Sánchez se va como entró: por la puerta de atrás

Pedro Sánchez ha anunciado este lunes, después de pasarse el fin de semana valorando encuestas como en la antigüedad los griegos hacían con los intestinos de las aves en el templo del oráculo, que nos convoca a las urnas el domingo 29 de noviembre. Todo apuntaba a que iba a ser así, porque tenía todos los factores a favor de un adelanto electoral excepto uno: el calendario judicial de su señora y su hermano a quienes les vendría muy mal un fiscal general nombrado con el PP cuando el actual les ha arropado durante toda la instrucción de sus respectivas causas. Sánchez no sorprendió esta vez ni en el fondo ni en la forma. Daba portazo a una legislatura imposible que se había iniciado después de perder las elecciones, aunque no fue impedimento para que formara su Frankenstein 2, que le permitió seguir en La Moncloa pero sin gobernar en los aspectos fundamentales. Sus decretos no eran convalidados por el congreso (lo que sucedió en 16 ocasiones) y fue incapaz de aprobar un presupuesto en toda la legislatura, un verdadero récord mundial, algo incompatible con la democracia parlamentaria. En ese desempeño se valió de la estrategia del muro, en la que los buenos, los suyos, estaban a un lado y en el otro solo había malos, con los que no había nada que negociar. En esto la política española retrocedió cincuenta años, enterró los valores y consensos de la Transición, metió la Constitución (que exige la presentación anual de los Presupuestos) en el congelador y los debates en el Congreso parecían protagonizados por Largo Caballero y Gil Robles en lugar de Adolfo Suárez y Felipe González. De tal manera que hasta el anuncio de la convocatoria electoral se hizo en las escalinatas de La Moncloa, no en el Parlamento, y tras un discurso que se convirtió en el primer mitin de la campaña y en el que nos vino a decir que los que no le voten a él están con la ultraderecha, algo conceptualmente peligroso porque nos podríamos encontrar con que el 29 de noviembre hubiera más de 13 millones de fascistas en España, algo que no se vio ni al final de la guerra civil. Pero así es Sánchez y su estrategia frentepopulista para seguir en el poder respaldado por los que quieren romper España como proyecto político y que como en Cuba o en Rusia creen que la democracia liberal solo es un ropaje del que se puede prescindir. Su mitin-anuncio del anticipo electoral se alejó por completo de los cánones socialdemócratas y bebió en las fuentes del peronismo más demagógico (llegó a cuestionar hasta la soberanía del parlamento), dejando claro que un nuevo mandato de Sánchez dejaría en las raspas  la España del 78 en beneficio de ese estado plurinacional que lo pondría, otra vez, todo patas abajo. Hasta la soberanía nacional, que ya no residiría en el pueblo español en su conjunto.

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Sánchez en su declaración sin preguntas ante la prensa./Moncloa.

Sánchez se va por la puerta de atrás, tal como llegó con una moción de censura hace 8 años, preocupado por unos sondeos electorales que le dan todos ellos perdedor, excepto el que hace público su amigo Tezanos. El promedio de las últimas encuestas publicadas dice que el PP obtendría el 32,7 %, el PSOE el 26,3%, Vox el 18,2% y  Sumar el 6,4%. Estamos por tanto ante una clara mayoría de PP y Vox, inalcanzable por cualquier bloque de izquierdas aun con el apoyo del soberanismo. Esto no quiere decir que Feijóo tenga garantizado el paso franco a La Moncloa, porque Sánchez ya ha demostrado que de campañas electorales y de relatos es un premio Nobel en comparación con el gallego, que además tiene unos secundarios muy aburridos y de escasa capacidad comunicativa. Una cosa sí tengo clara: estas elecciones nunca las ganaría Sánchez; solo las puede perder el PP si se lían por los pactos con Vox y cómo sería el reparto del poder, que ahora es como las uvas de Samaniego. En Guadalajara es muy improbable una alteración de los resultados de 2023 en que el PP obtuvo el 33,6%, el PSOE se quedó en el 32,2% y Vox llegó hasta el 19,4%. Todas las encuestas hablan que el PP  se mantiene, el PSOE baja, Vox supera la barrera del 20% -especialmente en el Corredor del Henares y en el voto joven- y la izquierda del PSOE caería en la irrelevancia se llame Sumar, Podemos o Frente Amplio. En este caso no arriesgo pronosticando que el 1-1-1 de 2023 se repetirá  el 29-N, aunque ya no me mojo sobre quién será el segundo partido en las principales localidades del Corredor del Henares.      

Un día feliz ha sido para los alcaldes y candidatos socialistas a las autonómicas y municipales que tenían el lógico temor de haber ido por delante en la convocatoria electoral, porque habrían recibido una sonora patada en sus posaderas a cuenta de Sánchez, como ya ocurrió en las locales de 2023 y que en Guadalajara desalojaron a Alberto Rojo de la alcaldía a pesar de mejorar resultados. El 30 de mayo de 2027 todo estará más abierto y los favoritos de hoy, ya lo serán menos. En este sentido, si un servidor tenía muy claro que el gran favorito para las autonómicas era Paco Núñez, muy complementado por Vox, eso sí, y en Guadalajara la alcaldesa Ana Guarinos, con un Vox en claro ascenso, a 5 de octubre ya tengo necesariamente que rebobinar y escribir que todo está más abierto que nunca, pase lo que pase el 29 de noviembre. Recuerdo que en Guadalajara las autonómicas nos dejaron un 2-2-1 (PSOE, PP y Vox) y con Sánchez alejado del escenario, habrá que ver si Page no puede llegar al 3-2-1, contando con que nuestra provincia, por aumento de población, tendría un estaño regional más. Cuando Page ha reivindicado hoy antes los empresarios el consenso y el diálogo, ya estaba pensando más en su campaña que en la de Sánchez.  

 Y esto es lo que hay, por hoy, que ya es bastante. Nos quedan dos meses apasionantes en los que va a parecer que el mundo se acaba porque al populismo de ambos lados les interesa tensionar, y  aparentar, que hemos vuelto a la política de los años años treinta; o casi.

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