Romanones y la Guadalajara vaciada

El último artículo que cada año suelo escribir antes de irme de vacaciones de verano -a Comillas, por supuesto, a mi casa del mar en medio de la montaña-, tengo por costumbre dedicarlo a temas relajados, intemporales, pegados a la tierra y a las gentes, como es propio de este tiempo en el que la intensidad debe dejar paso al apagamiento y la dulzura a la acritud porque el calor fogoso es mal compañero de sesudas y aristosas reflexiones. Rompo hoy esa tendencia a la atonía temática, formal y conceptual, de mi entrega previa a la vacación y la molicie porque las circunstancias así lo han querido al poner en mi camino varias informaciones procedentes de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha según las cuales luchar contra la despoblación regional va a ser una de las prioridades del nuevo mandato de Emiliano García Page. Nada que objetar a que, por fin, se priorice de verdad esa lucha, pero como uno ya va peinando canas y sabe más por viejo que por diablo, no estoy dispuesto al “trágala” de conocer este loable objetivo, elogiarlo por buenista y bienintencionado y… olvidarme que la despoblación, en el caso de Guadalajara que es el que mejor conozco, no es un hecho nuevo ni reciente como para priorizar ahora su lucha, sino que deviene de hace ya muchas décadas y no es un problema coyuntural, sino endémico, por inacciones previas. Especialmente de la Junta en los últimos casi 40 años.

El mínimo poblacional histórico de la provincia se produjo en 1981, cuando el total del padrón provincial apenas superaba los 140.000 habitantes. Como es sabido, actualmente la provincia casi ha doblado ese dato, pero con una circunstancia que singulariza mucho la problemática demográfica de Guadalajara:  Mientras la zona del Corredor del Henares y el entorno de la capital han crecido poblacionalmente casi de forma exponencial -por ejemplo, El Casar tenía 1400 habitantes en 1981 y a día de hoy ha multiplicado por 10 su censo-, la “otra Guadalajara” -no solo Molina, donde hace ya tiempo trabaja la asociación que lleva este nombre-, sino también las serranías del norte y cuatro quintas partes de la Alcarria, han seguido padeciendo la emigración, un hecho que no cesa prácticamente desde finales de los años cincuenta y principios de los sesenta del siglo pasado.

Son ya 70 años de regresión poblacional, casi un siglo, los que lleva padeciendo la provincia de Guadalajara que, por razones obvias, forma muy significativa parte de eso que ahora se ha dado en llamar “la España vaciada”, pero que, como decía, lleva muchos años vaciándose y quizá sea ya demasiado tarde -podría incluso quitar el quizá del beneficio de la duda-, para que revierta esa situación, al menos de manera notoria. Si se ha detenido o se va deteniendo un tanto la sangría poblacional es porque ya no se puede vaciar más lo que está vacío o casi.

No seré yo, que llevo preocupado y escribiendo sobre este asunto desde que tengo uso de razón periodística, quien ponga un palo en la rueda al nuevo gobierno regional si, de verdad de la buena y no como uno más de los anuncios/propaganda a los que nos tiene acostumbrados, se toma en serio contratacar y revertir la despoblación del medio rural. Para combatir la despoblación, nos dicen ahora que van a trabajar hasta 11 direcciones generales de la Junta, a lo que se sumará un “comisionado para el reto demográfico” que tendrá como encargo principal elaborar la futura ley de lucha contra el despoblamiento. De 79 altos cargos que tiene el gobierno regional, 11 van a dedicarse directamente a la despoblación, según ha informado la portavoz del ejecutivo de Page, aunque supongo que también dedicarán parte de su tiempo a la población… Ya voy siendo mayor y mi optimismo antropológico lo han ido chafando muchas banderas rotas; permítaseme, por ello, que me muestre desconfiado, renuente y escéptico con que se cumpla el propósito de luchar contra la despoblación, entre otras razones porque la despoblación extrema no vota o sus votos solo representan los decimales de la población que sí suma y decide mayorías.

No es mi intención dejarles con un poso de desazón cuando están ya disfrutando de las vacaciones o lo van a hacer pronto, bastantes de ustedes en esos pueblos vaciados once meses al año y que se llenan de bote en bote durante uno; pero no puedo terminar este “post” sin dar cuenta de algunos de los muchos planes y programas públicos, regionales y estatales, que, solo en los años 80, se pusieron en marcha -o se dijo que se iban a poner o se pidió que se pusieran- para luchar contra la despoblación en nuestro medio rural: Comarcas de Acción Especial (1982), Grandes Áreas de Expansión Industrial -con preferencia en el medio rural- (1983), Zonas de Urgente Reindustrialización (ZUR) -ésta solicitada por la Diputación a la Junta para compensar la caída de empleo previsible tras el fin de las obras de la Central Nuclear de Trillo-, Plan Especial de Regadíos -solicitado en 1985 por APAG y Jóvenes Agricultores para extender los cultivos regables de la provincia en 7000 hectáreas-, Zona de Ganadería de Montaña, en Molina -1986-, Zonas de Acción Especial -Molina y Serranías (triángulo Condemios, Jadraque y Sigüenza)-, en 1986, Zonas Asistidas de la U.E., en 1987, -curiosamente, en estas zonas había ayudas de hasta un 45 por ciento para la provincia de Guadalajara y del 75 para el resto de provincias-, Operaciones Integradas de Desarrollo -que incluía 90 municipios de la región, pero ninguno de Guadalajara-, en 1988, etc. Ya en los años 90, concretamente en 1991, se puso en marcha el programa Leader, al que siguieron el Leader II y el Leader Plus, además de otros programas europeos de desarrollo directamente dirigidos al medio rural.

Como verán, a la Guadalajara hoy vaciada, mientras se iba vaciando, llegaron varias actuaciones, algunos programas de desarrollo y muchos anuncios que no pasaron de eso, pero se siguió vaciando. ¿Qué quiere eso decir? Evidentemente que no se han hecho bien las cosas y, en algún caso, que se hicieron muy mal.  Espero que este nuevo anuncio del gobierno regional no se quede solo en eso y que, además de programas de desarrollo e inversión, vengan unas leyes que, de verdad, contribuyan a fijar y recuperar población en el medio rural. Lejos del clientelismo, por favor, que ya nos sabemos de memoria cómo funciona eso; lo inventó Romanones, sí, pero se sigue practicando con fruición y ya ni siquiera con la gracia que lo hacía don Álvaro pues, en vez de prometer puentes donde ni siquiera hay ríos, ahora se prometen puestos en los retenes de incendios, en la limpieza de los montes, en Geacam, en Tragsa o en las ambulancias.

 

Arriba, foto de Vallejuelos (Taracena)

 

 

La OBS de Caja de Guadalajara se fue a Sevilla                

He dormido, literalmente, durante varios años sobre la mayor parte de los fondos que en su día constituyeron el conjunto de bienes artísticos de la Obra Social y Cultural -en adelante, OBS- de la tristemente desaparecida Caja de Guadalajara. Ahora ya no duermo sobre ellos porque, al parecer, hace ya algunos meses que dejaron de estar almacenados en el local donde “la nuestra” tuvo su centro de recreo para jubilados, en el número 111 de la calle Capitán Boixareu Rivera, para ser trasladados a Sevilla, sede de la Fundación Cajasol que es su propietaria desde que en 2010 la caja andaluza absorbiera, por fusión -casi más por fisión, si me apuran- a la caja alcarreña.

Como recordarán -y si no, les refresco la memoria-, en 2010 la Caja de Guadalajara perdió su autonomía y entidad propia fusionándose con Cajasol, marca comercial que reunía las antiguas Caja de San Fernando, sevillana, El Monte, onubense, y Caja de Jerez. Poco después, la caja resultante, que oficial y mercantilmente tuvo el casi infinito nombre de “Monte de Piedad y Caja de Ahorros San Fernando de Guadalajara, Huelva, Jerez y Sevilla”, se fusionó también con Caja Navarra, Caja Canarias y Caja de Burgos, dado paso a Banca Cívica. Como a pesar de haberse fusionado ya siete antiguas cajas, la nueva entidad resultante, aunque travestida nominalmente como “banca”, era poco más que polvo en el viento -gran canción la de “Dust in the wind”, de Kansas– en el mercado financiero, uno de los peces grandes de aquel mercado, la catalana “Caixa”, se comió en 2012 -fusión por absorción volvieron a llamar a aquel proceso- al pez mediano de “Banca Cívica” y así nació “Caixabank”, marca que sigue operando como tal.

No es el objeto de esta entrada analizar las causas de aquel tsunami que vivió durante unos años el mercado financiero español y que estuvo a punto de que nuestro país, como le ocurrió a Grecia, tuviera que ser rescatado por la Unión Europea a precio de sangre, sudor, lágrimas y dejarse muchos pelos en la gatera, pero sí quiero constatar que una de sus muchas y negativas consecuencias fue la desaparición de la Caja de Guadalajara, una pequeña entidad, pero muy pegada al terreno, humana, con rostros reconocibles, vocación de servicio y una muy estimable OBS, cuyo rastro puede que lo hayamos perdido ya para siempre.

Retrotraigamos la historia de las fusiones bancarias que afectaron a Caja de Guadalajara al ámbito que hoy nos ocupa, su obra social y cultural. Cuando Cajasol se integra en Banca Cívica, su obra social mantiene su personalidad jurídica diferenciada como Fundación Cajasol, que a día de hoy aún pervive. Al absorber Caja Sol a la Caja de Guadalajara, una de las condiciones que se establecen en ese proceso -y que conocen y aprueban sus respectivas asambleas y tanto la Junta de Andalucía como la de Castilla-La Mancha-  es que, con el patrimonio de la antigua obra de la caja guadalajareña y con el fin de mantener su actividad social y cultural, se cree una Fundación Caja de Guadalajara que, inicialmente, tendría una dotación de 5 millones de euros anuales durante los 3 primeros años de funcionamiento. Como es sabido, esa Fundación jamás llegó a constituirse, incumpliéndose así el acuerdo de fusión por absorción de Caja de Guadalajara con Cajasol, hecho que, a mi juicio, podría hacer hasta revisable la validez y eficacia del mismísimo acuerdo y, por supuesto, reclamable su cumplimiento ante las instancias judiciales que proceda.

Según informa en un buen reportaje publicado el finde del 6 y 7 de julio pasados en “La Tribuna de Guadalajara” la gran periodista que hace ya tiempo que es Beatriz Palancar, tres pisos por debajo de donde yo habito desde que era adolescente estuvieron almacenadas durante varios años las más de mil obras -fundamentalmente pinturas- que conformaban el inventario artístico de la OBS de la Caja de Guadalajara y que, según varias fuentes, tras un periplo previo por la pomposamente llamada “Torre Guadalajara” -casi vacía como el cerebro de algunos- y otro posterior por una nave azudense, pueden haber terminado en un almacén de Sevilla, propiedad de la Fundación Cajasol. O sea que, además de no cumplirse el acuerdo de crear la Fundación Caja de Guadalajara, hecho que ha supuesto que, al menos, 15 millones de euros hayan dejado de invertirse en obra social y cultural en la provincia, los rectores de Cajasol ya ni siquiera han dejado lo que era de Guadalajara en Guadalajara, sino que se lo han llevado a Sevilla. Y ya sabemos todos como acaba el dicho del que -en este caso, de lo que- se va a Sevilla…

En 2011, el valor material de esa obra artística que en su día fue propiedad de la OBS de Caja de Guadalajara estaba cuantificado oficialmente en 750.00 euros, aunque el valor inventariable total de su patrimonio -sumados muebles e inmuebles- superaba los 2,4 millones. Los inmuebles, evidentemente, siguen estando en Guadalajara, aunque su propiedad y usufructo los detenta la Fundación Cajasol, pero las obras artísticas marcharon a Sevilla y es probable que nunca vuelvan porque no sería de extrañar que se pusieran muy pronto a la venta en subasta para hacer caja, así con minúsculas. Esa almoneda y muy posible diáspora de obras de arte podría suponer que jamás se pudiera exhibir ya de forma conjunta y permanente en Guadalajara, como sería deseable, lo mejor de esos fondos artísticos que, además de creaciones de grandes artistas nacionales, está fundamentalmente conformada por pinturas de autores locales de la talla de Alejo Vera, Casto Plasencia, Regino Pradillo, Fermín Santos, Raúl Santos, Santos Viana, González Lamata, Fernández Molina, Antonio Burgos, Carlos Iznaola, José María Ortíz, etc.

He estado tentado de poner nombres y apellidos a las responsabilidades de algunos en este feo asunto pero, después de pensármelo, voy a darles el margen de la duda de que están trabajando en silencio para que se termine de constituir de una vez por todas la Fundación Caja de Guadalajara y en los términos en que en su día se aprobó jurídicamente y “vendió” mediáticamente, además de para que los fondos artísticos de la OBS de “la nuestra” regresen de Sevilla y esta vez para quedarse y ser expuestos y no solo almacenados acumulando polvo. Evidentemente, quienes también tienen mucho que decir en esta cuestión son la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha -que aprobó la fusión por absorción de Caja de Guadalajara con Cajasol y sus condicionantes-, la Diputación Provincial -entidad fundadora de la Caja- y el Ayuntamiento de Guadalajara, ciudad en la que tenía su sede social y anfitriona de esos bienes artísticos hasta hace unos meses.

Una gran sala en el Museo de la Ciudad, con sede en El Fuerte, en la que se exhibieran de manera permanente los más destacados fondos artísticos de la OBS de Caja de Guadalajara, sería un buen destino para ellos.

P.P. (Teoría del “infinitosaedro”)

Aunque el titular de esta entrada parezca sugerir que voy a hacer un análisis de la (sin duda, pésima) situación política que actualmente vive el Partido Popular a nivel local, provincial y regional -no tanto a nivel nacional, si bien en este ámbito el superlativo de mala solo lo rebajo un peldaño y lo dejo en muy mala-, en realidad voy a hablar de los partidos poliédricos, adjetivo al que, convendrán conmigo, se hacen acreedores la práctica totalidad de las formaciones políticas españolas pero que algunas se han ganado en las últimas semanas de forma muy notoria, incluso descarada.

Ciertamente, los partidos políticos, como los poliedros, tienen muchas caras y un significativo número de sus dirigentes, además, bastante cara. Estas contundentes aseveraciones son aplicables, como decía al principio, a prácticamente todo el arco político, desde la derecha más dura a la izquierda más extrema, pasando por el centro que, como ya he sostenido en ocasiones anteriores, en política no existe y no deja de ser una posición teórica y relativa, que, como ocurre con la del ecuador que divide los dos hemisferios, se trata de una delgadísima línea que es tangente con la derecha o la izquierda. Es tan mínimo el espacio del centro en política que no se puede permanecer en él, simplemente se pasa por él o se dice estar en él por conveniencia y estrategia. De esto último que he afirmado es testigo nuestra propia historia política más reciente con dos casos muy evidentes y representativos: la Unión de Centro Democrático (UCD), que fue un partido determinante y mayoritario en la Transición, desapareció en un periquete, y al Centro Democrático y Social (CDS), que fue el remedo de Adolfo Suárez a la desaparecida UCD, se lo llevó el viento como a tantas cosas en la mansión sureña de Escarlata O´Hara. Ahora quien dice ser de centro es Ciudadanos, veremos a ver el tiempo que permanece en tan reducido espacio que, a veces, y por seguir con un símil cinematográfico, me recuerda -el lugar que ocupa, no el partido- al angostísimo camarote de los hermanos Marx, geniales inventores de ese otro tipo de “marxismo” que es el de los principios mutantes en función de conveniencias e intereses.

El Partido Popular, no hay lugar a la duda, se lo tiene que hacer mirar porque, en apenas ocho años, ha dejado de gobernar en España, Castilla-La Mancha, la Diputación de Guadalajara y el ayuntamiento de la capital, circunstancia que se agrava por el hecho de que, en ese mismo espacio de tiempo y de forma absolutamente inversa, el PSOE ha pasado de haberse dejado hasta los calzoncillos (políticos, por supuesto) en las elecciones generales, regionales y locales de 2011, a recuperar todos esos gobiernos, incluso alguno, como el autonómico, ya en 2015. Hay muchas causas para razonar tal batacazo político, si bien la principal es que, mientras que el PSOE ha superado muy pronto la sangría de votos que supuso la división de su electorado cuando apareció Podemos, el PP sigue acusando la división del suyo, primero por dos cuando Ciudadanos se echó un tanto a la derecha y después por tres, cuando eclosionó Vox.

Hoy no toca profundizar en esa línea de análisis, sino razonar y dar contenido al titular de este post. El Partido Popular se convirtió, más que nunca, en doble PP (partido poliédrico, recordemos) cuando en las pasadas elecciones generales intentó recuperar “in extremis” el voto que las encuestas decían que se le iba a ir a Vox, pugnando con el partido de Abascal por el espacio de una, llamémosle así, derecha sin complejos; vistos los malos resultados de esa lucha por el voto de la “heavy” derecha, apenas un mes después, en las autonómicas y locales, intentó ofrecer su cara más centrista, hasta en su eslogan de campaña: “Centrados en el futuro”.

Si los populares ofrecieron su versión más poliédrica en campaña electoral, socialistas y Ciudadanos se han llevado la palma en los períodos poselectorales, los de las formaciones de gobiernos, aquellos en los que los ciudadanos -en minúscula- ya han hablado y son los partidos quienes interpretan lo que han querido decir, pese a que, a veces, se aleje mucho de lo que en realidad dijeron los votantes.

A la política poliédrica le puso una mítica frase Manuel Fraga, el fundador de Alianza Popular, refundada como Partido Popular después: “La política hace extraños compañeros de cama”. Esta cita es muy de aplicación para los distintos encamados (políticos, por supuesto) con los que ha compartido tálamo el PSOE en los últimos días: En Castilla-La Mancha, con Ciudadanos; en Canarias, con  Nueva Canarias, Podemos y la Agrupación Socialista Gomera; en el parlamento navarro -veremos cuando se constituya el gobierno-, ha permitido que lo presida Geroa Bai -la marca allí del PNV– y entre en la mesa Bildu; en Aragón, con Unidas Podemos y el PAR -formación de claros orígenes franquistas y ex socio habitual del PP-; en Cataluña ha pactado 34 ayuntamientos con partidos independentistas, entre los que destacan los de Badalona (con ERC, Unidas Podemos y JxCat), Castelldefels (ERC y Unidas Podemos), Figueres (ERC), Lloret de Mar (JxCat) o Sant Cugat (ERC y CUP) y en Euskadi ha acordado con el PNV en nueve ayuntamientos (Bilbao, San Sebastián y Vitoria entre ellos), etc. etc. En total, el PSOE ha pactado con partidos independentistas en 99 ayuntamientos españoles, ahí queda el dato.

Por su parte, Ciudadanos, partido al que Pedro Sánchez metió en el mismo saco que PP y Vox cuando bautizó a los tres como “las tres derechas”, ha pactado con el PSOE en numerosos e importantes ayuntamientos de Castilla-La Mancha –Guadalajara, Albacete y Ciudad Real entre ellos- y también lo hará en varias diputaciones -como en la de Guadalajara-, mientras que ha acordado Castilla y León y Murcia con el PP y puede que también Madrid, si finalmente Vox da sus votos a la popular Isabel Díaz Ayuso. Resulta de un poliédrico insultante que Ciudadanos pacte con un partido que le acusa de ser de derechas y que también pacta con independentistas, pero se niegue a pactar con un partido de derechas, por muy de derechas que lo sea. Más claro ejemplo imposible de que el centro en política no existe y que es pura pose, pura estrategia, pura coyuntura. El problema es que, ahora, hay tres centros políticos: uno muy muy ancho, que es el que ocupa el PSOE pues igual pacta con derechas que con izquierdas y más allá; en otro, más reducido, está un Ciudadanos bifronte: ora PSOE, ora PP, y finalmente, el muy limitado en el que le han dejado y desplazado al PP, que solo puede sumar con Ciudadanos y Vox, pero con pactos individuales con cada uno de ellos porque los de Rivera no quieren saber nada, teóricamente, del partido de Abascal, si bien en la práctica suman y juntas votos a conveniencia, como ocurrió en Andalucía y ahora mismo está sucediendo en muchos ayuntamientos y va a suceder en más comunidades autónomas.

Termino ya diciendo que una cara muy significativa de las muchas que está ofreciendo el poliédrico Ciudadanos es vender, para justificar su pacto regional con el PSOE, que “Page no es lo mismo que Sánchez”. Pues que yo sepa, los diputados nacionales y senadores del PSOE de Castilla-La Mancha siempre han votado a Sánchez y sus leyes, y van a seguir haciéndolo, no me cabe ninguna duda; además, una de sus ministras más “hooligan”, Magdalena Valerio, es extremeña de origen, pero alcarreña de residencia y geografía política desde hace ya muchos años.

La política española de esta hora ha sumado un neologismo al diccionario de la RAE: “infinitosaedro”. Dicho en términos musicales, hemos pasado de la mítica “Tierra de las mil danzas” -recuerden ese estribillo de “ná; na, na, na, ná; na, na, na, ná”- de  Chris Kenner, a la de las mil caras. O sea: “ná, ná, ná” también.

Un exitoso año jubilar

El 19 de junio concluye el Año Jubilar que el Papa Francisco concedió a nuestra iglesia diocesana con motivo de la celebración del 850 aniversario de la consagración -también llamada dedicación litúrgica- de la catedral de Sigüenza, histórico hecho que aconteció el 19 de junio de 1169, siendo obispo Joscelmo Adelida. La consagración o dedicación litúrgica de un templo cristiano es un rito solemne a partir del cual el altar del mismo se considera bendecido y, por tanto, preparado y digno para celebrar en él la Eucaristía. Aunque se desconoce el detalle exacto del rito por el que se consagró nuestra catedral hace 850 años, podemos hacernos una idea gracias al profesor Gallart Pineda y a su trabajo titulado “El ritual de la dedicación de la iglesia en los pontificales medievales y su ciclo icónico”. En él se sostiene que la dedicación de una iglesia nueva en la Edad Media -época en la que se llevó a cabo la de la catedral de Sigüenza- era uno de los ritos “más solemnes y fastuosos de la liturgia cristiana y, posiblemente, uno de los que más carga simbólica encerraba, ya que establecía un paralelismo entre las piedras empleadas en la construcción del edificio y las piedras vivas, los fieles, que constituían la comunidad eclesial, lo que se hará evidente en varios momentos del ritual”. Uno de ellos eran las tres llamadas a las puertas cerradas del templo a consagrar que el obispo realizaba con su báculo, y las otras tantas vueltas que daba a su exterior, hasta que finalmente se abrían para ingresar en él. Según Gallart, a este tipo de ritos no faltaba absolutamente nadie, así que, el “todo Sigüenza” de mediados del XII, nobles y plebeyos, caballeros y artesanos, comerciantes y labradores, a buen seguro que se dio cita en aquel ritual que se llevó a cabo cuando tan solo había concluido la construcción de la capilla mayor y de la cabecera del templo, trabajos que tardaron 50 años en realizarse.

El obispo que consagró la catedral, Joscelmo, de probable origen inglés, fue el cuarto obispo tras la restauración de la diócesis seguntina por el aquitano Bernardo de Agén, hecho que aconteció en 1121 por lo que, en un par de años, su larga y densa historia nos brindará una nueva efemérides que celebrar: el 900 aniversario de su reposición, cuyo origen se remonta, al menos, al siglo VI, pues está documentado que en el concilio toledano del año 589 participó el obispo de Sigüenza llamado Protógenes.

  La consagración de la catedral seguntina se realizó por el rito hispano-mozárabe por lo que, con muy buen criterio y don de la oportunidad, uno de los actos de mayor relieve, enjundia y brillantez de la clausura del año jubilar será, sin duda, la misa que, por este mismo ritual, tendrá lugar el domingo, día 16, y en la que participarán varios obispos y el arzobispo metropolitano de Toledo, Braulio Rodríguez Plaza, en la presidencia litúrgica, y el obispo diocesano, Atilano Rodríguez, como anfitrión. Uno de los máximos defensores de la misa por el rito hispano-mozárabe fue el Cardenal Cisneros que, como es sabido, estuvo muy estrechamente vinculado a la actual provincia de Guadalajara pues fue Arcipreste de Uceda, deán catedralicio y vicario de la diócesis seguntina, cuando era su titular el Cardenal González de Mendoza, y renunciando al importante poder eclesial y civil que ya había acumulado, se retiró a la oración y a la contemplación durante casi diez años en el convento alcarreño de La Salceda. Del monte que comparten los términos de Tendilla  y Peñalver en el corazón de la Alcarria fue sacado, mediante consejo del Cardenal Mendoza, por la reina Isabel, La Católica, para convertirse en su confesor y, después, en Arzobispo de Toledo, Cardenal de España y hasta Regente de Castilla en dos ocasiones, además de fundador de la Universidad de Alcalá y editor de la Biblia políglota. Los montes alcarreños, aparentes secarrales si solo se les mira, pero no se les ve, a veces dan frutos muy generosos.

Concluye, pues, el Año Jubilar del 850 aniversario de la consagración de la catedral seguntina y lo hace, a mi juicio, con un balance altamente satisfactorio y exitoso. Esta valoración se sustenta en un hecho fundamentalmente cuantitativo como es la enorme visibilidad que ha tenido el acontecimiento pues ha sido noticia casi permanente durante el año en que ha venido celebrándose, algo a lo que, sin duda, ha contribuido decisivamente el hecho de que el deán de la catedral sea Jesús de las Heras, un gran sacerdote, al tiempo que un extraordinario periodista y experto comunicador. Además de seguntino militante, hecho del que se beneficia, sobre todo, la propia ciudad de Sigüenza pues no puede tener mejor embajador, y eso que tiene muchos y muy buenos. No obstante, a ese hecho cualitativo que he resaltado y que avala el éxito del año jubilar, le acompañan también los números ya que han visitado la catedral en este año más de 15.000 personas y han sido más de 200 los actos que se han programado, lo que arroja una media de más de una cita en torno al jubileo cada dos días.

Jubileo, viene de júbilo; confío en que esa viva alegría haya llegado también a lo más profundo de las almas de las piedras vivas que somos los fieles y que debemos ser los verdaderos cimientos sobre los que se asienten las piedras inertes que conforman el magnífico templo catedralicio seguntino.

 

Catedral de Sigüenza, foto: Jesús Orea. 

 

 

 

 

 

El pino dormido

Decía Antoine de Saint Exupéry, el padre del “Principito”, que “el mundo es una cosa muy grande llena de pequeñas cosas hasta los bordes”. Parece mentira que un aviador militar como era él, a quien se le presupone una personalidad enérgica, fría y racionalista para dominar su aparato y combatir en el aire, tuviera la sensibilidad y la ternura tan a flor de piel como para escribir algo con tanta delicadeza como ese conocidísimo cuento poético y decir cosas de tanto calado y sensibilidad como las que contiene la frase de la cita.

Recordé este pensamiento de Saint Exupéry -cuyo memorial en el Panteón de París se limita a una referencia a él grabada en un muro pues sus restos no pueden reposar allí como los de otros ilustres franceses al haber desaparecido en 1944 en una misión de reconocimiento aéreo en el Mediterráneo durante la II Guerra Mundial- cuando pasé cerca del singular y conocido pino inclinado que hay junto al parque de la Concordia, cerca del inicio del paseo de San Roque, y cuyo entorno, recientemente, ha sido urbanizado y adecentado, dignificando al árbol, a quien ha ordenado que se acometiera esta actuación y a la propia ciudad.

El pino inclinado, inclinadísimo, de la Concordia, no es un árbol más de los muchos que hay en esta ciudad en la que, afortunadamente, podemos disfrutar de numerosas y amplias zonas verdes, uno de los factores decisivos para que en ella gocemos de una apreciable calidad de vida. Los parques son los jardines compartidos de todos los ciudadanos, especialmente de quienes no los tenemos privados, que somos la inmensa mayoría. Un parque es patrimonio y monumento vivo de una ciudad que crece con sus ciudadanos, que siente como sus ciudadanos y que, a veces, hasta padece como ellos. Al parque vamos de la mano cuando somos pequeños, en él intentamos tomársela al primer amor cuando moceamos, a él y también de la mano llevamos a nuestros hijos y en él cogemos del brazo a nuestros mayores, al igual que a nosotros nos lo cogerán algún día. El parque cambia y vive con nosotros.

El pino inclinado de la Concordia, como decía, no es un árbol más de esta ciudad con tanta arboleda encontrada, que no perdida como la de Alberti; es uno de sus árboles más singulares porque, bien al contrario que la gran mayoría de sus congéneres, ha jugado a la horizontalidad en vez de a la verticalidad, a buscar con su tronco la tierra en otros solo reservada a las raíces, a huir del cielo en vez de buscarlo con su copa, acaso porque siempre puede esperar. A ese pino le han querido condenar a muerte muchas veces gentes que preferían verlo talado y dejando un par de plazas de aparcamiento más, antes que permitirle seguir creciendo en paralelo al suelo; doy fe de ello porque siendo concejal de parques y jardines del ayuntamiento de la capital, fueron varias las ocasiones en que recibí presiones para proceder a su tala, algo a lo que me negué como es evidente que han hecho quienes me han sucedido en esa responsabilidad. La vida de un árbol, y más si es singular como este, vale más que el racionalismo urbanita que, disfrazado de pragmático, no deja de ser brutalismo. Una ciudad sin coches es posible; sin árboles, no lo es. No solo es posible, sino deseable; y no voy de ecologista cañí por la vida, sino de simple naturalista que goza con la vida animal y vegetal y no tiene el corazón de mineral. Talar un árbol porque esté inclinado y sea viejo es lo mismo que quitar la vida a una persona por tener una minusvalía acusada, ser mayor o, sencillamente, ser distinta. ¡Vivan las diferencias, aúpa los adjetivos frente a los sustantivos, bien por quienes se salen de las autovías para transitar carreteras comarcales, un diez para quienes cuentan los astros luminosos, acaso guiados por el Principito cuando se pregunta si las estrellas se iluminan con el fin de que, algún día, cada uno pueda encontrar la suya!

El pino inclinado de la Concordia, gracias al adecentamiento y ornato acometido en su entorno por el ayuntamiento de Guadalajara, ya no está ocupando plazas de coches, ni rodeado de contenedores de basura, ni desahuciado esperando su lanzamiento de la mínima porción de ciudad que ocupa. El pino inclinado, inclinadísimo, de la Concordia no estaba tumbado esperando la muerte, estaba dormido. Está dormido.

Siendo niño, yo me he subido a ese pino sin la necesidad de trepar gracias a su generosa inclinación, de mozo he pelado la pava con alguna chica junto a él, ya de padre, he llevado a mis hijas a que fueran ellas las que anduvieran sobre su tronco y junto a él he recibido los últimos consejos de mi padre cuando la Concordia se convirtió, ya en su vejez, no solo en su jardín, sino en su cuarto de estar. Parafraseando a Saint Exupéry, aunque poniendo pino donde él puso rosa, me congratulo mucho de que el pino inclinado de la Concordia, mi pino, tu pino, el pino de él, nuestro y vuestro pino, el pino de todos, pueda seguir durmiendo:  “Fue el tiempo que pasaste con tu pino lo que le hizo tan importante”.

DAFO, más siglas para la sopa

Un reputado ingeniero químico norteamericano, Albert S. Humphrey, que trabajó como consultor de empresas especializado en organización, creó hace ya más de medio siglo el conocido como “Análisis DAFO”, una sencilla, pero muy útil, herramienta que permite estudiar y valorar la situación de una empresa o de un proyecto determinado tras analizar sus debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades, factores de los que, unidas las primeras letras de cada uno de ellos, surge el acrónimo con el que es conocido. A este método de trabajo, también llamado FODA o SWOT, muy utilizado para valorar la viabilidad de una empresa o de un proyecto, me acerqué hace ya una veintena de años gracias a un curso de marketing que hice con docentes de la prestigiosa ESIC, dirigido por un profesor muy sabio en la materia, sapientísimo, diría yo, José Luis López Sabio.

Esta herramienta de trabajo no solo es utilizada en el ámbito empresarial y económico, sino que también es exportable al ámbito sociopolítico, como ahora veremos, pues trataremos de hacer con ella una valoración de las expectativas electorales de las principales opciones políticas que compiten por la alcaldía de la capital de la provincia. Evidentemente, el método DAFO no son matemáticas puras, ni una fórmula magistral; bien al contrario, hay en él un notorio componente de subjetividad que depende de quien realiza el análisis, pero si este no se acerca lo más posible a la objetividad, se estará haciendo trampas en el solitario. Hoy ese analista seré yo y, si bien mi posición política y hasta mis simpatías personales son sobradamente conocidas, entre otras razones porque jamás las he ocultado, procuraré ser objetivo para que el DAFO tenga un mínimo de credibilidad y ayude al lector a reflexionar sobre los puntos fuertes y débiles, tanto externos como internos, de los partidos políticos que, a mi juicio y para el de las encuestas que conozco, tienen más posibilidades de alcanzar representación en el ayuntamiento de Guadalajara: PP, PSOE, Ciudadanos, Unidas Podemos, Vox y Aike.

Antes de realizar ese análisis es preceptivo determinar la “misión” de la empresa o el proyecto que queremos valorar con el DAFO; para ello deberíamos preguntarnos en este caso qué es lo que persiguen los partidos políticos que compiten por la alcaldía y el gobierno municipal de Guadalajara y que, evidentemente, no es otra cosa que ganar las elecciones; no obstante, yo, que soy un bien pensado y miro siempre de reojo al futuro, les aconsejo que amplíen las miras y los objetivos de su misión: Conseguir y mantener votantes satisfechos. Esa misión que les propongo va más allá del 26 de mayo y conviene a todas las partes: electores y elegibles, candidatos y votantes.

Vayamos ya con mi análisis DAFO aplicado a las próximas elecciones municipales en la ciudad de Guadalajara, no sin antes advertirles que, por economía y limitación de espacio, únicamente voy a destacar una valoración por factor de cada partido:

Partido Popular:

Debilidad: El desgaste de 12 años de gobierno.

Amenaza: El mal momento político del Partido Popular, evidenciado en los malos resultados que ha obtenido en las pasadas elecciones generales, también en la ciudad.

Fortaleza: Antonio Román es un alcalde consolidado que ha sido el más votado en cuatro comicios consecutivos y alcalde en tres y que en las últimas elecciones generales ha logrado ser el senador con más votos en Guadalajara, evidenciando que tiene un significativo apoyo personal.

Oportunidad: Los candidatos de Vox y Ciudadanos, opciones que podrían restarle más votos, son nuevos en política y poco conocidos.

PSOE:

Debilidad: Alberto Rojo ya ha ocupado cargos en distintos ámbitos y administraciones, ofreciendo un perfil de “profesional” de la política.

Amenaza: El candidato socialista es el delegado de la Junta en Guadalajara y puede pagar el desgaste de que la administración regional haya perjudicado -por no decir, discriminado- de manera notoria a la ciudad en varios e importantes proyectos.

Fortaleza: El desgaste del PP y de Román, al tiempo que la división del voto en el centro-derecha.

Oportunidad: El candidato socialista es una persona moderada y de buen trato.

Ciudadanos:

Debilidad: La gestión de su portavoz en el Ayuntamiento, Alejandro Ruiz, estos cuatro años ha sido desconcertante en muchos casos y muy poco útil para la ciudad.

Amenaza: Que los numerosos votantes de Ciudadanos que proceden del PP detecten que con su voto podría inclinarse el ayuntamiento hacia la izquierda.

Fortaleza: Ciudadanos es un partido en evidente crecimiento y es probable que sea la llave de la gobernabilidad en muchas instituciones y ayuntamientos, incluido el de la capital.

Oportunidad: Rafael Pérez Borda es un buen profesional que quiere implicarse en política y no un político profesional.

Unidas Podemos:

Debilidad: La escisión del antiguo grupo “Ahora Guadalajara” que ha derivado en “Aike” y que puede restar a UP muchos votos.

Amenaza: En las últimas elecciones generales se ha evidenciado que una significativa parte del voto del PSOE que marchó a Podemos está volviendo a votar socialista.

Fortaleza: Es la primera vez que Podemos se presenta con su marca original a las elecciones locales, aunque sea en coalición.

Oportunidad: El candidato de UP, José Morales, es una persona con gran formación y buen talante.

Vox:

Debilidad: Su candidato, Antonio de Miguel, es muy poco conocido.

Amenaza: Su propio posicionamiento político como derecha dura que limita mucho el campo de su potencial electorado

Fortaleza: Vox es un partido emergente que acaba de entrar por primera vez en el Congreso de los Diputados.

Oportunidad: Es una alternativa para quienes, siendo de derechas, quieran pasar la factura del desgaste al PP y a Antonio Román.

Aike

Debilidad: Es una opción independiente, pero claramente situada en la izquierda, lo que limita su potencial electorado.

Amenaza: Ser una opción política de nueva creación y no apoyada por los partidos con mayor peso y fuerza electoral.

Fortaleza: Su proyecto y mensaje guadalajareñista, equidistante de “Madrid” y de “Toledo”.

Oportunidad: Captar los votos de los desencantados con los partidos tradicionales y los ya no tan nuevos, especialmente los de izquierdas.

Ya saben que, en política, después de la lengua, la literatura y la filosofía (o sea, las campañas y los análisis electorales), vienen las matemáticas (es decir, los votos). El 26-M nos toca hablar (en las urnas) a todos.

 

La división de “las derechas” multiplica a la izquierda

Las noches electorales suelen ser muy largas pero la de ayer fue inusualmente corta -a las 11 estaba ya todo el pescado vendido- porque las encuestas, especial y sorprendentemente la del CIS de Tezanos, se acercaron mucho a los resultados finales por lo que no hubo demasiadas sorpresas, más bien constataciones de lo ya previsto, aunque algunas previsiones se quedaron cortas y otras se fueron de largo. La noche del 28-A se podría resumir en estos cinco titulares:

1/ Triunfo y mayoría suficiente del PSOE para gobernar (123 diputados, 38 más que en 2016)

2/ Histórico batacazo del PP (66 diputados, 71 menos que en 2016)

3/ Gran resultado de Ciudadanos (57 diputados, 25 más que en 2016)

4/ Irrupción atenuada de Vox en el Congreso (24 diputados y con representación parlamentaria por primera vez, aunque lejos de sus mejores expectativas)

5/ Debilitamiento de Unidas Podemos (35 diputados, 10 menos que en 2016)

Para conocer las consecuencias que de estos resultados se van a derivar en la gobernabilidad de España aún tendremos que esperar unas semanas pues es improbable que se cierren pactos de gobierno antes de las elecciones municipales y autonómicas del 26 de mayo, por pura estrategia política pues esos pactos podrían levantar el faldón de algunos partidos -especialmente de Ciudadanos- y vérseles el verdadero color de la enagua, lo que podría tener repercusiones negativas directas en las urnas para sus candidatos autonómicos y municipales y sus socios. En todo caso, parece claro que Pedro Sánchez va a seguir siendo presidente del gobierno y no va a tener que cambiar el colchón de la Moncloa, lo que aún no sabemos es con qué apoyos contará para volver a surcar los cielos en el Falcon presidencial de la Fuerza Aérea Española. Aunque cabrían otras opciones matemáticas, parece evidente que son dos las combinaciones más probables: PSOE + Cs (sumarían una holgada mayoría absoluta con 180 escaños) y PSOE + UP (158 escaños) + Otras fuerzas políticas que aportaran los 18 restantes hasta alcanzar la mayoría absoluta, siendo imprescindible que alguna de ellas fuera soberanista o nacionalista, que yo tengo claro que es lo mismo o muy parecido. Esta segunda opción, mucho más compleja y poliédrica que la primera, volvería a ser un remedo del pasado “Gobierno Frankenstein” de Sánchez y, supongo, no será su hipótesis de trabajo preferida, si bien ya sabemos cómo se las gasta cuando a aquéllas las eleva a tesis. El obstáculo principal para que el PSOE pacte con Ciudadanos radica en que el líder de los naranjas, Albert Rivera, se ha hartado a repetir en campaña que no apoyaría bajo ningún concepto a Sánchez para volver a ser presidente del gobierno. Sabido es que en las campañas se suele sobreactuar y decir cosas por pura estrategia y para la afición que no siempre se respetan tras la celebración de los comicios, encontrándose fácilmente argumentos para justificar esos incumplimientos: que si la gobernabilidad de España, que si el interés general, que si hemos tomado nota de lo que han dicho los ciudadanos en las urnas, que si patatín, que si patatán… Cierto es que, en esta ocasión, sí que creo que lo más conveniente para España sería un gobierno de coalición entre el PSOE Y Ciudadanos que tenga estabilidad, que convierta los escaños soberanistas en irrelevantes y no en decisivos como hasta ahora, al tiempo que aleje a los socialistas de las posiciones populistas y neomarxistas de Unidas Podemos, especialmente en materia económica pues ya hay síntomas de posible recesión y con fórmulas de aumento del gasto y del déficit público, a las que son tan aficionadas las moradas -sigo su ridículo juego de lenguaje inclusivista-, las recesiones no se atenúan sino que se incrementan y derivan en crisis. Zapatero ya nos llevó por ese camino.

   Del análisis de los resultados que se han producido en la provincia, donde se han repartido los tres escaños en juego PSOE, PP y Cs, se deduce muy claramente que la división de “las tres derechas” -como Sánchez bautizó a PP, Cs y VOX, aunque a los naranjas es probable que les dé el carnet de progresistas si pactan con él- ha permitido al PSOE ganar por primera vez en Guadalajara, algo que no ocurría desde 1982 cuando el centro derecha también se presentó dividido, entonces entre una pujante AP y una UCD ya en liquidación. Las matemáticas electorales dicen que el “trifachito” -el otro apelativo de los de Sánchez para PP, Cs y Vox, que el propio PSOE pronto dejará en “bi” si hay pacto con Rivera-, ha sumado un 55,45 por ciento de los votos en la provincia, mientras que PSOE+UP suman tan solo el 42,52. El 18,79 por ciento obtenido por Cs le ha permitido lograr un diputado por Guadalajara, mientras que el 16,48 por ciento alcanzado por Vox no se ha traducido en escaño.

En lo que al Senado respecta, el PSOE ha logrado también tres actas por primera vez desde 1982 (Rafael Esteban, Riansares Serrano y Julio García), mientras que el PP sólo ha conseguido un senador, Antonio Román, que, además, ha sido el más votado en la capital; en el total provincial ha sacado más de 10.000 votos de diferencia a sus compañeros de candidatura, Juan Pablo Sánchez y Ana González. Es evidente que Román tiene un voto personal, especialmente en la capital, pero también es un hecho que le ha beneficiado para distanciarse tanto de sus compañeros la circunstancia de que en muchas papeletas se hiciera caso a la perversa campaña mediática -hasta Jiménez Losantos la avaló- y muy extendida en las redes sociales -a mí me llegaron una veintena de whatsapp aconsejándome hacerlo- de votar en el Senado al primero de las listas de PP, Cs y Vox.

Y aún nos espera la segunda vuelta, que son las municipales y autonómicas del 26-M, en las que queda mucho por jugar porque habrá que despejar bastantes incógnitas, entre ellas qué harán los votantes de Vox y Cs de las generales en los municipios donde no se presentan estos partidos, qué influencia tendrán los candidatos y, lo que es más importante, a quién darán su apoyo los naranjas donde sean decisivos, que parece que lo van a ser en muchos sitios, incluidos el Ayuntamiento de la capital, la Diputación Provincial y la Junta de Comunidades.

 

Pie de foto: José Luis Blanco, Magdalena Valerio, Julio García y Pablo Bellido, unidos en un mitin.  

La España que yo quiero

Si no fuera porque el tema es muy muy serio, el eslogan que ha elegido el PSOE para la campaña electoral de las generales del 28-A es, como tomaba la gente al pobre “Piyayo” del conocido poema de José Carlos de Luna, para tomárselo a chufla: “La España que tu quieres”. Imagino que ese eslogan no se elegiría al albur y que lo habrá escogido y aprobado un sesudo “think tank”, pero a mí se me antoja como un pernicioso cóctel con base de provocación y angostura de desatino porque la España de Sánchez es justamente lo contrario de lo que yo quiero: Un Estado cada vez más país y menos nación, un Estado con su unidad en alquiler y además zaherida y denostada con impunidad, un Estado en el que en varias partes de su territorio no se puede hablar si quiera en su idioma oficial y en el que las personas ni son libres ni iguales, un Estado que progresivamente se endeuda, recauda y gasta más, pero peor, un Estado que cada vez invade más terrenos que le deberían corresponder a la sociedad, un Estado, en fin, en el que la política es cada vez menos solución y más problema.

Yo quiero una España unida, plural y diversa, pero unida de verdad, y las contemplaciones de Sánchez con los partidos separatistas e, incluso, algunas complicidades, guiños y gestos que ha tenido con ellos han ido mucho más allá de la pluralidad porque sólo concibo a ésta desde la igualdad y la libertad, mientras que el independentismo la contempla desde el supremacismo. El separatismo catalán y el vasco que llevaron a Sánchez a La Moncloa y que han dejado entrever -“para que no ganen las derechas”- que su intención es volver a llevarlo allí después del 28-A, están en las antípodas de mi forma de entender la pluralidad, porque quieren elevar las diferencias a fronteras, no verlas como simples matices o adjetivos, fundamentalmente porque se creen distintos y mejores. Me escandaliza pensar que aún haya políticos como el presidente de la Generalitat catalana que, lejos de enterrar aborrecibles tesis racistas como las de Sabino Arana, se agarran a ellas para liderar el llamado “procés” que tanto daño está haciendo a Cataluña y a España; incluso amenaza con hacérselo también a Europa despertando nacionalismos que parecían ya superados tras el daño que la hicieron en la primera mitad del siglo XX, siendo una de las causas directas de las dos guerras mundiales. Si Arana, el fundador del PNV, dijo a finales del XIX que “Antiliberal y antiespañol es lo que todo bizkaino debe ser” y que muchos de los españoles “más que hombres semejan simios”, Torra ha dicho no hace mucho que en Cataluña -refiriéndose a los independentistas, obviamente- hay «Gente que ya se ha olvidado de mirar al sur y vuelve a mirar al norte, donde la gente es limpia, noble, libre y culta. Y feliz». Con personas que piensan y dicen esto, entre otras muchas lindezas, no se puede tener complicidad alguna. Sánchez, lamentablemente, ha ido en su tiempo de gobierno más allá de las complicidades con Torra y su Generalitat, que solo lo es de una parte de los catalanes.

Yo quiero una España en la que todos seamos libres e iguales, vivamos donde vivamos, pensemos lo que pensemos y votemos lo que votemos. Eso no quiere decir que cada uno podamos hacer lo que queramos, sino lo que la ley nos permita. Lamentablemente, la libertad y la igualdad ya son una quimera, especialmente en Cataluña, pero también en el País Vasco. Una prueba palpable y muy reciente de ello es el escrache que padeció Cayetana Álvarez de Toledo, la candidata número 1 del PP al Congreso por Barcelona y, precisamente, portavoz de la “Plataforma Libres e iguales”, cuando acudía a un debate en la Universidad Autónoma barcelonesa. Lo peor ya no fue el vergonzoso acoso e intimidación al que fue sometida la periodista para tratar de impedir su participación en el debate, sino la ignominiosa equidistancia del rectorado de la Autónoma con escracheadores y escracheada, o las lamentables declaraciones de los portavoces de Junts per Catalunya sobre este incidente: “Quien busca problemas, los encuentra”. Los acosos vividos estos días en otros lugares de Cataluña y el País Vasco por candidatos de PP, Cs o Vox –“las 3 derechas” que Sánchez ha bautizado, como si no lo fueran el PDCat y el PNV, sus socios de investidura- también evidencian que la libertad y la igualdad en España, actualmente, son asimétricas, como la España que quiere el líder del PSOE para dar contento a los que inspiran y alientan a los escracheadores, o sea, los separatistas. Ya nos sabemos la historia porque nos la contó taimadamente el recientemente fallecido Xavier Arzalluz: unos mueven el árbol y otros cogen las nueces.

Tampoco es la España que yo quiero un Estado que aumenta su déficit y gasto públicos con la actitud del que se funde más de lo que tiene, pero después pagan otros; además, vendiéndolo como “gasto social”, cuando muchas de las medidas de Sánchez, especialmente las de última hora y ya con las elecciones convocadas, tienen más de electoralismo cortoplacista y comprador de votos que de otra cosa. Y quiero una España en la que el Estado proteja y cuide a quienes lo precisen de verdad, sí, pero que no premie indolencias, comodidades y quietudes. Y quiero una España en la que la sociedad de un paso al frente y el Estado uno atrás; con Sánchez ha ocurrido justo lo contrario. Y también quiero una España de la verdad de la buena, no de la posverdad marxista de Groucho; tristemente, en los tiempos de Sánchez la posverdad ha ganado bastante terreno a la verdad, aunque, ciertamente, él solo no haya sido el culpable.

Tras 42 años de experiencia democrática es ya de general conocimiento que las campañas electorales, más que períodos de promoción y divulgación pública de programas y propuestas políticas, son pura cohetería, política-espectáculo de cada vez más baja estofa. Cuando están en campaña, los partidos se alejan más que nunca de la definición que de ellos hace el artículo 6 del Título Preliminar de nuestra vigente Constitución Española: Los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política”. Metidos en la harina de la campaña electoral, lejos de expresar pluralismo, los partidos suelen amplificar su habitual sectarismo hasta límites casi asfixiantes y la voluntad popular se solapa con la suya y sus intereses.

España no necesita una nueva Constitución, lo que precisa es una segunda Transición, pero que se produzca y termine como la que lideró Adolfo Suárez y que bien resumen su epitafio: “Y la concordia fue posible”. Pero para ello hace falta más talento y más talante del que ahora hace gala buena parte de la actual clase política.

 

 

Guadalajareando y catedraleando que es gerundio

Prácticamente se van a solapar en el tiempo la salida de imprenta de la segunda edición de “Guadalajareando”, el libro con textos míos al que ha puesto unas extraordinarias fotografías Nacho Abascal, y la primera de “Catedral de Sigüenza, 850 años de piedra viva”, mi última publicación que va a presentarse de forma oficial el próximo día 9 de abril, a las 8 de la tarde, en el Centro San José. Están/estáis todos ustedes/vosotros invitados al acto.

Apelando a la conocida anécdota televisiva de Francisco Umbral y dando un paso más que él -físico, que no literario, pues yo no le llego ni al tacón del zapato- hoy he venido a hablar, no de mi libro, sino de mis libros porque no es habitual que un autor presente dos obras casi simultáneamente, aunque en esta ocasión así lo han querido las circunstancias. Y yo, tan contento por ello pues si hay algo que agrada a un autor es ver sus obras publicadas. Y si, además, son leídas y no solo ocupan unos milímetros de anaquel en las estanterías, pues ya miel (de la Alcarria, por supuesto) sobre hojuelas, que están muy ricas, aunque tienen muchas calorías.

De “Guadalajareando” he de decir que, aunque alguien pueda pensar que es petulancia, no me ha extrañado en absoluto que haya tenido que reeditarse apenas tres meses después de publicarse porque se trata de un libro espectacular desde un punto de vista formal, algo a lo que yo solo he aportado la idea y el texto pero que quien lo ha conseguido de verdad es Nacho Abascal con sus magníficas fotografías. Como ya comenté con motivo de la exposición que realizó hace algunas semanas en el centro San José con una selección de sus fotografías que se incluyen en “Guadalajareando”, esta provincia ha tenido y tiene grandes fotógrafos y Nacho está entre ellos, sin duda alguna. Además, como amigo es de los buenos y como persona es de las mejores, así que bien pueden sus padres presumir de hijo -de hijos, más bien, pues tienen muchos y todos valen un “potosí”-, algo que no hacen porque son muy sencillos y reservados.

Quienes no hayan podido “guadalajarear” con la primera edición de “Guadalajareando” -vaya trabalenguas- van a poder hacerlo próximamente con la segunda, idéntica a aquella, si bien incorporándose la corrección de algunas erratas y/o errores detectados en el texto y sustituyéndose un par de fotografías que Nacho ha considerado que mejoraban las de la primera edición. Confío en que este libro siga teniendo recorrido en el futuro porque con él también lo tendrá la propia provincia ya que es un compendio de su historia, arte, geografía, costumbres y tradiciones, pero, sobre todo, un espléndido catálogo de sus paisajes de excelencia, que son muchos y variados, como comprobarán quienes no conozcan Guadalajara y caiga esta publicación en sus manos. La sorpresa suele ser anfitriona de la curiosidad y ésta vísperas de un viaje.

Y ahora vamos a hablar -brevemente porque aún está sin presentar en público y hay que guardarse palabras para cuando le llegue el momento- del librito que con tanta ilusión como empeño he escrito sobre la catedral de Sigüenza. Utilizo el diminutivo de libro, no porque lo considere una obra menor en mi bibliografía, bien al contrario, sino porque, formalmente, en comparación con “Guadalajareando”, su tamaño es un tercio menor (20 X 20, frente a 30 x 30), al igual que su paginación ya que, mientras el que ahora se reedita alcanza las 250 páginas, el que se ha publicado por primera vez no llega al centenar.

“Catedral de Sigüenza, 850 años de piedra viva” está evidentemente escrito con ocasión del 850 aniversario de la consagración o dedicación litúrgica de la seo seguntina, efeméride que se viene celebrando desde junio del año pasado y que concluirá en junio de éste al tiempo que el jubileo concedido por el papa Francisco por tan relevante hecho. Aporto así mi granito de arena al mucho y buen trabajo que se está llevando a cabo para conmemorar este acontecimiento desde el obispado de la Diócesis Sigüenza-Guadalajara, en general, y desde el Cabillo catedralicio, en particular, con su dinámico y proactivo deán al frente, Jesús de las Heras.

Este libro se enmarca dentro de las publicaciones de carácter pedagógico y didáctico que la Diputación Provincial me viene encargando y publicando desde que iniciamos esta línea de trabajo con “Guadalajara para niños” y la continuamos con “Viaje a la Alcarria en familia” y “Cisneros, vida y obra de un gran cardenal”. La obra tiene un carácter fundamentalmente divulgativo y está dirigida a un público familiar y escolar que, como en las publicaciones antes citadas, encontrará un apéndice didáctico que les ayudará a conocer mejor y de una manera entretenida la historia sucinta de la diócesis y de la propia catedral, así como a visitarla en familia o formando parte de un grupo escolar. Las magníficas ilustraciones que incluye la obra las ha aportado nuevamente la diseñadora, arquitecta y docente alcarreña Nora Marco Alario que, en esta ocasión, también ha diseñado las cubiertas y los dos bellos desplegables (pop-ups) que abren y cierran el libro, curiosas arquitecturas de papel que reflejan el exterior y el interior de la catedral y que contribuyen a hacer más atractivo y artístico el libro. El muy buen diseño y maquetación electrónicos del libro los ha realizado Águeda Herrera, de Aache ediciones, y están a la altura del bien ganado prestigio de la editorial guadalajareña y guadalajareñista creada por Antonio Herrera Casado.

Da gusto trabajar con gente tan profesional y con equipos tan competentes, así, hasta los mediocres como yo no parecemos tan malos. Gracias a todos ellos. Y ustedes/vosotros: ¡A “guadalajarear” y a “catedralear”! O mejor, ya están “guadalajareando” y “catedraleando” (en Sigüenza, por supuesto), que es gerundio.

 

 

 

CeLA, siempre en la Alcarria

No hay ninguna errata en el titular, no; esa “e” minúscula entre tres mayúsculas está puesta ahí con toda intención pues, aunque esconde un guiño evidente al apellido de quien ganara el Premio Nobel de Literatura en 1989, este “CeLA” es un acrónimo del futuro “Centro de encuentro Literatura y Arte” que en las próximas semanas va a abrir sus puertas en Almonacid de Zorita. Se cumple así, una vez más, la contundente e inequívoca proclama de afectividad entre el escritor y esta tierra -“Siempre en la Alcarria”- que el mismísimo CJC dejara escrita de su puño y letra en el Libro de Honor de la Diputación Provincial de Guadalajara en una de sus frecuentes visitas a esta institución cuando era su presidente Francisco Tomey. Como podrán comprobar, pues se inserta junto a este texto, esa declaración y esa firma autógrafas de Cela están fechadas el 20 de diciembre de 1989, apenas unos días después de recibir la noticia, en su entonces residencia de El Clavín, de haber obtenido el Nobel de Literatura de aquel año, el quinto español -y último, por el momento- que se hacía con este prestigioso galardón tras José Echegaray (1904), Jacinto Benavente (1922), Juan Ramón Jiménez (1956) y Vicente Aleixandre (1977).

Desde que el 6 junio de 1946, con treinta años recién cumplidos, Cela llegara en tren a la estación de Guadalajara para viajar durante nueve días por la Alcarria y luego publicar, dos años después, su celebérrimo “Viaje a la Alcarria”, autor, paisaje y paisanaje se unieron para siempre, como él mismo proclamó en reiteradas ocasiones. Aquel libro que cambiara la literatura de viajes al dar a las figuras tanto protagonismo como al propio paisaje y producirse en un género narrativo singular muy cercano al de la novela, ha sido traducido a decenas de idiomas y ha situado a la Alcarria y a Guadalajara en el mapamundi, al igual que a La Mancha la puso ahí Cervantes con su extraordinario Quijote.

Como decíamos al principio, Camilo José Cela, como El Cid, va a ganar una nueva batalla después de muerto para volver a hacer cierta, una vez más, su voluntad de estar “siempre en la Alcarria”, en este caso inspirando el nacimiento del CeLA, en Almonacid de Zorita, el pueblo en el que “estuvo de boticario el poeta León Felipe” (Viaje a la Alcarria, 1948) y “que tiene unas arquitecturas meritorias” (Nuevo viaje a la Alcarria, 1986), según escribió y describió el propio CJC en sus dos periplos literarios alcarreños.

El Centro de encuentro Literatura y Arte se va a concretar inicialmente en una exposición permanente fundacional que va a instalarse en el Espacio Cultural El Molino, magníficamente restaurado como continente cultural tras ser durante décadas una fábrica de aceite. Este edificio, cuya construcción data del siglo XVII, fue originalmente una ermita dedicada a la Virgen de la Luz, la patrona de Almonacid, y en su fachada queda huella evidente de la presencia y poder que la Orden de Calatrava tuvo en aquella zona suralcarreña.

CeLA va a poner en valor la estrecha relación del literato CJC con el mundo de las artes plásticas, especialmente a través de la destacada presencia que a éstas les dio en los Papeles de Son Armadans, la célebre revista literaria que el escritor gallego editó y dirigió en Mallorca desde 1956 hasta 1979. La exposición inicial fundacional del Centro estará fundamentalmente conformada por obras de algunos de los pintores españoles más importantes del siglo XX, como Miró, Picasso, Rafael Zabaleta, el grupo El Paso y hasta del poeta Rafael Alberti, con quienes Camilo José Cela mantuvo fructífera relación, en algún caso derivando incluso en amistad, y a los que dedicó números especiales en los Papeles de Son Armadans. Papeles es una fuente casi inagotable de relación entre la literatura y el arte, pues además de ofrecer números monográficos dedicados a los artistas antes citados, también tuvieron tratamiento especial en sus páginas otros grandes creadores como los pintores José Gutiérrez Solana, Antoni Tàpies, Emilio Medova, Will Faber o John Ulbritch, el arquitecto Antonio Gaudí, el escultor Ángel Ferrant o el ceramista Llorens Artigas. La exposición la completarán obras pictóricas notables que Cela adquirió en propiedad y que colgaron de las paredes de sus sucesivos domicilios madrileños y mallorquines, especialmente el conocido de la Bonanova palmesana, así como retratos suyos que artistas de relevancia le hicieron como homenaje. El nexo de unión entre literatura y arte, a través de Cela, que inspirará el nacimiento del CeLA en Almonacid, lo subraya el hecho de que el mismo CJC, aunque esta circunstancia no es demasiado conocida, hiciera sus pinitos en el mundo de la pintura, llegando a exponer su obra en 1947 en la galería Clan, en Madrid, y después en La Coruña. En la exposición permanente de Almonacid también quedará algún reflejo del Cela pintor.

Aunque CeLA va a iniciar su andadura con esta exposición permanente, el propósito y el camino que tiene por delante puede ser de muy largo y considerable recorrido si se gestiona adecuadamente y a esta importante muestra se le va complementando con la programación periódica de otras exposiciones temporales y actividades como conferencias, seminarios, encuentros, etc.

CeLA lo van a hacer posible la Fundación Charo y Camilo José Cela, la Diputación de Guadalajara, que aportará apoyo técnico y soporte económico, y, muy especialmente, el Ayuntamiento de Almonacid de Zorita, que realizará un importante desembolso adquiriendo obra en propiedad y a quien cabe felicitar por esta decidida apuesta por llevar a su municipio un recurso cultural de tanta categoría y posibilidades de futuro. La zona de afección de la clausurada central nuclear de Zorita necesita y busca alternativas productivas y proyectos de calado socioeconómico para mirar con optimismo al futuro tras el cierre de la planta y el ya no lejano fin de su desmantelamiento; no me cabe duda que apostar por la cultura con mayúsculas, como va a hacer Almonacid acogiendo CeLA, es una decisión valiente e inteligente.

 

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