El Calendario Zaragozano, las Cabañuelas y las Témporas

             Decía don Hilarión, en ese pedazo de zarzuela que es “La verbena de la paloma”, que “hoy los tiempos adelantan que es una barbaridad”. Y decía bien, a pesar de que lo dijo en 1894 –año en que se estrenó esta obra con música de Tomás Bretón y libreto de Ricardo de la Vega-, cuando los tiempos adelantaban más bien poco, al menos en comparación con los actuales en que, sobre todo en el ámbito de las tecnologías de la comunicación y la información, se ha avanzado más en tres décadas que en cinco siglos, de tal forma que, hasta hace bien poquito, el mismísimo Gutenberg podría haberse puesto al día en una imprenta tipográfica sin demasiado esfuerzo, mientras que ahora le parecería un mundo totalmente desconocido para él la edición e impresión digitales.

             Y en lo que también han avanzado los tiempos que es una barbaridad es en la predicción meteorológica, antes absolutamente precaria y acientífica, a pesar de ser muy útil y conveniente adelantarse al tempero para que los labradores y los ganaderos pudieran planificar debidamente sus tareas y que los meteoros no echaran por tierra esa planificación. Si los hombres del campo de antaño hubieran dispuesto de la veraz y puntual información meteorológica de que se dispone hoy, se habrían evitado muchos disgustos y muchos fiascos que sumar al sudor y las lágrimas que, antes de que llegara la mecanización al ámbito agropecuario, eran la verdadera gasolina en los labrantíos.

zaragozano   A falta de satélites y demás elementos que desde hace ya unos cuantos años ayudan a predecir el tiempo, con una fiabilidad casi absoluta y una antelación cada vez mayor, antes se predecía a medio y largo plazo con métodos tradicionales que tenían más que ver con tareas propias de chamanes que de científicos o que se basaban más en cálculos de probabilidades que de certezas realmente previsibles. De entre estos métodos tradicionales de predicción meteorológica destacan las llamadas “Cabañuelas”, una técnica previsora de origen judío muy curiosa pues, en función del tiempo que hace cada uno de los primeros veinticuatro días de agosto, se predice lo que hará en los doce meses siguientes. Las “Cabañuelas” solían ser el método de previsión meteorológica a largo plazo más utilizadas en el sur de España y en Sudamérica, aunque también se tenían noticias de ellas en toda la península Ibérica, si bien, en las zonas más septentrionales de nuestro país, desde Cataluña hasta Galicia, había otro método de predicción meteorológica llamado de las “Témporas”. Se hacían cuatro témporas, una por estación, y consistía en predecir el tiempo que iba a hacer los próximos tres meses, en función de la observación que se hiciese del cielo durante tres días seguidos, sobre la medianoche, correspondiendo cada día con un mes de la témpora que se trataba de predecir. Por cierto, no es seguro que éstas sean las témporas a las que se refiere ese conocido dicho de “no confundir el culo con las témporas” pues hay quien sostiene que esas son las sienes, en particular, y la zona temporal de la cabeza, en general. Dicho queda.

Por cierto, este año me ha regalado un buen amigo, más alcarreño que el Mambrú de Arbeteta y de esos que están cuando los necesitas y con los que el tiempo discurre ameno y siempre se aprenden cosas, un “Calendario Zaragozano”, la publicación que fundara en 1840 el “célebre astrónomo” –así se le califica en la propia publicación- don Mariano Castillo y Ocsiero. Este calendario, que ahora se vende al precio de 1,80 euros, faltaba en muy pocas casas de labradores en décadas pasadas pues en él se incluían –y se siguen incluyendo- un “juicio universal meteorológico”, un “calendario con los pronósticos del tiempo”, el santoral completo, los días de celebración de ferias y mercados en las principales poblaciones de España, así como un amplio compendio de citas y refranes tradicionales.

No me resigno a reproducir, literalmente, el “juicio universal meteorológico para toda España” recogido en el “Calendario Zaragozano” de 2014 para el presente mes de enero, cuando todos sabemos que, en lo meteorológico y, por desgracia, cada vez en muchas cosas más, no hay una España, sino muchas: “ENERO.- Será anublado y revuelto, pero no en demasía, al principio; al mediar, con vientos del NE, fríos y secos, aumentarán las escarchas y heladas, aunque también habrá días apacibles y de bastante mejor temple. Al ir finalizando, volverán a moverse con violencia los vientos del NO, empeorando el temporal con bastante destemple, por lo que se volverán a producir recias escarchas y heladas. Tiempo duro de invierno”. Sin ánimo de contradecir las palabras ni de contravenir los intereses de los sucesores de don Mariano Castillo, este “juicio meteorológico” del “Calendario Zaragozano” para enero de 2014 y “para toda España” es un pregón de lo obvio, como no podría ser de otra manera, pues ni siquiera la AEMET considera fiable ningún pronóstico del tiempo superior a diez días. Vamos que, según este popular calendario, en enero ha hecho, está haciendo y va a hacer frío –se trata de las primeras semanas de invierno y los vientos dominantes suelen ser del Norte- y ha habido, hay y habrá escarchas y heladas, consecuencia de esos fríos y esos vientos.

A lo que no me resigno es a reproducir, también literalmente, la frase que el “Calendario Zaragozano” incorpora en su edición de 2014 para acompañar el santoral completo de la primera quincena del mes de enero: “Trata de amar al prójimo. Ya me dirás el resultado” (J. P. Sartre). También reproduzco, a ver si es verdad, el refrán que acompaña esta misma página: “Agua de enero, todo el año tiene tempero”. Y apunten: la primera luna llena de 2014 se producirá a las 4,53 horas del día 16 de enero, festividad de San Fulgencio, patrón de Plasencia, Murcia y Cartagena. El Calendario Zaragozano dixit.

Jano bifronte y algunas venerables piedras

             Éstas que, desde 1833, conforman los alrededor de 12.000 kilómetros cuadrados de extensión que llamamos Guadalajara, fueron tierras de paso de gran parte de las culturas que llegaron a la Península Ibérica y, por ello, hay, cuanto menos, significativos y, en algunos casos, realmente importantes vestigios arqueológicos de ese mosaico de pueblos que por aquí han pasado, dejando su huella, en unos casos más superficial que en otros, pero indelebles todas.

             Sobre todo por la zona de Molina de Aragón y, especialmente, gracias a la labor arqueológica pionera que allí desarrolló el Marqués de Cerralbo, abundan los restos de castros celtíberos, pues, aquella del ahora Este de las guadalajaras, fue tierra de asentamiento de estos pueblos prerromanos, entre ellos los arévacos, el pueblo que defendió Numancia frente a los romanos hasta la inmolación. El castro celtíbero del Ceremeño, en Herrería, es uno de los yacimientos arqueológicos celtíberos más importantes de la tierra molinesa y aún del centro de España, si bien hasta la alcazaba de Molina de Aragón fue erigida por los árabes sobre un antiguo castro. Por cierto, hablando de la alcazaba molinesa, digno es de destacar el magnífico trabajo que el equipo científico, dirigido por el arqueólogo Luis Fernando Abril, ha realizado en el Torreón de la Reina, gracias al cual se han puesto en valor los curiosos grabados medievales allí descubiertos en 2004, que ya pueden ser visitados. Un motivo más que añadir a los muchos que sobran para visitar Molina, en particular, y toda su comarca en general; también en invierno porque, aunque allí llamen “fresco” al frío, una buena pelliza basta y, a veces, hasta sobra para disfrutar, sin tiritar, de uno de los territorios de Europa más bellos y con más carga histórica, a la par que despoblados. La densidad demográfica en Molina es inversamente proporcional a la densidad histórica y paisajística que reúne.

El caso es que, como decíamos, en estas tierras guadalajareñas hay huellas del paso del hombre por ellas que casi se remontan a la noche de los tiempos, como es el caso de los grabados rupestres de la Cuevas de los Casares, en Riba de Saelices, y de la Hoz, en Santa María del Espino, que datan del Paleolítico Medio, es decir, de entre 20.000 y 30.000 años de antigüedad. Especialmente en la Cueva de los Casares, y en su entorno, pues allí no sólo hay huellas prehistóricas, sino también celtíberas, árabes y, por supuesto, cristianas de la época medieval tras la repoblación de la zona, ya se lleva tiempo trabajando para poner en valor este magnífico cogollo de recursos que, si estuviera localizado en alguna región de esas que andan sacándole hasta cosquillas a la historia para buscar su identidad y generalidad remotas, ya sería un parque arqueológico de primer nivel.

Zorita-Recopolis Pero si en la actual provincia de Guadalajara hay un referente arqueológico de primer nivel, por su singularidad y casi hasta exclusividad, ese sin duda es Recópolis, en Zorita de los Canes, cuyo Centro de Interpretación, lamentablemente, ha permanecido cerrado dos años, hasta que el Ayuntamiento y la Diputación lo han rescatado, hace unos meses, con sus propios presupuestos, de los obligados y drásticos recortes presupuestarios de la Junta, que han llegado hasta estas venerables piedras. La ciudad que Leovigildo mandó construir en honor de su hijo, Recaredo, a finales del siglo VI, a orillas del Tajo, en las alcarrias del sur, es la única urbe visigoda de nueva planta que se conserva en España y en la que se puede estudiar el concepto y la estructura de ciudad de este pueblo de origen germánico, que sucedió al romano en estas tierras y precedió al árabe, aportando también su significativo estrato al sedimento de razas y culturas que por aquí pasaron y aquí se asentaron. Hablando de esta ciudad visigoda y alcarreña, me ha sorprendido muy gratamente que ese gran arqueólogo, aunque sólo lo sea de dibujos animados, que es Tadeo Jones, producido por un guadalajareño de vocación, aunque catalán de nación, Pedro Solís, haya desarrollado una de sus aventuras didácticas, precisamente, en Recópolis. De hecho, el capítulo 23 de la primera temporada de “Descubre con Tadeo Jones”, un espacio infantil que se emite a través de los canales de Mediaset, está dedicado a Recópolis y se ha emitido hace unos días por primera vez. Un diez para Pedro Solís, para Marta Valdenebro y para Plácido Ballesteros que, me consta, lo han hecho posible; “gratis et amore”, además. Quienes deseen bajarse “Descubre con Tadeo Jones: Recópolis”, pueden hacerlo a través de este enlace de Internet: http://www.mitelekids.es/castellano/series-infantiles/descubre_con_tadeo/temporada/1/Recopolis_23_1721295001.html

Como ven, el último post del año se ha tintado de arqueología, una apasionante ciencia que en Guadalajara tiene mucho tajo por delante y que, con planes directores adecuados  y de marketing intencionados, puede activarse como uno de los recursos histórico-culturales sobre los que dinamizar el turismo provincial. Los turistas no van a los sitios simplemente por ir; sólo van a los que hay motivos para ir, y cuanto más sobrados, mejor.

Los romanos, un pueblo que también dejó su huella indeleble en estas tierras –ejemplos significativos de su paso por aquí los podemos encontrar en la Villa de las Casutillas, en Corduente, o en la llamada “Alcantarilla”, entre La Cabrera y Sigüenza– celebraban el último día del año en honor del dios Jano, que precisamente da nombre al primer mes del año: enero (January, en inglés; Janvier, en francés; Janeiro, en portugués; Xaneiro, en gallego,…) . Jano, un rey mítico de Italia, era representado con dos caras, de hecho se le conoce como el dios “bifronte”; una cara, representaba el año que se iba y otra el nuevo que venía. O sea, Jano era un dios bipolar y maximalista que, dependiendo de cómo mirara o cómo fuera mirado, ofrecía su cara vieja y oxidada o su rostro nuevo y lozano. Miremos de frente y con esperanza al nuevo año. ¡Que 2014 sea feliz para todos, especialmente para quienes más infelices les han hecho los años precedentes!

 

Foto: parque de Recópolis en Zorita de los Canes

Zambomba, Zambomba

Guadalajara, ciudad y provincia, llegado este tiempo de vísperas de la Navidad – que, como ya dijimos en el post anterior, suele iniciarse con la fiesta de la Purísima, muy especialmente en Molina y en Horche, siempre en derredor del fuego purificador- es terreno propicio para que las rondas y otras agrupaciones musicales navideñas, como cada año, se vuelvan a formar y a echar a la calle para interpretar villancicos y otras canciones tradicionales propias de esta época. Si en las últimas décadas del siglo XX, con el debilitamiento demográfico del medio rural a favor del urbano, con la masiva emigración del campo a la ciudad, se perdió cultura material e inmaterial de nuestros pueblos a serones, gracias al trabajo de recuperación que, ante este alarmante hecho, han desarrollado las instituciones y la propia sociedad civil, los vientos han cambiado y la dinámica de esa pérdida, que parecía imparable, se ha revertido, hasta el punto de que podemos afirmar que, de un tiempo a esta parte, hay un cierto renacimiento del interés general por nuestras costumbres y tradiciones, y no sólo particular de algunos sectores sensibilizados, como ocurría hasta hace bien poco. Y digo sectores y es un puro eufemismo, porque, en realidad, en los tiempos en que lo rural estuvo condenado, no sólo al debilitamiento, sino prácticamente a la eliminación, por tacharse de tosco, viejo y demodé, fueron personas, con nombres y apellidos, y, en todo caso, algunos pequeños colectivos y alguna institución pionera, quienes más hicieron por salvar de la quema la cultura tradicional, material e inmaterial, de nuestros pueblos, arrojada, como he dicho, especialmente durante el tiempo del trasiego masivo de gentes de los pueblos a la ciudad, a la hoguera, no precisamente purificadora, sino devastadora, como si se tratara de los libros de caballería que calentaron los sesos de Don Quijote.

Aunque aún queda mucho por hacer para tratar de que no se pierda el acervo cultural del medio rural que aún pervive y, mucho más, para intentar recuperar, al menos en parte, el que aún pueda ser recuperable del que se llevaron aquellos tiempos de maleta, viento y fuego, como decía antes, los tiempos han cambiado significativamente y, de despreciarse, o casi, todo lo que fuera tradición rural por entender que era un ecosistema humano obsoleto y para olvidar y superar, hemos pasado a una etapa de interés por y de puesta en valor de esa rica y diversa cultura material e inmaterial, creada, vivida y transmitida en nuestros pueblos. Así las cosas, y como ejemplo nítido de ese cambio de vientos a mejor, en los últimos años estamos viviendo un auténtico renacer del folclore musical navideño en nuestra provincia, recuperándose rondas, villancicos y otras entonadas propias de este tiempo y tradicionalmente cantadas por aquí, así como promoviéndose certámenes y festivales de música de Navidad que han calado en el interés de la gente y que son preparados por los participantes y esperados por el público con gusto y contento. Entre ellos, a destacar muy especialmente, por su capacidad de convocatoria, calidad y continuidad, el Certamen de Rondas Tradicionales Navideñas de Torija, que este año se celebrará el 28 de diciembre, fecha en la que alcanzará ya su XXIV edición. También cabe reseñar al respecto el Concurso de Villancicos, anualmente convocado por el Ayuntamiento de Guadalajara, y que se celebró ayer, domingo, 15 de diciembre, cumpliendo un año menos que el Certamen de Torija y entrando también ya en una buena edad moza. Este Concurso de la capital, además, tiene el valor añadido de reservar una categoría para grupos jóvenes, que es la mejor forma de cuidar la cantera de las rondas y otro tipo de agrupaciones musicales navideñas.

Hablando de folclore tradicional, este año los Reyes Magos y, sobre todo, la apuesta institucional de la Diputación y, muy especialmente, personal de José Antonio Alonso, van a traer un gran regalo a la provincia de Guadalajara: la inminente apertura del Centro de Cultura Tradicional, en la antigua Posada del Cordón, en Atienza. Este Centro, les aseguro, no va a ser una sala de etnografía más como las que voluntaristamente se han instalado en algunos pueblos de la provincia –todas ellas dignas de visita y aplauso, por cierto-, este Centro va a ser una referencia imprescindible para conocer y estudiar la etnografía y el folclore provinciales, tanto por ser muy valioso y curioso el material que en él se va a exponer, como por la idoneidad, calidad y visualidad de los elementos expositivos e informativos que lo complementan y el rigor científico en su concepción, estructuración y organización. Si sobraban motivos para visitar Atienza, a partir de ahora la visita será obligada.

Como en la vida misma, no todo va a ser miel, sino que ésta ha de alternarse con algo de hiel. Termino este post reproduciendo la letra de un villancico tradicional de la provincia, “Zambomba zambomba”, adaptada libremente a la situación de la España de hoy, que el otro día oí cantar a un grupo de amigos, acompañándose de zambombas, panderetas, hueseras, cañas, almireces, sonajas, botellas rizadas y demás instrumentos de percusión propios de la Navidad:

 

Estribillo:       Zambomba, zambomba, carrizo, carrizo,

Hoy día en España no hay más que chorizos.

Nosotros cantamos sin mucha alegría

Porque está la cosa bastante jodida.

 

En el portal de Belén los ladrones han entrado;

Alcaldes y concejales, banqueros y diputados.     Estribillo

 

En el portal de mi casa, la del quinto está llorando.

Han llegao los del juzgado a ejecutarla un deshaucio. Est.

 

En el portal de Belén junto al reino de Judea

Han venido antidisturbios a armar la marimorena. Est.

 

Los pastores que se fueron a ver al recién nacido,

Cuando se enteró el patrono fueron todos despedidos. Est.

 

Los líderes sindicales no han querido ir al portal

Al enterarse que dietas no les iban a pagar. Est.

 

Maestros y funcionarios tampoco irán al portal,

Por si otra vez les quitan la paga de Navidad. Est.

 

Tampoco habrá Reyes Magos ni pajes con bellas túnicas.

Han “quitao” la monarquía y han “instaurao” la república. Est.

 

Esta noche es Nochebuena y mañana Dios dirá,

Porque hay mucho mamarracho y poco que celebrar. Est.

 

P.D.- Como muchos lectores sabrán, yo fui ocho años concejal en el Ayuntamiento de Guadalajara y asumo la parte de crítica que me toca en la primera estrofa, porque el estado de opinión de la gente es el que es; ahora bien, les aseguro que en política hay muchos menos “ladrones” de los que parece, aunque, si sólo hubiera uno, ya serían demasiados.

 

De puente a puente

            Hay muchas clases de puentes –de piedra, de ladrillo o… de vacaciones, por ejemplo- y muchos puentes con clase –y otros, sin ella: simples pontones o puentecillos, pues-, siendo abundantes en nuestra provincia al ser su orografía propicia a este tipo de infraestructuras, ya que en la Alcarria y en las Serranías del Norte y en las de Molina abundan los ríos, los arroyos, las ramblas, las escorrentías, los barrancos, las vaguadas  y demás cauces de agua que sólo los puentes pueden salvar, y la cuarta comarca, la de la Campiña, lo es del Henares y del Jarama medio, además de sus respectivos afluentes, y bien es sabido que los puentes suelen construirse para unir las dos riberas de los ríos, aunque hay ocasiones, como la que la leyenda atribuye al Conde de Romanones y a su secretario, Manuel Brocas, en que ni si quiera hace falta río para prometer con descaro –en campaña electoral, por supuesto- un puente.

Debe haber sido el subconsciente el que me ha traído a colación el tema de los puentes pues acabamos de terminar de pasar el de la “Inmaculada Constitución”, sincretismo entre lo civil y lo religioso con que, de manera gráfica y licenciosa, podríamos definir estos días festivos que culebrean en el calendario con otros laborables, en la primera semana de diciembre, y que son como una preparación para los que están por venir –ad venire, en latín; tiempo de adviento, tiempo de espera, en castellano- en la última semana del último mes del año viejo y la primera del primer mes del nuevo año; o sea, Nochebuena/Navidad, la gran fiesta para los cristianos en la que nace la Vida;  Nochevieja/Año Nuevo, la gran fiesta pagana en la que muere un año y nace otro; y la Noche y el Día de Reyes, la Epifanía, la gran fiesta de los niños en España y con la que, al menos de momento, no puede Papá Noel, aunque está en ello con la inestimable ayuda de poderosos caballeros.

Foto víspera Purísima en Molina de AragónEn las guadalajaras, en este puente festivo que acabamos de pasar –y que, en los institutos de secundaria de la ciudad, a última hora, se ha alargado hasta el martes, “por orden de Toledo”,, donde se acumula ahora casi más poder, aunque sólo sea autonómico, que cuando fue capital de la España visigótica-, como es costumbre, se han celebrado señeras fiestas en la víspera de la Purísima Concepción, el dogma que data de 1854, que tanto se impulsó desde España y que, por ello y por las numerosas advocaciones marianas, así como la devoción por ellas, que hay en nuestro país, hasta el Papa Juan Pablo II le llamó “la tierra de María Santísima”. De entre las fiestas de la víspera de la Inmaculada Concepción más importantes celebradas en nuestra provincia, destacan dos: la de Horche, con las hogueras dando fuego purificador y brasas alentadoras a este bonito pueblo que se asoma al valle del Tajuña desde su balconada alcarreña, y las de Molina de Aragón, pues en la capital del Señorío, como es tradición desde 1518, gracias a una Bula Papal de León X, la noche del 7 al 8 de diciembre se celebra la primera Nochebuena, prendiéndose poco después del anochecer una hoguera en el cerro de Santa Lucía, visible desde todo Molina, para después celebrarse la primera gran cena familiar del ciclo navideño y entrar en el día de la Purísima con Misa del Gallo en San Gil, a la salida de la cual se comparten dulces y licores entre los asistentes, ofrecidos por la parroquia a los fieles. Precisamente, la fotografía que acompaña este post, está tomada en el cerro de Santa Lucía, en Molina, el pasado sábado en la tarde-noche.

Los puentes festivos son viáticos para el ocio entre días laborables como los puentes, no sólo con peso específico, sino también atómico, son viáticos para cruzar cauces y enlazar riberas. De este tipo de puentes, como decíamos al principio, en la provincia de Guadalajara tenemos muchos, desde la llamada “Alcantarilla” y el puente de data romana que se localiza entre La Cabrera y Sigüenza, junto a la carretera CM-1101, pasando por el puente árabe de la capital –de la época califal para más señas, aunque la primera historiografía local y localista quisiera que fuere romano- y el atirantado y posmoderno puente, también capitalino, de la Ronda Norte; desde el pequeño puente de pizarra sobre el río Lillas, en el entorno del Hayedo de Tejera Negra, o el del Jaramilla, entre Campillo de Ranas y Corralejo, a los del Martinete (Peralejos), Poveda, Peñalén, San Pedro (Zaorejas), Tagüenza (Huertapelayo) y Valtablado, en el Alto Tajo, de Norte a Sur y de Este a Oeste, ésta es tierra de puentes porque aquí hay ríos o, al menos, cauces y, no sólo necesidad, sino también ganas de ir de una orilla a otra de ellos porque, si no, serían fronteras y ya está bien de ponerle puertas al campo y de tratar de segmentar y dividir a las personas en función del lado de la ribera que le haya tocado estar, en buena o mala suerte. Porque la suerte, ni se hereda ni se lega. Y se puede cambiar. O, al menos, intentarlo.

La publicidad tiene su historia

Aún a riesgo de que mi compañera bloguera, María Orea, que es publicitaria, me corrija y hasta me saque los colores por pisar algún charco y decir algo inadecuado, en este post voy a hablar de publicidad, esa ciencia que cuando alcanza la excelencia llega al nivel del arte. Hay muchas definiciones de lo que es la publicidad y de su importancia, alguna de ellas realmente ingeniosa, como por ejemplo esta en la que Ted Turner resume a un emprendedor las claves para tener éxito: “Pronto a la cama, pronto a despertarse, trabaja sin parar y anuncia”; pero la definición legal de publicidad en España es la que se recoge en el artículo 2 de la vigente Ley General de Publicidad, la 34/1988: “Toda forma de comunicación realizada por una persona física o jurídica, pública o privada, en el ejercicio de una actividad comercial, industrial, artesanal o profesional, con el fin de promover de forma directa o indirecta la contratación de bienes muebles o inmuebles, servicios, derechos y obligaciones”. Una definición muy administrativista y entallada, como no podía ser de otra manera, pues está hecha por juristas, no por publicitarios.

La publicidad y los medios de comunicación tienen una relación de simbiosis pues aquélla necesita de éstos para ser eficaz y éstos necesitan de aquélla para subsistir pues, por encima aún de las ventas, la mayor partida de ingresos de cualquier medio de comunicación independiente de verdad proviene de su facturación en concepto de publicidad. De hecho, la caída de la facturación publicitaria en más de un cincuenta por ciento en los últimos cinco años, además de llevar al cierre a muchas agencias de publicidad y al paro a muchos publicitarios, también ha arrastrado al cierre a bastantes medios de comunicación y al desempleo a muchos periodistas. Basta revisar el panorama mediático de Guadalajara de hace un lustro y compararlo con el actual, para confirmar que la crisis económica se ha cebado especialmente con la publicidad y los medios de comunicación, sobre todo la prensa escrita: la actual crisis se ha llevado cabeceras históricas de la provincia como “El Decano de Guadalajara” (heredero de mi queridísimo “Flores y Abejas”), otras ya bastante consolidadas como “Guadalajara Dos Mil” y algunas que desaparecieron de los kioscos de prensa cuando aún estaban en vías de consolidación, como “La Tribuna” y “El Día”, además del periódico gratuito “Noticias”, al que incorporo a esta relación, ignorando a otros medios también gratuitos que se han quedado igualmente en el camino, porque fue un buen producto periodístico y no sólo un soporte publicitario con información.

De todas las cabeceras desaparecidas que he citado, la más antigua era “Flores y Abejas”, fundada en 1894, que vio interrumpida su edición en 1936, por evidente causa de fuerza mayor, reanudó su cita con los lectores en 1958, cambió su bello, lírico y festivo nombre por el de “El Decano” en 1990, cabecera que ya en formato revista desapareció en 2011, con el pesar de muchas personas, especialmente de aquellas que nos destetamos como periodistas en su redacción, una auténtica escuela de profesionales y también de colaboradores, con Salvador Toquero como maestro y Santiago Barra como alumno aventajado. Pues bien, recordando y homenajeando a aquella sección del viejo “Flores y Abejas” que se titulaba “El periodismo es historia” y en la que se publicaban noticias antiguas aparecidas en el periódico, voy a proclamar que la publicidad también es historia y que hay una historia de la publicidad, como se puede constatar en la secuencia de estos cuatro anuncios de una misma empresa, una sastrería, insertados en “Flores y Abejas” entre 1894 y 1958. Obsérvese en ellos la evolución de la forma de hacer publicidad:

      SARDINA, SASTRE

–          ¿Quién te ha hecho ese pantalón

con tal arte y perfección?

(preguntó ayer mi vecina

a su novio Pantaleón)

– ¡Pues quién ha de ser! SARDINA

27 –Mayor baja- 27

 

(Este anuncio fue publicado en el primer número de “Flores y Abejas”, editado el 2 de septiembre de 1894)

 

GRAN SASTRERÍA DE MILITAR Y PAISANO

de RICARDO RAZOLA

(SUCESOR DE SARDINA)

Esta casa pone en conocimiento de su nume-

rosa clientela y del público en general, que acaba

de recibirse un inmenso surtido en género nove-

dad, para la temporada de invierno.

Altas novedades en trajes y pardesús para ca-

Ballero.

Garantizado el buen corte, rápida y esmera-

da confección.

MAYOR ALTA, 26 y 28, GUADALAJARA

Teléfono núm. 51

 

(Este anuncio se publicó en “Flores y Abejas, el 6 de septiembre de 1914)

 

 

RICARDO RAZOLA

Sastrería de Militar y Paisano

– – – – –

Altas novedades en artículos para caballeros

Calle Mayor, 26 GUADALAJARA

 

(Anuncio publicado en “Flores y Abejas” el 3 de septiembre de 1933)

 

                                                                                                                                                                                                  RAZOLA

Es el sastre

de la distinción

porque emplea pañería

de las más altas calidades

 

(Anuncio publicado en “Flores y Abejas” el 5 de agosto de 1958)

 

De la publicidad festiva con pareados de 1894, pasamos a la publicidad-información de 1914, luego a la publicidad-telegrama de 1933, para terminar en la publicidad sugestiva de 1958. No me negarán dos cosas: la curiosidad de estos cuatro anuncios, especialmente los más antiguos, y la fidelidad de Sardina-Razola a “Flores y Abejas” como anunciante. Como tampoco me negarán que el abuelo paterno de mi amigo y hermano, Javier Borobia, que era un curtidor y vendedor de cuero venido de Aragón a Guadalajara hace ahora casi un siglo, donde montó una zapatería, se quedó con los alcarreños de entonces cuando un día le dio por poner un gran cartel en el escaparate de su tienda que decía:

 

CANSADO DE GANAR

EMPIEZO A REGALAR

 

¿Genial? No, lo siguiente

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Memorias del 20-N

Los norteamericanos que vivieron el asesinato de su entonces Presidente, John F. Kennedy, en Dallas –el 22 de noviembre se cumplen 50 años de este suceso- se han preguntado y aún se preguntan recurrentemente qué hacían cuando se produjo aquél atentado, prácticamente televisado en directo y que no sólo les apabulló a ellos, sino a todo el mundo. Tal fue el impacto de las formas y las consecuencias que rodearon este histórico magnicidio que los estadounidenses guardan en su memoria, con todo lujo de detalles, el momento en que conocieron que el primer presidente católico de la historia de Estados Unidos había sido abatido a tiros cuando recorría las calles de la ciudad de Texas en un coche descapotado, junto a su mujer, Jacqueline, su chófer y sus escoltas. Algo similar ocurre en España cuando, quienes tenemos edad para recordarlo, hacemos memoria en torno al momento en que conocimos la muerte de Franco, en la madrugada del 20 de noviembre de 1975, hace hoy ya 38 años de aquello, dos menos de los casi cuarenta que el dictador permaneció en el poder.

Yo acababa de cumplir 14 años cuando Franco murió y estudiaba 1º de BUP (siglas bajo las que se encerraba el pomposo nombre de “Bachillerato Unificado Polivalente”), que inaugurábamos los de mi curso pues a nosotros nos tocó hacer de “conejillos de indias” de la Ley General de Educación de 1970, promovida por el ministro Villar Palasí, y pasar del Bachillerato antiguo –primero el Elemental y luego el Superior, que se iniciaba tras cursar Preparatoria e Ingreso– a la EGB (Enseñanza General Básica), un plan de estudios que perduró veinte años, hasta que en 1990 se aprobó la LOGSE. A esta Ley felipista –a la que intentó sustituir la LOCE aznarista, que nunca se llegó a aplicar porque la derogó la LOE zapaterista en 2006- es a la que muchos achacan que España haya caído a uno de los últimos puestos de Europa, según el Informe PISA (acrónimo que resume el Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes). Un menú completo de sopas de letras al que se ha sumado ahora la LOMCE (Ley Orgánica de Mejora de la Educación), aprobada definitivamente ayer, y con la que el gobierno de Rajoy pretende, precisamente, eso: mejorar los programas educativos españoles; pero esta Ley ha nacido amenazada de muerte política, fundamentalmente por la izquierda y los nacionalistas –que siempre han preferido controlar que mejorar la educación-, aunque hasta la Conferencia Episcopal Española se queja del trato que en ella se da a la asignatura de Religión… Lo que es evidente es que, o mejoramos la Educación en España de una vez por todas, o la columna vertebral de nuestra sociedad va a seguir estando inclinada, como la Torre… de Pisa.

Pero volvamos al 20-N de 1975. Ese día tenía yo un examen de Lengua y, como era mi costumbre, me había levantado pronto para terminar de prepararlo. Vivía en un bloque alto de pisos desde el que hay un mirador privilegiado al parque de la Concordia y esa madrugada, como sucedía todos los 20-N, había convocada una concentración falangista –en recuerdo del fusilamiento de José Antonio Primo de Rivera el 20 de noviembre de 1936, en Alicante-, junto a la estatua que de él había entonces en el parque, una convocatoria que siempre acababa con el depósito de una corona de laurel a sus pies, el canto del “Cara al sol” y el grito de “¡José Antonio Primo de Rivera: Presente!”. Desde el despacho de mi padre, donde yo estudiaba en ese momento, oí perfectamente el canto del himno y el grito de ritual falangista, al que se incorporó uno nuevo, el de “¡Francisco Franco: Presente!”. A pesar de mi juventud, rápidamente deduje que Franco había muerto y pasé a la habitación de mis padres a comunicárselo. Ya lo sabían pues ambos estaban despiertos y escuchando la radio que, en ese momento, sólo emitía partes oficiales dando cuenta de la noticia y música militar y clásica solemne. La noche anterior, en TVE –la mejor televisión de España de aquella época, pues sólo había una, aunque con dos canales, uno en VHF y el otro en UHF-, estaba prevista la emisión de una película de comedia y, a última hora, fue sustituida por una bélica: “Objetivo Birmania”; es evidente que la muerte de Franco ya era inminente en la víspera de su deceso y hasta en TVE se comenzaba a preparar el terreno cambiando sonrisas por lágrimas. Incluso hay quienes creen que se hizo coincidir intencionadamente su muerte con el 20-N, para unir su fecha de fallecimiento con la de Primero de Rivera, como después se unieron sus restos en el Valle de los Caídos. Y eso que la Falange que ideó José Antonio y la que permitió Franco no siempre casaron.

La muerte de Franco, entre otras muchas cosas para España, la mayoría buenas –especialmente la llegada de la democracia-, supuso para mi que ese día no tuviera que hacer el examen de Lengua, algo que me vino estupendamente pues recuerdo que no lo tenía bien preparado, y que no hubiera clase durante una semana al decretarse un riguroso “luto oficial”. Cuando se reanudaron las clases en el colegio, a dictador muerto, rey puesto. Por él. Un rey que, a pesar de pegar unos cuantos tiros erráticos y de dar algún que otro traspié, ha contribuido decisivamente a que en estos 38 años hayamos vivido uno de los períodos de paz, libertad y prosperidad más señalados de la historia reciente de España, lo que ha contribuido a que haya más “juancarlistas” que monárquicos.

Y hablando del 20-N, en esta ocasión del de 2011, hoy también se cumplen dos años del inapelable triunfo de Rajoy y el PP en las elecciones generales, apabullando a Rubalcaba –que se resiste a morir, políticamente hablando, a pesar de que parece uno de “Los otros”, de Amenábar, y está muerto pero él no lo sabe- y castigando sobremanera en las urnas el segundo mandato presidencial de Zapatero, que, ¡a buenas horas, mangas verdes!, ya cuestiona hasta su exministro de Economía, Pedro Solbes, quien, después de negar reiteradamente que España hubiera entrado en crisis económica, ahora dice haber presentado en su día un plan anti-crisis a Zapatero que éste no aprobó por considerar innecesario. ¡Cómo torean algunos…, a toro pasado!

Pero dejemos el pasado, que pasado está, y volvamos al presente, que es lo que más va a condicionar nuestro futuro. En este 20-N de 2013, justo en el ecuador de la legislatura, las cosas están, resumidamente y más o menos, así: Parece que la crisis económica ha tocado fondo, pero una cosa es que se acabe la recesión y otra crecer. De momento, el PIB ha empezado a crecer tímidamente –un 0,1 por ciento- en el tercer trimestre del año, después de decrecer durante nueve trimestres consecutivos; por otra parte, el rescate de la UE a la banca española se va a dar en las próximas semanas por concluido, una vez saneada ésta pero cuando aún no fluye el crédito a las familias y a las empresas, algo imprescindible para dar por zanjada, de verdad, la crisis. ¿Y el paro, que es el indicador que más afecta a las personas? Pues parece que comienza a remitir, pero aún en cuantía escasa, por lo que sigue siendo un auténtico “problemón” que está haciendo sufrir cada día a más hogares, en los que el índice de empobrecimiento ha aumentado de manera alarmante. Sobre la cuestión del empleo, dos datos en este 20-N: el índice de paro se ha incrementado, gobernando Rajoy, desde un 21,5 % hasta un 26 por ciento y el poco empleo que se crea aún está mal retribuido. Si este gobierno no mejora significativamente estos datos en los dos años de mandato que le quedan y el PSOE sigue haciéndose oposición a sí mismo en vez de a Rajoy, todo apunta –y las encuestas corroboran- a que en el próximo parlamento nadie va a alcanzar la mayoría absoluta y componer una mayoría suficiente -y razonable- para gobernar va a ser muy, pero que muy complicado.

¡Queremos que la Alcarria tenga salida al mar!

            No conozco la intrahistoria que ha llevado a la Diputada nacional del PSOE por Guadalajara, Magdalena Valerio, a hacer uno de los mayores ridículos parlamentarios que se recuerdan y que está siendo objeto de cachondeo mayúsculo por todas las españas –espero que nunca federales, aunque siempre plurales-, especialmente en los mentideros políticos, pero sea cual fuere la causa de la causa del craso error por ella cometido, el caso es que del Cabo deFinisterre al de Gata, desde Ayamonte a Portbou, desde los Arribes del Duero a la Albufera, desde el Cabo deMachichaco al Golfo de Cádiz, incluso desde Algeciras a Estambul aún se están desternillando de risa por las preguntas –¡que no fue una, sino que fueron siete!- que la señora Valerio hizo al Gobierno ¡¡¡sobre afectaciones del dominio marítimo-terrestre y de la Ley de Costas en la provincia de Guadalajara!!!

             Aunque para ejemplo de este espantoso ridículo bastaría con un botón de muestra, a continuación voy a reproducir literalmente tres de las siete preguntas que, para su contestación por escrito, realizó la Diputada socialista por Guadalajara al Gobierno interesándose por la aplicación y afectación de la Ley de Costas en nuestra provincia -de interior, no, lo siguiente…- fechadas el 29 de abril de 2013:

 – “¿Cuántas construcciones o instalaciones sin la autorización o concesión exigible con arreglo a la legislación de costas han sido legalizadas por razones de interés público en los años 2000, 2001, 2002, 2003, 2004, 2005, 2006, 2007, 2008, 2009, 2010, 2011, 2012 y 2013 en la provincia de Guadalajara?

 – ¿Cuántas construcciones o instalaciones situadas en dominio público marítimo-terrestre sin la autorización o concesión exigible con arreglo a la legislación de costas tiene constancia que existen en la provincia de Guadalajara?

 – ¿Cuántas obras e instalaciones sin la autorización o concesión exigible con arreglo a la legislación de costas vigente han sido demolidas en los años 2000, 2001, 2002, 2003, 2004, 2005, 2006, 2007, 2008, 2009, 2010, 2011, 2012 y 2013 en la provincia de Guadalajara?”

 

La contestación del Gobierno a estas preguntas tan improcedentes, erradas, tórpidas, ridículas, inadecuadas, extemporáneas y merecedoras de la “Cruz del Yerro” realizadas por Magdalena Valerio, que podría haber sido inmediata y de las que hacen época, ha tardado más de cuatro meses en producirse y no ha hecho más que un rasguño irónico en la piel parlamentaria de Su Señoría, cuando podía haberla dejado como al Gallo de Morón, sin plumas y cacareando. Esta fue la escueta, aunque expresiva, respuesta que el Gobierno dio a las siete preguntas de la parlamentaria socialista alcarreña sobre aspectos relacionados con “la costa marítima” de Guadalajara:

– “Como Su Señoría sabe, Guadalajara es una provincia de interior que se encuentra a más de 300 kilómetros del mar y en la que, en consecuencia, no existe zona de Dominio Público Marítimo Terrestre ni, tampoco, concesiones que amparen ocupaciones de dicho Dominio Público”.

Puede que sea algo de complejo provinciano, no lo niego, pero el caso es que, aunque la señora Valerio no esté con mi voto en el Congreso de los Diputados, me fastidia bastante que el nombre de la provincia de Guadalajara y el de una representante de sus ciudadanos esté corriendo de boca en boca, como “la falsa monea” va de mano en mano, por un error tan lamentable y burdo y del que no se han dado explicaciones suficientes y en detalle para conocer su verdadero origen -¿acaso porque descubriríamos alguna vergüenza del funcionamiento interno del Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso?-, pues es evidente que Magdalena Valerio sabe perfectamente que Guadalajara no tiene costa marítima, una circunstancia que ni siquiera a través de un referéndum popular o de la modificación de la Constitución podríamos hacer cambiar y que me recuerda a aquellas “noches azules” de los años jóvenes de mi generación, cuando a las numerosas reivindicaciones, gran parte de ellas serias, lógicas, razonables y justas que se hicieron en la Transición, con tono jocoso y en clave festiva sumábamos una muy particular y utópica: “¡Queremos que la Alcarria tenga salida al mar!”. Incluso alguno, además de salida al mar para la Alcarria y otras utopías, pedía también que los “Donuts” no tuvieran agujero, una verdadera majadería pues sin agujero los “Donuts” ya no serían lo que son y que no es otra cosa que rosquillas.

Y hablando de rosquillas, un rosco para Magdalena Valerio por este dislate, aunque le agradezco que con él me haya permitido recordar mis años más jóvenes, ilusionantes, reivindicativos y divertidos. ¡Lástima que el tiempo pase tan deprisa y para todo el mundo…! Como proclama en el centro de su esfera el reloj carillón que hay en el despacho de la alcaldía del Ayuntamiento de Guadalajara: “Tempus fugit”.  O sea, el tiempo huye, el tiempo se escapa, el tiempo vuela, el tiempo pasa.

 

 

Metáfora de un desatino

                     

                        Al viejo palacio de los Condes de Coruña –de la Coruña del Conde burgalesa, no de la gallega-, uno de los tres edificios más emblemáticos de los que se conservan en la plaza del Jardinillo, junto con la iglesia de San Nicolás y el antiguo Banco de España-, popularmente conocido como “el del Minaya”, le ha salido un nuevo inquilino que pronto va a ocupar su planta baja, exactamente en la zona del inmueble últimamente ocupada por la Caja del Mediterráneo (CAM) y el Banco Sabadell, que hace esquina entre la calle Mayor y la del Doctor Benito Chavarri. Y he dicho un nuevo inquilino y casi podía decir un viejo vecino, porque, quien va a ocupar ese local comercial en una parte de lo que un día fuera uno de los muchos palacios nobiliarios que hubo en la ciudad, es “La Caixa” que, como es público y notorio, en algunas de sus oficinas de la provincia se anuncia como “Caja de Guadalajara”, pero todos sabemos que de la antigua caja guadalajareña cada día queda menos en ella pues, más que reabsorberla tras sus dos anteriores absorciones –eufemísticamente llamadas “fusiones en frío”- que ya le habían hecho previamente, primero Cajasol y después Banca Cívica, la caja catalana directamente fagocitó a la alcarreña.

                         Es toda una metáfora del desatino, casi una alegoría, el hecho de que una vez que la antigua Caja de Guadalajara vendiera a la Junta de Comunidades su histórica sede de Topete, esquina a Benito Chavarri –que distaba apenas cuatro metros de la nueva oficina que ahora La Caixa va a abrir en el Jardinillo- para trasladarse a su flamante torre en la avenida de Eduardo Guitián, junto al Centro Comercial “Ferial Plaza”, menos de cuatro años después vuelva a instalar su oficina principal –ahora ya como “Caixa Guadalajara”, entiendan el guiño- en el centro de la ciudad, junto a su antigua sede, en un local de alquiler y con una notoriedad y un espacio infinitamente más reducidos que los que en su día acreditaba en la zona. ¿Y qué pasó y, sobre todo, qué va a pasar entonces con la torre de la avenida Eduardo Guitián? Pues como casi todo el mundo sabe, ésta jamás llegó a estar ocupada al cien por cien –ni si quiera al cincuenta por ciento-, a su supuesta oficina principal apenas acudían clientes por estar muy lejos de casi todas partes, su salón de actos no acogió más de una docena de ellos y, cuando La Caixa absorbió a Banca Cívica –y, por ende, a los restos del disimulado naufragio de Caja de Guadalajara-, una de las primeras decisiones que tomó fue la de eliminar el nombre de “Caja de Guadalajara” de la torre, despejarla prácticamente de trabajadores e intentar venderla a través de Servihábitat, la inmobiliaria de la caja catalana. Como ha sido imposible vender la torre, ni si quiera a un precio varias veces rebajado, ahora intentan alquilar sus oficinas por metros, a un precio que indica muy a las claras cómo está de tocado el mercado inmobiliario en la ciudad –por no decir hundido-, también en suelo terciario y, concretamente, el muy escaso atractivo que tiene esa torre para los empresarios y emprendedores locales: Lo dicho, se alquila espacio para oficinas en ella ¡desde a 5 euros metro cuadrado!

Me contaba hace unos días un empresario que tiene su negocio en la zona del Jardinillo que había oído comentar a un ejecutivo de La Caixa, venido de fuera y que estaba inspeccionando las primeras tareas de acondicionamiento del local que allí pronto va a ocupar su oficina principal de la ciudad, que había sido un auténtico error, desde el punto de vista comercial, llevarse la oficina de referencia de Caja de Guadalajara “al medio del campo”, renunciando al magnífico emplazamiento que tenía en la calle Topete. A mi juicio, y al de muchos otros con los que he comentado el tema, lleva toda la razón este profesional de la caja catalana que, con esta reflexión, viene a confirmar, aún puede que sin saberlo, lo que muchos pensamos en su día cuando se fraguó en 2009 la operación de venta de la antigua sede de “nuestra” Caja a la Junta, por 17 millones de euros, casi dos años después de que hubiera “pinchado” ya la llamada “burbuja inmobiliaria”: que la administración regional pagaba bastante más –o sea, que todos pagábamos bastante más- de lo que aquél inmueble valía, a precio de mercado en ese momento, y que aquella operación iba a servir sólo para salvar las cuentas de ese año de la Caja, de manera circunstancial, y que el futuro lo tenía más que comprometido. Como así ha sido, a pesar de que nos vendieran –y, algunos, ingenuos, incluso la compráramos- su literal desaparición como una “fusión en frío” que iba a permitir tres hechos relevantes: el mantenimiento de los puestos de trabajo, el de la marca “Caja de Guadalajara” y el de la obra social a través de una fundación. Pues bien, aquello que se nos vendió como un caballo cartujano, era en realidad un ruc català (la raza de burro catalana, de la que dicen que sólo quedan unos centenares de ejemplares aunque a mí me parece que quedan muchos más) porque, andado el tiempo, ésta es la auténtica realidad de lo que queda de “nuestra” Caja: bastantes empleados se han prejubilado obligados o casi, otros han pedido la baja voluntaria porque les proponían trasladados que perjudicaban gravemente su vida familiar, otros han aceptado esos traslados como un reo acepta la horca, o sea a la fuerza, la marca “Caja de Guadalajara” es ya mera anécdota y no es más que puro nominalismo estratégico, y de la antigua obra social de “la nuestra” –que llegó a ser muy estimable- apenas queda el recuerdo.

Así que, después de que algunos directivos irresponsables y osados –venidos de la política a un mundo casi ignoto para ellos, pero muy lucrativo- hayan jugado al Monopoly con nuestro dinero y “nuestra” Caja, ésta, tornada ahora su tradicional boina de labrador castellano por una barretina de payés, vuelve de alquiler al Jardinillo, a ese casi mítico local del viejo palacio de los Condes de Coruña que durante la posguerra ocupó el bar-cafetería “Minaya”, cuando, entre 1940 y 1948, la Academía de Infantería se ubicó temporalmente en nuestra ciudad y que así describía mi maestro periodístico y recordado amigo, Salvador Toquero, en su libro titulado “El calor de una huella”: “Ubicado en la planta baja de un antiguo caserón y con amplio ventanal a la Plaza del Jardinillo, hacía esquina con la calle del Dr. Benito Chavarri, con vocación de callejón y vedado desde siempre al tráfico rodado. Una barra al fondo, no muy amplia, y unas cuantas mesas, con flanqueo de divanes y sillas, dispuestas de tal modo que el cliente podía observar perfectamente cuanto acaecía por la calle y el viandante apreciar que el local era feudo militar, a juzgar por la invasión de capotes y gorras”.

En el antiguo “Minaya”, a los capotes y los ros (el gorro militar que tanto sale en los crucigramas) de la década de los cuarenta le siguieron luego los clavos y tornillos de la ferretería de Rodríguez Coronado, cohabitando un tiempo con las horchatas y los batidos naturales de uno de los negocios de Guajardo, ya bajo la marca “Hernando”, para después terminar siendo, como otros muchos locales de la zona, oficina bancaria. Como bien decía el Arcipreste de Hita en su “Libro de buen amor”: “Hace mucho el dinero, mucho se le ha de amar; al torpe hace discreto y hombre de respetar, hace correr al cojo y al mudo le hace hablar; el que no tiene manos bien lo quiere tomar…”.

 

La paz de Bonaval

            La profesión de algunos de los más activos y comprometidos defensores del patrimonio histórico-artístico de la provincia de Guadalajara de las últimas décadas nada o muy poco tenía que ver con el arte o con la historia o con ambas áreas del conocimiento a la vez; el último y destacable caso es el del profesor de Química Física Aplicada de la Universidad Autónoma de Madrid, José Luis García de Paz, madrileño de nación pero tendillero/guadalajareño de pasión y vocación, que lamentable e inesperadamente ha fallecido hace algunos días, circunstancia que lamento mucho porque, aunque nunca le traté de manera personal, me consta que era una excelente persona y es público y notorio el magnífico trabajo que desarrolló a favor del conocimiento y de la defensa del patrimonio histórico-artístico de la provincia, con especial dedicación a la gran familia Mendoza y a Tendilla, villa de la que descendía. Como decían los romanos al dar sepultura a sus difuntos, “¡que la tierra le sea leve!”.

bonavalOtros grandes comprometidos con el estudio, la divulgación y la defensa de la historia y el patrimonio artístico de la provincia que, inicialmente, no eran profesionales de la materia, aunque terminaron dando sopas con onda a muchos teóricos especialistas en ella, fueron/son médicos de profesión, como es el caso de Miguel Mayoral –titular oficial de la calle popularmente conocida como “Cuesta del Reloj” y Alcalde que fue de la ciudad-, Francisco Layna Serrano –uno de los Cronistas Provinciales más relevantes y con mayor volumen de obra publicada, destacando entre ella “La historia de Guadalajara y sus Mendozas en los siglos XV y XVI”- y Antonio Herrera Casado –actual Cronista Oficial de la Provincia, un hombre con una capacidad y método de trabajo impresionantes y que desde su editorial, “Aache”, lleva ya muchos años realizando una labor de edición de libros sobre la provincia de Guadalajara absolutamente impagable-. Pero no sólo de médicos ha vivido y vive la historiografía provincial, también ha crecido gracias a la labor de comprometidos maestros, formados en una de las cunas del Magisterio español como es Guadalajara; como ejemplo señero de los muchos maestros de escuela que han trabajado y trabajan, en las aulas y fuera de ellas, en pro del conocimiento y defensa de la historia y el patrimonio artístico provinciales, significar a Juan Diges Antón –historiador local que destacó por su labor de promoción de un entonces incipiente turismo y que materializó una buena historia del callejero de la ciudad, ayudando decisivamente a dar a conocer los méritos contraídos por quienes figuran en él-. Diges Antón, además de cursar estudios de Magisterio, se formó y ejerció como “sobrestante” (capataz) de Obras Públicas.

Aunque sí son, o han sido, todos los citados figuras relevantes de la historiografía provincial, es obvio que no están todos los que son. Con el post de hoy no pretendo hacer una relación exhaustiva y completa de ellos, sino rendir homenaje al Profesor García de Paz ante su reciente fallecimiento, poniéndole a la altura de algunos de los más destacados y comprometidos personajes que en el pasado, y aún en el presente, como es el caso de Herrera Casado, “han laborado por enaltecer la Alcarria”, como reza el epitafio que Layna Serrano mandó grabar en la lápida de la sepultura de su esposa, Carmen Bueno, activa y apasionada colaboradora del médico/historiador, nacido en Luzón pero criado de niño y hecho mozo en Ruguilla. “Laborando por enaltecer la Alcarria, halló esta dama la muerte. Orad por ella”, reza literalmente el epitafio de Carmen Bueno, una de las primeras personas que falleció en nuestra provincia en un accidente de tráfico y hay quien dice que su muerte se produjo al chocar su coche contra uno de los camiones que, a finales de la década de los años 20 del siglo pasado y principios de los 30, transportaban las seculares piedras del Monasterio cisterciense de Óvila, tras desmontarse uno a uno los sillares de su refectorio, su atrio y su sala capitular, para ser trasladados a Estados Unidos, acción que promovió el magnate americano William Randolph Hearst, en cuya singular, amarilla y azarosa vida se inspiró Orson Wells para crear una de las mejores películas de la historia del cine: “Ciudadano Kane”.

Por cierto, precisamente cuando escribo este post, viernes, 25 de octubre, miembros de la “Plataforma Salvar Bonaval”, otro de los cuatro monasterios cistercienses que hay en la provincia junto al ya citado de Óvila y los de Buenafuente del Sistal y Monsalud, van a entregar, en el registro de entrada de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, centenares de cartas firmadas por particulares denunciando el estado de abandono total y la ruina progresiva que está deteriorando uno de los más importantes Bienes de Interés Cultural que hay en la provincia y al que el paso del tiempo y del hombre por su precioso paraje a orillas del Járama, un remanso de paz, allá en Retiendas, llevan ya muchos años haciendo tanto daño como el que a Óvila le hicieron, hace ya casi un siglo, las piquetas del ciudadano Hearst/Kane. La nueva Ley del Patrimonio Cultural de Castilla-La Mancha –la 4/2013, de 16 de mayo, vigente desde el 13 de junio de este año-, en su artículo 4.1 dice textualmente: “Las personas que observen peligro de destrucción, deterioro o pérdida en un bien integrante del Patrimonio Cultural de Castilla-La Mancha deberán ponerlo en conocimiento de la Consejería competente en materia de patrimonio cultural de la Administración Regional, del Ayuntamiento en cuyo término municipal se encuentre el bien y de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado”. Pues bien, esos centenares de particulares van a cumplir con la Ley, espero que la Administración Regional, debidamente advertida del evidente peligro de deterioro de Bonaval, tome buena nota, haga lo que deba y también la cumpla.

 

Planeta Guadalajara

            La autoestima desmedida jamás ha sido un atributo propio de los guadalajareños, más bien todo lo contrario. Probablemente porque somos una provincia de población escasa –aunque la tendencia haya cambiado en los últimos años por el desarrollo económico y residencial del Corredor del Henares, dinámica justamente inversa a la despoblación que no cesa desde hace décadas en las zonas rurales-, con pocos municipios de peso específico en el contexto nacional y que tenemos una de las capitales menos conocidas y visitadas de España, entre otras circunstancias no especialmente favorables para poder sacar mucho pecho, no ofrecemos el “mapamundide Guadalajara en nuestras oficinas de turismo, como dice el chiste que hacen los de Bilbao en las suyas, sino algún folletito de andar por casa. Sea lo dicho sin ánimo de crítica alguna a los soportes impresos de información turística provincial –tanto los editados por la Junta como por la Diputación y los ayuntamientos-, mejorados pero mejorables, y en los que, con más voluntad que medios y más ilusión que acierto, trabajé en su día por razones de destino profesional. Un trabajo que siempre desarrollé convencido de que Guadalajara tenía mucho más que ver y conocer de lo visto y conocido y que se merecía más atención de los turistas que la que éstos le prestaban. Y he dicho turistas, no “domingueros, pirómanos y tira-botes” –expresión textual de una “sui-géneris” cuña de promoción de la provincia que mi amigo/hermano, Javier Borobia y yo, emitíamos en “El Guardilón”, nuestra querida y recordada tertulia radiofónica en Rueda Rato, luego Onda Cero– que esos vienen sin llamarles, no dejan más que mierda por donde van y arrasan con casi todo.

ClaraSanchez1-375x246 Aunque, tras esta larga parrafada pudiera parecerlo, hoy no tengo intención de extenderme en hablar ni de la autoestima ni del turismo provinciales, sino de la destacable y feliz circunstancia de que nuestra paisana guadalajareña, Clara Sánchez, acaba de ganar el prestigioso Premio Planeta con su novela “El cielo ha vuelto”, el galardón literario mejor dotado de los convocados en lengua española, con 601.000 euros -100 millones de las antiguas pesetas-, y que, además, tiene los valores añadidos de elevar notoriamente los niveles de conocimiento y prestigio de sus ganadores y de garantizar una venta masiva de ejemplares de sus novelas premiadas.

Clara Sánchez, como ella mismo dijo la misma noche en que fue proclamada ganadora del Planeta, ya ha entrado por la “puerta grande” de la literatura al ganar este premio, un premio que viene a sumarse a otros dos que ya había conquistado antes y que conforman la gran trilogía de los premios literarios españoles en la actualidad: el Alfaguara –en 2000, con la novela “Últimas noticias del paraíso”- y el Nadal –en 2010, con su obra “Lo que esconde tu nombre”-. Salvo error u omisión, ningún escritor español puede presumir, como ya puede hacerlo Clara Sánchez, de haber ganado estos tres importantes premios; algunos han ganado dos de ellos, como Manuel Vicent -el Nadal (1986) y el Alfaguara (1999) – y Lucía Etxebarría –el Nadal (1998) y el Planeta (2004) -, pero ninguno los tres, hecho que certifica definitivamente que Clara Sánchez es una extraordinaria escritora y que, de confirmar su trayectoria en próximas entregas, algo previsible, puede llegar a alcanzar el cenit de las letras españolas y llevarla a ser candidata a premios literarios de prestigio internacional que ni me atrevo a nombrar para no gafarla.

No se si es provincianismo de vía estrecha, pero como guadalajareño me siento muy orgulloso de que una doble paisana mía –nació en Guadalajara en 1955, seis años antes que yo, pero desciende de Galápagos, pueblo en el que viví los primeros meses de mi vida- haya obtenido un premio literario de tanto prestigio y repercusión como es el Planeta, siguiendo, por cierto, el camino que en su día transitó otro guadalajareño, natural de Baides, Ángel María de Lera –fallecido hace ya casi 30 años-, quien en 1967 ganó este mismo premio con su excelente novela titulada “Las últimas banderas”. El mejor homenaje que podemos hacer a ambos es leer sus libros, no porque sean guadalajareños, una provincia injustamente tenida por quienes la desconocen como de segunda e, incluso, de tercera, sino porque su literatura es de primera.

Puede que esta tierra sin apenas gentes y además mayores, de soles y fríos extremos, de vientos solanos y airones, de aguas con vocación atlántica que acaban en el Mediterráneo, de altos páramos y pequeñas sabinas, de anchas alcarrias y menudos chaparros, de estrechos valles y profundos barrancos cortados a tajo, tajuña y hoz, de tierras de barro y piedra, ocres de arcilla, escarlatas de rodeno y negriazuladas de pizarra,… puede que estas tierras, por no tener, no tengan ni los turistas que se merecen, pero ¡ellos se lo pierden!, porque del silencio y la soledad nacen las mejores inspiraciones y las plumas encuentran palabras aún con el tintero seco. Aunque se viva en Madrid porque el silencio y la soledad, aunque inspiradoras, son muy malas compañías y no dan de comer.

P. D. 1.- La “sui-géneris” cuña de promoción de la provincia a la que me he referido decía textualmente: “Provincia despoblada, pero rica en soles y vientos, precisa personal para recogerlos. Domingueros, pirómanos y tira-botes, abstenerse. Preguntar por Guadalajara. Máxima discreción”  (Busquen en Internet el precioso tema instrumental de “La Tejadilla”, del Nuevo Mester de Juglaría, y lean con voz solemne y pausada ese  texto con su música de fondo y recompondrán aquella cuña que Javier y yo emitíamos en nuestro programa “gratis et amore”, porque como decía Facundo Cabral, “lo mejor de la vida es gratis”).

 P. D. 2.- En la página web de Antena 3 se dan dos noticias referidas a Clara Sánchez con ocasión de haber sido premiada con el Planeta, en las que, textualmente, se refieren a ella de las dos siguientes y diferentes maneras: “escritora madrileña de origen alcarreño” y “escritora manchega”. Es evidente que algunos sueltan los gentilicios como los perdigones que a otros se les escapan al hablar. O a ellos mismos. 

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