Archive for abril, 2026

Mentiras y demagogia con el trasvase

Ya les aviso que en los próximos días van a oír hablar mucho sobre el trasvase y sus reglas de explotación en los medios nacionales; y ya les anticipo que la mayoría de las cosas que se dirán es demagogia y propaganda; por lo tanto: mentiras. O medias verdades.

Sucede que el 5 de mayo, el Tribunal Supremo decidirá sobre un recurso presentado por el Sindicato Central de Regantes del Acueducto Tajo-Segura (SCRATS) para evitar que el Gobierno apruebe unas nuevas reglas sobre las cantidades a trasvasar al aplicar los caudales ecológicos que recoge el nuevo Plan Hidrológico del Tajo. Oirán y leerán que eso implicaría la muerte de la infraestructura, pero ya les anticipo que es mentira. Es cierto que en un ciclo largo de sequía ese caudal ecológico podría reducir la cantidad total de agua trasvasada temporalmente, pero nunca el cierre del trasvase. Y el que tenga alguna duda lo puede comprobar aquí, con la legislación vigente, que data de 2014.

¿Qué sucede entonces? Que el Tribunal Supremo, previsiblemente, dictará que el Tajo puede y debe tener unos caudales ecológicos, para proteger su flora y fauna, como el resto de los ríos de España sin que el hecho de sufrir el único trasvase entre cuencas hidrológicas se lo impida.

¿Qué hará el Ministerio de Transición Ecológica que patronea la señora Aagesen? Hasta ahora, han practicado la técnica del escapismo, como si fueran Houdini, pero si hay una resolución en contra de los SCRATS el 5 de mayo se va a enfrentar a algo que llevan años eludiendo: la obligación de establecer esos caudales ecológicos. ¿Lo hará? Yo lo pongo en duda, porque las elecciones locales y autonómicas se acercan (son el domingo 30 de mayo de 2027) y no querrá darle esa baza a los gobiernos del PP de Murcia y la Comunidad Valenciana que quieren de hacer de unos presuntos recortes del trasvase uno de los ejes de su campaña electoral. Ya lo advirtió hace unos días el presidente valenciano, Pérez Llorca: “O se cambian las políticas hídricas que no funcionan o a los dirigentes que están al frente del gobierno de España”.

Manifestacion en Sacedón contra el trasvase. /GUDiario.

Lo triste de todo esto es que las políticas hídricas, como la política exterior, la ordenación territorial, la enseñanza y otras que necesitarían de un consenso entre los dos partidos con posibilidades de gobierno deberían estar al margen de la estrategia electoral de ambos partidos y de cada gobierno regional. Pero con esto de la bipolarización y la política de muros y bloques cualquier consenso es imposible.

Así ha ocurrido que hace un año, el presidente murciano López Miras salió reforzado del Congreso al conseguir que todos diputados del PP votaran a favor de una Propuesta de Ley del PP para blindar el trasvase, que era pura demagogia. No salió adelante porque Feijóo y Sánchez prudentemente se ausentaron del Congreso, pero el presidente murciano consiguió visualizar -dice la prensa levantina- que los diputados socialistas murcianos y valencianos no rompieron la disciplina de voto y eso dejaba al PP y Vox como los únicos que defendían (presuntamente) los intereses de los regantes. Ya les digo yo que eso de los blindajes, ahora tan de moda, es un cuento chino, porque ni la Constitución es capaz de servir de blindaje ante asuntos tan principales como los indultos a los golpistas del Procés, la amnistía o la financiación privilegiada a unas autonomías sobre otras. Por tanto, lo único que se busca con esas iniciativas y otras del estilo es hacer política de campanario y dejar a unos como Cagancho en Almagro mientras otros se van de rositas. En el primer caso estarían los diputados del PP castellano-manchegos que votaron a favor de ese populista blindaje, hasta el punto de ser cierta una acusación que Paco Núñez hizo sobre Page de no haber conseguido un litro menos del trasvase durante su mandato. Es verdad: con el Memorándum que data de la época de Rajoy y que regula el trasvase, Page no ha conseguido reducir un solo litro al trasvase, la competencia es estatal, pero por lo menos su gobierno ha sido capaz de pedir en los tribunales que el gobierno de Sánchez cumpla la Ley, aun siendo de su partido. Hasta ahora se ha hecho el remolón, porque bien podría haber empleado su teórica mayoría parlamentaria para cambiar ese Memorándum de Rajoy-Cospedal que tanto criticaron desde la oposición.

Así que dejémonos de historias: 1º) Los caudales ecológicos, de aplicarse, no son el fin del trasvase, como dice el PP murciano y valenciano. 2º) Lo único que esta polémica del falso blindaje pone de manifiesto es tanto la falta de ganas del binomio Sánchez-Aagesen para aplicar los caudales ecológicos al Tajo como la falta de criterio en el PP nacional de Feijóo, que en esto se ha querido escapar por la gatera. Porque mientras en territorios como Aragón son furibundos antitrasvases (vean lo que dijo el presidente de Aragón en campaña) en otros como Castilla-La Mancha se limitan a hacer seguidismo de sus colegas murcianos y valencianos, que sí demuestran su fuerza, la que les da presidir ambos gobiernos regionales.

Pues esto es lo que hay. Mentiras y demagogia a raudales. Pues les digo una cosa: con su maximalismo de no querer perder ni una gota de agua aunque no les haga falta, como sucede cuando la cabecera del Tajo está en los niveles actuales, en el Levante están perdiendo la ocasión de centrar el debate sobre el agua en España para que nunca carezcan de ella; porque su economía lo merece. Pero para ello no deben cerrarse al agua desalada, que podría completar el trasvase en épocas de sequía.  Pero ahí está el asunto de la segunda desaladora de Torrevieja, que la señora Aegesen no es capaz de poner en marcha y en Valencia no quieren verla ni en los planos.

LA FRASE: “La ilusión de la derrota policial, política y social de la organización terrorista ETA se quiebra con la negociación política firmada por el presidente José Luis Rodríguez Zapatero y Arnaldo Otegi y se sella hoy con el gobierno de Pedro Sánchez. Son el paradigma de la crueldad contemporánea. ¿No es una crueldad intolerable ver salir de la cárcel, uno a uno a auténticos asesinos en serie, etarras con años de condena a sus espaldas, fruto de una negociación política indecente, entre gobierno y una banda terrorista?”. ANA IRIBAR, viuda de Gregorio Ordóñez, asesinado por ETA.

Una regulación tan necesaria como chapucera

España tiene un número indeterminado de migrantes irregulares. Ni tan siquiera sabemos cuántos, parece que entre medio millón y un millón; cuando no hay cifras oficiales es lo que pasa: que no controlas ni la estadística. En Guadalajara, donde hasta ahora no se están produciendo grandes problemas, la subdelegada del Gobierno no se atrevía a estimar el número de potenciales afectados.  Lo que sí sabemos es que esos migrantes sin papeles tienen derecho a ayudas de emergencia, a prestaciones sanitarias y a la educación (estas dos últimas a cargo de las Autonomías) porque han llegado a un Estado donde, todavía, esos derechos son universales al contrario que en otros países desarrollados sean del entorno o de más allá del Atlántico. Quiere esto decir que el gobierno de España -cualquier gobierno- solo tiene tres alternativas. Expulsar a esos migrantes que suponen un gasto para la administración pública, pero que no pueden contribuir fiscalmente con ella, asunto muy complicado incluso para los que desde el populismo lo reclaman. Regularizar a estos migrantes para que puedan tener contratos en A y pagar a Hacienda como los nacionales. Y una tercera vía -nos recuerda el politólogo Juan Ignacio Torreblanca– es la que adoptó un país democrático como Australia, pero que en España sería tachada de fascista y xenófoba: garantizar que toda persona que entre irregularmente en aquel gran continente repoblado en su nacimiento por inmigrantes ingleses-algunos de ellos presidiarios en cumplimiento de condena- es confinada indefinidamente en un centro de internamiento hasta que sea devuelta a su país.

El gobierno de Sánchez, siguiendo la vía que le marcaron hace 3 años con una iniciativa legislativa popular (ILP) varias docenas de organizaciones solidarias y caritativas, ha optado (tarde) por la segunda vía, y yo no lo critico, solo que en su plasmación ha cometido los más graves errores, empezando por convertir esta regularización en un arma electoral. Si hay un asunto, tan delicado como este, que necesita de un consenso social entre los dos partidos de gobierno y entre empresarios y sindicatos es este de la migración, por lo que se requiere una tramitación parlamentaria sosegada y no burlar otra vez al Congreso y al Senado, como si España fuera una autocracia a lo Xi Ping  y no una democracia parlamentaria. Pero es que Sánchez, en su huida hacia adelante para sobrevivir a su extravagante legislatura, ha enfadado también a la Unión Europea, que ya advierte que esta regularización en un país que está en Schengen afecta a la libertad de movimiento en el interior de la Unión y por eso ya han surgido voces que reclaman “aislar” a España e incluso su expulsión directa del espacio Schengen. Un gobierno español sin mayoría parlamentaria y sin el respaldo de sus socios europeos no se puede permitirse el lujo de abordar una regularización masiva, cuando ni tan siquiera tiene control y capacidad para contrastar los papeles que les presentan los interesados. Pero sobre todo por el efecto llamada que provoca. Todas las mafias del mundo ya saben que en España la siguiente regularización masiva empieza a contar desde el 30 de junio de 2026, plazo en que termina la presentación de la documentación para la actual. Y eso puede acabar rompiendo las costuras de cualquier estado de bienestar y dejarlo en las raspas. ¿Se imaginan qué haríamos con 700.000 migrantes si cambiara el actual ciclo económico, actualmente expansivo, por una crisis como la subprime de 2008? España necesita de la contribución de la migración, a la vista está, pero también de gobiernos responsables que se coordinen con la Unión Europea a la que pertenecemos.

Muchos se preguntan quiénes son los mayores beneficiados de estas colas en la calle y de la falta de respuestas del gobierno ante lo que ha iniciado. Cuando desde la moderación no se dan soluciones racionales a los problemas complejos siempre gana el populismo con sus mensajes simplistas, el último este de la “prioridad nacional”, que luego no hay por donde cogerlo con la Ley en la mano, porque en un estado de Derecho lo que no está en la Ley no existe; solo es bulla. Cuando el populismo de derechas parecía haber tocado su techo, ahí está otra vez Pedro Sánchez para reanimarlo. Y esto es lo que hay.

LA FRASE: “No podemos tolerar la regularización masiva que está llevando a cabo el señor Sánchez. Hay un enorme problema con los españoles hoy en día. Si yo fuera presidente aislaría a España del resto de las naciones europeas y restablecería los controles en la frontera. Esta decisión es contraria al espíritu europeo”. BRUNO RETAILLEAU, candidato a la Presidencia de Francia por el partido gaullista Los Republicanos”.  

Un retrato épico de nuestra sierra norte

No ha supuesto para mi ninguna sorpresa encontrarme con una formidable novela, no sé si costumbrista, que se acaba convirtiendo en un retrato épico sobre los pobladores de la sierra norte de Guadalajara. Lo ha escrito uno de sus hijos, de los que se marchó fuera para estudiar leyes, pero que no ha olvidado un ápice sus orígenes, está orgulloso de ellos y nos los ha contado como solo un serrano puede hacerlo. Es Rufino Sanz Peinado. Algunos le conocerán por sus exitoso paso por la política y la administración regional y provincial; pero yo hace tiempo que lo tengo por un gran novelista que es capaz de construir un relato certero, apasionado y apasionante, que mete al lector en la trama de la novela hasta formar parte de ella. En su Viento Tingitano, que relata una crisis entre España y Marruecos  en la frontera de Ceuta, ya me demostró sus cualidades de novelista; con tanto impacto que no dejo de acordarme de ella cada vez que se complican las cosas en aquella frontera -y sospecho que con el agraviado Trump y el rey Mohamed, siempre a la que cae, podemos tener un buen susto-.

Entorno de Robleluengo, con sabinas, jaras y cantueso y el pico Ocejón viéndolo todo./Foto: S. Barra.

En este libro de sugerente título: “Cuando Dios gobierna de lejos” no están en juego las intrigas de la geopolítica sino que en un lenguaje a la manera del realismo castellano también usado por Cela o Delibes, Rufino Sanz nos descubre cómo era su pueblo durante un siglo -el que va desde la mitad del siglo XIX a la mitad del XX-, como solo lo podía hacer un paisano que bebe en las fuentes orales de su propia familia. Rufino acomete una tardea admirable, como es reconstruir esa sociedad con fuentes que están casi agotadas, por razones de edad, en un relato que ya es antropología porque ese pueblo y esa sociedad ya no existe, pero merece la pena que sepamos como era. La sierra de aquel periodo histórico era “una tierra, bella y miserable al mismo tiempo” a la que todas las instancias sobrenaturales y terrenales gobernaban de lejos, como si no estuviera. El Estado solo se acordaba de los vecinos de esos pueblos serranos para hacer leva de sus jóvenes hijos para ir a la guerra de Cuba, porque la tierra no daba para sufragar esos seis mil reales que costaba pagar a un sustituto que los reemplazara, como hacían las clases acomodadas de la capital y la Campiña. “Había preferido la  guerra a la esclavitud”, escribe Rufino. Para los que no tenían que vérselas con los rebeldes cubanos, apoyados por la Norteamérica que empezaba a suplantarnos como imperio en América, les esperaba una dura prueba, primero de zagales, luego de pastores y finalmente de mayorales. Como esta sierra del antiguo común de Ayllón era al mismo tiempo bonita y despiadada, que “no podía mantener a sus animales en invierno”, todos los años cuando llegaba octubre había que recoger el ganado y llevárselo en trashumancia hasta Extremadura en un largo viaje que pasaba por Madrid y las llanuras manchegas del Guadiana.  Era un viaje iniciático para los zagales, porque los ponía a prueba y solo los más resistentes la superaban para volver y volver, año tras año. Aquellos pastores no esperaban gran cosa de la vida, apenas les bastaba con sobrevivir, porque entre tantos males que les podían ocurrir “no esperaban grandes noticias favorables; confiaban, sobre todo, en que no hubiera hechos nuevos que menoscabaran su esperanza de asistir a la llegada de un mes de mayo alegre». Pocos libros como este son capaces de trasmitir lo que era una constante en el medio rural castellano, aquello que podemos llamar resignación, esa especie de fatalismo por el que nos vale seguir como estamos sin aspirar a más.  Eso los que sobrevivían, porque “en los inviernos moría en Aldeanegra más gente que en las primaveras y en los veranos, tal vez por el frío, tal vez por el hambre, tal vez por la melancolía provocada por la ausencia de los que estaban tan lejos tanto tiempo”.

 Una ausencia que marcaba a fuego la vida en estos pueblos serranos, que en invierno solo acogían a mujeres, viejos y tullidos, por lo que la muerte de un mulo podía ser también la de su dueño al carecer de sustento para seguir labrando la tierra o acarrear con la leña del monte.  El Estado se llevaba a los hijos a la guerra, allá en el Caribe, pero se desentendía de las familias que aquí quedaban. Podían morir en la batalla sin que se comunicara el fallecimiento a sus seres queridos, por lo que las mujeres apenas salían de casa desde que se le llevaron al hijo, que hasta luto se ponían: “Cinco años ya. Todavía no ha vuelto y nada se sabe de él”.  

La ausencia está siempre presente en el libro. Ya sea la del hijo que está por Cuba, a saber, o la del marido que lleva a sus ovejas por la meseta sur durante siete meses y solo tiene noticias del nacimiento de un hijo o de la muerte de un padre por cartas que no llegan antes de un mes.  En Aldeanegra, las mujeres esperaban y esperaban: «El aguardiente, que endulzaba el carácter durante un instante y luego lo agriaba, que despistaba unas horas a la recurrente tristeza, que combatía el insomnio cuando el cansancio no era suficiente, que destrozaba y corroía a muchas mujeres poco a poco, era un bálsamo que se utilizaba para combatir ora la soledad, luego el hambre, por la noche la necesidad de un varón, de nuevo el hambre, otra vez la soledad».

Así era Aldeanegra, así eran los pueblos de nuestra sierra norte, habitados por individuos que no esperaban nada ni a nadie y que se conformaban con que siguiera todo igual.

El libro nos retrata con serenidad y realismo, sin exageraciones pero tampoco sin dejarse nada fundamental, la vida de una comunidad cerrada que usaba un léxico especial, con modismos y vocabulario, que ahora puede estar en desuso, pero que en su mayor parte sigue estando en el diccionario. Rufino Sanz ha tenido el acierto de recordarlo, y yo particularmente se lo agradezco, porque ya forma parte de nuestro patrimonio cultural: “Gueña, alverjanas, vallicos, cervunos, dalle, zarzo, cascarrias, mataduras, barboquejo, zoruza, aguazo, arpar leña, piales, verdijas, zahones, carlancas, chasgarrillos”.

Cabría decir para finalizar que Aldeanegra es Robleluengo, Cantalashayas es Cantalojas o con Rioca se está refiriendo a Riaza. Pero tampoco es estrictamente verdad, porque estos pueblos y su sociedad actual poco tienen que ver con los del libro. El progreso por fin llegó a la sierra norte de Guadalajara, ya no hay forasteros sino turistas, que llegan al reclamo de esa pizarra negra que tan bien queda en las fotos y que es producto de una arquitectura popular en la que convivían a partes iguales humanos y animales. Tiempos nuevos que a Marcos Robledo le habría costado entender. Pero es el progreso.  

LA FRASE: «Estoy seguro de que en los próximos años Putin va a llevar a cabo una guerra híbrida contra Europa y su objetivo continúa siendo el de debilitar las instituciones. Piensa que si destruye la unidad europea, Rusia será el poder hegemómico del continente.Le interesa la cizaña y para ello se aprovechará de las grietas que existen. En España hay grupos independentistas, que considero marginales, que Putin ve como puntos vulnerables del sistema.No estaría de más investigar los movimientos financieros en ese ámbito». MIJAIL JODORKOVSKI, empresario y disidente Ruso.

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