Cuando se cumple más de una semana de la invasión pacífica de Ceuta cada vez aparecen más visibles los motivos que hay detrás del episodio (aparentemente) migratorio. Y en esto coincido con mi amigo Rufino Sanz Peinado, que como un servidor vivió más de un año en Ceuta porque allí nos tocó el servicio militar, nos empapamos de su carácter, y tiene un libro escrito (Viento tingitano) con temática similar a la de la presente crisis. Me dice: “Esto no es una crisis migratoria sino un ensayo. Otro ensayo”. Les invito a que lo lean porque no puede ser más de actualidad.

¿Y qué se ensayaba esta vez? Pues eso: cómo se puede invadir pacíficamente Ceuta por unas 80.000 personas (cifras oficiales) sin que pase nada, pues en el espigón del Tarajal solo había unos pocos agentes de la Guardia Civil en misión de socorristas de la playa, que no de policía de fronteras. Quien crea que tal número de personas se puede acercar a la frontera de Ceuta sin que lo sepa el Comendador de los Creyentes y que no se haya enterado el servicio de espionaje español es que desconoce todo sobre Marruecos y el CNI, que si está especializado en algo es en el norte de África, el terrorismo islamista y las relaciones con el Magreb. De haber dicho la verdad el ministro Marlaska sobre que el gobierno no recibió a tiempo un aviso sobre la emergencia, hace días que se habría cesado a sus responsables y liquidado la sección del norte de África entera. ¿Para qué pagar a unos espías que están ciegos y sordos? Pero no, el CNI no es la TIA de Mortadelo y Filemón, sí se enteró de lo que estaba pasando por lo que van develando las autoridades caballas y los más preclaros analistas, y el que falta a la verdad es el tal Marlaska, que se desmiente así mismo, y quien hace el ridículo es un ministro de Exteriores inepto que pide el pasaporte a los que viajan desde Italia en lugar de hacerlo a los que entran por el espigón del Tarajal. ¿Pero qué tiene que pasar para que destituyan a Albares?
Descartado el supuesto de la falta de información, solo caben dos preguntas: ¿Qué pretendía Marruecos con esta invasión? ¿Y por qué el gobierno de Pedro Sánchez se cruzó de brazos hasta que más de setenta mil personas deambulaban por una ciudad que tiene 80.000 habitantes, sin recursos para alojarlos y darlos de comer? A la primera pregunta solo se puede contestar con una respuesta que da escalofríos: el Comendador de los Creyentes quería demostrar al gobierno de Pedro Sánchez (y al líder del que venga, que la diplomacia marroquí no da puntada sin hilo, señor Feijóo ) que tiene capacidad para montar una Marcha Verde 3.0 en apenas unos días y culminarla con éxito, porque le importa una higa que produzca un centenar de muertos, la mayoría jóvenes, que se han ahogado en el mar. Cosas que ocurren. Otro ensayo; como en 2021. Para contestar a la segunda pregunta habría que plantearse una cuestión esencial. Es evidente que este gobierno de Sánchez, por su extrema debilidad, no puede echarle un pulso al Comendador de los Creyentes, y carece además del respaldo de la Unión Europea y sobre todo de Estados Unidos, cuyo populista presidente ha aprovechado la crisis para poner a escurrir a Sánchez a quien ha comparado con sus adversarios demócratas. Pero si de este gobierno no se puede esperar una respuesta conforme a la gravedad del problema, lo que ahora querrá testar el Comendador de los Creyentes es si en España llegaremos sin guerra con la enésima retirada heroica del ejército invicto español o, por el contrario, plantaremos cara con una frase comodín francesa: On n’a ríen sans rien, tal y como me recuerda Rufino Sanz. ¿Qué está dispuesto España, no solo este gobierno, porque ya sabemos que nada, por mantener la soberanía de Ceuta y Melilla, por mucho que la historia esté con nosotros ya que nunca pertenecieron al reino de Marruecos? Esta es la cuestión que seguramente esté tras el trampantojo de la crisis que hemos vivido estos días y que desde luego es algo más que un conflicto migratorio. Primero fue el Ifni, luego Perejil, después la totalidad del Sáhara, ahora le toca a Ceuta y Melilla. ¿Y qué viene después? ¿La zona económica de las Islas Canarias? Pues esto es lo que hay. Una crisis imponente no resuelta (parece que quedan unos diez mil nadadores en Ceuta, según su gobierno autónomo) que para el gobierno no ha merecido un debate parlamentario y una llamada al consenso patriótico. Cuando la Marcha Verde, con Franco agonizando, hubo más trasparencia.
LA FRASE. «Yo pensé que el cambio de posición sobre el Sáhara era a cambio de algo. Que era a cambio de decir: «Oiga, nos vamos a respetar». Nosotros no le estamos pidiendo a Marruecos que renuncie a nada. Nuestra soberanía no depende de Marruecos. Nuestra soberanía depende de España y de la Unión Europea. Por tanto, lo que piense Marruecos allá ellos». JUAN JESÚS VIVAS, presidente de la Ciudad Autónoma de Ceuta.


