Reabre el viejo Moderno

Por fin va a reabrir sus puertas la vieja sala del Moderno que, antes de su cierre en septiembre de 2012 y tras una importante reforma hecha en 2005, era teatro, que anteriormente fue cine y que siempre formó parte de las instalaciones socio-culturales y recreativas que, a finales del XIX y durante el primer tercio del XX, conformaron el Ateneo Caracense, después llamado Ateneo Instructivo del Obrero. En la posguerra, la sala y el edificio anejo al Moderno fueron sede de Educación y Descanso –nominación que tuvo la acción de promoción cultural, deportiva y recreativa del sindicato vertical franquista- y, con el inicio de la democracia, pasaron a ser el Ateneo Municipal de Cultura, manteniéndose la sala como cine comercial un tiempo con el nombre que ya tenía de Moderno y, después, como espacio de proyecciones del Cine-Club Alcarreño, mientras que el edificio del Ateneo acogía a la Agrupación Fotográfica y su sala de exposiciones en la planta baja y, en las superiores, había unas salas polivalentes de exposiciones y conferencias, algún despacho del Patronato Municipal de Cultura, la cafetería y varias oficinas pequeñas que ocupaban asociaciones culturales de la ciudad, hasta que la Junta de Comunidades, propietaria del inmueble, decidió cerrar este edificio, tras concluir el convenio de cesión de uso al Ayuntamiento.

Visita al teatro modernoSin duda se trata de una buena noticia el hecho de que la ciudad recupere para su actividad cultural una sala de pequeño formato como es la del Moderno. La Junta cerró el Moderno hace ya dos años y medio como una más de las acciones de recorte que adoptó Cospedal, forzada ante el rojo intenso que presentaban los números regionales que le dejó Barreda, y, ahora, tras una inversión regional de reforma en el inmueble relativamente pequeña, que ni si quiera ha llegado a los 300.000 euros, el Ayuntamiento de Guadalajara lo va a reabrir ya mismo. Una decisión acertada y que aplaudo porque la ciudad tiene ya una demanda de programación cultural para actividades en sala lo suficientemente amplia y variada como para que puedan convivir, perfectamente, la oferta del Buero Vallejo y la del Moderno; es más, ambas salas se pueden y deben complementar, sumar sinergias, diversificar la programación y ampliar la oferta y, por ende, también los públicos objetivos.

A primera vista, la programación del Moderno que acaba de hacer pública el Ayuntamiento para el próximo trimestre me parece muy buena, variada en contenidos y con nombres propios de primera línea, sobre todo en el ámbito musical. Es un acierto indiscutible, porque prima la buena música, reabrir el Moderno con Ara Malikian, el virtuoso del violín libanés de origen armenio y nacionalidad española, en dúo con el compositor y guitarrista argentino, Fernando Egozkue; también es dar en el centro de la diana el incorporar a esa programación a un extraordinario intérprete del blues como es Boo Boo Davis, o al genio de la guitarra que es Leburn Maddox, acompañado de su banda, o a la singular Carmen París, que fusiona, como si del mismo palo se tratara, la jota y el flamenco con el jazz. El teatro, tanto  para adultos como infantil,  también tendrá un importante hueco en el redivivo Moderno. Y la danza y el circo y la poesía y… por supuesto, el cine, con una programación “a la carta” en la que se ofrecerán películas para todos los públicos, desde el familiar (Hook: el Capitán Garfio, 101 Dálmatas, etc.), al clásico (Encadenados, de Hitchock, entre otras) y, como no podía ser de otra manera, el cinéfilo, que tendrá su propio “día”, un martes cada mes, para disfrutar de grandes películas como El Extraño caso de Angélica, de Manoel de Oliveira, en V.O., Calcuta 71, de Mrinal Sen, también en V.O., o Tierra de Abundancia, de Win Wenders.

El hecho de que se hayan agotado en apenas unas horas las entradas para el concierto de Malikian y Egozkue, con el que se reabrirá el Moderno el día 3 de marzo, y que, según me consta, esté habiendo mucho interés del público por el resto de la programación, cuando se acaba de anunciar, confirman que se ha acertado con ella, un mérito que, especialmente, tiene dos nombres propios: el de la concejal-delegada de Cultura, Isabel Nogueroles, y el del director del Buero y ahora responsable también de la programación del Moderno, Julio Gómez Taracena. Al Alcalde, Antonio Román, es justo reconocerle el mérito de haber tomado la decisión de convenir -y “conveniar”- con la Junta la cesión del Moderno al Ayuntamiento para su reapertura y conseguir de ella una limitada, pero necesaria intervención de reforma. Y a la Asociación de Amigos del Moderno, heredera de la plataforma que se organizó en su día contra su cierre, cabe atribuirle el mérito de haber hecho el ruido callejero y mediático necesarios para que esta sala esté hoy abierta y no cerrada.

Termino reclamando que, al igual que se ha hecho con la sala del Moderno, el Ayuntamiento y la Junta lleguen a un acuerdo para que, tras la inversión de rehabilitación y reforma que sea necesaria por parte del gobierno regional, se reabra el viejo edificio anexo del Ateneo como centro de cultura activa de la ciudad, especialmente dedicado a la actividad del movimiento asociativo cultural, que actualmente es acogido en el Centro Cívico Municipal, el famoso “edificio negro”, un espacio inadecuado, infradotado y con múltiples inconvenientes para que en él se haga y gestione cultura. Ese “edificio”, aunque esté sorprendentemente catalogado y protegido en el vigente POUM de la ciudad, es un auténtico “pecado urbanístico” para el que hay que realizar un acto de contrición –o sea, echar una pensada sobre qué se hace con él, sin descartar su descatalogación y demolición o, al menos, revestirle de una “segunda piel”- que después conlleve algún tipo de penitencia, que en ningún caso debe ser condenar a las asociaciones a malvivir en él.

Gol de Román a pase de Eladio Freijo

Me gusta el proyecto de Ciudad del Fútbol que el actual equipo de gobierno del Ayuntamiento de Guadalajara ha presentado hace unos días, aunque tenga cierto tufillo preelectoral porque no podrá si quiera iniciarlo, sino que tendrá que ser el que salga de las urnas el próximo 24 de mayo el que lo ponga en marcha. Un equipo que podría estar liderado de nuevo por Antonio Román quien, el pasado viernes, terminó de deshojar la margarita sobre su repetición o no como candidato del PP a la alcaldía de la capital por cuarta vez, haciéndonos ver que en el último pétalo decía “sí”, pero reconociendo que había estado muy cerca de que dijera “no” porque su querencia hacia su familia y su vocación profesional médica son cada vez más fuertes, mientras que sus ya veinte años de ejercicio político lastran su ánimo para continuar en activo en él. El propio alcalde confesó –lo que es un hecho cargado de honestidad, aunque seguro que a muchos les ha parecido políticamente incorrecto- que va a repetir, cuando estaba más bien por no hacerlo, porque se lo ha pedido expresamente la presidenta de la Junta y del PP regional, quien le había transmitido que su concurso es necesario para que los populares tengan mayores opciones para mantener la alcaldía de la capital y su “tirón” también para reforzar las opciones de los populares, tanto en la Diputación como en la Junta. No se equivoca en este caso Cospedal, lo que ya no sé es si se equivocará Antonio porque, después de ese reconocer que estaba más bien por irse de la política que de quedarse, aunque renueve la alcaldía pasará a ser un “lame duck”, un “pato cojo”, como llaman en Estados Unidos a los presidentes cuando afrontan la última parte de su segundo mandato y ya no pueden volver a ser candidatos, lo que da lugar a que muchos de sus colaboradores comiencen a posicionarse para el futuro alejándose progresivamente de ellos, se olviden de favores y afectos pasados y dejen a su “jefe” trompicándose y, a veces, hasta dando tumbos, como les ocurre a los patos cuando cojean.

                 Decía que me gusta el proyecto de Ciudad del Fútbol presentado por Román hace unos días porque lo considero absolutamente necesario en una ciudad como Guadalajara que ya tiene un buen conjunto de instalaciones deportivas, tanto al aire libre como cubiertas, pero al que, a mi juicio, efectivamente le falta un gran complejo dedicado exclusivamente al fútbol porque las instalaciones de las que dispone a día de hoy del llamado, de manera eufemística pero cierta, “deporte rey”, son insuficientes y están dispersas. Algo que han corroborado unánimemente los presidentes de los clubs de futbol más representativos y activos de la ciudad, desde el del Depor, hasta los del Hogar Alcarreño -¡qué alegría me dio que se recuperara este histórico y querido club!-, el Dinamo Guadalajara y la Academia Albiceleste, que, es justo reconocerlo, están haciendo una labor encomiable, porque el fútbol de base y el “modesto”  son imprescindibles para que exista el de oropel de los Ronaldo, Messi y compañía y, por supuesto, también el mucho que hay entre uno y otro.

Aunque a algunos les parezca que la Ciudad del Futbol va a estar en el “más allá”, o sea, lejos, muy lejos, acotada por el río Henares y la Ronda Norte, el acierto de la elección del emplazamiento del proyecto, entre el Remate de Las Cañas y la Ampliación de Aguas Vivas, en unas grandes parcelas de suelo terciario de las que es titular el Ayuntamiento, me parece indiscutible, entre otras razones porque en el suelo urbano actual del que dispone la ciudad no hay otras de su tamaño y que cuenten con las posibilidades de tener las infraestructuras, los equipamientos, los servicios y los accesos necesarios para llevar a buen fin esta ciudad futbolera. Por otra parte, el hecho de que el proyecto se plantee en tres fases, me parece muy prudente y razonable, porque no es económicamente posible pasar del cero al infinito, ni aconsejable gastarse todo en “cintas”, como decía mi padre. También me parece bien que una de las fases del proyecto contemple, si el Deportivo asciende de nuevo a segunda, la posible construcción de un nuevo campo de fútbol que sustituya al viejo Pedro Escartín, con la capacidad, instalaciones, equipamientos y servicios adecuados a esa categoría, tipo al que tiene ahora el Numancia, en Soria. El ayuntamiento apunta a otra posible colaboración público-privada para construir esos “Pajaritos” a la alcarreña, como ya se ha hecho con el Centro Acuático. En todo caso, para el proyecto conjunto de la Ciudad del Fútbol, será sin duda necesario el apoyo económico de la Junta e, incluso, el del CSD –como ya ocurrió en la financiación de la obra del Palacio Multiusos– porque sería muy oneroso e, incluso, inviable para Guadalajara abordarla sólo con recursos propios municipales.

De este proyecto y de los muchos otros así como de las numerosas actividades que en el ámbito deportivo se vienen desarrollando en la ciudad en los últimos ocho años –reconocidos hace poco a nivel nacional por importantes galardones-, el alcalde, Antonio Román, es sin duda responsable, pero su auténtico impulsor y gestor es Eladio Freijo, el mejor concejal de Deportes que ha tenido esta ciudad y que es un extraordinario y ejemplar referente de compromiso, esfuerzo, dedicación y trabajo bien hecho desde el servicio público al deporte. Eladio es amigo mío, sí; casi un hermano, pero, como sentencia el aforismo que Antonio Machado enhebró de La Ilíada en su Juan de Mairena:“ la verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero”.

 

 

 

Futuro, future, fitur

                Aunque “FITUR” es el acrónimo de la Feria Internacional de Turismo, de Madrid, que acaba de cerrar las puertas de su última edición, no tengo la menor duda que, cuando se buscó un nombre para esta gran feria mundial del turismo, hace ya 35 años de ello, quienes tuvieron esa responsabilidad pensaron que FITUR no sólo era un acrónimo identificativo, expresivo y sonoro, sino que, tanto en inglés como en castellano e, incluso, en francés, parecía querer aproximarse a la palabra “futuro”. Y es que, efectivamente, para muchos países, y entre ellos especialmente el nuestro, el futuro económico y social está muy ligado al desarrollo turístico pues, no en vano, el 12 por ciento del PIB español lo aporta este sector y más de 2.000.000 de personas trabajan directamente en él, cifra a la que hay que sumar los muchos miles de empleos diferidos que genera dado su gran impacto transversal en todo el sector servicios.

Si el futuro de España está ligado al turismo de manera señalada, su pasado reciente y su presente también lo han estado y están. El propio presidente del gobierno, Mariano Rajoy, aportó hace unos días un dato en el Foro Español Global del Turismo, que se celebró en vísperas y en el entorno de FITUR, que avala lo que antes señalaba: Los turistas extranjeros se gastaron en España en 2014 nada más y nada menos que 63.094 millones de euros, una cifra que ha coadyuvado, y mucho, a que en nuestro país haya crecido por primera vez el PIB de manera significativa (1,6 por ciento) el año pasado, después de casi seis años de recesión, o sea, de crisis económica y social, la peor desde que se superara la de principios de los años ochenta, que también se ensañó con el empleo. Como también subrayó Rajoy en el Foto antes citado, si ha habido un sector económico en España que en estos últimos años ha evitado que la importante crisis vivida, y que aún vivimos, literalmente nos llevara a cifras “griegas”, ese sin duda ha sido el turismo pues, lejos de desinflarse la cifra de turistas extranjeros con destino España, ésta se ha elevado hasta los casi 65 millones de visitantes que tuvimos en 2014, un record que ha superado el del año pasado, que ya había llevado el dato hasta 60,6 millones.

Depender tanto del turismo tiene sus riesgos, evidentemente, pero si nuestra gran industria es esa, si nuestros recursos en esa materia son extraordinarios y cada día se ponen más y mejor en valor, si nuestros productos y servicios turísticos son muy atractivos y competitivos en la relación calidad/precio, si nuestro nivel empresarial y nuestro esfuerzo inversor en ese ámbito son punteros a nivel mundial, si nuestra competencia profesional en el sector servicios es reconocida y reconocible, está claro que estamos ante una de las fortalezas de nuestra economía y debemos perseverar en ella. Lo que no debemos hacer es dormirnos en los laureles, porque la competencia directa como destino turístico de España –los países mediterráneos- puede ser muy dura en cuanto se estabilicen políticamente los países del Magreb y Oriente Medio, algo que parece muy difícil a corto plazo, pero que a medio y a largo habrá de llegar, incluso con la contribución solidaria y leal de nuestro propio país porque de la sinrazón y la barbarie no se puede, al menos, no se debe, sacar ningún partido y porque, como aconseja el sabio refranero, si ves a tu vecino que le pelan las barbas, la precaución invita a poner las tuyas en remojo. O a no dejarte barba.

Ya hemos visto que las cifras del turismo en España confirman un gran presente y apuntan hacia un buen futuro, caminando paralelas a la propia FITUR que, un año más, ha batido sus propios récords, ya muy estimables, pues se trata, junto con las de Berlín y Chicago, de una de las Ferias internacionales de turismo más importantes del mundo. Estos son los principales datos que nos ha dejado Fitur 2015:

–          Record total de visitantes: 225.000

–          Record de visitantes profesionales: 125.000 , originarios de más de 100 países

–          690 expositores directos

–          165 países representados

–          7262 periodistas acreditados, procedentes de 52 países

–          Impacto de ingresos inducidos para Madrid: 200 millones de euros

En lo que respecta a nuestra región y provincia, después de aquellos años de vino y rosas en los que que la Junta se gastaba en FITUR lo que podía y lo que no para parecer que los tenía muy grandes –los presupuestos, me refiero, no sean mal pensados, y, efectivamente, los de gastos lo eran, pero los de ingresos no se correspondían con ellos-, el coste total del stand de Castilla- la Mancha ha superado este año por poco los 300.000 euros –un 25 por ciento menos que lo que costó en 2014-, cuando en los últimos años de los gobiernos socialistas se llegó a superar en alguna edición el 1.000.000 de euros de coste. Aunque la promoción turística siempre es inversión, cuando ésta es desproporcionada, la parte superflua es mero gasto suntuario, perfectamente prescindible; por el contrario, no gastarse lo que se debe en promoción turística, es no invertir lo necesario en ella. Lo digo más claro: Ni era razonable el dispendio barredil, ni es plausible tanta austeridad cospedaliana, sobre todo porque no se corresponde que se haya reducido en un 25 por ciento el coste de la presencia de la región en FITUR, con el mensaje de que “ya ha pasado lo peor de la crisis y vamos a más y a mejor”, que nos tratan de vender, día sí, día también, máxime cuando esta región tiene una potencialidad turística muy importante, al tiempo que una necesidad de aprovecharla imperiosa porque no sólo de queso y vino viven los hombres y las mujeres de Castilla-La Mancha.

Termino diciendo que me parece muy bien fomentar el turismo de eventos y efemérides anuales y que es bueno promocionar para 2015 el IV Centenario de la segunda parte de El Quijote –aunque el propio Cervantes advirtió que “nunca segundas partes fueron buenas”- y el V Centenario del nacimiento de San Teresa de Jesús –algo que vendrá estupendamente a los cuatro lugares teresianos de la región: Pastrana, Malagón, Villanueva de la Jara y Toledo-, como fue, sin duda, todo un éxito –por supuesto y sobre todo, para Toledo- la conmemoración en 2014 del “Año Greco”; ahora bien, o le damos un poco más al magín -aunque no hace falta llegar a lo que le dio don Quijote- para desarrollar el turismo de verdad en toda la región, al menos en la que sea susceptible de ello por sus recursos, o vamos a tener que seguir viviendo de las cifras que aporta Toledo –Sigüenza le sigue como segundo destino en la región, pero a mucha distancia- y viendo pasar por nuestras carreteras, pero sólo parando a repostar gasolina y poco más, a gran parte de esos más de 60 millones de turistas que vienen a España cada año. E, incluso, a los madrileños cuando salen en diáspora, camino de otros lugares de España

Hablando de turismo de eventos y efemérides, Guadalajara, capital y provincia, tienen en 2016 el reto de saber conmemorar y aprovechar, tanto en el ámbito cultural como en el turístico, la circunstancia de que se cumpla en ese año el I Centenario del nacimiento de Antonio Buero Vallejo y de Camilo José Cela, dos de los más importantes literatos españoles del siglo XX y ambos muy vinculados a Guadalajara; el primero, por nación y vocación y, el segundo, por adopción, pero también vocación, por utilizar una expresión típicamente celiana.

Y si en 2015 empiezan, de verdad y de una vez por todas, las obras del Parador de Molina, aunque sea más pequeño del inicialmente proyectado –algo que me contraría, pero que comprendo-, prometo no criticar el acto de colocación de la primera piedra, si se garantiza que se coloque también la última.

De Locomotoro al colesterol catódico

Confieso que pasé mucho tiempo de mi infancia e, incluso, de mi adolescencia delante del televisor porque TVE había comenzado sus emisiones regulares apenas cinco años y un día antes de nacer yo, por lo que la tele y un servidor casi pertenecemos a la misma generación y crecimos juntos. No es que fuera un niño especialmente hogareño y retraído, bien al contrario, me encantaba estar y jugar fuera de casa, especialmente en aquellos años sesenta en que las calles de Guadalajara eran aún más de las personas que de los coches, pero en cuanto tenía oportunidad me ponía delante de nuestro televisor en blanco y negro, marca Telefunken, y no parpadeaba para no perderme un segundo de lo que echaban por la tele, como decía como recurrente latiguillo, no hace mucho, un comentarista de la Fórmula 1, minutos antes de que Fernando Alonso y cía. comenzaran a pisar el acelerador de sus coches en cada Gran Premio.

Aunque ahora, con la TDT, las parabólicas y las televisiones de pago las opciones de sintonización de canales y de programas son casi infinitas, en mis primeros años de vida y en los de la televisión no había más opciones que ver en España que, por supuesto, la española, y además emitiendo en un único canal, en VHF, hasta que en 1966 comenzó a emitir un segundo canal, en UHF. La VHF, o sea, el primer canal –lo que ahora es “La Uno”-, se pudo ver relativamente pronto en casi toda España, sobre todo en las zonas urbanas, gracias a los grandes postes repetidores que se instalaron en lugares estratégicos, como por ejemplo en Trijueque y en Maranchón, por no salir de la provincia. En cambio, la UHF –que ahora es “La Dos”, la de los documentales de animales que todo el mundo dice ver pero que casi nadie ve y la de “Saber y ganar”, ese gran y longevo programa-concurso cultural que presenta Jordi Hurtado, el hombre que, como Fausto y Dorian Gray, parece haber pactado con el diablo para no envejecer- tardó muchos años en poder verse en todo el territorio nacional, exactamente hasta principios de los años 80 en que, con motivo de la celebración en España del Mundial de Fútbol de 1982, el del “Naranjito”, se instalaron repetidores y micro-repetidores masivamente –sólo en Guadalajara, la Diputación instaló más de un centenar en otros tantos pueblos-, para que pudieran verse los partidos de esta competición que se retransmitieron a través de la segunda cadena. Aquella fuerte inversión constituyó luego todo un fiasco pues España fue eliminada muy pronto y el personal, decepcionado, pasó casi olímpicamente del campeonato, que terminó ganando la Italia de Dino Zoff y Paolo Rossi con su aburrido pero efectivo “catenaccio”.

Mis primeros recuerdos de la televisión están ligados a las reparadoras y bien ganadas meriendas que hacía al volver del colegio, a las seis de la tarde –me gustaba mucho el pan tostado con mantequilla y azúcar, aunque no le hacía ascos a un bocadillo de cualquier tipo de embutido, especialmente de salchichón suave, tipo Olot-, en las que entre bocado y bocado me encantaba ver a Los Chiripitifláuticos, aquellos entrañables y divertidos personajes de cuyos nombres aún me acuerdo de carrerilla: El Capitán Tan, Valentina, Locomotoro y el Tío Aquiles. Tampoco parpadeaba viendo Rin-Tin-Tin, la mítica serie de aquél precioso e inteligente perro pastor alemán que acompañaba al cabo Rusty en sus aventuras en el Oeste americano, un espacio y un tiempo muy televisivos, por cierto, y que tenía un extraordinario poder de convocatoria cada vez que se proyectaba una serie –por ejemplo, Bonanza– o una película ambientada en él. Alguna vez, antes de que salieran los famosos “telerines” cantado su mítica cancioncilla/consejo de “Vamos a la cama que hay que descansar, para que mañana podamos madrugar”, permanecía en el cuarto de estar, donde estaba la tele en mi casa, más haciendo que estudiaba que estudiando, y echaba un vistazo a las series dramáticas que se emitían a diario antes del telediario –mi padre le llamaba “el parte”-, de las que recuerdo títulos como “El Conde de Montecristo” o “El Clavo”, producciones muy limitadas de medios comparadas con las actuales, pero siempre ofreciendo unas extraordinarias interpretaciones dramáticas por parte de actores de la talla de Pepe Martín, Pablo Sanz, Jesús Puente, José Bódalo, Lola Herrera, Ana María Vidal o Luisa Sala, entre otros. Cuando mis padres me  perdonaban “el rombo”  que se insertaba en la esquina superior derecha de la pantalla e indicaba que la obra no era “apta” para menores de 14 años –los dos rombos para los mayores de 18 me los perdonaron muy pocas veces-, a pesar de ser todavía niño me gustaba mucho ver el teatro en aquél, al menos para mí, magnífico programa que fue Estudio 1. Gracias a él conocí las mejores obras de la más escogida nómina de autores dramáticos españoles de todos los tiempos, aunque yo tenía especial preferencia por las de Buero Vallejo, por ser familiar y paisano. Antes que en el teatro, vi obras de Buero en la tele como “Hoy es fiesta”, “El concierto de San Ovidio” o “En la ardiente oscuridad”, y recuerdo aún con admiración las excelentes interpretaciones de los personajes de ciego que hacía José María Rodero en estas dos últimas obras.

Según se fue quedando atrás mi niñez y después la adolescencia, al tiempo que la tele también iba creciendo –en unos casos madurando y en otros despitándose-, me fui alejando de ella porque las responsabilidades y el tiempo que debía dedicar a los estudios iban siendo cada vez mayores y, lo que quedaba libre, no quería  regalárselo a las 625 líneas, sino que me lo dejaba casi todo enterito para mis amigos y, por supuesto, para mis primeros amores que, como es fácilmente imaginable, no siempre fueron correspondidos. De estar muy unido de niño a la tele pasé a despegarme cada vez más de ella de joven; incluso, a cuestionarla y hasta criticarla ácidamente, asumiendo casi como propia la letra de aquella canción-protesta de Ángel Parra que en dos de sus estrofas decía:

Con la tele me dan ganas

de comprar rifles y bombas,

de asesinar a un anciano

y nadar en Coca-Cola.

 

Qué apasionante es la tele

con sus videos de amor,

prostitutas que se salvan

al casar con un señor,

treinta años mayor que ellas

y millonario el bribón.

                Pasado el sarampión de la juventud, tanto mía como de la tele, el tiempo nos volvió a reencontrar casi a la fuerza, aunque no a reconciliar y mucho menos a emparejar, porque a mi edad ya no estoy dispuesto a entregarme con pasión a la pequeña pantalla y ella, la verdad, es que pone muy poco de su parte para hacerse realmente atractiva pues la mayor parte de la programación es o se acerca a la telebasura, las series –salvo honrosas excepciones- se hacen como churros y, por tanto, son puro colesterol catódico, o pagas o no ves deporte del bueno, las tertulias políticas ya hartan y la mayor parte de las películas están más vistas que el TBO, la revista española de historietas que dio nombre a los tebeos. O sea que, o nos tapamos la nariz y tragamos con lo que nos echan en la tele, o no nos queda otra opción que ver documentales en La Dos –o, al menos, decir que los vemos- o en los canales temáticos. Bueno, sí tenemos otra opción: apagarla.

 

Botargas en negro o en rojo

Concluido el tiempo de Navidad, el negro de los días laborables se impone por goleada al rojo de los festivos en el calendario. De hecho, hasta el 2 y el 3 de abril, fechas en las que este año caen Jueves y Viernes Santo, no habrá más días festivos que los ordinarios, o sea, los domingos, que siempre vienen de la mano de las jornadas que les preceden, los sábados, que, para quienes no trabajan en ellos, son parejas de baile del día festivo por excelencia, no pudiéndose concebir el uno sin el otro porque los días tienen su propia personalidad al asociarse a su víspera o ser ellos mismos vísperas del que anteceden. Así, pues, para los trabajadores de la llamada “semana inglesa”, que somos mayoría, sábado y domingo son matrimonio festivo de conveniencia, bajo el nombre común de fin de semana, aunque aquél se pinte de negro en el calendario y éste de rojo.

                Pero, si bien las primeras hojas del calendario se pintan de negro más que de rojo, y nuestros ánimos se disfracen de gris por lo poco que sigue a tantos días de mucho, el tiempo de invierno que estamos aún principiando es mucho más festivo de lo que las tintas de imprenta nos transmiten a primera vista. Efectivamente, si hay un momento del año en que se suceden fiestas tradicionales sin solución de continuidad y casi todas ellas con mucho sentido y profundidad, este es el tiempo de invierno y, más aún, el del primer invierno, que es en el que nos encontramos, a pesar de que “para los Reyes, ya lo notan los bueyes”, que es la forma en que el dicho popular nos cuenta que, desde el 21 de diciembre, cuando tiene lugar el solsticio de invierno, los días ya van ganándole un poco de tiempo a la noche, la luz a la oscuridad y el sol a la luna y las estrellas, y así continuará siendo hasta el solsticio de verano, el 21 de junio, en que se invertirá la tendencia.

Desde Epifanía –que significa “manifestación”, fecha en la que se conmemora el conocimiento que el mundo tuvo del nacimiento de Jesús a través de la Adoración de los Reyes- hasta Jueves Santo, ya no habrá más festivos extraordinarios este año, salvo para el sector de la enseñanza, en el que educadores y educandos disfrutarán de un día extra de vacaciones el 30 de enero –“Día de la Enseñanza”- y de dos el 16 y 17 de febrero, que serán dos jornadas “sin actividad docente”, coincidentes con el Carnaval, la fiesta de invierno por excelencia, pero ni mucho menos la única como después veremos.

 Camino del puerto de la Quesera se rodó un famoso anuncio que hizo popular al "tío Jesús" de Majaelrayo en esta taina de pastores junto a la carretera, frente a la que aparece aparcada una Harley Davidson. Foto: Santiago Barra


Camino del puerto de la Quesera se rodó un famoso anuncio que hizo popular al «tío Jesús» de Majaelrayo en esta taina de pastores junto a la carretera, frente a la que aparece aparcada una Harley Davidson. Foto: Santiago Barra

Entre la festividad de Reyes y la Semana Santa hay casi tres meses de calendario que hay que consumir de un tirón, sin festividad extra de por medio, y ese tirón empieza con un puerto de primera, la llamada “cuesta de enero”, casi tan sofocante como el Puerto de la Quesera, ese espectacular pico que, más que separar, une a las provincias de Guadalajara y Segovia, situado a mitad de camino entre Majaelrayo y Riaza, y por el que pasará la Vuelta Ciclista a España en su próxima edición, según se acaba de hacer público recientemente. Excelente noticia es, sin duda, que un evento deportivo de la fama, capacidad de convocatoria y repercusión de la Vuelta discurra por uno de los parajes más bellos y espectaculares de la provincia, como son las serranías de la zona de la Arquitectura Negra, a la que el entrañable “abuelo Jesús”, en aquél ya casi mítico anuncio televisivo de Toyota, contribuyó de manera notoria a poner en el mapa, gracias a su genial, por natural, interpretación de sí mismo, o sea, de un cabrero serrano. Aunque, por lo que voy a decir, algunos me tachen de oportunista y de madridista irredento –esto sí que lo asumo y, además, con orgullo-, efectivamente, añorado Jesús, este año “el Madrid ha vuelto a ser Campeón de Europa” y puede que lo vuelva a ser otra vez más –y ya irían once- antes de que la Vuelta discurra por esos parajes serranos suyos en los que el negro no es el color ni del diario, ni mucho menos del luto, sino todo lo contrario, es la vida misma extraída de las entrañas de la tierra, en forma de lajas de pizarra, para construir hogares en los que guardarse del viento helado y la nieve durante el invierno, que allí hay veces que dura hasta nueve meses, lo que un embarazo, que es la más grande y bella antesala de la vida, como lo son las largas invernadas porque después traen esplendorosas primaveras.

Como decía, este tiempo del invierno recién estrenado es, aunque no lo parezca y no lo remarque en rojo el calendario, festivo como pocos, más aún en esta tierra en la que, desde el mismo día en que principia el año, ya salen en Humanes, Alarilla y Robledillo, al pie de la Muela y en las riberas del Sorbe y el Henares, las primeras botargas, esos singulares personajes de las guadalajaras, enmascarados y ataviados de ropajes multicolores, las más de las veces con cachiporra en mano y haciendo sonar cascabeles y cencerros con sus saltos y requiebros. Una figura tradicional muy nuestra esta de la botarga que Julio Caro Baroja, sobrino de don Pío, estudió y contribuyó a divulgar en su día con sus artículos en la Revista de Dialectología y Tradiciones Populares y la proyección de su documental, titulado “A caza de botargas”, especialmente divulgado a través de aquel eficacísimo recurso de información y, sobre todo, de propaganda que constituyó el NO-DO durante el franquismo. A las botargas campiñeras antedichas, le siguen en orden cronológico otras también campiñeras, serranas o alcarreñas como las de Razbona, Valdenuño Fernández –junto con los danzantes del Niño Perdido-, Mohernando –con “el Bufón”-, Montarrón, Mazuecos, Fuencemillán, Málaga del Fresno, de nuevo Robledillo –esta vez la “Botarga infantil”, tras salir el uno de enero la llamada “de casados”-, Beleña, Arbancón, Retiendas, Albalate, Peñalver, Almiruete –al pie de ese faro-guía que es Ocejón, junto con las coloristas Mascaritas, ya en carnaval- y Tórtola, cuya botarga, recientemente rediviva, sale también en Carnaval. En el camino del olvido –espero que sólo sea temporal y no llegue a la desmemoria- se quedaron otras botargas, como la de San Ildefonso, en Taracena, según nos recordaba Sinforiano García Sanz, el célebre “Sinfo”, ese recordado maestro, sabio de la tierra y librero de antiguo, natural de Robledillo, avecindado en Madrid, que fue quien más trabajó por el conocimiento, recuperación y divulgación de este singular personaje tradicional tan nuestro, y que fue quien puso a Caro Baroja tras su pista. Y, por cierto, también a mi amigo y compañero en estos blogs de GD, José Ramón López de los Mozos, extraordinario etnógrafo y gran “botargófilo”, valga la expresión.

Pero no sólo de botargas vive el calendario festivo de invierno de las guadalajaras pues en la segunda quincena de enero y en la primera de febrero, hasta llegar el Carnaval, se suceden y acumulan fiestas tan señeras como las de San Antón –el patrón de los animales, bendiciéndose éstos en bastantes pueblos-, San Sebastián -especialmente vistosa en Pastrana gracias a la Ronda-, San Vicente -la fiesta de invierno por excelencia en Sigüenza-, San Ildefonso, la Paz –muy celebrada en toda la provincia, singularmente en Mazuecos con la Soldadesca que acompaña a la botarga-, Santa Águeda –patrona de las mujeres, festejada con especial arraigo y brillantez en Cogolludo, Espinosa y Málaga del Fresno, entre otros muchos lugares-, la Candelaria –destacando las Cartas de Candelas en El Casar-, San Blas –patrón de las enfermedades de la garganta y cita ineludible en Albalate, fecha en la que sale su botarga junto con los vistosos Danzantes– y hasta “San Blasillo” y “La Paz chiquita”, que tienen –más bien, tenían- lugar los días inmediatamente siguientes a la celebración de la Virgen y el Santo que les da nombre en diminutivo y que son –eran- su “octava”, pero sin esperar siete días.

Con toda esta “percha de botargas”, como diría mi muy querido hermano y amigo Javier Borobia, y con todas estas otras fiestas de invierno que aparecen en nuestro calendario, da igual que estén tintadas en negro o en rojo en él, sólo se pueden aburrir los que quieran y dejar de aprender los que ya lo saben todo.

Ganar, perder y viceversa en 2015

                Acaba de comenzar 2015 y el champán -más bien el cava-, el turrón, el marisco, el cordero, las compras de Reyes, el espumillón y demás adornos típicos navideños –a los que, últimamente, se han sumado unos muñecotes estrambóticos con las patas más largas que un día sin pan- aún no nos dejan ver con nitidez que este año tiene una doble cita electoral: el 24 de mayo –festividad de María Auxiliadora, por cierto, a quien más de uno se encomendará si quiere seguir en el “machito”, que seguro que quiere- se celebrarán elecciones locales y autonómicas y, en noviembre, si Rajoy no las adelanta o atrasa, habrá elecciones generales. En Cataluña podría ser que, si Artur Mas así lo decide, en vez de doble cita electoral la tengan triple pues es posible que se adelanten las autonómicas catalanas a febrero o marzo, aunque si el molt honorable president de la Generalitat decidiera acabar la legislatura, no tocaría celebrarlas hasta noviembre de 2016. Como es ya casi norma, Cataluña será llamada anticipadamente a las urnas si conviene al llamado “soberanismo”, no si conviene a los catalanes.

Aunque pudiera parecer justo lo contrario, según está el panorama político actual, hacer una previsión de posibles resultados a menos de cinco meses de la cita electoral local y autonómica, la verdad es que se acerca más a un ejercicio adivinatorio puro y duro que a un vaticinio racional, fundamentalmente por el cambio de opciones y la fragmentación del voto que se puede producir en la izquierda y la fuga de votos que puede haber en el centro-derecha. Hace cuatro años, a menos de cinco meses de celebrarse las locales y autonómicas de 2011, estaba muy claro que el PP iba a ganar muchos ayuntamientos, diputaciones y comunidades autónomas porque en los electores, especialmente los residentes en áreas urbanas en las que el voto es mucho más crítico y activo que en las rurales, se apreciaban signos evidentes de que se iba a castigar a Zapatero, aunque fuera dando una patada en el culo de muchos candidatos del PSOE. España, entonces, ya llevaba un tiempo sumida en la crisis económica y más que el leonés de las cejas como acentos circunflejos y el “optimismo antropológico” parecía gobernarnos Murphy y su famosa Ley, según la cual siempre empeora todo lo que es empeorable y siempre ocurre lo peor que puede ocurrir.

En enero de 2015, cuatro años después, la crisis económica parece estar controlada, más que superada, y empieza a crearse empleo, aunque inestable y bastante peor remunerado que el que se creaba antes de la crisis. La otra gran consecuencia de esta crisis es el empeoramiento de los servicios públicos por los recortes que se ha visto obligado a hacer el gobierno –otra cosa es cómo, cuándo y dónde- para cuadrar los números que exigía Bruselas si no queríamos ser intervenidos, como lo ha sido Grecia, cuya crisis es de proporciones aún bastante mayores, si la comparamos con la nuestra, lo que ya es decir. Esta nueva situación socio-económica que vive España, bastante mejor que la pasada, sin duda, pero manifiestamente mejorable, va a ser juzgada en mayo y en noviembre y, según las encuestas y el pulso de la calle, parece que puede producirse un vuelco electoral en numerosos ayuntamientos, diputaciones y comunidades autónomas, pero no otorgando mayorías absolutas o posiciones de preminencia al eterno rival del PP, el PSOE, sino mayorìas relativas a una izquierda en la que ha surgido como un ciclón, al menos pre-electoral, “Podemos”, que tiene sus bases ideológicas en la izquierda comunista y notoria querencia antisistema, pero que se quiere aprovechar de la debilidad actual del PSOE y la falta de despegue de IU para tratar de hacerse con la hegemonía de su espectro político, para liderar o, al menos, condicionar gobiernos.

Sin duda, es toda una novedad que la alternativa al PP no sólo lo sea el PSOE, sino que pueda serlo una opción que está a su izquierda, espacio habitualmente ocupado por IU, cuyo cupo de gobierno e influencia, salvo contadas excepciones, ha sido siempre más bien escaso. No obstante, el hecho de que “Podemos” no vaya a comparecer en la doble cita electoral de mayo con su propia marca, sino que sus militantes y simpatizantes vayan a apoyar opciones ciudadanas de base de izquierdas y gestión asamblearia, pactadas municipio por municipio y comunidad por comunidad, puede suponer que el resultado electoral en mayo de los de Pablo Iglesias no sea el que ellos quisieran y hasta el que podrían llegar a obtener, pero bien es sabido que guardan sus verdaderas fuerzas para las elecciones generales de noviembre en las que aspiran, no sólo a influir decisivamente en un gobierno de coalición con otras fuerzas de izquierda, sino directamente a presidir ese gobierno. Precisamente en el miedo que pueda generar que gane “Podemos” en los electores de centro-derecha que tienen muchas dudas de volver a votar al PP –se calcula entre dos y cuatro millones los electores que están en este caso-, puede radicar el hecho de que el PP obtenga un mejor resultado en las urnas que el que vaticinan a día de hoy las encuestas. Esa es la baza de Arriola y, por ende, de Rajoy.

En lo que respecta a nuestro entorno electoral más próximo, las encuestas que he visto publicadas y las que no, coinciden en que el PP puede ganar todo lo que gobierna actualmente: Ayuntamiento de la capital, Diputación y Junta, pero que también lo puede perder todo. La amplia mayoría absoluta –casi multitud- que el PP tiene en el Ayuntamiento de Guadalajara, va a decrecer, muy probablemente, pero aún puede mantenerla, siempre y cuando encabece la lista Antonio Román y, de aquí a mayo, los suyos no cometen ninguna torpeza mayor o salte algún escándalo de gran desgaste, algo que estimo improbable.

En lo que afecta a la Diputación de Guadalajara, al conformarse su corporación como elección de segundo grado y en función de los resultados habidos en los municipios de los actuales tres partidos judiciales: Guadalajara, Molina y Sigüenza, aún es más difícil vaticinar su posible resultado. A día de hoy parece que va a ser muy complicado que se rompa el empate a dos diputados provinciales que PSOE y PP tienen en el partido judicial de Molina, mientras que los populares aspiran a deshacer el empate a tres diputados del partido judicial de Sigüenza, obteniendo un 4-2 a su favor, algo que tampoco va a ser fácil, pero no imposible. Pero la clave de la Diputación, como casi siempre, va a radicar en el partido judicial de Guadalajara, en el que actualmente PP y PSOE tienen siete diputados provinciales cada uno e IU, uno. Si la tendencia, claramente favorable a la izquierda, ya apuntada en los resultados electorales de las europeas, se confirma en mayo en los municipios del Corredor del Henares, el PP podría perder su mayoría absoluta en la Diputación, tan sólo cuatro años después de recuperarla y tras doce años de gobiernos de izquierda en ella. Eso sí, el PSOE tiene prácticamente imposible gobernar la Corporación Provincial con mayoría absoluta y es probable que también pierda algún diputado provincial en el partido judicial de Guadalajara. En todo caso, si “Podemos”, finalmente, no concurre como marca única a las elecciones locales de 2015 en la provincia, los votos que obtengan las opciones de su entorno político que se están gestando, tipo “Ganemos Guadalajara”, no se sumarían para la Diputación, al ser agrupaciones de electores de municipios distintos, pero no partido único, y podrían condicionar muy mucho el resultado para la administración provincial, incluso beneficiando indirectamente al PP. Que UPYD –aún con poca estructura en Guadalajara y con líos frecuentes en ella, pero opción consolidada como alternativa a PP y PSOE a nivel nacional- o Ciudadanos –que carece aquí de estructura pero es una fuerza emergente y cada vez más atractiva a nivel nacional en el espectro de centro- obtengan diputado provincial en el partido judicial de Guadalajara, también podría ser posible y condicionar el futuro gobierno provincial.

Finalmente, vaticinar, a día de hoy, un resultado electoral para la Junta, se me antoja aún más arriesgado que hacerlo para la capital y la provincia. He visto encuestas de todos los colores y con resultados muy diferentes; en lo único que coinciden casi todas ellas es en que el peor resultado del PP en toda Castilla-La Mancha podría darse en Guadalajara, lo que no dejaría de ser significativo pues es bien sabido que Cospedal le debe la presidencia de la región al resultado habido en la provincia de Guadalajara en mayo de 2011, aunque ella no lo haya querido reconocer, ni por sus palabras –al menos en público-, ni por sus obras. La soberbia, a veces, es la peor de las consejeras.

En todo caso, mis mejores deseos para todos los lectores de GD y sus familias en 2015, especialmente para quienes peor lo hayan pasado en 2014.

Desahucio a una octogenaria

                El próximo día 16 de enero, si las “circunstancias” no lo remedian –que mucho me temo que no lo van a remediar-, la histórica Casa de Guadalajara en Madrid va a cerrar sus puertas y a cesar en su funcionamiento y prestación de servicios, después de más de 80 años de actividad ¡que se dicen pronto! El motivo de este cierre y este cese de actividad radica, fundamentalmente, en la falta de recursos económicos de la Casa para pagar el alquiler fuertemente incrementado de su sede,  en el número 15 de la madrileña plaza de Santa Ana, después del pleito que los propietarios del inmueble plantearon en los juzgados para revisar el precio del mismo y que, tras unos años de moratoria en que se ha mantenido en un nivel relativamente asequible, a partir del próximo enero se situaría en un precio inasumible para una economía tan limitada como es la de la Casa de Guadalajara en Madrid.

                En el fondo, y casi en la forma, se trata de un desahucio en toda regla y además agravado por ser a una octogenaria como es nuestra “embajada” en Madrid, eufemismo recurrente, pero no desatinado, con el que perfectamente podríamos referirnos a la Casa de Guadalajara. Reflexionemos para ver si exagero o  no con lo de que se trata de un desahucio: La Casa no puede pagar el alquiler, porque sus recursos propios más los que recaba del bajo apoyo institucional que recibe, no se lo permiten, y una decisión del juzgado, como es posibilitar un incremento muy importante del precio del alquiler al propietario, va a lanzarla a la calle ¿Es, pues, un desahucio o no lo es? Aunque no creo que la Plataforma Antidesahucios se ponga en marcha para defender a la Casa de Guadalajara en esta cuestión, perfectamente podría hacerlo.

A quienes no conozcan la labor que ha venido desarrollando la Casa de Guadalajara en Madrid puede parecerles mera anécdota que cierre, pero no deja de ser realmente una pena que cese en su funcionamiento un foco de actividad social y cultural tan arraigado y prolífico pues, basta echar un vistazo a sus boletines informativos, bajo la señera cabecera de “Arriaca”, para comprobar que había frecuentes motivos para acudir a ella, no sólo a relacionarse con los paisanos guadalajareños –o no- en torno a un café, un vino o una caña de cerveza, sino para leer, cantar, escuchar música, ensayar o ver teatro, participar en coloquios, asistir a conferencias, partir de excursión, casi siempre a la provincia, etc. etc. Bien, pues todo eso y más, a partir del próximo 16 de enero, se va a acabar porque la Casa no es capaz de recaudar el dinero suficiente para pagar su alquiler, sumando sus recursos propios –fundamentalmente cuotas de socios y alquiler del bar restaurante, supongo- más los ajenos que recibe de las instituciones regionales y provinciales que, por lo visto, leído y oído, es más bien poco, con la excepción de lo aportado, tanto en apoyo económico como moral –que, a veces, es aún más importante-, por la Diputación Provincial, la entidad que históricamente ha estado siempre más cerca de la Casa de Guadalajara, como no podía, mejor dicho, como no debía ser de otra manera. Significativo es también que el Ayuntamiento de Madrid ha apoyado más a la Casa de Guadalajara que el de la capital de la provincia.

A pesar de ser una “comunidad originaria de Castilla-La Mancha”, como la Casa de Guadalajara reconoce y proclama, es un hecho cierto que poco, muy poco tiene que agradecer a la Junta de Comunidades, que siempre ha preferido apoyar a la Casa de Castilla-La Mancha –que, en el fondo, es la Casa de la Mancha, con la adicción de Castilla para ser políticamente correcta y ponérselo más fácil a “Toledo” – antes que a las casas de las distintas provincias de la región, muy especialmente la de Guadalajara en Madrid, que es la que ha pervivido con personalidad propia en el tiempo autonómico que vivimos desde hace ya más de treinta años. Una factura más que se nos cobra por ser Guadalajara la única provincia de la región que no tiene ni un milímetro cuadrado de territorio manchego, en esta región inventada y artificial donde las haya y que nació con el famoso “café para todos”, eso sí, dándosenos achicoria, mientras a otros se les ofrecía el mejor de Colombia o Brasil. Significativo, muy significativo, resulta comprobar cómo han mejorado sus sedes y aumentado sus recursos y actividad las casas regionales -no sólo en Madrid-, decididamente apoyadas por sus comunidades autónomas para subrayar y ensalzar sus propias personalidades y singularidades territoriales, mientras las provinciales, incluso apoyadas por sus diputaciones, se han ido eclipsando por el fulgor creciente de las regionales. Corren malos tiempos para las provincias y eso no es bueno para la de Guadalajara porque su realidad social, económica, geográfica y, en no pocos aspectos, hasta histórica, es distinta a la de las otras cuatro provincias de la región, a quienes les une la  mancheguidad que comparten y que tanto influye en las políticas que emanan de Toledo.

Me duele que vaya a cerrar la Casa de Guadalajara en Madrid porque con ella perdemos otra seña de identidad, un referente guadalajareñista en el corazón de ese Madrid abierto y universal en el que todos caben, pero del que a nuestra “embajada” van a desahuciar. Desde el 16 de enero, la estación de Atocha estará más cerca que nunca de Guadalajara, mientras que la Puerta del Sol nos quedará más lejos.

Mis penúltimas palabras de este post son intencionadamente de reconocimiento y aplauso para José Ramón Pérez Acevedo, que va a ser el presidente de la Casa de Guadalajara en Madrid que se va a ver obligado a cerrar sus puertas, cuando ha sido el que más, mejor y con más constancia ha trabajado para que siempre estuvieran abiertas y mereciera la pena traspasarlas.

Acabo ya con este deseo que corre de boca en boca por las calles de Guadalajara en la mañanabuena, la tardebuena y la Nochebuena, también por esa guadalajareña plaza de Santa Ana que aún tendremos por unos días en Madrid: ¡A pasar buena noche y feliz Navidad!

 

 

Mi posición sobre «Posición Saldón»

Hace unos días se ha hecho público que el Ayuntamiento de Yebes – ese pequeño pueblecito cercano a Horche al que le brotó una “Ciudad”, llamada “Valdeluz”, en medio del monte, en la España del ladrillazo, y en la que hay más viviendas vacías que habitadas- ha solicitado a la Consejería de Educación y Cultura de la Junta la declaración de “Bien de Interés Cultural” (B.I.C.) para el refugio antiaéreo subterráneo que se construyó en  su término municipal durante la Guerra Civil y que se denominó “Posición Saldón”, que se ubica en las proximidades del Sanatorio de Alcohete, y que, doy fe, porque estuve dentro de él hace apenas medio año, que además de ser una construcción singular, curiosa y, por supuesto, histórica, presenta un casi óptimo grado de conservación.

Saldu00F3n 7 Coincido plenamente con el Ayuntamiento de Yebes en que este refugio merece la declaración de Bien de Interés Cultural, pues la misma conllevaría garantizar su protección y conservación y le abriría las puertas para una futura restauración, sin que sea precisa una gran intervención en él, y una potencial puesta en valor como una construcción defensiva y estratégica singular de la Guerra Civil que, como el propio Ayuntamiento apunta, podría complementarse con una construcción exterior en la que se creara un Centro de Interpretación de la Guerra Civil en la provincia, haciendo especial hincapié en las construcciones militares propias de ella realizadas por los cuerpos de zapadores e ingenieros: refugios, búnkeres, trincheras, aeródromos, etc.

La llamada “Posición Saldón”, que data de 1937, es uno de los cuatro refugios antiáereos construidos durante la Guerra Civil para, desde ellos, a salvo de los proyectiles y bombas de la aviación, poder dirigir tropas y ejecutar la táctica militar a distancia. De hecho, este refugio de Alcohete albergó el Estado Mayor del IV Cuerpo de Ejército Republicano, al mando del anarcosindicalista, Cipriano Mera. En Madrid, en el Parque del Capricho, cerca del palacio de los Condes de Osuna, se conserva también en buen estado la llamada “Posición Jaca”, que albergó el Estado Mayor del General Miaja, el encargado de la defensa de Madrid. En 1980 se destruyó otro refugio similar que había en Salamanca y que albergó el Estado Mayor del General Franco. Al parecer, también se construyó un cuarto refugio de estas características, del que no he encontrado más datos que la referencia de que existió, información obtenida, por cierto, en la página web del “Colectivo Guadarrama” (www.colectivoguadarrama.org), que es una asociación independiente muy activa, de ámbito nacional, cuyo objetivo principal es, según ella misma proclama, “fomentar la catalogación, datación y preservación del legado arqueológico/arquitectónico procedente de la Guerra Civil española” y cuyo trabajo y referencias, estoy seguro, han sido las que han permitido al Ayuntamiento de Yebes abordar esta iniciativa de solicitar la declaración de B.I.C. y poner en valor la “Posición Saldón” que, repito, me parece acertada, oportuna y viable.

Como decía, la “Posición Saldón” se construyó en 1937, en las inmediaciones del Sanatorio de Alcohete, y, no por casualidad, sino por el hecho de que éste fuera desde 1929 un  centro para tratar la tuberculosis, una enfermedad muy temida entonces por sus altas dosis de mortalidad y fácil contagio, lo que convertían a aquella zona en un lugar prácticamente aislado. También hicieron idóneo ese emplazamiento para este refugio militar otras circunstancias, como el hecho de distar 14 kilómetros de la capital, objeto frecuente de bombardeos de la aviación “nacional” durante toda la Guerra, y, por supuesto, su ubicación en un alto páramo y con fácil enlace con los valles del Tajuña y el Henares y, por tanto, con Alcalá y Madrid.

Saldu00F3n 8Efectivamente, como ya he señalado, la “Posición Saldón” presenta un estado de conservación casi óptimo. Tenía tres accesos, del que sólo se conservan dos pues el tercero está cegado: uno a través de una puerta metálica que conduce a unas escaleras muy pronunciadas, y que profundizan hasta diez metros bajo tierra, y otro que es una trampilla por la que se puede descender en vertical al refugio por una oquedad bastante estrecha y que era la torre de ventilación, por la que entraba el aire limpio, que servía para contrarrestar los efectos de los gases tóxicos, mucho más pesados. La parte principal del refugio la articula un gran pasillo de unos 49 metros de longitud, del que parten a su izquierda siete salas cuadradas de unos seis metros cuadrados de superficie, partiendo a su vez de tres de ellas varios pasillos que llevan a dar a otras tres salas del mismo tamaño. Todas las salas son iguales, excepto la primera que se encuentra al acceder al refugio y que todo apunta a que era la enfermería, pues es la única que tiene suelo y paredes alicatadas al estilo de los dispensarios de la época; el resto de la construcción es, o bien de ladrillo, en ocasiones  enfoscado de yeso, o de tierra. Al final del pasillo principal hay una sala en la que aún se pueden apreciar, claramente, los mecanismos de lo que fuera una subestación eléctrica, con dos transformadores, uno de la construcción originaria y el otro posterior a la Guerra Civil.

Los terrenos en los que se enclava la “Posición Saldón” fueron cedidos al Estado, en la década de los años 20 del siglo pasado, por el Conde de Romanones, con el fin de que en ellos se construyera un sanatorio antituberculoso, poniéndose la primera piedra del mismo en 1927 y abriéndose, con tan sólo 25 camas en ese momento, dos años más tarde. Después de la Guerra Civil, en 1945, el sanatorio fue notoriamente ampliado, hasta dar cabida a 250 camas destinadas a estudiantes universitarios enfermos de tuberculosis. En noviembre de ese año se inauguró oficialmente esa gran ampliación de Alcohete, con la presencia del entonces Ministro de la Gobernación, Blas Pérez González, y con toda pompa y circunstancia, pues hasta el luego mítico y ya entonces muy reconocido barman y hostelero, Perico Chicote, fue el encargado de servir un cóctel a las numerosas autoridades -civiles y militares, por supuesto- presentes en el acto, según narran los cronicones de la época. Como es sabido, afortunadamente erradicada la tuberculosis como mal endémico hace ya décadas, el Sanatorio de Alcohete fue reconvertido a centro de tratamiento de enfermedades psiquiátricas, uso que mantiene en la actualidad, dependiendo directamente de la Consejería de Sanidad de la Junta porque no está integrado en el Sescam.

Espero, y deseo, que la “Posición Saldón” sea lo antes posible B.I.C. y que ese Centro de Interpretación de la Guerra Civil en la provincia no se quede sólo en una idea –buena, a mi juicio-, sino que se convierta pronto en proyecto y, después, en realidad. Eso sí, rigurosa, objetiva, técnica y apolítica realidad.

 

Pablo, Pablito, Pablete

                Que “yo soy yo y mis circunstancias”, tu eres tú y las tuyas y él es él y las suyas no me lo he inventado yo, evidentemente, sino que fue Ortega y Gasset, el gran filósofo existencialista español, probablemente el más importante de todo el siglo XX, junto a su discípulo, Julián Marías. Desarrollando ese pensamiento orteguiano, podríamos decir que un simple nombre propio, aunque sea muy común, como es el caso de Pablo, dependiendo de las circunstancias y del tiempo, puede referirse, si no se le añade apellido, no a una, sino a varias personas, eso sí, todas ellas con el punto en común de haber adquirido la notoriedad y la celebridad públicas suficientes como para que, sólo pronunciado su nombre, ya se sepa que se apela a ellas. Por ejemplo, incluso aunque hayan fallecido ya hace tiempo, en el contexto de la pintura, Pablo sigue siendo Picasso, sin duda alguna; en el de la música Pablo es Casals, el gran Pau Casals, y en la etapa de los líos federativos futboleros de finales de los 70 y principios de los 80, el Pablo más famoso fue, por supuesto, Pablo Porta, el entonces presidente de la Federación Española de Fútbol a quien, el gran periodista deportivo que era entonces, José María García, sometía diariamente, en su mítico programa de la medianoche en la SER, Hora 25, a una auténtica lapidación verbal, haciendo públicos sus continuos chanchullos y tejemanejes en la Federación y hasta informando puntual y detalladamente de lo que comía y cenaba cada día el susodicho; por supuesto, sin pagar un solo duro, de los de entonces, de su bolsillo. A aquél célebre Pablo, García no se conformó con hacerle un marcaje tipo kárate-press, como el que practicaba el mítico pivot italiano de baloncesto, Dino Meneghin, con nuestro torpe pero querido grandullón, Fernando Romay, sino que le terminó bautizando como “Pablo, Pablito, Pablete”, como recordarán los lectores que vivieron aquella apasionante época de la radio, en particular, y del periodismo español, en general, en la que también soplaban unos refrescantes y aliviadores aires de libertad coincidiendo con la Transición política de la dictadura a la democracia, tras la muerte de Franco en 1975.

                Siguiendo con la línea argumental iniciada en el párrafo anterior, si hace tan sólo unos meses preguntamos públicamente por un tal Pablo como significado político español, muy probablemente la mayoría de quienes le añadieran casi automáticamente a ese nombre un apellido, dirían: “Pablo Iglesias, por supuesto, el que fundó la UGT y el PSOE”. Pero, hoy, las circunstancias han cambiado tanto y en tan poco tiempo que, si hablamos de un tal Pablo como significado político español e, incluso, titulamos un artículo como “Pablo, Pablito, Pablete”, una inmensa mayoría pensarán que ese Pablo no es ni Pablo Iglesias Posse –el de la UGT y el PSOE-, ni Pablo Porta Bussoms -el federativo-, sino que se trata, sin duda, de Pablo Iglesias Turrión, el líder de Podemos, ese partido que acaba de nacer como tal, después de meses de ser sólo un proyecto, una plataforma aglutinadora de los cabreados con con el espectro político convencional, y que pretende alcanzar la supremacía en la izquierda española. Una supremacía, obviamente, que sólo pueden conquistar a costa del PSOE, de IU y de la abstención, fundamentalmente, y gracias al desgaste general que lo que ellos llaman “casta” política –o sea, los partidos tradicionales de mayor éxito electoral desde la Constitución del 78 hasta la fecha- lleva tiempo sufriendo por haber conducido a España a una grave crisis económica, social y… política, de manera especial por la generalizada corrupción que invade a todas las fuerzas políticas que detentan poder y que ha encendido todas las alarmas de la sociedad, indignándola, mosqueándola y hasta asqueándola.

Entiendo perfectamente que los desencantados, los cabreados y, especialmente, los desubicados y los descolocados, social y políticamente, sobre todo los más jóvenes, vean en Podemos esa tabla de esperanza y de salvación a la que agarrarse para tratar de mejorar su complicado presente y su comprometido futuro. Es evidente que las opciones políticas tradicionales que nacieron en la Transición están en un momento de tremendo desgaste, tanto quienes mandan como quienes se oponen, como también es palmario que la corrupción se ha colado por sus sedes y las instituciones que gobiernan como el viento se filtra por las puertas, las ventanas y las paredes mal aisladas, que el sectarismo y la endogamia que con tanta fruición practican no les hacen precisamente atractivos a quienes no militan en ellos y que son percibidos, más que como soluciones a los graves problemas que tiene la sociedad actual, como uno principal de ellos. Entiendo todo eso y mucho más porque yo también estoy desencantado, ahora bien, cuidado con los cantos de sirena que astuta, inteligente y estratégicamente está diseñando Pablo Iglesias Turrión para hacerse con la mayoría de la izquierda española y, desde ella, tratar de asaltar el poder del Estado, porque puede ocurrir que esos cantos, tras su aparente belleza, como en la mitología griega, sólo traigan hechizo y locura; y es que, una cosa es hacer muy bien el diagnóstico de una enfermedad y otra bien distinta ponerle el tratamiento adecuado, y más si se opta por uno agresivo, radical e invasivo. Ahondando en este símil médico,  el “doctor” Iglesias Turrión, de momento, ha demostrado ser un fino cirujano como maestro de la oratoria y la elocuencia y un internista/politólogo de categoría pero, aunque ya tenga un partido y un equipo –el que ha querido y sin la presencia cercana de sus críticos, por cierto; o sea, haciendo desde el minuto uno lo mismo que los demás-, todavía no tiene un tratamiento/programa definido, sino ideas que van mutando –por ejemplo, ya han renunciado a la “renta básica universal” y sólo la garantizan a parados y jóvenes-, eslóganes, frases hechas, flirteos con la rancia izquierda de base “troskista” –él mismo forma parte del influyente grupo de profesores de la Complutense conocido como “los Troskos”- y continuos guiños a los cabreados e indignados, muchos de ellos pura demagogia.

O sea, Podemos es más de lo mismo, pero vendiéndose como algo nuevo y distinto y utilizando con mucho aprovechamiento los medios de comunicación convencionales –especialmente la televisión- y las redes sociales. Pero, aunque traten de disimularlo, es la izquierda extrema de siempre con envoltura tuneada con técnicas de merchandising comercial más que de ideario político, lo que puede ser una canallada para quienes compren este producto con su mejor voluntad. Hasta ya les ha salido un caso que raya la corrupción –como mínimo, se trata de un hecho muy golfo-, como es el de la beca de la Universidad de Málaga por la que el Secretario de Política del neonato partido, Íñigo Errejón, cobra 1825 euros al mes, cuando es público y notorio que éste va por Málaga lo justo y que lleva muchos meses prácticamente dedicado en exclusiva a montar y expandir Podemos; a este respecto, la propia Universidad andaluza ya ha abierto un expediente pues la beca de que goza Errejón se concedió, precisamente, con carácter de exclusividad. Un chusco asunto relacionado con “La Tuerka”, la televisión que inspira y controla Iglesias Turrión y en la que puede haber, desde financiación de países sudamericanos, no precisamente adalides de la libertad, sino de justamente lo contrario, a presuntos contratos y rentas irregulares de trabajo con una fiscalidad dudosa, también aparece como una nube tormentosa en el horizonte “Podemil”, en el que intuyo que no sólo Marx, Trostky, Chaves y Maduro son algunos de sus referentes ideológicos, sino que también no anda lejos Maquiavelo. A mí, Podemos, cada vez se me asemeja más a los “Pedos de Lobo”, esos hongos (Lycoperdon perlatum)  que cuando nacen en las praderas y en algún sotobosque son tan blanquitos y atractivos, pero que, cuando los cortas,  la oxidación hace que tornen muy pronto la blancura por grisura y, lo que es peor, si los dejas arraigar se secan y, cuando los pisas, sale una ventosidad pulverulenta y maloliente de ellos.

La política española es evidente que debe cambiar su rumbo y los partidos “de siempre” reformarse y hasta refundarse para responder a los nuevos tiempos y dejar atrás lo peor, y ya caduco, de los viejos. Pero romper de raíz con el pasado reciente, y me estoy refiriendo a la ejemplar Transición y al generoso espíritu de sus actores principales que llevó al consenso, sería un enorme error porque jamás ha vivido España un período democrático más pleno y duradero que el derivado de la Constitución de 1978, ni alcanzado cotas de bienestar social y económico tales y nunca han gozado las comunidades que la conforman de semejantes niveles de autonomía y autogobierno. Mantener petrificada la Carta Magna puede que no sea lo mejor, pero peor aún es abrir el melón de su reforma sin saber a dónde queremos y, sobre todo, debemos llegar –no digo “podemos”, para no fastidiarla-, porque ya sabemos con el reformismo constitucional lo que buscan los nacionalistas y lo que pretende la izquierda más radical que ahora se trasviste de novedosa cuando es más vieja que la tos en sus planteamientos: los primeros, independizar sus regiones de España, y, los segundos, finiquitar el Estado de raíz y espíritu liberales, el que acabó con el Antiguo Régimen y que ha sido y es la gran conquista política de los dos últimos siglos y medio. ¡Pedro, Pedrito, Pedrete, toma nota!

Otro ladrillo en el muro

                El pasado día 9 de noviembre se conmemoró el 25 aniversario de la caída del Muro de Berlín. Aquél vergonzante y vergonzoso muro se levantó durante la llamada “Guerra Fría”, en 1961, para separar el Berlín occidental del oriental, o lo que es lo mismo, para dejar a un lado la democracia y la libertad, representadas por la Europa occidental, frente a la dictadura y la opresión imperantes en la oriental bajo la bota comunista rusa. Aunque la altura física de aquél muro fue de 3,6 metros, la real fue casi infinita, que es la distancia que separa la libertad de la opresión y la democracia del totalitarismo. La caída de ese muro en 1989 fue recibida por una amplia mayoría de los berlineses y por la totalidad de los demócratas del mundo casi con tanto alborozo como lo fue la tanqueta que llevaba grabado en el exterior de su carlinga el nombre de “Guadalajara”, en agosto de 1944, en París, cuando formó parte de las primeras unidades mecanizadas de los aliados que entraron en la capital francesa para liberarla del  yugo nazi.

                Cuando Berlín y el mundo entero conmemoran la caída de aquél ignominioso muro e, incluso, lo celebran de manera creativa y vistosa iluminando con globos los 45 kilómetros lineales que en su día ocupó para que quede expresiva constancia de su trazado, otros ladrillos están pretendiendo levantar nuevos muros, como decía el título de la conocida canción de Pink Floyd, uno de mis grupos musicales favoritos de juventud, que lideró el gran Roger Waters junto con Syd Barrett y David Gilmour. Pero si aquél inolvidable y magnífico tema del “Another brick in the wall” del mítico grupo de rock inglés no tenía nada que ver con el Muro de Berlín –aún en pie cuando se compuso pues es de 1979- y lo que pedía en su letra era que los maestros dejaran de controlar los pensamientos de los niños – “Hey! Teachers! Leave them kids alone”!-, hoy sí que yo quiero referirme al tipo de muros que representó el de Berlín, que son los que separan porque quienes los pretenden levantar no quieren juntarse con los que quedarían al otro lado, por considerarse diferentes a ellos y, por supuesto, mejores.

Aunque no se hayan acopiado ni ladrillos de arcilla ni bloques de cemento en los centros públicos que, cuando menos irregular e ilícitamente, han servido como colegios pseudoelectorales el pasado domingo en Cataluña con motivo de la burlesca consulta organizada y controlada por los proindependentistas catalanes, las papeletas y las urnas que allí se pusieron a disposición de las personas que quisieron votar sin ni siquiera haber censo, más que medios legales para ejercer la democracia, como se pretendieron vender, se conformaron en inmateriales pero auténticos ladrillos de intolerancia, insolidaridad y soberbia para tratar de levantar un muro que separe a Cataluña de España. Una Cataluña y una España que llevan juntas desde que ésta es una nación, gracias a la unión de varios reinos, liderada por el de Castilla, entre ellos el de Aragón, del que Cataluña fue un importante y señero condado, nada más y nada menos. Es un peligroso y malicioso juego cortar y pegar la historia a conveniencia, interpretarla, retorcerla, poner énfasis en unos episodios y soslayar otros, pero más peligroso y malicioso es aún utilizarla y adoctrinarla a conveniencia pues en la mentira, en la verdad a medias y, aún peor, en la verdad inventada jamás se debe cimentar el futuro.

No me cabe ninguna duda de que, aún sin arcilla ni cemento, es del tipo del de Berlín el muro que están pretendiendo levantar los proindependentistas catalanes, que son muchos, efectivamente, pero que no son ni representan a todos, ni siquiera son mayoría a juzgar por el poco más del 30 por ciento de votantes que se han sumado al carísimo juego de esta pseudoconsulta, que alguien deberá pagar pues es de libro la malversación de caudales públicos que ha supuesto utilizar ilícitamente tantos y tantos recursos del Estado, materiales, personales y monetarios, en este proceso declarado ilegal por el Tribunal Constitucional. Como también es de libro que muchos protagonistas de esta astracanada con barretina han incurrido, al menos también, en los delitos de prevaricación y desobediencia, y otros los han bordeado, como el de sedición. Y no hay democracia sin Estado de derecho, como no es permisible que, según dice Pablo Planas, en Cataluña hoy sólo impere la ley… de la gravedad.

Peor que los muros de hormigón, por muy altos y armados que sean, son los muros, incluso inmateriales, que tratan de separar a las personas por supuestas diferencias de nación y supuestos derechos de autodeterminación que, ni siquiera el Derecho Internacional Público reconoce, pues, para asistir este derecho a un territorio, previamente ha debido ser independiente del que pretende segregarse, lo que no es el caso ya que Cataluña forma parte de España desde el mismo momento en que ésta se constituyó como un Estado en su concepción moderna; por cierto, de los más antiguos de Europa y aún del mundo. Mas, Junqueras y demás personajes del soberanismo catalán recalcitrante, lo que pretenden al construir su particular muro es jugar  luego al escondite tras de él –también para no ver lo que no les interesa, como los casos de corrupción generalizada de la familia Pujol, el padre del nacionalismo catalán posconstitucional- porque se creen más ricos, más listos, mejor nacidos y mejores que el resto de los españoles y aún quieren serlo todavía más gracias al dinero que pretenden ahorrar cuando España les deje de “robar”. El nacionalismo radical y excluyente es primo hermano del racismo y pariente no demasiado lejano del totalitarismo pues bien es sabido que los extremos se tocan.

Es cierto que hay un amplio sector de la sociedad catalana que quiere la independencia y esa es una realidad a tener en cuenta, pero siempre dentro de la ley, sin imposiciones, sin prepotencia, sin insultar, sin menospreciar y sin empujar.

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