Dos libros en el umbral

No solo imitando, sino doblando al siempre controvertido, pero incuestionablemente genial, Francisco Umbral, y su casi mítica frase —hoy se la calificaría de viral— con la que tanto impactó en abril de 1993 en el programa televisivo de Mercedes Milá que tenía por nombre “Queremos saber”, yo he venido hoy a esta “Misión al pueblo desierto”, que es como se titula mi blog en GD, a hablar de mis dos últimos libros: el poemario “El país de la palabra”, recientemente presentado en la Feria del Libro de Guadalajara y que ya motivó mi anterior post, y “El Guardilón”. Este nuevo es una recopilación y selección de la mayor parte de los artículos que he venido publicando mensualmente en el periódico Nueva Alcarria en los últimos ocho años y que presento la semana que viene.

Presentar dos libros con apenas tres semanas de diferencia puede ir en contra de mis propios intereses porque, al final, el principal mercado de ventas de los autores locales son los familiares, los amigos y el prójimo, o sea, los próximos, origen etimológico de esta palabra sinónimo de cercanía. No obstante, las circunstancias lo han querido así y, pese a estar ambos escritos hace ya tiempo, han terminado viendo la luz en esta primavera de manera casi simultánea. Podría haber aplazado a otoño la presentación de uno de ellos, pero hemos terminado por presentarlos con tanta cercanía en el tiempo a los dos, una vez que ya están editados. Aunque el mejor paño, en el arca se vende, los libros solo se han escrito cuando son leídos. Por tanto, no era una opción guardar uno de ellos en cajas de cartón hasta que hubiera corrido el aire lo suficiente desde la presentación del otro. Además, la temática y los géneros de ambos son muy diferentes.

Así las cosas, el martes, 2 de junio, a las siete de la tarde, en la sala multiusos del Centro San José, presentaré “El Guardilón”, una obra a la que tengo especial afecto desde su mismo título. Como no pocos lectores recordarán, especialmente los que hayan seguido más de cerca mi producción como periodista y escritor, este fue el título de un programa de radio que desde mediados de los años 80 hasta mediados de los 90, hicimos Javier Borobia y yo en Radio Guadalajara, primero siendo aún de la Rueda Rato de emisoras y, después, perteneciendo ya a Onda Cero. Ese programa, cuyo guion se escribía prácticamente en antena, era un canto al castellanismo y al guadalajareñismo, un retablo a pie-voz de los personajes, las historias y los latidos de nuestra tierra. Durante varios años lo hicimos Javier y yo solos, aunque frecuentemente llevábamos a algún invitado, siempre con la condición de que tuviera cosas que decir y las supiera contar. Por él pasaron desde Camilo José Cela —que nos dio la exclusiva, vía telefónica, de su “Nuevo viaje a la Alcarria”, 24 horas antes de que se comercializara la primera entrega de las tres de que constó su primera edición distribuida junto a la revista “Motor 16”— a Andrés Berlanga y su magistral “Gaznápira”, desde Josepe Suárez de Puga, contándonos el traslado del cadáver de su amigo José Antonio Ochaíta, desde Pastrana a Jadraque en junio de 1973, a Fernando Romo, hablándonos de su “Antorcha” y sus “Fuegos Fatuos”. Fernando siempre encendido por el teatro hasta que, demasiado pronto, hizo un mutis definitivo por el foro. También pasó por allí Juanjo Calvo, con su pasión ecologista y naturalista incontenible, y Santiago Bernal, el gran fotógrafo humanista que nació para Guadalajara en Segovia. Y, por supuesto, José Ramón López de los Mozos, el “elefantito sagrado” de la etnología provincial, como entre cariñosa y sarcásticamente le llamaba ese también gran etnógrafo y librero de antiguo que fue Sinforiano García Sanz, igualmente otra voz amiga del “Guardilón”. Como la del viejo y querido Doro, maestro peñalvero, no solo de escuela, sino sobre todo de vida; el hijo del “Tío Saluda”, una persona extraordinaria y un personaje entrañable a quien sigo echando de menos porque era el conocimiento, la bonhomía y el sentido común personificados. También fue guardilonero otro conocido peñalvero, Teodoro Pérez Berninches, alcalde entonces de este pueblo alcarreño, mielero ejerciente y personaje celiano que terminó siendo tan amigo del escritor que hasta estuvo con él en Estocolmo cuando recibió el Nobel de Literatura. La lista de invitados a aquel programa sería interminable, pero por economía de espacio la debo dejar aquí, no sin antes decir que algunos de ellos, no solo pasaron por el programa alguna vez, sino que terminaron siendo parte misma de él cuando Javier y yo decidimos que debíamos ser más de dos y pasar de pareja a grupo, para mejor seguir haciendo radio al emitir aquella tertulia de amigos comprometidos con Guadalajara que siempre fue “El Guardilón”. Así, en los últimos años, no solo fueron invitados, sino tertulianos habituales del programa, buenos amigos con mucho bagaje a sus espaldas, mucho conocimiento y mucha pasión por nuestra tierra; es el caso del ya citado Doro, de José Antonio Alonso, la voz serrana de todas las guadalajaras, y de Marcelino Ayuso, otro segoviano como Bernal que vino a trabajar a y por Guadalajara y trabajó por ella mucho y bien. Por cierto, el programa no solo se hizo en los estudios de la radio, también se emitió en directo una temporada, primero desde “La Tertulia”, el cálido café bar de José en el paseo de San Roque, hoy mutada su titularidad y su nombre al de “Vermutería”, y en el bar-restaurante “Yoqui”, donde Eugenio hizo siempre de inmejorable “mesonero” y estupendo anfitrión.

De aquel programa —que siempre guardaré en el rincón más cálido de mi corazón porque, además de lo mucho y bueno que viví con él, es geografía compartida con mi más que amigo, hermano, Javier Borobia y eso son palabras mayores—, tomé prestado el título para, durante los últimos ocho años, escribir mensualmente un artículo de fondo en Nueva Alcarria sobre costumbres y tradiciones, personas, personajes, historia e historias, arte y monumentos, artes plásticas y visuales, y literatos y literatura vinculados a la provincia. De esos casi cien artículos publicados, he revisado, seleccionado y estructurado, en cinco apartados, los que he creído que mejor han sobrevivido al paso del tiempo y he producido este “Guardilón”, hoy de papel, de mucho y buen papel. La obra la ha editado Aache, con su ya acreditada calidad editorial, siendo su maquetadora y diseñadora Águeda Herrera Bachiller, quien ha hecho un excelente trabajo, como en ella es norma porque de casta le viene a la galga, permítaseme la expresión. Su padre y fundador de la editorial, Antonio Herrera Casado, el gran historiador, escritor y cronista provincial, pese a estar jubilado y haber traspasado a Águeda la responsabilidad y la gestión de Aache, ha estado pendiente de todo el proceso de edición del libro porque lo lleva en la sangre, lo vive y, además, es amigo mío, lo que proclamo públicamente porque su amistad me honra y gratifica muy especialmente. El mismo Antonio, y el director adjunto de Nueva Alcarria, Pedro Villaverde Embid, me acompañarán en la presentación del libro, abriendo el acto la diputada de Cultura de la Diputación, Sabrina Escribano.

Os espero el 2 de junio a todos en la presentación de este nuevo libro, uno de los que más satisfecho me siento de la ya casi veintena que he escrito y publicado, porque hay muchas horas de investigación, documentación, planificación, escritura y pasión por Guadalajara puestas en él. Como también os espero al día siguiente, de 11,30 a 13,30 horas, en el stand de Valparaíso ediciones en la Feria del Libro de Madrid (Caseta 124), donde firmaré ejemplares de mis dos poemarios editados por esta prestigiosa casa granadina: “Ha callado el silencio” y “El país de la palabra”. Al final, ¿veis como es cierto que he venido a hablar, no de mi libro, sino de mis últimos libros? Más que doblando, triplicando a Umbral.

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