Por una solucion a la italiana en un parlamento italiano

Escribía hace exactamente 12 días que a Sánchez le podría salir la cuadratura del círculo, y que a pesar de que el PSOE  ha cosechado los peores resultados desde 1977, tal y como pinta el panorama, el actual líder socialista  se puede convertir en el próximo presidente del gobierno de España.

He leído y escuchado  en las últimas semanas a analistas bienintencionados que descartaban tal posibilidad, porque la “mayoría  progresista” que podría hacer presidente a Sánchez es tan “variopinta”,  y con intereses tan “contrapuestos”, que no habría  luego manera de articular un soporte a ese gobierno y alcanzar un acuerdo de mínimos durante la legislatura. Siendo todo ello cierto, pecan de ingenuidad los que hacen ese razonamiento porque confunden un pacto de investidura con un pacto de gobierno y no ya digamos con un gobierno de coalición.

El argumento que Sánchez va a vender a algunos aterrados barones y al comité federal del PSOE, el sábado 30 de enero,  es mucho más sencillo. Les dirá que como Rajoy se ha retirado de la carrera por la nomación y cualquier combinación con el PP no se producirá jamás de los jamases, porque él dispone de la llave de bloqueo, ha querido el destino que le toque a él; y solo a él ser  el elegido.  Sánchez va a dar a sus compañeros de la Federal una sencilla lección de matemáticas: el PSOE y las cuatro factorías  de Podemos suman 159 votos, así que en la segunda votación de su investidura al candidato Sánchez solo le harían falta cinco votos más para tener más sufragios favorables que en contra, como exige la Ley. Y le podría valer con que el PNV, que tiene seis, le votara a favor, si el resto de fuerzas nacionalistas se abstuviera, como ya han anunciado paladinamente. Esto son matemáticas, dirá Sánchez, y estos son mis poderes: el PSOE podría regresar a La Moncloa; y a partir de ahí  no tendrá necesidad de aclarar lo que ello supone: entre dos mil y tres mil altos cargos y asesorías prémium, de los que toda la inteligencia del partido se va a beneficiar. Es el Poder, con mayúsculas. Un plato muy difícil de rechazar. Caviar de beluga.

Esto es lo que va a hacer Sánchez, beneficiarse de una aritmética diabólica  que le ha convertido en clave de bóveda, cosa que no sucede con PP, Podemos y Ciudadanos; y a ello está dedicado desde la misma noche del 20-D. En su primera jugada,  ha dejado expedito el camino para lograr la abstención de Esquerra Republicana y del postpujolismo de Democracia y Libertad, al regalarles  un grupo parlamentario en el senado con lo que percibirán al año 269.016 euros,  cada uno, y multiplicarán sus intervenciones en la cámara alta. Que ese altavoz vaya a ser utilizado fundamentalmente para lo único en lo que se ocupan  ambas formaciones en esta legislatura, que es cómo romper España y declarar la República de  Cataluña en 18 meses (Puigdemont, dixit) es algo baladí para el candidato Sánchez. Su explicación de que eso se hizo por cortesía parlamentaria, cuando entre estas dos fuerzas políticas tenían diputados suficiente para haber formado un grupo conjunto, y conjuntamente concurrieron a las últimas elecciones en Junts pel Sí, es un insulto a la inteligencia de los españoles. Pero, ahora, lo que importa es sacar la calculadora y anotar: 8 de DL y 9 de ERC, 17 abstenciones  a la buchaca.  El frente independentista ya está controlado. Ni tan siquiera les va a tener que prometer y avanzar algún  comprometedor documento sobre la autodeterminación. Porque ellos lo tienen claro. Ahora lo que toca es cerrar cualquier camino a la investidura de Rajoy; y en el minuto siguiente al de la elección de Sánchez al frente de un gobierno multicolor y abierto… a la improvisación  (el PSOE tiene 89 escaños de 350 posibles -¡como no le dará vértigo!)- ya volveremos con la matraca del independentismo y cómo llegamos a esa independencia express en año y medio, que es para lo que han puesto en San Jordi al alcalde de Gerona, un político de familia pastelera.

Para seguir sumando apoyos a la investidura, el candidato Sánchez necesita obligadamente el respaldo de Podemos y de sus tres marcas blancas, que como hemos empezado  a darnos cuenta, son algo más que unos partidos instrumentales, porque como buenos nacionalistas, le reclaman a Pablo Iglesias  su independencia. ¿O es que se cree el secretario general de Podemos que iba a ser más que el general Prim? Pero hasta en esto va a tener suerte Sánchez. Hasta hace muy poco, todos teníamos dudas sobre si Iglesias aceptaría a un Sánchez presidente, o si por estrategia quisiera forzar unas nuevas elecciones para dar el sorpasso definitivo al Partido Socialista. Al día de hoy, yo me inclino a que, al final, Iglesias dará los votos que le hagan falta al candidato Sánchez,  porque ya no está claro si a Podemos le interesan unas nuevas elecciones en las que tendría que dar más poder, y más independencia,  a Ada Colau, la estrella emergente de la izquierda soberanista catalana; con los de Compromís  ya se ha visto, que están con la puerta entreabierta; y con las mareas gallegas bien es sabido que te puedes ahogar  si no las controlas. Dudo mucho que a Iglesias le interese revolver ese gallinero parlamentario de Podemos en el que todo el mundo quiere disponer de su propio portavoz, que ya me empieza a recordar a esa expresión unamuniana: “yo soy de mi propio partido,  y si se apunta alguno más, yo me borro”. Y que en lo puramente histórico empieza a asemejarse a la  deriva que tomó la I República Federal Española. ¿Quien será el primero que reivindique la creación de una ceca para acuñar moneda? ¿Será tal vez una de las funciones de ese enternecedor ministerio de la Plurinacionalidad,  que ha propuesto el líder neocomunista?

Sanchez-PageEn ese escenario: ¿Al Podemos de Iglesias-Comité Central, le va a interesar arriesgarse con unas nuevas elecciones en las que si bien podrían llegar a ser más votados que el PSOE, al final con la aplicación de la Ley d’hont,  la asignación de parlamentarios sería muy similar?  El candidato Sánchez se ha adelantado a la respuesta de Iglesias-Comité Central, y ha tecleado en su calculadora: 69 votos más a la buchaca  de Iglesias y sus almas nacionalistas. Pero Iglesias es un hombre con gran sentido para la representación, porque no en vano es un político que creció en los platós de la Sexta,  y con ese punto de soberbia que le caracteriza ya le dijo a Sánchez que se ofrecía a ser el vicepresidente y a entrar en el Gobierno en los ministerios más  sensibles.  ¿Cómo fue lo dijo que Alfonso Guerra al respecto? Pongo en duda si al final habrá gobierno de coalición con esas exigencias, pero no que Iglesias acabará cediendo a Sánchez esos 69 votos que necesita para la investidura.  Y lo que tengo más claro que el agua del Sorbe es que si hay gobierno de coalición en Madrid, lo habrá también en Toledo.     

Pero sigamos:  a Sánchez solo le quedaría asegurarse para su elección los seis votos del PNV, que ya sabemos que desde los tiempos en que Zumalacárregui libraba batallas ante los liberales de Espartero, y luego con Sabino Arana y su acompañamiento de sotanas carlistas,  este partido-movimiento defensor de los viejos fueros es  de un progresismo acrisolado. ¿Cómo va a faltar el PNV en esa fiesta plurinacional que nos va a montar ese futuro gobierno del Estado Español? ¿Me permitirán por fin, cosa que nos negaron en el nacimiento del Estado Autonómico a las comunidades que  no seguimos el artículo 151 de la Constitución, el derecho a decidir a qué autonomía de ese nuevo federal debería estar adscrita cada una de las  provincias  españolas? Pongamos que hablo de Guadalajara.  Porque si el melón se abre, se abre para todos…

El PNV es muy dado a las grandes escenificaciones en campas , basílicas y  parlamentos, con lo que ya le están pidiendo al candidato Sánchez una relación de igual a igual  entre el Estado Español  y EuskalHerría –supongo que incluyendo en ella a Navarra y el condado de Treviño– como si de hecho fuéramos un estado confederal –que yo no digo que no se pueda hablar, aunque será entre todos, insisto–, pero que también exigiría una reforma en profundidad de la Constitución, lo que excede de las competencias de ese futuro gobierno.  Y para ello habría que contar con el PP y Ciudadanos, así que… También le han dicho a Sánchez que el PNV reclama el derecho a decidir, pero como Arzalluz es un pragmático, pues no se lo va a querer cobrar antes de la votación de investidura, para que no le pase lo de Mas el astuto, que él solito se metió en un callejón sin salida, por torpe. Como todo eso lo sabe el candidato Sánchez, apuntará otros seis votos para su investidura, y con su calculadora se presentará ante el Comité Federal: “Estimados compañeros, me salen las cuentas para ser el próximo presidente del Gobierno”.

A partir de ahí, caben dos posibilidades. Que el peso del poder caiga como una losa sobre el Comité Federal,  y le dejen hacer a Sánchez, y ya veremos hasta donde aguanta con un gobierno en precario. O que en la mayoría del  PSOE  cunda el temor a las consecuencias que podría tener para ese partido el fracaso de un gobierno corto de su líder. Y estoy seguro de que algunos socialistas, sobre todo los que conocieron la Transición, se preguntarán qué clase de modelo territorial se puede pactar con unos señores cuya única misión en la vida, ahora,  es romper España. O qué credibilidad tendría entre sus socios europeos (la UE está gobernada por una  gran coalición entre conservadores y socialdemócratas) un programa económico que habría que pactar con un partido neocomunista, que tiene por modelo un programa económico muy similar al que se tuvo que comer con patatas Alexis Sypras en Grecia,  después de renunciar a todos su inmarcesibles principios, y despedir a Varoufakis  a la velocidad de  su moto. Me gustaría que saber qué dice  de todo esto el economista de confianza de Sánchez,  Jordi Sevilla, un socialdemócrata  al que siempre he tenido por un tipo serio, y que está más callado que una tumba. ¿O es que le da lo mismo? ¿O es que en la estrategia de Sánchez, una vez investido,  no está negociar el presupuesto con esa “mayoría progesista” que él cocina, y no descarta una salida a la portuguesa en la que el nuevo gobierno de “mayoría progresista”,  que preside el socialista Antonio Costa,   tuvo que aprobar los Presupuestos con el primo de Rajoy, el ex primer ministro Passos Coelho, porque sus aliados comunistas y “progresistas”  dijeron que seguía habiendo muchos recortes? ¿Es esto lo que pretende el candidato Sánchez, gobernar aquí y allá a salto de mata, pactando los Presupuestos y las cosas de comer con PP y Ciudadanos , y una agenda social, maquillada por Jordi Sevilla, con la izquierda más extrema? ¿Qué credibilidad tendría ese gobierno en los  inversores extranjeros y los mercados, que nos refinancian cada año con 400.000 millones de euros? ¿Con qué dinero íbamos a pagar esos subsidios generalizados y los ingentes planes de empleo público? ¿Cuándo tardaríamos en volver a la situación de la España de 2009, en términos  de crecimiento y empleo, cuando fracasó el Plan Zapatero y nos metió cuatro puntos adicionales de  déficit  a nuestra economía, que todavía estamos pagando ?

Lo que deberá plantearse  el Comité Federal del PSOE es si merece la pena que Sánchez gobierne a toda costa, cerrando cualquier posible acuerdo con el PP — lo que choca contra el ideal de la Transición, porque los populares siguen teniendo 7,2 millones de votos– o si hay que explorar fórmulas que impidan unas nuevas elecciones, que por lo que dicen los sondeos no resolverían tampoco gran cosa; acaso prolongarían la inestabilidad y la incertidumbre, lo más peligroso para la economía y el empleo.

Me ha desagradado –no digo sorprendido,  tal y como es Rajoy, el témpano de Pontevedra—  que el candidato del partido más votado haya renunciado al debate de investidura. Aunque hubiera fracasado en la aritmética,  probablemente lo podría haber ganado ante la opinión pública, porque liberado de su corsé, Rajoy es un buen parlamentario y debería haber defendido un gobierno constitucionalista,  reformista y moderado como alternativa  a un frente izquierdista-independentista. En ese sentido, su decisión ha sido una total decepción, por mucho que a algún estratega cabeza de huevo –¿Arriola otra vez? le haya parecido mejor  la estrategia de dejar a Sánchez y al PSOE a que se cueza en su propio guiso y esperar  a ver si revienta la olla. Muy propio de un político que siempre ha jugado al contraataque, y que ha desperdiciado una holgada mayoría absoluta para liderar un proyecto honesto, reformista y social-liberal que hubiera ilusionado a un electorado de clases medias a las que la crisis ha proletarizado y las ha convertido en escépticas

Me gustaría creer que entre  PP, PSOE y Ciudadanos hubiera una mayoría sensata capaz de pensar en España, y exploren un gobierno de concentración sobre un programa concreto –reforma constitucional, consolidar el actual crecimiento en torno al 3% del PIB,  modelo territorial, ley electoral, reforma del Senado, estado del bienestar, lucha contra la corrupción  y ¡ojalá educación!- que sea como una especie de segunda Transición en la que desde el reformismo se  vuelva a asegurar para España otros treinta años más de democracia y de unidad.

Un gobierno en el que Rajoy y Sánchez, los dos perdedores de estas elecciones, se queden a un lado para que ése gran acuerdo nacional vuelva otra vez a ser posible. Tenemos una situación a la italiana, por haber despreciado el sistema de segunda vuelta, como en Francia, y hacen falta políticos italianos que negocien una salida digna para todos, pero sobre todo patriótica, mirando al pueblo español,  al que después de una crisis que ha durado ocho años, no se le puede enviar al despeñadero griego, y no digamos al venezolano.

Fórmulas hay varias.  Estudien la historia política de Italia donde ha llegado a gobernar un independiente respaldado por una mayoría  en la cámara, el candidato del tercer partido más votado, como solución de compromiso entre las dos fuerzas más grandes, o un presidente propuesto por el partido mayoritario en un gobierno con más ministros de los partidos que dan soporte al ejecutivo

El 20-D nos ha dejado una situación especial, que requiere de gobiernos especiales, de amplio respaldo, y que no naufraguen a las  primeras de cambio.  Requiere de finezza italiana.  No un gobierno frentepopulista  y que otra vez excluya a la mitad de España. Entre PP y Ciudadanos hay  10,7 milllones de votos.

Pero con un Presupuesto para 2016, que ya está aprobado, y que da a Sánchez un margen de maniobra de casi un año, lo que me temo es que al candidato perdedor le va a salir la cuadratura del círculo.

Esto es lo que hay. Lo siento.

A Sánchez le puede salir la cuadratura del círculo

 

A pesar de que el PSOE ha cosechado los peores resultados desde 1977, tal y como pinta el panorama, Pedro Sánchez  puede convertirse  en el próximo presidente del gobierno de España, ya sea en minoría o en coalición, aunque su partido solo tenga 90 diputados de los 350 que conforman el Congreso. Todo está a su favor, empezando por las matemáticas, que es en lo único en lo que ahora piensa Sánchez.  Tiempo tendrá el nuevo gobierno resultante de vender el producto,  e incluso de disfrazarlo para que no aparente estar demasiado a la izquierda, y no asuste a los poderes económicos. Pero eso será a partir de pasado mañana.

Sánchez tiene claro que su futuro político pasa por ser el próximo presidente, porque si no lo logra lo más probable es que no sería ni el candidato socialista a unas nuevas elecciones a celgbrar en Primavera. Y el caprichoso sistema electoral español, que no deja al electorado opinar en una segunda vuelta,  como en los países serios, ha dado a Sánchez  y a sus 90 diputados la llave del cofre. Con la composición que tiene el Congreso, hacia donde Sánchez haga girar la llave, allí que irá el gobierno. En sus manos está que gire desde la izquierda moderada hacia el centro y la derecha, o desde la izquierda hacia la izquierda más extrema. La aritmética parlamentaria no posibilita otras combinaciones que no pasen por Sánchez.

Lo primero que hará Sánchez es cerrar el paso a la investidura de Rajoy, que como candidato del partido más votado será, presumiblemente, el primero al que proponga el rey  Felipe, por pura cortesía. Para ello a Sánchez le vale con votar en contra, porque el resto de partidos con representación parlamentaria harán el resto. A buen seguro que liberado de los corsés que han hecho de él el presidente más previsible y aburrido de la democracia, Rajoy hará una vibrante defensa de su candidatura con un discurso reformista y trasversal,  que tanto hemos echado en falta en su legislatura de mayoría absoluta. Lo previsible es que Rajoy sume los 123 votos de su partido, las 40 abstenciones de Ciudadanos,  una más de Coalición Canaria, y seguramente  186 votros en contra, que proceden de la conjunción de los tres partidos de izquierda de ámbito nacional (PSOE, Podemos e IU)  y cinco formaciones nacionalistas (ERC, DL, PNV y EH-Bildu).

Una vez cerrada la posibilidad de gobierno del partido más votado, todas  las cartas estarán en manos de Sánchez, que solo tendrá que jugarlas con un poco de habilidad, y escondiendo algunas hasta el último momento. Llegado a este punto, solo hay un obstáculo en el camino del soldado Sánchez, que entonces ya sería comandante de las fuerzas de la izquierda. Sería que Pablo Iglesias no lo aceptara, y que por estrategia Podemos quisiera forzar unas nuevas elecciones para dar el sorpasso definitivo al Partido Socialista. No apuesto por ello. Como dice un amigo mío, Iglesias es un político poco sólido, pero  tiene una extraordinaria capacidad de adaptación al medio, y aunque Podemos no entre en el Gobierno, por lo menos oficialmente, no es previsible que fuerce unas nuevas elecciones en las que entre el PP y Ciudadanos pudieran aproximarse a la mayoría absoluta de 176 diputados (ahora solo suman 163)

Empecemos a sumar: entre PSOE y Podemos habría 159 votos favorables. A Sánchez le quedaría por buscar solo 15 en el magma del soberanismo. ¿Es esto posible? ¿Tendría que saltarse muchas rayas rojas, como se temen en el sector del PSOE próximo a Susana Díaz y a algunos barones  socialistas, entre ellos Emiliano García-Page?

Hasta en esto las cartas juegan a favor de Sánchez. Con Podemos aparentemente se alza como un muro la defensa del derecho a decidir, aunque si la estrategia de los cuatro grupos -¿parlamentarios? -, que integran esa formación es salvar al comandante Sánchez, habrá varias fórmulas para diferir ese derecho, que se podrían presentar mediante una promesa de consulta no vinculante y una reforma de la Constitución, que sería pura poesía. ¿Por qué? Porque para cualquier reforma constitucional hay quer contar ariméticamente con el PP y Ciudadanos, y no saldría adelante en los términos que ahora viene en el programa de Podemos y sus tres marcas blancas.

Una vez que Sánchez acuerde con Iglesias el  pacto de investidura para un gobierno en minoría,  con participación de personalidades próximas a la nueva  “mayoría progresista”, la investidura de Sánchez está en el bote. La aritmética juega otra vez a favor suyo: aunque seguirían faltandole 15 votos más para la mayoría absoluta,  que necesariamente tiene que pescar en el foso del independentismo (entre ERC y DL, ya tiene 17), tampoco creo que Sánchez vaya a tener mayor problema para lograrlo. De hecho , ya lo dijeron claramente tras la investidura del presidente independentista Puigdemont: “Rajoy es un presidente en funciones y no colaboraremos para que siga”. Lo último que quieren los nacionalistas es un gobierno nacional fuerte en Madrid formado por PP y PSOE,  porque saben que contra él se acabaría estrellando cualquier veleidad independentista. A ERC, DL e incluso al PNV les viene bien un gobierno multipartido, apoyado por una ensalada de siglas a las que solo les une un objetivo común: sacar al PP a escobazos del gobierno. Por todo ello, y aunque habrá una importante escenificación de los desacuerdos, no lo duden. Al final, como sucedió con la CUP,  los independentistas no frustrarán la investidura de Sánchez y diferirán, por unos meses, la única tarea que les ocupa, que no es el paro, la sanidad,  la seguridad o la calidad educativa, sino la desconexiòn con España.  Y me atrevo a añadir algo más: hasta la investidura de Sánchez no se va a visualizar ningún acto de desobediencia que haga intervenir con contundencia al presidente en funciones. Harán exhibiciones soberanistas, como el juramento de Puigdemont, porque no tiene trascendencia jurídica. Pero no se saltarán  la Ley.  Porque no les interesa.  Un minuto después de su elección será otra historia bien  distinta.

Paradojas de la vida, la cuestión secesionista no solo va a perjudicar a Sánchez, le va a catapultar a la presidencia.De hecho, ni tan siquiera haría falta que todo ese magma soberanista votara a favor de su investidura. Aunque PP y Ciudadanos, previsiblemente,  lo hicieran en contra, solo suman 163 votos. PSOE y Podemos tendrían 159, así que en la segunda votación de su investidura al comandante Sánchez solo le harían falta cinco votos para tener más sufragios  favorables que en contra, como exige la Ley. Y le podría servir hasta el PNV, que tiene 6, con que el resto de fuerzas nacionalistas,  IU  (2 escaños)  y Bildu (otros dos), se abstuvieran. Así que si sabe jugar bien sus cartas, Sánchez lo tiene chupao.

A la mayor parte del PSOE le habría gustado más que se pudiera haber precindido de los soberanistas para la investidura, aunque es una opción que si seguimos lo que ha venido diciendo Albert Rivera parece descartada. Una importante parte del electorado de Ciudadanos se ha pescado entre antiguos votantes del PP defraudados por la gestión de Rajoy, especialmente en asuntos de corrupción, y no estarían entusiasmados con que un partido que se reclama de centro  participara de un pacto de investidura con populistas de izquierdas, anticapitalistas  e independentistas.  Lo descarto por completo.

Todo esto es lo que interesa a Sánchez y todo esto es lo que creo que va a pasar. Pero habrá que preguntarse:  ¿Los intereses de Sánchez coinciden con los del PSOE para mantenerse como formación hegemónica  socialdemócrata de la izquierda española? ¿Y con los de España?  ¿Podría una mayoría parlamentaria  tan variopinta, y con intereses tan diferentes, dar soporte a un gobierno de un país que solo  ha empezado a sacar un poquito  la cabeza de la crisis, y, sobre todo,  tendría ese Ejecutivo credibilidad en el mundo de la economía y en los mercados,  que nos refinancian con 400.000 millones de deuda  al año, en un país que necesita seguir creciendo al 3% para no volver a destruir empleo, como antes de 2012?

Hoy tocaba hablar de lo que interesa a Sánchez. No de España.  Y  esto es lo que hay.

En Francia lo llaman patriotismo

Es una gran paradoja que sobre el Partido Socialista Obrero Español, que presenta los peores resultados de su historia desde 1977, con 90 diputados y el 22% de los votos, pivota cualquier posibilidad de formar gobierno en España y evitar unas nuevas elecciones para la Primavera. Pero los resultados son los que son, no vale si calificarlos de buenos o malos, el electorado ya se ha pronunciado, y deben ser los partidos los que se acomoden a ellos ante la ausencia de un sistema de segunda vuelta. Disponen de dos meses.

Por mucho quer mareemos la perdiz, solo hay dos alternativas con algunas matizaciones. Por un lado, un gobierno en minoría del PP con Rajoy, tolerado y controlado por PSOE y Ciudadanos. O un frente de izquierdas se supone que liderado por Pedro Sánchez, pero que necesitaría del respaldo de alguna o varias  formaciones soberanistas. La tercera variante sería sustituir a los independentistas por la complicidad de Ciudadanos, que debería abstenerse en la investidura.

Pues bien, todos estos caminos se encuentran ahora mismo cegados, a cal y canto. La solución más racional, y la que sería mejor acogida por el mundo económico, que ya empieza a descontar en los mercados la inestabilidad institucional, ha sido denostada por Sánchez, que bajo ningún concepto quiere facilitar la investidura de Rajoy. El gobierno entre socialdemócratas y populistas, con el respaldo de los independentistas, aunque a Sánchez le hace tilín y le gustaría intentarlo, tiene demasiadas líneas rojas que salvar. Empezando por un referéndum de autodeterminación, que no cabe en la Constitución, pero al que está comprometido Iglesias  con sus socios nacionalistas de Cataluña, Galicia y Comunidad Valenciana. Y la tercera variante, que fuera Ciudadanos el que facilitara una investidura a un gobierno entre PSOE y Podemos, ya la ha descartado Albert Rivera.

Cabría una cuarta y una quinta alternativa, muy improbable para un país como España, que se ha dado un sistema electoral con todos los peligros del italiano, pero sin la capacidad de negociación que tienen nuestros amigos trasalpinos. Me estoy refiriendo a un gobierno de concentración entre las dos fuerzas políticas más votadas, conservadores y socialdemócratas, solución a la que se ha recurrido en Alemania en momentos delicados o para evitar la repetición de las elecciones. Aunque esta gran coalición es la que funciona actualmente en el Parlamento Europeo, del que emana la normativa fundamental por la que se rigen los estados miembros, sus partidos asociados  en España ni tan siquiera se lo plantean, y no tanto porque el PP y el PSOE tengan diferencias imposibles de reconciliar –no más que entre el SPD y la CDU en Alemania-, sino porque entre los socialistas españoles se ha instalado la creencia de que  tal coalición supondría el fin del PSOE como partido hegemónico de izquierdas. No hay nada científico que lo demuestre, porque jamás se ha experimentado, pero suena por lo menos raro que entre un amplio sector del PSOE se magnifiquen las diferencias, que ciertamente se dan con el PP, y en cambio se minimicen o incluso se ignoren las que se suscitarían con fuerzas situadas más allá de la Constitución de 1978,  en la izquierda populista y con las que nunca se coincide en las instituciones europeas. ¿No es un poco estrambótico? ¿Hay dos estrategias en el PSOE, una en Madrid y otra distinta en Estrasburgo? ¿O tal vez dos partidos socialistas distintos? Sea como fuere, un dilema de tal calibre, y que entra de lleno en el debate sobre el futuro de la socialdemocracia, que impulsa Manuel Valls en Francia en condiciones bien distintas a la de su homónimo español, es obvio que le sobrepasa a un Pedro Sánchez atosigado por las urgencias y que no es capaz de ver más allá del debate de investidura o del congreso de su partido, que ni él sabe cuándo lo celebrará. Supone una gran distorsión que cuando el Partido Socialista tiene que decidir otra sobre lo que quiere ser de mayor –como sucedió en el  XXVIII Congreso de 1979  en el que Felipe González  dio por superado el marxismo–  y en qué lado del parlamento europeo quiere situarse, lo tenga que hacer en un estado de gran debilidad. Pero esto es lo que hay.

La quinta posibilidad, que es la que ha resuelto las mayores crisis de la política italiana, a buen seguro que ni se llegará a plantear. Me estoy refiriendo a un gobierno abierto presidido por alguien del Partido Popular, no necesariamente Rajoy, y en el que estuvieran intregrados personalidades del Partido Socialista y Ciudadanos. Debería obedecer a un programa reformista pactado, que podría abordar la reforma de la Constitución en los puntos sobre los que hay más coincidencia, cambios en el sistema electoral -¿por qué no una asignación de una parte de los diputados mediante los restos, como se hace en Alemania?–, reforma del Senado, la despolitización de los órganos colegiados de la Justicia, medidas contra la corrupción y en favor de la transparencia de instituciones y partidos políticos, estímulos a la nueva economía o el blindaje del sistema de protección  para los casos de emergencia social.

No sería una segunda transición, tampoco hay que exagerar,  pero un gobierno abierto podría estar en mejor condición de abordar una serie de reformas, que están en el ánimo de todos, pero que serían más complejas de instrumentar en un ejecutivo partidista. Claro que para ello se necesita la generosidad y la amplitud de miras que demostró la clase política de la Transición y un sentimiento que parece olvidado: en Francia lo llaman patriotismo.

20-D: Un enrevesado cruce con cuatro caminos

El bipartidismo, por méritos propios, se la ha pegado en España en las elecciones del 20-D, pero no ha muerto.  Esto es así porque los “viejos”  partidos todavía siguen siendo mucho más representativos  que  los emergentes (213 diputados entre PP y PSOE por 109 de Podemos y Ciudadanos ), con lo que si estos últimos quisieran enterrarlo por anticipado se equivocarían. Un ejemplo: cualquier reforma constitucional requiere el concurso del PP con lo que todo lo avanzado ayer por Pablo Iglesias al respecto debe quedar en almoneda. Dicho esto, el éxito logrado por Podemos y Ciudadanos al pasar de la nada a contar los primeros con 69 diputados –si bien 27 son en alianza con candidaturas nacionalistas—y con 40 los segundos,  trae a la política española unos nuevos tiempos, no sabemos si peores o mejores, pero que exigirán de mucha cintura y negociación,  si no queremos dar paso a la inestabilidad  y a una etapa de gobiernos débiles que lastren nuestra recuperación económica y el empleo, que no lo crea el Estado por decreto, sino las empresas.

Este es el panorama que nos deja el 20-D.

Partido Popular. Sufre la mayor sangría de su historia a pesar de seguir siendo de lejos el primer partido de España. Los recortes por la situación económica, pero sobre todo la corrupción, que no han sabido afrontar,  les ha pasado factura. La falta de desenvoltura del candidato Rajoy en una campaña dominada por el lenguaje televisivo ha hecho el resto. Pierde 3.651.036 votos y baja 15,91 puntos porcentuales. Se deja 63 diputados en el camino y baja de 186 a 123.

PSOE. Encuentra un nuevo suelo, con el 22,01 % de los votos, su peor resultado, y pierde 1.472.818 votos y 6,75 puntos. Baja de 110 a 90 diputados, una marca que en cualquier otra elección habría supuesto la dimisión de su líder esa misma noche, léase Almunia. Pero esta vez Pedro Sánchez se sostiene, por ahora, porque  ha logrado superar  en 341.360 a Podemos y a sus marcas blancas, aunque se quedan a menos de dos puntos de diferencia. Esto no ha hecho más que empezar tras la genialidad de catapultar a Podemos a las principales alcaldías de España.

Podemos. Tras una campaña inteligente de Pablo Iglesias, que ha presentado el perfil menos radical de Podemos, esta fuerza política consigue un indudable éxito al sacar 3.181.952 con las siglas de Podemos, aunque si sumamos sus alianzas con populistas y nacionalistas en Cataluña, Comunidad Valenciana y Galicia, pasaría a 5.189.33 votos, el 20,4%, y 69 diputados. Contarán con la ventaja  de que en el Parlamento van a tener cuatro grupos parlamentarios, tres de ellos con aroma catalán, gallego y valenciano. Con estos resultados, el partido de Iglesias – y sobre todo si deja atrás el populismo y centra su mensaje-,  está en condiciones de disputar al PSOE la hegemonía en la izquierda, y especialmente si absorbe a la IU de Alberto Garzón, que le ha quitado más de un escaño en los restos.

Ciudadanos: de la nada a 40 escaños, con 3.500.446 votos, y el 13,9% . Un resultado que constituye un éxito indudable, pero que tiene un poso amargo. Sus cuarenta diputados podrían ser irrelevantes ante una coalición  de la izquierda con los soberanistas, ya que por sí solos no pueden garantizar la gobernabilidad ni del PP, ni del PSOE.  A Albert Rivera, un joven político  centrista de gran atractivo, se le ha hecho la campaña larga y se ha notado la insuficiencia de su organización para llegar a la España profunda o a comunidades como el País Vasco y Navarra. Su ambigüedad en cuanto a los pactos, al anticipar que no apoyaría un gobierno del PP ni del PSOE, le ha podido restar votos entre el electorado más crítico del PP, su principal granero electoral. Dependiendo de lo que suceda, estaría en condiciones de organizar un partido de verdad y disputar al PP la hegemonía.

Esto es lo que pasó ayer, y a partir de estos datos se presentan cuatro escenarios.

Gobierno del PP en minoría con acuerdos de investidura. Para ello se necesita la abstención del PSOE y Ciudadanos, no valdría solo con la del partido de Rivera. Es el primer escenario que manejará el  Rey a la hora de encargar la formación del gobierno. Rajoy podría gobernar un año sin problemas, porque tiene los presupuestos aprobados. Es lo que veo más probable.

Gobierno  de gestión del PP y PSOE, de perfil técnico,  con otro presidente que no sea ni Rajoy, ni Sánchez. Un pacto similar al que existe en el parlamento europeo entre conservadores y socialdemócratas, sería la solución preferida de la economía, el empresariado y la que aportaría mayor estabilidad a España ante el reto de la salida de la crisis y el desafío independentista. Podría llevar consigo alguna reforma constitucional.  A pesar de sus ventajas para España, lamentablemente tiene escasas posibilidades de salir adelante, porque una  parte mayoritaria del PSOE vería  en ella grandes riesgos al dejar la oposición de la izquierda en manos de Podemos, y al final no está claro quién  capitaliza el gobierno.

Gobierno pentapartito y multicolor formado por el PSOE y Podemos en torno a ¿Pedro Sánchez?, pero que al no ser suficiente debería echar mano de  soberanistas e independentistas: ERC, PNV, Democracia y Libertad, Eh-Bildu…  Supondría tal giro en la política del PSOE este frente popular izquierdista-nacionalista,  y tales recelos en los socios europeos y en el mundo económico -España solo asoma la nariz a la salida de la crisis-,  que no se lograría sin una fractura en el PSOE más tradicional. Aunque en el entorno de Pedro Sánchez, ayer, se pasó este tuit: “Pedro Sánchez, presidente”, hoy se lo estarán pensando mejor, y supongo que irá perdiendo fuerza a medida que pasen los días. Y Sánchez abra consultas: Susana Díaz, García-Page, Felipe González….

Convocatoria de nuevas elecciones si ninguna fuerza política logra la investidura. No es descartable y está  en manos del PSOE. ¿A quién  perjudicaría más? Parece claro que al propio PSOE y a Ciudadanos.

Esto es lo que hay,  y a partir de ahí, veremos si España se parece más a Grecia y a Italia que a Francia, Alemania o Reino Unido. Es lo que pasa por  no tener segundas vueltas como en Francia, donde el resultado de las alianzas queda al criterio  del pueblo y no en manos de las cúpulas de los partidos y sus grupos de presión. Pero ya no tiene remedio. Rajoy perdió la ocasión al plantearlo al PSOE al final de la legislatura.

P.D. Quiero levantar una espada por las empresas demoscópicas a las que se está poniendo a parir por no haber detectado la subida de Podemos y la bajada de Ciudadanos respecto a la encuesta del CIS. Hay que tener en cuenta que el último «retrato» conocido del CIS es una encuesta elaborada entre el 27 de octubre al 16 de noviembre, con el 45%de indecisos, y desde entonces ha habido apagón por una absurda ley Electoral que nos trata a los ciudadanos como imbéciles. Pero el que se haya molestado en leer El Periódico de Andorra  los traks diarios habrá visto como esta tendencia se estaba dibujando. Las cosas en su sitio.

Las elecciones más reñidas de la democracia

España asiste el 20-D a las elecciones más reñidas de la historia de la democracia que nació con la Constitución de 1978. Por ello, lo primero que quiero subrayar es que se trata del resultado más incierto, y no solo porque el último sondeo del CIS (la encuesta más fiable, por la amplitud de su muestro) nos advierte que a mediados de noviembre había todavía un 40 por ciento de indecisos. Hay, además, otra enorme dificultad que complica la vida a cualquier estudio demoscópico. Al no ser dos los partidos en liza, sino cuatro formaciones nacionales las que se van repartir el pastel, los últimos restos a asignar mediante la Ley D’Hont pueden ser muy caprichosos. Y podría ocurrir que un partido con solo un 1 o 2 por ciento más de sufragios  que el que le siga podría  sumar una veintena de diputados más. Hay un tercer factor, que nunca se ha dado desde las elecciones de 1977 y 1979 en que también había cuatro formaciones políticas nacionales  en la línea de salida. El elector esta vez  va a valorar mucho con quién podría coaligarse el partido de su preferencia, teniendo en cuenta que nadie va a conseguir una mayoría suficiente para gobernar. De ahí, la importancia de las proclamas de última hora de los candidatos a la presidencia.

Mariano Rajoy, a quien los últimos acontecimientos (debate y agresión) le van a servir para fidelizar a su electorado, ha elegido presentarse como el único partido en condiciones de gobernar, y busca tapar otros atajos, como es la vía indirecta de Ciudadanos, remachando en que no es segura. Por su parte, Pedro Sánchez se abre a acuerdos con Podemos y  Ciudadanos, siempre que él gobierne y con un programa socialdemócrata. Albert Rivera ha enfatizado que él no apoyará a nadie si él no es el presidente, pero sigue sin responder a la pregunta del millón de dólares: ¿preferiría que se repitieran las elecciones con tal de no apoyar con su voto la investidura de Rajoy? Y Pablo Iglesias, que ha arrinconado a Monedero durante la campaña, para buscar un perfil menos radical, fronterizo con el PSOE, buscará hasta el último minuto presentarse como la primera opción de la izquierda, alentado por algunos sondeos que se publican en El Periódico de Andorra, por culpa de una estúpida ley electoral que trata a los españoles como si fuéramos unos imbéciles que nos dejamos influir por cualquier cosa.

Así que esta es mi primera conclusión. Aunque soy un defensor de los estudios demoscópicos, porque si están bien hechos, no solo recogen tendencias sino que marcan opiniones (de ahí el error de suprimirlos  en la última semana de las elecciones), por todo lo apuntado en estas elecciones el resultado final está más abierto que nunca. En lo único que se han puesto de acuerdos los diferentes institutos demoscópicos es que el PP va a ser el partido más votado, pero falta por saber su horquilla de votos, y a partir cualquier cosa puede pasar, incluso en el orden de los partidos que irán después. Mi intuición, pero solo es una intuición, es que tanto PP como PSOE pueden estar ocultando más voto de lo que las “cocinas” le asignan en la distribución de escaños, y que tampoco está claro el orden en que quedarán los dos partidos emergentes: Ciudadanos  y Podemos, este último con sus marcas nacionalistas en Cataluña, Valencia y Galicia.

Un último factor a tener en cuenta será que la participación en estas elecciones puede ser histórica, lo que en principio constituye una magnífica noticia,  porque el electorado intuye que esta vez hay mucho en juego, y que no hay solo dos opciones potentes a las que elegir. En ese sentido, podemos decir que la oferta de la tienda electoral ya no es un escaparate de la Venezuela de Maduro, y se ha multiplicado; y esto es bueno, siempre que no acabe generando inestabilidad y desgobierno al no haber un sistema de segunda vuelta como en Francia, y que permite que la sabiduría popular aleje a partidos xenófonos y populistas de sus gobiernos regionales

¿Y en Guadalajara? El CIS apostó por  un reparto de escaños entre PP, PSOE y Ciudadanos, aunque como no dio porcentajes, pues estamos un poco a oscuras sobre qué debería pasar para  alterar ese reparto, que jamás se dio en la historia electoral de Guadalajara. En nuestra provincia, la fuerza mayoritaria del centro-derecha – primero UCD y luego el PP-, siempre obtuvo dos diputados en el reparto por uno el PSOE, salvo en las elecciones de 1982, en las que Felipe González fue elegido por primera vez. En ella, el PSOE obtuvo el 38,4% de los votos (su tercer mejor resultado en Guadalajara), pero la Alianza Popular de Fraga no pasó del 37,9%,  por los votos que todavía conservó UCD en las últimas elecciones a las que se presentó. Cualquier variación de ese resultado 2-1 a repartir entre populares y socialistas, sería por lo tanto histórico.

¿Y qué puede pasar en Guadalajara? En el PP la idea generalizada es que con el tirón de última hora se puede llegar, por los pelos, a conservar el segundo diputado, pero no las tienen todas consigo. En el PSOE hay temor por lo que les pueda quitar Ciudadanos por la derecha y por la izquierda  tanto Podemos como IU-Unidad Popular, especialmente los primeros en el Corredor del Henares, y por eso van a apelar al voto útil hasta el último momento. Hay otro factor que juega en contra del PSOE, y son las malas expectativas que  Pedro Sánchez tiene en la comunidad de Madrid, un vaso comunicante con Guadalajara, en donde la mayoría de los sondeos le sitúan en la cuarta plaza. Por el contrario, y como le sucede al PP, aunque el peso de la provincia apenas llega a un tercio del Corredor del Henares, en ella la implantación de los dos partidos tradicionales es real, en contra de lo que les sucede a Ciudadanos, Podemos o IU. Y ese tercio de voto rural puede, al final, acabar inclinando la balanza por ese segundo escaño del PP y mantener el tercero para el Partido Socialista. Pero lo que está fuera de toda duda es que la posibilidad de que por primera vez haya un reparto a tres en Guadalajara es verosímil, como avanza el CIS.

Me preguntan algunos lectores por mis sensaciones después de haber seguido todas las elecciones en Guadalajara desde 1979. Me voy a mojar en lo razonable.

El PP (UCD en las dos primeras elecciones, todavía  AP en las terceras)se ha movido entre 1977 a 2011 en una horquilla  que va desde el 37,9 de 1982 al 55,4% de 2000 (la mayoría absoluta de Aznar). En 2011, la mayoría absoluta de Rajoy,  fue su segundo mejor resultado, con el 54,03% de los votos.  Los populares, salvo en 1982, han sacado el segundo diputado con la “gorra”, porque la menor diferencia con el PSOE fue de cuatro puntos en 1986,  la segunda mayoría absoluta de González, y en el resto su triunfo ha sido claro. ¿Mi impresión? Si el PP logra mantener el 40% de los votos (podría perder hasta 14 puntos respecto a 2011), tiene el segundo diputado “seguro”. Entre el 37% y el 40% de los votos es solo “probable” y todo lo que sea bajar del 37% es “muy improbable”. Quiere esto decir que con que el PP repitiera su peor resultado desde que se presenta con ese nombre, tendría asegurado el segundo diputado, de ahí la magnitud del terremoto electoral en caso de no lograrlo.

En el caso del PSOE, el asunto es todavía más claro: vaticino que tendría representación en Guadalajara si repitiera cualquier resultado obtenido desde 1977 cuando se quedó en el 21,2. Bajar de ese porcentaje lo pondría en peligro, por lo que su margen de pérdida está en torno a los 7 puntos, teniendo en cuenta de que en 2011 sumaron el 27,6% de los votos. Por tanto, con la ponderación del voto provincial, mi impresión es que el PSOE no perderá su diputado, aunque hay algunos tracks que lo han puesto en duda.

En los casos de las fuerzas emergentes, Ciudadanos, Podemos, y sin olvidarnos de IU-Unidad Popular, que tiene  una organización histórica en la provincia desde los tiempos del PCE, para salir deben alcanzar porcentajes por encima del 18% de los votos. Ciudadanos,  a pesar de contar con un partido mínimo en Guadalajara, es al que los sondeos le conceden mayor posibilidad de llegar a ese porcentaje, por  su crecimiento en el Corredor, aunque para ello tendría que crecer entre 6 y 8 puntos para que se cumpla, dado que se quedaron en el 12% en las Autonómicas, y no hay otras elecciones para comparar. Ha habido algunos tracks que han dado a Ciudadanos por encima del PSOE, lo que  siembra algo de nerviosismo,  pero mi impresión es que la sorpresa no va a llegar a tanto.  Que la provincia va a salvar al PSOE de la hecatombe.

En el caso de Podemos, que consiguió el 14,6 % en las Autonómicas, juega en su contra la falta de acuerdo con una fuerza en declive, pero histórica en Guadalajara, como es Izquierda Unida, y que sumó casi el 7% en 2011. Una sola candidatura de la izquierda marxista, y con Blanca Calvo al frente, habría tenido posibilidades reales de entrar en el parlamento, pero la deriva que ha tenido Podemos en Guadalajara lo complica muchísimo, pero… Habrá que verlo.

En la noche del 20-D, haremos un operativo especial en Guadalajara Diaro , con los resultados a tiempo real, para tenerlos informados. Nos vemos el domingo.

De momento, esto es lo que hay. Ahora son ustedes los que tienen la última palabra.

 

El difícil equilibrio de Pedro Sánchez

Pedro Sánchez acaba de declarar que sería un fracaso no ganar las elecciones. Y lo hace cuando la percepción más extendida nos habla de que Sánchez, en realidad, a lo más que aspira es a ser segundo y que una afortunada ecuación –que no predicen las encuestas—le lleve luego a La Moncloa. ¿Por qué Sánchez echa este órdago, que le llevaría directamente a su dimisión de fracasar en su empeño?

Porque Sánchez está muy preocupado por cómo les están saliendo las cosas en esta primera semana de campaña, al haber comprobado que el Partido Socialista está perdiendo el voto útil, que siempre le reportó decenas de diputados extras. Sucede que mientras el PP sólo puede perder votos por el centro al no competir  con una fuerza de derecha potente, como les sucede a los republicanos en Francia, Sánchez está comprobando que se le están yendo votantes a la derecha e izquierda de su espectro.  Los pactos municipales y autonómicos dieron poder al PSOE  en algunas comunidades –por ejemplo, Castilla-La Mancha–, pero lo que se ha visibilizado es que abrieron la puerta sin nada a cambio al populismo en ciudades de gran impacto mediático. Pongamos que hablo de Madrid. Esto le ha hecho al PSOE perder una posición central entre el electorado moderado, que por primera vez tiene una alternativa  que no sea el PP. Y Rivera, con su mensaje socialliberal, aunque tenga un partido por hacer, es un cartel atractivo, y útil. Es más, es el único cuyo recorrido está más allá del 20-D.

sanchez-guadalajara-grupoPero la sangría de Sánchez también viene por la izquierda. Podemos ha aclarado muy pocas cosas en esta campaña, no sabemos si el socialdemócrata o marxista, carne o pescado, pero tiene un líder con atractivo para los jóvenes, y al que no le identifican con el comunismo rancio de la izquierda. Aunque el PSOE se ha movido en su mensaje programático hacia posiciones que ocupa Podemos, y ha jugado a ser Podemos,  no ha conseguido despegarse de la pesada carga que le dejó el gobierno de Zapatero en la gestión social de la crisis, y sigue teniendo un problema de credibilidad en esos predios. Tal es así que en las grandes ciudades el PSOE aparece en las encuestas como tercero y cuarto partido en preferencia, por todo lo anterior.

A Sánchez tampoco le han ido bien los debates.  En el organizado por El País, entre Rivera e Iglesias le hicieron un sandwicht  y se le merendaron como representante de la vieja política, que frente a los líderes sin pasado es simplemente política…  Y mientras tanto, Rajoy fumándose un puro en Doñana y sin sufrir desgaste alguno. En el debate a cuatro mejoró Sánchez, aprovechando que sus rivales emergentes ya que no le pudieron arrinconar contra la pared. Y Rajoy, tan pancho, viendo como Soraya le hacía con eficacia el trabajo.

A Sánchez le queda una última oportunidad en el debate a dos con Rajoy y en el que tiene que demostrar que es él el aspirante, y no Rivera, ni Iglesias. Un debate en el que tenemos la duda si Rajoy querrá hacer sangre con su rival herido, o si opta por la indulgencia, sabiendo que el PP, con quien realmente se está jugando los  últimos  votos es más con Ciudadanos que con el PSOE. Aunque la Ley D’Hondt es muy caprichosa.  Sánchez tendrá que hacer algo más que jugar al frente antipepé,  y  prometer que acabará con las principales leyes que Rajoy ha aprobado en su legislatura (reforma laboral, Lomce, Seguridad Ciudadana…), y definir de una vez por todas una alternativa de gobierno que le diferencie del potaje que se cocina a su izquierda, donde cualquier gasto es posible, porque nadie se preocupa en  explicar quién lo va a pagar. Que se lo pregunte a Felipe González cómo se hace, porque viendo las encuestas en las grandes urbes, Sánchez se la juega en Castilla, Extremadura y Andalucía. Si en la España profunda fracasa, hasta las encuestas más adversas, que yo ahora cojo con pinzas,  podrían acertar.  Estos es lo que hay,  don Pedro

P.D. Hasta el jueves no se encendió la iluminación navideña en Guadalajara. ¿No habría sido mejor adelantarla una semana y haber aprovechado el puente de la Inmaculada, que en ciudades como Madrid se ha convertido en los días de mayores ventas del año? Sí, es verdad, que en  el citado puente fueron muy escasos los comercios que abrieron en Guadalajara. Pero esto es la pescadilla que se muerde la cola: el Ayuntamiento no enciende la iluminación en el puente,  porque hay muy pocos comercios en el centro que la aprovechan.  Y los comercios no se animan a abrir porque la Navidad no llega  al casco comercial de la ciudad hasta el día 10 de diciembre. Sería cosa de hablarlo, entre todos; supongo. ¡Quién le iba a decir al tío Isidoro, el del Corte Inglés, hace muy pocos años,  que se iba a facturar a primeros de diciembre más que a final de año! Pues eso, si el Black Friday funcionó en Guadalajara, y mira que es impostado, por qué no se podría aprovechar también un puente que ha sido de oro, apenas a veinticinco kilómetros, en una comunidad dinámica, como es la madrileña, que hace tiempo demostró que las restricciones al libre comercio son cosas del pasado, y del intervencionismo más rancio.

En Guadalajara el agua es una mera expectativa

Una manifestación contra el Trasvase Tajo-Segura en Guadalajara a la que acuden cerca de mil quinientas personas  no es ningún fracaso, teniendo en cuenta que en nuestra provincia somos poco dados a movilizarnos, y que incluso organizaciones  se supone que potentes,  como los sindicatos, apenas han reunido a trescientas personas en algún primero de Mayo.  Por ello, nosotros la calificamos  en nuestro titular de “concurrida”, aun sabiendo que en esto de contar manifestantes siempre llevamos las de perder frente al Levante español. Por dos razones:

Primera,  porque ellos son más.

Segunda, y principal, porque si en Murcia salen a la calle cincuenta o cien mil personas en defensa del agua del trasvase del Tajo es porque los cien mil saben  lo que se están jugando. Para empezar, todos ellos son consumidores de ese agua en sus hogares e industrias. Y para terminar, el trasvase del Tajo son varios puntos en el PIB del levante español, lo  que contribuye a equilibrar de una manera decisiva la balanza comercial española. Solo el sector agrícola de Alicante aporta unos 600 millones de euros; por no hablar de su potente sector turístico.

Cabe por tanto hablar de una manifestación “concurrida”, para los términos en los que nos movemos por estos lares. No deja de ser patético, pero mientras que el agua del Tajo en el levante español es la defensa de una realidad en las  provincias de su cabecera apenas es una expectativa. Esto es así, porque a pesar de que han pasado cuarenta años, en el levante consumen el agua del Tajo para beber, para regar y para mantener su fabulosa industria turística. Y en Guadalajara y Cuenca, el agua es apenas una expectativa, porque solo en Sacedón y algunos pueblos ribereños beben agua del pantano, y aquí no se ha desarrollado una industria turística y de ocio potente como sucede en el levante, por no hablar de los regadíos previstos en las famosas leyes de compensación del Tajo-Segura, que se quedaron en agua de borrajas. Es más, en Guadalajara las expectativas han ido a peor, porque el incipiente sector turístico que alumbró el llamado Mar de Castilla en los años setenta ha decaído cuando se comprobó que los cálculos del Tajo-Segura eran un puro fiasco. En la cabecera del Tajo no hay agua suficiente para asegurar el abastecimiento de una región del nivel de consumo que tiene el levante español. Ingenieros y políticos  del tardo franquismo se equivocaron colocando la cañería en la cabecera del río y no en el Tajo medio, como demuestra la pluviometría. Y hasta en Murcia se han dado cuenta de ello.

Más allá de esta protesta, recurrente, que se hace en Castilla-La Mancha cada vez que las elecciones están cerca, hace tiempo que estoy convencido de que la solución a la falta de agua en la cabecera del Tajo tiene que llegar más por el empuje que se pueda hacer desde los beneficiarios de este invento,  el levante español, que por el empuje de su despoblada cuenca cedente. En la cabecera del Tajo cada vez nos queda menos que perder. Como decía uno de los portavoces de la Plataforma de Afectados por el Trasvase, José Antonio Vargas, que tiene uno de los pocos negocios de náutica que sobreviven, este verano ha estado obligado a  trabajar fuera casi todo el tiempo, porque ya no se puede traer a nadie en las condiciones en que está el pantano. Pero lo peor es el desánimo que se instala entre los pocos que se atrevieron montar un negocio en el entorno de los pantanos: «Esto es una muerte anunciada desde hace años, que empieza a calar».

Por eso, insisto, que como a la cabecera del Tajo peor no le puede ir, porque el aprovechamiento del agua que allí se almacena es solo una expectativa frente a la realidad del Trasvase, para garantizar un desarrollo a 400 kilómetros, deberán ser los beneficiarios de ese desarrollo los que se espabilen. Y tienen dos caminos.

Entrar por el aro en el desarrollo de nuevas desalinizadoras más eficaces, de las que hasta ahora no han querido  saber,  por los precios políticos del agua que llega del Tajo. Y no menos importante: luchar para que en España haya un Plan Hidrológico Nacional, que se fue al garete cuando el aldeanismo se extendió por esta vieja piel de toro al pairo de un estado Autonómico mal entendido, y peor vertebrado, en el que cada barón regional quiere ser el dueño del agua que discurre por su finca.

La triste realidad es que la cabecera del Tajo no da para más, y eso que todavía no se ha puesto en marcha el segundo trasvase previsto para llevar agua a la llanura manchega, que tampoco está en la cuenca del Tajo, precisamente, sino en la del Guadiana.

Aquí, todo el mundo quiere aprovecharse  de la misma vaca y de las mismas ubres, pero hace tiempo que estas se secaron. Soluciones,  las hay (les recomiendo el artículo de Rufino Sanz sobre la conexión entre las cuenca del Duero y el Tajo), pero en contra de lo que piensan los más optimistas, la desvertebración del Estado ha llegado a tal extremo que cualquier política territorial superadora de los intereses autonómicos  se hace inviable por las protestas que generaría. Soy pesimista.

Sospecho que de eso toca en las elecciones del 20-D, aunque por lo que vemos en algunas comparecencias televisas no lo parece.

Sólo hay una opción para el campus y lo demás son cosas raras

Sospecho que pronto vamos a tener noticias del nuevo campus de la Universidad de Alcalá de Henares en Guadalajara; nuestra universidad.  Y posiblemente el viernes 27 de diciembre en que el presidente regional Emiliano García-Page presidirá los actos del Día de la Enseñanza,que este año se celebran  en Guadalajara. Y también tengo la intuición, como Antonio Román, de cuál va a ser  el anuncio. Y digo que la tengo no por información privilegiada sino porque en este asunto del nuevo  campus solo hay una opción, y lo demás son cosas raras; y yo no tengo a Page por un político al que le guste meterse en aventuras extrañas y optar por el camino más difícil  – y el más caro ¡ojito!-,  cuando el principal está despejado y perfectamente empedrado.

No hay otra opción para el nuevo campus que elegir a las Cristinas y el entorno del Infantado, y lo demás son cosas raras, por muchas y poderosas razones. Solo apuntaré las principales.

Por la situación estratégica.  Para los alumnos y profesores que vengan del Corredor, tiene al lado la Estación de Autobuses y para los que opten por el ferrocarril hay una comunicación directa y rápida con los autobuses que salen de la estación de Renfe, que son todos. Además, su acceso en vehículo es fácil y directo desde la A-2 en coche.

Entorno universitario y capacidad de ampliación. En el entorno del palacio del Infantado está la Facultad de Educación y el nuevo aulario (prefabricado) donde se imparte Comunicación Audiovidual y que en las Cristinas podría  tener una ubicación definitiva. También está  cerca el edificio del campus de la calle Cifuentes, en el que se imparten el resto de las carreras de la UAH en Guadalajara, menos la de Enfermería. Pero hay más: en el complejo de Las Cristinas hay terreno suficiente para cualquier posible ampliación que pudiera ser necesaria y en el entorno hay dos edificios públicos, que están llamados a formar parte de la expansión de la Universidad, si en esta ciudad y en esta región tuviéramos un  mínimo de sensatez. Me estoy referiendo, claro está, al edificio del antiguo Hospital Provincial (hoy cerrado y vandalizado) y el antiguo Parque Móvil Ministerios, también cerrado, pero que todavía no ha sido vandalizado. Al tiempo. Estaríamos hablando por tanto de una almendra universitaria en el centro de la ciudad que garantizaría el desarrollo de la UAH  en los próximos cien años. Y no exagero.ComplejoCristinas

Las Cristinas, trabajo hecho. El acuerdo con Las Cristinas llegó más tarde de lo que a mí me hubiera gustado, pero hay que reconocer que tanto el Ayuntamiento como el anterior gobierno regional negociaron  bien y acabaron firmando un protocolo a un coste más razonable de las iniciales pretensiones del Ministerio de Defensa. Para ello, el Ayuntamiento de Guadalajara  puso sobre la mesa parcelas urbanizables  en los nuevos desarrollos de Guadalajara por valor de 7,6 millones, que permutaría con el ministerio de Defensa para compensar los 9,6 millones en los  que finalmente fue tasado el centro de Las Cristinas. El resto de la cantidad, poco más de 2 millones correría a cargo de la Junta de Comunidades. Ese protocolo está firmado y solo hay que rubricar el correspondiente convenio para lo cual hay de plazo hasta el 31 de marzo de 2016. De lo contrario, decaería. Y vuelta a empezar. Años perdidos.

La opción del Ruiseñor.  En la etapa Barreda se manejó llevar el campus  al polígono del Ruiseñor y se se habría ubicado al lado del virtual Parque Tecnológico de Guadalajara. En las maquetas quedaba chulo, hay incluso un proyecto (que está sin pagar, por cierto), que hizo un prestigioso estudio de arquitectura. Con la crisis, el Ruiseñor  sigue sin desarrollarse, y por supueso no se hizo ningún Parque Tecnológico.  Estaríamos hablando de un proyecto de unos 150 millones de euros,  que en los tiempos de vino y rosas previos al estallido de la burbuja, se pensaba que podía ser viable, pero que hoy ha quedado muy lejos de las posibilidades de nuestras instituciones públicos.  Vamos mejorando, pero esos tiempos nunca van a volver a Guadalajara. Mejor tenerlo claro. En cualquier caso, no veo ninguna ventaja en poner un campus universitario  en mitad del campo, en el extrarradio de Guadalajara. Hasta los que vinieran a estudiar desde  Madrid y los municipios del Corredor del Henares tendrían una peor comunicación que en el entorno del palacio del Infantado.

Funcionalidad y rapidez. Las dependencias de Las Cristinas presentan un estado que permitiría darles uso de forma casi inmediata y con “muchísimas posibilidades, en un momento de crisis en el que se necesita disponer de instalaciones para usos educativos, sociales y culturales, por lo que desaprovechar de esta forma el patrimonio de todos es dilapidar recursos públicos”. Así se expresaba en septiembre de 2014 la entonces diputada socialista por Guadalajara, Magdalena Valerio. Ni pongo ni quito una coma. Entonces Valerio tenía razón,  yo se la dí, y se la vuelvo a dar ahora. No estamos en condiciones de dilapidar recursos públicos.

Dinamización del casco histórico. Un proyecto de tanta envergadura como es el nuevo campus universitario no puede ir al margen de la visión global de la ciudad que queremos. Como dice el protocolo,  la confluencia en el mismo espacio permitirá a la Univesidad convertirse en un importante generador de actividad económica, revitalizando el pequeño comercio existente en el Centro de la Ciudad, así como la hostelería, la vivienda o el sector turístico, entre otros. La integración de una nueva población joven constituye el mejor estímulo para que la ciudad se revitalice, desde el punto de vista cultural, deportivo y formativo. Esta idea del campus en el centro fue también corroborada por el rector de la Universidad de Alcalá, Fernando Galván, que con motivo de la firma del protocolo decía cosas como esta: “Sueño con que aquí, mediante la cesión por parte del Ministerio de Defensa a la Junta y al Ayuntamiento de importantes parcelas situadas en el centro histórico, se cree un motor de dinamización de la vida académica y productiva de la ciudad”.  

Y ahora añado yo: el Ayuntamiento de Guadalajara no puede desaprovechar, como ha hecho con los nuevos Juzgados –que deberían haberse instalado en algún edificio público, sin uso, después de su rehabilitación—esta inmejorable ocasión para dinamizar todo el entorno del Infantado y los barrios del norte de la ciudad, que han quedado postergados en el desarrollo urbanístico de Guadalajara al haber tirado hacia el sur y el este de la ciudad. Sería imperdonable, o como me decía en una entrevista un prestigioso arquitecto Miguel Ángel Embid «Llevar el campus fuera del casco sería un error histórico, porque al final nos acabaremos quedando sin casco, sin universidad y probablemente sin universitarios. Una desgracia para el futuro de la ciudad”.

Lamentablemente, el desarrollo universitario en Guadalajara no ha seguido los pasos del modelo utilizado en la ciudad de Alcalá de Henares, donde su envidiable centro histórico no sería el mismo sin los edificios que se rehabilitaron para uso del rectorado y otras facultades. Y lo mismo podríamos decir de Toledo, como bien sabe García-Page, porque ha sido su alcalde, que ha evitado la ruina de emblemáticos edificios gracias a que en ellos se han ubicado Cortes regionales, presidencia de la Junta, consejerías, direcciones generales, etc, etc. Se puede decir que la capitalidad de la región ha salvado a Toledo de muchos de los problemas que ahora tiene el casco antiguo de Guadalajara. A buen seguro que haber concentrado toda la administración regional en el polígono de Toledo en obra nueva nos habría salido más barato. Pero habría sido un despropósito para el casco històrico de la vieja capital imperial. Estoy convencido de que  Page no puede negar a esta ciudad una oportunidad de la que sí dispuso la suya.

Por último,  vuelvo a las acertadas palabras de la secretaria local del PSOE y ex  diputada Magdalena Valerio ( a su sustituta estas cosas como tantas otras habrá que explicárselas) que antes citaba. Aunque reconocía que la apuesta firme del PSOE había sido por el Ruiseñor, añadía que «si nos presentan otro proyecto serio y bien planificado,  para ampliar el campus en otra zona de la ciudad, los socialistas lo estudiaremos y no vamos a poner ninguna traba, como hizo el PP en su momento”.

Pues bien, el  Ayuntamiento sí ha hecho esta vez los deberes y ha presentado un proyecto que está listo para ponerlo en marcha. Y por eso intuyo que un presidente pragmático como es García-Page no va a perder la oportunidad de pilotarlo, con Román, ahora que va a estar más descansado al no tener que ir al Congreso.

Esto es lo que hay. Ojalá que el viernes 27 tengamos buenas noticias y se pueda anunciar que el convenio se va a firmar en los términos previstos y que habrá una partida en los Presupuestos de 2016. Si no es así, habremos perdido otra legislatura.

Otra más.

Cinco candidatos desconocidos y un misterio

Escribía muy recientemente que el alcalde Antonio Román podría rehabilitar el viejo aeródromo de La Hispano, porque había serio riesgo de un aterrizaje masivo de “paracaidistas” en Guadalajara. Nuestra circunscripción históricamente ha sido muy apreciada entre los políticos cuneros. Está a 55 kilómetros de Madrid, a poco más de media hora en carretera y diez minutos en Ave -que sus señorías llevan en la pulsera del todo incuído- y es por lo tanto muy cómoda para hacer cualquier mandado. El Conde de Romanones,  hijo de una aristócrata alcarreña, se presentó por Guadalajara recién cumplidos los veinte años, y aquí estuvo ganando una elección tras otra hasta febrero de 1936 cuando España se dividió en dos bandos irreconciliables y él encabezó el llamado Bloque Antirrevolución. Aunque el Frente Popular ganó también en Guadalajara, el viejo  Romanones fue el candidato de la derecha más votado. Jamás perdió unas elecciones en su circunscripción, que no quiso dejar ni cuando siendo alcalde de Madrid o presidente del Gobierno [del Consejo, se llamaba], así se lo pedían los pelotas de turno: “Don Álvaro, usted se merece una provincia de más lustre”. Pero Romanones le cogió gusto a la plaza, la llegó a conocer de memoria, y con el tiempo fue el diputado más influyente y el que más logros consiguió para “su” provincia en la historia.

Han pasado 79 años desde que Romanones ganara la última elección (Franco le designó procurador en las primeras Cortes del nuevo Régimen, para la foto), pero a los efectos que nos ocupan, parece que fue ayer, como diría Unamuno en la universidad de Salamanca parafraseando a fray Luis de  León. Hasta tres paracaidistas tres, han aterrizado en la plaza, que ya no tiene aeródromo, porque la fábrica de motores de aviación acabó en Sevilla tras la guerra, cuando Romanones dejó de pintar algo en España y Queipo de Llano reclamó para la Hispalis victoriosa el botín de una guerra que – ¡tiene narices!-, también perdió Guadalajara, porque fue de las últimas capitales en caer. Pero con aeródromo o sin él, ¡qué tendrá esta provincia!, que en ella se han dejado caer dos prebostes del ancien regime, el número 2 por el PP y la número 1 por el PSOE, pero también aquí quieren asentar sus posaderas los llamados renovadores, aquellos que iban a llevar a la asamblea hasta el color de los folios a comprar, y a las primeras de cambio se olvidan de las Primarias, y ponen de candidato a un señor de Buenos Aires, del que lo único que sabemos  es que fue compañero y amigo de Pablo Iglesias en el campus de Políticas, y miembro de su círculo más cercano. Tal vez podrían alegar ante tal emergencia, que  Blanca Calvo salió a escape en derrota en la última de las horas, y puede que algo de razón no les falte, que estas cosas se deben de comunicar con un mínimo de tiempo, como se ordena en los divorcios, pero no deja de extrañar que después de llevar meses votando por internet en democrática asamblea virtual para escarnio de la casta, sorprende que en Guadalajara no hubiera nadie para ostentar tal honor que un porteño de Galapagar. Pues si doña Blanca se retiró lamentándose de que la izquierda verdadera haya perdido una “ocasión histórica” para sacar un diputado en la provincia, viendo la deriva de los acontecimientos,  no descarten que Unidad Popular, la nueva marca de Izquierda Unida, todavía obtenga más votos aquí que la alternativa mediática, que puede acabar como el submarino de Isaac  Peral: no superó las expectativas.

Del PSOE y sus avatares, todo dicho lo tengo ya, pero me falta lo del PP, porque Rajoy  ya sabemos que le fatiga eso de hacer listas, porque no es plato de buen  gusto mandar a más de medio grupo parlamentario fuera de la carrera de San Jerónimo, tal y como está de precario el empleo, pero hay cosas que no pueden esperar. Y así sucedió que siendo el mediodía  del viernes a Román le llamó Cospedal para comunicarle una novedad nada grata, que los alcaldes no podrían ser esta vez diputados pues los tiempos vienen apretados y no van a sobrar precisamente los cargos, como en esta legislatura, con lo que era perentorio decidirse: o  Plaza Mayor o Carrera de San Jerónimo.  En apenas horas, minutos diría yo, Román habló dos veces con Cospedal, que ese viernes llamó a más gente que Miguel Gila, y la instrucción fue clara: “No va a haber excepciones”. Esa misma mañana, tres alcaldes populares ponían fin a sus mandatos, entre ellos el de la vecina Teruel, pero Román se quedó en Guadalajara haciendo honor a su palabra dada. Lo fácil para él habría sido seguir pisando moqueta en el palacio del Congreso, que es paño de buen pelo y agradecido, pero se quedó en Guadalajara al frente de una minoría minoritaria frente a una una oposición que pretende gobernar a golpe de moción. ¡Nunca aprenderemos de Francia! Cual caballero renacentista, Román dijo a Cospedal que su compromiso era Guadalajara, que le quedaban cosas por hacer, y dio por terminada su carrera parlamentaria. Una escena digna de incorporar al Tenorio de 2016.

A partir de ahí, todo  se precipitó. La única decisión tomada hasta entonces era que Ramón Aguirre, el actual presidente de la Sepi, el político mejor pagado de España, que yo aquí subrayo con admiración, no lo duden -¿para qué llegar a La Moncloa cuando se puede cobrar más que su inquilino en un puesto menor?-,  volvería a ser el número dos de Guadalajara con lo que eso suponía un problema…para Echániz. Pero no porque ambos no se junten todos los viernes para salir de copas después del trabajo, eso es lo de menos, con Aguirre de dos había que buscar de uno a una mujer para no romper la paridad, y que fueran tachados de machistas. ¿Guarinos? No, porque su destino también estaba decidido y algo apunté en anteriores post. Al marcharse al Congreso,  Cospedal  tenía que dejar un primus interpares en la dirección del grupo parlamentario, y aunque se mantiene a Francisco Cañizares como portavoz, Cospedal legó a Guarinos la presidencia del grupo, que ella misma había ostentado. Cospedal quiere a un halcón con experiencia y de plena confianza  al frente del grupo parlamentario, y para ese papel ¡nadie mejor que Guarinos!, con Lorenzo Robisco de látigo del gobierno en su papel de viceportavoz. Dos duros curtidos en bahía Cochinos, para una legislatura de alta tensión.  Me consta que pudiendo,  Guarinos no se postuló para ir  también el senado. Prefirió quedarse en la Diputación donde los presidentes provinciales del PP siempre han guardado la viña. Para lo que no tengo respuesta, por ahora, es para un misterio que nos deja la elaboración de la lista popular: ¿Por qué siendo Echániz de Guadalajara y Aguirre de Madrid, se decide que aquel se presente por Madrid y este por Guadalajara? Me consta también que Echániz quería seguir en su tierra, después de  tener que dejar el escaño hace cuatro años al ser llamado por Cospedal  para ir al Vietnam, que entonces era la consejería de Sanidad con más deudas que la Cataluña de Mas. ¿Qué pasó?

Y así apareció Silvia Valmaña, favorecida por el gineceo. Una profesora de buen currículum, con un perfil que se agradece en una política a  la que los profesionales cualificados le dan la espalda, pero que al margen de su nombramiento como directora general de Familia con Cospedal, no había tenido ningún protagonismo en la política provincial desde que militó, creo recordar que con Echániz, en las Nuevas Generaciones…

Y así se acaba cerrando, con el misterio apuntado, una lista del PP para hacer frente a las elecciones más complicadas que este partido va a tener en Guadalajara desde 1982, las únicas en que fue superado por el PSOE de un Felipe González triunfante.  Desde entonces, siempre el PP ha sacado dos diputados por uno el Partido Socialista. ¿Hasta ahora? La división del voto en la izquierda del PSOE le resta muchas opciones,  con lo que previsiblemente es Ciudadanos el partido que le podría disputar al PP ese tercer diputado. Y empieza a ser posible. Teniendo en cuenta que los sondeos  conceden a Ciudadanos en torno al 20 por ciento  en Madrid, y siguen al alza,es razonable pensar que esa cantidad se podría trasladar a todo el Corredor del Henares, donde vive el 75% del censo provincial, y aunque pudiera bajar  dos o tres puntos en el resto de la provincia eso quiere decir que el PP necesitaría entre el 37 y el 40 % de los votos para mantener ese segundo diputado para el señor Aguirre. Ese porcentaje el PP lo había logrado hasta ahora con la gorra, solo hay que apuntar que en las elecciones de 2011 los populares alcanzaron el 54% de los votos, con lo que se podrían permitir el lujo de perder en torno a los 15 puntos y preservar ese diputado. Pero,  tal y como apuntan los sondeos, la opción de que, por primera vez en la historia, Guadalajara pudiera repartir sus tres diputados entre tres formaciones diferentes es ya verosimil.¡ Y mucho ojito!  La única posibilidad de que el PP logre una minoría razonable que le permita gobernar con un pacto parlamentario, ya que Rivera rechaza –un poco pronto, me parece- los gobiernos de coalición, pasa porque ganen en las provincias pequeñas en las que se ventilan 3, 4 o 5 diputados. Si el partido de Rajoy fracasa en ellas, no gobernará porque en las circunscripciones más populosas las ventajas van a ser mínimas. Y en Guadalajara un 2-1 es doblar. Uno que saco y otro que te quito.

Una cosa más podemos decir. No recuerdo ninguna otra elección en la que los cabezas de lista de los partidos principales sean menos conocidos entre el electorado provincial como los que acudirán a las urnas el 20-D, y esto es algo que también beneficia a Ciudadanos, porque sin candidatos con tirón, la elección tiene todavía un componente más ideológico que nunca. Como recomiendan los expertos… con que no metan la pata ya les vale.

P.D. Es de agradecer que después del galimatías que organizaron los portavoces de la consejería de Sanidad al respecto del convenio sanitario con Madrid, primero el presidente Page y luego el vicepresidente Guijarro salieran al paso, con tres días de diferencia, ratificando con palabras claras que el convenio seguirá vigente, con independencia de que se luche para que en la próxima legislatura se vuelva a dotar el Fondo de Cohesión con fondos para cubrir este tipo de gasto. Yo les deseo muchor éxito, aunque como tengo escrito soy pesimista al respecto, pero mientras tanto les ruego encarecidamente. No toquen el convenio, porque sin él todavía seguiríamos viajando a Ciudad Real a una consulta. Ahora es nuestra única garantía.

Pues bien,  a pesar de todo ello, el consejero que fue el artífice de este avance histórico, tres magníficos hospitales en Madrid de referencia,  ha tenido que coger las alforjas y encontrar acomodo  en la candidatura de Madrid. ¿Alguien me lo puede explicar?

Esto es lo que hay. Un misterio.

Demasiada confusión sobre el convenio sanitario

La actual consejería de Sanidad o no sabe explicarse o es que no tiene claro lo que va a hacer y por eso no  sabe explicarse.  Hablo, claro, del convenio sanitario con Madrid. En un primer momento, se dijo que se quería revisar  en lo que atañe a la provincia de Toledo (diferente al de nuestra provincia, porque incluye toda la asistencia especializada en los vecinos hospitales de Aranjuez y Parla), pero que en la parte que afecta a Guadalajara no habría problema porque los cuatro  hospitales asignados son públicos de verdad. Luego, en sede parlamentaria, el consejero Julio Fernández ya me empezó a dar qué pensar cuando vino a decir que la atención de los guadalajareños en los hospitales de Madrid debe de ser  como la de sus paisanos de Ciudad Real,  que cuando van a los hospitales madrileños  no pagan por ello. La comparación no cuela: en aquel  caso estamos hablando de una intervención urgente y  puntual, que se produce  cuando no hay esa especialidad  en los hospitales del Sescam cercanos, mientras que con Guadalajara es una atención  continuada –y en las mismas condiciones que cualquier usuario madrileño- en siete importantes especialidades (neurocirugía, cirugía cardíaca, cirugía pediátrica y afines, neonatología, medicina nuclear y cirugía torática)  de las que se carece en el hospital de Guadalajara, y que de lo contrario nos obligaría a largos viajes  hasta hospitales que pueden estar a más 300 kilómetros del lugar de residencia del paciente. Tampoco  me ayudó mucho  a clarificar la situación que el mentado consejero contestara otro díacon  que  la asistencia de los guadalajarareños “está garantizada”, porque es obvio que la asistencia de cualquier ciudadano europeo está garantizada en cualquier país de la Unión. Yo me voy  a Finlandia, y mi asistencia estará tan garantizada como en un  hospital de Ciudad Real; no tendría que pagar por ello, caso distinto es si me ocurriera un contratiempo  en Estados Unidos y no tengo seguro.

Pero si el consejero Fernández ha ido oscureciendo su mensaje sobre el convenio con Madrid a medida que han ido pasado los meses, si bajamos un escalón la confusión es mayor. Las explicaciones que dio a los periodistas en Guadalajara  su director general de Calidad, Rodrigo Gutiérrez, son un galimatías, y como están tan sujetas a intrepretaciones casi mejor que ustedes la lean y las juzguen. A cada explicación de los portavoces de esa consejería se sucede una nueva duda, por lo que no es de extrañar que, al final, cada cual saque sus propias conclusiones  y dependan de donde sople el viento. Y así, lo que en el PP es una muestra “evidente”  de que Page y Fernández  “mienten” y quieren liquidar el convenio con tal de que  pasen las elecciones, para la plataforma de la Sanidad, que integran partidos de izquierda y sindicatos de clase, todo eso es puro “alarmismo”, porque no se corresponde a una situación real.

Esta ceremonia de la confusión, me temo,  va durar durante la campaña electoral, así que en estos casos lo que procede,  para no liarnos, es retirar la hojarasca que muchas veces impide ver el bosque. Y esto es lo que veo:

Punto número uno: lo único que ahora garantiza la asistencia de los ciudadanos guadalajareños en los hospitales de Madrid es que se mantenga el actual convenio. Si se denunciara, o se dejaran de hacer frente a las obligaciones de pago previstas, se podría resolver en tres meses por cualquiera de las partes (Madrid o Castilla-La Mancha), con lo cual volveríamos al turismo sanitario que hemos sufrido especialmente en los últimos cuatro años. No hace falta extenderme en las consecuencias de una indeseable ruptura unilateral del convenio, porque cada cual conoce a un pariente, un vecino o un amigo que te puede contar mil y un detalles de personas que han tenido que levantarse a las cuatro de la mañana para llegar a una consulta a un hospital de La Mancha, o que ante la hospitalización de un hijo se han tenido que alquilar un piso en Toledo durante meses. Cuando el  Cercanías entre Guadalajara y Madrid  tiene 36 expediciones solo entre las 5 a las 14 horas.

Punto número dos: Es lícito que el gobierno regional quiera que los fondos de cohesión paguen todo o parte de lo que cuestan los servicios que la comunidad de Madrid presta a los residentes  en Castilla-La Mancha. ¡Pero ojito, mientras eso no deja de ser una aspiración, que depende del gobierno del Estado y del conjunto de las autonomías, romper o mantener este convenio sí es una decisión que depende exclusivamente de Castilla-La Mancha!  Y mientras no tengan algo mejor, el gobierno de Page cometería un error histórico liquidando este convenio, porque sería volver al turismo sanitario al día siguiente . Tengo escrito que tal y como van las cosas en este país, donde las autonomías  cada día quieren ser cada vez más autosuficientes, los fondos de cohesión van a menos, porque se basan en una cualidad que afloja en España: que es la solidaridad entre las regiones. Pero si el gobierno de Page quiere intentarlo con el gobierno central que venga,  le deseo mucha suerte! ¡Yo también juego todos los viernes al cuponazo, aunque jamás me ha tocado algo más que el reintegro! Pero no hagamos demagogia diciendo que lo de ahora es como pagar dos veces por un mismo servicio. Porque si a un niño de Guadalajara le hacen una cirugía cardiaca en La Paz, y la comunidad de Castilla-La Mancha corre con el gasto – porque la Sanidad está transferida en España-, se estará evitando el desembolso si tuvieran que hacerlo en un hospital de Albacete; o de Toledo. ¿O es que allí operar nos sale gratis?

Punto número tres: Una autonomía que provoque el alejamiento de los ciudadanos de la sanidad especializada es una autonomía que no sirve; no es útil. Y a partir de tal evidencia se desencadenarían  otras consecuencias  en la relación de Guadalajara con Castilla-La Mancha que hoy prefiero no abundar sobre  en ellas.  Por todo ello,  confío en que García Page, al que siempre he tenido por un político pragmático, no caiga en esa concepción nacionalista de la sanidad, que pone antes al sistema que a las personas.  Hay veces que es necesario subrayar lo obvio: lo que menos importa al ciudadano es que el hospital en el que le atienden sea del sistema de salud de Madrid o del de Castilla-La Mancha; lo que exige es que sea de calidad y que esté lo más cerca posible de casa.

Punto número cuatro: no deja de sorprenderme de que se esté insistiendo todos los días en lo “caro” que nos sale el convenio, unos 60 millones al año, cuando daría un servicio de proximidad a  más de 350.000 personas en las provincias de Guadalajara y Toledo. Y mientras tanto se repare tan poco en que nos gastemos  casi 40 millones de euros en una televisión autonómica que tiene un share penoso, y cuando hay ya una televisión pública dependiente del Estado. ¿Que dirían los ciudadanos si les preguntaran de estas prioridades?

Y punto quinto: ¡Qué tacaños son en Toledo cuando se trata de Guadalajara! Están dando la apariencia de que el convenio pudiera afectar a la estabilidad financiera de toda la región –aunque todos sabemos que  esta deviene  de un injusto sistema de financiación–, y se olvidan de la generosidad que hubo a la hora de tomar otras decisiones. Mucha gente desconoce que mientas que en Ciudad Real, con medio millón de habitantes, hay cinco hospitales públicos y todas las comarcas tienen su hospital de proximidad -¡que me parece bien!- en Guadalajara con  250.000 habitantes solo tenemos uno, y ya estaba construido en aquellos infaustos tiempos del centralismo cuando la sanidad dependía del Estado, y no había fronteras autonómicas.  Pues bien, llevamos desde  1982 con  estatuto de Autonomía, y la única obra de envergadura que han hecho en el Hospital Universitario  de Guadalajara  es un aparcamiento. Ni tan siquiera sabemos a estas alturas,  ni cómo va a ser la ampliación del hospital, ni cúando se hará, ni para qué. ¡Pero eso sí,  hay que tener mucho cuidado no sea que  este convenio con Madrid para asegurarnos la asistencia en los hospitales  de La Paz, Ramón y Cajal y Puerte de Hierro en siete especialidades   vaya a llevar a la ruina a la Autonomía entera!

Esto es lo que hay. Por hoy. 

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