Ciudadanos y el inteligente (pero arriesgado) ejercicio de la bisagra

Hans-Dietrich Genscher fue uno de los políticos europeos más influyentes en la Europa de la guerra fría. Estuvo en el Bundestag como diputado desde 1965 hasta 1998, en que se retiró, y desempeñó un puesto clave en la política alemana y europea como ministro de Asuntos Exteriores de la RFA entre 1974 y 1992. Como líder del partido liberal alemán (FDP), gobernó primero en coalición con los socialdemócratas de Willy Brandt y de Helmut Schmidt; y cuando intuyó que el tiempo de la izquierda alemana había pasado cambió de aliado estratégico y contribuyó a la llegada al poder de la  CDU (democristianos) con su canciller Helmut Kohl, el gigante político que logró la reunificación alemana.  Hans-Dietrich Genscher fue un exquisito bisagrista, y hoy lo traigo a colación  a propósito de la situación de Ciudadanos, otro partido liberal, enfrentado ante la decisión más difícil de su historia. Decidir el destino de los principales ayuntamientos de España, entre ellos el de Madrid, y de las comunidades autónomas de Castilla y León, Aragón, La Rioja, Murcia, Canarias y posiblemente Asturias. ¡Ahí es nada!

Los resultados electorales del 26 de Mayo han despejado en parte la duda de Ciudadanos sobre lo que querían ser de mayores: si disputar al endeble PP de Pablo Casado el liderazgo del centro-derecha o conformarse con una posición muy cualificada pero subordinada, la de bisagrista  entre de los dos partidos mayoritarios. En las elecciones Generales del 28-A, Ciudadanos se acercó mucho al “sorpasso” del PP, pero se quedó a las puertas con 57 diputados y el 15,8% de los votos frente a 66 diputados y el 16,7% de los populares.  Y en las elecciones locales del 28-M, la tendencia se confirmó: la mayor organización territorial del PP les reportó 5.148.808 votos con el 22,60%, mientras que CS bajó al 8,72% y 1.878.729 votos. No hay vuelco.

En estas circunstancias, Ciudadanos queda como partido bisagra. Lo que tampoco debería ser un papel indecoroso. Depende de cómo lo gestione; y si Rivera es capaz de imitar a Hans-Dietrich Genscher y ocupar la centralidad de la política española desde una posición muy influyente, pero minoritaria, metiendo en cintura y sirviendo de freno a populistas y nacionalistas; o si los inexpertos candidatos de Ciudadanos acaban siendo absorbidos por los gobiernos locales y autonómicos que tendrán de mascarón de proa a presidentes y alcaldes socialistas o populares, que capitalicen su gestión. Ejemplos: el último gobierno de García-Page con Podemos en Castilla-La Mancha; o el primero en coalición de PSOE y PCE en Guadalajara, que desencadenaron dos amplias mayorías absolutas socialistas.

En Guadalajara, todo tiene pinta de que Ciudadanos va a gobernar con el PSOE, el partido más votado. Y si lo hace, sería deseable de que entrara en el gobierno y se comprometiera con él, lo que no hizo en el último mandato de Román, con mal resultado para la ciudad. No se puede entregar el gobierno a un alcalde y al minuto siguiente dejarlo en minoría. También podría Ciudadanos llegar a un acuerdo de gobierno con el PP, con el contundente argumento de que el centro-derecha (PP+ CS+Vox), sumó 1.111 votos más que la izquierda en Guadalajara, pero surge como impedimento un obstáculo que parece insalvable: CS se niega a sentarse en la mesa con Vox, y encima los descalifica. Por ello, Román tendría que negociar un pacto de gobierno con CS, que apenas sumaría 11 ediles, y luego mostrarlo a Vox como si fuera las tablas de la Ley esculpidas en mármol, solo para que lo echara un vistazo y lo votara en el pleno. En el mejor de los casos estaríamos desde el minuto 1 con otro gobierno en minoría de 11 concejales.

En esas circunstancias, el camino hacia un gobierno entre PSOE y CS en Guadalajara está más despejado, y seguro que a engrasarlo contribuirá Page, porque en la misma situación están los ayuntamientos de Ciudad Real y Albacete; y alguna Diputación, como la de Guadalajara.  Aunque el presidente regional, con su mayoría absoluta, tiene poco que ofrecerles. Pero algo se le ocurrirá, que Page es hombre imaginativo. Otra cosa es que luego cuando tengan que comparar programas en asuntos como la fiscalidad o las políticas de empleo, verán que hay serias diferencias, las mismas que desde hace medio siglo separan a socialdemócratas y liberales. ¿Se harán Page y Rojo social-liberales como se hizo Helmut Schmidt por exigencia de Genscher? ¿O se convertirá Pérez-Borda y Alejandro Ruiz en socialdemócrata?

En Guadalajara, presiento que a este PP tan necesitado de cambios y de caras nuevas, tampoco le vendrá mal un gobierno de centro-izquierda PSOE-CS, porque le dejará ocupar toda la oposición y, si es inteligente, visualizar que eso de votar a partidos a su derecha extrema no ha sido un buen invento. Un grupo de oposición en el que no estaría Román, y supongo que alguno más, podría dar guerra a un equipo de gobierno repleto de novatos y que van tener que aprender rápido en gestión municipal para que no se les note mucho. Pero esto es lo que hay.

Consecuencias de una Ley Electoral que deja a los partidos la decisión de los pactos y no devuelve la palabra al ciudadano, como sucede en Francia con su famosa segunda vuelta.  Rajoy lo pudo haber cambiado, pero no se atrevió. Pues ahora, que no se quejen.
75 AÑOS DEL DÍA D.- El 6 de junio de 1944 se cumple el 75 aniversario del Día D. Ningún otro lugar me ha impresionado tanto como pasear por aquella playa de Omaha en la que 2.500 soldados americanos perdieron la vida solo en las dos primeras horas del desembarco frente a guarniciones alemanas parapetadas sobre acantilados de más de viente metros desde los que practicaron el tiro al blanco con los que intentaban desembarcar. Normandía está sembrada de cementerios, en los que miles de tumbas rematadas por cruces o la estrella de David se pierden en el horizonte. En todas ellas solo pone el nombre de enterrado, rango, la fecha de su muerte y el estado de procedencia. En el Día D y posteriores perdieron la vida unas cien mil personas, más de la mitad alemanes, que tienen sus propios cementerios.

En estos tiempos donde por los euroescépticos de todo pelaje, aquí y allá del Atlántico, con tanta ligereza se cuestiona la Europa unida y democrática que nació del sacrificio de aquellos héroes es bueno recordar de dónde venimos, sobre todo para no regresar a aquellos años treinta en que la Europa de los ultranacionalismos inoculó a sus sociedades más cultas el virus de la intolerancia y el fanatismo. Deberían promover excursiones gratis a aquellos cementerios normandos para que todos supieran hasta dónde puede llegar la raza humana cegada por el totalitarismo.

Sobre estas líneas,  Normandía, playa de Omaha y cementerio americano /Foto: S. Barra.

 

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