Recuerdo a Garciasol en el Día de la Poesía

               El día “D”, en táctica militar, es el fijado para llevar a cabo una acción bélica relevante, como la hora “H” es el momento exacto en el que se le da inicio. “El día de…”, con la preposición como enlace esperando un sintagma nominal con su determinante y su núcleo, hay muchos, cada vez más, incluso de las cosas más inverosímiles; veamos algunos ejemplos, uno por mes: “Día de la letra Z” -se celebra el mismísimo primer día del año, el 1 de enero-, “Día del orgullo zombie” -4 de febrero-, “Día de los halagos” -1 de marzo-, “Día del ajo” -19 de abril-, “Día del orgullo friki” -25 de mayo-, “Día del yo-yo” -6 de junio-, “Día de sacar a pasear a tu planta” -27 de julio-, “Día de la ropa interior” -7 de agosto-, “Día de saltar los charcos” -9 de septiembre-, “Día del gruñón” -14 de octubre-, “Día del pepinillo” -14 de noviembre” y “Día del inodoro” -19 de diciembre”-. Es solo una pequeña muestra de las muchas tontunas que tienen un día especial al año, incluso algunas de ellas, como la del excusado en diciembre, es una jornada con carácter mundial. Es evidente que bastantes memos matan el tiempo buscándole días en el calendario a las memeces; todo se queda en casa.

Garciasol y Buero en el Maratón de los Cuentos de 1992.

               Sirva este introito para dar paso a escribir sobre un Día Mundial con mayúsculas, oportuno y necesario, el de la Poesía, celebrado el pasado domingo, 21 de marzo, que puede ser muchas cosas, pero desde luego, no una memez.  Las cosas serias que, como la poesía, tienen un día al año es porque deberían ocupar la centralidad de la vida durante los 365 días, pero suelen estar en sus bordes. Decía Saint-Exupéry, el autor de ese texto delicioso en forma de cuento que es “El Principito”, que “el mundo es una cosa muy grande, pero llena de pequeñas cosas hasta los bordes”. En los bordes de la vida, no solo hay pequeñas cosas, sino también grandes, como por ejemplo la poesía. Lamentablemente, no corren buenos tiempos para la lírica, como cantaba Germán Coppini con sus “Golpes Bajos”, y la poesía, hoy, ni siquiera es concebida “como un arma cultural por los neutrales”, a la que maldecía Gabriel Celaya, y tampoco “eres tú”, como la simplificaba Bécquer mientras miraba la pupila azul de una mujer; hoy, la poesía es un género literario que, pese a tener un sinfín de creadores que lo practican, su número de lectores no tiene correspondencia con el de autores y “el poema sin lector es inconcebible”, como bien afirmó Ángel González, uno de los grandes poetas españoles de la extraordinaria Generación del 50, ensombrecida por la del 27 y eclipsada por el contexto socio-político del franquismo en el que nació. Las redes sociales, especialmente Instagram y Twitter, están ahora abriendo unas nuevas y mejores expectativas de conocimiento y difusión de su obra a los nuevos poetas, de hecho, el libro de poesía más vendido en 2020 es “Incondicional”, del gallego “Defreds” (seudónimo de José Ángel Gómez Iglesias), que empezó escribiendo textos en Twitter; lleva más de 22.000 ejemplares vendidos, 10.000 de ellos este año, y tiene otros tres títulos distintos en el top-10 de ventas en poesía. Para contextualizar estos buenos datos en el conjunto de la producción y venta editorial en España, baste decir que las novelas más vendidas superan largamente los 100.000 ejemplares en un solo año. Por otra parte, el propio Defreds dice que “yo no escribo poesía, ni siquiera me interesa” y su superventas no solo reúne poesía, sino también pensamientos y prosa poética. Lo que sí es irrefutable es que 2020 ha sido un muy buen año para la poesía a nivel de galardones pues son poetas los ganadores del Nobel de Literatura -la estadounidense Louise Glück-, el Princesa de Asturias -la canadiense Anne Carson– y el Cervantes -el valenciano Francisco Brines-.

               Al hilo de lo afirmado por Defreds, en que parece desmarcarse del género poético pese a practicarlo y con mucho nivel, probablemente buscando un tuit que se haga viral, vamos a reconducir esta entrada preguntándonos lo que siempre se ha preguntado la poesía y a lo que se le ha dado casi tantas respuestas como poetas hay: ¿Qué es poesía? Uno de los discursos poéticos contemporáneos más relevantes, la metapoesía, precisamente ha cerrado el círculo sobre esta cuestión y busca el más allá poético a través de poemas que hablan de poesía. Ya hemos citado antes a algunos poetas como Celaya, Bécquer o González que se han preguntado por la poesía o la han tratado o definido de forma singular, veamos ahora cómo se acercaba a este asunto “nuestro” Ramón de Garciasol (1913-1994), el extraordinario poeta nacido en Humanes, compañero de aula de Buero Vallejo en el Instituto de Guadalajara y con quien trabó una entrañable y prolongada amistad. Miguel Alonso Calvo, que así se llamaba quien firmaba con el seudónimo de Garciasol, le dedicó un opúsculo, en clave de ensayo, a esta cuestión, titulándolo “Una pregunta mal hecha ¿Qué es la poesía?”. En esta obrita, editada dentro de la colección Escálamo en 1954, Garciasol afirma que “no hay poesía a priori; hay poetas”, “no hay poesía sin poema” y “no hay más que una definición de poesía: lo que hay en los versos”. Incidiendo en su línea de pensamiento, sostiene que los versos son a la poesía lo que la sal al agua del mar, rematando este aserto diciendo que “el verso es el canal, no el agua”. En esa misma línea de reflexión sobre el hecho poético, el hijo de un zapatero remendón de Humanes que estudió en Guadalajara pensionado por la Diputación porque destacaba sobremanera en el aula, asegura que “la poesía nos mejora, nos tensa, nos religa, pero no tiene asidero para recluirla en definición, en forma transmisible”. O sea, que para él la poesía es en realidad indefinible, aunque adjetivable, y a su imposible definición solo nos acercan los versos y, por ende, los poetas. Si seguimos esta lógica de Garciasol, Bécquer no decía la verdad cuando afirmaba en su conocida rima que “poesía… eres tú”, sino que, en realidad, poesía eran su verso y él mismo. Bien cierto es.

               Concluyo ya este artículo invitando a los lectores a conmemorar de la mejor manera posible el Día Mundial de la Poesía, aunque cuando lo lean acabe de pasar o, incluso, ya esté en su octava: ¡Lean -y si les apetece y la inspiración les pilla con un bolígrafo y un papel, o un ordenador, cerca- y escriban poesía!  Yo, así lo he conmemorado, atreviéndome a escribir unos versos octosílabos que, precisamente, tratan de la amistad de Garciasol y Buero quien, por cierto, también escribió poesía. Con su permiso, indulgencia y comprensión, esta es mi aportación poética al Día de la Poesía 2021:

“Amoroso azar Carrión.
Guadalajara del corazón” (Garciasol)

Medina de Faray primero
Wad-al-Hayara después
Río de Piedras campiñés
Guadalaxara en el fuero
pontón árabe en alzapiés
y en el Alcázar guerrero.


Aunque me llame Ramón
y estudiara con un Buero
de Humanes soy campiñero
y él es un gran “alcarrión”;
él en teatro, señero,
yo en poesía “ratón”.

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