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Tiempo de letras y libros

La primavera es la estación del año más asociada con la literatura. Es, sin duda, el tiempo de letras por excelencia; de hecho, su inicio mismo coincide con la celebración del “Día de la Poesía” (21 de marzo) y apenas un mes después se celebra el “Día del Libro” (23 de abril), en este caso por ser esta la fecha en la que murieron Cervantes y Shakespeare, los dos escritores más célebres de las dos lenguas literarias más importantes del mundo, el inglés y el español. Que el día dedicado a la poesía caiga en el mismo inicio de la primavera, tampoco es casual, sino verdaderamente causal, pues cuando la UNESCO fijó el 21 de marzo —siguiendo una tradición española— como fecha para su conmemoración anual a nivel mundial, tuvo muy en cuenta que era el inicio de esta estación en la que tanto biológica como metafóricamente crecen, no solo árboles, plantas y, especialmente, flores, sino que también maduran frutos literarios, o sea, libros. De hecho, las editoriales manejan dos temporadas al año como las más idóneas para editar nuevas publicaciones por ser las que más y mejores opciones comerciales ofrecen: la de la primavera (de febrero a junio) y la de otoño (de octubre a diciembre). Varios son los factores que favorecen la publicación de libros en primavera, sobre todo la oportunidad e idoneidad de, acabado el invierno, poner en marcha los planes de marketing y comunicación del nuevo libro, poder hablarse de él de forma sostenida y beneficiarse de la promoción boca-oído, organizar presentaciones y estar presente en las numerosas ferias del libro que suelen tener lugar en la segunda mitad de la primavera. De hecho, la de nuestra Guadalajara —lo digo así por no confundir con la FIL, la famosísima feria del libro de la ciudad homónima de Jalisco que tiene lugar en otoño—, este año tendrá lugar del 7 al 10 de mayo, en el parque de la Concordia. La de Madrid, que también es la nuestra por su tradición (ésta será ya la 84ª edición), categoría, amplísima oferta y cercanía, se celebrará del 30 de mayo al 15 de junio, en su habitual emplazamiento del parque del Retiro. Aprovecho la ocasión para comentar que estaré presente en ambas con mi nuevo poemario, titulado “El país de la palabra”, cuya edición está ultimando en Granada la editorial Valparaíso —la misma que ya editó mi anterior poemario intimista, “Ha callado el silencio”—, dentro de su importante colección de poesía; lo presentaré en la de Guadalajara, porque así lo he querido expresamente, y después acudiré un día con él a la de Madrid, a la caseta de la editorial, para firmar ejemplares a quienes lo deseen.

Guadalajara lleva ya un tiempo viviendo una etapa de una notable actividad editorial y, especialmente, literaria. Debemos congratularnos por ello y aprovecharlo porque, cuando yo moceaba y tanto el periodismo como la literatura ya me atraían sobremanera, que aquí se editara un libro era casi un acontecimiento porque muy pocos eran los que salían de imprenta y, generalmente, quienes lo hacían eran las instituciones públicas y las obras sociales de las cajas de ahorro. La que más, la cataléptica —lo digo así porque lleva mucho tiempo sin actividad, pero no está formalmente extinta— Institución de Cultura “Marqués de Santillana”, dependiente de la Diputación Provincial, que a finales de los años setenta, en la etapa de la Transición, impulsó su previamente ya notoria labor de promoción y difusión cultural en la provincia, con un progresivo aumento de la edición de publicaciones, gran parte de ellas de enjundia e interés. Esa labor editorial la sigue haciendo actualmente la Diputación, directamente a través de su Servicio de Cultura, publicando tanto libros en papel como electrónicos, si bien ya no está sola, o casi, en el panorama pues otras instituciones, especialmente el Ayuntamiento de la capital, pues la Junta apenas publica obra de carácter provincial, también han ido aumentando su presencia en el mundo editorial, aunque aún cabría pedirles un mayor esfuerzo. Por el contrario, las obras sociales de las cajas de ahorro, antaño tan activas en materia editorial, sobre todo Ibercaja y Caja de Guadalajara, apenas publican ahora libros de interés prioritariamente provincial pues el mundo financiero se ha centralizado y globalizado tanto que las entidades no están tan pegadas al territorio como antes, sino a los beneficios puros y duros y, claro está, Guadalajara es una provincia pequeña que no puede aportar grandes beneficios.

Un hecho verdaderamente diferencial sí que ha cambiado y favorecido el mundo editorial en la provincia en las últimas tres décadas: el nacimiento en 1993 de la editorial Aache, fundada por Antonio Herrera Casado y actualmente gestionada por su hija, Águeda Herrera Bachiller. Aache es un feliz invento del actual cronista provincial, un hombre inteligente, culto, metódico y trabajador que, a la vez, ha demostrado ser un gran emprendedor, algo que no suele ser muy habitual en el entorno de hombres de letras y humanidades como es él. Aache, 33 años después, lleva ya publicados más de ochocientos libros, en sus distintas colecciones, todos ellos vinculados, por razón de contenido, autoría o relación histórica con la provincia de Guadalajara. Además de diseñar, editar, promocionar y distribuir muy bien, Aache es una estupenda opción para quienes dudan entre la autoedición pura y dura o la edición a través de un tercero. La autoedición, cada vez más de moda, es una buena opción y además barata, para quienes se inician en el mundo del libro, pero tiene el problema de que suelen ser mejorables la calidad, tanto de la maqueta como de la edición, y, sobre todo, la distribución de las publicaciones autoeditadas. Editar un libro está muy bien y cada vez más al alcance de cualquiera, pero nada se ha escrito ni se ha publicado si no es leído por un mínimo razonable de público objetivo. Dicho esto, termino diciendo que, si no existiera Aache, centenares de obras de autores y temática provincial no habrían visto la luz editorial y eso implicaría que no se habrían escrito. Y eso es dejar mucho tiempo y muchas palabras en el tintero.

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