Archive for junio, 2015

Banderas de nuestros hijos

                Pablo Iglesias le copió a Barack Obama el slogan electoral con el que intentó y logró ser el primer presidente de raza negra de los Estados Unidos, “Yes, we can!” –“Sí, podemos”- y su reciente –que no sorprendente, al menos para mí- socio de gobierno en numerosos ayuntamientos, diputaciones y gobiernos autonómicos, el actual líder del PSOE, Pedro Sánchez, le copió al presidente americano una de sus más conocidas puestas en escena electorales, al comparecer hace unos días junto a su mujer en un acto público con una gran bandera de España de fondo, al igual que lo hiciera hace años Obama con su mujer y la bandera de USA. La izquierda española ha solido ser antiamericana, cuanto más a la izquierda, de forma más radical todavía, pero una cosa es que no les guste lo “yankee” y otra bien distinta que no se aprovechen de lo mucho que los descendientes y herederos del “Mayflower” pueden enseñar en tantos y tantos ámbitos, especialmente el socio-político, en el que son auténticos maestros.

                No seré yo quien critique que el líder del PSOE se presente y fotografíe junto a una gran bandera de España, algo que debería ser normal pues es la enseña constitucional que representa a todos los españoles, incluso a quienes no la aceptan como símbolo propio, pero que adquiere el carácter de extraordinario porque no recuerdo ocasiones precedentes de líderes ni de dirigentes socialistas que se hayan dejado ver junto a una bandera española de forma tan notoria, calculada, impactante y, en mi opinión, interesada. No es que Pedro Sánchez hiciera un “top less” enarbolando la bandera española como la revolucionaria que Delacroix pintó con una enseña de Francia en la “Libertad guiando al pueblo”, pero el mensaje que quiso hacer llegar fue parecido al de aquélla: con la bandera, hacia la victoria. Electoral claro.

O sea, que al igual que Zapatero no quiso levantarse, con toda intención, al paso de una bandera americana en un desfile militar celebrado en el paseo de la Castellana cuando aún no era presidente de España, pero aspiraba ya a serlo, su sucesor como líder del PSOE tras el paréntesis de Rubalcaba, ha decidido, también con toda intención, envolverse en este caso en la bandera de España, desconcertando e, incluso, cabreando a los muchos socialistas que hay de alma y corazón republicanos, a cambio de intentar agradar a los numerosos ciudadanos situados en la centralidad política, afines a la monarquía y sus símbolos constitucionales. Y de entre ellos, el emblema por excelencia es, precisamente, la bandera roji-gualda, que el rey Carlos III eligió en 1785 como enseña de la Armada española, tras convocar un concurso al efecto y decantarse por ella al ser la más visible desde mayor distancia en el mar, evitando con ello que nuestros propios barcos se enfrentaran entre sí abriendo fuego amigo.

Es evidente que los políticos, de toda opción, por supuesto, se mueven cada vez más en función de lo que les aconseja el marketing político y que todo lo que dicen y hacen está “listo, calculado, establecido, estructurado, abastecido, preparado”, no para “servirle a usted”, como decía la canción de “Desde Santurce a Bilbao Blues Band”, el mítico grupo setentero de Moncho Alpuente, sino para tratar de ganar votos. La exhibición de Sánchez con la bandera de España no obedeció a un capricho personal del jefe de los socialistas ni a un subidón de ardor patriótico, sino a una calculada estrategia de guiño al centro político, después de haber pactado todo lo pactable con la izquierda radical de Podemos; y digo radical porque en verdad lo es, bastando como prueba de ello los currículos y las “hazañas”, de palabra o de obra, de muchos de sus cargos electos, antes y después de serlo, y los programas e intenciones con los que las “marcas” con las que ha comparecido o se ha identificado Podemos han concurrido en las pasadas elecciones autonómicas y locales.

Lo curioso, lo realmente curioso, es que Pedro Sánchez se ha exhibido de forma notoria, intencionada y, repito, a mi juicio interesada, con la bandera bicolor constitucional, poco después de pactar con Pablo Iglesias, acérrimo partidario de la tricolor y que no dudo que pondrá todo el poder que sea capaz de acumular –inclusive el que le ceda el PSOE- al servicio de su causa izquierdista y republicana, para lo que tampoco dudo contará con la simpatía y la colaboración de muchos dirigentes y militantes del PSOE. Tengo claro que el PSOE de hoy está más cerca de Podemos que del centro político y no es nada extraño que algunos alcaldes suyos, como por ejemplo el de Garrucha (Almería), la primera decisión que han tomado haya sido quitar una gran bandera de España que había en la rotonda principal de acceso a la localidad para sustituirla por una local: “Mejor poner la bandera del pueblo que la de España”, ha declarado el primer edil socialista garruchero. Espero que al madrileño Sánchez no le dé por envolverse la próxima vez, en lugar de en la bandera de España, en la de Madrid, más que nada por si en vez del oso y el madroño algún “podemita” cachondo le coloca un perro y una flauta.

Las banderas de nuestros padres –como el título de la magnífica película de 2006 de Clint Eastwood– no son hoy las nuestras, pero si las nuestras tampoco van a ser las de nuestros hijos, España volverá a dar síntomas de padecer un agudo problema de falta de identidad y de permanencia de valores y seguirá en la invertebración que tanto le dio que pensar y escribir a Ortega y Gasset.

¿Podrán?

                Los actos formales de constitución de los ayuntamientos, en función de los resultados habidos el 24-M, que tuvieron lugar el pasado sábado, han dejado para el análisis unos cuantos hechos y otros tantos dichos. Por otra parte, aunque se han despejado bastantes dudas, se han abierto nuevas incógnitas. Entre aquéllas, ha quedado claro algo que ya era previsible: la izquierda, cuando con sus escaños puede desplazar del poder al PP, lo desplaza sin miramientos. Entre éstas, qué hará Ciudadanos en el futuro: permitir gobernar con cierta tranquilidad a quienes ha permitido que gobiernen por ser las fuerzas más votadas o hacerles oposición desde el minuto uno y hasta que se celebren las elecciones generales, que es el verdadero horizonte estratégico para Albert Rivera quien, en función de los resultados que entonces obtenga su formación, enseñará de verdad “la patita”. El tiempo hablará, despejando las dudas que ahora surgen, pero abriendo también nuevas incógnitas porque la política es siempre cambiante, como el tiempo y los propios hombres.

                Decía que la jornada de constitución de los ayuntamientos –que, curiosamente, tuvo lugar el 13 de junio, festividad de San Antonio, el santo al que tradicionalmente imploraban las mozas casaderas para encontrar novio-, dejó hechos y dichos destacables, unos para bien y otros para lo contrario. Un hecho que, personalmente, a mi me disgustó y contrarió mucho fue la bronca y los insultos que el portavoz de Ciudadanos en el Ayuntamiento de Guadalajara, Alejandro Ruiz, recibió por parte de un grupo de la “Plataforma Antidesahucios” y simpatizantes de “Ahora Guadalajara” cuando salía del Ayuntamiento, tras la sesión en la que Antonio Román fue investido alcalde por tercera vez, gracias a sus propios concejales (11) y a la abstención de los dos de C´s, tras alcanzar el viernes a media tarde un pacto entre ambas formaciones, tras bastantes horas de negociación. Abroncar e insultar al que no opina como tú o no hace lo que tú quieres o lo que a ti te conviene es una prueba de mala educación, pero, sobre todo, una muestra de intolerancia total. La mala educación enrarece y afea las relaciones humanas, pero la intolerancia degrada al propio hombre y hiere a la sociedad. Espero que sólo haya sido un hecho aislado y que “Ahora Guadalajara” lo repruebe públicamente porque, de lo contrario, ¿cómo va a poder regenerar la vida pública, algo a lo que dicen aspirar, un colectivo político que practica y consiente la mala educación, el insulto, la intolerancia e, incluso, el sectarismo? No es la primera vez que lo digo y seguro que lo diré muchas más: Mal camino no lleva a buen pueblo. El que quiera entender, que entienda.

Muchos hechos más ocurridos el 13-J, algunos incluso inasumibles para Kafka, podrían ser comentados en este post, pero me voy a referir a algunos dichos que también me han producido desazón y que, por cierto, igualmente han protagonizado cargos electos de las distintas marcas con las que Podemos y otros colectivos de izquierda han concurrido a las pasadas elecciones locales y autonómicas. De entre estos dichos, aunque se remonten al año 2011, me han llenado de estupor los tuits de humor negro, xenófobos y antisemitas con los que se despachó por las redes sociales el nuevo concejal de Cultura y Deportes del Ayuntamiento de Madrid, el “podemita” Guillermo Zapata; en uno decía: «¿Cómo meterías a cinco millones de judíos en un 600? En el cenicero«, y en otro: «Han tenido que cerrar el cementerio de las niñas de Alcáser para que no vaya Irene Villa a por repuestos”. Quien está detrás de estos dos auténticos desatinos pretende gestionar la cultura y el deporte madrileños los próximos cuatro años, pero lo peor es que, cuando esto escribo, aún no ha dimitido, ni la nueva alcaldesa madrileña, Manuela Carmena, le ha cesado, algo que debería haber ocurrido en cuanto se conocieron ambos dislates, hace ya más de dos días; la duda, en este caso, además de ofender a las víctimas de los tuits, reafirma la bajeza moral de quien los subió a la red y deja en evidencia y con el faldón levantado a quien aún permite que sea miembro de su equipo de gobierno. Ni Madrid podía llegar tan bajo, ni algunos tan alto.

Termino comentando otro dicho preocupante, lamentable y censurable, que remueve los cimientos del Estado de Derecho, el auténtico garante de nuestra democracia, e, incluso, los de la propia Roma, la ciudad en la que se fraguó el Derecho como ciencia y materia para vertebrar la sociedad y dotarla del valor de la justicia, que es uno de los tres ejes sobre los que se asientan los principios básicos de Europa, junto con la filosofía griega y la religión cristiana. La flamante nueva alcaldesa de la capital catalana, la también “podemita” de “Barcelona en comú”, Ada Colau, incluso antes de ser investida como tal, ya dijo el siguiente disparate jurídico y político: “Desobedeceremos las leyes que nos parezcan injustas”. Que una alcaldesa, que debe dar ejemplo a la ciudadanía, haga proselitismo de la desobediencia de las leyes, es un verdadero despropósito y confirma el auténtico alma anti-sistema y ácrata de una significativa parte de los miembros de Podemos. Y no hay nada más contradictorio que un antisistema gestionando el sistema y un ácrata dirigiendo el poder.

¿Podrán? Así, espero y deseo que no.

P.D. Con posterioridad a la redacción de este artículo, el señor Zapata sigue siendo concejal de Madrid, aunque ya no lo sea de Cultura y Deportes.

 

El Corpus, fiesta mayor en Guadalajara

Después de la “electoralitis” aguda que hemos padecido –nunca mejor dicho- en las últimas semanas y que amenaza con hacerse crónica pues aún nos restan las elecciones autonómicas catalanas de finales de septiembre y las generales de noviembre o diciembre, es todo un alivio poder y querer escribir de algo que no tenga nada que ver con la política, como es de la tradicional celebración del Corpus en nuestra ciudad, fiesta mayor, que tendrá lugar el domingo, 7 de junio.  Aunque el 4, jueves, día de la semana en el que antes se celebraba el Corpus, fue este año fiesta laboral en Castilla-La Mancha y otras comunidades –entre ellas, Madrid-, aquí sólo se vivió la festividad “por lo civil”, valga la expresión, porque por lo religioso y con toda su solemnidad únicamente se celebró en Toledo, Granada y algún contado municipio más de España, por excepcionales razones de tradicional relevancia. Cabe recordar que desde 1990 la autoridad eclesiástica decidió trasladar el Corpus de su emplazamiento habitual de los jueves a los domingos pues la civil no garantizaba que fuera a ser siempre festividad laboral la religiosa del Santísimo Sacramento; de hecho, en Castilla-La Mancha el Corpus sólo ha sido fiesta laboral de carácter regional desde 2011, el último año de gobierno de Barreda, manteniéndola como tal Cospedal en sus cuatro años de gobierno.

Complementando la oportuna y rigurosa información que mi compañero en los blogs de GD, hermano en la plurisecular Cofradía de los Apóstoles –él, titular de San Andrés y yo de Santo Tomás- y buen amigo y documentado etnólogo, José Ramón López de los Mozos, firma en la noticia de apertura de este diario on line cuando escribo este post, efectivamente la festividad del Corpus es una de las más tradicionales y señaladas que tienen lugar en Guadalajara y reúne una serie de elementos, tanto materiales como inmateriales, y un proceso de evolución histórica de tal singularidad que merece la pena conocer. Indicar a quienes quieran profundizar en el conocimiento de lo que ha sido y es la celebración de esta solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo en Guadalajara, de la que hay datos desde mediados del siglo XV, que, a mi juicio, la mejor y más completa publicación que hay al respecto es la firmada por Pedro José Pradillo Esteban en 2000, y que lleva por título “El Corpus Christi en Guadalajara”. Lo que no aparezca en este magnífico libro de Pradillo sobre el Corpus en nuestra ciudad, será muy difícil de encontrar.

Aunque no dispongo ni de tiempo ni de espacio para explayarme en tratar el amplio tema de la celebración de la festividad del Corpus en Guadalajara, sí quiero llamar la atención sobre algunas curiosidades de ella que estimo que deben ser sabidas para abrir el apetito del conocimiento, especialmente por quienes equivocadamente creen que ésta es una ciudad de aluvión, con una historia breve, descafeinada y descolorida, sin apenas señas de identidad y que de verdad es ciudad, no porque así la declarara formalmente como tal Enrique IV en 1460, sino porque le nació una industria alrededor cuando se aprobaron los “polígonos de descongestión de Madrid”, hace poco más de medio siglo, momento en el que la agricultura fue perdiendo paulatinamente peso económico y social, ganándolo por contra la industria y el sector servicios. Aunque es bien cierto que el patrimonio histórico-artístico, no sólo material, de Guadalajara ha sufrido más que muchos el desgaste del tiempo y los expolios de todo tipo, y la desmemoria aquí han campado a veces a sus anchas, el desconocimiento no puede convertirse en un arma más de destrucción y olvido. Guadalajara tiene mucho para conocer y sus habitantes que descubrir; puede que entonces la autoestima comunitaria se eleve y nos vaya muchos mejor.

Hay constancia documental de la celebración del Corpus en Guadalajara ya en 1454, aunque de ella misma se deduce que venía celebrándose desde décadas anteriores, si bien hasta entonces era organizada por el Cabildo de Abades de la ciudad –en aquel tiempo había diez parroquias: Santa María, Santiago, San Gil, San Miguel, San Esteban, San Nicolás, San Andrés, San Julián, San Ginés y Santo Tomé-; a partir de ese año, el propio concejo asumió su organización, más bien su coste, aunque encomendando al párroco de San Esteban –esta desaparecida iglesia estaba en la plaza del mismo nombre- su gestión. Por cierto, este cura, llamado Alonso Díaz, lo era también de la comunidad mercedaria de San Antolín -cuyo convento se situaba en lo que hoy es la calle de la Merced, de ahí viene precisamente su nombre- fundada por frailes catalanes, región española en que más pronto se impulsó la celebración del Corpus. Fray Gabriel Téllez, Tirso de Molina, a finales del XVI y principios del XVII, vistió hábitos en ese Convento.

Uno de los elementos más genuinos del Corpus de Guadalajara lo aporta la Cofradía de los Apóstoles, conformada por trece hombres que representan a Jesús y sus doce apóstoles, que preceden a la custodia en la procesión del Santísimo, y que son acompañados por niños y niñas vestidos de Primera Comunión. Esta Cofradía es una de las más antiguas de la ciudad y sus reglas y constituciones son muy singulares; aporto cuatro de ellas como muestra: la titularidad de los “rostros” –así llamados porque hasta la Guerra Civil de 1936 los cofrades portaban una especie de máscaras con la efigie y el nombre de cada apóstol- se hereda de padres a hijos, con preferencia de los primogénitos; salvo el que representa a Jesús, los apóstoles no pueden volver la cabeza ni hablar; están obligados a no salir del recinto en el que se visten hasta el inicio de la procesión y tienen cuatro fechas al año de obligada asistencia y participación: Jueves Santo, para asistir al Lavatorio en los santos oficios del día, en Santa María; Pentecostés, para celebrar asamblea anual y preparar la Procesión del Corpus; Víspera del Corpus, para rezar el Miserere (salmo 50, oración colectiva de petición de perdón) y Corpus, para participar en la procesión.

En la procesión del Corpus de Guadalajara, como en la de otras muchas ciudades de España, durante siglos participaron algunos singulares elementos, que aún hoy perviven en algunos lugares, como Toledo, Granada, Barcelona o Valencia, por ejemplo. Entre esos elementos estaban los carros y las rocas, que eran una especie de carrozas en las que se representaba iconográficamente la dualidad del bien y del mal, sobre el que triunfaba definitivamente la custodia, símbolo de Jesús Sacramentado y protagonista principal de la procesión del Corpus. Entre los elementos del mal estaban los dragones y, más concretamente, la Tarasca, un animal monstruoso que aún pervive en la tradición toledana del Corpus y que aquí se recreó hace unos años, siendo concejala de festejos Josefina Martínez. Recordar que tras el Concilio de Trento, se impulsó la celebración de actos de religiosidad popular en las calles y que ésta, en forma de procesiones, tenía un carácter divulgativo y catequético, algo que también está en el origen de los pasos de Semana Santa.

Termino este breve aperitivo de aluvión sobre el Corpus local diciendo que el origen de la extendida tradición española de los Gigantes y Cabezudos, curiosamente estuvo en su presencia en las procesiones del Corpus, desde el siglo XV, como elementos asustadizos y del mal, hasta que Carlos III lo prohibió. Precisamente, la comparsa actual de Guadalajara tuvo sus principios en la procesión del Corpus y, tras prohibirse participar en ella, no salió de nuevo, en este caso ya como pasacalles festivo, hasta el año 1900, cuando se recrearon dos gigantes (el chino y la china) y dos cabezudos (don Quijote y Sancho), realizados en el taller de Ribalta y que costaron 300 pesetas. De las de entonces, claro.

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