Tras veinte días activo, el incendio que se originó en La Mierla por causas que deberá aclarar la investigación y el juzgado competente (mientras tanto, prefiero no hacer especulaciones), los técnicos forestales han rebajado su calificación a nivel 0, con lo que se mantiene un dispositivo de vigilancia para detectar la activación de cualquier foco, aunque ya entramos en una última fase hasta que se dé oficialmente por extinguido. El balance es terrible: han ardido unas 32.000 hectáreas de las cuales 21.000 corresponden al parque Natural de la Sierra Norte, aproximadamente el 18% de la superficie total de este parque, el más extenso de la provincia de Guadalajara. Este dato conviene ser resaltado, porque de tanto oír y ver en la televisión que está ardiendo la Sierra Norte de Guadalajara muchos han podido pensar que se ha quemado entera, pero la verdad es que se ha salvado el 82% de su superficie. Es cierto que las llamas han afectado a zonas tan bellas como el Alto Rey o la reserva fluvial del Pelagallinas (en el que se mantenían a salvo especies autóctonas como la trucha común y sus aguas frías discurren por una altura media de 1.400 metros entre turberas de alta montaña, muy raras en la península ibérica), pero otros parajes emblemáticos y singulares se han salvado, aunque el aviso ha sido muy serio. Si las llamas hubieran seguido Sorbe arriba hacia la Junta de los Ríos el incendio habría llegado a las puertas de Tejera Negra, donde tenemos el hayedo más meridional de Europa. Esta vez tanto el Hayedo como las áreas más salvajes del entorno del Ocejón se han librado, pero si no se toman medidas, de verdad, que incidan en la prevención de los incendios en el invierno, con limpieza de cortafuegos y retirada de la masa forestal seca, y no se gestiona mejor la actividad agrícola en verano, la parte mollar de nuestros parques naturales está amenazada: desde la Sierra Norte al Alto Tajo.
Pero, ahora, lo que yo pretendo con este post es invitarles a hacer turismo rural en la Sierra Norte, porque los hosteleros (la mayoría emprendedores que han arreglado sus casas rurales a costa de sus ahorros) están preocupados por las cancelaciones, no solo en algunos de los términos municipales más afectados sino de otros a los que no alcanzó el fuego. Su asociación dice con razón que sigue existiendo una sierra viva, llena de naturaleza, patrimonio, pueblos, tradiciones y empresas que merece ser visitada. Y no dejan de reclamar «ayudas directas y específicas para el sector turístico» y campañas de promoción «que ayuden a recuperar la confianza de los visitantes y a explicar que una gran parte de la Sierra Norte continúa intacta». Les invito a mis lectores a que así lo hagan con esta ruta por uno de esos lugares más emblemáticos de nuestra sierra, la que va desde Valverde de los Arroyos, uno de los pueblos negros mejor conservados y con buena hostelería, hasta las Chorreras de Despeñalagua. Apenas una hora de camino por un sendero fácil que nos deja al pie de un imponente farallón por el que se precipita una cascada que va saltando por la roca durante más de treinta metros de caída. Parte de él se recorre entre árboles que lo hacen más agradable, incluso en estos meses del verano.
Y esto es lo que hay. Todavía queda mucha sierra norte, aunque ya sabemos que no hay que celebrarlo tocando las campanas sino exigiendo que las administraciones cumplan con sus promesas y hagan lo posible para que esta tragedia que ha pintado de negro a más de una veintena de términos municipales dure lo menos posible.


