Encierros y desencierros

Agosto y septiembre son los meses festeros del año en la provincia por excelencia. Entre ambos, suman 280 días festivos laborales de carácter local en el conjunto de ciudades y pueblos de Guadalajara, cuando el total del año son 537. Por el contrario, marzo y diciembre son los dos meses que menos fiestas locales oficiales acumulan: entre los dos, ni siquiera una decena de días. Es obvio que nuestros paisanos aprovechan el ecuador y la segunda mitad del verano para vestirse y vestir a sus pueblos de fiesta, y no sólo por el motivo de juntarse en esta época ese binomio indisociable que conforman el estío y la vacación, sino por otros dos de carácter eminentemente tradicional: agosto es el mes en que acaban de concluir las labores de cosecha del cereal, la tarea agraria más importante del año para los labradores, y la Virgen de la Asunción (15 de agosto) y San Roque (16) son dos de los patronazgos más extendidos en la provincia de Guadalajara, junto con el de la Natividad de la Virgen (8 de septiembre).

El caso es que este “puente de la Virgen”, cuya festividad central ha caído este año en sábado, lo que va a comprimir muchas fiestas en el fin de semana y a restar algún día festivo oficial a no pocos, casi un centenar de pueblos de la provincia van a celebrar sus fiestas patronales o, al menos, las llamadas de “verano” pues bien es verdad que numerosas localidades han desplazado sus tradicionales celebraciones patronales desde otros meses al de agosto, que es el tiempo en que los pueblos están llenos de gentes, cuando la mayor parte del resto del año sucede justamente lo contrario. Es sabido y comentado que no pocos pequeños pueblos de la provincia tienen más presupuesto de fiestas que municipal, lo que puede parecer una barbaridad, pero no dejar de ser pura realidad. Recordemos que Guadalajara tiene 460 pueblos, de los que sólo una tercera parte superan el centenar de habitantes.

El caso es que la provincia de Guadalajara es ahora mismo una fiesta en la que dos elementos siguen siendo su columna vertebral: los toros y el baile, aunque cada vez se incorporan más actividades que enriquecen y complementan los programas, lo que es de agradecer pues no sólo de festejos taurinos y pasodobles vive la fiesta, a  pesar de que a muchos les bastaría con lo primero, incluso renunciando a lo segundo.

Punto y aparte, efectivamente, merece tratarse la pasión taurina de esta provincia, especialmente en las comarcas de la Alcarria y la Campiña, sin olvidar Molina. Aquí, en Guadalajara, se celebran el mayor número de espectáculos taurinos populares de toda España, especialmente encierros por el campo, una actividad casi de culto y obligada concurrencia para numerosos aficionados que, literalmente, siguen con absoluta fidelidad el calendario de este tipo de festejos, del que se informa y trata de forma amplia en varias webs especializadas, de innegable raíz guadalajareña, como: www.toroalcarria.com, www.toromundial.com, www.torosymastoros.blogspot.com.es y www.elquite.org , entre otras. Sólo entre el 13 y el 18 de agosto ha habido o va a haber encierros por el campo en Fontanar, Iriépal, Uceda, Romancos, Valdeavellano, Cogolludo, Torrejón del Rey, Fuentelviejo y, por supuesto, el famosísimo y concurridísimo de Brihuega, al que suelen acudir más de 15.000 personas, que ya es decir. El encierro de Brihuega es, en realidad, un desencierro pues los toros no van desde el campo a encerrarse en la plaza –en el bello y ya cincuentenario coso “de la Muralla”- sino que están encerrados en ella y de allí parten hacia el campo, tras recorrer varias calles briocenses, en dirección Este y siempre en subida, hasta llegar al parque de María Cristina donde ninguna talanquera corta el paso a la manada.

Incluso no siendo taurino pero mientras no se sea antitaurino, al encierro de Brihuega hay que ir aunque sólo sea una vez, que no lo será, pues tiene efecto adictivo y, pese a que la villa alcarreña esté desbordada por el numeroso gentío que a él acude cada año el día de San Roque, el que va suele repetir porque el ambiente que allí se vive es, aunque pueda parecer una contradicción, realmente irrepetible. El ir y venir de gentes de un lado para otro, el jolgorio y colorismo general, las “arrancaeras” en los bares –las últimas cañas de cerveza que anteceden al encierro-, el tradicional “parapachunda” de la Banda briocense que abre calle minutos antes de que la tomen los toros,… conforman unos momentos en que el corazón se acelera y los oídos y los ojos se abren de par en par, lo que tiene continuidad caída ya la noche. Como decía mi maestro y amigo Salvador Toquero, taurinófilo y brihuegófilo donde los hubiera, “en la noche del 16 de agosto todas las sombras son toros en Brihuega”, que es la más expresiva y brillante manera con la que se pueden definir las sensaciones de quienes esperan, ya anochecido, por las calles de la villa a que lleguen los toros del campo a la cercada de San Felipe para, de mañana y antes del toro del “aguardiente”, iniciar la “bajá” a la Muralla. Si es que se encierran los astados porque, repito, el de Brihuega no es un encierro, sino justamente lo contrario. Y ahí, precisamente, reside su atractivo, sublimado por la belleza de uno de los pueblos más bonitos que parió la Alcarria.

Cuarenta y nueve encierros de toros se van a celebrar en agosto en la provincia de Guadalajara, hecho que avala que esta es una provincia taurina por excelencia, lo que tienen que cuidar los propios taurinos haciendo las cosas bien, con sentido común y con orden, que es la mejor manera de preservarlas.

El vuelo nocturno del chotacabras

                Tras un julio sofocante se aviene un agosto que entrará fresco y, después, “ya veremos”, como dijo, no un ciego, sino “la chica del tiempo” de Antena 3 de los fines de semana, Himar González, que tiene nombre guanche y acento chicharrero y que sabe de lo que habla, no en vano es licenciada en Ciencias Físicas y no sólo una chica de muy buen ver, aunque un tanto escueta de carnes para mi gusto.

                Pero quería hablar del tiempo y no de la chica. Yo soy partidario de que en cada tiempo haga lo que debe y suele; no me gusta que marcee en mayo, ni que mayee en marzo; sino que marcee en marzo y mayee en mayo. Por eso, no me quejo de que julio esté siendo especialmente caluroso -dicen que el que más en cuarenta años- si bien habría agradecido unos pocos grados menos de calor en alguna de estas terribles tardes pasadas, que no iban a cambiar la dinámica térmica habitual del mes, pero sí a aliviar el sofoco general, incluso el de las palomas cimarronas que hace tiempo tomaron los cielos, los tejados, el mobiliario urbano y los árboles de la ciudad como si fueran de su propiedad y que, con sus pesados, monocordes y repetitivos zureos, impiden sestear al personal, y con sus frecuentes, sucias y corrosivas deyecciones son una continua amenaza de pringue para quienes transitan debajo de ellas. Lo dicho: hasta las duras y pesadas palomas urbanas están sufriendo las altas temperaturas de este julio especialmente caluroso que se nos ha caído encima del ánimo, doblegándole como si de una vaca en brazos se tratara.

El que juliee en julio está bien, muy bien, pero que julio se ponga histriónico y a sobreactuar ya no está tan bien porque en las casas de la ciudad no hay quien pare cuando el calor aprieta, pero en la calle te puede dar un tabardillo por causa del ozono troposférico ese, al que dan alas y convierten en especialmente nocivo para la salud de los más débiles las altas temperaturas y la contaminación atmosférica, de ahí que cuando el viento sopla del suroeste, o sea, de Madrid, vía Corredor, aquí sea especialmente dañino, como estamos advertidos, aunque no siempre hagamos caso. No confundir el ozono estratosférico, que protege a la biosfera de los dañinos rayos ultravioletas del sol, con el ozono troposférico, que es un gas contaminante que hay que evitar respirar porque es muy perjudicial para la salud humana, animal y vegetal. El caso es que el intenso calor, además de apabullarnos por fuera y dejarnos más tirados que a una estera, si se alía con factores contaminantes puede zaherirnos también por dentro y socavar, además de nuestro ánimo, nuestra salud. Nada es bueno en exceso, parece evidente.

Aunque estos días bochornosos se antoje casi un imposible, recuerdo julios de tardes y noches de jersey, cuando no también de paraguas para protegerse de una tormenta tras otra, sin solución de continuidad, incluso en sesión de mañana, tarde y noche. Tormentas que jorobaban las cosechas recién principiadas, traían pocas nueces y mucho ruido, en forma de truenos, y culebrinas de luz, en forma de relámpagos, además de gotones de lluvia y, a veces, no pocas, granizos como gurriatos que terminaban por tumbar el cereal antes de que pasara la cosechadora, al tiempo que destrozaban hojas, pámpanos y el fruto aún incipiente de los viñedos, y vareaban violentamente los olivos, dejando el campo como un erial, caminos incluidos. Pero eso sí, refrescaba y se echaba de menos el sol. Nunca llueve a gusto de todos, sí; como tampoco es del gusto general que haga sol. Además de ser inconformistas, siempre echamos de menos lo que nos falta y de más lo que nos sobra.

El julio mesetario y el sol suelen ser aliados, cómplices, un binomio, una fraternidad, un retal de tela sin costuras, un pensamiento único, o casi. Bajo el sol de julio, la provincia de Guadalajara es un campo de cereal que espera, o despide, a las cosechadoras mientras las codornices que ya han llegado cuchichían y los pollos de perdiz castañetean, al tiempo que los conejos chillan en las madrigueras de las recosteras, ajenos al próximo pim-pam-pum de la media veda. Guadalajara, al sol de julio, es en muchas de sus tierras, si aún no las ha arrasado el fuego, un pinar en el que los picamaderos, los picapinos y los tamborileros se ganan, a base de rítmicos y sonoros picotazos, su adecuado nombre de pájaros carpinteros mientras las chicharras chirrían a coro, especialmente en las anochecidas y las albadas. Esta tierra es, también y ahora, sobre todo en sus serranías del norte, un robledal en el que los chotacabras silban mientras vuelan en la noche, cerca de donde los cárabos y los búhos chicos ululan. Guadalajara, en sus alcarrias, es en julio un encinar en el que los jabalíes y sus rayones gruñen mientras bellotean; un arroyo semiseco o un lavajo en el que croan las ranas comunes y las de San Antonio, y un río, que no va a dar a la mar, sino a Murcia, en el que de vez en cuando chapotea una trucha en pos de un mosquito que la luna llena le ha ayudado a ver.

Bajo el sol de julio, que suelen ser mucho sol y mucho julio, Guadalajara se comienza a preparar ya para el otoño, que es la verdadera primavera de esta tierra, acaso porque en la mayoría de sus muchos, pequeños y solitarios pueblos hace tiempo que es casi siempre invierno y se está poniendo el sol.

P.D.- Sin ánimo de dar envidia, pero reconozco que relamiendome un poco, informo a los seguidores de este blog que, en unos días y hasta mediados de agosto, marcharé de vacaciones a Comillas (Cantabria), como tengo por costumbre desde hace ya muchos años. Estoy seguro de que allí no me voy a acordar del sol de Guadalajara porque los termómetros no suelen pasar de los 23-24 grados, estando atemperado el clima de la zona por la cercanía del mar y la montaña. A apenas una veintena de kilómetros de Comillas está Santillana del Mar, cuyo marquesado formó parte de la casa del Infantado que, en aquellas tierras santanderinas, dejó también su impronta, como en las nuestras y aún en gran parte de Castilla, hasta el punto de que, si en Guadalajara tenía su principal y señero Palacio, en Potes, la capital de la comarca de Liébana, a caballo entre Cantabria y Asturias y a los pies de los Picos de Europa, tiene su Torre, igualmente llamada del Infantado. No conocer todo aquello es perderse mucho.

¡Felices vacaciones y nos vemos en los blogs!

Taracena al sol

                Mis recuerdos infantiles de julio tienen un paisaje, Taracena, y unas figuras, las de los rostros curtidos por el sol y el sudor de la carrera sin parar, de un lado a otro del pueblo y viceversa, de los chavales de mi generación que allí vivían o, como era mi caso, allí veraneábamos. Aunque es el pueblo de mi madre y de toda mi familia materna y lo tengo como propio, comprendo que a muchos les parezca menos bonito, por utilizar un eufemismo, que muchos de los muchos pueblos que tiene la provincia de Guadalajara. Más de 450, según el nomenclator provincial, aunque solo sean municipios 288. Pero a mí me gusta Taracena  y así lo proclamo ante quienes finjan ignorarlo, tomándole prestada esta expresión a Camilo José Cela cuando se reivindicó en público como alcarreño, si no de nación, sí de adopción y vocación. Por cierto, que el Nobel pasó, física y literariamente, por Taracena en su “Viaje a la Alcarria” (1946) y casi cuarenta años después en su ”Nuevo viaje a la Alcarrria” (1985), dejándonos como mejor prenda de su caminar a pié-pluma por mi pueblo estos preciosos versos que forman parte del “Cancionero de la Alcarria”:

A la tierra color tierra

le maduró un sarpullido.

Bajo el sol de Taracena

cuelga la vida de un hilo.

                Taracena tuvo ayuntamiento propio hasta mediados de los años sesenta del siglo pasado, cuando desde el gobierno central se impulsó uno más de los muchos procesos reductores de municipios que, a lo largo de los dos últimos siglos, se han emprendido en España porque en este país somos tan sociocentristas y localistas que, si nos dejan, hacemos un ayuntamiento, no por pueblo, sino por familia, ni siquiera por estirpe, y dentro de la familia hasta creamos pedanías e, incluso, entidades de ámbito territorial inferior al municipio, que es esa figura intermedia entre el municipio y la pedanía que prevé la actual legislación local.

Aunque siempre habrá alguien que no esté de acuerdo e, incluso, tenga sus razones para no estarlo, creo que a Taracena le ha ido bien su anexión como barrio a la capital. Al pueblo no le falta de nada y desde hace ya mucho tiempo dispone de eficientes servicios públicos, especialmente el transporte urbano y la limpieza viaria y recogida de basuras, así como de unas buenas infraestructuras y equipamientos urbanos: calles asfaltadas, incluso alguna ya con varias capas de rodadura, aceras en buen estado, plazas ordenadas y bien equipadas y amuebladas, jardines cuidados –aunque desde que se jubiló Ángel, el alguacil, la cosa verde ha ido claramente a peor-, depósito de agua propio, centro social amplio y siempre limpio, consultorio médico, frontón cubierto, pistas deportivas al aire libre en buen estado y uso, escuela con niños y maestros, cementerio reformado, y hasta una pequeña pero coqueta plaza de toros, hecha en hacendera por los vecinos. A mí de las pocas cosas que me parece que le faltan a Taracena es que derriben, de una vez por todas, las viejas viviendas de los maestros, que están en ruina desde hace tiempo y, además de impedir que se caigan cualquier día y puedan hacer daño a alguien, su solar sirva después para hacer un nuevo edificio público, con el uso que decidan los que allí viven de forma permanente, aunque a mí me parecería muy adecuado que se construyera uno en el que convivieran un centro para mayores y otro para jóvenes, con su biblioteca y sala de lectura compartida. Si esa biblioteca es un día realidad, desde aquí me ofrezco a donar los primeros doscientos ejemplares de la misma, salidos no de los desechos de mi amplia colección de libros, sino de lo mejor de ella, incluidos un centenar referidos exclusivamente a temática y autores de la provincia de Guadalajara.

Aguila-picoHay muchos pueblos de la provincia que son más bonitos que Taracena, sí, pero a mí me gusta como es, especialmente su entorno más que su caserío, afeado con frecuencia por el pulverulento y blanco caolín, como si de un belén espolvoreado por harina se tratara. La Peña Hueva, El Pico del Águila y el Cogorro, los tres montes que imprimen personalidad al paisaje del pueblo, son alcarreños “de libro”, como ya he dicho en más de una ocasión; y lo son por dos motivos: porque sus descarnadas tierras margosas –calcitas y arcillas- caen desde el páramo de su llano hacia sus pies, hecho valle, como si fueran nervaduras, paisaje prototípicamente alcarreño, y porque, hace unos años, una editorial especializada en libros escolares eligió como fotografía de la portada de un libro de la asignatura de “Conocimiento del medio”, una imagen de la entrada al valle de Torija tomada desde Taracena, en la que la Peña Hueva y el Pico del Águila hacían de jambas de un arco imaginario y sin más dintel que el propio cielo.

Paisaje de libro y también de cine este de Taracena, pues allí mismo rodó el gran Stanley Kubrick, en 1959, algunas de las escenas más épicas de “Espartaco”, convirtiendo el paisaje alcarreño de Taracena en el napolitano del Vesubio gracias a la magia del celuloide, donde el mítico Kirk Douglas, con unos centenares de gladiadores y esclavos rebeldes, intentó combatir a la entonces todopoderosa e imperial Roma.

En julio, a poco que el calor aprieta -y este año está apretando de lo lindo-, mi recuerdo siempre me lleva a ese Taracena en el que viví los mejores veranos de mi infancia, en el que conocí la amistad para siempre, descubrí el primer amor y en el que encontré a una segunda madre, mi tía Esperanza, a pesar de que ni la buscaba ni la necesitaba porque me bastaba y sobraba con la mía, Pilar, a quien le debo mucho, pero sobre todo mirar a la vida, no sólo a través de los ojos, sino también del corazón. Termino citándome a mí mismo –que puede ser economía de esfuerzos, pero nunca plagio- con estas palabras, escritas en un julio de sol plomizo y calor abrumador como este, y rememorando como hoy algunas de mis muchas horas de feliz infancia en Taracena:

“Solazo de julio que antaño caía a plomo sobre los segadores en los pedazos, los acarreadores en los caminos de pan llevar y los trilladores en las eras de pan trillar, acompañados de críos jugando a iniciarse en las tareas agrícolas, haciendo de lastre sobre los trillos con pedernales de Cantalejo, tirados por mulas y envolviéndose en el picajoso tamo que no se les despegaba de la piel hasta el obligado baño del domingo, antes de que tocaran a misa, en el balde de cinc y con el agua caldeada al sol, con lavado de pelo incluido en el corral y aclarado con vinagre, un producto más de despensa que cosmético, pero tan eficaz como la camomila para enrubiar” . (“De quince a quince”.- 22-7-1997)

“Miss Bragas” al poder

                No es que sea yo ni un timorato ni un pazguato precisamente, ni un tipo poco advertido, ni me asuste fácilmente por algo, ni me haga cruces cada dos por tres, pero aunque no sea así, últimamente se está viendo desbordada con frecuencia mi capacidad de asombro por algunas cosas que están pasando, sobre todo desde que los anti-sistema han comenzado a gestionar algunas partes del sistema; pocas todavía, pero todo se andará, porque Pedro Sánchez quiere pillar cacho como sea y Podemos está por la labor de hacerle de muleta. Lo antes dicho me lleva a pensar dos cosas: que me estoy haciendo mayor por mí mismo –un hecho cierto, para ello basta mirar mi DNI y mi barba, ya casi toda ella blanca- y que algunas circunstancias me están haciendo mayor por sí mismas. O sea, siempre Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mis circunstancias”.

                No es la primera vez, y me temo que no será la última, que comento algunos desatinos, parte de ellos de pésimo gusto, muy mal talante y retorcimiento mental superlativo, protagonizados por altos cargos, recién elegidos, del entorno de Podemos; hoy, será ya la segunda, cuando han tomado posesión hace apenas un mes. Si a alguien le aburre que señale con el dedo lo que creo señalable de esta “nueva casta política” que reniega de la vieja, que no siga leyendo. “Aviso gorra”, como decíamos de pequeños cuando jugábamos a la dola en la Concordia y queríamos que se dieran por enterados de algo nuestros compañeros de juegos.

Barcelona ha sido siempre una ciudad catalana, española y europea bandera, referente de modernidad, apertura y modelo de gestión urbana. Cuando los barceloneses no perdían el tiempo –al menos, tanto- en banderías radicales de regionalismos decimonónicos trasnochados, era más cosmopolita que Madrid y tenía menos caspa y salida al mar; o sea, la releche. Pues bien, desde que la antigua lideresa de la Plataforma Antideshaucios, Ada Colau, es su alcaldesa, en Barcelona se van a paralizar las concesiones de licencias de hoteles justificándose esa decisión en que “ya hay muchos en la ciudad y el turismo debe ser menos molesto”. O sea, que la lideresa de la PAH, la primera medida que ha adoptado ha sido la de desahuciar a los hoteles que aún no tengan licencia porque con ella no la van a tener, al tiempo que desahuciar a los parados del sector servicios de la ciudad que podrían encontrar empleo directo, o diferido, gracias a esos hoteles. Y la segunda medida que ha adoptado Ada ha sido la de emplear a su pareja, Adriá Alemany, en el Ayuntamiento barcelonés, de manera indirecta pero descarada, como responsable de relaciones políticas e institucionales de “Barcelona en comú”, el partido con el que Colau concurrió a las elecciones municipales de mayo. Y la tercera, colocar a dedo a la pareja de su número dos, Gerardo Pisarello, que será asesora del área de Vivienda municipal. Y la cuarta, enchufar como “Dircom” –directora de comunicación- a Águeda Bañón, entre cuyos méritos destaca ser una conocida activista post-porno, administradora del blog “Girls who like porn” –lo que traducido del inglés significa “chicas a las que les gusta el porno” que, en catalán “macarrónico”, podría traducirse como “moçetas a las que agrada el calçot”, o sea, la cebolleta-. Entre los méritos de Bañón también destaca el hecho de sentirse muy orgullosa de la foto que corre por las redes sociales en la que se ve a la susodicha meando en plena calle, a pulso, porque ni siquiera se molestó en agacharse para no mojarse las piernas y las bragas durante su micción pública. Por cierto, que a esta señora tan meona la llaman en la blogosfera pro-porn “Miss Bragas”. Aunque sea seguir incidiendo en lo escatológico: ¡Te cagas!

    Cádiz no es ni Madrid, ni Barcelona, ni falta que le hace. La “Tacita de plata” es una preciosa ciudad, “novia del aire y señorita del mar”, como le cantaba José María Pemán, ese mismo mar al que Alberti le robaba caracoles y algas. Esa maravillosa ciudad de Cádiz, que fue la capital de la España libre y liberal durante el tiempo en que los “fanfarrones” franceses la sitiaron para tratar de acallar a los primeros constituyentes españoles, los de “La Pepa” de 1812, tiene ahora un alcalde “podemita”, al que apodan “Kichi”, y que no ha tenido otra ocurrencia que quitar de su despacho un retrato del rey emérito, Juan Carlos I, quien, junto a Adolfo Suárez, hizo posible la concordia entre españoles en la “Transición”, por uno del que fuera alcalde anarquista gaditano en la primera república, Fermín Salvochea. Creo que “Kichi” se ha equivocado, no por poner a Salvochea, sino por quitar a Juan Carlos. Los de la “vieja casta” restaban más que sumaban, los de la nueva, dividen.

Y pongamos que termino hablando de Madrid, ese Madrid “insufrible, pero insustituible” del andaluz Joaquín Sabina; el Madrid “absurdo, brillante y hambriento” del gallego Valle Inclán; el Madrid “provinciano y popular, pero muy querido”, del canario Pérez Galdós; el Madrid que, “cuando se conoce, es la ciudad más española de todas, la más agradable para vivir, la de la gente más simpática, y, un mes con otro, la de mejor clima del mundo”, como dijo el americano Hemingway; ese Madrid, que ahora es el de la exjueza, hoy alcaldesa, Manuela Carmena, no puede permitirse tener concejales entre sus filas que se mofan lo mismo de los judíos que de las víctimas del terrorismo, como Guillermo Zapata, o que asaltan oratorios de la iglesia católica porque sus malas bilis les incitan a la intolerancia y el fanatismo que dicen combatir, como Rita Maestre, o que falsean sus currículums, como ha hecho Marta Higueras, la vicealcaldesa y “mano derecha” de Carmena –puede que sea más apropiado en este caso hablar de “mano izquierda”-, que dice haber sido “jefa de la secretaría del Tribunal de Cuentas”, cuando lo que en realidad fue es secretaria particular de una consejera de IU en este alto tribunal. “No es lo mismo”, como canta Alejandro Sanz.

Si “Miss bragas” se meó en la Gran Vía de Murcia y hoy es Dircom en Barcelona y se ufana de su pis en público, me consta que no muy lejos de aquí, una alcaldesa “podemita”  recién elegida, dijo, también en público, apenas una semana después de acceder al cargo, que “estaba hasta el coño” de que la llamaran y molestaran continuamente cuando fue requerida por un asunto de orden público. Por cierto, ahora no recuerdo exactamente si dijo “coño” o “chocho”, pero de lo que sí estoy seguro es de que “no es esto, no es esto”, como afirmó el pre y siempre tan citado Ortega.

 

 

Banderas de nuestros hijos

                Pablo Iglesias le copió a Barack Obama el slogan electoral con el que intentó y logró ser el primer presidente de raza negra de los Estados Unidos, “Yes, we can!” –“Sí, podemos”- y su reciente –que no sorprendente, al menos para mí- socio de gobierno en numerosos ayuntamientos, diputaciones y gobiernos autonómicos, el actual líder del PSOE, Pedro Sánchez, le copió al presidente americano una de sus más conocidas puestas en escena electorales, al comparecer hace unos días junto a su mujer en un acto público con una gran bandera de España de fondo, al igual que lo hiciera hace años Obama con su mujer y la bandera de USA. La izquierda española ha solido ser antiamericana, cuanto más a la izquierda, de forma más radical todavía, pero una cosa es que no les guste lo “yankee” y otra bien distinta que no se aprovechen de lo mucho que los descendientes y herederos del “Mayflower” pueden enseñar en tantos y tantos ámbitos, especialmente el socio-político, en el que son auténticos maestros.

                No seré yo quien critique que el líder del PSOE se presente y fotografíe junto a una gran bandera de España, algo que debería ser normal pues es la enseña constitucional que representa a todos los españoles, incluso a quienes no la aceptan como símbolo propio, pero que adquiere el carácter de extraordinario porque no recuerdo ocasiones precedentes de líderes ni de dirigentes socialistas que se hayan dejado ver junto a una bandera española de forma tan notoria, calculada, impactante y, en mi opinión, interesada. No es que Pedro Sánchez hiciera un “top less” enarbolando la bandera española como la revolucionaria que Delacroix pintó con una enseña de Francia en la “Libertad guiando al pueblo”, pero el mensaje que quiso hacer llegar fue parecido al de aquélla: con la bandera, hacia la victoria. Electoral claro.

O sea, que al igual que Zapatero no quiso levantarse, con toda intención, al paso de una bandera americana en un desfile militar celebrado en el paseo de la Castellana cuando aún no era presidente de España, pero aspiraba ya a serlo, su sucesor como líder del PSOE tras el paréntesis de Rubalcaba, ha decidido, también con toda intención, envolverse en este caso en la bandera de España, desconcertando e, incluso, cabreando a los muchos socialistas que hay de alma y corazón republicanos, a cambio de intentar agradar a los numerosos ciudadanos situados en la centralidad política, afines a la monarquía y sus símbolos constitucionales. Y de entre ellos, el emblema por excelencia es, precisamente, la bandera roji-gualda, que el rey Carlos III eligió en 1785 como enseña de la Armada española, tras convocar un concurso al efecto y decantarse por ella al ser la más visible desde mayor distancia en el mar, evitando con ello que nuestros propios barcos se enfrentaran entre sí abriendo fuego amigo.

Es evidente que los políticos, de toda opción, por supuesto, se mueven cada vez más en función de lo que les aconseja el marketing político y que todo lo que dicen y hacen está “listo, calculado, establecido, estructurado, abastecido, preparado”, no para “servirle a usted”, como decía la canción de “Desde Santurce a Bilbao Blues Band”, el mítico grupo setentero de Moncho Alpuente, sino para tratar de ganar votos. La exhibición de Sánchez con la bandera de España no obedeció a un capricho personal del jefe de los socialistas ni a un subidón de ardor patriótico, sino a una calculada estrategia de guiño al centro político, después de haber pactado todo lo pactable con la izquierda radical de Podemos; y digo radical porque en verdad lo es, bastando como prueba de ello los currículos y las “hazañas”, de palabra o de obra, de muchos de sus cargos electos, antes y después de serlo, y los programas e intenciones con los que las “marcas” con las que ha comparecido o se ha identificado Podemos han concurrido en las pasadas elecciones autonómicas y locales.

Lo curioso, lo realmente curioso, es que Pedro Sánchez se ha exhibido de forma notoria, intencionada y, repito, a mi juicio interesada, con la bandera bicolor constitucional, poco después de pactar con Pablo Iglesias, acérrimo partidario de la tricolor y que no dudo que pondrá todo el poder que sea capaz de acumular –inclusive el que le ceda el PSOE- al servicio de su causa izquierdista y republicana, para lo que tampoco dudo contará con la simpatía y la colaboración de muchos dirigentes y militantes del PSOE. Tengo claro que el PSOE de hoy está más cerca de Podemos que del centro político y no es nada extraño que algunos alcaldes suyos, como por ejemplo el de Garrucha (Almería), la primera decisión que han tomado haya sido quitar una gran bandera de España que había en la rotonda principal de acceso a la localidad para sustituirla por una local: “Mejor poner la bandera del pueblo que la de España”, ha declarado el primer edil socialista garruchero. Espero que al madrileño Sánchez no le dé por envolverse la próxima vez, en lugar de en la bandera de España, en la de Madrid, más que nada por si en vez del oso y el madroño algún “podemita” cachondo le coloca un perro y una flauta.

Las banderas de nuestros padres –como el título de la magnífica película de 2006 de Clint Eastwood– no son hoy las nuestras, pero si las nuestras tampoco van a ser las de nuestros hijos, España volverá a dar síntomas de padecer un agudo problema de falta de identidad y de permanencia de valores y seguirá en la invertebración que tanto le dio que pensar y escribir a Ortega y Gasset.

¿Podrán?

                Los actos formales de constitución de los ayuntamientos, en función de los resultados habidos el 24-M, que tuvieron lugar el pasado sábado, han dejado para el análisis unos cuantos hechos y otros tantos dichos. Por otra parte, aunque se han despejado bastantes dudas, se han abierto nuevas incógnitas. Entre aquéllas, ha quedado claro algo que ya era previsible: la izquierda, cuando con sus escaños puede desplazar del poder al PP, lo desplaza sin miramientos. Entre éstas, qué hará Ciudadanos en el futuro: permitir gobernar con cierta tranquilidad a quienes ha permitido que gobiernen por ser las fuerzas más votadas o hacerles oposición desde el minuto uno y hasta que se celebren las elecciones generales, que es el verdadero horizonte estratégico para Albert Rivera quien, en función de los resultados que entonces obtenga su formación, enseñará de verdad “la patita”. El tiempo hablará, despejando las dudas que ahora surgen, pero abriendo también nuevas incógnitas porque la política es siempre cambiante, como el tiempo y los propios hombres.

                Decía que la jornada de constitución de los ayuntamientos –que, curiosamente, tuvo lugar el 13 de junio, festividad de San Antonio, el santo al que tradicionalmente imploraban las mozas casaderas para encontrar novio-, dejó hechos y dichos destacables, unos para bien y otros para lo contrario. Un hecho que, personalmente, a mi me disgustó y contrarió mucho fue la bronca y los insultos que el portavoz de Ciudadanos en el Ayuntamiento de Guadalajara, Alejandro Ruiz, recibió por parte de un grupo de la “Plataforma Antidesahucios” y simpatizantes de “Ahora Guadalajara” cuando salía del Ayuntamiento, tras la sesión en la que Antonio Román fue investido alcalde por tercera vez, gracias a sus propios concejales (11) y a la abstención de los dos de C´s, tras alcanzar el viernes a media tarde un pacto entre ambas formaciones, tras bastantes horas de negociación. Abroncar e insultar al que no opina como tú o no hace lo que tú quieres o lo que a ti te conviene es una prueba de mala educación, pero, sobre todo, una muestra de intolerancia total. La mala educación enrarece y afea las relaciones humanas, pero la intolerancia degrada al propio hombre y hiere a la sociedad. Espero que sólo haya sido un hecho aislado y que “Ahora Guadalajara” lo repruebe públicamente porque, de lo contrario, ¿cómo va a poder regenerar la vida pública, algo a lo que dicen aspirar, un colectivo político que practica y consiente la mala educación, el insulto, la intolerancia e, incluso, el sectarismo? No es la primera vez que lo digo y seguro que lo diré muchas más: Mal camino no lleva a buen pueblo. El que quiera entender, que entienda.

Muchos hechos más ocurridos el 13-J, algunos incluso inasumibles para Kafka, podrían ser comentados en este post, pero me voy a referir a algunos dichos que también me han producido desazón y que, por cierto, igualmente han protagonizado cargos electos de las distintas marcas con las que Podemos y otros colectivos de izquierda han concurrido a las pasadas elecciones locales y autonómicas. De entre estos dichos, aunque se remonten al año 2011, me han llenado de estupor los tuits de humor negro, xenófobos y antisemitas con los que se despachó por las redes sociales el nuevo concejal de Cultura y Deportes del Ayuntamiento de Madrid, el “podemita” Guillermo Zapata; en uno decía: «¿Cómo meterías a cinco millones de judíos en un 600? En el cenicero«, y en otro: «Han tenido que cerrar el cementerio de las niñas de Alcáser para que no vaya Irene Villa a por repuestos”. Quien está detrás de estos dos auténticos desatinos pretende gestionar la cultura y el deporte madrileños los próximos cuatro años, pero lo peor es que, cuando esto escribo, aún no ha dimitido, ni la nueva alcaldesa madrileña, Manuela Carmena, le ha cesado, algo que debería haber ocurrido en cuanto se conocieron ambos dislates, hace ya más de dos días; la duda, en este caso, además de ofender a las víctimas de los tuits, reafirma la bajeza moral de quien los subió a la red y deja en evidencia y con el faldón levantado a quien aún permite que sea miembro de su equipo de gobierno. Ni Madrid podía llegar tan bajo, ni algunos tan alto.

Termino comentando otro dicho preocupante, lamentable y censurable, que remueve los cimientos del Estado de Derecho, el auténtico garante de nuestra democracia, e, incluso, los de la propia Roma, la ciudad en la que se fraguó el Derecho como ciencia y materia para vertebrar la sociedad y dotarla del valor de la justicia, que es uno de los tres ejes sobre los que se asientan los principios básicos de Europa, junto con la filosofía griega y la religión cristiana. La flamante nueva alcaldesa de la capital catalana, la también “podemita” de “Barcelona en comú”, Ada Colau, incluso antes de ser investida como tal, ya dijo el siguiente disparate jurídico y político: “Desobedeceremos las leyes que nos parezcan injustas”. Que una alcaldesa, que debe dar ejemplo a la ciudadanía, haga proselitismo de la desobediencia de las leyes, es un verdadero despropósito y confirma el auténtico alma anti-sistema y ácrata de una significativa parte de los miembros de Podemos. Y no hay nada más contradictorio que un antisistema gestionando el sistema y un ácrata dirigiendo el poder.

¿Podrán? Así, espero y deseo que no.

P.D. Con posterioridad a la redacción de este artículo, el señor Zapata sigue siendo concejal de Madrid, aunque ya no lo sea de Cultura y Deportes.

 

El Corpus, fiesta mayor en Guadalajara

Después de la “electoralitis” aguda que hemos padecido –nunca mejor dicho- en las últimas semanas y que amenaza con hacerse crónica pues aún nos restan las elecciones autonómicas catalanas de finales de septiembre y las generales de noviembre o diciembre, es todo un alivio poder y querer escribir de algo que no tenga nada que ver con la política, como es de la tradicional celebración del Corpus en nuestra ciudad, fiesta mayor, que tendrá lugar el domingo, 7 de junio.  Aunque el 4, jueves, día de la semana en el que antes se celebraba el Corpus, fue este año fiesta laboral en Castilla-La Mancha y otras comunidades –entre ellas, Madrid-, aquí sólo se vivió la festividad “por lo civil”, valga la expresión, porque por lo religioso y con toda su solemnidad únicamente se celebró en Toledo, Granada y algún contado municipio más de España, por excepcionales razones de tradicional relevancia. Cabe recordar que desde 1990 la autoridad eclesiástica decidió trasladar el Corpus de su emplazamiento habitual de los jueves a los domingos pues la civil no garantizaba que fuera a ser siempre festividad laboral la religiosa del Santísimo Sacramento; de hecho, en Castilla-La Mancha el Corpus sólo ha sido fiesta laboral de carácter regional desde 2011, el último año de gobierno de Barreda, manteniéndola como tal Cospedal en sus cuatro años de gobierno.

Complementando la oportuna y rigurosa información que mi compañero en los blogs de GD, hermano en la plurisecular Cofradía de los Apóstoles –él, titular de San Andrés y yo de Santo Tomás- y buen amigo y documentado etnólogo, José Ramón López de los Mozos, firma en la noticia de apertura de este diario on line cuando escribo este post, efectivamente la festividad del Corpus es una de las más tradicionales y señaladas que tienen lugar en Guadalajara y reúne una serie de elementos, tanto materiales como inmateriales, y un proceso de evolución histórica de tal singularidad que merece la pena conocer. Indicar a quienes quieran profundizar en el conocimiento de lo que ha sido y es la celebración de esta solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo en Guadalajara, de la que hay datos desde mediados del siglo XV, que, a mi juicio, la mejor y más completa publicación que hay al respecto es la firmada por Pedro José Pradillo Esteban en 2000, y que lleva por título “El Corpus Christi en Guadalajara”. Lo que no aparezca en este magnífico libro de Pradillo sobre el Corpus en nuestra ciudad, será muy difícil de encontrar.

Aunque no dispongo ni de tiempo ni de espacio para explayarme en tratar el amplio tema de la celebración de la festividad del Corpus en Guadalajara, sí quiero llamar la atención sobre algunas curiosidades de ella que estimo que deben ser sabidas para abrir el apetito del conocimiento, especialmente por quienes equivocadamente creen que ésta es una ciudad de aluvión, con una historia breve, descafeinada y descolorida, sin apenas señas de identidad y que de verdad es ciudad, no porque así la declarara formalmente como tal Enrique IV en 1460, sino porque le nació una industria alrededor cuando se aprobaron los “polígonos de descongestión de Madrid”, hace poco más de medio siglo, momento en el que la agricultura fue perdiendo paulatinamente peso económico y social, ganándolo por contra la industria y el sector servicios. Aunque es bien cierto que el patrimonio histórico-artístico, no sólo material, de Guadalajara ha sufrido más que muchos el desgaste del tiempo y los expolios de todo tipo, y la desmemoria aquí han campado a veces a sus anchas, el desconocimiento no puede convertirse en un arma más de destrucción y olvido. Guadalajara tiene mucho para conocer y sus habitantes que descubrir; puede que entonces la autoestima comunitaria se eleve y nos vaya muchos mejor.

Hay constancia documental de la celebración del Corpus en Guadalajara ya en 1454, aunque de ella misma se deduce que venía celebrándose desde décadas anteriores, si bien hasta entonces era organizada por el Cabildo de Abades de la ciudad –en aquel tiempo había diez parroquias: Santa María, Santiago, San Gil, San Miguel, San Esteban, San Nicolás, San Andrés, San Julián, San Ginés y Santo Tomé-; a partir de ese año, el propio concejo asumió su organización, más bien su coste, aunque encomendando al párroco de San Esteban –esta desaparecida iglesia estaba en la plaza del mismo nombre- su gestión. Por cierto, este cura, llamado Alonso Díaz, lo era también de la comunidad mercedaria de San Antolín -cuyo convento se situaba en lo que hoy es la calle de la Merced, de ahí viene precisamente su nombre- fundada por frailes catalanes, región española en que más pronto se impulsó la celebración del Corpus. Fray Gabriel Téllez, Tirso de Molina, a finales del XVI y principios del XVII, vistió hábitos en ese Convento.

Uno de los elementos más genuinos del Corpus de Guadalajara lo aporta la Cofradía de los Apóstoles, conformada por trece hombres que representan a Jesús y sus doce apóstoles, que preceden a la custodia en la procesión del Santísimo, y que son acompañados por niños y niñas vestidos de Primera Comunión. Esta Cofradía es una de las más antiguas de la ciudad y sus reglas y constituciones son muy singulares; aporto cuatro de ellas como muestra: la titularidad de los “rostros” –así llamados porque hasta la Guerra Civil de 1936 los cofrades portaban una especie de máscaras con la efigie y el nombre de cada apóstol- se hereda de padres a hijos, con preferencia de los primogénitos; salvo el que representa a Jesús, los apóstoles no pueden volver la cabeza ni hablar; están obligados a no salir del recinto en el que se visten hasta el inicio de la procesión y tienen cuatro fechas al año de obligada asistencia y participación: Jueves Santo, para asistir al Lavatorio en los santos oficios del día, en Santa María; Pentecostés, para celebrar asamblea anual y preparar la Procesión del Corpus; Víspera del Corpus, para rezar el Miserere (salmo 50, oración colectiva de petición de perdón) y Corpus, para participar en la procesión.

En la procesión del Corpus de Guadalajara, como en la de otras muchas ciudades de España, durante siglos participaron algunos singulares elementos, que aún hoy perviven en algunos lugares, como Toledo, Granada, Barcelona o Valencia, por ejemplo. Entre esos elementos estaban los carros y las rocas, que eran una especie de carrozas en las que se representaba iconográficamente la dualidad del bien y del mal, sobre el que triunfaba definitivamente la custodia, símbolo de Jesús Sacramentado y protagonista principal de la procesión del Corpus. Entre los elementos del mal estaban los dragones y, más concretamente, la Tarasca, un animal monstruoso que aún pervive en la tradición toledana del Corpus y que aquí se recreó hace unos años, siendo concejala de festejos Josefina Martínez. Recordar que tras el Concilio de Trento, se impulsó la celebración de actos de religiosidad popular en las calles y que ésta, en forma de procesiones, tenía un carácter divulgativo y catequético, algo que también está en el origen de los pasos de Semana Santa.

Termino este breve aperitivo de aluvión sobre el Corpus local diciendo que el origen de la extendida tradición española de los Gigantes y Cabezudos, curiosamente estuvo en su presencia en las procesiones del Corpus, desde el siglo XV, como elementos asustadizos y del mal, hasta que Carlos III lo prohibió. Precisamente, la comparsa actual de Guadalajara tuvo sus principios en la procesión del Corpus y, tras prohibirse participar en ella, no salió de nuevo, en este caso ya como pasacalles festivo, hasta el año 1900, cuando se recrearon dos gigantes (el chino y la china) y dos cabezudos (don Quijote y Sancho), realizados en el taller de Ribalta y que costaron 300 pesetas. De las de entonces, claro.

La venganza también se sirve en papeletas

                Con la duda aún de la distribución final de los escaños de la Diputación Provincial por la complejidad jurídica de determinar si procede o no computar como de un mismo partido o coalición los votos de las candidaturas de IU y Ahora, entre otras, dados los diferentes formatos e incluso “marcas” con los que han concurrido, los resultados electorales de anoche confirman que, al menos de momento, se ha acabado el tradicional bipartidismo PP – PSOE y con él las mayorías absolutas. Llega, pues, un tiempo nuevo en el que se han de conjugar con bastante más frecuencia que hasta ahora verbos como dialogar, negociar y pactar, dando la razón al sociólogo francés Gustave Le Bon que decía que “gobernar es pactar”, frase que Cristina Cifuentes puso en circulación en campaña, previendo lo que al final ha sucedido, pero que no citó completa pues éste añadía a continuación que “pactar no es ceder”, algo que de ser cierto complicaría muchísimo los pactos pues si nadie cede, mal pacto puede salir del acuerdo, y si sólo cede uno, peor aún. En fin, el caso es que a pactar tocan, o al menos a intentarlo, tanto en el Ayuntamiento de la capital –y en muchos otros de la provincia, sobre todo en el Corredor-, como en la Diputación Provincial y en la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha.

Por un estrechísimo margen de 45 votos y muy a última hora, Antonio Román consiguió el concejal número 11, un muy mal resultado para él y su candidatura pues ha perdido 5 ediles respecto a las municipales de 2011, pero no pésimo pues la matemática electoral le va a permitir seguir siendo alcalde, con el permiso de Ciudadanos (2 concejales), bien a través de un pacto de gobierno con los de Albert Rivera o de la abstención de éstos o su voto a su propio candidato en el pleno de constitución de los Ayuntamientos -13 de junio, festividad de San Antonio para más señas-, lo que supondría que el actual alcalde continuaría al frente del consistorio al encabezar la lista más votada. Aunque en política es poco prudente decir que nunca jamás, considero improbable que Ciudadanos se coaligue en un tripartito con PSOE Y Ahora Guadalajara para desbancar al PP de la alcaldía, pues los de Rivera sitúan su ideario entre el liberalismo y la socialdemocracia, en torno al centro político, mientras que el binomio PSOE+Ahora cargará mucho a la izquierda, por influencia de esta coalición que en la capital han formado IU, Podemos, Equo y la Plataforma “Más de un Ciudadano”, entre otros colectivos e independientes claramente de izquierdas.

Cuando esto escribo, aún no se ha confirmado oficialmente la distribución de escaños en la Diputación Provincial, por la razón que he aludido al principio de este post: hay dudas sobre si los resultados obtenidos por las distintas “marcas” con las que IU, Ahora y otras coaliciones se han presentado en diferentes localidades de la provincia pueden ser sumadas o no, a efectos de adjudicación de los escaños correspondientes a cada partido o coalición para la corporación provincial. Provisionalmente, echando números con los resultados oficiales que ofrece la página web del Ministerio del Interior, el PP podría obtener 12 diputados provinciales (6 en el partido judicial de Guadalajara, 4 en el de Sigüenza y 2 en el de Molina), el PSOE 10 (6 en Guadalajara, 2 en Sigüenza y otros 2 en Molina), Ahora, 2 diputados (ambos en Guadalajara) y Ciudadanos 1 (también en Guadalajara). Si se confirmara este resultado finalmente, Ana Guarinos podría volver a repetir como presidenta de la Diputación, con el permiso, por activa o por pasiva, de Ciudadanos, claro está; o sea, se reproduciría prácticamente la misma situación que en el Ayuntamiento de la capital. Esperamos acontecimientos, porque si el PP, aunque sea con mayoría simple, mantiene el gobierno en la Diputación y también en el Ayuntamiento de la capital, lo que parecía un batacazo en toda regla en la noche electoral, puede amortiguarse, y mucho, en el día después, aunque gobernar en minoría suele ser muy complejo,  desgastador y, no pocas veces, hasta frustrante. Pero el que tiene el bastón de mando, puede mandar; quien no lo tiene, no.

En lo que a la Junta de Comunidades se refiere, la cosa está bien clarita: PSOE y Podemos van a pactar, sí o sí, y van a arrebatar el poder a Dolores de Cospedal, a pesar de que ésta ha rozado la mayoría absoluta, que se sitúa en diecisiete escaños, obteniendo uno menos. Los catorce diputados regionales del PSOE más los tres de Podemos se aliarán para desalojar del Palacio de Fuensalida a la secretaria general del PP nacional y presidenta de los populares de Castilla-La Mancha, algo que le dará especial “gustirrinín” a José Bono, el padre, la madre y el tutor del socialismo de Castilla-La Mancha y la mano que sigue meciendo la cuna de los socialistas de la región, como se comprobó cuando propició hace meses una cena en la que compartieron mesa, mantel y contubernio el líder de Podemos, Pablo Iglesias, con José Luis Rodríguez Zapatero, Emiliano García Page y el propio Bono. O sea, que quien ha ganado (Cospedal) perderá, pero quien ha perdido (Page), ganará.

Los análisis sesudos de lo que ha ocurrido en las urnas el día 24 de mayo -festividad de Pentecostés y de María Auxiliadora, por cierto-, quedan para los expertos; para lo que no hace falta ser perito en nada, ni si quiera en lunas, como el de Miguel Hernández, es para deducir que el PP se ha desgastado fuertemente allá donde ha gobernado por las drásticas medidas de recorte en el gasto que se ha visto obligado a realizar, pero también por algunos vaivenes ideológicos dados a nivel nacional que han alejado a ciertos sectores del partido y, por supuesto, por la corrupción que, incluso, ha salpicado a algunos de sus referentes históricos, como Rodrigo Rato, y la que ha llegado a la mismísima sede de Génova, por el chusco caso Bárcenas. La corrupción no es patrimonio del PP, sino que, lamentablemente, se extiende como una mancha de aceite por todos los partidos y suele ser proporcional al poder que detentan. El caso de Andalucía es punto y aparte. A estos hechos y estas circunstancias que, sin duda, han erosionado al PP como si fuera lija del siete, se les pueden unir la tradicional política errática de comunicación de los populares, así como algunas censurables actitudes de cierta prepotencia de algunos de sus dirigentes y candidatos y, evidentemente, el desgaste propio de todo gobierno.

Decía un exprimer ministro inglés que los ciudadanos tienen en cada elección la posibilidad de “vengarse” del gobierno y que casi siempre la ejercen. Hace cuatro años, el PP conquistó cotas de poder inusitadas –entre ellas la Junta de Comunidades, por primera vez- cuando los ciudadanos se “vengaron” de Zapatero y de Barreda castigándoles a ellos y a sus candidatos locales en las urnas; ahora, apenas cuatro años después, esa venganza se ha facturado contra el PP. Lo significativo es que a unos les han pasado factura sólo cuatro años después de empezar a gobernar y a otros no se la cargaron hasta bien cumplidos los veintiocho.

Ciudadanos, Podemos y la psicología del color

Nos estamos acercando ya a la fase final de la campaña y los distintos partidos que concurren a la doble cita electoral, local y autonómica, del 24 de mayo, siguen en su empeño de intentar arrimar nuestras ascuas –votos- a sus sardinas –escaños- para detentar el mayor poder posible, que eso es, y así de claro lo digo, lo que al fin y al cabo pretenden todos, legítimamente, por supuesto. Otra cosa es lo que hagan luego con y desde el poder, algo que lamentablemente no siempre es legítimo y, a veces, es hasta ilegal y, por supuesto, inmoral, de ahí las dudas, el recelo y el mosqueo crecientes de los dueños de las ascuas para decidir arrimarse a una sardina u a otra. De lo que no cabe duda es que no todas las sardinas son iguales, aunque a veces lo parezca, al igual que hay ascuas con tanto poder calorífico que achicharran y otras que son tan frías que, más que dar calor, constipan. En la templanza, pues, está la virtud.

A estas alturas de campaña, vistas y analizadas las tendencias de las distintas encuestas conocidas, todo parece indicar que serán cuatro los partidos que, a nivel local, provincial y regional van a conseguir arrimar ascuas a sus sardinas: PP, PSOE, Ciudadanos y Podemos (éstos, a nivel local, con la marca “Ahora”, tras haber tenido que renunciar a la de “Ganemos” porque la tenían registrada otros de su cuerda izquierdista, pero no exactamente de la misma). De las encuestas se deduce que las mayorías absolutas van a estar muy caras, al menos en los ayuntamientos de mayor población, las diputaciones y el propio Parlamento regional, y que va a ser necesario el diálogo y el pacto para conformar mayorías sólidas o, de lo contrario, la alternativa son mayorías minoritarias, muy incómodas e inestables. Si se cumplen las encuestas, todo apunta a que el PP puede ser el partido más votado para la Junta, la Diputación y el Ayuntamiento de Guadalajara, por lo que, a pesar de los pesares, podría llegar a mantener el poder que ahora detenta en las tres instituciones, si bien es probable que necesite el apoyo activo de Ciudadanos –mediante pacto de gobierno- o pasivo –permitiendo que gobierne el más votado-, al menos en la Junta, aunque podría también precisarlo en la Diputación e, incluso, en el Ayuntamiento de la capital, donde parece que los populares lo tienen más fácil para conservar la mayoría absoluta, aún perdiendo algunos concejales. Aunque es posible, pues en política no es que se acepten, sino que los pulpos son animales de compañía, considero improbable que Ciudadanos pacte con PSOE Y Podemos para relevar al PP en las instituciones en las que éste no alcance la mayoría absoluta, porque esa especie de “frente popular” sería un suicidio político para el partido de Albert Rivera. Lo que no descarto son pactos puntuales de Ciudadanos con PSOE y Podemos e, incluso, con otras fuerzas, para desalojar alcaldes o titulares de instituciones salpicados por graves casos de corrupción.

Aún a pesar de lo que acabo de decir, resulta curioso que los eslóganes de campaña de los tres partidos que, además del PP, tienen más posibilidades de obtener representación en el Parlamento Regional, coincidan en la misma idea-fuerza: el cambio. Así, el PSOE propone el eslogan “Vamos a cambiar-la” –sin duda se refieren tanto a la región como a la actual presidenta, aunque la separación de grafía de “cambiar” y de “la” que aparece en los carteles permite pensar que ellos también tienen propósito de cambiar, lo que no estaría nada mal si fuera cierto, que no lo es porque Page puede ser de todo menos cambio-. Ciudadanos, por su parte, se vende como “El cambio” y los de Pablo Iglesias -y ex de Monedero– piden el voto diciendo que “Podemos cambiar Castilla-La Mancha”. Curioso, ¿verdad? El caso es que, desde la exitosa campaña de Felipe González, en 1982, cuando sacó a la UCD del gobierno casi sin despeinarse con el eslogan “Por el cambio”, esa misma idea siempre ha estado presente, de una manera u otra, en los mensajes de los partidos que están en la oposición y quieren detentar el poder.

Termino este post dándole las gracias a mi hija y compañera bloguera en GD, María, por haberme ayudado a conocer una interesante teoría sobre la relación de los colores y los sentimientos, formulada en su día por la psicóloga Eva Heller, y que me viene al pelo para concluir el tema del que trato hoy. Según Heller, hay trece colores que actúan en la psicología de las personas, incluidos el blanco, el negro, el plateado y el dorado; también sostiene que los significados de los colores quedan interiorizados en la edad adulta aunque pueden parecer innatos. Bien, pues la psicóloga alemana nos dice en su teoría que el color morado –ella lo llama “violeta”-, el corporativo que ha elegido Podemos para presentar y vender su marca, “son más quienes lo rechazan que los que lo prefieren” y, entre otras cosas, es “el color de la superstición, lo artificial, lo extravagante y lo singular; también de la vanidad, de la moda, la magia, lo culto y la fantasía”. Por otra parte, en esta interesante teoría de la psicología del color, se dice que el naranja -que es el representativo de Ciudadanos, la otra fuerza política que, al igual que Podemos, es previsible que alcance escaño por primera vez en “Los Gilitos”- “no existía en Europa antes de que las Cruzadas trajeran esta fruta de Oriente y que hay muchos establecimientos de comida rápida que manejan el naranja con doble intención: atrae la atención y despierta el apetito, pero después de un rato molesta y obliga a irse; no hay mejor fórmula para un “fast-food”.

Dicho queda, aunque en descargo de los “gurús” de imagen de Podemos y de Ciudadanos he de decir también que, como sentencia el refrán castellano, “del dicho al hecho, va mucho trecho”, el mismo que va de la teoría a la práctica.

Gracias por bajarnos la Luna

                Ha muerto Jesús Hermida, el periodista que más hizo por ponerle color a la televisión en blanco y negro. Ha muerto uno de los rostros más conocidos y reconocidos de la historia de la televisión en España, maestro de periodistas televisivos y padre de formatos de programas para la televisión que le quitaron la caspa a la “caja tonta”, tanto en los últimos años del monopolio de TVE con sus dos canales, como en los primeros en que comenzaron a emitir las privadas y a hacer esfuerzos denodados por captar audiencia y anunciantes, no siempre con la calidad y el buen gusto como norma.

                Jesús Hermida era un tipo especial, pero buena gente, al decir de una gran mayoría de las personas que más y más cerca trabajaron con él, incluso descontando ese plus de elogios que siempre se le regala a una persona cuando muere, momento del que mi abuelo molinés, Juan, decía que había que huir como de la peste y que él llamaba “la hora de las alabanzas”. La verdad es que, aún sin haberle conocido personalmente, sí que tengo la impresión de que era cierta la bonhomía que, mayoritariamente, se le está adjudicando tras su muerte, una impresión que viene causada por las muchas horas que me pasé delante del televisor cuando él dirigía un espacio, lo presentaba o, simplemente, intervenía en él pues su presencia en el medio fue muy frecuente y prolongada durante décadas, especialmente entre los años sesenta y noventa del siglo pasado. Tanto frecuentó la pequeña pantalla que se hizo uno de los rostros más populares de ella y yo me atrevería a decir que también más familiares y apreciados.

Con Hermida se nos va una parte magra de la historia de la televisión española pues él hizo realmente historia y creó escuela en la televisión gracias, primero, a su forma tan personal de contar las noticias y, después, de hacer programas con una singular fórmula “mix” de entretenimiento e información en directo. Pero Hermida también es parte señalada de la historia misma de España y del mundo mundial, por utilizar el pleonasmo de Manolito Gafotas, porque su rostro, su flequillo, su pose y su voz están unidos para siempre a los acontecimientos que él narró en directo o de los que informó y comentó en diferido, que fueron muchos y algunos muy destacados. De entre todos ellos, sin duda, permanece en la memoria de quienes lo vivimos, incluso siendo niños, la narración que hizo para España de la llegada del hombre a la Luna, “un pequeño paso para el hombre, pero un gran paso para la humanidad” como acertadamente sentenció el mismísimo comandante norteamericano de la nave Apolo XI, Neil Armstrong, cuando, de un pequeño salto desde el módulo espacial, puso su pie en el satélite de la Tierra el 21 de julio de 1969. No fueron pocas las personas, especialmente mayores, que, a pesar de la credibilidad y el prestigio como comunicador que tenía Jesús Hermida, corresponsal entonces de TVE en Estados Unidos, jamás se creyeron que la NASA hubiera conseguido llevar al hombre a la Luna y pensaban que era una fantasiosa película más de Hollywood y de los americanos.

Con Jesús Hermida se nos va uno de los animales televisivos más importantes que ha dado este país, si no el que más, a la vez que se nos marcha el tiempo que él nos contó o aquél en el que nos entretuvo. No me duelen prendas en confesar que uno de los periodistas que hizo que en mi germinara la vocación del periodismo fue Jesús Hermida y eso que, a veces, me ponían nervioso sus sobreactuados tics gestuales en pantalla y, cuando retenía algunas palabras para después soltarlas subrayadas, me daban ganas de darle una colleja virtual para que las dijera de una vez.

Hasta siempre, maestro Hermida, descansa en paz y mil gracias por bajarnos la Luna a la Tierra o por dejarnos subir contigo y con Armstrong, Aldrin y Collins a ella en lo que no fue un sueño, sino una extraordinaria y excepcional verdad en una larga, cálida e histórica noche de verano, cuando yo ya quería ser mayor, pero ni siquiera aún era adolescente, y jugaba al marro, a la dola y a los chandarmes en la verdadera patria de los hombres que es la infancia, como bien dijo Rilke.

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