Archive for agosto, 2017

El PSOE, Podemos y el marxismo de Groucho

Hay muchas definiciones de lo que es la política pero un par de ellas me han venido a la mente en las últimas semanas, según han ido evolucionando las circunstancias y los acontecimientos que, finalmente, han cuajado en el pacto de gobierno de Castilla-La Mancha entre el PSOE y Podemos, un acuerdo que el mismo Page dice que es puntual y coyuntural  y, por ende, no exportable al gobierno de España, pero que, por el contrario, sus nuevos socios en Fuensalida, a través de su secretario de organización, el argentino-aragonés, Pablo Echenique, dicen que esperan que sea “extrapolable” al conjunto del Estado. Ni soy ni poseo dotes de adivino, pero tengo muy claro que, en el futuro, desde la vuelta al poder en el PSOE de Pedro Sánchez, cual Mc Arthur regresando a Filipinas, si a los socialistas y a Podemos les salen los números para gobernar, gobernarán juntos lo que haga falta: aldeas, villas, ciudades, comunidades autónomas históricas, inventadas y mediopensionistas, naciones pluri-regionales, estados plurinacionales,… hasta comunidades de vecinos  de llegar el caso.

Y vayamos con esas definiciones de política que me han recordado lo visto y oído en las últimas semanas, cuando se estaba gestando el pacto socialista-podemita regional , apenas unos meses después de que los de Pablo Iglesias le negaran a Page su voto hasta para aprobar los presupuestos regionales.

La política es el arte de lo posible” (Frase atribuida a Aristóteles, Maquiavelo, Bismarck o Churchill)

Como aventajado alumno del ínclito y nunca bien ponderado José Bono que es Emiliano García Page, éste se ha agarrado al posibilismo puro y duro para llegar a este pacto con Podemos cuando, precisamente, era uno de los “barones” socialistas que más apostaba por diferenciarse y distanciarse de los de Pablo Iglesias, especialmente en asuntos como la concepción territorial y nacional de España. El posibilismo de Page, alquilando a Podemos parte del gobierno y sus políticas a cambio de seguir siendo presidente regional -y con ello mantener mucho poder, cargos y sueldos para él y los suyos-,  se ha impuesto a lo que verdaderamente demandaba la situación creada en la región cuando Podemos no apoyó los presupuestos regionales y puso contra las cuerdas al gobierno socialista: disolver las Cortes regionales y convocar nuevas elecciones. Page se limitó a amagar con esa opción y las encuestas hicieron el resto puesto que ninguna les garantizaba que fueran a mantener el gobierno, incluso con el apoyo de Podemos. Éstos, por su parte, también practicaron el posibilismo y decidieron pactar con Page el gobierno, cuando apenas unos meses antes ni siquiera se habían puesto de acuerdo para aprobar los presupuestos.

La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados” (Groucho Marx)

Es público y notorio que no soy marxista (de Carlos), pero me reconozco un marxista (de Groucho) absolutamente entregado a la genialidad del actor y cómico estadounidense, innumerables veces acreditada en los guiones de las memorables películas que hizo con sus hermanos, pero también en frases que acuñó a lo largo de su vida y que hizo públicas a través de diversos medios. Una de ellas es la que encabeza este párrafo y que, evidentemente, no hay que tomarla en su estricto sentido, sino valorarla con el tono de irónica e inteligente acidez que el hermano mayor de los Marx imprimía a la mayor parte de sus palabras. No obstante, esta frase de Groucho, traída al caso del pacto de gobierno regional que el supuestamente “moderado” Page ha suscrito con los que él mismo ha calificado de radicales en no pocas ocasiones, podríamos decir que la no aprobación de Podemos a los presupuestos de Page hace unos meses -tras negociarlos y parecer que sí los iban a apoyar- fue buscar y encontrar un problema, diagnosticar falsamente que ese hecho obligaría a convocar elecciones de dudoso resultado y, finalmente, aplicar un remedio equivocado: antes que perder el gobierno regional -y con ello, repito, mucho poder, cargos y sueldos-, pactar con Podemos lo que haga falta, inclusive la barbaridad de dar privilegios en su carrera profesional a los políticos que, siendo funcionarios públicos, se dediquen un tiempo exclusivamente a la política. De momento y ante el lógico escándalo y fuerte contestación que había provocado, se ha paralizado, pero que no tengo claro que quede definitivamente aparcado porque los de Podemos, cuando pueden, es que pueden de verdad.

Este pacto posibilista por el gobierno de Castilla-La Mancha entre el PSOE y Podemos va a garantizar que Page siga siendo presidente regional dos años más y que muchos podemitas se coloquen, muy bien colocados, en la Junta, pero también va a traer no pocos problemas de entendimiento en muchos ámbitos y aspectos, entre ellos las relaciones  con la iglesia pues no va a ser fácil que el católico practicante confeso, Emiliano García Page, conviva a diario con un partido cuyos militantes, como por ejemplo los de Vindel, un minúsculo pueblecito de la Alcarria de Cuenca, tuitean cosas como estas: “Exigimos el FIN de las procesiones. Son actos que atrasan nuestra sociedad y ofenden a nuestros hermanos musulmanes“. Por cierto, un tuit completado con el símbolo del martillo y la hoz comunista.

Cinco apellidos guadalajareños

La estadística -mentira relativa muchas veces, pero verdad absoluta muchas más- acaba de dar un disgusto morrocotudo a los nacionalistas más requeté-nacionalistas y que dicen ser menos españoles de todas las “naciones” –Sánchez dixit- que aspiran a ser independientes del Estado español, especialmente los catalanes, que son los que últimamente más buscan sus “muntanyes nevades” diferenciadoras y tratan de poner bien prietas sus “files” para lograr su (des) propósito. Resulta que los cinco apellidos que más proliferan en Cataluña son, en este orden: García, Martínez, López, Sánchez y Rodríguez. Los Pujol, Mas, Puigdemont, Junqueras… aparecen muy retrasados en la relación de apellidos catalanes más frecuentes, aunque, bien pensado, no sé si para disgusto o para regusto de quienes los portan y hacen gala de ellos como si fuera la “prueba del 9” de su catalanidad diferenciadora. En todo caso, siendo tan manipuladores y poliédricos como son los nacionalistas más extremos, seguro que sacan también partido a su favor a esta circunstancia objetiva y curiosa que, simplemente, evidencia que, después de muchos siglos de coexistencia y convivencia en un mismo territorio, de pertenencia a un mismo Estado, de forja de una gran nación común y de numerosos movimientos migratorios internos, los españoles, incluidos los que reniegan de su condición y pretenden elevar sus patrias chicas a naciones y estados, compartimos más cosas de las que nos separan.

Por seguir ahondando en los datos que ha aportado ABC -el diario que ha hecho público recientemente este estudio estadístico sobre los apellidos de los españoles, aunque su origen es oficial pues está fundamentado en las bases documentales del INE-, resulta que los guadalajareños tenemos en común con los barceloneses, no solo que somos españoles, ellos catalanes y nosotros castellanos, sino también que cuatro de los cinco apellidos más comunes en ambas provincias son los mismos: García, López, Martínez y Sánchez, con la única variación de que López es el segundo apellido que más abunda en Guadalajara, mientras que en Barcelona es Martínez, ocupando allí López el tercer lugar. García es el apellido más común, tanto en nuestra provincia como en Barcelona, y los Sánchez son –somos, en mi caso- los cuartos apellidos que más proliferan en ambas provincias. Un hecho sí juega a favor de las tesis diferenciadoras de los independentistas catalanes: mientras el quinto apellido más abundante en Guadalajara es Pérez, en Barcelona es Rodríguez.

Ironías aparte -que ponen muy baratas muchos de los hechos, dichos y silencios del ultranacionalismo de barretina calada al que asistimos-, da mucha pena ver como una de las regiones que siempre ha sido locomotora del progreso de España y a la que, por ello, han ido a trabajar y a vivir numerosos españoles procedentes de otras regiones de peor fortuna, llevando no solo sus brazos y sus hombros, sino también sus apellidos, lleva ya mucho tiempo, demasiado, padeciendo el monotema del independentismo. Un monotema que está dejando de lado muchos otros temas de relevancia: trabajo y prestaciones sociales, sanidad, educación, libertad, seguridad, etc y en el que, sorpresivamente, están empecinados y colaboran opciones políticas y sociales tan radicalmente distintas como PDCAT, la nueva marca de la vieja CiU –un partido de raíces burguesas y que antes bebía en las fuentes del liberalismo y la democracia cristiana-, ERC –la vieja izquierda republicana, rival y enemiga íntima histórica de CiU y de lo que representaba- y hasta la CUP, un batiburrillo de radicales antisistema que han renunciado al internacionalismo de base ácrata que teóricamente inspiró su eclosión para abrazarse al nacionalismo más casposo y trasnochado. Pues bien, estas tres fuerzas políticas, cuya militancia e ideología de base se parecen lo mismo que un huevo a una castaña, se han puesto de acuerdo, no para sacar a Cataluña de la crisis en la que ha estado y sigue estando, aunque parece que va remitiendo, España entera, sino para poner a esa comunidad autónoma patas arriba y, ciertamente, no la conozca ni la madre que la parió.

De estos polvos requeté-nacionalistas solo pueden venir lodos porque no se puede soplar y absorber a la vez, facultad solo accesible a los gallegos de cinco apellidos galaicos. Y resulta que en Galicia los cinco apellidos que más abundan son García, López, Rodríguez, Fernández y González.    

                 

Ir a la barra de herramientas