Archive for diciembre, 2014

Desahucio a una octogenaria

                El próximo día 16 de enero, si las “circunstancias” no lo remedian –que mucho me temo que no lo van a remediar-, la histórica Casa de Guadalajara en Madrid va a cerrar sus puertas y a cesar en su funcionamiento y prestación de servicios, después de más de 80 años de actividad ¡que se dicen pronto! El motivo de este cierre y este cese de actividad radica, fundamentalmente, en la falta de recursos económicos de la Casa para pagar el alquiler fuertemente incrementado de su sede,  en el número 15 de la madrileña plaza de Santa Ana, después del pleito que los propietarios del inmueble plantearon en los juzgados para revisar el precio del mismo y que, tras unos años de moratoria en que se ha mantenido en un nivel relativamente asequible, a partir del próximo enero se situaría en un precio inasumible para una economía tan limitada como es la de la Casa de Guadalajara en Madrid.

                En el fondo, y casi en la forma, se trata de un desahucio en toda regla y además agravado por ser a una octogenaria como es nuestra “embajada” en Madrid, eufemismo recurrente, pero no desatinado, con el que perfectamente podríamos referirnos a la Casa de Guadalajara. Reflexionemos para ver si exagero o  no con lo de que se trata de un desahucio: La Casa no puede pagar el alquiler, porque sus recursos propios más los que recaba del bajo apoyo institucional que recibe, no se lo permiten, y una decisión del juzgado, como es posibilitar un incremento muy importante del precio del alquiler al propietario, va a lanzarla a la calle ¿Es, pues, un desahucio o no lo es? Aunque no creo que la Plataforma Antidesahucios se ponga en marcha para defender a la Casa de Guadalajara en esta cuestión, perfectamente podría hacerlo.

A quienes no conozcan la labor que ha venido desarrollando la Casa de Guadalajara en Madrid puede parecerles mera anécdota que cierre, pero no deja de ser realmente una pena que cese en su funcionamiento un foco de actividad social y cultural tan arraigado y prolífico pues, basta echar un vistazo a sus boletines informativos, bajo la señera cabecera de “Arriaca”, para comprobar que había frecuentes motivos para acudir a ella, no sólo a relacionarse con los paisanos guadalajareños –o no- en torno a un café, un vino o una caña de cerveza, sino para leer, cantar, escuchar música, ensayar o ver teatro, participar en coloquios, asistir a conferencias, partir de excursión, casi siempre a la provincia, etc. etc. Bien, pues todo eso y más, a partir del próximo 16 de enero, se va a acabar porque la Casa no es capaz de recaudar el dinero suficiente para pagar su alquiler, sumando sus recursos propios –fundamentalmente cuotas de socios y alquiler del bar restaurante, supongo- más los ajenos que recibe de las instituciones regionales y provinciales que, por lo visto, leído y oído, es más bien poco, con la excepción de lo aportado, tanto en apoyo económico como moral –que, a veces, es aún más importante-, por la Diputación Provincial, la entidad que históricamente ha estado siempre más cerca de la Casa de Guadalajara, como no podía, mejor dicho, como no debía ser de otra manera. Significativo es también que el Ayuntamiento de Madrid ha apoyado más a la Casa de Guadalajara que el de la capital de la provincia.

A pesar de ser una “comunidad originaria de Castilla-La Mancha”, como la Casa de Guadalajara reconoce y proclama, es un hecho cierto que poco, muy poco tiene que agradecer a la Junta de Comunidades, que siempre ha preferido apoyar a la Casa de Castilla-La Mancha –que, en el fondo, es la Casa de la Mancha, con la adicción de Castilla para ser políticamente correcta y ponérselo más fácil a “Toledo” – antes que a las casas de las distintas provincias de la región, muy especialmente la de Guadalajara en Madrid, que es la que ha pervivido con personalidad propia en el tiempo autonómico que vivimos desde hace ya más de treinta años. Una factura más que se nos cobra por ser Guadalajara la única provincia de la región que no tiene ni un milímetro cuadrado de territorio manchego, en esta región inventada y artificial donde las haya y que nació con el famoso “café para todos”, eso sí, dándosenos achicoria, mientras a otros se les ofrecía el mejor de Colombia o Brasil. Significativo, muy significativo, resulta comprobar cómo han mejorado sus sedes y aumentado sus recursos y actividad las casas regionales -no sólo en Madrid-, decididamente apoyadas por sus comunidades autónomas para subrayar y ensalzar sus propias personalidades y singularidades territoriales, mientras las provinciales, incluso apoyadas por sus diputaciones, se han ido eclipsando por el fulgor creciente de las regionales. Corren malos tiempos para las provincias y eso no es bueno para la de Guadalajara porque su realidad social, económica, geográfica y, en no pocos aspectos, hasta histórica, es distinta a la de las otras cuatro provincias de la región, a quienes les une la  mancheguidad que comparten y que tanto influye en las políticas que emanan de Toledo.

Me duele que vaya a cerrar la Casa de Guadalajara en Madrid porque con ella perdemos otra seña de identidad, un referente guadalajareñista en el corazón de ese Madrid abierto y universal en el que todos caben, pero del que a nuestra “embajada” van a desahuciar. Desde el 16 de enero, la estación de Atocha estará más cerca que nunca de Guadalajara, mientras que la Puerta del Sol nos quedará más lejos.

Mis penúltimas palabras de este post son intencionadamente de reconocimiento y aplauso para José Ramón Pérez Acevedo, que va a ser el presidente de la Casa de Guadalajara en Madrid que se va a ver obligado a cerrar sus puertas, cuando ha sido el que más, mejor y con más constancia ha trabajado para que siempre estuvieran abiertas y mereciera la pena traspasarlas.

Acabo ya con este deseo que corre de boca en boca por las calles de Guadalajara en la mañanabuena, la tardebuena y la Nochebuena, también por esa guadalajareña plaza de Santa Ana que aún tendremos por unos días en Madrid: ¡A pasar buena noche y feliz Navidad!

 

 

Mi posición sobre “Posición Saldón”

Hace unos días se ha hecho público que el Ayuntamiento de Yebes – ese pequeño pueblecito cercano a Horche al que le brotó una “Ciudad”, llamada “Valdeluz”, en medio del monte, en la España del ladrillazo, y en la que hay más viviendas vacías que habitadas- ha solicitado a la Consejería de Educación y Cultura de la Junta la declaración de “Bien de Interés Cultural” (B.I.C.) para el refugio antiaéreo subterráneo que se construyó en  su término municipal durante la Guerra Civil y que se denominó “Posición Saldón”, que se ubica en las proximidades del Sanatorio de Alcohete, y que, doy fe, porque estuve dentro de él hace apenas medio año, que además de ser una construcción singular, curiosa y, por supuesto, histórica, presenta un casi óptimo grado de conservación.

Saldu00F3n 7 Coincido plenamente con el Ayuntamiento de Yebes en que este refugio merece la declaración de Bien de Interés Cultural, pues la misma conllevaría garantizar su protección y conservación y le abriría las puertas para una futura restauración, sin que sea precisa una gran intervención en él, y una potencial puesta en valor como una construcción defensiva y estratégica singular de la Guerra Civil que, como el propio Ayuntamiento apunta, podría complementarse con una construcción exterior en la que se creara un Centro de Interpretación de la Guerra Civil en la provincia, haciendo especial hincapié en las construcciones militares propias de ella realizadas por los cuerpos de zapadores e ingenieros: refugios, búnkeres, trincheras, aeródromos, etc.

La llamada “Posición Saldón”, que data de 1937, es uno de los cuatro refugios antiáereos construidos durante la Guerra Civil para, desde ellos, a salvo de los proyectiles y bombas de la aviación, poder dirigir tropas y ejecutar la táctica militar a distancia. De hecho, este refugio de Alcohete albergó el Estado Mayor del IV Cuerpo de Ejército Republicano, al mando del anarcosindicalista, Cipriano Mera. En Madrid, en el Parque del Capricho, cerca del palacio de los Condes de Osuna, se conserva también en buen estado la llamada “Posición Jaca”, que albergó el Estado Mayor del General Miaja, el encargado de la defensa de Madrid. En 1980 se destruyó otro refugio similar que había en Salamanca y que albergó el Estado Mayor del General Franco. Al parecer, también se construyó un cuarto refugio de estas características, del que no he encontrado más datos que la referencia de que existió, información obtenida, por cierto, en la página web del “Colectivo Guadarrama” (www.colectivoguadarrama.org), que es una asociación independiente muy activa, de ámbito nacional, cuyo objetivo principal es, según ella misma proclama, “fomentar la catalogación, datación y preservación del legado arqueológico/arquitectónico procedente de la Guerra Civil española” y cuyo trabajo y referencias, estoy seguro, han sido las que han permitido al Ayuntamiento de Yebes abordar esta iniciativa de solicitar la declaración de B.I.C. y poner en valor la “Posición Saldón” que, repito, me parece acertada, oportuna y viable.

Como decía, la “Posición Saldón” se construyó en 1937, en las inmediaciones del Sanatorio de Alcohete, y, no por casualidad, sino por el hecho de que éste fuera desde 1929 un  centro para tratar la tuberculosis, una enfermedad muy temida entonces por sus altas dosis de mortalidad y fácil contagio, lo que convertían a aquella zona en un lugar prácticamente aislado. También hicieron idóneo ese emplazamiento para este refugio militar otras circunstancias, como el hecho de distar 14 kilómetros de la capital, objeto frecuente de bombardeos de la aviación “nacional” durante toda la Guerra, y, por supuesto, su ubicación en un alto páramo y con fácil enlace con los valles del Tajuña y el Henares y, por tanto, con Alcalá y Madrid.

Saldu00F3n 8Efectivamente, como ya he señalado, la “Posición Saldón” presenta un estado de conservación casi óptimo. Tenía tres accesos, del que sólo se conservan dos pues el tercero está cegado: uno a través de una puerta metálica que conduce a unas escaleras muy pronunciadas, y que profundizan hasta diez metros bajo tierra, y otro que es una trampilla por la que se puede descender en vertical al refugio por una oquedad bastante estrecha y que era la torre de ventilación, por la que entraba el aire limpio, que servía para contrarrestar los efectos de los gases tóxicos, mucho más pesados. La parte principal del refugio la articula un gran pasillo de unos 49 metros de longitud, del que parten a su izquierda siete salas cuadradas de unos seis metros cuadrados de superficie, partiendo a su vez de tres de ellas varios pasillos que llevan a dar a otras tres salas del mismo tamaño. Todas las salas son iguales, excepto la primera que se encuentra al acceder al refugio y que todo apunta a que era la enfermería, pues es la única que tiene suelo y paredes alicatadas al estilo de los dispensarios de la época; el resto de la construcción es, o bien de ladrillo, en ocasiones  enfoscado de yeso, o de tierra. Al final del pasillo principal hay una sala en la que aún se pueden apreciar, claramente, los mecanismos de lo que fuera una subestación eléctrica, con dos transformadores, uno de la construcción originaria y el otro posterior a la Guerra Civil.

Los terrenos en los que se enclava la “Posición Saldón” fueron cedidos al Estado, en la década de los años 20 del siglo pasado, por el Conde de Romanones, con el fin de que en ellos se construyera un sanatorio antituberculoso, poniéndose la primera piedra del mismo en 1927 y abriéndose, con tan sólo 25 camas en ese momento, dos años más tarde. Después de la Guerra Civil, en 1945, el sanatorio fue notoriamente ampliado, hasta dar cabida a 250 camas destinadas a estudiantes universitarios enfermos de tuberculosis. En noviembre de ese año se inauguró oficialmente esa gran ampliación de Alcohete, con la presencia del entonces Ministro de la Gobernación, Blas Pérez González, y con toda pompa y circunstancia, pues hasta el luego mítico y ya entonces muy reconocido barman y hostelero, Perico Chicote, fue el encargado de servir un cóctel a las numerosas autoridades -civiles y militares, por supuesto- presentes en el acto, según narran los cronicones de la época. Como es sabido, afortunadamente erradicada la tuberculosis como mal endémico hace ya décadas, el Sanatorio de Alcohete fue reconvertido a centro de tratamiento de enfermedades psiquiátricas, uso que mantiene en la actualidad, dependiendo directamente de la Consejería de Sanidad de la Junta porque no está integrado en el Sescam.

Espero, y deseo, que la “Posición Saldón” sea lo antes posible B.I.C. y que ese Centro de Interpretación de la Guerra Civil en la provincia no se quede sólo en una idea –buena, a mi juicio-, sino que se convierta pronto en proyecto y, después, en realidad. Eso sí, rigurosa, objetiva, técnica y apolítica realidad.

 

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