Diccionario básico del PP: Edición Rajoy-09-2014

 

                Al hilo de los últimos acontecimientos políticos, que tienen a España bien calentita -como si la hubieran metido en un microondas, a 800 watios de potencia, y durante bastantes minutos-, se me ocurre pensar que el diccionario de la RAE ya no es la principal referencia del castellano limpiado, fijado y dotado de esplendor por sus académicos, sino que, como en la política misma de hoy, todo vale en el pensar y en el decir, y las palabras pueden significar ahora una cosa y luego incluso la contraria, sin esperar si quiera a mañana, sobre todo cuando se trata de definir con ellas valores y principios, haciéndose cada día más acertada y atinada la siempre genial frase de Groucho Marx que dice: “Estos son mis principios, pero si no le gustan, tengo otros”.

Así la cosa pública –en latín, res publica-, muy especialmente la retirada del nuevo proyecto de ley de interrupción del embarazo que impulsaba hasta ayer el gobierno, votado a favor en su primer trámite parlamentario por el 99 por ciento de sus diputados –con la única excepción de la díscola Celia Villalobos– y que figuraba en el programa electoral con el que Mariano Rajoy ganó las elecciones generales de 2011 por mayoría absoluta, algunas entradas del diccionario de español, versión “Rajoy, septiembre 2014”, podrían ver alterados sus significados originales por estos otros:

Aborto: Interrupción del embarazo por razones naturales o deliberadamente provocadas y que también es de aplicación para leyes por razones electoralistas.

Arriola (Pedro): Asesor áulico del PP al que Rajoy ha puesto en sustitución del ideario del partido. Está casado con Celia Villalobos, la única diputada del PP que pública y notoriamente se manifestó en contra del proyecto de nueva ley del aborto cuando se inició su trámite parlamentario.

Dedocracia: Forma en que suele ejercer el poder dentro de su partido y gobierno el señor Rajoy, seguramente porque a él le fue muy bien esta práctica cuando su predecesor, José María Aznar, le situó “a dedo” como candidato del PP a la presidencia del gobierno en 2004.

Gallardón (Alberto Ruiz): Político del PP que comenzó siendo el ministro más valorado del gobierno de Rajoy y ha acabado siendo el penúltimo en valoración. Eso sí, ha hecho honor a su apellido y ha tenido la gallardía de marcharse del gobierno cuando se ha visto desautorizado por su presidente tras acometer un encargo de éste, como era la elaboración y tramitación de una nueva ley del aborto, y tratar de cumplir el programa electoral de su partido.

Idea: Concepto, opinión o juicio formado de alguien o algo que puede ser cambiado de la noche a la mañana y, si corre prisa, de un minuto para otro.

Principio: Voz arcaica, en desuso, tanto formal como conceptualmente.

Programa (electoral): Como no dijo el fundador del PP, pero sí un destacado dirigente socialista, Enrique Tierno Galván, un catálogo de promesas que se hacen para incumplirse.

Rajoy (Mariano): Político del PP que actualmente es presidente del gobierno y que cuando te lo encuentras en una escalera no sabes si sube o baja y si le preguntas que adónde va, contesta que “depende”.

Tancredo (Don): Posición de inmovilidad absoluta y actitud de verlas venir en medio de la arena política en la que se han quedado muchos dirigentes del PP que, por razón de principios e, incluso, de creencias, estaban a favor de reformar la vigente Ley del Aborto. Esta posición, si se contempla de perfil, es parecida a la llamada “del egipcio”.

Valor: Principio mutable, flexible, moldeable, maleable e intercambiable.

El peligro de que las palabras, como las ideas, los principios y los valores muten en función de la dirección en que sopla el viento es que éste, aunque tenga direcciones dominantes, se puede producir en una “rosa” de hasta 360 grados. Y hablando de la rosa de los vientos, significar que el máximo peligro de una travesía marítima en una embarcación a vela se produce cuando rola el viento, es decir, cuando cambia brusca e inesperadamente de dirección e, incluso, de intensidad. En este supuesto es bastante probable el naufragio.

 

Sanidad autonómica y federal

              

                Aunque intuíamos el motivo, por fin hemos sabido, de forma fehaciente, que la firma del Convenio para la atención sanitaria en Madrid de los habitantes de Castilla-La Mancha, que afecta muy especialmente a los de la mayor parte de la provincia de Guadalajara y a los del toledano Corredor de la Sagra, no es una cuestión de letra pequeña, sino de letras de cambio; o sea, de parné, de pasta, de viruta, de manteca, de money,… o como ustedes quieran  o gusten llamar al dinero, ese “poderoso caballero” que, como decía el gran Quevedo, es capaz de igualar “al rico y al pordiosero” y de humillar al “cobarde y al guerrero”.

Y que sepamos por fin la verdad de la buena sobre la dilación en la firma de ese importantísimo convenio sanitario, sobre todo para Guadalajara, se lo debemos al Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, Francisco Javier Rodríguez, que, bien clarito, ha dicho que: «Si él –refiriéndose al Consejero de Sanidad de Castilla-La Mancha, el guadalajareño José Ignacio Echániz no tiene fondos suficientes para pagar lo que cuesta la asistencia sanitaria a sus ciudadanos en la Comunidad de Madrid, pues que los atiendan en su comunidad que es quien tiene la responsabilidad». Estas palabras del consejero madrileño, desde el ámbito de sus competencias y de la institución de la que es alto cargo, son políticamente correctísimas, pero suponen un terrible varapalo para los intereses de los guadalajareños que hace ya más de 30 años que tenemos que pagar muy cara la factura de pertenecer a una región artificial e inventada, como es Castilla-La Mancha, además de muy limitada de recursos, y en la que, para ahondar el problema, no está Madrid, ciudad y comunidad con las que nuestra provincia tiene múltiples e importantes relaciones socioeconómicas de interdependencia, por no decir de dependencia pura y dura, y cuyos recursos son de comunidad de primera, y no de tercera.

Echániz, por su parte, ha confirmado que, efectivamente, es económico el problema para la firma de ese convenio que, y esto ya lo digo yo, entre otras muchas cosas rayanas en el absurdo, evitaría que, cada año, alrededor de mil guadalajareños peregrinen para recibir atención especializada por los hospitales de La Mancha en vez de trasladarse a los mucho más cercanos de Madrid; y no voy a entrar en la calidad asistencial de unos y de otros, por no cuestionar ni ofender a los profesionales sanitarios de la región, ni hacer tabla rasa de algo que tiene muchos matices y singularidades. Volviendo al tema del dinero, es evidente que las cuentas regionales siguen teniendo más telarañas que el bolsillo de Carpanta y que no hay euros suficientes para pagar la importante factura que supone que se atienda en los hospitales de Madrid a los ciudadanos de Castilla-La Mancha que más cerca viven de aquella comunidad, como es el caso de Guadalajara casi entera, excepción hecha de una parte de Molina de Aragón, cuyos vecinos son atendidos en los hospitales de Aragón, gracias al convenio que sí se pudo suscribir hace unos meses, sencillamente porque era poco el montante de la factura aragonesa ya que en Molina, por no quedar, ya no queda casi ni gente para enfermar.

Iñaki Echániz, que ante todo es un político vocacional y de raza y conoce muy bien el problema pues, aunque vallisoletano de nación, es guadalajareño de adopción y vocación desde que era un chavaluco, a pesar de los pesares –o sea, de que aunque se rebajen los impuestos en la región diez meses antes de las elecciones, las cuentas públicas están aún en la UCI- ha lanzado un mensaje de esperanza para el futuro sobre la firma de ese necesario convenio de asistencia sanitaria con Madrid que tantas molestias y quebraderos de cabeza puede evitar a casi todos los guadalajareños y a una parte de los toledanos:  “lo que vamos a hacer» y «será lo antes posible» es «una cosa razonable, sensata e inteligente, que satisfaga a las dos comunidades;  pero lo haremos”. Confío en él y en que ese Convenio se firme pronto y bien y no se quede en un simple “brindis al sol” por causa del calendario electoral. Iñaki se juega mucho en este envite porque para un político no debería haber nada más importante que solucionar un problema que conoce bien y, además, hacerlo de la mejor manera posible.

Para terminar, repito lo que vengo manteniendo desde hace 30 años y me veo obligado a recordar más veces de las que me gustaría: Las comunidades autónomas nacieron, fundamentalmente, para “acercar la Administración al administrado” y se nos vendió que con ellas llegaría una “descentralización” muy beneficiosa para todos que, en Castilla-La Mancha, no ha sido así, al menos desde la perspectiva de Guadalajara, la chepa que le sale por el noreste al resto de la región y la provincia que sólo limita con ésta a través de Cuenca y que ha de cruzar media comunidad de Madrid -incluida su capital que también lo es del Estado- para ir a la capital regional, la bellísima ciudad de Toledo.

Y el PSOE pidiendo federalismo donde ya casi lo hay, sólo para tratar de resolver un problema cada día más irresoluble, como lo es, al menos de fondo, Cataluña, entre otras razones porque el Estado de las autonomías lo ha permitido. ¿Se imaginan ustedes una Castilla-La Mancha estado federal? En esa tesitura, yo me censo en Meco.

P.D. Si este problema de la no atención sanitaria a los habitantes de Guadalajara en Madrid y su consecuente derivación a hospitales de la Mancha se produce hace 15 ó 20 años, los responsables políticos de este hecho no habrían podido salir a la calle porque les habríamos corrido a gorrazos. Esto lo digo para que se lo hagan mirar (los políticos) y nos lo hagamos mirar (todos).

 

 

 

Bailando sin nubes (Septiembre)

 

Septiembre siempre ha sido un mes muy marcado en el calendario vital de Guadalajara por más de un motivo general y, al menos, por otro particular: porque en este mes se acaba el ciclo de verano, que es probablemente la transición más acusada entre estaciones, y porque en él se celebran las Ferias y fiestas de la ciudad. Digo que se celebran en septiembre, pero eso no siempre fue así, pues antes se celebraron en torno a San Lucas, por concesión real de Alfonso X, en la segunda mitad de octubre, y después en torno a Santa Catalina, el 25 de noviembre, por concesión de otro rey, el primer Borbón, Felipe V, al que, por cierto, los catalanes independentistas –que cada día son más, no por casualidad, sino por causalidad: escuela y propaganda, fundamentalmente- culpan de su desafecto a España pues les castigó su apoyo a los Austrias en la Guerra de Sucesión (española, por supuesto, jamás de la independencia catalana) suprimiéndoles su derecho civil propio e imponiéndoles el castellano, tras considerarse traicionado por las Cortes y los nobles catalanes, que habían prometido inicialmente su apoyo al Duque de Anjou, traicionándolo después. Y ya se sabe, el que pierde, paga. Bien lo sabemos eso los castellanos, que no sólo guerras hemos perdido…

Decía que septiembre cede el testigo del verano al otoño y, aunque éste se avenga suave y maquille a los ricos y variados paisajes de las guadalajaras como si de princesas de cuento se tratara, ese cambio de estación es muy acusado pues finalizan muchas cosas y principian muchas otras: se acaban definitivamente las vacaciones, tanto laborales como escolares; las playas vuelven a ser soliloquios de olas rompiendo en la arena o la roca; las carreteras ya sólo se saturarán en los “puentes”, si es que los hay; el calor da paso al fresco, que es como en esta tierra llamamos al frío; las noches le ganan terreno a los días como los prorrusos se lo ganan a los ucranianos, aquéllas a causa de la posición de la Tierra y el Sol y éstos por el apoyo de Putin y su geopolítica; las obligaciones se imponen al ocio; la rutina le gana la batalla a la novedad y lo diferente… y la melancolía –dulce, algunas veces, agria las más- se impone en los estados de ánimo porque parece que con el final del verano, no llega el otoño, sino el invierno y que éste no dura tres, sino seis meses.

Y si a todo esto y más que conlleva septiembre, le unimos que en Guadalajara capital se celebran (y se viven y disfrutan, pero también se gastan y terminan) las Ferias y fiestas, pues convendrán conmigo que este mes es mucho más que un mes aquí. Si las Ferias fueron históricamente de otoño por concesión de dos reyes que reinaron con casi cinco siglos de diferencia –recordar que también tuvo la ciudad el privilegio real de celebración de otra feria en primavera-, en las últimas décadas han ido adelantándose en el calendario hasta llegar a ser de verano y unir su celebración con las fiestas de la Patrona, la Virgen de la Antigua, que si mal no recuerdo, es la primera vez que su festividad coincide con la llamada “semana grande” de Ferias. Últimamente, se venía fijando en el calendario su inicio en el lunes siguiente al 8 de septiembre, día de la Patrona, de tal manera que, además de tener así un criterio fijo para principiar las Ferias después de muchos años de variabilidad en él, a la Patrona se le daba su “semana” y a la fiesta popular la siguiente, uniendo sus celebraciones y acercándolas en el tiempo, pero no confundiéndolas, entre otras razones por una histórica muy poderosa: las Ferias nunca se celebraron con motivo de la festividad de la Virgen de la Antigua. Respeto, pero no comparto, el criterio aducido este año por el concejal de Festejos, mi excompañero y sin embargo amigo, Jaime Carnicero, para adelantar la celebración de las Ferias una semana. En todo caso, y eso es lo importante, espero que transcurran de la mejor manera posible para todos, sin incidentes graves, y con general aceptación y masiva participación, como es habitual. Los nombres propios del programa festivo son opinables, porque para gustos están los colores, pero el modelo está cada vez más asentado y el trabajo de programación y organización por parte del Ayuntamiento me parece que va en buena línea. Además, el espíritu y la actitud festiva están en cada uno de nosotros. ¡A por la fiesta, pues, que ya se adivina, como si fuera el mar de la preciosa canción de Aute, que este año llegará antes que nunca el otoño!

Para terminar, un guiño especial para quienes se van a iniciar este año en el amor en estos días de Ferias, un tiempo muy propicio para el primer beso, la primera caricia o la primera ilusión. Y a ese guiño le voy a poner la música, entre disco y funk, del grupo americano “Earth, wind and fire”, cuando cantaba “September” (Septiembre), un tema de 1978, y que en su estribillo, traducido del inglés, decía algo así:

Dime si recuerdas

                bailando en septiembre.

                Nunca hubo un día con nubes.

La verdad es que en las Ferias de Guadalajara se ha bailado siempre mucho, pero lo que no recuerdo son unas de ellas sin nubes e, incluso, sin lluvia, al menos cuando eran de otoño-otoño. Precisamente en esa negativa circunstancia que suponían las habituales inclemencias meteorológicas con que se solían celebrar las Ferias en octubre, incluso cuando tenían lugar en la última semana de septiembre –años sesenta y setenta del siglo XX-, radicó la decisión de irlas adelantando. Espero que la lluvia no vaya de la mano de las Ferias, sino de los meteoros. Y que llueva, y mucho, pero cuando toque; en todo caso, siempre antes o después de la fiesta.

Volver a Sigüenza

 

Cualquier momento es bueno para volver a Sigüenza –como ya he dicho en alguna ocasión, me reafirmo en que hay lugares, pocos y escogidos, a los que siempre se vuelve, aunque se vaya por primera vez, que no es el caso-, pero este verano nos han dado un motivo excepcional y pintiparado para regresar a la Ciudad del Doncel: contemplar y admirar la extraordinaria y magnífica exposición de los ocho tapices flamencos restaurados, de la serie de Palas Atenea, que está abierta al público desde finales de julio, en la Sala del Claustro de la Catedral de Sigüenza, y el cuadro de La Anunciación, de El Greco, también restaurado, que temporalmente se exhibe en la Capilla de la Concepción, después de estar muchos años colgado, más que expuesto,  en la espectacular Sacristía de las Cabezas. Tanto los tapices como el cuadro se exponen bajo el epígrafe “Universo Greco” que es la “marca“ que se ha otorgado a las contadas exposiciones,  “menores” y “satélites” respecto a las magnas de Toledo y Madrid, que se están celebrando, en el contexto del cuarto centenario del fallecimiento del genial pintor cretense que se afincó en Toledo.

Tapiz Sigüenza  Los ocho tapices flamencos de la serie Palas Atenea, realizados en el siglo XVII en los talleres de Le Clerc y Eggermans, en Bruselas/Brabante (la marca B/B que figura al pie de todos ellos, junto a la firma de los talleres, así lo acredita), han sido magníficamente restaurados por la Real Fábrica de Tapices y lucen espléndidos en un continente que está a la altura del contenido: la Sala del Claustro, adecuadamente restaurada y acondicionada también en tiempo reciente y de manera muy afortunada por el Instituto del Patrimonio Cultural de España que, año tras año, por encargo del Cabildo catedralicio, está interviniendo en la catedral seguntina, con los limitados pero importantísimos fondos del uno por ciento cultural de los PGE que se vienen dedicando a ella. Subrayar que la de Sigüenza es una de las más valiosas del valiosísimo conjunto de las catedrales españolas, que fue la más afectada de todas ellas por la Guerra Civil y a la que el agua, el viento y el tiempo también están deteriorando por erosión de manera acusada, especialmente en sus fachadas exteriores, cebándose con la blandura de la piedra arenisca de las canteras del propio pinar seguntino con la que está construida.

También el Instituto del Patrimonio Cultural restauró la Capilla de la Concepción, en la que ahora se expone La Anunciación, de El Greco, una bella y singular capilla fundada a principios del XVI por Diego Serrano, abad de Santa Coloma, la excepcional iglesia de Albendiego, una de las mejores muestras del románico rural de la provincia. El cuadro restaurado de El Greco ocupa un lugar principal en esta Capilla catedralicia, que también luce como continente tras su restauración, destacando en ella las pinturas naturalistas con paisajes idílicos de sus muros, que se han puesto en valor tras su restauración, aunque prácticamente no se ha intervenido en ellas, optándose por respetar los frescos tal y como se recuperaban, aún a pesar de dar la impresión de que le queda otra fase más intervencionista de restauración, algo que determinarán los expertos en el futuro. Volviendo al cuadro de El Greco, destacar que está confirmada como auténtica su firma en él y que la restauración le ha hecho justicia. Por cierto, se ha sabido recientemente que en el Museo de Bellas Artes de Budapest hay otros dos cuadros de El Greco,  La agonía en el huerto y San Andrés, que según algunos investigadores fueron en su tiempo también propiedad de la Catedral de Sigüenza, saliendo de España a principios del siglo XX, por motivos aún desconocidos.

Anunciación Greco Como empezaba diciendo, el “Universo Greco” me ha llevado de nuevo y con gran placer a Sigüenza e invito encarecidamente a los lectores de este blog a que regresen allí, en cuanto puedan, para no perderse la estupenda oportunidad de disfrutar de esta convocatoria artística y cultural de primer orden que supone contemplar la belleza y admirar el valor de los tapices restaurados de la serie Palas Atenea y la propia sala que los acoge, así como del cuadro de El Greco y de la Capilla de la Concepción. El resto de la catedral sigue ahí, fuerte –haciendo honor al epíteto de ser la “fortis seguntina”-, magnífica, impresionante, restaurándose su interior muy adecuadamente, aunque poco a poco –la reja de la Capilla del Doncel luce rediviva tras una importante intervención en ella y se sigue trabajando en la girola-, si bien en su exterior aún queda mucho e importante por hacer, sobre todo en la portada principal, pero también en la estructura y en la cubierta, que ojalá se pueda acometer antes de que el daño sea irreparable.

No quiero concluir este post sin dejar dicho, porque es justo decirlo, que a favor de Sigüenza y su patrimonio no sólo están trabajando instituciones, muy especialmente su Ayuntamiento y el Obispado, sino que también lo están haciendo, y mucho y muy bien, fundaciones cívicas y personas con nombres y apellidos que quiero aquí destacar: la Fundación Ciudad de Sigüenza, con su presidente, Antonio Manada, y su vicepresidenta, Gloria de las Heras, como referentes de la misma, auténticos artífices de que el “Universo Greco” haya llegado a Sigüenza y grandes promotores –e, incluso, financiadores- de la restauración y exposición de los 8 tapices de la serie Palas Atenea y de que la presidenta regional, Dolores de Cospedal, se haya comprometido públicamente “a hacer cuanto esté en su mano” –que todos sabemos que es mucho- para que también se restauren, próximamente, los tapices de  la serie de Rómulo y Remo, propiedad de la Catedral como los de Palas Atenea, que así podría convertirse en un continente de referencia internacional en este ámbito artístico. Destacar, igualmente, la siempre importante labor de investigación, estudio y divulgación histórico-artística en pro de Sigüenza que realizan Pilar Martínez Taboada y la Fundación que lleva el nombre de su difunto, polifacético y activo padre, Juan Antonio Martínez Gómez-Gordo; ojalá que pronto se cumpla su sueño de poder rehabilitar el edificio de la plaza Mayor que compraron hace años para sede de la Fundación. Y aplaudir, también, la encomiable tarea que está llevando a cabo la Asociación de Amigos de la Iglesia de Santiago, a la que están tratando, con tanto empeño como buen criterio, de poner en valor  y cuyos proyectos de recuperación arquitectónica y de conversión en un Centro de Interpretación del Románico Provincial apoyo de manera entusiasta. Con estas dos fundaciones y esta asociación, pongo nombres propios a lo más destacado y comprometido de la sociedad civil seguntina con su ciudad en materia patrimonial, pero, afortunadamente, la nómina es más amplia y a ella se van incorporando activos de manera progresiva, lo que es una extraordinaria noticia.

Termino diciendo que, aunque es imprescindible que los propios seguntinos y sus instituciones, públicas y privadas, trabajen esforzadamente a favor de la puesta en valor de su riquísimo y excepcional patrimonio, muchos de los proyectos aún pendientes en esta materia sólo podrán acometerse si las instituciones públicas provinciales, regionales, nacionales e, incluso, europeas también se implican en ello y no se les olvida a la hora de presupuestar a quienes son responsables de formar presupuestos públicos, que Sigüenza es el segundo destino turístico, tras Toledo, de Castilla-La Mancha, y no precisamente por casualidad, sino porque en esta ciudad hay mucho arte e historia que ver, conocer y disfrutar y, por tanto, que restaurar, poner en valor y conservar.

Escultor en Nueva York

 

                Afirma un dicho popular, genuinamente guadalajareño, que “igualito es ir a Madrid que hablar con el “Ordinario. El “Ordinario” era un servicio diario de transporte, ida y vuelta, a Madrid, que no sólo traía y llevaba paquetería entre nuestra ciudad y la capital, como hacen las mil y una empresas de este tipo que hay ahora (SEUR, Envialia, MRW, etc.), sino al que también se le hacían encargos muy particulares, como por ejemplo la compra de libros de texto que aquí no se vendían, o cualquier otro tipo de recado. El “Ordinario” tenía su oficina y almacén en la plaza de Oñate, junto al portón trasero de los jardines del Palacio del Infantado, en la que te solucionaban un encargo de o para Madrid con absoluta eficacia y a precio razonable, sin necesidad de ir  a la capital; pero, efectivamente, como apunta el dicho, “igualito” era encargar algo al Ordinario a Madrid que ir tu mismo, sobre todo en aquellos años –hablamos de los cincuenta, sesenta y aún setenta del siglo pasado- en que se iba bien poco a la capital de España porque la frecuencia, velocidad y comodidad de los medios de transporte eran “igualitas” a las de ahora…

En parecida línea a la del dicho del “Ordinario”, mi admirado y querido director en los tiempos pioneros de Radio SER-Guadalajara (otoño del 82 y meses siguientes), Juan de Dios Rodríguez, titula su blog –al que recomiendo encarecidamente entrar porque es de los que merecen la pena en fondo y forma- “Nunca estuve en Nueva York” –www.leyendaviva.blogspot.com-, que me suena a variación de esa recurrente frase-broma que dice: “Yo he estado en Nueva York una o ninguna veces…”. Por cierto, como dice mi maestro y amigo Juan de Dios, yo tampoco he estado nunca en Nueva York, si bien reconozco que es una de las ciudades a las que más me apetece ir pues tengo la sensación de que, aunque sea una urbe enorme en las tres dimensiones –muy ancha, muy larga y muy alta-, con la cantidad de veces que aparece en televisión y, sobre todo, en el cine, voy a poder moverme por ella incluso sin necesidad de GPS, como si hubiera ido, no ninguna, sino al menos dos o tres veces. Pero “igualito” es ver Nueva York por la tele o el cine, que darte un paseo por Central Park, caminar por la Quinta Avenida, ver una obra de teatro en Broadway o ir de compras al Soho

creeft Quien sí fue a Nueva York en 1929 y se quedó allí hasta su muerte en 1982, a la longeva edad de 98 años, fue un paisano nuestro, José de Creeft, que está considerado como uno de los grandes escultores del siglo XX, hasta el punto de tener obra permanentemente expuesta en el Museo de Arte Moderno –el reconocido y célebre MOMA– y ser el autor de uno de los más destacados conjuntos escultóricos que hay en Central Park, dedicado a “Alicia en el País de las Maravillas”, una auténtica pieza mayor de la escultura del XX y en la que a diario se fotografían miles y miles de personas, especialmente niños, como es obvio, dada su composición, figuración y temática. Junto a esta escultura, una placa de bronce recuerda la fecha de su instalación (1959) y, entre otros datos, reconoce a José de Creeft como autor de la misma.

José de Creeft, hijo de militar destinado en Guadalajara –como ocurrió con otros célebres artistas y literatos españoles, como, por ejemplo, Leopoldo Alas “Clarín”, José Ortíz Echagüe o Antonio Buero Vallejo– nació en nuestra ciudad en 1888, exactamente en la vivienda que hoy hace esquina entre la calle de San Gil y la calle Museo –Dr. Benito Hernando-; una placa lo recuerda, si bien cabe matizar que la casa original fue derribada hace una decena de años, aproximadamente, aunque la placa se preservó durante la demolición y, con buen criterio, se reubicó en la fachada de nueva construcción. Pero, por fortuna, no sólo esta huella física y real de José de Creeft queda en la ciudad, a pesar de que en ella apenas vivió su infancia, para marchar después a Madrid, a Barcelona, a París –donde creció definitivamente como escultor y se llegó a relacionar con el gran Rodin– y, finalmente, a Nueva York, donde fijó su residencia definitiva desde 1929 hasta su muerte en 1982, y donde está enterrado. Como decía, la huella de De Creeft en Guadalajara no sólo permanece en su casa natal, sino que también un parque/plaza de la ciudad lleva su nombre y una escultura suya, que es el busto de su propio autorretrato, es propiedad del Ayuntamiento, tras ser generosamente cedida por sus familiares, hecho que contribuyó a recuperar su nombre y su obra para su ciudad, a pesar de que él sólo fue figura de nuestro paisaje urbano en su más tierna infancia. No obstante, mi amigo y hermano Javier Borobia dice, y, como siempre, muy bien y muy bonito dicho, que “la infancia es la verdadera patria de los hombres”.

Placa Escultura José de Creeft en Central Park          Como ya he comentado, nuestro paisano José de Creeft llegó a Nueva York, para después establecerse definitivamente allí, en un año tintado en negro de luto en el calendario vital norteamericano y aún mundial: 1929, el año del “crack” de la Bolsa neoyorkina que tanta penuria llevó a tantos hogares, no sólo norteamericanos, y que supuso un terremoto y una catarsis en las teorías y, sobre todo, en las praxis económicas, que a raíz de aquello hubieron de revisarse y renovarse. Casualmente, en 1929 se desplazó también a Nueva York, para vivir allí durante unos meses, el gran poeta español de la generación del 27, Federico García Lorca. En ese tiempo, Lorca escribió una de las que, a mi juicio, es de sus mejores obras, titulada, como casi no podía ser de otra manera, “Poeta en Nueva York”, de la que entresaco estos versos, a mi juicio bellísimos:

“(…)Debajo de las multiplicaciones

hay una gota de sangre de pato.

Debajo de las divisiones

hay una gota de sangre de marinero.

Debajo de las sumas,

un río de sangre tierna.

Un río que viene cantando

por los dormitorios de los arrabales,

y es plata, cemento o brisa

en el alba mentida de New York (…)”

Setenta años después de que José de Creeft y Lorca coincidieran en Nueva York y éste último escribiera su “Poeta” allí, nuevamente un gran poeta español, José Hierro, escribió otro  gran poemario en y sobre la ciudad que muchos consideran como la capital del mundo, titulado “Cuaderno de Nueva York”, del que también entresaco unos versos para cerrar el post de hoy con el que, parafraseando al gran Cervantes, ya pongo el pie en el estribo con las ansias de… las vacaciones. Como siempre, a Comillas, donde el pie de las montañas está al borde del mar, cerca de la indeleble y extraordinaria huella que dejaron en esa hermosa villa santanderina, hoy Cantabria, el gran Gaudí y otros modernistas, entre ellos escultores casi coetáneos de De Creeft como Llimona o Domenech y Montaner. Os dejo con estos seis versos de José Hierro y su “Cuaderno en Nueva York”, con la sugerencia de que lo leáis completo, aprovechando el relajado y ocioso tiempo de verano:

Bebo el último whisky en el “Kiss bar”,

la última margarita en “Santa FE”,

rodeo luego la ciudad y su muralla de agua.

Desisto de adentrarme en su recinto.

Solo deseo ya dormir, dormir,

tal vez soñar.

 

De Letras femeninas y con mayúsculas

Dos extraordinarias mujeres de letras (mayúsculas) nacidas en la provincia de Guadalajara, Aurora Egido (Molina de Aragón, 1946) y Clara Sánchez (Guadalajara, 1955), han sido protagonistas en las últimas semanas de dos importantes y muy positivas noticias, algo que en los tiempos de tanta grisura y pesares que nos condicionan se agradece, y mucho, y que son recibidas con alegría, como la amada recibía el regreso de su “señor” a Guadalajara y lo comparaba con el nacimiento en ella de un rayo de sol, según se recoge en una de las primeras veces, si no la primera misma, que se citó a esta ciudad en una creación literaria, gracias a Yehuda Halevi, quien, a finales del siglo XI o principios del XII, escribió estos preciosos versos en una jarcha mozárabe:

 

Des cuand mio Cidiello viénid

                        Tan buona albischara

                        Com rayo de sol éxid

                        En  Wadalachyara

 

(Cuando mio Cidiello (mi señor) viene

            ¡qué buenas albricias!

            Como un rayo de sol sale

            en Guadalajara)

 

Efectivamente, se puede considerar como una excelente noticia el hecho de que la filóloga molinesa, Aurora Egido, haya pronunciado hace apenas un mes su discurso de ingreso en la Real Academia Española de la Lengua (RAE), en el que ocupa como titular el sillón B (mayúscula), que previamente detentaba, hasta su fallecimiento, el gran cineasta, José Luis Borau. Aurora Egido es catedrática de Literatura Española en la Universidad de Zaragoza, especialista en el “Siglo de Oro” y destacada estudiosa de la obra de Baltasar Gracián. Precisamente, su extenso discurso de ingreso en la RAE –¡conformado por más de 350 folios, que se dice pronto…!-, lo dedicó a este gran escritor y pensador jesuita aragonés del siglo XVII, autor del “Criticón”, y llevó por título “La búsqueda de la inmortalidad en la obra de Baltasar Gracián”.

Por su parte, Clara Sánchez, nacida en Guadalajara pero estrechamente vinculada a Galápagos, que, como ya destacamos en su día en este mismo blog (http://guadalajaradiario.es/blogs/jesusorea/2013/10/17/planeta-guadalajara), es la única escritora que ha ganado tres de los más importantes premios de novela en lengua española: el Planeta (2013), el Nadal (2010) y el Alfaguara (2000), acaba de ganar también el prestigioso Premio Roma, en Italia, a la mejor novela extranjera, con la misma obra que triunfó en el Planeta: “El cielo ha vuelto”. A Clara Sánchez, después de triunfar en España con ese trío de “ases” de la novela nacional que conforman el Paneta, el Nadal y el Alfaguara, le ha venido a la mano un cuarto “as” para reunir un “póker” con este importante premio italiano, lo que es prueba irrefutable de que su literatura es de la mejor y por ello hasta soporta traducciones y es exportable, no en vano su obra está en proceso de traducción en quince países. Después de tantos y tan importantes premios y el favor que goza por parte del público pues sus libros se venden muy bien –el mejor premio para cualquier escritor-, es evidente que nuestra paisana es uno de los referentes literarios principales en el ámbito de la novela española en estos principios del siglo XXI, que es cuando más ha sobresalido su obra.

Salvo error u omisión, Aurora Egido es la segunda guadalajareña, tras Buero Vallejo, en ocupar sillón en la RAE en sus 300 años de historia, que se cumplieron precisamente el año pasado y que se van a conmemorar con la última edición en papel de su célebre diccionario, que saldrá el próximo otoño y que alcanzará ya la vigésimo tercera. Las nuevas tecnologías sustituirán a las clásicas y la próxima edición de este importante diccionario ya será sólo virtual.

La molinesa Aurora Egido es la novena mujer en ocupar un asiento como académica titular entre los 46 que tiene la RAE, siguiendo la estela de grandes escritoras y filólogas como Carmen Conde –la primera mujer que entró en ella, en 1979-, Elena Quiroga, Ana María Matute –recientemente fallecida-, Carmen Iglesias, Margarita Salas, Soledad Puértolas, Inés Fernández Ordóñez y Carmen Riera.

La curiosidad por indagar en la obra de Aurora Egido me ha llevado a echar un vistazo a la de Baltasar Gracián, de la que como ya he comentado es su principal estudiosa en la actualidad. Gracián fue un pensador y escritor de referencia para otros posteriores tan importantes como los alemanes Schopenhauer o Nietzsche, y autor de tratados de ética y moral muy célebres, como “El Criticón”, “El Político” y “Oráculo manual y arte de prudencia”, entre otros. Leyendo algunos de estos textos de Gracián, he tomado nota de los siguientes aforismos contenidos en ellos y me he permitido asignárselos a algunos políticos españoles de hoy; pero sin acritud alguna, como diría Felipe González:

 

–           A Mariano Rajoy: «Algunos quieren que su extremada perspicacia domine sobre las limitaciones de sus colaboradores. Es una peligrosa satisfacción que merece un castigo fatal. La grandeza del superior nunca disminuyó por la competencia del subordinado».

 

–           A Alfredo Pérez Rubalcaba: “Es una máxima de los prudentes dejar las cosas antes de que ellas los dejen”.

 

–          A Artur Mas: “Otra de las máximas de los prudentes es no seguir adelante en la necedad”.

 

–          A Pablo Iglesias (“Podemos”; por cierto, ¿no es la traducción literal del “Yes we can” de Obama?, ¡copiota!): “Es muy importante distinguir al hombre de palabras del hombre de hechos. Los presuntuosos se satisfacen con el viento. Las palabras deben ir acompañadas de hechos y así tienen valor”.

 

–          A Pedro Sánchez: “No comenzar con demasiada expectación. Es un chasco frecuente ver que todo lo que recibe muchos elogios antes de que ocurra no llegará después a la altura esperada. Lo real nunca puede alcanzar a lo imaginado”.

 

Y, para terminar, un aforismo de Gracián para todos en general y para nadie en particular: “Písese siempre firme en el medio y no se vaya por extremos, que son peligrosos todos”.

Crónica festiva de la reconquista de Guadalajara (y III)

 La noche de San Juan de 1085

Después de mucho divagar sobre los acontecimientos que precedieron a la reconquista de Guadalajara a los árabes, cúmplenos hablarles del hecho concreto que propició el retorno de la capital de las guadalajaras a la cristiandad, después de cerca de cuatro siglos de dominio musulmán.

Muchas son las posibilidades que se barajan en torno a la forma en que Guadalajara pasó a ser dominio de la corona castellana. De la fuente de cada historiador a la que hemos acudido a beber, manan aguas de diferentes calidades y cantidades, aunque cada una de ellas, por sí misma, se bastaría para calmar la sed historiográfica, unas por su rigor, otras por su ingenio novelado e, incluso, alguna por su fantasía desbordante.

  Layna Serrano, por ejemplo, opina que la ciudad de Guadalajara fue reconquistada antes que la de Toledo, otorgando al capitán “zamorano, primo, amigo y asesor del Cid”, Alvarfáñez –las últimas investigaciones apuntan a que no era zamorano, sino burgalés, concretamente de la zona de Urbaneja, ni tampoco primo, amigo o asesor del de Vivar–  el protagonismo de nuestra reconquista. Layna piensa que Guadalajara se rindió a las tropas castellanas sin que mediara lucha alguna, tras una posible capitulación de los notables de la ciudad, que pactarían con Alvarfáñez las condiciones de la entrega, sin contar con el vecindario. Otro notable historiador, Francisco de Torres, también cree que no se produjo ningún tipo de lucha y que fue en 1085 cuando se tomó la ciudad.

Un historiador del siglo XVII, Alonso Núñez de Castro, es quien aporta una mayor dosis de leyenda a la reconquista de Guadalajara, creyéndola ocurrió en la noche de San Juan Bautista, después de estar sitiada la ciudad por las tropas castellanas durante algún tiempo y, tras una escaramuza musulmana en el campamento de los cristianos que, como respuesta, se debieron adentrar en la ciudad a la grupa de sus caballos, sembrando el pánico y la desmoralización entre sus habitantes, de tal manera que, pocos días después, se rendirían.

          Juan Catalina nos habla de otro historiador, Fray Juan de Talamanco, que apunta a Alvarfáñez como capitán de las huestes castellanas que reconquistaron Guadalajara, en la mismísima noche de San Juan, saliendo de entre las sombras y alumbrado por la estrella de la fortuna y que, tras apoderarse por sorpresa de Orche –así, sin “h”-, haría seguidamente lo propio con Guadalajara.

El actual Cronista Provincial, Antonio Herrera Casado, que nos ha obsequiado con unos magníficos trabajos acerca de la reconquista de Guadalajara, resume el hecho, de este modo tan sencillo y, muy aproximadamente, cierto: “Un día llegó un mensajero oficial desde Toledo, diciendo simplemente que la ciudad de Guadalajara, como el resto del reino, pasaba al dominio de Castilla, con lo que la jerarquía árabe quedaba definitivamente depuesta”.

Así cuentan -más bien especulan, en algún caso- los historiadores que pudo haber ocurrido aquél hecho tan trascendente de nuestra historia, hace ahora 900 años, pero, la verdad, recogida a través de la tradición de dos antepasados nuestros, “Parmenius de la Vega” y “Diego de la Concordia”, es muy diferente. Veamos: Hallábanse Parmenius y Diego, en las postreras horas del día de San Juan del año de nuestro Señor de 1085, en esos momentos en que la magia de la noche es capaz de convertir en maeses a los legos, apurando la “antepenúltima” en el Mesón “El Povedano”, próximo a la Puerta de Feria, santuario enológico y musarniego de los mozárabes arriacenses, cuando Alvarfáñez, acompañado de Nuño Sotalari, penetró en la taberna, después de varios meses de asedio e incordio a la ciudad. Discretamente apostados en un rincón del “Povedano”, esperábanles Al Qadir y Tres-Halah-Chicah para ventilar, en una partida de mus, con baraja de a cuarenta, cuatro reyes cristianos y cuatro califas moros, la posesión de la ciudad.

Ya metidos en amarracos y jugándose la definitiva, era mano Al Qadir. Tres-Halah-Chicah da mus, Alvarfáñez no duda en cortarlo y exclama: “¡Las de Hontanares!”. Al Qadir, que ni aún pares había cogido, no vio otro escape que tirarse una antorcha (entonces no había faroles) y jugóse la partida y la ciudad en un órdago a la chica. Sobre la tabla del “Povedano” no hubo más ases que los cuatro que Nuño Sotalari puso sobre ella, conociéndosele desde entonces como Nuño “Pitolari” pues, bien sabido es que, en el mus, a los ases y a los doses, se les llama “pitos”.

Al Qadir marchó desterrado, precisamente, a Hontanares y, a su paso por las Cuatro Calzadas -cruce de vías del tiempo de los romanos que los cristianos luego bautizaron como “Cuatro Caminos”-, ploró mientras su suegra le decía: “Llora como mujer lo que no has sabido defender con el órdago”.

Así, y no hay más, fue reconquistada Guadalajara. El lunes próximo, 24 y San Juan, se cumplirá el 900 aniversario de aquel memorable suceso ¡Habrá que celebrarlo: pintan copas!

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Como los dos que le han precedido, este artículo que cierra la serie “Crónica festiva de la reconquista de Guadalajara” fue publicado en el semanario “Flores y Abejas”, de fecha 19 de junio de 1985, en el entorno de la conmemoración que entonces se hizo del noveno centenario de la reconquista de la ciudad de Guadalajara, atribuida a Alvarfáñez, de quien se ha conmemorado ahora el noveno centenario de su muerte. Por cierto, me consta que el conocido periodista y escritor guadalajareño, Antonio Pérez Henares, “Chani”, está ultimando una novela histórica que tendrá a Alvarfáñez como protagonista principal, que probablemente lleve por título “La tierra de Alvarfáñez”, y para la que ha contado con el asesoramiento histórico de un gran medievalista, compañero y amigo como es Plácido Ballesteros. La eficaz narrativa y la brillante descriptiva de “Chani”, unidas al conocimiento y rigor históricos de Plácido conforman un sólido binomio que, estoy seguro, contribuirá a que conozcamos a un Alvarfáñez aún más grande de lo hasta ahora creído, sobre todo si juzgamos a los personajes medievales por los resultados acreditados de sus hechos y no sólo por las leyendas y los cantares de gesta que hablan de ellos, los recrecen, los menguan o, directamente, los silencian.

Crónica festiva de la reconquista de Guadalajara (II)

La Guadalajara musulmana

             Sin ánimo de pisarle la frase a Fray Luis de León, “decíamos ayer…” que Guadalajara permaneció bajo dominio musulmán durante más de 370 años. Las primeras huestes sarracenas que entraron en nuestra ciudad estaban al mando del conocido Tarik quien, junto con el “moro Muza”, puso fin a la dinastía visigoda reinante en España hasta el año 711, tras derrotar a Don Rodrigo en la archinombrada batalla de Guadalete. Desde la época de Tarik hasta la del último rey taifa de Toledo, muchos y notables fueron los hechos que acontecieron en estas tierras que hoy son y se llaman Guadalajara, con los musulmanes y los cristianos como protagonistas principales, sin olvidarnos de los omnipresentes y omnipotentes judíos que, a buen seguro, financiaron la mayor parte de las campañas bélicas de unos y de otros, obteniendo con ello pingües beneficios que, dadas las turbulencias de aquél tiempo, tratarían de ocultar en sus declaraciones fiscales a Al-Montoro, ministro de Hacienda de entonces.

Cuentan los historiadores que, en los dos primeros siglos de dominación musulmana, Guadalajara fue tierra de todos y de nadie, dadas las continuas incursiones de los ejércitos de uno y otro bando en el territorio ajeno. Esta situación de interinidad continua llevó al Emir, Al Hakem I, hacia una política de construcción de fortificaciones en la zona que se inició, precisamente, en la capital, a la que entregó el dinero de un botín –no confundir con el dinero de Botín, el del Santander– para fortalecerla, dejando cautivos  para que trabajaran en ello. Este noble gesto de Al Hakem I se produjo, según cuenta el historiador musulmán Ibn-Idari, a raíz de la petición que una mujer de Guadalajara le hizo en este sentido al Emir. El computadora-Idari no se recrea más en el relato, dejando para la imaginación calenturienta de sus estudiosos las circunstancias y consecuencias que rodearon la súplica de la mujer alcarreña a quien Al Hakem permutó su nombre de cristiana por el árabe de Hala-Maja-Bahjate la Faja.

Aquella política de fortificaciones cobró una dimensión más notoria con el advenimiento al poder de Ab-al-Rahman III. El califa cordobés asentó sus reales en Guadalajara cuando se dirigía, al frente de sus tropas, hacia tierras de la Marca Superior, capitalizada por Zaragoza. A-III –no confundir con la carretera de Valencia-, así conocido “Abderramán” por Ibn-Idari para facilitar su trabajo en el procesador de datos, dedicó buena parte de su reinado a pacificar y tranquilizar sus dominios, mandando reparar y consolidar fortalezas, torres y atalayas desde Talavera hasta Lérida, pasando por Atienza, de tal manera que cualquier ataque enemigo a la zona de Miedes y Atienza, por ejemplo, era con prontitud conocido en castillos como el de Ribas de Jarama o Canillejas de Madrid.

Durante el tiempo que A-III permaneció por estas tierras de la meseta, muchos fueron los hombres que se sucedieron en el gobierno de la ciudad, por citar a algunos: Arzaq b. Maysaray –conocido por su buen gusto en el yantar y por sus estrellas Michelín-, Sa´id B Warit o Utman b. Ubaydallah, sin olvidarnos del ya viejo conocido “Said”, o “Pepe”, que precedió a todos ellos. Estos continuos cambios propiciaron que el edificio gubernamental de Fernández Iparraguirre, situado en el entonces llamado Paseo de las Medias Lunas, fuera durante muchos años conocido como el de Quantoh-durah-rás.

Nos dejamos en el tintero muchos y grandes relatos sobre la presencia musulmana en las guadalajaras. Olvidamos hablar del paso de Almanzor por Atienza, ciudad a la que prácticamente destruyó cuando iba camino de Calatañazor, ajeno al conocimiento de su pésima suerte posterior. También hemos ignorado nombres de musulmanes alcarreños que destacaron en los campos de las artes y de las ciencias, como Ibrahim-ben Wazamor, que vivió en tiempo de Al Mamún y escribió un estudio biográfico-antológico de prosistas e historiadores de Guadalajara, o Alcarreñoh-depura-Zepa, que escribió una breve, pero bella, colección de aforismos pareados, de los que podríamos citar éste: “El puente no es romano, aunque lo digan los cristianos; es árabe, pues así se lo oí decir a mi padre”.

En fin, tiempo largo y tendido podríamos seguir hablando de la presencia musulmana en Guadalajara, pero, serénense, porque no lo vamos a hacer. La próxima semana hablaremos de la noche de San Juan, Alvarfáñez y… el gobierno. ¿Pactó Alvarfáñez un gobierno de concentración en la ciudad? ¿Hizo valer el rodillo de sus lanzas en lo salones comunales de la Plaza Mayor? ¿Tuvieron judíos y moros sillón en la Permanente? ¿Cómo fue reconquistada de verdad Guadalajara por los cristianos?

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Como el que le precedió, este artículo fue publicado en el semanario “Flores y Abejas”, de fecha 12 de junio de 1985, en el entorno de la conmemoración que entonces se hizo del noveno centenario de la reconquista de la ciudad de Guadalajara, atribuida a Alvarfáñez de Minaya, de quien se ha conmemorado en la primavera de 2014 el noveno centenario de su muerte. Téngase en cuenta el estilo festivo en que está escrito, muy del gusto de los finales del siglo XIX, cuando vio la luz por primera vez “Flores y Abejas”.

 

 

Crónica festiva de la reconquista de Guadalajara (I)

 

Tentativas de reconquista

             Wadi-l-hiyara o Madinat al Faradj, que así de raro llamaban a Guadalajara los árabes, estuvo bajo dominio musulmán más de 370 años. Durante todo este tiempo, muchos fueron los intentos de los monarcas cristianos por reconquistar a los infieles sarracenos nuestra capital, seguramente conscientes del importante papel que, siglos después, jugaría en el Renacimiento español, bajo el poder y el mecenazgo de los Mendoza.

El primer intento serio de reconquista de Guadalajara lo protagonizó Ordoño I, en los albores del siglo IX, con una incursión de sus tropas hasta Salamanca, algara rechazada con prontitud por el emir Muhammad I, que asestó un fuerte directo en el mentón de Ordoño, similar al que, posteriormente, un descendiente suyo, Muhammad Alí, así llamado tras Malcolm X, antes Cassius Clay, le propinó en el rostro a Joe Frazier cuando ambos pugnaron por el Campeonato del Mundo de Boxeo, en la categoría de los Pesos Pesados. Coincidiendo con la campaña de Ordoño I por las proximidades de Guadalajara, gobernaba entonces nuestra ciudad un tal Faradj, descendiente de los bereberes y que, según los historiadores, fue un célebre personaje que se enseñoreó de estas tierras, a las que dio su nombre, y que por aquellos tiempos eran capital de la Marca Media de Al Andalus.

Sería un monarca aficionado al buen coñac, Alfonso III “El Magno”, quien protagonizaría la segunda tentativa de reconquista de las tierras guadalajareñas, ya finalizado el siglo IX, aunque tan sólo pudo conquistar Atienza, entregándosele sin resistencia alguna, si bien pronto retornaría a manos musulmanas.

    Ordoño II, en el primer cuarto del siglo X, llegó a conquistar con sus tropas enclaves árabes en suelo alcarreño, como Pálmaces, Castejón y Cendejas, después de derrotar en San Esteban de Gormaz a Abd al-Rahmán III, primer soberano español de la dinastía hispano-musulmana que tomó el nombre de “Califa”. Poco le duraría al guerrero Ordoño II la alegría de la victoria ya que, meses después, en Valdejunquera y a domicilio, el Califa musulmán derrotó sin paliativos al rey cristiano, volviendo a poner las cosas en su sitio.

Abd al-Rahmán III, “in illo tempore”, o sea, en aquel tiempo, nombró Visir a S`aid B al Mundir al-Qurasi, entonces Gobernador de Guadalajara, al que sus súbditos musulmanes conocían popularmente como “Said” y los mozárabes como “Pepe”, dado lo prolijo del pronunciamiento de su nombre, desconociéndose si eran de su agrado tan familiares apelativos.

Desde las campañas de Ordoño II por las vegas del Henares y el Badiel, escasas fueron las tentativas de reconquista de la capital y su entorno, remontándose ya a 1078 cuando Fernando I “El Grande” -así llamado por ser ascendiente del pívot de baloncesto, Fernando Romay, como por su “gran” interés en reconquistar Guadalajara- llegó a tomar la ciudad y su territorio, al tiempo que sitió Alcalá de Henares. Súplicas y ventajosos ofrecimientos del rey taifa de Toledo le hicieron abandonar el sitio y las plazas ganadas, no considerándose protegido en ellas al haberse dejado olvidada la póliza de seguro de vida, suscrita con el judío Ben Mapfre, en la sede de su Corte.

Estamos ya a tiro “lápidum” de la reconquista definitiva de Guadalajara. ¿Pasó el Cid, camino de Valencia, por nuestra riñonada alcarreña? ¿Fue mediante la lucha o el pacto como Alvarfáñez entró en Guadalajara? ¿Fue Alfonso VI quien ordenó la muerte de su hermano Sancho en el sitio de Zamora?… No dejen de leer el próximo capítulo.

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Este artículo fue publicado en “Flores y Abejas” –el semanario tristemente desaparecido, decano de la prensa provincial, en el que me hice mayor y periodista- el 5 de junio de 1985, con motivo de la celebración del noveno centenario de la reconquista de la ciudad de Guadalajara, atribuida a Alvarfáñez de Minaya, de quien en estas últimas semanas se ha venido conmemorando el noveno centenario de su muerte. El singular estilo festivo en el que está escrito el artículo, incardinado en la propia tradición de “Flores y Abejas”, que nació en 1894 como semanario “literario, festivo y de noticias”, el reflejo que en él se contiene de las distintas tesis que se manejan sobre la reconquista de la ciudad y la oportunidad que le otorga la efeméride de Alvarfáñez que se conmemora, me han llevado a rescatarle para esta “Misión al pueblo desierto” en GD. La segunda y tercera parte de esta “Crónica festiva de la reconquista de Guadalajara” también se publicarán en este mismo blog en las próximas entregas.

 

Perros verdes

         

De políticos de color verde, no por su grado de lascivia y lujuria –que eso queda para su esfera privada-, sino por la rareza de sus dichos y de sus actos, está el panorama nacional llenito, aunque hay que reconocer que, a poco que abramos las páginas de internacional de cualquier periódico o escuchemos/veamos las noticias de ese ámbito en radio y/o televisión, en el mundo hay cada vez más políticos que convierten en posible lo improbable y en habitual lo excepcional, simplemente porque “ellos lo valen”, como dice el viejo slogan publicitario de una conocida marca de cosméticos. De entre ese tipo de políticos que venden perros verdes como si tal cosa, a destacar el bolivariano y chavista presidente de Venezuela, el exconductor de autobuses Nicolás Maduro que es capaz hasta de afirmar públicamente que un pajarito le sopla al oído frecuentemente cosas y que ese ave es el mismísimo expresidente Chávez reencarnado. ¡Qué quieren que les diga: a mí Chavez siempre me pareció un “pájaro”, pero no precisamente un pajarito…!

Sin dejar Sudamérica, la presidenta de argentina, Cristina Fernández de Kirchner, cuando el bótox que inunda sus labios se lo permite, también larga por su boquita, no precisamente de piñón, algunas cosas que ella cree normales, pero que tienen la misma normalidad que el que un perro, o dos, nazcan de color verde. Por ejemplo, el año pasado atribuyó públicamente a que ella había nacido en el “Año de la Serpiente” del calendario chino el hecho de que Argentina estrechara sus relaciones con el gigante asiático, como si la política y los intereses internacionales tuvieran algo que ver con el horóscopo o el zodiaco. Claro que, peor aún fue lo de intentar cargar la muerte de su marido a un líder sindical argentino, aduciendo que éste le había dado un fuerte disgusto en una discusión que, según ella, precipitó el fallo cardiaco de su queridísimo Néstor quien, y esto sí que es verdad de la buena y sin tinte alguno, dejó dicho en vida que a su muy querida Cristina no había que llevarle problemas “porque se enreda”.

perro-verdeY aunque las dos crías verdes de podenco hayan nacido en la ribera del Duero, últimamente por donde más perros verdes nos están intentando vender, como si fuera un hecho frecuente y normal, es por el Penedés, el Priorato y demás zonas vitivinícolas, o no, de Cataluña, ese gran país español que lo es desde el mismo nacimiento de España que, a su vez, es uno de los Estados más antiguos de Europa y aún del mundo. El problema es que la historia se escriba y, sobre todo, se cuente y se enseñe a la medida de los intereses del nacionalismo radical, que es la idea política más casposa, trasnochada, insolidaria, injusta y, a veces, hasta indecente que puede uno apoyar y defender pues parte de un principio absolutamente antidemocrático y antiético que es el de la diferenciación entre el ser humano por su origen regional y, lo que es peor aún, por lo que tiene y por lo que paga y recibe del Estado. Con esta interesadísima visión, los nacionalistas radicales –que lo son casi todos, unos en acto y otros en potencia, como diría Aristóteles-, apuestan por su separación de aquellos que viven en unos sitios más pobres y de los que la gente, por cierto, tuvo que emigrar masivamente en busca de otros de mayor fortuna, principalmente Cataluña, precisamente para ayudarles a ser aún más ricos y diferentes, pero no de nación, sino de bolsillo. Igual que el infausto Carod-Rovira pidió en su día a los del 15 M que se “mearan” en España, yo me cisco en quien piensa y dice que “España nos roba”, porque si quieren conocer la España a la que le robaron hasta los hombres, no hace falta que se vayan muy lejos, basta con que se den una vuelta por la meseta castellana y verán pueblos y tierras llenas de la soledad de gentes que se vieron obligadas a emigrar.

El nacionalismo moderado catalán que representaba CiU, y que durante muchos años fue posibilista y pragmático y colaboró, ciertamente, en la gobernabilidad de España, en realidad era un lobo disfrazado de cordero, o un perro verde tintado de común para no llamar la atención en la camada, que cada vez que apuntalaba un gobierno, bien de la UCD, bien del PSOE o bien del PP, iba socavando al Estado recursos y competencias, especialmente las de educación. Así las cosas, bien aleccionadas las nuevas generaciones en los “col.legis”,  comido el coco descaradamente al personal en los medios de comunicación, laminado y zaherido todo lo español y llegado un momento de debilidad extrema de España por la grave crisis en la que estamos inmersa, el nacionalismo radical catalán –como decía antes, todo él ya lo es, o casi- lejos de arrimar el hombro y ser solidario con el resto de las regiones españolas, ha sacado los pies de las alforjas y cuestionado y atacado agresiva y activamente la integridad de España, justo cuando más nos necesitamos unos a otros. Y lo peor de todo es que en pos del fin del independentismo les importa a los independentistas un bledo los medios para llegar a él, dejando el famoso “seny” catalán aparcado en la cuneta y cayendo en unas estrategias más cercanas a las de los talibanes que a las de los almogávares.

Por mucho que el señor Mas se esfuerce en hacer y decir lo que le conviene a Oriol Junqueras y al nacionalismo de izquierdas catalán –por cierto, yo creía que en las bases ideológicas de la izquierda estaba el internacionalismo, no lo contrario, pero los perros verdes maman en las camadas que se dejan-, Cataluña tiene más pasado y presente común con España que futuro fuera de ella y, por ende, de Europa.

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