Jaque a dos reinas

Si bien puede parecer más un tema de portada de prensa rosa que de blog de un digital de provincias, no quiero sustraerme a comentar, aunque sea brevemente, el lamentable y bochornoso “espectáculo” del que la reina Letizia -¿esa “z” puede venir de “azote”?- fue protagonista al concluir la misa de Pascua de Resurrección en la catedral de Palma, con la reina emérita, Sofía, como pasiva, involuntaria, desautorizada y hasta casi humillada partenaire. Las imágenes han dado la vuelta al mundo y se califican por sí solas: Letizia, con una actitud imperativa y una gestualidad harto desagradable, hizo todo lo posible para que su suegra no se hiciera una foto con sus nietas, la princesa Leonor y la infanta Sofía, como si hacérsela en ese momento hubiera sido cometer un delito irreparable cuando hay miles -y habrá millones en el futuro- imágenes de ellas tres, algo lógico por tratarse de quienes se trata.

No voy a entrar en esa espiral de informaciones -incluidas algunas deformaciones-, opiniones y especulaciones que al hilo del sucedido real palmesano están corriendo por los medios de comunicación convencionales y las redes sociales a la velocidad de la pólvora, pero sí quiero, antes de pasar a hablar de otra “reina” jaqueada, decir que flaco favor le ha hecho Letizia a la monarquía, cuando supuestamente había llegado a ella con su sangre roja a oxigenar la azul borbónica y a alejarla de la caspa, la endogamia y la hemofilia. Con su público y notorio desaire a la anciana reina ha demostrado varias cosas, pero sobre todo no ser una buena nuera y ha permitido que, incluso, se pueda dudar de su calidad humana porque lo que ella hizo, no se le debe hacer a nadie, fundamentalmente provocar que su hija, Leonor, despreciara con mal gesto el cariñoso brazo de su abuela. Pero si este incidente ha puesto en entredicho las actitudes y sentimientos personales de Letizia, lo más grave es que ha evidenciado que no es tan buena “profesional” como su suegra pues provocar que se viertan ríos de tinta por un asunto tan chusco como este, indica que es solo una regular soberana y que se le ha olvidado que en periodismo la noticia no es que una abuela reina se fotografíe con sus nietas, sino que una madre reina no lo permita.

Si la opinión pública le ha dado un jaque a la reina Letizia y está expectante por ver como mueve ficha para librarse de él tras su tórpido tropiezo balear, otra “reina”, esta sin corona, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, también está siendo públicamente jaqueada -no confundir con “hackeada”- por el dichoso master en derecho autonómico que ella dice haber cursado y aprobado en la Universidad Rey Juan Carlos, pero cuyo expediente administrativo es, cuando menos, una chapuza digna de Pepe Gotera y Otilio. Pinta fea la cosa para Cifuentes, aunque no seré yo, como sí han hecho otros de forma ventajista, quien le niegue el beneficio de la duda y, especialmente, la presunción de inocencia. PSOE y Podemos -y, en cierta medida, también Ciudadanos, partido al que parece que le pone mucho hacer el juego a la izquierda para darse pátina de progre, sobre todo cuando de desgastar al PP se trata- han preferido optar por la presunción de culpabilidad, algo más propio de dictaduras que de democracias. Presumir culpabilidades al rival político e inocencias al propio es una actitud sectaria, torticera y, sobre todo, estólida, además de muy poco democrática.

Cifuentes me parece una mujer valiente, con criterio, sin complejos y que, en líneas generales, está realizando una buena tarea como presidenta de la comunidad madrileña, a pesar de no tener mayoría absoluta en el parlamento regional y de depender demasiado de los bandazos de Ciudadanos y de su tacticismo y oportunismo políticos. Esa valoración positiva está ahora en entredicho por el dichoso asunto del master que, si se resuelve contra sus intereses, puede acabar con su carrera política. Por el contrario, si se resolviera a su favor, podría hasta relanzarla, aunque las polémicas de este calado, si no dejan muertos, siempre dejan heridos. La opinión pública suele ser más favorable a pensar antes en lo peor que en lo mejor y, siempre tan refranera, se acoge con verdadera fruición a eso de que “cuando el río suena, agua lleva” para estigmatizar al prójimo. Y si ese prójimo es prójima y, además, del PP, ya ni te cuento.

Aunque sea una cuestión obvia, la recuerdo aquí porque algunos se la están pasando por el forro de las entretelas: Quien debe dar explicaciones de la chapuza de expediente administrativo del master cursado por Cifuentes es la Universidad, no ella. De momento, la presidenta regional es la víctima y la más perjudicada por este desaguisado. Si después se demuestra que ella ha tenido algo que ver en él, lo pagará muy caro, sin duda, aunque a quienes ya la han juzgado y sentenciado sin aclararse el asunto eso les da lo mismo porque lo que de verdad les importa es la posverdad, o sea la verdad a su conveniencia, no la pura y dura.

Además de dos reinas, una con corona y otra sin ella, la verdad también está en jaque en España hace ya tiempo.

Procesiones arriacenses por la “Calle de la Amargura”        

 Revisar el pasado, echar la vista atrás -sin ira, que es más sano- es un ejercicio que práctico con frecuencia porque conocer lo que nos precedió nos ayuda a entender mejor lo que somos e, incluso, a anticipar y condicionar lo que podemos llegar a ser. Reconozco que tengo un gran punto historicista, sí, y que a veces me dejo caer en los brazos de la nostalgia, pero no soy de esos que siempre van con el cuello girado porque tiene dos riesgos: tropezar al no ver lo que tienes delante y pillarte un esguince de esternocleidomastoideo de padre y muy señor mío. Repito, echar la vista atrás, sí, pero no para convertirme en una estatua de sal como la mujer de Lot cuando huyó de Sodoma, sino para coger impulso, como el que da dos pasos atrás pero solo para coger carrerilla.

Con esa filosofía, un tanto parda, como la gramática de los que saben sin haber ido a la escuela, he echado estos días un vistazo a esa hemeroteca impagable y de lujo que es la del añorado y querido periódico “Flores y Abejas”, en el que nací para esto de escribir. Y lo he hecho con el fin de saber con cierto detalle cómo era la Semana Santa de la Guadalajara de hace un siglo, una ciudad que, entonces, tenía alrededor de 13000 habitantes, un poco más de la población que actualmente reside en El Casar.

Lo primero que me ha llamado la atención de los actos de Semana Santa de la Guadalajara de 1918 a 1920, que son los años que he revisado en esta ocasión, es que había muy pocas procesiones y éstas no eran precisamente multitudinarias, sino bien al contrario, como después veremos cuando reproduzca una curiosa y auténtica filípica que “el cura de Santa María” -así la firmaba- publicó, precisamente, en la edición “Flores y Abejas” de 28 de marzo de 1920. En esos años, los cultos de este tiempo se concentraban en el interior de las cuatro parroquias que entonces tenía la ciudad: Santa María, Santiago, San Nicolás y San Ginés, a los que se unían los que se llevaban a cabo en otras iglesias conventuales, principalmente las del Carmen y los Paúles. Además de celebrarse los oficios propios de estos días, en todas ellas se programaban vía crucis, se instalaban monumentos y se convocaba a la feligresía a tres tipos de sermones: de mandato, de Pasión y de Soledad.

Las procesiones de calle de la Guadalajara que vivía ya los años finales de la segunda década del siglo XX, se limitaban a algunas parroquiales de palmas el Domingo de Ramos, al traslado de la Virgen de la Soledad desde su ermita -situada frente a San Ginés, al inicio del paseo de las cruces- a Santa María, al del Cristo de la Agonía desde San Nicolás a San Ginés,  y a la del Santo Entierro que, con varias imágenes -al igual que viene sucediendo con la también llamada del Silencio desde hace décadas- salía de Santa María y la conformaban un grupo de pasos, destacando entre ellos un Nazareno y un Cristo de la Cruz, del Carmen, y las imágenes de la Soledad y la Virgen de los Dolores, ésta última venerada en la propia Santa María, como hoy en día. Como es sabido, en la Guerra Civil, fueron pasto de las llamas, al tiempo que la propia ermita de la Soledad en la que se custodiaban, una imagen antigua de la Virgen de la Soledad, un Cristo Yacente y un Cristo atado a la columna, entre otros pasos. Por motivos desconocidos, en décadas e, incluso, en siglos anteriores habían desaparecido ya otras imágenes históricas de la Semana Santa arriacense, algunas de ellas de gran valor artístico, obra de afamados imagineros como Tamayo, Barrojo, López de la Parra o los Hermanos Rueda.

Retomamos ya esa filípica que “el cura de Santa María” -es probable que se trate de un pseudónimo y no de mosén Caraballo, párroco entonces de este templo que aún no era concatedral, status que adquirió en 1959- dirigió a los fieles de la ciudad -incluidas congregaciones religiosas, ¡ojo al parche!- denunciando, entre otras cosas, que había mucho “mirón” en la Procesión del Silencio y pocos penitentes. Lean, lean, no tiene desperdicio:

(…) Es deshonroso, escandaloso, ridículo, lo que ocurre con las procesiones de Guadalajara en las que el Señor, las Sagradas Imágenes van solas por la calle mientras las personas piadosas, como si no lo fueran, ven la procesión desde los balcones, dejando al Señor solo, entre la confusión de los chiquillos que cruzan en todas direcciones, y otros que no son chiquillos que atraviesan ¡con la cabeza cubierta y fumando!

Estas procesiones son informes, absurdas, indevotas, y lejos de ser una manifestación de la piedad, son el triunfo doloroso del indiferentismo y la despreocupación; son un nuevo e incruento padecer de Jesucristo, son la más gráfica reproducción de la “Calle de la Amargura” con sus desprecios y escarnios.

La culpa la tienen los que no asisten a la procesión en apretada fila, que no pueda ser atravesada por los indevotos y los frescos.

Hubiera dos filas compuestas de fieles, desde la cruz parroquial hasta el último paso, y esto parecería procesión, que, de no ser así, parece exhibición de esos animales raros que entre chiquillos y curiosos suelen conducir por nuestras calles los húngaros y piamonteses, ¡¡Qué vergüenza!!

¿Decís que exagero? Decidme ¿qué sociedad o corporación sale a la calle de forma tan indecorosa como nuestras procesiones? Ninguna.

¡No puede Dios bendecir a los pueblos que le tratan con desprecio!

Es cuestión de conciencia para todos, que las procesiones, si salen, salgan decorosamente.”

Dada la contundencia de lo expresado por “el cura de Santa María”, casi procede concluir ya diciendo “amén”, aunque lo haremos tras comentar que las procesiones de Semana Santa de la Guadalajara de hace un siglo concluían, como ahora, con la Procesión del Resucitado, el Domingo de Resurrección, si bien entonces ésta solo salía por el entorno del barrio de Santiago. Precisamente en esta tradición, de la que hay constancia que ya se celebraba en el primitivo templo de esta parroquia, situado junto al palacio del Infantado y demolido por fases entre 1873 y 1903, se basó la reinstauración de esta procesión en el programa de Semana Santa de la ciudad, hecho que ocurrió a principios del siglo XXI. Por cierto, con polémica entre algunos miembros de la Junta de Cofradías y el Obispado, pronto y felizmente superada.

Ahora ya, sí, amén.

 

Foto: Desaparecida Ermita de la Soledad que, hasta 1936, en que fue incendiada, albergaba varias imágenes de la Semana Santa de Guadalajara que también ardieron con ella. Foto: Fondo Camarillo.- CEFIHGU.- Diputación de Guadalajara.

 

 

Los sabios nunca mueren

Se nos ha muerto José Ramón Lopez de los Mozos y lo digo así porque no solo se ha muerto para su familia y amigos, sino para todos nosotros, los guadalajareños. Al igual que las campanas de la conocida novela de Hemingway ambientada en la Guerra Civil española no solo doblaban por quien ya era cadáver y esperaba su funeral, sino por todos, las que han doblado por la muerte de José Ramón lo han hecho por uno de los nuestros, por alguien que, por su importantísima labor como investigador, etnógrafo, historiador y bibliógrafo era un poco familia de bastantes, amigo de muchos y conocido de casi todos. Con él ha muerto un sabio, aunque, mejor pensado, los sabios nunca mueren porque su legado siempre les hará ser tiempo presente o futuro, pero jamás pasado.

José Ramón, como digo, no solo es patrimonio de su familia y amigos -entre quienes me honro en encontrarme-, sino que lo es de todos los guadalajareños, por quienes también han doblado las campanas en su funeral. Con él se nos ha ido un hombre erudito, estudioso de las ciencias sociales, sobre todo de la historia, el arte y la sociología, un gran especialista de la etnografía provincial -quizá sea más oportuno calificarlo con el determinado “el” que el indeterminado “un” para ser exacto- y una persona de una intelectualidad plena, casi renacentista por su afección y culto al conocimiento y el saber.

Gracias a José Ramón esta provincia ha encontrado el justo e importante lugar que a nivel nacional le corresponde en el singular campo de los personajes tradicionales enmascarados, que aquí llamamos botargas, pero que en otros lugares de España tienen nombres tan variados y dispares como irrios, arrios, cinseiros, choqueiros, madamitas, vellos, maragatos, muradanas, cigarróns, felos, borralleiros, murrieiros, cocas, charruas, troteiros, entroidos, zaharrones, zafarrones, zamarrones, sidros, bardancos, cardonas, zarramones, mazarrones, mozorros, cachimorros, guirrios, aguilarderas, ceniceras, vexigueos o zarragones, según nos dejó escrito Sinforiano García Sanz, el librero de antiguo y etnólogo natural de Robledillo de Mohernando, buen amigo de José Ramón y uno de sus grandes maestros, junto a Julio Caro Baroja, en la investigación, estudio y difusión de las botargas, su gran especialidad. Precisamente una de las grandes aportaciones que López de los Mozos nos ha dejado es la Biblioteca de Investigadores de la Provincia de Guadalajara que nació gracias a su empeño e impulso personales y a la adquisición de la amplia y completa colección de libros sobre Guadalajara de Sinforiano, amistosamente conocido como “Sinfo”. Aún recuerdo cuando los dos, bromeando, se denominaban el uno al otro, respectivamente, “ ‘elefantito’ o ‘mamut’ sagrado de la etnología y el folclore de Guadalajara”. En las iglesias de los pueblos de toda esa retahíla de personajes enmascarados hoy están doblando también las campanas por José Ramón, como en su día doblaron por Sinfo.

  Para poderse hacer una idea de la vasta labor que López de los Mozos ha desarrollado en sus 67 años de vida en el campo de la investigación histórica, en general, y de la etnología, en particular, baste un número: en la base de datos de la propia Biblioteca de Investigadores de la Provincia que él contribuyó decisivamente a crear hay 213 referencias suyas, es decir, libros, ensayos o artículos, en bastantes casos escritos en colaboración con otros autores, pues él era muy gregario. Su primer gran trabajo publicado data de 1974 y lleva por título “La fiesta de la Octava del Corpus”, obviamente dedicado a la conocida y singular fiesta valverdeña, y vio la luz en la publicación nacional de referencia en el ámbito de la investigación etnográfica: la Revista de Dialectología y Tradiciones Populares. El primer libro escrito y editado por José Ramón fue “Miscelánea de folclore provincial” (1976), complementado poco después por uno de sus preferidos: “Notas de etnología y folclore” (1979), si bien su obra que más ediciones alcanzó y que ha sido, es y seguirá siendo toda una referencia bibliográfica en el ámbito del costumbrismo popular es “Fiestas tradicionales de la provincia”. A este respecto, cabe también señalar que, en su día, fue el autor de los informes técnicos que llevaron a la Diputación Provincial a declarar las primeras y más importantes “Fiestas de interés turístico provincial”. José Ramón fue funcionario de carrera de la institución provincial desde 1979 hasta 2014 en que se jubiló, ocupando en ese momento la jefatura de sección de Administración de Cultura, de la que ahora soy yo titular y en la que procuro seguir sus pasos porque sé que así voy en la buena dirección.

Tratar de resumir en tan breve espacio el gran legado que José Ramón nos deja es tarea imposible, pero no quiero, ni debo, olvidar en este obituario de urgencia, recordar algunos hitos de esa contribución como son, además de a los que ya he hecho alusión, su decisiva aportación en el nacimiento y consolidación de los Cuadernos de Etnología de la Provincia, cuyo número “0” vio la luz en 1986 y acaba de ser presentado el 49 -ya en formato digital-, el impulso que siempre dio a los Encuentros de Historiadores del valle del Henares o, últimamente, su trabajo como presidente de la Asociación de Amigos del Museo de Guadalajara, de la que anteriormente fue también secretario. En la más antigua y singular cofradía de la ciudad, la de los Apóstoles, también nos ha dejado su impronta como buen amigo y hermano, titular de san Bernabé hasta su renuncia por razones de salud en junio de 2017, además de excepcional secretario.

Si toda esta -y mucha más que queda en el tintero- ha sido la labor pública de José Ramón, no quiero despedirme de él sin agradecerle, a través de estos blogs de GD en los que él también colaboró hasta que pudo, la amistad y el afecto que siempre me brindó, pero, sobre todo, reconocer en él a uno de mis principales referentes para conocer, sentir y querer lo mejor posible a Guadalajara. Termino despidiéndole como los romanos -esa gran cultura cuya huella en la provincia él tanto siguió- despedían a los suyos: ¡Que la tierra te sea leve!

¡Hasta luego, hasta siempre, pero jamás adiós, José Ramón!
Fotos: Superior, Alvaro Díaz-Villamil (CEFIHGU, Fondo Guadalajara 2000) y la segunda (en color)
López de los Mozos en Robledillo de Mohernando en el homenaje a Sinforiano García Sanz, 1993. Foto: Archivo Ángel de Juan

 

Loa de la vieja política

Aunque, por supuesto, no era oro todo lo que en ella relucía, vista la deriva que está tomando la llamada “nueva política”, sin dudar lo más mínimo me quedo con la “vieja” y mi elección no la condiciona la nostalgia ni compartir lo afirmado en el manriqueño verso de “cualquier tiempo pasado fue mejor”, sino la constatación de que la política de ayer fue capaz de lograr esa gran “fazaña” política española que fue la Transición -no confundir esta “fazaña” con las sentencias de los viejos comunes castellanos que, compiladas, formaban sus viejos fueros-, mientras que la de hoy es, en gran medida, puro tweet y populismo de tres al cuarto, irresponsable en no pocas ocasiones y hasta disparatado en algunas también.

El término “vieja política” lo han acuñado, precisamente, quienes pretenden beneficiarse de la por ellos también bautizada como “nueva”, con el fin de que aquella parezca pura obsolescencia, óxido y hasta detritus, mientras que ésta irrumpe como si de un sol naciente se tratara, brillante, esplendoroso y límpido. Puro marketing político que, de momento, va dando, sobre todo a dos de los adalides de la “nouvelle politique” española, Podemos y Ciudadanos, muy buenos resultados. Así las cosas, los morados han pasado de las acampadas de protesta, los “scratches” y las posiciones y acciones antisistema a tener 67 diputados en el Congreso. Por su parte, los naranjas, tras ser una opción solo con cierta relevancia en Cataluña, virar ideológicamente de la socialdemocracia al liberalismo como el que cambia de jersey -no he querido decir chaqueta intencionadamente- y abstenerse de ejercer el poder e inclinarlo con cierta veleidad, ora a la izquierda ora a la derecha, han logrado tener 32 señorías en el palacio de la Carrera de San Jerónimo. Y continúan subiendo como la espuma, según las encuestas, al menos los de Rivera.

Cierto es que la “nueva política” nace porque la “vieja” se enroca, envicia y enfanga en exceso, dando lugar a que muchos sectores de la sociedad, especialmente los más críticos de ella, generalmente los jóvenes, se harten de la añosa y se entreguen a la bisoña. Un darse a ella que, en algunos casos, se ha hecho con verdadera y hasta peligrosa fruición; y digo peligrosa porque a la política, sea vieja o nueva, no conviene abrazarla apasionadamente como si fuera una amante larga e intensamente deseada, sino, simplemente, tomarla de la mano como si de una novia y con mucho camino por delante para llegar a mayores se tratara. Pero, aunque la “vieja” política haya cometido muchos errores y hecho no poco por sí misma para dar paso a la que se vende como “nueva”, aquella no puede, no debe ser laminada y excluida como si estuviera apestada, incluso por mucha corrupción que la salpique y por no haber sabido atajar o, al menos, amortiguar una dura crisis que ha hecho y aún hoy hace sufrir a muchas personas. En defensa de la “vieja política” es justo recordar que nos ha traído el período de democracia plena más amplio en fondo y forma y de mayor bienestar social y económico de la historia de España, un período que corre el riesgo de finiquitarse porque, precisamente, a algunos actores de la “nueva política” les conviene que así ocurra por sus intereses de bandería y no generales.

Muerta la “vieja política”, piensan algunos -en este caso los morados- mientras se frotan las manos al tiempo que echan cuentas de futuros réditos electorales, morirá también su gran obra, la Transición, y así podrán retrotraerse a un tiempo en el que acabarían con la monarquía constitucional -para dar paso a la república, tras dos fiascos previos en el XIX y el XX-, con las autonomías -para posibilitar el federalismo plurinacional y, llegado el caso, la independencia de algunas comunidades-, y con el modelo económico social liberal -para regresar a los modelos marxistas que, por cierto, no es que sean viejos, es que son pura antigualla-.

Muerta la “vieja política”, piensan otros -en este caso los naranjas-, al tiempo que calculan con tics de avaro las cotas de poder que van a alcanzar, iniciaremos una nueva “Transición” hacia un mundo feliz de verdad, no el de Aldous Huxley, en el que quitaremos a los que están para ponernos nosotros, porque los que están son malos y corruptos, y nosotros, buenos y honorables hasta el extremo; además, nosotros, como pedía Galileo Galilei, podemos dar al mundo de la política española un punto de apoyo imprescindible para que pueda moverse y otros la tienen con freno y marcha atrás. Hay muchas diferencias ideológicas de fondo entre Podemos y Ciudadanos, sin duda, y tengo claro que serían mucho más útiles para España las posiciones políticas de los segundos frente a las de los primeros, pero me preocupan sus excesivas coincidencias en formas y estrategias, sobre todo en ese leitmotiv común de ambos que parece concretarse en un “vuestro tiempo ha pasado y ahora nos toca a nosotros”.

Sé que es un síntoma de que me estoy haciendo mayor, incluso de que ya lo soy más de lo que a mí me gustaría, pero echo de menos aquellos años de finales de los setenta y los ochenta del siglo XX en que fue posible que, no solo las tradicionales dos de Machado, sino muchas “españas” más, se pusieran de acuerdo -renunciando todas a muchas cosas, incluso algunas casi a alguno de sus principios- para hacer posible un camino democrático pleno para España, ejemplo de revolución pacífica y desde la ley a la ley dado al mundo por un pueblo hasta entonces tenido por belicoso, vehemente y racial. Ese camino no puede, no debe acabar en un precipicio que es al que algunos están dispuestos a conducir a España con tal de llevar razón y acaparar poder.

Y a los de la “vieja política” les pido autocrítica, reflexión, regeneración -refundación, incluso llegado el caso- y renovación, pero que nunca se olviden del espíritu e, incluso, la letra de la Transición.

Despotismo y centralismo toledanos

La Política -con mayúsculas- es el arte de lo posible en favor del servicio público, pero con minúsculas, a veces termina derivando en un juego de trileros en el que priman las apariencias frente a las realidades y los intereses espurios de cargo y partido frente a los generales de los ciudadanos. Hace tiempo que al actual presidente regional, Emiliano García Page -que lleva en política toda su vida “profesional”, en la que, no en vano, entró “bendecido” y de la mano del político más poliédrico y malabarista que he conocido, José Bono– le tengo catalogado entre los “servidores públicos” que hacen mucha, demasiada, política con minúscula.

Esa impresión la he corroborado cuando he intentado entender el juego que se trae entre manos con el tema de la ampliación del campus de la UAH en Guadalajara y que, hasta al habitualmente tibio e impredecible portavoz de Ciudadanos en el Ayuntamiento de la capital, Alejandro Ruiz, le parece un asunto de sencilla solución, como declaró en la amplia entrevista que hace unos días le hizo este diario digital: “En el campus el problema es que la Junta tiene que poner dinero, por lo tanto la solución es fácil”, afirmó.

He discrepado en muchas ocasiones con las posiciones que Ciudadanos mantiene en el Ayuntamiento de Guadalajara, en las que los de Rivera suelen abusar del tacticismo político frente a las necesidades e intereses reales de la ciudad, pero en este asunto del campus estoy de acuerdo con Ruiz en que la solución es fácil y que la Junta lo que tiene que hacer es poner el dinero que preveía el protocolo que en 2015 firmaron Ayuntamiento, Junta, UAH y Defensa y dejarse de intentar colocar a Antonio Román en un brete político para desgastarle, algo que parece evidente que se esconde detrás de la firma del “contrato-programa” que recientemente han suscrito en Toledo dos de las cuatro partes que intervenían hasta ahora en el asunto, Junta y UAH, excluyéndose del acto al Ayuntamiento de Guadalajara y a Defensa. Despotismo toledano de nuevo: “todo para Guadalajara, pero sin Guadalajara”. Lo de “todo” es un decir, porque de la capital regional suele venir más bien poco o casi nada, y a los hechos de sus importantes tareas aquí pendientes me remito: ampliación del hospital general, ampliación del campus, rehabilitación de los edificios del Fuerte, reparación y restauración del puente árabe…

Como este asunto del campus es complejo, vamos a tratar de simplificarlo lo más posible para intentar entender qué está pasando con una cuestión tan relevante y cuya solución parecía estar encaminada cuando la Junta de Page dio por buena su ubicación en el antiguo colegio de las Cristinas, tras pensárselo muchos meses, aun no comprendo bien por qué. Hasta donde se ha publicado y, por tanto, tenemos acceso los más comunes de los mortales, el protocolo al que antes he aludido -firmado cuando entonces era presidenta regional Dolores de Cospedal, cuya validez ha decaído por no ser de aplicación plazos y compromisos en él previstos, pero que es un documento aún aprovechable y con fuerza moral pues lo suscribieron las cuatro instituciones implicadas- contemplaba que el Ministerio de Defensa permutaría el antiguo edificio del Colegio María Cristina con el Ayuntamiento de Guadalajara a cambio de que este cediera al Ministerio unas parcelas municipales de unos 32.000 metros, valoradas por los técnicos municipales en más de seis millones de euros. Por su parte, la Junta debía abonar a Defensa algo más de dos millones de euros por la diferencia de valor entre las Cristinas y las parcelas municipales y, por supuesto, tras ceder el Ayuntamiento a la UAH el viejo CHOE, acometer en él las obras de adecuación necesarias para transformarlo en la principal sede universitaria de la ciudad. Pues bien, eso que, efectivamente, como afirma el portavoz de Ciudadanos era tan fácil: que la Junta pusiera el dinero que tenía que poner para que Guadalajara tenga por fin el campus que necesita, se ha enfangado de tal manera que solo dos de las cuatro partes han firmado un contrato-programa. Y lo han hecho ¡en Toledo y sobre el campus de la UAH en Guadalajara!, sin contar con el Ayuntamiento, a pesar de que en él se le pretenden imponer obligaciones y cargas. Despotismo toledano -Román lo ha llamado centralismo- otra vez: “Todo” para el Ayuntamiento pero sin el Ayuntamiento. Tampoco ha estado en esa firma Defensa, a pesar de que en el documento se condiciona el uso de un inmueble que aún es de su propiedad. Para mayor afrenta, el presidente regional y algunos de sus conmilitones de partido -en esa recurrente estrategia “bonista” y “pagista” de fuego graneado que tanto les gusta practicar-, han amenazado al alcalde de Guadalajara con que, o el Ayuntamiento acepta lo contemplado en lo por ellos unilateralmente determinado e, intuyo, que casi condicionado a firmar al rector saliente de la UAH, o el campus puede volar de Guadalajara y ubicarse en otro municipio cercano. Con alcalde socialista, por supuesto.

Hasta donde he podido averiguar, aquel protocolo de 2015 no se ha llegado a elevar a convenio porque la Intervención del Ayuntamiento de Guadalajara, con toda razón legal, exige que para que el Ayuntamiento ceda a Defensa las parcelas municipales que contemplaba el protocolo antes aludido a cambio de las Cristinas, la Junta consigne en sus presupuestos los más de dos millones de euros que le corresponderían abonar por la diferencia de valor entre estas parcelas y el antiguo edificio, algo que hasta ahora no ha sucedido. Si la administración regional no consigna y abona esa cantidad, automáticamente anularía la permuta de terrenos entre el Ministerio y el Ayuntamiento, de ahí la lógica exigencia del Interventor municipal.

Efectivamente, como dice el portavoz de Ciudadanos, la solución a este asunto aparentemente complejo es sencilla: la Junta debe pagar, pero es evidente que se resiste a ello y, como Page domina no es buen pagador y domina el trile, ahora se ha sacado de la manga lo del contrato-programa, no cuenta con el Ayuntamiento para su firma, sino que pretende imponérselo a posteriori. Además, ha incluido en él, no solo la ampliación del campus, sino la aportación total de la Junta a la UAH hasta 2021, lo que fuerza al Rector a firmar pues más vale pájaro en mano que ciento volando ya que el gobierno regional debe mucho dinero a la Universidad alcalaína e infra-financia en ella la presencia de alumnos de Guadalajara en comparación con lo que le cuestan los del resto de la región en la UCLM.

Dicen los jugadores de mus que los mirones en las partidas solo deben dar tabaco; yo hace tiempo que opté por no jugar al mus de la política, aunque no renuncio a ser un “mirón” de ella, un observador, lógicamente condicionado por mi ideología liberal, al tiempo que por las simpatías y afectos personales que, no voy a negar, me unen a algunos miembros del actual equipo de gobierno del Ayuntamiento de Guadalajara pues fueron compañeros míos en el grupo popular durante ocho años, entre 1999 y 2007. A mis compañeros, a mis amigos, como “mirón” de la política y puesto que estoy alejado hace ya muchos años del consumo de tabaco, en vez de darles un cigarro les voy a realizar unas sugerencias, con mi mejor intención: que no se cansen de trabajar por Guadalajara aunque canse mucho gobernar en minoría, que apliquen la inteligencia del largo plazo frente a la listeza cortoplacista, que no caigan en la tentación de jugar al trile con los intereses de los ciudadanos, que sean muy cercanos y escuchen mucho y que expliquen con detalle y transparencia sus ideas, proyectos y actuaciones.

Termino citando de nuevo al portavoz de Ciudadanos en el Ayuntamiento de Guadalajara porque vuelvo a estar de acuerdo con él, algo que, repito, no suele ser habitual: “La sensación que da es que (los guadalajareños) somos los grandes olvidados de la región, gobierne quien gobierne”. Y no es victimismo barato, a los hechos me remito. Que no olviden los “naranjas” esto que dicen ahora si algún día mandan ellos en Toledo, aunque solo sea un poco.

El bable, babel y la Mingaña

Mi capacidad de asombro, y estoy seguro que la de una gran mayoría de los españoles, hace tiempo que se viene hinchando como un globo cuando lo soplas con fuerza y tienes buenos pulmones. Gran parte de mi estupefacción progresiva la está incrementando el “prusés” independentista catalán que, cada día, nos pone, junto a la taza del desayuno, cual tostada, una nueva noticia, que hace vieja a la anterior, aunque ésta apenas tenga unas horas de actualidad, y que cada vez es más retorcida y rocambolesca. Entre tanto atracón de barretinas caladas hasta la cejas, “calçotadas” achicharradas en la parrilla, sardanas a tutiplén, “castellers” más altos que la luna, “caganers” con retortijones, monas no solo de pascua y demás “estelas” que cada día se van sumando a las “esteladas”, uno de estos últimos días me desayuné con una noticia que no tiene que ver directamente con el proceso independentista que la mitad de Cataluña quiere imponer a la otra mitad, al precio que sea, pero sí indirectamente pues pudiera tratarse ahora de polvos que podrían acabar siendo lodos en el futuro: el intento de que el bable -también llamada “llingua” o “asturianu”- sea lengua cooficial en Asturias. En ese intento de hacer el bable lengua cooficial –“proyectu” lo llaman ellos- están, de momento, Podemos, Izquierda Unida y Foro Asturias, además de un amplio sector del PSOE, si bien este partido ha decidido posponer su postura definitiva hasta la próxima legislatura autonómica y llevar ese postulado en su programa electoral. PP y Ciudadanos se oponen.

Nada tengo contra el bable, bien al contrario, pues mi segunda residencia y una parte de mi corazón están en Comillas, la zona occidental de Cantabria que limita con la oriental deAsturias y allí se oyen con frecuencia frases y voces en bable, con su inconfundible acento, que ya me son familiares y hasta entrañables. En la costa occidental de Cantabria se solapan un muy bien hablado castellano, con muchas palabras “santanderizadas” con el sufijo “uco” tan típico de la zona -a ese habla allí le llaman montañés o “cántabru”- y el bable asturiano, que se cuela en Cantabria por los impresionantes desfiladeros del Deva-Cares que socaba los altísimos y quebrados Picos de Europa formando unos parajes espectaculares, a cual más bello.

El bable, según define la mismísima RAE, es la variedad actual del asturleonés que se habla en Asturias; pero, como ocurría con el euskera hasta que lo unificaron con el llamado “batúa”, el bable tiene muchos dialectos y variantes, casi tantos como valles hay en Asturias y el norte de León, que no son pocos precisamente, incluso uno de ellos está en Babia. Del asturleonés, o bable, se pueden diferenciar claramente tres zonas distintas: la occidental, la central y la oriental. En la occidental, hay hasta nueve sub-zonas en las que esta lengua se habla de manera diferenciada entre ellas; en la central, tres, y en la oriental, una. Y, como ya hemos dicho, no es una lengua exclusiva de Asturias, sino que es tramontana y también se habla en el norte de León, el oeste de Cantabria e, incluso, el noreste de Galicia, si bien allí ya el gallego se impone con fuerza e, incluso, penetra en parte del occidente asturiano.

Como decía, nada tengo contra el bable e, incluso, no me es extraño, ni parte de su vocabulario ni su típico acento que lleva a acabar casi todas las voces en una “u” alargada; ahora bien, de ahí a tratar de elevarlo a rango de lengua cooficial, me parece un craso error pues, además del carísimo coste económico que ese hecho conllevaría -se estima en una amplia horquilla de entre 20 y 70 millones de euros, según las fuentes-, estoy seguro que terminaría sirviendo para que algún nacionalista ahora durmiente o relajado haga de él bandera soberanista. Entiendo que con la protección que actualmente tiene el bable a través de la ley para su uso y promoción, aprobada por el parlamento asturiano en 1998, ya es más que suficiente para garantizar su pervivencia como un elemento cultural y sociológico singular. En cambio, elevar este habla zonal a lengua cooficial, además de obligar a unificar la gramática, el léxico y hasta la fonética -ámbito en el que el bable tiene mucha personalidad- de sus muchas variantes y, por ende, a artificiarlo, abriría la puerta a quienes gustan de hacer fronteras de las señas de identidad. Y ya sabemos cómo acaban estas cosas cuando dejan de ser polvos y se convierten en lodos.

Sí al bable, pero no a una nueva torre de babel en la que del caos y la confusión saquen partido los filibusteros del XXI, que no dejan de ser piratas, aunque no lleven parche en el ojo ni patas de palo. Parece mentira que siglo y medio después de que, incluso, hubiera importantes intentos de crear un idioma universal -entre ellos el Esperanto y el Volapük, cuya academia española tuvo su sede, precisamente, en Guadalajara-, algunos sigan empeñados en hacer de los idiomas y las hablas locales mojones de separación y frontera, cuando las lenguas, precisamente, deben servir para facilitar el entendimiento y la comunicación de las personas y no justamente lo contrario.

A este paso, no me extrañaría que la Mingaña, ese argot o jerga que utilizaban, fundamentalmente, los esquiladores, tratantes de ganado, comerciantes, mercaderes e, incluso, músicos de la zona norte del Señorío de Molina (sobre todo de Milmarcos, Maranchón y Fuentelsaz) para comunicarse entre ellos con privacidad -parece que el origen del nombre está en “me engaña”-, termine convirtiéndose en lengua cooficial en Castilla-La Mancha, esa región tan artificial como la propia Mingaña. Por cierto, en esta curiosa habla molinesa, Asturias se dice “orejas”. Espero que los asturianos no hagan el ídem con el bable. “El que en dona el temporil”, o sea, el reloj en Mingaña, pondrá las cosas en su sitio.

Mi tricolor

Enero es un tiempo en Guadalajara en el que el invierno más profundo es propicio a helar cuerpos, pero no ánimos, pues tradicionalmente ha traído a esta tierra uno de los ciclos festivos más añosos, intensos y singulares, el de las botargas. Invierno aquí, pues, no es sinónimo de resaca ni de vísperas, sino de fiesta misma, a pesar de que acabemos de vivir y superar ese tiempo festivo superlativo, extenso y sin tregua que es la Navidad, tras la que queda una cierta sensación de hartazgo de casi todo y parece que apetecen más la calma y la rutina que volver a imbuirse en el jaleo, sin haber terminado prácticamente de estar imbuidos en él.

Enero, este año, ha querido venir con agua en forma de nieve, ya en dos temporales, a pesar de haber consumido solo su mitad. La nieve en el primer mes del año no era noticia en esta tierra, más bien su falta, pero hace ya tiempo que cambiaron las tornas y que no solo es noticia en la información meteorológica, sino de primera página y con alardes tipográficos. No sé si tienen razón quienes alertan e, incluso, alarman con insistencia del cambio climático -intuyo que en gran parte sí- o los escépticos que lo cuestionan alegando que apenas unas decenas de años, como los que han transcurrido en esta etapa de notorio cambio en los meteoros que estamos viviendo, es apenas un micro-ciclo para aventurarse a hablar ya de alteraciones climáticas sistémicas drásticas; lo que es incuestionable es que algo está cambiando y sus consecuencias para el medio ambiente y el género humano pueden ser dramáticas si no modificamos comportamientos en nuestra relación con la conservación del Planeta. Dicho quede sin extremismo y desde la moderación preocupada y concienciada.

Que enero era tiempo de nieves en esta tierra, y a veces muy intensas, lo he vivido personalmente, no me lo han contado, como he tenido que hacer yo con mis hijas y ya no son niñas precisamente. Recuerdo, aunque sea como una fotografía en blanco y negro, puede que incluso en sepia, una nevada que cayó en Taracena cuando pasaba allí en familia una de mis primeras navidades en la que hubo que abrir con palas sendas entre la nieve para poder bajar al horno a por pan. En la propia Guadalajara, guardo en la retina nieves postreras, ya avanzado marzo, que cubrían de blanco la Concordia y despistaban hasta a los mirlos que, unos días antes, creían haber ganado ya la primavera. Aquellas nevadas tardías en el parque de los parques tenían su propia bandera tricolor: el intenso amarillo del pico de los mirlos machos que contrastaba con el negro de su plumaje y el blanco brillante de la nieve de primavera. En estos tiempos de banderías en los que abunda tanto filibustero disfrazado de patriota con barretina, chapela, gaita o lo que se tercie me pido ser el abanderado de la tricolor -amarilla, negra y blanca- de las Concordias nevadas. Y como escudo, por supuesto, un mirlo.

   El agua, tras un verano y un otoño más secos que un camión de orejones y uvas pasas, ha llegado por fin en forma de nieve nada más principiar el invierno. Lo habitual es que la lluvia viniera en otoño, de ahí que el año hidrológico se inicie siempre el primero de octubre, pero al otoño pasado se le ha olvidado llover. Sin caer una gota de agua, se inició con un tempero apacible que pareció alargar hasta noviembre el veranillo de San Miguel, el tiempo del cálido pero suave sol del membrillo, como el título de la película de Víctor Erice inspirada en el cuadro del maestro del hiperrealismo que es Antonio López. Pero esto es Castilla, que además de “fazer” a los “homes” pero también “gastarlos” -como dijo Alonso Fernández Coronel, señor de Montalbán y Bolaños de Campos, y alguacil mayor de Sevilla, que está enterrado en la iglesia de Santiago, de Guadalajara, pues su tía fue la fundadora del desaparecido convento de Santa Clara, de la que este templo era capilla conventual-, tras un sol abrasador es capaz de avenirse con un frío helador; así las cosas, tras una primera mitad del otoño seca y cálida, se avino una secunda también seca pero realmente fría, hasta el extremo de superarse en Cantalojas los 11 grados bajo cero a finales de noviembre. El frío-frío llegó para quedarse avanzado el otoño al municipio cabecera del Hayedo de Tejera Negra pues poco después del día de Reyes, ya principiado el invierno, el termómetro volvió a bajar allí hasta los 20,8 grados bajo cero, que se dice pronto.

Con este helador dato, Cantalojas se ha acercado hasta casi igualar los 22 grados bajo cero que Teruel dio en enero de 1945, aunque aún dista de los – 28 a los que llegó el termómetro en Molina de Aragón, también en enero, pero de 1952, y a los 30 bajo cero que se alcanzaron en Calamocha (Teruel) el 17 de diciembre de 1963. Como en la famosa novela de John Le Carré, la noticia surgió del frío mediado diciembre pasado cuando en la plaza de Calamocha se inauguró un monumento a lo que algunos han llamado el “Triángulo de hielo” -concretamente Vicente Aupí, en su libro homónimo en el que realiza un estudio climático del polo del frío español- y que consiste, precisamente, en un triángulo que recoge en sus vértices las temperaturas mínimas de Calamocha, Teruel y Molina de Aragón a las que he hecho referencia.

Y ya que estamos en la Alcarria y hablando de frío me ha venido al recuerdo este precioso verso de la canción de amor número dos de Amancio Prada:

“Yo que tiritaba de frío, mojado por todas las lluvias de todos los pobres y de todos los mendigos; y tú, volcán de miel”.

 

 

 

 

 

 

 

Page desayuna mantequillas y pan tierno

Como alumno aventajado de José Bono que fue y “hereu” –heredero en catalán, que yo ya lo voy hablando en la intimidad por si acaso- político suyo, Emiliano García Page practica cada vez con más empeño ese principio del pragmatismo político que es no dar una puntada sin hilo, un principio transversal que supera y desborda ideologías y que se acomoda al criterio de que lo que hay que hacer –y, sobre todo, decir- es lo que funciona.

Las últimas muestras de “bonismo” y pragmatismo político que nos ha dejado Page han llegado cuando a 2017 ya le quedaban pocas barbas que pelar y han tenido por sede los dos municipios de la región que mayor número de visitas turísticas concitan: Toledo y Sigüenza. Como después veremos, hasta los marcos en los que el presidente regional hace política no son elegidos al azar –al aliguí, como decimos en Guadalajara-, sino que son escogidos a conciencia y con ellos ya da la primera puntada para coser su objetivo político. Con hilo, por supuesto.

    Hace unos días, en el Palacio de Fuensalida, sede de la presidencia regional, como viene siendo costumbre desde tiempos de Bono, Page volvió a reunir en un “desayuno de trabajo” –eufemismo de rueda de prensa acompañada de café y bollos- a los directores de los medios de comunicación regionales para hacer balance de 2017 y, especialmente, para trazar algunas de las líneas maestras de su estrategia política para 2018. Page, en este encuentro con los periodistas que, por su característica casi multitudinaria, tiene más formato de mitin que de verdadera rueda de prensa, se mostró muy cerca de la euforia pues, por fin, ha podido aprobar el presupuesto regional gracias a su pacto de gobierno con Podemos, despejándosele así el futuro de la acción gubernamental, especialmente la inversora, cuando solo queda un año y medio para las próximas elecciones autonómicas y locales; o sea, “na”.

El pragmatismo político que tanto practica Page queda en notoria evidencia en el hecho de que, a pesar de que él mantiene un nítido discurso constitucionalista y españolista, no le sonroja lo más mínimo tener en la Junta un vicepresidente segundo podemita, José García Molina, que hasta se entrevistó con el entonces vicepresidente de la Generalitat, el republicano e independentista Oriol Junqueras, en vísperas del 1-O para mostrarle su apoyo en el referéndum ilegal catalán. Page no puede esgrimir que García Molina fue a Barcelona a hacer el juego a los separatistas solo a título particular y de partido, porque la Generalitat publicitó ese encuentro todo lo que pudo como si de institucional se tratara y no trató ni nombró a Molina como secretario general de Podemos en Castilla-La Mancha, sino como vicepresidente segundo de la Junta. Emiliano, más a la gallega que a la manchega, se desmarcó, pero sin hacer herida, de García Molina, y en vez de romper su reciente pacto de gobierno por superar una “línea roja” tan notoria como fue llevar su cargo en la Junta para hacer el “rendez vous” a Junqueras y Puigdemont, siguió negociando con él cargos, asesores liberados, “puertas giratorias”, áreas de gobierno reservadas… y el presupuesto regional. Como Luis de Góngora en su conocido “Ándeme yo caliente”, Page, al más puro estilo Bono, debió pensar:

Traten otros del gobierno
Del mundo y sus monarquías,
Mientras gobiernan mis días
Mantequillas y pan tierno,
Y las mañanas de invierno
Naranjada y aguardiente,
Y ríase la gente.

                Resulta cuando menos curioso que un presidente regional, como Page, que dentro de su partido está considerado como del ala menos próxima a Podemos, haya sido el único que ha cerrado un pacto de gobierno con los de Pablo Iglesias y no solo de investidura. Eso, sin duda, habla de su habilidad política, que no seré yo quien se la niegue, pero a mi juicio también evidencia que, si bien el PSOE renunció al marxismo (de Karl) en el congreso extraordinario de 1979 que Felipe González forzó con su estratégica dimisión, Emiliano sigue practicando el marxismo (de Groucho) cuando conviene a sus intereses políticos personales y de partido, aunque él los disfrace de generales. Perfectamente sabe el “manchakari” que esta no es una región políticamente situada en la izquierda que defiende Podemos, a pesar de lo cual ha buscado un pacto con los morados como el sediento un oasis en el desierto, si bien, siguiendo el marxismo “grouchista”, en su reciente desayuno con la prensa ya habló de la previsible entrada de Ciudadanos en el próximo parlamento regional y tendió algunos puentes con los de Rivera, por si conviene cambiar el morado por el naranja.

Dejemos ya el desayuno toledano y vayamos con la despedida televisiva de 2017 para la que Page eligió este año como marco (incomparable, sin duda) Sigüenza. Lo primero, decir que le alabo el gusto porque Sigüenza siempre ha sido, es y será una buena elección. Pocas ciudades más bellas que ella hay, no solo en la región, sino en España entera. Pero dicho esto, tengo bien claro que si el presidente regional eligió la ciudad de Doncel para despedir el año, no es únicamente por tratarse de un bellísimo y turístico municipio regional, sino porque en sus cálculos electorales el partido judicial de Sigüenza va a jugar un papel muy importante para determinar la futura mayoría política de la Diputación Provincial, pero, sobre todo, porque es probable que, una vez más, la provincia de Guadalajara de a unos y quite a otros la mayoría en el parlamento regional. En ambas instituciones, parece evidente que, según coinciden la mayoría de sondeos demoscópicos, Ciudadanos va a ser decisivo, algo que Page sabe muy bien por lo que no descarten que, una vez aprobados los presupuestos regionales para 2018, comience a distanciarse de Podemos por cuestiones bastante más nimias que su desmañado apoyo al referéndum ilegal catalán. Se distanciará por eso y porque según esas mismas encuestas, al contrario que Ciudadanos, Podemos va pudiendo cada vez menos, lo que convierte a los morados en un ascua que cada vez calienta menos.

Aprovecho la ocasión para desear a todos los lectores de GD un feliz año nuevo, especialmente mucha salud pues, a partir de ella, podrán construir la felicidad, la paz, la prosperidad y todo cuanto anhelen.

               

 

 

 

Un torito de espumillón

Decía Jorge Valdano, bastante más habilidoso en el uso de la palabra que como futbolista lo fue en el de los pies, que “el fútbol es un estado de ánimo”. En gran medida, ciertamente, es así, pero no he traído esta frase a colación por el llamado “deporte rey”, sino por el tiempo de Navidad en el que estamos metidos de lleno desde hace ya varias semanas porque a los mercaderes, que en gran medida son quienes mueven el mundo de hoy, siempre les trae muy a cuenta anticipar y alargar las vísperas. La Navidad, como el fútbol -pido indulgencia a quien me tache de irreverente por esta comparación-, efectivamente es un estado de ánimo, generalmente alegre; incluso, a veces, eufórico, grado en el que se desborda la alegría cuando el dios, con minúscula, Baco, se cuela de rondón en el cumpleaños de Jesús, el Dios, con mayúsculas, que es lo que de verdad celebramos en este tiempo, aunque a veces lo pasemos por alto. A pesar de ello, no son ajenas a este tiempo también la melancolía, que es una forma de manifestarse la felicidad o la tristeza incompletas, e, incluso, la tristeza, que es la falta acusada de felicidad, generalmente causada por las ausencias o por otros motivos, como la enfermedad propia o la de seres queridos.

Si bien a alguien así se lo pudiera parecer por el aparente sombrío tenor de esta primera parrafada, lejos está de mi intención inclinar el ánimo del lector del lado de la alegría hacia el de la melancolía y, menos aún, al de la tristeza. Quien esté y quiera seguir estando en el equipo de la alegría, por seguir con el símil futbolístico, hace muy bien en continuar militando en él porque, no solo en el tiempo de Navidad, sino en cualquier otro, la vida no deja de ser un estado de ánimo y, aunque a veces las piedras del camino se empeñen en ponernos difícil el tránsito por él, hacerlo con la mejor disposición y talante es la opción deseable y aconsejable para caminar.

Eso sí, ruego a los alegres antropológicos que respeten a los afligidos, apenados, entristecidos, apesadumbrados, atribulados, pesarosos, mohínos, mustios, taciturnos, compungidos, llorosos, cariacontecidos o, simplemente, desanimados con los que se tropiecen en el tiempo de Navidad porque hay pocas cosas más torpes que, aún con la mejor de las intenciones, intentar forzar alegrías en el prójimo cuando no está por la labor. Por seguir con el lenguaje futbolero, pido a todos “respect” -respeto en inglés, que es el eslogan elegido por la FIFA para luchar contra el racismo y contra cualquier otra forma de hacer barrera de las diferencias- con el estado de ánimo del vecino, tanto a quienes el cuerpo les pida alegría como a los que no. Si es de patosos tratar de forzar la alegría en la melancolía o la tristeza ajenas, de aguafiestas, cascarrabias y ceñudo es tratar de fastidiar el festejo al festero cuando discurre por cauces razonables.

No quisiera dejar un poso amargo en el lector con esta entrada escrita en vísperas del tiempo de Navidad y que, quizás por el tono elegido, pudiera perecer una filípica contra el buen ánimo y un elogio de la taciturnidad. Si alguien lo ha entendido así, le pido sinceras disculpas y le invito a que se imbuya en la fiesta hasta donde pueda, quiera, deba y le dejen. Tiempo vendrá después para bajar el pistón de la juerga y volver a la monotonía de lo cotidiano que, además, tras la Navidad viene de la mano de un invierno que, a pesar de que parezca que estemos ya en él desde hace semanas, no entrará oficialmente en España hasta el 21 diciembre, concretamente a las 17:28, hora peninsular.

Como regalo al lector que haya sido capaz de llegar hasta este párrafo final, termino felicitando a todos la Navidad con el villancico de los villancicos de Guadalajara, el conocido “Torito” de la Ronda del Alamín, que es el santo y seña, el referente de la música tradicional navideña arriacense de este tiempo y que hay que tratar de conservar como oro en paño y siempre entre espumillón y buen ánimo:

 

En el barrio El Alamín, allí nacen los toreros (bis).

Moisés el primer espada, el Lara el banderillero.

Pa terminar la faena, Calvillo es el puntillero.

En el barrio El Alamín, allí nacen los toreros.

 

Uú, uú, torito ven acá, échale la capita al toro, échale.

Y dile uú, torito ven acá, ven acá, ven acá. (Estribillo)

 

Ventana sobre ventana y sobre ventana una.

En la ventana más alta estaba el Niño en la cuna. (Estribillo)

Ventana sobre ventana y sobre ventana dos.

En la ventana más alta estaba el Niño de Dios. (Estribillo)

Ventana sobre ventana y sobre ventana tres.

En la ventana más alta estaba el Niño Manuel. (Estribillo)

Ventana sobre ventana y sobre ventana cuatro.

En la ventana más alta está la Virgen de parto. (Estribillo)

Ventana sobre ventana y sobre ventana cinco.

En la ventana más alta estaba el Niño Perico. (Estribillo)

Ventana sobre ventana y sobre ventana seis.

En la ventana más alta están la mula y el buey. (Estribillo)

 

 

 

 

 

 

Investigar, desarrollar e innovar, pero poco

El futuro del desarrollo económico y social de una región depende en gran medida de su presente en el ámbito del llamado I+D+i (Investigación, desarrollo e innovación). Si echamos un vistazo a los datos que nos ofrece el vigente “Pacto por la recuperación económica de Castilla-La Mancha”, suscrito en 2015 y con horizonte de aplicación hasta el 2020, la verdad es que a esta región le aguarda un provenir no excesivamente halagüeño en materia económica, a pesar de que tiene algunas fortalezas geoestratégicas, principalmente su cercanía a esa locomotora de actividad que es Madrid, que incluso podría bastarle por sí misma para engancharse al vagón del desarrollo madrileño y casi casi dejarse llevar. Y lo peor para nosotros, los guadalajareños, es que en I+D+i, somos, con diferencia, la provincia con menos recursos en el ecosistema de la innovación en Castilla-La Mancha, concretamente en el ámbito de los centros tecnológicos e institutos de investigación, al estar radicados aquí solo 4 de los 61 que había en la región cuando se suscribió y puso en marcha el pacto antes aludido, cifras que, me temo, han variado muy poco.

De lo antes señalado se deduce que Guadalajara es la “cenicienta” de la innovación en la región y ésta casi lo es en el ámbito nacional pues el gasto interno de Castilla-La Mancha en I+D+i, según datos del INE de 2014, supone un 1,51 por ciento del gesto total interno en I+D en el conjunto nacional, menos de la mitad de lo que le correspondería atendiendo a su peso en el PIBpm nacional, o sea el Producto Interior Bruto a precios de mercado. Este dato lo corrobora otro que es el de los recursos humanos destinados a I+D+i en la región, en el que, lamentablemente, según cifras del INE hechas públicas ahora hace dos años, Castilla-La Mancha está, por seguir con el símil ferroviario, en el vagón de cola nacional al ser sólo un 0,6 por ciento los investigadores y el personal de I+D sobre el total de ocupados, un parámetro que solo empeoran las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla con un 0,2. Nuestra vecina y hermana región de Castilla y León casi triplica, con un 1,6 por ciento, el dato de investigadores sobre el total de ocupados, mientras que la media nacional se sitúa en el 1,8 por ciento, de lo que se deduce que en nuestra región hay solo un tercio de investigadores respecto a la media nacional. Como decía al comienzo, con estas cifras, desde luego, el futuro productivo de Castilla-La Mancha no parece caminar por la investigación el desarrollo y la innovación, lo que, entre otras muchas y negativas consecuencias, va a suponer la paulatina pérdida de competitividad de nuestros productos, tanto industriales como agroalimentarios. Mal camino no lleva a buen pueblo, decía sabiamente un paisano de Zaorejas, perito en mundos.

Retomando el tan expresivo como pésimo dato que antes he aportado de la manifiesta inferioridad de centros tecnológicos e institutos de investigación que hay en Guadalajara respecto al resto de provincias de la región (apenas un 6 por ciento del total), llama poderosamente la atención que nuestra provincia ocupe ese lugar postrero en un ámbito tan ligado a la actividad industrial cuando el Corredor del Henares es uno de los motores del desarrollo económico y social regional, al tiempo que esta es en la que mayor población activa hay empleada en el sector industrial y menos en el agrícola del conjunto de Castilla-La Mancha. Para no dejar el dato en abstracto, estos son los cuatro centros tecnológicos e institutos de investigación localizados en Guadalajara del total de 61 que hay en la región, según se recoge en el Pacto por la Recuperación Económica regional: Centro Agrario de Machamalo, Unidad de Investigación del Hospital Universitario de Guadalajara, Centro Astronómico de Yebes y Centro de Investigación en Infraestructuras Inteligentes (CI3), este último el único instituto de investigación público-privado que figura en esta relación.

Me llama la atención que, conforme a los datos ofrecidos por el Pacto, en Albacete hay 7 centros de investigación dependientes de la Universidad de Castilla-La Mancha, 14 en la de Ciudad Real, 5 en la de Cuenca y 6 en la de Toledo; evidentemente, en Guadalajara no hay ninguno pues nuestra provincia está vinculada al distrito universitario de Alcalá de Henares. El hecho de que no figure ningún centro tecnológico e instituto de investigación dependiente de la UAH con sede en Guadalajara o vinculado a ella en esta relación aportada por el referido Pacto, viene a subrayar un hecho que trasciende del ámbito de la I+D+i: En la Junta solo consideran universidad propia a la de Castilla-La Mancha y no a la de Alcalá, cuando es la de Guadalajara y, por tanto, también es regional y debería ser tratada y considerada como tal, algo que no ocurre, no solo para las estadísticas, sino para su financiación y el desarrollo de su campus en nuestra ciudad. Bien es sabido que la Junta tiene bloqueado el nuevo campus de la UAH en nuestra ciudad, a pesar de muchos protocolos, convenios, promesas y declaraciones suscritos por los responsables políticos regionales. Y, por si no lo saben, aunque hace tiempo lo publicó GD, les aporto este dato: la Junta paga más del doble por alumno en la UCLM que en la Universidad de Alcalá.

Y dejo el asunto aquí para que lo investiguen, desarrollen e innoven quienes quieran y puedan, no sin antes alertar del evidente descenso de actividad de I+D+i en la sede en Guadalajara del Parque Científico y Tecnológico de Castilla-La Mancha, en el Centro Europeo de Empresas e Innovación, en Aguas Vivas, un descenso que ha coincidido con la fusión de los antiguos parques autónomos de Albacete y Guadalajara en uno solo, que se llevó a cabo siendo presidenta regional Dolores de Cospedal y se ha desarrollado y consolidado con Page, y cuya sede y gerencia centralizada están en Albacete. ¿Casualidad o causalidad? Yo lo tengo muy claro.

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