El ruiseñor, el cóndor y el tiempo pasan

 Después de un sinfín de dimes y diretes, de gambeteos varios y de mucha política toledana, demasiada, por fin se ha desbloqueado la ampliación del campus universitario de Guadalajara y, finalmente, como dictaba el sentido común y quería el Ayuntamiento que representa la voluntad mayoritaria de los habitantes de Guadalajara, se va a emplazar en el antiguo colegio de las Cristinas, desarrollándose así el protocolo que, unas semanas antes de las elecciones autonómicas de 2015, suscribieron el Ayuntamiento, la Junta, la UAH y el Ministerio de Defensa. Conforme a ese protocolo, la Junta abonará a Defensa 2 millones de euros y el Ayuntamiento permutará terrenos con el Ministerio por valor de 7,5 millones de euros, momento en que el protocolo dejará de tratarse solo de una declaración de intenciones para pasar a ser un convenio, con eficacia jurídica plena, a partir del cual habrá de venir la fase de reforma y readaptación de uso de las antiguas Cristinas a campus universitario, último obstáculo para que el centro histórico de la ciudad pueda acoger los estudios superiores de más de 3000 jóvenes, lo que sin duda redundará en su dinamización, algo absolutamente necesario.

Cristinas-01Me cuentan que con motivo del debate de la moción que el PP presentó en las Cortes regionales pidiendo que se agilizara la construcción de la ampliación del campus universitario en Guadalajara y que éste se ubicara en el centro histórico, salió mi nombre a relucir por unas declaraciones que hice siendo viceportavoz del PP en el Ayuntamiento, en el mandato 2003-2007, en las que daba por bueno que ese campus se ubicara en el Polígono El Ruiseñor, como quería la Junta y apoyó el entonces alcalde socialista de Guadalajara, Jesús Alique, siempre en primer tiempo de saludo con las instrucciones que venían de Toledo. Como es sabido, esa opción fue después descartada por varios motivos: paralización de la urbanización del sector por problemas de financiación y litigios del agente urbanizador con varios propietarios, falta de recursos para la construcción de los edificios universitarios y el parque científico y tecnológico anexo que estaba previsto y, especialmente, por la voluntad del alcalde Román, y su equipo, de que ese campus se instalara en el centro de la ciudad y no en la periferia.

Que yo manifesté públicamente, en su día, mi apoyo a la ubicación del campus en El Ruiseñor es verdad, pero no es toda la verdad. Mi posición y la de todo el Grupo Popular con respecto a la ubicación de la ampliación del campus universitario de Guadalajara ya la conté en este mismo blog en marzo de 2015, cuando se firmó el protocolo al que me he referido al principio de este post. Este párrafo que reproduzco a continuación, es parte literal de aquel artículo:  “En el Grupo del que entonces era viceportavoz, siempre preferimos que ese campus se desarrollara en el casco urbano, proponiendo tres opciones para su ubicación: el entorno que ahora se ha elegido, en el que ya estaba la entonces recientemente reformada y ampliada Escuela de Magisterio, el de Adoratrices-Fuente de la Niña o el Fuerte; pero, aunque desde el primer momento tuvimos serias dudas sobre la viabilidad económica del proyecto de campus en el Ruiseñor, decidimos apoyarlo porque no se nos daba ninguna alternativa y, sobre todo, por puro posibilismo pues queríamos que no se perdiera la que se nos “vendió” como única oportunidad de ampliar el campus de Alcalá en Guadalajara y, por ende, de reforzar la vinculación de esa Universidad con nuestra ciudad. Finalmente, aunque se iniciaron, pero no terminaron, las obras de urbanización del sector del Ruiseñor, el proyecto de Campus y Parque Científico y Tecnológico que llevaba anexo ni siquiera se empezó, sencillamente porque, aunque naciera con la mejor intención –hay quien dice que también con algún contubernio de intereses entre promotores, empresarios y la administración regional de Barreda, muñido en restaurantes y despachos de Toledo y Madrid-, no era económicamente sostenible ni viable, menos aún en los tiempos ya de inminente crisis en que se intentó gestar, por lo que jamás pasó de ser una maqueta y una virtualidad, rodeada de mucha propaganda y cohetería, eso sí”. Si alguien quiere leer este artículo al completo, titulado, por cierto, “Mejor el centro”, le facilito el enlace: http://guadalajaradiario.es/blogs/jesusorea/2015/03/

Aunque estoy de acuerdo con Page en que, a partir de ahora, lo mejor es mirar hacia adelante y hacer realidad, lo antes posible, ese nuevo campus en Guadalajara, de vez en cuando conviene echar un vistazo atrás para saber de dónde partimos, hacia dónde vamos y con quién tratamos. Y en ese echar un vistazo atrás nos podemos encontrar, por ejemplo, con que la Junta no siempre cumple sus compromisos con Guadalajara, incluso los firmados en Convenio, como ocurrió con el Proyecto de Singular Interés que se desarrolló en el Fuerte: la urbanización de los terrenos se demoró más de tres años y la Junta, a pesar de lo estipulado en el Convenio, aún no ha rehabilitado ni acondicionado el edificio del antiguo Convento de San Francisco y, respecto a las naves del antiguo TYCE, solo se ha actuado en las que ocupa el Centro Joven. De la famosa y costosa maqueta que el PSOE mandó hacer y publicitar, como si no hubiera mañana, con recursos públicos en la campaña electoral de 2003 para “vender” su propuesta partidista para el Fuerte, echamos de menos la construcción en sus terrenos de un Palacio de Congresos, una Residencia de Mayores, campos de fútbol y no sé cuántas cosas más, pero muchas. Cuatro años antes, también en campaña electoral, un alto cargo del PSOE, incluso habló de construir en el Fuerte un Parador de Turismo ¡Que fuerte!

Por cierto, por si a alguien le cabe alguna duda de lo que yo considero que es la política toledana, este episodio de la maqueta del Fuerte es un gráfico ejemplo. Espero que el proyecto de ampliación del campus universitario de Guadalajara en el centro histórico no se quede solo en una realidad virtual, sino que se concrete en un hecho material. Y pronto, que el tiempo, como el cóndor andino, pasa, y ya se ha perdido mucho, demasiado.

Palabras con coleta

En política se suele hablar mucho y decir poco, pero lo malo es que aún se hace menos y lo peor llega cuando no se cumple lo que se dice. Esta reflexión, casi un trabalenguas, me ha venido a la mente escuchando lo mucho que se está hablando en las últimas semanas por parte de los dirigentes políticos ante la compleja situación en que ha quedado la gobernabilidad de España tras las elecciones del 20-D, sin mayoría absoluta para ningún partido y con mayorías simples también muy complicadas de alcanzar, y, de alcanzarse, complicadísimas de gestionar y hacerlas funcionar razonablemente.

Antes de celebrarse las elecciones generales hasta parecía que las nuevas fuerzas políticas emergentes, fundamentalmente Ciudadanos y Podemos, podían venir a traer aire fresco a la política tradicional española, obligando a los partidos más veteranos a cambiar sus formas, reformar sus programas y renovar sus rostros de referencia ante el empuje de la novedad y su propio desgaste, sobre todo el producido por la corrupción. Aunque algunos intenten disimularlo, especialmente ahora el PSOE que se pasa el día afeando al PP sus casos de corrupción pero mira para otro lado con los suyos, esta lamentable lacra política va por barrios, como la risa, y suele ser directamente proporcional al poder que se detenta, por lo que los principales partidos afectados por ella son los que más tiempo se han repartido el poder en España y en sus comunidades autónomas, o sea, PSOE, PP y CiU, lo que ahora ha devenido en DL, que es Convergencia sin Unió y sin “seny”. El problema es que las cuentas de ingresos de algunos, que apenas han tocado aún “pelo” de poder, ya huelen a chamusquina venezolana e iraní, dos países en los que la libertad vale muy poco y la seguridad jurídica brilla por su ausencia, dos pilares básicos de un Estado verdaderamente democrático.

El aire fresco que se presuponía iban a traer a la escena pública algunos partidos emergentes, a día de hoy, está ya muy viciado para el poco tiempo que llevamos respirándolo y, con esto, no quiero meter en el mismo saco a unos y otros porque sería tan injusto como decir que todos los políticos son iguales, aunque a veces lo parezca. De entre las fuerzas que han irrumpido en el Congreso con más ímpetu, quien me parece que está contaminando muy pronto el aire político es Podemos, acaso porque ya ha tenido que dejar de moverse sólo en el hábitat que mejor domina, la comunicación y, especialmente, las redes sociales, y comenzar a enseñar la “patita” con sus primeros pasos parlamentarios; una “patita” que, evidentemente, no es morada, sino roja intensa, aunque intenten disimularlo para tratar de ampliar su base electoral, lo que nunca consiguió IU vendiendo rojo y verde, pero ellos sí lo han logrado y a la primera.

Podemos ha venido manejando bien los tiempos hasta ahora, algo clave en política, pero mucho me temo que la ambición de Pablo Iglesias y de sus conmilitones más cercanos ha roto más pronto de lo razonable el saco de ese control del tempo cuando, de una manera humillante para el PSOE, le propuso un pacto de gobierno a través de televisión –donde nació y creció el partido morado-, sin respetar el “tiempo de Rajoy” -expresión acuñada por el mismísimo Pedro Sánchez-, autoproponiéndose como vicepresidente y repartiendo carteras entre sus colaboradores y amigos como el que da cartas en una partida de mus. Hablar antes de cargos que de programas no es regenerar la vida política, es devolverla a las cavernas.

Esa propuesta fue un error en tiempo y forma, aunque estoy convencido que el líder del PSOE, pese a que la afee en público por los modos empleados para formularla, va a tratar de hacerla posible porque un pacto socialista con Podemos, IU y algunas de las fuerzas nacionalistas e independentistas del Congreso es su pasaporte a la presidencia del gobierno, a pesar de que ese batiburrillo de partidos e intereses tenga más peligro para España que una carcoma en un museo del mueble antiguo. La alternativa a un acuerdo del PSOE con fuerzas radicales e independentistas es la “gran coalición” que propone Mariano Rajoy y apoya Albert Rivera, es decir, un pacto de PP, PSOE Y Ciudadanos, que representaría al 70 por ciento del electorado, tranquilizaría los mercados, contribuiría a la recuperación económica y alejaría a España de la fractura independentista. Si Sánchez antepusiera el sentido común y el interés de Estado a su propia ambición y al tacticismo políticos, apoyaría esa “gran coalición”, pero, mucho me temo, que le pone mucho más ser el inquilino de la Moncloa como presidente, aunque sea gracias a una coalición explosiva, que ser el vicepresidente, pero de un gobierno con una amplísima base electoral.

Termino ya hablando de lo que vale la palabra de Iglesias que, lamentablemente, parece ser muy poco. Justifico esta aseveración sin especulaciones, acudiendo a las hemerotecas. Estas tres frases dijo Iglesias hace poco y esto dice o hace ahora:

–      “No formaré parte de un gobierno que no presida yo”. Es público y notorio que se ha propuesto como vicepresidente de un posible gobierno presidido por Pedro Sánchez.

–      “Todos los socios de Podemos: Mareas, En Comú y Compromís tendrán sus propios grupos parlamentarios”. Este compromiso lo adquirió sin saber -o, peor aún, si era a sabiendas- que el Reglamento del Congreso no lo iba a posibilitar. Finalmente, sólo habrá un grupo parlamentario de Podemos y los cuatro diputados de Compromís han intentando formar uno propio, sin conseguirlo.

–      “España es un Estado plurinacional. Es innegociable y una línea roja la celebración de un referéndum sobre la independencia de Cataluña”. El PSOE ha dejado claro que no va a apoyar ese referéndum, a pesar de lo cual Iglesias les ofrece un pacto, con los cargos ya repartidos y todo.

La contradicción entre lo dicho antes y lo dicho ahora por Iglesias se comenta solo. Es una frase hecha tan contundente como cierta la de que “un hombre vale lo que vale su palabra”. O como dicen los ingleses: “A man is only as good as his word” que, más o menos, viene a significar que “Un hombre es solo tan bueno como lo sea su palabra”. A las palabras con coleta, al menos por lo visto hasta ahora, se las lleva muy pronto el viento.

Enero requetefestero

Aunque el tiempo por excelencia de los enmascarados es el de carnaval -que este año llegará muy pronto, el primer fin de semana de febrero- en nuestra provincia, desde el mismo día en que principia el año, ya tenemos a nuestros singulares personajes tradicionales enmascarados, las botargas, revolucionando el cotarro, danzando, saltando, requebrando y trajinando por los pueblos, con sus coloridos atavíos y sus ruidosos cencerros y cascabeles, más para algarabía que para pánico de chicos. Se supone que las botargas deberían dar miedo, pero, en los tiempos que corren, los pocos chiquillos que nacen o viven en los pueblos ya lo hacen avisados y, más que miedo, las botargas les dan risa, probablemente porque la tosquedad y simpleza de sus máscaras están muy alejadas de la sofisticación y complejidad de los enmascarados de las grandes producciones cinematográficas, que son las que verdaderamente marcan la pauta de las modas, copan los medios y hasta condicionan los miedos.

calendario1Apenas unas horas después de que el Año Nuevo se estrenara, ya en Alarilla salió por sus calles el Zarragón, la botarga más madrugadora de la provincia junto con la de casados de Robledillo de Mohernando. No tenemos noticias de que este año haya salido la botarga de Humanes, también campiñera y vecina de ambas, que igualmente solía salir el 1 de enero, después de recuperarse hace ya algunos lustros tras haber desaparecido durante décadas. Si volvió a salir la botarga de Humanes, me alegro de ello; si no lo hizo este año, espero que vuelva a hacerlo pronto pues no estamos para perder lo que tanto costó recuperar. Como en “Por quién doblan las campanas”, de Hemingway, al igual que las de la muerte tañen en un conflicto bélico civil por todos, cuando se pierde una seña de identidad tradicional, aunque sea en un lugar determinado, todos la estamos perdiendo un poco.

El domingo pasado, en Valdenuño Fernández, volvieron a salir la botarga y los danzantes del Santo Niño, como los días 19 y 20 saldrá en Montarrón la botarga de San Sebastián, el 23 la de San Pablo, en Fuencemillán -en esa misma fecha salía la desaparecida de San Ildefonso, en Taracena-, el 24 se echarán a la calle las botargas y mujigangas en Málaga del Fresno, la botarga de San Sebastián y el bufón en Mohernando, y la botarga infantil en Robledillo. Para la Paz, además de una hora más (de sol, respecto al solsticio de invierno), como dice el refranero, en Mazuecos saldrá la vistosa e histórica Soldadesca acompañada de la botarga, una de las pocas que quedan por la Alcarria baja, junto con la de Albalate, pues este tipo de enmascarados tradicionales son, fundamentalmente, campiñeros y preserranos. El 30 de enero, en Beleña de Sorbe, el mensario tradicional tiene su cita con la adelantada fiesta de las Candelas, botarga incluida. Y, ya en febrero, aún nos esperan otras Candelas con botarga el día 2 en Arbancón, el pueblo del “Mere”, ese gran constructor artesanal de las mejores máscaras de botarga en madera, toscas, sí, pero genuinas y que el plástico industrial jamás podrá si quiera igualar, por muy elaboradas y bien terminadas que estén. Por San Blas, además de no tener que volver las cigüeñas porque hace ya tiempo que dejaron de marcharse, los que sí regresan son las botargas y los danzantes de Albalate de Zorita; en esa misma fecha, en Peñalver, volverá a salir su botarga, hace años rediviva. Y, ya en carnaval, concretamente el sábado, día 6, las coloristas botargas y mascaritas tomarán de nuevo las angostas y cuestudas calles de Almiruete; al día siguiente, Retiendas vivirá su tradicional botarga de la Candelaria y, para cerrar el ciclo botarguero, el martes de carnaval saldrá de nuevo a la calle la botarga de Tórtola de Henares que, si no estoy equivocado, es la última recuperada.

Y entre botarga y botarga, tenemos próximas citas con otros enmascarados singulares de la provincia, como los Diablos de Luzón, los Vaquillones de Robledillo, y los Vaquillones y Zorramangos de Villares de Jadraque (sábado de carnaval) cerrándose el ciclo de este tipo de personajes cuando acaba el tiempo de antruejo y comienza la cuaresma con los Chocolateros de Cogolludo (miércoles de ceniza).

calendarioAunque pueda parecer que enero es un mes que sólo tiene cuesta, por lo mucho gastado y disfrutado en diciembre, y de encefalograma plano festivo después de tanta celebración navideña, como habrán podido comprobar, al menos en la provincia de Guadalajara, hay fiestas para dar y tomar y donde elegir; enero es, pues, un mes requetefestero. Al fin y al cabo, como decía mi amigo Javier Borobia, “los dioses no emigran”, y en estas fiestas del ciclo de invierno, como corroboraría mi también amigo José Ramón López de los Mozos, las botargas son, fundamentalmente, talismanes de fertilidad de la tierra que ahora duerme para despertar y revivir en la primavera avanzada y el primer verano.

No quiero terminar este post sin comentar que todos los datos de citas festivas aportados en él han sido tomados del “Calendario de Fiestas Tradicionales de la Provincia de Guadalajara”, que viene editando la Diputación de Guadalajara desde 1987, y del que han sido habituales realizadores, en su calidad de técnicos de la institución provincial, el ya citado López de los Mozos y José Antonio Alonso, quien, al jubilarse el primero hace unos meses, es desde este año su principal responsable, en colaboración con Ana López. Un calendario este de 2016 en el que, acertadamente, se ha tenido en cuenta que se conmemora el centenario del nacimiento de Camilo José Cela, acompañando a las buenas y bien escogidas fotografías representativas de cada mes una oportuna cita del Nobel gallego extraída del “Viaje a la Alcarria”. Las cosas bien hechas, bien parecen, y este calendario está muy bien hecho.

El concierto de “san ofidio”

En el año recién estrenado, 2016, se van a conmemorar, espero que con magnanimidad y estoy seguro que con unos programas dignos, los centenarios de los nacimientos de Camilo José Cela (Iria Flavia –Padrón-, La Coruña, 11 de mayo de 1916) y de Antonio Buero Vallejo (Guadalajara, 29 de septiembre de 1916), dos de los más importantes escritores españoles del siglo XX  y, como es sabido, ambos estrechamente vinculados a la provincia de Guadalajara, en el caso de Cela por ser el autor de “Viaje a la Alcarria”, uno de los mejores relatos de viajes escritos en la pasada centuria, y por haberse avecindado un tiempo en nuestra provincia, de la que fue “Hijo adoptivo”, y en el de Buero por haber nacido en la capital, de la que recibió los títulos de “hijo predilecto” y Medalla de oro, tanto de la propia ciudad como de la provincia.

Por razones profesionales, me consta que se lleva ya tiempo trabajando, tanto en la Diputación como en el Ayuntamiento, en la elaboración de sendos programas acordes con la gran estatura literaria de los ya próximos centenarios; de hecho, el Presidente de la institución provincial, José Manuel Latre, presentó públicamente hace algunas semanas las líneas maestras del programa del centenario de Cela y el Vicepresidente 3º y Diputado Delegado de Cultura y Educación, Jesús Herranz, anunció ya en octubre que también se trabajaba en el centenario de Buero, en este caso muy de la mano con el Ayuntamiento, como no puede ni debe ser de otra manera. La reciente aprobación unánime de una moción en el ayuntamiento de Guadalajara, presentada por “Ahora” y transada por el equipo de gobierno del PP, por la que se proponía celebrar el centenario de Buero con un programa de actos adecuado, ha venido a sumarse a los anuncios e iniciativas institucionales al respecto de estas efemérides.

Aunque desde el simplismo alguien tenga la tentación de contemplar únicamente la figura de Cela como un autor próximo a la derecha y la de Buero con un dramaturgo muy comprometido con la izquierda, espero que a ambos se les homenajee, no por sus filias o fobias políticas, sino como los dos grandes escritores del XX que fueron, hasta el punto de que el gallego llegó a ser Premio Nobel de Literatura en 1989 y el alcarreño candidato al mismo en varias ocasiones. Lo que sí recibieron ambos es el Premio Cervantes, Buero en 1986 y Cela en 1995, entre otros importantes galardones. También fueron ambos académicos de la RAE, Cela ocupando el sillón “Q” desde 1957 y Buero el  “X” desde 1971. No eran amigos, no; ni se trataron especialmente, pero a los literatos de envergadura, como son ambos, no cabe juzgarles por sus simpatías políticas ni personales, sino por sus obras y los dos, sin duda alguna, comparten el hecho de haber llegado al más alto de los escalones de la literatura española contemporánea, en el caso del gallego gracias a su magnífica producción de novelas y ensayos, y en el del guadalajareño, merced a su extraordinaria obra como dramaturgo. Insisto, para quienes tengan la tentación de tratar ambos centenarios a través del filtro exclusivamente político, mi rechazo; el sectarismo es un pésimo consejero, miope y tórpido.

Por cierto, hablando de mala praxis política, me consta que tras la muerte de Buero Vallejo, acaecida en Madrid en 2000, se intentó poner en marcha una fundación bajo su nombre, para gestionar y proyectar su enorme legado literario, y que ello no fue posible, fundamentalmente, por (malas) razones políticas, al no ponerse de acuerdo las instituciones públicas regional, provincial y local, entonces, como ahora, gestionadas por distintos partidos. Espero, y deseo, que con motivo del próximo centenario de su nacimiento, y ya con el cadáver de Buero bien frío, las instituciones públicas correspondientes y la familia se pongan de acuerdo para constituir de una vez por todas esta, a mi juicio y el de muchos, necesaria fundación.  Sólo faltaría que, como en la obra de Buero homónima, “La Fundación” (1974), esta necesaria institución que debe llevar su nombre y trabajar por difundir su obra, en vez de ser una habitación “lujosa”, fuera en realidad una cárcel, considerada ésta como la ceguera –tanto y tan bien tratada por nuestro paisano en sus obras-  de unos responsables públicos muy irresponsables. Mejor “El concierto de San Ovidio” que el de “san ofidio”.

Como dejó escrito Buero, “duda cuanto quieras, pero no dejes de actuar”. Con responsabilidad, sentido común y altura de miras. Esto último lo añado yo, pero estoy seguro que mi primo Toni lo suscribiría.

20 D: más vencidos que vencedores

                Las elecciones generales del 20 D han vuelto a dejar más perdedores que ganadores, como las autonómicas y locales de mayo, aunque, como es habitual, casi todos los partidos se han proclamado vencedores relativos de las mismas, a falta de que ninguno lo haya sido absoluto. El caso es que el bipartidismo ha dado paso al multipartidismo, habrá que ver si de manera coyuntural o definitiva, y ahora está por comprobar si le es más útil a España este nuevo parlamento sin mayorías absolutas y verdaderamente fragmentado, que los anteriores en los que entre el PP y el PSOE, con mayorías absolutas o simples, se han ido repartiendo las presidencias del gobierno desde 1982, tras dos legislaturas previas de la UCD en 1977 y 1979. Sin ser un defensor a ultranza del bipartidismo, que tiene sus vicios y defectos, sin duda, sí que reconozco que aporta estabilidad y certidumbre a la política y que suele ser lo que impera en los países con más tradición democrática: en Inglaterra, Laboristas y Conservadores; en Francia, Republicanos y Socialistas; en Alemania, Democristianos y Socialdemócratas; en Estados Unidos, Demócratas y Republicanos,…

                He comenzado afirmando que en el 20-D ha habido más perdedores que ganadores y así lo creo y así me explico, analizando los resultados de las cuatro fuerzas políticas más votadas el domingo:

–  El PP ha ganado las elecciones, efectivamente, pero tendrá muy difícil formar gobierno, salvo que el PSOE se lo permita, algo que me parece improbable porque a la izquierda, aunque sea mucha y distinta, como lo es la que ha entrado en el Congreso, le gusta sobremanera aplicar “cordones sanitarios” para aislar a la “derecha”. Aún me parece más improbable que PP, Ciudadanos, DL –la nueva marca del partido de Artur Mas- y PNV sumen sus votos (177) para gobernar pues sus políticas territoriales son incompatibles.

– El PSOE (90 diputados) ha obtenido el peor resultado electoral de su historia en esta etapa democrática y, sin embargo, su líder, Pedro Sánchez, lejos de asumir este varapalo marchándose a casa, ya se frota las manos pensando que puede llegar a ser presidente del gobierno gracias al ya referido “cordón sanitario”, que dejaría al PP (123 diputados) y a Ciudadanos (40) en la oposición, mediante la suma de votos o abstenciones tácticas de la variopinta izquierda salida de las urnas y, por supuesto, de los partidos nacionalistas, incluso aquellos que son más de derechas que el propio PP que, haberlos, haylos….

–  Podemos (69 diputados), ha irrumpido en el Congreso con una gran fuerza y puede hacer mucha política con su representación –la duda es de qué tipo, aunque lo seguro es que será muy de izquierdas-, pero no ha alcanzado su objetivo de superar en votos y escaños al PSOE y, literalmente, convertirlo en un partido marginal, como era su objetivo.

–  Ciudadanos (40 diputados), al igual que Podemos, ha accedido con potencia en el nuevo parlamento y también tendrá influencia en él, aunque sea relativa, pero el partido de Rivera aspiraba a ser una fuerza decisiva y poder inclinar el gobierno hacia el PSOE o el PP y eso ya no va a ser posible.

Con esta “italianización” de nuestro parlamento nos hemos metido en un buen lío, porque, si alguien consigue formar gobierno, van a estar dándole collejas los unos y los otros de manera permanente y, más que una asamblea política, va a parecer que en la Carrera de San Jerónimo se ha instalado un mercado persa, a juzgar por lo mucho, distinto y muy caro que allí se va a vender todo. Tengo muchas dudas al respecto, pero espero que nadie venda a España y, mucho menos aún, que la alquile, algo que encantaría a los nacionalistas que, no me cabe duda, estarían dispuestos a prestar su voto a una coalición PSOE+Podemos, a cambio de que les alquilen una España federal para después poder comprar a precio de saldo la independencia para sus regiones, o casi, que viene a ser lo mismo.

Respecto a los resultados habidos en Guadalajara, destacar que, por primera vez, tres partidos (PP, PSOE Y Ciudadanos) van a tener un diputado nacional cada uno por la provincia, rompiéndose así el tradicional reparto de 2 (PP) y 1 (PSOE) que se viene produciendo y repitiendo desde 1986. Dos datos a tener en cuenta: el PP ha perdido casi un 20 por ciento de voto sobre su mejor resultado, habido en 2011, y el PSOE ha perdido más de un 5 por ciento, pero sobre su peor resultado, también en 2011. Podemos se ha quedado a 819 votos de arrebatar el diputado nacional por Guadalajara a Ciudadanos y el PP a 905 votos de alcanzar el segundo, lo que ha dejado al “paracaidista” Ramón Aguirre compuesto y sin acta, pero con el “colorao” calentito que se ha llevado estos cuatro años como presidente de la SEPI. Por el contrario, la “paraca” Mari Luz Rodríguez, número uno del PSOE por la provincia, sí ha obtenido aquí su acta, contribuyendo involuntariamente a renovar la histórica vinculación de esta provincia con la aerostación y la aeronáutica, no sólo militares, sino también políticas.

Parece evidente que los populares han pagado el desgaste de cuatro años de gobierno muy difíciles por la complicada situación económica que heredaron, pero lo sorprendente es que el PSOE siga desangrándose electoralmente en una provincia como la nuestra que, no olvidemos, gracias a los dos escaños socialistas aquí logrados en mayo pasado y al que obtuvo Podemos, dio a los socialistas el gobierno de la región. Aunque proyectar resultados de unos comicios a otros es simplemente especular, destacar que el porcentaje de votos obtenidos ayer en la provincia, sumados los de PP y Ciudadanos, se eleva al 52,85 por ciento, mientras que PSOE y Podemos tan sólo suman el 39,99 de los votos, algo que seguramente habrán subrayado en el análisis electoral que hayan hecho en el Palacio de Fuensalida.

En todo caso, tanto PP como PSOE se lo tienen que hacer mirar en esta provincia si quieren recuperar su histórica hegemonía y no seguir cediendo terreno a los partidos emergentes. Ambas formaciones, a mi juicio, necesitan renovar liderazgos, ampliar bases, desterrar prepotencias y construir discursos y acciones políticas atractivas, especialmente para el voto joven, que ha dado la espalda a ambos.

¡Cómo hemos cambiado!

Como dice la canción de Presuntos Implicados “¡cómo hemos cambiado!” Y no me estoy refiriendo a la pérdida de una vieja amistad de la que habla el tema de Sole Giménez, ni a lo que nos ha hecho el tiempo en nuestra piel con su paso, sino al mapa y el panorama políticos, sobre todo si lo comparamos con los albores de la democracia, allá por los finales de los años 70 del siglo XX, que es cuando fueron tomadas las dos curiosas fotos que acompañan este post. En una, se reproduce uno de los carteles electorales con los que Adolfo Suárez pidió el voto para la histórica y hace ya muchos años extinta UCD reclamando premio por haber cumplido –“dicho y hecho”-, al conseguir aprobar sólo unos meses antes la Constitución de 1978, apenas tres años después de la muerte de Franco y por amplio consenso. En la otra foto -de la que es autor mi amigo Luis Barra y al que pido escusas por su mala reproducción pues está tomada con la cámara de un móvil sobre un viejo ejemplar de “Flores y Abejas” de 1979- se advierte la fachada del entonces Banco Hispano Americano, que hacía esquina entre la calle Mayor y la Calle Topete –donde hoy está, en un nuevo edificio, la sede social de Quabit-, absolutamente repleta de carteles electorales, algo, por fortuna, impensable hoy pues las formas de publicitación y propaganda de los partidos han cambiado también mucho y ya no hay riesgo de que vayas por la calle y te empapelen con un cartel electoral, como ocurría antes. Algunas cosas han cambiado a mejor, sin duda; pero otras, no.

foto antiguaAunque reconozco mi punto historicista, mi interés y afecto por las tradiciones y mi cierta inclinación nostálgica, yo no soy de los que se aferran a la famosa frase de Jorge Manrique en las “Coplas a la muerte de su padre” que asevera que “cualquier tiempo pasado fue mejor”, pero sí que pienso que los nuevos tiempos no son necesariamente mejores que los pasados, como no pocos se empeñan en hacernos creer. Una cosa es realizar reformas para mejorar las cosas y progresar, y otra muy distinta es cambiar por cambiar o por hacer algo distinto a lo que otros han hecho, por no pensar como ellos o por tratar de distanciarse y diferenciarse. Y lo peor de todo es querer cambiar las cosas imponiendo tu ideario y doctrina y negando a los demás; eso anda muy cerca de un grave mal que aquejó a Europa durante buena parte del siglo XX y que fueron las dictaduras, tanto las de corte fascista como las comunistas.

En esta línea de pensamiento, estoy en completo desacuerdo con quienes, especialmente desde el populismo de izquierdas –o sea, Podemos, que espero que no puedan, ni solos ni en compañía de otros-, quieren liquidar la Constitución “de la Concordia”, que es como creo que debía ser conocida y reconocida por todos la “ley de leyes” del 78, en honor a la frase que acuñó Suárez: “Y la concordia fue posible”, que es también su epitafio. Y algunos quieren liquidar, que no reformar, la vigente Constitución porque no pretenden sólo modificar o ampliar algún articulado puntual de ella, sino que buscan darle la vuelta a España como a un calcetín para que deje de ser una monarquía parlamentaria y se convierta en república -lo que sólo ha sido seis años en la historia, en dos etapas, y no precisamente de convivencia, paz y progreso-, para que el autonomismo –que, bien concebido, pero mal aplicado, ha llevado a las puertas del separatismo, ahora a Cataluña, y antes al País Vasco, y a que no todos los españoles seamos iguales ante la ley- se eleve al cuadrado con el federalismo –que sólo imperó unos meses en la Primera República-, y, en fin, para dotar a la Carta Magna de un contenido ideológico netamente de izquierdas, muy cerca del sectarismo y la imposición y muy alejado del consenso. Lo dicho, espero que no puedan, ni los de Podemos, ni sus limítrofes ideológicos de IU –ahora Unidad Popular, siempre PCE-, ERC, BNG, EH-Bildu e, incluso, del PSOE que, aunque ahora está a la greña y pelea el voto con los de Pablo Iglesias, no dudo que si la matemática electoral que salga del 20-D se lo permite, con tal de gobernar hará posible que los de Podemos puedan.

Cartel UCD elecciones 1979Todo apunta a que de las próximas elecciones generales que, por primera vez en esta etapa democrática, se van a celebrar con el turrón ya en las bandejas, va a salir un parlamento sin mayoría absoluta y muy fragmentado, con cuatro partidos como grandes acaparadores del voto: PP, PSOE, Ciudadanos Y Podemos. Toca, pues, hacer de la necesidad virtud y buscar la concordia que siempre supone un pacto, recuperando el llamado “espíritu de la Transición”, que algunos quieren enterrar, cuando lo bueno para España sería que renaciera. De las varias posibilidades que se pueden abrir a pactos poselectorales en función de las encuestas, la que más me agrada a mí sería que, si la fuerza más votada es el PP, éste llegara a un acuerdo, al menos de investidura, con Ciudadanos, aunque lo ideal sería de gobierno, pero parece que Albert Rivera no está por la labor.  Reconozco estar decepcionado porque la corrupción haya llegado a colarse hasta en la sede de la calle Génova, preocupado por algún que otro vaivén ideológico y desilusionado por las actitudes políticas y personales de algunos líderes del PP, pero el domingo voy a votar lo que acostumbro porque España no está para experimentos –éstos, con gaseosa, como dijo Eugenio D´Ors, y ya es la segunda vez que lo cito en poco tiempo- y lo que ofrecen Sánchez y Podemos, al menos para mí, es mucha burbuja y no de cava precisamente, aunque también, por el federalismo al que se ha apuntado el PSOE ante el “procés” catalán y el referéndum de independencia vinculante que defiende Iglesias.

Y una vez que me he mojado, pido, mejor dicho, exijo al PP, una regeneración y una renovación internas de calado, no solamente cosméticas, un afianzamiento ideológico en el liberalismo con la sensibilidad social que exigen los tiempos y una tolerancia cero con la corrupción.

 

 

El día de

Recuerdo nítidamente cuando, siendo niño, en casa de mi amigo Felipín, en Taracena, en una televisión en blanco y negro que tenía un curioso filtro adherido a la pantalla para similar la imagen en color, vi por primera vez una película bélica que dejó hondo recuerdo en mí y que, casi cincuenta años después, aún pervive: Se trata de “Día D Hora H”, uno de los numerosos films basados en el histórico y decisivo Desembarco de Normandía, en la Segunda Guerra Mundial, que acaeció el 6 de junio de 1944. Desde entonces, “el día D” para mí –como ya lo era para la historia desde aquella histórica fecha-, es ese 6 de junio del 44 en el que los “Aliados” llevaron a cabo la llamada Operación “Overlord”, en la que desembarcaron masivamente hombres, pertrechos y material bélico en las costas de la Bretaña francesa, hecho clave para derrotar final y definitivamente a Hitler once meses después. Un “día D” al que siguieron muchos y que no salió barato, precisamente, pues el ejército aliado pagó el alto precio de 225.000 soldados muertos, cifra sólo ligeramente inferior a la que pagaron los alemanes. La película de la que hablo es una pieza menor de la filmografía, rodada en 1950, dirigida por un semidesconocido Lewis Seller y protagonizada por actores poco reconocidos como David Brian o John Agar, entre otros muchos, pues se plantea, obviamente, como una cinta coral, al ser muchos los personajes que intervienen en ella y tratarse, fundamentalmente, de una visión panorámica del desembarco.

Pero si el “día D” sigue siendo, para mí y para muchos, aquél memorable 6 de junio de 1944, al echar un vistazo al calendario veremos que hay muchos “días de” –“de”, en este caso, como preposición, no como letra aislada en clave cronológica militar- a lo largo del año, especialmente en el mes de noviembre que acabamos de despedir, en el que se concentran 15 jornadas oficiales dedicadas a distintos fines -y avaladas por importantes organismos internacionales, como la ONU, la UNESCO, la OMS,…- y una “Semana de”, concretamente la de la Ciencia y la Paz, que aquí, en Guadalajara, ha celebrado especialmente, del 8 al 14, con un amplio e interesante programa de actos, la sede en nuestra provincia de la Fundación Parque Científico y Tecnológico de Castilla-La Mancha.

Esta es la larga y curiosa nómina de los “Días de” -no confundir con el “Día D” de junio del 44, ni con otros “días D” colectivos o personales- que se han conmemorado en noviembre:

–          2:  Día internacional para poner fin a la impunidad de los crímenes contra periodistas.

–          6: Día internacional para la Prevención de la Explotación del Medio Ambiente en la Guerra y los Conflictos Armados.

–          10: Día Mundial de la Ciencia para la Paz y el Desarrollo.

–          12: Día Mundial contra la Neumonía.

–          14: Día Mundial de la Diabetes.

–          15: Día Mundial en recuerdo de las víctimas de los accidentes de tráfico.

–          16: Día Internacional para la Tolerancia.

–          18: Día Mundial de la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica.

–          19: Día Mundial de la Filosofía y Día Mundial del Saneamiento.

–          20: Día de la Industrialización de África y Día Universal del Niño.

–          21: Día Mundial de la Televisión.

–          25: Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

–          29: Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino.

Evidentemente, ninguno de estos “días de” es para tomárselo a chufla, como dice el poema de José Carlos de Luna que la gente se tomaba al “Piyayo”, pero sí que resulta, cuando menos curioso, que hasta el saneamiento o la filosofía tengan un “día” al año, sin menospreciar la contribución que el saneamiento hace en favor de la higiene y salubridad públicas, y mucho menos a la filosofía que, como la definió Heidegger, “implica una movilidad libre en el pensamiento y es un acto creador que disuelve las ideologías”, por lo que, aunque sólo fuera por ello, merece celebración. Y no es que yo esté en contra de las ideologías, bien al contrario, de lo que estoy en contra es del sectarismo –y, a veces, el totalitarismo- al que algunos las derivan, inclusive, el mismo Heidegger, que militó en el partido Nazi y fue antisemita. Quien, por tanto, también tuvo su “Día D” en Normandía.

Y atención a estos tres “días de” que se celebran, entre un total de doce, en diciembre:

–          9: Día internacional contra la Corrupción.

–          10: Día de los Derechos Humanos.

–          20: Día Internacional de la Solidaridad Humana.

¿Se imaginan un mundo sin corrupción, en el que se respeten los derechos humanos y la solidaridad sea norma de comportamiento común y no excepción? Pues, lamentablemente, está más cerca de ello que la ONU fije una fecha para celebrar el “Día del Iluso”.

11- S, 11-M y 13-N

                 Aunque el 11-M de 2004 los españoles vivimos muy de cerca el horror que sembró la barbarie terrorista en los brutales atentados a varios trenes de cercanías de Madrid, saldados con 192 muertos y alrededor de 2000 heridos, el 13-N, cuando tuvimos noticia de los atentados de París, cuyo balance provisional de muertos se sitúa en los 130 y el de heridos en 350, el horror ya conocido en nuestras propias carnes no palió, ni mucho menos evitó, que nos horrorizáramos con el que vivieron los parisinos en las suyas propias.

El terrorismo, cuando ataca, se lleva por delante víctimas con nombres y apellidos, sí, pero en el fondo nos amenaza y ataca a todos, porque cualquiera podemos ser sus víctimas, en cualquier momento y en cualquier lugar, ahí está la dificultad de combatirlo y es ahí donde radica el provecho de practicarlo para sus asesinos promotores que, con sus bárbaras acciones, consiguen propaganda de sus postulados, al tiempo que nos amedrentan a todos. Maquiavelismo en estado puro: los terroristas creen que el fin –sea éste cual sea: luchar contra los que ellos llaman y consideran “infieles”, conseguir la independencia de un país, dominar una región para fomentar impunemente el narcotráfico, etc.-, justifica los medios, es decir, los atentados y las matanzas salvajes e indiscriminadas, como las de Nueva York el 11-S de 2001, las de Madrid el 11-M de 2004 o las de París el 13-N de 2015, entre otros muchos.

No hay fórmulas mágicas para luchar contra el terrorismo; de haberlas, ya se hubieran puesto en práctica y evitado muchas muertes, mucho dolor, mucho sufrimiento y mucho miedo. Como todos los grandes males que aquejan a la humanidad, considero que la mejor forma de lucha contra el terrorismo es la formación y la educación en valores realmente democráticos –y, por ende, humanos- que, aunque mejorables, al menos en su praxis, sin duda son los que más alejados están del dogmatismo y la intolerancia, que es la tierra sembrada, abonada y bien regada en la que nace, crece y se multiplica el terrorismo. En ese tipo de terrenos es, precisamente, en los que se cultiva el fundamentalismo religioso, como es el llamado “yihadismo”, que es el que ha estado detrás, delante, a un lado y a otro de los atroces atentados parisinos y que, con otros nombres, lo estuvo detrás de los de Nueva York y Madrid. Pero la educación es una solución a medio y largo plazo; a corto, aplíquense las medidas que deban aplicarse, siempre desde la legalidad y la legitimidad que deben imperar en los estados democráticos y, de entre ellas, la fuerza si hace falta.

No quiero pisar terrenos resbaladizos, ni meterme en camisas de once varas ni en harinas de otro costal, ni mucho menos darles un solo céntimo de euro a los pregoneros y practicantes del terror abriendo debates sobre las distintas formas de reacción de unos países y otros cuando han sufrido en sus propias carnes la barbarie terrorista, pero es evidente que éstas no han sido iguales y, sinceramente, me parece que los franceses están dando una gran lección al mundo cerrando filas con su gobierno, aún sin compartir muchos de ellos sus ideales y, ni siquiera, aprobar algunas de las medidas que está adoptando. Cuando es atacado un Estado democrático de la manera tan brutal que lo ha sido hace unos días Francia, lo primero que se debe hacer es reforzar y apoyar la labor de su gobierno; después, cuando los terroristas estén en el cementerio o en prisión, cuando los heridos ya estén curados o en vías de estarlo y cuando la cicatriz abierta por el horror comience ya a cerrarse, pueden abrirse los debates que se tengan que abrir, pero no antes. En España, el 11-M, bien sabemos todos que no ocurrió eso, sino más bien lo contrario, hasta el punto de que ya casi nadie discute que los terroristas condicionaron hasta el resultado de las elecciones generales celebradas tres días después de los atentados de Madrid.

No soy un francófilo empedernido, incluso me molesta mucho la práctica del “chauvinismo”, o sea, de la prepotencia, tan extendida en el país galo y especialmente practicada contra los naturales de los países a los que los “chauvinistas” consideran inferiores, como es el caso de España, pero sí que admiro del pueblo francés su sentido de Estado unitario, su sentimiento de nación única, el respeto general que procuran a sus símbolos y el lema oficial de su República: libertad, igualdad y fraternidad, nacido en la Revolución de 1789, de la que surgieron los modernos Estados liberales, sepultando los vetustos y caducos del Antiguo Régimen y abriendo de par en par las puertas a la democracia que, como dicen que dijo Winston Churchill, “es el menos malo de los sistemas políticos”, aunque lo que realmente sí afirmó fue que “la democracia es la necesidad de inclinarse de cuando en cuando ante la opinión de los demás”. Pero la tolerancia tiene dos límites: la sinrazón y la barbarie.

Como decía el personaje de Humphrey Bogart al de Ingrid Bergman en “Casablanca”, “siempre nos quedará París”, la llamada ciudad de la Luz a la que el terror sólo podrá oscurecer por un tiempo porque la libertad, la igualdad y la fraternidad podrán con él.

 

 

 

Nieva el uno y veranea el once

San Martín, cuya festividad se celebra el 3 de noviembre, es un santo excepcional, no sólo por ser uno de los pocos de raza negra que hay en el santoral –en realidad era mulato-, sino porque a él se le atribuye tradicionalmente un “veranillo”, a la par que el momento en que comienza para los cerdos la cuenta atrás para acabar desollados en una artesa: “A todo cerdo le llega su San Martín”. Este dicho, que se suele utilizar metafóricamente cuando a alguien no muy apreciado le llega un mal momento, incluso su mismo final, tiene su origen en el inicio de la temporada de las matanzas de cerdos -algo que suena a cruel y hasta despiadado pero que era básico en las comprometidas economías rurales de antaño para aportar proteínas a sus diezmadas dietas-, que, efectivamente, principiaba después de Todos los Santos y se prolongaba hasta San Antón (17 de enero): “Por San Antón no tengas en la pocilga tu lechón”. O sea, que ser cerdo y estar en una corte en el corral de una casa de pueblo hace unas decenas de años –incluso no tanto- entre San Martín y San Antón era poco menos que sinónimo de estar en el “corredor de la muerte” y tener los días contados.

En los tiempos que corren, hablar de matanzas de animales, incluso aunque sean cerdos y ya nazcan como pasto de carnicería, puede herir muchas sensibilidades, pero, como apuntaba antes, en los que corrieron décadas atrás en nuestros pueblos era sinónimo de poder comer carne en el invierno, algo imprescindible para soportar sus rigores y poder trabajar duro, que era la única forma de trabajo de entonces. Ahora basta con tener un buen y amplio congelador para conservar muchos meses un cerdo entero, pero entonces había que acudir obligatoriamente a las técnicas de conservación tradicionales de la carne para que la matanza llegara hasta cuaresma: fundamentalmente el ahumado, que ya aplicaron los hombres prehistóricos; la salazón, de origen egipcio pero extendido su uso por los romanos, y la conserva en aceite, típicamente mediterránea, donde abunda el olea europaea, nombre científico de la olivera, el olivo o el aceituno, que son los nombres vulgares del árbol que produce el “oro verde”, como es llamado el aceite por su extraordinario valor en la cocina y en la despensa. Y dicen que hasta dentro del cuerpo, ingerido en su justa medida, por supuesto.

Que “del cochino se aprovecha todo”, incluso “hasta los andares”, puedo dar fe en primera persona pues, siendo niño, tuve la oportunidad de asistir a algunas matanzas en el pueblo de mi madre –o sea, el mío-, Taracena, que allí y en muchos otros lugares de la provincia se solían hacer en torno a la festividad de la Purísima, el 8 de diciembre, que, además, en este hoy barrio de la capital es la titular de la Iglesia. La matanza era un día de fiesta y muy señalado para los mayores, hasta tal punto que otra sentencia de uso común dice que algo o alguien “es más grande que el día de la matanza”. También lo era para los chiquillos, a quienes nos aterraban y alejaban los agudos, lastimeros e intensos gruñidos del cerdo cuando el matarife le clavaba el cuchillo en el cuello para desangrarlo,  pero en cuanto se callaba el animal, bien que nos acercábamos al corro matancero para que nos dieran los primeros somarrillos, asados en unas ascuas, e, incluso, la vejiga para jugar con ella como si fuera un balón, aunque ya teníamos entonces los llamados “de reglamento”. También se aprovechaban las vejigas de los cochinos para hacer zambombas e, incluso, rabeles de caña, una planta hueca y nudosa que abunda en el término de Taracena, especialmente en la ribera del arroyo de Santa Ana y, por supuesto, del Henares.

Aunque el día de San Martín, este año, fue lluvioso por estos lares, pronto ha escampado y nos ha traído su famoso “veranillo”, el segundo del otoño tras el de San Miguel, a finales de septiembre, pero que se agradece mucho más porque ya andamos metidos de lleno en tiempo fresco, como en Castilla llamamos al frío, y bueno es que tengamos alguna tregua de tempero soleado pues es fácil que ya no haya más hasta dentro de muchas semanas, cuando “febrerillo el loco saque a su padre al sol”, aunque después “le apedree”, como también dice la tradición. Bueno, la verdad es que los dichos y los refranes tradicionales tienen lo mismo para un roto que para un descosido; y, si no, aquí está un ejemplo: “por Los Santos -1 de noviembre-, nieve en los cantos” (hay otras versiones que dicen “en los altos”), para después hablar de que “por San Martín -3 de noviembre-, el veranillo ha de venir”.

En todo caso, lo que dejó inscrito Eugenio D´Ors en la fachada norte de la Casona del Buen Retiro es incontestable: “Todo lo que no es tradición es plagio”, que, por cierto, tiene su origen en un aforismo catalán; o sea, español.

P. D. Como más de un lector habrá advertido, el San Martín del  famoso “veranillo” no es el de Porres, que, efectivamente, se celebra el día 3 de noviembre, sino el de Tours, cuya festividad es celebrada sólo ocho días después, es decir, el 11. Dos “sanmartines” –y no me refiero al libertador de Argentina- en apenas ocho días, son mucha coincidencia y me han llevado al error. No me cabe otra, por tanto, que entonar el mea culpa, pedir perdón y rectificar el titular del post: Nieva el uno y veranea el once. En su contenido, me ratifico.

Crónicas de una tradición conquistada

                Aunque en mi penúltimo artículo ya hablé del 25, y más, aniversario del Tenorio Mendocino, me apetece retomar el tema porque da para mucho y, sobre todo, porque mi contribución y homenaje a Javier Borobia y a Gentes de Guadalajara por esta efeméride tiene forma y fondo de libro, se titula “Crónicas del Tenorio Mendocino” y se va a presentar/se ha presentado (para quienes lean este post en fechas posteriores)  el martes, 27 de octubre, a las 8 de la tarde, en la Sala “Tragaluz”, del Buero, apenas tres días antes de que Don Juan vuelva a su cita anual como figura que cabalga a lomos del amor y de la muerte, a la grupa del pecado, el arrepentimiento, la penitencia y el perdón en el paisaje monumental mendocino de la ciudad de Guadalajara.

Portada-Orea (2) André Malraux, uno de los políticos y novelistas franceses más citado –casi tanto como en España lo es Ortega y Gasset-,  decía que “la tradición no se hereda, se conquista”. Gentes de Guadalajara, efectivamente, como con absoluto acierto afirma Abigail Tomey en el texto  que ha escrito y que forma parte de mis “Crónicas del Tenorio Mendocino”, han conquistado para la ciudad una nueva tradición, algo que parece un contrasentido, pero que no lo es. La tradición siempre ha de tener un punto de partida, que ha de ser conquistado; después, aunque esa tradición se transmita de generación en generación, éstas han de reconquistarla de nuevo porque, de lo contrario, la pátina y el moho de lo que envejece, el desgaste del tiempo y la falta de renovación suelen ser causas de fuerza mayor que acaban con cualquier tipo de conquista, incluida una tradición. Heredar es un acto en pasiva, conquistar lo es en activa; heredar es esperar, conquistar es ir a buscar; en ello está la clave de lo afirmado por Malraux y lo hecho por Gentes de Guadalajara.

Cuando el Tenorio Mendocino empezó a gestarse en los bajos del Ventorrero, gracias a Javier Borobia y a los Amigos de la Capa, allá en 1984, incluso ocho años después, el 31 de octubre de 1992, cuando por primera vez se representó de manera pública, bastantes de los actuales miembros de Gentes de Guadalajara no habían nacido o eran apenas unos niños. Borobia, Borlán, Josefina, “Josepe”,… y demás pioneros del Mendocino conquistaron una nueva tradición para la ciudad porque nació con vocación de continuidad, no como una simple ocurrencia y flor de un día. Pero si el Mendocino hoy es posible no es porque Pepe Vegas, Abigail Tomey, Chema Sanz, Juan Aylagas, Felipe Sanz, Javi Barra, Diego Borobia y las demás Gentes de Guadalajara lo heredaran de los anteriores – y de los que, por cierto, algunos continúan aún implicados en el proyecto, como “Josepe” y Josefina, ante quienes me desembozo la capa y quito el sombrero- sino porque ellos y otros como ellos, que han estado o están ahí, cada año reconquistan la tradición del Tenorio Mendocino.

Toca hablar de mi libro, que no es sólo mío, sino de muchos, porque aunque yo lo haya escrito, nada tendría que escribir si el Tenorio Mendocino no existiera, lo que, de ocurrir, habría que solucionar inventándoselo porque, si no, esta ciudad siempre tendría un solar vacío y abandonado en su alma cultural, como los que socavan y menoscaban el casco histórico de la ciudad, el paisaje del Tenorio que la sociedad civil de Guadalajara conquistó como tradición para la ciudad y que sólo tiene riesgo de morir si en el futuro no se reconquista cada año. Abigail Tomey lo dice así de claro y bien en su texto publicado dentro de las “Crónicas del Tenorio Mendocino”: “Los sucesivos responsables serán los que tengan que alimentarla (se refiere a la labor de los actuales), crecerla, revisarla; para mantenerla viva”. Por su parte, el padre del Tenorio Mendocino, que es Javier Borobia, ya dijo al acabar la edición de 1993, la segunda, al hacer balance de la misma, que “había triunfado la ética de la ilusión frente a la ética del deber”. Sí, querido Javier, una vez más diste en el clavo porque, efectivamente, el día que el cumplimiento obligatorio del deber sustituya a la ilusión del hacer voluntario, es probable que Don Juan se quede en Sevilla, junto al Guadalquivir, y renuncie a volver cada año a Guadalajara, a orillas del Henares, esa ribera en la que el Arcipreste de Hita dijo en su Libro de Buen Amor que “sembró avena loca”; y no me extraña, porque si el Don Juan de Zorrilla sedujo hasta a una novicia, el protagonista del “buen amor” de Juan Ruiz fue capaz de seducir hasta quince mujeres, mezclándose también en su trama amor y burla, pecado y perdón.

Espero verles o haberles visto en la presentación de las “Crónicas del Tenorio Mendocino” porque, probablemente, pasarán o habrán pasado un buen rato, rindiendo homenaje con su presencia “a Javier Borobia y a todas las Gentes de Guadalajara: actores, figurantes, técnicos, realizadores, colaboradores y espectadores que han hecho posible la bendita aventura que ha sido, es y debe seguir siendo el Tenorio Mendocino”, que son a quienes he dedicado este libro que ese gran profesional y amigo que es Fernando Toquero ha diseñado con tan buen criterio estético como acierto editorial. Algo que podrán comprobar quienes se hagan con un ejemplar del mismo, lo que será posible merced a la iniciativa de Gentes de Guadalajara y a la colaboración del Ayuntamiento de la capital y la Diputación Provincial. Ha sido un placer escribirlo; gracias a Gentes por encargármelo –especialmente a Felipe Sanz Sebastián, que fue quien me lo propuso en nombre del colectivo-, a todas las instituciones y personas que han colaborado en su factura y al Ayuntamiento y la Diputación por apoyar y hacer posible su edición.

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