Han fracasado y deben dar un paso atrás

Los partidos constitucionalistas tienen una amplísima mayoría en el Congreso de los Diputados. La plataforma de gobierno que podría constituirse entre las fuerzas parlamentarias que forman PP, PSOE y Ciudadanos agrupa a 253 diputados de un total de 350. Siendo esto así, ¿por qué estos partidos que comparten, con sus diferencias, un modelo económico basado en el Estado del Bienestar; una visión global de una Europa unida; un tronco común de valores sustentados en la la libertad de pensamiento, la división de poderes  y la primacía de los derechos humanos, la  democracia representativa y el respeto por la propiedad privada? ¿Por qué estos partidos que beben en las fuentes ideológicas  de la nueva Europa (conservadores, liberales y socialdemócratas),  que emerge tras la derrota de los nacionalismos totalitarios en la II Guerra Mundial,  no se han dado ni la más mínima oportunidad para llegar a un acuerdo sobre un programa de reformas trasversal, que al tiempo de garantizar un escenario de estabilidad para que nuestra economía no vuelva a retroceder, se puedan llevar a cabo algunas reformas constitucionales que parecen estar en el ánimo de todos?

Si todo esto esto es así,  hay que señalar a los responsables de los dos partidos mayoritarios, por haber puesto antes sus intereses personales, por delante de los más amplios de sus partidos, como referentes de unas ideologías respetables y  en última instancia de los de España en general.

Mariano Rajoy  sigue sin entender que aunque ha sumado 123 escaños no ha ganado las elecciones, porque estamos en un sistema parlamentario en el que para ganar hay que poder formar gobierno. Perdió la ocasión de llevar la iniciativa en el proceso,  por la pereza que le dio ir a una investidura que tenía perdida de antemano, y a partir de ahí su papel ha declinado. Probablemente no sea justo, porque la gestión de Rajoy es como una escala de grises, que van desde el negro al blanco,  no es el momento de abundar en ello, pero en los últimos tiempos ha sido atropellado  con los últimos casos de corrupción en su partido, que él preside, y que lo convierten en un líder inconveniente para presidir un gobierno de coalición de amplio espectro. Rajoy ha dejado de ser en estos momentos un activo de futuro del Partido Popular, prescindiendo de que sea justo o no, y cualquier remota posibilidad de entendimiento con los otros partidos constitucionalistas pasa porque él dé un paso atrás. Y a partir de ahí, el PP debe entrar en un proceso de regeneración que tiene que alcanzar a toda la estructura del partido; y cristalizar en un relevo generacional para el que los populares tienen piezas muy interesantes: Feijóo, Cifuentes, Casado, Maroto…El último servicio que Rajoy puede hacer a su partido, y a España, es analizar con objetividad todo lo que ha pasado, y obrar en consecuencia. Porque el 26 de junio está a la vuelta de la esquina. Y el PP no puede presentarse con la misma ropa vieja. En el debate con Pedro Sánchez  estuvo sarcástico y brillante, a veces, demostrando que es mejor parlamentario que comunicador de masas. Pero no es suficiente.

Pedro Sánchez sigue sin entender que aunque ha sumado 90 escaños es el peor resultado de la historia del PSOE, y que tampoco ha ganado las elecciones. Su estrategia solo ha tenido un frente, cortar cualquier posibilidad de negociación con el PP de Rajoy, lo que le obligaba a la cuadratura del círculo: lograr el apoyo de la izquierda populista y antisistema, y contar con la complicidad  de los partidos independentistas. Unos y otros han dejado muy claro que no han tenido nunca voluntad de negociar sobre supuestos aceptables para un partido socialdemócrata, español y europeo, con lo que en un ejercicio de escapismo Sánchez  negoció un pacto aritméticamente imposible con Ciudadanos, que parecía más pensado en servir de spot electoral ante las previsibles elecciones de 26 de junio, que a lograr a lo que había ido: la investidura. Parece seguro que Sánchez será el candidato socialista a esas elecciones, porque no hay tiempo para muñir otro cartel electoral, aunque sus enfrentamientos directos con su rival de verdad, que no es Rajoy, sino Pablo Iglesias, no le han dejado en buen lugar. Hay que tener más energía y más condiciones para enfrentarse a este nuevo populismo de retórica tardomarxista 2.0, que deberá buscar en la historia misma de la socialdemocracia, y que Sánchez no parece querer asumir. Aunque hay tiempo, tendría que desdecirse a lo Groucho Marx para poder negociar con éxito  con quienes lo han vapuleado y proclamar aquello de: “Estos son mis principios, señora, pero si no le gustan tengo otros”. No creo que lo haga, ni que le dejen.

Albert Rivera sumó 40 escaños, y como él dejó claro que no daría un voto favorable a un gobierno en el que estuviera Podemos y respaldaran los independentistas, tomó su pacto con el PSOE y la sesión de investidura de investidura como lo que realmente fue: el primer mitin de las elecciones del 26 J. Rivera ya utilizó la noche electoral de las elecciones  en Cataluña, con esos cánticos de Cataluña es España, el altavoz para convertirse en la alternativa  no socialista en toda España.  Todavía no lo ha logrado, porque Ciudadanos  es un partido urbano, y sin organización en la España profunda, a la que asusta con medidas disparatadas, y sin medir, como son liquidar los ayuntamientos en municipios  con población inferior a los 5.000 habitantes o la desaparición de las diputaciones, y que en la práctica supondría la desaparición administrativa de provincias como la de Guadalajara, que tiene diez veces más historia que la mayoría de las comunidades autónomas, que absorberían su papel y gobierno. Dicho esto, Rivera me pareció de lejos el mejor orador del debate y tuvo la inteligencia de presentarse como la alternativa real de Rajoy, y dirigirse a esas clases medias proletarizadas, que han pagado los platos rotos de  la crisis, y que han llegado a la conclusión (no cierta) de que  tienen poco que perder, porque el sistema ya no les protege. Rivera hizo el discurso de investidura a Pedro Sánchez, porque si el candidato no acabó de entender que no estaban ahí para hacer una moción de censura a Rajoy, el líder de Ciudadanos no perdiò la ocasión para focalizar todo su discurso ante el electorado más crítico del PP, citó a Suárez y reivindicó  los valores de la Transición para enviar un mensaje inequívoco: aquí hay una alternativa a este PP,  su serón de votos. La defensa del acuerdo con el PSOE (que los sondeos lo bendicen, no se olvide) tuvo más calidad y más propuestas en el discurso de Rivera que en el del candidato Sánchez, ocupado solo desmontar las principales leyes aprobadas durante el gobierno de Rajoy, que aquello parecía el mismísimo concilio de Trento. ¡Con liquidar todo lo que ha hecho Rajoy estamos salvados!

A Rivera le hace falta el hervor que dan los años en política para adquirir la patina de presidente del Gobierno, pero va camino de ello, y sobre todo  si en el PP lo que se le opone es más de lo mismo.

Pablo Iglesias dejó muy claro desde el segundo uno, que no estaba allí para negociar con Sánchez ninguna alternativa de gobierno, sino para reemplazarlo el 26 J como líder de la izquierda. Tomó el Congreso como si fuera el plató de La Sexta con toda suerte de actitudes provocadoras hacia al candidato; imitó la estética soviética de Breznev y Honecker para salir en las portadas dándose un pico con el portavoz de su franquicia catalana; y en una estrategia genuinamente leninista trató de ensuciar al adversario atacando en lo que más venera, en este caso el ex presidente Felipe González, cuya amplia trayectoria política en favor de la democracia española resumió con  estas palabras: “tiene el cuerpo manchado de cal viva”. No cabe mayor zafiedad de un dirigente político que debutaba en un parlamento democrático y que aunque algunos no se aperciban, porque lo arropa en en un lenguaje atrevido y no exento de talento, hizo el discurso más antiguo de todos: el de la vieja retórica marxista que divide el mundo entre buenos y malos, entre explotados y explotadores, entre el pueblo y la oligarquía,  siendo él con su clarividente liderazgo  el encargado de conducir a las masas a ese nuevo paraíso del proletariado. Una cosa tenemos que agradecer a Iglesias:  no engaña a nadie, él no llega a la política para reformar un sistema que,  con sus contradicciones, ha logrado las mayores décadas de prosperidad y paz en Europa. Quiere poner la Constitución y a España del revés,  y busca a un Kerensky entre los socialdemócratas que le sirva de tonto útil en el primer trayecto. Por eso ensucia la memoria del presidente  González, porque el líder socialdemócrata es de los que no se callan. Tanto en España como en la Venezuela de  su amigo Maduro, cuyo régimen populista tiene a los principales dirigentes de la oposición en la cárcel, y no por secuestrar a alguien o colaborar con una organización terrorista… como Arnaldo  Otegi, ese hombre de paz..

Y acabó como comencé: una inmensa mayoría del pueblo español, 253 de 350 diputados, no quieren mandar la Transición por el desagüe; no quieren experientar con políticas rertrógradas que no son homologables con los valores de libertad y solidaridad que alumbraron la Unión Europea; no quieren que el incipiente crecimiento que ha experimentado la economía española en los dos últimos años se vuelva a poner en peligro. Es la gente corriente de este país, que no levanta la voz,  ni acampa en las plazas,  ni arranca papeleras, y que espera  generosidad y altura de miras en Rajoy y en Sánchez.  En Italia esto lo desatascaría  un presidente de la República con la investidura de un presidente del Consejo de Ministros que fuera trasversal a esa mayoría parlamentaria, y al que se le confiaría la dirección de un programa de gobierno reformista explícito, pactado y con un calendario muy preciso.

Pero España no es Italia, ni Felipe VI es Giorgio Napolitano, porque si al pobre rey se le ocurriera buscar un Monti  al margen de los cabildeos parlamentarios de unos dirigentes políticos que no se saben mover en este nuevo escenario a la italiana, le acabarían comparando con Tejero.      

Esto es lo que hay. Me temo que el 26-J tendremos que ir a votar. Y luego a ver  si a nuestra clase dirigente le gusta lo que sale.

Con políticos tan sectarios como los de ahora, que se creen que la política es un oficio más, y no un servicio temporal a su comunidad, en la Transición no habríamos pasado del título I de la Constitución.

Han fracasado,  y deben dar un paso atrás.

¿De verdad que no se puede hacer nada con los nuevos juzgados?

Días atrás la senadora socialista Riansares Serrano constataba lo que es evidente: que nadie construye en la parcela de los nuevos juzgados, después de que hace cinco meses se pusiera la primera piedra en un acto que, como se acredita, fue puramente electoral. De hecho, los Presupuestos Generales del Estado de 2016 apenas incluyen una partida de 1.900.240 euros de un total del proyecto de 15,2 millones de euros. Y la previsión más optimista que desde el ministerio de Justicia se manejaba entonces es que el  edificio pudiera entrar en funcionamiento en 40 meses, hacia 2019, siempre que no hubiera retrasos en las sucesivas adjudicaciones.

A la vista está de que esta previsión optimista era incluso demasiado optimista  para lo que es la cruda realidad  (ningún obrero cogió luego la pala con la que el señor ministro de Justicia y acompañantes se hicieron la foto protocolaria de la primera piedra), me voy a permitir el lujo de ser políticamente incorrecto y reconoceré que casi me alegro de que no hayan empezado, porque este proyecto para la ciudad de Guadalajara es un disparate. Así de claro.

Yo comprendo a los trabajadores de los juzgados cuando protestan ante la mala situación de un suelo que al parecer desprende algunas sustancias susceptibles de ser inflamables, o por las  deficiencias en la ventilación.  Entrendo también a la Fiscal Jefe de la Audiencia Provincial de Guadalajara, Dolores Guiard, que ha pedido varias veces que el nuevo edificio de los Juzgados de Guadalajara “se construya lo antes posible» en base a la creciente población de una provincia frontera con Madrid que demanda una Administración de Justicia.

Yo participo de ambos deseos, pero confío en que ellos me entiendan también a mí, y como vecinos que lo son de esta ciudad permitan que a la a la vez me pregunte: ¿Qué vamos a hacer con ese edificio lisiado cuando se marchen los juzgados? ¿Cómo repercutirá dicho traslado en la actividad comercial en el casco antiguo, que en esa zona anima en gran medida el funcionamiento de los juzgados? ¿Es normal que nos metamos en dibujos sobre nuevos juzgados cuando hay en Guadalajara edificios históricos, que se están cayendo y que son de titularidad pública? El Fuerte de San Francisco mismamente, que dio buenos dividendos a la Junta de Comunidades con la venta de los terrenos, que el Ayuntamiento recalificó en urbanizables, aunque luego ha incumplido sistemáticamente el convenio que firmó para mantenerlo en buen estado.

Comprendo perfectamente que funcionarios de la justicia, fiscales y jueces (no sé ya qué opinarán abogados, procuradores y usuarios sobre tener que acudir a una ubicación que estaría en medio del campo) sobre la mejora que supondrá para su trabajo unos nuevos juzgados en los que no solo tuvieran cabida los órganos jurisdiccionales que actualmente actúan en Guadalajara sino que también los que pudiera venir en un futuro.

Pero si fuera edil del Ayuntamiento de Guadalajara, y no ya digamos alcalde, tendría una espina clavada por una solución que a corto plazo será buena para la Justicia de Guadalajara, pero a medio plazo agrava aun más la sostenibilidad del propio casco.  ¿Se imaginan, vacío, el actual edificio de los juzgados, cuánto tiempo tardaría en dar trabajo a los modernos juzgados por la acción de los expoliadores? ¿Cómo se degradaría el barrio por no dar una solución urbanística a un problema que también es urbanístico? ¿De qué nos vale hacer nuevos Planes de Ordenación Municipal cuando no hemos sido capaces de cuidar el patrimonio público que tenemos en solares y edificios?

Esto es lo que hay. Parece que somos incapaces de resolver un problema sin crear otro.

CODA 1:  «La educación en Castilla-La Mancha lleva el color rojo, el color rojo del Partido Socialista». Es una frase, claro, ¡pero qué frase! La pronunció la actual consejera de Educación y Cultura, Reyes Estévez, hostigada por el portavoz de Podemos José García Molina, después de pedirle su dimisión, y la consejera se descolgó con esta perla para congraciarse con la bancada socialista. Si algo así se le ocurre al citado Molina, le calificamos de leninista para arrriba. Y si  hubiera salido de la boca de popular Marín, lo de fascista se me queda corto. Pero el problema ya no es solo desbarrar en el fragor de un debate, lo peor es  no pedir disculpas y aclarar qué diablos quiso decir la consejera gallego-alcarreña con que la educación lleva el color rojo del Partido Socialista. “¡Arriba Castilla-La Mancha!”

CODA2: Sigue el postureo del que les hablaba en mi último artículo. No es que sea complicado, sino lo siguiente, intentar pactar por la noche con un partido liberal, que está obligado a defender unos principios sobre la economía de mercado, y al día siguiente con los neocomunistas, que ya no disimulan que lo que pretenden es constreñir al mínimo esa libertad de mercado y limitar la propiedad.  Visto el panorama, ni Pedro Sánchez sabe si al final conseguirá la ilusión de su vida, ser presidente de España, un estado que quieren romper una parte de los que aritméticamente tendrían que respaldarlo. ¿Pero le va a merece la pena? ¿Nos va a merecer la pena?

CODA3: Tras los últimos casos de corrupción que vuelven a salpicar a las cúpulas del Partido Popular en Madrid y Valencia me imagino que  la renuncia de Rajoy “in vigilando” como candidato a algo solo falta ponerle la fecha que más convenga a su partido; aunque me gustaría decir que a España. Otra cosa es que el PP quiera acabar como UCD, lo que a buen seguro no se merecen las muchas personas honradas que todos conocemos militan en ese partido. Pero incluso para ellos: ¡Hasta aquí llegó el agua!

Empieza el postureo

Pedro Sánchez inicia esta semana las rondas  de conversaciones para su investidura. Solo tiene 90 diputados de los 350 que conforman la Cámara, pero la caprichosa aritmética parlamentaria le ha conferido capacidad de veto sobre el partido  que ganó en minoría de las elecciones,  hasta el punto que los 123 escaños de Mariano Rajoy  pesan menos que los 90 de Sánchez. Para ello solo le basta seguir rechazando cualquier tipo de gobierno en el que pudiera formar parte el PP, que a estas alturas se está planteando si debería ir Rajoy a  la entrevista o mejor enviar a Dolores Cospedal a recibir el 18º “no” de Sánchez. Supongo que al final irá Rajoy,  por el qué dirán.

El segundo paso de Sánchez será insistir en que quiere un acuerdo con Ciudadanos, porque es lo más demandado en las encuestas, aunque es puro postureo. Entre PSOE y Ciudadanos solo suman 130 escaños y aunque Sánchez pedirá al PP que se abstenga para ahorrarse la negociación con Podemos, el PNV y la abstención de los independentistas, sabe que incluso para Rajoy es pedirle demasiado,  porque su partido solo tiene 7 diputados menos que PSOE y C’s juntos. No lo conseguiría ni aunque se lo pidan de rodillas los 35 presidentes del Ibex 35.

Por postureo, Sánchez busca formalmente un acuerdo con C’s, sin el PP, aunque ya le ha dicho Albert  Rivera que él no estará en un gobierno con Podemos. Pedir a un partido de ideología liberal que pacte un programa económico con la izquierda populista es más absurdo que nombrar a Maduro presidente del Banco Mundial. No hay donde rascar, por mucho que a Sánchez le ponga presidir un tripartido a izquierda y derecha.

Así que al final llegaremos, inevitablemente, al único camino posible, el llamado “gobierno de progreso” a muñir  con la izquierda más izquierda y la tolerancia de los independentistas. Ahí Sánchez se va a encontrar con enormes dificultades, porque no es lo mismo pactar algunas políticas sociales con Podemos, como ha hecho García-Page en Castilla-La Mancha, que poner sobre la mesa de operaciones  al Estado en toda su magnitud y abrirlo en canal. La negociación entre PSOE y Podemos va a estar dominada por el postureo,  porque  ni Sánchez ni Iglesias quieren ser señalados ante el electorado de izquierdas  como los responsables del fracaso, si finalmente hay que ir a unas elecciones a finales de junio. Es más, más de uno en el PSOE se teme de que esta decisión ya esté tomada por Iglesias, alentado por los últimos sondeos que proyectan a Podemos como primer partido de la izquierda en caso de repetirse las elecciones. En esas circunstancias, ¿qué no podría pedir  Iglesias a Sánchez para aceptar formar parte de su gobierno? En un escenario de confrontación, el líder de Podemos tiene todas las de de ganar porque es mucho mejor actor que Sánchez, y la actual política española se ventila más en los estudios de televisión que el parlamento.  Y ya no digamos desde que Iglesias se ha comprado un esmoquin de primer actor, que ya lució con desparpajo en la noche de los Goya, que como todos sabemos es escenario más solemne que una recepción en el palacio Real.¡Dónde va a parar! Resines con Felipe VI.

Como ya tengo escrito, la negociación con Podemos y sus marcas blancas acarreará la mayor dificultad para que Sánchez sea presidente, y en este sentido habrá que seguir con mucha atención lo pueda contar Jordi Sevilla al respecto, que hasta ahora no ha dicho ni “muuu”.

Si logra el pacto con Podemos,  solo le quedará a Sánchez asegurarse el apoyo del PNV y que los independentistas se vayan al aseo durante la segunda votación, para ser proclamado presidente. Es lo más fácil. De hecho, Sánchez  los va a tratar en sus rondas de conversaciones en el mismo plano que a Rajoy. No les dará el libro gordo de Petete , en el que se encuentran sus propuestas más generales, como hará con Podemos y C´s,   ni habrá una negociación formal para que entren a formar parte de su mayoría. No le hace falta. Esquerra Republicana y el partido postpujolista  lo último que quieren es ver a alguien del PP o C’s en el gobierno, y estarán encantados con poder negociar sobre el derecho a decidir con el ministro de la cosa soberanista que nos quiere colocar Iglesias. Pero también será un fraude, porque no se olvide que ese nuevo “gobierno de progreso” no tendría mayoría cualificada para cambiar una sola coma de los artículos fundamentales de nuestra Constitución.

La única duda es si en el PSOE dejarán a Sánchez que transite por caminos tan inciertos, que le abocarían a ser abandonado a su suerte a las primeras de cambio   (PSOE+Podemos suman 159 votos y PP+C´s llegan a 163), o si preferirán el incierto destino de unas nuevas elecciones que no tienen buena pinta para los socialistas.  Yo tengo pronosticado desde hace un mes que a Sánchez le van a dejar hacer los barones, a no ser que Podemos provoque deliberadamente una ruptura con peticiones desmesuradas,  y que al líder socialista le puede salir la cuadratura del círculo.

¿Quedan más posibilidades? No. Cualquier otra combinación a la italiana exige que  Rajoy y Sánchez den un paso atrás, para que pudiera fraguarse una solución de compromiso en beneficio de España por los dos grandes actores que promovieron la Constitución. Pero ninguno lo va a hacer, porque los políticos españoles no tienen la finezza de los italianos, ni el patriotismo de alemanes o franceses, ni las milicias partidarias se lo van a exigir. Será después. Cuando al  PP no le quede más remedio que dar la vuelta a su partido como a un calcetín,  agujereado por la corrupción,  o acabará como  UCD. Y el PSOE deberá -algún día-  reinventar una alternativa  socialdemócrata si no quiere terminar como el PASOK en Grecia. Pero ahora no estanos en eso.

Ahora lo que toca es que Pedro Sánchez haga de Harry Houdini y con solo 90 diputados sea elegido presidente del Gobierno de España.  Esto es lo que hay.

Campus: se impuso el sentido común

Llevo escribiendo desde hace mucho  tiempo que no hay más alternativa para el campus que ubicarlo en el casco antiguo (lo contrario habríado sido una aberración urbanística) y entre todas las opciones la solución de las Cristinas es la mejor de todas; y la más factible.

Por su emplazamiento estratégico, para los alumnos y profesores que vengan del Corredor, tiene al lado la Estación de Autobuses y para los que opten por el ferrocarril hay una comunicación directa y rápida con los autobuses que salen de la estación de Renfe, que son todos. Además, su acceso en vehículo es fácil y directo desde la A-2 en coche.

Un campus en el María Cristina ayuda a ampliar el entorno universitario ya existente con la Facultad de Educación y el nuevo aulario (prefabricado, no se olvide) donde se imparte Comunicación Audiovisual . Por primera vez habría algo parecido a un campus en Guadalajara. Pero es que además  en el complejo de Las Cristinas hay terreno suficiente para cualquier posible ampliación que pudiera ser necesaria y en el entorno hay dos edificios públicos, que están llamados a formar parte de la expansión de la Universidad, si en esta ciudad y en esta región tuviéramos un  mínimo de sensatez. Me estoy riferiendo, claro está, al edificio del antiguo Hospital Provincial (hoy cerrado y vandalizado) y el antiguo Parque Móvil Ministerios, también cerrado, pero que todavía no ha sido destruido por las termitas, aunque están en ello. Al tiempo. Estaríamos hablando por tanto de una almendra universitaria en el centro de la ciudad que garantizaría el desarrollo de la UAH  en los próximos cien años. Y no exagero.

En esas circunstancias, destinar Las Cristinas al crecimiento de ese campus es la solución natural, y máxime cuando la instalación, la antigua residencia de Huérfanas de Militares, hace tiempo que se había clausurado, y años más tarde, también, el colegio público que había ocupado parte de sus aulas. El ministerio de Defensa tiene un complejo impresionante, pero que sin utilidad no dejaba de ser un muerto, que cualquier día podía ser vandalizado, aunque tampoco tampoco se les podía pedir que lo regalaran cuando ese ministerio ha sido el primer pagano de la reducción presupuestaria por la crisis económica. El gobierno de Cospedal  perdió tres años, porque estaba a otras cosas –y así le fue luego–, pero el  Ayuntamiento trabajó mucho y bien, puso sobre la mesa parcelas urbanizables  en los nuevos desarrollos de Guadalajara por valor de 7,6 millones, que permutaría con el ministerio de Defensa para compensar los 9,6 millones en los  que finalmente fue tasado el centro de Las Cristinas. El resto de la cantidad, poco más de 2 millones correría a cargo de la Junta de Comunidades. Ese protocolo se firmó en el último suspiro de la legislatura anterior  y se concedió un plazo de un año, hasta  el 31 de marzo de 2016, para rubricar el correspondiente convenio. De no hacerlo,  volveríamos a perder una legislatura entera, como llevamos haciendo, un año tras otro desde 2005.

Esos dos millones van a estar en el Presupuesto regional para 2015, así lo anunció el presidente García-Page , y así lo aprobaron las Cortes regionales vía Proposición No de Ley presentada por el Grupo Parlamentario Popular.  Quedan flecos pendientes, que convendría tejer con más habilidad de la demostrada hasta ahora por la Consejería de Educación, porque no se entiende que la Junta avanzara que se van a crear dos carreras nuevas, ingeniería biomédica y logística -que aparentemente  tienen mucho sentido  en el área de Guadalajara–, y la Universidad de Alcalá no supiera nada, según dijo el alcalde Román. ¿Significará esto que se renuncia a implantar las dos nuevas carreras que ya se habían anunciado, Odontología e Ingeniería Industrial? Estas cosas hay que hablarlas con la Universidad, ajustarlas en las Presupuestos de Castilla-La Mancha, que financia los nuevos estudios, y luego se anuncia. A alguno/a parece que le han podido las prisas.

Queda también el asunto del pomposamente llamado Parque Tecnológico, que ahora nos dicen que irá en el Ruiseñor. Llevamos más de quince años hablando de este famoso parque tecnológico, ligado a la universidad, pero en este tiempo  nadie nos ha explicado cuál va a ser su modelo. Imagino que tendrá algo que ver con algún tipo de fundación público-privada, que alentará la innovación  y la interrelación entre la universidad y las empresas, pero como la cosa va para largo (solo ahora empieza a moverse algo en el citado polígono), pues tiempo tendremos para seguir dándole vueltas.

Lo importante es que Junta, Ayuntamiento y  Universidad se van a subir todos en el mismo barco, cuya hoja de ruta no puede ser más ambiciosa: sentar las bases para el desarrollo universitario de la ciudad a lo largo de la próxima centuria. De nada vale seguir hurgando en viejas heridas cuando el tiro se ha corregido y cuando  García-Page ha vuelto a demostrar que no es político dado a meterse líos cuando hay una solución franca, aunque no se le haya ocurrido a él.  A fin de cuentas en esto consiste el buen funcionamiento de un sistema, que los que vienen continúan la labor de las anteriores. Los rupturistas tienen que hacer el trabajo de Penélope: primer destejer lo anterior para tejerlo de nuevo;  tarea doble.

Hay que reconocer por tanto la buena disposición del gobierno de Page para acercarse a posiciones en las que podemos  coincidir todos, lo que no se hizo en el primer intento de ubicar al campus en el descampado del Ruiseñor, no sabemos con qué intereses, cuando el consejero de Educación de entonces dijo a Román la famosa frase de: “estos son lentejas”, y Román tragó con las legumbres. Clara equivocación de todos, porque no hay nada mejor que un  nuevo campus para dinamizar el centro histórico de una ciudad. En Alcalá de Henares lo saben muy bien, porque la rehabilitación de su viejo patrimonio ha ido muy ligado al desarrollo universitario, como ha sucedido en Toledo con la Junta de Comunidades.

Guadalajara no podía dejar pasar una nueva oportunidad, por cierto, como ha hecho con los nuevos juzgados que los va a sacar del centro para llevarlos a otro descampado junto al cuartel de los Geos. Otro error mayúsculo que desangrará todavía más al casco viejo, que tiene edificios históricos suficientes en proceso de ruina esperando una misión en la vida. ¿Qué vamos a hacer con el antiguo convento de San Francisco, que los distintos gobiernos de la Junta de Comunidades reniegan de cumplir las obligaciones que figuran en el convenio que en su día firmó con el Ayuntamiento? ¿Para que queremos un antiguo Hospital Provincial que ya ha perdido la mayor parte de su cubierta? ¿Y con el antiguo Parque Móvil? ¿Y  con el actual edificio de los juzgados en la plaza de Beladíez el día que se inaugure el nuevo edificio al otro lado de la A-2? ¿Por qué las administraciones son normalmente tan incompetentes en gestionar su patrinonio, que es el de todos?

Esto es lo que hay. Bienvenido sea este nuevo clima  en torno al campus que se ha creado, y que alentamos, y  confiemos en que nadie lo estropee por puro sectarismo. ¡Pues no tienen ahora espacios para la legítima confrontación ideológica que no sea el campus, que es un proyecto de todos!

Por una solucion a la italiana en un parlamento italiano

Escribía hace exactamente 12 días que a Sánchez le podría salir la cuadratura del círculo, y que a pesar de que el PSOE  ha cosechado los peores resultados desde 1977, tal y como pinta el panorama, el actual líder socialista  se puede convertir en el próximo presidente del gobierno de España.

He leído y escuchado  en las últimas semanas a analistas bienintencionados que descartaban tal posibilidad, porque la “mayoría  progresista” que podría hacer presidente a Sánchez es tan “variopinta”,  y con intereses tan “contrapuestos”, que no habría  luego manera de articular un soporte a ese gobierno y alcanzar un acuerdo de mínimos durante la legislatura. Siendo todo ello cierto, pecan de ingenuidad los que hacen ese razonamiento porque confunden un pacto de investidura con un pacto de gobierno y no ya digamos con un gobierno de coalición.

El argumento que Sánchez va a vender a algunos aterrados barones y al comité federal del PSOE, el sábado 30 de enero,  es mucho más sencillo. Les dirá que como Rajoy se ha retirado de la carrera por la nomación y cualquier combinación con el PP no se producirá jamás de los jamases, porque él dispone de la llave de bloqueo, ha querido el destino que le toque a él; y solo a él ser  el elegido.  Sánchez va a dar a sus compañeros de la Federal una sencilla lección de matemáticas: el PSOE y las cuatro factorías  de Podemos suman 159 votos, así que en la segunda votación de su investidura al candidato Sánchez solo le harían falta cinco votos más para tener más sufragios favorables que en contra, como exige la Ley. Y le podría valer con que el PNV, que tiene seis, le votara a favor, si el resto de fuerzas nacionalistas se abstuviera, como ya han anunciado paladinamente. Esto son matemáticas, dirá Sánchez, y estos son mis poderes: el PSOE podría regresar a La Moncloa; y a partir de ahí  no tendrá necesidad de aclarar lo que ello supone: entre dos mil y tres mil altos cargos y asesorías prémium, de los que toda la inteligencia del partido se va a beneficiar. Es el Poder, con mayúsculas. Un plato muy difícil de rechazar. Caviar de beluga.

Esto es lo que va a hacer Sánchez, beneficiarse de una aritmética diabólica  que le ha convertido en clave de bóveda, cosa que no sucede con PP, Podemos y Ciudadanos; y a ello está dedicado desde la misma noche del 20-D. En su primera jugada,  ha dejado expedito el camino para lograr la abstención de Esquerra Republicana y del postpujolismo de Democracia y Libertad, al regalarles  un grupo parlamentario en el senado con lo que percibirán al año 269.016 euros,  cada uno, y multiplicarán sus intervenciones en la cámara alta. Que ese altavoz vaya a ser utilizado fundamentalmente para lo único en lo que se ocupan  ambas formaciones en esta legislatura, que es cómo romper España y declarar la República de  Cataluña en 18 meses (Puigdemont, dixit) es algo baladí para el candidato Sánchez. Su explicación de que eso se hizo por cortesía parlamentaria, cuando entre estas dos fuerzas políticas tenían diputados suficiente para haber formado un grupo conjunto, y conjuntamente concurrieron a las últimas elecciones en Junts pel Sí, es un insulto a la inteligencia de los españoles. Pero, ahora, lo que importa es sacar la calculadora y anotar: 8 de DL y 9 de ERC, 17 abstenciones  a la buchaca.  El frente independentista ya está controlado. Ni tan siquiera les va a tener que prometer y avanzar algún  comprometedor documento sobre la autodeterminación. Porque ellos lo tienen claro. Ahora lo que toca es cerrar cualquier camino a la investidura de Rajoy; y en el minuto siguiente al de la elección de Sánchez al frente de un gobierno multicolor y abierto… a la improvisación  (el PSOE tiene 89 escaños de 350 posibles -¡como no le dará vértigo!)- ya volveremos con la matraca del independentismo y cómo llegamos a esa independencia express en año y medio, que es para lo que han puesto en San Jordi al alcalde de Gerona, un político de familia pastelera.

Para seguir sumando apoyos a la investidura, el candidato Sánchez necesita obligadamente el respaldo de Podemos y de sus tres marcas blancas, que como hemos empezado  a darnos cuenta, son algo más que unos partidos instrumentales, porque como buenos nacionalistas, le reclaman a Pablo Iglesias  su independencia. ¿O es que se cree el secretario general de Podemos que iba a ser más que el general Prim? Pero hasta en esto va a tener suerte Sánchez. Hasta hace muy poco, todos teníamos dudas sobre si Iglesias aceptaría a un Sánchez presidente, o si por estrategia quisiera forzar unas nuevas elecciones para dar el sorpasso definitivo al Partido Socialista. Al día de hoy, yo me inclino a que, al final, Iglesias dará los votos que le hagan falta al candidato Sánchez,  porque ya no está claro si a Podemos le interesan unas nuevas elecciones en las que tendría que dar más poder, y más independencia,  a Ada Colau, la estrella emergente de la izquierda soberanista catalana; con los de Compromís  ya se ha visto, que están con la puerta entreabierta; y con las mareas gallegas bien es sabido que te puedes ahogar  si no las controlas. Dudo mucho que a Iglesias le interese revolver ese gallinero parlamentario de Podemos en el que todo el mundo quiere disponer de su propio portavoz, que ya me empieza a recordar a esa expresión unamuniana: “yo soy de mi propio partido,  y si se apunta alguno más, yo me borro”. Y que en lo puramente histórico empieza a asemejarse a la  deriva que tomó la I República Federal Española. ¿Quien será el primero que reivindique la creación de una ceca para acuñar moneda? ¿Será tal vez una de las funciones de ese enternecedor ministerio de la Plurinacionalidad,  que ha propuesto el líder neocomunista?

Sanchez-PageEn ese escenario: ¿Al Podemos de Iglesias-Comité Central, le va a interesar arriesgarse con unas nuevas elecciones en las que si bien podrían llegar a ser más votados que el PSOE, al final con la aplicación de la Ley d’hont,  la asignación de parlamentarios sería muy similar?  El candidato Sánchez se ha adelantado a la respuesta de Iglesias-Comité Central, y ha tecleado en su calculadora: 69 votos más a la buchaca  de Iglesias y sus almas nacionalistas. Pero Iglesias es un hombre con gran sentido para la representación, porque no en vano es un político que creció en los platós de la Sexta,  y con ese punto de soberbia que le caracteriza ya le dijo a Sánchez que se ofrecía a ser el vicepresidente y a entrar en el Gobierno en los ministerios más  sensibles.  ¿Cómo fue lo dijo que Alfonso Guerra al respecto? Pongo en duda si al final habrá gobierno de coalición con esas exigencias, pero no que Iglesias acabará cediendo a Sánchez esos 69 votos que necesita para la investidura.  Y lo que tengo más claro que el agua del Sorbe es que si hay gobierno de coalición en Madrid, lo habrá también en Toledo.     

Pero sigamos:  a Sánchez solo le quedaría asegurarse para su elección los seis votos del PNV, que ya sabemos que desde los tiempos en que Zumalacárregui libraba batallas ante los liberales de Espartero, y luego con Sabino Arana y su acompañamiento de sotanas carlistas,  este partido-movimiento defensor de los viejos fueros es  de un progresismo acrisolado. ¿Cómo va a faltar el PNV en esa fiesta plurinacional que nos va a montar ese futuro gobierno del Estado Español? ¿Me permitirán por fin, cosa que nos negaron en el nacimiento del Estado Autonómico a las comunidades que  no seguimos el artículo 151 de la Constitución, el derecho a decidir a qué autonomía de ese nuevo federal debería estar adscrita cada una de las  provincias  españolas? Pongamos que hablo de Guadalajara.  Porque si el melón se abre, se abre para todos…

El PNV es muy dado a las grandes escenificaciones en campas , basílicas y  parlamentos, con lo que ya le están pidiendo al candidato Sánchez una relación de igual a igual  entre el Estado Español  y EuskalHerría –supongo que incluyendo en ella a Navarra y el condado de Treviño– como si de hecho fuéramos un estado confederal –que yo no digo que no se pueda hablar, aunque será entre todos, insisto–, pero que también exigiría una reforma en profundidad de la Constitución, lo que excede de las competencias de ese futuro gobierno.  Y para ello habría que contar con el PP y Ciudadanos, así que… También le han dicho a Sánchez que el PNV reclama el derecho a decidir, pero como Arzalluz es un pragmático, pues no se lo va a querer cobrar antes de la votación de investidura, para que no le pase lo de Mas el astuto, que él solito se metió en un callejón sin salida, por torpe. Como todo eso lo sabe el candidato Sánchez, apuntará otros seis votos para su investidura, y con su calculadora se presentará ante el Comité Federal: “Estimados compañeros, me salen las cuentas para ser el próximo presidente del Gobierno”.

A partir de ahí, caben dos posibilidades. Que el peso del poder caiga como una losa sobre el Comité Federal,  y le dejen hacer a Sánchez, y ya veremos hasta donde aguanta con un gobierno en precario. O que en la mayoría del  PSOE  cunda el temor a las consecuencias que podría tener para ese partido el fracaso de un gobierno corto de su líder. Y estoy seguro de que algunos socialistas, sobre todo los que conocieron la Transición, se preguntarán qué clase de modelo territorial se puede pactar con unos señores cuya única misión en la vida, ahora,  es romper España. O qué credibilidad tendría entre sus socios europeos (la UE está gobernada por una  gran coalición entre conservadores y socialdemócratas) un programa económico que habría que pactar con un partido neocomunista, que tiene por modelo un programa económico muy similar al que se tuvo que comer con patatas Alexis Sypras en Grecia,  después de renunciar a todos su inmarcesibles principios, y despedir a Varoufakis  a la velocidad de  su moto. Me gustaría que saber qué dice  de todo esto el economista de confianza de Sánchez,  Jordi Sevilla, un socialdemócrata  al que siempre he tenido por un tipo serio, y que está más callado que una tumba. ¿O es que le da lo mismo? ¿O es que en la estrategia de Sánchez, una vez investido,  no está negociar el presupuesto con esa “mayoría progesista” que él cocina, y no descarta una salida a la portuguesa en la que el nuevo gobierno de “mayoría progresista”,  que preside el socialista Antonio Costa,   tuvo que aprobar los Presupuestos con el primo de Rajoy, el ex primer ministro Passos Coelho, porque sus aliados comunistas y “progresistas”  dijeron que seguía habiendo muchos recortes? ¿Es esto lo que pretende el candidato Sánchez, gobernar aquí y allá a salto de mata, pactando los Presupuestos y las cosas de comer con PP y Ciudadanos , y una agenda social, maquillada por Jordi Sevilla, con la izquierda más extrema? ¿Qué credibilidad tendría ese gobierno en los  inversores extranjeros y los mercados, que nos refinancian cada año con 400.000 millones de euros? ¿Con qué dinero íbamos a pagar esos subsidios generalizados y los ingentes planes de empleo público? ¿Cuándo tardaríamos en volver a la situación de la España de 2009, en términos  de crecimiento y empleo, cuando fracasó el Plan Zapatero y nos metió cuatro puntos adicionales de  déficit  a nuestra economía, que todavía estamos pagando ?

Lo que deberá plantearse  el Comité Federal del PSOE es si merece la pena que Sánchez gobierne a toda costa, cerrando cualquier posible acuerdo con el PP — lo que choca contra el ideal de la Transición, porque los populares siguen teniendo 7,2 millones de votos– o si hay que explorar fórmulas que impidan unas nuevas elecciones, que por lo que dicen los sondeos no resolverían tampoco gran cosa; acaso prolongarían la inestabilidad y la incertidumbre, lo más peligroso para la economía y el empleo.

Me ha desagradado –no digo sorprendido,  tal y como es Rajoy, el témpano de Pontevedra—  que el candidato del partido más votado haya renunciado al debate de investidura. Aunque hubiera fracasado en la aritmética,  probablemente lo podría haber ganado ante la opinión pública, porque liberado de su corsé, Rajoy es un buen parlamentario y debería haber defendido un gobierno constitucionalista,  reformista y moderado como alternativa  a un frente izquierdista-independentista. En ese sentido, su decisión ha sido una total decepción, por mucho que a algún estratega cabeza de huevo –¿Arriola otra vez? le haya parecido mejor  la estrategia de dejar a Sánchez y al PSOE a que se cueza en su propio guiso y esperar  a ver si revienta la olla. Muy propio de un político que siempre ha jugado al contraataque, y que ha desperdiciado una holgada mayoría absoluta para liderar un proyecto honesto, reformista y social-liberal que hubiera ilusionado a un electorado de clases medias a las que la crisis ha proletarizado y las ha convertido en escépticas

Me gustaría creer que entre  PP, PSOE y Ciudadanos hubiera una mayoría sensata capaz de pensar en España, y exploren un gobierno de concentración sobre un programa concreto –reforma constitucional, consolidar el actual crecimiento en torno al 3% del PIB,  modelo territorial, ley electoral, reforma del Senado, estado del bienestar, lucha contra la corrupción  y ¡ojalá educación!- que sea como una especie de segunda Transición en la que desde el reformismo se  vuelva a asegurar para España otros treinta años más de democracia y de unidad.

Un gobierno en el que Rajoy y Sánchez, los dos perdedores de estas elecciones, se queden a un lado para que ése gran acuerdo nacional vuelva otra vez a ser posible. Tenemos una situación a la italiana, por haber despreciado el sistema de segunda vuelta, como en Francia, y hacen falta políticos italianos que negocien una salida digna para todos, pero sobre todo patriótica, mirando al pueblo español,  al que después de una crisis que ha durado ocho años, no se le puede enviar al despeñadero griego, y no digamos al venezolano.

Fórmulas hay varias.  Estudien la historia política de Italia donde ha llegado a gobernar un independiente respaldado por una mayoría  en la cámara, el candidato del tercer partido más votado, como solución de compromiso entre las dos fuerzas más grandes, o un presidente propuesto por el partido mayoritario en un gobierno con más ministros de los partidos que dan soporte al ejecutivo

El 20-D nos ha dejado una situación especial, que requiere de gobiernos especiales, de amplio respaldo, y que no naufraguen a las  primeras de cambio.  Requiere de finezza italiana.  No un gobierno frentepopulista  y que otra vez excluya a la mitad de España. Entre PP y Ciudadanos hay  10,7 milllones de votos.

Pero con un Presupuesto para 2016, que ya está aprobado, y que da a Sánchez un margen de maniobra de casi un año, lo que me temo es que al candidato perdedor le va a salir la cuadratura del círculo.

Esto es lo que hay. Lo siento.

A Sánchez le puede salir la cuadratura del círculo

 

A pesar de que el PSOE ha cosechado los peores resultados desde 1977, tal y como pinta el panorama, Pedro Sánchez  puede convertirse  en el próximo presidente del gobierno de España, ya sea en minoría o en coalición, aunque su partido solo tenga 90 diputados de los 350 que conforman el Congreso. Todo está a su favor, empezando por las matemáticas, que es en lo único en lo que ahora piensa Sánchez.  Tiempo tendrá el nuevo gobierno resultante de vender el producto,  e incluso de disfrazarlo para que no aparente estar demasiado a la izquierda, y no asuste a los poderes económicos. Pero eso será a partir de pasado mañana.

Sánchez tiene claro que su futuro político pasa por ser el próximo presidente, porque si no lo logra lo más probable es que no sería ni el candidato socialista a unas nuevas elecciones a celgbrar en Primavera. Y el caprichoso sistema electoral español, que no deja al electorado opinar en una segunda vuelta,  como en los países serios, ha dado a Sánchez  y a sus 90 diputados la llave del cofre. Con la composición que tiene el Congreso, hacia donde Sánchez haga girar la llave, allí que irá el gobierno. En sus manos está que gire desde la izquierda moderada hacia el centro y la derecha, o desde la izquierda hacia la izquierda más extrema. La aritmética parlamentaria no posibilita otras combinaciones que no pasen por Sánchez.

Lo primero que hará Sánchez es cerrar el paso a la investidura de Rajoy, que como candidato del partido más votado será, presumiblemente, el primero al que proponga el rey  Felipe, por pura cortesía. Para ello a Sánchez le vale con votar en contra, porque el resto de partidos con representación parlamentaria harán el resto. A buen seguro que liberado de los corsés que han hecho de él el presidente más previsible y aburrido de la democracia, Rajoy hará una vibrante defensa de su candidatura con un discurso reformista y trasversal,  que tanto hemos echado en falta en su legislatura de mayoría absoluta. Lo previsible es que Rajoy sume los 123 votos de su partido, las 40 abstenciones de Ciudadanos,  una más de Coalición Canaria, y seguramente  186 votros en contra, que proceden de la conjunción de los tres partidos de izquierda de ámbito nacional (PSOE, Podemos e IU)  y cinco formaciones nacionalistas (ERC, DL, PNV y EH-Bildu).

Una vez cerrada la posibilidad de gobierno del partido más votado, todas  las cartas estarán en manos de Sánchez, que solo tendrá que jugarlas con un poco de habilidad, y escondiendo algunas hasta el último momento. Llegado a este punto, solo hay un obstáculo en el camino del soldado Sánchez, que entonces ya sería comandante de las fuerzas de la izquierda. Sería que Pablo Iglesias no lo aceptara, y que por estrategia Podemos quisiera forzar unas nuevas elecciones para dar el sorpasso definitivo al Partido Socialista. No apuesto por ello. Como dice un amigo mío, Iglesias es un político poco sólido, pero  tiene una extraordinaria capacidad de adaptación al medio, y aunque Podemos no entre en el Gobierno, por lo menos oficialmente, no es previsible que fuerce unas nuevas elecciones en las que entre el PP y Ciudadanos pudieran aproximarse a la mayoría absoluta de 176 diputados (ahora solo suman 163)

Empecemos a sumar: entre PSOE y Podemos habría 159 votos favorables. A Sánchez le quedaría por buscar solo 15 en el magma del soberanismo. ¿Es esto posible? ¿Tendría que saltarse muchas rayas rojas, como se temen en el sector del PSOE próximo a Susana Díaz y a algunos barones  socialistas, entre ellos Emiliano García-Page?

Hasta en esto las cartas juegan a favor de Sánchez. Con Podemos aparentemente se alza como un muro la defensa del derecho a decidir, aunque si la estrategia de los cuatro grupos -¿parlamentarios? -, que integran esa formación es salvar al comandante Sánchez, habrá varias fórmulas para diferir ese derecho, que se podrían presentar mediante una promesa de consulta no vinculante y una reforma de la Constitución, que sería pura poesía. ¿Por qué? Porque para cualquier reforma constitucional hay quer contar ariméticamente con el PP y Ciudadanos, y no saldría adelante en los términos que ahora viene en el programa de Podemos y sus tres marcas blancas.

Una vez que Sánchez acuerde con Iglesias el  pacto de investidura para un gobierno en minoría,  con participación de personalidades próximas a la nueva  “mayoría progresista”, la investidura de Sánchez está en el bote. La aritmética juega otra vez a favor suyo: aunque seguirían faltandole 15 votos más para la mayoría absoluta,  que necesariamente tiene que pescar en el foso del independentismo (entre ERC y DL, ya tiene 17), tampoco creo que Sánchez vaya a tener mayor problema para lograrlo. De hecho , ya lo dijeron claramente tras la investidura del presidente independentista Puigdemont: “Rajoy es un presidente en funciones y no colaboraremos para que siga”. Lo último que quieren los nacionalistas es un gobierno nacional fuerte en Madrid formado por PP y PSOE,  porque saben que contra él se acabaría estrellando cualquier veleidad independentista. A ERC, DL e incluso al PNV les viene bien un gobierno multipartido, apoyado por una ensalada de siglas a las que solo les une un objetivo común: sacar al PP a escobazos del gobierno. Por todo ello, y aunque habrá una importante escenificación de los desacuerdos, no lo duden. Al final, como sucedió con la CUP,  los independentistas no frustrarán la investidura de Sánchez y diferirán, por unos meses, la única tarea que les ocupa, que no es el paro, la sanidad,  la seguridad o la calidad educativa, sino la desconexiòn con España.  Y me atrevo a añadir algo más: hasta la investidura de Sánchez no se va a visualizar ningún acto de desobediencia que haga intervenir con contundencia al presidente en funciones. Harán exhibiciones soberanistas, como el juramento de Puigdemont, porque no tiene trascendencia jurídica. Pero no se saltarán  la Ley.  Porque no les interesa.  Un minuto después de su elección será otra historia bien  distinta.

Paradojas de la vida, la cuestión secesionista no solo va a perjudicar a Sánchez, le va a catapultar a la presidencia.De hecho, ni tan siquiera haría falta que todo ese magma soberanista votara a favor de su investidura. Aunque PP y Ciudadanos, previsiblemente,  lo hicieran en contra, solo suman 163 votos. PSOE y Podemos tendrían 159, así que en la segunda votación de su investidura al comandante Sánchez solo le harían falta cinco votos para tener más sufragios  favorables que en contra, como exige la Ley. Y le podría servir hasta el PNV, que tiene 6, con que el resto de fuerzas nacionalistas,  IU  (2 escaños)  y Bildu (otros dos), se abstuvieran. Así que si sabe jugar bien sus cartas, Sánchez lo tiene chupao.

A la mayor parte del PSOE le habría gustado más que se pudiera haber precindido de los soberanistas para la investidura, aunque es una opción que si seguimos lo que ha venido diciendo Albert Rivera parece descartada. Una importante parte del electorado de Ciudadanos se ha pescado entre antiguos votantes del PP defraudados por la gestión de Rajoy, especialmente en asuntos de corrupción, y no estarían entusiasmados con que un partido que se reclama de centro  participara de un pacto de investidura con populistas de izquierdas, anticapitalistas  e independentistas.  Lo descarto por completo.

Todo esto es lo que interesa a Sánchez y todo esto es lo que creo que va a pasar. Pero habrá que preguntarse:  ¿Los intereses de Sánchez coinciden con los del PSOE para mantenerse como formación hegemónica  socialdemócrata de la izquierda española? ¿Y con los de España?  ¿Podría una mayoría parlamentaria  tan variopinta, y con intereses tan diferentes, dar soporte a un gobierno de un país que solo  ha empezado a sacar un poquito  la cabeza de la crisis, y, sobre todo,  tendría ese Ejecutivo credibilidad en el mundo de la economía y en los mercados,  que nos refinancian con 400.000 millones de deuda  al año, en un país que necesita seguir creciendo al 3% para no volver a destruir empleo, como antes de 2012?

Hoy tocaba hablar de lo que interesa a Sánchez. No de España.  Y  esto es lo que hay.

En Francia lo llaman patriotismo

Es una gran paradoja que sobre el Partido Socialista Obrero Español, que presenta los peores resultados de su historia desde 1977, con 90 diputados y el 22% de los votos, pivota cualquier posibilidad de formar gobierno en España y evitar unas nuevas elecciones para la Primavera. Pero los resultados son los que son, no vale si calificarlos de buenos o malos, el electorado ya se ha pronunciado, y deben ser los partidos los que se acomoden a ellos ante la ausencia de un sistema de segunda vuelta. Disponen de dos meses.

Por mucho quer mareemos la perdiz, solo hay dos alternativas con algunas matizaciones. Por un lado, un gobierno en minoría del PP con Rajoy, tolerado y controlado por PSOE y Ciudadanos. O un frente de izquierdas se supone que liderado por Pedro Sánchez, pero que necesitaría del respaldo de alguna o varias  formaciones soberanistas. La tercera variante sería sustituir a los independentistas por la complicidad de Ciudadanos, que debería abstenerse en la investidura.

Pues bien, todos estos caminos se encuentran ahora mismo cegados, a cal y canto. La solución más racional, y la que sería mejor acogida por el mundo económico, que ya empieza a descontar en los mercados la inestabilidad institucional, ha sido denostada por Sánchez, que bajo ningún concepto quiere facilitar la investidura de Rajoy. El gobierno entre socialdemócratas y populistas, con el respaldo de los independentistas, aunque a Sánchez le hace tilín y le gustaría intentarlo, tiene demasiadas líneas rojas que salvar. Empezando por un referéndum de autodeterminación, que no cabe en la Constitución, pero al que está comprometido Iglesias  con sus socios nacionalistas de Cataluña, Galicia y Comunidad Valenciana. Y la tercera variante, que fuera Ciudadanos el que facilitara una investidura a un gobierno entre PSOE y Podemos, ya la ha descartado Albert Rivera.

Cabría una cuarta y una quinta alternativa, muy improbable para un país como España, que se ha dado un sistema electoral con todos los peligros del italiano, pero sin la capacidad de negociación que tienen nuestros amigos trasalpinos. Me estoy refiriendo a un gobierno de concentración entre las dos fuerzas políticas más votadas, conservadores y socialdemócratas, solución a la que se ha recurrido en Alemania en momentos delicados o para evitar la repetición de las elecciones. Aunque esta gran coalición es la que funciona actualmente en el Parlamento Europeo, del que emana la normativa fundamental por la que se rigen los estados miembros, sus partidos asociados  en España ni tan siquiera se lo plantean, y no tanto porque el PP y el PSOE tengan diferencias imposibles de reconciliar –no más que entre el SPD y la CDU en Alemania-, sino porque entre los socialistas españoles se ha instalado la creencia de que  tal coalición supondría el fin del PSOE como partido hegemónico de izquierdas. No hay nada científico que lo demuestre, porque jamás se ha experimentado, pero suena por lo menos raro que entre un amplio sector del PSOE se magnifiquen las diferencias, que ciertamente se dan con el PP, y en cambio se minimicen o incluso se ignoren las que se suscitarían con fuerzas situadas más allá de la Constitución de 1978,  en la izquierda populista y con las que nunca se coincide en las instituciones europeas. ¿No es un poco estrambótico? ¿Hay dos estrategias en el PSOE, una en Madrid y otra distinta en Estrasburgo? ¿O tal vez dos partidos socialistas distintos? Sea como fuere, un dilema de tal calibre, y que entra de lleno en el debate sobre el futuro de la socialdemocracia, que impulsa Manuel Valls en Francia en condiciones bien distintas a la de su homónimo español, es obvio que le sobrepasa a un Pedro Sánchez atosigado por las urgencias y que no es capaz de ver más allá del debate de investidura o del congreso de su partido, que ni él sabe cuándo lo celebrará. Supone una gran distorsión que cuando el Partido Socialista tiene que decidir otra sobre lo que quiere ser de mayor –como sucedió en el  XXVIII Congreso de 1979  en el que Felipe González  dio por superado el marxismo–  y en qué lado del parlamento europeo quiere situarse, lo tenga que hacer en un estado de gran debilidad. Pero esto es lo que hay.

La quinta posibilidad, que es la que ha resuelto las mayores crisis de la política italiana, a buen seguro que ni se llegará a plantear. Me estoy refiriendo a un gobierno abierto presidido por alguien del Partido Popular, no necesariamente Rajoy, y en el que estuvieran intregrados personalidades del Partido Socialista y Ciudadanos. Debería obedecer a un programa reformista pactado, que podría abordar la reforma de la Constitución en los puntos sobre los que hay más coincidencia, cambios en el sistema electoral -¿por qué no una asignación de una parte de los diputados mediante los restos, como se hace en Alemania?–, reforma del Senado, la despolitización de los órganos colegiados de la Justicia, medidas contra la corrupción y en favor de la transparencia de instituciones y partidos políticos, estímulos a la nueva economía o el blindaje del sistema de protección  para los casos de emergencia social.

No sería una segunda transición, tampoco hay que exagerar,  pero un gobierno abierto podría estar en mejor condición de abordar una serie de reformas, que están en el ánimo de todos, pero que serían más complejas de instrumentar en un ejecutivo partidista. Claro que para ello se necesita la generosidad y la amplitud de miras que demostró la clase política de la Transición y un sentimiento que parece olvidado: en Francia lo llaman patriotismo.

20-D: Un enrevesado cruce con cuatro caminos

El bipartidismo, por méritos propios, se la ha pegado en España en las elecciones del 20-D, pero no ha muerto.  Esto es así porque los “viejos”  partidos todavía siguen siendo mucho más representativos  que  los emergentes (213 diputados entre PP y PSOE por 109 de Podemos y Ciudadanos ), con lo que si estos últimos quisieran enterrarlo por anticipado se equivocarían. Un ejemplo: cualquier reforma constitucional requiere el concurso del PP con lo que todo lo avanzado ayer por Pablo Iglesias al respecto debe quedar en almoneda. Dicho esto, el éxito logrado por Podemos y Ciudadanos al pasar de la nada a contar los primeros con 69 diputados –si bien 27 son en alianza con candidaturas nacionalistas—y con 40 los segundos,  trae a la política española unos nuevos tiempos, no sabemos si peores o mejores, pero que exigirán de mucha cintura y negociación,  si no queremos dar paso a la inestabilidad  y a una etapa de gobiernos débiles que lastren nuestra recuperación económica y el empleo, que no lo crea el Estado por decreto, sino las empresas.

Este es el panorama que nos deja el 20-D.

Partido Popular. Sufre la mayor sangría de su historia a pesar de seguir siendo de lejos el primer partido de España. Los recortes por la situación económica, pero sobre todo la corrupción, que no han sabido afrontar,  les ha pasado factura. La falta de desenvoltura del candidato Rajoy en una campaña dominada por el lenguaje televisivo ha hecho el resto. Pierde 3.651.036 votos y baja 15,91 puntos porcentuales. Se deja 63 diputados en el camino y baja de 186 a 123.

PSOE. Encuentra un nuevo suelo, con el 22,01 % de los votos, su peor resultado, y pierde 1.472.818 votos y 6,75 puntos. Baja de 110 a 90 diputados, una marca que en cualquier otra elección habría supuesto la dimisión de su líder esa misma noche, léase Almunia. Pero esta vez Pedro Sánchez se sostiene, por ahora, porque  ha logrado superar  en 341.360 a Podemos y a sus marcas blancas, aunque se quedan a menos de dos puntos de diferencia. Esto no ha hecho más que empezar tras la genialidad de catapultar a Podemos a las principales alcaldías de España.

Podemos. Tras una campaña inteligente de Pablo Iglesias, que ha presentado el perfil menos radical de Podemos, esta fuerza política consigue un indudable éxito al sacar 3.181.952 con las siglas de Podemos, aunque si sumamos sus alianzas con populistas y nacionalistas en Cataluña, Comunidad Valenciana y Galicia, pasaría a 5.189.33 votos, el 20,4%, y 69 diputados. Contarán con la ventaja  de que en el Parlamento van a tener cuatro grupos parlamentarios, tres de ellos con aroma catalán, gallego y valenciano. Con estos resultados, el partido de Iglesias – y sobre todo si deja atrás el populismo y centra su mensaje-,  está en condiciones de disputar al PSOE la hegemonía en la izquierda, y especialmente si absorbe a la IU de Alberto Garzón, que le ha quitado más de un escaño en los restos.

Ciudadanos: de la nada a 40 escaños, con 3.500.446 votos, y el 13,9% . Un resultado que constituye un éxito indudable, pero que tiene un poso amargo. Sus cuarenta diputados podrían ser irrelevantes ante una coalición  de la izquierda con los soberanistas, ya que por sí solos no pueden garantizar la gobernabilidad ni del PP, ni del PSOE.  A Albert Rivera, un joven político  centrista de gran atractivo, se le ha hecho la campaña larga y se ha notado la insuficiencia de su organización para llegar a la España profunda o a comunidades como el País Vasco y Navarra. Su ambigüedad en cuanto a los pactos, al anticipar que no apoyaría un gobierno del PP ni del PSOE, le ha podido restar votos entre el electorado más crítico del PP, su principal granero electoral. Dependiendo de lo que suceda, estaría en condiciones de organizar un partido de verdad y disputar al PP la hegemonía.

Esto es lo que pasó ayer, y a partir de estos datos se presentan cuatro escenarios.

Gobierno del PP en minoría con acuerdos de investidura. Para ello se necesita la abstención del PSOE y Ciudadanos, no valdría solo con la del partido de Rivera. Es el primer escenario que manejará el  Rey a la hora de encargar la formación del gobierno. Rajoy podría gobernar un año sin problemas, porque tiene los presupuestos aprobados. Es lo que veo más probable.

Gobierno  de gestión del PP y PSOE, de perfil técnico,  con otro presidente que no sea ni Rajoy, ni Sánchez. Un pacto similar al que existe en el parlamento europeo entre conservadores y socialdemócratas, sería la solución preferida de la economía, el empresariado y la que aportaría mayor estabilidad a España ante el reto de la salida de la crisis y el desafío independentista. Podría llevar consigo alguna reforma constitucional.  A pesar de sus ventajas para España, lamentablemente tiene escasas posibilidades de salir adelante, porque una  parte mayoritaria del PSOE vería  en ella grandes riesgos al dejar la oposición de la izquierda en manos de Podemos, y al final no está claro quién  capitaliza el gobierno.

Gobierno pentapartito y multicolor formado por el PSOE y Podemos en torno a ¿Pedro Sánchez?, pero que al no ser suficiente debería echar mano de  soberanistas e independentistas: ERC, PNV, Democracia y Libertad, Eh-Bildu…  Supondría tal giro en la política del PSOE este frente popular izquierdista-nacionalista,  y tales recelos en los socios europeos y en el mundo económico -España solo asoma la nariz a la salida de la crisis-,  que no se lograría sin una fractura en el PSOE más tradicional. Aunque en el entorno de Pedro Sánchez, ayer, se pasó este tuit: “Pedro Sánchez, presidente”, hoy se lo estarán pensando mejor, y supongo que irá perdiendo fuerza a medida que pasen los días. Y Sánchez abra consultas: Susana Díaz, García-Page, Felipe González….

Convocatoria de nuevas elecciones si ninguna fuerza política logra la investidura. No es descartable y está  en manos del PSOE. ¿A quién  perjudicaría más? Parece claro que al propio PSOE y a Ciudadanos.

Esto es lo que hay,  y a partir de ahí, veremos si España se parece más a Grecia y a Italia que a Francia, Alemania o Reino Unido. Es lo que pasa por  no tener segundas vueltas como en Francia, donde el resultado de las alianzas queda al criterio  del pueblo y no en manos de las cúpulas de los partidos y sus grupos de presión. Pero ya no tiene remedio. Rajoy perdió la ocasión al plantearlo al PSOE al final de la legislatura.

P.D. Quiero levantar una espada por las empresas demoscópicas a las que se está poniendo a parir por no haber detectado la subida de Podemos y la bajada de Ciudadanos respecto a la encuesta del CIS. Hay que tener en cuenta que el último «retrato» conocido del CIS es una encuesta elaborada entre el 27 de octubre al 16 de noviembre, con el 45%de indecisos, y desde entonces ha habido apagón por una absurda ley Electoral que nos trata a los ciudadanos como imbéciles. Pero el que se haya molestado en leer El Periódico de Andorra  los traks diarios habrá visto como esta tendencia se estaba dibujando. Las cosas en su sitio.

Las elecciones más reñidas de la democracia

España asiste el 20-D a las elecciones más reñidas de la historia de la democracia que nació con la Constitución de 1978. Por ello, lo primero que quiero subrayar es que se trata del resultado más incierto, y no solo porque el último sondeo del CIS (la encuesta más fiable, por la amplitud de su muestro) nos advierte que a mediados de noviembre había todavía un 40 por ciento de indecisos. Hay, además, otra enorme dificultad que complica la vida a cualquier estudio demoscópico. Al no ser dos los partidos en liza, sino cuatro formaciones nacionales las que se van repartir el pastel, los últimos restos a asignar mediante la Ley D’Hont pueden ser muy caprichosos. Y podría ocurrir que un partido con solo un 1 o 2 por ciento más de sufragios  que el que le siga podría  sumar una veintena de diputados más. Hay un tercer factor, que nunca se ha dado desde las elecciones de 1977 y 1979 en que también había cuatro formaciones políticas nacionales  en la línea de salida. El elector esta vez  va a valorar mucho con quién podría coaligarse el partido de su preferencia, teniendo en cuenta que nadie va a conseguir una mayoría suficiente para gobernar. De ahí, la importancia de las proclamas de última hora de los candidatos a la presidencia.

Mariano Rajoy, a quien los últimos acontecimientos (debate y agresión) le van a servir para fidelizar a su electorado, ha elegido presentarse como el único partido en condiciones de gobernar, y busca tapar otros atajos, como es la vía indirecta de Ciudadanos, remachando en que no es segura. Por su parte, Pedro Sánchez se abre a acuerdos con Podemos y  Ciudadanos, siempre que él gobierne y con un programa socialdemócrata. Albert Rivera ha enfatizado que él no apoyará a nadie si él no es el presidente, pero sigue sin responder a la pregunta del millón de dólares: ¿preferiría que se repitieran las elecciones con tal de no apoyar con su voto la investidura de Rajoy? Y Pablo Iglesias, que ha arrinconado a Monedero durante la campaña, para buscar un perfil menos radical, fronterizo con el PSOE, buscará hasta el último minuto presentarse como la primera opción de la izquierda, alentado por algunos sondeos que se publican en El Periódico de Andorra, por culpa de una estúpida ley electoral que trata a los españoles como si fuéramos unos imbéciles que nos dejamos influir por cualquier cosa.

Así que esta es mi primera conclusión. Aunque soy un defensor de los estudios demoscópicos, porque si están bien hechos, no solo recogen tendencias sino que marcan opiniones (de ahí el error de suprimirlos  en la última semana de las elecciones), por todo lo apuntado en estas elecciones el resultado final está más abierto que nunca. En lo único que se han puesto de acuerdos los diferentes institutos demoscópicos es que el PP va a ser el partido más votado, pero falta por saber su horquilla de votos, y a partir cualquier cosa puede pasar, incluso en el orden de los partidos que irán después. Mi intuición, pero solo es una intuición, es que tanto PP como PSOE pueden estar ocultando más voto de lo que las “cocinas” le asignan en la distribución de escaños, y que tampoco está claro el orden en que quedarán los dos partidos emergentes: Ciudadanos  y Podemos, este último con sus marcas nacionalistas en Cataluña, Valencia y Galicia.

Un último factor a tener en cuenta será que la participación en estas elecciones puede ser histórica, lo que en principio constituye una magnífica noticia,  porque el electorado intuye que esta vez hay mucho en juego, y que no hay solo dos opciones potentes a las que elegir. En ese sentido, podemos decir que la oferta de la tienda electoral ya no es un escaparate de la Venezuela de Maduro, y se ha multiplicado; y esto es bueno, siempre que no acabe generando inestabilidad y desgobierno al no haber un sistema de segunda vuelta como en Francia, y que permite que la sabiduría popular aleje a partidos xenófonos y populistas de sus gobiernos regionales

¿Y en Guadalajara? El CIS apostó por  un reparto de escaños entre PP, PSOE y Ciudadanos, aunque como no dio porcentajes, pues estamos un poco a oscuras sobre qué debería pasar para  alterar ese reparto, que jamás se dio en la historia electoral de Guadalajara. En nuestra provincia, la fuerza mayoritaria del centro-derecha – primero UCD y luego el PP-, siempre obtuvo dos diputados en el reparto por uno el PSOE, salvo en las elecciones de 1982, en las que Felipe González fue elegido por primera vez. En ella, el PSOE obtuvo el 38,4% de los votos (su tercer mejor resultado en Guadalajara), pero la Alianza Popular de Fraga no pasó del 37,9%,  por los votos que todavía conservó UCD en las últimas elecciones a las que se presentó. Cualquier variación de ese resultado 2-1 a repartir entre populares y socialistas, sería por lo tanto histórico.

¿Y qué puede pasar en Guadalajara? En el PP la idea generalizada es que con el tirón de última hora se puede llegar, por los pelos, a conservar el segundo diputado, pero no las tienen todas consigo. En el PSOE hay temor por lo que les pueda quitar Ciudadanos por la derecha y por la izquierda  tanto Podemos como IU-Unidad Popular, especialmente los primeros en el Corredor del Henares, y por eso van a apelar al voto útil hasta el último momento. Hay otro factor que juega en contra del PSOE, y son las malas expectativas que  Pedro Sánchez tiene en la comunidad de Madrid, un vaso comunicante con Guadalajara, en donde la mayoría de los sondeos le sitúan en la cuarta plaza. Por el contrario, y como le sucede al PP, aunque el peso de la provincia apenas llega a un tercio del Corredor del Henares, en ella la implantación de los dos partidos tradicionales es real, en contra de lo que les sucede a Ciudadanos, Podemos o IU. Y ese tercio de voto rural puede, al final, acabar inclinando la balanza por ese segundo escaño del PP y mantener el tercero para el Partido Socialista. Pero lo que está fuera de toda duda es que la posibilidad de que por primera vez haya un reparto a tres en Guadalajara es verosímil, como avanza el CIS.

Me preguntan algunos lectores por mis sensaciones después de haber seguido todas las elecciones en Guadalajara desde 1979. Me voy a mojar en lo razonable.

El PP (UCD en las dos primeras elecciones, todavía  AP en las terceras)se ha movido entre 1977 a 2011 en una horquilla  que va desde el 37,9 de 1982 al 55,4% de 2000 (la mayoría absoluta de Aznar). En 2011, la mayoría absoluta de Rajoy,  fue su segundo mejor resultado, con el 54,03% de los votos.  Los populares, salvo en 1982, han sacado el segundo diputado con la “gorra”, porque la menor diferencia con el PSOE fue de cuatro puntos en 1986,  la segunda mayoría absoluta de González, y en el resto su triunfo ha sido claro. ¿Mi impresión? Si el PP logra mantener el 40% de los votos (podría perder hasta 14 puntos respecto a 2011), tiene el segundo diputado “seguro”. Entre el 37% y el 40% de los votos es solo “probable” y todo lo que sea bajar del 37% es “muy improbable”. Quiere esto decir que con que el PP repitiera su peor resultado desde que se presenta con ese nombre, tendría asegurado el segundo diputado, de ahí la magnitud del terremoto electoral en caso de no lograrlo.

En el caso del PSOE, el asunto es todavía más claro: vaticino que tendría representación en Guadalajara si repitiera cualquier resultado obtenido desde 1977 cuando se quedó en el 21,2. Bajar de ese porcentaje lo pondría en peligro, por lo que su margen de pérdida está en torno a los 7 puntos, teniendo en cuenta de que en 2011 sumaron el 27,6% de los votos. Por tanto, con la ponderación del voto provincial, mi impresión es que el PSOE no perderá su diputado, aunque hay algunos tracks que lo han puesto en duda.

En los casos de las fuerzas emergentes, Ciudadanos, Podemos, y sin olvidarnos de IU-Unidad Popular, que tiene  una organización histórica en la provincia desde los tiempos del PCE, para salir deben alcanzar porcentajes por encima del 18% de los votos. Ciudadanos,  a pesar de contar con un partido mínimo en Guadalajara, es al que los sondeos le conceden mayor posibilidad de llegar a ese porcentaje, por  su crecimiento en el Corredor, aunque para ello tendría que crecer entre 6 y 8 puntos para que se cumpla, dado que se quedaron en el 12% en las Autonómicas, y no hay otras elecciones para comparar. Ha habido algunos tracks que han dado a Ciudadanos por encima del PSOE, lo que  siembra algo de nerviosismo,  pero mi impresión es que la sorpresa no va a llegar a tanto.  Que la provincia va a salvar al PSOE de la hecatombe.

En el caso de Podemos, que consiguió el 14,6 % en las Autonómicas, juega en su contra la falta de acuerdo con una fuerza en declive, pero histórica en Guadalajara, como es Izquierda Unida, y que sumó casi el 7% en 2011. Una sola candidatura de la izquierda marxista, y con Blanca Calvo al frente, habría tenido posibilidades reales de entrar en el parlamento, pero la deriva que ha tenido Podemos en Guadalajara lo complica muchísimo, pero… Habrá que verlo.

En la noche del 20-D, haremos un operativo especial en Guadalajara Diaro , con los resultados a tiempo real, para tenerlos informados. Nos vemos el domingo.

De momento, esto es lo que hay. Ahora son ustedes los que tienen la última palabra.

 

El difícil equilibrio de Pedro Sánchez

Pedro Sánchez acaba de declarar que sería un fracaso no ganar las elecciones. Y lo hace cuando la percepción más extendida nos habla de que Sánchez, en realidad, a lo más que aspira es a ser segundo y que una afortunada ecuación –que no predicen las encuestas—le lleve luego a La Moncloa. ¿Por qué Sánchez echa este órdago, que le llevaría directamente a su dimisión de fracasar en su empeño?

Porque Sánchez está muy preocupado por cómo les están saliendo las cosas en esta primera semana de campaña, al haber comprobado que el Partido Socialista está perdiendo el voto útil, que siempre le reportó decenas de diputados extras. Sucede que mientras el PP sólo puede perder votos por el centro al no competir  con una fuerza de derecha potente, como les sucede a los republicanos en Francia, Sánchez está comprobando que se le están yendo votantes a la derecha e izquierda de su espectro.  Los pactos municipales y autonómicos dieron poder al PSOE  en algunas comunidades –por ejemplo, Castilla-La Mancha–, pero lo que se ha visibilizado es que abrieron la puerta sin nada a cambio al populismo en ciudades de gran impacto mediático. Pongamos que hablo de Madrid. Esto le ha hecho al PSOE perder una posición central entre el electorado moderado, que por primera vez tiene una alternativa  que no sea el PP. Y Rivera, con su mensaje socialliberal, aunque tenga un partido por hacer, es un cartel atractivo, y útil. Es más, es el único cuyo recorrido está más allá del 20-D.

sanchez-guadalajara-grupoPero la sangría de Sánchez también viene por la izquierda. Podemos ha aclarado muy pocas cosas en esta campaña, no sabemos si el socialdemócrata o marxista, carne o pescado, pero tiene un líder con atractivo para los jóvenes, y al que no le identifican con el comunismo rancio de la izquierda. Aunque el PSOE se ha movido en su mensaje programático hacia posiciones que ocupa Podemos, y ha jugado a ser Podemos,  no ha conseguido despegarse de la pesada carga que le dejó el gobierno de Zapatero en la gestión social de la crisis, y sigue teniendo un problema de credibilidad en esos predios. Tal es así que en las grandes ciudades el PSOE aparece en las encuestas como tercero y cuarto partido en preferencia, por todo lo anterior.

A Sánchez tampoco le han ido bien los debates.  En el organizado por El País, entre Rivera e Iglesias le hicieron un sandwicht  y se le merendaron como representante de la vieja política, que frente a los líderes sin pasado es simplemente política…  Y mientras tanto, Rajoy fumándose un puro en Doñana y sin sufrir desgaste alguno. En el debate a cuatro mejoró Sánchez, aprovechando que sus rivales emergentes ya que no le pudieron arrinconar contra la pared. Y Rajoy, tan pancho, viendo como Soraya le hacía con eficacia el trabajo.

A Sánchez le queda una última oportunidad en el debate a dos con Rajoy y en el que tiene que demostrar que es él el aspirante, y no Rivera, ni Iglesias. Un debate en el que tenemos la duda si Rajoy querrá hacer sangre con su rival herido, o si opta por la indulgencia, sabiendo que el PP, con quien realmente se está jugando los  últimos  votos es más con Ciudadanos que con el PSOE. Aunque la Ley D’Hondt es muy caprichosa.  Sánchez tendrá que hacer algo más que jugar al frente antipepé,  y  prometer que acabará con las principales leyes que Rajoy ha aprobado en su legislatura (reforma laboral, Lomce, Seguridad Ciudadana…), y definir de una vez por todas una alternativa de gobierno que le diferencie del potaje que se cocina a su izquierda, donde cualquier gasto es posible, porque nadie se preocupa en  explicar quién lo va a pagar. Que se lo pregunte a Felipe González cómo se hace, porque viendo las encuestas en las grandes urbes, Sánchez se la juega en Castilla, Extremadura y Andalucía. Si en la España profunda fracasa, hasta las encuestas más adversas, que yo ahora cojo con pinzas,  podrían acertar.  Estos es lo que hay,  don Pedro

P.D. Hasta el jueves no se encendió la iluminación navideña en Guadalajara. ¿No habría sido mejor adelantarla una semana y haber aprovechado el puente de la Inmaculada, que en ciudades como Madrid se ha convertido en los días de mayores ventas del año? Sí, es verdad, que en  el citado puente fueron muy escasos los comercios que abrieron en Guadalajara. Pero esto es la pescadilla que se muerde la cola: el Ayuntamiento no enciende la iluminación en el puente,  porque hay muy pocos comercios en el centro que la aprovechan.  Y los comercios no se animan a abrir porque la Navidad no llega  al casco comercial de la ciudad hasta el día 10 de diciembre. Sería cosa de hablarlo, entre todos; supongo. ¡Quién le iba a decir al tío Isidoro, el del Corte Inglés, hace muy pocos años,  que se iba a facturar a primeros de diciembre más que a final de año! Pues eso, si el Black Friday funcionó en Guadalajara, y mira que es impostado, por qué no se podría aprovechar también un puente que ha sido de oro, apenas a veinticinco kilómetros, en una comunidad dinámica, como es la madrileña, que hace tiempo demostró que las restricciones al libre comercio son cosas del pasado, y del intervencionismo más rancio.

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