Archive for mayo, 2026

Gracias, gracias, gracias

                La obra de teatro más conocida de Jacinto Benavente, premio Nobel de Literatura en 1922, es la titulada “Los intereses creados”. Aunque hasta el menos materialista y desinteresado de los mortales siempre oculta o antepone algún interés, por mínimo que sea, quienes mejor me conocen saben que tiendo a ser desprendido y que la historia de mi vida, ahora que ya comienza a atardecer en ella, podría titularse de muchas maneras, no todas a mi favor, pero una, sin duda, sería “Los afectos creados”. Y los afectos que se crean generan amistades. Y a esas muchas amistades que he hecho —y me han hecho— en la vida es a quienes quiero agradecer, públicamente, la calidez con la que me arroparon el sábado, 9 de mayo, en la presentación de mi nuevo poemario, titulado “El país de la palabra”, abarrotando la carpa central de la Feria del Libro de Guadalajara y teniéndome después más de una hora firmando ejemplares. Como ya dije en la misma presentación, estoy seguro que muchos de los asistentes acudieron a ella, más atraídos por la llamada del afecto y de la amistad que por la de la poesía. Eso me reconforta, obviamente, pero al tiempo me apena porque confirma que la poesía es un género minoritario, tanto que a veces los versos son solo eco. Si, a través de los afectos, aporto mi grano de arena para que haya algún consumidor de poesía más, habrá merecido la pena dejar mi zona de confort en la prosa e irme de viaje al verdadero país de la palabra, llevando conmigo a amigos que, hasta hace poco, no sabían que les gustaba; simplemente, sin conocerla en profundidad, no daban pasos para acercarse a ella. La poesía, de cerca, gana muchísimo. Como decía Borges, “es una experiencia estética” y a poco que tengas un mínimo de sensibilidad, inquietud y curiosidad, toda experiencia estética merece ser conocida porque su fin último es buscar la belleza y caminar hacia ella. En el propio camino, a veces, hay más belleza que en el destino. “El viaje es lo que importa” titula a uno de sus poemas de su última y estupenda obra, “Leer después de quemar”, ese gran y admirado poeta que es Rafael Soler, ingeniero —titulado y ejerciente— del verso tan vinculado a Guadalajara a través de su amistad con el recordado Paco García Marquina. Con él colaboró estrechamente en la consolidación de los premios “Río Ungría” y “Río Henares” para poemas en verso libre y sonetos, respectivamente, formando parte muchos años de sus jurados, en los que aún sigue estando después de morir Marquina, ya a cierta edad, pero aún demasiado joven, sobre todo para el rock & roll. Porque los viejos rockeros, al igual que los mejores poetas como lo fue él, nunca mueren y por ello Marquina sigue buscando ídolos en ese espejo que es el agua del Henares cuando se encajona en los cortados “de la tierra color tierra”, que diría y dijo —en “Viaje a la Alcarria, a su paso por Taracena— su amigo y vecino por un tiempo, Camilo José Cela, de quien fue cómplice y biógrafo. Incluso hay quienes dicen que también le hizo de “negro” en alguna ocasión, pero eso es ya una leyenda.

Jesús Orea firmando uno de sus ejemplares de de «El país de la palabra»

                Por seguir con definiciones en este panegírico que hoy, intencionadamente, quiero hacer de ella,  la poesía también es el “preámbulo de un silencio”, como el título de uno de los mejores poemas de Ángel González, el gran poeta asturiano, referente de la generación del 50, la que transitó entre los desarraigados y la poesía social, y a quien últimamente estoy procurando conocer con la mayor profundidad posible porque su voz personal me ha atrapado y me está cautivando su poética que yo me atrevería a juzgar de luminosa y brillante. El propio González creía que la poesía, tan denostada por quienes la rechazan simplemente porque no saben que les gusta, puede hasta transformar el mundo, como arte que es y junto a las demás disciplinas y géneros artísticos. Esta creencia la justificaba en el hecho de que la poesía cambia nuestra percepción del mundo y, al cambiar su percepción, está cambiando el propio mundo.

                Retomando este artículo donde lo inicié, decía mi querido y añorado maestro, amigo, enorme poeta y estupenda persona, Antonio Hernández, premio Nacional de Poesía en 2014 y dos veces premio de la Crítica, que “no hay espejo como los amigos”. Me suelo mirar poco al espejo por temor a lo que se refleje en él, pero, aplicando la lógica de Antonio, me gusto mucho a mí mismo cuando me veo reflejado en mis muchos amigos, quienes, como decía al principio, no solo me acompañaron, sino que me arroparon en la presentación de mi nuevo poemario en el que, tras callar el silencio, he hecho un viaje por “El país de la palabra”. En él no hay más fronteras que los versos, ni más autoridad que la virgulilla de la ñ, y el único impuesto fijado es el uno, el tipo de IVA que sumar a mil en la base imponible de la fantasía.

Portada «El país de la palabra»

                Me preguntaba mi querido y buen amigo, Juanky Pérez Arévalo, que bordó literalmente la conducción y presentación de mi nuevo poemario, la palabra que yo elegiría del diccionario si solo se me permitiera rescatar una. Gracias, esa sería la palabra. Gracias a quienes me acompañasteis por amistad, la mayoría; gracias a quienes lo hicisteis por la poesía, la inmensa pero cualificada minoría; gracias a quienes no pudisteis estar presentes en cuerpo pero lo estuvisteis en alma; gracias a la editorial “Valparaíso” por permitirme jugar en la división de honor que es su importante “Colección de poesía”;  gracias a Nora Marco por la preciosidad de portada que ha diseñado; gracias a Chema Sanz Malo y Rosalía Díaz Niño por los versos de la obra que recitaron y, sin duda, mejoraron al pasarlos de palabra escrita a voz con sus espléndidas dicciones… y muchas gracias a todos los que me habéis acompañado en el camino hasta llegar a este punto en el que ha aparecido ante mí, y ahora también ante todos, “El país de la palabra” en el que no quiero ser clandestino, en el sentido de la canción de Manu Chao.

                Como terminaba sus programas ese gran comunicador que fue Jesús Hermida: Gracias, gracias, gracias. Incluso a la vida, que me ha quitado tanto.

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