Donde dije digo digo Diego

Desde verano de 2010 la conexión entre el pantano de Alcorlo y la depuradora de la MAS en  Mohernando estaba terminada. Pero nunca se llegó a dar la última paletada, como es la unión física entre la tubería que trae el agua de Alcorlo y la citada estación de tratamiento. Varios millones de fondos públicos estaban, así, muertos de risa en espera de una solución que era más política que técnica. Como se ha visto.

La Mancomunidad que preside Jaime Carnicero, del PP, pretendía que la Junta de Comunidades, gobernada por los socialistas, pagara la mayor parte de la obra, y aludía a que así se había hecho en casos similares en otras provincias. Pues bien, hubo elecciones, el PP gestiona ahora ambas instituciones y esta semana, con los votos en solitario de este partido, la asamblea de la MAS, partida en dos, aprueba un convenio por el que la mancomunidad pagará 12 millones de euros de la citada obra, Europa 14 millones a través de fondos Feder y una empresa pública de la Junta de Comunidades apenas 3 millones de euros. Donde dije digo digo Diego. Y una de dos: o antes desde la presidencia de la MAS se practicó una política obstruccionista o, ahora, se está cayendo en el entreguismo. En cualquier caso, lo que pondría de manifiesto es que las instituciones mancomunadas carecen de una autonomía real y que sus decisiones vienen supeditadas por la política partidista. Se llega o no a acuerdos en función del color político de turno. Y las mayorías no se consensúan. Se imponen por la fuerza de la aritmética. ¡Qué tiempos aquellos fundacionales en los que la MAS tomaba los acuerdos por unanimidad! Y solo cobraban los técnicos.

Al margen de todo este politiqueo barato, no es menos cierto que la conexión Alcorlo-Beleña es absolutamente necesaria para la MAS. La presa de Beleña no tiene capacidad suficiente si vienen dos años seguidos de sequía, mientras que en Alcorlo siempre sobra agua. Y el agua del Alcorlo, procedente del Bornova, es mejor solución que recurrir al canal del Henares, como se ha hecho las veces que ha hecho falta. En ese sentido, no hay discusión posible y la pena es que no se haga (hay informes ambientales que lo desaconsejan; y no hay dinero) la conexión al revés, es decir, Beleña-Alcorlo, para que los años en que Beleña se queda sin capacidad de embalsar, como ha sucedido en este, pueda derivar agua hasta Alcorlo.

También el acuerdo de la MAS se vincula a la llamada Tercera Conducción, que es demandada históricamente por Alcalá de Henares para asegurar su suministro futuro. Con esta Tercera Conducción se podrá duplicar el abastecimiento de agua y en teoría la MAS se podrá abrir a más municipios. Es otra cosa que había que hacer, ahora bien, hay discrepancias en el seno de la MAS sobre el momento elegido para ello y la financiación de la obra, que se traducirá en un encarecimiento del agua en alta, que posiblemente duplique su precio en un periodo de tres años. La realidad es que la Tercera Conducción no va a ser necesaria a medio plazo dado el importante descenso de los consumos, derivado especialmente de la crisis económica y del drástico frenazo a los nuevos desarrollos en el Corredor del Henares. Pero ahí queda.

Nada es gratis, estimados paisanos.

Un autobús no es un taxi, pero…

Les confieso que apenas cojo el autobús en Guadalajara. Pero cuando lo he intentado, y me pasó hace un mes, me tuve que bajar a la Estación en taxi, porque si lo seguía esperando habría perdido en tren. Tradicionalmente he tenido tan poca fe en el servicio de autobuses de Guadalajara, que jamás me he planteado sacarme un abono. Y puestos a confesar, supongo que no deja de tener narices la cosa porque sí tengo una tarjeta recargable de los autobuses urbanos de una ciudad del norte de España a la que me gusta escaparme.
Alguna vez he escrito sobre los motivos de tal desapego: siempre me ha parecido que en Guadalajara había muchas paradas, y que este era el motivo por el que las frecuencias de paso en nuestra ciudad fueran tan largas. También echaba de menos los indicadores sobre el tiempo que falta para que llegue el autobús, que existen en la mayoría de las capitales españolas. Por eso cuando escuché decir a Juan Antonio de las Heras que con las nuevas líneas se iban a afrontar ambas cuestiones ,me alegré. Y no voy a cambiar de opinión: un autobús no es un taxi, que tiene que pasar por todas las calles.
¿Por qué entonces las nuevas líneas están siendo objeto de tanta contestación? Por un lado, yo creo que la campaña informativa a los usuarios ha sido muy precaria. Hay que gastarse más dinero en informar e intentar llegar a todo el mundo en todos los soportes posibles. Y se ha fracasado con el número del teléfono gratuito, que no ha sido tal. Sospecho que es muy difícil que no cunda el pánico cuando se cambian las líneas de la noche a la mañana, sin existir una transición de por medio. ¿No se podría haber hecho de una forma más gradual?

Las críticas están por doquier, y ya no me refiero a las que tienen un interés político, sino a las que te trasladan los vecinos. Por ejemplo, hay barrios importantes de Guadalajara que se han quedado sin conexión directa con el centro: se me han quejado especialmente desde Aguas Vivas y Alamín, aunque también el problema afecta a Constitución, Colonia Sanz Vázquez, Defensores…

Quiero pensar que cuando estén funcionando esos avisadores en las paradas con el tiempo que queda para que llegue el próximo autobús, y circulen los autobuses nuevos, el servicio será más atractivo y competitivo. Pero no estaría de más, ni sería ningún desdoro, hacer algún cambio en los recorridos a la vista de la experiencia y que se analicen sin prejuicios las reclamaciones que se han producido. La filosofía está bien, hay que reducir las frecuencia de las paradas, pero De las Heras tiene que dejar a este niño un poco más apañado.

Esto es lo que hay.

Noy hay ética sin estética

Parafraseando a José Luis Aranguren, no hay ética sin estética. Pues bien, resulta de una estética zarrapastrosa, que no se le habría ocurrido ni al mismísimo Hommer Simpson, que el mismo día en que cuatro de los principales pantanos de la cuenca del Segura están desembalsando agua, porque están hasta arriba, va el ministerio de Medio Ambiente y de no sé cuántas cosas más, y aprueba un trasvase de 228 hectómetros con destino al Levante español. Para mayor recochineo, uno de los pantanos que según reconoce el ministerio de Arias Cañete y no sé cuántos más es el del Talave, que es el que recibe y acopia el agua que viene por el canal del trasvase. Es presumible, por tanto, que el agua que suelta la presa del Talave sea en parte del Tajo, con lo que habremos hecho realidad una expresión que se utiliza aquí como figura retórica no exenta de exageración: Que el Tajo acabaría desembocando en el Mediterráneo y no en el Atlántico.
Dicho todo esto, hay necesariamente que deducir que al ser ésta una decisión carente de toda estética es también un acuerdo que carece de ética. Porque vamos a ver: ¿Qué necesidad hay de tomar, ahora, este acuerdo cuando todavía nadie sabe cuáles van a ser las necesidades reales de la cuenca del Segura en abastecimientos y regadíos? O estamos ante unos borricos burócratas carentes de sensibilidad con el trasfondo político-social que lleva este asunto, o sencillamente son unos provocadores de baja estofa. Porque nadie puede saber a ciencia cierta cuáles serán esas necesidades para la temporada mayo-octubre con el mes de abril que solo acaba de empezar. Sólo la comisión del Acueducto Tajo-Segura, que con la aquiescencia de los burócratas que allí asientan sus posaderas, estimó que serían de unos 228 hectómetros. Dado que esta reserva no tiene que ser trasvasada para guardarla, allí, en sus embalses (como se hacía antes) no sé si será mucho pedir que la Junta de Castilla-La Mancha esté atenta a los trasvases que se hagan y si se ajustan a los fines contemplados en la autorización. ¿O es que habrá que seguir trasvasando aunque la cuenca del Segura tenga agua suficiente en su pantanos?
Pocas veces como en esta ocasión se ha puesto de manifiesto el error técnico que supuso la construcción del trasvase Tajo-Segura en las Entrepeñas del Tajo y en el valle del Guadiela. Al día de hoy, los embalses españoles están al 81,7 por ciento de su capacidad (a los reguladores no les gusta superar el 80% ante posibles avenidas) y entre todos ellos almacenan 45.225 hectómetros. En la cuenca del Tajo han tenido que hacer virguerías para no provocar graves inundaciones en Portugal. Pues bien, en la cabecera alta del Tajo, y a pesar de que se ha llegado a almacenar más de 90 hectómetros en una semana, solo embalsa el 32% de la capacidad total de Entrepeñas y Buendía. Son las peores cifras de toda España en cuanto a cabeceras de cuenca de grandes ríos.¡Hay que ser cenutrios para poner allí el desagüe del trasvase!
Pero también habría que hablar algún día sobre la escasa capacidad reguladora de la cuenca del Segura, que acostumbrada al chollo del agua del Tajo (una relación calidad-precio, imbatible) se han olvidado de seguir construyendo pantanos o ampliar los ya existentes. La cuenca del Segura está al día de hoy al 70,8% de capacidad, lo que equivale a 808 hectómetros sobre una capacidad máxima de 1141. Muy poco, como se ha visto ahora, y por eso se producen los desembalses hasta en la presa del Talave. ¡Tiene tela: El Segura al 71% y la cabecera del Tajo no pasa del 32%!¡ Y se aprueba otro trasvase!
Esto es lo que hay.

Ni canonizamos a Cospedal, ni la arrojamos al pantano

Una cuestión de pura aritmética. 240 es inferior a 400, como nos enseñó una tarde Espinete, así que malamente podemos defender que un pantano con 400 hectómetros cúbicos de agua está peor que otro con 240 hectómetros.
Se equivoca por tanto el PSOE al hacer una crítica maximalista al borrador del plan del Tajo. El Plan anterior, que salió con el respaldo de la Junta presidida por el señor Bono, estableció un mínimo para poder trasvasar en Entrepeñas-Buendía de 240 hectómetros cúbicos. Y Bono se mostró satisfecho porque antes no había ninguna línea roja. Se podrían haber llevado hasta el fango a Murcia, y habría sido legal. De hecho, en Entrepeñas se ha llegado a trasvasar para usos humanos con poco más del 5%. Teniendo en cuenta la aritmética de Espinete, entre 240 y 400 hay 260 hectómetros más “no trasvasables”; y allí se colocará la línea roja el nuevo Plan del Tajo, actualmente en fase de borrador. Solo con esto, hablar de “fraude” y de “atentado” a Guadalajara y Castilla-La Mancha es francamente una exageración, que tapa otras posibles y legítimas críticas que puede hacer como partido en la oposición.
Desde el otro lado, en el PP se refieren a que el nuevo Plan consagra una “reivindicación histórica” de Guadalajara y de los pueblos ribereños, logro que atribuyen con toda clase de elogios a María Dolores de Cospedal, que a este paso la van a sacar en romería en algún municipio ribereño. También un poquito de sosiego. A fin de cuentas, la elevación de esta cota mínima “no trasvasable” es una consecuencia lógica del reconocimiento, por parte del Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente de un gravísimo error ,y que está en el origen mismo del trasvase. Las aportaciones en el periodo medio 1980-2006 se “han reducido a la mitad de las previstas en el anteproyecto del trasvase Tajo-Segura de 1976”. Y en consecuencia, si no se aumenta la cota en la cabecera alta del Tajo, estaríamos incumpliendo todas las directivas sobre calidad del agua españolas y europeas. Así que tampoco nos volvamos locos, y quememos una falla para celebrarlo, porque 400 hectómetros en Entrepeñas-Buendía equivalen a apenas el 16,1% de la capacidad de ambos pantanos [Al día de hoy llegamos al 27%]. Una delgada línea roja, por cuanto se aplicará gradualmente en los próximos cinco años.
¿Qué el nuevo Plan del Tajo es un “fraude” porque viene a consolidar el trasvase Tajo-Segura?, dice el PSOE. ¡Pero señores míos, que el trasvase Tajo-Segura está consolidado desde que Barreda se jugó la caducidad del mismo a un órdago en el Congreso, y lo perdió! Y todo lo demás es poesía. Sí es en cambio verosímil, una crítica que le he oído a Jesús Alique. Esa cota mínima de 400 hectómetros tampoco garantiza que en un año de gran sequía, el gobierno de turno pueda saltársela a la torera si se producen unas “circunstancias extraordinarias”. Pero no es menos cierto, que con línea roja o verde, cualquier gobierno puede declarar una «emergencia» y derivar agua de socorro. Y digo más: no me parece mal, porque el agua es de España y no de la autonomía de turno. ¿Cuál es el problema? Que solo hay un trasvase entre cuencas y se hizo, datos cantan, en el lugar menos adecuado para ello: Entrepeñas y Buendía.
Es patético el espectáculo queentrepenas se monta en los municipios ribereños con estas cosas. Por de pronto, la asociación que tienen debían liquidarla. Porque jamás han sido capaces de mantener un criterio común, y siempre es lo mismo. El partido que la controla la utiliza de forma partidista. Al final, lo que se desprende es que si en Murcia hay más unidad que aquí es sencillamente porque se juegan mucho más que nosotros. Ellos tienen detrás del agua del trasvase un emporio económico que defender -porque el agua del Tajo es más barata y mejor que la captada en desaladoras-, y en la cuenca del Tajo el Plan no solo va recoger las necesidades de agua de la cuenca (60 hm3 al año en Madrid y 20 hm3 en CLM), sino que constata que los regadíos, aquí, tienden a disminuir.
Demagogias al margen, esto es lo que hay.

Que lo garanticen por Ley, como con la Universidad

Volvemos a estar otra vez solos. El cierre de los hospitales de Madrid y Aragón a la atención especializada de pacientes provenientes de Castilla-La Mancha solo afecta a la provincia de Guadalajara, y un poco a la de Toledo, por el corredor de la Sagra, limítrofe con Madrid. Al resto de la comunidad, y especialmente a las provincias manchegas ni “fu, ni fa”. O casi “fa” en el caso de Ciudad Real, que está siendo la principal beneficiaria de ese turismo sanitario autonómico hacia su hospital, porque cuando la gente se desplaza desde 300 y hasta 500 kilómetros de distancia para ir al médico tiene que desayunar, comer, merendar y hasta quedarse a dormir en la capital manchega, si hay que repetir consulta o esta se pasa a primera hora.
Volvemos a estar solos, y ya les aviso que este problema, que es tan grave para Guadalajara, ni tan siquiera será noticia regional, sino simplemente algo que les ocurre a los periféricos de Guadalajara, siempre enredando. Ni habrá debates en el parlamento regional como sucede con el cierre de las urgencias nocturnas en 6 puntos de Atención Primaria (un asunto baladí en comparación con el portazo de los hospitales de Madrid y Zaragoza), ni la oposición lo va a priorizar en su agenda reivindicativa, ni tan siquiera los medios regionales radicados en la capital imperial lo van a prestar mayor atención. Sobre este asunto intentarán que caiga un muro de silencio, como si no pasara nada, del que serían cómplices los políticos guadalajareños que deben su cargo al aparato toledano. ¡Ya ven la de mociones que se han promovido al respecto en la Diputación o los ayuntamientos! Ni una. Siguen sin querer enterarse. Y ya no digo de articular una posición común al tratarse de un asunto tan trascendental, que sería lo lógico. No quiero ni imaginarme la zorrera que habría montado el PP de Tomey, si esto hubiera pasado en la época de Bono. ¡Hay que ser autónomos y de Guadalajara antes que del PP o del PSOE!
Los convenios con las comunidades limítrofes ya no valen, como ha quedado demostrado. Son papel mojado. No hay que conformarse con firmar otro convenio con la comunidad de Madrid o con la de Aragón, que reconduzca el problema. Porque ya se ha visto que obliga a muy poco y una cosa tan importante, como es una asistencia hospitalaria cercana, no puede depender del capricho del gobierno de turno. La única solución que se debería aceptar es que el acceso al hospital de Zaragoza de las sexmas molinesas limítrofes se garantizara por Ley. De igual manera que la del resto de la provincia a los hospitales de Madrid. Como se reguló con una Ley la adscripción de Guadalajara a la Universidad de Alcalá, y que nos ha permitido seguir estudiando en la UAH, después de la creación de la Universidad de Castilla-La Mancha.
Necesitamos una Ley que garantice que no vamos a perder nuestros derechos como españoles, por encima de la pertenencia a una comunidad autónoma. Porque esto es lo que nos ha ocurrido con la Sanidad en Guadalajara. Que la Autonomía nos ha alejado de los hospitales que con el centralismo teníamos garantizada. ¡Se dice pronto!
Si no estuvieran dispuestos a ello, nos estarían obligando a buscar otros procedimientos para que los hospitales de Zaragoza y Madrid no nos den con la puerta en las narices. O en la camilla. Y ya saben a los que me refiero.
Esto es lo que hay.

Esta autonomía empieza a ser indefendible

Además de la seguridad y la libertad, consustancial con las democracias, dos son los servicios básicos que cualquier administración competente debe garantizar a sus ciudadanos. Uno de ellos es la Sanidad y el otro la Educación. Sin ellas, el Estado del Bienestar se va a la porra.
Cuando Madrid se quedó fuera de la Autonomía de Castilla-La Mancha, porque unos políticos ciegos que solo pensaban en ellos y en acaparar cargos así lo quisieron (nadie nos preguntó a los ciudadanos), ya avisé de que se nos podía complicar la relación con la Universidad de Alcalá en el momento en que la nueva autonomía tuviera su universidad propia. Afortunadamente, el asunto se resolvió con una Ley Especial en la que se hacía el reconocimiento expreso de que Guadalajara formaba parte de la Universidad de Alcalá, con independencia de su adscripción autonómica. No fue fácil, como bien sabe Javier de Irízar, entonces alcalde y senador, al que pediré nos cuente los entresijos de esa historia.
En relación a la Sanidad, no se tomó ninguna cautela especial con Guadalajara con el argumento de que a nadie se le iba a ocurrir poner fronteras a la Salud. Y se nos llamó de todo a los más desconfiados, que ya entonces pensamos que un desarrollo autonómico descontrolado acabaría colocando fronteras en la raya de Meco.
Pues bien, lo que siempre se negó por la clase política que nunca pasaría, ya ha pasado. Centenares de guadalajareños han tenido que ser operados o pasar consulta de especialidades que no hay en el Hospital de Guadalajara en Toledo(normalmente la cirugía), pero también en Ciudad Real y Albacete. A Cuenca van menos. Este turismo sanitario, cierto es, empezó ya con el anterior gobierno de Barreda, pero con Cospedal se ha generalizado, hasta el extremo de que el consejero de Sanidad, José Ignacio Echániz, reconoce que no hay dinero para pagar atenciones en Madrid, porque al Sescam le sale más barato que nos atiendan en la red regional. El origen del problema está en que al disminuir los fondos de Cohesión, que pagaban estas facturas sanitarias entre comunidades, cada autonomía se tiene que arreglar con sus pacientes. Con lo que si nadie lo remedia pronto no serán cientos sino miles los guadalajareños que habrán practicado este divertido juego del turismo sanitario regional.
En las entrevistas que he hecho recientemente a Emiliano García-Page y José Ignacio Echániz les saqué a relucir un caso que me han relatado, aunque cada día me llegan más. Una señora que debe hacerse una mamografía nuclear en Ciudad Real, y para llegar allí tiene que coger de madrugada un autobús para bajar a la estación de Guadalajara, luego un Cercanías hasta Madrid, desde Atocha toma el Ave hacia Ciudad Real, luego un taxi para que la lleve al Hospital, y llega de noche a Guadalajara después de haber pasado por una docena de hospitales en Madrid en los que le podrían haber hecho la prueba. ¿Qué me dijeron García-Page y Echániz? Que no hay derecho y que es un despropósito.
Se lo dije el otro día a Echániz tras la entrevista. «O arregláis esto, o esta Autonomía es indefendible en Guadalajara». Pero la solución no está fácil, porque el Fondo de Cohesión lo que tiende es a disminuir, por la presión de las autonomías más ricas, y no parece que la liquidez vaya a llegar a Castilla-La Mancha de un día para otro, porque como he repetido cien veces el problema de esta región no es solo de que lo que se derrochó durante las vacas gordas, eso está en vías de corregirse, sino del hundimiento de la recaudación por la caída del Iva y el Irpf.
Dicho esto, y sabiendo de las dificultades a las que se enfrenta la consejería del señor Echániz, no es de recibo que sean los ciudadanos los que paguen los platos rotos de una Autonomía, mal diseñada en su origen, y que no puede seguir pagando la atención de sus administrados en los hospitales más cercanos, sean en Madrid o en el sistema sanitario de Aragón. Porque este derecho ya lo teníamos antes de que se diseñara el Estado Autonómico, ya saben, para “acercar la administración al administrado” ¡Qué paradoja! Madrid, 55 km y 45 minutos. Ciudad Real, 261 km. y más de 3 horas por carretera.
Voy a acabar con otro caso real. Un hombre llama al 112 desde Razbona, porque ha tenido un ictus. El Sescam le envía un ¡helicóptero! (teniendo los hospitales de Madrid a media hora de ambulancia), que primero le lleva a Cuenca, pero allí pasa algo, y acaba siendo atendido en Albacete. Le pasan a recuperación y él pregunta qué cuando tiempo tendrá que estar en Albacete y si no le pueden llevar a Madrid, por la incomodidad y el gasto que supone para su familia. “¿Pero usted no es de Guadalajara?”, le preguntan. ´”Allí tengo una casa de fin de semana, pero yo estoy apuntado al sistema de Salud de Madrid”, responde. “Entonces no hay problema”, le dicen, y lo trasladaron a Madrid a seguir la recuperación al día siguiente.
Pues bien, si Castilla-La Mancha y esta España desarticulada y desvertebrada, no tiene capacidad para arreglarnos este desaguisado, tendrá que permitirnos a los de Guadalajara que nos apuntemos también a la sanidad de Madrid, como el señor de Razbona. O a la de Aragón, los de la raya con aquella comunidad.¡Y vaya que lo sentiría ahora que se conmemoran los 200 años de aquella primera Diputación de “Guadalajara con Molina”. Pero no acepto que todos reconozcan que esto es un “absurdo” y luego no pase nada; porque no están los tiempos para aventuras. ¡Que no estamos pidiendo la independencia de Guadalajara! Sino una reforma autonómica, o que nos dejen irnos con nuestros vecinos naturales. ¿Pero cómo se puede tener un hospital en Guadalajara y otro en Alcalá de Henares, a 25 kilómetros, y que no dispongan de ningún protocolo de colaboración, como si pertenecieran a países distintos? ¿Hasta adonde hemos llegado por la deriva de unas autonomías, como dice el catedrático Tomás Ramón-Fernández, que se han convertido en 17 estaditos yuxtapuestos y con un sistema que las hace ingobernables?
Aquí sí que hay un problema, desde luego mucho mayor que con las urgencias nocturnas en algunos centros de salud.
Yo les dejo con este hastag, para que sigan el debate:
#Guadalajaraconmadrid

Por lo menos que me tomen la tensión

La asociación que representa a los empresarios de gasolineras de la provincia, reclama la supresión del llamado céntimo sanitario; y yo les doy la razón. Empezando por la filosofía del impuesto, de muy dudosa legalidad, según entiende la Comisión Europea. Y es que fiscalmente hablando, esto del céntimo sanitario es una inmensa chapuza. El contribuyente corriente ya paga sus impuestos en la declaración de la renta, luego el dinero lo recibe el gobierno que es el que, en el ejercicio de sus competencias, decide cómo lo reparte y a qué administraciones. Si el gobierno central o las autonomías, quieren que haya más dinero para la sanidad, pues con destinar más fondos a ella asunto arreglado. ¿Quién se lo impide? Pero no, como no tienen bastante, hay que sablear a los conductores con una doble fiscalidad, manifiestamente injusta.
Reflexionemos: ¿por qué demonios tienen que pagar los conductores un recargo cada vez que compran gasolina, por el mero hecho de tener un coche, y no lo hace el ciudadano que va en taxi a la ópera y después se fuma cuatro cohibas, y se convierte en un paciente de riesgo? ¿Es que a los contribuyentes que tenemos coche nos van a tratar mejor el día que tengamos que ir al hospital o al ambulatorio?
El gobierno ya sabe que esto es un disparate, y llegó a plantearse la supresión para 2013, pero al final nada de nada. Y así tenemos que todas las comunidades autónomas, menos Canarias, nos gravan con un sobrecargo de 2,4 céntimos cada litro consumido. ¿He dicho todas? ¡Qué va! Cataluña, Asturias, Galicia, Madrid, Comunidad Valenciana y Castilla-La Mancha no tuvieron suficiente con esa media estocada al contribuyente, y para 2013 aprobaron subir el recargo al tope máximo: 4,8 céntimos por cada litro repostado. Y eso que algunos de sus presidentes/tas, dicen, soy muy liberales y no les gusta subir los impuestos. ¡Vaya tropa, señor conde! Eso sí, por lo menos en CLM han tenido la gentileza de devolverlo a los transportistas profesionales.
Pero esto no resuelve el problema, y los empresarios de gasolineras están espantados, porque la venta de combustible ha caído en Guadalajara una media del 42%, se han perdido 97 puestos de trabajo, han cerrado gasolineras y se avecinan “eres” y más despidos. Un panorama tenebroso.
Aunque esta bajada de las ventas se debe fundamentalmente a que hay menos coches en las carreteras, por la crisis, los gasolineros también lo achacan a ese famoso céntimo sanitario, ya que cada vez son más los usuarios que se cruzan la provincia sin repostar y lo hacen en las comunidades vecinas de Aragón o Castilla y León, que solo tienen un sobrecargo de 2,4 céntimos. Otra vez el dichoso “efecto frontera”, especialmente puñetero en una provincia como Guadalajara, periférica de Castilla-La Mancha, y sin embargo vecina de aragoneses, madrileños y castellano-leoneses. Cosas de la vida y de nuestro disparatado mapa autonómico.
Los empresarios de gasolineras de Guadalajara se quejan de que este efecto frontera nada tiene que ver ni con el libre mercado, ni con la igualdad de oportunidades. Y yo añado más: el día que nos inventamos las autonomías en España, ese día se jodió la unidad de mercado en este país. La próxima vez que vaya a echar combustible, voy a exigir al gasolinero que por lo menos me tome la tensión con esos 4,8 céntimos sanitarios por litro. O que Echániz nos ponga unas enfermeras de guardia, de esas que le sobran en los centros de salud. ¡Qué menos con lo que nos cobra!

Esto es lo que hay

Recuerde a Mendizábal, señora Casero

Solo desde el izquierdismo más fundamentalista y trasnochado se puede rechazar la posibilidad de que la Junta de Comunidades venda, en pública subasta, parcelas sin trabas legales y que no estén en zonas con algún tipo de protección.
Y solo desde la sinrazón o el dogmatismo más atrabiliario se podría criticar al gobierno regional por vender parcelas infrautilizadas, por ejemplo a aquellos agricultores o explotaciones cercanas que quieran aprovecharlas, tal y como ha dicho la consejera de Agricultura.
En mi escala de valores, desde luego que no está antes un monte público desaprovechado para la sociedad que una parcela privada que da trabajo y riqueza al agricultor o a la explotación que la cultiva.
Pero dicho esto, no vayamos a confundir los nobles ideales desamortizadores, de poner la tierra yerma en manos productivas, con un proceso opaco de asignación de tierras que tenga por objetivo, lisa y llanamente, el hacer caja con la venta de Montes de Utilidad Pública en Castilla-La Mancha.
Sobran por tanto las críticas de la consejera a Ecologistas en Acción, porque ellos nunca dijeron que la lista de 288 montes públicos, con una extensión de 170.471 hectáreas, era definitiva ni que todos ellos fueran a salir a subasta. Y lo cierto y verdad es que en ella aparecen montes ubicados en parques naturales y lugares protegidos.
Celebro por tanto la aclaración de la consejera Casero de que ningún monte protegido saldrá a la venta. Y defenderé cualquier venta en pública subasta, hecha con transparencia y publicidad, de tierras yermas a agricultores que quieran explotarlas y creen riqueza para la comunidad. Un proceso que deberá contemplar las debidas cautelas y clausulas de reversión en caso de que esas tierras vuelvan a ser abandonadas
Pero una cosa es poner los montes públicos a producir y otra distinta hacer un catálogo de 288 montes públicos, por indicación de la consejería de Hacienda, para hacer caja, porque no nos salen las cuentas en esta comunidad, y lo queremos resolver vendiendo las tierras de los abuelos. Además de que sería el chocolate del loro, porque solo valen las reformas que sean estructurales, y un gobierno como este de Cospedal debería saberlo, llevaría al rechazo general en los pueblos afectados, con independencia del color político, y las sospechas sobre posibles tratos de favor.
Así que mucho cuidado, y máxima transparencia. Recuerde a ese bienintencionado liberal progresista que fue el ministro Mendizábal, señora Casero. Y lo que pasó entonces.
Esto es lo que hay.

El despacho de Bono y la quietud de Emiliano

Emiliano García-Page ha perdido una ocasión estupenda para acomodarse a los nuevos tiempos de austeridad y regeneración de valores morales entre nuestra clase política, pidiendo a su grupo parlamentario que votara a favor de suprimir las prebendas que se instauraron para los ex presidentes autonómicos en Castilla-La Mancha.

Seguro que lo ha pensado, pero al final no se ha atrevido, porque en la práctica suponía respaldar la moción de Cospedal para quitarle a Bono su oficina de representación de Toledo, las dos secretarias y el chófer. Que pagamos todos los residentes en esta comunidad autónoma. Pero sucede que García-Page está últimamente más próximo a Bono que a Barreda, que anda por ahí en alianza con Tomás Gómez y los chaconistas en busca de las tablas del nuevo socialismo. A su edad.

En política las cosas llevan sus tiempos. Y lo que se demuestra con esta inhibición es que García-Page cree que todavía no ha llegado el momento de soltar el lastre que le ata con un pasado, del que no puede renegar, pero también acomodar a las exigencias de la sociedad, que está de uñas con la clase politica.

Sospecho lo que pensaban los parlamentarios que aprobaron esta Ley en 2003, en tiempos de bonanza. Que los caudales de las comunidades autónomas eran infinitos, y como lo que se trataba era de montar un estadito yuxtapuesto en cada una de las 17 comunidades autónomas, si los ex presidentes de España o de Estados Unidos, tenían una oficina de representación, no iba a ser menos el presidente de Castilla-La Mancha. ¡Ahí es nada mi brigada!

Pero llegó la crisis y lo primero que demostró es que las finanzas de las autonomías españolas son castillos en el aire, por el hundimiento de la recaudación.
Y en una economía tan arruinada como esta, que para cumplir con los objetivos del déficit, Cospedal ha tenido que traspasar todas las rayas rojas, como en su día escribió el The Wall Street Journal, no se puede permitir el lujo de gastarse 160.890 euros anuales, para pagar a Bono la oficina, el chófer y las dos secretarias.

El señor Bono tiene el suficiente patrimonio personal para disponer de una oficina digna con su rango. ¿A que sí, don Emiliano?

Pues eso. Empiece a pensar en volar solo. Porque hay piedras que son difíciles de llevar.Esto es lo que hay

¿Liberales? Según para qué

En los primeros años de la democracia, el Ayuntamiento de Javier de Irízar editó un boletín municipal, Calle Mayor, cuando en Guadalajara los medios de comunicación se reducían a Flores y Abejas y Nueva Alcarria. El Partido Popular se posicionó claramente en contra, y cuando alcanzó el gobierno, el alcalde José  María Bris, con gran coherencia, nunca quiso disponer de una prensa municipal. Tan escrupuloso fue Bris, que algunos folletos puntuales editados en sus mandatos sobre temas municipales, se hicieron con fondos propios del Grupo Popular. Nunca los pagó el Ayuntamiento. Es decir, los  contribuyentes de la capital.

No hubo otras experiencias  de prensa municipal hasta el gobierno en coalición de PSOE-IU, que sacó otro boletín, Tu ciudad, en la última parte de la legislatura. No le valió para mucho a su alcalde, Jesús Alique, a la vista del resultado electoral, aunque las críticas del  Grupo Popular fueron furibundas. El  PP siempre mantuvo que no es misión de un ayuntamiento meterse a editor de medios de comunicación, alegando que es ésa una tentación propia de la izquierda más intervencionista. Personalmente, siempre estuve de acuerdo con esos principios. Y escrito está.

El Grupo Popular  municipal  ha dado un giro copernicano frente a esos ideales, no sé si llamarlos liberales, con su decisión de constituir un emporio de la comunicación, que no solo recupera, con más medios, el boletín municipal de Irízar o Alique,  sino que además agregará una WebTV y un portal digital con actualización diaria, en el que se incluirán  noticias y reportajes oficiales.  El trabajo técnico lo desarrollará un adjudicatario externo, bajo la dirección y supervisión de la Concejalía de Relaciones Institucionales.  En la práctica, el Ayuntamiento de Guadalajara se convierte en el principal editor de prensa de la provincia.

No terminan aquí las rectificaciones. Por primera vez en la historia de Guadalajara, tanto el portal digital, pero especialmente el periódico mensual, con 37.000 ejemplares, admitirá publicidad, con lo que competirá directamente con los medios privados por una tarta de inversión publicitaria local, que se ha reducido a la mitad en los últimos cuatro años.

¿Motivos para este cambio de principios? El alcalde Román me dijo que ante la crisis en el sector de la comunicación, habían comprobado que muchas noticias de interés municipal no llegan a los vecinos.

No niego que  la desaparición de medios locales en los dos últimos años conlleve una menor penetración entre la población. Pero en Guadalajara resisten todavía emisoras de radio y televisión, y algún periódico, aunque hayan reducido las platillas, y el hueco que ha quedado lo tratamos de llenar nuevos emprendedores, que ponemos  mucho trabajo, algo de dinero, y una ilusión casi de ingenuos, por  la que está cayendo.  Pues bien, a partir de unas semanas  los comerciales de estos medios privados se van a encontrar compitiendo en la calle con el agente del grupo de comunicación del  Excelentísimo Ayuntamiento.   

Frente al gobierno que fuera, siempre he defendido que cualquier incursión de los medios   públicos en el mercado de la publicidad es siempre desleal. La razón es bien sencilla: si un medio privado pierde dinero a la larga tiene que cerrar. Un medio público puede hacer más atractivo su producto a costa del contribuyente y ahogar a la competencia ( editar esos 37.000 ejemplares en color),  porque lo que pierda lo transforma en déficit,  y con él se agranda la deuda consiguiente, que luego pagamos todos. ¿Le suena?

Estos atribulados tiempos que nos ha tocado vivir agrandan a mi filósofo de cabecera, Groucho Marx, quien ya nos dejó dicho: “Señor, estos son mis principios, pero si no les gustan tengo otros”.

¿Liberales?  Según cómo, cuándo, dónde y para qué, amigo Marx.

Esto es lo que hay.

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