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Fonas y antífonas de otoño

El primer viernes de octubre, segundo ya de este “veroño” que, más que otoño-otoño, estamos viviendo al menos hasta ahora, la Fundación Siglo Futuro echó a andar su programación cultural del último trimestre del año con un bonito, oportuno y bien dimensionado acto que llenó por completo el patio de butacas del recoleto e imprescindible Teatro Moderno. Fue un merecido tributo a ese extraordinario aedo, juglar, trovador, cantautor catalán que es Joan Manuel Serrat. Como no debía ser de otra manera, dados los méritos y personalidad del homenajeado, en el acto se alternaron música y palabra, canción y poesía, melodía y letra. La música, la canción, la melodía la pusieron el cuarteto de cuerda —dos violines, viola y cello— Stendhal Ensemble, un estupendo grupo conformado por cuatro jóvenes, pero grandes, mujeres artistas que, además de evidenciar una depurada técnica y dominio de los instrumentos, poseen el valor diferenciador del buen gusto en la interpretación. La armonización en las adaptaciones de las quince canciones de Serrat que interpretaron fue excelente, al igual que la conjunción instrumental. La palabra, la poesía, la letra la pusieron el propio Serrat y sus “letristas” favoritos: Antonio Machado, Miguel Hernández, Mario Benedetti y Rafael Alberti, si bien les prestamos la voz Rosalía Díaz Niño —¡y qué voz, realmente magnífica! — y yo, que no soy rapsoda, ni siquiera recitador, pero al menos procuro leer con intención y, como hago siempre cuando viajo al país de la palabra, también emoción.

Cuarteto Stendhal Ensemble actuando en el tributo a Serrat de la Fundación Siglo Futuro. Foto JAJ.

En este tributo a Serrat de la FSF, Rosalía y yo relevamos, que no sustituimos porque es insustituible, a Juan Carlos Mestre, el ya veterano poeta leonés, berciano para más seña, que ronda ya la setentena y que, entre otros muchos galardones, fue ganador del Premio Nacional de Poesía en 2009. A Mestre no le han ido bien los primeros aires de este sospechoso otoño y un contratiempo de salud, que esperamos y deseamos sea leve, le impidió estar en Guadalajara en este acto, como inicialmente estaba previsto. Juan Garrido, el dinámico presidente de la activa fundación que lleva ya 32 años programando actividad cultural de calidad desde la sociedad civil, recurrió a Rosalía y a mí para reemplazar, insisto que no sustituir, a Mestre. Y allí estuvimos, dándolo todo en el Moderno porque el acto, el público, la fundación y Serrat lo merecían. Eso sí, siempre desde el respeto, la admiración y el recuerdo a Juan Carlos Mestre, uno de los mejores poetas españoles de las últimas décadas que, además de escribir poesía de muchos quilates, es todo un artista visual. Hay creadores, auténticos genios sin lámpara, pero con muchos recursos y versatilidad, y el poeta leonés es uno de ellos. Disfruten de su poesía y de su arte porque tienen toda la personalidad del mundo, algo solo vedado a quienes alcanzan ese mito del creador que es tener estilo propio y reconocible. Desde su “Antífona de otoño en el Valle del Bierzo”, estupendo poemario térreo, telúrico y de proximidad con el que Juan Carlos ganó el prestigioso, e impulsor de jóvenes talentos, Premio Adonais, hasta su última obra publicada que, además, es una antología de su medio siglo de poeta, titulada “Asamblea. Poesía reunida 1975-2025”, su palabra ha emergido siempre con un lenguaje original, sencillo, pero no simple. Crea imágenes verdaderamente bellas, brillantes incluso, como si de un caleidoscopio se tratara, no en vano estamos, como ya hemos dicho, ante un poeta que también es artista visual. Ética y memoria inspiran conceptualmente buena parte de su obra. Este verso, de su obra “La poesía ha caído en desgracia”, es suyo: “El tiempo extingue su belleza a la misma hora que el olvido hace su aparición de huésped en las relojerías”. Ya lo decía Virgilio en sus “Geórgicas”: “Tempus fugit”.

Ciertamente, el tiempo huye, unas veces por la puerta principal, silenciosamente o dando un portazo, otras por una ventana, escapándose cual ladrón tras hacer su trabajo, y muchas otras por las gateras, por esas oquedades por las que solo caben pequeños animales, generalmente los felinos que les dan nombre. Aunque también pueden pasar por ellas pequeñas cosas, como las de la canción de Serrat con la que Stendhal Ensemble hizo un bis, tras petición cálida y masiva del público, con el que se cerró este justo tributo a Serrat, un poeta que, además, compone y canta muy bien. Justo es que música y poesía, poesía y música, fueran la columna vertebral de su homenaje porque pocos como él han hermanado, casi hasta fundir y confundir, ambas disciplinas creativas, ambas estéticas. Tanto ha hecho Serrat por la poesía en español que hasta la Asociación de Editores de Madrid le otorgó el Premio Antonio de Sancha por lograr que millones de personas compraran y leyeran libros de poemas después de escuchar sus canciones. Especialmente Antonio Machado y Miguel Hernández le deben mucho. Y él a ellos, en justa simbiosis. Por cierto, Antonio de Sancha fue un importante editor, impresor y encuadernador español del siglo XVIII, nacido en Torija. Todo queda en casa. Se hace camino al andar.

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