Conquistando tradiciones en julio

Julio solía ser un mes solo de vísperas en Guadalajara, de vísperas del mes festero por excelencia, agosto, pero hace ya tiempo que la fiesta se quiere ensanchar y como suele estar tan comprimida y concentrada en el octavo mes del año, lleva ya tiempo haciéndose también un hueco en el séptimo. La tradición festera de agosto la condicionaba en las comunidades rurales de antaño el fin de la cosecha y de las labores de era y granero que la seguían. Ese ciclo festivo que devenía tras concluir el del trabajo agrario se prolongaba hasta septiembre e, incluso, hasta primeros de octubre, cuando la festividad de la Virgen del Rosario casi daba por cerrados los festejos populares del verano y el primer otoño. Había –y sigue habiendo- alguna excepción, como la de Muduex, probablemente el pueblo de la provincia que más tarde celebraba sus fiestas patronales, San Diego de Alcalá, con festejo taurino y todo, ya mediado noviembre.

La emigración masiva de población del medio rural al urbano que, especialmente, se concentró en las tres primeras décadas de la segunda mitad del siglo XX, pero que no cesó en las siguientes y que, incluso, aún prosigue –aunque ya de forma mucho más limitada pues la despoblación ha llegado a tal extremo que ni siquiera hay gente en los pueblos para emigrar de ellos-, ha tenido muchas consecuencias socio-económicas que pueden resumirse en una: el debilitamiento extremo del medio rural a todos los niveles. Es un tema del que vengo ocupándome de forma reiterada y recurrente desde que me inicié como “opinante” en mi recordada columna del viejo y querido “Flores y Abejas” a la que puse por título “Luces de bohemia”, tomándoselo prestado nada más y nada menos que a Valle Inclán. Mucho arroz –él-para tan poco pollo –yo-.

Efectivamente, pongo por testigos a las hemerotecas -he estado tentado de poner “testigas”, pero me he contenido hasta que el diccionario de la RAE haga su versión inclusiva de género- del hecho de que he venido ocupándome periódicamente de las consecuencias de mayor calado socio-económico que ha traído el éxodo poblacional para el medio rural provincial, pero hoy, acaso porque el sempiterno sol cegador y agobiante del julio castellano no invita a ello, voy a comentar una de las consecuencias menos trascendentales, pero sí evidentes, que ha traído esa sangría humana: el traslado a agosto de las celebraciones de muchas fiestas patronales que, tradicionalmente, se celebraban en otros meses del año. La causa es obvia: en agosto es cuando más gente hay en los pueblos y, por puro pragmatismo, en muchos de ellos –cada vez más-, han optado por programar sus fiestas en este mes porque, además de contar con el buen tiempo como aliado, es el momento en el que más cuotas se pueden recaudar para pagar la fiesta a escote y cuando más ambiente festivo se puede encontrar. O sean que “si hay que festejar, se festeja, pero festejar pa  ná…”, como diría José Mota, la Raya del dúo cómico que antes formaba con Cruz, o sea, Juan Muñoz.

No obstante, aún sigue habiendo pueblos que, como la aldea gala de Astérix ante los romanos, se siguen resistiendo a que agosto les conquiste para celebrar sus fiestas patronales, pero bien es cierto que cada vez son menos los que se aferran a sus fechas tradicionales de celebración, especialmente entre los de menor población pues, quitando ese mes, algunos otros findes del verano y la semana santa, son metáforas de soledad. A la fuerza ahorcan, como dice “el decío”.

Retomando el hilo donde lo dejé en el primer párrafo, tanta concentración festiva en agosto está obligando a optar a los festeros militantes a elegir unas fiestas y descartar otras por aquello de no poseer el don de la ubicuidad, aunque algunos no se resignan a ello y hacen dobletes y hasta tripletes verdaderamente meritorios en una sola jornada festiva. Generalmente salen ganando aquellas fiestas en las que el protagonista principal del programa de actos es el toro, de forma muy especial si este se corre en encierro y, de manera especialísima, si ese encierro es por el campo. Cierto es que viene descendiendo la programación de corridas de toros o novilladas, tanto en plazas fijas como en portátiles, así como la asistencia de público a ellas, pero es igualmente cierto que cada vez hay mayor afluencia de gente a los encierros, a pesar de que la normativa actual que los regula es tan exigente que pone francamente difícil y costosa su celebración. Bien está regular este tipo de festejos para evitar maltrato animal y propiciar la mayor seguridad posible a participantes y bienes públicos y privados, pero las exigencias normativas se han llevado tan a máximos que más parece que el legislador haya optado por quasi prohibir este tipo de festejos, que por regularlos de verdad. País de extremos el nuestro, capaz de acostarse taurino y de levantarse anti… y de muchas cosas radicales más.

Como comentaba al principio, la concentración festiva de agosto en la provincia, especialmente de las citas con programación taurina, también ha propiciado una cada vez más notoria dinámica de organización de eventos festivos en el mes de julio en la provincia, estos generalmente con mayor calado cultural y temático que los agosteños. Así las cosas, son muchas las comisiones de fiestas de los pueblos, pero sobre todo las asociaciones, que en julio programan semanas culturales para alargar las convocatorias en el tiempo y no hacerlas coincidir con las típica y puramente festivas. Aunque soy de los que creo que el toro es cultura, aunque haya bastantes incultos en el mundo del toro, enfrentar una actividad puramente cultural con un festejo taurino –o, incluso, deportivo- es apostar por las sillas vacías.

Termino llamando la atención, y aplaudiendo, el hecho de que, además de estas semanas culturales que progresivamente se vienen programando en julio desmarcándose de las fiestas agosteñas, cada vez son más los municipios de la provincia en los que se organizan en este mes eventos festivo-culturales de mayor capacidad de convocatoria e interés. Incluso, algunos de ellos, arraigando rápidamente y hasta convirtiéndose en auténticos referentes, no solo nacionales, sino internacionales, como es el caso del Festival de la Lavanda briocense al que, este año, hasta le ha salido un hermano pequeño, también alcarreño, en Almadrones. Al Festival Medieval de Hita, que el profesor Criado de Val se sacara de su creativa y docta chistera hace ya 57 años, se le han venido uniendo, entre otras citas, las Jornadas Medievales de Sigüenza –por cierto, creo que sería una buena opción no hacer coincidir ambos eventos en el mismo fin de semana pues se hacen mutua competencia-, el Festival Ducal de Pastrana, las Jornadas cifontinas de Don Juan Manuel o la Feria Medieval de Molina de Aragón, aunque ésta se celebra a finales de junio, como el ”Solsticio Folk” de Guadalajara, otra cita festiva del primer verano que nació casi con el siglo XXI y que ya se acerca a la mayoría de edad reuniendo cada año numeroso público en San Roque. Ciertamente, como decía André Malraux, “la tradición no se hereda, se conquista”.

 

La crisis del PP vista por un exmilitante

El Partido Popular está sumido en una de sus crisis políticas de mayor calado tras haber perdido el gobierno de España después de una moción de censura poliédrica -por las muchas aristas, caras y exigencias de quienes la han apoyado- encabezada por el socialista, Pedro Sánchez, al tiempo que inmerso en el proceso de elección de su nuevo presidente, tras la dimisión de Rajoy y su, justo es reconocerlo, ejemplar alejamiento de la vida política. Este proceso es novedoso en fondo y forma para los populares pues, por primera vez, va a tener voto directo la militancia en él, pudiendo -los que se han apuntado previamente y están al corriente de pago de su cuota de afiliado o, al menos, han abonado la “iguala” de 20 euros para tener derecho a sufragio- elegir a dos de los cinco candidatos que han concurrido para que sea uno de ellos, finalmente, el elegido como sucesor de Rajoy, en este caso ya por compromisarios, en el congreso extraordinario que el PP celebrará en Madrid los días 20 y 21 de julio. Como cargo electo y militante que fui del Partido Popular durante un tiempo, voy a tratar de aportar mi granito de arena a este proceso, empezando por contar mi propia historia vinculada a los populares en la que pueden verse también reflejadas algunas otras personas. O no.

Como es de público conocimiento, desde 1999 a 2007 fui concejal del Ayuntamiento de Guadalajara por el Partido Popular. En las primeras elecciones municipales a las que concurrí -las de 1999, en que ganó la lista encabezada por Bris por mayoría absoluta- fui como independiente dentro de su candidatura, mientras que a las segundas -las de 2003, en que ganó por mayoría relativa la lista de Román, arrebatándole la alcaldía el famoso pacto “de tú a lo tuyo y yo a lo mío” entre Alique y Badel– ya lo hice en calidad de militante. En 2007, de manera voluntaria, decidí no volver a concurrir a las elecciones locales por Guadalajara y ofrecí mi candidatura al PP vasco de María San Gil para completar alguna lista popular en Euskadi, en aquellos años en que presentarse en ellas, más que un acto de valentía, era casi una temeridad. Mantuve la militancia en el PP durante diez años, entre 2001 y 2011, año en que decidí causar baja del partido, justamente cuando el PP obtuvo sus mejores resultados electorales en la capital, recuperó el gobierno de la Diputación y ganó por primera vez la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. O sea que cuando se contaban por decenas, o más, las personas que, como sardinas, se arrimaban a las ascuas entonces bien calentitas del PP, yo me alejaba de ellas voluntariamente a pasar frío. Y hasta ahí puedo -mejor dicho, quiero- escribir.

Nunca he explicado públicamente las razones que me llevaron a no volver a concurrir en 2007 a las elecciones municipales formando parte de la lista de Román -que recuperó con comodidad la alcaldía para el PP, mérito fundamentalmente suyo al que contribuyó no poco Alique- como me fue ofrecido por éste, quien después ha demostrado ser, sin duda alguna, un gran alcalde, hecho refrendado por el sucesivo apoyo ciudadano recibido. El peso mayor de las razones que provocaron que no formara parte de la lista del PP para Guadalajara en 2007 son de carácter personal y por ello las voy a seguir manteniendo en la reserva. Lo que sí voy a desvelar son algunos de los motivos que me llevaron a solicitar la baja como militante del PP, exactamente el 13 de junio de 2011, apenas unos días después de que los populares obtuvieran los grandes resultados electorales antes comentados.

Como no me gusta reescribir la historia, porque eso es lo mismo que manipularla, voy a reproducir literalmente tres de los párrafos contenidos en mi carta de solicitud de baja, dirigida al entonces presidente provincial del PP, precisamente Antonio Román:

  • “(…) Como bien sé por experiencia -buena parte de ella compartida contigo en el Ayuntamiento de la capital- que ´la derrota es huérfana, pero la victoria tiene muchos padres´, estimo que mi baja no va a perjudicar en absoluto al partido, de ahí que la curse en este mismo momento, cuando se han cosechado unos triunfos electorales históricos (…)”.
  • “(…) Bien sabes que soy una persona que me muevo más por afectos que por intereses y hace tiempo que en el partido percibo bastantes más intereses -algunos, perfectamente, legítimos, pero otros, no tanto- que afectos, circunstancia que me ha llevado a sentirme muy incómodo (…)”.
  • “(…)Termino pidiéndote perdón si te ha defraudado u ofendido alguna actitud política o personal mía durante el tiempo que he sido militante del partido, al igual que se lo pido al resto de militantes, y te ruego y reitero, encarecidamente, que veles porque, al menos en el ámbito de tus responsabilidades, tanto institucionales como de partido, los intereses generales se impongan y antepongan a los particulares, se elija a las personas para ocupar cargos con criterio de idoneidad, no de amiguismo y menos aún de nepotismo, y se gestionen los ámbitos de poder que nos han otorgado los ciudadanos pensando siempre en ellos, especialmente en quienes más necesitan la protección y atención de los poderes públicos”.

Estas palabras y estas reflexiones tienen exactamente siete años, el tiempo que ha transcurrido desde que el PP arrasara en las elecciones locales y autonómicas de junio de 2011, algo que también haría después en las generales de noviembre del mismo año. Nunca me han gustado los pregoneros de lo obvio ni los voceros del “ya lo había dicho yo”, pero buscando entre mis archivos para escribir este post me he encontrado con la copia de esta carta y me ha parecido oportuna compartirla con ustedes.

Mi pensamiento es liberal y no me fío del liberalismo en el que ahora dice inspirarse Ciudadanos tras abandonar la socialdemocracia en que se inspiraba antes, dando bandazos más demoscópicos que de acomodo de valores y ejercicio de principios; por ello, creo necesario que el PP se reconstruya y renueve en torno a las tres sensibilidades que, tiempo atrás, convivieron en él perfectamente, le llevaron al triunfo electoral y a sacar a España de algunas encrucijadas: el liberalismo, la democracia-cristiana y el conservadurismo moderado. Aunque la dura crisis sufrida por España obligara a los gobiernos de Rajoy a tomar alguna decisión forzada, otras se han tomado voluntariamente, alejándose de sus propios principios ideológicos y entregándose a un supuesto pragmatismo, condicionado más bien por complejos que por certezas. Si a ello unimos la bajeza moral y golfería de algunos dirigentes y cargos electos que han llevado la corrupción hasta la misma sede central del PP en la madrileña calle Génova, es fácil entender cuáles son las principales causas que han llevado a los populares a vivir su momento crítico actual y al evidente y masivo alejamiento del partido de gran parte de su electorado e, incluso, militancia. Si al centro derecha español le va mal, a España le va muy mal porque la izquierda sigue empeñada en ganar una guerra que perdimos todos hace 80 años, se cuestiona la nación española, le acompleja su unidad, antepone el Estado a la sociedad y aún no ha entendido que el marxismo fue un fracaso.

 

Guadalajara paleolítica

Con este sugerente nombre, “Guadalajara paleolítica”, la Diputación de Guadalajara está dando los primeros pasos para desarrollar un interesante y oportuno proyecto de puesta en valor de la importante y significativa huella del paleolítico que hay en la provincia, tanto en la que ya se está trabajando, como en la nueva que, previsiblemente, vaya apareciendo en el futuro en los distintos yacimientos activos de esta época. La noticia la dio el lunes, 18 de junio, el propio presidente de la Diputación, José Manuel Latre, con motivo de la celebración de un coloquio en el que participaron el periodista y escritor guadalajareño, Antonio Pérez Henares, Chani, autor de la novela “La canción del bisonte” (Ediciones B), ambientada en la edad prehistórica, Nacho Martínez Mendizábal, profesor de Paleontología de la Universidad de Alcalá y coordinador del Área de la Evolución Humana del Centro Mixto Universidad Complutense de Madrid-Instituto de Salud Carlos III, y Plácido Ballesteros, profesor de historia de la UAH y director de los Servicios Culturales de la Diputación.

Aunque el coloquio se centró, fundamentalmente, en el contenido de la nueva y exitosa novela de Chani, que ha vuelto a ambientar su acreditada literatura viajera en la prehistoria -como ya lo hizo en Nublares, El Hijo de la Garza, El último cazador y La mirada del lobo– tras un par de atinadas incursiones en la edad media –La tierra de Alvarfáñez y El rey pequeño-, ciertamente la noticia que surgió de él fue el anuncio del inicio del proyecto “Guadalajara prehistórica” que va a dirigir, desde un punto de vista científico, Nacho Martínez Mendizábal. Mendizábal es un prestigioso paleontólogo que forma parte del “universo” Arsuaga, como él mismo llama al amplio equipo de colaboradores, amigos, conocidos y arrimados de quien es uno de los tres codirectores del yacimiento de Atapuerca (Burgos), junto con Eudald Carbonell y José María Bermúdez de Castro. El propio Chani atribuyó a Mendizábal el hallazgo de “Miguelón”, que es el nombre que los investigadores pusieron al cráneo de un varón encontrado en el yacimiento de la Sima de los Huesos, en la Sierra de Atapuerca, la primera reconstrucción de la cabeza del llamado Homo heilderbengensis. Este homínido es antepasado del Neardental, antecesor inmediato del Homo sapiens, y su hallazgo apuntaló la importancia mundial del archiconocido yacimiento burgalés.

La vinculación de Mendizábal con la provincia viene dada por su trabajo como profesor de la UAH y, especialmente, como coordinador del centro Mixto de la UCM y el ISCIII, que ha trabajado y conoce muy de cerca dos de los yacimientos prehistóricos de mayor importancia que hay en Guadalajara: La Cueva de los Casares, en la Riba de Saelices, y la de los Torrejones, en Tamajón.

La Cueva de los Casares está situada a apenas cuatro kilómetros de La Riba de Saelices, en dirección norte. A ella se puede acceder a través de una pista que discurre paralela al arroyo del Linares, tributario del río Ablanquejo. Tres grandes senos hay en esta cueva; en los dos primeros aparecen grabados paleolíticos y rupestres y, en el último, el más alejado de la entrada -dista unos 160 metros de ella-, se encuentra el llamado “seno de las dos cúpulas” donde, además de grabados, hay pinturas. En total se pueden contar alrededor de 170 figuras que se remontan a los períodos auriñaciense, solutrense y magdaleniense, es decir, que tienen una antigüedad que puede oscilar entre los 10.000 y los 30.000 años, un dato que en algunos estudios se estrecha entre los 15.000 y los 25.000 años. En la actualidad y desde el invierno pasado no es visitable la Cueva de los Casares al haber concluido el convenio que la Junta tenía con la Asociación de Amigos del Museo de Molina -gestora del Geoparque Molina-Alto Tajo en el que se integra- por el cual ésta gestionaba las visitas a Los Casares. El propio Chani, en el coloquio, reivindicó su necesaria apertura, algo que parece que va a producirse pronto al haber encomendado la Junta a la empresa pública Tragsa su gestión. A diez kilómetros de la Cueva de los Casares, aguas arriba del Linares, está la Cueva de la Hoz, en Santa María del Espino, cuyo nombre anterior era “Rata” y que hoy es barrio anexionado a Anguita. En esta otra Cueva también hay importantes grabados rupestres y, como la de los Casares, fue declarada “Monumento Nacional” en la década de los años 30 del siglo pasado.

Por otra parte, en el yacimiento de la Cueva de los Torrejones, localizado en Tamajón, que se comenzó a estudiar en los años 90, aunque ha sido recientemente cuando se han llevado a cabo campañas más minuciosas y específicas, se han encontrado restos fósiles de un hueso del pie de un Homo sapiens, así como de macrofauna y microfauna. Como ha afirmado Adrián Pablos, investigador del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH) y uno de los responsables de las últimas excavaciones realizadas en Los Torrejones, “aunque hay algunos yacimientos del Paleolítico Superior tradicionalmente asociados a nuestra especie en el interior peninsular, no existía hasta ahora registro alguno de fósiles de Homo sapiens para esta época lejos de las costas mediterránea, atlántica y cantábrica de la Península Ibérica”. Ahí radica la importancia de esta Cueva en la que próximas campañas pueden dar nuevas e importantes noticias, como Mendizábal apuntó y Chani deseó en el coloquio. ¿Neandertales en Tamajón?

Estaremos muy atentos y expectantes a la puesta en marcha y desarrollo del proyecto “Guadalajara paleolítica” que, según adelantaron Mendizábal y Ballesteros, va a ir inicialmente en tres direcciones: Convertirse en un foro de intercambio y relación entre los diferentes equipos científicos que están trabajando en los yacimientos prehistóricos de la provincia, divulgar su conocimiento y trabajar para proyectar estos yacimientos como recursos de turismo cultural. El propio presidente de la Diputación ya adelantó que pronto puede instalarse un centro de interpretación de la “Guadalajara paleolítica”.

Termino citando unas palabras de Chani, de las que tome nota en mi pequeña moleskine durante el coloquio, porque me gustaron en fondo y forma: “En el paleolítico, la tierra era madre y no esclava”. Por cierto, mi próxima lectura será “La canción del bisonte” y lo haré en un lugar pintiparado para ello: Comillas, a apenas 20 kilómetros de Santillana del Mar y de Altamira, privilegiada geografía del paleolítico, como también lo es Guadalajara.

 

Foto: Cueva de los Casares, hoy cerrada al público.

               

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Maquiavelo, entrenador de España

Me fui tan solo un par de días a disfrutar de un viaje familiar a “la flor de España”, como nominó a su Córdoba natal el gran poeta culterano Luis de Góngora, y cuando regresé a “la flor de la Alcarria” me encontré con que España había cambiado de presidente del gobierno y el Real Madrid de entrenador, produciéndose ambos relevos con bastantes dosis de sorpresa, aunque, en realidad, no tantas. Ahora lo que queda por ver es si esos cambios son buenos para España y para el Real Madrid, algo que a día de hoy está en el aire, como el amor en la vieja y conocida canción setentera y discotequera de John Paul Young.

Confieso públicamente que no me ha agradado ninguno de los dos relevos, especialmente el de Zidane, aunque alguien pueda tacharme de frívolo por poner un deporte, un juego, el fútbol, a la par que un país, una nación, España. No se trata de frivolidad, se lo aseguro, sino simplemente de la convicción personal de que el gran “Zizou” era el entrenador idóneo para el Real Madrid, por muchas circunstancias, mientras que, a mi parecer, Mariano Rajoy no era precisamente el presidente ideal para España, aunque estimo que de las grises opciones que actualmente ofrece la política nacional, era la menos mala. Yo, lo reconozco, votaba a Rajoy por exclusión, es decir, porque no me gustaban ninguna de las demás opciones pues, para mí, la abstención, el voto en blanco o nulo, no lo son.

La diferencia sustancial que ha habido entre la marcha de Rajoy del gobierno y de Zidane del Real Madrid es que al presidente lo han echado y Zinedine se ha ido. El resultado es el mismo, ambos están fuera, pero las circunstancias en que han abandonado sus responsabilidades son muy distintas y sus estados de ánimo seguramente que también. No es lo mismo que te corran a gorrazos hasta sacarte de un lugar que marcharte tu diciendo “ahí os quedáis”.

Aunque ni soy Rappel ni lo pretendo, el futuro que espera a ambos también se vislumbra muy distinto pues mientras que al ex entrenador madridista es más que probable que se lo rifen los mejores clubs de Europa y, especialmente, la selección francesa, al expresidente del gobierno, por edad y, especialmente, por desgaste, parece aguardarle un futuro de “jarrón chino”, esos horrendos armatostes que nadie sabe dónde colocar en que terminan convirtiéndose los expresidentes del gobierno. Ahí tienen el caso, por ejemplo, del socialista Zapatero, al que le están abrasando su proverbial inconsistencia y su proximidad a Maduro, o del popular Aznar, que ha incomodado a Rajoy más de lo que sería razonable y le ha cargado la pesada mochila del desgaste de casos de corrupción que, en gran parte, surgieron bajo su mandato como presidente del gobierno y del PP. Aznar, a mi juicio, fue un buen presidente del gobierno, con sus lógicas sombras, pero me está pareciendo un mal expresidente, con alguna luz, como cuando ha reclamado a su sucesor menos “dontancredismo” y más liberalismo.

A Mariano Rajoy no se lo ha llevado del gobierno la corrupción, porque él, mientras no se demuestre lo contrario, y de momento no se ha demostrado, no es corrupto; se lo ha llevado el uso torticero e hipócrita de la corrupción. Esta ha sido la excusa para que el PSOE, el populismo extremo de izquierda, los independentistas catalanes de PDCAT -o sea, Puigdemont– y ERC, los “bilduetarras” y el siempre poliédrico y tibio PNV hayan sumado sus votos para echar a Rajoy y al PP del gobierno, olvidándose de que alguien que tiene culo, no puede llamar a otro cagón, con perdón por utilizar tan escatológica expresión. No hay ética, ni para Amador -como la de Savater– ni para Sánchez, ni para nadie, que pueda avalar esta operación política cainita del PSOE, un partido que fue el primero en acumular una extensa nómina de gravísimos casos de corrupción – Filesa, Malaya, Mercasevilla, Guerra, GAL, Astana, AVE, CCM, Roldán, BOE, etc.-, que actualmente está en el banquillo por el caso institucional más grave -EREs de Andalucía- y que tiene otros 77 casos abiertos por corrupción. Para mayor “inri”, algunos de los “inquisidores políticos” con los que se ha aliado contra-natura para echar a Rajoy como si fuera un apestado, han protagonizado también algunos de los casos de corrupción política más graves, como el PDCAT, heredero de CiU y, por tanto, del famoso y muy lucrativo “3 por ciento” y, por supuesto, del “caso Pujol”. Podemos, para llevar tan poco tiempo en el poder y en no demasiados sitios, ya acumula unos cuantos escándalos, especialmente el de su opaca financiación a la que parecen haber contribuido sus peligrosas amistades iraníes y venezolanas. Militantes de ERC, aunque el preso Junqueras presuma de “84 años de historia y cero casos de corrupción”, están implicados en varios casos como el “Innova/Shirota”, el “Manga” o los de Jordi Ausás y Ricard Calvo, entre otros. Sobre el PNV, que también ha presumido siempre de honradez, igualmente pesan algunos graves casos de corrupción, sobre todo el llamado ‘caso De Miguel’, una presunta trama de cobro de comisiones ilegales por contratos públicos que implica a exdirigentes del PNV alavés. Y de Bildu, qué decir: no hay mayor corrupción que apoyar, justificar y hasta homenajear al terrorismo etarra.

Como en las “Divinas palabras” de Valle Inclán, Sánchez y sus aliados no tienen autoridad moral para tirar la primera piedra a la Mari Gaila, en este caso a Rajoy, porque no están libres de pecado. Ciertamente, la corrupción es siempre censurable; pero la de todos, no solo la del rival, mientras con la propia se mira para otro lado. Un gran pacto de todas las fuerzas políticas contra la corrupción, sincero, contundente y eficaz, hubiera sido mucho más beneficioso para España que esta moción de censura en la que se han aliado tirios y troyanos, pero que no posibilitará la estabilidad del país, sino todo lo contrario.

Con el precipitado y forzado ascenso de Sánchez al poder, solo se garantizan de por vida las prebendas de expresidente -con sus 80.000 euros anuales incluidos- a que tendrá derecho cuando deje la Moncloa, probablemente no tardando porque con los compañeros de viaje que ha elegido, solo se puede ir a ninguna parte. O, peor aún, el único destino puede ser desmantelar el muy beneficioso pacto constitucional, sacar a la economía de la carretera nacional por la que transita a una comarcal llena de baches y reeditar esa famosa frase/ocurrencia de Zapatero que tantos males ha traído: “el concepto de nación es discutido y discutible”. Discutir que España es una nación y tratar de liquidarla es de independentistas corruptos a la par que de cómplices ilusos que no saben que el maquiavelismo no solo es un camino de ida, sino también de vuelta. El fin no siempre justifica los medios.

La Caballada, historia viva de Castilla

Si hay una fiesta tradicional superlativa en la provincia de Guadalajara esa es, sin duda, la Caballada de Atienza. Afirmar esto no es desmerecer al amplio, singular y valioso abanico de fiestas provinciales de raigambre, sino poner las cosas en su sitio. Colocando a la Caballada en la cúspide festiva costumbrista de Guadalajara solo reconozco que es la más antigua de cuantas hay datadas y se celebran en la provincia, que es la que tiene un mayor calado, sentido y argumento histórico, al tiempo que la que mejor se ha mantenido y documentado, y, aunque esto ya es más opinable y no objetivo como lo anterior, es una de las más bellas por su formato y programa e, incluso, por el extraordinario entorno en el que se celebra.

El domingo, 20 de mayo, festividad de Pentecostés, volvió a celebrarse la Caballada atencina que conmemora el histórico y Real -así, con mayúscula- hecho, acaecido hace más de 855 años, gracias al cual el entonces rey niño, Alfonso VIII, fue salvado de una más que probable muerte gracias a la ayuda que le prestaron los recueros de Atienza. Efectivamente, los mercaderes de la histórica villa castellana, sabiendo que el tío del llamado “Rey pequeño” -en él se inspiró Chani Pérez Henares para su excelente novela homónima-, el rey Fernando II de León, quería prenderle y darle muerte para quedarse también con el trono de Castilla, le sacaron del pueblo, al que tenían sitiado los leoneses, con una curiosa estratagema: Escondiéndole entre sus caballerías y mercancías, como si fuera un hijo suyo y no el mismísimo rey castellano, e integrándole como uno más en una de las frecuentes reatas de caballerías cargadas de mercancías que salían a trajinar desde Atienza, superando así a la guardia leonesa que trataba de impedir la huida del niño rey de su cerco. Ese es, en resumen y contado de forma sencilla, el importante episodio histórico que se conmemora, todos los años, con la celebración de “La Caballada”, declarada oficialmente Fiesta de Interés Turístico Nacional en 1980, junto con otras 28 importantes celebraciones de toda España, entre ellas el Festival Medieval de Hita.

Como dejó escrito el recordado y querido investigador y etnógrafo, José Ramón López de los Mozos, fallecido hace tan solo un par de meses, “para conmemorar ese suceso, los arrieros vecinos crearon una cofradía denominada de la Santísima Trinidad, pero sin olvidar a su anterior patrón, que no era otro que San Julián”. Esa histórica Cofradía es la que, desde hace ya más de ocho siglos, ha gestionado y hecho posible la celebración y pervivencia de La Caballada, incluso en tiempos muy complicados, como los provocados por las numerosas guerras acaecidas a lo ancho de tan largo tiempo, o por las crisis económicas y, especialmente, sociales, como lo es la de la despoblación, que no cesa en nuestro medio rural. Recordemos que Atienza, hoy, apenas tiene menos de medio millar de habitantes.

Según recogía también López de los Mozos en uno de sus muchos trabajos dedicados a la fiesta atencina, “el escrito más antiguo que certifica la celebración de esta Caballada es un albalá de Alfonso X el Sabio, fechado en 28 de octubre de 1255 en Burgos, en el que viene a ratificar otro anterior firmado en Peñafiel en 1232 por Fernando III. Dice así: “Don Alfonso, por la gracia de Dios rey de Castilla, de Toledo, de León, de Galicia, de Sevilla, de Córdoba, de Murcia, de Jaén, y una carta del rey don Fernando my padre, hecha de esta guisa: «Fernando, por la gracia de Dios rey de Castilla, de Toledo, de León y de Galicia,… Sabed que yo mando a todos los recueros de Atienza que anden seguros por todas las partes de mi reino con sus mercancías y con sus bestias y con cuantas cosas consigo trajeran, no sacando cosas vedadas del reino. Mando y defiendo firmemente que ninguno sea osado de embargarlos ni prenderlos si no fuese por su deuda manifiesta o por fiadora que ellos mismos hubiesen hecho, y el que lo hiciese, encontraría mi ira, habiendo de pagar a la corona como multa mil maravedíes, y a ellos todo el daño doblado. Facta carta apud pennafidelis Rege exprimente XVIII die Jannuary Era MCCLXX secunda». Y yo el sobredicho rey don Alfonso otorgo esta carta y mando que valga. Dada en Burgos. El rey la otorgó a XXVIII días de octubre Era de mil doscientos noventa y tres años (1255). Aparicio Pérez la hizo por mandato de don Garci Pérez. Notario del Rey”.

Uno de los muchos méritos acumulados secularmente por la Cofradía de la Santísima Trinidad -además de, por supuesto, haber preservado esta fiesta en su forma y esencia- es el de conservar importante documentación histórica que, hasta hace muy poco, custodiaba cada año el prioste de turno -el mayordomo o hermano mayor-, pero que ahora, con buen criterio, se conserva en el Archivo Histórico Provincial. Entre esos valiosos legajos hay varios de ellos signados de puño y letra por reyes castellanos como Fernando IV, Alfonso XI, Pedro I, Enrique II y Enrique III, entre otros. La Caballada es, pues, historia viva de Castilla, sin apellidos ni manchas.

Termino diciendo que si alguien aún no ha tenido la oportunidad de vivir -y, especialmente, sentir- directamente la Caballada, ya está tardando en apuntarse en su agenda del año que viene la cita obligada que tiene en Pentecostés. Para quienes quieran ir ambientándose y hacerse una idea de lo que es y representa, así como conocer -o reconocer si ya se conoce- el incomparable marco en el que se celebra -Atienza en primavera es un homenaje a todos los sentidos-, hasta el día 3 de junio tienen una cita en la Posada del Cordón (Centro de Interpretación de la Cultura Tradicional dependiente de la Diputación de Guadalajara), donde pueden ver la exposición “La Caballada de Atienza. Ocho siglos y medio de recueros y mercaderes”, al tiempo que disfrutar de la importante muestra permanente de este centro.

Foto: La Cofradía de la Santísima Trinidad accediendo a la Plaza del Trigo por el Arco de Arrebatacapas. Fondo Layna Serrano.- CEFIHGU.- Diputación de Guadalajara  

¿Otra vez el palacio al suelo?

Hace unos días saltaban todas las alarmas en Guadalajara, amplificadas por la falta de detalle, brevedad, parcialidad, celeridad y, no pocas veces, sesgo con que se expanden ahora las noticias en las redes sociales: “el Palacio del Infantado se cae”, decía un tuit, muy retuiteado. Conocer la letra pequeña y acceder a una información más en detalle de esta preocupante noticia, pronto hizo que la camisa nos volviera a llegar al cuello a muchos guadalajareños -una gran mayoría, quiero creer-, a los que, de verdad, nos sobresaltó la idea de que nuestro más señero y emblemático edificio de valor histórico-artístico se fuera al suelo. El hecho de que se cayera de verdad el palacio del Infantado haría que los guadalajareños sintiéramos algo parecido a lo que los segovianos vivirían si se les desplomara el Acueducto, a los granadinos la Alhambra o a los sevillanos la Giralda, por poner tres gráficos ejemplos de monumentos muy identificativos y representativos de las ciudades en que se localizan. Pero no, parece que el palacio no se va a caer, aunque si no se toman medidas urgentes sí que en el futuro podría ver comprometida su estabilidad y terminar yéndose al suelo, como se lo encontró Cela en 1946 cuando llegó a Guadalajara para iniciar su “Viaje a la Alcarria”: “El palacio del duque del Infantado está en el suelo. Es una pena. Debía ser un edificio hermoso. Es grande como un convento o como un cuartel”, escribió CJC al pasar por él, subiendo a pie desde la estación de ferrocarril y cuando iba camino del centro de la ciudad.

  Si el célebre escritor gallego que después se avecindó durante casi una década en nuestra ciudad hubiera pasado por el palacio del Infantado veinte años después de pisar la capital alcarreña por primera vez, se habría encontrado con el palacio aún por el suelo, aunque poniéndose ya en pie. La ilustrativa imagen que acompaña este texto, perteneciente al Fondo López Palacios que custodia el CEFIHGU de la Diputación de Guadalajara, está tomada en 1965 y en ella se advierte el andamiaje montado en el patio de los Leones que, como el palacio entero, estaba en aquel tiempo y por fin en restauración. Precisamente, de esas importantes obras que levantaron del suelo el palacio en la década de los años 60 y que incluso se prolongaron al inicio de la de los 70, data el problema de aluminosis que ahora se ha detectado y que, efectivamente, si no se corrige pronto y de manera adecuada, podría traer consecuencias muy graves para el edificio, causa por la que ha sido cerrado provisionalmente. Por lo que han contado los técnicos y los responsables políticos del Estado y de la Junta que han tomado la decisión, conjuntamente acordada, de cerrar el palacio y por lo que nos hemos podido documentar, la aluminosis es una “enfermedad” del hormigón hecho con cemento aluminoso, utilizado entre 1950 y 1977, cuando se prohibió su uso en elementos estructurales de las construcciones. Hoy se sabe que este material tiene un proceso de descomposición acelerado que puede poner en riesgo la resistencia de las vigas. Con el paso del tiempo, en los edificios en los que se empleó este cemento, como es el caso del palacio en la restauración antes reseñada, han aparecido daños graves, sobre todo en forjados, por efecto de la llamada “conversión”, un proceso químico con pérdida de volumen que da lugar a un hormigón poroso que facilita el paso de la humedad al interior de las vigas. La aluminosis puede provocar la pérdida de estabilidad y el desplome de los materiales sobre los que se ha construido con este tipo de cemento.

O sea que la dichosa aluminosis puede resultar más dañina que el paso de los siglos -recordemos que el Infantado data de finales del XV- e, incluso, estar a la altura de los efectos devastadores que tuvieron las bombas de la aviación franquista en 1936, durante la Guerra Civil, cuando entonces acogía un colegio de huérfanas de militares. Como en aquel tiempo -e, incluso, en épocas aún recientes- se llevaba eso de que los chicos con los chicos y las chicas con las chicas, los huérfanos tenían entonces su propio colegio en el Alcázar, un monumento de un valor histórico-artístico sobresaliente, pero que sí que está por los suelos, o casi, desde hace ya mucho tiempo. Eso ocurre a pesar de algunas limitadas actuaciones restauradoras acometidas en él y de otras necesarias, pero también restringidas, que pronto se van a acometer. El alcázar de Guadalajara demanda a gritos sordos un proyecto rehabilitador ambicioso y de envergadura, que esté a la altura de uno de los, por historia e, incluso, monumentalidad pasada, más importantes y antiguos alcázares reales españoles.

    Volviendo al problema detectado en el palacio y que ha llevado a tomar la drástica decisión de cerrarlo provisionalmente, nada hay que objetar a ella salvo cuestionarse por qué se ha tardado tanto en hacerlo si hace ya meses que se sabía que había aluminosis, como se afirmó en la rueda de prensa en que se informó de la situación. Ahora bien, como agua pasada no mueve molino, miremos hacia adelante y reclamemos públicamente los guadalajareños -con nuestro ayuntamiento al frente, preferiblemente- que se actúe de forma inmediata para solventar el problema y así evitar que el recurrente cartel de “monumento en obras” o “en restauración” cuelgue durante años. Puesto que hay que tratar la aluminosis y, por tanto, abordar un problema estructural del palacio, llegado es el momento de que también se aborde en él una segunda fase de restauración pues la de los años sesenta ya ha quedado añosa. Tras la restauración del palacio, una vez rehabilitado y reformado funcionalmente su continente, procede que a su contenido se le dote de un valor y un potencial expositivos de los que, objetivamente, carece el actual museo provincial de bellas artes, a pesar de los esfuerzos profesionales de su dirección y de los voluntaristas de su asociación de amigos. Hay mucho material arqueológico, de bellas artes y etnográfico en Madrid procedente de Guadalajara que ni siquiera está expuesto.

Por otra parte, en el museo del Prado solo el 5% de las obras de sus fondos están expuestas, mientras que el 95 por ciento restante se encuentra en los almacenes. El Infantado sería un extraordinario emplazamiento para mostrar parte de esos valiosos fondos ocultos. Trabajar en ello tras superar la aluminosis y re-restaurar el palacio sería inteligente.

Foto superior: Restauración del patio de los Leones palacio del Infantado. Fondo López-Palacios.Cefihgu

Foto inferior: El patio de los Leones en la actualidad. Foto: Guadalajara Diario.

 

Rupnik, un genio en Guadalajara

Guadalajara se va a sumar esta semana a las seis únicas ciudades españolas  –Betanzos (La Coruña), Gijón, Madrid, Tenerife, Valladolid y Zaragoza– que hasta ahora tienen el privilegio de acoger obras del genial artista esloveno, el padre jesuita Marko Ivan Rupnik, considerado a nivel mundial como uno de los principales referentes del arte decorativo religioso de vanguardia, especialmente como “mosaista”.  Es autor, entre otras muchas creaciones, de la decoración de la capilla Redemptoris Mater del Palacio Apostólico de la Ciudad del Vaticano, la “Capilla Sixtina” del arte contemporáneo; no en vano, para muchos, este sacerdote y artista de 64 años de edad, residente en Roma, es el “Miguel Ángel del siglo XXI”.

En efecto, durante la última semana de abril, Rupnik permanecerá en la capital de la provincia trabajando con su equipo en la decoración interior integral, fundamentalmente el retablo, de la iglesia de El Salvador, el último templo bendecido en la ciudad, en 2013 –seis años antes ya se había bendecido y comenzado a utilizar para el culto la capilla lateral-, si bien su dedicación y consagración definitivas se producirán el próximo 23 de septiembre, una vez ultimada la decoración interior que llevará a cabo el gran artista esloveno. El párroco de El Salvador, Jesús Mercado, y el obispado de la diócesis en su conjunto, bien pueden estar satisfechos por lograr que sea Rupnik, finalmente, quien diseñe, ejecute y firme el retablo de El Salvador, algo que me consta que ha sido realmente difícil y en lo que se ha estado trabajando desde antes de que se pusiera la primera piedra de este moderno templo situado en el barrio de Aguas Vivas. En este caso es de oportunísima aplicación esa frase de Arturo Graf que afirma que “la constancia es la virtud por la cual todas las demás virtudes dan fruto”.

Rupnik trabaja en equipo y es director del Centro Aletti, perteneciente al Pontificio Instituto Oriental de Roma, donde también vive y enseña. Igualmente es allí responsable del taller de arte espiritual, un verdadero núcleo de creación de vanguardia en el que se ha esbozado, diseñado, compuesto y realizado gran parte del material, fundamentalmente mosaicos, de que constará el retablo de El Salvador. Aletti es un centro de estudios e investigaciones que se añade a la misión que los jesuitas desempeñan en el Pontificio Instituto Oriental, inaugurado por Juan Pablo II con el fin de que se convirtiera en un centro de relación y de reflexión intercultural. Se dirige, ante todo, a estudiosos y artistas de inspiración cristiana del centro y este de Europa, y trata de facilitar el encuentro fraterno entre artistas ortodoxos y católicos.

Así se define a Rupnik en el catálogo de una de sus muchas exposiciones, tanto individuales como colectivas: “Rupnik es un artista del color. El color es la luz de la materia del mundo que el artista busca. Al principio estuvo cerca de las conquistas de las vanguardias de este siglo, pero su itinerario artístico es una continua búsqueda  del significado unificador de toda la vida. La vida es antinómica, y la unidad no debe destruir la diversidad, anular las personalidades. Por eso, el color de Rupnik es puro, intenso y a menudo sus cuadros se construyen sobre la regla de los contrastes entre los colores. Su arte consiste precisamente en encontrar la armonía, la fascinación del conjunto. Por eso, muy pronto, en su período no figurativo —caracterizado por la espátula, por la pastosidad— empieza la búsqueda del Rostro eterno y personal que está bajo todas las culturas. Estudia las culturas de los indios, de los eslavos antiguos, de los chinos, de los comienzos del arte cristiano. Desde hace algunos años, su arte está decididamente comprometido en una relación dialógica entre los frutos del arte occidental y del arte iconográfico. Se trata de una relectura del punto de vista del iconógrafo, pero con toda la riqueza instrumental de la pintura occidental de los últimos siglos.

Su arte consigue unir la tradición y la modernidad. La pintura de Rupnik nos confirma que la pregunta fundamental en el debate artístico contemporáneo no se puede agotar en las alternativas convencionales como, por ejemplo, arte figurativo o abstracto. Se trata, pues, de redescubrir el arte como servicio, como liturgia”.

El retablo que Rupnik ha preparado para El Salvador se puede encuadrar en un estilo neo-románico con técnica bizantina, enmarcándose dentro de la más pura filosofía de su taller en el que, como ya hemos dicho, conviven, entrelazan y se relacionan las estéticas y los gustos orientales y occidentales; así, admiraremos en él un pantocrátor que puede traernos a la memoria el de la famosa pintura románica del ábside de San Clemente de Tahull, al tiempo que percibir iconografías del arte religioso medieval del mediterráneo oriental. Rupnik trae a Guadalajara la historia de la salvación hecha arte, iniciándola en el Antiguo Testamento y concluyéndola en la propia iglesia. Un niño Jesús con estola puede resumir esa historia alegórica. Y atentos al guiño al barrio y a la ciudad en la que Rupnik va a dejar su genial sello: Moisés separando las “aguas vivas” del Mar Rojo y el reflejo intencionado de un “río de piedras” (Wad-al-hayara).

El lema que puede resumir la filosofía creativa de Rupnik y su taller es “A Dios por la belleza” y Guadalajara va a tener el privilegio de ser anfitriona de ella. Todo un hito, sin duda, por el que cabe felicitar a quienes lo han hecho posible y felicitarnos todos los guadalajareños por ser sus anfitriones permanentes. Laus Deo.

 

 

 

Jaque a dos reinas

Si bien puede parecer más un tema de portada de prensa rosa que de blog de un digital de provincias, no quiero sustraerme a comentar, aunque sea brevemente, el lamentable y bochornoso “espectáculo” del que la reina Letizia -¿esa “z” puede venir de “azote”?- fue protagonista al concluir la misa de Pascua de Resurrección en la catedral de Palma, con la reina emérita, Sofía, como pasiva, involuntaria, desautorizada y hasta casi humillada partenaire. Las imágenes han dado la vuelta al mundo y se califican por sí solas: Letizia, con una actitud imperativa y una gestualidad harto desagradable, hizo todo lo posible para que su suegra no se hiciera una foto con sus nietas, la princesa Leonor y la infanta Sofía, como si hacérsela en ese momento hubiera sido cometer un delito irreparable cuando hay miles -y habrá millones en el futuro- imágenes de ellas tres, algo lógico por tratarse de quienes se trata.

No voy a entrar en esa espiral de informaciones -incluidas algunas deformaciones-, opiniones y especulaciones que al hilo del sucedido real palmesano están corriendo por los medios de comunicación convencionales y las redes sociales a la velocidad de la pólvora, pero sí quiero, antes de pasar a hablar de otra “reina” jaqueada, decir que flaco favor le ha hecho Letizia a la monarquía, cuando supuestamente había llegado a ella con su sangre roja a oxigenar la azul borbónica y a alejarla de la caspa, la endogamia y la hemofilia. Con su público y notorio desaire a la anciana reina ha demostrado varias cosas, pero sobre todo no ser una buena nuera y ha permitido que, incluso, se pueda dudar de su calidad humana porque lo que ella hizo, no se le debe hacer a nadie, fundamentalmente provocar que su hija, Leonor, despreciara con mal gesto el cariñoso brazo de su abuela. Pero si este incidente ha puesto en entredicho las actitudes y sentimientos personales de Letizia, lo más grave es que ha evidenciado que no es tan buena “profesional” como su suegra pues provocar que se viertan ríos de tinta por un asunto tan chusco como este, indica que es solo una regular soberana y que se le ha olvidado que en periodismo la noticia no es que una abuela reina se fotografíe con sus nietas, sino que una madre reina no lo permita.

Si la opinión pública le ha dado un jaque a la reina Letizia y está expectante por ver como mueve ficha para librarse de él tras su tórpido tropiezo balear, otra “reina”, esta sin corona, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, también está siendo públicamente jaqueada -no confundir con “hackeada”- por el dichoso master en derecho autonómico que ella dice haber cursado y aprobado en la Universidad Rey Juan Carlos, pero cuyo expediente administrativo es, cuando menos, una chapuza digna de Pepe Gotera y Otilio. Pinta fea la cosa para Cifuentes, aunque no seré yo, como sí han hecho otros de forma ventajista, quien le niegue el beneficio de la duda y, especialmente, la presunción de inocencia. PSOE y Podemos -y, en cierta medida, también Ciudadanos, partido al que parece que le pone mucho hacer el juego a la izquierda para darse pátina de progre, sobre todo cuando de desgastar al PP se trata- han preferido optar por la presunción de culpabilidad, algo más propio de dictaduras que de democracias. Presumir culpabilidades al rival político e inocencias al propio es una actitud sectaria, torticera y, sobre todo, estólida, además de muy poco democrática.

Cifuentes me parece una mujer valiente, con criterio, sin complejos y que, en líneas generales, está realizando una buena tarea como presidenta de la comunidad madrileña, a pesar de no tener mayoría absoluta en el parlamento regional y de depender demasiado de los bandazos de Ciudadanos y de su tacticismo y oportunismo políticos. Esa valoración positiva está ahora en entredicho por el dichoso asunto del master que, si se resuelve contra sus intereses, puede acabar con su carrera política. Por el contrario, si se resolviera a su favor, podría hasta relanzarla, aunque las polémicas de este calado, si no dejan muertos, siempre dejan heridos. La opinión pública suele ser más favorable a pensar antes en lo peor que en lo mejor y, siempre tan refranera, se acoge con verdadera fruición a eso de que “cuando el río suena, agua lleva” para estigmatizar al prójimo. Y si ese prójimo es prójima y, además, del PP, ya ni te cuento.

Aunque sea una cuestión obvia, la recuerdo aquí porque algunos se la están pasando por el forro de las entretelas: Quien debe dar explicaciones de la chapuza de expediente administrativo del master cursado por Cifuentes es la Universidad, no ella. De momento, la presidenta regional es la víctima y la más perjudicada por este desaguisado. Si después se demuestra que ella ha tenido algo que ver en él, lo pagará muy caro, sin duda, aunque a quienes ya la han juzgado y sentenciado sin aclararse el asunto eso les da lo mismo porque lo que de verdad les importa es la posverdad, o sea la verdad a su conveniencia, no la pura y dura.

Además de dos reinas, una con corona y otra sin ella, la verdad también está en jaque en España hace ya tiempo.

Procesiones arriacenses por la “Calle de la Amargura”        

 Revisar el pasado, echar la vista atrás -sin ira, que es más sano- es un ejercicio que práctico con frecuencia porque conocer lo que nos precedió nos ayuda a entender mejor lo que somos e, incluso, a anticipar y condicionar lo que podemos llegar a ser. Reconozco que tengo un gran punto historicista, sí, y que a veces me dejo caer en los brazos de la nostalgia, pero no soy de esos que siempre van con el cuello girado porque tiene dos riesgos: tropezar al no ver lo que tienes delante y pillarte un esguince de esternocleidomastoideo de padre y muy señor mío. Repito, echar la vista atrás, sí, pero no para convertirme en una estatua de sal como la mujer de Lot cuando huyó de Sodoma, sino para coger impulso, como el que da dos pasos atrás pero solo para coger carrerilla.

Con esa filosofía, un tanto parda, como la gramática de los que saben sin haber ido a la escuela, he echado estos días un vistazo a esa hemeroteca impagable y de lujo que es la del añorado y querido periódico “Flores y Abejas”, en el que nací para esto de escribir. Y lo he hecho con el fin de saber con cierto detalle cómo era la Semana Santa de la Guadalajara de hace un siglo, una ciudad que, entonces, tenía alrededor de 13000 habitantes, un poco más de la población que actualmente reside en El Casar.

Lo primero que me ha llamado la atención de los actos de Semana Santa de la Guadalajara de 1918 a 1920, que son los años que he revisado en esta ocasión, es que había muy pocas procesiones y éstas no eran precisamente multitudinarias, sino bien al contrario, como después veremos cuando reproduzca una curiosa y auténtica filípica que “el cura de Santa María” -así la firmaba- publicó, precisamente, en la edición “Flores y Abejas” de 28 de marzo de 1920. En esos años, los cultos de este tiempo se concentraban en el interior de las cuatro parroquias que entonces tenía la ciudad: Santa María, Santiago, San Nicolás y San Ginés, a los que se unían los que se llevaban a cabo en otras iglesias conventuales, principalmente las del Carmen y los Paúles. Además de celebrarse los oficios propios de estos días, en todas ellas se programaban vía crucis, se instalaban monumentos y se convocaba a la feligresía a tres tipos de sermones: de mandato, de Pasión y de Soledad.

Las procesiones de calle de la Guadalajara que vivía ya los años finales de la segunda década del siglo XX, se limitaban a algunas parroquiales de palmas el Domingo de Ramos, al traslado de la Virgen de la Soledad desde su ermita -situada frente a San Ginés, al inicio del paseo de las cruces- a Santa María, al del Cristo de la Agonía desde San Nicolás a San Ginés,  y a la del Santo Entierro que, con varias imágenes -al igual que viene sucediendo con la también llamada del Silencio desde hace décadas- salía de Santa María y la conformaban un grupo de pasos, destacando entre ellos un Nazareno y un Cristo de la Cruz, del Carmen, y las imágenes de la Soledad y la Virgen de los Dolores, ésta última venerada en la propia Santa María, como hoy en día. Como es sabido, en la Guerra Civil, fueron pasto de las llamas, al tiempo que la propia ermita de la Soledad en la que se custodiaban, una imagen antigua de la Virgen de la Soledad, un Cristo Yacente y un Cristo atado a la columna, entre otros pasos. Por motivos desconocidos, en décadas e, incluso, en siglos anteriores habían desaparecido ya otras imágenes históricas de la Semana Santa arriacense, algunas de ellas de gran valor artístico, obra de afamados imagineros como Tamayo, Barrojo, López de la Parra o los Hermanos Rueda.

Retomamos ya esa filípica que “el cura de Santa María” -es probable que se trate de un pseudónimo y no de mosén Caraballo, párroco entonces de este templo que aún no era concatedral, status que adquirió en 1959- dirigió a los fieles de la ciudad -incluidas congregaciones religiosas, ¡ojo al parche!- denunciando, entre otras cosas, que había mucho “mirón” en la Procesión del Silencio y pocos penitentes. Lean, lean, no tiene desperdicio:

(…) Es deshonroso, escandaloso, ridículo, lo que ocurre con las procesiones de Guadalajara en las que el Señor, las Sagradas Imágenes van solas por la calle mientras las personas piadosas, como si no lo fueran, ven la procesión desde los balcones, dejando al Señor solo, entre la confusión de los chiquillos que cruzan en todas direcciones, y otros que no son chiquillos que atraviesan ¡con la cabeza cubierta y fumando!

Estas procesiones son informes, absurdas, indevotas, y lejos de ser una manifestación de la piedad, son el triunfo doloroso del indiferentismo y la despreocupación; son un nuevo e incruento padecer de Jesucristo, son la más gráfica reproducción de la “Calle de la Amargura” con sus desprecios y escarnios.

La culpa la tienen los que no asisten a la procesión en apretada fila, que no pueda ser atravesada por los indevotos y los frescos.

Hubiera dos filas compuestas de fieles, desde la cruz parroquial hasta el último paso, y esto parecería procesión, que, de no ser así, parece exhibición de esos animales raros que entre chiquillos y curiosos suelen conducir por nuestras calles los húngaros y piamonteses, ¡¡Qué vergüenza!!

¿Decís que exagero? Decidme ¿qué sociedad o corporación sale a la calle de forma tan indecorosa como nuestras procesiones? Ninguna.

¡No puede Dios bendecir a los pueblos que le tratan con desprecio!

Es cuestión de conciencia para todos, que las procesiones, si salen, salgan decorosamente.”

Dada la contundencia de lo expresado por “el cura de Santa María”, casi procede concluir ya diciendo “amén”, aunque lo haremos tras comentar que las procesiones de Semana Santa de la Guadalajara de hace un siglo concluían, como ahora, con la Procesión del Resucitado, el Domingo de Resurrección, si bien entonces ésta solo salía por el entorno del barrio de Santiago. Precisamente en esta tradición, de la que hay constancia que ya se celebraba en el primitivo templo de esta parroquia, situado junto al palacio del Infantado y demolido por fases entre 1873 y 1903, se basó la reinstauración de esta procesión en el programa de Semana Santa de la ciudad, hecho que ocurrió a principios del siglo XXI. Por cierto, con polémica entre algunos miembros de la Junta de Cofradías y el Obispado, pronto y felizmente superada.

Ahora ya, sí, amén.

 

Foto: Desaparecida Ermita de la Soledad que, hasta 1936, en que fue incendiada, albergaba varias imágenes de la Semana Santa de Guadalajara que también ardieron con ella. Foto: Fondo Camarillo.- CEFIHGU.- Diputación de Guadalajara.

 

 

Los sabios nunca mueren

Se nos ha muerto José Ramón Lopez de los Mozos y lo digo así porque no solo se ha muerto para su familia y amigos, sino para todos nosotros, los guadalajareños. Al igual que las campanas de la conocida novela de Hemingway ambientada en la Guerra Civil española no solo doblaban por quien ya era cadáver y esperaba su funeral, sino por todos, las que han doblado por la muerte de José Ramón lo han hecho por uno de los nuestros, por alguien que, por su importantísima labor como investigador, etnógrafo, historiador y bibliógrafo era un poco familia de bastantes, amigo de muchos y conocido de casi todos. Con él ha muerto un sabio, aunque, mejor pensado, los sabios nunca mueren porque su legado siempre les hará ser tiempo presente o futuro, pero jamás pasado.

José Ramón, como digo, no solo es patrimonio de su familia y amigos -entre quienes me honro en encontrarme-, sino que lo es de todos los guadalajareños, por quienes también han doblado las campanas en su funeral. Con él se nos ha ido un hombre erudito, estudioso de las ciencias sociales, sobre todo de la historia, el arte y la sociología, un gran especialista de la etnografía provincial -quizá sea más oportuno calificarlo con el determinado “el” que el indeterminado “un” para ser exacto- y una persona de una intelectualidad plena, casi renacentista por su afección y culto al conocimiento y el saber.

Gracias a José Ramón esta provincia ha encontrado el justo e importante lugar que a nivel nacional le corresponde en el singular campo de los personajes tradicionales enmascarados, que aquí llamamos botargas, pero que en otros lugares de España tienen nombres tan variados y dispares como irrios, arrios, cinseiros, choqueiros, madamitas, vellos, maragatos, muradanas, cigarróns, felos, borralleiros, murrieiros, cocas, charruas, troteiros, entroidos, zaharrones, zafarrones, zamarrones, sidros, bardancos, cardonas, zarramones, mazarrones, mozorros, cachimorros, guirrios, aguilarderas, ceniceras, vexigueos o zarragones, según nos dejó escrito Sinforiano García Sanz, el librero de antiguo y etnólogo natural de Robledillo de Mohernando, buen amigo de José Ramón y uno de sus grandes maestros, junto a Julio Caro Baroja, en la investigación, estudio y difusión de las botargas, su gran especialidad. Precisamente una de las grandes aportaciones que López de los Mozos nos ha dejado es la Biblioteca de Investigadores de la Provincia de Guadalajara que nació gracias a su empeño e impulso personales y a la adquisición de la amplia y completa colección de libros sobre Guadalajara de Sinforiano, amistosamente conocido como “Sinfo”. Aún recuerdo cuando los dos, bromeando, se denominaban el uno al otro, respectivamente, “ ‘elefantito’ o ‘mamut’ sagrado de la etnología y el folclore de Guadalajara”. En las iglesias de los pueblos de toda esa retahíla de personajes enmascarados hoy están doblando también las campanas por José Ramón, como en su día doblaron por Sinfo.

  Para poderse hacer una idea de la vasta labor que López de los Mozos ha desarrollado en sus 67 años de vida en el campo de la investigación histórica, en general, y de la etnología, en particular, baste un número: en la base de datos de la propia Biblioteca de Investigadores de la Provincia que él contribuyó decisivamente a crear hay 213 referencias suyas, es decir, libros, ensayos o artículos, en bastantes casos escritos en colaboración con otros autores, pues él era muy gregario. Su primer gran trabajo publicado data de 1974 y lleva por título “La fiesta de la Octava del Corpus”, obviamente dedicado a la conocida y singular fiesta valverdeña, y vio la luz en la publicación nacional de referencia en el ámbito de la investigación etnográfica: la Revista de Dialectología y Tradiciones Populares. El primer libro escrito y editado por José Ramón fue “Miscelánea de folclore provincial” (1976), complementado poco después por uno de sus preferidos: “Notas de etnología y folclore” (1979), si bien su obra que más ediciones alcanzó y que ha sido, es y seguirá siendo toda una referencia bibliográfica en el ámbito del costumbrismo popular es “Fiestas tradicionales de la provincia”. A este respecto, cabe también señalar que, en su día, fue el autor de los informes técnicos que llevaron a la Diputación Provincial a declarar las primeras y más importantes “Fiestas de interés turístico provincial”. José Ramón fue funcionario de carrera de la institución provincial desde 1979 hasta 2014 en que se jubiló, ocupando en ese momento la jefatura de sección de Administración de Cultura, de la que ahora soy yo titular y en la que procuro seguir sus pasos porque sé que así voy en la buena dirección.

Tratar de resumir en tan breve espacio el gran legado que José Ramón nos deja es tarea imposible, pero no quiero, ni debo, olvidar en este obituario de urgencia, recordar algunos hitos de esa contribución como son, además de a los que ya he hecho alusión, su decisiva aportación en el nacimiento y consolidación de los Cuadernos de Etnología de la Provincia, cuyo número “0” vio la luz en 1986 y acaba de ser presentado el 49 -ya en formato digital-, el impulso que siempre dio a los Encuentros de Historiadores del valle del Henares o, últimamente, su trabajo como presidente de la Asociación de Amigos del Museo de Guadalajara, de la que anteriormente fue también secretario. En la más antigua y singular cofradía de la ciudad, la de los Apóstoles, también nos ha dejado su impronta como buen amigo y hermano, titular de san Bernabé hasta su renuncia por razones de salud en junio de 2017, además de excepcional secretario.

Si toda esta -y mucha más que queda en el tintero- ha sido la labor pública de José Ramón, no quiero despedirme de él sin agradecerle, a través de estos blogs de GD en los que él también colaboró hasta que pudo, la amistad y el afecto que siempre me brindó, pero, sobre todo, reconocer en él a uno de mis principales referentes para conocer, sentir y querer lo mejor posible a Guadalajara. Termino despidiéndole como los romanos -esa gran cultura cuya huella en la provincia él tanto siguió- despedían a los suyos: ¡Que la tierra te sea leve!

¡Hasta luego, hasta siempre, pero jamás adiós, José Ramón!
Fotos: Superior, Alvaro Díaz-Villamil (CEFIHGU, Fondo Guadalajara 2000) y la segunda (en color)
López de los Mozos en Robledillo de Mohernando en el homenaje a Sinforiano García Sanz, 1993. Foto: Archivo Ángel de Juan

 

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