Un poco de rigor, consejero

“No es necesario crear un almacén temporal centralizado en ningún lugar y menos en Vilar de Cañas, que no era el lugar para hacerlo”.Dijo el consejero Francisco Martínez Arroyo; y se quedó tan ancho.

No voy a entrar en la última conclusión de su frase, porque no tengo elementos de juicio para saber si técnicamente lleva razón. Sí me consta que el proceso de adjudicación del ATC se pactó en el Congreso entre las principales fuerzas políticas del parlamento (al que no habían llegado todavía Ciudadanos y Podemos), pero como al final es el Ministerio de Industria el que tomó la decisión, pues no pondría yo la mano en el fuego de que una dirigente tan potente como Cospedal, no pusiera de su parte para que el cementerio  nuclear terminara en Villar de de Cañas (En Castilla-La Mancha también lo pidió Yebra, pero en Guadalajara despertó una importante oposición).  Desde el otro lado, también se podría argumentar que si tan importante es para la naturaleza el entorno de Villar de Cañas y la laguna del Hito, mucho han tardado los sucesivos gobiernos de Castilla-La Mancha en establecer su protección, que no se hace efectiva hasta mucho después de que el Ministerio de  Industria de José Manuel Soria   colocara en el diminuto pueblo conquense el ATC.  Siguiendo la estrategia de Bono con Cabañeros.

Me voy a centrar, por tanto , en la primera parte de la aseveración: “No es necesario crear un almacen temporal centralizado en ningún lugar», porque un consejero  regional que tiene las competencias de Medio Ambiente está obligado a un mínimo de rigor. Y pontificar que no es necesario crear un ATC en ningún lugar, es técnicamente falso, como muy bien sabemos en Guadalajara. A no ser que el señor  Martínez Arroyo esté dispuesto a llevarse la basura nuclear a los sótanos de su consejería. Por que los residuos de alta actividad que deberían ir al  ATC de Villar de Cañas, junto con los del resto de centrales españolas, se guardan ahora en los almacenes individuales que hay en los recintos de las centrales. Y si no hay un ATC disponible en España  a medio plazo, tales residuos deberían permanecer  por los siglos de los siglos en Trillo, Zorita y el resto de nucleares españolas. Y como muy bien sabe el consejero (o por lo menos alguien se lo debería haber explicado) tales almacenamientos  o ATIs (el de Zorita al aire libre y el de Trillo en una nave cerrada) no están diseñados para guardar los residuos de alta actividad durante miles y miles de años, que esa es la vida estimada de los mismos mientras la tecnología no acorte su periodo de latencia.

Si no se construye por lo tanto el ATC en Villar de Cañas o en los jardines de La Moncloa, me quiere explicar el señor consejero qué hacemos con los residuos que están en Trillo y Zorita. ¿En lugar de construir  un ATC para toda España, hacemos  siete almacenamientos temporales en Trillo, Zorita, Almaraz,  Garoña, Cofrentes, Vandellos y Ascó,  para que pudieran aguantar como mínimo  dos centenares de años hasta que se desarrolle un Almacenamiento Geológico Profundo (AGP)? Por que hay que aclarar que un ATC tampoco es para siempre, sino una parada intermedia en la que los residuos de alta actividad se almacenarían hasta que se desarrolle técnicamente  ese cementerio definitivo o AGP, una solución que en ningún país del mundo se ha llevado a cabo. En ninguno.

Quiere esto decir que si ya no hace falta un ATC, como osadamente ha dicho el consejero, es porque alguien está dispuesto a cambiar el Plan de Residuos Español (que lo aprueba el parlamento, aviso) y sería porque en lugar de hacer un solo ATC para toda España, se harían siete atecés más pequeños, con lo que los gastos de ingeniería, construcción, mantenimiento y seguridad habría que multiplicarlos… por casi siete. Señor consejero, se lo digo sin acritud: eso no lo veremos usted  y  yo ni hartos de güisqui.

Esto es lo que hay.  EL ATC es necesario , porque es menos costoso y seguro mantener un silo radiactivo que no siete (de hecho, en Zorita se lleva a cabo la última fase de desmantelamiento de la central nuclear, y el plan previsto es liberar todo el emplazamiento, Ati incluido), se haga en Villar de Cañas o en Babia. Y mientras tanto, los residuos seguirán en las centrales en unos recintos que no están diseñados para una estancia prolongada, insisto. Y que se sepa en Guadalajara.

Por eso hay que pedir a nuestros políticos un poco de rigor. Porque esto es lo que hay.  Nos guste o no, señor  consejero. Y le aseguro que a mí no me entusiasma, pero como yo soy de Guadalajara, y nuestros representantes políticos no se quieren dar por enterados, lo escribo aquí.

 

Foto: Residuos de alta actividad que aguardan en contenedores en el perímetro de la central de Zorita (en la última fase de desmantelamiento),  en espera   de ser trasladados a un ATC./ Archivo Guadalajara Diario.

Una fina cuadrilla para torear al Minotauro

Pedro Sánchez ha dado un golpe de efecto con la designación del nuevo gobierno, porque con él ha querido visibilizar que no está (aparentemente) atrapado por las malas compañías con las que pudo desalojar a  Mariano Rajoy,  y así llegar a la presidencia del Gobierno en lo que se llama una moción de censura constructiva.

Si legítimamente Sánchez era sospechoso de compadreo con los que quieren romper España y el orden constitucional, nos nombra para exteriores a José Borrell, el hombre que mitineó en las manifestaciones ciudadanas  de  Barcelona contra el independentismo. Y para mantener el equilibrio en el PSC, hace ministra de Administraciones Públicas a Meritxell Batet,  la federalista que representa esa otra segunda alma del socialismo catalán, cercana a Miquel Iceta.

Si legítimamente Sánchez era sospechoso de llevar como compañeros de viaje a populistas, que desde la derecha o la izquierda ponen en solfa a los valores sobre los que se construyó la unidad europea, y están ganando terreno en casi todos los países de la UE, nombra a Nadia Calviño, una de las más altas funcionarias europeas y manda así el mensaje de que España no es Italia, ni el PSOE el Movimiento 5 Estrellas.

Si legítimamente el coqueteo de Sánchez con ese izquierdismo que bebe en fuentes lejanas a la socialdemocracia hacía pensar en que el líder del “No es no” sería complaciente con políticas de gasto incompatibles con el  equilibrio presupuestario, que aumentarían nuestra deuda, como ocurrió en los tiempos de Zapatero,  y dificultaron la posterior recuperación económica, ya con Rajoy, el nombramiento de la andaluza  María Jesús Montero en Hacienda, dicen los que la conocen que no permitirá aventuras con las cuentas públicas.

Si legítimamente el voto favorable de Bildu  (los herederos de los que nunca condenaron a ETA y contribuyeron a que siguiera matando), es un siniestro baldón en la investidura de Sánchez, el nombramiento para interior de Fernando Grande Marlaska, un juez sin dobleces en la lucha contra el terrorismo (y que llegó al Consejo del Poder Judicial a propuesta del PP) es un mensaje en el que quiero entender que ETA no va a escribir el relato sobre lo que pasó en el País Vasco, porque sería tanto como traicionar a los miles de muertos y heridos con secuelas irreparables.

Si todo esto se cumple, Sánchez se habrá ganado el respeto de tantos a los que nos cuesta creer en su solvencia para llevar el timón de un país tan complejo como España, dudas que acrecentó porque desde la oposición ha dado muestras de no tener las ideas claras y de ser capaz de decir una cosa y la contraria. Con tal de caer bien y sumar fuerzas para llegar a La Moncloa, aunque sea por la puerta de atrás, sin ganar las elecciones.

Pero dicho esto, no seríamos justos si no reconociéramos el esfuerzo que ha hecho Pedro Sánchez por recuperar ese espacio de centro-izquierda para el PSOE y una política creíble que no hiciera tabla rasa con los valores y consensos de la Constitución de 1978, que es lo que desean la mayoría de la variopinta coalición que le acompañó en la moción de censura.

Si estas son, a mi juicio, las cuatro patas sobre las que se asienta el gobierno, tiene además otras complementarias que invitan al optimismo. La vicepresidenta Carmen Calvo no tiene el don de la oratoria, pero es una rigurosa catedrática de derecho constitucional, de la que no cabe esperar tontunas.  Es bueno que se quiera visibilizar el papel creciente de la mujer en nuestra sociedad nombrando  11 mujeres entre los 18 ministros, pero no tanto por su sexo sino por su capacidad y mérito. Esto es lo que importa más allá de la cursi retórica de querer enmendar a la Real Academia Española la plana negando la existencia del género neutro, y empeñándose es desdoblar artificialmente el lenguaje  con fórmulas como “Consejo de Ministras y de Ministros”,  porque se topan con la economía que el hablar requiere y hay que evitar crear  una manera de expresarse, la de políticos e instituciones, alejada de la sociedad.

Es una buena noticia que una ministra con galones como Margarita Robles ocupe la cartera de Defensa, con lo que quiero pensar que el gobierno no caerá en el antimilitarismo populista y  se toma en serio la defensa nacional y la participación de España en trascendentales misiones de paz en este mundo global, en el que todo nos afecta. Un golpe de efecto es que el astronauta e ingeniero Pedro Duque ocupe la nueva cartera de Ciencia, Innovación y Universidades. El maestro José Luis Ábalos es una incógnita en un  ministerio técnico como Fomento, pero muy político. Menos conocidas son los titulares del resto del Gabinete. Y hasta en este gobierno de ilustres tenemos nuestro “friki” particular, el ministro de Cultura y Deportes Màxim Huerta, jurado de Gran hermano y de otros realitis de la tele, y que llega con este curioso aval para conectar con el mundo del deporte: ha escrito en redes sociales que no le gusta el deporte, ni el ejercicio físico, pasa de fútbol, aunque eso sí,  es del Barça. Algo así como yo no creo en Dios, pero viva la ¡Virgen del Pilar! En un mundo tan mediático como el deporte, nos puede dar días de gloria el tal Màxim.

Dejo para el final a Magdalena Valerio, extremeña de nacimiento, hija de guardia civil, laboral,  y me consta que alcarreña de adopción. Desde el último gobierno Arias, antes de la Transición, en que José García Hernández fue vicepresidente del Gobierno y Tomás Allende ministro de Agricultura, nadie de Guadalajara había ocupado una cartera ministerial, por lo que a Magdalena Valerio le cabe el honor de ser la primera ministra de un gobierno de la democracia desde el liberal Conde de Romanones (por cierto, el ministro que más hizo para Guadalajara, aunque algunos no lo sepan). La mejor cualidad de Magdalena es su capacidad de interlocución,  tiene el don de la simpatía (el que no se estudia) y para un ministerio en el que  hay que hablar mucho con los agentes sociales estoy seguro de que lo hará bien. También conoce el campo de juego, porque ha sido su trabajo profesional, y es perfectamente consciente de que además de mejorar las pensiones, lo más importante es estabilizar el sistema sin demagogias e inventos raros. Los últimos datos conocidos debelan que España es el país de Europa con peor índice de natalidad, unos datos que nos colocan al borde del suicidio demográfico como país.

No podemos obviar que la elección de Magdalena Valerio como ministra también tiene su influencia en la correlación de fuerzas en el PSOE de Guadalajara. Después de ser diputada en la X Legislatura (2011-2016) no repitió como candidata. Por entonces era ya secretario provincial Pablo Bellido, que recibió más apoyos del Comité Provincial siguiendo  esa regla no escrita que tiene el PSOE de hacer diputados a sus secretarios provinciales. Luego Bellido tuvo que ceder a sus pretensiones, porque la Justicia lleva sus ritmos (más bien lentos) y llegamos al momento de elegir las listas con un Bellido imputado por un asunto de farolas y bancos en el Ayuntamiento de Azuqueca, del que luego fue exonerado sin necesidad de llegar a juicio. ¡Una faena! Pero al final Magdalena no ocupó la plaza de Bellido, por aquello de la correlación  de fuerzas, y porque a Pedro Sánchez le vino bien la plaza de Guadalajara para colocar a María Luz Rodríguez, la flamante consejera de Trabajo del gobierno regional, y que tenía que dejar sitio en la lista de Madrid para que lo ocupara la comandante  Zancada, uno de los fichajes efectistas de Sánchez. Ese día Sánchez le dijo que tuviera paciencia y que le debía una. Valerio luego fue la coordinadora de campaña de Sánchez en la región en las dos Primarias que ganó  para la secretaria general, la última con gran mérito, porque el aparato provincial y regional se decantó por Susana Díaz.

Sánchez ha recompensado el trabajo  y las caspacidades de Valerio haciéndola ministra. Y allí estará uno o dos años. ¿Y para las próximas elecciones? Largo me lo fiáis amigo Sancho, pero lo mismo que hay una norma no escrita que prima a los secretarios provinciales para encabezar la lista en el Congreso, los que llevamos tiempo en esto sabemos  que hay otra más: los ministros son los números 1 en sus respectivas circunscripciones.

Pero eso será dentro de uno o dos años. Mientras tanto, habrá que ver como esta fina cuadrilla que ha reunido Sánchez se desenvuelve gobernando, porque buena pinta tienen los diestros pero lo suyo será esperar a  ver cómo torean al Minotauro  en su laberinto. Con 84 diputados la cornada te puede llegar por la derecha, por el centro y por la izquierda. Ha quedado claro que, con este Gobierno, Sánchez nos manda el mensaje de que quiere aguantar los dos años de legislatura, por lo que desde su constitución está en campaña electoral. Y si Rajoy con 134   diputados acabó en Santa Pola, ya veremos cómo se las ingenia Sánchez, con el Senado en contra,  para que su gobierno tenga un contenido más allá de los presupuestos que le ha dejado Rajoy, aquellos que era una calamidad, y que ahora el nuevo presidente deberá gestionar como propios.

Me quedo con la respuesta que le ha dado el astronauta Duque a Carlos Herrera sobre las prioridades de gobierno en el nuevo ministerio Ciencia: mi usted, yo soy ingeniero y no estoy aquí para inventar, le ha venido a decir. Y es que su ministerio antes ni existía,  con lo cual tendrá que valerse de partidas aprobadas para otros ministerios y que le deberán transferir.

En fin, si tiene mérito subir en un cohete al espacio exterior, la aventura se le va a quedar corta a Pedro Duque y a sus compañeros de gabinete con lo que les espera. Pero esto es lo que hay. Gloria y miseria de la política por Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España. Mejor que tenga suerte.

 

Un gobierno imposible en una legislatura acabada

No hubo más sorpresas, tampoco dimitió Mariano Rajoy para frenarlo, por lo que la moción de Pedro Sánchez acabó con Pedro Sánchez en La Moncloa, dando satisfacción a la ilusión de su vida: pisar La Moncloa aunque sea por unas semanas, meses o años. Teniendo en cuenta que Sánchez ha sido el candidato del PSOE que peores resultados ha cosechado,  hay que reconocerle su mérito. Porque salir elegido presidente con solo 84 escaños de 350 y a pesar de ser presa de  las mismas hipotecas que el propio PSOE  no le autorizó cuando planteó su fracasada investidura en  2016, tiene su mérito. Como táctico se puede poner la medalla de Alfonso X El Sabio. Como gobernante, nos tendrá que explicar cómo va a poder sacar adelante un gobierno que tiene como aliados a un partido populista de izquierdas  y al nacionalismo independentista, que para alcanzar su fin último necesita romper España. Me preocupa especialmente, y eso sí es revolucionario en el sentido literal de la palabra, que  lo único que une a la coalición frankeinstein que apoyó a Sánchez en la moción de censura a Rajoy es su propósito de liquidar los consensos sobre los que se basa la Constitución de 1978, la que mayor periodo de prosperidad ha traído a España en toda su historia. Y nos da vértigo intuir lo que hay detrás.

Con esas ataduras,  el señor Sánchez no está en condiciones de dar estabilidad  al Gobierno de España, por lo que lo más responsable sería que ante una circunstancia excepcional como es la vivida se diera la palabra al pueblo español. Por decirlo con las mismas palabras que  con honestidad Emiliano García-Page pronunció el viernes: «el gobierno que estuviera al pairo el tiempo que sea, se tendría que limitar a convocar elecciones» y «que hablen los electores». Incluso si no saliera la moción, añadió, la situación política «no acaba más que en elecciones, independientemente de cómo salga la moción e incluso si no saliera», ya que, concluyó, «parece evidente que el Gobierno se ha quedado sin ningún apoyo y que es cuestión de meses que podamos estar en elecciones».  

No puedo estar más de acuerdo con el secretario general del PSOE de Castilla-La Mancha. De esta opinión participa una parte nada desdeñable del partido  y de su grupo parlamentario, solo que el PSOE es un partido centenario y disciplinado, y todos sabían que las primarias que Sánchez ganó a Susana Díaz le concedían ese derecho a intentarlo por segunda vez. Esta vez Sánchez lo ha logrado, ha llegado a La Moncloa, pero mucho cuidado:  dormir en la cama presidencial,  no quiere decir lo mismo que gobernar. ¿Y quién dijo que el gobierno no desgasta? Que se lo pregunten a Rajoy, que a pesar de sus  indudables éxitos en política económica,  de dejar un país mejor que el que se encontró, no se adornó  de un discurso político ilusionante hasta tal punto de que es el político menos valorado en los sondeos.

Escribía ayer que si la convicción de Rajoy era que el Gobierno que formaría Sánchez tras prosperar la moción es malo para España, porque nos traería inestabilidad e incertidumbre, por los compañeros de viaje sobre los que se asienta, debería haber presentado su dimisión y así hacerla decaer. Rajoy la descartó, según avanzó en la tarde de ayer la secretaria general del PP María Dolores Cospedal (zanjando de paso cualquier debate interno en la noche del viernes sobre el  particular), porque no tenían ninguna garantía de que pudieran seguir gobernando. Es lo que tienen los parlamentos, que hay votaciones y cuando no se dispone de mayoría absoluta su resultado es incierto.  Sorprende que la prioridad, ayer, en el gobierno del PP, no fuera cerrar el paso a ese gobierno  frankeinstein, como dijo el inefable Rubalcaba, sino no tener garantizada su continuidad en el gobierno. La dimisión de Rajoy habría abierto la posibilidad de negociar un candidato alternativo con Ciudadanos y  otros grupos minoritarios, y de no ser posible cabía una presidencia provisional que se limitara a convocar elecciones. Y así dar la palabra al pueblo. Hay que recordar que para esta elección solo  se requiere mayoría simple. Pero en el caso de que Sánchez hubiera aprovechado la ocasión para negociar con Podemos y los independentistas, por lo menos se le habría puesto al secretario general del PSOE ante las contradicciones  de esta mayoría tan disparatada y variopinta.  Porque no es lo mismo  poner de acuerdo a tirios y troyanos en echar a Rajoy que votar un programa de gobierno. Un programa que en la actualidad lo constituye las vaguedades enunciadas por el candidato durante la moción, siendo el único cuerpo normativo de verdad el Presupuesto General para 2018, ese presupuesto que ahora lo van a gestionar los que hace una semana dijeron de él que era una calamidad para España. Tal despropósito marcará un hito en la historia política europea,  y solo se puede resolver con elecciones.

Muy probablemente Sánchez no las convoque e iremos a un escenario más radicalizado en la política española, áspero y desagradable, que incluso nos puede recordar al fracturado panorama catalán. Un escenario del que se verán más beneficiados Ciudadanos y Podemos que los dos partidos históricos españoles.  Los dos primeros van a poder ejercer la oposición con comodidad , y preparar las elecciones para afrontar el que es ahora su reto: ser la alternativa a PP y PSOE, respectivamente.

El PP bastante tiene con intentar frenar su declive para no acabar  como UCD, para lo cual necesita una profunda revisión y renovación,  que es casi imposible de  realizar cuando se gobierna. ¿Habrán tomado nota?  Y Sánchez bastante tiene  con no ahogarse  por su empeño en cruzar el Atlántico en una barca del Retiro.  O no sucumbir al abrazo del oso que le ofrece Pablo Iglesias.

En cualquier caso es el fin de una etapa.  Y repito:  bienvenidos a la política italiana, pero hecha por españoles. Que Dios nos asista. Esto es lo que hay.

Rajoy, por patriotismo, debe dimitir

El poliédrico PNV, que ayer apoyaba el presupuesto del PP y hoy ha decantado la balanza de la moción de censura en favor de Pedro Sánchez, ha actuado con un gran rigor. A los nacionalistas, que tienen como fin último la independencia de los territorios que representan, lo último que les interesa es un gobierno fuerte al frente del Estado. El que sea. Lo que quieren son gobiernos débiles con los que se pueda negociar en condiciones de superioridad, bien sea un pedazo de la tarta del presupuesto anual, como ha hecho Rajoy con el PNV –más de 500 millones del ala- o a más largo plazo alguna solución legal para que esa independencia sea posible, para lo cual habría que reformar  la Constitución; o traicionarla. Nada que reprochar por tanto a los nacionalistas por su colaboración a que el parlamento español  pueda elegir al gobierno más débil de la historia de la democracia, porque con 85 diputados sobre los 350 que conforman el Congreso estaríamos ante el gobierno menos respaldado  desde la aprobación de la Constitución. Y un gobierno sin posibilidad de legislar no es un gobierno.

Sánchez  ha sido capaz con su tacticismo paciente de aormar una mayoría frankenstein , como diría Rubalcaba,  para echar a Rajoy, pero ni por lo más remoto ha conseguido agrupar en torno a él a una mayoría parlamentaria que le permita tener una agenda política que sea convalidada por las Cortes (Congreso y Senado, esta última cámara controlada por el PP). Aunque él no quiera verlo, partidos que han apoyado la censura por puro tacticismo, como Podemos o los nacionalistas, pasarán al día siguiente a la oposición en la que se juntarán con PP y Ciudadanos es una psicodélica cama redonda. Sánchez va a estar más solo que la una, como decimos en Castilla, y eso no puede ser síntoma de nada bueno para España.

Mariano Rajoy ha hecho hoy un excelente discurso, es un orador parlamentario mucho mejor que Sánchez, pero al mismo tiempo ha evidenciado que no se ha enterado nada de lo que supone la sentencia sobre la Gurtel, al margen de que en lo estrictamemte jurídico es obvio que el fallo todavía no es firme al caber el correspondiente recurso. Rajoy no ha querido ver que Gurtel ha sido la gran gota que ha culminado el vaso de la corrupción que golpea al PP, que tiene antecedentes en procesos por todos conocidos, y lo que es peor: hay un horizonte penal por las piezas separadas del caso Gurtel, o en sumarios como el de Lezo o la Púnica que tienen muy mala pinta. Y la opinión pública ha dictado sentencia, como anticipan los sondeos.

En este sentido, el discurso de Mariano Rajoy alertando sobre un gobierno débil, que inevitablemente traería inestabilidad a España, respaldado por fuerzas políticas que buscan romperla, y partidos populistas que cuestionan principios esenciales sobre los que pivota la unidad europea,  tienen serio fundamento.

Pero si ese peligro existe, y la moción de censura de Pedro Sánchez busca fundamentalmente servir a los intereses de Pedro Sánchez, no tanto a los del PSOE, que acabará cargando con sus resultados, Mariano Rajoy lo tiene fácil: dimita antes de que se vote, la moción de censura decaerá, y deje la posibilidad a cualquier fuerza parlamentaria de formar una mayoría que le garantice la elección de un presidente,  por mayoría simple, para poder gobernar como Dios manda. Y si nadie lo logra, en seis meses tendremos nuevas elecciones; y el pueblo español tendrá otra vez voz en esta crisis. Que ahora asiste atónito al debate.

Dimitir, ahora, antes de que se vote, y cerrar el paso a un gobierno disparatado, porque disparate es querer gobernar media legislatura  habiendo perdido las elecciones,  con un grupo parlamentario de 85 diputados, es lo más patriótico que puede hacer el señor Rajoy.

Si no lo hace, como le sucede a Sánchez, Rajoy  habrá puesto sus intereses personales por encima de los de España. Amén de que  lo acabará pagando su partido, aunque esto es lo que menos nos importa. Pero hay que ser miope para no verlo y a qué partidos beneficia un gobierno débil, sometido al chantaje de los enemigos del Estado. De España.

Bienvenidos a la política italiana, pero hecha por españoles. Que Dios nos asista. Esto es lo que hay.

 

Una moción de censura (casi) inviable

El jueves y viernes se verá en el pleno del Congreso la moción de censura que ha puesto el PSOE de Pedro Sánchez para quitar a Rajoy del gobierno y ponerse él. Sánchez apenas esperó unas horas para anunciar que presentaría su censura contra el presidente Rajoy desde que se conoció la sentencia de Gurtel en en la que el PP quedaba civilmente beneficiario  de los casos de corrupción producidos en dos ayuntamientos madrileños. Dado que el resultado era más que previsible, tal y como había transcurrido la instrucción, es obvio que Sánchez y su equipo tenían la decisión tomada.Los órganos colegiados del PSOE no hicieron otra cosa que santificar su decisión. Sin mayor debate.

La degradación moral que cada sentencia judicial y el desánimo que cunde en la sociedad por los sucesivos procesamientos de notables dirigentes del  PP  ha puesto contra la pared al gobierno de Rajoy, un histórico del partido. Era por lo tanto lógico que los grupos de la oposición se aprovecharan de esta circunstancia para erosionar a una presidencia que había conseguido oxígeno para un año tras la aprobación de los presupuestos,  y que ahora se enfrenta al momento más delicado.  Aunque en el plano estrictamente jurídico, el gobierno se puede agarrar al voto particular que desvincula al PP como organización de estos casos de corrupción, y puede apelar a que no estamos ante una sentencia firme, la calle ya ha emitido su veredicto. Y desgraciadamente para el PP,  el horizonte penal que se le viene encima con los casos aun pendientes de sentencia nos recuerda  a aquella película de George Clooney que se titulaba “La tormenta perfecta”. Cuando vienen olas de veinte metros, no hay posibilidad de escapatoria.

Llegado a este punto,  el PP como partido empieza a luchar no tanto ya por revalidar su condición de partido más votado, sino por no entrar en una dinámica que a los que ya peinamos canas nos empieza a recordar al proceso de disolución de UCD. Quiero  recordar que el partido del que ya se había marchado Adolfo Suárez llegó a conservar  11 diputados cuando Felipe González accedió sin oposición al gobierno de España en 1982.

En estas penosas circunstancias por las que atraviesa el PP, nadie puede reprochar a Pedro Sánchez por por poner una moción de censura.  Pero merece las críticas más aceradas cuando ha quedado patente que no estamos ante una razón ética o incluso estética, derribar al gobierno de  un partido atrapado por una espiral de casos de corrupción y dar la palabra al pueblo,  sino que lo importante es hacer realidad el sueño de  Pedro Sánchez de llegar a la presidencia de España,  aunque para ello tenga que echar mano de  esa mayoría frankenstein, que le condujo a su primer  fracaso como líder socialista.

¿Qué ha cambiado desde ese primer fracaso? Al contrario: las cosas han ido a peor. A Sánchez se le debería caer la cara de verguenza por predicar honestidad con su moción de censura y luego no tener remilgos a recibir los apoyos parlamentarios de los sucesores de Pujol y del partido más corrupto de la democracia española, la antigua CiU, que para mayor recochineo, con sus aliados de Esquerra Republicana, no han cejado en su empeño de finalizar el golpe contra la España democrática y su Constitución que iniciaron con la proclamación (no oficial, dijeron al juez) de la República  Catalana.

Ha quedado claro que Sánchez no solo aspira a terminar con el gobierno de Rajoy,  apelando  a la higiene democrática, sino que lo que quiere a toda costa es ser presidente del Gobierno, y por eso no  convocaría inmediatamente elecciones, y dar la palabra al pueblo español ante una situación que es excepcional, lo que busca es llegar a ellas lo más tarde posible y desde el gobierno de la nación. Con esa mayoría  frankenstein que necesitaría Sánchez, tal gobierno sería moralmente más cuestionable que el que sustituiría.

Es notorio que Sánchez no quiere elecciones para salir de esta situación, porque sabe que llegaría a ellas debilitado, y no está claro si como primer o segundo partido de la izquierda,  por ello  su moción de censura lo que busca, precisamente,  es retrasar en lo posible la cita con las urnas,  y en ello va a tener la complicidad del presidente Rajoy . Ni PP, ni PSOE se quieren medir  con Ciudadanos en las actuales circunstancias, por lo que teniendo en cuenta la aritmética parlamentaria (se necesitan 176 votos), lo más probable es que la moción de censura fracase, porque  sea imposible de alcanzar sin organizar una cama redonda que ni los Grateful  Dead camino de Woodstock .

Otra alternativa, también poco probable, es que  Ciudadanos presente una moción de censura instrumental, es decir, con un compromiso de Albert  Rivera para convocar elecciones a la vuelta de la esquina (tiene de plazo hasta el miércoles), aunque yo lo veo poco probable, porque Sánchez, y no digamos los nacionalistas, hace tiempo que saben que  su rival de verdad ya no es tanto Rajoy como el líder de Ciudadanos; y preferirán demorarlo lo más posible.

Por todo ello, no es descartable que toda esta zapatiesta acabe en nada, y que Rajoy pueda conservar la presidencia al no haber una mayoría alternativa enfrente. Si así fuera, y lo digo por anticipado, mal haría el PP en seguir la doctrina marianista de esperar a que escampe y hacer oídos sordos al clamor por una renovación del aparato del partido y de unos líderes que en el mejor de los casos no supieron poner coto a la corrupción. Porque si se empeñan en no darse por enterados, lo más probable es que el PP termine como cuarta fuerza política en 2020, y de allí a lo que le sucedió a UCD va un paso.

Esto es lo que hay.

El caso de Fraguas, un año perdido

Hace justamente un año escribía lo siguiente:
«Han reconstruido por sus propios medios desde 2013 una casa del antiguo pueblo de Fraguas que estaba medio derruida. Y para ello utilizaron los métodos tradicionales, hasta el punto de que llegaron a fabricar sus propios ladrillos de adobe, que era el material empleado originariamente. La vivienda ya cuenta con agua, cocina, literas, biblioteca y luz generada por paneles solares. Además, se han dotado de una pequeña fuente de agua potable, un huerto, baño y una piscina que también les sirve para el control de incendios.

Si decimos, además, que todo esto se ha llevado a cabo en un antiguo pueblo de Guadalajara, que se despobló hace más de 30 años, es difícil no mirar esta aventura con simpatía. En el peor de los casos, estos repobladores que residen en lo que un día fue la aldea de Fraguas, en plena sierra norte de Guadalalajara, no parece que hagan daño a nadie. Y aunque solo sea por puro pragmatismo, el asentamiento que han consolidado allí no parece constituir un gran problema para Guadalajara y Castilla-La Mancha, como para degenere en algarada a retransmitir con altas dosis de demagogia por las redes sociales. Por ello, la aplicación rigurosa de la Ley sería en este caso muy antipática: a seis de estos repobladores o okupas les llegan a pedir penas de cárcel, 30.000 euros de multa y que por su cuenta vuelvan a demoler las casas que con tanto mimo y esfuerzo levantaron; y dejar aquello como lo encontraron, un descampado. Mucha gente no lo entendería.

Pero dicho esto, también, la Junta de Comunidades, como administración competente, tiene sus obligaciones y una de ellas consiste en ser garante del cumplimiento de la Ley. Por antipática que sea la situación. Y resulta que Fraguas ya no es ningún pueblo, porque sus antiguos vecinos fueron indemnizados por el Estado por sus propiedades, y desde entonces en un Monte de Utilidad Pública. Y una administración pública no puede hacer la vista gorda a la okupación de un patrimonio público por unos particulares, por muy buenas intenciones que estos tengan. En nuestro digital ya lo explicó el delegado de la Junta que legalmente no se puede catalogar de “núcleo urbano” a un lugar que no tiene esa consideración. Porque de no ser así, cualquiera podría construir en cualquier parte y como le viniera en gana, sin someterse a plan urbanístico alguno. Hay más incumplimientos, como que las casas que se reconstruyen se ubican en un parque natural. Aunque no me parece el mayor inconveniente, por la adecuada tipología serrana utilizada en su construcción.

El enredo legal, por tanto, es mayúsculo. Y la solución muy compleja. ¿Lo que a mí me gustaría? Que pudiera haber algún tipo de solución que amparara el nuevo asentamiento, sin que los que allí residieran generaran algún tipo de derecho a su propiedad. Algún tipo de convenio que resolviera la cuestión legal mediante un servicio a la comunidad a prestar por los repobladores, y que evitara la indeseable demolición de las casas reconstruidas.

Jurídicos tiene la Junta para explorar las vías legales».

Ha pasado un año y la administración de justicia, lenta pero inexorable, ha hecho su trabajo y ha puesto fecha y hora para ver la demanda interpuesta por la Junta de Castilla-La Mancha, como administración responsable. Un año en el que no se ha avanzado en la búsqueda de una solución legal que impidiera el juicio, por lo que la única propuesta que hemos conocido es la del diputado crítico de Podemos, David Llorente, quien propone lisa y llanamente a la Junta que retire la demanda. Y muerto el perro se acabó la rabia. ¿Que con ello creamos un precedente por el cual cualquier persona bienintencionada se puede hacer una bonita casa en medio de un parque natural, sin que pase nada? «¡A mi plin!»

Han tenido más de un año para buscar una solución legal; y no lo hicieron.Singularmente, el secretario general de Podemos, José García Molina, que estuvo en Fraguas para solidarizarse con los repobladores y hasta comió con ellos. Ni solucionó nada entonces, ni lo ha hecho ahora que -¡cosas de la vida!- es vicepresidente segundo de ese mismo gobierno regional que presenta la demanda. Esto es lo que hay.

PD.1.La pareja Iglesias-Montero tienen todo el derecho a comprarse un cómodo chalé en la sierra de Madrid, si tienen recursos con que pagarlo y una hipoteca que se lo financie. El problema es de coherencia, la de un político que presumía de vivir en Vallecas, y que de allí no le iba a sacar nadie. O en el caso de la señora Montero, de considerar indigno a un ministro que se compró un piso por una cantidad similar a lo que vale su chalé. Pero todavía hay algo peor: que cuando les han pillado con el carrito del «helao», convierten un problema estrictamente personal en un asunto central de su partido al pedir a sus militantes de una forma torticera que avalen la operación La Navata. Y encima los amenazan con marcharse -dos por uno-, si no les reiteran su confianza. Como decía su admirado general Perón: «Al amigo, todo; al enemigo, ni justicia». O: “Para un peronista no puede haber nada mejor que otro peronista”.

PD.2.-Y ahora Zaplana. Por cada paso en la buena dirección que da el Gobierno (y los Presupuestos los tiene encarrilados) le aparece un cadáver en el armario. Esto ha llegado a tal punto en que por acción u omisión cualquier persona relacionada con aquellos años de plomo de la corrupción en el PP debería dar un paso atrás.Las encuestas son solo un aviso. El siguiente vendrá en las elecciones de 2019, y eso que las locales y autonómicas son las que peor le vienen a Ciudadanos, un partido que le queda camino por recorrer. Pero una bola de nieve cada vez más grande baja por la ladera de la montaña…

A rajatabla

La consejera de Fomento, la talaverana  Agustina García-Élez, ribereña del Tajo, se sorprendía de que esa entelequia llamada Comisión Técnica de Explotación del Trasvase Tajo-Segura (porque no deja de ser el Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente, es decir el Gobierno,  con  nombre de tecnócrata),  aplicara la Ley a rajatabla, y que el  tri-trasvase de 20 Hm3 aprobado para los meses de abril, mayo y junio, se ampliara a 38 Hm3 para cada uno de los tres meses.  Se lamentaba la consejera de que el Gobierno no había esperado  a que se consolidaran los niveles de los embalses, como si esto fuera  una novedad.  Pero no lo es.

La normativa sobre trasvases simpre se ha aplicado a rajatabla por todos los gobiernos. Si lo hiciera igual con el conjunto de leyes y reales decretos  que salen del parlamento y del Consejo de Ministros, España sería el país más cumplidor del universo.

Hubo un tiempo en que fue sumamente fácil: como no había  líneas rojas –más allá de esa ridiculez que llaman caudal ecológico, y que no lo es tal–, el Gobierno podía trasvasar lo que le viniera en gana y dejar secos a los pantanos de Entrepeñas y Buendía (entonces llamados Mar de Castilla), si así  le complacía. Luego echaron a andar las comunidades autónomas, y el gobierno de José Bono llegó a un acuerdo con el gobierno de Felipe González ( cuando Bono era guerrista y Guerra era Guerra) sobre un nuevo Plan Hidrológico del Tajo, que por primera vez establecía un mínimo por debajo del  cual ya no se podría trasvasar: fue de 240 Hm3, apenas el 9,7%  de la capacidad de ambos pantanos; y como por estas tierras castellanas nunca hemos sido de mucho  pedir, que eso queda para otros territorios oprimidos por el centralismo español, pues el  personal  lo celebró. Quiso la pertinaz sequía que, años después,  tuviéramos un verano terrible, y el Gobierno autorizó un “trasvase de emergencia” por debajo de esa cantidad de 240 Hm3, aunque solo para abastecimiento humano del Levante. También lo coprendimos.

Y así pasaron los años, en los que la manga riega del Trasvase funcionó con generosidad y en  el Segura debieron pensar que los recursos del Tajo eran ilimitados, por lo que cada vez  había allí más superficie a regar y más bocas a las que dar de beber, por la expansión del turismo. Hasta que llegaron más pertinaces  sequías, como decía aquel que inauguró los pantanos, que pusieron en solfa los cálculos sobre los que se basó la propia Ley del Trasvase. En Entrepeñas y Buendía  el régimen de lluvias no garantiza las expectativas de los cabezas de huevo que ingeniaron el Trasvase,  por lo que cada vez que llega un ciclo seco,  hay que vaciar la cabecera del Tajo,  sin remedio. Y así se hizo por los gobiernos  de turno dando al traste con el incipiente desarrollo turístico que había despertado  ese Mar de Castilla en los años buenos. Hasta el Rey del Pollo tuvo que cerrar.

En el 2014  se produjo un alineamiento  planetario, parafraseando a Leire Pajín, por el que el gobierno central y todas las autonomías afectadas por el Trasvase estaban gobernadas por el Partido Popular , con lo que se aprobaron unas nuevas normas reguladoras del Trasvase Tajo-Segura, lo que se vino a conocer como el Memorando. Los populares lo vendieron como el fin de la guerra del agua y el gobierno de Castilla-La Mancha, con José María Barreda al frente, como una traición a  la altura de  la Campana de Huesca  cuando  Ramiro II el Monje, rey de Aragón, decapitó a doce nobles que se opusieron a su voluntad.  La normativa elevó ese mínimo no trasvasable desde 240 Hm3 a 400 Hm3, que es tanto como decir del 9,7 %  de la cabecera hasta el 16,1%.  Por las matemáticas sabemos que 240 es <  a 400, pero el tiempo nos ha venido a demostrar, además, que sigue siendo un mínimo insuficiente para atender a las expectativas futuras de la cuenca del Tajo; y ya no digamos cualquier expectativa de desarrollo turístico en los municipios ribereños. ¿Quién va a invertir en el entorno de un lago que en un ciclo seco se  convierte en un secarral? Por ello, la Asociación de Municipios Ribereños  reivindica que la raya roja se suba hasta el 40 % de la capacidad de la cabecera del Tajo, poco más de 900 Hm3. No parece descabellado. (Aprovecho este paréntesis para lo más farragoso,  aclarar que si por un casual la cabecera mejora y está en un arco, según los meses, que va entre los 597 y 688 Hm3, el trasvase puede llegar a los 38 Hm3 mensuales, que es lo que se aprobó el viernes.  O si se produjera un milagro climático por el que las existencias conjuntas en Entrepeñas y Buendía sean iguales o mayores que 1.300 hm3 , o cuando las aportaciones conjuntas entrantes a estos embalses en los últimos doce meses sean iguales o mayores que 1.200 hm3, en ese caso el órgano competente -ordena la Ley- autorizará un trasvase mensual de 60 hm3 hasta un máximo anual de 650 hm3 en cada año hidrológico, 600 para el Segura y 50 para el Guadiana, cuando se ponga en marcha otro trasvase del que no se habla, porque es interregional , aunque en otra cuenca, la llamada tubería manchega)

Por tanto, a rajatabla se aplica el Memorando,  así que más nos valdría dejarse de lamentaciones y corregir el tiro de una política regional sobre el agua, que siempre ha pinchado en hueso. Les recuerdo la frustrada reforma del  Estatuto de Castilla-La Mancha, para finiquitar el Trasvase, que con tanta alegría Barreda presentó en el Congreso y se empantanó ante las mayores fuerzas (electorales) desplegadas  por el Levante español,  que en materia de agua siempre se ponen de acuerdo, porque saben lo mucho que se juegan.

En Castilla-La Mancha,  el agua solo ha servido para hacer política con “p” minúscula. Para arrojarse  el Travase a la cabeza, unos diciendo  que  un mínimo de 400 Hm3 es una ridiculez y los otros que con sus gobiernos todavía estaban peor, porque era de 240 Hm3. Los más triste de todo es que ambos tienen razón. Dijo el tuerto al ciego.

Así las cosas, mientras en el parlamento de Cartagena se han aprobado cuantas resoluciones han sido necesarias en favor del Trasvase, en el de Castilla-La Mancha no han sido capaces PP y PSOE de dar una respuesta unánime,  porque siempre ponen por delante la carreta a los bueyes,  la demagogia partidista antes que los intereses generales de la comunidad ¡Pero si ni tan siquiera en el Ayuntamiento de Sacedón se han puesto de acuerdo  para aprobar una moción conjunta frente a la última derivación!

Lluego pasa lo que pasa. Que el secretario de los socialistas de Murcia, Diego Conesa, ha sido capaz de hacer cambiar de opinión a  Pedro Sánchez en diez días,  en los que pasó de enterrador del Trasvase a convertirse  en su valedor. La percepción en los partidos nacionales y la opinión pública  es que el discurso antitrasvase en Castilla-La Mancha es postureo, como se dice ahora, mientras que en el Levante, además de su superior fuerza electoral, tienen una economía poderosa a la que riega y alegra al PIB español.

Una economía, lo he escrito varias veces, que hay que cuidar, pero que se asienta en unos supuestos falsos, como es que la cabecera del Tajo, por sí misma, puede abastecer las necesidades de su envidiable huerta y el abastecimiento humano de una región,  que tiene un turismo de masas.

No es posible,  es injusto para la cuenca cedente, aunque tenga menos huertas y menos votos,  y por eso es tan necesario llegar a acuerdos  sobre un Pacto del Agua que sea verdaderamente nacional.

En esto soy pesimista; lo reconozco. Lo más razonable sería avanzar hacia una política  hidráulica que contemplara la conexión de cuencas, de norte a sur,  y aunque por técnica es viable es políticamente incorrecto. El deficiente  funcionamiento del  Estado Autonómico en todo lo que son políticas de solidaridad y cohesión territorial, en franca regresión por el avance hacia un modelo federal asimétrico, haría inimaginables derivaciones del Duero al Tajo,  luego del Tajo al Levante y al Guadiana, o del Ebro al Levante. Ni lo sueñen ver en esta España nuestra planes que los regeneracionistas se plantearon en el siglo XIX o a principios del XX ministros progresistas como el republicano Indalecio Prieto. Tales políticas vertebradoras de España  son ahora una quimera, porque el Estado Español, y sus gobiernos cada vez tienen menos fuerza ante los poderes periféricos. Y solo pueden imponer un trasvase: el del Tajo-Segura. Ahí se paró el Estado.

Por ello, seguramente,  García-Page se ha hecho antitrasvasista y se ha convertido en un fervoroso defensor de las desaladoras, para que en el Levante tengan una alternativa al Trasvase.  Tal vez una posición así se explica por puro posibilismo y por la incapacidad del Estado para ir más allá en esa deseable conexión entre cuencas, en los límites de lo sostenible.

Pero perdónenme, la pregunta, porque no me acaba de entrar en la cabeza: ¿por qué es mejor dejar que agua excedentaria se vaya al mar, sin que se pueda trasvasar una cantidad mínima (el 7% del Ebro en Tortosa, por ejemplo) y luego  la recojamos de ese mismo mar, para desalarla, aunque nos sale mucho más cara y encima genera residuos salinos?

Sinceramente, no lo entiendo. Será  la edad o  mi empeño en leer a esos políticos e intelectuales incorrectos  que creían en una España vertebrada, solidaria y cohesionada.  A lo que se ve incompatible con este modelo  nacional-regionalista al que avanzamos  y  que está más cerca de los excesos que acabaron con la I República Española que de los ideales que inspiraron la Europa de los Konrad Adenauer, Robert Schuman, Jean Monnet o Alcide de Gasperi .

Pero esto es lo que hay. Trasvases en modo “a rajatabla”. ¿Para siempre?

Sánchez en modo veleta

«Nuestro objetivo es el fin de los trasvases y apostar por las desaladoras. Ha llegado el momento de poner fin a la improvisación. No hay que hacer política con el agua, sino una política del agua».
Estas palabras fueron pronunciadas por Pedro Sánchez, para satisfacción de la concurrencia, durante un mitin celebrado en Albacete el 19 de abril. Tuvieron una fuerte contestación en el PSOE murciano y valenciano, y apenas diez días después, en Molina del Segura, y esta vez ante militantes socialistas de Murcia, el mismo Sánchez que había dicho que no había que improvisar, ni hacer política con el agua, siguió los consejos de Groucho Marx (“señores, estos son mis principios, pero si no les gustan tengo otros”) y tras reunirse con las organizaciones y regantes dijo todo lo contrario. Que él defiende las infraestructuras actuales, «y también el Tajo-Segura», como le habían pedido explícitamente  los regantes en la reunión que mantuvo con ellos ese mismo día. Cuentan las crónicas que Pedro Sánchez fue fuertemente aplaudido por los asistentes al acto, entre ellos, el secretario general del PSRM-PSOE, Diego Conesa, que defendió la vigencia de esta obra tras las palabras del líder socialista en Albacete. Más aplausos.

Sánchez se marchó de Murcia satisfecho por haber apagado el incendio que provocaron sus palabras de Albacete, aunque fuera a costa de generar un conato en la comunidad de Castilla-La Mancha. Lo que demuestra donde está, ahora, el compromiso real del líder del PSOE. Tampoco es una novedad: siempre ha sido así, con todos los gobiernos de España sean del PSOE o del PP. Cuando ha habido que elegir entre mantener los regadíos en la huerta murciana y levantina a pleno pulmón, con lo que ello supone para la economía nacional, o reducir el caudal del Tajo siempre se optó por lo primero.

El peso de la economía levantina y de su fuerza electoral siempre estuvo por encima de las demandas de los Ribereños por mantener una lámina estable (el 40% de los embalses) que hagan posible un desarrollo turístico de la zona, o la propia regeneración del río Tajo que soporta en tiempos de sequía unos caudales ridículos.

Siempre fue así y las cosas no van a variar cuando los embalses estén por encima de los 400 Hm3, pero lo que es novedoso que todo un secretario general del PSOE pueda cambiar en diez días tan rápidamente de opinión sobre un trema, como es el agua, de tanta trascendencia. Porque si lo ha hecho con el trasvase, qué fiabilidad podemos concederle a otros de sus compromisos.

Como muchos sospechábamos, el cargo le viene grande.

Quedaba por saber cuál es la reacción del gobierno de Castilla-La Mancha y del presidente Emiliano García-Page sobre ese cambio de papeles del secretario general entre el 19 al 29 de abril. De momento, el presidente regional ha rehuido la confrontación directa con Sánchez y todo lo más que ha salido de su boca es que él siempre antepondrá los intereses de la región a los de cualquier estrategia partidista o electoral y que los ciudadanos castigan la «la incoherencia, la contradicción y el zigzagueo».    ¡Ah sí, y que el PP son más trasvasistas que ellos!

Esto es lo que hay.

P.D. No tengo muy claro qué podría traer la declaración de Fiesta de Interés Turístico Regional para el Maratón de Cuentos, además de una oportunidad para que los grupos políticos se entretengan durante unos días con sus reproches y ocurrencias. Quiero creer que habrá una mayor aportación de la comunidad autónoma al Maratón, que ahora se sostiene casi exclusivamente en los presupuestos municipales, amén de alguna campaña de promoción específica en medios. De lo contrario habríamos estado discutiendo sobre el sexo de los ángeles. Esto es lo que hay.

Antes nos ahogamos que vertebrar España

El agua que en un día pasa por el Ebro en Zaragoza, coincidiendo con las inundaciones que regresan a la ribera de Aragón y Navarra,  equivale al trasvase  que en los tres próximos meses (60 Hm3) se van a derivar desde una tierra seca, la cabecera del Tajo, a otra deficitaria en agua, el Levante español. No he escuchado a ninguna voz autorizada en Aragón, de cuya corona nació España,  preguntarse si es aceptable que todo este agua se pierda sin que solo una mínima parte pueda contribuir  a paliar las necesidades de la España seca. Diríase que algunos prefieren ahogarse en una riada que trasvasar un solo hectómetro fuera de las fronteras regionales.

Un servidor, aun siendo de Guadalajara, no es antitrasvasista de religión, como otros políticos oportunistas.  Pero lo que tampoco acepto es ser trasvasista de un único trasvase: el del Tajo al Segura. Eso es un insulto.  Y lamento que habiendo opciones para hacer derivaciones de agua sostenibles  del Ebro al Segura, o del Duero a la cabecera del Tajo, todo ello sea tabú en la España de hoy. Porque sería políticamente incorrecto y el presidente autonómico que lo defendiera perdería las siguientes elecciones, emparedado por el populismo y la demagogia nacional-regionalista.

España no solo tiene un problema en Cataluña, con los independentistas que viven de la independencia y el desafecto de una parte no desdeñable de la sociedad catalana, instruida por TV3 y una bien tejida red de agit-prop a favor del “Process”.

El problema real de España es que los vicios y la estrategia nacionalista está siendo mimetizada por los gobiernos autonómicos, que por ello están perdiendo todo sentido del Estado. Cada presidente se cree un Puigdemont en potencia. Y esto nos lleva a que en España cada vez sea más difícil mantener un estado vertebrado, porque lo que ahora se lleva es ensalzar las particularidades de todo bicho viviente y reclamar un estatuto especial. Y así constatamos que cada vez hay más desigualdades  en materia fiscal, la educación o la sanidad, entre unas autonomías y otras, aunque gran parte de la izquierda y  los sindicatos CC.OO y UGT miren hacia  otro lado.

El problema de España, hoy, no es que sucumbe al disparate de un agua que se pierde en el mar, y que luego hay que desalar con el alto coste que ello supone. Lo que nos debería preocupar es que todo ello es consecuencia de la la falta de vertebración de un Estado, que es incapaz de dar respuesta a cualquier política armonizadora entre los distintos territorios que lo componen.

El éxito de Ciudadanos está meramente en señalarlo, aunque lo que diga Rivera es el libro gordo de Petete; y la caída del PP no es más que su incapacidad para trazar una hoja de ruta y que sus dirigentes sean capaces de explicarla. O en el caso del PSOE de Pedro Sánchez la ausencia de una idea de España, como la tuvo el PSOE de Felipe González y Alfonso Guerra, el que mejor supo vertebrar la España de la democracia. Es decir, viven en la improvisación y la ocurrencia.

Podemos y sus confluencias son esencialmente nacionalistas.

Esto es lo que hay. El problema no es el trasvase.  Es la idea de España que hace aguas.

Preservemos el Maratón, el  Tenorio y Siglo Futuro

Áspera y fea polémica en la que nos hemos instalado tras conocer  que el Ayuntamiento de Guadalajara ha minorado 6.000 euros la subvención al Maratón de Cuentos,  para incrementar la ayuda que recibe el Tenorio Mendocino y la Fundación  Siglo Futuro.  A partir de ahora, el Maratón recibirá 68.000 euros de ayuda municipal, mientras que el Tenorio Mendocino y la Fundación Siglo Futuro sube de 18.000 a 21.000 euros. Son los tres eventos “vips”  que más ayuda pública reciben del Ayuntamiento de Guadalajara (es decir, de los contribuyentes que pagamos en la ciudad nuestros impuestos), en razón de la trascendencia social y económica de las actividades que despliegan.  El Maratón de Cuentos, el Tenorio Mendocino,  y la programación cultural, rica, plural, concienzuda y de gran calidad, que nos ofrece  la Fundación Siglo Futuro casi todas las semanas  del año.

Los tres eventos, y las asociaciones culturales que los promueven (Seminario de Literatura Infantil y Juvenil, Gentes de Guadalajara y la Fundación Siglo Futuro) contribuyen de manera destacada a hacer una ciudad más ilustrada y tolerante,  y su éxito tiene el mismo patrón: la masa social, que de una manera desinteresada, por amor al arte, soporta y echa muchas horas al año para que estas actividades puedan ponerse en marcha. No habría ni Maratón, ni Mendocino, ni una programación cultural prolongada, como la de Siglo Futuro, si su organización corriera a cargo de cualquier organismo público que trabaja en horas de oficina. Por ello es justo que tengan ayudas públicas, ya que ofrecen a los arriacenses una actividad cultural que en la mayoría de los casos es gratuita, y siempre sin ánimo de lucro. Con las tres he colaborado a lo largo de mi carrera profesional, y especialmente en los inicios,  cuando  más necesario es el aliento, y como arriacense me siento orgulloso de su trabajo, porque hacen más grande a mi ciudad, a Guadalajara.  Y por ello me molesta que en algunos círculos, quiero pensar que no mayoritarios,  se alimenten clichés como que el Maratón está vinculado y es producto de la industria cultural de la izquierda o que el Tenorio  forma parte del culto conservador.  Por el bien de la ciudad sería muy deseable que alejemos eventos, que deben ser y lo son trasversales en la ciudadanía, de  cualquier  polémica  ligada a la política con minúsculas, la que está más allá de los asuntos de interés general, y que forma parte de los intereses de grupo o de partido. Porque los clichés, como las brujas, “haberlos haylos”, como dicen mis amigos gallegos.

Es lícito, no lo niego, que  desde el  Maratón se pueda cuestionar la reducción de la subvención municipal, como que en otros ambientes se piense que se podía hacer un reparto todavía más equitativo. Pero parece una desmesura que desde cualificados portavoces se llegue a decir que al alcalde le “importa un huevo” que haya o no Maratón, o sentenciar desde algún grupo de la oposición que este equipo de Gobierno se lo quiere cargar. Ni es  justo, ni se corresponde con la realidad. A pesar de este recorte de 6.000 euros, el Ayuntamiento de Guadalajara sigue siendo el principal patrocinador de la actividad, con 68.000 euros (por 3.000 de la Junta y 2.000 de la Diputación),  lo que no se compadece con los desprecios recibidos.  Que el equipo de Gobierno quiere “reequilibrar” la subvención, como ha dicho el alcalde, no deja de estar en su derecho. A fin de cuentas gobernar es elegir y priorizar, y lo mismo que algún  grupo propuso aumentar determinadas  subvenciones culturales, a costa de suprimir las ayudas a las parroquias para acciones  sociales o el gasto en los encierros o la Escuela Taurina, y está en su perfecto derecho, no parece exagerado  que este mismo equipo de Gobierno pueda derivar 6.000 euros de una actividad a otra sin que por ello se le tache de “odiar” al Maratón o que una concejala de Ahora diga  que estamos ante «un grave gesto de desprecio, de maltrato a la ciudad y a sus gentes, impropio de un alcalde que dice querer a Guadalajara» ¡Como si hubiese suprimido la totalidad de la subvención! Pronto habrá elecciones municipales, y cada partido podrá proponer su programa; y cuanto más detallado sea, mejor.  Pero no es bueno mezclar  las cosas, confundir los papeles entre lo que es un gestor cultural y un edil de la oposición,  y más nos valdría que esta polémica no se desborde, porque las redes sociales las carga el diablo, y al final todo se enmierda. Y crea división. Levanta muros en la ciudad. Gran error.

Si Maratón, Mendocino y Siglo Futuro han tenido éxito es porque son eventos que han echado  sus raíces en la sociedad de Guadalajara. Que es trasversal y pasa del picoteo político.  No hagamos de una puntual discrepancia una cuestión de fe  o de ideología, una descalificación global,  no engordemos esos clichés, porque nos equivocaremos.

Y estaríamos haciendo un flaco favor al Maratón, al Tenorio  o a la larga actividad del Siglo Futuro a los que debemos preservar por muchos años más. Para ello también  sería deseable, que en estos nuevos tiempos de crowdfunding y de patrocinios privados ganar autonomía y  depender cada vez menos de las subvenciones públicas; y de los caprichos o intereses de quienes las otorgan.

Esto es lo que hay.

Nota al pie. La persona a la que aludo como portavoz cualificado, aun sin nombrarla, y que es un destacado miembro voluntario del Maratón (uno más, aclara él) me pide que puntualice que la opinión manifestada en los comentarios que hizo como lector de Guadalajara Diario es exclusivamente personal, y que no actuó como portavoz del Maratón. Aclarado queda.

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