Botargas en negro o en rojo

Concluido el tiempo de Navidad, el negro de los días laborables se impone por goleada al rojo de los festivos en el calendario. De hecho, hasta el 2 y el 3 de abril, fechas en las que este año caen Jueves y Viernes Santo, no habrá más días festivos que los ordinarios, o sea, los domingos, que siempre vienen de la mano de las jornadas que les preceden, los sábados, que, para quienes no trabajan en ellos, son parejas de baile del día festivo por excelencia, no pudiéndose concebir el uno sin el otro porque los días tienen su propia personalidad al asociarse a su víspera o ser ellos mismos vísperas del que anteceden. Así, pues, para los trabajadores de la llamada “semana inglesa”, que somos mayoría, sábado y domingo son matrimonio festivo de conveniencia, bajo el nombre común de fin de semana, aunque aquél se pinte de negro en el calendario y éste de rojo.

                Pero, si bien las primeras hojas del calendario se pintan de negro más que de rojo, y nuestros ánimos se disfracen de gris por lo poco que sigue a tantos días de mucho, el tiempo de invierno que estamos aún principiando es mucho más festivo de lo que las tintas de imprenta nos transmiten a primera vista. Efectivamente, si hay un momento del año en que se suceden fiestas tradicionales sin solución de continuidad y casi todas ellas con mucho sentido y profundidad, este es el tiempo de invierno y, más aún, el del primer invierno, que es en el que nos encontramos, a pesar de que “para los Reyes, ya lo notan los bueyes”, que es la forma en que el dicho popular nos cuenta que, desde el 21 de diciembre, cuando tiene lugar el solsticio de invierno, los días ya van ganándole un poco de tiempo a la noche, la luz a la oscuridad y el sol a la luna y las estrellas, y así continuará siendo hasta el solsticio de verano, el 21 de junio, en que se invertirá la tendencia.

Desde Epifanía –que significa “manifestación”, fecha en la que se conmemora el conocimiento que el mundo tuvo del nacimiento de Jesús a través de la Adoración de los Reyes- hasta Jueves Santo, ya no habrá más festivos extraordinarios este año, salvo para el sector de la enseñanza, en el que educadores y educandos disfrutarán de un día extra de vacaciones el 30 de enero –“Día de la Enseñanza”- y de dos el 16 y 17 de febrero, que serán dos jornadas “sin actividad docente”, coincidentes con el Carnaval, la fiesta de invierno por excelencia, pero ni mucho menos la única como después veremos.

 Camino del puerto de la Quesera se rodó un famoso anuncio que hizo popular al "tío Jesús" de Majaelrayo en esta taina de pastores junto a la carretera, frente a la que aparece aparcada una Harley Davidson. Foto: Santiago Barra


Camino del puerto de la Quesera se rodó un famoso anuncio que hizo popular al «tío Jesús» de Majaelrayo en esta taina de pastores junto a la carretera, frente a la que aparece aparcada una Harley Davidson. Foto: Santiago Barra

Entre la festividad de Reyes y la Semana Santa hay casi tres meses de calendario que hay que consumir de un tirón, sin festividad extra de por medio, y ese tirón empieza con un puerto de primera, la llamada “cuesta de enero”, casi tan sofocante como el Puerto de la Quesera, ese espectacular pico que, más que separar, une a las provincias de Guadalajara y Segovia, situado a mitad de camino entre Majaelrayo y Riaza, y por el que pasará la Vuelta Ciclista a España en su próxima edición, según se acaba de hacer público recientemente. Excelente noticia es, sin duda, que un evento deportivo de la fama, capacidad de convocatoria y repercusión de la Vuelta discurra por uno de los parajes más bellos y espectaculares de la provincia, como son las serranías de la zona de la Arquitectura Negra, a la que el entrañable “abuelo Jesús”, en aquél ya casi mítico anuncio televisivo de Toyota, contribuyó de manera notoria a poner en el mapa, gracias a su genial, por natural, interpretación de sí mismo, o sea, de un cabrero serrano. Aunque, por lo que voy a decir, algunos me tachen de oportunista y de madridista irredento –esto sí que lo asumo y, además, con orgullo-, efectivamente, añorado Jesús, este año “el Madrid ha vuelto a ser Campeón de Europa” y puede que lo vuelva a ser otra vez más –y ya irían once- antes de que la Vuelta discurra por esos parajes serranos suyos en los que el negro no es el color ni del diario, ni mucho menos del luto, sino todo lo contrario, es la vida misma extraída de las entrañas de la tierra, en forma de lajas de pizarra, para construir hogares en los que guardarse del viento helado y la nieve durante el invierno, que allí hay veces que dura hasta nueve meses, lo que un embarazo, que es la más grande y bella antesala de la vida, como lo son las largas invernadas porque después traen esplendorosas primaveras.

Como decía, este tiempo del invierno recién estrenado es, aunque no lo parezca y no lo remarque en rojo el calendario, festivo como pocos, más aún en esta tierra en la que, desde el mismo día en que principia el año, ya salen en Humanes, Alarilla y Robledillo, al pie de la Muela y en las riberas del Sorbe y el Henares, las primeras botargas, esos singulares personajes de las guadalajaras, enmascarados y ataviados de ropajes multicolores, las más de las veces con cachiporra en mano y haciendo sonar cascabeles y cencerros con sus saltos y requiebros. Una figura tradicional muy nuestra esta de la botarga que Julio Caro Baroja, sobrino de don Pío, estudió y contribuyó a divulgar en su día con sus artículos en la Revista de Dialectología y Tradiciones Populares y la proyección de su documental, titulado “A caza de botargas”, especialmente divulgado a través de aquel eficacísimo recurso de información y, sobre todo, de propaganda que constituyó el NO-DO durante el franquismo. A las botargas campiñeras antedichas, le siguen en orden cronológico otras también campiñeras, serranas o alcarreñas como las de Razbona, Valdenuño Fernández –junto con los danzantes del Niño Perdido-, Mohernando –con “el Bufón”-, Montarrón, Mazuecos, Fuencemillán, Málaga del Fresno, de nuevo Robledillo –esta vez la “Botarga infantil”, tras salir el uno de enero la llamada “de casados”-, Beleña, Arbancón, Retiendas, Albalate, Peñalver, Almiruete –al pie de ese faro-guía que es Ocejón, junto con las coloristas Mascaritas, ya en carnaval- y Tórtola, cuya botarga, recientemente rediviva, sale también en Carnaval. En el camino del olvido –espero que sólo sea temporal y no llegue a la desmemoria- se quedaron otras botargas, como la de San Ildefonso, en Taracena, según nos recordaba Sinforiano García Sanz, el célebre “Sinfo”, ese recordado maestro, sabio de la tierra y librero de antiguo, natural de Robledillo, avecindado en Madrid, que fue quien más trabajó por el conocimiento, recuperación y divulgación de este singular personaje tradicional tan nuestro, y que fue quien puso a Caro Baroja tras su pista. Y, por cierto, también a mi amigo y compañero en estos blogs de GD, José Ramón López de los Mozos, extraordinario etnógrafo y gran “botargófilo”, valga la expresión.

Pero no sólo de botargas vive el calendario festivo de invierno de las guadalajaras pues en la segunda quincena de enero y en la primera de febrero, hasta llegar el Carnaval, se suceden y acumulan fiestas tan señeras como las de San Antón –el patrón de los animales, bendiciéndose éstos en bastantes pueblos-, San Sebastián -especialmente vistosa en Pastrana gracias a la Ronda-, San Vicente -la fiesta de invierno por excelencia en Sigüenza-, San Ildefonso, la Paz –muy celebrada en toda la provincia, singularmente en Mazuecos con la Soldadesca que acompaña a la botarga-, Santa Águeda –patrona de las mujeres, festejada con especial arraigo y brillantez en Cogolludo, Espinosa y Málaga del Fresno, entre otros muchos lugares-, la Candelaria –destacando las Cartas de Candelas en El Casar-, San Blas –patrón de las enfermedades de la garganta y cita ineludible en Albalate, fecha en la que sale su botarga junto con los vistosos Danzantes– y hasta “San Blasillo” y “La Paz chiquita”, que tienen –más bien, tenían- lugar los días inmediatamente siguientes a la celebración de la Virgen y el Santo que les da nombre en diminutivo y que son –eran- su “octava”, pero sin esperar siete días.

Con toda esta “percha de botargas”, como diría mi muy querido hermano y amigo Javier Borobia, y con todas estas otras fiestas de invierno que aparecen en nuestro calendario, da igual que estén tintadas en negro o en rojo en él, sólo se pueden aburrir los que quieran y dejar de aprender los que ya lo saben todo.

Ganar, perder y viceversa en 2015

                Acaba de comenzar 2015 y el champán -más bien el cava-, el turrón, el marisco, el cordero, las compras de Reyes, el espumillón y demás adornos típicos navideños –a los que, últimamente, se han sumado unos muñecotes estrambóticos con las patas más largas que un día sin pan- aún no nos dejan ver con nitidez que este año tiene una doble cita electoral: el 24 de mayo –festividad de María Auxiliadora, por cierto, a quien más de uno se encomendará si quiere seguir en el “machito”, que seguro que quiere- se celebrarán elecciones locales y autonómicas y, en noviembre, si Rajoy no las adelanta o atrasa, habrá elecciones generales. En Cataluña podría ser que, si Artur Mas así lo decide, en vez de doble cita electoral la tengan triple pues es posible que se adelanten las autonómicas catalanas a febrero o marzo, aunque si el molt honorable president de la Generalitat decidiera acabar la legislatura, no tocaría celebrarlas hasta noviembre de 2016. Como es ya casi norma, Cataluña será llamada anticipadamente a las urnas si conviene al llamado “soberanismo”, no si conviene a los catalanes.

Aunque pudiera parecer justo lo contrario, según está el panorama político actual, hacer una previsión de posibles resultados a menos de cinco meses de la cita electoral local y autonómica, la verdad es que se acerca más a un ejercicio adivinatorio puro y duro que a un vaticinio racional, fundamentalmente por el cambio de opciones y la fragmentación del voto que se puede producir en la izquierda y la fuga de votos que puede haber en el centro-derecha. Hace cuatro años, a menos de cinco meses de celebrarse las locales y autonómicas de 2011, estaba muy claro que el PP iba a ganar muchos ayuntamientos, diputaciones y comunidades autónomas porque en los electores, especialmente los residentes en áreas urbanas en las que el voto es mucho más crítico y activo que en las rurales, se apreciaban signos evidentes de que se iba a castigar a Zapatero, aunque fuera dando una patada en el culo de muchos candidatos del PSOE. España, entonces, ya llevaba un tiempo sumida en la crisis económica y más que el leonés de las cejas como acentos circunflejos y el “optimismo antropológico” parecía gobernarnos Murphy y su famosa Ley, según la cual siempre empeora todo lo que es empeorable y siempre ocurre lo peor que puede ocurrir.

En enero de 2015, cuatro años después, la crisis económica parece estar controlada, más que superada, y empieza a crearse empleo, aunque inestable y bastante peor remunerado que el que se creaba antes de la crisis. La otra gran consecuencia de esta crisis es el empeoramiento de los servicios públicos por los recortes que se ha visto obligado a hacer el gobierno –otra cosa es cómo, cuándo y dónde- para cuadrar los números que exigía Bruselas si no queríamos ser intervenidos, como lo ha sido Grecia, cuya crisis es de proporciones aún bastante mayores, si la comparamos con la nuestra, lo que ya es decir. Esta nueva situación socio-económica que vive España, bastante mejor que la pasada, sin duda, pero manifiestamente mejorable, va a ser juzgada en mayo y en noviembre y, según las encuestas y el pulso de la calle, parece que puede producirse un vuelco electoral en numerosos ayuntamientos, diputaciones y comunidades autónomas, pero no otorgando mayorías absolutas o posiciones de preminencia al eterno rival del PP, el PSOE, sino mayorìas relativas a una izquierda en la que ha surgido como un ciclón, al menos pre-electoral, “Podemos”, que tiene sus bases ideológicas en la izquierda comunista y notoria querencia antisistema, pero que se quiere aprovechar de la debilidad actual del PSOE y la falta de despegue de IU para tratar de hacerse con la hegemonía de su espectro político, para liderar o, al menos, condicionar gobiernos.

Sin duda, es toda una novedad que la alternativa al PP no sólo lo sea el PSOE, sino que pueda serlo una opción que está a su izquierda, espacio habitualmente ocupado por IU, cuyo cupo de gobierno e influencia, salvo contadas excepciones, ha sido siempre más bien escaso. No obstante, el hecho de que “Podemos” no vaya a comparecer en la doble cita electoral de mayo con su propia marca, sino que sus militantes y simpatizantes vayan a apoyar opciones ciudadanas de base de izquierdas y gestión asamblearia, pactadas municipio por municipio y comunidad por comunidad, puede suponer que el resultado electoral en mayo de los de Pablo Iglesias no sea el que ellos quisieran y hasta el que podrían llegar a obtener, pero bien es sabido que guardan sus verdaderas fuerzas para las elecciones generales de noviembre en las que aspiran, no sólo a influir decisivamente en un gobierno de coalición con otras fuerzas de izquierda, sino directamente a presidir ese gobierno. Precisamente en el miedo que pueda generar que gane “Podemos” en los electores de centro-derecha que tienen muchas dudas de volver a votar al PP –se calcula entre dos y cuatro millones los electores que están en este caso-, puede radicar el hecho de que el PP obtenga un mejor resultado en las urnas que el que vaticinan a día de hoy las encuestas. Esa es la baza de Arriola y, por ende, de Rajoy.

En lo que respecta a nuestro entorno electoral más próximo, las encuestas que he visto publicadas y las que no, coinciden en que el PP puede ganar todo lo que gobierna actualmente: Ayuntamiento de la capital, Diputación y Junta, pero que también lo puede perder todo. La amplia mayoría absoluta –casi multitud- que el PP tiene en el Ayuntamiento de Guadalajara, va a decrecer, muy probablemente, pero aún puede mantenerla, siempre y cuando encabece la lista Antonio Román y, de aquí a mayo, los suyos no cometen ninguna torpeza mayor o salte algún escándalo de gran desgaste, algo que estimo improbable.

En lo que afecta a la Diputación de Guadalajara, al conformarse su corporación como elección de segundo grado y en función de los resultados habidos en los municipios de los actuales tres partidos judiciales: Guadalajara, Molina y Sigüenza, aún es más difícil vaticinar su posible resultado. A día de hoy parece que va a ser muy complicado que se rompa el empate a dos diputados provinciales que PSOE y PP tienen en el partido judicial de Molina, mientras que los populares aspiran a deshacer el empate a tres diputados del partido judicial de Sigüenza, obteniendo un 4-2 a su favor, algo que tampoco va a ser fácil, pero no imposible. Pero la clave de la Diputación, como casi siempre, va a radicar en el partido judicial de Guadalajara, en el que actualmente PP y PSOE tienen siete diputados provinciales cada uno e IU, uno. Si la tendencia, claramente favorable a la izquierda, ya apuntada en los resultados electorales de las europeas, se confirma en mayo en los municipios del Corredor del Henares, el PP podría perder su mayoría absoluta en la Diputación, tan sólo cuatro años después de recuperarla y tras doce años de gobiernos de izquierda en ella. Eso sí, el PSOE tiene prácticamente imposible gobernar la Corporación Provincial con mayoría absoluta y es probable que también pierda algún diputado provincial en el partido judicial de Guadalajara. En todo caso, si “Podemos”, finalmente, no concurre como marca única a las elecciones locales de 2015 en la provincia, los votos que obtengan las opciones de su entorno político que se están gestando, tipo “Ganemos Guadalajara”, no se sumarían para la Diputación, al ser agrupaciones de electores de municipios distintos, pero no partido único, y podrían condicionar muy mucho el resultado para la administración provincial, incluso beneficiando indirectamente al PP. Que UPYD –aún con poca estructura en Guadalajara y con líos frecuentes en ella, pero opción consolidada como alternativa a PP y PSOE a nivel nacional- o Ciudadanos –que carece aquí de estructura pero es una fuerza emergente y cada vez más atractiva a nivel nacional en el espectro de centro- obtengan diputado provincial en el partido judicial de Guadalajara, también podría ser posible y condicionar el futuro gobierno provincial.

Finalmente, vaticinar, a día de hoy, un resultado electoral para la Junta, se me antoja aún más arriesgado que hacerlo para la capital y la provincia. He visto encuestas de todos los colores y con resultados muy diferentes; en lo único que coinciden casi todas ellas es en que el peor resultado del PP en toda Castilla-La Mancha podría darse en Guadalajara, lo que no dejaría de ser significativo pues es bien sabido que Cospedal le debe la presidencia de la región al resultado habido en la provincia de Guadalajara en mayo de 2011, aunque ella no lo haya querido reconocer, ni por sus palabras –al menos en público-, ni por sus obras. La soberbia, a veces, es la peor de las consejeras.

En todo caso, mis mejores deseos para todos los lectores de GD y sus familias en 2015, especialmente para quienes peor lo hayan pasado en 2014.

Desahucio a una octogenaria

                El próximo día 16 de enero, si las “circunstancias” no lo remedian –que mucho me temo que no lo van a remediar-, la histórica Casa de Guadalajara en Madrid va a cerrar sus puertas y a cesar en su funcionamiento y prestación de servicios, después de más de 80 años de actividad ¡que se dicen pronto! El motivo de este cierre y este cese de actividad radica, fundamentalmente, en la falta de recursos económicos de la Casa para pagar el alquiler fuertemente incrementado de su sede,  en el número 15 de la madrileña plaza de Santa Ana, después del pleito que los propietarios del inmueble plantearon en los juzgados para revisar el precio del mismo y que, tras unos años de moratoria en que se ha mantenido en un nivel relativamente asequible, a partir del próximo enero se situaría en un precio inasumible para una economía tan limitada como es la de la Casa de Guadalajara en Madrid.

                En el fondo, y casi en la forma, se trata de un desahucio en toda regla y además agravado por ser a una octogenaria como es nuestra “embajada” en Madrid, eufemismo recurrente, pero no desatinado, con el que perfectamente podríamos referirnos a la Casa de Guadalajara. Reflexionemos para ver si exagero o  no con lo de que se trata de un desahucio: La Casa no puede pagar el alquiler, porque sus recursos propios más los que recaba del bajo apoyo institucional que recibe, no se lo permiten, y una decisión del juzgado, como es posibilitar un incremento muy importante del precio del alquiler al propietario, va a lanzarla a la calle ¿Es, pues, un desahucio o no lo es? Aunque no creo que la Plataforma Antidesahucios se ponga en marcha para defender a la Casa de Guadalajara en esta cuestión, perfectamente podría hacerlo.

A quienes no conozcan la labor que ha venido desarrollando la Casa de Guadalajara en Madrid puede parecerles mera anécdota que cierre, pero no deja de ser realmente una pena que cese en su funcionamiento un foco de actividad social y cultural tan arraigado y prolífico pues, basta echar un vistazo a sus boletines informativos, bajo la señera cabecera de “Arriaca”, para comprobar que había frecuentes motivos para acudir a ella, no sólo a relacionarse con los paisanos guadalajareños –o no- en torno a un café, un vino o una caña de cerveza, sino para leer, cantar, escuchar música, ensayar o ver teatro, participar en coloquios, asistir a conferencias, partir de excursión, casi siempre a la provincia, etc. etc. Bien, pues todo eso y más, a partir del próximo 16 de enero, se va a acabar porque la Casa no es capaz de recaudar el dinero suficiente para pagar su alquiler, sumando sus recursos propios –fundamentalmente cuotas de socios y alquiler del bar restaurante, supongo- más los ajenos que recibe de las instituciones regionales y provinciales que, por lo visto, leído y oído, es más bien poco, con la excepción de lo aportado, tanto en apoyo económico como moral –que, a veces, es aún más importante-, por la Diputación Provincial, la entidad que históricamente ha estado siempre más cerca de la Casa de Guadalajara, como no podía, mejor dicho, como no debía ser de otra manera. Significativo es también que el Ayuntamiento de Madrid ha apoyado más a la Casa de Guadalajara que el de la capital de la provincia.

A pesar de ser una “comunidad originaria de Castilla-La Mancha”, como la Casa de Guadalajara reconoce y proclama, es un hecho cierto que poco, muy poco tiene que agradecer a la Junta de Comunidades, que siempre ha preferido apoyar a la Casa de Castilla-La Mancha –que, en el fondo, es la Casa de la Mancha, con la adicción de Castilla para ser políticamente correcta y ponérselo más fácil a “Toledo” – antes que a las casas de las distintas provincias de la región, muy especialmente la de Guadalajara en Madrid, que es la que ha pervivido con personalidad propia en el tiempo autonómico que vivimos desde hace ya más de treinta años. Una factura más que se nos cobra por ser Guadalajara la única provincia de la región que no tiene ni un milímetro cuadrado de territorio manchego, en esta región inventada y artificial donde las haya y que nació con el famoso “café para todos”, eso sí, dándosenos achicoria, mientras a otros se les ofrecía el mejor de Colombia o Brasil. Significativo, muy significativo, resulta comprobar cómo han mejorado sus sedes y aumentado sus recursos y actividad las casas regionales -no sólo en Madrid-, decididamente apoyadas por sus comunidades autónomas para subrayar y ensalzar sus propias personalidades y singularidades territoriales, mientras las provinciales, incluso apoyadas por sus diputaciones, se han ido eclipsando por el fulgor creciente de las regionales. Corren malos tiempos para las provincias y eso no es bueno para la de Guadalajara porque su realidad social, económica, geográfica y, en no pocos aspectos, hasta histórica, es distinta a la de las otras cuatro provincias de la región, a quienes les une la  mancheguidad que comparten y que tanto influye en las políticas que emanan de Toledo.

Me duele que vaya a cerrar la Casa de Guadalajara en Madrid porque con ella perdemos otra seña de identidad, un referente guadalajareñista en el corazón de ese Madrid abierto y universal en el que todos caben, pero del que a nuestra “embajada” van a desahuciar. Desde el 16 de enero, la estación de Atocha estará más cerca que nunca de Guadalajara, mientras que la Puerta del Sol nos quedará más lejos.

Mis penúltimas palabras de este post son intencionadamente de reconocimiento y aplauso para José Ramón Pérez Acevedo, que va a ser el presidente de la Casa de Guadalajara en Madrid que se va a ver obligado a cerrar sus puertas, cuando ha sido el que más, mejor y con más constancia ha trabajado para que siempre estuvieran abiertas y mereciera la pena traspasarlas.

Acabo ya con este deseo que corre de boca en boca por las calles de Guadalajara en la mañanabuena, la tardebuena y la Nochebuena, también por esa guadalajareña plaza de Santa Ana que aún tendremos por unos días en Madrid: ¡A pasar buena noche y feliz Navidad!

 

 

Mi posición sobre «Posición Saldón»

Hace unos días se ha hecho público que el Ayuntamiento de Yebes – ese pequeño pueblecito cercano a Horche al que le brotó una “Ciudad”, llamada “Valdeluz”, en medio del monte, en la España del ladrillazo, y en la que hay más viviendas vacías que habitadas- ha solicitado a la Consejería de Educación y Cultura de la Junta la declaración de “Bien de Interés Cultural” (B.I.C.) para el refugio antiaéreo subterráneo que se construyó en  su término municipal durante la Guerra Civil y que se denominó “Posición Saldón”, que se ubica en las proximidades del Sanatorio de Alcohete, y que, doy fe, porque estuve dentro de él hace apenas medio año, que además de ser una construcción singular, curiosa y, por supuesto, histórica, presenta un casi óptimo grado de conservación.

Saldu00F3n 7 Coincido plenamente con el Ayuntamiento de Yebes en que este refugio merece la declaración de Bien de Interés Cultural, pues la misma conllevaría garantizar su protección y conservación y le abriría las puertas para una futura restauración, sin que sea precisa una gran intervención en él, y una potencial puesta en valor como una construcción defensiva y estratégica singular de la Guerra Civil que, como el propio Ayuntamiento apunta, podría complementarse con una construcción exterior en la que se creara un Centro de Interpretación de la Guerra Civil en la provincia, haciendo especial hincapié en las construcciones militares propias de ella realizadas por los cuerpos de zapadores e ingenieros: refugios, búnkeres, trincheras, aeródromos, etc.

La llamada “Posición Saldón”, que data de 1937, es uno de los cuatro refugios antiáereos construidos durante la Guerra Civil para, desde ellos, a salvo de los proyectiles y bombas de la aviación, poder dirigir tropas y ejecutar la táctica militar a distancia. De hecho, este refugio de Alcohete albergó el Estado Mayor del IV Cuerpo de Ejército Republicano, al mando del anarcosindicalista, Cipriano Mera. En Madrid, en el Parque del Capricho, cerca del palacio de los Condes de Osuna, se conserva también en buen estado la llamada “Posición Jaca”, que albergó el Estado Mayor del General Miaja, el encargado de la defensa de Madrid. En 1980 se destruyó otro refugio similar que había en Salamanca y que albergó el Estado Mayor del General Franco. Al parecer, también se construyó un cuarto refugio de estas características, del que no he encontrado más datos que la referencia de que existió, información obtenida, por cierto, en la página web del “Colectivo Guadarrama” (www.colectivoguadarrama.org), que es una asociación independiente muy activa, de ámbito nacional, cuyo objetivo principal es, según ella misma proclama, “fomentar la catalogación, datación y preservación del legado arqueológico/arquitectónico procedente de la Guerra Civil española” y cuyo trabajo y referencias, estoy seguro, han sido las que han permitido al Ayuntamiento de Yebes abordar esta iniciativa de solicitar la declaración de B.I.C. y poner en valor la “Posición Saldón” que, repito, me parece acertada, oportuna y viable.

Como decía, la “Posición Saldón” se construyó en 1937, en las inmediaciones del Sanatorio de Alcohete, y, no por casualidad, sino por el hecho de que éste fuera desde 1929 un  centro para tratar la tuberculosis, una enfermedad muy temida entonces por sus altas dosis de mortalidad y fácil contagio, lo que convertían a aquella zona en un lugar prácticamente aislado. También hicieron idóneo ese emplazamiento para este refugio militar otras circunstancias, como el hecho de distar 14 kilómetros de la capital, objeto frecuente de bombardeos de la aviación “nacional” durante toda la Guerra, y, por supuesto, su ubicación en un alto páramo y con fácil enlace con los valles del Tajuña y el Henares y, por tanto, con Alcalá y Madrid.

Saldu00F3n 8Efectivamente, como ya he señalado, la “Posición Saldón” presenta un estado de conservación casi óptimo. Tenía tres accesos, del que sólo se conservan dos pues el tercero está cegado: uno a través de una puerta metálica que conduce a unas escaleras muy pronunciadas, y que profundizan hasta diez metros bajo tierra, y otro que es una trampilla por la que se puede descender en vertical al refugio por una oquedad bastante estrecha y que era la torre de ventilación, por la que entraba el aire limpio, que servía para contrarrestar los efectos de los gases tóxicos, mucho más pesados. La parte principal del refugio la articula un gran pasillo de unos 49 metros de longitud, del que parten a su izquierda siete salas cuadradas de unos seis metros cuadrados de superficie, partiendo a su vez de tres de ellas varios pasillos que llevan a dar a otras tres salas del mismo tamaño. Todas las salas son iguales, excepto la primera que se encuentra al acceder al refugio y que todo apunta a que era la enfermería, pues es la única que tiene suelo y paredes alicatadas al estilo de los dispensarios de la época; el resto de la construcción es, o bien de ladrillo, en ocasiones  enfoscado de yeso, o de tierra. Al final del pasillo principal hay una sala en la que aún se pueden apreciar, claramente, los mecanismos de lo que fuera una subestación eléctrica, con dos transformadores, uno de la construcción originaria y el otro posterior a la Guerra Civil.

Los terrenos en los que se enclava la “Posición Saldón” fueron cedidos al Estado, en la década de los años 20 del siglo pasado, por el Conde de Romanones, con el fin de que en ellos se construyera un sanatorio antituberculoso, poniéndose la primera piedra del mismo en 1927 y abriéndose, con tan sólo 25 camas en ese momento, dos años más tarde. Después de la Guerra Civil, en 1945, el sanatorio fue notoriamente ampliado, hasta dar cabida a 250 camas destinadas a estudiantes universitarios enfermos de tuberculosis. En noviembre de ese año se inauguró oficialmente esa gran ampliación de Alcohete, con la presencia del entonces Ministro de la Gobernación, Blas Pérez González, y con toda pompa y circunstancia, pues hasta el luego mítico y ya entonces muy reconocido barman y hostelero, Perico Chicote, fue el encargado de servir un cóctel a las numerosas autoridades -civiles y militares, por supuesto- presentes en el acto, según narran los cronicones de la época. Como es sabido, afortunadamente erradicada la tuberculosis como mal endémico hace ya décadas, el Sanatorio de Alcohete fue reconvertido a centro de tratamiento de enfermedades psiquiátricas, uso que mantiene en la actualidad, dependiendo directamente de la Consejería de Sanidad de la Junta porque no está integrado en el Sescam.

Espero, y deseo, que la “Posición Saldón” sea lo antes posible B.I.C. y que ese Centro de Interpretación de la Guerra Civil en la provincia no se quede sólo en una idea –buena, a mi juicio-, sino que se convierta pronto en proyecto y, después, en realidad. Eso sí, rigurosa, objetiva, técnica y apolítica realidad.

 

Pablo, Pablito, Pablete

                Que “yo soy yo y mis circunstancias”, tu eres tú y las tuyas y él es él y las suyas no me lo he inventado yo, evidentemente, sino que fue Ortega y Gasset, el gran filósofo existencialista español, probablemente el más importante de todo el siglo XX, junto a su discípulo, Julián Marías. Desarrollando ese pensamiento orteguiano, podríamos decir que un simple nombre propio, aunque sea muy común, como es el caso de Pablo, dependiendo de las circunstancias y del tiempo, puede referirse, si no se le añade apellido, no a una, sino a varias personas, eso sí, todas ellas con el punto en común de haber adquirido la notoriedad y la celebridad públicas suficientes como para que, sólo pronunciado su nombre, ya se sepa que se apela a ellas. Por ejemplo, incluso aunque hayan fallecido ya hace tiempo, en el contexto de la pintura, Pablo sigue siendo Picasso, sin duda alguna; en el de la música Pablo es Casals, el gran Pau Casals, y en la etapa de los líos federativos futboleros de finales de los 70 y principios de los 80, el Pablo más famoso fue, por supuesto, Pablo Porta, el entonces presidente de la Federación Española de Fútbol a quien, el gran periodista deportivo que era entonces, José María García, sometía diariamente, en su mítico programa de la medianoche en la SER, Hora 25, a una auténtica lapidación verbal, haciendo públicos sus continuos chanchullos y tejemanejes en la Federación y hasta informando puntual y detalladamente de lo que comía y cenaba cada día el susodicho; por supuesto, sin pagar un solo duro, de los de entonces, de su bolsillo. A aquél célebre Pablo, García no se conformó con hacerle un marcaje tipo kárate-press, como el que practicaba el mítico pivot italiano de baloncesto, Dino Meneghin, con nuestro torpe pero querido grandullón, Fernando Romay, sino que le terminó bautizando como “Pablo, Pablito, Pablete”, como recordarán los lectores que vivieron aquella apasionante época de la radio, en particular, y del periodismo español, en general, en la que también soplaban unos refrescantes y aliviadores aires de libertad coincidiendo con la Transición política de la dictadura a la democracia, tras la muerte de Franco en 1975.

                Siguiendo con la línea argumental iniciada en el párrafo anterior, si hace tan sólo unos meses preguntamos públicamente por un tal Pablo como significado político español, muy probablemente la mayoría de quienes le añadieran casi automáticamente a ese nombre un apellido, dirían: “Pablo Iglesias, por supuesto, el que fundó la UGT y el PSOE”. Pero, hoy, las circunstancias han cambiado tanto y en tan poco tiempo que, si hablamos de un tal Pablo como significado político español e, incluso, titulamos un artículo como “Pablo, Pablito, Pablete”, una inmensa mayoría pensarán que ese Pablo no es ni Pablo Iglesias Posse –el de la UGT y el PSOE-, ni Pablo Porta Bussoms -el federativo-, sino que se trata, sin duda, de Pablo Iglesias Turrión, el líder de Podemos, ese partido que acaba de nacer como tal, después de meses de ser sólo un proyecto, una plataforma aglutinadora de los cabreados con con el espectro político convencional, y que pretende alcanzar la supremacía en la izquierda española. Una supremacía, obviamente, que sólo pueden conquistar a costa del PSOE, de IU y de la abstención, fundamentalmente, y gracias al desgaste general que lo que ellos llaman “casta” política –o sea, los partidos tradicionales de mayor éxito electoral desde la Constitución del 78 hasta la fecha- lleva tiempo sufriendo por haber conducido a España a una grave crisis económica, social y… política, de manera especial por la generalizada corrupción que invade a todas las fuerzas políticas que detentan poder y que ha encendido todas las alarmas de la sociedad, indignándola, mosqueándola y hasta asqueándola.

Entiendo perfectamente que los desencantados, los cabreados y, especialmente, los desubicados y los descolocados, social y políticamente, sobre todo los más jóvenes, vean en Podemos esa tabla de esperanza y de salvación a la que agarrarse para tratar de mejorar su complicado presente y su comprometido futuro. Es evidente que las opciones políticas tradicionales que nacieron en la Transición están en un momento de tremendo desgaste, tanto quienes mandan como quienes se oponen, como también es palmario que la corrupción se ha colado por sus sedes y las instituciones que gobiernan como el viento se filtra por las puertas, las ventanas y las paredes mal aisladas, que el sectarismo y la endogamia que con tanta fruición practican no les hacen precisamente atractivos a quienes no militan en ellos y que son percibidos, más que como soluciones a los graves problemas que tiene la sociedad actual, como uno principal de ellos. Entiendo todo eso y mucho más porque yo también estoy desencantado, ahora bien, cuidado con los cantos de sirena que astuta, inteligente y estratégicamente está diseñando Pablo Iglesias Turrión para hacerse con la mayoría de la izquierda española y, desde ella, tratar de asaltar el poder del Estado, porque puede ocurrir que esos cantos, tras su aparente belleza, como en la mitología griega, sólo traigan hechizo y locura; y es que, una cosa es hacer muy bien el diagnóstico de una enfermedad y otra bien distinta ponerle el tratamiento adecuado, y más si se opta por uno agresivo, radical e invasivo. Ahondando en este símil médico,  el “doctor” Iglesias Turrión, de momento, ha demostrado ser un fino cirujano como maestro de la oratoria y la elocuencia y un internista/politólogo de categoría pero, aunque ya tenga un partido y un equipo –el que ha querido y sin la presencia cercana de sus críticos, por cierto; o sea, haciendo desde el minuto uno lo mismo que los demás-, todavía no tiene un tratamiento/programa definido, sino ideas que van mutando –por ejemplo, ya han renunciado a la “renta básica universal” y sólo la garantizan a parados y jóvenes-, eslóganes, frases hechas, flirteos con la rancia izquierda de base “troskista” –él mismo forma parte del influyente grupo de profesores de la Complutense conocido como “los Troskos”- y continuos guiños a los cabreados e indignados, muchos de ellos pura demagogia.

O sea, Podemos es más de lo mismo, pero vendiéndose como algo nuevo y distinto y utilizando con mucho aprovechamiento los medios de comunicación convencionales –especialmente la televisión- y las redes sociales. Pero, aunque traten de disimularlo, es la izquierda extrema de siempre con envoltura tuneada con técnicas de merchandising comercial más que de ideario político, lo que puede ser una canallada para quienes compren este producto con su mejor voluntad. Hasta ya les ha salido un caso que raya la corrupción –como mínimo, se trata de un hecho muy golfo-, como es el de la beca de la Universidad de Málaga por la que el Secretario de Política del neonato partido, Íñigo Errejón, cobra 1825 euros al mes, cuando es público y notorio que éste va por Málaga lo justo y que lleva muchos meses prácticamente dedicado en exclusiva a montar y expandir Podemos; a este respecto, la propia Universidad andaluza ya ha abierto un expediente pues la beca de que goza Errejón se concedió, precisamente, con carácter de exclusividad. Un chusco asunto relacionado con “La Tuerka”, la televisión que inspira y controla Iglesias Turrión y en la que puede haber, desde financiación de países sudamericanos, no precisamente adalides de la libertad, sino de justamente lo contrario, a presuntos contratos y rentas irregulares de trabajo con una fiscalidad dudosa, también aparece como una nube tormentosa en el horizonte “Podemil”, en el que intuyo que no sólo Marx, Trostky, Chaves y Maduro son algunos de sus referentes ideológicos, sino que también no anda lejos Maquiavelo. A mí, Podemos, cada vez se me asemeja más a los “Pedos de Lobo”, esos hongos (Lycoperdon perlatum)  que cuando nacen en las praderas y en algún sotobosque son tan blanquitos y atractivos, pero que, cuando los cortas,  la oxidación hace que tornen muy pronto la blancura por grisura y, lo que es peor, si los dejas arraigar se secan y, cuando los pisas, sale una ventosidad pulverulenta y maloliente de ellos.

La política española es evidente que debe cambiar su rumbo y los partidos “de siempre” reformarse y hasta refundarse para responder a los nuevos tiempos y dejar atrás lo peor, y ya caduco, de los viejos. Pero romper de raíz con el pasado reciente, y me estoy refiriendo a la ejemplar Transición y al generoso espíritu de sus actores principales que llevó al consenso, sería un enorme error porque jamás ha vivido España un período democrático más pleno y duradero que el derivado de la Constitución de 1978, ni alcanzado cotas de bienestar social y económico tales y nunca han gozado las comunidades que la conforman de semejantes niveles de autonomía y autogobierno. Mantener petrificada la Carta Magna puede que no sea lo mejor, pero peor aún es abrir el melón de su reforma sin saber a dónde queremos y, sobre todo, debemos llegar –no digo “podemos”, para no fastidiarla-, porque ya sabemos con el reformismo constitucional lo que buscan los nacionalistas y lo que pretende la izquierda más radical que ahora se trasviste de novedosa cuando es más vieja que la tos en sus planteamientos: los primeros, independizar sus regiones de España, y, los segundos, finiquitar el Estado de raíz y espíritu liberales, el que acabó con el Antiguo Régimen y que ha sido y es la gran conquista política de los dos últimos siglos y medio. ¡Pedro, Pedrito, Pedrete, toma nota!

Otro ladrillo en el muro

                El pasado día 9 de noviembre se conmemoró el 25 aniversario de la caída del Muro de Berlín. Aquél vergonzante y vergonzoso muro se levantó durante la llamada “Guerra Fría”, en 1961, para separar el Berlín occidental del oriental, o lo que es lo mismo, para dejar a un lado la democracia y la libertad, representadas por la Europa occidental, frente a la dictadura y la opresión imperantes en la oriental bajo la bota comunista rusa. Aunque la altura física de aquél muro fue de 3,6 metros, la real fue casi infinita, que es la distancia que separa la libertad de la opresión y la democracia del totalitarismo. La caída de ese muro en 1989 fue recibida por una amplia mayoría de los berlineses y por la totalidad de los demócratas del mundo casi con tanto alborozo como lo fue la tanqueta que llevaba grabado en el exterior de su carlinga el nombre de “Guadalajara”, en agosto de 1944, en París, cuando formó parte de las primeras unidades mecanizadas de los aliados que entraron en la capital francesa para liberarla del  yugo nazi.

                Cuando Berlín y el mundo entero conmemoran la caída de aquél ignominioso muro e, incluso, lo celebran de manera creativa y vistosa iluminando con globos los 45 kilómetros lineales que en su día ocupó para que quede expresiva constancia de su trazado, otros ladrillos están pretendiendo levantar nuevos muros, como decía el título de la conocida canción de Pink Floyd, uno de mis grupos musicales favoritos de juventud, que lideró el gran Roger Waters junto con Syd Barrett y David Gilmour. Pero si aquél inolvidable y magnífico tema del “Another brick in the wall” del mítico grupo de rock inglés no tenía nada que ver con el Muro de Berlín –aún en pie cuando se compuso pues es de 1979- y lo que pedía en su letra era que los maestros dejaran de controlar los pensamientos de los niños – “Hey! Teachers! Leave them kids alone”!-, hoy sí que yo quiero referirme al tipo de muros que representó el de Berlín, que son los que separan porque quienes los pretenden levantar no quieren juntarse con los que quedarían al otro lado, por considerarse diferentes a ellos y, por supuesto, mejores.

Aunque no se hayan acopiado ni ladrillos de arcilla ni bloques de cemento en los centros públicos que, cuando menos irregular e ilícitamente, han servido como colegios pseudoelectorales el pasado domingo en Cataluña con motivo de la burlesca consulta organizada y controlada por los proindependentistas catalanes, las papeletas y las urnas que allí se pusieron a disposición de las personas que quisieron votar sin ni siquiera haber censo, más que medios legales para ejercer la democracia, como se pretendieron vender, se conformaron en inmateriales pero auténticos ladrillos de intolerancia, insolidaridad y soberbia para tratar de levantar un muro que separe a Cataluña de España. Una Cataluña y una España que llevan juntas desde que ésta es una nación, gracias a la unión de varios reinos, liderada por el de Castilla, entre ellos el de Aragón, del que Cataluña fue un importante y señero condado, nada más y nada menos. Es un peligroso y malicioso juego cortar y pegar la historia a conveniencia, interpretarla, retorcerla, poner énfasis en unos episodios y soslayar otros, pero más peligroso y malicioso es aún utilizarla y adoctrinarla a conveniencia pues en la mentira, en la verdad a medias y, aún peor, en la verdad inventada jamás se debe cimentar el futuro.

No me cabe ninguna duda de que, aún sin arcilla ni cemento, es del tipo del de Berlín el muro que están pretendiendo levantar los proindependentistas catalanes, que son muchos, efectivamente, pero que no son ni representan a todos, ni siquiera son mayoría a juzgar por el poco más del 30 por ciento de votantes que se han sumado al carísimo juego de esta pseudoconsulta, que alguien deberá pagar pues es de libro la malversación de caudales públicos que ha supuesto utilizar ilícitamente tantos y tantos recursos del Estado, materiales, personales y monetarios, en este proceso declarado ilegal por el Tribunal Constitucional. Como también es de libro que muchos protagonistas de esta astracanada con barretina han incurrido, al menos también, en los delitos de prevaricación y desobediencia, y otros los han bordeado, como el de sedición. Y no hay democracia sin Estado de derecho, como no es permisible que, según dice Pablo Planas, en Cataluña hoy sólo impere la ley… de la gravedad.

Peor que los muros de hormigón, por muy altos y armados que sean, son los muros, incluso inmateriales, que tratan de separar a las personas por supuestas diferencias de nación y supuestos derechos de autodeterminación que, ni siquiera el Derecho Internacional Público reconoce, pues, para asistir este derecho a un territorio, previamente ha debido ser independiente del que pretende segregarse, lo que no es el caso ya que Cataluña forma parte de España desde el mismo momento en que ésta se constituyó como un Estado en su concepción moderna; por cierto, de los más antiguos de Europa y aún del mundo. Mas, Junqueras y demás personajes del soberanismo catalán recalcitrante, lo que pretenden al construir su particular muro es jugar  luego al escondite tras de él –también para no ver lo que no les interesa, como los casos de corrupción generalizada de la familia Pujol, el padre del nacionalismo catalán posconstitucional- porque se creen más ricos, más listos, mejor nacidos y mejores que el resto de los españoles y aún quieren serlo todavía más gracias al dinero que pretenden ahorrar cuando España les deje de “robar”. El nacionalismo radical y excluyente es primo hermano del racismo y pariente no demasiado lejano del totalitarismo pues bien es sabido que los extremos se tocan.

Es cierto que hay un amplio sector de la sociedad catalana que quiere la independencia y esa es una realidad a tener en cuenta, pero siempre dentro de la ley, sin imposiciones, sin prepotencia, sin insultar, sin menospreciar y sin empujar.

Pablo y Pedro (ni santos ni picapiedras)

                Aunque el titular del post, como el algodón del anuncio de la tele, no engaña, sí que puede hacer dudar a qué Pablo y a qué Pedro me refiero; no obstante, el avisado y avispado lector seguro que ha descartado que lo haga a los homónimos apóstoles de Jesús y tampoco a Pablo Mármol y Pedro Picapiedra, aquellos entrañables personajes prehistóricos de dibujos animados que nos ayudaban a merendar los bocadillos de Nocilla en las tardes de los años sesenta, incluso de los primeros setenta, cuando volvíamos del colegio con más hambre que Carpanta. Efectivamente, el Pedro y el Pablo a los que me voy a referir no provienen de lejanas montañas, ni de áridos desiertos de Oriente Medio, ni sus vidas son coetáneas a la de Jesús, ni se trata del recaudador de impuestos Saulo que, tras caerse del caballo y convertirse al cristianismo, dejó de recaudar denarios para tratar de hacerlo con almas; tampoco se trata del pescador de peces y después de almas Simón Pedro, que fue la piedra angular que Cristo eligió para edificar su iglesia, aún después de haberle negado tres veces. El Pedro y el Pablo de los que voy a hablar tampoco viajan en “troncomóvil”, ni están casados con Vilma y con Betty y son padres de Pebbles BamBam, nacidos todos de la desbordante e ingeniosa imaginación de Joseph Barbera y William Hannah, los guionistas de Los Picapiedra; el Pedro y el Pablo a los que me refiero se apellidan Sánchez e Iglesias, respectivamente, y son los líderes del PSOE y de Podemos, las dos fuerzas políticas de la hoy fragmentada izquierda española que aspiran a ser las más votadas de entre ella en las generales de dentro de un año, para tratar de ser los próximos presidentes del gobierno tras un pacto de corte frentepopulista porque ninguna encuesta da mayoría absoluta a ningún partido y, además, por mucho, ni es previsible que nadie la alcance según está el patio político.

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias eran, hace no más de medio año, poco menos que unos desconocidos para la gran mayoría de los españoles; hoy, en cambio, aspiran a ser, nada más y nada menos, que presidentes del gobierno de España, algo que a muchos nos tiene especialmente preocupados porque no vemos en ellos y sus respectivos proyectos y equipos la capacidad, solvencia y adecuación necesarias para asumir tan alta responsabilidad, salvando por supuesto lo que representan cada uno y las distancias que hay entre ambos, hoy notorias, pero en el futuro ya veremos porque, como decía Fraga, “la política hace extrañas parejas de cama” y, en eso de compartir lecho con afines o no, la izquierda suele ser más promiscua que la derecha. Pero si estos Pedro y Pablo tienen, a día de hoy, opciones reales de ser los próximos presidentes de España –la encuesta de ayer de El País, incluso, concede al de Podemos más posibilidades de ser la opción de izquierdas más votada-, aunque sea en un gobierno necesariamente de coalición, más que por sus méritos están así posicionados por los deméritos del PP, que no sólo se está desgastando por los duros recortes sociales que ha debido acometer –aunque hayan sido forzados por el solar en que Zapatero dejó España a nivel económico-, por sus incumplimientos y errores, sino sobre todo por los casos de corrupción en los que se está viendo envuelto, de manera cada vez más alarmante y progresiva, y en los que no voy a ahondar pues ya lo hice en mi anterior post, y eso que lo subí a la red antes de que estallara la escandalosa operación “Púnica”.

Ahora se cumplen los primeros cien días del ascenso a la secretaría general del PSOE de Pedro Sánchez, un  diputado “de a pie” hasta hace bien poco y que ha ascendido hasta el liderazgo de los socialistas españoles de una manera democráticamente intachable, a través de primarias, algo que, como está ya probado, no garantiza que lo elegido sea lo más adecuado. Sánchez es la antítesis teórica de los dos rasgos fundamentales externos de Rubalcaba: es guaperas y  joven, mientras que su predecesor es más bien feote y ya se le había pasado el arroz en política, después de tres décadas en ella de manera activa. Respecto a las capacidades políticas de uno y otro, el tiempo dirá, aunque por cómo han principiado las cosas, no le doy tres décadas en primera línea política al nuevo líder del PSOE pues, a pesar de jugar muy a su favor los hechos de la novedad y la frescura que representa, ya ha dado muestras de más inseguridades, incoherencias, inconsecuencias y debilidades de las debidas para ser un recién llegado; ahí van algunas de ellas: proponer la desaparición del Ministerio de Defensa y luego desdecirse; permitir que el PSC juegue descarada y peligrosamente a la ambigüedad con el proceso soberanista catalán; romper el consenso de la Transición y proponer la reforma de la Constitución hacia un modelo federal, sin explicar su contenido formal, ni detallar su profundidad y alcance ni valorar sus consecuencias; romper el compromiso de voto del Grupo Socialista en el Parlamento Europeo para la ratificación del nuevo ejecutivo comunitario y la elección de altos cargos de la Unión sólo por tratar de bloquear la designación de Arias-Cañete como Comisario de Energía, algo que ni siquiera consiguió; depender en exceso del apoyo de la lideresa andaluza, Susana Díaz, que, por el contrario, ya ha marcado distancias con él por no compartir algunas de sus decisiones; exponerse mediáticamente en exceso con tal de ser protagonista, hasta el punto de llamar en directo a un programa de telebasura como “Sálvame” y, sobre todo, decir que no pactará con “Podemos”, mientras Susana Díaz y otros dirigentes socialistas ya han dicho, públicamente, que “ya veremos después de las elecciones”. Ya sé que el hombre acaba de llegar y que aún es mucho el camino que le queda por recorrer –o no, ya veremos también-, pero hay un dicho en esta tierra que no suele fallar y que yo tengo oído en Zaorejas“Mal camino no lleva a buen pueblo”.

Respecto a Pablo Iglesias y su “Podemos”, yo no sé si finalmente podrán o no -con mi voto, seguro que no- pero lo que está claro es que esta opción la están inflando los errores del PP en el gobierno y el PSOE en la oposición y el desencanto por la crisis económica y la situación política actual que está cundiendo entre los españoles, especialmente entre los más jóvenes. Lo que es innegable es que la estrategia de Iglesias, Echenique y compañía está siendo muy acertada, hasta el punto de, en apenas tres meses, conseguir llevar al Parlamento Europeo cinco diputados y, lo que es más significativo, crecer exponencialmente en las encuestas de intención de voto, aglutinando el voto de los desencantados del PSOE e IU, incluso de algunos despistados del PP, de los abstencionistas de izquierdas y, sobre todo, de jóvenes, primeros votantes o casi, que ven en “el coleta” el líder que necesita España para que “no la conozca ni la madre que la parió”, frase acuñada por Alfonso Guerra hace ya más de 30 años, pero que adquiere ahora plena vigencia y efecto subyugante porque, la verdad sea dicha, las cosas están muy mal y… aún se pueden poner peor.

A mí el proyecto de Pablo Iglesias me parece especialmente peligroso porque está jugando con las ilusiones maltrechas de muchos y la mayoría de sus recetas para dar la vuelta del calcetín a España no son nuevas, sino muy viejas, y se demostraron erráticas en el siglo XX, causando mucho sufrimiento, pobreza e injusticia en el mismo pueblo que luchó por ellas, incluso a muerte. Ideas que hace ya más de un siglo también se disfrazaron, como ahora, de la más pura y dura justicia social, pero que cuando se pusieron en práctica distaron muy mucho de ser justas y sociales; incluso en los pocos países del mundo en los que aún perduran esas ideas, de base comunista, alma libertaria y espíritu antisistema –pero que, cuando se aplican, son sólo sistema, único, eso sí-, la democracia brilla por su ausencia, el Estado anula al individuo hasta pensar y hacer por él y sólo la pobreza es aún mayor que la injusticia. Aunque, como ya he dejado dicho, Pedro Sánchez no es mi tipo –sobre todo político-, sí asumo al cien por cien estás palabras que dedicó a “Podemos” en el último Comité Federal que celebró el PSOE : “Tenemos que enfrentarnos a la idea del populismo, un proyecto que se construye sobre el descrédito del otro, sin aportar soluciones ni futuro a la sociedad española, o mejor dicho, con propuestas que provocarían frustración a los más débiles y un pobre futuro para España”. Veremos si Sánchez mantiene este discurso en el supuesto de que el PSOE necesite pactar con Iglesias o viceversa.

CorruPPción

                Las imputaciones por la comisión de presuntos delitos producidas en los últimos días sobre destacados miembros de los gobiernos de José María Aznar, como Rodrigo Rato o Ángel Acebes, que se suman a las, no sólo imputaciones penales, sino ya sentencias firmes y condenas de otros, como Jaime Matas; la imputación al excalde popular de Toledo y expresidente regional del PP, José Manuel Molina, por un presunto delito de adjudicación irregular de un contrato y supuesta recepción de la adjudicataria de 200.000 euros para financiar la primera campaña de Cospedal en pos de la presidencia de la Junta; las imputaciones de los últimos tesoreros del PP, especialmente el famosísimo Bárcenas, reo de prisión preventiva desde junio de 2013, y las imputaciones que pesan sobre otros destacados militantes del PP por el caso Gürtel, las “tarjetas negras” de Bankia y otros casos de corrupción que salpican al partido que fundara Manuel Fraga en 1976 como AP, nos tienen especialmente descolocados, confundidos, asombrados y hasta anonadados –y, por supuesto, indignados- a quienes nos sentimos cercanos a su ideario político, somos votantes habituales suyos e, incluso, como es mi caso, hasta hemos militado en él y hemos sido cargos electos durante un tiempo.

Me resulta muy delicado tratar este tema de la corrupción que afecta al PP y de la que van aflorando casos como salen setas en un bosque frondoso, bien llovido y soleado en otoño, pero me creo en la obligación de hacerlo porque, como dijo José María Aznar en su día, “no se puede construir el futuro sobre silencios”. Está claro que la corrupción no es una lacra que salpique sólo al PP, sino que lo hace a todos los partidos, de manera directamente proporcional al poder que detentan: ahí está, por ejemplo, el escandaloso asunto de los ERE en Andalucía, que tiene a medio PSOE andaluz implicado, o el caso de los Pujol, que está dejando claro que quien “robaba” a Cataluña no éramos el resto de los españoles –porque ellos también lo son-, sino gran parte de la “famiglia” del “molt honorable President de la Generalitat”, que, presuntamente, se ha hinchado a ganar dinero de las formas más golfas e ilícitas posibles, aprovechándose de la “honorabilidad” y el poder de “Ubú” Pujol, como con todo acierto lo bautizó satíricamente en su día Albert Boadella, uno de los mejores y más brillantes catalanes que conozco, etc. etc. En esto de la corrupción, ningún partido puede echar en cara nada al rival, porque corre el riesgo de que le contesten con esta castiza y expresiva frase: “Me llama puta la Zapatones”. Y lo que ya nadie se traga, ni con espesante, es eso de que “nuestros corruptos son menos corruptos que los vuestros”. No todos los partidos ni todos sus militantes son iguales, es cierto, pero no es menos cierto que cada vez son más parecidos y en ellos, lejos de contenerse y detenerse, la corrupción se ha ido extendiendo como si de una mancha de aceite se tratara.

Es evidente que una de las muchas y más grandes diferencias que hay entre un Estado democrático y otro totalitario es que, mientras en el ordenamiento jurídico del primero se respeta la “presunción de inocencia” de un encausado, en el segundo esa presunción es de culpabilidad; es decir, en democracia hay que demostrar que un imputado es culpable para condenarlo, mientras que en dictadura, o el imputado demuestra que es inocente, o es considerado culpable, lo sea o no. Pero el derecho procesal de un país democrático, al tiempo que ha de respetar la presunción de inocencia, también consagra que nadie puede ser imputado por vía penal si un juez competente no considera que hay indicios racionales de criminalidad; es decir, si no hay evidencias notorias de que es acreedor a la imputación, por lo que todos estos casos de corrupción política que arrastramos, a los que se han sumado en las últimas semanas estos que afectan directamente a exministros de Aznar que muchos creíamos muy honorables, no son –o no deberían ser- gratuitos, ni brindis al sol, ni tienen sólo por objeto la “condena social” que el mero hecho de ser imputado supone, sino que están jurídicamente fundados o, al menos, deberían estarlo, pues de lo contrario estaríamos ante una prevaricación judicial, algo tampoco descartable, pues ahí está el caso del juez Silva. Montesquieu dividió en tres los poderes del Estado: legislativo, ejecutivo y judicial, pero no hizo a ninguno inmune a la corrupción.

A lo que iba: me duele mucho la corrupción política que desde hace tiempo nos viene helando el corazón a los españolitos de una de las diecisiete, o más Españas, de hoy, parafraseando al gran poeta Antonio Machado; me duele porque la corrupción es a la democracia lo que la carcoma a la madera, algo que hace apenas ruido, sólo se ve cuando ya la ha liado parda y, sobre todo, es muy destructivo. Para mayor dolor de mi corazón, algunos de los protagonistas de chuscos casos de corrupción que últimamente han aflorado son personas a las que he admirado profundamente por su valía y competencia, como es el muy especial caso de Rodrigo Rato, a quien debemos la, probablemente, mejor gestión económica de España en el siglo XX, y quien me parecía, en su día, el mejor candidato posible para sustituir a José María Aznar en 2004 como presidente del gobierno. Cuanto más admiras a alguien, mayor es la decepción que te causa si después descubres que no es acreedor a esa admiración. Lamentablemente, en este caso, y aunque la presunción de inocencia le asista y no sea yo quien se la niegue, incluso aunque sea desimputado o declarado inocente por un tribunal, mucho me temo que los dispendios que hizo con su “tarjeta negra” de Bankia y los que permitió hacer a los 86 consejeros de la entidad con las suyas, va a ser un lastre que enturbiará para siempre su carrera política. Pero que la pague quien la haga.

No quiero concluir este artículo dejando un poso de desesperanza y pesimismo totales por nuestro estado de cosas político, porque sería injusto y, sobre todo, peligroso. No solo lo sé, sino que me consta, que la mayor parte de las personas que están en política activa son honestas y honorables, pero es evidente que el sistema es mejorable porque la corrupción no son sólo hechos aislados y esporádicos, sino casos cada vez más concurrentes y recurrentes que, incluso, llegan a veces a sistematizarse y enraizarse en la gestión y administración públicas como si fueran auténticos parásitos. O hacemos todo lo posible por atajar la corrupción política, con contundencia y determinación, no con medias tintas, o la democracia misma corre peligro de corromperse.

 

P.D.- Desde estas líneas quiero enviar un fuerte abrazo y mis mejores deseos de recuperación a Magdalena Valerio, recientemente operada de un cáncer de mama, según ella misma ha hecho público. Magdalena y yo, cuando coincidimos como concejales en el Ayuntamiento de Guadalajara, protagonizamos en la sala de juntas del consistorio algunos debates en los que la dialéctica llegó a echar humo, pero siempre desde el respeto y la consideración mutuas. Ella es una mujer valiente, positiva y de fuerte personalidad, factores que, sin duda, van a coadyuvar para que supere con éxito este contratiempo de salud. 

De lo que es noticia y lo que no

                Hace ya tiempo que España vive dentro de una fuerte ciclogénesis explosiva política, -una tormenta perfecta política, vaya- que, lejos de aminorar, va adquiriendo especial crudeza de manera progresiva; o sea, que va de mal en peor, que es la definición más castiza y sencilla de la “Ley de Murphy”, siempre empeñada en abrirse paso entre la ya de por sí abundante legislación española, uno de los países de Europa que más leyes tiene y en uno de los que más se incumplen. Y no estoy exagerando un pelo sobre la agitada y convulsa España de hoy; basta con echar un vistazo a la realidad que nos envuelve cada día para comprobar que lo que digo es absolutamente cierto: Crisis del ébola, desafío soberanista catalán, atraco a Bankia de sus propios consejeros a través de las famosas “tarjetas negras”, corrupción política, sindical y empresarial,… a lo que hay que sumar la crisis económica que arrastramos y padecemos desde hace ya más de siete años y que, aunque algunos dicen que ya está superada, que se lo pregunten a los casi seis millones de parados, especialmente los jóvenes, que esperan encontrar trabajo, aunque sea en precario y mal remunerado, y a las familias que se han dejado sus ahorros y, lo que es peor, muchas ilusiones para sobrevivir a este duro y difícil tiempo.

Hay que ser muy optimista, o estar en una posición personal muy cómoda, para negar la evidencia del tiempo convulso que nos envuelve. Escuchar un informativo de radio, ver uno de televisión, echar un vistazo a los diarios digitales en Internet o leer los pocos periódicos convencionales que van quedando –Guadalajara es un ejemplo palmario de ello: de 5 cabeceras de pago que llegaron a coincidir, no hace tanto, en los kioscos, hemos pasado a tener solo una, Nueva Alcarria– lleva tiempo convirtiéndose en un ejercicio próximo al masoquismo pues la gran mayoría de las noticias que abundan en los medios son de un tinte tan negativo –con especial dramatismo las que provienen de escenarios bélicos o de catástrofes naturales- que, después de informarse uno, dan ganas de pedir que pare el mundo y bajarse de él, como dice la niña sabia Mafalda, a quien dediqué mi anterior post, casi como terapia, dando vida y protagonismo a una niña de cómic porque ese tipo de niñas no pueden ser agredidas sexualmente por los indeseables e inexplicables pederastas, que, lamentablemente, también tienen su hueco, a diario o casi, en la dura y cruda realidad de hoy.

Es de alumno de primero de periodismo –preciosa carrera, pero maltratada y mal pagada profesión, de ahí que muchos ya la llamen irónicamente “parodismo”- saber que las noticias que copan las primeras páginas y los grandes titulares de los medios de comunicación son las que reflejan hechos cuanto más extraordinarios, mejor, y si además son alarmantes o, cuando menos, chocantes, mucho mejor aún; lo ordinario, lo común, lo habitual, lo cotidiano, evidentemente no es noticia, algo que queda perfectamente reflejado en esta frase/reflexión tan expresiva y conocida: “la noticia no es que un perro muerda a un hombre, sino que un hombre muerda a un perro”. Efectivamente, no es noticia que mueran al año por gripe común en España entre 1000 y 4000 personas, y, si lo es, aparecerá en revistas especializadas de medicina o, a lo más, en algún suelto en página par de algún periódico al iniciarse la temporada de vacunas contra esta enfermedad; lo que sí está siendo noticia, y de qué manera, es que una auxiliar de enfermería se haya contagiado de ébola en Madrid, tratándose el hecho, además, como el “primer contagio fuera de África”, incluso del “hemisferio norte”, de ese letal virus que en varios países de África occidental está causando centenares de muertes diarias y, lo que es peor aún, no disponen de los medios y los recursos sanitarios necesarios para frenar esta mortal pandemia y, ni siquiera, para atender a los infectados con la mínima dignidad asistencial. Es perfectamente entendible que sigamos al minuto la evolución de la sanitaria española infectada por ébola, así como la cuarentena de las personas que están, como ella, en el Hospital Carlos III, y que deseemos todos que aquélla se recupere, pronto y completamente, y que éstos sigan dando negativo en las pruebas hasta llegar a ese día, 27 de octubre, que los médicos han fijado como fecha definitiva para descartar nuevos contagios si hasta entonces no se confirma ninguno otro. Lo que no es, lo que no puede ser entendible, desde un punto de vista ético y moral, es que sólo nos acordemos de Santa Bárbara cuando truena, es decir, que sólo nos importe el ébola cuando una contagiada es patriota nuestra, incluso existiendo un riesgo general de contagio muy bajo y para el que hay medios de control y tratamiento, mientras en una zona de África se mueren centenares de personas a diario como si fueran perros, sin derecho si quiera a sedantes e inyección letal que, a buen seguro, de saberse desahuciados, muchos pedirían para evitar mayores e inútiles sufrimientos.

Siguiendo el mismo razonamiento de lo que es noticia y lo que no, en vez de relacionar el nombre de los 83 exconsejeros de Bankia que se gastaron más de 15 millones de euros con sus “tarjetas negras” en todo tipo de cuchipandas, saraos, fiestuquis, viajes y demás productos y servicios para el “bon vivant”, voy a relacionar los nombres de los tres consejeros que no hicieron uso de esa tarjeta, lo que, al contario que sus compañeros de Consejo, les convierte en auténticos campeones de la honradez, la honestidad y la vergüenza. Estos son los nombres de tres españoles que, en el conjunto de 86, no se les supone, sino que han probado su honradez: Iñigo María Aldal, Félix Manuel Sánchez Acal y Esteban Tejera.

P.D.- Cuando estaba terminando de escribir este post, he conocido la noticia del fallecimiento de Avelino Antón Auñón, a la edad de 99 años. Avelino fue una persona de extraordinarios valores, activa, inquieta, comprometida y buena, en el sentido machadiano de la palabra. Guadalajareño militante de nación en El Casar y adopción y vocación en la capital, con él se nos ha ido un excelente maestro y un gran alumno, que también lo fue toda su longeva vida. Nos quedan su ejemplo y su palabra, siempre en tono bajo para no molestar. También nos quedan sus reportajes, crónicas y artículos en Nueva Alcarria, periódico del que fue un fiel y prolífico colaborador. Descansará en paz porque se la ha ganado.

Una niña sabia de cincuenta años

El pasado día de San Miguel -29 de septiembre-, tradicional fecha en la que se apalabraban los labradores con sus “amos”, al igual que el día de San Pedro -29 de junio- lo solían hacer los pastores con los suyos, cuando un apretón de manos tenía más valor que diez firmas, una niña rebelde, incisiva, inconformista y sabia cumplió 50 años; y lo mejor de todo es que, a pesar de ser cincuentona ya, sigue siendo tan niña como siempre, sin necesidad de pactar con el diablo como hizo Fausto para preservar su juventud. La niña de 50 años a la que me refiero es argentina, pero a la vez es de todas partes y de ninguna; y digo de ninguna parte porque está tan enfadada con el mundo que hasta es autora de una frase que, todos, en más de un momento de nuestras vidas, hemos dicho o, al menos, pensado: “Paren el mundo, que me quiero bajar”. Pongamos que hablo de Mafalda, la niña de comic que creara Quino en 1964, publicándose sus personalísimas, sarcásticas e ingeniosas tiras inicialmente en el diario bonaerense “Primera Plana”, para después pasar a ser publicadas en medios de comunicación de medio mundo y siendo traducidas a más de veinte idiomas, lo que avala que esa niña argentina, también sea nacional de todos aquellos países en los que se han editado y disfrutado sus viñetas. No es fácil, no, ser argentina y al tiempo cosmopolita como lo es Mafalda, lo que constituye toda una lección para los mayores de que, si se quiere, se puede renunciar a la patria chica y hasta a la grande, si esas patrias son sólo para diferenciarse y separarse de los demás, con prepotencia, soberbia y egoísmo. No fue Mafalda, sino Rilke, quien afirmó atinadamente que “la verdadera patria de los hombres es la infancia”. Y así, siguiendo la reflexión del poeta austriaco, puedo decir y digo que la verdadera patria de Mafalda es ella misma, aunque sea más argentina que el tango, los gauchos, Maradona, el chorizo criollo y la Pampa.

La suerte de ser una niña de dibujo, aunque la genialidad de su creador le haya ido dotando de personalidad y hasta de alma, es que puede seguir siendo niña toda la vida, y eso que Mafalda es una niña, más que madura, posmadura, si nos atenemos a algunas de sus reflexiones, como la de parar y bajarse del mundo antes citada, o esta otra que parece todo un tratado de filosofía, algo muy argentino por otro lado: «No es cierto que todo tiempo pasado fue mejor. Lo que pasaba era que los que estaban peor todavía no se habían dado cuenta”. Hay que tener las cosas muy claras, y especialmente un carácter muy fuerte, para enmendarle la plana, nada más y nada menos que a un poeta de la talla de Jorge Manrique que, en sus conocidas “Coplas a la muerte de su padre”, hace ya cinco siglos y medio, afirmó justo lo contrario que Mafalda: “Recuerde el alma dormida, avive el seso y despierte contemplando cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte tan callando, cuán presto se va el placer, cómo, después de acordado, da dolor; cómo, a nuestro parecer, cualquiera tiempo pasado fue mejor”.

Quino no dejó nunca a Mafalda que dejara de ser niña y creciera, y eso puede parecer una crueldad o justamente lo contrario, depende del color del cristal con que se mire, como le ocurre a la verdad y a la mentira, según dejó dicho Campoamor. A mí me parece que los niños siempre quieren ser mayores porque nunca lo han sido; si lo fueran un ratito y se dieran cuenta que ser mayor también tiene sus inconvenientes, algunos de ellos muy comprometidos, especialmente asumir responsabilidades, puede que muchos niños optaran por ser como Mafalda, una niña para toda la vida; pero, eso sí, una niña con más “mili” que el palo de la bandera, como expresivamente decíamos los reclutas novatos de reemplazo cuando hablábamos de los que estaban a punto de licenciarse, algo que en ese momento nos parecía inalcanzable y más lejano que los horizontes de la mítica película del oeste dirigida por Anthony Mann. Pero si Quino no dejó nunca crecer a Mafalda, a pesar de haber cumplido 50 años,  estoy seguro que no fue por negarla la adolescencia, la juventud y la madurez, que son las tres etapas de la vida que habría consumido en sus cinco décadas de vida de haber sido mortal, sino porque necesitaba que sus profundas reflexiones partieran de la boca de una niña para que parecieran ingenuas, cuando eran justamente lo contrario. Así se sortea a la censura y a la cerrazón de algunos, no pocos, que son incapaces de pensar porque el pensamiento, como el saber, no ocupa lugar y, por tanto, no se puede comerciar con él; o, al menos, no se debe.

Termino ya esta atípica celebración del cumpleaños a Mafalda con una frase suya que, muy probablemente, explique el por qué Quino no haya querido nunca que dejara de ser niña y que, ojalá, fuera de aplicación a todos los niños del mundo que no son de dibujo y que sí que van a crecer, salvo que se mueran de hambre, de enfermedad o les destroce una bomba, todo ello retransmitido puntualmente y al detalle por televisión, por supuesto: “la vida no debería despojarlo a uno de la niñez sin antes darle un buen puesto en la juventud”.

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