Las Ferias (y la Guadalajara) de hace 100 años

Una de las secciones con la que más he disfrutado en mi carrera profesional fue el relato cotidiano de la historia de nuestra ciudad y provincia a través del archivo del  semanario «Flores y Abejas«, que publiqué durante muchos años en esa cabecera y luego en El Decano de Salvador Toquero. Por ello he querido rescatar con motivo de estas Ferias de 2026 el relato de cómo fueron las Ferias de 1926, hace 100 años, cuando Guadalajara era mucho más pequeña y provinciana pero no por ello exenta de personalidad e ilusiones. Conviene recordar que entonces las Ferias de Guadalajara se celebraban en el Otoño, allá por el Pilar, y que no fue hasta mediado el siglo XX cuando se empezaron a adelantar buscando una climatología más favorable. En la actualidad se han juntado con la festividad de la Patrona, la Virgen de la Antigua, hasta el punto de que ya se habla de las Ferias de la Antigua. Las Ferias actuales, con las peñas (más de 8.000 peñistas este año) y los encierros (creados por el alcalde Irízar) como protagonistas en nada tienen que ver a las de hace un siglo, como tampoco Guadalajara y su sociedad, cada vez más multicultural.                     

Hace 100 años y por esas fechas, la provincia estaba conmocionada por el crimen en Sigüenza de un pastorcillo de 16 años, Calixto Monje, a manos de otro pastor de 23 años tras la discusión iniciada por el destrozo de unas hortalizas. En la vecina Matillas, dos jóvenes jugaban al tradicional juego de la barra, muy popular entonces, con tan mala suerte que una barra lanzada por un jugador fue a golpear en la cabeza a un niño de 4 años, Cándido, que murió a los pocos momentos. 

Varios anuncios publicados en Flores y Abejas en el número que coincidió con las Ferias de hace 100 años.

En Guadalajara se empezaban a comercializar los coches, que por entonces solo estaban al alcance de las principales fortunas. En Automóviles Citroen el último modelo era el Torpedo 10, que valía 5.900 pesetas y competía con los Ford, con fábrica en Barcelona, que publicitaban su mejor precio: 4.750 pesetas. Los camiones de Ford se vendían a 3.750 pesetas.

El Banco Español de Crédito, con sucursal en la calle Miguel Fluiters, presidido por el marqués de Cortina, ofrecía un interés del 2,5% a las libretas a la vista, que eleva al 3% a un mes y al 4,5% al año.

En Flores y Abejas, Gustavo Rubio daba consejos a las mujeres sobre cuándo se deberían casar con esta guisa: «Tu -mujer- cásate joven, lo suficientemente joven para que tu esposo pueda apreciar las diferentes fases de tu hermosura, desde la de jovencita, hasta la de esa segunda juventud, más atrayente quizás que la primera, y que poseen la mayor parte de las mujeres que son dichosas en su matrimonio».

Al hombre se le reclamaba que se casara después de los treinta años, y «sobre todo nunca antes de ver trazado tu porvenir y así poder dar a tu esposa las comodidades a las que tiene derecho»    

Un anuncio de la casa Camarillo, el gran fotógrafo que como nadie inmortalizó la Guadalajara de su época.

El cartel taurino de las Ferias, organizadas por una empresa especializada (sin concurso) no trajo a las figuras del momento y los arriacenses de hace un siglo se tuvieron que conformar con una feria compuesta por una corrida de toros, una novillada y una charlotada . El 15 de octubre se lidiaron 6 toros de la ganadería de Bernabé Covaleda, de Salamanca, para Braulio Lausín (Gitanillo), Antonio de la Haba (Zurito) y Francisco Royo (Lagartito). El día 16 novillos de Antonio Pérez, de Salamanca, para el rejoneador D. Gaspar Esquerdo y los novilleros Félix Merino y Ricardo González. En la charlotada actuó la célebre cuadrilla formada por Llapistera, Lerin Charlot y el Guardia Torero.

Lo más popular en Ferias fueron las funciones de teatro, con ocho sesiones de abono en el Teatro Casino, «donde se admiró más la infinidad de caras bonitas de nuestras paisanas que la misma representación de las obras», escribió el cronista.

En el Teatro Principal (en cuyo solar está la Delegación de Hacienda y antes el Banco de España) se ofrecieron dos funciones de circo, con 40 artistas en escena y hasta toros amaestrados. Muy populares fueron los bailes que se organizaron en el Casino Principal de la calle Mayor (actualmente sin actividad), Ateneo Obrero y el Círculo Mercantil, con salones llenos.

Las Ferias comenzaron el jueves día  14 de octubre y terminaron el lunes 18. Fueron modestas a más no poder, con un ayuntamiento que disponía de escaso presupuesto, a pesar de contar con impuestos especiales como el de soltería para los varones que se resistían a casarse. Por ello no era de extrañar que en el periódico se avisara de que el nuevo presidente de la Diputación es joven y soltero. Y por si fuese poco, pertenece a la carrera judicial y a la del Notariado.  Las Ferias  dieron comienzo con diana y disparo de morteros y la comparsa de gigantes y cabezudos. Ese mismo día hubo un concierto en la plaza Mayor, carreras pedestres (solo participaron 3 personas y una de ellas no llegó al final)  y un cinematógrafo público. El viernes nuevo concierto, los toros y fuegos artificiales en la Concordia. El sábado repitió la comparsa de gigantes y cabezudos, otro concierto en la plaza de Romanones, novillada y cinematógrafo. El domingo, la gran novedad fue una carrera de motocicletas entre Guadalajara y Alcolea del Pinar, un coro de música gallega, la charlotada y más fuegos artificiales. Terminaron las Ferias de 1926 el lunes 18 de octubre con la entrega de premios a los niños de las escuelas, música en la Concordia y elevación de globos aerostáticos. El punto y final lo puso una traca y la retrata de rigor.  

Cuentan las crónicas que la ciudad estuvo esos días concurridísima, contribuyendo principalmente el buen tiempo, a pesar de la modestia del programa. Como decoración ferial «apenas cuatro arquitos de retama en las calles principales. ¡Que los declaren al punto monumentos nacionales!», ironizaba Luis Cordavias en sus «Floreos y Aguijonazos». Pues esto es lo que había. 

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