Pablo y Pedro (ni santos ni picapiedras)

                Aunque el titular del post, como el algodón del anuncio de la tele, no engaña, sí que puede hacer dudar a qué Pablo y a qué Pedro me refiero; no obstante, el avisado y avispado lector seguro que ha descartado que lo haga a los homónimos apóstoles de Jesús y tampoco a Pablo Mármol y Pedro Picapiedra, aquellos entrañables personajes prehistóricos de dibujos animados que nos ayudaban a merendar los bocadillos de Nocilla en las tardes de los años sesenta, incluso de los primeros setenta, cuando volvíamos del colegio con más hambre que Carpanta. Efectivamente, el Pedro y el Pablo a los que me voy a referir no provienen de lejanas montañas, ni de áridos desiertos de Oriente Medio, ni sus vidas son coetáneas a la de Jesús, ni se trata del recaudador de impuestos Saulo que, tras caerse del caballo y convertirse al cristianismo, dejó de recaudar denarios para tratar de hacerlo con almas; tampoco se trata del pescador de peces y después de almas Simón Pedro, que fue la piedra angular que Cristo eligió para edificar su iglesia, aún después de haberle negado tres veces. El Pedro y el Pablo de los que voy a hablar tampoco viajan en “troncomóvil”, ni están casados con Vilma y con Betty y son padres de Pebbles BamBam, nacidos todos de la desbordante e ingeniosa imaginación de Joseph Barbera y William Hannah, los guionistas de Los Picapiedra; el Pedro y el Pablo a los que me refiero se apellidan Sánchez e Iglesias, respectivamente, y son los líderes del PSOE y de Podemos, las dos fuerzas políticas de la hoy fragmentada izquierda española que aspiran a ser las más votadas de entre ella en las generales de dentro de un año, para tratar de ser los próximos presidentes del gobierno tras un pacto de corte frentepopulista porque ninguna encuesta da mayoría absoluta a ningún partido y, además, por mucho, ni es previsible que nadie la alcance según está el patio político.

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias eran, hace no más de medio año, poco menos que unos desconocidos para la gran mayoría de los españoles; hoy, en cambio, aspiran a ser, nada más y nada menos, que presidentes del gobierno de España, algo que a muchos nos tiene especialmente preocupados porque no vemos en ellos y sus respectivos proyectos y equipos la capacidad, solvencia y adecuación necesarias para asumir tan alta responsabilidad, salvando por supuesto lo que representan cada uno y las distancias que hay entre ambos, hoy notorias, pero en el futuro ya veremos porque, como decía Fraga, “la política hace extrañas parejas de cama” y, en eso de compartir lecho con afines o no, la izquierda suele ser más promiscua que la derecha. Pero si estos Pedro y Pablo tienen, a día de hoy, opciones reales de ser los próximos presidentes de España –la encuesta de ayer de El País, incluso, concede al de Podemos más posibilidades de ser la opción de izquierdas más votada-, aunque sea en un gobierno necesariamente de coalición, más que por sus méritos están así posicionados por los deméritos del PP, que no sólo se está desgastando por los duros recortes sociales que ha debido acometer –aunque hayan sido forzados por el solar en que Zapatero dejó España a nivel económico-, por sus incumplimientos y errores, sino sobre todo por los casos de corrupción en los que se está viendo envuelto, de manera cada vez más alarmante y progresiva, y en los que no voy a ahondar pues ya lo hice en mi anterior post, y eso que lo subí a la red antes de que estallara la escandalosa operación “Púnica”.

Ahora se cumplen los primeros cien días del ascenso a la secretaría general del PSOE de Pedro Sánchez, un  diputado “de a pie” hasta hace bien poco y que ha ascendido hasta el liderazgo de los socialistas españoles de una manera democráticamente intachable, a través de primarias, algo que, como está ya probado, no garantiza que lo elegido sea lo más adecuado. Sánchez es la antítesis teórica de los dos rasgos fundamentales externos de Rubalcaba: es guaperas y  joven, mientras que su predecesor es más bien feote y ya se le había pasado el arroz en política, después de tres décadas en ella de manera activa. Respecto a las capacidades políticas de uno y otro, el tiempo dirá, aunque por cómo han principiado las cosas, no le doy tres décadas en primera línea política al nuevo líder del PSOE pues, a pesar de jugar muy a su favor los hechos de la novedad y la frescura que representa, ya ha dado muestras de más inseguridades, incoherencias, inconsecuencias y debilidades de las debidas para ser un recién llegado; ahí van algunas de ellas: proponer la desaparición del Ministerio de Defensa y luego desdecirse; permitir que el PSC juegue descarada y peligrosamente a la ambigüedad con el proceso soberanista catalán; romper el consenso de la Transición y proponer la reforma de la Constitución hacia un modelo federal, sin explicar su contenido formal, ni detallar su profundidad y alcance ni valorar sus consecuencias; romper el compromiso de voto del Grupo Socialista en el Parlamento Europeo para la ratificación del nuevo ejecutivo comunitario y la elección de altos cargos de la Unión sólo por tratar de bloquear la designación de Arias-Cañete como Comisario de Energía, algo que ni siquiera consiguió; depender en exceso del apoyo de la lideresa andaluza, Susana Díaz, que, por el contrario, ya ha marcado distancias con él por no compartir algunas de sus decisiones; exponerse mediáticamente en exceso con tal de ser protagonista, hasta el punto de llamar en directo a un programa de telebasura como “Sálvame” y, sobre todo, decir que no pactará con “Podemos”, mientras Susana Díaz y otros dirigentes socialistas ya han dicho, públicamente, que “ya veremos después de las elecciones”. Ya sé que el hombre acaba de llegar y que aún es mucho el camino que le queda por recorrer –o no, ya veremos también-, pero hay un dicho en esta tierra que no suele fallar y que yo tengo oído en Zaorejas“Mal camino no lleva a buen pueblo”.

Respecto a Pablo Iglesias y su “Podemos”, yo no sé si finalmente podrán o no -con mi voto, seguro que no- pero lo que está claro es que esta opción la están inflando los errores del PP en el gobierno y el PSOE en la oposición y el desencanto por la crisis económica y la situación política actual que está cundiendo entre los españoles, especialmente entre los más jóvenes. Lo que es innegable es que la estrategia de Iglesias, Echenique y compañía está siendo muy acertada, hasta el punto de, en apenas tres meses, conseguir llevar al Parlamento Europeo cinco diputados y, lo que es más significativo, crecer exponencialmente en las encuestas de intención de voto, aglutinando el voto de los desencantados del PSOE e IU, incluso de algunos despistados del PP, de los abstencionistas de izquierdas y, sobre todo, de jóvenes, primeros votantes o casi, que ven en “el coleta” el líder que necesita España para que “no la conozca ni la madre que la parió”, frase acuñada por Alfonso Guerra hace ya más de 30 años, pero que adquiere ahora plena vigencia y efecto subyugante porque, la verdad sea dicha, las cosas están muy mal y… aún se pueden poner peor.

A mí el proyecto de Pablo Iglesias me parece especialmente peligroso porque está jugando con las ilusiones maltrechas de muchos y la mayoría de sus recetas para dar la vuelta del calcetín a España no son nuevas, sino muy viejas, y se demostraron erráticas en el siglo XX, causando mucho sufrimiento, pobreza e injusticia en el mismo pueblo que luchó por ellas, incluso a muerte. Ideas que hace ya más de un siglo también se disfrazaron, como ahora, de la más pura y dura justicia social, pero que cuando se pusieron en práctica distaron muy mucho de ser justas y sociales; incluso en los pocos países del mundo en los que aún perduran esas ideas, de base comunista, alma libertaria y espíritu antisistema –pero que, cuando se aplican, son sólo sistema, único, eso sí-, la democracia brilla por su ausencia, el Estado anula al individuo hasta pensar y hacer por él y sólo la pobreza es aún mayor que la injusticia. Aunque, como ya he dejado dicho, Pedro Sánchez no es mi tipo –sobre todo político-, sí asumo al cien por cien estás palabras que dedicó a “Podemos” en el último Comité Federal que celebró el PSOE : “Tenemos que enfrentarnos a la idea del populismo, un proyecto que se construye sobre el descrédito del otro, sin aportar soluciones ni futuro a la sociedad española, o mejor dicho, con propuestas que provocarían frustración a los más débiles y un pobre futuro para España”. Veremos si Sánchez mantiene este discurso en el supuesto de que el PSOE necesite pactar con Iglesias o viceversa.

CorruPPción

                Las imputaciones por la comisión de presuntos delitos producidas en los últimos días sobre destacados miembros de los gobiernos de José María Aznar, como Rodrigo Rato o Ángel Acebes, que se suman a las, no sólo imputaciones penales, sino ya sentencias firmes y condenas de otros, como Jaime Matas; la imputación al excalde popular de Toledo y expresidente regional del PP, José Manuel Molina, por un presunto delito de adjudicación irregular de un contrato y supuesta recepción de la adjudicataria de 200.000 euros para financiar la primera campaña de Cospedal en pos de la presidencia de la Junta; las imputaciones de los últimos tesoreros del PP, especialmente el famosísimo Bárcenas, reo de prisión preventiva desde junio de 2013, y las imputaciones que pesan sobre otros destacados militantes del PP por el caso Gürtel, las “tarjetas negras” de Bankia y otros casos de corrupción que salpican al partido que fundara Manuel Fraga en 1976 como AP, nos tienen especialmente descolocados, confundidos, asombrados y hasta anonadados –y, por supuesto, indignados- a quienes nos sentimos cercanos a su ideario político, somos votantes habituales suyos e, incluso, como es mi caso, hasta hemos militado en él y hemos sido cargos electos durante un tiempo.

Me resulta muy delicado tratar este tema de la corrupción que afecta al PP y de la que van aflorando casos como salen setas en un bosque frondoso, bien llovido y soleado en otoño, pero me creo en la obligación de hacerlo porque, como dijo José María Aznar en su día, “no se puede construir el futuro sobre silencios”. Está claro que la corrupción no es una lacra que salpique sólo al PP, sino que lo hace a todos los partidos, de manera directamente proporcional al poder que detentan: ahí está, por ejemplo, el escandaloso asunto de los ERE en Andalucía, que tiene a medio PSOE andaluz implicado, o el caso de los Pujol, que está dejando claro que quien “robaba” a Cataluña no éramos el resto de los españoles –porque ellos también lo son-, sino gran parte de la “famiglia” del “molt honorable President de la Generalitat”, que, presuntamente, se ha hinchado a ganar dinero de las formas más golfas e ilícitas posibles, aprovechándose de la “honorabilidad” y el poder de “Ubú” Pujol, como con todo acierto lo bautizó satíricamente en su día Albert Boadella, uno de los mejores y más brillantes catalanes que conozco, etc. etc. En esto de la corrupción, ningún partido puede echar en cara nada al rival, porque corre el riesgo de que le contesten con esta castiza y expresiva frase: “Me llama puta la Zapatones”. Y lo que ya nadie se traga, ni con espesante, es eso de que “nuestros corruptos son menos corruptos que los vuestros”. No todos los partidos ni todos sus militantes son iguales, es cierto, pero no es menos cierto que cada vez son más parecidos y en ellos, lejos de contenerse y detenerse, la corrupción se ha ido extendiendo como si de una mancha de aceite se tratara.

Es evidente que una de las muchas y más grandes diferencias que hay entre un Estado democrático y otro totalitario es que, mientras en el ordenamiento jurídico del primero se respeta la “presunción de inocencia” de un encausado, en el segundo esa presunción es de culpabilidad; es decir, en democracia hay que demostrar que un imputado es culpable para condenarlo, mientras que en dictadura, o el imputado demuestra que es inocente, o es considerado culpable, lo sea o no. Pero el derecho procesal de un país democrático, al tiempo que ha de respetar la presunción de inocencia, también consagra que nadie puede ser imputado por vía penal si un juez competente no considera que hay indicios racionales de criminalidad; es decir, si no hay evidencias notorias de que es acreedor a la imputación, por lo que todos estos casos de corrupción política que arrastramos, a los que se han sumado en las últimas semanas estos que afectan directamente a exministros de Aznar que muchos creíamos muy honorables, no son –o no deberían ser- gratuitos, ni brindis al sol, ni tienen sólo por objeto la “condena social” que el mero hecho de ser imputado supone, sino que están jurídicamente fundados o, al menos, deberían estarlo, pues de lo contrario estaríamos ante una prevaricación judicial, algo tampoco descartable, pues ahí está el caso del juez Silva. Montesquieu dividió en tres los poderes del Estado: legislativo, ejecutivo y judicial, pero no hizo a ninguno inmune a la corrupción.

A lo que iba: me duele mucho la corrupción política que desde hace tiempo nos viene helando el corazón a los españolitos de una de las diecisiete, o más Españas, de hoy, parafraseando al gran poeta Antonio Machado; me duele porque la corrupción es a la democracia lo que la carcoma a la madera, algo que hace apenas ruido, sólo se ve cuando ya la ha liado parda y, sobre todo, es muy destructivo. Para mayor dolor de mi corazón, algunos de los protagonistas de chuscos casos de corrupción que últimamente han aflorado son personas a las que he admirado profundamente por su valía y competencia, como es el muy especial caso de Rodrigo Rato, a quien debemos la, probablemente, mejor gestión económica de España en el siglo XX, y quien me parecía, en su día, el mejor candidato posible para sustituir a José María Aznar en 2004 como presidente del gobierno. Cuanto más admiras a alguien, mayor es la decepción que te causa si después descubres que no es acreedor a esa admiración. Lamentablemente, en este caso, y aunque la presunción de inocencia le asista y no sea yo quien se la niegue, incluso aunque sea desimputado o declarado inocente por un tribunal, mucho me temo que los dispendios que hizo con su “tarjeta negra” de Bankia y los que permitió hacer a los 86 consejeros de la entidad con las suyas, va a ser un lastre que enturbiará para siempre su carrera política. Pero que la pague quien la haga.

No quiero concluir este artículo dejando un poso de desesperanza y pesimismo totales por nuestro estado de cosas político, porque sería injusto y, sobre todo, peligroso. No solo lo sé, sino que me consta, que la mayor parte de las personas que están en política activa son honestas y honorables, pero es evidente que el sistema es mejorable porque la corrupción no son sólo hechos aislados y esporádicos, sino casos cada vez más concurrentes y recurrentes que, incluso, llegan a veces a sistematizarse y enraizarse en la gestión y administración públicas como si fueran auténticos parásitos. O hacemos todo lo posible por atajar la corrupción política, con contundencia y determinación, no con medias tintas, o la democracia misma corre peligro de corromperse.

 

P.D.- Desde estas líneas quiero enviar un fuerte abrazo y mis mejores deseos de recuperación a Magdalena Valerio, recientemente operada de un cáncer de mama, según ella misma ha hecho público. Magdalena y yo, cuando coincidimos como concejales en el Ayuntamiento de Guadalajara, protagonizamos en la sala de juntas del consistorio algunos debates en los que la dialéctica llegó a echar humo, pero siempre desde el respeto y la consideración mutuas. Ella es una mujer valiente, positiva y de fuerte personalidad, factores que, sin duda, van a coadyuvar para que supere con éxito este contratiempo de salud. 

De lo que es noticia y lo que no

                Hace ya tiempo que España vive dentro de una fuerte ciclogénesis explosiva política, -una tormenta perfecta política, vaya- que, lejos de aminorar, va adquiriendo especial crudeza de manera progresiva; o sea, que va de mal en peor, que es la definición más castiza y sencilla de la “Ley de Murphy”, siempre empeñada en abrirse paso entre la ya de por sí abundante legislación española, uno de los países de Europa que más leyes tiene y en uno de los que más se incumplen. Y no estoy exagerando un pelo sobre la agitada y convulsa España de hoy; basta con echar un vistazo a la realidad que nos envuelve cada día para comprobar que lo que digo es absolutamente cierto: Crisis del ébola, desafío soberanista catalán, atraco a Bankia de sus propios consejeros a través de las famosas “tarjetas negras”, corrupción política, sindical y empresarial,… a lo que hay que sumar la crisis económica que arrastramos y padecemos desde hace ya más de siete años y que, aunque algunos dicen que ya está superada, que se lo pregunten a los casi seis millones de parados, especialmente los jóvenes, que esperan encontrar trabajo, aunque sea en precario y mal remunerado, y a las familias que se han dejado sus ahorros y, lo que es peor, muchas ilusiones para sobrevivir a este duro y difícil tiempo.

Hay que ser muy optimista, o estar en una posición personal muy cómoda, para negar la evidencia del tiempo convulso que nos envuelve. Escuchar un informativo de radio, ver uno de televisión, echar un vistazo a los diarios digitales en Internet o leer los pocos periódicos convencionales que van quedando –Guadalajara es un ejemplo palmario de ello: de 5 cabeceras de pago que llegaron a coincidir, no hace tanto, en los kioscos, hemos pasado a tener solo una, Nueva Alcarria– lleva tiempo convirtiéndose en un ejercicio próximo al masoquismo pues la gran mayoría de las noticias que abundan en los medios son de un tinte tan negativo –con especial dramatismo las que provienen de escenarios bélicos o de catástrofes naturales- que, después de informarse uno, dan ganas de pedir que pare el mundo y bajarse de él, como dice la niña sabia Mafalda, a quien dediqué mi anterior post, casi como terapia, dando vida y protagonismo a una niña de cómic porque ese tipo de niñas no pueden ser agredidas sexualmente por los indeseables e inexplicables pederastas, que, lamentablemente, también tienen su hueco, a diario o casi, en la dura y cruda realidad de hoy.

Es de alumno de primero de periodismo –preciosa carrera, pero maltratada y mal pagada profesión, de ahí que muchos ya la llamen irónicamente “parodismo”- saber que las noticias que copan las primeras páginas y los grandes titulares de los medios de comunicación son las que reflejan hechos cuanto más extraordinarios, mejor, y si además son alarmantes o, cuando menos, chocantes, mucho mejor aún; lo ordinario, lo común, lo habitual, lo cotidiano, evidentemente no es noticia, algo que queda perfectamente reflejado en esta frase/reflexión tan expresiva y conocida: “la noticia no es que un perro muerda a un hombre, sino que un hombre muerda a un perro”. Efectivamente, no es noticia que mueran al año por gripe común en España entre 1000 y 4000 personas, y, si lo es, aparecerá en revistas especializadas de medicina o, a lo más, en algún suelto en página par de algún periódico al iniciarse la temporada de vacunas contra esta enfermedad; lo que sí está siendo noticia, y de qué manera, es que una auxiliar de enfermería se haya contagiado de ébola en Madrid, tratándose el hecho, además, como el “primer contagio fuera de África”, incluso del “hemisferio norte”, de ese letal virus que en varios países de África occidental está causando centenares de muertes diarias y, lo que es peor aún, no disponen de los medios y los recursos sanitarios necesarios para frenar esta mortal pandemia y, ni siquiera, para atender a los infectados con la mínima dignidad asistencial. Es perfectamente entendible que sigamos al minuto la evolución de la sanitaria española infectada por ébola, así como la cuarentena de las personas que están, como ella, en el Hospital Carlos III, y que deseemos todos que aquélla se recupere, pronto y completamente, y que éstos sigan dando negativo en las pruebas hasta llegar a ese día, 27 de octubre, que los médicos han fijado como fecha definitiva para descartar nuevos contagios si hasta entonces no se confirma ninguno otro. Lo que no es, lo que no puede ser entendible, desde un punto de vista ético y moral, es que sólo nos acordemos de Santa Bárbara cuando truena, es decir, que sólo nos importe el ébola cuando una contagiada es patriota nuestra, incluso existiendo un riesgo general de contagio muy bajo y para el que hay medios de control y tratamiento, mientras en una zona de África se mueren centenares de personas a diario como si fueran perros, sin derecho si quiera a sedantes e inyección letal que, a buen seguro, de saberse desahuciados, muchos pedirían para evitar mayores e inútiles sufrimientos.

Siguiendo el mismo razonamiento de lo que es noticia y lo que no, en vez de relacionar el nombre de los 83 exconsejeros de Bankia que se gastaron más de 15 millones de euros con sus “tarjetas negras” en todo tipo de cuchipandas, saraos, fiestuquis, viajes y demás productos y servicios para el “bon vivant”, voy a relacionar los nombres de los tres consejeros que no hicieron uso de esa tarjeta, lo que, al contario que sus compañeros de Consejo, les convierte en auténticos campeones de la honradez, la honestidad y la vergüenza. Estos son los nombres de tres españoles que, en el conjunto de 86, no se les supone, sino que han probado su honradez: Iñigo María Aldal, Félix Manuel Sánchez Acal y Esteban Tejera.

P.D.- Cuando estaba terminando de escribir este post, he conocido la noticia del fallecimiento de Avelino Antón Auñón, a la edad de 99 años. Avelino fue una persona de extraordinarios valores, activa, inquieta, comprometida y buena, en el sentido machadiano de la palabra. Guadalajareño militante de nación en El Casar y adopción y vocación en la capital, con él se nos ha ido un excelente maestro y un gran alumno, que también lo fue toda su longeva vida. Nos quedan su ejemplo y su palabra, siempre en tono bajo para no molestar. También nos quedan sus reportajes, crónicas y artículos en Nueva Alcarria, periódico del que fue un fiel y prolífico colaborador. Descansará en paz porque se la ha ganado.

Una niña sabia de cincuenta años

El pasado día de San Miguel -29 de septiembre-, tradicional fecha en la que se apalabraban los labradores con sus “amos”, al igual que el día de San Pedro -29 de junio- lo solían hacer los pastores con los suyos, cuando un apretón de manos tenía más valor que diez firmas, una niña rebelde, incisiva, inconformista y sabia cumplió 50 años; y lo mejor de todo es que, a pesar de ser cincuentona ya, sigue siendo tan niña como siempre, sin necesidad de pactar con el diablo como hizo Fausto para preservar su juventud. La niña de 50 años a la que me refiero es argentina, pero a la vez es de todas partes y de ninguna; y digo de ninguna parte porque está tan enfadada con el mundo que hasta es autora de una frase que, todos, en más de un momento de nuestras vidas, hemos dicho o, al menos, pensado: “Paren el mundo, que me quiero bajar”. Pongamos que hablo de Mafalda, la niña de comic que creara Quino en 1964, publicándose sus personalísimas, sarcásticas e ingeniosas tiras inicialmente en el diario bonaerense “Primera Plana”, para después pasar a ser publicadas en medios de comunicación de medio mundo y siendo traducidas a más de veinte idiomas, lo que avala que esa niña argentina, también sea nacional de todos aquellos países en los que se han editado y disfrutado sus viñetas. No es fácil, no, ser argentina y al tiempo cosmopolita como lo es Mafalda, lo que constituye toda una lección para los mayores de que, si se quiere, se puede renunciar a la patria chica y hasta a la grande, si esas patrias son sólo para diferenciarse y separarse de los demás, con prepotencia, soberbia y egoísmo. No fue Mafalda, sino Rilke, quien afirmó atinadamente que “la verdadera patria de los hombres es la infancia”. Y así, siguiendo la reflexión del poeta austriaco, puedo decir y digo que la verdadera patria de Mafalda es ella misma, aunque sea más argentina que el tango, los gauchos, Maradona, el chorizo criollo y la Pampa.

La suerte de ser una niña de dibujo, aunque la genialidad de su creador le haya ido dotando de personalidad y hasta de alma, es que puede seguir siendo niña toda la vida, y eso que Mafalda es una niña, más que madura, posmadura, si nos atenemos a algunas de sus reflexiones, como la de parar y bajarse del mundo antes citada, o esta otra que parece todo un tratado de filosofía, algo muy argentino por otro lado: «No es cierto que todo tiempo pasado fue mejor. Lo que pasaba era que los que estaban peor todavía no se habían dado cuenta”. Hay que tener las cosas muy claras, y especialmente un carácter muy fuerte, para enmendarle la plana, nada más y nada menos que a un poeta de la talla de Jorge Manrique que, en sus conocidas “Coplas a la muerte de su padre”, hace ya cinco siglos y medio, afirmó justo lo contrario que Mafalda: “Recuerde el alma dormida, avive el seso y despierte contemplando cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte tan callando, cuán presto se va el placer, cómo, después de acordado, da dolor; cómo, a nuestro parecer, cualquiera tiempo pasado fue mejor”.

Quino no dejó nunca a Mafalda que dejara de ser niña y creciera, y eso puede parecer una crueldad o justamente lo contrario, depende del color del cristal con que se mire, como le ocurre a la verdad y a la mentira, según dejó dicho Campoamor. A mí me parece que los niños siempre quieren ser mayores porque nunca lo han sido; si lo fueran un ratito y se dieran cuenta que ser mayor también tiene sus inconvenientes, algunos de ellos muy comprometidos, especialmente asumir responsabilidades, puede que muchos niños optaran por ser como Mafalda, una niña para toda la vida; pero, eso sí, una niña con más “mili” que el palo de la bandera, como expresivamente decíamos los reclutas novatos de reemplazo cuando hablábamos de los que estaban a punto de licenciarse, algo que en ese momento nos parecía inalcanzable y más lejano que los horizontes de la mítica película del oeste dirigida por Anthony Mann. Pero si Quino no dejó nunca crecer a Mafalda, a pesar de haber cumplido 50 años,  estoy seguro que no fue por negarla la adolescencia, la juventud y la madurez, que son las tres etapas de la vida que habría consumido en sus cinco décadas de vida de haber sido mortal, sino porque necesitaba que sus profundas reflexiones partieran de la boca de una niña para que parecieran ingenuas, cuando eran justamente lo contrario. Así se sortea a la censura y a la cerrazón de algunos, no pocos, que son incapaces de pensar porque el pensamiento, como el saber, no ocupa lugar y, por tanto, no se puede comerciar con él; o, al menos, no se debe.

Termino ya esta atípica celebración del cumpleaños a Mafalda con una frase suya que, muy probablemente, explique el por qué Quino no haya querido nunca que dejara de ser niña y que, ojalá, fuera de aplicación a todos los niños del mundo que no son de dibujo y que sí que van a crecer, salvo que se mueran de hambre, de enfermedad o les destroce una bomba, todo ello retransmitido puntualmente y al detalle por televisión, por supuesto: “la vida no debería despojarlo a uno de la niñez sin antes darle un buen puesto en la juventud”.

Diccionario básico del PP: Edición Rajoy-09-2014

 

                Al hilo de los últimos acontecimientos políticos, que tienen a España bien calentita -como si la hubieran metido en un microondas, a 800 watios de potencia, y durante bastantes minutos-, se me ocurre pensar que el diccionario de la RAE ya no es la principal referencia del castellano limpiado, fijado y dotado de esplendor por sus académicos, sino que, como en la política misma de hoy, todo vale en el pensar y en el decir, y las palabras pueden significar ahora una cosa y luego incluso la contraria, sin esperar si quiera a mañana, sobre todo cuando se trata de definir con ellas valores y principios, haciéndose cada día más acertada y atinada la siempre genial frase de Groucho Marx que dice: “Estos son mis principios, pero si no le gustan, tengo otros”.

Así la cosa pública –en latín, res publica-, muy especialmente la retirada del nuevo proyecto de ley de interrupción del embarazo que impulsaba hasta ayer el gobierno, votado a favor en su primer trámite parlamentario por el 99 por ciento de sus diputados –con la única excepción de la díscola Celia Villalobos– y que figuraba en el programa electoral con el que Mariano Rajoy ganó las elecciones generales de 2011 por mayoría absoluta, algunas entradas del diccionario de español, versión “Rajoy, septiembre 2014”, podrían ver alterados sus significados originales por estos otros:

Aborto: Interrupción del embarazo por razones naturales o deliberadamente provocadas y que también es de aplicación para leyes por razones electoralistas.

Arriola (Pedro): Asesor áulico del PP al que Rajoy ha puesto en sustitución del ideario del partido. Está casado con Celia Villalobos, la única diputada del PP que pública y notoriamente se manifestó en contra del proyecto de nueva ley del aborto cuando se inició su trámite parlamentario.

Dedocracia: Forma en que suele ejercer el poder dentro de su partido y gobierno el señor Rajoy, seguramente porque a él le fue muy bien esta práctica cuando su predecesor, José María Aznar, le situó “a dedo” como candidato del PP a la presidencia del gobierno en 2004.

Gallardón (Alberto Ruiz): Político del PP que comenzó siendo el ministro más valorado del gobierno de Rajoy y ha acabado siendo el penúltimo en valoración. Eso sí, ha hecho honor a su apellido y ha tenido la gallardía de marcharse del gobierno cuando se ha visto desautorizado por su presidente tras acometer un encargo de éste, como era la elaboración y tramitación de una nueva ley del aborto, y tratar de cumplir el programa electoral de su partido.

Idea: Concepto, opinión o juicio formado de alguien o algo que puede ser cambiado de la noche a la mañana y, si corre prisa, de un minuto para otro.

Principio: Voz arcaica, en desuso, tanto formal como conceptualmente.

Programa (electoral): Como no dijo el fundador del PP, pero sí un destacado dirigente socialista, Enrique Tierno Galván, un catálogo de promesas que se hacen para incumplirse.

Rajoy (Mariano): Político del PP que actualmente es presidente del gobierno y que cuando te lo encuentras en una escalera no sabes si sube o baja y si le preguntas que adónde va, contesta que “depende”.

Tancredo (Don): Posición de inmovilidad absoluta y actitud de verlas venir en medio de la arena política en la que se han quedado muchos dirigentes del PP que, por razón de principios e, incluso, de creencias, estaban a favor de reformar la vigente Ley del Aborto. Esta posición, si se contempla de perfil, es parecida a la llamada “del egipcio”.

Valor: Principio mutable, flexible, moldeable, maleable e intercambiable.

El peligro de que las palabras, como las ideas, los principios y los valores muten en función de la dirección en que sopla el viento es que éste, aunque tenga direcciones dominantes, se puede producir en una “rosa” de hasta 360 grados. Y hablando de la rosa de los vientos, significar que el máximo peligro de una travesía marítima en una embarcación a vela se produce cuando rola el viento, es decir, cuando cambia brusca e inesperadamente de dirección e, incluso, de intensidad. En este supuesto es bastante probable el naufragio.

 

Sanidad autonómica y federal

              

                Aunque intuíamos el motivo, por fin hemos sabido, de forma fehaciente, que la firma del Convenio para la atención sanitaria en Madrid de los habitantes de Castilla-La Mancha, que afecta muy especialmente a los de la mayor parte de la provincia de Guadalajara y a los del toledano Corredor de la Sagra, no es una cuestión de letra pequeña, sino de letras de cambio; o sea, de parné, de pasta, de viruta, de manteca, de money,… o como ustedes quieran  o gusten llamar al dinero, ese “poderoso caballero” que, como decía el gran Quevedo, es capaz de igualar “al rico y al pordiosero” y de humillar al “cobarde y al guerrero”.

Y que sepamos por fin la verdad de la buena sobre la dilación en la firma de ese importantísimo convenio sanitario, sobre todo para Guadalajara, se lo debemos al Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, Francisco Javier Rodríguez, que, bien clarito, ha dicho que: «Si él –refiriéndose al Consejero de Sanidad de Castilla-La Mancha, el guadalajareño José Ignacio Echániz no tiene fondos suficientes para pagar lo que cuesta la asistencia sanitaria a sus ciudadanos en la Comunidad de Madrid, pues que los atiendan en su comunidad que es quien tiene la responsabilidad». Estas palabras del consejero madrileño, desde el ámbito de sus competencias y de la institución de la que es alto cargo, son políticamente correctísimas, pero suponen un terrible varapalo para los intereses de los guadalajareños que hace ya más de 30 años que tenemos que pagar muy cara la factura de pertenecer a una región artificial e inventada, como es Castilla-La Mancha, además de muy limitada de recursos, y en la que, para ahondar el problema, no está Madrid, ciudad y comunidad con las que nuestra provincia tiene múltiples e importantes relaciones socioeconómicas de interdependencia, por no decir de dependencia pura y dura, y cuyos recursos son de comunidad de primera, y no de tercera.

Echániz, por su parte, ha confirmado que, efectivamente, es económico el problema para la firma de ese convenio que, y esto ya lo digo yo, entre otras muchas cosas rayanas en el absurdo, evitaría que, cada año, alrededor de mil guadalajareños peregrinen para recibir atención especializada por los hospitales de La Mancha en vez de trasladarse a los mucho más cercanos de Madrid; y no voy a entrar en la calidad asistencial de unos y de otros, por no cuestionar ni ofender a los profesionales sanitarios de la región, ni hacer tabla rasa de algo que tiene muchos matices y singularidades. Volviendo al tema del dinero, es evidente que las cuentas regionales siguen teniendo más telarañas que el bolsillo de Carpanta y que no hay euros suficientes para pagar la importante factura que supone que se atienda en los hospitales de Madrid a los ciudadanos de Castilla-La Mancha que más cerca viven de aquella comunidad, como es el caso de Guadalajara casi entera, excepción hecha de una parte de Molina de Aragón, cuyos vecinos son atendidos en los hospitales de Aragón, gracias al convenio que sí se pudo suscribir hace unos meses, sencillamente porque era poco el montante de la factura aragonesa ya que en Molina, por no quedar, ya no queda casi ni gente para enfermar.

Iñaki Echániz, que ante todo es un político vocacional y de raza y conoce muy bien el problema pues, aunque vallisoletano de nación, es guadalajareño de adopción y vocación desde que era un chavaluco, a pesar de los pesares –o sea, de que aunque se rebajen los impuestos en la región diez meses antes de las elecciones, las cuentas públicas están aún en la UCI- ha lanzado un mensaje de esperanza para el futuro sobre la firma de ese necesario convenio de asistencia sanitaria con Madrid que tantas molestias y quebraderos de cabeza puede evitar a casi todos los guadalajareños y a una parte de los toledanos:  “lo que vamos a hacer» y «será lo antes posible» es «una cosa razonable, sensata e inteligente, que satisfaga a las dos comunidades;  pero lo haremos”. Confío en él y en que ese Convenio se firme pronto y bien y no se quede en un simple “brindis al sol” por causa del calendario electoral. Iñaki se juega mucho en este envite porque para un político no debería haber nada más importante que solucionar un problema que conoce bien y, además, hacerlo de la mejor manera posible.

Para terminar, repito lo que vengo manteniendo desde hace 30 años y me veo obligado a recordar más veces de las que me gustaría: Las comunidades autónomas nacieron, fundamentalmente, para “acercar la Administración al administrado” y se nos vendió que con ellas llegaría una “descentralización” muy beneficiosa para todos que, en Castilla-La Mancha, no ha sido así, al menos desde la perspectiva de Guadalajara, la chepa que le sale por el noreste al resto de la región y la provincia que sólo limita con ésta a través de Cuenca y que ha de cruzar media comunidad de Madrid -incluida su capital que también lo es del Estado- para ir a la capital regional, la bellísima ciudad de Toledo.

Y el PSOE pidiendo federalismo donde ya casi lo hay, sólo para tratar de resolver un problema cada día más irresoluble, como lo es, al menos de fondo, Cataluña, entre otras razones porque el Estado de las autonomías lo ha permitido. ¿Se imaginan ustedes una Castilla-La Mancha estado federal? En esa tesitura, yo me censo en Meco.

P.D. Si este problema de la no atención sanitaria a los habitantes de Guadalajara en Madrid y su consecuente derivación a hospitales de la Mancha se produce hace 15 ó 20 años, los responsables políticos de este hecho no habrían podido salir a la calle porque les habríamos corrido a gorrazos. Esto lo digo para que se lo hagan mirar (los políticos) y nos lo hagamos mirar (todos).

 

 

 

Bailando sin nubes (Septiembre)

 

Septiembre siempre ha sido un mes muy marcado en el calendario vital de Guadalajara por más de un motivo general y, al menos, por otro particular: porque en este mes se acaba el ciclo de verano, que es probablemente la transición más acusada entre estaciones, y porque en él se celebran las Ferias y fiestas de la ciudad. Digo que se celebran en septiembre, pero eso no siempre fue así, pues antes se celebraron en torno a San Lucas, por concesión real de Alfonso X, en la segunda mitad de octubre, y después en torno a Santa Catalina, el 25 de noviembre, por concesión de otro rey, el primer Borbón, Felipe V, al que, por cierto, los catalanes independentistas –que cada día son más, no por casualidad, sino por causalidad: escuela y propaganda, fundamentalmente- culpan de su desafecto a España pues les castigó su apoyo a los Austrias en la Guerra de Sucesión (española, por supuesto, jamás de la independencia catalana) suprimiéndoles su derecho civil propio e imponiéndoles el castellano, tras considerarse traicionado por las Cortes y los nobles catalanes, que habían prometido inicialmente su apoyo al Duque de Anjou, traicionándolo después. Y ya se sabe, el que pierde, paga. Bien lo sabemos eso los castellanos, que no sólo guerras hemos perdido…

Decía que septiembre cede el testigo del verano al otoño y, aunque éste se avenga suave y maquille a los ricos y variados paisajes de las guadalajaras como si de princesas de cuento se tratara, ese cambio de estación es muy acusado pues finalizan muchas cosas y principian muchas otras: se acaban definitivamente las vacaciones, tanto laborales como escolares; las playas vuelven a ser soliloquios de olas rompiendo en la arena o la roca; las carreteras ya sólo se saturarán en los “puentes”, si es que los hay; el calor da paso al fresco, que es como en esta tierra llamamos al frío; las noches le ganan terreno a los días como los prorrusos se lo ganan a los ucranianos, aquéllas a causa de la posición de la Tierra y el Sol y éstos por el apoyo de Putin y su geopolítica; las obligaciones se imponen al ocio; la rutina le gana la batalla a la novedad y lo diferente… y la melancolía –dulce, algunas veces, agria las más- se impone en los estados de ánimo porque parece que con el final del verano, no llega el otoño, sino el invierno y que éste no dura tres, sino seis meses.

Y si a todo esto y más que conlleva septiembre, le unimos que en Guadalajara capital se celebran (y se viven y disfrutan, pero también se gastan y terminan) las Ferias y fiestas, pues convendrán conmigo que este mes es mucho más que un mes aquí. Si las Ferias fueron históricamente de otoño por concesión de dos reyes que reinaron con casi cinco siglos de diferencia –recordar que también tuvo la ciudad el privilegio real de celebración de otra feria en primavera-, en las últimas décadas han ido adelantándose en el calendario hasta llegar a ser de verano y unir su celebración con las fiestas de la Patrona, la Virgen de la Antigua, que si mal no recuerdo, es la primera vez que su festividad coincide con la llamada “semana grande” de Ferias. Últimamente, se venía fijando en el calendario su inicio en el lunes siguiente al 8 de septiembre, día de la Patrona, de tal manera que, además de tener así un criterio fijo para principiar las Ferias después de muchos años de variabilidad en él, a la Patrona se le daba su “semana” y a la fiesta popular la siguiente, uniendo sus celebraciones y acercándolas en el tiempo, pero no confundiéndolas, entre otras razones por una histórica muy poderosa: las Ferias nunca se celebraron con motivo de la festividad de la Virgen de la Antigua. Respeto, pero no comparto, el criterio aducido este año por el concejal de Festejos, mi excompañero y sin embargo amigo, Jaime Carnicero, para adelantar la celebración de las Ferias una semana. En todo caso, y eso es lo importante, espero que transcurran de la mejor manera posible para todos, sin incidentes graves, y con general aceptación y masiva participación, como es habitual. Los nombres propios del programa festivo son opinables, porque para gustos están los colores, pero el modelo está cada vez más asentado y el trabajo de programación y organización por parte del Ayuntamiento me parece que va en buena línea. Además, el espíritu y la actitud festiva están en cada uno de nosotros. ¡A por la fiesta, pues, que ya se adivina, como si fuera el mar de la preciosa canción de Aute, que este año llegará antes que nunca el otoño!

Para terminar, un guiño especial para quienes se van a iniciar este año en el amor en estos días de Ferias, un tiempo muy propicio para el primer beso, la primera caricia o la primera ilusión. Y a ese guiño le voy a poner la música, entre disco y funk, del grupo americano “Earth, wind and fire”, cuando cantaba “September” (Septiembre), un tema de 1978, y que en su estribillo, traducido del inglés, decía algo así:

Dime si recuerdas

                bailando en septiembre.

                Nunca hubo un día con nubes.

La verdad es que en las Ferias de Guadalajara se ha bailado siempre mucho, pero lo que no recuerdo son unas de ellas sin nubes e, incluso, sin lluvia, al menos cuando eran de otoño-otoño. Precisamente en esa negativa circunstancia que suponían las habituales inclemencias meteorológicas con que se solían celebrar las Ferias en octubre, incluso cuando tenían lugar en la última semana de septiembre –años sesenta y setenta del siglo XX-, radicó la decisión de irlas adelantando. Espero que la lluvia no vaya de la mano de las Ferias, sino de los meteoros. Y que llueva, y mucho, pero cuando toque; en todo caso, siempre antes o después de la fiesta.

Volver a Sigüenza

 

Cualquier momento es bueno para volver a Sigüenza –como ya he dicho en alguna ocasión, me reafirmo en que hay lugares, pocos y escogidos, a los que siempre se vuelve, aunque se vaya por primera vez, que no es el caso-, pero este verano nos han dado un motivo excepcional y pintiparado para regresar a la Ciudad del Doncel: contemplar y admirar la extraordinaria y magnífica exposición de los ocho tapices flamencos restaurados, de la serie de Palas Atenea, que está abierta al público desde finales de julio, en la Sala del Claustro de la Catedral de Sigüenza, y el cuadro de La Anunciación, de El Greco, también restaurado, que temporalmente se exhibe en la Capilla de la Concepción, después de estar muchos años colgado, más que expuesto,  en la espectacular Sacristía de las Cabezas. Tanto los tapices como el cuadro se exponen bajo el epígrafe “Universo Greco” que es la “marca“ que se ha otorgado a las contadas exposiciones,  “menores” y “satélites” respecto a las magnas de Toledo y Madrid, que se están celebrando, en el contexto del cuarto centenario del fallecimiento del genial pintor cretense que se afincó en Toledo.

Tapiz Sigüenza  Los ocho tapices flamencos de la serie Palas Atenea, realizados en el siglo XVII en los talleres de Le Clerc y Eggermans, en Bruselas/Brabante (la marca B/B que figura al pie de todos ellos, junto a la firma de los talleres, así lo acredita), han sido magníficamente restaurados por la Real Fábrica de Tapices y lucen espléndidos en un continente que está a la altura del contenido: la Sala del Claustro, adecuadamente restaurada y acondicionada también en tiempo reciente y de manera muy afortunada por el Instituto del Patrimonio Cultural de España que, año tras año, por encargo del Cabildo catedralicio, está interviniendo en la catedral seguntina, con los limitados pero importantísimos fondos del uno por ciento cultural de los PGE que se vienen dedicando a ella. Subrayar que la de Sigüenza es una de las más valiosas del valiosísimo conjunto de las catedrales españolas, que fue la más afectada de todas ellas por la Guerra Civil y a la que el agua, el viento y el tiempo también están deteriorando por erosión de manera acusada, especialmente en sus fachadas exteriores, cebándose con la blandura de la piedra arenisca de las canteras del propio pinar seguntino con la que está construida.

También el Instituto del Patrimonio Cultural restauró la Capilla de la Concepción, en la que ahora se expone La Anunciación, de El Greco, una bella y singular capilla fundada a principios del XVI por Diego Serrano, abad de Santa Coloma, la excepcional iglesia de Albendiego, una de las mejores muestras del románico rural de la provincia. El cuadro restaurado de El Greco ocupa un lugar principal en esta Capilla catedralicia, que también luce como continente tras su restauración, destacando en ella las pinturas naturalistas con paisajes idílicos de sus muros, que se han puesto en valor tras su restauración, aunque prácticamente no se ha intervenido en ellas, optándose por respetar los frescos tal y como se recuperaban, aún a pesar de dar la impresión de que le queda otra fase más intervencionista de restauración, algo que determinarán los expertos en el futuro. Volviendo al cuadro de El Greco, destacar que está confirmada como auténtica su firma en él y que la restauración le ha hecho justicia. Por cierto, se ha sabido recientemente que en el Museo de Bellas Artes de Budapest hay otros dos cuadros de El Greco,  La agonía en el huerto y San Andrés, que según algunos investigadores fueron en su tiempo también propiedad de la Catedral de Sigüenza, saliendo de España a principios del siglo XX, por motivos aún desconocidos.

Anunciación Greco Como empezaba diciendo, el “Universo Greco” me ha llevado de nuevo y con gran placer a Sigüenza e invito encarecidamente a los lectores de este blog a que regresen allí, en cuanto puedan, para no perderse la estupenda oportunidad de disfrutar de esta convocatoria artística y cultural de primer orden que supone contemplar la belleza y admirar el valor de los tapices restaurados de la serie Palas Atenea y la propia sala que los acoge, así como del cuadro de El Greco y de la Capilla de la Concepción. El resto de la catedral sigue ahí, fuerte –haciendo honor al epíteto de ser la “fortis seguntina”-, magnífica, impresionante, restaurándose su interior muy adecuadamente, aunque poco a poco –la reja de la Capilla del Doncel luce rediviva tras una importante intervención en ella y se sigue trabajando en la girola-, si bien en su exterior aún queda mucho e importante por hacer, sobre todo en la portada principal, pero también en la estructura y en la cubierta, que ojalá se pueda acometer antes de que el daño sea irreparable.

No quiero concluir este post sin dejar dicho, porque es justo decirlo, que a favor de Sigüenza y su patrimonio no sólo están trabajando instituciones, muy especialmente su Ayuntamiento y el Obispado, sino que también lo están haciendo, y mucho y muy bien, fundaciones cívicas y personas con nombres y apellidos que quiero aquí destacar: la Fundación Ciudad de Sigüenza, con su presidente, Antonio Manada, y su vicepresidenta, Gloria de las Heras, como referentes de la misma, auténticos artífices de que el “Universo Greco” haya llegado a Sigüenza y grandes promotores –e, incluso, financiadores- de la restauración y exposición de los 8 tapices de la serie Palas Atenea y de que la presidenta regional, Dolores de Cospedal, se haya comprometido públicamente “a hacer cuanto esté en su mano” –que todos sabemos que es mucho- para que también se restauren, próximamente, los tapices de  la serie de Rómulo y Remo, propiedad de la Catedral como los de Palas Atenea, que así podría convertirse en un continente de referencia internacional en este ámbito artístico. Destacar, igualmente, la siempre importante labor de investigación, estudio y divulgación histórico-artística en pro de Sigüenza que realizan Pilar Martínez Taboada y la Fundación que lleva el nombre de su difunto, polifacético y activo padre, Juan Antonio Martínez Gómez-Gordo; ojalá que pronto se cumpla su sueño de poder rehabilitar el edificio de la plaza Mayor que compraron hace años para sede de la Fundación. Y aplaudir, también, la encomiable tarea que está llevando a cabo la Asociación de Amigos de la Iglesia de Santiago, a la que están tratando, con tanto empeño como buen criterio, de poner en valor  y cuyos proyectos de recuperación arquitectónica y de conversión en un Centro de Interpretación del Románico Provincial apoyo de manera entusiasta. Con estas dos fundaciones y esta asociación, pongo nombres propios a lo más destacado y comprometido de la sociedad civil seguntina con su ciudad en materia patrimonial, pero, afortunadamente, la nómina es más amplia y a ella se van incorporando activos de manera progresiva, lo que es una extraordinaria noticia.

Termino diciendo que, aunque es imprescindible que los propios seguntinos y sus instituciones, públicas y privadas, trabajen esforzadamente a favor de la puesta en valor de su riquísimo y excepcional patrimonio, muchos de los proyectos aún pendientes en esta materia sólo podrán acometerse si las instituciones públicas provinciales, regionales, nacionales e, incluso, europeas también se implican en ello y no se les olvida a la hora de presupuestar a quienes son responsables de formar presupuestos públicos, que Sigüenza es el segundo destino turístico, tras Toledo, de Castilla-La Mancha, y no precisamente por casualidad, sino porque en esta ciudad hay mucho arte e historia que ver, conocer y disfrutar y, por tanto, que restaurar, poner en valor y conservar.

Escultor en Nueva York

 

                Afirma un dicho popular, genuinamente guadalajareño, que “igualito es ir a Madrid que hablar con el “Ordinario. El “Ordinario” era un servicio diario de transporte, ida y vuelta, a Madrid, que no sólo traía y llevaba paquetería entre nuestra ciudad y la capital, como hacen las mil y una empresas de este tipo que hay ahora (SEUR, Envialia, MRW, etc.), sino al que también se le hacían encargos muy particulares, como por ejemplo la compra de libros de texto que aquí no se vendían, o cualquier otro tipo de recado. El “Ordinario” tenía su oficina y almacén en la plaza de Oñate, junto al portón trasero de los jardines del Palacio del Infantado, en la que te solucionaban un encargo de o para Madrid con absoluta eficacia y a precio razonable, sin necesidad de ir  a la capital; pero, efectivamente, como apunta el dicho, “igualito” era encargar algo al Ordinario a Madrid que ir tu mismo, sobre todo en aquellos años –hablamos de los cincuenta, sesenta y aún setenta del siglo pasado- en que se iba bien poco a la capital de España porque la frecuencia, velocidad y comodidad de los medios de transporte eran “igualitas” a las de ahora…

En parecida línea a la del dicho del “Ordinario”, mi admirado y querido director en los tiempos pioneros de Radio SER-Guadalajara (otoño del 82 y meses siguientes), Juan de Dios Rodríguez, titula su blog –al que recomiendo encarecidamente entrar porque es de los que merecen la pena en fondo y forma- “Nunca estuve en Nueva York” –www.leyendaviva.blogspot.com-, que me suena a variación de esa recurrente frase-broma que dice: “Yo he estado en Nueva York una o ninguna veces…”. Por cierto, como dice mi maestro y amigo Juan de Dios, yo tampoco he estado nunca en Nueva York, si bien reconozco que es una de las ciudades a las que más me apetece ir pues tengo la sensación de que, aunque sea una urbe enorme en las tres dimensiones –muy ancha, muy larga y muy alta-, con la cantidad de veces que aparece en televisión y, sobre todo, en el cine, voy a poder moverme por ella incluso sin necesidad de GPS, como si hubiera ido, no ninguna, sino al menos dos o tres veces. Pero “igualito” es ver Nueva York por la tele o el cine, que darte un paseo por Central Park, caminar por la Quinta Avenida, ver una obra de teatro en Broadway o ir de compras al Soho

creeft Quien sí fue a Nueva York en 1929 y se quedó allí hasta su muerte en 1982, a la longeva edad de 98 años, fue un paisano nuestro, José de Creeft, que está considerado como uno de los grandes escultores del siglo XX, hasta el punto de tener obra permanentemente expuesta en el Museo de Arte Moderno –el reconocido y célebre MOMA– y ser el autor de uno de los más destacados conjuntos escultóricos que hay en Central Park, dedicado a “Alicia en el País de las Maravillas”, una auténtica pieza mayor de la escultura del XX y en la que a diario se fotografían miles y miles de personas, especialmente niños, como es obvio, dada su composición, figuración y temática. Junto a esta escultura, una placa de bronce recuerda la fecha de su instalación (1959) y, entre otros datos, reconoce a José de Creeft como autor de la misma.

José de Creeft, hijo de militar destinado en Guadalajara –como ocurrió con otros célebres artistas y literatos españoles, como, por ejemplo, Leopoldo Alas “Clarín”, José Ortíz Echagüe o Antonio Buero Vallejo– nació en nuestra ciudad en 1888, exactamente en la vivienda que hoy hace esquina entre la calle de San Gil y la calle Museo –Dr. Benito Hernando-; una placa lo recuerda, si bien cabe matizar que la casa original fue derribada hace una decena de años, aproximadamente, aunque la placa se preservó durante la demolición y, con buen criterio, se reubicó en la fachada de nueva construcción. Pero, por fortuna, no sólo esta huella física y real de José de Creeft queda en la ciudad, a pesar de que en ella apenas vivió su infancia, para marchar después a Madrid, a Barcelona, a París –donde creció definitivamente como escultor y se llegó a relacionar con el gran Rodin– y, finalmente, a Nueva York, donde fijó su residencia definitiva desde 1929 hasta su muerte en 1982, y donde está enterrado. Como decía, la huella de De Creeft en Guadalajara no sólo permanece en su casa natal, sino que también un parque/plaza de la ciudad lleva su nombre y una escultura suya, que es el busto de su propio autorretrato, es propiedad del Ayuntamiento, tras ser generosamente cedida por sus familiares, hecho que contribuyó a recuperar su nombre y su obra para su ciudad, a pesar de que él sólo fue figura de nuestro paisaje urbano en su más tierna infancia. No obstante, mi amigo y hermano Javier Borobia dice, y, como siempre, muy bien y muy bonito dicho, que “la infancia es la verdadera patria de los hombres”.

Placa Escultura José de Creeft en Central Park          Como ya he comentado, nuestro paisano José de Creeft llegó a Nueva York, para después establecerse definitivamente allí, en un año tintado en negro de luto en el calendario vital norteamericano y aún mundial: 1929, el año del “crack” de la Bolsa neoyorkina que tanta penuria llevó a tantos hogares, no sólo norteamericanos, y que supuso un terremoto y una catarsis en las teorías y, sobre todo, en las praxis económicas, que a raíz de aquello hubieron de revisarse y renovarse. Casualmente, en 1929 se desplazó también a Nueva York, para vivir allí durante unos meses, el gran poeta español de la generación del 27, Federico García Lorca. En ese tiempo, Lorca escribió una de las que, a mi juicio, es de sus mejores obras, titulada, como casi no podía ser de otra manera, “Poeta en Nueva York”, de la que entresaco estos versos, a mi juicio bellísimos:

“(…)Debajo de las multiplicaciones

hay una gota de sangre de pato.

Debajo de las divisiones

hay una gota de sangre de marinero.

Debajo de las sumas,

un río de sangre tierna.

Un río que viene cantando

por los dormitorios de los arrabales,

y es plata, cemento o brisa

en el alba mentida de New York (…)”

Setenta años después de que José de Creeft y Lorca coincidieran en Nueva York y éste último escribiera su “Poeta” allí, nuevamente un gran poeta español, José Hierro, escribió otro  gran poemario en y sobre la ciudad que muchos consideran como la capital del mundo, titulado “Cuaderno de Nueva York”, del que también entresaco unos versos para cerrar el post de hoy con el que, parafraseando al gran Cervantes, ya pongo el pie en el estribo con las ansias de… las vacaciones. Como siempre, a Comillas, donde el pie de las montañas está al borde del mar, cerca de la indeleble y extraordinaria huella que dejaron en esa hermosa villa santanderina, hoy Cantabria, el gran Gaudí y otros modernistas, entre ellos escultores casi coetáneos de De Creeft como Llimona o Domenech y Montaner. Os dejo con estos seis versos de José Hierro y su “Cuaderno en Nueva York”, con la sugerencia de que lo leáis completo, aprovechando el relajado y ocioso tiempo de verano:

Bebo el último whisky en el “Kiss bar”,

la última margarita en “Santa FE”,

rodeo luego la ciudad y su muralla de agua.

Desisto de adentrarme en su recinto.

Solo deseo ya dormir, dormir,

tal vez soñar.

 

De Letras femeninas y con mayúsculas

Dos extraordinarias mujeres de letras (mayúsculas) nacidas en la provincia de Guadalajara, Aurora Egido (Molina de Aragón, 1946) y Clara Sánchez (Guadalajara, 1955), han sido protagonistas en las últimas semanas de dos importantes y muy positivas noticias, algo que en los tiempos de tanta grisura y pesares que nos condicionan se agradece, y mucho, y que son recibidas con alegría, como la amada recibía el regreso de su “señor” a Guadalajara y lo comparaba con el nacimiento en ella de un rayo de sol, según se recoge en una de las primeras veces, si no la primera misma, que se citó a esta ciudad en una creación literaria, gracias a Yehuda Halevi, quien, a finales del siglo XI o principios del XII, escribió estos preciosos versos en una jarcha mozárabe:

 

Des cuand mio Cidiello viénid

                        Tan buona albischara

                        Com rayo de sol éxid

                        En  Wadalachyara

 

(Cuando mio Cidiello (mi señor) viene

            ¡qué buenas albricias!

            Como un rayo de sol sale

            en Guadalajara)

 

Efectivamente, se puede considerar como una excelente noticia el hecho de que la filóloga molinesa, Aurora Egido, haya pronunciado hace apenas un mes su discurso de ingreso en la Real Academia Española de la Lengua (RAE), en el que ocupa como titular el sillón B (mayúscula), que previamente detentaba, hasta su fallecimiento, el gran cineasta, José Luis Borau. Aurora Egido es catedrática de Literatura Española en la Universidad de Zaragoza, especialista en el “Siglo de Oro” y destacada estudiosa de la obra de Baltasar Gracián. Precisamente, su extenso discurso de ingreso en la RAE –¡conformado por más de 350 folios, que se dice pronto…!-, lo dedicó a este gran escritor y pensador jesuita aragonés del siglo XVII, autor del “Criticón”, y llevó por título “La búsqueda de la inmortalidad en la obra de Baltasar Gracián”.

Por su parte, Clara Sánchez, nacida en Guadalajara pero estrechamente vinculada a Galápagos, que, como ya destacamos en su día en este mismo blog (http://guadalajaradiario.es/blogs/jesusorea/2013/10/17/planeta-guadalajara), es la única escritora que ha ganado tres de los más importantes premios de novela en lengua española: el Planeta (2013), el Nadal (2010) y el Alfaguara (2000), acaba de ganar también el prestigioso Premio Roma, en Italia, a la mejor novela extranjera, con la misma obra que triunfó en el Planeta: “El cielo ha vuelto”. A Clara Sánchez, después de triunfar en España con ese trío de “ases” de la novela nacional que conforman el Paneta, el Nadal y el Alfaguara, le ha venido a la mano un cuarto “as” para reunir un “póker” con este importante premio italiano, lo que es prueba irrefutable de que su literatura es de la mejor y por ello hasta soporta traducciones y es exportable, no en vano su obra está en proceso de traducción en quince países. Después de tantos y tan importantes premios y el favor que goza por parte del público pues sus libros se venden muy bien –el mejor premio para cualquier escritor-, es evidente que nuestra paisana es uno de los referentes literarios principales en el ámbito de la novela española en estos principios del siglo XXI, que es cuando más ha sobresalido su obra.

Salvo error u omisión, Aurora Egido es la segunda guadalajareña, tras Buero Vallejo, en ocupar sillón en la RAE en sus 300 años de historia, que se cumplieron precisamente el año pasado y que se van a conmemorar con la última edición en papel de su célebre diccionario, que saldrá el próximo otoño y que alcanzará ya la vigésimo tercera. Las nuevas tecnologías sustituirán a las clásicas y la próxima edición de este importante diccionario ya será sólo virtual.

La molinesa Aurora Egido es la novena mujer en ocupar un asiento como académica titular entre los 46 que tiene la RAE, siguiendo la estela de grandes escritoras y filólogas como Carmen Conde –la primera mujer que entró en ella, en 1979-, Elena Quiroga, Ana María Matute –recientemente fallecida-, Carmen Iglesias, Margarita Salas, Soledad Puértolas, Inés Fernández Ordóñez y Carmen Riera.

La curiosidad por indagar en la obra de Aurora Egido me ha llevado a echar un vistazo a la de Baltasar Gracián, de la que como ya he comentado es su principal estudiosa en la actualidad. Gracián fue un pensador y escritor de referencia para otros posteriores tan importantes como los alemanes Schopenhauer o Nietzsche, y autor de tratados de ética y moral muy célebres, como “El Criticón”, “El Político” y “Oráculo manual y arte de prudencia”, entre otros. Leyendo algunos de estos textos de Gracián, he tomado nota de los siguientes aforismos contenidos en ellos y me he permitido asignárselos a algunos políticos españoles de hoy; pero sin acritud alguna, como diría Felipe González:

 

–           A Mariano Rajoy: «Algunos quieren que su extremada perspicacia domine sobre las limitaciones de sus colaboradores. Es una peligrosa satisfacción que merece un castigo fatal. La grandeza del superior nunca disminuyó por la competencia del subordinado».

 

–           A Alfredo Pérez Rubalcaba: “Es una máxima de los prudentes dejar las cosas antes de que ellas los dejen”.

 

–          A Artur Mas: “Otra de las máximas de los prudentes es no seguir adelante en la necedad”.

 

–          A Pablo Iglesias (“Podemos”; por cierto, ¿no es la traducción literal del “Yes we can” de Obama?, ¡copiota!): “Es muy importante distinguir al hombre de palabras del hombre de hechos. Los presuntuosos se satisfacen con el viento. Las palabras deben ir acompañadas de hechos y así tienen valor”.

 

–          A Pedro Sánchez: “No comenzar con demasiada expectación. Es un chasco frecuente ver que todo lo que recibe muchos elogios antes de que ocurra no llegará después a la altura esperada. Lo real nunca puede alcanzar a lo imaginado”.

 

Y, para terminar, un aforismo de Gracián para todos en general y para nadie en particular: “Písese siempre firme en el medio y no se vaya por extremos, que son peligrosos todos”.

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