El incendio de La Mierla, iniciado el 16 de julio y actualmente controlado pero no extinguido después de 11 días de intensos trabajos, ha arrasado según datos provisionales unas 32.000 hectáreas de las cuales 21.000 corresponden al parque Natural de la Sierra Norte, aproximadamente el 18% de la superficie total de este parque, el más extenso de la provincia de Guadalajara. Solo en extinción, el incendio ha supuesto un coste superior a los 60 millones de euros, calculan las autoridades de la Junta. Según destacaba en su inicio el presidente regional, Emiliano García-Page, este incendio es el que ha reunido más medios de extinción la historia de la región (229 medios y 1044 personas los días claves), pero a pesar de ello no ha bastado para evitar la destrucción de una de las zonas más bellas de la provincia de Guadalajara. Como señalaba el veterano alcalde de Tamajón, Eugenio Esteban de la Morena, “Castilla La Mancha ha hecho un trabajo maravilloso en mi zona, pero no ha sido suficiente”. Esa es la sensación general que hay en los términos municipales afectados: la coordinación entre las fuerzas ha funcionado bien, se han salvado vidas y haciendas, pero la virulencia de las llamas ha sido tal que los expertos hablan de “incendios inextinguibles” en los que el agua que vierten los servicios de extinción se evapora antes de llegar a la superficie. Por ello deben resignarse a realizar cortafuegos para que las llamas no entren en los núcleos habitados y dejar que el fuego se extienda en el bosque hasta que estén en condiciones de atacarlo. Tal es la gravedad de estos incendios de nueva generación que el de La Mierla llegó pronto a estar el segundo de la historia de España por superficie quemada y en pocos días era superado por el que ha afectado a Madrid y a las dos Castillas, ya unas 77.000 hectáreas. Si en el terreno de la extinción se han hecho importantes esfuerzos en el conjunto de España, eso es innegable, no se puede decir lo mismo de la prevención. En nuestros bosques hay demasiada madera seca que se convierte en combustible letal en los incendios, el abandono rural avanza y no vale solo con echar la culpa al cambio climático, que también hace lo suyo, porque la temporada de riesgo se ha extendido a octubre e incluso noviembre.
Queda mucho trabajo por hacer en materia de prevención, empezando por la colaboración con el sector del campo. Las autoridades de la Junta creen que el incendio tuvo su origen en unas labores agrícolas de recolección. Habrá que esperar al informe de la guardia civil y de la consejería competente para saber qué tipo de responsabilidades se pueden derivar, pero será la justicia la que a la luz de estos informes lo determine y establezca si hay algún tipo de imputación por responsabilidad penal. Mientras tanto, cualquier especulación, como se ha hecho, es injusta y prescindible. Sin embargo, la lección que deberíamos sacar de todo esto es que el diálogo entre el campo y la administración es necesario a a la hora de tomar medidas contra los incendios. Los agricultores y ganaderos son los primeros defensores del medio ambiente, de hecho el abandono de ambas actividades está en el origen de la mayor virulencia de estos incendios de nueva generación, por lo que habrá que combatir con más eficacia los trabajos de riesgo, como puede ser la cosecha en lo más crudo del verano. En ese sentido, quiero subrayar la demanda del presidente de la Asociación Provincial de Agricultores y Ganaderos (APAG), Juan José Laso, quien lamentaba que desde hace cuatro años han ofrecido alternativas como establecer un cinturón de seguridad a lo largo de la Sierra Norte y el Parque Natural del Alto Tajo, que consiste en que en “las parcelas agrícolas lindantes con el suelo forestal crear un cinturón labrado de barbecho para evitar estos incendios», y ha precisado: «Lo llevamos pidiendo en las diferentes reuniones y no han hecho caso”. Así recordaba el estado de los cortafuegos de La Mierla, que según la asociación agraria no tienen «ningún tipo de mantenimiento».
A la mayor brevedad posible, las Cortes de Castilla-La Mancha deberían crear una ponencia especial en la que participen todos los agentes implicados y que elabore un memorándum que sirva de vademécum a todos los servicios de la administración regional. Un pacto contra los incendios en los que todos se sientan implicados porque de nada vale contar con dos parques naturales tan extensos como el de la Sierra Norte y el del Alto Tajo, que también se vio amenazado por el fuego de Selas.
Finalmente está concretar cómo ayudar a los afectados por el incendio. La ministra Sara Aagesen avanzó que el Gobierno de España sufragará «el 50% del coste de la recuperación de una zona de tanto valor como es esta Sierra Norte», y el gobierno regional también ha anunciado sus planes. Pendiente de un informe definitivo sobre los daños, estos han sido muy graves para la flora, el paisaje y la ganadería. Los ganaderos han perdido sus pastos en muchos municipios y a más de uno le darán ganas de adelantar su jubilación. Miles de pinos y otras especies se han quemado, por no hablar del daño que un paisaje negro abrasado hará al turismo de nuestra sierra norte. Incluso la calidad del agua que bebemos podría verse afectada. Un duro golpe, en suma, para la España vaciada que tiene un motivo más para ser pesimista.
Ojalá que la reconstrucción no se pierda en el laberinto burocrático y que se tomen, de verdad medidas extraordinarias porque no puede ser que cada verano se queme media provincia. Y esto es lo que hay.
LA FRASE: «Los políticos no están reaccionando a la situación.Tenemos incendios fuera de la capacidad de extinción. No se puede seguir invirtiendo el doble en extinción que en prevención. Claro que hay que invertir en extinción pero habría que multiplicar por 10 lo que se destina a prevencion. Hay programas de simulación que permiten escoger zonas estratégicas de gestión, donde la prevención es más eficiente». EDUARDO TOLOSANA, decano del colegio de Ingenieros y Montes.


