Archive for octubre, 2026

Dos libros, dos amigos

                Además de recurrente y manida, la verdad es que tiene un punto cursi la frase de que “un libro es un amigo”, aunque sea una gran verdad porque siempre podemos recurrir a él, lo tenemos cerca, nos acompaña y nos entretiene, nos ayuda a levantar cuando caemos y hasta nos enseña, virtudes básicas que suelen tener los amigos, al menos los buenos. Decía mi admirado, querido y recordado maestro, el enorme poeta Antonio Hernández —hace ya dos años que nos falta y aún duele la herida de su ausencia—, que “no hay espejo como los amigos”. Siguiendo la apabullante lógica de Antonio y vinculándola con la frase con la que he empezado este artículo, no hay mejor espejo en el que mirarnos que el último libro que estamos leyendo; también el que ya hemos leído, aunque el azogue tenga algo de polvo y el reflejo no sea nítido, pero no el que vamos a leer, ese no reflejará nada hasta que abramos sus páginas, las leamos y deje de ser un simple “okupa” —con perdón— de anaquel. Un libro no leído no existe porque los libros tienen más peso específico que atómico y son más metafísica que física. Los libros, más que de papel o virtualidad, son de ideas, a veces también de sueños, casi siempre de sensaciones y sentimientos, incluso de ilusiones, y siempre, siempre, de emociones. Un libro que no emocione es sospechoso de ser obra de la I.A. o de haber sido escrito por obligación, como una hoja seca cae, pero por sí misma no hace otoño.

                El asunto de hoy va, pues, de libros y de amigos, de amigos y de libros que tanto monta. Esta semana pasada he tenido la suerte de hacer dos nuevos amigos leyendo (y disfrutando) y presentando (con mucho gusto) dos libros escritos, precisamente, por dos amigos. Exactamente por un amigo, Juanky Pérez-Arévalo, y una amiga, Albertina Oria de Rueda. El de Juanky es una obra de teatro, que se suma a las otras ocho que ya tenía escritas y a las cinco publicadas, además de otras de narrativa y poesía, y tiene el telúrico título de “Tierra (Capitana Tierra)”. El de Albertina es una colección de relatos cortos que ha aglutinado bajo el casi provocador título de “Las muñecas de trapo tienen dientes”.

                Juanky, para sus muchos amigos y conocidos, Juan Carlos para el registro civil y las cosas del comer, es filólogo inglés de profesión, profesor de instituto, pero gente de letras y agitador cultural de vocación. Actualmente es el jefe de la sección de Administración de Cultura de la Diputación donde estoy seguro que hará buen camino al andar. Hombre, fundamentalmente de teatro, no obstante, ha transitado, transita y no dudo que va a seguir transitando por casi todos los géneros literarios, especialmente poesía y narrativa. Fundador y referente de Tres Tristres Trigres Teatro, donde ha ejercido todos los roles posibles: autor, actor, director, productor, escenógrafo, técnico de iluminación y sonido… fue también el impulsor, junto a Ana García Lamparero y otros cómplices que ambos se buscaron, de tres propuestas editoriales literarias, tan genuinas como originales. Y necesarias: “NPG`21 (Nueva Poesía de Guadalajara)”, “NPG`22 (Nueva Prosa de Guadalajara)” y “NPG¨23 (Nuevas Postales de Guadalajara)” donde, con la colaboración económica y anímica de la Diputación Provincial, se reunió a jóvenes, y no tan jóvenes, escritores “tímidos” que, gracias a estas tres publicaciones, sacaron sus textos del sonrojo de sus cajones para que vieran la luz y, por fin, tuvieran un punto y final. Nada está escrito hasta que no es leído. Juanky, y sus cómplices, también son responsables de la colección TTT, que ya lleva autoeditadas 18 obras literarias de diversos géneros lo que pone en evidencia la extraordinaria labor de promoción y producción que están llevando a cabo. Dicho esto, vamos a hablar brevemente de su última obra de teatro, “Tierra (Capitana Tierra)” cuyo libreto presentamos Ana García Lamparero y yo, al alimón, en la emblemática y vibrante sala Tragaluz del Buero. El propio Juanky condujo hábil y eficazmente el acto y actores de TTT escenificaron algunas escenas que evidenciaron que hay grupo y hay obra. “Tierra” es una “comi-tragedia histórica” —como el propio autor la define—, una ficción teatral ambientada en la Castilla poscomunera en la que se mezclan personajes reales con otros creados por el autor, alguno de ellos, como el de la auténtica protagonista, María, que reúne y resume como epítome las personalidades de tres grandes personajes históricos llamados como ella: María Coronel —la mujer de Juan Bravo—, María Pacheco —la mujer de Juan de Padilla—, y María Luisa de Medrano —familiar de Juan Bravo y probablemente la primera mujer que impartió docencia en la Universidad de Salamanca—, todas ellas vinculadas estrechamente con la provincia de Guadalajara. La obra de Juanky es un canto castellanista de esperanza entre la desesperanza, reivindicativa y justiciera, con un final sorpresivo en el que Castilla, por fin, recupera de entre las sombras lo que lleva aguardando desde el abrupto y frustrante final comunero en 1521 en Villalar: un capitán, su capitán. Los personajes de carácter y secundarios son guiños bien traídos a grandes personajes de la mejor literatura: Sancho Panza, Maese Pedro, el ciego (clara referencia al del Lazarillo) y el bufón (traído de la comedia del arte italiana, aunque también recurrente en nuestra literatura clásica). Se trata, en fin, de una obra con cuerpo de comedia, alma de tragedia y espíritu castellanista (bien) escrita por alguien que juega cuando escribe y cree que nacer en un lugar u otro es meramente circunstancial, pero al que ya le van brotando raíces en sus pies.


Portada de los últimos libros presentados de Juanky Pérez-Arévalo y Albertina Oria

                Por su parte, Albertina Oria, presentó el jueves en ese salón de actos tan bien puesto y programado que es el del Archivo Histórico Provincial —cada vez con mayor actividad gracias a su tan competente como activa directora, Riansares Serrano— su colección de relatos titulada “Las muñecas de trapo tienen dientes”, bien editada por Huerga y Fierro, como es norma en esta casa que tiene su origen en las recordadas Ediciones Libertarias en las que se escribió buena parte de la letra roja y negra de la Transición española. Albertina es una mujer activa y muy inteligente, lo que le ha llevado a ser licenciada en Farmacia y en Derecho, política en ejercicio transitoriamente, técnico de la administración regional en la Comunidad de Madrid, además de madre (y abuela) ejerciente y feliz de familia numerosa. Su vocación literaria le viene de joven, no obstante, ha aflorado públicamente de manera evidente y brillante en los últimos años cuando ha publicado su primera novela “Camino Madrid” (editada en 2023 también por Huerga y Fierro) y esta colección de relatos. Previamente, se rearmó cursando un master en estudios literarios en la Complutense y acercándose al mundo de la interpretación y el teatro en La Cuarta Pared y AZarte. Culta, sarcástica, divertida, inquieta, andariega, ecofeminista llegada desde un liberalismo no tan conservador, polifacética, polivalente y muchas cosas más rayanas en la hiperactividad, Albertina escribe como es y, por eso, sus libros se parecen a ella. Este último que ha presentado es una recopilación de 25 relatos protagonizados por mujeres que sufren, padecen, aman (y son amadas o no), odian (y son odiadas o no), sienten o sueñan, pero siempre terminan levantándose y haciendo añicos cristales, no solo de techos, también de suelos y paredes. Son relatos duros, a veces incluso brutales, pero hay algo de inocencia y ternura en todos ellos, aunque a veces cueste encontrarlas. La inocencia y la ternura (quizás también el amor, el desamor, el dolor y la debilidad) son esa muñeca de trapo que en su obra tiene dientes, aunque no siempre muerda.

Fonas y antífonas de otoño

El primer viernes de octubre, segundo ya de este “veroño” que, más que otoño-otoño, estamos viviendo al menos hasta ahora, la Fundación Siglo Futuro echó a andar su programación cultural del último trimestre del año con un bonito, oportuno y bien dimensionado acto que llenó por completo el patio de butacas del recoleto e imprescindible Teatro Moderno. Fue un merecido tributo a ese extraordinario aedo, juglar, trovador, cantautor catalán que es Joan Manuel Serrat. Como no debía ser de otra manera, dados los méritos y personalidad del homenajeado, en el acto se alternaron música y palabra, canción y poesía, melodía y letra. La música, la canción, la melodía la pusieron el cuarteto de cuerda —dos violines, viola y cello— Stendhal Ensemble, un estupendo grupo conformado por cuatro jóvenes, pero grandes, mujeres artistas que, además de evidenciar una depurada técnica y dominio de los instrumentos, poseen el valor diferenciador del buen gusto en la interpretación. La armonización en las adaptaciones de las quince canciones de Serrat que interpretaron fue excelente, al igual que la conjunción instrumental. La palabra, la poesía, la letra la pusieron el propio Serrat y sus “letristas” favoritos: Antonio Machado, Miguel Hernández, Mario Benedetti y Rafael Alberti, si bien les prestamos la voz Rosalía Díaz Niño —¡y qué voz, realmente magnífica! — y yo, que no soy rapsoda, ni siquiera recitador, pero al menos procuro leer con intención y, como hago siempre cuando viajo al país de la palabra, también emoción.

Cuarteto Stendhal Ensemble actuando en el tributo a Serrat de la Fundación Siglo Futuro. Foto JAJ.

En este tributo a Serrat de la FSF, Rosalía y yo relevamos, que no sustituimos porque es insustituible, a Juan Carlos Mestre, el ya veterano poeta leonés, berciano para más seña, que ronda ya la setentena y que, entre otros muchos galardones, fue ganador del Premio Nacional de Poesía en 2009. A Mestre no le han ido bien los primeros aires de este sospechoso otoño y un contratiempo de salud, que esperamos y deseamos sea leve, le impidió estar en Guadalajara en este acto, como inicialmente estaba previsto. Juan Garrido, el dinámico presidente de la activa fundación que lleva ya 32 años programando actividad cultural de calidad desde la sociedad civil, recurrió a Rosalía y a mí para reemplazar, insisto que no sustituir, a Mestre. Y allí estuvimos, dándolo todo en el Moderno porque el acto, el público, la fundación y Serrat lo merecían. Eso sí, siempre desde el respeto, la admiración y el recuerdo a Juan Carlos Mestre, uno de los mejores poetas españoles de las últimas décadas que, además de escribir poesía de muchos quilates, es todo un artista visual. Hay creadores, auténticos genios sin lámpara, pero con muchos recursos y versatilidad, y el poeta leonés es uno de ellos. Disfruten de su poesía y de su arte porque tienen toda la personalidad del mundo, algo solo vedado a quienes alcanzan ese mito del creador que es tener estilo propio y reconocible. Desde su “Antífona de otoño en el Valle del Bierzo”, estupendo poemario térreo, telúrico y de proximidad con el que Juan Carlos ganó el prestigioso, e impulsor de jóvenes talentos, Premio Adonais, hasta su última obra publicada que, además, es una antología de su medio siglo de poeta, titulada “Asamblea. Poesía reunida 1975-2025”, su palabra ha emergido siempre con un lenguaje original, sencillo, pero no simple. Crea imágenes verdaderamente bellas, brillantes incluso, como si de un caleidoscopio se tratara, no en vano estamos, como ya hemos dicho, ante un poeta que también es artista visual. Ética y memoria inspiran conceptualmente buena parte de su obra. Este verso, de su obra “La poesía ha caído en desgracia”, es suyo: “El tiempo extingue su belleza a la misma hora que el olvido hace su aparición de huésped en las relojerías”. Ya lo decía Virgilio en sus “Geórgicas”: “Tempus fugit”.

Ciertamente, el tiempo huye, unas veces por la puerta principal, silenciosamente o dando un portazo, otras por una ventana, escapándose cual ladrón tras hacer su trabajo, y muchas otras por las gateras, por esas oquedades por las que solo caben pequeños animales, generalmente los felinos que les dan nombre. Aunque también pueden pasar por ellas pequeñas cosas, como las de la canción de Serrat con la que Stendhal Ensemble hizo un bis, tras petición cálida y masiva del público, con el que se cerró este justo tributo a Serrat, un poeta que, además, compone y canta muy bien. Justo es que música y poesía, poesía y música, fueran la columna vertebral de su homenaje porque pocos como él han hermanado, casi hasta fundir y confundir, ambas disciplinas creativas, ambas estéticas. Tanto ha hecho Serrat por la poesía en español que hasta la Asociación de Editores de Madrid le otorgó el Premio Antonio de Sancha por lograr que millones de personas compraran y leyeran libros de poemas después de escuchar sus canciones. Especialmente Antonio Machado y Miguel Hernández le deben mucho. Y él a ellos, en justa simbiosis. Por cierto, Antonio de Sancha fue un importante editor, impresor y encuadernador español del siglo XVIII, nacido en Torija. Todo queda en casa. Se hace camino al andar.