En la política hay que comerse sapos y Sánchez solo quiere fresas

El Comité Ejecutivo del PP, que Mariano Rajoy convocó sin prisas para este miércoles, aprobará  iniciar las negociaciones con Ciudadanos, lo que supone aceptar las condiciones previas que le presentó la formación liberal. Entre ellas hay algunos sapos que se va a tener que tragar  el jefe del Gobierno (en funciones), como es el caso de la comisión de investigación sobre el caso Bárcenas, que nos dejaría algunos momentos televisivos interesantes, aunque de poca enjundia en el fondo al tener que orillar procedimientos judiciales en marcha. Pero Rajoy se ha tenido que tragar el sapo de la regeneración bajo la fórmula magistral del boticario Rivera, aparentando que se lo toma como el niño bueno al que le daban antes aceite  de ricino. Y encima ha tenido que leer artículos del líder de Ciudadanos en los que este le reprocha que Rajoy “no es adecuado para liderar la nueva etapa”.  Como el propio Rivera se tiene que comer el sapo de ofrecer una negociación para cambiar la abstención inicial de Ciudadanos en un “sí”, desdiciéndose de todo lo prometido durante la campaña electoral. Pero el líder centrista contaba con que Rajoy iba a perder escaños y votos el 26-J, como vaticinaban todos los sondeos, y por ello él también se tiene que comer el sapo de investir al candidato del PP, porque este partido, lógicamente, no aceptaría  que le impusieran un presidente alternativo. Antes las elecciones.

El resto de las condiciones que van el recetario reformista de Ciudadanos requieren de una mayoría parlamentaria suficiente, con lo cual no compromete asumirla de saque. Luego ya veremos lo que pasa con la parte mollar, como es el caso de la reforma de la Ley Electoral y en qué sentido debería ir. Si lo que quiere Ciudadanos es que se desbloqueen las listas electorales, para restar poder a las cúpulas de los partidos. O lo que pretende es instaurar en España un sistema proporcional  puro, que sin medidas correctoras traería la inestabilidad permanente a la política española. No olvide Ciudadanos de que un sistema proporcional puro estuvo a punto de acabar con la República Italiana, porque eran necesarios hasta cinco partidos para formar gobiernos, que al final eran presididos por dirigentes de partidos minoritarios: el socialista de Craxi, los republicanos, socialdemócratas, radicales…Viejos partidos todos ellos que no sobrevivieron al  derrumbe de un sistema, que teóricamente era el más democrático porque respetaba la proporcionalidad del sufragio popular, pero que al final sembró Italia de corrupción (Craxi acabó fugado a Túnez), hasta tal punto de que tuvieron que dar marcha atrás. Es seguro que la Ley Electoral española es francamente mejorable, pero requiere de un consenso amplio, para establecer esas medidas correctoras y evitar la repetición de las elecciones, que es lo peor para la democracia, porque el ciudadano reniega de las urnas. A eso en Francia lo llaman segunda vuelta y en la Grecia del amigo de Pablo Iglesias, una bolsa de diputados adicional para el partido ganador con el fin de que pueda gobernar. Gracias a esa bolsa, Alexis Tsipras lleva dos legislaturas como presidente griego.

Supongo que el acuerdo entre PP y Ciudadanos saldrá adelante, a no ser que a Mariano Rajoy le haya indispuesto del todo, la sibilina idea de Albert Rivera de permitir que gobierne el PP, para formar luego un frente común con el PSOE en la oposición. Todo parece indicar que Rajoy está dispuesto a negociar los Presupuestos Generales del Estado, el techo de gasto y el cumplimiento del déficit, pero como el político gallego vea que tras la investidura aparece un abismo parlamentario imposible de surcar sin naufragar, tampoco descarten que al final no convoque la sesión de investidura, y que Arriola le recomiende  ir a unos terceros comicios. Ni pensarlo quiero, pero… como dicen de las meigas. Que nadie cree en ellas, pero «haberlas haylas”.      

Vamos a ser optimistas y a pensar que al final hay acuerdo de investidura entre PP y Ciudadanos,  pero entonces nos aparece al final del camino al guardián de la llave de oro, que no es otro que Pedro Sánchez. Un acuerdo entre PP, Ciudadanos y Coalición Canaria, todavía requeriría de 11 abstenciones para que Rajoy fuera investido presidente, y Sánchez jefe de la oposición.  La  apelación de Sánchez  a que  Rajoy busquen los votos en “las derechas” es sencillamente estúpida después de que la antigua Convergencia haya decidido avanzar con ERC y la CUP en la independencia de Cataluña (por lo que se necesitará un gobierno fuerte que asuma este desafío) o el PNV haya dejado sentado que con el PP, con unas elecciones vascas por medio, no va ni a tomar pintxos.

Sánchez no puede insistir en un argumento vacío, y lo que tiene que plantear al Comité Federal del PSOE es una pregunta muy simple: ¿Favorecemos la investidura de Rajoy, aunque sea de aquella manera,  o vamos a por las terceras elecciones el 18 de diciembre? Los barones socialistas no pueden seguir callados, con la excusa de que están de vacaciones, y no les va a quedar también a ellos más remedio que mojarse.  Les guste o no: como partido constitucionalista y de gobierno, que es el PSOE, tiene responsabilidades y servidumbres que no logramos adivinar en Podemos, y eso implica que el señor Sánchez, para lograr ser jefe de la oposición, antes debe permitir que España tenga un gobierno. Y si él no lo puede encabezar, porque sería como resucitar a Frankiestein la mayoría que debería liderar, no le queda otra que tragarse el sapo de Rajoy, porque en la política no solo se comen fresas con chocolate.  Como le podrían explicar Felipe González o José Luis Rodríguez Zapatero, que algo deben entender de esto.

Esto es lo que hay señor Sánchez. O lo toma o lo deja…para siempre.  Solo un hatajo de políticos irresponsables nos pueden llevar a unas terceras elecciones con lo que España se está jugando.

Sánchez, un jefe de la oposición sin gobierno enfrente

A la estrategia de Pedro Sánchez para llegar a ser el jefe de la oposición en la presente legislatura le falta lo esencial: para que esto sea posible debe haber antes un gobierno. Y la constitución de ese gobierno es incompatible con su actual estrategia de negar cualquier posibilidad de acuerdo con el grupo mayoritario de la Cámara, el PP de Mariano Rajoy, en base a un argumento de la edad de piedra del bipartidismo: que el PSOE y el PP son cosas distintas. Como si la UCD de Suárez,  la AP de Fraga, el PSOE de González,  el PCE de Carrillo, la Convergencia de Pujol o el PNV de Arzalluz fueran lo mismo cuando se sentaron en una mesa para negociar la Constitución. Con Sánchez  pilotando la Transición todavía estaríamos regidos (en funciones) por los principios Fundamentales del Movimiento.  Aprenda de lo que le dicen los mayores, como González, y que algo saben de esto.

El problema de Pedro Sánchez es que fue a las elecciones con solo una idea: ser el jefe de la oposición; lo logró al superar el PSOE a Podemos – él piensa que el partido de Pablo Iglesias ha tocado techo y que su falta de cohesión territorial le pasará factura-,  pero la aritmética le ha jugado una mala pasada. Tiró las llaves de la gobernabilidad al mar y ahora vamos a ver cómo las recupera.  Su negativa a cualquier negociación de investidura con el Partido Popular solo le deja abierta una vía posible, que en el PSOE  apenas cuenta con apoyos (Baleares, Castilla y León y Cataluña).  Me refiero a ese gobierno Frankiestein entre PSOE, Podemos, los independentistas de izquierdas y derechas, y hasta los batasunos de Bildu. Esto es lo que hay, señor Sánchez. O usted encabeza esa merienda de negros (con perdón), o posibilita la investidura de Rajoy, aunque sea de aquella manera, o nos vamos a unas terceras elecciones para finales de diciembre. Yo tampoco tengo la varita mágica de Andreotti para saber lo que va a pasar, y solo me guío por el instinto de conservación para escribir que no creo que lleguemos al extremo de repetir las elecciones. Pero no tanto lo creo porque  Sánchez se nos haga patriota y  no quiera arruinar a España, permitiendo la continuidad de un gobierno en funciones que no podría aprobar un presupuesto, y condicionaría negativamente el futuro de autonomías y ayuntamientos.  Por lo menos quiero pensar  que Sánchez no se quiere suicidar y acabar  con su carrera política, porque el resultado de unas nuevas elecciones llevarían a Rajoy al borde de la mayoría absoluta. Y a la izquierda a la ruina y al desencanto por volver a participar en otras elecciones navideñas.

De la misma manera que Sánchez tiene que resetear su estrategia a Ciudadanos le sucede tres cuartos de los mismo. Albert Rivera decidió antes de las elecciones que no pactaría con Rajoy, porque debía pagar por la corrupción de su partido, pero luego el pueblo español decidió darle una segunda oportunidad, aumentando sus apoyos, que le convierten en el único candidato posible sin tener que recurrir al independentismo, que como se ha visto en el parlamento catalán son de piñón fijo y van a lo suyo. Como el borrico en un sendero. Rivera tiene que revisar su cómoda abstención, que tampoco conduce a nada si Sánchez no se apea del otro burro,  pero Ciudadanos no solo debería pensar  en que Rajoy pueda formar gobierno. Sino que este gobierno sea viable y útil para los españoles. Y para ello Ciudadanos necesita demostrar que es un partido útil para España, y que negociando puede rebajar los humos al PP y acotar un campo de negociación que desemboque en una legislatura reformista y con un mínimo de estabilidad. Como Rivera no es tonto, también supongo que acabará negociando un pacto de Gobierno –como sería deseable—o como poco un pacto de investidura –como es más probable–, porque una repetición de elecciones llevaría indudablemente a la concentración del espacio liberal, que se ha llevado Ciudadanos, en torno al voto útil en el Partido Popular. Los tiempos del postureo han pasado, y ahora muchos queremos saber si tras las atractivas formas de Albert Rivera hay un político de verdad.

Por todo ello quiero ser optimista y prefiero pensar que algún acuerdo habrá, aunque con el PNV metido en elecciones, que nadie espere nada de ellos. Cualquier camino pasa porque los partidos constitucionalistas se dejen de estrategias y de política pequeña, y eviten unas terceras  elecciones el 18 de diciembre, que demostrarían una cosa. Que tenemos una ley Electoral que nos aboca a la ingobernabilidad con estos líderes políticos. Porque vamos a ver: ¿Cuántas elecciones necesita Sánchez para que le valgan a su proyecto personal? ¿Tres? ¿Cuatro? ¿Cinco?

Al gallego solo le vale con esperar, con hacer como si hiciera, pero a España y a su recuperación económica, ya palpable, tanto tacticismo nos puede costar muy caro.

P.D. Es cierto que algunos pacientes han seguido con su tratamiento en hospitales de la región, en lugar de acogerse al convenio con Madrid, pero porque los propios médicos así lo han aconsejado para evitarse cambios en mitad de un tratamiento que podrían resultar inoportunos. Pero de ahí a que el vicepresidente regional, el conquense Martínez Guijarro, de a entender que la gente de Guadalajara  prefiere los hospitales de Castilla-La Mancha a los de Madrid va un abismo. Sin entrar en detalles médicos, el que separa a Guadalajara de Albacete (casi seiscientos kilómetros de ida y vuelta) o con Ciudad Ral (unos 580). Que en Guadalajara no se nos ha olvidado contar y todavía sabemos por dónde queda Madrid. A pesar de las Autonomías.

El gobierno de García-Page va bien intentado que el Hospital de Guadalajara sea cada vez más autónomo, dotándose de nuevas especialidades, pero sin volverse locos y despreciar lo que ya tenemos. Un convenio para ser atendidos en unos magníficos, y vecinos,  hospitales en Madrid, que ojala que cada vez sea menos utilizado por ese crecimiento anunciado de nuestro Hospital. Pero no nos hagan bromas.  Aunque España, o lo que quede de ella, se constituya en estado federal, confederal o en un protectorado de Alemania, Madrid seguirá estando a 55 kilómetros de Guadalajara  capital y a  menos de 40 de Azuqueca.  Por los siglos de los siglos. 

Un nuevo punto de partida para un diálogo (de verdad) sobre el agua

El informe aprobado en el Parlamento Europeo sobre la gestión del agua en España, y en especial en las cuencas del Ebro y del Tajo, pese a no tener carácter vinculante, supone un antes y un después en cuanto a la forma de abordar las prioridades sobre el agua, y debería ser el punto de partida hacia una negociación de la que participaran todas las partes implicadas. Comunidades autónomas, sociedad civil (regantes, ribereños, plataformas de afectados….) y, por supuesto, el futuro gobierno de España.

El informe del Parlamento Europeo responde a las formas de hacer las cosas en Europa, en donde se prima el consenso entre el Grupo Popular Europeo (al que pertenece el PP español), los socialdemócratas (PSOE) y la Alianza de Demócratas y Liberales Europeos (de la que forma parte Ciudadanos). Y fruto de ese consenso prosperó una enmienda al informe que planteaba cambiar “completamente” el modelo de gestión de los recursos hidricos en España y “dar prioridad a los requisitos medioambientales frente a los económicos”. La cita era una manera de poner por detrás el trasvase (los “intereses económicos”) de un caudal ecológico más exigente que el actual (los “requisitos medioambientales”). No prosperó, como le hubiera gustado a  la Junta Castilla-La Mancha, pero a cambio la conclusión general del informe es contundente: los planes de las cuencas del Tajo y el Ebro incumplen la normativa de la Unión Europea, porque “siguen sin abordar todas las deficiencias identificadas por la Comisión Europea en 2015”. Además, el informe reconoce la “falta de caudal ecológico” y pide una revisión de los caudales actuales para que “logre una conservación favorable del estado de los hábitats naturales y especies de los lugares de la Red Natura 2000, que dependen del estado del agua”.

Por último, el informe de la UE recoge otra conclusión fundamental en todo este asunto: insta a las autoridades españolas a integrar el agua de las desalinizadoras para mejorar la seguridad del suministro y que el agua se destine a las cuencas orientales como el Segura y “no vincularse de forma alguna al Tajo”.

El informe aprobado justifica la posición del gobierno de Castilla-La Mancha de pedir  que se revisen los planes de Cuenca y que se hagan con “los consensos necesarios” y respetando la normativa europea. Una reivindicación que legítimamente plantearán al futuro gobierno de España, y que deberá ser más permeable que el actual, aunque solo sea porque necesitará de la negociación para sobrevivir con 137 escaños en un parlamento que tiene 350.

El gobierno de Castilla-La Mancha tiene la fuerza de la convicción para plantear una mesa de negociación en un escenario nuevo, pero se equivocaría si se conformara con utilizar este éxito en Europa,  para hacer política con minúsculas, y achacar todos los males que hoy sufre la cuenca a Cospedal y al Memorándum que se aprobó con el gobierno de Rajoy. Si bien este Memorándum no cubre, ni de lejos, las aspiraciones y prioridades de la cuenca del Tajo, en lo tocante a los trasvases tampoco se puede decir que lo haya empeorado: la reserva mínima  no trasvasable se subió  de 240 a 400 hectómetros, y si bien esta última cantidad me sigue pareciendo claramente insuficiente (los ribereños y ahora también la Junta reclaman se aumente a los 800 Hm3), en aritmética 240 sigue siendo menos que 400.

entrepenas-4-6-16La consejería de Fomento, con Elena de la Cruz al frente, tiene dos opciones: seguir como hasta ahora utilizando el agua del Tajo en clave de política interna (con poca rentabilidad, la verdad,  como demuestran los resultados en las últimas elecciones Generales) y aprovecharse de los exabruptos y el machismo del presidente del Sindicato de Regantes del Acueducto Tajo-Segura, José Manuel Claver, que mandó a la consejera a barrer la Consejería. O a aprovechar el nuevo  espacio que ha creado esta resolución del Parlamento Europeo  para iniciar ese diálogo con las comunidades de Valencia, Murcia y Andalucía, las tres beneficiarias del trasvase, que solo sería posible con un gobierno de España, dispuesto a abordar de una vez por todas los desafíos que plantea el agua en la cohesión territorial de España.

El primer camino, el del enfrentamiento directo con el levante español, ya sabemos a lo que nos conduce, al fracaso y a la frustración, como quedó acreditado en la iniciativa de José María Barreda para cambiar el Estatuto de Castilla-La Mancha, y liquidar el trasvase. Castilla-La Mancha debe asumir que el trasvase, hoy por hoy, es un recurso del  no puede prescindir el Levante español, y que por lo tanto  estamos ante un asunto de “interés nacional”. Pero al mismo tiempo desde el Levante tienen que aceptar que las cosas han empezado a cambiar, y que la alternativa de la desalación tiene que contemplarse sin los recelos actuales, porque el trasvase del Tajo no ha cumplido con las expectativas con las que se creó en cuanto a su capacidad de embalse, con lo que  deben depender cada vez menos de él. En ese sentido, la consejera Elena de la Cruz no estaba diciendo ninguna tontería cuando hizo referencia a los 9 céntimos metro cúbico que el Sindicato de Regantes paga el agua de Enrepeñas-Buendía. Porque es el meollo del asunto: si a los regantes no les resultara tan “barata” el agua del Tajo y el agua de la desalación no fuera tan “cara”, el Trasvase Tajo-Segura se mantendría en unas cantidades aceptables para todos.

Hago constar, por último, mi sana envidia por la unidad  con la que desde el Levante español se plantean todos los asuntos relacionados con el agua. Mientras que en el  Parlamento de Castilla-La Mancha no hay manera de aprobar una resolución por unanimidad, porque aquí nos dedicamos a discutir desde el sectarismo sobre qué gobierno es más o menos trasvasista, en el Levante español el agua es un asunto de estado, y da igual quien gobierne las autonomías afectadas. Como lo dejó muy claro el actual presidente valenciano, el socialista Ximo Puig, que gobierna con el Podemos valenciano.

Esto es lo que hay. O seguimos como hasta ahora, jugar al postureo con el Trasvase para al final solo conseguir 160 Hectómetros  más, lo que no deja de ser el chocolate del loro, o aprovechamos la ocasión que nos brinda el parlamento Europeo para promover un diálogo pragmático sobre nuevas bases, y que podrían acabar de verdad con una guerra del agua, que no interesa a nadie. Ni a Castilla-La Mancha. Ni al Levante español. Ni a España. Ni a Europa.

Un vademécum para viajar tras las huellas alcarreñas de Cela

Hay que agradecer al centenario del nacimiento de Camilo José Cela el estímulo editorial que ha supuesto para publicar o reeditar obras relacionadas con la Alcarria y el ya famoso viaje del Nobel, realizado en 1946, aunque editado en 1948, y que para mí sigue siendo uno de los mejores libros de viajes escritos en lengua castellana. Con este motivo, Diputación ha editado un atractivo  “Cuaderno del Viaje a la Alcarria”, con textos y producción de Fernando Toquero y Laura Domínguez, que es ideal para llevarlo en la mochila del viajero, y saber lo esencial de lo que nos vamos y no nos vamos a encontrar en esta Alcarria de hoy, tan diferente a la que cruzara Cela en una España mísera y sufriente de una durísima posguerra. Con el patrocinio de Diputación hemos tenido la ocasión de reeditar el libro Buscando a Cela en la Alcarria, que un servidor escribió con Salvador Toquero en 1982.  A la Diputación se debe también el relanzamiento de la Guía del Viaje a la Alcarria de Paco Gacía Marquina, que nos desvela multitud de datos y curiosidades sobre el Viaje a la Alcarria. Y editado por Aaache ha salido otro libro de Marquina, titulado “Cela”, así a la pata la llana, del que me ocuparé próximamente, y que es la continuación con una parte novedosa de un libro anterior publicado en Estados Unidos, con un contenido de gran sinceridad y rigor de un escritor del que se puede decir que es más celiano que el propio Cela. En su último blog, el prolífico Juan Pablo Mañueco también nos anuncia que también ha escrito un libro que publica Aache en homenaje a Cela y a su Viaje a la Alcarria, y que a buen seguro compensará el artículo que publicó recientemente en este digital, y con el que reconozco mi total y absoluta discrepancia. Pero esta es la salsa de la literatura y del oficio libre de los que la ejercen. Por lo menos en Guadalajara Diario.

viaje-alcarria-familiaHecho este preámbulo, para reconocer que aun muerto Cela sigue dando frutos a los que  seguimos sus pasos, como una abeja en un campo morado de lavanda alcarreña, hoy quiero centrarme en un libro que sinceramente me ha impresionado. Es un libro redondo en todo lo que debe reunir un buen libro de viajes: edición, producción, grafismo, fotografía, ilustración y textos. También está editado por la Diputación, y producido por Aaache, y se debe a la fuerza arrolladora de Jesús Orea, que ha tenido el mérito de condensar el enciclopédico conocimiento que tiene de esta provincia, y que mamó con Salva Toquero y un servidor en el irrepetible “Flores y Abejas”, en una obra que solo tiene 335 páginas, pero que no se deja una sola pista  sobre la historia, vida y milagros de los pueblos que recorriera Don Camilo en 1946. Tal es así, que lo que no venga en “Viaje a la Alcarria en familia” es que no existe o no merece ser tenido en cuenta.

Lo primero que tengo que decir es que a pesar de lo que pudiera sugerir la portada, no estamos ante un libro para niños. Lo que pasa es que el libro tiene la virtud de reservar al final de cada capítulo, un espacio dirigido especialmente a los niños,  con clara intención pedagógica,  escrito y diseñado para ellos, con pistas y otros reclamos para hacerlo más atractivo, pero que los adultos nos lo pasamos de miedo leyéndolo, buscando los dragones de la iglesia de Santiago, la estela de Moranchel, la secuoya de Gárgoles… Orea acaba cada capítulo con la amenidad que exige el lector infantil, a lo que ayuda las magníficas ilustraciones de Nora Marco, pero eso no significa que lo que viene antes sea un tostón para ilustrados pedantes. Todo lo contrario.

El segundo elogio que se puede decir de este libro es que cumple el objetivo declarado de no ser un texto para leer en el sofá, sino que está escrito fundamentalmente para ser una guía de viaje. En este caso, una rotunda guía de viajes, porque su autor no solo se recrea en describir historias, monumentos y aventuras, sino que si te indica que ahí hay una iglesia, un museo,  un puente o un pozo, además te dice cómo puedes llegar y lo que te vas a encontrar, y te ponen una dirección de internet para que abundes sobre ello.

OreaLibroLa tercera gran virtud de este libro es que está inteligentemente estructurado. Si hay algo que me da miedo de una presunta guía/libro de viajes es que por la erudición del que lo escribe  acabemos perdidos en el intento. Por eso es de agradecer el orden y concierto que sigue este “Viaje a la Alcarria en familia”.

Para empezar, en cada capítulo el lector encontrará una breve sinopsis de la huella literaria dejada por cada una de las localidades alcarreñas por la que pasó don Camilo. Aunque siempre es bueno llevarse el original en la mochila, el libro nos hace primero esa aproximación, por si las moscas. Luego viene una pincelada sobre lo que hay que saber de la localidad a la que llega. Continua con lo que hay que ver en cuanto a monumentos y edificios históricos. Prosigue con una atinada guía de recursos naturales del municipio en cuestión. Nos documenta sobre las fiestas y tradiciones de mayor interés. Y por último termina con esa parte que titula “Viaje a Guadalajara para niños”, y en la que pone todo lo anterior ante la curiosa mirada de los chavales.

Les invito a que se lean el capítulo sobre Guadalajara capital y comprueben cómo es posible decir tantas cosas en tan pocas palabras. No hay nada más difícil que escribir corto. Y en esto, porque Orea aprendió a escribir en una redacción en donde se contaban hasta las líneas (de plomo) sabe que hay que ir directamente al grano y dejarse de rollos. Quien todavía piensa que en Guadalajara solo tenemos el palacio del Infantado, que se lean ese primer capítulo y verán lo errados que están. Esta ciudad penará por la eternidad las barbaridades que se hicieron con su muralla y el casco medieval a principios del siglo XX, no tiene perdón de Dios por la destrucción de ingente patrimonio en los años del desarrollismo, pero a pesar tanto desmán, todavía le quedan una docena de monumentos y edificios de gran valor a interés. Lo que pasa es nos empeñamos en decir que en Guadalajara solo queda el palacio del Infantado y al final algunos se lo han creído. Otra virtud, en este caso de periodista, es que Orea nos da la última hora del monumento en cuestión, imprescindible en una guía que se precie. Y separa el polvo de la paja, como se acredita con sus cortos pero precisos apuntes históricos, y que a más de uno le permitirá aproximarse a  la grandeza pasada de estas viejas ciudades castellanas: Guadalajara, Brihuega, Pastrana… Las historias que nos cuenta Orea gustarán incluso  a los que no les gusta la historia.

Todo esto que he dicho, se va repitiendo a lo largo del libro en todos y cada una de las ciudades, villas y pueblos por los que pasó Cela. A saber: Guadalajara, Taracena, Torija, Brihuega, Masegoso y Moranchel, Cifuentes, los Gárgoles, Trillo, Viana de Mondéjar, La Puerta, Budia, El Olivar, Durón, Chillarón del Rey, Pareja, Casasana, Córcoles, Sacedón, Tendilla, Pastrana y Zorita de los Canes. Y como el reconocimiento no está reñido con la verdad del escritor, Orea no oculta los errores, como ocurrió con El Olivar, pueblo en el que Cela no llegó a entrar cuando hizo su viaje, y seguramente porque alguien le había informado mal, dijo que “El Olivar es un pueblo miserable, perdido en la sierra, en tierra de lobos y rodeado de barrancos”. Hoy en día, como precisa Orea, es uno de los más bonitos de la Alcarria, tanto por su geografía urbana como por las increíbles vistas del pantano. Y hasta por la gastronomía.

En el libro de Orea no hay sorpresas. No se deja nada en el tintero, pero emplea justo la tinta necesaria, sin barroquismos, y dicho eso dea Jesús es todo un elogio, porque tiene un alma de poeta que le desborda. Pero este libro íbamos de setas y no se rolex.

Diputación ha acertado de pleno en la recuperación del Viaje a la Alcarria, y en la idea de convertirlo en un producto turístico de primer orden. Pero como Guadalajara es algo más, e incluso don Camilo se dejó Alcarria por patear, habrá que pedir a la Diputación y a Orea que más adelante se empleen a fondo en enganchar de este poderoso clavo a parameras y serranías que quedaron fuera de esta ruta literaria, pero que también merecen nuevos viajes.

Aunque fuera con Rolls Royce y choferesa negra. Yo me apunto a lo último, todo sea por ayudar.

Esto es lo que hay. “Viaje a la Alcarria en familia”. Y hagan familia al viajar, que lo dice el tío Jesús.

PSOE, Ciudadanos y el síndrome del perro del hortelano

Las elecciones del 20-D nos trajeron dos finales posibles: la gran coalición PP+ PSOE;  o un gobierno tutifruti de todos los que no habían ganado las elecciones. Fracasaron ambas opciones y hubo que repetir las elecciones a los seis meses, como los alumnos que se han pasado el curso vageando.

Y habló otra vez el pueblo, que con gran sabiduría despejó todavía más el problema, dejando una única solución, aunque con varios caminos. La solución es que gobierne el candidato del único partido que ha subido en votos y en escaños, el PP de Rajoy con 137 escaños, porque otra solución es de aritmética imposible. Con 52 escaños menos que Rajoy, ya ni tan siquiera le vale a Sánchez intentar otra investidura para el  postureo, como hizo con Albert Rivera, porque resultaría patético. Queda por tanto explorar esos dos caminos que se nos ofrecen para llegar a esa encomienda que ha hecho el pueblo español.

El primero de ellos sería un gobierno a la alemana entre conservadores y socialdemócratas, que pactara un programa de consenso con el que abordar los principales problemas que tiene hoy en día la nación y que ningún bloque ideológico está en condiciones de imponer: competitividad y mercado laboral; educación, política territorial, relaciones con Europa y reforma constitucional. Temas todos  ellos que requieren de una amplia mayoría, como sucedió con la Constitución del 78, y que necesita del mismo espíritu de consenso que regó aquella.Pero… Este gobierno patriótico, que en Alemania se acepta por el interés general, en España no tiene ninguna posibilidad de armarse, porque el PSOE cree que sería un suicidio dejar toda la oposición a Podemos.  Tampoco la militancia socialista está mayoritariamente por la labor. Para nuestra desgracia,  España no es Alemania y así nos  luce el pelo. Ya no ganamos ni en fútbol.

Aparcamos, por tanto, la solución alemana, y nos dirigimos al otro camino posible: Rajoy debería sumar a su proyecto a Ciudadanos , al PNV, a Coalición Canaria y todavía necesitaría que un diputado más se fuera al baño, por problemas de vejiga, por lo menos en la primer votación. El camino, como ven,  está sembrado de peligros.

Albert Rivera tiene que decidir de una vez qué quiere ser de mayor; y pringarse. Ya no está en condiciones de exigir al PP la cabeza de Rajoy, después de que este ha ganado  14 escaños y él ha perdido 8, y su estrategia debe cambiar. Decidir si quiere influir y moderar al futuro gobierno, con su participación en el mismo o mediante un pacto de investidura, o enrocarse y seguir como hasta ahora rechazando cualquier acuerdo con Rajoy. El resultado de Ciudadanos ha sido malo, porque ha dejado un retrato de  partido periurbano, cuya penetración social se limita a Madrid, Barcelona y alguna otra provincia poblada, pero carece de respaldo en las dos Castillas (solo ha sacado un diputado en Valladolid), a lo que no es ajeno su disparatada propuestas de fagocitación de los municipios menores de cinco mil habitantes, o la eliminación de las diputaciones, unas instituciones cercanas a los ciudadanos,  para centralizar todavía más el poder  en las autonomías. Un partido que se reclama de centro no puede gobernar de espaldas a Castilla,  de toda la cornisa cantábrica y las islas. Es cierto que todavía le queda un importante bagaje electoral de 32 diputados y 3.123.764 votos, pero el derrapaje que se ha pegado Rajoy el 26-D le tira por tierra a Rivera la estrategia que había planeado para el  27-D. Si Ciudadanos opta por vetar al candidato que ha ganado las elecciones, y el único que está en condiciones de poder gobernar, el voto útil que ya le ha perjudicado  una vez les acabaría barriendo del mapa electoral. A Rivera no le queda otra que permitir con sus votos un gobierno de Rajoy, influir todo lo que pueda en él, y mientras tanto armar un partido verdaderamente nacional, y no solo de jóvenes guapos y  urbanos. España es mucho más. Y lo primero que Albert debe entender, y si no debe haber en Ciudadano algún castellano  que se lo explique, que provincias como Guadalajara se parecen a la de su natal Barcelona como un huevo y una castaña.

En el camino hacia la investidura que no incluye al PSOE,  Rajoy tendría que convencer al PNV de Urkullu y a Coalición Canaria. Y todavía le  faltaría un voto más para salir en primera votación. Por Coalición Canaria el pacto no va a quedar, pero más dudas tengo si el PNV va a dar el voto favorable a un gobierno del PP,  teniendo a la vuelta de la esquina elecciones en el País Vasco. Urkullu no es Mas, ya lo sabemos, pero las elecciones vascas son un gran inconveniente.

Así que este segundo camino tiene también unos socavones importantes, porque  aunque  Rajoy lograra, por patriotismo e interés, el  respaldo de Rivera, todavía necesitaría  siete votos más para alcanzar la mayoría absoluta.

Y llegado a este punto,  si Rajoy fracasa, y una nueva convocatoria electoral se hiciera inevitable es cuando habría que volver a la casilla del PSOE.

Los socialistas tienen que reorganizarse desde la oposición y analizar seriamente qué les ha pasado para ir perdiendo espacio político en la izquierda y escaños en el parlamento desde la derrota electoral  de Zapatero. Cómo volver a hacer atractivo el mensaje socialdemócrata frente al discurso populista y poco armado de Podemos, pero a la vez tan eficaz entre los jóvenes y esas clases medias proletarizadas  por los efectos de la crisis. El PSOE necesita ser un partido de gobierno para sobrevivir a la marea populista, y eso solo lo puede hacer liderando una oposición seria y rigurosa, que le visualice precisamente  como alternativa de gobierno. Sánchez ha salvado los muebles de milagro y no tanto por méritos propios, sino porque miles personas que decían a los encuestadores que simpatizaban con Podemos al final no les dieron el voto, porque sospecharon que  podían ser unos pésimos gobernantes. Y los experimentos, mejor con gaseosa,  según están los tiempos post Brexit.

Vemos, por tanto, que el camino de Rajoy está embrado de minas. Y si no fuera porque al PSOE y Ciudadanos son a los que menos les interesan una repetición de elecciones, apostaría porque Rajoy  fracasaría otra vez.  Mi esperanza: que tanto Rivera como Sánchez asuman que cuando el pueblo español, por segunda vez en medio año, ha dicho que debe gobernar  en minoría el partido que lidera  Mariano Rajoy, por mucho que a ellos no les plazca por lo menos debe imperar el patriotismo y el espíritu democrático. En España desgraciadamente no tenemos segundas vueltas para dotar al ganador de una razonable mayoría, pero ya hemos celebrado dos elecciones seguidas  y con el mismo resultado en cuanto a la fuerza que debe encabezar ese gobierno.

Si el pueblo español tiene la sensación de que PSOE y Ciudadanos, siguen con la estrategia del perro del hortelano…No lo duden: en las terceras elecciones puede que a Rajoy solo se baste  con el voto de Coalición Canaria para salir elegido presidente. El  señor Rivera seguiría los pasos de Rosa Díez. Y  Sánchez, muy probablemente, esta vez sí  que sería superado por Pablo Iglesias y se le pondría la cara de Papandreu.

Esto es lo que hay.  Solo que esta vez, la última carta, el comodín con  la repetición de las elecciones, la juega Rajoy, que como ha quedado acreditado se mueve bien en esto de medir los tiempos.

El PP recupera un papel central, pero tendrá que negociar

Una análisis apresurado de las elecciones dejan una conclusión que no tiene vuelta de hoja. Mariano Rajoy ha aguantado el tirón y el PP ha sido el único partido que ha subido en escaños en estas elecciones. Lo ha hecho en 14 escaños, llegando a los 137. Esto significa que ha sumado 52 más que la segunda fuerza más votada, que es el Partido Socialista. Una enorme ventaja.

Con la calculadora en la mano, cualquier gobierno que se pueda formar tiene que pasar por el Partido Popular. Esta es la principal diferencia sobre el parlamento que salió de las elecciones del 20 de diciembre. Ya ni tan siquiera valen extrañas coaliciones entre Podemos, PSOE y soberanistas,  que no prosperaron ante la negativa de Partido Socialista.

Pero si Rajoy es el claro vencedor de estas elecciones, y su partido recupera un papel central en la política española, no va a tener fácil formar gobierno: necesita del apoyo de Ciudadanos, PNV y Coalición Canaria, que entre todos suman 175, con lo que aun tendría que irse al lavabo otro diputado para que salieran 176, que es la mayoría absoluta.  A Rajoy no le va a resultar fácil lograr estos apoyos, aunque solo sea para gobernar en minoría en una segunda votación, pero no le queda otra. De no lograrlo habría que repetir las elecciones. Y esto no hay cuerpo electoral que lo soporte. Ya ven la abstención: la más alta de la historia de nuestra democracia.

El PSOE ha salvado los muebles, porque ha resistido el embate de Unidos Podemos,  pero cosecha el peor resultado de su historia con cinco diputados menos: 85. Aunque en Ferraz hay una sensación de alivio, a partir de mañana tiene que iniciar una profunda reflexión sobre cómo un partido socialdemócrata ha podido  llegar hasta el borde del precipicio. Y qué condiciones  va a poner a Rajoy  si este les pide negociar  al menos su abstención. Para analizar su derrota en Andalucía, el feudo de Susana Díaz, lo que le va a frenar como alternativa a Sánchez.  Les ha venido bien los malos presagios de los sondeos y la amenaza de Unidos Podemos. Porque ha supuesto un estímulo para sus votantes.

Unidos Podemos ha fracasado en su objetivo de ser la primera alternativa de gobierno  y una vez más se ha demostrado que en política  dos y dos no siempre son cuatro. Han sacado los mismos escaños que yendo Podemos e Izquierda Unida por separados. El pueblo español, en un momento de gran trascendencia no ha querido hacer experimentos con una coalición entre comunistas, bolivarianos, nuevos socialdemócratas y nacionalistas varios que integran sus confluencias. Si van adelante o para atrás dependerá mucho de si el PSOE sale de las tinieblas y recupera su identidad.

Ciudadanos pierde ocho escaños y ha sido el principal perjudicado del voto útil que se ha concentrado en torno al PP por el miedo a una barrida de Unidos Podemos. Al  igual que el PP debe tratar con gran consideración a un partido que tiene 32 diputados y 3.123.764 votos, Rivera no puede ignorar el avance de Rajoy  y vetar de saque cualquier diálogo que conduzca a una nueva candidatura del actual presidente en funciones. Porque eso significaría con gran probabilidad  repetir elecciones y no parece que a Ciudadanos le convenga. Rivera va a tener que romper algún huevo para hacer esta tortilla y pringarse.

Mucho ojito con los 5 escaños del PNV, que vuelven a adquirir un gran protagonismo. Menos mal que este Urkullu parece un hombre sensato y no quiere acabar como Arthur Mas.

En Guadalajara se sigue la rueda nacional, y el PP recupera el segundo escaño que perdió el 20-D. Y lo hace con 51.942 votos, veintiun mil más que el Partido Socialista. Un éxito indudable.

Pablo Bellido la logrado mantener la hegemonía del PSOE en la izquierda, sacando casi siete mil votos más que Unidos Podemos. Han dado la vuelta a las encuestas que auguraban un “sorpasso” de la coalición socialcomunista con una campaña en la que han puesto el acento en el guadalajareñismo de su candidatura. Un acierto.  Por contra Unidos Podemos no ha sumado el voto que ambas formaciones lograron por separado en las anteriores elecciones: 23.736 votos Podemos y 5.605 Izquierda Unida. Nada menos que 5.609 votos se han quedado por el camino. Este fracaso es un justo castigo a la soberbia de Pablo Iglesias que puso como candidato a un señor de Galapagar y que como principal mérito tenía el ser su amigo. Ya le vale.

Ornela de Miguel es  la diputada alcarreña más breve de la historia de nuestra democracia: menos de seis meses.  Han perdido el escaño, pero su resultado en Guadalajara sigue siendo muy notable: 21.501 votos. Esto quiere decir que en Guadalajara hay todavía mucha gente, que incluso en unos comicios en los que el voto útil les ha hecho daño,  apuestan por una opción centrista y liberal.  Están en un momento  crucial en el que o bien tiran hacia adelante y se buscan un lugar al sol o pueden empezar a perder gas.  Esto es lo que hay.

El Brexit debilita Europa y relanza al populismo

Viernes negro para el Reino Unido y Europa en general. Por un millón de votos de diferencia, apenas cuatro puntos, Gran Bretaña ha decidido abandonar la Unión Europea. Una decisión que ha partido al  reino en dos: a favor del Brexit, Inglaterra y Gales, y la población de más edad; en contra, Escocia e Irlanda del Norte, y los británicos más jóvenes.

El Brexit es el golpe más duro al ideal europeo que imaginaron  los Schumann, Adennauer, Monnet  y otros  fundadores de la CECA al terminar la II Guerra Mundial. Una unión política y económica en la que la concertación de intereses nacionales y el diálogo político sustituyera al nacionalismo rampante, que fue el combustible de las dos guerras mundiales que sufrimos  en el primer tercio del siglo XX.

El Brexit es también el triunfo del populismo como forma de acción política. La salida de la Unión Europea era apoyada por el ala más rancia del Partido Conservador, pero también por el ultranacionalismo del UKIP, que necesita de enemigos exteriores  para definir sus posiciones ante la ausencia de alternativas propias. El programa de los que han ganado este referéndum es el de carecer de todo programa. La identificación de Europa y sus instituciones como el gran culpable a los problemas que aquejan a Gran Bretaña, que no son diferentes a los de otros pueblos desarrollados, ha calado en gran parte de la sociedad británica, que como en tiempos del viejo Imperio vuelve a creer que replegar al reino sobre sí mismo al estilo del siglo XIX, puede ser una solución en un mundo globalizado como es el actual.

El Brexit abre también la Caja de Pandora ante populismos de toda especie, que aprovecharán el “Leave” británico para intentar repetir el proceso en sus respectivos países. No ha faltado un minuto para que la ultranacionalista Marine Le Pen haya reivindicado otro referéndum para Francia. Europa vive un renacimiento de los nacionalismos con partidos cada vez más pujantes en Austria, Hungría, Chequia, Holanda o Dinamarca, que detestan a la Unión Europea. Gran Bretaña es el primer país que saldrá de la UE por voluntad propia  y su ejemplo es un aliento para el retorno al aislacionismo, el proteccionismo y la autarquía como forma de relacionarse con el mundo.  La huída del Reino Unido es un duro golpe para la Unión Europea, solo atenuada porque una mayoría de los británicos nunca acabaron de creer en el proyecto europeo, y por eso estaban en sus instituciones a la carta, con numerosas cláusulas de salvaguardia para no perder soberanía. Pero una ascensión de los ultranacionalistas en un país como Francia acabaría con el proyecto europeo de cuajo, que a día de hoy sigue teniendo dos pilares irreemplazables: Alemania y Francia.

El Brexit  ha dejado tocada a Europa, que hoy es más débil que ayer, y sumida en una montaña de interrogantes, que tardarán en despejarse al menos dos años, los que contempla el Tratado para cualquier desanexión. Dos años de incertidumbres. Por de pronto habrá que ver cuál es el impacto real en el PIB británico del “Leave” y hasta qué punto esto se traducen en una nueva recesión para el Reino Unido, y por extensión de Europa. En España no podemos olvidar los importantes intereses que empresas nacionales tienen en el Reino Unido  (Santander, BBVA, Telefónica, Iberdrola, ACS…) o que el mercado británico es el primero para el turismo español tanto en visitas como en la compra de viviendas. Con lo que la pérdida de valor de la libra hará a los ingleses menos viajeros e inversores, por lo menos hasta que el panorama empiece a aclararse.

El Brexit  es también un serio aviso para los partidos tradicionales (conservadores, liberales y socialdemócratas) que como constructores de un edificio europeo, que nos ha propiciado el mayor periodo de paz y prosperidad, últimamente  no han sabido reaccionar ante los efectos de la crisis. Se han aplicado demasiadas soluciones financieras que al final se han cargado sobre las espaldas de las clases medias europeas,  provocando su empobrecimiento, mientras que los verdaderamente ricos ahora lo son más que hace siete años. Esta progresiva proletarización  de las clases medias  ha estado históricamente detrás de cualquier auge del populismo desde el momento en que millones de personas llegan a la conclusión de que el sistema ya no les protege, y caen en los brazos de los telepredicadores  que ante problemas muy complejos ofrecen soluciones aparentemente sencillas, que van desde el cierre de fronteras  y los “nacionales primero” del populismo de ultraderecha al feroz intervencionismo y al aumento desmedido del gasto público y de los impuestos entre los que retoman viejas recetas neomarxistas que ni funcionaron antes ni funcionarán, ahora. El riesgo para Europa es que  cada vez hay más personas bienintencionadas  que creen en las recetas-milagro de esos nuevos chamanes de la política, y han llegado a la conclusión de que no tienen nada que perder.  Y no les importa asomarse al precipicio para mirar qué hay en el fondo, aunque sea por la novedad.

El Brexit nos dibuja por tanto una Europa con más dudas, que deberá tomar decisiones trascendentes ( o vamos de verdad hacia los Estados Unidos de Europa o esto se va al garete) y necesita de gobiernos nacionales estables, trasversales y de amplio respaldo, como sucede en Alemania, que puedan afrontar tales retos con garantías. Si hay un momento en el que la prudencia aconseja que no se deben hacer experimentos con gaseosa es este.

Con un irresponsable como David Cameron, el político más inútil del Reino Unido desde Chamberlain (aquel que creyó que se podía parar a Hitler solo con palabras) , ya tenemos bastante.  Pero no es fácil encontrar a un Churchill con coraje suficiente como para liderar esta compleja situación. Aunque una cosa debemos de tener claro: si fracasan las reformas o no se impulsan con decisión, si el estado del bienestar se diluye y  pretendemos reactivar el consumo y la competitividad empresarial solo  a base de bajar  los sueldos y cargar la mano sobre los que pagamos el IRPF; y si se escapan por la gatera los que tributan por fondos y sociedades,  lo que nos espera detrás del muro de Adriano son los nuevos bárbaros.  Otra vez.

Esto es lo que hay.

26-D: Un nudo gordiano muy difícil de deshacer

Las elecciones del 26 de Junio de 2016 muy probablemente no desharán el nudo gordiano que atenaza a nuestro parlamento desde el 20 de Diciembre de 2015, lo que nos abocaría a unos terceros comicios antes de que acabe 2016; o a una “solución a la italiana” en la que no estuvieran los actores principales de los cuatro partidos nacionales. Esta es mi conclusión tras analizar los estudios electorales publicados este fin de semana (el lunes es el último día para publicar nuevas encuestas), entre los que se encuentra el realizado por SyM Consulting para Guadalajara Diario y otros medios de comunicación regionales.

Vean cómo está el panorama de enrevesado. Con el reparto parlamentario que nos dibujan los sondeos solo sería aritméticamente viable una coalición entre PP y PSOE; o en su defecto  un gobierno presidido por Pablo Iglesias, con Pedro Sánchez u otro dirigente socialista de vicepresidente, y el apoyo de uno o dos grupos parlamentarios soberanistas. ¡Díganme si no sería más fácil que Fernando Alonso con ese motor  quedara campeón del mundo de Fórmula 1!

Doy por descontado que un pacto a la alemana entre conservadores y socialdemócratas en España es una quimera, y no solo por razones de programas, que en último caso se podrían limar, como sucede en la Unión Europea, sino porque en España  PP y PSOE siguen estando demasiado cerca como para establecer un liderazgo indiscutible. En Alemania nadie tuvo dudas de que fuera la señora Merkel la que presidiera el gobierno de coalición, mientras que en España Rajoy pierde la capacidad de liderazgo si el PP se limita a mantener los resultados (encuestas de Guadalajara Diario, ABC y El Mundo) o incluso podría perder hasta una decena de escaños (El País y El Periódico). Si no hay un vuelco que los sondeos no esperan en esta última semana, la primera tarea del PP no va a ser postularse para formar un gobierno imposible, sino la de  elegir un líder que saque a este partido del marasmo  en el que se encuentra y que esté listo ante la eventual convocatoria de nuevas elecciones.

En el caso de Pedro Sánchez, su situación es todavía peor. Absolutamente todos los sondeos avanzan que los socialistas volverán a rebajar su suelo electoral sobre los 90 escaños del 20-D, aunque su deriva es cruel. Su líder dejaría de ser el jefe de la oposición parlamentaria, y el PSOE el primer partido de la izquierda, lo que constituye un problema agravado por la aplicación de la diabólica Ley de Hont, que está pensada para primar a los dos partidos más votados. Pero a diferencia del PP, la sucesión de Pedro Sánchez se haría en un escenario tenebroso, porque el PSOE está amenazado por una OPA hostil de Pablo Iglesias y sus aliados comunistas, que quieren quedarse con todo el pastel que se merienda en la izquierda. Algo que no se ha vivido en democracia y que nos retrae a los tiempos más duros del gobierno de la República cuando al complicarse la situación militar en la guerra  los comunistas se hicieron con la presidencia del Gobierno y tomaron todas las riendas. La gran noticia que nos dejan estos sondeos es esa: que la socialdemocracia dejaría de ser la primera alternativa de gobierno de España, y que sería sustituida por una coalición entre populistas y comunistas, situación que en Europa solo se ha vivido en Grecia, con la incertidumbre que ello llevaría consigo.

Pablo Iglesias no tiene ninguna posibilidad de ser presidente de un gobierno de coalición con el PSOE, porque sería el suicidio político de un partido histórico; y él lo sabe. Y por eso no le preocupa que  la eficaz campaña que está haciendo a base de explotar un perfil socialdemócrata no se corresponda con un programa electoral inviable de aplicar, por su intervencionismo feroz, que nos llevaría a un choque inmediato con las instituciones europeas de las que dependemos para financiarnos; como sucedió en Grecia. Todo esto lo sabe Iglesias, que es el más listo de la clase, y que utiliza estas elecciones solo como plataforma para los siguientes comicios,  en los que se podría presentar, esta vez sí, como la única alternativa a un gobierno de centro-derecha en España.

Y también lo sabe Albert Rivera, condenado a la irrelevancia con estos resultados, porque no podría formar gobierno con nadie. Pero Rivera es otro de los que en los últimos días se ha puesto en modo 27-D. Ante la presumible caída de Rajoy, él ya se está apuntando el tanto de que lo ha vetado como presidente en un futuro gobierno de coalición. Pero en el fondo lo que hace Rivera es mirar a medio plazo, y ante un proceso destructivo en las filas del Partido Popular, como se produjo en su día tras el fracaso electoral  de Unión de Centro Democrático, se presentaría como el líder no socialista  con más proyección para poder hacer frente a Pablo Iglesias en esas terceras elecciones que se vislumbran en el horizonte.

Quedaría una alternativa para evitarlas, la que podríamos llamar “vía italiana”, aunque particularmente tengo escasa confianza en ella. Porque España no es Italia, ni nuestro Rey tiene la misma capacidad de maniobra de un presidente de la República italiano, y estoy pensando en el prestigioso Napolitano que ante el atasco institucional que vivía el país con Berlusconi y sus gondoleros, se sacó de la chistera a un tecnócrata como Monti, que salvó los muebles de la inundación. No veo al Rey, ni creo que se arriesgue, maniobrando como Torcuato Fernández Miranda una solución por encima del PP y el  PSOE, pero lo peor es que tampoco veo que por sí mismos, los partidos constitucionalistas lleguen a un pacto para formar un gobierno trasversal que, con una reforma puntual de la Consticuión y algunas medidas inevitables para asegurar el crecimiento de la economía, desate este nudo gordinano. Entre ella estaría poner en marcha el reloj para la formación del nuevo gobierno, que a los padres de la Constitución de 1978 se les olvidó. Aunque sea un sinsentido, si nadie se presenta a la investidura como presidente del Gobierno, porque carece de apoyos suficientes en el parlamento, Rajoy podría seguir en funciones tres años más a base de prorrogar el actual presupuesto, y tener que aplicar las leyes que un parlamento dominado por la oposición le enviara. ¡Todo un disparate!

Situación a la que nos ha llevado la Ley de Hont, que es sencillamente diabólica cuando entran en liza más de dos partidos. Nunca como ahora echo tan en falta los distritos uninominales británicos, que no atan de pies y manos a los parlamentarios, o por lo menos el sistema francés que en la segunda vuelta permite a la formación ganadora contar con una mayoría suficiente para gobernar el estado, la región o el ayuntamiento. En España, lo que elegimos el día 20 es a unos parlamentarios  que se podrían pasar meses  de postureo haciendo como  si quisieran gobernar, pero al final el que sigue en el día a día es un presidente en funciones, que está atado de pies y manos a un parlamento de la oposición, y que, puede, que ni tan siquiera sea ya el líder de su propio partido. ¡Nuestra ley electoral hace aguas, sí!

No me gusta nada de lo que he escrito hasta ahora, y me complacería equivocarme y  que los resultados del domingo desmintieran en lo esencial estos presagios. ¡Y que España pudiera formar un gobierno responsable y que se pusiera a trabajar desde el primer día, no dentro de cinco meses, en reformas constructivas para que nuestra economía no se frene otra vez, y sea capaz de generar un empleo de mayor calidad , que evite el adelgazamiento progresivo de nuestras clases medias, que siempre está detrás de cualquier brote populista! Como la historia nos enseña. Pero esto es lo que hay.

P.D. Les copio los últimos sondeos para que se hagan su composición de lugar.

Guadalajara Diario:  PP, 122-125; PSOE, 79-82; UP, 87-89; C’s, 36-38.

El País: 113-116; PSOE, 78-85; UP, 92-95; C’s, 37-41.

ABC: PP, 121-124; PSOE, 80-83; UP, 86-92; C’s, 38-40.

El Mundo: 124-129; 73-78; UP,  86-92; C’s, 35-40.

El Periódico: PP, 114-118; PSOE, 80-84; UP, 84-88; C,s 40-44.

Radiografía del 26-J desde Guadalajara

Un sondeo bien hecho es solo una fotografía que retrata cuál es el estado de ánimo y las preferencias electorales en la fecha en que este se lleva a cabo. Y el realizado por S y M  Consulting en exclusiva para Guadalajara Diario, y que ayer comenzamos a publicar, lo que nos informa es que antes del comienzo de la campaña electoral (días 1 y 2 de junio)  el PP no recuperará el segundo diputado; que Unidos Podemos logra superar al PSOE (el famoso “sorpasso” que Anguita“todos somos comunistas”- que jamás logró ante el socialdemócrata Felipe González), aunque los socialistas conservarían el escaño; y que Ciudadanos perdería su representación que apenas le ha durado cinco meses. Esta es la foto electoral  de la provincia de Guadalajara, insisto, anterior  al inicio de campaña. ¿Variará en algo la fotografía en los próximos 15 días, y fundamentalmente tras el único debate a cuatro que mantendrán los cuatro candidatos el lunes? Aunque los analistas se inclinan a  que las tendencias empiezan a consolidarse, dado que por la Ley Hont se van a ventilar los últimos escaños por márgenes muy cortos, yo me inclino por la prudencia y no descarto algunas novedades. Aunque pocas.

De momento, las cosas están así.

El Partido Popular se ve favorecido en Guadalajara (una provincia sociológicamente de centro-derecha, aunque ya menos) por la bipolarización del electorado con dos  formaciones, situadas en los extremos, que se beneficiarían de ese voto útil. A la derecha estarían los populares, que tras los malos resultados  del 20-D  (los peores de la historia del PP en Guadalajara), crece cuatro puntos en la intención de voto y 4.368 sufragios.  Y eso a pesar de mantener una candidatura que carece de tirón popular, y no utilizar a las locomotoras  del partido en la provincia, sus candidatos con más proyección pública. Antonio Román, aunque se lo propusieron, prefirió quedarse en el Ayuntamiento, y Cospedal no quiere sacar a Ana Guarinos de la presidencia del Grupo Parlamentario en las Cortes regionales. El objetivo del PP es arañar esos 3.218 votos que le separarían de ese segundo escaño, y que por el “sorpasso” de Unidos Podemos,  disputa al Partido Socialista. Y eso se logra de tres maneras: pescando en el porcentaje de indecisos (un 30 % según nuestro sondeo); beneficiarsee del voto útil que se aprecia  entre los electores que son simpatizantes de Ciudadanos y  que no revelan lo que van a a hacer en estas elecciones ( hay un 52% de ns/nc); o aprovechar un arañazo mayor de Unidos Podemos en el granero de votos del Partido Socialista. Que cosas de las leyes electorales: le vendría bien al PP.

A mí me cuesta creer que el PSOE, un histórico partido socialdemócrata con notable implantación en la provincia, pudiera perder su representación en Guadalajara cuando gobierna en más de la mitad de sus ayuntamientos y en la Junta de Comunidades.  Pero no oculto que el colchón que le queda, esos 3.128 sufragios que le separan del segundo diputado del PP es  para no fiarse. Supongo que estos y otros sondeos que se van conociendo harán reaccionar al PSOE, que ahora parece perdido en tierra de nadie, con un líder, Pedro Sánchez,  que no ha sido capaz de transmitir que puede ganar estas elecciones (es decir, encabezar un futuro gobierno de coalición) y de hacer valer la alternativa socialdemócrata sobre ese populismo de Ikea que le ha salido por la izquierda, y que visto el programa que nos enseñó la señora Bescansa es más difícil de montar que sus muebles.

Unidos Podemos es el otro gran beneficiado por la bipolarización del electorado en la provincia. Sus partidarios no le pasan factura sobre sus incoherencias, unas veces abrazando las viejas banderas comunistas, y otras como trasunto renovador de la socialdemocracia de la que estarían orgullosos los mismísimos Marx y Engels, se supone porque de jóvenes militaron en ella. Se prescinde  de lo que pasó después.  Pero ese ejercicio transformista del líder de Podemos, Pablo Iglesias,  no le está provocando desgaste, sino que incluso le está valiendo para pescar en todas las aguas. En Guadalajara, logran sumar el voto comunista, que siempre ha sido fiel elección tras elección -aunque el sondeo detecta un malestar notable por la elección de un candidato ajeno a esta provincia- a los sufragios que ya Podemos logró el 20-D; e incluso tiene una propina de de 1.552 votos más según la proyección que hace  S y M Consulting. Así que pocas bromas. Su escaño por Guadalajara está asegurado y o mucho cambian las cosas en los próximos 15 días o  también habrá sorpasso. Eso significaría, probablemente, que el número 1 de la lista en el senado por Unidos Podemos, Begoña Rojas Guitérrez, sería el cuarto senador por Guadalajara en detrimento de la candidata socialista, Riansares Serrano, la respetada archivera que bajó a la arena política hace apenas cinco meses. Un chasco.

El sondeo detecta también un serio problema  para los socialistas. Han perdido mayoritariamente el voto en favor de Unidos Podemos  entre la población joven hasta el punto de que los que les siguen votando lo ocultan. (No se entendería de otra manera que nadie de los encuestados reconozca que votaría al PSOE el 26 de junio entre 18 a 29 años).  Los socialistas solo mantienen el tipo entre la población de 45 a 65 años. El dato más preocupante es que hasta un 25% su potencial electorado podría votar a Unidos Podemos.

Pocas como esta vez el  factor generacional ha tenido tanta importancia en las encuestas. Los más jóvenes, los peores tratados por la crisis, porque o se les ha negado el empleo o el que se les ha ofrecido es de escasa calidad, castigan duro a los partidos tradicionales y optan por los emergentes, y especialmente por el canto de sirena de los populistas. Es significativo que el 34,4% de los potenciales votantes de UP en Guadalajara tengan de 18 a 29 años y el 27,3% de 30 a 44 años.  Por contra, el 61,5% de los jubilados  que votarán en Guadalajara el 26-J lo harían por el Partido Popular. Un dato para reflexionar sobre la media de edad de algunas candidaturas y de la necesidad de la profunda renovación que necesitan los partidos políticos tradicionales para lavar por dentro las manchas de corrupción.

Dejo para el final a Ciudadanos, que tanto en nuestro sondeo como el del CIS queda fuera en el reparto de escaños con lo que Ornela de Miguel podría convertirse  en la diputada más breve de la historia de Guadalajara. Al partido de Rivera no le viene bien esta bipolarización que se irá ampliando a medida que entremos en campaña, lo que podría debilitarlo ante su electorado por la utilidad de su voto en provincias, como Guadalajara, en la que se ventilan pocos escaños. Y eso se devela en nuestra encuesta, porque es la formación que más reservas tienen sus simpatizantes en reconocer  el destino final de su voto: un 52% no se manifiesta sobre lo que hará. También les perjudica que en las provincias pequeñas, al haber conseguido el último diputado en los restos, el crecimiento de Unimos Podemos sería a costa suya. Esta es la explicación a la pérdida de 2 escaños en Castilla-La Mancha. Aunque insisto: cualquier sondeo es la foto del día en que este se realiza, pero al final solo cuenta lo que ustedes y yo hagamos el 26.

P.D. Dejo para otro día el comentario a los diabólicos resultados que el sondeo del CIS nos ha ofrecido cuando escribía este artículo. A bote pronto: en este país las convocatorias electorales parece que se rigen por la Ley de Murphy. Ya les contaré. Esto es lo que hay.

Román se queda en el ayuntamiento y Guarinos no se mueve

Esto es información: el día 5 de mayo Mariano Rajoy visitó Guadalajara. Estuvo en la fábrica de  Witzenmann donde aprovechó el escenario para poner en valor la política económica de su gobierno y las reformas emprendidas para  crear medio millón de trabajos anuales hasta 2019. La propia empresa alemana corroboraba ese optimismo y anunciaba que tiene previsto duplicar su plantilla en los próximos años. A Rajoy se le veía cómodo. Una hora después, Rajoy se daba un corto paseo por la calle Mayor, estrechó manos (si el presidente ha venido en precampaña es de imaginar que no lo hará en la campaña), firmó con María Dolores Cospedal  en un photo-call que le colocaron para pedir la declaración del palacio del Infantado como Patrimonio Mundial de la Unesco. Y el presidente de los populares aun tuvo tiempo para hacerle una propuesta  a Antonio Román, el alcalde de Guadalajara, que ese día se dejó la bata en el hospital y le acompañó durante toda la mañana. Rajoy le ofreció a Román la posibilidad de encabezar la candidatura al Congreso por Guadalajara, para aprovechar su popularidad, pero el alcalde le puso una condición que a la postre resultó insalvable. Quería volver a compatibilizar el escaño con la alcaldía, como ya hizo en la anterior legislatura,  porque según le explicó tiene un compromiso con los vecinos de Guadalajara, expresado repetidamente, y que no quiere dejar de cumplir.  Al final, el asunto no prosperó porque técnicamente hay una incompatibilidad orgánica para que los alcaldes del PP  vayan al Congreso, situación que no se da en el caso del Senado. Claro que Rajoy es el presidente del Gobierno, y del Partido, y bien podría haber establecido una excepción, si él lo hubiera querido. Y esto último ya no es una información; forma parte de la especulación.

Roman-GuarinosPor lo tanto, la propuesta de Rajoy había traído consigo un cambio en la Alcaldía de Guadalajara. Con la Ley en la mano, a Román le habría tenido que suceder Ana Guarinos, la actual vicepresidenta de la Diputación y presidenta del Grupo Parlamentario Popular en las Cortes regionales; y cuya carrera está abrochada a la de Cospedal. No obstante, la sucesión de un alcalde tiene sus complicaciones cuando no se gobierna en mayoría absoluta. Y en este caso la elección de Guarinos habría tenido que ser refrendada por Ciudadanos, que es el mismo partido -¿recuerdan?-, que la vetó en la Diputación, y que dio lugar a la solución Latre. Ya saben: en vista de que el asunto se enquistaba, y ni cenamos ni se muere padre, llamaron al alcalde de Sigüenza, y le dijeron: “José Manuel, que tienes que ser el presidente”. Y este, apenas recuperado de la sorpresa, les  pidió unos minutos por lo menos para avisar a la familia de lo que se le venía encima.  Así que, otra vez, Ciudadanos se habría  cruzado en la carrera política de Guarinos, y al grupo municipal de Alejandro Ruiz, que mantiene una buena relación con ella, le habrían puesto en un brete. Otra posibilidad es que Guarinos le hubiera pasado ese cáliz tan de su agrado al siguiente comensal,  estamos hablando del vicealcalde Jaime Carnicero,  ya que no en vano fue el tercero en la lista.

En cualquier caso, un lío, como diría Rajoy,  y demasiadas  piezas por encajar en el momento menos propicio, así que todo sigue como estaba. Y Antonio Román cumplirá su mandato hasta el final de legislatura, como se comprometió con sus electores antes, durante y después de la campaña electoral. Y supongo que pronto a jornada completa, aunque los tiempos los va a marcar él. Eso ha quedado claro.

Sin Román encabezando la lista al Congreso –como sucedió hace cuatro años, por petición expresa de Cospedal-, la candidatura del PP no se ha tocado, buscando algún rostro más popular, a pesar de los malos resultados el 20-D en los que el PP perdió casi 20 puntos porcentuales en Guadalajara. En esto el PP ha sido conservador hasta los tuétanos, no ha promocionado a ninguno de sus candidatos más jóvenes para bajar la media de edad de la lista, e incluso sigue como número dos Ramón Aguirre, un gestor de confianza de Cospedal, y que aterrizó con éxito en Guadalajara en las anteriores elecciones, aunque al final dejó el Congreso por la golosa presidencia de la Sepi, la joya de la corona de las empresas públicas españolas. Esto quiere decir que el PP no se va a andar con distracciones locales, y que va a hacer una campaña de perfil eminentemente nacional en la que –ya lo verán- va a hablar lo justo del PSOE y Ciudadanos, y más de Unidos Podemos ante los que se presentará como el dique de contención frente al populismo neocomunista. En Guadalajara, como pueden ver por el análisis que les hemos ofrecido, la recuperación de ese segundo diputado por los populares se ha complicado de lo lindo con la unión de Podemos e Izquierda Unida, porque ya no son los 906 votos que les separó de Ciudadanos, sino lo que pueda sumar Podemos tras la absorción en Guadalajara de Izquierda Unida, condenada a un papel electoral irrelevante al no haber podido realizar un proceso  conjunto de primarias con Podemos.  Al final, la designación de  su cabeza de lista, Ariel Jerez, ha seguido el mismo procedimiento que el de su compadre Ramón Aguirre, ambos vecinos y residentes en Madrid. A uno le ha colocado el dedazo de Pablo Iglesias, compañero en la facu de Somosaguas,  y al otro el de Dolores Cospedal. Solo que por lo menos el PP no se anda con postureos sobre la participación de las bases, la renovación y otras mandangas retroprogres.

Estoy convencido: Si Blanca Calvo hubiera encabezado esta lista unitaria de izquierdas a estas alturas solo habría un escaño en disputa, y apenas  tendríamos una duda: si el PP, beneficiado por un clima de confrontación derecha-izquierda neocomunista, conseguiría finalmente el segundo diputado, y si el citado escaño se lo quitaría a Ciudadanos o… al PSOE. Pero tal y como se han hecho las listas, y analizando objetivamente los resultados del 20-D, yo no creo que el escaño de  Pablo Bellido esté en riesgo. Incluso en el  peor de los escenarios posibles, y a pesar de que Pedro Sánchez no tiene precisamente el magnetismo de Felipe González, en Guadalajara el PSOE sigue disfrutando de un colchón en torno a los 1.500-2.000 votos para evitar el sorpasso, que no es que sea como para tumbarse a la bartola, pero tampoco para que cunda el pánico en las filas de la izquierda socialdemócrata.

Por hoy, esto es lo que hay. Ya lo iremos viendo.

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