entiendo perfectamente  que Antonio Román, que es democristiano hasta las cachas, no liberal, vote en conciencia una ley más restrictiva como la que nos ha preparado Gallardón. Pero de la misma manera  en el PP hay otras sensibilidades, como la de Celia Villalobos, Núñez Feijoó o Morago –¿y Cospedal?, que optó por ser madre soltera, y me parece estupendo– que también deberían tener derecho a opinar y a votar en conciencia. En fin, que supongo que habrá que seguir dándole vueltas al asunto, porque no es fácil, y si ya es triste el tener que cambiar la Ley de Educación cada cuatro años, por falta de consenso, sería una tragedia que ahora se incluya la del Aborto como reclamo partidista.

Brindis sin aspavientos por 2014

 

Por primera vez  desde 2009 hay algunos signos en el horizonte que nos permiten juzgar el año que acabamos de estrenar con un moderado optimismo. No es que podamos dar por finiquitada la crisis financiera –porque en gran parte es también de modelo económico, y específicamente europeo por la pérdida de competitividad de su industria — como torpemente grita alborozado algún portavoz del partido en el Gobierno, pero los datos son inobjetables: la economía española empieza a andar, a trancas como el Rey, pero algo se mueve.  Vayamos por partes.

Paro2013._JPG-370x301España: Todos los organismos internacionales dar por terminada la recesión en España. Es decir, los crecimientos negativos de nuestro PIB. Las previsiones del Gobierno son modestas, un 0,7%, y seguramente acertarán, aunque tampoco hay que tirar la casa por la ventana porque el crecimiento de la economía mundial –previsiones FMI- alcanzará el 3,6% después de haber presentado el 2,9% en 2013. Quiere esto decir que todavía España viaja  en el furgón de cola, pero viaja.

Este moderado crecimiento nos anuncia también un repunte del empleo, aunque moderado. No podemos olvidar que España ha necesitado incrementos del PIB en torno al 4% para generar empleo al contrario que otras economías europeas menos encorsetadas que la nuestra. A título orientativo, recordar que en 2009, en los primeros meses de la crisis, en España había un paro registrado ligeramente superior a los tres millones –una cantidad indecente en un país desarrollado en una situación de bonanza—y que en los meses de febrero y marzo de 2013 llegó a superar los 5 millones para luego caer hasta los 4,7 millones. No olvidemos por tanto hasta dónde llegó el agua.

La reforma laboral ha dado un poco de aire a las empresas, pero tardará en notarse en la contratación indefinida y en la calidad del trabajo, lo que jugará en contra del discurso del gobierno. De la recuperación del poder adquisitivo perdido por las familias españolas, de momento ni hablamos. Y durante algunos años más, me temo, porque si alguien cree que esto se puede acelerar volviendo otra vez a las políticas de gasto sin freno y a la indisciplina del déficit,  que abandone toda esperanza. La UE no lo toleraría. Y fuera de ella viven los bárbaros.

Castilla-La Mancha: Yo sí doy la importancia que se merecen los  datos que dio el consejero de Economía Arturo Romaní el 30 de diciembre. Este hombre se encontró en 2011 con una deuda de 11.000 millones y un déficit del 7,8%, que era como para salir corriendo y no parar. Pues bien, Romaní ha conseguido liquidar a fin de año  los 4.000 millones que la Junta debía a las empresas privadas, y por ahí quedan pendientes, como una losa, otros 7.000 millones de deuda financiera como herencia para futuras generaciones. El déficit de CLM se ha ajustado ya a los límites del Plan de Estabilidad –cosa que no ha hecho el gobierno catalán catalán, por cierto, ocupados en otros gastos—pero ha sido a costa de saltarse más de una línea roja en materia de recortes y prestaciones. Así que Romaní nos ha operado con paracetamol, porque no había para anestesia. Que esto no ha sido gratis et amore, cierto, pero lo  prefiero a lo que hizo Barreda, seguir gastando desde 2010 como si no pasara nada, para no tener que poner mala cara a nadie, y luego dejar de pagar a sus proveedores. Mi duda es si esta disciplina no se romperá en los años electorales de 2014 y 2015, porque el mismo Romaní ha reconocido que si así fuera la tesorería regional volvería a tener problemas.  Y son tantos los compromisos a los que hay que atender , empezando por una televisión regional, que nos cuesta un ojo de la cara –más de 30 millones al año–, pero ahí sigue, dándole a la manivela de la propaganda, igualitio, igualito, que con los anteriores.¡ Y luego dirán que son liberales!

Guadalajara: El año se cerró en Guadalajara con 1.032 parados menos, un 4,18%, un buen dato para lo que fue el primer trimestre de 2013. Esta noticia positiva se refuerza con que la contratación indefinida y la afiliación a la seguridad social vuelven a tasas positivas, al contrario que en el resto de la región. Yo siempre he pensado que Guadalajara será la primera provincia que salga de la crisis en CLM, porque tenemos a Madrid al lado, aunque insisto: que los  políticos tengan prudencia porque eso no significa recuperación del poder adquisitivo, porque muchos sueldos siguen congelados o a la baja mientras que la fiscalidad no deja de subir, el mayor fiasco electoral del PP. Acuérdense que hace cuatros años se hablaba de mileurista para calificar al pobrecito de turno. Hoy son envidiados. Pero no es solo eso: antes los jubilados eran unos desamparados a los que el Ayuntamiento de Guadalajara les puso el autobús gratis, cuando éramos ricos, y ahora son el sustento de muchas familias que están en la cola del paro. 880 euros es la pensión media en nuestra provincia.

El problema es que los que felizmente la cobran, y con todo su derecho, ya alcanzan el 14,6% de la población  provincial–un total de  36.778 jubilados—y con estos porcentajes no me puedo engañar sobre lo que me llegará a mí. Ahora mismo firmaba dejarlo todo como ahora, y solo un aumento entre el 1 y el 2% anual, como este año.

Esto es lo que hay.

Confío en usted…No me deje mal

Les confieso que andaba un tanto mosqueado ante la falta de noticias sobre la marcha del convenio sanitario con Madrid. Sé que es un asunto que no es noticia regional, porque afecta fundamentalmente a Guadalajara, y en Toledo están encantados con que les mejoren y construyan nuevos hospitales, y que seamos los de “provincias” los que tengamos que ir allá a pasar consulta o internamiento. Así funciona esté neocentralismo autonómico de nueva cuña.

Por ello respiré cuando escuché a José Ignacio Echániz decir que  los trabajos “van bien” y que esperaba que “el año que viene” pueda dar buenas noticias. Estas palabras puestas en boca de otro político no tendrían para mi ningún valor, pero incluso los más críticos con Echániz deberían reconocerle una cosa: no es de los que van por ahí mareando la perdiz, es sincero y no se calla ni debajo del agua, aunque luego le pongan a escurrir. Por eso es el mejor consejero que pudo encontrar Cospedal para acometer una reforma del sistema público, que estaba en quiebra y no lo podíamos pagar. Y por eso también es la persona más indicada para cerrar un acuerdo que “no es fácil”, lo reconozco, como tampoco lo fue incluir por Ley a Guadalajara en la Universidad de Alcalá, y lo buenos políticos que tuvo Guadalajara en la Transición lo consiguieron. ¿Quién mejor que Echániz para negociarlo, que fue consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid y ahora lo es de Castilla-La Mancha?

Según explicó a la prensa el consejero, ahora toca  identificar qué actividades sanitarias tiene sentido que formen parte de la actividad prestada en la comunidad de Madrid, contando con los profesionales quienes les deben identificar las patologías y el número de procesos.  Yo solo digo una cosa: cualquier patología que no se pueda tratar en Guadalajara se convierte en una patología turística si el paciente y su santa familia pasan de largo por los hospitales de Madrid, como lo hicieron en el pasado ejercicio anual 100 pacientes en estado crítico, que felizmente no se debieron de enterar de la magnífica organización sanitaria que tenemos montada en este país tan descentralizado y tan autonómico que ha alejado la sanidad en provincias como la de Guadalajara.

La segunda parte es que Echániz tiene que trabajar con la administración madrileña para valorar los costes y las formas de pago. Porque esto lo tiene que pagar CLM, que es donde tributamos.  Y para identificar qué centros serían de referencia para el Hospital de Guadalajara, un asunto que teníamos medianamente resuelto los de Guadalajara con el oprobioso centralismo.

En sus manos se lo dejo, estimado consejero. Confío en usted, pero se lo ruego: no me deje mal. Porque entonces no tendría más remedio que preguntarle. Si el servicio más importante  que me puede dar la comunidad autónoma es la salud, y por su culpa me lo alejan: ¿Para qué demonios me sirve a  mí y al paisanaje esta autonomía?

No es un tema fácil, ya lo sé, pero para Guadalajara es  como si se tratase de  la Constitución o de la mismísima unidad de España.

Esto es lo que hay, don Iñaki. Suerte.

Líderes morales, no solo gestores

Personalmente me encuentro entre los españolitos que aceptan que el gobierno de Rajoy no tenía más remedio que acometer antipáticas reformas para que el país no cayera en la bancarrota –otro debate es cómo las ha hecho y si se ha pasado o se ha quedado corto– , y que quiere creer que lo peor de la crisis empieza a pasar. Pero inmediatamente me doy cuenta de que debo ser un optimista impenitente, porque la sensación que encuentro en la calle cuando hablas con amigos, conocidos y transeúntes es de un pesimismo generalizado, que francamente no tengo ni idea de cómo se puede traducir en clave electoral. A día den hoy, la abstención ganaría por goleada.

No me extraña por tanto que la opinión mayoritaria en la última encuesta que ha realizado GD –no es científica, como todas las que se hacen en los digitales, pero yo no las despreciaría— es que un 81% de los que han participado en ella – un total de 174— creen que “evidentemente vamos a peor”. Tremendo.

La mayoría de los datos macroeconómicos nos indican que los indicadores empiezan a mejorar
. Se ha reducido el déficit público y se está cumpliendo con el Plan de Estabilidad, han mejorado las exportaciones, la balanza por cuenta corriente, se ha detenido la degradación del sistema financiero, por primera vez desde 2008 se ha frenado el hundimiento del precio de la vivienda y también por primera desde 2009 vamos camino se cerrar el 2013 con una caída del paro, algo que parecía impensable en un país que históricamente necesitaba crecer por encima del 4% del PIB para crear empleo. El corolario de estos signos positivos es la subida de la bolsa, que como bien sabemos es un termómetro de lo que los mercados creen que está por llegar. Por eso se dice que hay que comprar con los rumores y vender con las noticias.

Hechos son hechos, y estos los son. Indudablemente. ¿Por qué entonces este pesimismo? Porque el ciudadano corriente no vive y come de la macroeconomía y de las grandes cifras, sino de lo que siente y palpa, es decir, la microeconomía. Y lo que le llega es lo siguiente: Que los pisos habrán bajado –más de un 50% en Guadalajara-, pero ni tienen un empleo estable para meterse en una hipoteca ni los bancos se la darían. Que el paro habrá caído por primera vez desde 2009, pero todavía quedan 4.808.908 desempleados haciendo cola en las oficinas del Inem y la calidad del empleo que se crea es tan precario que el 40% de los contratos realizados en 2013 lo eran por menos de 1 mes. Esto es lo que hay. Si alguien cree que con este panorama la reactivación del consumo es una realidad porque el personal haya salido en masa a montañas, playas, tiendas y centros comerciales aprovechando el puente de la Inmaculada, creo que se equivoca.

Zapatero, un buen hombre que careció de valor y de conocimiento para ver lo que se nos venía encima, ha publicado un libro muy interesante en el que aporta algunas claves que valen también para entender lo que está haciendo Rajoy. Aunque algunos pasajes suenan a autoexcusa, comprobamos en el libro hasta qué punto está condicionada la política de un país de la Unión por la política estratégica general, que marca el Banco Central Europeo y sobre todo Alemania, y como es imposible resistirse a ella cuando las cosas vienen mal dadas. Paradojas de la vida, el comportamiento más patriótico de Zapatero se produce cuando aceptó como inevitables los recortes en el segundo tramo de su legislatura, porque sabía que de lo contrario la prima de España se habría disparado hasta el infinito, con ella la financiación del país y el final habría sido el default, la intervención y la bancarrota para tres generaciones.

Los incumplimientos de las promesa electorales de Peter Pan Zapatero no es diferente a lo que ha hecho Rajoy –o Román en Guadalajara– con las subidas de impuestos y los recortes sociales que ha implementado en los dos primeros años de legislatura. España no podía seguir generando más y más déficit, si quería seguir pagando las pensiones y las nóminas a sus funcionarios, aceptó una reforma laboral en la línea de lo que se le exigía desde Frankfort –no quiso con buen criterio suprimir el salario mínimo y generalizar el llamado contrato de crisis, que no generaría derecho laborales–, pero no se ha tomado un minuto en explicar cuál es la hoja de ruta y sobre todo decir la verdad a los españoles. No vale solo con gestionar, también hay que liderar, como cuando Churchill salió al balcón de palacio para pedir a los británicos sangre, sudor, lágrimas y esfuerzo. En este país de milagros todavía hay gente que piensa que las cosas se pueden solucionar dando patadas a las urnas y echando por la borda la democracia social-liberal. En esto falla Rajoy, como Rubalcaba, que solo ven lo que tienen delante de las narices, y se resisten a decir a los españoles la verdad. Que más tarde o más temprano habrá que llegar a un pacto entre los dos grandes partidos para salvar en lo posible el sistema público de pensiones y el Estado del Bienestar, pero con reformas, porque de lo contrario –como se ingresa menos de lo que se gasta- saltará por los aires, ya que no se puede seguir haciendo como este año: tirar de las reservas de la seguridad social para pegar pensiones y prestaciones.

Voté «sí» a esta Constitución e hice propaganda pública por ella en una provincia donde el “no” tenía gran visibilidad. Pero no tengo ninguna duda de que la culminación de esas reformas imprescindibles, que deben incluir nuestro ineficiente modelo autonómico, exige de nuevos pactos entre las dos fuerzas mayoritarias que necesariamente deben llegar a su reforma, para abordar con seriedad cuestiones como la amenaza secesionista a la que hay que dar una solución democrática desde la unidad. En cambio, me da miedo que el sectarismo y la miopía de la actual clase política, la peor desde la Transición, acaben por precipitar a la nación por el tobogán del populismo y la radicalidad.

En España todo se decide a 4 años vista, y en clave de vete tú para ponerme yo, y no nos damos cuenta de que el mundo ha cambiado como no lo hacía desde la II Guerra Mundial y los desafíos son enormes. Es tiempo de pactos y de líderes morales, como Mandela, no solo gestores, profesionales de la política y el trapicheo.

Esto es lo que hay.

Una aportación crítica al bicentenario de la Diputación

En los últimos días, cualificados portavoces de la izquierda han cargado contra las diputaciones provinciales aprovechando el borrón que ha echado la de Guadalajara al situarse como la menos transparente de las 45 existentes en España, a juicio de la la asociación privada Transparencia Internacional, entre cuyos directivos está Antonio Garrigues Walkers, así que no es una panda de rojos propagandistas.

Cortes_de_cadizNo es objeto de este artículo entrar en el detalle sobre los criterios que establece la citada asociación para establecer esa valoración, aunque algunas reacciones dan pie a alguna reflexión. Por parte del equipo de Gobierno, les ha faltado deportividad y autocrítica para aceptar el diagnóstico, porque se ha limitado a negar la mayor, descalificando el estudio en cuestión, como los malos estudiantes, en lugar de analizarlo a fondo y comprometerse públicamente en mejorar para la próxima evaluación. Este equipo de Gobierno que preside la señora Guarinos necesita un programa de refuerzo a lo Abriendo Caminos en materia de transparencia, y empeñarse algo más en los contenidos que ofrece en su página web — en lugar de perseguir fantasmas y castigar al mensajero–, en esa loable línea de estimular el trabajo y el esfuerzo que nos reclama el despellejado ministro Wert, un tipo de buenas intenciones pero impolítico en la negociación.

Y luego está la oposición. En casi cuarenta años de periodismo y de padecer la soberbia del poder de turno, cuanto más absoluto más soberbio, jamás he encontrado a político alguno que despotrique de las diputaciones cuando les toca gobernarlas; todos lo hacen cuando las pierden. Pero lo peor de todo es que cuando llegan al gobierno central no hacen absolutamente nada para reformarlas y hacerlas más democráticas, por lo que ese discurso falsario queda para cuando pasan a la oposición. Como sucede ahora en Guadalajara.

He leído declaraciones tanto del diputado de Izquierda Unida, Francisco Riaño, como del secretario provincial del PSOE, Pablo Bellido, que vienen a decir lo mismo: como las diputaciones son poco transparentes y democráticas, tienen que ir cediendo poderes a otras instituciones y finalmente desaparecer.

Pues bien, como yo no me presento a las elecciones, insisto en lo que llevo escribiendo desde hace lustros. Las diputaciones son necesarias, y en una provincia con más de doscientos mini-ayuntamientos, como la de Guadalajara, todavía lo son más. ¿Qué pasaría si desaparece la Diputación? Que sus competencias de asistencia al municipio deberían trasladarse a otra institución. ¿Delegarlas en los ayuntamientos? Imposible, salvo para los municipios con más de 50.000 habitantes. La única solución sería por tanto trasladarlas a las autonomías, engordar todavía más su burocracia y alejar más el poder de decisión desde las provincias al Toledo de turno. ¿Es eso lo que quieren los portavoces de la izquierda provincial?

El caso de la contaminación del agua en Hiendelaencina ha demostrado que los pequeños ayuntamientos necesitan de instituciones para resolver sus problemas. Y que cuando las relaciones no funcionan, por culpa de la política sectaria, pues las soluciones se atascan.

Soy partidario por tanto de no seguir alimentando el monstruo autonómico con más funcionarios –en CLM tenemos 50.000 empleados públicos– y nuevas competencias, y de que las diputaciones tengan un papel destacado como garante de los servicios hacia los pequeños ayuntamientos, en la línea que va la reforma del Gobierno, pero eso exige además una reforma de las propias diputaciones. Los citados portavoces de la izquierda provincial dicen que las diputaciones tienen déficit democrático, es cierto, y no hablemos del talante, pero el problema no está en la institución, como tal, ese ayuntamiento de ayuntamientos para la asistencia a los municipios, la falla está en que el procedimiento de elección de las diputaciones no es democrático, aunque la institución sea democrática, porque emana de la Constitución misma.

No se puede fortalecer el papel de las diputaciones provinciales sin reformar al mismo tiempo su mecanismo de elección
, que no es que las haga opacas per se, sino que las convierte en clandestinas. El ciudadano ignora por completo cómo se elige a la diputación, pero es que si llegara a saberlo le parecería perverso. Porque habrá electores que quieran votar a Román para alcalde de Guadalajara, pero no al mismo tiempo a Guarinos como presidenta de la Diputación. O a la inversa; que quiere que Guarinos sea la presidenta, pero tiene otro candidato preferido como alcalde.

Pues bien, la mayoría de la gente desconoce que los votos a las candidaturas municipales sirven para elegir a los diputados provinciales de distrito sin que el elector tenga arte o parte en la constitución de la Diputación si no es de forma indirecta. Son los partidos los que ponen al presidente/a y a los diputados; y punto pelota. El elector no pinta ni copas, hasta el punto de que las elecciones locales se celebran muchas veces sin que los partidos de turno hayan designado un candidato previo a la presidencia de la Diputación, como si esto fuera la Cuba de Fidel Castro o la España de Primo de Rivera.

Ahora que se cumple el bicentenario de la creación de la Diputación de Guadalajara con Molina sigo pensando que las diputaciones son un buen invento que nos legó la administración napoleónica –es una lástima que no copiáramos también otras cosas de su modelo territorial—y que tienen unas plantillas de funcionarios, normalmente eficientes y muy preparados. Otra cosa es que les den el trabajo adecuado. No hay que mandarlos a todos a Toledo para que Guadalajara funcione.

Lo que hay que hacer es democratizar la institución y reverdecer los antiguos ideales de la revolución liberal que las creó en el Cádiz de 1812.

Háganse elecciones directas a las diputaciones, con urna aparte y candidaturas diferenciadas. Y ganen sus diputados la representación de la que ahora carecen.

Con ello su presidente/a y diputados provinciales tendrían además una mayor autonomía de acción, ya que su cargo sería electo y directo.

Ahora no dejan de ser unos meros delegados del partido de turno, perfectamente intercambiables, que no deben el puesto al ciudadano, como sucede en el caso de los alcaldes, sino al aparato del partido ya sea provincial-para los diputados- o regional –en la elección del presidente-.

El modelo de las diputaciones no es malo. Pero o se reforman y se democratizan o desde luego que desaparecerán en poco tiempo.

Esto es lo que hay.

¿Y por qué no una ruta de la tapa todo el año?

Los hosteleros capitalinos están encantados con los resultados que ha tenido la 7ª Ruta de la Tapa, que organiza la Federación Provincial de Turismo de Guadalajara de la Ceoe.

Los datos presentados son ciertamente elocuentes: se han servidos unas 25.000 tapas a lo largo de los dos fines de semana que ha durado el evento en el que han participado 37 establecimientos. Cada uno de estos bares ha servido una media de 650 tapas a lo largo de los 6 días que duraba la citada Ruta. Y otra cosas muy importante: los hosteleros reconocen que se ha notado una influencia mayor de clientes, tanto de los habituales, pero sobre todo de aquellos que se acercaron al bar atraídos por la oferta de 1 euro por tapa.

Me alegro del éxito de esta ruta, pero debo repetir algo que ya he escrito otras veces: ¿Y por qué no una ruta de la tapa todo el año? La mejor noticia que podríamos dar para el año que viene es que no hay Ruta de la Tapa; o como sucede en las ciudades con tradición por el tapeo que se convierten en rutas con una unidad temática. Por ejemplo, tapas de setas como las que se dan este mes en la vecina Soria.

Es inimaginable que en San Sebastián, Pamplona, Logroño, León… se pueda anunciar una Ruta de la Tapa, sin más, a palo seco. Porque la ruta dura todo el año. En Guadalajara, hay que anunciar las tapas, porque no es lo habitual en nuestros bares, que tradicionalmente las han considerado una amenaza para las raciones, que se suponía dejaban más dinero. Pues bien, desde el mismo momento en que se detecta que con las tapas hay una influencia mayor de clientes, tanto de los habituales como de los que se acercaron al bar al reclamo de esa tapa, parece obvio que los gustos han cambiado.

Han sido los grandes chefs, primero la factoría de Ferrán Adriá, y más recientemente David Muñoz, el nuevo 3 estrellas madrileño con su restaurante DiverXO, los primeros que se dieron cuenta de por dónde venían los vientos. Ellos saben que solo con la alta cocina es muy difícil hacer rentable a un restaurante, y por ello han creado segundas marcas –Muñoz, StreetXO—con las que buscan equilibrar el negocio en conjunto a base de una cocina urbana y low cost, que ha puesto a las tapas en el centro de su oferta. ¡Y vaya que funciona! En Guadalajara, el propietario del Amparito Roca, Jesús Velasco, ya ha diversificado su negocio con bares de copas y una segunda marca en el Buero Vallejo, que va por ese camino.

La crisis ha puesto en cuestión casi todos los modelos de negocios, pero especialmente los relacionados con el consumo, en el que se mueve la hostelería. El ciudadano reduce el gasto de lo que considera más superfluo, y eso incluye salir a cenar; por ello están progresando tanto las tiendas de comida preparada. También en Guadalajara.

Pero a los españoles nos gusta salir; otra cosa es que nos lo podamos permitir. Y esto supone cambios: el principal, que no queremos sorpresas cuando nos sentamos a una mesa, y por eso rehuimos cada vez más la comida a la carta, y preferimos los menús a precio cerrado; que no tienen que ser necesariamente uno solo. La segunda consecuencia es la caída en la demanda de las raciones tradicionales, caras y excesivas para el gusto actual, y su sustitución por esa comida low cost –al estilo Indalo, por poner una franquicia que está en Guadalajara- y los bares o gastrobares que han apostado por el tapeo, ya sea tradicional o creativo. No abundan precisamente en Guadalajara, aunque algo se empieza a mover.

Ojalá que el éxito de esta Ruta de la Tapa haya servido para animar al sector hostelero de nuestra ciudad y provincia para iniciar esa etapa de reformas, que superen los malos tiempos que todavía vivimos. Si uno va a San Sebastián y acaba cenando a base de pintxos es porque están riquísimos, porque los hay de todos los precios y te entran por los ojos en mostradores repletos de ellos. No todos tienen que valer 1 euro.

En Guadalajara, ni tenemos tapeo, ni un casco antiguo que lo cultive
y haga de él un modelo de negocio, como en otras ciudades. Siempre lo he echado de menos. Solo hay que ver cómo se ha degradado Bardales, todo un símbolo de otra época.

Hay que distinguirse. Diferenciarse. Buscar el cliente en cada hora del día. ¿Por qué no una ruta de la tapa todo el año?

Esto es lo que hay.

Hiendelaencina: una solución para cuando pase la marabunta

El vertido de Hiendelaencina se ha politizado hasta los tuétanos, y como suele ocurrir en estos casos la polvareda levantada ha sido tal que al final nos olvidamos de lo fundamental: que en Hiendelaencina resisten como héroes un centenar de vecinos, la mayoría mayores, en una situación parecida a la de un asedio medieval. No hay agua en las casas desde el 5 de octubre, ¡hace 45 días,ya! con lo que no pueden ducharse y hacer las tareas de la casa como personas civilizadas, y deben conformarse con el agua que Diputación les sirve en una cuba. Esto es lo realmente importa, dar una solución a estos vecinos, y todo lo demás es accesorio. Sin embargo, hay pasos que es necesario dar.

El primero de ellos es determinar de quién es la responsabilidad del vertido, y eso solo lo puede hacer la Justicia. Extraña por tanto que se haya tardado tanto en poner las denuncias por parte del Ayuntamiento de Hiendelaencina, y que solo se haya hecho con la distribuidora del gasoil, dejando al margen a la propiedad de la casa rural. Desde la Junta de Comunidades y el PP, se está poniendo el acento en que todo se produce como consecuencia de que no existía una válvula de seguridad en los depósitos de la casa rural que impidiera el acceso del gasoil a la red de abastecimiento.

Como el asunto no está claro, deberá ser un tribunal el que delimite las responsabilidades y es bueno que lo haga cuanto antes para que puedan actuar las aseguradoras. Pero el problema viene ahora: ¿Y qué hacemos mientras tanto? ¿Dejamos a los vecinos de Hiendelaencina sin agua en sus casas durante…¿meses? ¿años? ¿Los condenamos a que regresen a la edad de piedra? ¿Y a sus hosteleros a la ruina?

Cuando cese la marabunta política, Ayuntamiento, Junta y Diputación deben sentarse y encontrar una solución financiera –seguramente un crédito—que permita la realización de los análisis y las obras consiguientes. Les recordamos que la parte de la conducción afectada debe ser arrancada y posteriormente sustituida. Y falta por saber cómo ha afectado el vertido a las conducciones internas en las viviendas.

No estoy pidiendo que ninguna administración pública cargue por este estropicio con el dinero de todos. Pero es obvio que alguien tiene que adelantar la inversión en forma de préstamo extraordinario , porque tampoco se puede mandar de regreso a todo un pueblo a la España del subdesarrollo , y a las mujeres a lavar en el arroyo y a los más limpios a ducharse con un barreño y la palangana.

El Ayuntamiento de Hiendelaencina parece que no tiene recursos para avalar un gasto que se puede elevar al millón de euros. Pues bien, cuando pase la marabunta, habrá que ayudarlo, aunque el alcalde sea de la oposición. Esto es lo que hay.

P.D. Me preocupa que Echániz no dijera nada sobre el acuerdo sanitario con Madrid a pesar de la interpelación directa que le hizo el portavoz socialista en el debate sobre la ratificación del acuerdo de asistencia sanitaria con Aragón, que es el tercero que firma CLM tras el de Valencia y Castilla y León. El diputado David Atienza dijo el otro día que el consejero sigue trabajando en ello, pero que hay “sustanciales diferencias” porque a diferencia con los convenios anteriores, Madrid no nos transfiere pacientes y nosotros sí a ellos. Y eso vale dinero, añado yo. Nada nuevo. Pero también vale dinero acabar el faraónico Hospital de Toledo, que parece ser la prioridad del gobierno regional.

Sabemos que el asunto no es sencillo, pero si hay alguien capacitado para llevar esta negociación es Echániz, que ha sido consejero de Sanidad en ambas autonomías .Iñaki, no nos defraudes. Tu bien sabes que no es solución condenar a la periferia del territorio de Castilla-La Mancha a un alejamiento de sus hospitales más cercanos. Como dijo el portavoz del PP en el citado debate, “la accesibilidad sanitaria gana con la proximidad de los servicios por encima de cualquier división administrativa«. Que se lo digan a los miles de personas que tienen que ir a consulta o a hospitalización a Toledo, Ciudad Real o Albacete después de pasar al lado por todos los hospitales de Madrid. Tienen que estar encantados con los beneficios que ha tenido para sus vidas la “descentralización” de la España de las autonomías.

El ciudadano no tiene la culpa de que esta comunidad esté mal trazada, metieran en ella a Guadalajara sin consultar y se dejaran luego a Madrid fuera. No lo olviden.

Una solución para los desmanes de las TV autonómicas

Al presidente de la Comunidad Valenciana le están criticando en clave interna por haber cerrado la televisión autonómica, porque piensan que no le va a venir bien a los intereses electorales del PP a menos de dos años de las elecciones autonómicas. Sin embargo, yo más bien creo que si el PP pierde las elecciones en Valencia va a ser por otras cosas derivadas de la megalómana gestión de Francisco Camps, un tipo que se creyó el mismísimo Obama y que gobernaba una comunidad de infinito recursos, como se ha visto por la deuda que ha dejado el pavo.

Alberto Fabra ha tenido por tanto un gesto de honestidad, porque ¿qué podía hacer? ¿Seguir recortando la Sanidad y la Educación de los valencianos para llenar más el pozo sin fondo en el que se convirtió la televisión autonómica? El balance es de película de terror: con 1.700 trabajadores de plantilla, más que Tele 5 y Antena 3 juntas, solo el coste de los gastos de personal se elevaban en 2014 a 72 millones de euros y en el presupuesto había consignados 107 millones para pagar la deuda, que ya alcanzaba los 1.000 millones de euros. ¡Viva Valencia!

La televisión valenciana es un eslabón podrido más de esa España de las autonomías que vio como lo más normal del mundo que cada comunidad, a imagen y semejanza del Estado, tuviera su propia televisión, pero luego nadie se preocupó de su viabilidad económica. Y el ejemplo más vergonzoso lo tenemos en esa corporación de TV3, que en plena era de recortes sociales tiene más presupuesto y subvención institucional que nunca. Esto demuestra las prioridades del nacionalismo: el proceso de construcción nacional de Cataluña, del cual TV3 es su abanderado, está por encima de la salud o la educación del pueblo. ¿A qué les recuerda?

Pero sin llegar a este grado de papanatismo, lo sucedido con la televisión valenciana debería ser un punto de inflexión sobre el papel que deberían desempeñar las televisiones y radios autonómicas en un futuro en el que el propio Estado del Bienestar está en regresión, y sometido a reformas para que su arquitectura no se venga debajo del todo.

Yo soy partidario de que haya algún medio de comunicación público, y que sirva en su programación a un interés público, aunque por ello no tenga obligación de competir con las audiencias con las cadenas privadas. Pero esto no significa que cada administración pública en España tenga que tener un medio público, que tampoco lo son, porque en nuestro país lo público se confunde con lo gubernamental y la información con la propaganda. Así nos ha sucedido que por todo el país han proliferado emporios de comunicación financiados por autonomías y ayuntamientos, especialmente, que no han hecho más que engordar el déficit público y contaminar el mercado publicitario, contribuyendo a su hundimiento general. Por lo que hemos visto en la misma Guadalajara, el intervencionismo informativo antiliberal no solo disminuye sino que se acrecienta.

No hay visos de que esto cambie. La misma Cospedal llegó a Castilla-La Mancha con la idea de privatizar la televisión, pero se le han enfriado los ánimos a medida que se acercan las elecciones. Ahora se excusa con el argumento de que hay que esperar a que lleguen tiempos más propicios, que dudo mucho que vuelvan alguna vez, pues no va a ser fácil que una empresa privada quiera asumir una plantilla de 441 personas, que en 2012 costó al erario público regional 38,7 millones de euros. En consecuencia, ese camino está cerrado, en mi opinión.

El problema, por tanto, es de modelo. Lo que se está demostrando inviable es que cada gobierno regional tenga una televisión para manejar a su antojo, porque eso es carísimo y lo acabamos pagando todos de nuestro bolsillo. Nunca debió haber televisiones autonómicas, y sobre todo en regiones que no tienen dos lenguas cooficiales.

La gran paradoja de todo esto es que hay una solución; y es fácil. Con los cientos de millones que se ahorrarían las autonomías se podrían firmar convenios con los centros territoriales de RTVE en cada autonomía, y a partir de ahí, aumentar la producción propia en cada uno de ellos, haciéndola compatible con la programación nacional.

¿Todavía estamos a tiempo? Solo si PP y PSOE estuvieran dispuestos a negociar un nuevo modelo de televisión pública, duradero, y que valiera para todos.¿Un imposible, como una ley de Educación por consenso, que nunca la hemos tenido?

De momento, esto es lo que hay. Y es la ruina.

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