La elección de los alcaldes, una reforma a negociar

El gobierno de Rajoy ha lanzado un globo sonda, la elección directa de los alcaldes, con el señuelo de que lo fueran el candidato que encabece la lista más votada. Pero no tiene pinta de prosperar, porque el PSOE no lo va a aceptar, y no es previsible que el PP se arriesgue a forzar un cambio unilateral cuando queda menos de un año para las elecciones autonómicas y locales. No sería buen  idea, y solo añadiría crispación a una política nacional que está ya demasiado convulsionada, y que necesita de un mínimo consenso entre los dos partidos de gobierno, especialmente en un año sobre el que penden dos desafíos serios. Uno es el referéndum independentista de Cataluña, que requiere una respuesta constitucional nacional, no de partido. Pero también la irrupción de una izquierda extrema en la periferia del PSOE, que no se reconoce en la Constitución,  y cuyos portavoces admiten sin ambages que lo suyo es la revolución (Garzón, dixit), aunque no sabemos muy bien a qué  tipo de nuevo régimen nos conduciría esa senda revolucionaria y cómo pretenden llegar a ella sin quebrar el  Estado de Derecho, que emana precisamente de esa Constitución a la que detestan. Sería además una irresponsabilidad de Rajoy, que no va acorde con su personalidad de hombre prudente,  plantear una cuestión de este calado en plena renovación del PSOE, y sin que haya un líder y una nueva Ejecutiva socialista con la que poder negociar.  Y en esa negociación, ya  nadie lo duda en privado, la reforma de la Constitución cada vez demanda un horizonte más próximo,  para que se oxigene y nos pueda durar otros cuarenta años. El reto es que para ello es imprescindible lograr una nueva mayoría como la de 1978, y en la que debería participar a ser posible alguna fuerza nacionalista que acepte seguir en España con un nuevo estatus. Estamos ante una Segunda Transición, aunque a alguno nos de vértigo mirar hacia algunos extremos ante lo que sale de determinadas cabezas.

Dicho esto, que es el Catón, no es menos cierto algo en lo ha insistido Rajoy en los últimos días.  Con la actual Ley Electoral –viene a decir–, muchos  gobiernos autonómicos y locales se convierten en una coalición de perdedores, aunque entre ellos tengan más concejales que el partido más votado, normalmente el PP.  Son  coaliciones que no ha sido votadas por nadie, y que normalmente  negocian en la oscuridad un programa gobierno que luego no se somete al refrendo ciudadano.

Esta es una consecuencia indeseable de la Ley Electoral, pero si lo que pretende el PP, salvo que sea el principio de una larga  negociación, es que los socialistas acepten pulpo como animal de compañía con una propuesta que podría convertir en alcalde a un candidato con el 30% de los votos  frente a un potencial equipo de gobierno formado por más del 40% de los ediles o diputados representados en un parlamento o en un ayuntamiento… Esto no cuela como medida vendida  para regenerar la política española. Pero sí puede servir de punto de partida para llegar a la vieja idea de la elección directa de alcaldes por el ciudadano, que es lo ideal. ¿Cómo? Pues dando la vuelta a la justa queja de Rajoy: que los nuevos gobiernos locales y autonómicos estén formados por equipos y colaciones ganadoras, y refrendadas por la ciudadanía.

Esto lo tiene solucionado Francia con el sistema de segunda vuelta, al que llegan los dos partidos con más votos, siempre que uno de ellos no haya alcanzado la mayoría absoluta en la primera vuelta. Y para favorecer la gobernabilidad y la estabilidad de las instituciones al que gana esa segunda vuelta se le otorga automáticamente la mayoría más uno  de los representantes electos. Así de sencillo.

Este sistema gana en calidad democrática sobre el español, porque los partidos anuncian tras la primera vuelta  con quién y en base a qué se van a coaligar en caso de ser los más votados para formar gobierno. Y el ciudadano tiene siempre la última palabra. Por ahí debería ir el pacto entre populares y socialistas, que debería ser más amplio y meter en él a la administración local en general. Este gobierno ha hecho algunas cosas en solitario, pero no lo ha terminado y se ha dejado cosas en el camino, como las diputaciones provinciales, que si se mantienen (y yo soy partidario de ello) tiene que ser democratizando su proceso de elección. Es inconsecuente del todo punto que la Ley aumente las competencias de las diputaciones, en su papel de supervisoras de algunas funciones municipales, y que las instituciones provinciales no sean elegidas directamente por el ciudadano. Con ello se reforzaría su representatividad y la de los diputados que la integran, pero además acabaría con un sistema electoral  perverso, una elección de tercer grado en la que el elector desconoce que al votar al ayuntamiento de su pueblo también está eligiendo indirectamente a la presidencia de la Diputación. Que para colmo  los partidos ni tan siquiera tienen la obligación de anunciar quién será ese candidato; y de hecho muchas veces lo ocultan. No tiene un pase que con casi 40 años de Constitución, las diputaciones no tengan ese refrendo democrático del ciudadano,  yo estoy convencido porque alguno debe pensar así será más fácil liquidarlas, el día que se reforme la Constitución.  

Hay que hablar  con sosiego de todas estas cosas, pero también sin remilgos, porque hay asuntos que no esperan, como es el desafío nacionalista del 9 de noviembre.  Aunque tendrá presiones para ello, es de esperar que Rajoy no caiga a la tentación del cortoplacismo y aborde en  solitario unas reformas que afectan a las vigas maestras del edificio constitucional, aunque  con un gobierno en mayoría absoluta como el actual lo pueda hacer, en parte. Pero insisto, sería como construir castillos en el aire, porque lo que se cambia por mayoría simple, se vuelve a cambiar por esa misma mayoría simple. Y vuelta a empezar con el burro por la linde. Como ha pasado en Castilla-La Mancha. Pero eso será otro día. Esto es lo que hay. Por hoy.

P.D. Acaba de morir Alfredo Di Stéfano, tal vez el mejor jugador de la historia del fútbol, y sin discusión el más innovador. Pero no jugó ni minuto en un Mundial, por culpa de una lesión y de otras circunstancias de su carrera, y en Sudamérica, que  le vieron jugar menos, aunque pasó por River, Boca y Millonarios, lo ponen por detrás de Pelé y Maradona. Yo he visto jugar a los tres, y les aseguro que nadie me ha impresionado más que don Alfredo, a pesar de que solo lo disfruté en sus últimos años. Todavía era el omnipresente, el jugador más decisivo en la historia del Real Madrid, un tipo que jugaba por todo el campo y que hacía jugar a sus compañeros, algunos tan poco dotados para la lucha como Puskas o Kopa. Jamás olvidaré  una semifinal de Copa contra el Real Zaragoza de Marcelino, Villa y Lapretra, el gran equipo de los Magníficos. Habíamos perdido 3-0 en La Romareda, pero en la vuelta se  había remontado la eliminatoria a la media hora. Pero en una jugada caliente, expulsaron a Di Stéfano, que no rehuía una buena tangana, y ya fuimos incapaces de hacer nada más.  Cargado de años, todavía Di Stéfano era el sostén de aquel Madrid y los niños de entonces nos aficionamos al fútbol por él. Y al Real Madrid. Como  recuerda hoy Alfredo Relaño cuando él llegó al Madrid, los blancos solo  habían ganado dos Ligas, y fue durante la República. Desde que está él, el Madrid tiene tantas como los demás equipos españoles juntos. El Real Madrid  moderno es fruto de él. Lástima que una lesión fatal no le dejara jugar con España el Mundial de Chile; porque lo habríamos ganado, y con ello se pudiera haber cambiado la historia futbolística de nuestra selección. Como lo hizo con el Madrid.  Hubo que esperar a Sudáfrica.

Sánchez toma la delantera, pero nada hay decidido

Los dieciseis mil avales de ventaja que ha sacado Pedro Sánchez Pérez-Castejón  a Eduardo Madina le convierten de facto en el gran favorito para ganar el Congreso Extraordinario de Julio y convertirse en el próximo secretario general de los socialistas. Pero no está todo decidido. Los avales marcan una tendencia, es cierto, pero no deja de ser un proceso abierto en el que el avalista revela aparentemente sus preferencias, lo que favorece la influencia de los respectivos aparatos (que son tantos como autonomías, provincias y grandes agrupaciones locales tiene el PSOE), mientras que en la cita con la urna los militantes no tienen que responder ante nadie salvo a su propia conciencia. Por ello, hasta el 26 y 27 de julio no está todo el pescado vendido y Madina seguirá teniendo sus opciones, aunque en términos deportivos ahora la toca arriesgar en lo que queda de campaña y esto le puede llegar a cometer errores.  Algunos los ha tenido ya, al sostener en varios sitios una cosa y la contraria, lo que contribuye a aumentar su imagen de candidato voluble en asuntos que deberían estar más claros. Aunque tampoco Pedro Sánchez ha sido un prodigio de claridad en temas como la reforma de la Constitución y ese federalismo asimétrico que  propugna para salir de ese agujero negro que tenemos en Cataluña, con el epicentro puesto el 9 de noviembre. No es ningún disparate, desde luego, porque en el empeño de querer igualar la autonomía de  Murcia o Castilla-La Mancha con el País Vasco o Cataluña está el origen esa carrera en pelo de los nacionalismos hacia el soberanismo. Aunque para reformar la Constitución, primero hay que saber qué mayoría en Cataluña y el País Vasco respalda la Tercera Vía, y luego hablar con el PP para que pueda prosperar. Porque para saltos en el vacío, como se apunta desde la izquierda radical,  mejor nos quedamos con el consenso de 1978.

Sánchez y Madina, hasta ahora, han afilado su perfil izquierdista y no es una casualidad. En el Partido Socialista sus bases siempre han estado más escoradas a la izquierda que su electorado, que campa más bien por el  espectro  del centro-izquierda –esta misma situación  se da  en la militancia del PP, pero al revés–, por ello es tan importante el modelo americano –que el PSOE no se ha decidió a importar del todo—de contar además con la figura del simpatizante para la elección de los candidatos. Pero además hay una situación ex novo, que amenaza con condicionar esta elección. Se trata del crecimiento de la izquierda radical en las Europeas, y especialmente de Pablo Iglesias y su Podemos, que con un lenguaje populista-comunista se ha aprovechado el desgaste del PSOE por su ineficaz gestión de la crisis cuando gobernó. Cada militante socialista conoce a un hijo, un sobrino o un vecino que ha votado cabreado contra la “casta” por el atractivo candidato de La Sexta, y cree que la solución es girar más y más hacia la izquierda, lo mismito que ha sucedido en Francia, pero en ese caso con la derecha antisistema como beneficiaria. Pero mucho me temo que como dice Nicolás Redondo Terreros, como “juguemos a Podemos  nos gana Podemos”. Le ha pasado a Más con la Esquerra de Oriol Junqueras.

Por todo ello, sería deseable y clarificador que más allá de las cuatro consignas de veinte segundos en las que los asesores políticos quieren resumir el  pensamiento político de los candidatos virtuales que se llevan hoy en día [la Transición en España habría sido imposible con el grado de populismo que se despacha  en algunos programas de máxima audiencia], se diera oportunidad  a Sánchez, a Madina, y al tercero en discordia, López Tapias, a debatir a fondo sobre los temas que más interesan a los españoles: política territorial, reforma fiscal, relaciones laborales,  sostenibilidad del Estado del Bienestar (la asignatura pendiente de la socialdemocracia), relaciones con la UE, etc.  Sin debates, las campañas se reducen a la mera consigna, y la gente está  hasta el gorro de propaganda , y lo que quiere saber es si detrás de los eslóganes de turno hay alguna idea nueva,  y un líder con un mínimo de carisma. El PSOE ha hecho un favor a la apertura de las malolientes salas de máquinas de los partidos españoles adoptando la elección de un militante un voto para designar a su secretario general. Pero se quedaría a mitad de camino si sus candidatos no pudieran hablar civilizadamente entre ellos, con los medios de comunicación pos testigo, porque el PSOE es un partido de Gobierno, y aunque la mayoría de los españoles no militemos en él, todos somos susceptibles de votarlo. Ahora vendrán algunos a decir  que si hay debate, el síndrome de la desunión planea  sobre el partido. ¡Tonterías! Mira que se remarcaron las diferencias entre Obama y Hillary Clinton durante los debates de la campaña demócrata, y luego Hillary fue su leal  secretaria de Estado.

No debería haber por tanto un efecto boomerang de las Primarias hacia el partido que las convoca. Todo lo contrario. A medida que se vaya abriendo el PSOE hacia nuevas formas de participación de sus militantes y simpatizantes, obligará al PP a seguir ese camino, o tendrá el riesgo de quedarse como único representante de la “casta”. Los populares aparentan  que al haber ganado las últimas elecciones, nada de esta corriente renovadora va con ellos, pero se equivocarían sin no se dan por aludidos. Hasta ahora no lo han hecho, y sorprende la falta de autocrítica con la que se han despachado algunos resultados electorales, especialmente en nuestra provincia y singularmente en el Corredor del Henares. En el PP se empieza a extender la especie arriolista de que Podemos les va a hacer ganar las próximas elecciones, porque con su radicalismo  va a levantar de la cama hasta su último simpatizante. Sería demasiado simplista que el análisis de los resultados de las Europeas se quedaran en eso, y los populares no entendieran que la exigencia de reformas internas también les atañe, porque esta crisis no es como otras por la que ha pasado la sociedad española en los años setenta y ochenta. Esta crisis ha rebajado tanto los sueldos y la calidad de vida de la clase media española (4 puntos estadísticos, según la OCDE) que va camino de su proletarización,  la gente piensa que cada día tiene menos que perder, aunque en puridad no sea verdad,  y no va a ser fácil  convencer a esos cuatro millones de electores  del PP que se quedaron en casa de que en 2015 se están jugando algo  solo con medidas cosméticas, como esta reforma fiscal, que no lo es porque con aspectos indudablemente positivos sigue sin abordar el meollo de la cuestión: cómo hacemos para que las grandes empresas y fortunas españolas, que no hacen la declaración de la renta, arrimen más el hombro para salir de esta. Sin demagogias.

Queda por último lo que Pablo Bellido llamó segundas y terceras lecturas sobre este proceso interno que acomete el Partido Socialista. Es inevitable que se hagan. Pero yo no  le daría mucha importancia, porque estamos hablando de avales. ¿Esa neutralidad declarada por García Page ha contribuido  que en CLM haya ganado Sánchez, aunque solo fuera por un poquito, apenas 200 avales? ¿Que la gente del actual secretario provincial  simpatice más con Madina que con Sánchez explica la significativa ventaja en Guadalajara, casi 100 avales?

Lo que sí está más claro es lo sucedido en Andalucía. Susana Díaz ha mandado un mensaje urbi et  orbe de que sus preferencias están con Sanchez, aportando el 33,8% de sus avales. Ninguna sorpresa. Sería la primera vez en la historia del PSOE que la potente Federación Andaluza renunciara a ejercer su influencia y permaneciera neutral. La influencia se ejerce o se pierde.

Esto es lo que hay.

Pues ahí estamos, con Felipe VI, inevitablemente

Para los que tenemos el alma republicana una abdicación supone en cierta medida que todas nuestras contradicciones salen a flote inesperadamente y te vuelvas a hacer un montón de preguntas sobre la institución monárquica que tienen difícil respuesta en el orden de la metafísica política. Pero esta vez se disiparon pronto todas mis dudas al comprobar lo que se despachaba en la acera de enfrente: en los debates que se celebraron en el Congreso y en el Senado nos encontramos con la reivindicación de  varias repúblicas, la Catalana, la Gallega, la Vasca y una “popular” se supone que española, o de lo que quedara de España, pero sin que viéramos por  ningún lado a un Salmerón o a un Castelar que hablara de la España liberal y de progreso, como en aquella Primera República que  los nacionalismos paletos y disolventes se encargaron de enviar directamente al precipicio. Hay que agradecer que no hubiera un diputado independentista de Cartagena para que aquello hubiera derivado directamente en una charlotada, así que a los que nos hicimos juancarlistas el 23-F nos costó relativamente poco renovar internamente nuestro pacto constitucional con Felipe VI y la monarquía parlamentaria, porque no queremos ni pensar hasta dónde nos conduciría abrir el melón constitucional sin tener el consenso que se produjo en 1978.  Seguramente que a otro despeñadero de los que habitualmente ha vivido España en su atribulada historia.

Aunque esta crisis que ha proletarizado en gran medida a las clases medias españolas, achicharradas a impuestos estatales, autonómicos y municipales y con notorias pérdidas en su nivel de vida no invitan precisamente al reconocimiento de las instituciones que emanan de la Constitución del 78, no exagero un ápice si escribo que la España democrática que tuvo como jefe de Estado al padre  del actual rey se corresponde al periodo más fructífero de la España contemporánea. Ahora todavía estamos hechos unos zorros y sembrados de incertidumbres. Casi la mitad del electorado del partido en el gobierno está en su casa a verlas venir y en el principal partido de la oposición les toca superar una crisis de identidad que no es solo de liderazgo sino que afecta a toda la socialdemocracia europea que anda sin alma y soluciones desde que empezó la crisis. Pero aun así, no deberíamos olvidar una cosa que empezó por decir Felipe VI y que es de una trascendencia descomunal en la historia de España. “Hoy puedo afirmar ante estas cámaras—y lo celebro—que comienza el reinado de un Rey constitucional”.  El reinado de su padre inicialmente no lo fue, pero es que desde la Constitución de Cádiz en 1812 las cartas magnas se hacían de encargo (Isabel IIAlfonso XII)  u otorgadas (Fernando VII), cartón piedra  para arropar al monarca de turno, y no ha sido hasta ahora, el 19 de junio de 2014, en que el rey se corona fruto de una Constitución, votada por los españoles y que  además es fruto del pacto entre todas las fuerzas políticas. Yo también creo que una reforma constitucional es inevitable en el tiempo, pero los que se han descolgado del pacto constitucional tan alegremente (PNV, CIU e IU) han olvidado irresponsablemente que para armar constituciones duraderas hay que gozar de mayorías cualificadas. O el fracaso está asegurado. ¡Lean un poco!

Luego están los que no se enteran o no quieren enterarse.  El rey Felipe hace un canto de la España plural, y dice: “Unidad no es uniformidad desde que en 1978, la Constitución reconoció nuestra diversidad como una característica que define nuestra propia identidad”. Y a reglón seguido, el proclamado rey subraya: “En esa España,  unida y diversa,  basada en la igualdad de los españoles, en la solidaridad entre sus pueblos y en el respeto a la ley, cabemos todos”.

Es toda una paradoja del tiempo en el que vivimos que por  jugar su papel constitucional y recordar el amplio campo de juego que delimita la Constitución –las constituciones son como el reglamento en un partido de fútbol—a Felipe VI no le aplaudieran dos presidentes autonómicos que están ahí colgados de ella, aunque se comportaron como dos  jerifaltes de las guerras carlistas pretendiendo a lo que se ve un nuevo pacto foral con la corona, esta vez con la independencia como objetivo, extremo para lo que este rey no está habilitado por la Constitución. Estos belloteros debieron creer que estaban ante Isabel II o Felipe V, no ante un rey constitucional, y así nos va.

En líneas generales me gustó el discurso del nuevo rey, y me recordó en su diseño a los de su padre. Lógicamente careció de la trascendencia de aquel primero de Juan Carlos, porque aquel provenía de una situación excepcional en la que el rey marcó el camino de la Transición democrática, y ahora estamos instalado en la normalidad constitucional, pero todo lo dijo fue oportuno. Hubo una referencia especial para las víctimas del terrorismo, que jamás podrán recuperar a sus seres queridos, a los ciudadanos a los que el  “rigor de la crisis ha golpeado duramente  hasta verse heridos en su dignidad como personas”.  Y no faltó una referencia a la autoridad moral que era imprescindible: “Hoy,  más que nunca, los ciudadanos demandan con toda razón que los principios morales y éticos inspiren –y la ejemplaridad presida—nuestra vida pública”. Y su propia hermana se quedó fuera de la coronación.

“Aspiramos a revitalizar las instituciones; a reafirmar, en nuestras acciones, la primacía de los intereses generales, y a fortalecer nuestra cultura democrática”.

Y en esas estamos. Esta es una monarquía constitucional de maneras republicanas, y así transcurrió la coronación, de una austeridad estética excesiva en mi opinión, que si no es por el paseo al descubierto del nuevo rey  en el Rolls Royce,  nos habría parecido la toma de posesión de un alcalde. Nada que ver con la coronación de un monarca en Gran Bretaña, con fastos (y turismo dinástico) que duran meses para mayor gloria de Londres; o la de un presidente de la república en Francia, que menos la corona todo es grandeur.  Ya puestos a tener una monarquía, yo no entiendo muy bien esa manía de taparla, y luego pasa que el pueblo se queda en casa a ver en televisión el espartano acto de la proclamación, porque era realmente complicado moverse ese día por Madrid. Menos espontaneidad y gente en la calle  que cuando el Real Madrid gana una copa de Europa. Demasiado frío.

Es lo que menos me gustó. Si nos ponemos a tener una monarquía, pues que sea con todas las consecuencias,  y con una coronación como Dios manda, que ésta  fue de un aburrido que pareció diseñada por Cayo Lara. Ni invitados extranjeros hubo.

Esto es lo que hay. Complejos.

Un Viaje a la Alcarria no lo suficientemente aprovechado

Cuatro chicas alcarreñas (Sara Domínguez, Gracia Iglesias, Natividad Díaz y Laura Domínguez) están haciendo en estas jornadas su particular Viaje a la Alcarria  coincidiendo con las fechas en las que –más o menos, porque Camilo José Cela hizo más de un viaje para escribir su libro— el Nobel recorrió aquellos caminos de la Alcarria de la postguerra, allá por 1946,  cuando por entonces en este país faltaba casi de todo. Menos paisaje y hombres muy pegados a la tierra que la habitaban. Ahora no es  que pasemos por días de vino  y miel, porque nos está costando despegarnos de esta crisis más de lo previsto, pero nada es comprable a entonces.

Tampoco ya lo era en aquella primavera de 1981 cuando con Salvador Toquero recorrimos los caminos de la Alcarria para escribir un libro: “Buscando a Cela en la Alcarria”, que podrán encontrar en alguna biblioteca, porque la edición está agotada. A quienes hicimos ese libro nos movía una curiosidad: el por qué de la buena singladura y la firmeza de su anclaje de ese Viaje a la Alcarria, que hoy en día ya nadie discute es una de las mejores obras de la literatura de viajes en español, y que al mismo tiempo se convirtió en un retrato costumbrista  a través de los personales (reales o imaginarios) con los que el viajero Don Camilo se iba encontrando por esos caminos de la Alcarria. Muy especialmente queríamos saber la peripecia  humana de sus personajes, auténticos apoyos para el éxito, después de que los años hayan caído implacables sobre ellos.

viaje-alcarria.Salvador y yo llevábamos tiempo pensando en el libro, y no quisimos esperar más porque  sospechábamos que los personajes de Cela ya  habían empezado a desaparecer, por ley de vida, y también la huella del entorno por el que había transcurrido su viaje. Y teníamos razón. A algunos de sus personajes llegamos en sus últimos días, nunca mejor dicho, y nos sirvió para comprobar que todos ellos tenían la sensación de formar parte de algo importante, un libro singular, y eso que muchos de ellos no habían leído un libro en su vida y por entonces a don Camilo, aun siendo un escritor famoso, todavía no le habían dado ese Nobel que le encumbró a los altares de la gloria y de la popularidad.

Cuando el otro día escribía para GuadalajaraDiario la noticia sobre ese viaje de estas chicas me vino a la memoria esa Primavera de 1981 en la que Salva y yo comenzamos nuestro viaje y pensé con una nostalgia que no me suelo permitir lo que ha cambiado la Alcarria desde entonces. Entre el viaje de Cela y el  nuestro habían transcurrido 35 años y entre el de Laura y sus amigas ya son 33. Solo que desde 1946 hasta 1981 en la Alcarria y en España habían pasado tantas cosas que estábamos hablando de otra nación y de otra Alcarria, desde luego de otra sociedad, mientras que en los últimos 33 años, si no fuera por internet y las reformas en la mayoría de los cascos urbanos de esos pueblos, la sociedad es esencialmente la misma, aunque a algunos crean ahora que aquellos años de la Transición y los que por ahí andábamos somos de la edad de piedra. Pero no. La edad de piedra, la jodida miseria, es la que se encontró don Camilo en aquella Alcarria donde hacía apenas ocho años que habían dejado de resonar los cañonazos por el frente del Henares y el Tajuña. Y aún así, seguía su gente esperando a nada y a nadie con una eterna sonrisa de resignación, como escribimos en nuestro prólogo.

Quiero decir que por mucho que avancen los tiempos, la Alcarria literaria que nos dejó Cela va a seguir siendo reconocible y lo único que cambiarán serán los soportes técnicos por los que el futuro viajero podrá tomar contacto con ella, pero al final seguirá habiendo un camino y un caminante. Y a eso voy. Siempre he tenido la impresión de que no hemos sabido aprovechar del todo ese maravilloso legado literario (y publicitario) que nos legó don Camilo. Se han hecho mapas, libros, libritos, se han colocado placas del viejo y el nuevo viaje –cuando en realidad solo hubo uno, el de 1946, lo demás fue merchandising), todo tipo de loas y celebraciones, pero la realidad es que todavía no hemos dado con un producto turístico que se llama Viaje a la Alcarria, que está al lado de una metrópoli de cinco millones de habitantes deseosa de salir adonde sea, y que se tarda apenas diez días en recorrerlo, que no estamos hablando del Camino de Santiago. No acabamos de dar con la tecla, y pensaba en ello al ser una de las caminantes Laura Domínguez, una chica de gran inteligencia para estos asuntos de la publicidad.

No estaría de más que pensemos en ello, porque esa huella celiana cada vez es menos visible, aunque lo importante, el paisaje y los pueblos, ahí siguen esperando a no sé qué, a que pase la crisis, puede que esta vez. En la capital, por ejemplo, aficionados como somos a derribar todo lo que parezca viejo, los que sigan el libro de Don Camilo, ya no van a encontrar ni el Hotel España, ni la talabartería de Casa Montes, ni al aprendiz Luisito, que en realidad se llamaba Daniel, ni a Armando Mondéjar, el niño de pelo color de pimentón con quien habla y le despide Cela camino de Taracena, ni por supuesto ningún merendero con el nombre de Tánger, camino de Zaragoza.

Es verdad que esa huella física, casas y monumentos, está muy diluida desde que Salva y yo seguimos los pasos de nuestro insigne viajero, pero la Alcarria sigue siendo esencialmente la misma y es una gozada descubrirla siguiendo los pasos de nuestro más ilustre escritor, que solo las circunstancias le hicieron marchar a un chalé de Puerta de Hierro cuando se había quedado a vivir entre nosotros.

Esto es lo que hay. Y me parece que lo aprovechamos poco.

P.D.- “Yo soy republicano, pero pertenezco a un partido en el que convivimos con mucha normalidad republicanos y monárquicos, y que en el año 78 hizo un acuerdo político que consistió en que la izquierda renunciaba a pedir la República y la derecha renunciaba a la Dictadura”.“Se trata de un acuerdo que en el caso de que haya de ser modificado se deberá producir un amplio consenso y esa es la posición del PSOE».

Esta declaración la hizo el secretario provincial del PSOE, Pablo Bellido, tras la abdicación de Don Juan Carlos y buscar en ella un asomo de rebelión republicana en el PSOE de Emilio García-Page es de una estupidez mayúscula, pero que encima se haga desde algún medio público regional es de una torpeza imperdonable. Bellido se ajustó al discurso oficial del PSOE desde la Transición, que tantas veces han repetido Adolfo Guerra o Felipe González, y que responde a ese pacto constitucional que tanto parece molestar a cierta izquierda y a sus clones en la derecha más montaraz, que lo único que demuestran es no haber leído un libro de historia en su vida. Ni entiendo el empeño de unos por señalar con el dedo a republicanos que no pretender derribar  la Constitución, ni la desmemoria de otros, como ese tal Cayo Lara de Argamasilla de Alba, que nos dice que la elección es entre democracia y monarquía, como si todas repúblicas que hay en el mundo fueran democráticas, y  sus antecesores en el PCE que aceptaron al rey y a la Constitución una banda de traidores.

Como no tengamos un poco de cuidado, este populismo televisivo a lo Sálvame Diario versión redimamos a la Patria y al Pueblo mañana, si es posible, mejor, nos puede comer por los pies. Y mira que alguno se lo merece.

El análisis: voto de castigo a los grandes y rapapolvo al PSOE

Se puede decir que los electores de los dos grandes partidos en Guadalajara  se han quedado a gusto. Si las elecciones Europeas siempre han servido para que parte de estos electores den un toque de atención a los dos elefantes de la política española, en esta ocasión el tirón de orejas  ha sido tan grande, especialmente en los socialistas, que cabe peguntarse si no está cambiando el panorama electoral más allá del exotismo que suponen unas elecciones Europeas donde muchas personas piensan que no se juega nada importante.

Provincia de Guadalajara: Fuerte castigo para PP y PSOE. Los populares sigue ganando pero esta vez bajan 17,7 puntos respecto a las Europeas de 2009. Aunque hay un dato novedoso a destacar: el PP ha pasado de ser la solución al PP de Castilla-La Mancha (Cospedal le debe el triunfo a Guadalajara) a constituir un posible problema ya que es la primera vez en que los resultados de Guadalajara (33,65%) están por debajo de la media autonómica (37,70), lo que son más de 4 puntos de diferencia.

¿Qué está pasando? Guadalajara siempre ha marcado tendencia en CLM. Cuando todavía en la Autonomía el PSOE ganaba con claridad las elecciones, dejó de hacerlo en Guadalajara, provincia que siempre ha avanzado lo que va a venir después en el resto de la región.  En esta provincia, el comportamiento electoral es similar al de la vecina comunidad de Madrid, a la que se encuentra espiritualmente más unida que a su región de adscripción, y la caída del PP (29% de los sufragios) y el PSOE (18,9) en Madrid, así como el ascenso de Podemos (11,2), IPyD (10,5) e IU (10,5) así lo confirma. El PP tiene bastante que reflexionar en esta provincia, ha parado el golpe de Vox (2,93%),  pero tiene a Podemos cerca del 9%, y tanto IU como UPyD crecen ya por encima de ese 9%. Esto aleja al PP de nuevas mayorías absolutas, aunque peor es lo del PSOE, que ha sufrido un mayor desgaste que el partido del Gobierno. El suelo electoral de los socialistas sigue bajando y bajando y alcanza en el conjunto provincial el 22,3%, lo que supone una pérdida del 13,8% de los votos frente a las Europeas de 2009. La sangría del PSOE termina más a la izquierda,  seguramente en IU pero también en Podemos, el partido del televisivo de izquierda radical de Pablo Iglesias que alcanza nada menos que el 8,83%. Izquierda Unida también  sube 5,98% y lo más llamativo del caso es que entre el partido de Iglesias y el de Cayo Lara superan el 18%, y le pisan  los talones al Partido Socialista si fueran capaces de unir ambas fuerzas.

Castilla-La Mancha: Aunque la Ley Electoral que prepara el PP (que beneficia a los dos grandes partidos, también al PSOE) podría corregir esta tendencia, el bipartidismo queda  tocado en CLM. El PP sigue siendo el primer partido con el 37,20% de los votos, pero pierde el 14,2 de los votos (3 puntos menos que en  Guadalajara) y por primera vez en mucho tiempo la suma de PSOE e IU (37,40) es casi idéntica. Pero si añadimos el 6,35% de Podemos nos encontraríamos ante una mayoría de izquierdas en CLM con el 43,75%, que si estuviéramos en una circunscripción única en las Autonómicas solo podría ser superada por una coalición de PP e UPyD, que sumaría el 44,90. Comparar autonómicas y Europeas no deja de ser política ficción, por el sistema electoral y el distinto comportamiento de los votantes, pero mal haría Cospedal si analizara estos resultados con complacencia. Más autocríticos deberían ser en el PSOE de García-Page, que aun estando en la oposición tanto en España como en CLM siguen perdiendo votos: baja hasta el 28,73% cuando en las últimas elecciones, gobernando Zapatero,  todavía conservó el 39,9%. El tropezón es por lo tanto notable.

Capital: La capital siempre ha sido un termómetro que anticipa tendencias a lo largo de la historia electoral de Guadalajara y estas elecciones nos dejan algunos datos muy importantes: El PP sigue siendo el primer partido local con el 34,95% pero en estas elecciones pierde nada menos que 17,5 puntos respecto a 2009, una barbaridad teniendo en cuenta que los populares alcanzaron el 52,05% de los sufragios en las Generales de 2011 y meses antes cosecharon el mayor triunfo electoral de la historia al sumar 16 concejales de un total de 25. Algo está cambiando en la capital que el PP tendrá que detectar. Pero si la victoria del PP es agridulce, el hundimiento del PSOE rompe el suelo conocido y baja por primera vez de la cota del 20%. Exactamente, los socialistas se quedan en el 19,77%. Si tenemos en cuenta que en las Europeas de2004, el PSOE sumó el 40,06%, significa que en solo 10 años, los socialistas pierden más de 20 puntos en las Europeas. Aunque IU triplica resultados es evidente que el PSOE también cede votos a Podemos, que alcanza el 8,52%, y alguno a UPyD, que sigue creciendo: del 6,50% hasta 9,45%.

En Guadalajara capital se produce como en ningún otro sitio ese efecto de termómetro que avanza cambios y teniendo en cuenta que estamos a un año vista de las elecciones Locales, añade incertidumbres a la confortable mayoría que hoy ostentan los populares en su ayuntamiento. Un resultado como el de las Europeas(que insisto no es reproducible, pero apunta cambios) nos habría dejado un ayuntamiento a la italiana sin una mayoría estable y con 6 partidos representados frente a los 3 actuales.

Vox casi dobla el voto provincia en la capital, pero se queda en el 4,26%, con 1.287 votos, una cantidad insuficiente para entrar en el Ayuntamiento.

En la provincia y en la capital ya hay más gente que no fue a votar de los que lo hicieron lo que constituye un fracaso para el sistema. Atraer a estos electores es el primer reto para los partidos que se presentan a las elecciones, y especialmente para los dos grandes. La campaña electoral no solo no ayudó sino que echó al elector de los colegios. Se habló de todo menos de Europea

El análisis de España y Europa lo dejamos para nuestro editorial.

Esto es lo que hay

Ganará la abstención y luego otro

Se ha insistido mucho en el resbalón del caballero jerezano en el debate televisivo con Valenciano, pero menos en el dato más revelador que suscitó la comparecencia televisiva. Lo dejaré para el final.

¿Es importante el cabeza de  lista en unas elecciones Europeas? En mi opinión es muy escasa, porque no se trata de unas presidenciales o de unas parlamentarias para elegir  luego el primer ministro, pero en los últimos tiempos gozan algo más de relevancia desde que esos cabezas de lista protagonizan los cortes publicitarios en los telediarios y luego  personalizan el debate televisivo, aunque fuera tan encorsetado y por lo tanto tan artificial como el que nos ocupa. En esa armadura medieval con la que se mueven los candidatos, solo hay que pedirles  una cosa: que no metan la pata. Y Cañete resbaló en el debate y la metió al día siguiente en la explicación del resbalón.

En el PP se las prometían muy felices en un debate entre el abogado del Estado y la antigua telefonista de Ferraz (las redes sociales dejan a más de uno/una con el trasero al aire) , y por ello el chasco fue mayor cuando no se produjo la anunciada victoria por aplastamiento. Pero  no toda la culpa fue de Cañete, un político sobradamente preparado y con cierto gracejo personal. Al pobre hombre le puso Pedro Arriola la cabeza  como un bombo con sus recomendaciones de control y moderación, de  mantener  una pelea de perfil bajo que no despierte el interés de la izquierda abstencionista, pero sobre todo se equivocaron con suministrar al candidato una excesiva munición a base de cifras de todo tipo con las que  certificar sus asertos. Eso queda muy académico,  pero el plató Luis Buñuel no es la Sorbona y se  olvidan de que la televisión es un medio de una gran simpleza en la que el medio no solo es el mensaje, sino que acaba importando más cómo lo dices que lo que dices. Así fue muy sorprendente ver como Valenciano pasaba sin quemarse sobre la mala deriva de la crisis en España por la inacción del gobierno de Zapatero, o como la candidata socialista defendía con solvencia y alegremente políticas de gasto que sus compañeros socialdemócratas  alemanes hace tiempo que arrojaron al cubo de la basura en favor de mejorar los criterios de competencia, el gran problema de la Unión. Cañete buscó con afán esos datos entre sus papeles, haciéndose un lío considerable, y parte del auditorio pudo sospechar que no existían. Los candidatos españoles deberían tomar ejemplo de esos debates en las Primarias americanas en las que los presidenciables se presentan con una cuartilla pata tomar cuatro notas y unas simples fichas con los datos esenciales. Un equipaje suficiente para el que aspira a llegar a la Casa Blanca, y si no es así que pase el siguiente.

En España no solo los debates son una mera apariencia, sino que luego acaban defraudando a la audiencia porque en ellos los candidatos no acaban discutiendo de los problemas reales del país, como en este caso fue la corrupción o la irrelevancia del Parlamento Europeo en la toma de decisiones en la Unión Europea frente al Consejo de Ministros o el Banco Central. Es difícil animar a la gente que vaya a votar en unas elecciones que realmente no saben para lo que valen. Pues bien, el debate entre Valenciano y Cañete no contribuyó para nada a esa función pedagógica sobre la idea de Europa y para lo que sirve, como demuestra que solo lo siguieron 1,8 millones de espectadores, lo que significa una cota de pantalla del 9.5%, muy pobre en horario de máxima audiencia, y cinco puntos menos que en el debate entre Oreja y Aguilar de hace  cinco años. Tal es así que los televidentes mostraron más interés por la serie Resurrección (23%), la película Fuego Cruzado (13,75) y el reality El jefe infiltrado (10,9%). Lo más importante del debate entre los dos cabezas de lista es que no sirvió para interesar a los televidentes sobre las elecciones del domingo y el único consuelo que tenemos es que por lo menos en España no tenemos un movimiento euroescéptico y populista que sea capaz de aprovecharse de los errores de conservadores y socialdemócratas, como sucede en Francia, Holanda e incluso en Gran Bretaña para volver a los nacionalismos  de los años treinta.

Ante la carencia de un debate verdaderamente europeísta, nos tenemos que conformar con el lío de Cañete con los papeles o con lo que fue peor, la desafortunada explicación del día siguiente: “Si demuestras superioridad intelectual o la acorralas, eres machista”, sentenció, para acabar arreglándolo.

Al gurú Arriola se le olvidó recomendar a Cañete una cosa que les pasa con frecuencia a los hombres de su generación. Que cuando se refieran  a una persona, en este caso un rival político, prescindan  de si es hombre o mujer,  porque por querer ser deferente con una dama, acabas pareciendo un machista incorregible.

No me atrevo a hacer pronósticos sobre el domingo. Las encuestas y sondeos  nos indican que PSOE y PP están muy igualados, con una ligerísima diferencia en favor de los populares, que en los últimos meses reman con viento a favor por la moderada mejora de la economía. Aun así, cuando se adivina una abstención que podría superar el 50 %, cualquier cosa es posible. Empezando porque gane la abstención, y luego otro.

Esto es lo que hay.

Una recuperación evidente y el riesgo de brecha social

Por mucho que desde la oposición de izquierdas se quiera negar la incipiente recuperación de la economía española, más allá de una situación puramente coyuntural, lo cierto es que todos los organismos internacionales se han con confabulado para confirmar la realidad de esa tendencia,  y que seguramente vendrá muy bien al gobierno de cara a las elecciones Europeas. No entiendo  la torpeza de la señora Valenciano de centrar su campaña en negar la mayor, la bondad de los últimos indicadores de crecimiento, cuando hace solo un año son los que utilizaba la oposición para arrear al Gobierno y algunos los exhibían para justificar que Mariano Rajoy debía solicitar la intervención. Aunque  después de lo que acaba de suceder en Francia, en que Hollande ha renunciado a las políticas keynesianas de crecimiento, las mismas que defendió en la campaña electoral, y ha puesto el faro en el estímulo de la competitividad, sí parece que la socialdemocracia europea necesita una revisión profunda para saber cuál es su papel en la Europa del siglo XXI, que ahora no se visualiza por ningún lado. Sí se perciben mejor las posiciones en la izquierda comunista o de la ultraderecha nacionalista, solo que son incompatibles con las políticas mayoritarias en la Unión Europea y que responden a otros modelos de sociedad.

Los datos son los que son, y por tanto el único debate que cabe es qué grado de responsabilidad tiene un gobierno en que suban o bajen esos indicadores. Es lícito por tanto que el gobierno de Rajoy se refiera a la reforma laboral como  uno de los motores que están detrás de esos 197.701 cotizantes que la Seguridad Social ha ganado entre abril de 2013 a abril de 2014, como que desde la izquierda se ponga el acento en que el 91% de los empleos  que se crean son temporales. Solo que para que mejore la calidad del empleo primero tiene que haber empleo, y pretender que en España se puede atacar los fundamentos del paro estructural sin que se incremente la flexibilidad y la temporalidad es engañar a la gente. Alemania, Holanda o Austria, con tasas de paro del 4 %,  hace  tiempo que duplican y triplican el empleo temporal de España, y nos guste o no, a lo que tiende Europa, por la pérdida de competitividad industrial ante los países emergentes, lo que está haciendo es repartir el empleo que ha quedado. En España por primera se ha empezado a crear empleo con tasas de crecimiento inferiores al 1% y antes se pensaba que habría que creer por encima el 4% para que nuestro país generara empleo neto. ¿Por qué sucede esto? Porque los costes salariales han bajado, pero también porque es menos costoso regular las plantillas, es decir, despedir. Aunque cuidado con el agit-prop del Gobierno: el empleo que se crea no es precisamente de I+D, sino vinculado a los servicios y especialmente al turismo.   Esto es lo que hay. El mundo que viene está tamizado en gris.

En Guadalajara está pasando ya, y vamos más adelantados que en otras provincias de la comunidad. Si bien es cierto que el 91% del empleo generado es temporal, ya se empieza a notar un ligero repunte de la contratación indefinida,  con 647 nuevos contratos realizados en abril, un 18% más. Pero es que también sube el 18,7% los contratos indefinidos  en lo que llevamos de 2014. Los datos de paro del mes de abril confirman por tanto una tendencia positiva en nuestra provincia, con 949 parados menos registrados, un 3,87% menos, aunque todavía es más importante que este mes el número de afiliados a la Seguridad Social sea incluso mayor: 1.029 más.  Esto significa que en Guadalajara se está creando un empleo real, y al margen de la economía sumergida, porque el número de parados no solo ha bajado en 1.661 personas en lo que llevamos de año sino que la afiliación a la Seguridad Social es todavía mayor: alcanza los 1.867 nuevos afiliados.

Parece que hay motivos, por tanto, para no regodearse en el pesimismo, pero tampoco podemos olvidar que en enero de 2008 había en España 2,32 millones de parados y en abril de 2014 son 4,68 millones. En Guadalajara sigue habiendo 23.595 parados registrados en el Inem, aunque  la EPA eleva ese número a unos 30.300. Los costes de la crisis han sido tremendos y lo que no se puede permitir España es un crecimiento sin empleo, como ha sucedido en otras épocas de nuestra historia (la reconversión industrial) , porque la brecha social que se ha agrandado desde 2010 es francamente insoportable con más de cuatro millones  de parados. No podemos por tanto lanzar las campanas al vuelo porque  el 41% de los parados registrados ya no tiene ningún tipo de prestación con lo que se da la paradoja de que el gobierno se va a “ahorrar” unos 4.700 millones que figuraban en el presupuesto para prestaciones. Ya sabemos adónde nos condujeron las medidas de otros gobiernos, quienes creyeron que solo con políticas de aumento del gasto se podía cambiar esta tendencia. Pero desconocemos lo que piensa hacer este gobierno para combatir ese paro estructural, más allá de las políticas de reducción del déficit que se fijan en  Bruselas,  no en La Moncloa, y lo que tiene en mente De Guindos  o Montoro para que las clases medias, la pequeña empresa  y los autónomos no vuelvan a ser otra vez  los que sigan sujetando la fiscalidad de este país, porque no tienen sicavs.  En este sentido, me preocupa que el gobierno haya dejado de hablar de nuevas reformas, porque con este modelo de administraciones superpuestas e ineficaces la recuperación puede ir a ritmo de caracol y demasiada gente se podría sentir fuera del sistema.

Como pasó en la Alemania de la república de Weimar. Y no digo más.

El gran agitador de la cultura guadalajareña cumple 60 años

Este martes se celebra el 60 cumpleaños de Javier Borobia, y los amigos lo vamos a celebrar con la presentación de un libro para el que su hermano Jesús Orea ha ido seleccionando una gavilla de artículos de aquí y allá, representativos de la formación abierta de su autor, que cual ilustrado príncipe del Renacimiento tiene un conocimiento multidisciplinar para poder tocar todos los temas que le rodean. Borobia es en ese sentido un hombre producto de un tiempo que ha quedado atrás, el de la Cultura con mayúsculas, aquella que como decía Camilo José Cela no es más que el poso que queda a la persona cuando olvida todo lo que ha estudiado. Hablamos de una época que ha sido superada por la técnica y la especialización. Si algo define al siglo XXI es la aplicación de la tecnología en todas las vertientes de nuestra vida y la consiguiente formación de técnicos especialistas que la hagan funcionar, pero que los tengo por menos capacitados para entender el conocimiento de una forma global. Ese poso cultura del que hablaba Don Camilo.  Borobia siempre ha sospechado de la intromisión de la técnica en nuestras vidas, y por ello  receló hasta del teléfono móvil, ese intruso que entró en nuestras vidas y con él mil sistemas que han dado lugar a una cultura cada vez más ancha y global, pero más simple.

Algunos de esos artículos que ha seleccionado Orea se publicaron por primera vez en El Decano, en una sección que se llamaba El Mirador, y que compartía semanalmente con otros amigos. A Javier le tocaba escribir una vez al mes, aunque bien sabíamos que su artículo sería el último en llegar para desesperación del jefe de redacción, entonces un servidor. Salva Toquero me preguntaba: “¿Cómo vamos con el cierre?”. Y yo le solía responder: “Queda el artículo de Javier y poco más”. “Vendrá con una primicia”, replicaba  con humor el director. Aunque sabíamos que no. El artículo de Javier podría haber sido escrito cinco siglos antes, y podía tratar de Alvar Fáñez y la reconquista de Guadalajara o la influencia de la tierra de Guadalajara en la literatura del Arcipreste de Hita. Javier es un tío con gran cachaza, hay que reconocerlo,  pero siempre cumple con su palabra, como los castellanos viejos. Ahora tengo que añadir  que internet nos ha ayudado mucho a los que escribimos en las labores de documentación, aunque al mismo tiempo nos ha alejado de las bibliotecas y eso tampoco me parece que sea bueno.

Esta labor del Javier Borobia, articulista, escritor o pregonero –en esto último es un verdadero maestro y su pregón de las Ferias de Guadalajara es uno de los mejores que se han dado en toda la historia de nuestra ciudad—forma parte de esa personalidad de príncipe renacentista que él ejerció durante tanto tiempo. Solo que en Borobia no se ha limitado a difundir sus conocimientos serenamente, como lo hacen los intelectuales no comprometidos, él en el fondo es un agitador social,  nunca violento, pero sí que ha buscado cambiar las cosas en la sociedad y la cultura de Guadalajara. Javier nunca se ha conformado con la labor del animador sociocultural, que hace más divertido lo preexistente. Él es el agitador que sabe que para que unas cosa se mantenga y no se pudra, necesita cambios, y a veces profundos. Es un conservador con alma de revolucionario.        

Tengo mil pruebas de ello. La agitación sociocultural de Javier llegó a los Carnavales de Guadalajara, que habían dejado de celebrarse, con el grupo Mascarones, el embrión del carnaval actual. Borobia compuso hasta la letra del Aliguí, que puso música mi hermano Chechu. La cofradía de la Capa, que montaba escenas del Tenorio en restaurantes y tabernas de Guadalajara, representadas por Javier y otros, fue el germen del Tenorio Mendocino, sin duda el principal fenómeno social de Guadalajara con el Maratón de Cuentos. Fue actor y director de obras con Antorcha, jurado con la Ata en el Arcipreste, el jefe de las estrafalarias  fuerzas  de Don Carnal en el Festival Medieval de Hita, y  su agitador cuando estaba moribundo. Como católico responsable, estuvo entre los renovadores de su cofradía de la Pasión, con la llegada de los cargadores,  y de una Semana Santa de Guadalajara que languidecía año tras año. Aportó su sangre joven a la hermandad de los Apóstoles, bajo el manto de San Felipe. Castellanista activo, no se encogió de hombros durante la Transición, aunque esa etapa no nos salió bien, porque no conseguimos reducir el número de las autonomías castellanas y para colmo nos dejaron fuera a Madrid. ¡Pero vaya si se agitó Guadalajara entonces! Seis meses se paralizó el proceso preautonómico. Javier Borobia fue hasta concejal del Ayuntamiento de Guadalajara, pero le tocó estar en la oposición y perdimos la oportunidad de que un agitador de la cultura pudiera cambiar las cosas desde las instituciones.

Javier Borobia ha estado donde había que estar. Y si no estaba en un sitio, sería por algo.  Gracias a gente como él, todavía  Guadalajara no es un pueblo sin raíces del Corredor o una capital administrativa protomanchega de la autonomía que nos gobierna, porque supo cultivar sus señas de identidad desde la propia sociedad civil que él agitó. Hoy cumple 60 años, y aunque el riesgo de caer en la cultura de la vulgaridad que trae la globalización mediático-cultural-administrativa es cada vez mayor, y yo he perdido casi toda esperanza, por lo menos nadie podrá decir que Javier se quedó mirando para otro lado.

¡Ah! Además de todo eso y mucho más, Javier Borobia es un funcionario jubilado de la Diputación de Guadalajara, que trabajó con pulcritud para que las obras de los planes provinciales se hicieran lo mejor posible, con independencia de quien gobernara.

Este agitador guadalajareño, castellanista y español cumple 60 años, y este martes a las 19,30 en el colegio de San José, los que quieran nos pueden acompañar en la presentación de su libro.

Esto es lo que hay. Y no es poco.

El Eje Cultural y un casco degradado


santamaria1Román
presentaba estos días lo que él mismo definió como el proyecto más importante de esta última legislatura: lo que han bautizado como Eje Cultural, una inversión de más de tres millones de euros, con las siguientes cifras:  Una actuación que  se ha desarrollado sobre 21.000 m2 de superficie, se han renovado 10.000 m2 de viales, se han sustituido 6.200 metros lineales de canalizaciones, se han creado 11.500 m2 de aceras, se han instalado 812 nuevos elementos de mobiliario urbano y se han creado 227 nuevas plazas de aparcamiento.

santamariaUna actuación desde luego importante en una zona  cada día más degradada, como es todo ese eje a ambos lados de la antigua carretera de Zaragoza, y que tiene serio riesgos de quedar  descolgada de los barrios más pujantes de la ciudad. Yo he vivido allí en la niñez, y lo sigo considerando mi barrio,  así que mi corazoncito agradece en lo que vale que hayan querido poner guapo a mi antiguo barrio, aunque sea a costa de no pocas  molestias por parte de sus vecinos. Ya saben que ha habido críticas de la oposición sobre cómo se han organizado las obras, algunas quejas me las han dado personalmente alguno de esos vecinos, y no digo que no les falte razón sobre la incomodidad en la que han vivido desde junio de 2013, pero es lo que tienen las obras de infraestructuras. Que son un verdadero engorro mientras se ejecutan, pero luego las incomodidades se olvidan cuando se disfruta del resultado. Y si lo que queda a los vecinos les gusta y les parece adecuado a la inversión realizada,  será la primera vez que un ayuntamiento pierda votos por unas obras. Que se lo digan a Gallardón con la M-30. Pero sí, hay discusión.

Me gusta especialmente como ha quedado la plaza de Santa María: despejada, limpia y diáfana, el monumento queda resaltado y ennoblecido por la actuación, y además se incorpora un estacionamiento para larga estancia que desde GuadalajaraDiario hemos respaldado. Pero, ¡oh horror!, el turista de ese pomposo Eje Cultural que sale por el portón mozárabe de la concatedral, lo primero que se encuentra es con un espantoso cartel  rojo de una gasolinera cerrada hace muchos años, pero cuya instalación, con su portón herrumbroso,  preside el oeste de la nueva plaza como si se tratara del mismísimo palco Real de Las Ventas. Después de habernos gastado un buen dinerito en sacar brillo a la plaza, alguna solución debería buscar el Ayuntamiento con la propiedad –cederle la edificabilidad que ocupa en otro lugar—porque esto es como comprar un Ferrari para repartir pizas. Me duele el ojo solo de verlo. Además, se  haría una reparación histórica para con nuestro pasado de ciudad depredadora de monumentos, pues allí hubo siglos atrás un coqueto atrio porticado que pertenecía a la antigua iglesia de San Miguel,  de la que solo quedó lo que conocemos como capilla de los Urbina o de Luis de Lucena, un magnífico ejemplo de arquitectura mudéjar, construida en el siglo XVI (Ahí les pongo ese dibujo de Pérez Villamil anterior a la catástrofe).iglesia_san_miguel

Falta hacía por tanto una actuación integral como la comentada, aunque Ayuntamiento y arriacenses en general deberíamos ser conscientes de que tenemos un problema tan grande como  la torre de Santa María de la Fuente la Mayor, que una actuación de infraestructuras no va a arreglar, por digna que sea. Me estoy refiriendo a la despoblación continuada del casco histórico, que comenzó en nuestra ciudad hace más de cuatro lustros y que está afectando no solo a su propia concepción residencial, sino también a su comercio.  Cada día hay más cierres bajados en el casco, y tiendas tradicionales que han aguantado el paso de la historia no digo desde la época de Alva Fáñez –interesante programa de eventos por su 900 aniversario, por cierto- pero casi,  van cerrando porque el dueño se jubila o simplemente por la  falta de expectativas. La última, Tejidos Aguilar, que vistió a media provincia.

La puñetera verdad es que a pesar de que en Guadalajara fue una de las ciudades españolas donde más se infló la burbuja inmobiliaria, no aprovechamos esos días de vino y rosas para rehabilitar nuestro casco histórico. ¿Fue porque los promotores prefirieron desarrollos periféricos más rentables? ¿O porque los propietarios se durmieron en sus laureles creyendo que solares e inmuebles nunca pararían de revalorizarse?   ¿Y no ayudó también que los sucesivos ayuntamientos no aprobasen unas rebajas fiscales y ayudas lo suficientemente atractivas como para animar la rehabilitación? En los grandes fiascos, no suele haber un único culpable. Pero solo hace falta darse un paseo desde la plaza de los Caídos hasta Santo Domingo para hacerse una idea de la envergadura del problema.

En la plaza de los Caídos nos encontramos con que más de dos tercios de las viviendas de la zona están desocupadas,  porque son edificios antiguos sin rehabilitar que solo tienen salida para colectivos de emigrantes de escasos recursos. Sigues por Miguel Fluiters y nos topamos con la ruina del antiguo Bar Soria. Un solar, la fachada desnuda de la antigua pescadería de Maragato y el vacío edificio de la antigua Telefónica,  preside y afea todo el lateral sur de la plaza Mayor. En la cuesta del Reloj ya no vive nadie, excepto en la soberbia casona de la Posada del Reloj, que sí se rehabilitó. El despejado solar del Cine Imperio espera tiempos mejores. En la plaza de San esteban,otro solar donde se ubicó el  palacio de la vizcondesa de Jorbalán.  Hay otro solar vacío al lado del Casino Principal. Más casas y antiguos palacetes en el último tramo de la calle Mayor alta en proceso de ruina.  Y el esquinazo deshabitado de los Solano en el antiguo caserón de Santo Domingo está a la espera del permiso para ser derribado. Una parte de la acera izquierda de la calle del Amparo, que mantiene sus viejas edificaciones de dos pisos, convive con los edificios de más de 10 pisos en la acera derecha. De la Carrera, posiblemente la calle más caótica  de España en su urbanismo, mejor no hablamos.

Otros más doctos que yo deberían hablar sobre esos certificados de edificabilidad que se exigen a las viviendas antiguas y sus resultados.  Yo solo digo lo que veo: que se nos pasó el arroz y la financiación fácil de los tiempos de la Burbuja, y apenas se rehabilitaron casas en el casco para recuperar su carácter residencial.  El Ayuntamiento echa ahora cemento, y lo va a seguir haciendo en la calle de Miguel Fluiters (o calle Mayor baja), la plaza de Dávalos, que ya tocaba, y seguirá hasta el final de Teniente Figueroa –¿qué piensa hacer Correos con el viejo edificio de Telecomunicaciones  que cerró?–  en su conexión con el ahora llamado Eje Cultural. Todo ello no vendrá mal, desde luego, pero el meollo principal ahí seguirá. El corazón del casco está cada vez más degradado en razón de que no tiene viviendas de calidad para recuperar su carácter residencial.  Cada vez hay más solares sin edificar. Y el Eje Comercial se desplaza a pasos agigantados del norte hacia el sur con serio perjuicio para el comercio tradicional de esta ciudad. Habría que pensar cómo hacemos para remediarlo, si todavía estamos a tiempo para ello. Porque el último fin de las obras de infraestructura es que las personas las disfruten. Esto es lo que hay.

P.D. El Ayuntamiento ha accedido a que Miguel Fluiters no se peatonalice tras las obras, como tenía pensado. Los comerciantes no quieren perder plazas de aparcamiento, porque piensan que perjudicará la accesibilidad y a sus negocios. Yo en parte les entiendo. En una situación de crisis como la que vivimos, parece que cuanto menos toquemos mejor, no sea que  el  remedio sea peor que la enfermedad. Pero también les digo que la situación de esa calle Mayor baja, no peatonalizada, no es desde luego mejor que la calle Mayor alta que lleva sin coches los últimos veinte años.  Sinceramente, yo creo que el debate sobre las peatonalizaciones en zonas comerciales  ya no existe en casi ninguna ciudad europea, y se ha cerrado en favor de los espacios para pasear, ver y comprar. El problema de nuestro casco histórico es de mayor calado que el de unas plazas de aparamiento y en él confluyen otros elementos, como hemos dicho.

Las instituciones deben liderar el convenio sanitario con Madrid

La Diputación de Guadalajara, como hizo el ayuntamiento de Loranca  de Tajuña, del PP, ha rechazado una moción de la Plataforma en Defensa de la Sanidad Pública que los partidos de izquierda van a presentar en los ayuntamientos de la provincia en la que se urge a la firma de un convenio sanitario con la comunidad de Madrid.

Empiezo por decir que entiendo que al PP, como partido que respalda a los gobiernos de Rajoy y Cospedal, no le haga ninguna gracia respaldar la propuesta de una plataforma que políticamente  está en sus antípodas y que la integran PSOE, IU, UPyD o el sindicato UGT, entre otros. Aquí nadie se chupa el dedo. Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, desde el PSOE se ha construido un discurso en el que se parte de una premisa que no se corresponde con la realidad, como es que alguna vez hubiera habido entre las comunidades de Castilla-La Mancha y Madrid un convenio sanitario reglado que regulara esa colaboración. Nunca lo hubo. Y de hecho los que llevamos 30 años defendiéndolo, gobierne quien gobierne,   así  lo reclamamos al uso y manera de nuestra vinculación con la Universidad de Alcalá, que está regulada por Ley,  porque en Guadalajara se peleó duramente por ello. Tiren de hemerotecas.Cuando insistía en mis artículos que la deriva autonomista  acabaría poniendo en peligro nuestra relación  con Madrid, siempre obtuve la misma respuesta de los altos cargos gobernantes: “Tu, Santiago, siempre tan alarmista en estas cosas de la autonomía”.

Pues bien,  lo que tenía que pasar pasó, y cuando la crisis económica se llevó por delante aspectos fundamentales del  el sistema de financiación de las autonomías españolas, sucedió que con ella se fue al garete el fondo de cohesión, que es el que se utilizaba para compensar estos gastos entre pacientes de distintas comunidades. Y así sucedió que Castilla-La Mancha cada vez pagaba peor los gastos de sus “nacionales” en los hospitales de la sanidad madrileña, que empezó a mosquearse por ello. Durante el gobierno de Barreda ya se empezó a restringir el uso de los hospitales madrileños,  y se empezó a practicar ese “turismo sanitario” desde Guadalajara  a  hospitales de Toledo, Ciudad  Real o Albacete, cierto. Pero es al tomar posesión el nuevo gobierno Cospedal cuando la consejería de Sanidad frena en seco esas derivaciones, como me lo reconoce en una entrevista el consejero de Sanidad, José Ignacio Echániz: “No tenemos dinero”.

Eso es lo que pasó. Cuando llega Echániz a la consejería  se encuentra con que no tiene dinero para que los pacientes de Guadalajara sigan teniendo sus hospitales de referencia en Madrid. Llegan los tiempos duros de la crisis, cada autonomía  se cierra sobre sí misma y solo piensa en los suyos; y en la práctica el sistema sanitario estatal solo queda para las urgencias a vida o muerte y los desplazados.  Ahí tienen el reciente caso de la niña fallecida del condado de Treviño a la que un cabeza de huevo de la sanidad vasca decide no enviar una ambulancia a su pueblo, administrativamente Burgos,  y el padre desesperado la traslada en su coche a  la vecina Vitoria.

Sin que nos diéramos cuenta, han cambiado  un sistema público  estatal y español  por  17 sistemas autonómicos de su padre y de su madre. Y como Guadalajara está en la periferia de la autonomía en la que nos metieron,  más cerca de Madrid que Castilla-La Mancha, pues somos  sus “nacionales” los que pagamos  los platos rotos con viajes interminables al quinto pino ( manchego)  de pacientes y familias. ¡Qué forma tan maravillosa de acercar los servicios públicos al administrado y al contribuyente, que es el que paga esta juerga!

No es por tanto el gobierno de Cospedal el que genera por su intrínseca maldad este problema, como acusan interesadamente desde la oposición, pero lo que ya no cuela es que ante la petición de Agamenón  o de su porquero para urgir al mentado gobierno regional  a que lo arregle, la única respuesta que se ofrezca  desde las instituciones guadalajareñas es que estos señores socialistas dejaron la sanidad hecha unos zorros y entrampada hasta las cejas. Aun siendo esto  cierto, han pagado  por ello y por eso  están en la oposición. Y eso es lo que les pasará a los que ahora gobiernan si no lo arreglan.

Así que vuelvo al principio. Entiendo los recelos del PP a no hacer seguidismo político de ciertas iniciativas, pero  cuando se vota en contra de un enunciado como el que proponía la moción de marras, lo que la técnica parlamentaria requiere es presentar una moción alternativa para patentizar que esa voluntad existe. El  PP en la Diputación cometió un error de bulto al no hacerlo, que no les habría ocurrido a los Tomey, Bono, Irízar o Bris,  que se las ingeniaban para estar en cabeza de la pancarta aunque fueran ellos los que gobernasen. Pero esto es lo que hay.

Bono solía decir que España valía más que el PP y el PSOE juntos. Y se quedaba tan ancho como Dominguín. No sé si sería demasiado pedir a los señores políticos que nos representan (y cobran por ello) si tendrían a bien llegar a un consenso sobre un tema tan trascendental como el que nos ocupa, y que por lo tanto debería estar fuera de la pugna política. No sé si llegan a darse cuenta de que este asunto nos compete exclusivamente a los de Guadalajara, y solo un poquito a la comarca de La Sagra, en Toledo, así que si  no nos ponemos de acuerdo entre nosotros, ¿cómo vamos a convencer  a los señores políticos de la autonomía que esto es un asunto tan trascendente, que si no se arregla, rompería las reglas del juego por las que se creó Castilla-La Mancha y Guadalajara se integró en ella?

Si quieren hasta les redacto una moción para que la puedan firmar todos los que crean que Guadalajara vale más que el PP, PSOE e IU juntos.

“Instamos al gobierno de la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha a firmar con el gobierno de la comunidad de Madrid un convenio sanitario con el fin de que vuelvan a ser atendidos los usuarios de la sanidad pública de Guadalajara en los hospitales de Madrid, cuando así se requiera, como  ha venido sucediendo históricamente en razón de la cercanía entre ambos territorios. Este convenio se podría extender a otras  zonas de Castilla-La Mancha que estuvieran interesadas y en justa correspondencia a los pacientes de la sanidad autonómica madrileña en el territorio de CLM”.

Las instituciones deben liderar a la sociedad. Cuando esto no se produce se extiende la impresión de que las instituciones  no son eficaces y por extensión el sistema mismo. En fin, que como decía el añorado Adolfo Suárez, muñidor de grandes consensos durante la Transición,  hay que dar la categoría de normal a lo que en la calle es normal. Y no puede ser más normal que nos atiendan en hospitales que están a 50 kilómetros –cuando no se puede en el de Guadalajara–, en lugar de otros que se ubican a 170, 250 o 300.     

P.D. Pues que quieren que les diga: la mejor manera de homenajear a Adolfo Suárez es seguir trabajando y no suspender ruedas de prensa, exposiciones, conferencias y todo tipo de eventos insitucionales.  Pero…

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