No hace falta insistir en la importancia que ejerce Madrid sobre su área metropolitana y de que Guadalajara está en su vanguardia en sectores tan importantes como la logística, que está transformando la geografía económica, social y demográfica de nuestra provincia. Pero Guadalajara no es la única: también está Toledo, Segovia, Ávila, Cuenca y hasta Teruel, porque compartimos intereses y problemas.
La llegada de la M-60 al suroeste de Madrid, han resucitado las pretensiones de las provincias periféricas y ya se habla de una nueva infraestructura que descongestione las vías del centro peninsular, según leemos en El Confidencial, el prestigioso digital que dirige un paisano nuestro, Nacho Cardero. Se refiere a una supercircunvalación que se puso sobre la mesa en 2005 y que permitiría rodear toda la comunidad, uniendo Ávila, Segovia, Guadalajara y Toledo: la M-70.

La M-70 parte de una realidad. Veamos el caso de Guadalajara. El gran nudo de comunicaciones por carretera de Guadalajara, no está en su comunidad autónoma. Se sitúa en Torrejón de Ardoz (Madrid), a 40 kilómetros de la ciudad y junto al aeropuerto de Barajas. Hasta allí hay que viajar para conectar con cualquiera de las capitales castellano-manchegas (excepto en el caso de Cuenca, a la que se puede ir por la N-320), pero también si vamos hacia el Levante, Extremadura, Andalucía o Galicia. A cambio te obliga a entrar de lleno en la ciudad más poblada del país y formar parte de su tráfico local. Este inconveniente se puso sobre la mesa en 2005, y aunque nunca alcanzó la categoría de proyecto es de lo que se vuelve a hablar por arquitectos y urbanistas, porque creen que la situación, veinte años después, es peor que entonces y que cuanto más amplia pueda ser esa circunvalación sobre el área metropolitana de Madrid, mejor, porque contribuiría a vertebrar la periferia de la metrópoli madrileña, que alcanza más allá del territorio de su comunidad autonónoma (lo que podría ser objeto de otro debate, pero ahora no toca). Y se pone el ejemplo de otras circunvalaciones de ciudades como Londres o París. Los expertos abundan en que daría importancia a todo lo que queda dentro de esos límites como lo tiene cualquier barrio de Madrid y permitir que esa periferia funcione de forma independiente. «Hay que evitar que la periferia sea periférica, valga la redundancia. Necesitamos que esa periferia no sea solo importante por sus conexiones con Madrid, que es lo que pasa ahora, y solo se entienda como el límite de la capital, sino que tenga entidad propia», es lo que plantea el urbanista Fernando Caballero en el citado reportaje.
Me alegra que en España se vuelva a hablar de infraestructuras: de carreteras, de trenes, de presas, de viviendas…Pero tal y como está la política actual, presentista y populista, imagino que nada de lo que he escrito tiene posibilidad alguna de que pase de los papeles a los hechos. Ahí está el caso de la Autovía de la Alcarria, la circunvalación de la A-2 en Guadalajara o de la conexión entre Guadalajara y la A-1 (Burgos) que desdoblaría la N-320 en el tramo con más accidentes de la provincia y que figuró en los PETIS de hace 25 años, los planes de infraestructuras. Ahora, lo que se prima son las políticas pequeñas de la subvención o la paguita antes que las obras a largo plazo que no podrá inaugurar el gobierno de turno, pero que transformaron España desde nuestra entrada en la UE. Otros tiempos. Ahora esto es lo que hay, pero como ha salido yo quería recordarlo.
LA FRASE. “España ya está en clave electoral, el debate se centra en cuándo convocará elecciones Pedro Sánchez y el escenario económico es más incierto de lo habitual. Se aproxima el invierno y los inventarios de gas en Europa están en mínimos y, si la guerra se prolonga, el precio del gas podría subir con fuerza e intensificar el impacto negativo sobre la inflación, el consumo y el empleo”. JOSÉ CARLOS DÍEZ, economista y profesor en la Universidad de Alcalá.


