Cela cumple 100 años

Como la mamá de la película de Carlos Saura, el 11 de mayo Camilo José Cela cumple/cumplió -para quienes lean este post en fecha posterior- cien años; mejor dicho, cumpliría, así, en condicional, si hubiera vivido para contarlo, algo que no se ha dado pues, como es sabido, falleció el 17 de enero de 2002, a la edad de 85 años. Lo que sí se cumple/cumplió el 11 de mayo de 2016 es el centenario de su nacimiento, efeméride que está motivando la celebración este año de numerosas actividades y actuaciones conmemorativas por parte de diversas instituciones, entre otras la Fundación Pública Gallega Camilo José Cela -tutelada por la Xunta de Galicia-, la Real Academia de la Lengua, el Instituto Cervantes, la Diputación Provincial de Guadalajara y la Fundación Charo y Camilo José Cela, que preside Camilo José Cela Conde, el único hijo del escritor gallego, y que será la encargada de pilotar el órgano administrativo que el Gobierno de España ha creado recientemente para encargarse de la ejecución del programa de apoyo a la celebración del centenario de su nacimiento.

Aunque Cela es un autor de relevancia mundial, circunstancia que le llevó a obtener el Premio Nobel de Literatura en 1989, no creo caer en el pecado de localismo/provincianismo si trato exclusivamente en este post sobre su vinculación con la provincia de Guadalajara pues, realmente, fue mucha y, como es sabido, no sólo literaria, especialmente a través de su magnífico “Viaje a la Alcarria”, sino también vital pues se avecindó en la capital casi una década, entre 1988 y 1997 en que marchó a vivir a Madrid, donde falleció menos de cinco años después. Sobre ese cambio de residencia de la capital alcarreña a la de España, el propio Cela dejó escritas estas reveladoras y sentidas palabras en su columna de ABC, que llevaba por título “Desde el palomar de Hita”, en su entrega del 27 de julio de 1997: “Ahora que me voy con la música a otra parte y no sin mi remota pena lastrándome el corazón y el güito del alma, quiero dejar paladina constancia de mi amor a Guadalajara, a cuyas piedras, a cuyas yerbas y a cuyos hombres expreso desde aquí mi gratitud por su mantenida hospitalidad”. Bien es sabido que Cela marchó a Madrid, más que por su propia voluntad, por la de su entonces esposa, Marina Castaño, con quien precisamente contrajo matrimonio por lo civil en Guadalajara. Hasta aquí quiso escribir sobre esta cuestión en el artículo antes referido: “El hombre propone, a veces, y Dios dispone, de cuando en cuando; lo digo porque las cosas no siempre marchan al pelo de la voluntad, sino que, con harta frecuencia, se perfilan al contrapelo de las circunstancias y otras desidiosas aventuras”.

Cela dejó atrás, sí, su tercera residencia en Guadalajara en 1997 -vivió por un tiempo en casa de Paco Marquina y María Antonia Velasco, después en un chalet en El Clavín y, finalmente, en otro en “El Espinar”, en la ribera del Henares, junto a la carretera de Fontanar-, pero cuando el escritor se bajó del tren que le traía de Madrid en la estación de Guadalajara, el 6 de junio de 1946, para pisar por primera vez la tierra alcarreña e iniciar su viaje a ella, suscribió un contrato de afecto, presencia y vinculación permanente con esta comarca guadalajareña, como él mismo subrayó al dejar escritas estas significativas palabras tras su firma en el Libro de Honor de la Diputación Provincial, el 20 de diciembre de 1989, apenas unas semanas después de ser galardonado con el Premio Nobel de Literatura: “Siempre en la Alcarria”. Precisamente, la noticia de la concesión del prestigioso premio de la Academia sueca la conoció en su entonces residencia guadalajareña de El Clavín.

Es una evidencia que, más que la obra, la figura de Cela no despierta simpatías en algunos sectores, especialmente de la izquierda de este país, que siempre le acusaron de censor -por cierto, él fue censurado, pues La Colmena se prohibió en España en 1951-, de franquista y, últimamente, hasta de delator. No voy a meterme en ese charco porque no quiero y porque voy a poner en práctica las, a mi juicio, ponderadas, juiciosas y justas palabras de Darío Villanueva, el secretario de la RAE y experto en la obra del Nobel gallego, además de amigo personal: «pido respeto para la figura de Camilo José Cela; un escritor es lo que ha escrito, no lo que haya dicho o hecho«.

Respetando la figura de Cela, pero también la de aquellos a quienes no les despierta simpatías, hago caso a Villanueva y voy, sólo rápida y someramente pues la contención lo aconseja, a lo que el autor de Iria Flavia escribió tras viajar físicamente a Guadalajara en 1946 pues su Viaje a la Alcarria es un libro que he leído más de una veintena de veces y, cada vez que lo hago, descubro algo nuevo en él y siempre de una elevada altura literaria. En Viaje a la Alcarria no sólo hay el relato de un viaje con especial referencia al paisaje y al paisanaje que el autor se encuentra en el camino, ni únicamente el retrato de posguerra de una parte de la España rural, que, por supuesto, están ahí, sino que en lo formal se pueden encontrar en él influencias y referencias de la Generación del 98, especialmente de Unamuno y de Azorín, por ejemplo cuando el escritor gallego escribe del duro agro castellano que recorre o los ambientes en las tabernas alcarreñas, como la de Sacedón: “El café está de bote en bote, la atmósfera se podría cortar con un cuchillo. En algunas mesas se juega al dominó y en otras al naipe. Dos solitarios echan en un rincón una partida de ajedrez (…)“. También hay algo en su pluma de la de Pío Baroja al describir estancias y habitaciones con la precisión de un notario haciendo inventario de testamentaría, como en la posada de Brihuega: “En las paredes del comedor hay un reloj de pesas, un canario que se llama Mauricio, metido en su jaula de alambre dorado, y tres cromos de colores violentos, chillones, con marco de metal. Un cuadro representa el cuadro de Las Lanzas; otro, Los Borrachos, y otro La Sagrada Familia del pajarito. Dos gatos rondan a lo que caiga”. Más evidente es aún su cercanía a Juan Ramón Jiménez cuando deja la épica y se echa en manos de la lírica en el valle del Tajuña, camino de Cifuentes, acompañado del viejo de “pelo gris y los ojos tristes y meditabundos” y su burro Gorrión/Platero: “Duérmete, burrillo manso,/que ya es la hora./Ya te has comido la flor/de la amapola”. Y, si nos lo proponemos, podríamos encontrar en Viaje a la Alcarria, porque están ahí, muchas más sintonías y proximidades con otros grandes escritores españoles que frecuentaron la literatura viajera, o la geográfica, porque, como dijo Alonso Zamora Vicente, al tratarse de una obra de este tipo, y especialmente en lo que se refiere al paisaje, “Cela cumple con reflejar lo que ve y con no inventar. Para inventar ya están otras esquinas de la literatura”. El paisanaje ya es otra cosa, porque es evidente que no todos los personajes de los 57 principales que tiene la obra, son reales, sino que un significativo número de ellos son literarios.

Termino diciendo que el mejor homenaje que se le puede rendir a un escritor es leer su obra, y, de entre ella, les recomiendo encarecidamente que, si aún no lo han hecho, vayan raudos a la librería y compren, para ustedes mismos o sus cercanos, un ejemplar, aunque sea de una edición barata de bolsillo, de Viaje a la Alcarria. Y que lo lean y lo inviten a leer. Como también pueden, y en cierta medida, deben, leer algunas de las nuevas ediciones o reediciones de estos títulos que tratan, y bien, sobre el viaje alcarreño de Cela y/o sobre el propio escritor; tomen nota: “Cela. Retrato de un Nobel”, de Francisco García Marquina, presentado el viernes, 6 de mayo, en la Feria del Libro de Guadalajara; “Guía del Viaje a la Alcarria”, también de Marquina; “Buscando a Cela en la Alcarria”, de mis maestros en el periodismo, compañeros y amigos Salvador Toquero y Santiago Barra, cuya segunda edición se presenta/presentó el mismísimo 11 de mayo, a las 19,30 horas en el Centro San José, y “Las cosas de Don Camilo”, de Pedro Aguilar, cuya nueva edición también va a ver la luz en estos días.

 

Una pica alcarreña en Flandes

                Últimamente se han dado las circunstancias adecuadas en mi vida para recuperar mi afición viajera, demasiado tiempo interrumpida por muchas causas concurrentes. Espero que dure la inercia y competir con Phileas Fogg en frecuentar andenes de tren o de autobús y terminales de aeropuerto.

El último de los viajes que he hecho, bien acompañado por mi mujer, unos amigos y unos conocidos que ya son también amigos, ha tenido como destino la zona flamenca de Bélgica, la parte norte del antiguo Ducado de Brabante, aunque por conveniencia logística hayamos pernoctado en Bruselas, ubicada dentro del antiguo territorio flamenco pero con status de región-capital, compartida entre flamencos y valones.

No era la primera vez que viajaba a Flandes, pero las anteriores siempre fueron de estancia breve y por razón de trabajo, de tal forma que apenas pude disfrutar de ese hermosísimo país en el que los españoles pusimos nuestras picas durante largo tiempo y varios reinados, desde el de Carlos I -allí, simplemente llamado “El emperador Carlos”-, a principios del siglo XVI, hasta, incluso, el de Felipe V, dos siglos después, el primer monarca español de la dinastía Borbón y con el que se perdieron las posesiones flamencas que habían traído al reino de España su predecesora, la casa de Austria. En esta ocasión sí que pude disfrutar el tiempo mínimo imprescindible de Flandes y he regresado realmente satisfecho porque, la verdad, se trata de una región muy muy bella, con una historia estimable y densa y con un catálogo amplísimo de recursos monumentales, la mayor parte de ellos excelentemente conservados.

Cuando llegamos a Bruselas, aún se mascaba la tragedia que vivió la capital belga y de la Unión Europea por causa de los brutales atentados terroristas acaecidos el 22 de marzo. El edificio de La Bolsa bruselense y su plaza son aún un memorial de las víctimas en el que se amontonan flores, velas, mensajes, fotos, objetos de todo tipo y, sobre todo, la estupefacción y las lágrimas de todos porque, cuando alguien muere de forma violenta y, más aún, si han mediado en ello hombres, en el fondo morimos todos un poco. Lo escribía muy bien Hemingway en “Por quién doblan las campanas”, su gran obra basada en la Guerra Civil Española: “También están doblando por ti”. Ante la Bolsa, recé lo que supe por las víctimas de ese memorial, pero también por todas las víctimas del terrorismo, algo de lo que, lamentablemente, sabemos mucho los españoles y, a veces, lo hemos padecido en demasiada soledad. Que descansen todos los muertos en paz y que los vivos no descansemos hasta alcanzar la paz, pero no sólo la de los cementerios.

Bruselas es una ciudad hermosa, destacando en ella la Grand Place (Grokte Markt en flamenco), que, especialmente de noche, es una auténtica maravilla. Brujas es una ciudad bellísima que parece anclada en el tiempo -es tanta su perfección y cuidado que hasta parece un parque temático más que una ciudad real-, cuando era uno de los puertos más importantes de Europa y la riqueza se invertía en hermosos edificios, muchos de ellos góticos, que, afortunadamente, se han conservado muy bien la mayor parte de ellos. Los canales que recorren algunas calles de la ciudad hacen que, merecidamente, sea llamada como “la Venecia del norte”. Lovaina también es una ciudad que merece la pena conocer, aunque pagó un duro peaje de destrucción, tanto en la I como en la II Guerra Mundial; no obstante, su alma y ambiente universitarios se palpan por todas partes y el edificio de su ayuntamiento es magnífico, sin duda, uno de los más bellos edificios representativos del poder civil de toda Europa.

Escudos Mendoza en Gante 2Punto y aparte merece Gante, la ciudad en la que nació Carlos I, el rey español y emperador del Sacro Imperio Germánico desde 1520, gracias al cual España puso sus picas y bastantes cosas más en Flandes durante dos centurias. Gante es una ciudad portuaria muy bonita y grande pues casi cuadruplica la población de Brujas y ofrece monumentos y rincones dignos de conocer y admirar; entre ellos, su catedral, la de San Bavón (sic), un gran edificio gótico, en cuya construcción se alternan piedra y ladrillo, algo poco frecuente en este tipo de edificios. Hay catedrales más hermosas que la de Gante, sin duda, pero no es fácil encontrar un púlpito como el que hay en ella y, especialmente, un retablo como el del Cordero Místico, del que son autores los hermanos Hubert y Jan Van Eyck. Se trata de una obra cumbre y única del arte flamenco del siglo XV y que abrió el camino a la escuela italiana. Una joya del arte europeo que hay que ver, conocer en detalle y disfrutar. Pero como guadalajareño, castellano y español militante que soy, la sorpresa en la catedral de Gante me la llevé cuando descubrí en una de sus paredes un escudo de la familia Mendoza, formando parte de un amplio conjunto de escudos que representan a la nobleza que en 1559 asistió, en la que fuera cuna de Carlos I, a un capítulo de la importantísima orden de caballería del Toisón de Oro. Entre los escudos de las familias nobles más relevantes de la Europa del XV y el XVI, allí está el de armas de “nuestros” Mendoza que, ya en el siglo XIV, el cronista Pedro de Gratia Dei, en su obra titulada “Libro llamado vergel de Nobles de los linajes de España”, describiera así:

Sobre verde reluzia

La vanda del colorado

En oro en que venia

La celeste Ave Maria

Efectivamente, en la catedral de Gante está el escudo de armas mendocino, concretamente el del IV Duque del Infantado, don Iñigo López de Mendoza de la Vega y Luna, que en 1559 asistió al muy exclusivo capítulo de los caballeros del Toisón de Oro, allí convocado por Felipe II, entonces Gran Maestre de la Orden que en 1429 fundara el Duque de Borgoña, Felipe III el Bueno, tan estimada y deseada por todos los reyes, príncipes y señores de aquellos tiempos, desde Escandinavia al Mediterráneo y desde Britania a Rusia. Los valores históricos del Toisón se resumen en que quienes lo obtienen reciben un premio a la excelencia y al mérito personal y tienen el compromiso de impulsar la unidad de Europa, así como “la gloria a Dios Nuestro Señor y a su bendita Madre «, según rezan sus constituciones.

Casualmente, la hija escritora del XIX Duque del Infantado, Almudena de Arteaga y del Alcázar, figura como “colaboradora especial” del Comité Rector y del Científico de la Orden del Toisón de Oro, que preside el Rey de España desde tiempos del emperador Carlos de Gante.

El mundo es un pañuelo y nos suele obsequiar con señorío aunque los hombres, a veces, recibamos lo que nos es dado con servidumbre, por jugar con la vieja divisa mendocina que afirma que “Dar es señorío, recibir es servidumbre”.

Foto: Escudos en la catedral de Gante. El de la casa del Infantado es el sexto por la izquierda. Foto: Paco Jurado.

El olfato, el tacto, el gusto, el oído y la vista del Infantado

                El pasado fin de semana, en adecuada, oportuna y bien programada iniciativa del Ayuntamiento de la capital, se ha celebrado una singular actividad, bajo la convocatoria de “La noche de los sentidos”, con la que se ha pretendido impulsar la candidatura del Palacio del Infantado a la declaración, por parte de la UNESCO, de monumento “Patrimonio de la Humanidad”, algo realmente difícil de conseguir, como el propio alcalde ha reconocido de forma realista, pero no imposible puesto que nuestro referente histórico-artístico más señero ya ha superado la difícil criba de sobresalir entre dos centenares de monumentos españoles que aspiraban a lo mismo y formar parte del escogido grupo de cuatro que han sido incorporados a la llamada “Lista indicativa”, paso previo y condición sine qua non para obtener esa declaración.

                Decía el poeta, egipcio de nacimiento pero italiano de raíces, Giuseppe Ungaretti, que “la meta es partir”. Esa frase, dependiendo del contexto en que se escriba o diga, puede ser una verdad absoluta o tan sólo media verdad, o sea, mentira completa, especialmente si con ella se quieren justificar los acomodaticios que comienzan las cosas, pero no las terminan. En el caso que nos ocupa, que es tratar de impulsar la declaración del Palacio del Infantado como monumento Patrimonio de la Humanidad por parte de la UNESCO, estimo que la frase de Ungaretti es muy oportuna porque llegar a la meta no depende del Ayuntamiento de Guadalajara, sino de la voluntad de otras instituciones, nacionales e internacionales, que deben optar entre diversas candidaturas que, probablemente, merezcan todas ellas esa declaración, algo que no es posible porque para que esa lista tenga valor real, ha de ser altamente exigente y, por tanto, más excluyente que incluyente. Simplemente al partir, al estar “en el camino”, como diría Kerouac, y seguir perseverando y avanzando en él, ya se están dando grandes pasos para lograr ese gran objetivo que permitiría que el Infantado no sólo gozara de especial protección y prioritaria actuación de las administraciones públicas en él, sino que supusiera un recurso turístico de primer orden, un auténtico revulsivo para nuestra ciudad que quiere, pero no termina de poder, ser un destino turístico relevante.

Foto InfantadoTuve el honor -y el placer, se lo aseguro-, en mi condición de Concejal delegado de Turismo del Ayuntamiento de Guadalajara (1999-2003), de colaborar con el entonces alcalde de la capital, mi muy admirado y querido José María Bris, cuando se empeñó en intentar lograr esa declaración para el Infantado ya en 2002, un proyecto que se truncó casi de raíz porque ni siquiera pasó el “filtro” regional, puesto que la Junta de “Calamidades” -perdón, de Comunidades- de Castilla-La Mancha no seleccionó esa propuesta, ni siquiera para formar parte de las candidatas de la región a ser elegidas para formar parte de “la lista indicativa”, algo que sí se ha logrado en esta ocasión, tanto a nivel regional como nacional. Puede que desde el Ayuntamiento no hiciéramos entonces las cosas todo lo bien que debíamos para potenciar nuestra candidatura, pero les aseguro que en “Toledo” nunca fueron receptivos a ella, por decirlo de forma suave. Algunos de los primeros pasos que dimos entonces, además de armar un expediente con amplia documentación, vistos con la perspectiva del tiempo parecen nimiedades, pero les aseguro que entonces costaron lo suyo, y no sólo me refiero al gasto, sino al esfuerzo: comprar el Palacio de Dávalos para llevar allí la Biblioteca y descargar al Infantado de una actividad “fatigante” para un edificio antiguo; lograr que se abriera el Palacio Ducal a visitas turísticas los fines de semana fuera del horario de la Biblioteca y el Museo; mejorar significativamente el estado de mantenimiento y conservación de los jardines, inclusive la recuperación de la fuente y su iluminación con fibra óptica; programar en Ferias las que se llamaron “Noches en los Jardines de Palacio”, con una propuesta musical siempre de calidad y muy escogida que gozó del favor del público; incorporarle a la ruta de monumentos visitables de la ciudad -junto con el Palacio de don Antonio de Mendoza, la Capilla de Luis de Lucena, el Torreón del Alamín, el Taller de Forja del TYCE y el Salón Chino del Palacio de la Cotilla– y celebrar importantes espectáculos en él para promocionar la candidatura -como ahora se ha hecho con “La noche de los sentidos”-, destacando entre ellos uno de luz, sonido y pirotecnia que convocó a varios miles de espectadores en las Ferias de 2002 y que se tituló: “Palacio del Infantado, un monumento que Guadalajara ofrece a la humanidad”.

Me alegró mucho que Antonio Román decidiera, hace ya un tiempo, retomar este proyecto, y se merece el reconocimiento y aplauso público por haberlo armarlo con solidez y llevarlo tan lejos como ha llegado. Ya que la propuesta que este fin de semana se ha hecho pretendía, con buen criterio, unir al Palacio del Infantado con los cinco sentidos, mi pequeña aportación a ella es esta:

¿A qué huele el Palacio del Infantado?Al aroma profundamente atrayente, penetrante, agrio y, a veces, casi amargo del boj de los setos de sus jardines.

¿A qué sabe? A piedra vieja, abrasada por el sol, mojada por la lluvia, batida por el viento y ennoblecida por el tiempo.

¿Cómo suena? A pavana, no para una infanta difunta, como la de Ravel, sino para dos reyes llamados Felipe, el segundo y el quinto de la dinastía monárquica española, y dos reinas de nombre Isabel, las de Valois y Farnesio, que contrajeron nupcias en él con siglo y medio de diferencia (1560 y 1714).

¿Qué palpa? Historia, gran parte de la historia de Guadalajara, de Castilla y aún de España toda, la ha tocado con sus dedos imaginarios, en algunas ocasiones para acariciarla, pero en otras, claro está, para hacer un rasguño en ella.

¿Y que ve el Palacio? Me atrevo a decir que ha visto tanto, y no todo de su agrado, que las cataratas del tiempo le han cansado y nublado la vista, aunque, como tiene pedigrí muy noble y es de buena raza, se esfuerza cada día en abrir bien los ojos para no perderse detalle de lo que acontece en su entorno. Este fin de semana, no lo dudo, habrá visto con agrado su “Noche de los sentidos”.

“Cizaña” para una placa y “Jalea Real” para una Pasión

El Sábado Santo pasé uno de los días más agradables de mi vida, disfrutando de una excelente compañía familiar y de amigos en ese rincón tan especial, valioso y bello que es Zorita de los Canes, probablemente el pueblo más pequeño de la provincia en población (apenas tiene 80 habitantes) pero que, al tiempo, reúne y ofrece un inventario de recursos histórico-artísticos más importante. Casi todo fue bien ese día por las tierras “que Alvarfáñez mandó”, según relata el mismísimo Poema del Mío Cid, tanto en Zorita como en Albalate, donde rematamos la jornada; pero hubo dos circunstancias, dos hechos, de muy distinto signo, a los que, con el permiso de mi compañero y amigo, Félix García, voy a etiquetar como merecedores de “Cizaña” (o sea, reprobación) y “Jalea Real” (aplauso):

Cizaña: A la placa que el 8 de octubre de 2015 se colocó junto a una de las puertas de acceso al castillo de Zorita, en la que se refleja que el presidente regional, Emiliano García Page, y el alcalde del pueblo, Miguel Muñoz, inauguraron en esa fecha las obras de restauración del castillo. Eso es verdad, efectivamente, pues fueron ambos quienes inauguraron esas obras (mejor dicho, la conclusión de las mismas), pero en la placa no se dice que quien las consiguió para el pueblo fue el anterior alcalde, Dionisio Muñoz, que estuvo al frente del Ayuntamiento 32 años, y, primero, logró comprar el castillo y salvarlo de la ruina definitiva, al precio simbólico de una peseta, en 1997, y, después, que en él se realizaran diversas e importantes actuaciones de restauración, por valor de más de 600.000 euros, entre ellas esta última, por importe de 262.000 euros, subvencionados parcialmente por FADETA. Miguel Muñoz y Emiliano García Page llevaban apenas tres meses de alcalde y de presidente regional, respectivamente, cuando se inauguraron estas obras del castillo zoriteño que otros impulsaron y ejecutaron casi al cien por cien. Me parece, por tanto, descarado (he estado a punto de cambiar ese calificativo por el de miserable) que sean ellos dos quienes aparezcan en esa placa porque, de momento, lo único que han hecho por esta histórica fortaleza es correr la cortinilla que cubría aquella. Otrosí digo: Ir contaminando el patrimonio histórico colocando placas en él -y, más aún, si además son inmerecidas, como en este caso- no solo me parece descarado, sino absolutamente reprobable pues no hay ninguna que recuerde a los musulmanes que comenzaron a erigir la alcazaba de Zorita en el siglo VIII, ni a Alfonso VI que, gracias a Alvarfáñez, la conquistó y defendió en 1085 y los años siguientes, ni a los Castro y los Lara que después pugnaron por la fortaleza en contienda civil entre castellanos, ni a Alfonso VIII quien, tras tomarla a los Castro, la recreció y amplió, ni a la orden de Calatrava, que la mantuvo durante tres siglos, defendió e, incluso, minoró para no tener que defender tanta extensión fortificada, ni a los Duques de Pastrana, que la compraron y transformaron en palacio en el siglo XVI y fueron sus señores hasta el XVIII, ni a los del Infantado, que la heredaron en 1732, ni siquiera a sus últimos propietarios, la familia Becerril, que la vendieron al pueblo por el simbólico y generoso precio de una peseta. Que con la densa y larga historia que tiene el castillo de Zorita la única placa que haya instalada en él sea la de Miguel Muñoz y Emiliano García Page, los últimos llegados a sus muros y sin siquiera llevar un pan bajo el brazo para sus venerables piedras, no sólo se merece “cizaña”, sino una colleja a cada uno y que ellos mismos vayan a quitarla, hoy mejor que mañana. Además, las placas más merecidas son las que no se colocan nunca, y menos aún en un edificio con trece siglos de antigüedad.

Pasión Viviente Albalate 2016  Jalea real: Para todas las “Pasiones Vivientes” que se escenifican en Semana Santa, a lo largo y ancho de la provincia, destacando entre ellas las de Hiendelaencina -la más antigua de todas y que, incluso, figura en algún ranking periodístico nacional entre las diez más importantes de toda España-, Fuentelencina, Trillo y Albalate de Zorita. Por cierto, esta última ha llegado este año a su 30 aniversario y he tenido la oportunidad de verla y disfrutarla, gracias a esa gran albalateña y excelente persona que es Rosa Ana Corralo. Se trata de una Pasión Viviente singular porque se compone de once escenas, de las que nueve se ambientan en la calle y dos dentro de la magnífica iglesia parroquial, en las que su centenar largo de actores permanecen en una asombrosa y lograda quietud, convirtiendo en fotos fijas y mudas algunos de los momentos más significativos de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. La escenografía, el atrezo, la iluminación y la ambientación musical están también muy logradas. Y es muy buena la organización, en la que, de una forma o de otra, colaboran casi todas las familias del pueblo y, por supuesto, participa activamente el Ayuntamiento. Mención especial merece la labor de la agrupación local de voluntarios de Protección Civil que contribuyó, decisivamente, a que reinara el buen orden entre las casi 2000 personas que asistimos a la representación y fuera adecuada la movilidad de los muchos vehículos que transitaron esa tarde-noche de Sábado Santo por Albalate. Lo dicho, merecidísima “Jalea Real” para la Pasión Viviente de Albalate, a compartir con el resto de Pasiones Vivientes de la provincia.

Coda: Hemos conocido que la Junta va a dedicar 200.000 euros a una actuación de urgencia en las cada vez más deterioradas ruinas del Monasterio cisterciense de Bonaval, fundado en 1164 y ubicado en el término municipal de Retiendas, a orillas del río Jarama. Nunca debió permitirse que llegara a tal extremo de ruina y abandono esta abadía, pero no seré yo quien niegue una merecida “Jalea Real” a la Junta por esta decisión; eso sí, a compartir con la Plataforma “Salvar Bonaval”, que en los últimos tiempos ha alzado fuerte su voz reivindicativa, y con el Grupo de Defensa del Patrimonio de DALMA que lleva ya muchos años trabajando el tema. Y por favor, cuando acaben las obras no coloquen ninguna placa.

 

 

 

 

 

El Tío Sam por gaoneras

                Justo en el sitio que durante más de cuatro siglos ocupara la desaparecida ermita de la Soledad, en frente de San  Ginés y al inicio del Paseo de las Cruces -semisaqueada por franceses en 1808 y saqueada del todo e incendiada por españoles en 1936 junto con las imágenes que se custodiaban en su interior de algunos de los pasos de Semana Santa más antiguos de la ciudad, incluida la imagen original de la titular del templo y de la Hermandad más antigua de Guadalajara- he reparado en la presencia de una gran pancarta publicitaria, en medio del báculo de una alta farola, en la que el famoso “Tío Sam” americano nos pide a los viandantes, con su mirada retadora y su dedo señalador, que nos abonemos a los festejos taurinos programados en la ciudad en 2016.

            Cartel toros-01    La verdad es que me ha llamado mucho la atención este cartel y eso va en favor de los publicitarios que lo han concebido porque el primer propósito de cualquier campaña publicitaria es ser visible; el segundo es que sea eficaz, aunque mejor aún si, además de eficaz, es eficiente, que es la excelencia de la eficacia: conseguir los objetivos perseguidos en el menor tiempo y al menor coste posibles. Desconozco si los publicitarios y la empresa concesionaria de la plaza de toros que los contrató van consiguiendo, gracias al Tío Sam, su propósito de adelantar e incrementar la venta de abonos para la temporada taurina, lo que sí tengo claro es que, incluso aunque se cumpla ese empeño, a mí me parece que usar al americanísimo “Uncle Sam” para vender abonos de toros tiene una estética chocante y parecida a la de poner dos cartucheras con pistolas a la imagen de un santo. El Tío Sam es el símbolo americano por excelencia, mientras que el de los toros es un espectáculo tradicional muy español, bastante iberoamericano, un poco portugués y algo francés, pero punto. No me imagino a un torero español siendo utilizado para vender entradas para rodeos en Texas, y eso que en ellos también suele haber toros, esos tan raros que parecen bueyes por su tamaño, tienen los cuernos enormes y muy abiertos y suelen salir al ruedo acompañados de payasos, literalmente, no en sentido figurado. A contrario sensu, me provoca una sensación realmente extraña ver la imagen del Tío Sam protagonizando un cartel publicitario taurino en la plaza de Santo Domingo, en la Guadalajara castellana –si fuera en la jalisciense me sorprendería menos, aunque socioeconómicamente Méjico esté más lejos de Estados Unidos que España-, pues el famoso “tío” americano siempre estará muy unido a los colores rojo, azul y blanco, y a las barras y estrellas de la bandera USA, y no a los colores rojo y amarillo de la española que, precisamente, donde más se suelen ver es en las plazas de toros.

No sé si los publicitarios que han llevado al Tío Sam a torear por gaoneras –es una forma licenciosa y casi metafórica de decirlo- junto al “olivón” de Santo Domingo, han reparado en que tiene una connotación, además de americana y americanista, de cargado matiz bélico pues es sabido que su imagen ha sido utilizada en Estados Unidos de manera recurrente para protagonizar campañas de reclutamiento de soldados para los mil y un conflictos armados en que han participado los americanos desde que nacieron como estado, a finales del XVIII y hasta hoy mismo. Si hay un cartel conocido, repetido y reproducido hasta la saciedad del Tio Sam es ese en el que, debajo de su conocida figura, aparece el eslogan: “I want you” que, traducido al español, es “te necesito”, el mismo que el peluquero “Rupert” usa para ampliar clientela, pero que en Estados Unidos ha sido siempre empleado para llamar al reclutamiento militar a los jóvenes, apelando a su deber y compromiso patrios. Con tanto antiamericano y antibelicista que ha habido y hay en España, y tanto antitaurino que va habiendo, puede que el cartel de la campaña de abonos para la plaza de toros de Guadalajara termine siendo considerado una provocación para algunos y pidan al ayuntamiento que lo retire porque no lo podemos consentir los ciudadanos.

Por cierto, casualmente, mientras escribo este post en la tarde del sábado de Pasión, entre el viernes de Dolores y el domingo de Ramos, en Santo Domingo, a apenas una veintena de metros del cartel con el Tío Sam, se celebra una batukada, esa manifestación musical básicamente de percusión que dicen que nació en África pero que se suele relacionar con Brasil porque allí es casi religión y sin ella no hay carnaval posible. El norteamericano Tío Sam, el centroamericano Rodolfo Gaona –el torero mejicano inventor del lance taurino conocido como “gaonera”- y la sudamericana batukada unidas por un instante en el corazón de Guadalajara. Para que luego digan que somos provincianos y poco viajados…

 

 

Verdad, mentira y estadística

                Decía Disraeli, o al menos a él le atribuyó la frase Mark Twain aunque quien la utilizó mucho fue JFK, que “hay tres tipos de mentiras: mentiras, grandes mentiras y estadísticas”. Reconozco que, como diría Paulos, “soy un hombre anumérico” porque nunca he entendido ni me han gustado las matemáticas, aunque valoro su importancia para simplificar, ordenar, datar e, incluso, conocer y explicar muchas cosas. El problema de la estadística no está tanto en sus frías cifras, sino en la “caliente” (por interesada) interpretación que cada uno haga de ellas, algo que en la política española se pone especialmente en evidencia cada vez que el CIS hace público un sondeo de intención de voto, momento en el que todos los partidos comienzan a “retiñir” para arrimar el ascua a su sardina, como los frailes y clérigos en pos de la herencia del rico que Quevedo describía en su “Poderoso caballero es don dinero”.

A pesar de mi desafección por las matemáticas, no tengo yo muy claro que la estadística sea la mayor de las mentiras; es más, estoy seguro que no. Para mí, la mayor de las mentiras es la que se hace a sabiendas y con la que se pretende engañar a los más débiles, algo que, lamentablemente, viene ocurriendo cada vez con más frecuencia en la política española que, cuando debía ser una solución o un medio para resolver los problemas de la gente, se ha convertido en un problema, en un gran problema en sí misma. Pero como los españoles hemos salido ya de tantas y tan difíciles, confío en que más pronto que tarde y mejor que peor, salgamos del follón político en que nos metimos el 20-D y que nos ha llevado, más que a un gobierno a un desgobierno, comenzando por el Congreso de los Diputados que, en vez de un presidente, tiene en Patxi López a un forofo socialista al que se le ve el plumero tanto en sus dichos como en sus hechos e, incluso, en sus silencios, las tres fuentes primigenias del derecho musulmán referidas a Mahoma.

Pero mientras encontramos un gobierno, que espero que esté a favor y no en contra del sistema, vayamos a ver qué verdades encontramos en la estadística, que haberlas, haylas, como las meigas en Galicia, esa preciosa y bendita tierra en la que unos cuantos se han vuelto locos y andan declarando a las personas “gratas” o “non gratas” en sus ciudades, no en función de lo que han hecho, sino de lo que piensan. Cuando la izquierda saca el sectarismo a pasear se pone insoportable y da aún más miedo que pena. Punto y aparte.

Vayamos a la estadística que, en los últimos días, nos ha traído a Guadalajara datos del indicador urbano del INE, un balance de satisfacción de los servicios que presta la Policía Local y un overbooking (llenazo total y ya van unos cuantos) en los hoteles por la celebración en nuestra ciudad de una importante competición deportiva.

En cuanto al indicador urbano del INE, destacar que la ciudad de Guadalajara ha perdido más de 300 habitantes solo en un año, pasando de los 83.720 de 2014 a los 83.391 de 2015. Desde 2012 en que alcanzó la mayor población de su historia (84.803 habitantes), la ciudad ha ido perdiendo población lenta, pero progresivamente. Gran parte de esa población perdida son inmigrantes pues, mientras en 2011 representaban el 16,01 por ciento de la población, en 2015 sólo son un 12,02 por ciento, a pesar de la disminución del censo; o sea: gran parte de la población perdida son inmigrantes. Otro dato a resaltar es el progresivo envejecimiento de la población de Guadalajara ya que en 2015 los mayores de 65 años representaban el 16,22 de ella, dato que se va incrementando progresivamente cada año, al menos en los últimos seis, subiendo en un dos por ciento el número total de mayores entre 2010 y 2015. Pero hay un indicador para la esperanza del rejuvenecimiento de nuestra población, un factor siempre sin duda positivo: el porcentaje de menores de 14 años en 2015 sobre la población total de Guadalajara era del 15,76, el más alto de la serie histórica desde 2010, aunque superando al de 2014 sólo por dos décimas. Uno de los mejores datos del indicador urbano de la ciudad en 2015 lo aporta la cifra de desempleo, que ha descendido solo en un año casi cuatro puntos, pasando del 24,31 por ciento de 2014 al 20,67 de 2015, unos números aún muy altos, por supuesto, pero evidentemente bastante mejores que los de los cuatro últimos años, sobre todo los de 2012, cuando se alcanzó el 24,33 por ciento de desempleo, el dato más elevado en la historia reciente. Un parámetro que ha alcanzado su cénit histórico en 2015 es el del número de hogares que hay en la ciudad: 31.777, pero eso sí, con una ocupación media de 2,58 personas por hogar, la más baja de la serie histórica más reciente. A estos números que aporta la estadística, que cada uno le ponga “su” verdad, aunque algunos son incontestables.

Más números: según las encuestas realizadas por la propia Policía Local, el 92,59 por ciento de los guadalajareños estamos satisfechos con los servicios que nos presta. Sólo el 5,82 por ciento de la población está “poco satisfecha” con nuestra policía y el 1,59 “nada satisfecha”, entre los que no me cabe duda que se incluyen bastantes multados… Un gran dato que hemos conocido de esta encuesta de satisfacción sobre seguridad ciudadana es que el 90 por ciento de las emergencias se atienden en menos de cinco minutos. Y esto no lo dicen los números, lo digo yo y algo conozco del tema por los ocho años en que fui concejal del Ayuntamiento: Julio Establés es un magnífico Intendente de la Policía Local y, salvo mínimas excepciones que confirman la regla, es muy alto el grado de profesionalidad y competencia de nuestros agentes locales.

Termino ya con un dato extraordinario que merece ser conocido y destacado: Una vez más, y ya van unas cuantas, los hoteles, hostales y pensiones de nuestra ciudad (y alrededores, incluidos municipios de la Comunidad de Madrid) han colgado el cartel de “no hay habitaciones” del 10 al 14 de marzo por la celebración en nuestra ciudad de un gran evento deportivo, la Copa del Rey de fútbol-sala. Isabel Nogueroles es una buena concejal de turismo, pero a Eladio Freijo, el concejal de deportes, le tienen que poner un monumento los hosteleros de la ciudad.

La emergente Semana Santa de Guadalajara en la de excelencia de Cuenca (y II)

Cumpliendo el compromiso que adquirí en mi post anterior, a continuación voy a publicar las notas que, amablemente, me hizo llegar ese joven pero gran chef que es Mario de Lucas (Grupo Lino), para la conferencia que di en Cuenca el pasado día 15 de febrero sobre la Semana Santa de Guadalajara, dentro de las jornadas de “Devoción y gastronomía” que organiza, desde hace siete años, la Asociación Provincial de Hostelería y Turismo de Cuenca, en colaboración con la Junta de Cofradías local, y en las que cada año invitan a una ciudad a presentar su Semana Santa allí. Se trata de uno de los muchos, variados e importantes actos que la ciudad del Júcar y el Huécar programa en este tiempo pues, como es sabido, su Semana Santa goza de la declaración de Fiesta de Interés Turístico Internacional desde hace ya 50 años.

Si en mi entrega anterior publiqué las notas que me aportó para el cuarto y último epígrafe de los contenidos de la conferencia (los tres primeros se refirieron a la historia, las cofradías, las procesiones y la imaginería de nuestra Semana Santa) el gran Jesús Velasco (Amparito Roca), hoy publicaré las del también grande Mario de Lucas. Afortunadamente, la restauración en Guadalajara tiene ya varios chefs de referencia y, sin duda, Jesús y Mario están entre ellos. Como podrán comprobar y ya anticipé, son dos estilos de redacción bien diferentes, pero en ambos queda acreditada su sabiduría culinaria y su capacidad de comunicación, algo que no siempre es fácil emparejar. No quería yo que a estos valiosos apuntes gastronómicos accediera sólo el centenar de personas que acudió a la conferencia en el hotel Torremangana, de ahí que haya optado por publicarlos y, además, dentro de mi blog.

Sin más preámbulo, les dejo con las notas de Mario de Lucas sobre la gastronomía de ayer y de hoy en el tiempo de Semana Santa de Guadalajara ¡Que ustedes las disfruten!

Pasión por el potaje, el bacalao y la torrija según “San” Lucas (Mario de)

Los tres pilares básicos de la cocina de Semana Santa en la provincia de Guadalajara son, como todo el mundo sabe, el potaje, el bacalao y las torrijas. Aunque otros “animalejos” de río, como la trucha o los cangrejos, también tienen sus adeptos.

Empecemos por el potaje de vigilia (en el que, por supuesto, tenemos ya bacalao), un plato contundente, todo lo que puede serlo uno de pescado. Como todas las recetas tradicionales, en cada pueblo -y casi me atrevería a decir que en cada casa-, con distintos toques. Imprescindibles los garbanzos, las judías blancas, el bacalao y la espinaca, con la cebolla, el ajo y el pimentón como sofrito, y el huevo cocido con pan frito como espesante. A partir de ahí, los he visto cargados de comino, con acelgas, más o menos picante…

El bacalao, aparte de una de mis debilidades, es protagonista absoluto de los recetarios de la cocina del centro de España y no sólo en este tiempo. Por un motivo principal: el transporte de pescados de la costa al interior, hasta hace no tanto era una misión muy complicada, por lo que un pescado salado y seco en alta mar ofrecía la posibilidad de, una vez en destino, volver a ser hidratado y conseguir un delicioso y «fresco» bocado. Si a esto asociamos la restricción de consumo de carne que conllevan las fechas que nos ocupan, tenemos a la estrella de la vigilia. Las formas de prepararlo son casi infinitas (que pregunten a los portugueses…) aunque, si lo combinamos con nuestra estupenda miel y unos frutos secos, tendremos un plato de mar de lo más alcarreño…. Lo más importante al cocinar bacalao es respetar su gelatina con la que obtendremos texturas increíbles.

Las torrijas son, por otra parte, el postre por excelencia en nuestra provincia, donde podemos encontrarlas cocinadas de la forma más tradicional: con miel, vino o leche, esta última perfumada con canela, naranja o caramelo, por ejemplo.

Lo cierto es que, en este tipo de cocina con tanta tradición como es la de Semana Santa, el hacer innovaciones es bastante complicado; aun así, a todo se le puede dar una vuelta, especialmente en cuanto a presentación y textura, pero respetando los sabores de siempre.

El potaje se puede presentar con una crema muy fina y suave hecha con las legumbres, unos daditos de gelatina con las espinacas y una fritura muy crujiente con una tempura de bacalao. Todo con mucho sabor.

La torrija la podemos preparar con un pan de brioche empapado en leche perfumada, con bien de cítrico y cardamomo, para, después, marcarla con algo de azúcar en una sartén anti adherente, donde crearemos una fina película de caramelo, con un buen helado de naranja. Postre 10.

Pero si nosotros hemos preparado un plato que refleja la tradición de estas fechas, debemos hablar de la tapa con la que conseguimos un premio a la mejor tapa tradicional en el campeonato nacional de Valladolid: La torrija de bacalao con taco confitado a baja temperatura, sus pieles crujientes y la espuma de espinacas. ¿A que suena bien? ¡Pues les aseguro que sabe mejor!

¡Buen provecho!

La emergente Semana Santa de Guadalajara en la de excelencia de Cuenca (I)

Invitado por la Junta de Cofradías, el pasado lunes tuve el honor -y el placer- de representar a Guadalajara en Cuenca dando una conferencia sobre nuestra emergente Semana Santa en una de las capitales de España en que esta tradicional celebración religiosa adquirió, hace ya mucho tiempo, el nivel de excelencia. Con humildad, pero sin complejos, se va a cualquier parte, incluso a Cuenca, una ciudad que es Patrimonio de la Humanidad y tiene declarada de Interés Turístico Internacional su Semana Santa, cuando la nuestra está muy lejos de ambos reconocimientos y ha de conformarse con intentar que la UNESCO se fije en el palacio del Infantado como un monumento a declarar en el futuro y con tener calificada de Interés Turístico Regional la Semana de pasión, muerte y resurrección de Cristo. Eso sí, ya le gustaría a Cuenca estar a cincuenta kilómetros de Madrid y tener la potencialidad industrial que tiene Guadalajara; pero no se puede tener todo… En todo caso, cabe agradecer el exquisito trato que nos dispensaron en Cuenca, tanto a los representantes de la Junta de Cofradías de Guadalajara como a mí mismo, en el acto de presentación de nuestra Semana Santa, así como la presencia en él del Ministro de Justicia y Diputado Nacional por Cuenca, Rafael Catalá, el Alcalde, Ángel Luis Mariscal, y el Presidente de la Diputación, Benjamín Prieto. Por el contrario, no acompañó a la delegación de Guadalajara ningún representante de nuestro Ayuntamiento, supongo que porque estarían todos los concejales muy ocupados o porque preferirían que fuera la sociedad civil quien representara a la ciudad, dando los políticos un paso atrás. ¡Ellos sabrán!

orea-cuencaDe lo que hablé en la conferencia se lo pueden imaginar: Breve repaso a la historia de nuestra Semana Santa, Cofradías y hermandades, y Procesiones e imaginería constituyeron los tres primeros epígrafes de mi intervención, que cerré con un cuarto, especialmente solicitado por nuestros anfitriones pues la conferencia se enmarcaba dentro de las jornadas que allí llaman “Devoción y gastronomía”: Ayer y hoy de la gastronomía de Semana Santa en Guadalajara. El contenido de los tres primeros bloques lo obtuve acudiendo a las fuentes tradicionales: Bibliotecas, hemerotecas, archivos, etc., pero para el cuarto me fui a mamar de la teta de la vaca directamente y les pedí a dos buenos amigos y extraordinarios chefs y empresarios de la restauración, Jesús Velasco (Amparito Roca) y Mario de Lucas (Grupo Lino), que me echaran una mano, ¡y bien que lo hicieron! como ustedes mismos podrán comprobar en esta entrega de hoy de mi blog y en la siguiente, en las que voy a reproducir, casi literalmente, los apuntes que ambos me pasaron sobre el tema en cuestión y que no quiero que solo los disfruten el ministro, el alcalde, el presidente de la Diputación conquenses y el cerca de centenar de personas que acudieron el lunes al Hotel Torremangana a oír hablar de nuestra Semana Santa.

Estas son las notas que Jesús Velasco me pasó para hablar del pasado y presente de la gastronomía de Cuaresma y Semana Santa de Guadalajara; en realidad, más que unas notas, se trata de todo un plato bien cocinado, cargado de conocimiento, trufado de costumbrismo y con sus avíos de ironía. Como ya he dicho, en la siguiente entrega reproduciré las de Mario de Lucas. Les anticipo que los estilos de redacción son muy distintos, pero la sabiduría, común.

LA CONGRIA Y EL CORDERO EN TIEMPO DE VIGILIA, SEGÚN “SAN” JESÚS VELASCO

         El ayuno de carne (y también el carnal, que no es lo mismo), obligado por la autoridad eclesiástica vigente y recomendado desde catecismos y pomposas bulas, han dejado en el acervo cultural y costumbrista de las gentes de Guadalajara honda huella que en estas fechas señaladas de Cuaresma y Pasión vuelven a casa, como el turrón lo hace por Navidad. Vuelve alegre el terso y prieto congrio. En salsa verde por la Alcarria y al gusto de los arrieros arandinos, con su ajo y pimentón, por la Sierra. Vuelve la congria, que no es otra cosa que el congrio en salmuera, seco y ligeramente ahumado, con su sabor penetrante, excelso, decididamente marino, dando gusto a unas patatas viudas que jamás soñaron mejor matrimonio.

Vuelve el voluptuoso potaje, rojo y verde como las terreras del Henares. Vuelve el bacalao maduro y galán, transformado en recetas mil. Vuelven las alegres, cotorras y presumidas torrijas, arropadas de azúcar y henchidas de vino, leche y miel.

Vuelve el chicharro rustido con sus avíos de asadillo. Vuelven los huevos rellenos de atún. Vuelve la “limonada del cura”, generosamente regalada por el “manda” de la Vera Cruz, al que llaman “Capribis”, y vuelven, por supuesto, las meretrices a Salamanca por Gloria, siendo recibidas con gran fanfarria y algarabía por los vecinos que las esperan en las praderas aledañas al Tormes, dando cuenta de hogazas preñadas de matanza que llaman hornazo. ¿Qué queda hoy de todo esto? El que quiera saber que vaya a Salamanca… En cuanto a Guadalajara, muchas de estas recetas se sirven en los restaurantes de la ciudad y provincia por estas fechas.

La restauración en la provincia ha experimentado un avance de calidad muy importante en los últimos años, ofreciendo a lo largo y ancho de todo su territorio una cocina arraigada en la tradición, pero con planteamientos y servicios actualizados. Por cierto, de los siete días de la semana sólo es vigilia el viernes… Así que no se olviden de comer cordero y cabrito. Es lo nuestro.

El ruiseñor, el cóndor y el tiempo pasan

 Después de un sinfín de dimes y diretes, de gambeteos varios y de mucha política toledana, demasiada, por fin se ha desbloqueado la ampliación del campus universitario de Guadalajara y, finalmente, como dictaba el sentido común y quería el Ayuntamiento que representa la voluntad mayoritaria de los habitantes de Guadalajara, se va a emplazar en el antiguo colegio de las Cristinas, desarrollándose así el protocolo que, unas semanas antes de las elecciones autonómicas de 2015, suscribieron el Ayuntamiento, la Junta, la UAH y el Ministerio de Defensa. Conforme a ese protocolo, la Junta abonará a Defensa 2 millones de euros y el Ayuntamiento permutará terrenos con el Ministerio por valor de 7,5 millones de euros, momento en que el protocolo dejará de tratarse solo de una declaración de intenciones para pasar a ser un convenio, con eficacia jurídica plena, a partir del cual habrá de venir la fase de reforma y readaptación de uso de las antiguas Cristinas a campus universitario, último obstáculo para que el centro histórico de la ciudad pueda acoger los estudios superiores de más de 3000 jóvenes, lo que sin duda redundará en su dinamización, algo absolutamente necesario.

Cristinas-01Me cuentan que con motivo del debate de la moción que el PP presentó en las Cortes regionales pidiendo que se agilizara la construcción de la ampliación del campus universitario en Guadalajara y que éste se ubicara en el centro histórico, salió mi nombre a relucir por unas declaraciones que hice siendo viceportavoz del PP en el Ayuntamiento, en el mandato 2003-2007, en las que daba por bueno que ese campus se ubicara en el Polígono El Ruiseñor, como quería la Junta y apoyó el entonces alcalde socialista de Guadalajara, Jesús Alique, siempre en primer tiempo de saludo con las instrucciones que venían de Toledo. Como es sabido, esa opción fue después descartada por varios motivos: paralización de la urbanización del sector por problemas de financiación y litigios del agente urbanizador con varios propietarios, falta de recursos para la construcción de los edificios universitarios y el parque científico y tecnológico anexo que estaba previsto y, especialmente, por la voluntad del alcalde Román, y su equipo, de que ese campus se instalara en el centro de la ciudad y no en la periferia.

Que yo manifesté públicamente, en su día, mi apoyo a la ubicación del campus en El Ruiseñor es verdad, pero no es toda la verdad. Mi posición y la de todo el Grupo Popular con respecto a la ubicación de la ampliación del campus universitario de Guadalajara ya la conté en este mismo blog en marzo de 2015, cuando se firmó el protocolo al que me he referido al principio de este post. Este párrafo que reproduzco a continuación, es parte literal de aquel artículo:  “En el Grupo del que entonces era viceportavoz, siempre preferimos que ese campus se desarrollara en el casco urbano, proponiendo tres opciones para su ubicación: el entorno que ahora se ha elegido, en el que ya estaba la entonces recientemente reformada y ampliada Escuela de Magisterio, el de Adoratrices-Fuente de la Niña o el Fuerte; pero, aunque desde el primer momento tuvimos serias dudas sobre la viabilidad económica del proyecto de campus en el Ruiseñor, decidimos apoyarlo porque no se nos daba ninguna alternativa y, sobre todo, por puro posibilismo pues queríamos que no se perdiera la que se nos “vendió” como única oportunidad de ampliar el campus de Alcalá en Guadalajara y, por ende, de reforzar la vinculación de esa Universidad con nuestra ciudad. Finalmente, aunque se iniciaron, pero no terminaron, las obras de urbanización del sector del Ruiseñor, el proyecto de Campus y Parque Científico y Tecnológico que llevaba anexo ni siquiera se empezó, sencillamente porque, aunque naciera con la mejor intención –hay quien dice que también con algún contubernio de intereses entre promotores, empresarios y la administración regional de Barreda, muñido en restaurantes y despachos de Toledo y Madrid-, no era económicamente sostenible ni viable, menos aún en los tiempos ya de inminente crisis en que se intentó gestar, por lo que jamás pasó de ser una maqueta y una virtualidad, rodeada de mucha propaganda y cohetería, eso sí”. Si alguien quiere leer este artículo al completo, titulado, por cierto, “Mejor el centro”, le facilito el enlace: http://guadalajaradiario.es/blogs/jesusorea/2015/03/

Aunque estoy de acuerdo con Page en que, a partir de ahora, lo mejor es mirar hacia adelante y hacer realidad, lo antes posible, ese nuevo campus en Guadalajara, de vez en cuando conviene echar un vistazo atrás para saber de dónde partimos, hacia dónde vamos y con quién tratamos. Y en ese echar un vistazo atrás nos podemos encontrar, por ejemplo, con que la Junta no siempre cumple sus compromisos con Guadalajara, incluso los firmados en Convenio, como ocurrió con el Proyecto de Singular Interés que se desarrolló en el Fuerte: la urbanización de los terrenos se demoró más de tres años y la Junta, a pesar de lo estipulado en el Convenio, aún no ha rehabilitado ni acondicionado el edificio del antiguo Convento de San Francisco y, respecto a las naves del antiguo TYCE, solo se ha actuado en las que ocupa el Centro Joven. De la famosa y costosa maqueta que el PSOE mandó hacer y publicitar, como si no hubiera mañana, con recursos públicos en la campaña electoral de 2003 para “vender” su propuesta partidista para el Fuerte, echamos de menos la construcción en sus terrenos de un Palacio de Congresos, una Residencia de Mayores, campos de fútbol y no sé cuántas cosas más, pero muchas. Cuatro años antes, también en campaña electoral, un alto cargo del PSOE, incluso habló de construir en el Fuerte un Parador de Turismo ¡Que fuerte!

Por cierto, por si a alguien le cabe alguna duda de lo que yo considero que es la política toledana, este episodio de la maqueta del Fuerte es un gráfico ejemplo. Espero que el proyecto de ampliación del campus universitario de Guadalajara en el centro histórico no se quede solo en una realidad virtual, sino que se concrete en un hecho material. Y pronto, que el tiempo, como el cóndor andino, pasa, y ya se ha perdido mucho, demasiado.

Palabras con coleta

En política se suele hablar mucho y decir poco, pero lo malo es que aún se hace menos y lo peor llega cuando no se cumple lo que se dice. Esta reflexión, casi un trabalenguas, me ha venido a la mente escuchando lo mucho que se está hablando en las últimas semanas por parte de los dirigentes políticos ante la compleja situación en que ha quedado la gobernabilidad de España tras las elecciones del 20-D, sin mayoría absoluta para ningún partido y con mayorías simples también muy complicadas de alcanzar, y, de alcanzarse, complicadísimas de gestionar y hacerlas funcionar razonablemente.

Antes de celebrarse las elecciones generales hasta parecía que las nuevas fuerzas políticas emergentes, fundamentalmente Ciudadanos y Podemos, podían venir a traer aire fresco a la política tradicional española, obligando a los partidos más veteranos a cambiar sus formas, reformar sus programas y renovar sus rostros de referencia ante el empuje de la novedad y su propio desgaste, sobre todo el producido por la corrupción. Aunque algunos intenten disimularlo, especialmente ahora el PSOE que se pasa el día afeando al PP sus casos de corrupción pero mira para otro lado con los suyos, esta lamentable lacra política va por barrios, como la risa, y suele ser directamente proporcional al poder que se detenta, por lo que los principales partidos afectados por ella son los que más tiempo se han repartido el poder en España y en sus comunidades autónomas, o sea, PSOE, PP y CiU, lo que ahora ha devenido en DL, que es Convergencia sin Unió y sin “seny”. El problema es que las cuentas de ingresos de algunos, que apenas han tocado aún “pelo” de poder, ya huelen a chamusquina venezolana e iraní, dos países en los que la libertad vale muy poco y la seguridad jurídica brilla por su ausencia, dos pilares básicos de un Estado verdaderamente democrático.

El aire fresco que se presuponía iban a traer a la escena pública algunos partidos emergentes, a día de hoy, está ya muy viciado para el poco tiempo que llevamos respirándolo y, con esto, no quiero meter en el mismo saco a unos y otros porque sería tan injusto como decir que todos los políticos son iguales, aunque a veces lo parezca. De entre las fuerzas que han irrumpido en el Congreso con más ímpetu, quien me parece que está contaminando muy pronto el aire político es Podemos, acaso porque ya ha tenido que dejar de moverse sólo en el hábitat que mejor domina, la comunicación y, especialmente, las redes sociales, y comenzar a enseñar la “patita” con sus primeros pasos parlamentarios; una “patita” que, evidentemente, no es morada, sino roja intensa, aunque intenten disimularlo para tratar de ampliar su base electoral, lo que nunca consiguió IU vendiendo rojo y verde, pero ellos sí lo han logrado y a la primera.

Podemos ha venido manejando bien los tiempos hasta ahora, algo clave en política, pero mucho me temo que la ambición de Pablo Iglesias y de sus conmilitones más cercanos ha roto más pronto de lo razonable el saco de ese control del tempo cuando, de una manera humillante para el PSOE, le propuso un pacto de gobierno a través de televisión –donde nació y creció el partido morado-, sin respetar el “tiempo de Rajoy” -expresión acuñada por el mismísimo Pedro Sánchez-, autoproponiéndose como vicepresidente y repartiendo carteras entre sus colaboradores y amigos como el que da cartas en una partida de mus. Hablar antes de cargos que de programas no es regenerar la vida política, es devolverla a las cavernas.

Esa propuesta fue un error en tiempo y forma, aunque estoy convencido que el líder del PSOE, pese a que la afee en público por los modos empleados para formularla, va a tratar de hacerla posible porque un pacto socialista con Podemos, IU y algunas de las fuerzas nacionalistas e independentistas del Congreso es su pasaporte a la presidencia del gobierno, a pesar de que ese batiburrillo de partidos e intereses tenga más peligro para España que una carcoma en un museo del mueble antiguo. La alternativa a un acuerdo del PSOE con fuerzas radicales e independentistas es la “gran coalición” que propone Mariano Rajoy y apoya Albert Rivera, es decir, un pacto de PP, PSOE Y Ciudadanos, que representaría al 70 por ciento del electorado, tranquilizaría los mercados, contribuiría a la recuperación económica y alejaría a España de la fractura independentista. Si Sánchez antepusiera el sentido común y el interés de Estado a su propia ambición y al tacticismo políticos, apoyaría esa “gran coalición”, pero, mucho me temo, que le pone mucho más ser el inquilino de la Moncloa como presidente, aunque sea gracias a una coalición explosiva, que ser el vicepresidente, pero de un gobierno con una amplísima base electoral.

Termino ya hablando de lo que vale la palabra de Iglesias que, lamentablemente, parece ser muy poco. Justifico esta aseveración sin especulaciones, acudiendo a las hemerotecas. Estas tres frases dijo Iglesias hace poco y esto dice o hace ahora:

–      “No formaré parte de un gobierno que no presida yo”. Es público y notorio que se ha propuesto como vicepresidente de un posible gobierno presidido por Pedro Sánchez.

–      “Todos los socios de Podemos: Mareas, En Comú y Compromís tendrán sus propios grupos parlamentarios”. Este compromiso lo adquirió sin saber -o, peor aún, si era a sabiendas- que el Reglamento del Congreso no lo iba a posibilitar. Finalmente, sólo habrá un grupo parlamentario de Podemos y los cuatro diputados de Compromís han intentando formar uno propio, sin conseguirlo.

–      “España es un Estado plurinacional. Es innegociable y una línea roja la celebración de un referéndum sobre la independencia de Cataluña”. El PSOE ha dejado claro que no va a apoyar ese referéndum, a pesar de lo cual Iglesias les ofrece un pacto, con los cargos ya repartidos y todo.

La contradicción entre lo dicho antes y lo dicho ahora por Iglesias se comenta solo. Es una frase hecha tan contundente como cierta la de que “un hombre vale lo que vale su palabra”. O como dicen los ingleses: “A man is only as good as his word” que, más o menos, viene a significar que “Un hombre es solo tan bueno como lo sea su palabra”. A las palabras con coleta, al menos por lo visto hasta ahora, se las lleva muy pronto el viento.

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