El Corpus, fiesta mayor en Guadalajara

Después de la “electoralitis” aguda que hemos padecido –nunca mejor dicho- en las últimas semanas y que amenaza con hacerse crónica pues aún nos restan las elecciones autonómicas catalanas de finales de septiembre y las generales de noviembre o diciembre, es todo un alivio poder y querer escribir de algo que no tenga nada que ver con la política, como es de la tradicional celebración del Corpus en nuestra ciudad, fiesta mayor, que tendrá lugar el domingo, 7 de junio.  Aunque el 4, jueves, día de la semana en el que antes se celebraba el Corpus, fue este año fiesta laboral en Castilla-La Mancha y otras comunidades –entre ellas, Madrid-, aquí sólo se vivió la festividad “por lo civil”, valga la expresión, porque por lo religioso y con toda su solemnidad únicamente se celebró en Toledo, Granada y algún contado municipio más de España, por excepcionales razones de tradicional relevancia. Cabe recordar que desde 1990 la autoridad eclesiástica decidió trasladar el Corpus de su emplazamiento habitual de los jueves a los domingos pues la civil no garantizaba que fuera a ser siempre festividad laboral la religiosa del Santísimo Sacramento; de hecho, en Castilla-La Mancha el Corpus sólo ha sido fiesta laboral de carácter regional desde 2011, el último año de gobierno de Barreda, manteniéndola como tal Cospedal en sus cuatro años de gobierno.

Complementando la oportuna y rigurosa información que mi compañero en los blogs de GD, hermano en la plurisecular Cofradía de los Apóstoles –él, titular de San Andrés y yo de Santo Tomás- y buen amigo y documentado etnólogo, José Ramón López de los Mozos, firma en la noticia de apertura de este diario on line cuando escribo este post, efectivamente la festividad del Corpus es una de las más tradicionales y señaladas que tienen lugar en Guadalajara y reúne una serie de elementos, tanto materiales como inmateriales, y un proceso de evolución histórica de tal singularidad que merece la pena conocer. Indicar a quienes quieran profundizar en el conocimiento de lo que ha sido y es la celebración de esta solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo en Guadalajara, de la que hay datos desde mediados del siglo XV, que, a mi juicio, la mejor y más completa publicación que hay al respecto es la firmada por Pedro José Pradillo Esteban en 2000, y que lleva por título “El Corpus Christi en Guadalajara”. Lo que no aparezca en este magnífico libro de Pradillo sobre el Corpus en nuestra ciudad, será muy difícil de encontrar.

Aunque no dispongo ni de tiempo ni de espacio para explayarme en tratar el amplio tema de la celebración de la festividad del Corpus en Guadalajara, sí quiero llamar la atención sobre algunas curiosidades de ella que estimo que deben ser sabidas para abrir el apetito del conocimiento, especialmente por quienes equivocadamente creen que ésta es una ciudad de aluvión, con una historia breve, descafeinada y descolorida, sin apenas señas de identidad y que de verdad es ciudad, no porque así la declarara formalmente como tal Enrique IV en 1460, sino porque le nació una industria alrededor cuando se aprobaron los “polígonos de descongestión de Madrid”, hace poco más de medio siglo, momento en el que la agricultura fue perdiendo paulatinamente peso económico y social, ganándolo por contra la industria y el sector servicios. Aunque es bien cierto que el patrimonio histórico-artístico, no sólo material, de Guadalajara ha sufrido más que muchos el desgaste del tiempo y los expolios de todo tipo, y la desmemoria aquí han campado a veces a sus anchas, el desconocimiento no puede convertirse en un arma más de destrucción y olvido. Guadalajara tiene mucho para conocer y sus habitantes que descubrir; puede que entonces la autoestima comunitaria se eleve y nos vaya muchos mejor.

Hay constancia documental de la celebración del Corpus en Guadalajara ya en 1454, aunque de ella misma se deduce que venía celebrándose desde décadas anteriores, si bien hasta entonces era organizada por el Cabildo de Abades de la ciudad –en aquel tiempo había diez parroquias: Santa María, Santiago, San Gil, San Miguel, San Esteban, San Nicolás, San Andrés, San Julián, San Ginés y Santo Tomé-; a partir de ese año, el propio concejo asumió su organización, más bien su coste, aunque encomendando al párroco de San Esteban –esta desaparecida iglesia estaba en la plaza del mismo nombre- su gestión. Por cierto, este cura, llamado Alonso Díaz, lo era también de la comunidad mercedaria de San Antolín -cuyo convento se situaba en lo que hoy es la calle de la Merced, de ahí viene precisamente su nombre- fundada por frailes catalanes, región española en que más pronto se impulsó la celebración del Corpus. Fray Gabriel Téllez, Tirso de Molina, a finales del XVI y principios del XVII, vistió hábitos en ese Convento.

Uno de los elementos más genuinos del Corpus de Guadalajara lo aporta la Cofradía de los Apóstoles, conformada por trece hombres que representan a Jesús y sus doce apóstoles, que preceden a la custodia en la procesión del Santísimo, y que son acompañados por niños y niñas vestidos de Primera Comunión. Esta Cofradía es una de las más antiguas de la ciudad y sus reglas y constituciones son muy singulares; aporto cuatro de ellas como muestra: la titularidad de los “rostros” –así llamados porque hasta la Guerra Civil de 1936 los cofrades portaban una especie de máscaras con la efigie y el nombre de cada apóstol- se hereda de padres a hijos, con preferencia de los primogénitos; salvo el que representa a Jesús, los apóstoles no pueden volver la cabeza ni hablar; están obligados a no salir del recinto en el que se visten hasta el inicio de la procesión y tienen cuatro fechas al año de obligada asistencia y participación: Jueves Santo, para asistir al Lavatorio en los santos oficios del día, en Santa María; Pentecostés, para celebrar asamblea anual y preparar la Procesión del Corpus; Víspera del Corpus, para rezar el Miserere (salmo 50, oración colectiva de petición de perdón) y Corpus, para participar en la procesión.

En la procesión del Corpus de Guadalajara, como en la de otras muchas ciudades de España, durante siglos participaron algunos singulares elementos, que aún hoy perviven en algunos lugares, como Toledo, Granada, Barcelona o Valencia, por ejemplo. Entre esos elementos estaban los carros y las rocas, que eran una especie de carrozas en las que se representaba iconográficamente la dualidad del bien y del mal, sobre el que triunfaba definitivamente la custodia, símbolo de Jesús Sacramentado y protagonista principal de la procesión del Corpus. Entre los elementos del mal estaban los dragones y, más concretamente, la Tarasca, un animal monstruoso que aún pervive en la tradición toledana del Corpus y que aquí se recreó hace unos años, siendo concejala de festejos Josefina Martínez. Recordar que tras el Concilio de Trento, se impulsó la celebración de actos de religiosidad popular en las calles y que ésta, en forma de procesiones, tenía un carácter divulgativo y catequético, algo que también está en el origen de los pasos de Semana Santa.

Termino este breve aperitivo de aluvión sobre el Corpus local diciendo que el origen de la extendida tradición española de los Gigantes y Cabezudos, curiosamente estuvo en su presencia en las procesiones del Corpus, desde el siglo XV, como elementos asustadizos y del mal, hasta que Carlos III lo prohibió. Precisamente, la comparsa actual de Guadalajara tuvo sus principios en la procesión del Corpus y, tras prohibirse participar en ella, no salió de nuevo, en este caso ya como pasacalles festivo, hasta el año 1900, cuando se recrearon dos gigantes (el chino y la china) y dos cabezudos (don Quijote y Sancho), realizados en el taller de Ribalta y que costaron 300 pesetas. De las de entonces, claro.

La venganza también se sirve en papeletas

                Con la duda aún de la distribución final de los escaños de la Diputación Provincial por la complejidad jurídica de determinar si procede o no computar como de un mismo partido o coalición los votos de las candidaturas de IU y Ahora, entre otras, dados los diferentes formatos e incluso “marcas” con los que han concurrido, los resultados electorales de anoche confirman que, al menos de momento, se ha acabado el tradicional bipartidismo PP – PSOE y con él las mayorías absolutas. Llega, pues, un tiempo nuevo en el que se han de conjugar con bastante más frecuencia que hasta ahora verbos como dialogar, negociar y pactar, dando la razón al sociólogo francés Gustave Le Bon que decía que “gobernar es pactar”, frase que Cristina Cifuentes puso en circulación en campaña, previendo lo que al final ha sucedido, pero que no citó completa pues éste añadía a continuación que “pactar no es ceder”, algo que de ser cierto complicaría muchísimo los pactos pues si nadie cede, mal pacto puede salir del acuerdo, y si sólo cede uno, peor aún. En fin, el caso es que a pactar tocan, o al menos a intentarlo, tanto en el Ayuntamiento de la capital –y en muchos otros de la provincia, sobre todo en el Corredor-, como en la Diputación Provincial y en la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha.

Por un estrechísimo margen de 45 votos y muy a última hora, Antonio Román consiguió el concejal número 11, un muy mal resultado para él y su candidatura pues ha perdido 5 ediles respecto a las municipales de 2011, pero no pésimo pues la matemática electoral le va a permitir seguir siendo alcalde, con el permiso de Ciudadanos (2 concejales), bien a través de un pacto de gobierno con los de Albert Rivera o de la abstención de éstos o su voto a su propio candidato en el pleno de constitución de los Ayuntamientos -13 de junio, festividad de San Antonio para más señas-, lo que supondría que el actual alcalde continuaría al frente del consistorio al encabezar la lista más votada. Aunque en política es poco prudente decir que nunca jamás, considero improbable que Ciudadanos se coaligue en un tripartito con PSOE Y Ahora Guadalajara para desbancar al PP de la alcaldía, pues los de Rivera sitúan su ideario entre el liberalismo y la socialdemocracia, en torno al centro político, mientras que el binomio PSOE+Ahora cargará mucho a la izquierda, por influencia de esta coalición que en la capital han formado IU, Podemos, Equo y la Plataforma “Más de un Ciudadano”, entre otros colectivos e independientes claramente de izquierdas.

Cuando esto escribo, aún no se ha confirmado oficialmente la distribución de escaños en la Diputación Provincial, por la razón que he aludido al principio de este post: hay dudas sobre si los resultados obtenidos por las distintas “marcas” con las que IU, Ahora y otras coaliciones se han presentado en diferentes localidades de la provincia pueden ser sumadas o no, a efectos de adjudicación de los escaños correspondientes a cada partido o coalición para la corporación provincial. Provisionalmente, echando números con los resultados oficiales que ofrece la página web del Ministerio del Interior, el PP podría obtener 12 diputados provinciales (6 en el partido judicial de Guadalajara, 4 en el de Sigüenza y 2 en el de Molina), el PSOE 10 (6 en Guadalajara, 2 en Sigüenza y otros 2 en Molina), Ahora, 2 diputados (ambos en Guadalajara) y Ciudadanos 1 (también en Guadalajara). Si se confirmara este resultado finalmente, Ana Guarinos podría volver a repetir como presidenta de la Diputación, con el permiso, por activa o por pasiva, de Ciudadanos, claro está; o sea, se reproduciría prácticamente la misma situación que en el Ayuntamiento de la capital. Esperamos acontecimientos, porque si el PP, aunque sea con mayoría simple, mantiene el gobierno en la Diputación y también en el Ayuntamiento de la capital, lo que parecía un batacazo en toda regla en la noche electoral, puede amortiguarse, y mucho, en el día después, aunque gobernar en minoría suele ser muy complejo,  desgastador y, no pocas veces, hasta frustrante. Pero el que tiene el bastón de mando, puede mandar; quien no lo tiene, no.

En lo que a la Junta de Comunidades se refiere, la cosa está bien clarita: PSOE y Podemos van a pactar, sí o sí, y van a arrebatar el poder a Dolores de Cospedal, a pesar de que ésta ha rozado la mayoría absoluta, que se sitúa en diecisiete escaños, obteniendo uno menos. Los catorce diputados regionales del PSOE más los tres de Podemos se aliarán para desalojar del Palacio de Fuensalida a la secretaria general del PP nacional y presidenta de los populares de Castilla-La Mancha, algo que le dará especial “gustirrinín” a José Bono, el padre, la madre y el tutor del socialismo de Castilla-La Mancha y la mano que sigue meciendo la cuna de los socialistas de la región, como se comprobó cuando propició hace meses una cena en la que compartieron mesa, mantel y contubernio el líder de Podemos, Pablo Iglesias, con José Luis Rodríguez Zapatero, Emiliano García Page y el propio Bono. O sea, que quien ha ganado (Cospedal) perderá, pero quien ha perdido (Page), ganará.

Los análisis sesudos de lo que ha ocurrido en las urnas el día 24 de mayo -festividad de Pentecostés y de María Auxiliadora, por cierto-, quedan para los expertos; para lo que no hace falta ser perito en nada, ni si quiera en lunas, como el de Miguel Hernández, es para deducir que el PP se ha desgastado fuertemente allá donde ha gobernado por las drásticas medidas de recorte en el gasto que se ha visto obligado a realizar, pero también por algunos vaivenes ideológicos dados a nivel nacional que han alejado a ciertos sectores del partido y, por supuesto, por la corrupción que, incluso, ha salpicado a algunos de sus referentes históricos, como Rodrigo Rato, y la que ha llegado a la mismísima sede de Génova, por el chusco caso Bárcenas. La corrupción no es patrimonio del PP, sino que, lamentablemente, se extiende como una mancha de aceite por todos los partidos y suele ser proporcional al poder que detentan. El caso de Andalucía es punto y aparte. A estos hechos y estas circunstancias que, sin duda, han erosionado al PP como si fuera lija del siete, se les pueden unir la tradicional política errática de comunicación de los populares, así como algunas censurables actitudes de cierta prepotencia de algunos de sus dirigentes y candidatos y, evidentemente, el desgaste propio de todo gobierno.

Decía un exprimer ministro inglés que los ciudadanos tienen en cada elección la posibilidad de “vengarse” del gobierno y que casi siempre la ejercen. Hace cuatro años, el PP conquistó cotas de poder inusitadas –entre ellas la Junta de Comunidades, por primera vez- cuando los ciudadanos se “vengaron” de Zapatero y de Barreda castigándoles a ellos y a sus candidatos locales en las urnas; ahora, apenas cuatro años después, esa venganza se ha facturado contra el PP. Lo significativo es que a unos les han pasado factura sólo cuatro años después de empezar a gobernar y a otros no se la cargaron hasta bien cumplidos los veintiocho.

Ciudadanos, Podemos y la psicología del color

Nos estamos acercando ya a la fase final de la campaña y los distintos partidos que concurren a la doble cita electoral, local y autonómica, del 24 de mayo, siguen en su empeño de intentar arrimar nuestras ascuas –votos- a sus sardinas –escaños- para detentar el mayor poder posible, que eso es, y así de claro lo digo, lo que al fin y al cabo pretenden todos, legítimamente, por supuesto. Otra cosa es lo que hagan luego con y desde el poder, algo que lamentablemente no siempre es legítimo y, a veces, es hasta ilegal y, por supuesto, inmoral, de ahí las dudas, el recelo y el mosqueo crecientes de los dueños de las ascuas para decidir arrimarse a una sardina u a otra. De lo que no cabe duda es que no todas las sardinas son iguales, aunque a veces lo parezca, al igual que hay ascuas con tanto poder calorífico que achicharran y otras que son tan frías que, más que dar calor, constipan. En la templanza, pues, está la virtud.

A estas alturas de campaña, vistas y analizadas las tendencias de las distintas encuestas conocidas, todo parece indicar que serán cuatro los partidos que, a nivel local, provincial y regional van a conseguir arrimar ascuas a sus sardinas: PP, PSOE, Ciudadanos y Podemos (éstos, a nivel local, con la marca “Ahora”, tras haber tenido que renunciar a la de “Ganemos” porque la tenían registrada otros de su cuerda izquierdista, pero no exactamente de la misma). De las encuestas se deduce que las mayorías absolutas van a estar muy caras, al menos en los ayuntamientos de mayor población, las diputaciones y el propio Parlamento regional, y que va a ser necesario el diálogo y el pacto para conformar mayorías sólidas o, de lo contrario, la alternativa son mayorías minoritarias, muy incómodas e inestables. Si se cumplen las encuestas, todo apunta a que el PP puede ser el partido más votado para la Junta, la Diputación y el Ayuntamiento de Guadalajara, por lo que, a pesar de los pesares, podría llegar a mantener el poder que ahora detenta en las tres instituciones, si bien es probable que necesite el apoyo activo de Ciudadanos –mediante pacto de gobierno- o pasivo –permitiendo que gobierne el más votado-, al menos en la Junta, aunque podría también precisarlo en la Diputación e, incluso, en el Ayuntamiento de la capital, donde parece que los populares lo tienen más fácil para conservar la mayoría absoluta, aún perdiendo algunos concejales. Aunque es posible, pues en política no es que se acepten, sino que los pulpos son animales de compañía, considero improbable que Ciudadanos pacte con PSOE Y Podemos para relevar al PP en las instituciones en las que éste no alcance la mayoría absoluta, porque esa especie de “frente popular” sería un suicidio político para el partido de Albert Rivera. Lo que no descarto son pactos puntuales de Ciudadanos con PSOE y Podemos e, incluso, con otras fuerzas, para desalojar alcaldes o titulares de instituciones salpicados por graves casos de corrupción.

Aún a pesar de lo que acabo de decir, resulta curioso que los eslóganes de campaña de los tres partidos que, además del PP, tienen más posibilidades de obtener representación en el Parlamento Regional, coincidan en la misma idea-fuerza: el cambio. Así, el PSOE propone el eslogan “Vamos a cambiar-la” –sin duda se refieren tanto a la región como a la actual presidenta, aunque la separación de grafía de “cambiar” y de “la” que aparece en los carteles permite pensar que ellos también tienen propósito de cambiar, lo que no estaría nada mal si fuera cierto, que no lo es porque Page puede ser de todo menos cambio-. Ciudadanos, por su parte, se vende como “El cambio” y los de Pablo Iglesias -y ex de Monedero– piden el voto diciendo que “Podemos cambiar Castilla-La Mancha”. Curioso, ¿verdad? El caso es que, desde la exitosa campaña de Felipe González, en 1982, cuando sacó a la UCD del gobierno casi sin despeinarse con el eslogan “Por el cambio”, esa misma idea siempre ha estado presente, de una manera u otra, en los mensajes de los partidos que están en la oposición y quieren detentar el poder.

Termino este post dándole las gracias a mi hija y compañera bloguera en GD, María, por haberme ayudado a conocer una interesante teoría sobre la relación de los colores y los sentimientos, formulada en su día por la psicóloga Eva Heller, y que me viene al pelo para concluir el tema del que trato hoy. Según Heller, hay trece colores que actúan en la psicología de las personas, incluidos el blanco, el negro, el plateado y el dorado; también sostiene que los significados de los colores quedan interiorizados en la edad adulta aunque pueden parecer innatos. Bien, pues la psicóloga alemana nos dice en su teoría que el color morado –ella lo llama “violeta”-, el corporativo que ha elegido Podemos para presentar y vender su marca, “son más quienes lo rechazan que los que lo prefieren” y, entre otras cosas, es “el color de la superstición, lo artificial, lo extravagante y lo singular; también de la vanidad, de la moda, la magia, lo culto y la fantasía”. Por otra parte, en esta interesante teoría de la psicología del color, se dice que el naranja -que es el representativo de Ciudadanos, la otra fuerza política que, al igual que Podemos, es previsible que alcance escaño por primera vez en “Los Gilitos”- “no existía en Europa antes de que las Cruzadas trajeran esta fruta de Oriente y que hay muchos establecimientos de comida rápida que manejan el naranja con doble intención: atrae la atención y despierta el apetito, pero después de un rato molesta y obliga a irse; no hay mejor fórmula para un “fast-food”.

Dicho queda, aunque en descargo de los “gurús” de imagen de Podemos y de Ciudadanos he de decir también que, como sentencia el refrán castellano, “del dicho al hecho, va mucho trecho”, el mismo que va de la teoría a la práctica.

Gracias por bajarnos la Luna

                Ha muerto Jesús Hermida, el periodista que más hizo por ponerle color a la televisión en blanco y negro. Ha muerto uno de los rostros más conocidos y reconocidos de la historia de la televisión en España, maestro de periodistas televisivos y padre de formatos de programas para la televisión que le quitaron la caspa a la “caja tonta”, tanto en los últimos años del monopolio de TVE con sus dos canales, como en los primeros en que comenzaron a emitir las privadas y a hacer esfuerzos denodados por captar audiencia y anunciantes, no siempre con la calidad y el buen gusto como norma.

                Jesús Hermida era un tipo especial, pero buena gente, al decir de una gran mayoría de las personas que más y más cerca trabajaron con él, incluso descontando ese plus de elogios que siempre se le regala a una persona cuando muere, momento del que mi abuelo molinés, Juan, decía que había que huir como de la peste y que él llamaba “la hora de las alabanzas”. La verdad es que, aún sin haberle conocido personalmente, sí que tengo la impresión de que era cierta la bonhomía que, mayoritariamente, se le está adjudicando tras su muerte, una impresión que viene causada por las muchas horas que me pasé delante del televisor cuando él dirigía un espacio, lo presentaba o, simplemente, intervenía en él pues su presencia en el medio fue muy frecuente y prolongada durante décadas, especialmente entre los años sesenta y noventa del siglo pasado. Tanto frecuentó la pequeña pantalla que se hizo uno de los rostros más populares de ella y yo me atrevería a decir que también más familiares y apreciados.

Con Hermida se nos va una parte magra de la historia de la televisión española pues él hizo realmente historia y creó escuela en la televisión gracias, primero, a su forma tan personal de contar las noticias y, después, de hacer programas con una singular fórmula “mix” de entretenimiento e información en directo. Pero Hermida también es parte señalada de la historia misma de España y del mundo mundial, por utilizar el pleonasmo de Manolito Gafotas, porque su rostro, su flequillo, su pose y su voz están unidos para siempre a los acontecimientos que él narró en directo o de los que informó y comentó en diferido, que fueron muchos y algunos muy destacados. De entre todos ellos, sin duda, permanece en la memoria de quienes lo vivimos, incluso siendo niños, la narración que hizo para España de la llegada del hombre a la Luna, “un pequeño paso para el hombre, pero un gran paso para la humanidad” como acertadamente sentenció el mismísimo comandante norteamericano de la nave Apolo XI, Neil Armstrong, cuando, de un pequeño salto desde el módulo espacial, puso su pie en el satélite de la Tierra el 21 de julio de 1969. No fueron pocas las personas, especialmente mayores, que, a pesar de la credibilidad y el prestigio como comunicador que tenía Jesús Hermida, corresponsal entonces de TVE en Estados Unidos, jamás se creyeron que la NASA hubiera conseguido llevar al hombre a la Luna y pensaban que era una fantasiosa película más de Hollywood y de los americanos.

Con Jesús Hermida se nos va uno de los animales televisivos más importantes que ha dado este país, si no el que más, a la vez que se nos marcha el tiempo que él nos contó o aquél en el que nos entretuvo. No me duelen prendas en confesar que uno de los periodistas que hizo que en mi germinara la vocación del periodismo fue Jesús Hermida y eso que, a veces, me ponían nervioso sus sobreactuados tics gestuales en pantalla y, cuando retenía algunas palabras para después soltarlas subrayadas, me daban ganas de darle una colleja virtual para que las dijera de una vez.

Hasta siempre, maestro Hermida, descansa en paz y mil gracias por bajarnos la Luna a la Tierra o por dejarnos subir contigo y con Armstrong, Aldrin y Collins a ella en lo que no fue un sueño, sino una extraordinaria y excepcional verdad en una larga, cálida e histórica noche de verano, cuando yo ya quería ser mayor, pero ni siquiera aún era adolescente, y jugaba al marro, a la dola y a los chandarmes en la verdadera patria de los hombres que es la infancia, como bien dijo Rilke.

Concordia entre Ayuntamiento y libreros

                Mucho y pronto tienen que cambiar las cosas para que este año se celebre la tradicional Feria del Libro en Guadalajara (España) –me veo obligado a matizar que se trata de nuestra Guadalajara porque una de las más importantes ferias del libro internacionales es la de la Guadalajara mejicana–  que, desde hace ya muchos años, se venía celebrando, en el mes de mayo, en distintos emplazamientos de la ciudad: la plaza del Jardinillo, el parque de la Concordia y la Plaza Mayor, si mal no recuerdo. El equipo de gobierno del Ayuntamiento quiere que, como el año pasado, la Feria se celebre en la plaza Mayor –o en la del Jardinillo- porque considera que es una forma de dinamizar el casco histórico de la ciudad, tan decaído desde hace ya mucho tiempo, mientras que los libreros prefieren celebrarla en la Concordia porque estiman que es un emplazamiento mucho mejor para sus intereses comerciales que la plaza del Ayuntamiento, donde el año pasado, según ellos, aminoraron notablemente sus ventas e, incluso, el propio ambiente de la Feria.

Las posiciones están muy encontradas porque el Ayuntamiento sólo asume organizar la feria si se celebra en las plazas Mayor o del Jardinillo, si bien ofrece a los libreros la opción de que la organicen ellos mismos si quieren ubicarla en la Concordia, debiendo asumir en ese caso los importantes costes que supone esa organización, especialmente el alquiler y el montaje de los stands. Los libreros ya han afirmado que no van a asumir directamente la organización por no tener ni tiempo ni medios, por lo que, como decía al principio, mucho me temo que este año no va a haber Feria del Libro en la Guadalajara castellana, muchísimo más humilde que la de la Guadalajara tapatía, pero que siempre ha sido un lugar de encuentro cordial de los libreros con los aficionados a la lectura y los compradores de libros al romper la primavera, algo especialmente notorio en un parque y más si ese parque tiene más de 150 años de historia y es tan emblemático para la ciudad como La Concordia.

Me consta que Antonio Román y su equipo de gobierno están fuertemente comprometidos en el empeño de revitalizar el casco histórico, aunque hasta ahora los resultados sean más visibles en el remozado aspecto que presenta la zona, tras las sucesivas e importantes obras de reforma que últimamente se han llevado a cabo en ella, que por el resurgimiento de su comercio que, más bien, continúa en regresión, una dinámica en la que ya lleva más de treinta años, y no por uno, sino por diferentes motivos: peatonalización de la calle Mayor y dificultad de acceso a ella tanto en trasporte privado como público, anquilosamiento y falta de competitividad del comercio de la zona, revisión al alza de las rentas de antiguo, despoblamiento, desplazamiento de la centralidad de la ciudad hacia la plaza de Santo Domingo, fuerte competencia de las grandes superficies comerciales, acusado decaimiento del Mercado de Abastos, … Y ese empeño de impulsar la vida urbana y comercial en el entorno de las calles Mayor, Fluiters y aledañas es loable, y así lo he loado en numerosas ocasiones, la última hace bien poquito, exactamente cuando se firmó el acuerdo por el que el nuevo Campus universitario de la ciudad se va a ubicar en el antiguo colegio de Las Cristinas (http://guadalajaradiario.es/blogs/jesusorea/2015/03/08/mejor-el-centro). Ahora bien, tratar de dinamizar el centro histórico no debe ser una escusa para desequilibrar un conflicto de intereses privado, como es el forzar a los libreros de la ciudad a celebrar en la plaza Mayor la Feria del Libro para que el comercio de la zona se beneficie de ello, cuando los que salen perjudicados por esa decisión son los propios libreros. Además, el comercio de la calle Mayor también debe espabilar y ser mucho más competitivo y estar mucho más comprometido con sus propios intereses de lo que lo ha estado hasta ahora. Baste un dato: en navidades, el Mercadillo navideño se trasladó a la plaza Mayor cuando antes se celebraba también en la Concordia; pues bien, en víspera de Reyes, la mayor parte del comercio de la zona estaba cerrado a las ocho de la tarde y sólo se podía comprar en algún comercio aislado o en el propio Mercadillo.

Llevar la Feria del Libro o la de Artesanía –puede que este año también haya conflicto con los artesanos por el mismo motivo que con los libreros- o el Mercadillo navideño a la Plaza Mayor sólo puede contribuir mínimamente a dinamizar el centro histórico, pero la verdadera revitalización del mismo no pasa por este tipo de medidas puntuales y hasta coyunturales, sino que son precisas medidas estructurales, infraestructurales y normativas para que el casco histórico de la ciudad vuelva a la centralidad urbana y comercial que tuvo. Las obras de reforma que se han hecho en muchas calles y plazas de la zona desde que Román es alcalde y las que hay previstas –parece que por fin le va a tocar pronto a la Plaza del Concejo- van en esa buena dirección, pero deberán ir también acompañadas de medidas para que la gente vuelva a vivir o a comprar y a pasear allí, lo que no ocurrirá si el precio o el alquiler de las viviendas no es asequible y el comercio no es realmente atractivo y competitivo.

Pido concordia entre Ayuntamiento y libreros.

Un museo que hay que ver

Ha tardado en ver la luz pero ha merecido la pena. El Ayuntamiento de Guadalajara ha hecho un doble gran trabajo en la rehabilitación y reforma de las antiguas naves del matadero municipal para ubicar en ellas el Museo Francisco Sobrino. Y digo doble y creo decir bien, porque tanto el continente como el contenido me parecen magníficos. Por una parte, el proyecto arquitectónico era muy bueno y se ha ejecutado bien, a pesar de la interrupción sufrida en las obras durante varios meses por el fiasco empresarial de la mercantil  que fue primera adjudicataria de las mismas, y, por otra, la museización del espacio y las obras de Paco Sobrino que en él se albergan también se acercan a la excelencia, y eso que la familia ha aportado bien poquito “gratis et amore”, por lo que el Ayuntamiento ha tenido que comprar obra del autor y obtener otra mediante cesión de particulares, en unos casos definitiva y en otros, temporal.

Bien está que una ciudad como la nuestra, que ha vivido tantos episodios lamentables de demolición de edificios con arquitecturas singulares e, incluso, de valor histórico-artístico, unas veces por causas bélicas y otras puramente negligentes y/o especulativas, haya recuperado una singular arquitectura como la original de las antiguas naves del matadero y la haya integrado eficazmente en el gusto y las formas actuales de proyectar y construir, bien en nueva planta o bien rehabilitando, como ha ocurrido en este caso. También está pero que muy bien que en esta Guadalajara, desmemoriada con excesiva frecuencia, unas veces porque sí y otras porque también, vaya a quedar recuerdo permanente del nombre de un artista de talla internacional, aquí nacido en 1932, como es Paco Sobrino, y de su obra, realizada o expuesta en lugares de medio mundo: Argentina, Estados Unidos, Venezuela, Francia, Alemania, Italia, Países Bajos, Suiza, Israel… y, por supuesto, España.

sobrino-museoEl Francisco Sobrino es, al menos en estos sus primeros días de andanza, un pequeño museo de arte contemporáneo, pero muy grato de ver para quienes no somos ni entendidos ni iniciados en este tipo de manifestación artística y que, francamente, hasta lo pasamos regular, por no decir mal, cuando asistimos a alguna exposición de este arte actual o, incluso, vamos a un centro integralmente dedicado a él, como por ejemplo el Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León, ubicado en la ciudad de León,  un moderno, espectacular y colorista continente que atrae al visitante como la miel a las moscas, pero en el que en su interior, las más de las veces, sobran metros y metros de espacio expositivo, lo expuesto es poco visitable y falta quienes lo visiten, como he sido testigo. La escultura –y el dibujo y la serigrafía, entre otras técnicas y formas de expresión que cultivó- geométrica, bidimensional y cinética de las obras de Sobrino, sus estructuras y sus juegos con el espacio y la luz, con el movimiento y la autoenergía, son contemporáneas al máximo, han marcado tendencia y han creado escuela, pero tienen la virtud de ser muy atractivas visualmente para quienes las contemplan, sean iniciados o no en el arte. Me consta que una amplia mayoría de los primeros centenares de visitantes que ha tenido este Museo comparten conmigo esta opinión y han salido satisfechos de su visita, aunque no conozcan ni comprendan gran parte de la intención y repercusión de la obra de Sobrino. No hace falta. Lo original se distingue fácilmente del plagio y lo bello es siempre bello, sin necesidad de que un manual o un crítico así lo certifique.

Conocí personalmente a Paco Sobrino cuando volvió por Guadalajara, después de muchos años residiendo en Alicante, Madrid, Buenos Aires y París, y montó su taller en el viejo molino de Utande; en ese tiempo, concretamente en 1998, montó aquí una exposición retrospectiva suya (1958-1998) que ocupó distintos espacios urbanos, desde el Palacio del Infantado a la Plaza de Santo Domingo, pasando por la calle Mayor, y que supuso que sus paisanos le reconociéramos como tal y le conociéramos como artista pues, hasta ese momento, su única obra instalada en Guadalajara, aunque muchos desconocían su autoría, era una escultura arquitectónica de 20 metros de altura, realizada en 1989, compuesta por elementos modulares en rotación, relaciones opuestas, de hierro pintado en blanco, que está ubicada en el km. 54 de la A-2, en medio de la gran rotonda situada junto al centro comercial  “Eroski” y que, siendo yo concejal del Ayuntamiento, se empleó como imagen de la ciudad en los actos de bienvenida del nuevo siglo y el nuevo milenio en 2000. Recuerdo que, en una ocasión, le propuse a Paco denominar esa escultura como “Escalera al cielo” y él me miró como perdonándome la vida, por lo que jamás volví a intentar poner nombre a lo que, por cierto, muchos médicos de Guadalajara llaman “el cromosoma”.

Si alguien no entiende o no termina de entender la obra de Paco Sobrino cuando vaya a ver el Museo, le recomiendo que lea detenidamente estas palabras suyas que se reproducen en una de las paredes de entrada a las salas de exposición y que son muy esclarecedoras: “Lo que me preocupa es el control de lo que hago, la claridad de la expresión. Es más importante la claridad de una palabra que un grito oscuro. Y me inquieta la comprensión, que se me comprenda. Por eso, el mío es un proceso de búsqueda de claridad. El uso de formas geométricas no es por gusto estético, sino por claridad, por tratar de buscar vocabularios nuevos. Mi obra quiero que sea comunicable, comprensible. No me interesan los monólogos”.

El Francisco Sobrino es un Museo que hay que ver, sin duda, y en el que espero y deseo que no sólo se reivindique su figura y exponga su obra, sino también la de otros grandes artistas guadalajareños del siglo XX, como los pintores Regino Pradillo y el recientemente fallecido Carlos Santiesteban, el escultor José de Creeft o el fotógrafo José Ortíz Echagüe, que conforman un repóquer de talentos aquí nacidos, al que podrían y deberían sumarse otros nombres. En fin, este Museo -que como reconoció el alcalde, Antonio Román, el día de su inauguración, nació gracias a una propuesta que hizo en su día ese extraordinario guadalajareño que es Javier Borobia- es un nuevo continente cultural que gana la ciudad, especialmente inquieta y productiva en los últimos años en dos importante ámbitos de acción y de necesaria promoción: la cultura y el deporte. Mi aplauso y reconocimiento por ello a sus respectivos concejales responsables, Isabel Nogueroles y Eladio Freijo, y, por supuesto, al propio Alcalde.

P. D.- Hace unos días que mi buen amigo Juan Antonio de las Heras ha anunciado que no continuará en la política municipal, después de 16 años de ser concejal en el Ayuntamiento de Guadalajara (1999-2015), su ciudad de residencia desde hace 30 años, y de otros cuatro en el de Sigüenza (1995-1999), su muy querida ciudad natal, así como tras cuatro mandatos como diputado provincial (1995-2011). Juan Antonio es una excelente persona y un político honesto y preparado como pocos y que hace mejores a sus compañeros. Siempre ha dejado impronta de su “auctoritas” en todos los grupos políticos de los que ha formado parte y su vocación de servicio público puede ser igualada, pero no superada. Ha cometido errores, sin duda, pero han sido muchos más los aciertos y sólo se equivocan quienes toman decisiones; y él ha tenido que tomar muchas y no siempre fáciles, me consta. Que alguna palabra o algún gesto dichos o hechos a destiempo, no emborronen su limpia y brillante hoja de servicios como político que, espero y deseo, por el bien de las ideas liberales y de Guadalajara, no se cierre pronto porque, aunque “Juanan” o “Delas” –como le conocemos sus muchos amigos- puede que ya sea demasiado viejo para el rock and roll, aún es demasiado joven para morir, políticamente hablando, y parafraseando al gran Ian Anderson, el líder del mítico grupo Jethro Tull.

 

Cuenta atrás electoral (y 2)

                Como ya anticipaba en mi post anterior, efectivamente, el 31 de marzo se cumplió lo preceptuado en la Ley Orgánica del Régimen Electoral General (LOREG) y se publicó en el BOE la convocatoria de elecciones autonómicas y locales para el 24 de mayo. Conforme al calendario salido de esa convocatoria, entre el 15 y el 20 de abril deberán presentarse las listas electorales. A pesar de la proximidad de estas fechas, mientras que el PSOE hace tiempo que ya ha hecho pública la composición de sus principales listas, especialmente la autonómica y la de la capital, el PP aún no ha desvelado ninguna de las dos, aunque imagino que no tardará en hacerlo pues no creo que se arriesgue a apurar tanto como lo hizo la UCD en las primeras elecciones municipales tras la aprobación de la Constitución de 1978, celebradas al año siguiente, cuando por tres minutos llegó su lista a la junta electoral fuera de plazo, quedando anulada su candidatura al Ayuntamiento de Guadalajara –que según todas las encuestas y previsiones, iba a barrer literalmente a las demás- y dejando paso franco al sorpresivo triunfo del PSOE en la capital, hecho que le permitió gobernar la ciudad doce años, desde 1979 a 1991.

                Respecto a lo que nos puede deparar la composición de ambas listas populares cuando se desvelen, el propio alcalde y de nuevo cabeza de lista del PP por Guadalajara, Antonio Román, ha adelantado que habrá pocos cambios, algo que ya ocurrió en la anterior cita electoral y que es muy del estilo romanista, que no romanonista”, como adjetivan a su política, insidiosamente, algunos “enemigos” suyos -o sea, de su propio partido- y algunos “rivales” -o sea, de otros partidos-. La lista autonómica del PP por Guadalajara tampoco va a deparar muchas sorpresas, aunque es muy probable que la encabece alguien distinto a Román, quien hace cuatro años fue forzado a doblar como cabeza de ambas candidaturas, algo que no será fácil que vuelva a repetirse pues ni él ni el partido están por ello. Imagino que, dada la importancia que a la circunscripción de Guadalajara le conceden de nuevo todos los analistas para inclinar el poder en Toledo hacia la izquierda o la derecha, Cospedal tratará de situar en ella, al menos en el primer puesto, a alguien con “tirón” –¿Echániz?-, si bien la presidenta de Castilla-La Mancha y del PP considera que ese “tirón” lo pone ella en las cinco provincias. Veremos.

En mi entrega anterior, analizaba los posibles resultados electorales que podrían darse en la capital y dejaba para una posterior mi visión sobre lo que podría acontecer con la Diputación Provincial y la Junta tras el 24 de mayo. Bien, pues vamos a ello, aunque he de volver a insistir en que, frente a la relativa previsibilidad de los resultados que se dieron en las elecciones autonómicas y locales de hace cuatro años, en éstas todo es mucho menos previsible, hasta el punto de que el PP podría conservar el mucho poder que ganó por aquí en 2011 –renovando holgadamente la mayoría absoluta en el Ayuntamiento de la capital, recuperando la Diputación tras 12 años de gobiernos socialistas y ganando la Junta por primera vez, especialmente gracias al resultado habido en la provincia- o perderlo todo. Como ya apunté en el post previo, la capital, a priori, parece ser lo más factible de retener por los populares, aunque de la “multitud absoluta” -16 concejales, de 25- que tiene ahora, puede pasar a una mayoría absoluta ajustada e, incluso, si las cosas se tuercen en exceso para Román en las urnas, a una mayoría simple, difícil de administrar y gestionar, incluso reteniendo la alcaldía.

Intentar vaticinar los resultados que pueden producirse en la Diputación Provincial es siempre complejo pues, como es sabido, se trata de una institución de elección indirecta, en segundo grado, que se conforma en función de los resultados que los distintos partidos obtienen sumando los votos recibidos en el conjunto de los municipios de la provincia, dividida ésta en tres partidos judiciales y otras tantas zonas electorales: Guadalajara –donde se eligen 15 diputados provinciales-, Sigüenza -6- y Molina -4-. Se vota, pues, directamente a los alcaldes y concejales, pero indirectamente a los diputados provinciales, por lo que, en realidad, no se juzga directa, sino indirectamente, la labor hecha por el equipo de gobierno de la Diputación en el mandato que concluye. A este hecho, que complica sobremanera valorar posibles resultados electorales para la Diputación, este año se le suma la circunstancia de que las dos nuevas opciones políticas que han emergido con más fuerza en el panorama electoral, Podemos y Ciudadanos, es muy probable que tengan representantes en la Corporación Provincial, si bien la circunstancia de que Podemos no concurra con esa marca a las municipales y que se esté integrando en plataformas como “Ganemos Guadalajara” –recordemos que copada por IU en cuatro de sus cinco primeros puestos- podría penalizar a los de Pablo Iglesias doblemente: en las urnas y tras ellas, al no concurrir nada más que en unos cuantos municipios, aunque éstos sean los más poblados. Ciudadanos, por su parte, que hace apenas tres meses parecía no contar para estos comicios, puede tener la llave del futuro gobierno de la Diputación, aunque en su contra juegue el hecho de que su estructura provincial aún sea precaria y no vaya a poder formalizar candidaturas en todos los municipios que necesitarían para obtener mayor representación en la Plaza de Moreno.

Analizando los posibles resultados para la Diputación en los tres partidos judiciales, va a ser muy difícil que en el de Molina cambie el “status quo” casi habitual, por el que PP y PSOE obtienen dos diputados provinciales cada uno. En tierras del Señorío, tanto Podemos como Ciudadanos tienen muy difícil obtener diputado provincial, por no decir casi imposible, aunque está por ver el desgaste al que someten a los dos partidos tradicionales y las consecuencias que ello tiene, sobre todo en Molina ciudad. En el caso de Sigüenza, el PP confía en pasar del empate actual a 3 diputados con el PSOE, a vencer 4-2. Es posible, pero difícil, porque aunque los populares esperan ganar en la zona de la sierra un puñado de alcaldías que ahora detenta el PSOE, en Sigüenza no va a ser fácil que Latre repita los excelentes resultados de hace cuatro años –es un buen alcalde pero heredó un Ayuntamiento semiarruinado y ni la Junta ni el Estado han apoyado todo lo necesario su labor- y una mesa electoral de la ciudad del Doncel suma más votos que una docena de mesas en las pequeñas aldeas serranas. Tampoco va a ser fácil que el PP conserve la alcaldía de Mandayona y que mejore resultados en Alcolea del Pinar (PSOE), dos de las poblaciones más importantes de la zona, junto con Jadraque y Atienza, municipios que actualmente gobiernan los populares y que, de cara a la Diputación, no es previsible que aporten demasiados cambios respecto a lo que ya aportaron hace cuatro años.

Pero la madre de todas las batallas electorales para la Diputación es más que probable que se produzca en el partido judicial de Guadalajara, en el que se reparten 15 de los 25 diputados provinciales ya que es, con una diferencia exponencial, la zona más poblada de la provincia. Es en este partido judicial en el que Podemos/Ganemos y Ciudadanos tienen posibilidades reales de obtener representación en la Diputación y, dependiendo de ella, ésta puede mantenerla el PP, con mayoría absoluta o simple –como ya dije en mi anterior post, no creo que los de Albert Rivera se sumen a un “frente popular” con PSOE y Ganemos/Podemos- o girar hacia una coalición de marcado carácter izquierdista. Al PP le van a perjudicar varias circunstancias en el partido judicial de Guadalajara: los votos que se le vayan a Ciudadanos, a otras fuerzas políticas y a la abstención, por el desgaste de sus gobiernos municipales y el que también supondrán los gobiernos autonómicos y nacionales, aún tratándose de elecciones locales, que suele ser especialmente acusado en las áreas más pobladas. Por el contrario, le va a beneficiar el hecho de hacer listas por primera vez en doce años desde el poder provincial, autonómico y estatal, que sin duda se traducirá en alguna sorpresa -¿Almoguera?-. Por su parte, al PSOE le va a perjudicar el voto que se le vaya a Podemos/Ganemos, si bien luego podrían sumarse ambos en la Plaza de Moreno, y se va a beneficiar de una posible “marea roja” en el Corredor del Henares, de la que hasta en el periódico barcelonés “La Vanguardia” se ha hecho eco Enric Juliana (http://www.lavanguardia.com/politica/20150407/54429707840/cospedal-corredor-henares-enric-juliana.html), aunque en su artículo se refiera al riesgo que Cospedal tiene de perder Castilla-La Mancha en esta zona de Guadalajara, además de por el desgaste de su gobierno por el efecto “boomerang” de la segunda y última reforma electoral del mandato recién concluido. Si el PP se juega en nuestra provincia la mayoría absoluta en Castilla-La Mancha, Cospedal tiene un serio problema pues, aunque piense lo contrario, no la ha priorizado en su gestión y ella contaba con dos divisores (PP y PSOE) para aplicar la Ley Dhont el 24 de mayo cuando puede que sean cuatro (Podemos y Ciudadanos). Y así, los cocientes y los restos pueden dar o quitar diputados y mayorías por apenas un puñado de votos.

El 24 de mayo, los ciudadanos tienen y tendrán la palabra. Con minúscula, ha sido, es y será bueno que la tengan; con mayúscula, ya veremos, aunque el aire fresco siempre es reparador. Si es fresco de verdad, claro.

Cuenta atrás electoral

                Si se cumple lo estipulado por la Ley Orgánica del Régimen Electoral General (LOREG), que no dudo que se cumplirá, el 31 de marzo se publicará en el BOE la convocatoria de las elecciones locales y autonómicas que se celebrarán el 24 de mayo, dándose así el pistoletazo de salida oficial a esos comicios, aunque llevamos tanto tiempo en campaña –de las andaluzas- y precampaña –de todas- que parece como si ya ni hiciera falta que se elevara a letra y papel de boletín oficial lo que a nivel de calle, medios de comunicación y redes sociales hace ya mucho tiempo que está activado. El 31 de marzo comenzará, pues, la cuenta atrás para la trascendente doble cita electoral de mayo, preludio de la incluso aún más relevante de noviembre, mes en el que es probable que el previsible Rajoy fije la fecha de celebración de las elecciones generales. Dos meses antes, en septiembre, Cataluña celebrará las elecciones autonómicas que el cada vez más imprevisible Mas ha convocado y a las que pretende dar carácter plebiscitario, es decir, que al no poder convocar un referéndum legal para promover la independencia de Cataluña porque la Constitución no lo permite, quiere extrapolar los resultados de las autonómicas al antojo e interés de los partidos independentistas y tratar de consumar por la vía de los hechos lo que el derecho impide.

Es indiscutible que 2015 va a ser el año más cargado de citas electorales desde que la Constitución de 1978 acabara con la irónica y jocosamente llamada “Ley del detergente”, según la cual el dedazo de turno se bastaba y sobraba para señalar y elegir a los gobernantes de cualquier ámbito de poder: “Tu-tú” y “Ese” –para quienes, por causa de la edad, no lo sepan, ambos entrecomillados eran marcas de detergentes para lavar, muy populares en los años 60 y 70-. 2015 trae, nada más y nada menos, que cuatro convocatorias electorales y una de ellas, la de mayo, doble, e, incluso, triple en el caso de las entidades de ámbito territorial inferior al municipio (EATIMs), en las que, además de las dos urnas habituales, la autonómica y la local, habrá una tercera para elegir los alcaldes de las entidades locales menores.

La convocatoria de elecciones autonómicas y locales para el 24 de mayo, conforme determina la LOREG, nos va a dejar el siguiente calendario:

–          31 de marzo: Publicación en el BOE de la convocatoria electoral

–          Del 15 al 20 de abril: Período para presentación de candidaturas en las Juntas Electorales correspondientes.

–          27 de abril: Proclamación de las candidaturas.

–          8 de mayo: Inicio de la campaña electoral.

–          22 de mayo: Finalización de la campaña electoral.

–          23 de mayo: Jornada de reflexión

–          24 de mayo: Celebración de las elecciones

Esto es lo previsible respecto a las elecciones locales y autonómicas del 24 de mayo; lo que, a día de hoy, se presenta como ciertamente imprevisible, es el resultado de las mismas, incluso después de celebradas las autonómicas andaluzas el pasado domingo pues, aunque sin duda es significativo y marca tendencia, coincido con Rajoy –aunque cada vez en menos cosas- que no es extrapolable a las elecciones que tendrán lugar en mayo en toda España, dada la singularidad del comportamiento electoral histórico andaluz, la región que más carga siempre a la izquierda, incluso aunque esa izquierda lleve gobernando allí desde hace más de 30 años. Casi un tercio de siglo en el que Andalucía cada vez se hunde más en el vagón de cola del desarrollo socio-económico español, con pésimos datos en materia de empleo, y, en el que, para más inri, los sucesivos gobiernos del PSOE en la región llevan mucho tiempo cociéndose en la salsa de la corrupción masiva y multimillonaria por los falsos ERES y los también apócrifos cursos de formación, entre otros escándalos, desgastándose lo justo a pesar de ello.

A menos de dos meses vista de la celebración de las elecciones autonómicas y locales en Guadalajara, vistas las encuestas mínimamente fiables –hay algunas que circulan por la calle que dan pena y risa a la vez-, analizados los mensajes analizables de las distintas fuerzas políticas –digo analizables, porque hay algunos que más que mensajes son vómitos y otros ni siquiera llegan a comunicar nada valorable-, visto, leído y escuchado mucho en los medios de comunicación –los serios, los otros no son medios, no pasan de libelos y panfletos-, ojeadas las redes sociales –imprescindibles en la comunicación de hoy, pero complejas de gestionar, valorar e interpretar- y tomado el pulso tomable al prójimo –es decir, a los más próximos: familia, amigos, conocidos y compañeros de trabajo-, sólo me atrevo a afirmar que en la noche del 24 de mayo el PP puede retener el mucho poder que ahora detenta en la capital, la provincia y la región, pero también puede perderlo todo. Ya sé que lo que digo es mucho o es muy poco, según se quiera ver, pero la realidad que percibo es esa, cuando en anteriores citas electorales los resultados eran, a dos meses vista, mucho más previsibles y sorpresas hubo alguna, sí, pero las justas.

Todo apunta a que tanto PP como PSOE van a perder apoyos respecto a las elecciones autonómicas y locales de 2011 y que quienes se van a beneficiar de ello son Podemos/Ganemos –su versión para las locales- y Ciudadanos, lo que ya no es mensurable a día de hoy es si éstos van a ser decisivos para dar y quitar mayorías absolutas en el Ayuntamiento de la capital, la Diputación y la Junta. En el Ayuntamiento de Guadalajara, creo que Antonio Román conseguirá renovar la mayoría absoluta, aunque perdiendo dos o tres concejales, donde actualmente tiene 16 y la mayoría absoluta está en 13; pero si llegara a perder cuatro, que es el peor escenario electoral que le doy, y se quedara con doce ediles, probablemente el PP mantendría la alcaldía capitalina porque, si Ciudadanos entra en el Ayuntamiento –que va a entrar- me parece mucho más probable que deje gobernar al PP en minoría mayoritaria o que, incluso, llegue a un acuerdo de gobierno con él, antes que incorporarse a un gobierno tripartito con PSOE Y Ganemos, de marcado carácter de izquierdas, porque se alejaría mucho de la centralidad que persigue y vende su líder, Albert Rivera, y con la que pretende llegar a las elecciones generales de noviembre para tratar de ser una fuerza decisiva en el parlamento español, que es su principal objetivo. Ya que hablamos de Ciudadanos, apuntar un hecho significativo: es, sin duda, el partido emergente que está en medio del espectro ideológico de los dos grandes partidos nacionales y es probable que obtenga bastante buenos resultados electorales; por otra parte, al tener marca y líder, pero no disponer ni de cuadros ni de bases, se está produciendo un aluvión de afiliaciones y acercamientos a él que pueden hacerle “morir de éxito”, casi antes de nacer de verdad a nivel nacional, porque muchos de los que se están “arrimando” ahora a Ciudadanos no lo hacen por mera simpatía ideológica y apoyo altruista, sino porque le consideran una oportunidad para acceder pronto y fácil a cargos públicos. De hecho, en nuestra misma provincia, ya ha habido follón a la hora de elegir la lista para la capital, hasta el punto de que un sector recién arribado a Ciudadanos y procedente de UPYD –el partido de Rosa Díez que se está desintegrando por su propio ego, obstinación y torpeza-, ha impugnado ante el Comité de Garantías la asamblea que se celebró en Azuqueca el día 21 de marzo. Pronto empiezan… Y, por cierto, la lista de “Ganemos Guadalajara” es una “marca blanca” de IU en los puestos de salida. Se han sabido mover, y muy bien, desde IU para sacar partido de la gestión asamblearia de esa lista, teóricamente inspirada por Podemos, y, al final, “Ganemos” es prácticamente la lista de IU, pero sin Maximiliano, que ha sido el alfil sacrificado en esta especie de “juego de tronos” en que terminan derivando las asambleas cuando se trata de dar y quitar poder. Imagino que habrá bastantes “podemitas” y algún que otro ecologista, así como izquierdistas no afiliados que han participado en la gestación de Ganemos Guadalajara, no demasiado contentos con lo que ha pasado.

De los posibles resultados para la Diputación y la Junta ya tendremos tiempo de hablar; mejor dicho, de especular, porque los ciudadanos sólo hablan de verdad cuando votan.

 

 

35 años sin el “amigo Félix”

El 14 de marzo pasado se cumplieron 35 años de la inesperada y trágica muerte del gran naturalista español, Félix Rodríguez de la Fuente, en accidente de helicóptero, mientras grababa en Alaska imágenes para un capítulo, dedicado a la fauna norteamericana, de su extraordinario, popular y, ya mítico, programa de televisión titulado “El hombre y la tierra”. En el mismo accidente fallecieron el cámara, Teodoro Roa, y el ayudante de cámara, Alberto Mariano Huéscar.

El “amigo Félix”, como era popularmente conocido por sus grandes dotes comunicativas, afabilidad y cercanía, especialmente con los niños, cuando presentaba sus magníficos programas televisivos dedicados a la naturaleza: “Fauna”, “Planeta Azul” y el ya nombrado “El Hombre y la Tierra”, estuvo muy vinculado a la provincia de Guadalajara por varios motivos. Aquí grabo algunos de los mejores capítulos dedicados a la fauna ibérica, especialmente en el espectacular entorno del Barranco del río Dulce. Aquí tenía una finca, entre Torija y Brihuega, en la que pasó muchas temporadas, no sólo para trabajar en ella en los guiones de sus documentales, sino también como destino preferente del tiempo de ocio familiar, compartido con Poza de la Sal, el pueblo burgalés en el que nació, y Cantabria, la región en la que solía veranear con su mujer y sus tres hijas. Y aquí, en Guadalajara, quedó para siempre su recuerdo en el singular y bello Mirador de Pelegrina, que lleva su nombre, y que ofrece una de las mejores vistas de esta vistosa provincia, aunque muchos no lo sepan, llevando en su pecado la inevitable penitencia.

Mi admiración por Félix Rodríguez de la Fuente es una gota más en el mar de admiraciones que le profesamos toda una generación de niños –y, por supuesto, también de mayores-, que hace ya algunas décadas que dejamos de serlo y que aprendimos más biología viendo en la tele los programas de Félix que en los libros de texto. Y digo esto al tiempo que reconozco que tuve en los Salesianos a un extraordinario profesor de Ciencias Naturales, don Inocencio, sabio y bueno como pocos, y con el que las clases se me pasaban casi más deprisa que los recreos, que ya es decir.

Aún tengo grabadas en la memoria, a fuego y tinta indeleble, algunas escenas de los programas de televisión del Dr. Rodríguez de la Fuente, como estoy seguro que lo están en la de casi todos los que los vimos, mayores y chicos, que éramos una inmensa mayoría, además de porque eran magníficos y entretenidos y se daban en el horario que ahora llaman “prime time”, porque entonces sólo había una televisión, la española, por supuesto; con dos canales, eso sí. De entre aquellas escenas, recuerdo muy especialmente una, grabada en los roquedos de Pelegrina, en la que un águila imperial atrapaba con sus garras a un carnero o un muflón y lo transportaba en vuelo majestuoso hasta el lugar en que iba a dar cuenta de él, dejando sólo la carroña para los buitres que, como tales, habitualmente sobrevuelan los farallones rocosos de la zona. También recuerdo nítidamente una secuencia de la entrada violenta de un martín pescador en el agua del Dulce para atrapar con su pico una trucha común, ya no alevín, sino juvenil. Y la impactante escena, esta vez en tierras de Sudamérica, en la que Félix y algunos colaboradores sacan del agua embarrada una impresionante boa que, en uno de sus violentos movimientos para tratar de escapar, está a punto de morderle.

Corren algunas leyendas negras sobre la forma en que tenía Félix de tratar a los animales para preparar las escenas y ser grabadas para televisión, pero a mí me han asegurado muy estrechos colaboradores suyos, de los que me precio ser amigo, como Carlos Sanz –autor de los textos y de las fotografías de los mejores mapas-guías que se han hecho de esta provincia: el del Alto Tajo y el de las Serranías, y acreditado biólogo especialista en el lobo- y Fernando López Herencia –alma, vida y corazón del cada vez mejor Zoo de Guadalajara-, que Rodríguez de la Fuente era aún más amigo de los animales que de las personas y que jamás habría consentido maltrato animal, si bien para poder rodar algunas escenas, contribuyendo con ellas decisivamente a la divulgación y conservación de la naturaleza, hubo que someter a alguno, temporalmente, a control, incluso a cautividad y abstinencia alimenticia.

Al quedar segada la vida de Félix a los 52 años, no hemos podido verle envejecer ni disfrutar de su sabiduría, no sólo por “diablo”, sino también por viejo. Pero nos quedan su vida y su obra que nos permitieron conocer y acercarnos a una naturaleza que, cuando él comenzó a divulgar y a invitar a proteger, era casi una desconocida, salvo para pastores y cazadores –él decía que ellos eran “los primeros naturalistas”-, y apenas tenía protección; es más, hasta entonces se pagaba dinero por coger huevos o pollos de aves rapaces, para evitar que éstas mermaran las especies cinegéticas, y las trampas y el veneno para cazar “alimañas” eran pan de cada día en el campo.

Nadie muere del todo mientras se le recuerda, pero no sólo no muere, sino que pervive aquél a quien, tras su muerte biológica, dan continuidad a su obra. Así, Félix Rodríguez de la Fuente sigue vivo gracias a la Fundación que lleva su nombre y cuya principal impulsora y directora general es su hija menor, Odile. La Fundación Félix Rodríguez de la Fuente fue creada en 2004 por la familia del naturalista con el objetivo de “salvaguardar y proyectar su vida, obra y legado, actualizándolos a través de nuevos proyectos que fomentan la armonía entre “El Hombre y la Tierra”. Es una fundación privada, independiente, de interés público y ámbito nacional, cuya misión es concienciar a la sociedad para que se implique en generar un cambio que mejore y enriquezca la vida del hombre, en el sentido más profundo de la palabra, y la de la tierra que lo sustenta”. Precisamente, esta Fundación, en 2010, impartió un curso en Guadalajara cuyo principal objetivo era la creación de empleo sostenible en zonas rurales de la provincia para evitar su abandono y la consecuente degradación de sus espacios naturales. Un objetivo encomiable e imprescindible para la supervivencia de la Guadalajara rural, que representa el 70 por ciento del territorio, pero sólo el 20 por ciento de su población. Es obvio que Félix conoció y quiso esta tierra, no sólo a su fauna y su flora, y que su espíritu sigue vivo entre nosotros 35 años después de su muerte.

P.D.- Hoy, 18 de marzo, su maravillosa familia y sus muchos amigos hemos despedido a Nieves Diges Garrido, mucho antes de lo esperable y después de bastante más sufrimiento del razonable. Como ha dicho su hijo, Gabriel, en su emocionante despedida en el tanatorio, Nieves fue la persona más libre y buena que hemos conocido, fundamentalmente porque no le tuvo miedo a nada. El miedo, efectivamente, Gabriel, es el mayor enemigo de la libertad, como también lo es de la esperanza. Gracias por enseñarnos a vivir, Nieves. Contigo se ha apagado uno de los más hermosos rayos de sol nacidos en Guadalajara, como refiere la jarcha árabe que hemos vuelto a oír cantada maravillosamente por ti en tu despedida.

Mejor el centro

                La presidenta de Castilla-La Mancha, Dolores Cospedal, anunció el lunes en Guadalajara, en su intervención en el Foro que el diario nacional La Razón organizó en el Hotel Tryp  sobre el “Presente y futuro de Castilla-La Mancha”, que en unos días volverá por aquí, no sólo porque está ya en pre-campaña electoral de manera evidente, sino porque se va a hacer oficial que el Ministerio de Defensa y el Ayuntamiento de la capital han llegado a un acuerdo de permuta de parcelas por el que el edificio del antiguo colegio de “Las Cristinas” va a pasar a ser propiedad municipal e, inmediatamente después, ser cedido a la Junta para que en él se instale el inmueble principal del nuevo campus de la Universidad de Alcalá en la capital alcarreña.

No estoy de acuerdo con la presidenta regional en que Guadalajara, capital y provincia, hayan sido “bien tratadas y cuidadas” por su gobierno, algo que afirmó en el mismo foro, pero sí aplaudo, y además con entusiasmo, que se estrechen aún más los lazos de esta ciudad y esta provincia con su Universidad natural y racional, que es la de Alcalá, y que su nuevo campus se ubique en el centro de la urbe, contribuyendo a que sea “una ciudad universitaria y no sólo una ciudad con universidad”, frase que oí por primera vez al actual alcalde, Antonio Román, cuando ambos compartíamos responsabilidades de dirección y portavocía en el Grupo Popular en el Ayuntamiento de Guadalajara. Estábamos entonces en la oposición al gobierno municipal que encabezó el socialista Jesús Alique (2003-2007), gracias a un pacto con IU, y que los ciudadanos reprobaron en las urnas en las elecciones locales de 2007, de manera absolutamente contundente. Esa frase de Román subrayaba y definía perfectamente la posición que habíamos fijado en el Grupo Popular de apoyo crítico al proyecto de nuevo campus universitario que se pretendía ubicar en el Polígono del Ruiseñor, localizado en el extrarradio de la ciudad, en zona de vega, al otro lado del río y de la vía del ferrocarril, y casi más cerca de Marchamalo y de Cabanillas que de Guadalajara.

En el Grupo del que entonces era viceportavoz, siempre preferimos que ese campus se desarrollara en el casco urbano, proponiendo tres opciones para su ubicación: el entorno que ahora se ha elegido, en el que ya estaba la entonces recientemente reformada y ampliada Escuela de Magisterio, el de Adoratrices-Fuente de la Niña o el Fuerte; pero, aunque desde el primer momento tuvimos serias dudas sobre la viabilidad económica del proyecto de campus en el Ruiseñor, decidimos apoyarlo porque no se nos daba ninguna alternativa y, sobre todo, por puro posibilismo pues queríamos que no se perdiera la que se nos “vendió” como única oportunidad de ampliar el campus de Alcalá en Guadalajara y, por ende, de reforzar la vinculación de esa Universidad con nuestra ciudad. Finalmente, aunque se iniciaron, pero no terminaron, las obras de urbanización del sector del Ruiseñor, el proyecto de Campus y Parque Científico y Tecnológico que llevaba anexo ni siquiera se empezó, sencillamente porque, aunque naciera con la mejor intención –hay quien dice que también con algún contubernio de intereses entre promotores, empresarios y la administración regional de Barreda, muñido en restaurantes y despachos de Toledo y Madrid-, no era económicamente sostenible ni viable, menos aún en los tiempos ya de inminente crisis en que se intentó gestar, por lo que jamás pasó de ser una maqueta y una virtualidad, rodeada de mucha propaganda y cohetería, eso sí.

Que el nuevo campus de la Universidad de Alcalá se vaya a establecer finalmente en el casco urbano de la ciudad es una buena noticia para la universidad y para Guadalajara. Para la universidad, porque se va a imbricar e integrar aún más en la vida cotidiana de la ciudad y va a ser una figura relevante de su paisaje urbano y, para Guadalajara, porque la universidad va a contribuir a dinamizar social y económicamente su zona centro, especialmente la parte baja de la misma, que lleva ya varias décadas languideciendo, que entre casi todos la hemos ido matando y que, cuando casi nos resignábamos a que se muriera ella sola, ahora tiene una nueva oportunidad de revitalizarse gracias a la universidad y a los universitarios. Es deseable que los empresarios y los emprendedores locales estén atentos a esas nuevas oportunidades de negocio que van a surgir en torno al nuevo campus universitario que, espero, no sólo se limite a expandirse con el edificio de las Cristinas, sino también a algunos de los demás edificios y/o parcelas de la zona (Archivo Histórico Militar, Colegio Pedro Sanz Vázquez, IES Brianda de Mendoza, antiguo Hospital Provincial, antiguo Cuartel de San Carlos, incluso el Alcázar, etc.) que podrían adaptar sus actuales usos a universitarios. Cuanto más suelo universitario haya en Guadalajara, mejor, porque eso será sinónimo de mayor y más diversa oferta de estudios y, por tanto, de capacidad de acogida.

En todo caso, repito que yo voto por el centro;  en él está la virtud, aunque no todos los que están en él sean precisamente virtuosos. ¡Con esos, al extrarradio; o sea, fuera y muy lejos!

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