La Universidad de Alcalá de Henares (UAH) ha elegido su nuevo rector en la persona de Carmelo García, oriundo de Cogolludo y vecino de Cabanillas, por una mayoría aplastante: el 57 % de los votos. Carmelo es catedrático de Métodos Cuantitativos para la Economía y la Empresa; hasta ahora era el vicerrector del Campus de la UAH en Guadalajara y por consiguiente ha liderado la construcción del nuevo campus en el antiguo complejo de las Cristinas, que empezó a levantarse en 2021 y que terminará a finales de 2026. La planificación es que comience a funcionar en el curso 2027-28, con una capacidad de unos 4.000 estudiantes, que, sumados a los matriculados en la actual Facultad de Educación (la antigua Escuela de Magisterio), supondrá que impartirá enseñanza a unas 5.000 personas.

Ha querido la dinámica democrática de representación universitaria que sea un alcarreño, Carmelo García, quien ostente el cargo de rector de la UAH cuando el nuevo campus de Guadalajara eche a rodar, poniendo así el broche de oro a un círculo virtuoso entre la universidad y Guadalajara, y que a mi juicio constituye el mayor éxito de la política local, provincial y autonómica en los últimos setenta y cinco años. Desde que el Conde de Romanones dejó la presidencia del Consejo de Ministros en abril de 1919, Guadalajara ha pintado muy poco en la política nacional y solo se la ha requerido para asumir lo que no quería nadie. No voy a extenderme sobre la tomadura de pelo que suponen asuntos como el trasvase Tajo-Segura, que el gobierno central no recorta ni con sentencias del Supremo a favor o que sus tasas las cobra la comunidad autónoma. Podría poner más ejemplos, pero no quiero distraerme del motivo de este post, que es celebrar el nombramiento de Carmelo García como un paradigma de las cosas bien hechas y al servicio de la comunidad; y de un proyecto de campus que por una vez ha puesto en valor la colaboración entre administraciones, que tanto echamos en falta en otros asuntos de gran enjundia, léase el Fuerte, estación de autobuses, comunicaciones…
Este éxito tuvo toda la pinta de convertirse en un gran fracaso y en un punto de discordia entre Guadalajara y la comunidad de Castilla-La Mancha. Hay que remontarse al nacimiento de las autonomías y la creación de las nuevas universidades, porque en el caso de Guadalajara el parto venía de nalgas. Por decreto de 30 de junio de 1982, y firmado por el presidente Leopoldo Calvo Sotelo, se crea la “Universidad Castellano-Manchega” y a la que se adscribe los colegios y escuelas universitarias que hay en las cinco provincias de la región, entre ellas Guadalajara. Ello despierta un gran rechazo en la provincia y en la ciudad, porque no estábamos dispuestos a cambiar una universidad en el Corredor del Henares por unos campus lejanos allende de La Mancha. Fuimos muchos los que escribimos que si ese era el propósito de las autonomías, alejarnos de la universidad y los hospitales madrileños, mejor no iniciar ese viaje. Ese estado de opinión se intentó atajar con una disposición adicional introducida en el Senado a instancias de Guadalajara y en la que se abría una ventana a la racionalidad: “Entre la Universidad Castellano-Manchega y la de Alcalá de Henares se articularán sistemas de colaboración que posibilite el establecimiento en la ciudad de Guadalajara de Centros dependientes de esta última Universidad”. Cambio el gobierno, el PSOE de Felipe González ganó por aplastamiento las elecciones del 28 de octubre de 1982 y el alcalde de Guadalajara, el socialista Javier de Irízar, se entrevistó con el todopoderoso vicepresidente del Gobierno, Alfonso Guerra, al que le trasladó el despropósito que suponía para Guadalajara cambiar una universidad que estaba a 15 minutos en tren por otros campus a 300 kilómetros, en La Mancha. Y después de la perorata, Guerra la preguntó al joven alcalde de Guadalajara:
-¿Tú crees que apoyamos el estado de las autonomías para complicar la vida a la gente?
-Alfonso, yo creo que será todo lo contrario- le respondió
-Pues vete tranquilo-, zanjó la entrevista.

A partir de ahí, el gobierno de España defendió que Guadalajara debería formar parte de la Universidad de Alcalá y así se recogió en todas los desarrollos legales posteriores, con la complicidad de todos los rectores que ha tenido la UAH desde el inolvidable Antonio Gala al más reciente José Vicente Sanz, con quien la Junta de Castilla-La Mancha firma el convenio para la construcción del nuevo campus, con Page en la presidencia, y que supone la mayor inversión que ha hecho la comunidad autónoma en la provincia. Este último proyecto no estuvo exento de problemas, empezando por su ubicación. En un principio alguien convenció a José María Barreda para que se ubicara en el polígono del Ruiseñor, como si fuera una nave logística más, pero el ayuntamiento de Antonio Román se opuso con buen criterio, porque era sacarlo de la ciudad y con ello privarnos de las sinergias que un campus universitario aportan a cualquier ciudad, como bien sabe Alcalá de Henares que ha consolidado su casco urbano (patrimonio de la Humanidad) a partir de la rehabilitación de edificios para la UAH, aunque sea más caro y engorroso. Fue siendo diputada socialista Magdalena Valerio cuando se empieza a hablar de la posibilidad de utilizar el complejo de Las Cristinas, perteneciente al Ejército, y que estaba vacío por falta de uso, suscitándose alguna iniciativa parlamentaria. En el último minuto del mandato de María Dolores Cospedal se firma un convenio entre el Ayuntamiento, la Junta y el Ministerio de Defensa, por la que el municipio compra los terrenos, que luego se los cede a la Universidad de Alcalá de Henares, para evitar sorpresas. Es la Junta de Castilla-La Mancha, con Page de presidente, la que en sucesivas anualidades impulsa la reconversión de Las Cristinas en un campus de verdad, ampliando los actuales estudios a nuevas carreras, que se impartirán en los edificios rehabilitados y que convertirán al campus de Guadalajara de la UAH es una oferta universitaria de calidad no solo para la ciudad y la provincia sino para todo el Corredor del Henares, al que pertenecemos. No se olvide. No lo olviden.
Y esto es lo que hay. Son ahora las instituciones locales y autonómicas las que deben aprovechar las sinergias que generará el campus para la ordenación urbanística de la zona, con una nueva estación de autobuses y residencias/o pisos de alquiler para universitarios (¿por qué no en el vecino Parque Movil, que está sin uso y en proceso de ruina?), sin olvidarnos de una iniciativa privada que debería aprovechar tener a cinco mil jóvenes universitarios con variadas necesidades.
Esto es lo que hay; sobre todo lo que puede traer este campus. Y si por una vez las cosas han salido bien en Guadalajara, habrá que decirlo. Y tomar nota de que siempre son mejores las políticas de colaboración que andarse con muros, sectarismos y fronteras artificiales.
LA FRASE: «Esto nos va a provocar un disgusto monumental y probablemente se produzca en Ceuta y Melilla. Es el punto más débil». «Pueden invadirnos y que, de repente, se presenten allí como se presentaron en Ceuta veinte mil personas; y a ver qué haces. Claro. Ese es el tema. Yo estoy convencido que algo van a hacer». «También algo Estados Unidos e Israel nos van a hacer porque este [por Sánchez] se ha empeñado en tocarle las pelotas a Trump».JOSÉ MANUEL GARCÍA-MARGALLO, ex ministro de Asuntos Exteriores.


