Todo tiene su tiempo…Y una coda sobre Gallardón

Hace unos días preguntaba a Antonio Román en una rueda de prensa si el hecho de que no hubiera comunicado públicamente que se iba a presentar (decisión que, dice él,  ya ha tomado) tenía que ver con que todavía tiene alguna negociación pendiente, y él me contestó que “todo tiene su tiempo”. Punto pelota.  Después de una respuesta tan seca, lógicamente no volví a insistir, porque era evidente que de ese pozo no iba a salir una gota de agua más. ¿Y qué está sugiriendo Román cuando dice que todo tiene su tiempo?

En el PSOE, Pablo Bellido especuló con que el alcalde se estaba “fabricando una mentira”,  para intentar justificar su cambio de opinión. Pero yo no lo creo. Román hace ya tiempo que dio por amortizada su primera intención de  estar  solo dos legislaturas en el cargo, y ya en el encuentro de Navidad con la prensa en 2012 se le había olvidado. Los políticos son muy desmemoriados cuando llegan a los cargos, y no es infrecuente que cambien de criterio y de valores cuando empiezan  a sentir  como algo natural eso que algunos llaman la “erótica del poder”. Le pasó incluso a quien fue  el presidente más popular de la historia de Estados Unidos,  Franklin Delano Roosevelt, que tuvo cuatro mandatos presidenciales consecutivos tras ganar las elecciones de 1932,  1936, 1940 y  1944, y nadie duda de que habría ganado una quinta, en 1948, si no se hubiera muerto antes de que McArthur aceptara la rendición  de Japón ante un Emperador que por primera vez tuvo que salir de palacio para reunirse con los mortales en la cubierta de un acorazado. Pero tanta repetición, aunque fuera de un mito como Roosevelt,  acabo cansando a los legisladores americanos, los cuales acabaron por impulsar una legislación para limitar los mandatos de sus presidentes.

La experiencia que yo he podido conocer de alcaldes y presidentes de todos los colores desde 1979, me ha llevado a forjarme la idea de que es muy difícil mantener la ilusión, la imaginación, la  imprescindible humildad y la apertura de miras en los terceros mandatos, pero con ello no estoy prejuzgando que una tercera legislatura de Román fuera un fracaso –toda regla tiene su excepción–, solo apunto a que todas las terceras legislaturas que he conocido no me han acabado de llenar. En algún caso, y no voy a dar nombres, por la deferencia  que me merecen las personas cuando se jubilan, hasta sobraron. Pero en Europa  son muy pocos los países que limitan los mandatos de sus gobernantes, e incluso añado una cosa más: el elector no los suele penalizar, no tiene mis prejuicios.

Hablando con unos y otros, la explicación que más me convence sobre lo que le  ha llevado a Román a no desvelar su decisión es que desde el mismo momento que lo hubiera hecho habría perdido capacidad de influencia. Al  no confirmar que se va a presentar, como casi todos lo sospechamos, Román se hace valer y puede imponer prácticamente su lista sin interferencias del partido, y además asegurarse de  que podría repetir como número uno al Congreso. Con la boca cerrada, Román se vende caro en base a una razón poderosa: el Partido Popular, que no quiere saber nada de Primarias (hasta que no pierda unas elecciones Generales, entonces  las harán, esto que inicia el PSOE no hay quien lo pare), se guía mucho en la elección de candidatos por las encuestas que hace el gurú Arriola -¡a que sí doña Ana Botella!-;y  en Guadalajara Román sigue siendo el candidato más popular entre los que podría presentar el PP. Hay que precisar que históricamente todos los alcaldes de Guadalajara-salvo en un caso-han sido los políticos más populares en las encuestas.( No quiero entrar en otras especulaciones que se pueden leer en algunos foros y redes sociales  de que hay una operación soterrada para que Román  deje a mitad de legislatura la alcaldía en manos de un concejal determinado. No creo que un partido que ha defendido, con poderosas razones, la elección directa del alcalde se prestara a una triquiñuela de ese calibre, pero todavía menos lo creo de una persona como Román al que  le tengo por un político honesto, con independencia de que la labor política tiene mucho de claroscuros. Con la crisis, los recortes y las subidas fiscales, más de lo último).

Así que parece lógico que Román mida los tiempos en su beneficio, pero no es el único. Emiliano García-Page ha demorado el anuncio de su candidatura  más allá de la prudencia (la elección del nuevo secretario general, Pedro Sánchez, que él apoyo) hasta el punto de que en Ferraz le preguntaban que qué hay de lo suyo. Porque empezaba a dar la impresión de que detrás de esa indecisión anidaba la incertidumbre por el resultado de las elecciones, y especialmente tras la poda de diputados realizada por manostijeras Cospedal, que no me parece a mí que vaya  a perjudicar tanto a los socialistas. No así a  los partidos  “pequeños”.  Por ello,  Emiliano García-Page ha hecho lo que se supone a cualquier secretario general del PSOE. Presentarse a las elecciones, haga frío o calor.

En Guadalajara capital  sabemos poco, porque hay muy poco, más allá de la anunciada candidatura de Nacho Andarias, un militante de base que en la última campaña por la secretaría  general estuvo con José  A. Pérez Tapias e Izquierda Socialista. Sería todo un éxito que lograra los avales. Como en Guadalajara habrá Primarias, se supone que en noviembre, hay que seguir la pista a las tres personas con más influencia en la Asamblea Local del PSOE. La secretaria local, Magdalena Valerio, el ex alcalde Jesús Alique, y algo tendrá que decir  Pablo Bellido, el actual secretario provincial, quien estaría encantado con un candidato de consenso. Me cuentan que ni  Valerio ni Alique  tendría  la fuerza suficiente como para patrocinar a un candidato «muy próximo» si el otro no se aviene, así que habrá que estar atentos a las alternativas de consenso. O a que se aproveche que estamos ante una elección muy abierta, sin nombres predeterminados, para que salga alguien nuevo, joven y con gancho.

Habrá que estar atento en los próximos meses, pero la noticia, ahora, es que no hay noticia.

Y lo mismo podemos decir de la anunciada coalición entre los neocomunistas de Pablo Iglesias y los comunistas de toda la vida de Cayo Lara y el comandante Centella, que están llamados –dicen—a un renovado protagonismo en esa izquierda más radical, que ya  ha dado por amortizada a la Constitución. Tan alegremente.  Habrá que ver si fragua y cómo la negociación anunciada para el otoño, aunque no nos olvidemos de una cosa. Esta vez ya no estamos  en unas elecciones Europeas. Lo que viene son unas municipales y autonómicas y son miles de listas en miles de pueblos a las que hay que poner personas con caras y ojos. No vale con el youtube.  Y no les va a resultar tan fácil.   Por ello hay que pedir prudencia a algunas encuestas que han salido y que están hechas con los pies.

En Guadalajara también se presentarán UPyD y Vox, ya lo han dicho, y  no quiero olvidarme de ellos. ¿Acertarán los que dicen que podríamos tener el ayuntamiento y la diputación más multicolor de la historia democrática?.

Me permitirán que no me moje hasta más ver. Por ahora, esto es lo que hay.

Coda sobre Gallardón: Hay algo que me gustaría saber. ¿Cuándo le encargó Rajoy a Gallardón lo del aborto, qué demonios le encargó si es que le encargó algo? ¿Qué retocara lo más cuestionado de las dos leyes anteriores? ¿O que hiciera una ley nueva, aliándose con la ortodoxia más antiabortista del partido, lo que suponía un vuelco completo a la legislación actual?

A Rajoy le van a caer unos cuantos palos en las tertulias más conservadoras y del ala democristiana del partido (Román nunca se recató de defender la Ley sin ambages), ¿pero no está intentando el presidente del PP  recuperar la centralidad que Gallardón había perdido? Porque lo cierto y verdad es que si la Ley Gallardón no había conseguido un consenso en el seno del propio partido, tampoco lo había logrado entre la mayoría de su electorado, como reflejaban las encuestas del todopoderoso Arriola, que enseñó a la cúpula del PP en la reunión del Parador de Sigüenza en el primer fin de semana de septiembre. Y llegados a este punto, de ahí a las enseñanzas de mi filósofo preferido, Groucho Marx, solo va un paso: “Estos son mis principios, pero si no le gustan tengo otros”.

 

 

Algunas cosas (evidentes) sobre las Ferias

Es evidente que si las Ferias de Guadalajara hubieran comenzado este lunes 15 de septiembre (que es el lunes siguiente a la Antigua, la regla no escrita de los últimos veinte años) no se habrían terminado hasta  el domingo 21 de septiembre. Agotador, teniendo en cuenta que habríamos tenido actos  desde principios de mes.

Las fechas.- Aunque es bien cierto que en Guadalajara la Patrona y las Ferias han ido tradicionalmente por su lado, no lo es menos que nuestra ciudad ha cambiado mucho en los últimos treinta años, como comentamos en nuestro editorial.  No voy a repetir por tanto las razones por las que yo también veo, ahora, más ventajas e inconvenientes para unir ambas celebraciones, pero siempre con una condición. El 8 de septiembre, hay que reservarlo exclusivamente para los actos religiosos, o habrá muchas personas que se sientan razonablemente molestas. Y esto plantea un problema, que deberá resolver la próxima corporación. Qué hacer cuando el día 8 coincida con un día de encierros  y toros por la tarde, para no hacer competencia desleal  con la Misa Mayor en honor de la Antigua de la mañana y la procesión de la tarde.  Tienen de tiempo para pensarlo hasta el año 2017, porque en  2015 la Antigua cae en martes y en 2016 será miércoles.

La Feria Taurina y los encierros.- Desde el Equipo de Gobierno repiten mucho el argumento de que Guadalajara es la ciudad (o la provincia) más taurina de España, y eso es una verdad a medias. Porque si bien Guadalajara es la provincia de España en la que más festejos populares (sueltas y encierros) se celebran de España, no se puede decir lo mismo de los toros en la plaza. Lo que conocemos por la lidia.

Pero vayamos primero con los encierros en puntas y en los que se corren los toros de las corridas. Han sido un éxito. Los encierros estaban de capa caída  en Guadalajara porque se corrían novillos afeitados. Cada año acudían menos aficionados y era una desmesura montar una organización tan compleja  como la que existe en Guadalajara para ver correr durante varios días a los mismos moruchos desmochados. De haber seguido por ese camino, los encierros habrían acabado por desaparecer, y no precisamente por la presión de los ecologistas. Este nuevo modelo ha consolidado por lo tanto los encierros, aunque evidentemente son más peligrosos, como dice la señora  Valerio.  Pero también son las carreras de motos, y no pedimos a Márquez que no pase de 120, no se vaya a caer. Correr un encierro es un ejercicio de riesgo voluntario, no lo olvidemos.  Y los aficionados, ya que se ponen, no quieren hacerlo para. Hay que seguir apostando por este modelo, con todo ello lo que significa.

Y ya voy con la Feria Taurina, la lidia del toro bravo que se hace por la tarde de los encierros que se corren por la mañana. Dicen los taurinos que los encierros perjudican la lidia. Es un cuento chino como se ha demostrado este año. En un encierro como el de Guadalajara, donde los toros apenas  corren dos minutos y no se les da un capotazo, no cogen vicios que perjudique su lidia. Los taurinos insisten en la cantinela para que sus pupilos cobren más. Robisco ha dicho que no es partidario de ello y yo estoy de acuerdo. El que venga, con su caché  ordinario. Y si los encierros se consolidan, ya verán cómo acaban viniendo las figuras, porque no están los tiempos precisamente para muchas exigencias por la caída de los festejos desde que empezó la crisis.

No me parece a mí, en cambio, que la Feria Taurina esté consolidada, como apunta el concejal de Asuntos Taurinos. De los cuatro festejos, en uno ha habido poco más de un tercio de entrada, en dos de ellos media entrada y en la goyesca tres cuartos de entrada. La verdad es que el paisano Fandiño ha salvado a la Feria de un nuevo tropezón ante la ausencia de otras primeras figuras, y esto se ha traducido en la floja asistencia de público a las corridas del sábado y domingo. He oído críticas de que las entradas eran caras, pero no me vale cuando se han podido sacar abonos de sol y sombra por 50 euros. La realidad es que en Guadalajara es imposible pasar de media entrada si no hay figuras de por medio.  Y es difícil compatibilizar precios moderados y  figuras en una plaza como esta. Tan incómoda.  Pero hay otras razones de carácter más general que darían para un debate más largo: ¿Por qué en España la asistencia a los toros baja mientras que en Francia no hace más que subir y tienen que celebrar dos corridas al día en la mayoría de las ferias?.

Los conciertos y otras músicas.- La Fuente de la Niña sigue siendo un buen escenario para los conciertos. La asistencia ha oscilado entre los más de 3.000 de Leiva a los 6.000 de Antonio Orozco, unas 22.000 personas entre todos los días, según fuentes oficiales. Ha tenido un buen preámbulo con el Festival  Gigante, y es verdad que ha faltado un concierto redondo y un  lleno como el año pasado con Amaral o Juan Magán. Pero para meter a más de 10.000 personas en  la Fuente de la Niña, tienen que coincidir dos cosas: que el artista esté muy de moda ese año y que sea viernes o sábado. Fue una pena que Leiva, con una gira de éxito, viniera un miércoles y con un aforo limitado a 3.000 espectadores por contrato. Me imagino que no nos han contado todo, porque Leiva ha llegado este año a tocar ante una marabunta de gente en Bilbao. También tocó medio Duncan Dhu, porque al alter ego de Mikel Erentxu , Diego Vasallo, le entró una indisposición  y no podía levantarse del sofá (sic). Sería así, pero no me gustó. Como las nuevas versiones a sus temas de toda la vida. Pero achacar  a que la Fuente de la Niña no se llenó porque los conciertos son “continuistas”, pues me lo tendrán que explicar mejor cuando hemos tenido por delante un festival de música muy actual, como fue Gigante, y en el año anterior sí  hubo dos llenos. El precio, a 10 euros, de lo más barato que hay por España.

Anotar también el éxito de la comedia ligera española de toda la vida en la plaza Mayor. La buena respuesta a las actuaciones  de Santo Domingo o el regreso de los certámenes de pintura y dibujo infantil. Sigo echando de menos esas “Noches del  Infantado” como un escenario alternativo para otras músicas cuasi minoritarias como son el jazz o el blues, que también tienen su público.

El debate del  Ferial.- Comparto, como reclaman los socialistas, que hay que abrir un debate sobre el Ferial, y si debe concentrar allí a todas las peñas. Técnicamente es posible, porque hay terreno disponible  para ampliarlo. Pero sospecho que no va a ser fácil convencer a las peñas, porque las carpas que se instalan en los parques de La Concordia, San Roque y Fuente de la Niña están funcionando muy bien en esos parajes de parques y praderas, muy cofortables para el botellón. Y también generan su negocio en comercios y bares de la zona.  Yo no tengo tan claro esa necesidad de concentrar todo en el mismo sitio. Guadalajara ya no es un pueblo.  Aunque está bien que se debata y se pongan pros y contra sobre la mesa. Pero al final será el futuro equipo de Gobierno el que tiene que pilotar la decisión. Y no precisamente en una  asamblea vecinal. Que para eso se les eligen y cobran.

Unas Ferias pacíficas y animadas.- Es patente que la buena climatología es un aliado imprescindible para el éxito de unas fiestas que se viven mayoritariamente en la calle, y a ello  ayuda ese adelantamiento de fechas. Pocas veces se ha visto tanta gente en la calle como este año. Y solo hay que preguntar a los establecimientos de hostelería cómo han estado las terrazas esta semana.   Estas multitudes han convivido con un clima pacífico, como acreditan los partes policiales, y además, limpio. Estupendo el trabajo de las brigadas de limpieza, que han recogido en ferias 40.820 kilos de residuos  a falta de contabilizar los vidrios.   Y en realidad no hay secretos:   Debido al incremento de actividad se han contratado a 39 personas para este servicio, ya que del jueves al domingo se contó con 52 personas más de las operan en un fin de semana convencional.

Estos es lo que hay. Cuando se ponen los medios suficientes, como ha ocurrido también en el pronto desmontaje de  las talanqueras, porque hay flexibilidad,  las cosas salen.

El PP debe explicarse y el PSOE no cerrarse en banda

Ya escribí hace unas semanas que tenía muy poca confianza en que populares y socialistas llegaran a un acuerdo para reformar la Ley Electoral para la elección de los alcaldes. Dejar estas cosas para el final de la legislatura abona la sospecha de que el PP se ve abocado a estos cambios en su propio interés, para conservar un ramillete de glamourosas alcaldías, como pueden ser la de Madrid, Valencia o Sevilla. Pero no es menos cierto  que el fondo de la cuestión, no puede ser más democrático. La elección directa del alcalde

Con la Ley Electoral actual, el elector queda al margen de dos decisiones trascendentales: la conformación  de una mayoría política en las corporaciones locales –no solo ayuntamientos, también diputaciones– de la que por ende dependerá la elección del alcalde, sobre el que nuestra legislación concede numerosas prerrogativas. Por lo tanto es legítimo preguntarse si siendo esto así  es más democrático que ese alcalde y esa mayoría de gobierno se elija por las castas políticas, como diría el europidutado Iglesias,  en oscuros pactos sin luz y taquígrafos, en donde de lo que más se habla es sobre  cómo se van a repartir las concejalías importantes y el número de asesores liberados que va a tener cada uno.  ¿Acabar con este obscurantisto, que tantas veces ha fomentado la corrupción, y dar la palabra al pueblo no es un acto saludable? Yo creo que sí.

Pongamos un ejemplo. No es lo mismo que el  alcalde o alcaldesa de Guadalajara que salga de las elecciones en la primavera de 2015 sea de un partido socialdemócrata como el PSOE y  con una mayoría suficiente, que  este mismo partido necesite los votos de un partido moderado y constitucionalista como UPyD , o que al PSOE solo le valga (descartada de principio una gran coalición a la alemana) un pacto con la  izquierda radical emergente, que da por amortizada a la Constitución y que lo que tiene en su horizonte no es tan solo un cambio de gobierno sino de Régimen, sin saber muy bien todavía  a qué  clase de nuevo paraíso nos quieren conducir.

¿No debería una decisión de este calado ser consultada directamente al cuerpo electoral de una ciudad?

Si la respuesta es sí, los dos partidos de gobierno que impulsaron la Constitución del 78 ( y de cuyo regazo se han caído los nacionalismos que la traicionaron haciéndose independentistas y la actual IU) están obligados a buscar fórmulas de consenso, como se hizo en la Transición, para que todo ese proceso se pueda hacer  sin el ventajismo  que parece alentar la propuesta del gobierno de Rajoy. El Ejecutivo debe explicarse claramente más allá del  mantra de que el alcalde debe ser el cabeza de lista del partido  más votado y el nuevo líder de los socialista, Pedro Sánchez, no puede cerrarse en banda y negarse a hablar de ello, cuando esta es una vieja aspiración del Partido Socialista, porque siempre tuvo a Francia en su horizonte.

¿Y qué hacen en Francia? Pues dar la palabra a los vecinos  en una segunda vuelta cuando ninguna fuerza política ha conseguido la mayoría absoluta en la primera ronda. A ella se presentan los dos partidos que más votos han sacado, pero sin hacer trampas. Para atraer al electorado hacia los partidos que han llegado a esa segunda vuelta nos develan con quién van a gobernar, con qué programa y en quién se van a apoyar; todo a cara descubierta. Y para que no haya luego problemas de gobernabilidad, a la fuerza que gana la segunda vuelta se le otorga la mitad más uno de los concejales del ayuntamiento.  De esta manera, el equipo de Gobierno resultante puede empezar desde el primer día a trabajar por los vecinos y no perder el tiempo, como sucede en España, en gobiernos municipales fragmentados que emplean  la mayoría del día en cambalaches para alcanzar una mayoría en el pleno. Y no les queda tiempo para gobernar.

El Partido Popular debe por tanto aclarar,  de una vez por todas,  que está dispuesto a hablar con el PSOE de esa segunda vuelta  y de cuáles son esos esos mínimos porcentajes a establecer para que el ayuntamiento pudiera elegirse en primera ronda: se habla de un mínimo del 40% de los votos, con una diferencia de un 5% sobre la segunda fuerza votada. Todo ello podría ser objeto de la negociación, y en último caso, siempre pueden tener la referencia de Francia, que no les ha ido tan mal.

Confieso en que tengo escasa esperanza en que este diálogo se produzca entre conservadores y socialdemócratas por la incapacidad habitual para lograr acuerdos de Estado más allá de los vienen dados por nuestros compromisos europeos.

En el caso del PSOE, a su nuevo líder, joven y tierno,  le ha podido venir esto demasiado pronto y parece que no quiere incomodar a posibles aliados de izquierdas (IU, Podemos y  esos partidos nacionalistas que les han llevado al subsuelo electoral en algunas autonomías) en una negociación directa con el Partido Popular. Lo más conservador para Sánchez es dejar las cosas como están, y ya se ocuparán los candidatos socialistas de guisar disparatadas coaliciones electorales en lugar de servirse de la segunda vuelta para afianzarse como la principal fuerza de izquierdas, cuyo papel empieza a ser amenazado.

Y si hablamos del PP, va calando una teoría que se atribuye a Pedro Arriola y a sus mariachis sociológicos y que viene a decir lo siguiente: al PP le viene muy bien que la gente empiece a visualizar que la alternativa a ellos es una especie de frente populista formado por PSOE, IU, Podemos y toda clase de partidos nacionalistas,  que supuestamente nos llevarán a una nueva tragedia griega.

Mi duda es si el PP únicamente se conformará con exprimir este poderoso argumento hasta la extenuación, para recuperar el voto moderado,  si finalmente Pedro Sánchez no se atreve a negociar una reforma electoral asumible para ambos,  y  si al final tal reforma la hace el PP por su cuenta y riesgo, porque mayoría tiene para ello. Entre los populares  y en el propio gobierno parece que hay dudas, y opiniones divergentes, aunque cada día parecen pesar más  los que, como Antonio Román, alcalde de Guadalajara, avisan de que “hay una mayoría parlamentaria con capacidad de proponer y decidir sobre esa modificación legislativa, que espero entre en el parlamento este otoño”.

Una decisión así ya sabemos lo que traerá a medio plazo: más frente populismo y más radicalidad,  más Italia, más Grecia,  y menos Alemania,  menos Francia y menos Reino Unido; en consecuencia,  una quiebra todavía mayor del consenso sobre  el que nació la Constitución más provechosa de la historia española, y que ahora algunos quieren enterrar precipitadamente, como si ella tuviera toda la culpa de las penalidades que nos ha dejado la crisis y como si la solución estuviera más allá de ese nuevo muro de Adriano, donde los bárbaros ya entonan sus danzas guerreras.

Pero esto es lo que hay. 

Un parador jibarizado en una cadena pública en horas bajas

 

No hemos tenido mucha suerte con el Parador de Molina de Aragón, pero más allá de aciertos y reproches a los gobiernos de turno –que hay para dar y tomar—me estoy refiriendo al tiempo en los que se ha fraguado. Empecemos por el principio

La era dorada de los Paradores Nacionales, que así se llamaban entonces,  se corresponde con una colosal  iniciativa de Manuel Fraga, ministro de Información y Turismo con Franco. España había aprobado su Plan de Estabilización y empezaba a dejar atrás las miserias de la posguerra, y era el momento de hacer algo con el espectacular patrimonio de castillos y monasterios que estaban por los suelos, bien por los efectos de la guerra o del paso del tiempo. En un estado paternalista, antiliberal y muy intervenido, como era el franquista, se pudo combinar una acción de inversión pública inimaginable en la Europa actual, como fue la poner en pie este patrimonio y ponerlo al servicio de un modelo de turismo de calidad –en gran parte extranjero—que con el tiempo  se acabó convirtiendo en la mejor red estatal de hospederías de Europa. En aquellos tiempos  en los que a Fraga no se le ponía nada por delante en su labor reconstructora, se gestó el parador de Sigüenza, levantado sobre unos ligeros lienzos de piedra de lo que en su día fue el castillo de los obispos-guerreros seguntinos, llegados de Francia.

Esta historia me la contó Salvador Toquero, que la vivió muy de cerca. Los hombres de Fraga, y luego el propio Fraga en persona, estuvieron manejando dos posibles emplazamientos para construir el parador: Sigüenza y Molina de Aragón. El de Sigüenza les gustó más, pero también encontraron mejor predisposición por parte de los poderes locales de la época. En Molina se analizó la opción de integrar en el parador las murallas del castillo, como se hizo en otros lugares de España con  fortalezas semejantes, pero no encontraron entre las fuerzas vivas de la época  el mismo eco favorable  que en la ciudad del Doncel. Eran tiempos en los que se temía que los paradores pudieran constituir una amenaza a la hostelería y restauración local. Pronto se vio que sucedió todo lo contrario: que fueron el motor del turismo de las poblaciones en donde se levantaron, a lo que ayudó que no se ofertaba la pensión completa para favorecer al menos una comida en el entorno local.

Así nacieron en España lo que ahora se conoce en la red como Paradores Monumento, entre los que está el Castillo de Sigüenza, uno de los mejores y más rentables de Paradores, a lo que sin duda ha ayudado  el buen mantenimiento que ha tenido y las reformas en sus instalaciones para no bajar sus estándares de calidad. Se puede decir que el parador de Sigüenza está en la ciudad perfecta y a la distancia oportuna de Madrid para haber tenido este éxito. Nunca sabremos lo que habría ocurrido con otro parador-monumento aprovechando el recinto del castillo de los Manrique de Lara en Molina, y cuyas venerables piedras llegaron a ser utilizadas como blancos para maniobras del  arma de Artillería.  No es de extrañar por tanto que desde los tiempos en que los carlistas del general Cabrera venían desde el Maestrazgo  a robar las cosechas y las ovejas de los sexmeros molineses hay un cierto recelo a lo que llega de fuera.

Por ejemplo, ahora, con el Parador de Turismo. Su gestión no fue la más heterodoxa para estudiar en una Escuela de Negocios. Se comprometió tras un dramático incendio en la sierra del Ducado por el entonces presidente del gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, pero sucedió como otras tantas cosas en su bienintencionado pero liviano gobierno. Que al final no se hizo nada. Otra vez los tiempos de la historia que dejaron de serlo. También la mala suerte. Cuando se prometió el parador,  España seguía siendo la sensación de Europa, Zapatero presumía de haber alcanzado el PIB  de Italia y reclamaba un puesto permanente en el club de los ocho países más ricos del mundo, la explosión del consumo hacía que el menos pintado se podía permitir el gustazo de un fin de semana en Paradores,  y hasta se llegó a presentar un proyecto en consonancia con ese grado de euforia patria en el que vivimos hasta que se pinchó la burbuja y con ella los ingresos fiscales de las instituciones públicas. Se tardó mucho, demasiado, en presentar el de Parador, cinco años,  pero cuando se hizo, en mayo de 2010, su ambicioso proyecto (80 habitaciones, con spa y piscina cubierta) pertenecía a ese tiempo de la España de vino y rosas que se nos deshizo como un azucarillo en un vaso de agua. A Barreda apenas le dio para presentar un pedazo de maqueta en mayo de 2010, aunque él ya debía saber que ese parador no se iba a hacer en Molina.  No fue honesto. En octubre de 2011, un mes antes de las elecciones, hubo un amaño de mover un poco de tierra, pero solo había presupuesto para levantar un poco de polvo.

En 2009 se enredó lo de la crisis, la clase media dejó de ir a los paradores que volvieron a quedarse solo para  los ricos y el turismo extranjero, la red dejó de ser  esa empresa pujante que podía permitirse el lujo de aumentar su oferta, llegaron los Eres, el cierre parcial o total de algunos paradores, y  el nuevo gobierno de Rajoy se encontró con un compromiso pero también con un proyecto fuera de la realidad. El compromiso lo han cumplido, porque el Parador de Molina no  no se ha esfumdado, al igual que el de Muxía, que se engendró en el chapapote del Prestige, y tal y como están las cosas una inversión pública de casi 2o millones no es para despreciar. Ahora bien, sin ser una “casa rural” como dice de cachondeo Pérez León –hay que tener cuidado con los adjetivos calificativos, porque quedan para siempre en la red—pues para ser un parador, parece un poco pequeño.

Un empresario de Guadalajara, que en los buenos tiempos se metió en el negocio de los hoteles, me dijo una vez que había que pensar en unas 30 habitaciones para que fuera rentable un edificio singular que había comprado en un  importante municipio de Guadalajara, y al que la crisis dejó  tieso, en espera de tiempos mejores. Yo daba por hecho de que el proyecto de parador de Molina se reajustaría al estrecho mercado  en el que debe competir, y asumo sin demagogias que le mejor garantía de supervivencia de un parador de turismo es que no pierda dinero, porque ya no está Fraga con los presupuestos del Estado detrás para ponerlo. Pero reconozco que nunca sospeché que se iba a llegar a reducir su dimensión  de 80 habitaciones a 22, por debajo incluso de esas treinta citadas. Aunque  lo peor de todo esto es que a lo mejor es lo único que nos podemos permitir  en una cadena de gran prestigio pero en horas bajas y a la que no le queda más remedio que cuadrar sus cuentas para sobrevivir sin ser privatizada. Esto es lo que hay.

La maqueta del parador de Molina también cayó en esa cazuela de los indios jíbaros en la que se cuecen los recortes de lo que (parece) no podemos pagar. Pero mira que fastidia.

No es un pucherazo, pero se ha perdido otra oportunidad

Castilla-La Mancha ya tiene nueva Ley Electoral que reduce de 49 a 33 los diputados a elegir apenas a 10 meses de las elecciones y se ha armado la marimorena. Algunos incluso sospechan que Rajoy quiere ver lo que pasa y si no pasa mucho a lo mejor se decide a promover la elección directa de alcaldes, de la que ya hablé en un artículo anterior. Queda feo cambiar las reglas en medio de un partido. Pero el asunto merece una pensada.

¿Estamos ante el mayor pucherazo electoral de la democracia?, como decía ayer Cayo Lara y Emiliano García-Page con lo boquita pequeña.  Rotundamente, no, aunque si admitiéramos pucherazo como animal de compañía estaríamos por lo menos ante un puchero de dimensiones similares al que utilizó Barreda para cocinar la reforma Electoral con la que acudió a los  de 2011. El meollo de la cuestión está en las provincias impares. Hay que aclarar que en ellas lo normal es que se saque un diputado de diferencia con  ganar por un solo voto al partido que queda en segundo lugar. En las provincias pares, en cambio, se necesita ganar por más votos de diferencia para no empatar. Pues bien, Barreda aprovechó que Guadalajara había superado en población a Cuenca, y teniendo un diputado menos, para hacer el siguiente guiso:  pongo un escaño más a Guadalajara y otro a Toledo y dejo a todas las provincias pares menos a una, casualmente Ciudad Real, con lo que la provincia natal de ex presidente se convertía en la circunscripción en la que se decidía las elecciones en Castilla-La Mancha. También casualmente Ciudad Real es una provincia en la que tradicionalmente las Autonómicas las ha ganado el PSOE.  Este guiso tenía además un ingrediente con mucho picante, que habría contaminado la comida entera: El PSOE podría perfectamente  haber ganado por un escaño las elecciones  en CLM aun recibiendo menos votos que el PP, con lo que la presentación final del plato habría quedado cochambrosa. Pero algo falló: los populares ganaron en Guadalajara por una diferencia mayor a la esperada y el previsible reparto de escaños entre los dos partidos mayoritarios  se convirtió en un 5-3 que anuló la ventaja  por 6-5 que los socialistas habían obtenido en Ciudad Real. Y Cospedal se convirtió en presidenta de CLM, a pesar del truco de Tamariz de Barreda.

¿Y cuál es el guiso de Cospedal? Esta vez la benéfica justificación ha sido reducir el número de diputados, con lo que estoy de acuerdo, como luego explicaré. Pero los políticos no dan puntada sin hilo, y lo que ha vuelto a cocinar Cospedal es un puchero con ingredientes muy parecidos a los de Barreda. Con la excusa de que nos vamos a ahorrar 15 escaños, en lo que en principio estamos casi todos de acuerdo menos los 15 diputados que los iban a ocupar, Cospedal  hizo otro revuelto con  las provincias pares e impares y después de hacer sumas y restas  como para calcular la trayectoria de un viaje a la Luna salió la siguiente base para el guiso: todas las provincias tendrán un mínimo de tres diputados y el resto se van añadiendo en función de la población. El mejunje tiene mejor pinta que el pisto manchego  de Barreda, pero después de revolverlo todo en qué se queda: que Guadalajara, Toledo y Cuenca se convierten en provincias impares, lo que en principio –solo en principio—parece beneficiar al PP, mientras que Ciudad Real pierde su estatus privilegiado de Princesa de La Mancha y se queda como provincia par, al igual que Albacete. Y el PSOE monta en cólera, porque en teoría les perjudica.  Debían haberlo pensado el día en que ellos  cambiaron unilateralmente la ley Electoral. Entonces escribí que un mapa electoral que se cambia sin consenso en beneficio propio está condenado a ser modificado por el mismo procedimiento. Ye eso es lo que sucederá cuando la izquierda retorne el poder en esta región, aunque aplicando esta nueva  ley no le va a resultar fácil. Por lo menos en 2015. Conclusión: con estos antecedentes no es el pucherazo más grande de la democracia, pero sí se ha perdido una nueva ocasión, otra más, para hacer una ley Electoral por consenso en donde la asignación de escaños sea menos interesada y más objetiva.

¿Son necesarios  49 diputados en Castilla-La Mancha? Ya les digo que no. No hay trabajo parlamentario  para tanta tropa. Aunque el ahorro sea entorno al millón de euros, y más de alguno diga que es el chocolate del loro en los parlamentos autonómicos españoles hay tanto loro comiendo chocolate que van a dejar a Guinea sin cacao.  Pero esta no es la cuestión de fondo. La izquierda ha vendido bien en los medios el argumento de que no sólo se reducen el número de diputado sino que han quitado el sueldo a los diputados (en realidad les han dejado mileuristas, como  varios  millones de españoles, que es lo que cobrarán en dietas) y eso es un agravio porque solo los ricos se van a poder dedicar a la política en Castilla-La Mancha. Dejando a un lado que los ricos tienen otras cosas más provechosas que hacer a lo largo del día que ir al parlamento de Toledo,  ese razonamiento sería perfectamente defendible si no fuera porque en el fondo es falso. En Castilla-La Mancha, la mayoría de los diputados tienen otro cargo, son alcaldes, concejales de ciudades importantes o fontaneros importantes de sus respectivos partidos, y hasta que Cospedal  les hizo mileuristas dedicaban la mayoría de su tiempo no a la actividad parlamentaria  sino a las funciones reseñadas. Las Cortes de Castilla-La Mancha se habían convertido en una pagaduría, y eso queda muy feo. Dicho esto, que las Cortes regionales podrán funcionar perfectamente con 33 diputados, sí me parece que los que queden deberían tener unas rigurosas incompatibilidades y solo así serían merecedores de un sueldo superior a mil euros.

¿Es antidemocrático este nuevo sistema electoral? Evidentemente, no, señor Cayo Lara, otra cosa es que a usted le interese unas Cortes con 81 diputados para obtener una mayor representación. Le aseguro que en eso le entiendo, cada uno defiende sus intereses, como el partido de la señora Díez o la fuerza política de moda en la izquierda. Pero argumentar que un sistema  no es democrático porque no tiene una representación proporcional pura es tanto como negar que Estados Unidos o el Reino Unido sean democracias, por tener sistemas mayoritarios. Un disparate mayúsculo. En política todo es opinable, y hay bastantes que pensamos que los gobiernos deben tener estabilidad para que puedan trabajar por los ciudadanos, porque para eso elegimos a nuestros representantes, no a que gasten la mitad de su tiempo en mercadear una mayoría en un ayuntamiento o un parlamento. Así que la condición democrática de un país no la garantiza sus sistema electoral sino otros comportamientos y actitudes en las que ingleses, norteamericanos o franceses –que no tienen un sistema electoral proporcional—nos llevan dos siglos de ventaja.

Es más, en la Europa democrática hubo un país en el que había un sistema proporcional químicamente puro y no solo trajo inestabilidad sino corrupción a manta, porque eran tantos los favores a pagar para formar gobierno que hubo que sacarlo hasta de los fondos de la mafia. Un sistema en el que podían nombrar presidente del consejo a un tipo que pertenecía a un partido minoritario y que a lo mejor había sacado un 5 por ciento de los votos, mientras que partidos con casi el 40 % de los votos (los eurocomunistas de Berlinguer) no salían de la oposición, porque si había que unirse todos contra ellos, pues se unían.( Como pasa ahora en España con algunas autonomías y ayuntamiento para que no gobierne el PP). Un sistema que acabó con los muñidores de toda esa podredumbre en los tribunales o refugiados en Túnez para escaparse de la cárcel. El que crea que un sistema proporcional puro y los gobiernos multipartidos  es la quintaesencia de la democracia, yo le invitaría a que conociera la vida y milagros de la Italia de Gulio Andreotti y de Betino Craxi.   

Esto es lo que hay. A mí tampoco me gusta demasiado, pero antes que la demagogia populista de los  que se creen que todo es gratis y que nadie es responsable de nada, pues que quieren que les diga.  Por eso me molesta que los dos partidos de gobierno en CLM hayan perdido otra oportunidad para comportarse como Dios manda.

El triunfo de Pedro Sánchez y las segundas lecturas

Se ha puesto el acento en que el triunfo de Pedro Sánchez en gran parte es debido a la apisonadora socialista andaluza que ahora pilota Susana Díaz, y sin quitar importancia a lo que significa  en el organigrama interno del PSOE el contar con el respaldo del aparato andaluz, sería injusto atribuir todo el mérito a la señora Díaz, y decir que  el diputado madrileño es una suerte de CEO (consejero delegado) de la presidenta andaluza. Es verdad que a Sánchez le votaron más de 20.000 militantes andaluces, un tercio de los votos que recibió en el conjunto de España, pero no es menos cierto que el diputado madrileño ganó en todas las federaciones regionales menos en Asturias, así que no solo fue Andalucía.

Este proceso en el PSOE me ha dejado un sabor agridulce. Por un lado valoro como muy positivo que los socialistas hayan confiado esta importante decisión a todos los militantes, y seguro que tendrá consecuencias en otras formaciones políticas –luego hablaré de ello–, pero he echado en falta un debate de verdad en el que los respectivos candidatos nos hubieran explicado mejor sus posiciones ante las cuestiones de comer. Voy a poner solo dos ejemplos.

Desafío independentista: No sabemos cuál es realmente la posición de Pedro Sánchez sobre la consulta independentista del 9 de noviembre, que Rajoy está toreando a las maneras de Don Tancredo; y no le está yendo mal. Sánchez reclama a Rajoy que “se mueva”, y propone como solución reformar la Constitución  para convertir a España en un  estado federal. Pero él sabe que no es eso lo que piden los nacionalistas, todo lo contrario: ellos quieren  la soberanía plena, porque el federalismo es igualdad entre estados asociados. Pero es que además ese cambio constitucional debería someterse  al refrendo del pueblo español, y seríamos más de uno los que sabiendo que una España federal no va a contentar a los independentistas [Duran i Lleida, el más moderado, habla de una solución confederal] a lo mejor no nos hace falta que La Rioja, Murcia o Castilla-La Mancha se conviertan en un Estado. ¡Eche usted guindas al pavo!

El reto de la socialdemocracia: Los candidatos socialistas han hablado mucho de recortes sociales y de que hay que mantener el Estado del Bienestar, pero apenas nada de cómo tienen pensado conciliar el gasto necesario que ello requiere con el equilibrio presupuestario y la contención del déficit que exige la Unión Europea; para que no volvamos a las andadas.  Se supone que esto tiene que hacerse a través de una reforma fiscal para que en Europa paguen de verdad las grandes fortunas y las multicorporaciones, y no solo los que tienen una nómina y la pequeña empresa, pero como no se tiene muy claro lo que hay que hacer, mejor ni tocarlo. Les pasó a los socialdemócratas alemanes: mejor con la Mérkel que esta sí sabe lo que quiere, y no estamos para experimentos.  Lo de no votar a Junker es un gesto, pero menos temerario que retirar las tropas de Irak a la voz de ya, como hizo Zapatero, con el que se ganó la inquina de los aliados.

No se ha ahondado mucho en este proceso sobre las cuestiones fundamentales que afectan a un partido de gobierno como el PSOE, y ha primado los mensajes de envoltorio  izquierdista, porque  se supone que es lo que está de moda y  lo que los militantes quieren oír. De lo que se trataba era de no meter mucho la pata, y en esto Sánchez ha sido más prudente que Madina, quien  acrecentó su imagen de representante del “buenismo” renovado en sus declaraciones de respaldo a la famosa sentencia que exculpa a los manifestantes que insultaron y vejaron a los parlamentarios catalanes que entraban a una sesión parlamentaria. Sánchez se lo mandó a todos los cargos públicos del PSOE, que se supone querrán que alguien les defienda si alguien les insulta y les acosa cuando entran al pleno de su pueblo. Pero si Sánchez ha ganado, yo creo que ha sido porque en el electorado más templado del PSOE se ha visto en él a un político más transversal, a fin de cuentas lo que necesita un partido socialdemócrata para disputar el gobierno a la derecha moderada. Al PP le habría venido mejor un candidato más izquierdista, con veleidades hacia la izquierda extrema de moda, porque sacaría  hasta de la cama a ese  electorado del PP, que se quedó en su casa en las Europeas. Pero a España le viene mejor un líder de la oposición creíble y con capacidad de pactar los asuntos de Estado. Queda por ver si Pedro Sánchez lo es, y tiene claro en qué márgenes debe moverse.

En cualquier caso, esta experiencia ha sido globalmente positiva para el PSOE, y sí creo que de institucionalizarse acabará influyendo en el resto de las fuerzas  políticas, que no van a tener más remedio que abrir los partidos a los militantes, se dice pronto, ¡como si se estuviera pidiendo la revolución! Solo que al PP le va a costar más, porque ahora gobierna hasta en el Naranjo de Bulnes y ha tenido cargos para repartir incluso entre los que no se lo merecen. La presión es menor… hasta que empiece a perder cota de poder y con ello algunos líderes populares empiecen a hablar de renovación.  ¿Por qué no se anticipa Rajoy, que además ganaría con la gorra?

Quedan luego los flecos de este proceso entre el que no es menor la promesa de Sánchez y del resto de candidatos de convocar unas Primarias para la elección del candidato a presidente del Gobierno. Personalmente, prefiero el sistema americano de  Primarias a cara de perro, abierto a los simpatizantes registrados, porque en él se demuestra mejor la capacidad y el liderazgo de los candidatos. Solo que en un sistema de partido-organización como el español,  esa elección puede ser perversa. ¿Imaginen que Sánchez convoca Primarias y luego no las gana?  Aun así, lo prometido es deuda.

Voy ahora con las inevitables segundas y terceras lecturas que arrastra un proceso como este. No quiero magnificarlas, pero como las meigas “haberlas haylas” y se producen en cualquier partido, solo que cuando hay que definirse es más evidente, pero no parece que en el caso que nos ocupa se hayan desbordado las aguas al margen de la estupidez de responsabilizar a Sánchez de las correrías de Blesa, por ser miembro de a pie de la asamblea de Caja Madrid. Como miles de cargos públicos lo fueron (sin ser) de más medio centenar de cajas españolas.

El toque regional en la candidatura de Sánchez lo ponen su jefe de prensa, José Luis Fernández “Chunda”, que antes lo fue de Bono (¿el futuro responsable de prensa del PSOE?) y un asesor de comunicación, Javier Ruedas, que fue jefe de Gabinete de Emiliano García-Page y estuvo con él en todas sus campañas. ¿Se podrían decir por tanto que los hombres de Bono y Page están con Sánchez? No sería exacto, pero sí que Bono y Page, aunque no se pronunciaron por Sánchez urbi et orbe, han estado en todo esto con el nuevo líder del PSOE.[ Por cierto, que hoy viene Bono a Guadalajara a una cena privada, ya les contaré…] Solo con ver los resultados de Toledo está la prueba. Y a sensu contrario se puede de los resultados en Guadalajara o Ciudad Real, las provincias de Bellido y Josele Caballero, en las que Madina obtuvo su cuarto y quinto mejor resultado de España. Los colaboradores más próximos a Bellido, como Rafael Esteban, el secretario de Organización, respaldaron a Madina, como las juventudes socialistas en bloque y la mayor parte del “aparato”, o el senador  Jesús Alique. Cito a Esteban porque no sé si será noticia que María Antonia Pérez León, su antigua jefa en Diputación fue uno de los más activos soportes de Sánchez, con Magdalena Valerio como portavoz. El Grupo Socialista tuvo muy repartidas las preferencias: Dani Jiménez con Sánchez, Araceli Martínez con Madina o Víctor Cabezas con Pérez Tapias. Habrá que estar muy atento a los próximos movimientos del nuevo líder del PSOE tras su efectiva elección en el Congreso Extraordinario y en el Grupo Parlamentario, aunque no hace falta ser un lince para escribir que las opciones de Magdalena Valerio (que no se presentará otra vez a la alcaldía, como oportunamente avanzó Bellido hace unos días) para seguir en el parlamento se han  reforzado. También es patente que Madina ganó en  las principales agrupaciones de Guadalajara, en algunas por aplastamiento, como en Azuqueca y Marchamalo, pero también se impuso en la de la capital, de la que Magdalena Valerio es la secretaria local.

Si no fueran unas elecciones para la elección de secretario general del PSOE, se podría decir que Bellido y su aparato siguen conservando la mayoría, pero como está de por medio Pérez Tapias, y que estamos ante una elección secreta, pus a lo mejor no hay que ser tan tajantes en esas segundas y tercera lecturas. Eso sí: echo de menos que el señor García-Page confirme de una puñetera vez  si se presenta o no ante Cospedal. Con tanta indecisión aparenta  como si lo estuviera dejando de segundo plato,  por si no les sale una comida más apetitosa en Madrid.

P.D. Yo soy alcalde,  y me llega un tipo diciendo que está en condiciones de traer a mi pueblo a David Guetta y a Steve Aoki, y le recibo aunque venga vestido de astronauta. Luego, claro, le pido los papeles y si no los tiene niquelados, y me puede provocar la ruina, pues le doy las gracias y le respondo que para otra vez, pero con más tiempo.  Hacer el ridículo es darle a ese astronauta con la puerta en las narices sin intentarlo. Hay críticas que son como boomerangs.   Esto es lo que hay.     

La elección de los alcaldes, una reforma a negociar

El gobierno de Rajoy ha lanzado un globo sonda, la elección directa de los alcaldes, con el señuelo de que lo fueran el candidato que encabece la lista más votada. Pero no tiene pinta de prosperar, porque el PSOE no lo va a aceptar, y no es previsible que el PP se arriesgue a forzar un cambio unilateral cuando queda menos de un año para las elecciones autonómicas y locales. No sería buen  idea, y solo añadiría crispación a una política nacional que está ya demasiado convulsionada, y que necesita de un mínimo consenso entre los dos partidos de gobierno, especialmente en un año sobre el que penden dos desafíos serios. Uno es el referéndum independentista de Cataluña, que requiere una respuesta constitucional nacional, no de partido. Pero también la irrupción de una izquierda extrema en la periferia del PSOE, que no se reconoce en la Constitución,  y cuyos portavoces admiten sin ambages que lo suyo es la revolución (Garzón, dixit), aunque no sabemos muy bien a qué  tipo de nuevo régimen nos conduciría esa senda revolucionaria y cómo pretenden llegar a ella sin quebrar el  Estado de Derecho, que emana precisamente de esa Constitución a la que detestan. Sería además una irresponsabilidad de Rajoy, que no va acorde con su personalidad de hombre prudente,  plantear una cuestión de este calado en plena renovación del PSOE, y sin que haya un líder y una nueva Ejecutiva socialista con la que poder negociar.  Y en esa negociación, ya  nadie lo duda en privado, la reforma de la Constitución cada vez demanda un horizonte más próximo,  para que se oxigene y nos pueda durar otros cuarenta años. El reto es que para ello es imprescindible lograr una nueva mayoría como la de 1978, y en la que debería participar a ser posible alguna fuerza nacionalista que acepte seguir en España con un nuevo estatus. Estamos ante una Segunda Transición, aunque a alguno nos de vértigo mirar hacia algunos extremos ante lo que sale de determinadas cabezas.

Dicho esto, que es el Catón, no es menos cierto algo en lo ha insistido Rajoy en los últimos días.  Con la actual Ley Electoral –viene a decir–, muchos  gobiernos autonómicos y locales se convierten en una coalición de perdedores, aunque entre ellos tengan más concejales que el partido más votado, normalmente el PP.  Son  coaliciones que no ha sido votadas por nadie, y que normalmente  negocian en la oscuridad un programa gobierno que luego no se somete al refrendo ciudadano.

Esta es una consecuencia indeseable de la Ley Electoral, pero si lo que pretende el PP, salvo que sea el principio de una larga  negociación, es que los socialistas acepten pulpo como animal de compañía con una propuesta que podría convertir en alcalde a un candidato con el 30% de los votos  frente a un potencial equipo de gobierno formado por más del 40% de los ediles o diputados representados en un parlamento o en un ayuntamiento… Esto no cuela como medida vendida  para regenerar la política española. Pero sí puede servir de punto de partida para llegar a la vieja idea de la elección directa de alcaldes por el ciudadano, que es lo ideal. ¿Cómo? Pues dando la vuelta a la justa queja de Rajoy: que los nuevos gobiernos locales y autonómicos estén formados por equipos y colaciones ganadoras, y refrendadas por la ciudadanía.

Esto lo tiene solucionado Francia con el sistema de segunda vuelta, al que llegan los dos partidos con más votos, siempre que uno de ellos no haya alcanzado la mayoría absoluta en la primera vuelta. Y para favorecer la gobernabilidad y la estabilidad de las instituciones al que gana esa segunda vuelta se le otorga automáticamente la mayoría más uno  de los representantes electos. Así de sencillo.

Este sistema gana en calidad democrática sobre el español, porque los partidos anuncian tras la primera vuelta  con quién y en base a qué se van a coaligar en caso de ser los más votados para formar gobierno. Y el ciudadano tiene siempre la última palabra. Por ahí debería ir el pacto entre populares y socialistas, que debería ser más amplio y meter en él a la administración local en general. Este gobierno ha hecho algunas cosas en solitario, pero no lo ha terminado y se ha dejado cosas en el camino, como las diputaciones provinciales, que si se mantienen (y yo soy partidario de ello) tiene que ser democratizando su proceso de elección. Es inconsecuente del todo punto que la Ley aumente las competencias de las diputaciones, en su papel de supervisoras de algunas funciones municipales, y que las instituciones provinciales no sean elegidas directamente por el ciudadano. Con ello se reforzaría su representatividad y la de los diputados que la integran, pero además acabaría con un sistema electoral  perverso, una elección de tercer grado en la que el elector desconoce que al votar al ayuntamiento de su pueblo también está eligiendo indirectamente a la presidencia de la Diputación. Que para colmo  los partidos ni tan siquiera tienen la obligación de anunciar quién será ese candidato; y de hecho muchas veces lo ocultan. No tiene un pase que con casi 40 años de Constitución, las diputaciones no tengan ese refrendo democrático del ciudadano,  yo estoy convencido porque alguno debe pensar así será más fácil liquidarlas, el día que se reforme la Constitución.  

Hay que hablar  con sosiego de todas estas cosas, pero también sin remilgos, porque hay asuntos que no esperan, como es el desafío nacionalista del 9 de noviembre.  Aunque tendrá presiones para ello, es de esperar que Rajoy no caiga a la tentación del cortoplacismo y aborde en  solitario unas reformas que afectan a las vigas maestras del edificio constitucional, aunque  con un gobierno en mayoría absoluta como el actual lo pueda hacer, en parte. Pero insisto, sería como construir castillos en el aire, porque lo que se cambia por mayoría simple, se vuelve a cambiar por esa misma mayoría simple. Y vuelta a empezar con el burro por la linde. Como ha pasado en Castilla-La Mancha. Pero eso será otro día. Esto es lo que hay. Por hoy.

P.D. Acaba de morir Alfredo Di Stéfano, tal vez el mejor jugador de la historia del fútbol, y sin discusión el más innovador. Pero no jugó ni minuto en un Mundial, por culpa de una lesión y de otras circunstancias de su carrera, y en Sudamérica, que  le vieron jugar menos, aunque pasó por River, Boca y Millonarios, lo ponen por detrás de Pelé y Maradona. Yo he visto jugar a los tres, y les aseguro que nadie me ha impresionado más que don Alfredo, a pesar de que solo lo disfruté en sus últimos años. Todavía era el omnipresente, el jugador más decisivo en la historia del Real Madrid, un tipo que jugaba por todo el campo y que hacía jugar a sus compañeros, algunos tan poco dotados para la lucha como Puskas o Kopa. Jamás olvidaré  una semifinal de Copa contra el Real Zaragoza de Marcelino, Villa y Lapretra, el gran equipo de los Magníficos. Habíamos perdido 3-0 en La Romareda, pero en la vuelta se  había remontado la eliminatoria a la media hora. Pero en una jugada caliente, expulsaron a Di Stéfano, que no rehuía una buena tangana, y ya fuimos incapaces de hacer nada más.  Cargado de años, todavía Di Stéfano era el sostén de aquel Madrid y los niños de entonces nos aficionamos al fútbol por él. Y al Real Madrid. Como  recuerda hoy Alfredo Relaño cuando él llegó al Madrid, los blancos solo  habían ganado dos Ligas, y fue durante la República. Desde que está él, el Madrid tiene tantas como los demás equipos españoles juntos. El Real Madrid  moderno es fruto de él. Lástima que una lesión fatal no le dejara jugar con España el Mundial de Chile; porque lo habríamos ganado, y con ello se pudiera haber cambiado la historia futbolística de nuestra selección. Como lo hizo con el Madrid.  Hubo que esperar a Sudáfrica.

Sánchez toma la delantera, pero nada hay decidido

Los dieciseis mil avales de ventaja que ha sacado Pedro Sánchez Pérez-Castejón  a Eduardo Madina le convierten de facto en el gran favorito para ganar el Congreso Extraordinario de Julio y convertirse en el próximo secretario general de los socialistas. Pero no está todo decidido. Los avales marcan una tendencia, es cierto, pero no deja de ser un proceso abierto en el que el avalista revela aparentemente sus preferencias, lo que favorece la influencia de los respectivos aparatos (que son tantos como autonomías, provincias y grandes agrupaciones locales tiene el PSOE), mientras que en la cita con la urna los militantes no tienen que responder ante nadie salvo a su propia conciencia. Por ello, hasta el 26 y 27 de julio no está todo el pescado vendido y Madina seguirá teniendo sus opciones, aunque en términos deportivos ahora la toca arriesgar en lo que queda de campaña y esto le puede llegar a cometer errores.  Algunos los ha tenido ya, al sostener en varios sitios una cosa y la contraria, lo que contribuye a aumentar su imagen de candidato voluble en asuntos que deberían estar más claros. Aunque tampoco Pedro Sánchez ha sido un prodigio de claridad en temas como la reforma de la Constitución y ese federalismo asimétrico que  propugna para salir de ese agujero negro que tenemos en Cataluña, con el epicentro puesto el 9 de noviembre. No es ningún disparate, desde luego, porque en el empeño de querer igualar la autonomía de  Murcia o Castilla-La Mancha con el País Vasco o Cataluña está el origen esa carrera en pelo de los nacionalismos hacia el soberanismo. Aunque para reformar la Constitución, primero hay que saber qué mayoría en Cataluña y el País Vasco respalda la Tercera Vía, y luego hablar con el PP para que pueda prosperar. Porque para saltos en el vacío, como se apunta desde la izquierda radical,  mejor nos quedamos con el consenso de 1978.

Sánchez y Madina, hasta ahora, han afilado su perfil izquierdista y no es una casualidad. En el Partido Socialista sus bases siempre han estado más escoradas a la izquierda que su electorado, que campa más bien por el  espectro  del centro-izquierda –esta misma situación  se da  en la militancia del PP, pero al revés–, por ello es tan importante el modelo americano –que el PSOE no se ha decidió a importar del todo—de contar además con la figura del simpatizante para la elección de los candidatos. Pero además hay una situación ex novo, que amenaza con condicionar esta elección. Se trata del crecimiento de la izquierda radical en las Europeas, y especialmente de Pablo Iglesias y su Podemos, que con un lenguaje populista-comunista se ha aprovechado el desgaste del PSOE por su ineficaz gestión de la crisis cuando gobernó. Cada militante socialista conoce a un hijo, un sobrino o un vecino que ha votado cabreado contra la “casta” por el atractivo candidato de La Sexta, y cree que la solución es girar más y más hacia la izquierda, lo mismito que ha sucedido en Francia, pero en ese caso con la derecha antisistema como beneficiaria. Pero mucho me temo que como dice Nicolás Redondo Terreros, como “juguemos a Podemos  nos gana Podemos”. Le ha pasado a Más con la Esquerra de Oriol Junqueras.

Por todo ello, sería deseable y clarificador que más allá de las cuatro consignas de veinte segundos en las que los asesores políticos quieren resumir el  pensamiento político de los candidatos virtuales que se llevan hoy en día [la Transición en España habría sido imposible con el grado de populismo que se despacha  en algunos programas de máxima audiencia], se diera oportunidad  a Sánchez, a Madina, y al tercero en discordia, López Tapias, a debatir a fondo sobre los temas que más interesan a los españoles: política territorial, reforma fiscal, relaciones laborales,  sostenibilidad del Estado del Bienestar (la asignatura pendiente de la socialdemocracia), relaciones con la UE, etc.  Sin debates, las campañas se reducen a la mera consigna, y la gente está  hasta el gorro de propaganda , y lo que quiere saber es si detrás de los eslóganes de turno hay alguna idea nueva,  y un líder con un mínimo de carisma. El PSOE ha hecho un favor a la apertura de las malolientes salas de máquinas de los partidos españoles adoptando la elección de un militante un voto para designar a su secretario general. Pero se quedaría a mitad de camino si sus candidatos no pudieran hablar civilizadamente entre ellos, con los medios de comunicación pos testigo, porque el PSOE es un partido de Gobierno, y aunque la mayoría de los españoles no militemos en él, todos somos susceptibles de votarlo. Ahora vendrán algunos a decir  que si hay debate, el síndrome de la desunión planea  sobre el partido. ¡Tonterías! Mira que se remarcaron las diferencias entre Obama y Hillary Clinton durante los debates de la campaña demócrata, y luego Hillary fue su leal  secretaria de Estado.

No debería haber por tanto un efecto boomerang de las Primarias hacia el partido que las convoca. Todo lo contrario. A medida que se vaya abriendo el PSOE hacia nuevas formas de participación de sus militantes y simpatizantes, obligará al PP a seguir ese camino, o tendrá el riesgo de quedarse como único representante de la “casta”. Los populares aparentan  que al haber ganado las últimas elecciones, nada de esta corriente renovadora va con ellos, pero se equivocarían sin no se dan por aludidos. Hasta ahora no lo han hecho, y sorprende la falta de autocrítica con la que se han despachado algunos resultados electorales, especialmente en nuestra provincia y singularmente en el Corredor del Henares. En el PP se empieza a extender la especie arriolista de que Podemos les va a hacer ganar las próximas elecciones, porque con su radicalismo  va a levantar de la cama hasta su último simpatizante. Sería demasiado simplista que el análisis de los resultados de las Europeas se quedaran en eso, y los populares no entendieran que la exigencia de reformas internas también les atañe, porque esta crisis no es como otras por la que ha pasado la sociedad española en los años setenta y ochenta. Esta crisis ha rebajado tanto los sueldos y la calidad de vida de la clase media española (4 puntos estadísticos, según la OCDE) que va camino de su proletarización,  la gente piensa que cada día tiene menos que perder, aunque en puridad no sea verdad,  y no va a ser fácil  convencer a esos cuatro millones de electores  del PP que se quedaron en casa de que en 2015 se están jugando algo  solo con medidas cosméticas, como esta reforma fiscal, que no lo es porque con aspectos indudablemente positivos sigue sin abordar el meollo de la cuestión: cómo hacemos para que las grandes empresas y fortunas españolas, que no hacen la declaración de la renta, arrimen más el hombro para salir de esta. Sin demagogias.

Queda por último lo que Pablo Bellido llamó segundas y terceras lecturas sobre este proceso interno que acomete el Partido Socialista. Es inevitable que se hagan. Pero yo no  le daría mucha importancia, porque estamos hablando de avales. ¿Esa neutralidad declarada por García Page ha contribuido  que en CLM haya ganado Sánchez, aunque solo fuera por un poquito, apenas 200 avales? ¿Que la gente del actual secretario provincial  simpatice más con Madina que con Sánchez explica la significativa ventaja en Guadalajara, casi 100 avales?

Lo que sí está más claro es lo sucedido en Andalucía. Susana Díaz ha mandado un mensaje urbi et  orbe de que sus preferencias están con Sanchez, aportando el 33,8% de sus avales. Ninguna sorpresa. Sería la primera vez en la historia del PSOE que la potente Federación Andaluza renunciara a ejercer su influencia y permaneciera neutral. La influencia se ejerce o se pierde.

Esto es lo que hay.

Pues ahí estamos, con Felipe VI, inevitablemente

Para los que tenemos el alma republicana una abdicación supone en cierta medida que todas nuestras contradicciones salen a flote inesperadamente y te vuelvas a hacer un montón de preguntas sobre la institución monárquica que tienen difícil respuesta en el orden de la metafísica política. Pero esta vez se disiparon pronto todas mis dudas al comprobar lo que se despachaba en la acera de enfrente: en los debates que se celebraron en el Congreso y en el Senado nos encontramos con la reivindicación de  varias repúblicas, la Catalana, la Gallega, la Vasca y una “popular” se supone que española, o de lo que quedara de España, pero sin que viéramos por  ningún lado a un Salmerón o a un Castelar que hablara de la España liberal y de progreso, como en aquella Primera República que  los nacionalismos paletos y disolventes se encargaron de enviar directamente al precipicio. Hay que agradecer que no hubiera un diputado independentista de Cartagena para que aquello hubiera derivado directamente en una charlotada, así que a los que nos hicimos juancarlistas el 23-F nos costó relativamente poco renovar internamente nuestro pacto constitucional con Felipe VI y la monarquía parlamentaria, porque no queremos ni pensar hasta dónde nos conduciría abrir el melón constitucional sin tener el consenso que se produjo en 1978.  Seguramente que a otro despeñadero de los que habitualmente ha vivido España en su atribulada historia.

Aunque esta crisis que ha proletarizado en gran medida a las clases medias españolas, achicharradas a impuestos estatales, autonómicos y municipales y con notorias pérdidas en su nivel de vida no invitan precisamente al reconocimiento de las instituciones que emanan de la Constitución del 78, no exagero un ápice si escribo que la España democrática que tuvo como jefe de Estado al padre  del actual rey se corresponde al periodo más fructífero de la España contemporánea. Ahora todavía estamos hechos unos zorros y sembrados de incertidumbres. Casi la mitad del electorado del partido en el gobierno está en su casa a verlas venir y en el principal partido de la oposición les toca superar una crisis de identidad que no es solo de liderazgo sino que afecta a toda la socialdemocracia europea que anda sin alma y soluciones desde que empezó la crisis. Pero aun así, no deberíamos olvidar una cosa que empezó por decir Felipe VI y que es de una trascendencia descomunal en la historia de España. “Hoy puedo afirmar ante estas cámaras—y lo celebro—que comienza el reinado de un Rey constitucional”.  El reinado de su padre inicialmente no lo fue, pero es que desde la Constitución de Cádiz en 1812 las cartas magnas se hacían de encargo (Isabel IIAlfonso XII)  u otorgadas (Fernando VII), cartón piedra  para arropar al monarca de turno, y no ha sido hasta ahora, el 19 de junio de 2014, en que el rey se corona fruto de una Constitución, votada por los españoles y que  además es fruto del pacto entre todas las fuerzas políticas. Yo también creo que una reforma constitucional es inevitable en el tiempo, pero los que se han descolgado del pacto constitucional tan alegremente (PNV, CIU e IU) han olvidado irresponsablemente que para armar constituciones duraderas hay que gozar de mayorías cualificadas. O el fracaso está asegurado. ¡Lean un poco!

Luego están los que no se enteran o no quieren enterarse.  El rey Felipe hace un canto de la España plural, y dice: “Unidad no es uniformidad desde que en 1978, la Constitución reconoció nuestra diversidad como una característica que define nuestra propia identidad”. Y a reglón seguido, el proclamado rey subraya: “En esa España,  unida y diversa,  basada en la igualdad de los españoles, en la solidaridad entre sus pueblos y en el respeto a la ley, cabemos todos”.

Es toda una paradoja del tiempo en el que vivimos que por  jugar su papel constitucional y recordar el amplio campo de juego que delimita la Constitución –las constituciones son como el reglamento en un partido de fútbol—a Felipe VI no le aplaudieran dos presidentes autonómicos que están ahí colgados de ella, aunque se comportaron como dos  jerifaltes de las guerras carlistas pretendiendo a lo que se ve un nuevo pacto foral con la corona, esta vez con la independencia como objetivo, extremo para lo que este rey no está habilitado por la Constitución. Estos belloteros debieron creer que estaban ante Isabel II o Felipe V, no ante un rey constitucional, y así nos va.

En líneas generales me gustó el discurso del nuevo rey, y me recordó en su diseño a los de su padre. Lógicamente careció de la trascendencia de aquel primero de Juan Carlos, porque aquel provenía de una situación excepcional en la que el rey marcó el camino de la Transición democrática, y ahora estamos instalado en la normalidad constitucional, pero todo lo dijo fue oportuno. Hubo una referencia especial para las víctimas del terrorismo, que jamás podrán recuperar a sus seres queridos, a los ciudadanos a los que el  “rigor de la crisis ha golpeado duramente  hasta verse heridos en su dignidad como personas”.  Y no faltó una referencia a la autoridad moral que era imprescindible: “Hoy,  más que nunca, los ciudadanos demandan con toda razón que los principios morales y éticos inspiren –y la ejemplaridad presida—nuestra vida pública”. Y su propia hermana se quedó fuera de la coronación.

“Aspiramos a revitalizar las instituciones; a reafirmar, en nuestras acciones, la primacía de los intereses generales, y a fortalecer nuestra cultura democrática”.

Y en esas estamos. Esta es una monarquía constitucional de maneras republicanas, y así transcurrió la coronación, de una austeridad estética excesiva en mi opinión, que si no es por el paseo al descubierto del nuevo rey  en el Rolls Royce,  nos habría parecido la toma de posesión de un alcalde. Nada que ver con la coronación de un monarca en Gran Bretaña, con fastos (y turismo dinástico) que duran meses para mayor gloria de Londres; o la de un presidente de la república en Francia, que menos la corona todo es grandeur.  Ya puestos a tener una monarquía, yo no entiendo muy bien esa manía de taparla, y luego pasa que el pueblo se queda en casa a ver en televisión el espartano acto de la proclamación, porque era realmente complicado moverse ese día por Madrid. Menos espontaneidad y gente en la calle  que cuando el Real Madrid gana una copa de Europa. Demasiado frío.

Es lo que menos me gustó. Si nos ponemos a tener una monarquía, pues que sea con todas las consecuencias,  y con una coronación como Dios manda, que ésta  fue de un aburrido que pareció diseñada por Cayo Lara. Ni invitados extranjeros hubo.

Esto es lo que hay. Complejos.

Un Viaje a la Alcarria no lo suficientemente aprovechado

Cuatro chicas alcarreñas (Sara Domínguez, Gracia Iglesias, Natividad Díaz y Laura Domínguez) están haciendo en estas jornadas su particular Viaje a la Alcarria  coincidiendo con las fechas en las que –más o menos, porque Camilo José Cela hizo más de un viaje para escribir su libro— el Nobel recorrió aquellos caminos de la Alcarria de la postguerra, allá por 1946,  cuando por entonces en este país faltaba casi de todo. Menos paisaje y hombres muy pegados a la tierra que la habitaban. Ahora no es  que pasemos por días de vino  y miel, porque nos está costando despegarnos de esta crisis más de lo previsto, pero nada es comprable a entonces.

Tampoco ya lo era en aquella primavera de 1981 cuando con Salvador Toquero recorrimos los caminos de la Alcarria para escribir un libro: “Buscando a Cela en la Alcarria”, que podrán encontrar en alguna biblioteca, porque la edición está agotada. A quienes hicimos ese libro nos movía una curiosidad: el por qué de la buena singladura y la firmeza de su anclaje de ese Viaje a la Alcarria, que hoy en día ya nadie discute es una de las mejores obras de la literatura de viajes en español, y que al mismo tiempo se convirtió en un retrato costumbrista  a través de los personales (reales o imaginarios) con los que el viajero Don Camilo se iba encontrando por esos caminos de la Alcarria. Muy especialmente queríamos saber la peripecia  humana de sus personajes, auténticos apoyos para el éxito, después de que los años hayan caído implacables sobre ellos.

viaje-alcarria.Salvador y yo llevábamos tiempo pensando en el libro, y no quisimos esperar más porque  sospechábamos que los personajes de Cela ya  habían empezado a desaparecer, por ley de vida, y también la huella del entorno por el que había transcurrido su viaje. Y teníamos razón. A algunos de sus personajes llegamos en sus últimos días, nunca mejor dicho, y nos sirvió para comprobar que todos ellos tenían la sensación de formar parte de algo importante, un libro singular, y eso que muchos de ellos no habían leído un libro en su vida y por entonces a don Camilo, aun siendo un escritor famoso, todavía no le habían dado ese Nobel que le encumbró a los altares de la gloria y de la popularidad.

Cuando el otro día escribía para GuadalajaraDiario la noticia sobre ese viaje de estas chicas me vino a la memoria esa Primavera de 1981 en la que Salva y yo comenzamos nuestro viaje y pensé con una nostalgia que no me suelo permitir lo que ha cambiado la Alcarria desde entonces. Entre el viaje de Cela y el  nuestro habían transcurrido 35 años y entre el de Laura y sus amigas ya son 33. Solo que desde 1946 hasta 1981 en la Alcarria y en España habían pasado tantas cosas que estábamos hablando de otra nación y de otra Alcarria, desde luego de otra sociedad, mientras que en los últimos 33 años, si no fuera por internet y las reformas en la mayoría de los cascos urbanos de esos pueblos, la sociedad es esencialmente la misma, aunque a algunos crean ahora que aquellos años de la Transición y los que por ahí andábamos somos de la edad de piedra. Pero no. La edad de piedra, la jodida miseria, es la que se encontró don Camilo en aquella Alcarria donde hacía apenas ocho años que habían dejado de resonar los cañonazos por el frente del Henares y el Tajuña. Y aún así, seguía su gente esperando a nada y a nadie con una eterna sonrisa de resignación, como escribimos en nuestro prólogo.

Quiero decir que por mucho que avancen los tiempos, la Alcarria literaria que nos dejó Cela va a seguir siendo reconocible y lo único que cambiarán serán los soportes técnicos por los que el futuro viajero podrá tomar contacto con ella, pero al final seguirá habiendo un camino y un caminante. Y a eso voy. Siempre he tenido la impresión de que no hemos sabido aprovechar del todo ese maravilloso legado literario (y publicitario) que nos legó don Camilo. Se han hecho mapas, libros, libritos, se han colocado placas del viejo y el nuevo viaje –cuando en realidad solo hubo uno, el de 1946, lo demás fue merchandising), todo tipo de loas y celebraciones, pero la realidad es que todavía no hemos dado con un producto turístico que se llama Viaje a la Alcarria, que está al lado de una metrópoli de cinco millones de habitantes deseosa de salir adonde sea, y que se tarda apenas diez días en recorrerlo, que no estamos hablando del Camino de Santiago. No acabamos de dar con la tecla, y pensaba en ello al ser una de las caminantes Laura Domínguez, una chica de gran inteligencia para estos asuntos de la publicidad.

No estaría de más que pensemos en ello, porque esa huella celiana cada vez es menos visible, aunque lo importante, el paisaje y los pueblos, ahí siguen esperando a no sé qué, a que pase la crisis, puede que esta vez. En la capital, por ejemplo, aficionados como somos a derribar todo lo que parezca viejo, los que sigan el libro de Don Camilo, ya no van a encontrar ni el Hotel España, ni la talabartería de Casa Montes, ni al aprendiz Luisito, que en realidad se llamaba Daniel, ni a Armando Mondéjar, el niño de pelo color de pimentón con quien habla y le despide Cela camino de Taracena, ni por supuesto ningún merendero con el nombre de Tánger, camino de Zaragoza.

Es verdad que esa huella física, casas y monumentos, está muy diluida desde que Salva y yo seguimos los pasos de nuestro insigne viajero, pero la Alcarria sigue siendo esencialmente la misma y es una gozada descubrirla siguiendo los pasos de nuestro más ilustre escritor, que solo las circunstancias le hicieron marchar a un chalé de Puerta de Hierro cuando se había quedado a vivir entre nosotros.

Esto es lo que hay. Y me parece que lo aprovechamos poco.

P.D.- “Yo soy republicano, pero pertenezco a un partido en el que convivimos con mucha normalidad republicanos y monárquicos, y que en el año 78 hizo un acuerdo político que consistió en que la izquierda renunciaba a pedir la República y la derecha renunciaba a la Dictadura”.“Se trata de un acuerdo que en el caso de que haya de ser modificado se deberá producir un amplio consenso y esa es la posición del PSOE».

Esta declaración la hizo el secretario provincial del PSOE, Pablo Bellido, tras la abdicación de Don Juan Carlos y buscar en ella un asomo de rebelión republicana en el PSOE de Emilio García-Page es de una estupidez mayúscula, pero que encima se haga desde algún medio público regional es de una torpeza imperdonable. Bellido se ajustó al discurso oficial del PSOE desde la Transición, que tantas veces han repetido Adolfo Guerra o Felipe González, y que responde a ese pacto constitucional que tanto parece molestar a cierta izquierda y a sus clones en la derecha más montaraz, que lo único que demuestran es no haber leído un libro de historia en su vida. Ni entiendo el empeño de unos por señalar con el dedo a republicanos que no pretender derribar  la Constitución, ni la desmemoria de otros, como ese tal Cayo Lara de Argamasilla de Alba, que nos dice que la elección es entre democracia y monarquía, como si todas repúblicas que hay en el mundo fueran democráticas, y  sus antecesores en el PCE que aceptaron al rey y a la Constitución una banda de traidores.

Como no tengamos un poco de cuidado, este populismo televisivo a lo Sálvame Diario versión redimamos a la Patria y al Pueblo mañana, si es posible, mejor, nos puede comer por los pies. Y mira que alguno se lo merece.

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