Una buena noticia para el Hospital, compatible con el convenio

El presidente regional Emiliano García-Page trajo el lunes una buena noticia para Guadalajara. Además de anunciar algo esperado, la reanudación en los próximos días de las obras del Hospital (en la anterior legislatura solo se acometió el nuevo aparcamiento, y al final de la misma), comunicó que se van a implantar dos nuevas especialidades, Cirugía Pediátrica y Medicina Nuclear, que suponen en torno al 75% de las derivaciones de pacientes guadalajareños a otros hospitales de Castilla-La Mancha y Madrid. Luego, el consejero de Sanidad, Jesús Fernández,  habló incluso de plazos: entre 14 y 16 meses para que terminen las citadas obras de ampliación (entre julio y finales de 2017) y entre 25 y 30 meses (hacia finales de 2018) para que las nuevas especialidades estén dotadas de personal y en funcionamiento.

Nos gusta esta iniciativa del gobierno regional por cuanto aumenta la autonomía del Hospital de Guadalajara y en especialidades muy cualificadas y demandadas. El aserto de García-Page de que prefería gastarse el dinero en Guadalajara que dedicarlo a pagar facturas a  la comunidad  de Madrid por las derivaciones de pacientes que allí se realiza es irreprochable. Cuantos más servicios se puedan prestar en el Hospital de Guadalajara, mejor que mejor. Y nos tranquiliza también escuchar que Castilla-La Mancha no tiene intención de denunciar el convenio con la comunidad de Madrid con independencia de lo que ocurra con la franja norte de Toledo.

En repetidas ocasiones desde Guadalajara Diario hemos defendido el convenio con Madrid porque nos ha abierto unas puertas, que al desaparecer los fondos de cohesión se habían cerrado para nosotros. El gobierno regional tiene que ocuparse de que estas puertas no se vuelvan a cerrar porque se cruce  el conflicto que hay con la atención en Toledo, que desde la Junta se considera lesiva a los intereses regionales.  Sea como fuere, lo único que nos interesa es que la atención en Guadalajara es completamente diferente; se presta toda ella en hospitales públicos madrileños  de acreditada competencia, y se paga en función de lo gastado.

Los gobiernos regionales de Madrid y Castilla-La Mancha deben llegar a acuerdos para separar ambos casos, porque el destino de Guadalajara, por su singularidad que deviene de la geografía, no debe ir atado a los intereses de otras provincias. En ese sentido, no podemos estar más de acuerdo con el presidente regional. Pero hacemos ver la necesidad de seguir manteniendo el convenio con Madrid, con independencia de que sus servicios cada vez sean menos necesarios, por el crecimiento del Hospital de Guadalajara, porque no somos tan optimista como García-Page sobre el retorno de los fondos de cohesión.

El presidente regional reclama que su financiación se debería resolver con los fondos de cohesión y sin necesidad de convenios, porque de lo contrario todo el sistema nacional de salud estaría en peligro. Tan de acuerdo estamos con este planteamiento, que incluso nosotros vamos más allá y seguimos pensando que las transferencias sanitarias especializadas, al margen de la asistencia Primaria, se realizaron demasiado pronto sin haber resuelto antes estos problemas de encaje y que ponen en riesgo la existencia de una verdadera sanidad nacional. No es solo que el gobierno de Rajoy haya reducido los fondos de cohesión: es que las comunidades “ricas” quieren seguir con su adelgazamiento, y nos tememos que esto va a seguir sucediendo con Rajoy, Sánchez, Rivera y hasta con Iglesias y sus nacionalistas. ¡Ojalá no hiciera falta el convenio con Madrid! Pero mientras no haya otro tipo de acuerdos para la financiación de las Autonomías, lo único que nos garantiza que los pacientes de Guadalajara puedan ser atendidos en los hospitales más cercanos es este convenio. Que es perfectamente compatible con el crecimiento de la cartera de servicios del Hospital de Guadalajara en una estrategia anunciada por el presidente regional, que aplaudimos y respaldamos.

Coda: En Guadalajara ya están confirmadas todas las listas menos una, la del PP. Aunque se ha venido a sugerir que no habría cambios, a pesar de los malos resultados en las últimas elecciones, mientras la dirección nacional del PP no las proclame, tiempo hay. En estas fechas en Génova hacen sondeos casi diarios en los que se pregunta por el nombre de diferentes candidatos y su potencial influencia en unas elecciones. Así acabó Román como candidato al Congreso hace cuatro años. Claro que eran otros tiempos. Y otras cospedales. Por lo que supongo que, al final, Román no va a tener más remedio que “liberarse”, para que los plenos no empiecen a las tres de la tarde. Pero…En política, hasta el rabo todo es toro. Y para que el PP pueda optar a recuperar el segundo escaño en Guadalajara no solo van a tener que echar toda la carne en el asador. A lo mejor necesitan hasta género nuevo; y aun así. Esto es lo que hay. Por ahora.

Buscando a Cela en la Alcarria

Este libro que ahora presentamos es la segunda edición del que vio la luz en 1982, cuando España abría la ventana olímpica al mundo, y que escribí mano a mano con mi maestro y director en Flores y Abejas, Salvador Toquero, que  desde hace  nueve  años transita por los eternos paisajes del cielo. A su memoria se lo hemos dedicado, y aquí estamos intentando lidiar esto de la mejor manera posible.

Buscando a Cela en la Alcarria no se iba a llamar en principio así.  Salva y yo habíamos pensado en titularlo: “Tras la huella de 57 personajes”, que son todos los que aparecen en el Viaje a la Alcarria,   pero al final nos pareció que era más expresivo – y comercial, no lo negamos-, sacar a don Camilo a pasear por la portada. Aunque a Cela no le habían concedido todavía el Nobel, era uno de los escritores españoles vivos  más populares, y no solo por sus indudables méritos literarios, sino porque salía en televisión y participaba en alguna tertulia. En nuestro camino por aquella Alcarria de 1982 nos dimos cuenta de que él ya disfrutaba de la púrpura de la fama, circunstancia que nunca le desagradó.  Él siempre fue consciente de que literatura y popularidad favorecían  el éxito, y las ventas, y en ese sentido  Cela fue un adelantado de otros autores famosos

Buscando-CelaPensamos en ese título: “Tras la huella de 57 personajes”, porque como ya señalamos entonces queríamos  saber de la peripecia humana de los personajes del Viaje a la Alcarria.  Habían transcurrido  37 años desde que Cela recorriera, las veces que fuera, la Alcarria para escribir su libro con lo que –imaginamos—si tardábamos unos años más, había serio riesgo de perder la huella de algunos.  Y tengo que decir que en la mayoría de las ocasiones llegamos a tiempo. Pudimos charlar  presencialmente con los personajes del viaje de Cela, con otros lo hicimos por teléfono, y acabamos por  hacerlos nuestros.  Ahora que se conmemora el centenario de su nacimiento ya no sería posible.

Escribir una novela sobre los personajes del Viaje a la Alcarria, 37 años después, ofrecía también otra alternativa que nos apasionó. Cuando el mozo Cela decidió coger morral y venir a la Alcarria, “un país al que nadie le da la gana de ir”, tal y como advirtió a sus lectores, la Guerra civil española había terminado apenas hace 7 años y la rendición de la Alemania de Hitler era muy reciente: hacía un año.  Era una España y una Europa pobre y misérrima, marcada por la contienda,  que no podía escapar a un viaje costumbrista.

Por eso Cela tuvo que salir a los caminos de la Alcarria pertrechado de la correspondiente autorización, que le proporcionó el gobernador de entonces, y que sospechamos hubo por los menos un pueblo en el que no le dio la gana de mostrarla. Es uno de los capítulos más curiosos de nuestro libro. La aparición de algunos fotógrafos  alemanes y de un misterioso personaje que vivía alejado en Trillo, un año después de terminar la guerra, y que según supimos trabajó para la embajada alemana, nos hizo volar la imaginación. Pero ahí lo dejamos. Nuestra misión no era escribir un libro de investigación, sino una novela sobre los personajes del Viaje a la Alcarria y enmarcados en la Guadalajara de 1982.  Una España que vivía los primeros años de su joven democracia tras una compleja y laboriosa Transición para que este país dejara de ser una tierra de vencedores y vencidos. Porque las guerras civiles no las gana nadie; todas se pierden.

Tenemos que decir con satisfacción  que Buscando a Cela en la Alcarria nos fue bien. La Diputación nos ayudó comprando mil ejemplares, que fueron a su protocolo y a  las bibliotecas de la provincia, y el resto hasta 3.000 se vendió en las librerías o por correo, sorprendiéndonos los pedidos que recibimos desde distintas provincias de España y de universidades extranjeras ocupadas en el estudio de la trayectoria literaria de Cela.  Tal es el interés que despertaba la figura de Cela,  que entre Salva y yo comentamos que acabaría recibiendo el Nobel.  Se lo concedieron siete años después, en 1989, y lo más curioso: por entonces ya era vecino de la Alcarria, ya que tenía alquilado  un chalé en El Calvín;  y el dinero del premio le sirvió para comprarse  una casa de campo en la ribera del Henares  en la finca del Espinar.

El resto de los ejemplares los vendimos en actos promocionales que organizamos por la Alcarria.  Nos es obligado  reconocer que en la mayoría de los pueblos se nos dio muy bien. Así que la primera edición terminó agotándose hasta que 34 años después,  y  otra vez con el impulso de la Diputación, siempre atenta a la cultura de la provincia, vuelve a reeditarse el libro, coincidiendo con el centenario del nacimiento de Camilo José Cela, que  se va a celebrar con profusión de actividades. Esto nos permite varias cosas, a saber: corregir el libro y enmendar las erratas que se nos escaparon –más de la cuenta—entre la redacción y la imprenta. Permitir a Luis Barra, nuestro fotógrafo, imprimir con más calidad las fotos que utilizamos para la primera edición, e incluir algunas que se quedaron fuera por falta de espacio. Y para que nada falte, hemos recurrido otra vez a Antonio Burgos para realizar la portada. Un cuadro suyo realizado ex profeso sirvió de portada para la edición de 1982, y es tan bueno que Cela nos lo pidió para su museo. Y allí está, por Iria Flavia. Pocos pintores como Antonio Burgos saben plasmar el paisaje alcarreño con tanta maestría,  así que no podía haber segunda edición sin Burgos.

Y para completar la faena, el editor de esta segunda edición es un chaval que nos acompañó en el asiento trasero del coche en aquella primavera alcarreña de 1982, y que hoy se ha convertido en uno de los mejores diseñadores  que hay en nuestra provincia. Gracias Fernando Toquero por el esfuerzo, en nombre mío y el de de Salva, tu padre, que hoy estaría muy satisfecho sabiendo que el propósito que nos llevó a la carretera y a los pueblos del Viaje a la Alcarria  se vuelve a renovar  34 años después.

Aunque el tiempo ha borrado la huella viva de la mayoría  los personajes del libro de Cela,  y que acabaron siendo nuestros,  el  libro Viaje a la Alcarria está tan vivo como siempre. Y sigue siendo nuestro mejor escaparate  para un país, nuestra Alcarria, al que  la gente ya le está dando la gana de ir.  Ahora no hay fondas, como en 1946, pero sí una cada vez mejor  red de hoteles y casas rurales que tienen un inmejorable producto que vender: el del paisaje alcarreño, y el de sus habitantes, duros como es esta tierra,  que siguen esperando, a nada y a nadie, con una eterna sonrisa de resignación.

Nota del autor:  El contenido de este post forma parte del prólogo a la reedición del  libro Buscando a Cela en la Alcarria, escrito por Salvador Toquero y Santiago Barra en 1982, y que será presentado este miércoles, a las 19,30 horas en el salón Antonio Pérez del centro San José, con entrada libre.   

 

Lo de Román, un mal “ejemplo”

“La ciudad está bien gobernada y atendida. Estoy al frente de la Alcaldía y lo seguiré estando. En todas las campañas electorales que he realizado siempre he dejado claro que no abandonaría la Medicina y creo que es perfectamente compatible la actividad profesional con la actividad política. La ciudad sigue gobernada de manera satisfactoria”.

El alcalde Antonio Román hacía esta declaración el viernes por la mañana  en un acto público momentos antes de celebrarse el pleno municipal  en el que se iba a votar la moción del PSOE en la que se le exigió la dedicación exclusiva a sus funciones de alcalde.  “Estoy al frente de la  Alcaldía y lo seguiré estando”. El aserto no era gratuito por cuanto en los días anteriores se había extendido la especie de que Román podría otra vez encabezar la lista al Congreso ante los malos resultados  obtenidos por el PP en Guadalajara el 20-D, y luego ya se vería si dejaba o no la Alcaldía a Jaime Carnicero. La presentación de la  moción de Daniel Jiménez no era ajena a toda esta rumorología, y en cualquier caso buscaba poner en aprieto a Román en un asunto en el que nuestro alcalde se mueve con incomodidad.  Román no ocultó sus reproches al portavoz de Ciudadanos, Alejadro Ruiz,  a quien  le llegó a recriminar que permitiera con su abstención la aprobación de una moción en la que se reclama la “exclusividad” del alcalde en contra de lo que ha venido defendiendo en los últimos días.  Un servidor nos descartaba que Ciudadanos se acabara subiendo al carro de Jiménez, pero me sorprendió que no se negociara una transaccional en la que se dejase claro que no se estaba prohibiendo que al alcalde pudiera ejercer la medicina, aunque de una manera residual, como había defendido tradicionalmente laa formación naranja.  Finalmente, Ciudadanos, tras ese ejercicio previo de funambulismo se quedó a mitad de camino con una abstención que en la práctica supone un voto afirmativo; y Jiménez se llevó el gato al agua al conseguir aprobar su moción sin que se le cambiase una coma. Y si algún día  volviera a traerse al pleno la solicitud de  compatibilidad para que el alcalde pudiera ejercer la medicina en una clínica privada de forma residual, ya sabemos cuál será el voto de la izquierda: lo rechazarán, como lo hicieron cuando el propio Ruiz y el vicealcalde Carnicero obtuvieron la compatibilidad para poder ejercer  su profesión de abogado a pesar de la “exclusividad” de la que ambos disfrutan en el Ayuntamiento.

Tenemos, por tanto, una  moción aprobada  en la que se reclama a Román que se dedique en “exclusiva” a la Alcaldía; y la respuesta inmediata del interesado: eso lo hará cuando él lo decida, porque de la misma manera que él no les dice a la oposición qué concejales debe liberar, tampoco acepta que sea la oposición la que haga lo propio con el equipo de gobierno.  El asunto tiene su enjundia. Veamos.

A mi juicio ambas situaciones no son comparables, porque no tiene la misma trascendencia  qué concejales se “liberan” en la oposición con la situación, digamos que contractual,  del alcalde de Guadalajara.

Se han hecho muchas críticas al respecto sobre si el trabajo que Román desempeña por las mañanas en el Hospital supone el abandono de sus funciones como alcalde. Pero nada de lo que hemos conocido hasta ahora me permite certificar que eso sea cierto. Es verdad que la actividad representativa se ha trasladado a la jornada de tarde, pero esta no ha dejado de ser intensa a pesar de que  Román trabaje por las mañana en el Hospital. Una jornada de tarde que el alcalde prolonga hasta bien entrada la noche como si en lugar de ser democristiano fuera una fanático calvinista  en lo que supone un sacrificio personal importante. Que él se lo ha buscado, evidentemente.

No es verdad, por tanto, que Román tenga desatendida la Alcaldía, ni que la ciudad esté penando por ello. Es cierto que el vicealcalde tiene que estar más pendiente de los asuntos diarios, y especialmente los que suceden por las mañanas,pero tampoco la situación es muy diferente al papel que desempeñó Ricardo Calvo (q.e.p.d.)  en la época de Javier de Irízar, que con buen criterio jamás llegó a cerrar su despacho profesional –porque la política no es para toda la vida—o incluso compatibilizó la Alcaldía con cargos en el Congreso, el Senado o la presidencia de las Cortes regionales. Forma parte de un discurso populista el que une dedicación a un cargo público con la exclusividad, y posterga otros méritos como la capacidad o la eficacia. Siempre que esa actividad compatible con el ejercicio público se haga con transparencia.

No creo por tanto que Román se haya despreocupado del Ayuntamiento, y me consta que su dedicación a él es más larga que la mayoría de los ediles que tienen dedicación “exclusiva”, sin embargo sí me parece razonable que si Román era el póster y el cartel del Partido Popular estas cosas deben avisarse y explicarse durante la campaña electoral. Román tiene argumentos  de sobra para defender que quiera compatibilizar la política con su profesión de médico, y hay mucha gente que no solo lo critica sino que lo ve como como algo normal; y hasta saludable. ¿Por qué Román no puede trabajar en el Hospital  y en la Alcaldía, y sí lo puede hacer en la Alcaldía y en el Congreso o en el Senado, una práctica habitual en la política española?  ¿ O es que  la estajanovista jornada laboral de Román lo que pone en evidencia a otros que aun teniendo la exclusividad no aparecen por el Ayuntamiento por las tardes?

Ciertamente: no deja de ser chocante que en en un ayuntamiento que tiene 16 ediles liberados,  y en el que todo quisque cobra total o parcialmente del erario público –aunque sea en otras instituciones–, sea el Alcalde de la ciudad el único que no cobre un euro del presupuesto, más allá de las dietas por asistencia a plenos y juntas. Insisto: es chocante, incluso admito que la situación más razonable es que  la actitividad principal en Román fuera su Alcaldía, pero su ejemplo está haciendo que la ciudadanía se plantee: ¿No son demasiados 16 ediles cobrando del erario municipal,  más luego el personal eventual que dispone cada grupo (sólo el equipo de gobierno puede tener hasta 12 técnicos y administrativos más), y luego nos enteramos que hasta para hacer un plan de participación hay que encargárselo a una empresa privada?

El ejemplo de Román puede ser tóxico para los que han hecho de la política una profesión, como si fueran funcionarios, y que incluso pretenden cobrar como si lo fueran; ahí está la petición de Podemos en el parlamento regional. Pero la política debe entenderse solo como una situación temporal en la vida de una persona, que ha tenido la sana intención de dedicarla al servicio público. No creo que solo sea nostalgia mi recuerdo de  las primeras legislaturas democráticas, en que los grandes ayuntamientos estaban formados por cualificados representantes profesionales, líderes obreros y empresariales y de los movimientos asociativos, que en su gran mayoría no tenía una dedicación “exclusiva” para que los ayuntamientos funcionasen. Porque para eso están los funcionarios públicos.

Entonces no habría supuesto ningún escándalo que un alcalde fuera por las mañanas a trabajar al hospital. Más les habría irritado saber que 16 ediles de los 25 están cobrando de las arcas municipales, personal eventual aparte, y todavía a algunos  les parece poco.

En ese sentido, Román está dando un malisimo ejemplo. Como Eladio Freijo, el concejal franquicia de este ayuntamiento, y que solo cobra el 25% del sueldo del municipio, porque el 75% restante lo sigue percibiendo de su trabajo en la Diputación Provincial, en donde sí es funcionario. Esto es lo que hay:  ¡Mire que son ganas de poner en evidencia a la tropa, señor Freijo!

Coda:  Pablo Bellido será el candidato al Congreso del PSOE. Es lo justo después de la mala pasada que le jugó la Justicia al demorar más de la cuenta un pronunciamiento sobre una querella que luego fue archivada. Tras contar con el respaldo de García-Page, el Comité Provincial del PSOE así lo pidió formalmente el sábado. Y la actual diputada, Mari Luz Rodríguez la “breve”, está conforme porque le van a buscar un sitio entre las 6 primeras de la lista en Madrid, después de que Meritxel Batet e Irene Lozano, la hayan hecho un hueco. En el que podría tener sitio destacado Eduardo Madina, aunque Sánchez se está resistiendo. Y este que tras el 26-J. Viene el incierto 27.

 

 

 

Que los políticos no lo acaben estropeando

La preocupación nos llegó ayer con el fracaso de la primera reunión entre las delegaciones de las consejerías de Sanidad de Madrid y Castilla-La Mancha, a cuyo frente se encontraban los titulares de las mismas: Jesús Sánchez Martos y Jesús Fernández Sanz, respectivamente. El resultado: Madrid dijo “no” a la pretensión de Castilla-La Mancha de renegociar el convenio sanitario y desligar a los municipios del norte de Toledo,  que dejaría solo como beneficiaria a la provincia de Guadalajara. Según ha podido trascender, aunque no ha habido un comunicado de la consejería madrileña al respecto, el convenio  es «indivisible».

No digo que no me sorprenda lo ocurrido, por el sectarismo con el que se mueve la política española (solo hay que ver lo que está pasando con el postureo de negociaciones para formar gobierno), y en la que a menudo se ponen por delante los intereses electorales de los partidos a los de la ciudadanía, aunque sinceramente no acierto a comprender por qué demonios el convenio es “indivisible”,  como si se tratara del mismo niño que expusieron a Salomón para dar prueba de su sabiduría.

Solo por ello, reconozco que me inquietó la intención del gobierno del gobierno de García-Page de desligar del convenio a Toledo y mantener lo acordado con Guadalajara, y si a mí me hubieran preguntado habría hecho como el sabio rey judío: no tocar nada. Pero no por ello dejo de reconocer que el gobierno de Castilla-La Mancha  tiene argumentos no desdeñables  para buscar una renegociación en el caso de la franja toledana limítrofe con Madrid. El argumento principal es que las necesidades  «son perfectamente cubiertas tanto por su hospital de referencia en la capital regional como por los centros de especialidades, diagnóstico y tratamiento de Illescas y Ocaña», precisa el consejero Jesús Fernández.   Y que los hospitales de referencia que darían asistencia a los usuarios toledano de esa franja son los de Parla y Aranjuez, que tienen una cartera de servicios muy básica: carecen de especialidades de nivel de neurocirugía, oncología radioterápica o cirugía pediátrica. No obstante, hay una segunda razón más y  que se convierte en otro poderoso argumento: de los 126.000 habitantes que hay en la zona solo 17.000 se han apuntado, de momento, a cambiar la sanidad castellano-manchega por la madrileña. No hay por lo tanto el clamor que se respira en Guadalajara. Y los datos son elocuentes Aunque el convenio solo entró en vigor a mediados de 1015, un total de 1.232 personas de Guadalajara ya han sido atendidas en hospitales de Madrid.  Más de mil doscientas personas que de otra manera se habrían tirado de los pelos cada vez que cruzaran Madrid para ser atendidos en hospitales más lejanos en La Mancha.

Mientras la consejería de Sanidad madrileña no nos lo explique mejor, no hallo el motivo de por qué el convenio es “indivisible” si las situaciones son totalmente distintas. Porque en el caso de Toledo estamos hablando de que los usuarios de la franja  recibirían asistencia completa en la sanidad madrileña, y Castilla-La Mancha  pagaría por ello, cuando en Guadalajara los usuarios siguen perteneciendo al Sescam y solo son derivados a Madrid en las especialidades que no hay en el hospital. Para ello, con buen criterio, hay designados tres acreditados hospitales de referencia en función de la especialidad a prestar: La Paz, Ramón y Cajal y Puerta de Hierro. Y no tiene nada que ver un caso por el otro, porque esa atención que reciben los pacientes guadalajareños en esos tres hospitales se paga, factura a factura, por el gobierno de Castilla-La Mancha según unos precios que se acuerdan entre ambos en el marco del convenio.

Es falso, por tanto, equiparar ambos modelos y no se entiende la explicación del gobierno madrileño  de que el convenio es “indivisible”, por lo anteriormente apuntado. La facturación de los pacientes de Guadalajara se hace individualmente, y sin que tenga nada que ver lo que pase en los hospitales de Parla y Aranjuez.

Quiero pensar, por tanto,  que esa tajante respuesta de Madrid forma parte del comprensible malestar general,  porque a las primeras  de cambio Castilla-La Mancha quiera modificar sustancialmente el convenio, y echarse atrás con lo acordado sobre Toledo, y que a lo largo de la negociación se puedan resolver las cosas de una manera civilizada entre dos comunidades autónomas vecinas, con tantos puntos de interés en común. Ahí está el caso en Guadalajara de la Universidad de Alcalá de Henares, la Mancomunidad de Aguas del Sorbe, los acuerdos sobre extinción de incendios…O los miles de avecindados en ambas comunidades que trabajan o estudian en la autonomía vecina.

No quiero ni pensar que la falta de entendimiento entre los políticos de ambas comunidades, o  por espurios  intereses electorales, se eche a perder de vista lo principal: que están elegidos para resolver los problemas a la ciudadanía.  Y lo que no puede ser, porque esas cosas no pasaban ni con Franco, es que un enfermo de Molina de Aragón o de Azuqueca se tenga que ir a Albacete a consulta por culpa del mal funcionamiento del estado autonómico. Ahora que algunos hablan alegremente de autodeterminación a la carta, hay que recordar que las autonomías de Madrid y Castilla-La Mancha se constituyeron sin que mediara un referéndum o consulta popular. Así que esto es lo que hay,  o como dicen los gallegos: “Mejor no meneallo”.  Y no nos compliquen más la vida. Que bastante tenemos con el espectáculo de egos al que estamos asistiendo desde finales de diciembre.

 

 

Un plan plurianual para el campus de Guadalajara

El   Grupo Socialista va a introducir una modificación en el Presupuesto de 2016 para Castilla-La Mancha para que se aumente la subvención  a la Universidad de Alcalá de Henares para el campus de Guadalajara. Pero como no hay dinero (quien crea que con irse Cospedal van a acabarse los recortes en esta comunidad está confundido, el problema de autonomías como esta es más de fondo, pero no me quiero enredar), se ha buscado una solución para salir del paso consistente en detraer esos 1,5 millones de los dos millones que Castilla-La Mancha debería aportar al ministerio de Defensa de su parte para la compra de los terrenos de las Cristinas. La otra parte –unos siete millones- la pone el Ayuntamiento en especies: parcelas urbanizables  a razón de siete millones de euros de valoración.

Tal solución ha sido hablada –sería más preciso decirlo así que negociada—con el rector de la Universidad de Alcalá y su equipo que días antes habían resaltado una obviedad: que el coste  por alumno en el campus de la Universidad de Alcalá en Guadalajara asciende a 1.929 euros para la Junta de Comunidades, mientras que con los Presupuestos regionales para 2016 este mismo alumno en la Universidad de Castilla-La Mancha (UCM), le saldrá al gobierno regional por unos 5.000 euros. El rector de la UAH, Fernando Galán, pidió entonces  que Castilla-La Mancha debe subir la financiación o se generará déficit. Y la respuesta ha sido destinar 1,5 millones más a la financiación de la UAH a costa de diferir en cuatro anualidades el pago de los terrenos a Defensa. Nadie ha dado todavía el nuevo dato sobre cuánto se habrá reducido esa diferencia de financiación con la nueva subvención, aunque lo que me importa ahora subrayar es otra cosa: se puede aceptar siempre y cuando se tenga por el gobierno regional como una solución “extraordinaria”, pero dado que existe  un anuncio por parte de García-Page de invertir unos 50 millones de euros que se necesitan para reformar el colegio de Las Cristinas –que es un inmueble de los años setenta—sería muy conveniente que se concretara en un compromiso por escrito a modo de plan plurianual en el que se especifique cómo se van a abordar los pagos, cuándo van a comenzar esas obras, cuál es su calendario de terminación y en todo ese tiempo  cuáles son las carreras que va a acoger. No olvidemos que ya se han anunciado dos ingenierías relacionadas con la logística y el diseño de equipamiento médico. Si no se hace eso y dejamos todo a la improvisación y a ver qué podemos arañar en cada presupuesto para el nuevo campus pues pasará lo de siempre: que se dejan las cosas para última hora, como hizo el gobierno Cospedal,  y al final solo queda tiempo para ponerse en la foto.  

Lamentablemente hasta ahora desde Toledo –y ahí están los datos sobre financiación–, no se acaba de entender que Castilla-La Mancha tiene dos universidades regionales: la UCM, con campus en todas las provincias menos en Guadalajara, y la de Alcalá de Henares, que no solo tiene un campus en Guadalajara sino que con el de Alcalá aporta una oferta de enseñanza de calidad de la que se podría beneficiar más la región entera. ¿O es que si los de Cuenca tienen que estudiar derecho en Albacete no deben buscarse una residencia allí?

El rector de la UAH Fernando Galván fue muy claro sobre las posibilidades de Las Cristinas para actuar como residencia universitaria. Con motivo el acto conjunto celebrado allí, Fernando Galván recordó la importancia de hacer una “buena residencia” de estudiantes en las Cristinas, aprovechando las instalaciones que ya existen de cuando la habitaban las huérfanas de militares, y recordó que esa futura residencia podría atraer no solo alumnos del resto de la comunidad autónoma, sino de otras provincias españolas y el extranjero. De hecho, ya hay alumnos en el campus de Guadalajara que proceden de Cuenca y Toledo, y podría haber más si hubiera más oferta de residencias.  Y esto es algo que, insisto, no se le da la suficiente importancia desde Toledo cuando supone triplicar la oferta universitaria para toda Castilla-La Mancha y con el marchamo de calidad y prestigio que con justicia tiene la Universidad de Alcalá de Henares.

Pues bien, para que no pase lo de siempre, que dejemos otra vez las cosas para el final y solo para la foto,  es necesario ese plan plurianual que despeje el horizonte no solo del nuevo campus universitario de Guadalajara sino del papel de la Universidad de Alcalá en la educación superior de los guadalajareños, de la que formamos parte, también para ampliar con la nueva residencia de estudiantes  esa oferta universitaria hacia el resto de Castilla-La Mancha, y para el alumnado que llega a la UAH desde otros puntos de España.

Coda 1: No hubo acuerdo entre los portavoces sobre la actualización de los sueldos a los ediles, el pleno comenzó cuarto de hora tarde, y al final el alcalde decidió retirarlo. No le veo al señor Román con muchas ganas de dejar su trabajo de médico por las mañanas y ponerse un sueldo en el ayuntamiento,  que encima debería negociar con los grupos políticos. Tal y como está de revuelto el panorama…

Coda2: El pleno municipal empezó a las 12,20 y acabó a las 17,35. Si hacemos un esfuerzo emitiendo el pleno en directo, pero luego lo hacemos coincidir un viernes con la hora de la comida, pues no parece  que sea lo más indicado. Incluso para la cobertura de los medios de comunicación.

Coda 3: Cuando oigo a algún portavoz decir que apoya unos presupuestos  porque ha aumentado el gasto social y disminuye la inversión me echo a temblar. Porque para que  haya gasto social tiene que haber antes inversión productiva, que es la que genera ingresos con los que  luego poder hacer políticas sociales. Que los apóstoles del gasto público no lo olviden.  Cada euro que se va al gasto en detrimento de la inversión productiva es un recorte más en el futuro.  Esto es lo que hay.

Uso y abuso de la consulta a la ciudadanía

En un espacio de quince días dos populosas localidades de la Campiña de Guadalajara, con un perfil sociológico muy parecido –gran expansión en los últimos tres lustros, con incorporación masiva de población que trabaja en áreas urbanas—han sido llamadas a sendas consultas ciudadanas.

En el caso de Torrejón del Rey se preguntó exclusivamente por los festejos taurinos y acudieron un 22,2% del censo convocado, un número nada despreciable aunque muy lejos de lo que es una participación habitual en unas elecciones locales. De ellos, el 57,14% votó sí a la continuidad de los toros y el Equipo de Gobierno –una coalición entre PSOE y Ahora—ha anunciado que lo asumirá sin perjuicio de que pueda volver a ser reconsiderado más adelante.

En Cabanillas la fórmula empleada fue a mi juicio mucho más correcta porque no solo se planteaba el asunto de los toros sino que se dio pie a que los vecinos opinaran sobre todo el conjunto de actividades y saraos que tiene un programa de festejos en una localidad grande de Guadalajara. La consulta tuvo una participación menor a la esperada (el 10,5% del censo de mayores de 16 años), no alcanzándose ese 25% que el alcalde José García Salinas se había fijado  como vinculante.

Como en el citado ayuntamiento no hay ningún partido que tenga mayoría deberán ser los grupos políticos los que analicen los resultados y obren en consecuencia. Si bien el alcalde con buen criterio ya avanzó que en caso de que la participación fuera inferior a ese 25%, “consideraremos la encuesta también como un mecanismo de pulsar la opinión, y trataremos de ajustar nuestras decisiones, de modo flexible, a las mayorías que se reflejen».  En ese sentido, aun con una baja participación la consulta he dejado claro que hay una inmensa mayoría de votantes a los que les gustan los  espectáculos musicales variados (el 74,4), las cenas y comidas populares (el 66,15), las actividades deportivas y culturales ( el 79,9%) y las actividades infantiles ( el 79,5%). No gozan de esa unanimidad la contratación de un artista con caché nacional, porque el 32,4% está en contra y el 11% no sabe/no contesta que es tanto como decir, “pues depende de lo que me traiga usted señor alcalde”. Y como era previsible en donde más oposición ha existido fue en los toros porque el 58,4% de los que fueron a votar quieren que desaparezcan de la programación. Los toros en España no pasan por sus mejores momentos, están más organizados los antitaurinos que los taurinos, ya no hay cantantes pop como Sabina o Jorge Urrutia que vayan a los toros como en los tiempos de las movida, han dejado de estar de moda entre la juventud porque hace tiempo que pasaron a la clandestinidad virtual, y se han puesto las cosas tan crudas que los que antes escribimos contra aquellos pueblos que se gastaban todo el presupuesto de festejos en cuernos ahora hemos tenido que defender los toros desde la libertad que todo hecho cultural debe gozar. Muchas cosas han cambiado en Cabanillas, sí, desde aquellos años en que su feria taurina se llevaba la mayor tajada del presupuesto, pero que ahora se diera el portazo a todo lo que huele a toros no dejaría de ser una exageración más. Aunque parece congruente que el ayuntamiento establezc  un orden de preferencia en base a lo que ha arrojado la consulta.

Dicho todo esto, sí quiero llamar la atención sobre el uso de este tipo de consultas ciudadanas y el abuso que puede suponer la llamada a las urnas a los vecinos. Parece como si ante el miedo o la falta de criterio de un equipo de Gobierno sobre una cuestión espinosa, la solución es convocar a la ciudadanía para que nos resuelva el problema. Y eso tiene un riesgo, que los vecinos no se sientan concernidos por las premuras de sus concejales y no acudan a las urnas, porque piensan en buena lógica que tienen otras cosas mejores que hacer. Los grupos municipales  tienen que afinar más a la hora de elaborar sus programas y plantear sus posiciones con más claridad, y no como ahora que rehuyen  cualquier cosa que sea susceptible de quitar un voto. No deja de ser chocante que ningún partido de Cabanillas llevara en su programa el asunto de los toros. La utilización generalizada de consultas y referéndum no es deseable, por no decir que podría resultar populista  en función de lo que se pregunte. Les aseguro que si preguntan a los vecinos que si quieren que se reduzca a la mitad el suelo de los alcaldes y el número de concejales liberados y asesores de todo tipo les dirán que sí.

A los electores hay que llamarles a las urnas para asuntos de gran tascendencia, pues no en vano vivimos afortunadamente en una democracia representantiva y para eso elegimos a nuestros ediles, para que nos representen en base a un programa electoral que debe ser lo más detallado posible. Los ayuntamientos pueden hacer uso de otras fórmulas para pulsar la opinión del vecindario, como pueden ser los sondeos o la consulta a instituciones y/o asociaciones representativas –que hay muy pocas, como todos sabemos-, pero lo único realmente democrático es cumplir con el programa electoral.

Por eso, cuando hay que hacer reelecturas y refundidos para lograr una mayoría gobernante, me gustaría que se me consultara en segunda vuelta sobre el particular. Pero en las urnas, como sucede en Francia, no con consultas irrelevantes y otras frascachelas.

Coda: Dijo Rajoy en Toledo que “no se va a rendir nunca”. Pero esto no es una competición para saber quién resiste más o cuál es el político español con más capacidad de retorcer sus propuestas, pactando con dios y con el diablo a dos bandas. El asunto está en qué conviene al PP, también al PSOE, y en última instancia a España y al pueblo español, que mayoritariamente ha votado por opciones moderadas, y no quiere aventuras populistas. Y como buen aficionado al fútbol que es Rajoy sabe que cuando un partido está insulso y el balón no llega a las áreas, no hay más remedio que mover el banquillo. Claro que bien es cierto que pocas veces he visto a un futbolista decir: “mister, mejor me quita ,que no es mi día, y pone a fulanito, que es una gran promesa”.      

Pero esto es lo que hay, señoría.

Han fracasado y deben dar un paso atrás

Los partidos constitucionalistas tienen una amplísima mayoría en el Congreso de los Diputados. La plataforma de gobierno que podría constituirse entre las fuerzas parlamentarias que forman PP, PSOE y Ciudadanos agrupa a 253 diputados de un total de 350. Siendo esto así, ¿por qué estos partidos que comparten, con sus diferencias, un modelo económico basado en el Estado del Bienestar; una visión global de una Europa unida; un tronco común de valores sustentados en la la libertad de pensamiento, la división de poderes  y la primacía de los derechos humanos, la  democracia representativa y el respeto por la propiedad privada? ¿Por qué estos partidos que beben en las fuentes ideológicas  de la nueva Europa (conservadores, liberales y socialdemócratas),  que emerge tras la derrota de los nacionalismos totalitarios en la II Guerra Mundial,  no se han dado ni la más mínima oportunidad para llegar a un acuerdo sobre un programa de reformas trasversal, que al tiempo de garantizar un escenario de estabilidad para que nuestra economía no vuelva a retroceder, se puedan llevar a cabo algunas reformas constitucionales que parecen estar en el ánimo de todos?

Si todo esto esto es así,  hay que señalar a los responsables de los dos partidos mayoritarios, por haber puesto antes sus intereses personales, por delante de los más amplios de sus partidos, como referentes de unas ideologías respetables y  en última instancia de los de España en general.

Mariano Rajoy  sigue sin entender que aunque ha sumado 123 escaños no ha ganado las elecciones, porque estamos en un sistema parlamentario en el que para ganar hay que poder formar gobierno. Perdió la ocasión de llevar la iniciativa en el proceso,  por la pereza que le dio ir a una investidura que tenía perdida de antemano, y a partir de ahí su papel ha declinado. Probablemente no sea justo, porque la gestión de Rajoy es como una escala de grises, que van desde el negro al blanco,  no es el momento de abundar en ello, pero en los últimos tiempos ha sido atropellado  con los últimos casos de corrupción en su partido, que él preside, y que lo convierten en un líder inconveniente para presidir un gobierno de coalición de amplio espectro. Rajoy ha dejado de ser en estos momentos un activo de futuro del Partido Popular, prescindiendo de que sea justo o no, y cualquier remota posibilidad de entendimiento con los otros partidos constitucionalistas pasa porque él dé un paso atrás. Y a partir de ahí, el PP debe entrar en un proceso de regeneración que tiene que alcanzar a toda la estructura del partido; y cristalizar en un relevo generacional para el que los populares tienen piezas muy interesantes: Feijóo, Cifuentes, Casado, Maroto…El último servicio que Rajoy puede hacer a su partido, y a España, es analizar con objetividad todo lo que ha pasado, y obrar en consecuencia. Porque el 26 de junio está a la vuelta de la esquina. Y el PP no puede presentarse con la misma ropa vieja. En el debate con Pedro Sánchez  estuvo sarcástico y brillante, a veces, demostrando que es mejor parlamentario que comunicador de masas. Pero no es suficiente.

Pedro Sánchez sigue sin entender que aunque ha sumado 90 escaños es el peor resultado de la historia del PSOE, y que tampoco ha ganado las elecciones. Su estrategia solo ha tenido un frente, cortar cualquier posibilidad de negociación con el PP de Rajoy, lo que le obligaba a la cuadratura del círculo: lograr el apoyo de la izquierda populista y antisistema, y contar con la complicidad  de los partidos independentistas. Unos y otros han dejado muy claro que no han tenido nunca voluntad de negociar sobre supuestos aceptables para un partido socialdemócrata, español y europeo, con lo que en un ejercicio de escapismo Sánchez  negoció un pacto aritméticamente imposible con Ciudadanos, que parecía más pensado en servir de spot electoral ante las previsibles elecciones de 26 de junio, que a lograr a lo que había ido: la investidura. Parece seguro que Sánchez será el candidato socialista a esas elecciones, porque no hay tiempo para muñir otro cartel electoral, aunque sus enfrentamientos directos con su rival de verdad, que no es Rajoy, sino Pablo Iglesias, no le han dejado en buen lugar. Hay que tener más energía y más condiciones para enfrentarse a este nuevo populismo de retórica tardomarxista 2.0, que deberá buscar en la historia misma de la socialdemocracia, y que Sánchez no parece querer asumir. Aunque hay tiempo, tendría que desdecirse a lo Groucho Marx para poder negociar con éxito  con quienes lo han vapuleado y proclamar aquello de: “Estos son mis principios, señora, pero si no le gustan tengo otros”. No creo que lo haga, ni que le dejen.

Albert Rivera sumó 40 escaños, y como él dejó claro que no daría un voto favorable a un gobierno en el que estuviera Podemos y respaldaran los independentistas, tomó su pacto con el PSOE y la sesión de investidura de investidura como lo que realmente fue: el primer mitin de las elecciones del 26 J. Rivera ya utilizó la noche electoral de las elecciones  en Cataluña, con esos cánticos de Cataluña es España, el altavoz para convertirse en la alternativa  no socialista en toda España.  Todavía no lo ha logrado, porque Ciudadanos  es un partido urbano, y sin organización en la España profunda, a la que asusta con medidas disparatadas, y sin medir, como son liquidar los ayuntamientos en municipios  con población inferior a los 5.000 habitantes o la desaparición de las diputaciones, y que en la práctica supondría la desaparición administrativa de provincias como la de Guadalajara, que tiene diez veces más historia que la mayoría de las comunidades autónomas, que absorberían su papel y gobierno. Dicho esto, Rivera me pareció de lejos el mejor orador del debate y tuvo la inteligencia de presentarse como la alternativa real de Rajoy, y dirigirse a esas clases medias proletarizadas, que han pagado los platos rotos de  la crisis, y que han llegado a la conclusión (no cierta) de que  tienen poco que perder, porque el sistema ya no les protege. Rivera hizo el discurso de investidura a Pedro Sánchez, porque si el candidato no acabó de entender que no estaban ahí para hacer una moción de censura a Rajoy, el líder de Ciudadanos no perdiò la ocasión para focalizar todo su discurso ante el electorado más crítico del PP, citó a Suárez y reivindicó  los valores de la Transición para enviar un mensaje inequívoco: aquí hay una alternativa a este PP,  su serón de votos. La defensa del acuerdo con el PSOE (que los sondeos lo bendicen, no se olvide) tuvo más calidad y más propuestas en el discurso de Rivera que en el del candidato Sánchez, ocupado solo desmontar las principales leyes aprobadas durante el gobierno de Rajoy, que aquello parecía el mismísimo concilio de Trento. ¡Con liquidar todo lo que ha hecho Rajoy estamos salvados!

A Rivera le hace falta el hervor que dan los años en política para adquirir la patina de presidente del Gobierno, pero va camino de ello, y sobre todo  si en el PP lo que se le opone es más de lo mismo.

Pablo Iglesias dejó muy claro desde el segundo uno, que no estaba allí para negociar con Sánchez ninguna alternativa de gobierno, sino para reemplazarlo el 26 J como líder de la izquierda. Tomó el Congreso como si fuera el plató de La Sexta con toda suerte de actitudes provocadoras hacia al candidato; imitó la estética soviética de Breznev y Honecker para salir en las portadas dándose un pico con el portavoz de su franquicia catalana; y en una estrategia genuinamente leninista trató de ensuciar al adversario atacando en lo que más venera, en este caso el ex presidente Felipe González, cuya amplia trayectoria política en favor de la democracia española resumió con  estas palabras: “tiene el cuerpo manchado de cal viva”. No cabe mayor zafiedad de un dirigente político que debutaba en un parlamento democrático y que aunque algunos no se aperciban, porque lo arropa en en un lenguaje atrevido y no exento de talento, hizo el discurso más antiguo de todos: el de la vieja retórica marxista que divide el mundo entre buenos y malos, entre explotados y explotadores, entre el pueblo y la oligarquía,  siendo él con su clarividente liderazgo  el encargado de conducir a las masas a ese nuevo paraíso del proletariado. Una cosa tenemos que agradecer a Iglesias:  no engaña a nadie, él no llega a la política para reformar un sistema que,  con sus contradicciones, ha logrado las mayores décadas de prosperidad y paz en Europa. Quiere poner la Constitución y a España del revés,  y busca a un Kerensky entre los socialdemócratas que le sirva de tonto útil en el primer trayecto. Por eso ensucia la memoria del presidente  González, porque el líder socialdemócrata es de los que no se callan. Tanto en España como en la Venezuela de  su amigo Maduro, cuyo régimen populista tiene a los principales dirigentes de la oposición en la cárcel, y no por secuestrar a alguien o colaborar con una organización terrorista… como Arnaldo  Otegi, ese hombre de paz..

Y acabó como comencé: una inmensa mayoría del pueblo español, 253 de 350 diputados, no quieren mandar la Transición por el desagüe; no quieren experientar con políticas rertrógradas que no son homologables con los valores de libertad y solidaridad que alumbraron la Unión Europea; no quieren que el incipiente crecimiento que ha experimentado la economía española en los dos últimos años se vuelva a poner en peligro. Es la gente corriente de este país, que no levanta la voz,  ni acampa en las plazas,  ni arranca papeleras, y que espera  generosidad y altura de miras en Rajoy y en Sánchez.  En Italia esto lo desatascaría  un presidente de la República con la investidura de un presidente del Consejo de Ministros que fuera trasversal a esa mayoría parlamentaria, y al que se le confiaría la dirección de un programa de gobierno reformista explícito, pactado y con un calendario muy preciso.

Pero España no es Italia, ni Felipe VI es Giorgio Napolitano, porque si al pobre rey se le ocurriera buscar un Monti  al margen de los cabildeos parlamentarios de unos dirigentes políticos que no se saben mover en este nuevo escenario a la italiana, le acabarían comparando con Tejero.      

Esto es lo que hay. Me temo que el 26-J tendremos que ir a votar. Y luego a ver  si a nuestra clase dirigente le gusta lo que sale.

Con políticos tan sectarios como los de ahora, que se creen que la política es un oficio más, y no un servicio temporal a su comunidad, en la Transición no habríamos pasado del título I de la Constitución.

Han fracasado,  y deben dar un paso atrás.

¿De verdad que no se puede hacer nada con los nuevos juzgados?

Días atrás la senadora socialista Riansares Serrano constataba lo que es evidente: que nadie construye en la parcela de los nuevos juzgados, después de que hace cinco meses se pusiera la primera piedra en un acto que, como se acredita, fue puramente electoral. De hecho, los Presupuestos Generales del Estado de 2016 apenas incluyen una partida de 1.900.240 euros de un total del proyecto de 15,2 millones de euros. Y la previsión más optimista que desde el ministerio de Justicia se manejaba entonces es que el  edificio pudiera entrar en funcionamiento en 40 meses, hacia 2019, siempre que no hubiera retrasos en las sucesivas adjudicaciones.

A la vista está de que esta previsión optimista era incluso demasiado optimista  para lo que es la cruda realidad  (ningún obrero cogió luego la pala con la que el señor ministro de Justicia y acompañantes se hicieron la foto protocolaria de la primera piedra), me voy a permitir el lujo de ser políticamente incorrecto y reconoceré que casi me alegro de que no hayan empezado, porque este proyecto para la ciudad de Guadalajara es un disparate. Así de claro.

Yo comprendo a los trabajadores de los juzgados cuando protestan ante la mala situación de un suelo que al parecer desprende algunas sustancias susceptibles de ser inflamables, o por las  deficiencias en la ventilación.  Entrendo también a la Fiscal Jefe de la Audiencia Provincial de Guadalajara, Dolores Guiard, que ha pedido varias veces que el nuevo edificio de los Juzgados de Guadalajara “se construya lo antes posible» en base a la creciente población de una provincia frontera con Madrid que demanda una Administración de Justicia.

Yo participo de ambos deseos, pero confío en que ellos me entiendan también a mí, y como vecinos que lo son de esta ciudad permitan que a la a la vez me pregunte: ¿Qué vamos a hacer con ese edificio lisiado cuando se marchen los juzgados? ¿Cómo repercutirá dicho traslado en la actividad comercial en el casco antiguo, que en esa zona anima en gran medida el funcionamiento de los juzgados? ¿Es normal que nos metamos en dibujos sobre nuevos juzgados cuando hay en Guadalajara edificios históricos, que se están cayendo y que son de titularidad pública? El Fuerte de San Francisco mismamente, que dio buenos dividendos a la Junta de Comunidades con la venta de los terrenos, que el Ayuntamiento recalificó en urbanizables, aunque luego ha incumplido sistemáticamente el convenio que firmó para mantenerlo en buen estado.

Comprendo perfectamente que funcionarios de la justicia, fiscales y jueces (no sé ya qué opinarán abogados, procuradores y usuarios sobre tener que acudir a una ubicación que estaría en medio del campo) sobre la mejora que supondrá para su trabajo unos nuevos juzgados en los que no solo tuvieran cabida los órganos jurisdiccionales que actualmente actúan en Guadalajara sino que también los que pudiera venir en un futuro.

Pero si fuera edil del Ayuntamiento de Guadalajara, y no ya digamos alcalde, tendría una espina clavada por una solución que a corto plazo será buena para la Justicia de Guadalajara, pero a medio plazo agrava aun más la sostenibilidad del propio casco.  ¿Se imaginan, vacío, el actual edificio de los juzgados, cuánto tiempo tardaría en dar trabajo a los modernos juzgados por la acción de los expoliadores? ¿Cómo se degradaría el barrio por no dar una solución urbanística a un problema que también es urbanístico? ¿De qué nos vale hacer nuevos Planes de Ordenación Municipal cuando no hemos sido capaces de cuidar el patrimonio público que tenemos en solares y edificios?

Esto es lo que hay. Parece que somos incapaces de resolver un problema sin crear otro.

CODA 1:  «La educación en Castilla-La Mancha lleva el color rojo, el color rojo del Partido Socialista». Es una frase, claro, ¡pero qué frase! La pronunció la actual consejera de Educación y Cultura, Reyes Estévez, hostigada por el portavoz de Podemos José García Molina, después de pedirle su dimisión, y la consejera se descolgó con esta perla para congraciarse con la bancada socialista. Si algo así se le ocurre al citado Molina, le calificamos de leninista para arrriba. Y si  hubiera salido de la boca de popular Marín, lo de fascista se me queda corto. Pero el problema ya no es solo desbarrar en el fragor de un debate, lo peor es  no pedir disculpas y aclarar qué diablos quiso decir la consejera gallego-alcarreña con que la educación lleva el color rojo del Partido Socialista. “¡Arriba Castilla-La Mancha!”

CODA2: Sigue el postureo del que les hablaba en mi último artículo. No es que sea complicado, sino lo siguiente, intentar pactar por la noche con un partido liberal, que está obligado a defender unos principios sobre la economía de mercado, y al día siguiente con los neocomunistas, que ya no disimulan que lo que pretenden es constreñir al mínimo esa libertad de mercado y limitar la propiedad.  Visto el panorama, ni Pedro Sánchez sabe si al final conseguirá la ilusión de su vida, ser presidente de España, un estado que quieren romper una parte de los que aritméticamente tendrían que respaldarlo. ¿Pero le va a merece la pena? ¿Nos va a merecer la pena?

CODA3: Tras los últimos casos de corrupción que vuelven a salpicar a las cúpulas del Partido Popular en Madrid y Valencia me imagino que  la renuncia de Rajoy “in vigilando” como candidato a algo solo falta ponerle la fecha que más convenga a su partido; aunque me gustaría decir que a España. Otra cosa es que el PP quiera acabar como UCD, lo que a buen seguro no se merecen las muchas personas honradas que todos conocemos militan en ese partido. Pero incluso para ellos: ¡Hasta aquí llegó el agua!

Empieza el postureo

Pedro Sánchez inicia esta semana las rondas  de conversaciones para su investidura. Solo tiene 90 diputados de los 350 que conforman la Cámara, pero la caprichosa aritmética parlamentaria le ha conferido capacidad de veto sobre el partido  que ganó en minoría de las elecciones,  hasta el punto que los 123 escaños de Mariano Rajoy  pesan menos que los 90 de Sánchez. Para ello solo le basta seguir rechazando cualquier tipo de gobierno en el que pudiera formar parte el PP, que a estas alturas se está planteando si debería ir Rajoy a  la entrevista o mejor enviar a Dolores Cospedal a recibir el 18º “no” de Sánchez. Supongo que al final irá Rajoy,  por el qué dirán.

El segundo paso de Sánchez será insistir en que quiere un acuerdo con Ciudadanos, porque es lo más demandado en las encuestas, aunque es puro postureo. Entre PSOE y Ciudadanos solo suman 130 escaños y aunque Sánchez pedirá al PP que se abstenga para ahorrarse la negociación con Podemos, el PNV y la abstención de los independentistas, sabe que incluso para Rajoy es pedirle demasiado,  porque su partido solo tiene 7 diputados menos que PSOE y C’s juntos. No lo conseguiría ni aunque se lo pidan de rodillas los 35 presidentes del Ibex 35.

Por postureo, Sánchez busca formalmente un acuerdo con C’s, sin el PP, aunque ya le ha dicho Albert  Rivera que él no estará en un gobierno con Podemos. Pedir a un partido de ideología liberal que pacte un programa económico con la izquierda populista es más absurdo que nombrar a Maduro presidente del Banco Mundial. No hay donde rascar, por mucho que a Sánchez le ponga presidir un tripartido a izquierda y derecha.

Así que al final llegaremos, inevitablemente, al único camino posible, el llamado “gobierno de progreso” a muñir  con la izquierda más izquierda y la tolerancia de los independentistas. Ahí Sánchez se va a encontrar con enormes dificultades, porque no es lo mismo pactar algunas políticas sociales con Podemos, como ha hecho García-Page en Castilla-La Mancha, que poner sobre la mesa de operaciones  al Estado en toda su magnitud y abrirlo en canal. La negociación entre PSOE y Podemos va a estar dominada por el postureo,  porque  ni Sánchez ni Iglesias quieren ser señalados ante el electorado de izquierdas  como los responsables del fracaso, si finalmente hay que ir a unas elecciones a finales de junio. Es más, más de uno en el PSOE se teme de que esta decisión ya esté tomada por Iglesias, alentado por los últimos sondeos que proyectan a Podemos como primer partido de la izquierda en caso de repetirse las elecciones. En esas circunstancias, ¿qué no podría pedir  Iglesias a Sánchez para aceptar formar parte de su gobierno? En un escenario de confrontación, el líder de Podemos tiene todas las de de ganar porque es mucho mejor actor que Sánchez, y la actual política española se ventila más en los estudios de televisión que el parlamento.  Y ya no digamos desde que Iglesias se ha comprado un esmoquin de primer actor, que ya lució con desparpajo en la noche de los Goya, que como todos sabemos es escenario más solemne que una recepción en el palacio Real.¡Dónde va a parar! Resines con Felipe VI.

Como ya tengo escrito, la negociación con Podemos y sus marcas blancas acarreará la mayor dificultad para que Sánchez sea presidente, y en este sentido habrá que seguir con mucha atención lo pueda contar Jordi Sevilla al respecto, que hasta ahora no ha dicho ni “muuu”.

Si logra el pacto con Podemos,  solo le quedará a Sánchez asegurarse el apoyo del PNV y que los independentistas se vayan al aseo durante la segunda votación, para ser proclamado presidente. Es lo más fácil. De hecho, Sánchez  los va a tratar en sus rondas de conversaciones en el mismo plano que a Rajoy. No les dará el libro gordo de Petete , en el que se encuentran sus propuestas más generales, como hará con Podemos y C´s,   ni habrá una negociación formal para que entren a formar parte de su mayoría. No le hace falta. Esquerra Republicana y el partido postpujolista  lo último que quieren es ver a alguien del PP o C’s en el gobierno, y estarán encantados con poder negociar sobre el derecho a decidir con el ministro de la cosa soberanista que nos quiere colocar Iglesias. Pero también será un fraude, porque no se olvide que ese nuevo “gobierno de progreso” no tendría mayoría cualificada para cambiar una sola coma de los artículos fundamentales de nuestra Constitución.

La única duda es si en el PSOE dejarán a Sánchez que transite por caminos tan inciertos, que le abocarían a ser abandonado a su suerte a las primeras de cambio   (PSOE+Podemos suman 159 votos y PP+C´s llegan a 163), o si preferirán el incierto destino de unas nuevas elecciones que no tienen buena pinta para los socialistas.  Yo tengo pronosticado desde hace un mes que a Sánchez le van a dejar hacer los barones, a no ser que Podemos provoque deliberadamente una ruptura con peticiones desmesuradas,  y que al líder socialista le puede salir la cuadratura del círculo.

¿Quedan más posibilidades? No. Cualquier otra combinación a la italiana exige que  Rajoy y Sánchez den un paso atrás, para que pudiera fraguarse una solución de compromiso en beneficio de España por los dos grandes actores que promovieron la Constitución. Pero ninguno lo va a hacer, porque los políticos españoles no tienen la finezza de los italianos, ni el patriotismo de alemanes o franceses, ni las milicias partidarias se lo van a exigir. Será después. Cuando al  PP no le quede más remedio que dar la vuelta a su partido como a un calcetín,  agujereado por la corrupción,  o acabará como  UCD. Y el PSOE deberá -algún día-  reinventar una alternativa  socialdemócrata si no quiere terminar como el PASOK en Grecia. Pero ahora no estanos en eso.

Ahora lo que toca es que Pedro Sánchez haga de Harry Houdini y con solo 90 diputados sea elegido presidente del Gobierno de España.  Esto es lo que hay.

Campus: se impuso el sentido común

Llevo escribiendo desde hace mucho  tiempo que no hay más alternativa para el campus que ubicarlo en el casco antiguo (lo contrario habríado sido una aberración urbanística) y entre todas las opciones la solución de las Cristinas es la mejor de todas; y la más factible.

Por su emplazamiento estratégico, para los alumnos y profesores que vengan del Corredor, tiene al lado la Estación de Autobuses y para los que opten por el ferrocarril hay una comunicación directa y rápida con los autobuses que salen de la estación de Renfe, que son todos. Además, su acceso en vehículo es fácil y directo desde la A-2 en coche.

Un campus en el María Cristina ayuda a ampliar el entorno universitario ya existente con la Facultad de Educación y el nuevo aulario (prefabricado, no se olvide) donde se imparte Comunicación Audiovisual . Por primera vez habría algo parecido a un campus en Guadalajara. Pero es que además  en el complejo de Las Cristinas hay terreno suficiente para cualquier posible ampliación que pudiera ser necesaria y en el entorno hay dos edificios públicos, que están llamados a formar parte de la expansión de la Universidad, si en esta ciudad y en esta región tuviéramos un  mínimo de sensatez. Me estoy riferiendo, claro está, al edificio del antiguo Hospital Provincial (hoy cerrado y vandalizado) y el antiguo Parque Móvil Ministerios, también cerrado, pero que todavía no ha sido destruido por las termitas, aunque están en ello. Al tiempo. Estaríamos hablando por tanto de una almendra universitaria en el centro de la ciudad que garantizaría el desarrollo de la UAH  en los próximos cien años. Y no exagero.

En esas circunstancias, destinar Las Cristinas al crecimiento de ese campus es la solución natural, y máxime cuando la instalación, la antigua residencia de Huérfanas de Militares, hace tiempo que se había clausurado, y años más tarde, también, el colegio público que había ocupado parte de sus aulas. El ministerio de Defensa tiene un complejo impresionante, pero que sin utilidad no dejaba de ser un muerto, que cualquier día podía ser vandalizado, aunque tampoco tampoco se les podía pedir que lo regalaran cuando ese ministerio ha sido el primer pagano de la reducción presupuestaria por la crisis económica. El gobierno de Cospedal  perdió tres años, porque estaba a otras cosas –y así le fue luego–, pero el  Ayuntamiento trabajó mucho y bien, puso sobre la mesa parcelas urbanizables  en los nuevos desarrollos de Guadalajara por valor de 7,6 millones, que permutaría con el ministerio de Defensa para compensar los 9,6 millones en los  que finalmente fue tasado el centro de Las Cristinas. El resto de la cantidad, poco más de 2 millones correría a cargo de la Junta de Comunidades. Ese protocolo se firmó en el último suspiro de la legislatura anterior  y se concedió un plazo de un año, hasta  el 31 de marzo de 2016, para rubricar el correspondiente convenio. De no hacerlo,  volveríamos a perder una legislatura entera, como llevamos haciendo, un año tras otro desde 2005.

Esos dos millones van a estar en el Presupuesto regional para 2015, así lo anunció el presidente García-Page , y así lo aprobaron las Cortes regionales vía Proposición No de Ley presentada por el Grupo Parlamentario Popular.  Quedan flecos pendientes, que convendría tejer con más habilidad de la demostrada hasta ahora por la Consejería de Educación, porque no se entiende que la Junta avanzara que se van a crear dos carreras nuevas, ingeniería biomédica y logística -que aparentemente  tienen mucho sentido  en el área de Guadalajara–, y la Universidad de Alcalá no supiera nada, según dijo el alcalde Román. ¿Significará esto que se renuncia a implantar las dos nuevas carreras que ya se habían anunciado, Odontología e Ingeniería Industrial? Estas cosas hay que hablarlas con la Universidad, ajustarlas en las Presupuestos de Castilla-La Mancha, que financia los nuevos estudios, y luego se anuncia. A alguno/a parece que le han podido las prisas.

Queda también el asunto del pomposamente llamado Parque Tecnológico, que ahora nos dicen que irá en el Ruiseñor. Llevamos más de quince años hablando de este famoso parque tecnológico, ligado a la universidad, pero en este tiempo  nadie nos ha explicado cuál va a ser su modelo. Imagino que tendrá algo que ver con algún tipo de fundación público-privada, que alentará la innovación  y la interrelación entre la universidad y las empresas, pero como la cosa va para largo (solo ahora empieza a moverse algo en el citado polígono), pues tiempo tendremos para seguir dándole vueltas.

Lo importante es que Junta, Ayuntamiento y  Universidad se van a subir todos en el mismo barco, cuya hoja de ruta no puede ser más ambiciosa: sentar las bases para el desarrollo universitario de la ciudad a lo largo de la próxima centuria. De nada vale seguir hurgando en viejas heridas cuando el tiro se ha corregido y cuando  García-Page ha vuelto a demostrar que no es político dado a meterse líos cuando hay una solución franca, aunque no se le haya ocurrido a él.  A fin de cuentas en esto consiste el buen funcionamiento de un sistema, que los que vienen continúan la labor de las anteriores. Los rupturistas tienen que hacer el trabajo de Penélope: primer destejer lo anterior para tejerlo de nuevo;  tarea doble.

Hay que reconocer por tanto la buena disposición del gobierno de Page para acercarse a posiciones en las que podemos  coincidir todos, lo que no se hizo en el primer intento de ubicar al campus en el descampado del Ruiseñor, no sabemos con qué intereses, cuando el consejero de Educación de entonces dijo a Román la famosa frase de: “estos son lentejas”, y Román tragó con las legumbres. Clara equivocación de todos, porque no hay nada mejor que un  nuevo campus para dinamizar el centro histórico de una ciudad. En Alcalá de Henares lo saben muy bien, porque la rehabilitación de su viejo patrimonio ha ido muy ligado al desarrollo universitario, como ha sucedido en Toledo con la Junta de Comunidades.

Guadalajara no podía dejar pasar una nueva oportunidad, por cierto, como ha hecho con los nuevos juzgados que los va a sacar del centro para llevarlos a otro descampado junto al cuartel de los Geos. Otro error mayúsculo que desangrará todavía más al casco viejo, que tiene edificios históricos suficientes en proceso de ruina esperando una misión en la vida. ¿Qué vamos a hacer con el antiguo convento de San Francisco, que los distintos gobiernos de la Junta de Comunidades reniegan de cumplir las obligaciones que figuran en el convenio que en su día firmó con el Ayuntamiento? ¿Para que queremos un antiguo Hospital Provincial que ya ha perdido la mayor parte de su cubierta? ¿Y con el antiguo Parque Móvil? ¿Y  con el actual edificio de los juzgados en la plaza de Beladíez el día que se inaugure el nuevo edificio al otro lado de la A-2? ¿Por qué las administraciones son normalmente tan incompetentes en gestionar su patrinonio, que es el de todos?

Esto es lo que hay. Bienvenido sea este nuevo clima  en torno al campus que se ha creado, y que alentamos, y  confiemos en que nadie lo estropee por puro sectarismo. ¡Pues no tienen ahora espacios para la legítima confrontación ideológica que no sea el campus, que es un proyecto de todos!

Ir a la barra de herramientas