Floreos y aguijonazos

Las ferias de 2027 están más cerca ya que las de 2026 recién concluidas porque éstas, como las oscuras golondrinas del poema de Bécquer, ya no volverán, mientras que para las del año que viene aún quedan trescientos cincuenta y pico días, pero volverán, seguro que volverán, como dice en singular la canción de El Canto del Loco. Conforme ya comenté en mi anterior post, cada uno contará las ferias según le haya ido en ellas, aunque tengo la impresión de que, mayoritariamente, han ido bien al personal porque, cuando fui concejal de festejos de la ciudad, entre 1999 y 2003, constaté algo que fue, es y seguirá siendo verdad de la buena: un mal programa de ferias lo arregla un buen tiempo mientras que uno bueno lo puede estropear, y de hecho, lo estropea, una mala climatología. Como en las ferias de este año el tiempo ha acompañado bien y, además, el programa era, por supuesto mejorable, como lo es casi todo en la vida, pero bastante variado, completo, con interesantes novedades y hasta con algunos destellos de espectacularidad, pues entiendo que hemos disfrutado, en general, de unas buenas fiestas.

Como uno es hijo de su tiempo y nieto y bisnieto del de sus abuelos y bisabuelos, siempre he tenido como referente en periodismo al histórico semanario local “Flores y Abejas”, con el que comencé a colaborar en 1978, el mismo año en que, aún sin cumplir los 17, comencé a estudiar periodismo. “Flores y Abejas” fue mi auténtica facultad de periodismo, Salvador Toquero, su gran director, mi catedrático preferido, y Santiago Barra, su entonces joven redactor jefe, mi PNN (profesor no numerario, como entonces se denominaba a los que hoy son profesores titulares, asociados o contratados) favorito. “Flores y Abejas” se fundó en 1894, cuando aún eran españolas Cuba y Filipinas, y nació siendo una “revista semanal festiva, literaria y de noticias”. He leído y releído sus números de la primera época —que abruptamente se cortó en julio de 1936, como tantas cosas en España— con auténtico deleite porque, además de enterarme de un montón de cosas de la época contadas en tiempo presente, también he podido disfrutar del singular estilo periodístico que se practicaba en aquella época, un tanto encorsetado en lo formal, pero libérrimo en lo conceptual. El periodismo literario propio de la última década del XIX, tributario del realismo y naturalismo que habían marcado el género en ese tiempo, se alternaba con la festividad editorial que permitía una crítica social y política verdaderamente deliciosa, siempre adornada de humor e ironía, y casi nunca agriada con mala baba. Un ejemplo proverbial de esto último que he dicho es la sección llamada “Floreos y Aguijonazos” que escribía Luis Cordavias, uno de los fundadores de “Flores y Abejas” junto con Alfonso Martín, Marcelino Villanueva y Deprit y Federico López, abogado del Estado que figuraba como director, más por cuestiones legales que periodísticas, siendo Cordavias y Martín los auténticos referentes del cuadro de redacción. Los floreos y los aguijonazos semanales que daba el periódico era una de sus secciones más esperadas y leídas; incluso en los conciliábulos de aquel tiempo finisecular, se hacían cábalas sobre qué hechos o qué personas serían objeto de las loas y críticas del nuevo número. Como habrán deducido ya, de eso, y no de otra cosa, se trataba aquella sección de “Flores y Abejas” que hoy voy a procurar replicar para valorar algunos aspectos de las ferias recién concluidas, sin la gracia de Cordavias y en un tiempo en el que la verdad es más relativa que nunca porque se mezclan, interesadamente, información con opinión, hasta el punto de hacerse realidad la “dolora” de Campoamor que dice “nada es verdad ni es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”. Vamos a ello:

FLOREO a la empresa y el personal de la contrata de limpieza urbana por el gran esfuerzo hecho para tener lo más limpios posible los espacios y calles más afectados por las ferias. Su trabajo ha sido eficaz y visible.

AGUIJONAZO para quienes han contribuido a someter al parque de la Concordia a un nuevo test de estrés, situándose allí las carpas (con sus “jardincitos” anexos vallados sobre los macizos ajardinados) de más peñas de las que sería razonable si se quiere preservar mínimamente este histórico parque de 1854. Si a los miles de peñistas allí congregados diariamente —más bien nocturnamente—, sumamos los miles de consumidores solidarios de vermú, cerveza y otros espirituosos, y el público en general, no habría sido extraño que, sobre todo la mañana del domingo final, el kiosco de la Concordia hubiera amanecido con un cartel diciendo “SOS” o “Me rindo”. Este aguijonazo es especial para quienes no se han molestado en tirar a papeleras o contenedores sus vasos, platos o cualquier otro residuo y, especialmente, para quienes se han meado espumosa y literalmente en el parque, cuando tenían unos servicios “de luxe” muy cerca. Parafraseando a “Divina”, estupenda canción de Radio Futura inspirada en otra de T.Rex, “teníais servicios de ´kaka´ y pis de luxe, pero no os oí mear…”. Perdón por el final escatológico, pero como algunos no entienden las reglas y la letra de la urbanidad y la higiene, pues se lo digo con música.

Primera página del segundo número de Flores y Abejas. 8 de septiembre de 1894

FLOREO para “Panorama”, la gran orquesta gallega que abarrotó el entorno de la concatedral de Santa María la víspera de la Virgen de la Antigua. No es la primera vez que esta fantástica orquesta actuaba en Guada, pero puede que haya sido la mejor actuación de un gran conjunto de este tipo que jamás se haya realizado en Guadalajara y eso que siempre suelen venir grandes y buenas orquestas a las ferias. Aún recuerdo los tiempos de “Alcatraz”.

AGUIJONAZO a quien o quienes (entiendo que la concejalía de festejos y la de seguridad ciudadana) decidieron poner entradas, aunque fueran gratuitas, para acceder a la plaza de toros los días de los encierros. Además de obligar a realizar largas colas a quienes quisieron hacerse con ellas, el reparto no fue ni ágil en su forma ni eficaz en su resultado porque, sobre todo el miércoles y el jueves, el cemento fue mayoritario en las gradas de la plaza de toros. El aguijonazo lo rebajo porque hubo cintura suficiente para, visto el panorama, permitir acceder a la gente sin entrada a partir de as 7,30 de la mañana, hasta cubrir aforo. Entiendo que se debe compaginar seguridad y movilidad para gestionar los accesos a la plaza en los días de los encierros, pero hay que dar una solución más eficaz y mejor gestionada a este problema que la dada este año. A veces, intentando solucionar un pequeño problema, se crea uno mayor.

FLOREO a los espectáculos musicales en general de las ferias. Aunque para gustos, los colores, sin duda ha habido importantes y variadas propuestas musicales para casi todas las apetencias. Además de la ya floreada “Panorama”, “Vulkano”, el sábado en Santo Domingo, también demostró ser una super orquesta. La movida estuvo estupendamente representada por Nacha Pop —Nacho García Vega, no es su primo, Antonio, pero la banda sigue sonando muy bien—, La Frontera y Hombres G, estos de pago en la Fuente de la Niña, que abarrotaron y entusiasmaron literalmente. La plaza de España también la llenó de público, bien diferente, el “Guadarock” con “El Drogas”, Koma, Desastre y Callahan“.

FLOREO al desfile inaugural de las ferias. El concepto y el contenido estético y visual del desfile de este año, dedicado a las bellas artes, ha sido verdaderamente acertado. Ese es el camino.

FLOREO a la histórica comparsa de gigantes y cabezudos de la ciudad que, como ya dije en mi anterior post, es el único acto que pervive en el programa de ferias de la ciudad, junto a los toros, respecto a los de hace siglo y cuarto largo, cuando “Flores y Abejas” nació y con él sus “Floreos y Aguijonazos”.

FLOREO a la Dulzainada. Esta actividad llegó a principios del siglo XXI para quedarse y debe seguir en el programa, cuidándose cada vez más a grupos y dulzaineros. La dulzaina es el instrumento por antonomasia de la tierra castellana y Guadalajara debe reafirmar su castellanidad con gestos y hechos. Además, cada vez suenan más y mejor nuestros dulzaineros.

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