El Rey no ha muerto, ¡Viva el Rey!

 

Hace poco más de un año que, en este mismo blog, escribía textualmente lo siguiente: No es que sea yo, precisamente, un entusiasta de la monarquía como sistema de Estado, pero reconozco que Juan Carlos I se ha ganado mi respeto como Jefe del Estado español, por su decisiva contribución a que nuestro país sea irreversiblemente democrático cuando muchos han procurado que no lo fuera a lo largo de casi toda su historia, especialmente sus reyes”. Y eso que dije, lo mantengo e, incluso, amplío, precisamente en un momento decisivo para la monarquía y para España como es éste que nos ha tocado vivir, en el que se ha producido la abdicación de la Corona por parte del rey Juan Carlos, lo que conllevará que, en unos días –parece ser que el 19 de junio-, su hijo, el Príncipe de Asturias, se convierta en el rey Felipe VI, una vez que las Cortes aprueben la Ley orgánica que desarrollará los preceptos constitucionales establecidos al respecto de la sucesión en la jefatura del Estado, contenidos en el Título II de la Carta Magna, dedicado expresa y exclusivamente a la Corona.

Antes de hablar del futuro rey, creo justo y necesario hablar del actual que, a mi juicio, ha sido un extraordinario monarca que, sin duda, será juzgado con más benevolencia en el futuro que en el presente, porque el juicio de la historia suele descontar lo episódico y quedarse sólo con lo fundamental, algo que va a suponer que los elefantes de Botswana, los urdangarines, los braguetazos y otras “borbonadas” no sean árboles de porte suficiente como para impedir que se vea el frondoso bosque del reinado de un Jefe del Estado que, “de la ley a la ley”, como le señaló su preceptor, Torcuato Fernández Miranda, y gestionó eficazmente su mejor socio y aliado, Adolfo Suárez, nos llevó a la democracia, la defendió de más de una asonada militar, aunque la del 23-F fuera la más notoria, nos ayudó a situarnos en Europa y en el mundo como un Estado moderno, respetable y fiable y contribuyó decisivamente al progreso económico y social de la nación que, durante su reinado, ha vivido las cuatro décadas de mayores cotas de paz, libertad y bienestar, muy probablemente de toda su historia.

Pocas veces he estado de acuerdo con Alfredo Pérez Rubalcaba en lo que ha dicho y, mucho menos aún, con lo que ha hecho, pero asumo como propias las palabras que pronunció hace unos días en Barcelona cuando un grupo de empresarios catalanes le tributó una cerrada ovación en reconocimiento a su labor política, justo después de anunciar que renunciaba a liderar el PSOE: “En España enterramos muy bien”. El rey, afortunadamente, no ha muerto –aunque no soy cortesano, cortésmente y de corazón le deseo “larga vida”-, pero su abdicación supondrá su “defunción” como máxima autoridad del Estado y actor principal de la vida pública española ya que, después de estar en lo más alto de la cúspide, sólo se puede bajar y, ya sabemos todos lo que acaban siendo en España quienes pierden el poder, aunque sea de manera voluntaria, como es el caso: “jarrones chinos”, de esos enormes que son estéticamente horrendos, que no se sabe dónde ponerlos y que siempre molestan. Por el bien de España y el suyo propio, espero que Felipe VI adjudique a Juan Carlos I un estatus adecuado a su figura y su obra y, más que de “enterrador”, haga con él de gran estadista, pero sobre todo de buen discípulo y mejor hijo.

Dicho lo cual, quiero dejar bien claro que, a mi juicio,  y estoy seguro que también al de una amplia mayoría de españoles,  la extraordinaria labor llevada a cabo por el rey Juan Carlos en sus casi 39 años de reinado y, por supuesto, la legalidad vigente, es decir, la previsión constitucional, avalan que el nuevo Jefe del Estado sea el actual Príncipe de Asturias –que también lo es de Gerona y de Viana-, que reinará con el nombre de Felipe VI, al ser el primer rey que alcanza el trono de España con el nombre de Felipe, tras el de Anjou, que fue el primer monarca español de la dinastía borbónica. Con ocasión de la abdicación del rey, partidos y partidarios de la República se han echado a la calle –y a los medios de comunicación, incluidas las redes sociales, en las que son especialmente activos- para pedir un referéndum sobre el sistema de Estado. Se trata de una reivindicación, sin duda, legítima, porque la Constitución que impulsó y sancionó Juan Carlos I consagra la libertad de expresión y de manifestación, entre otros muchos derechos y libertades, pero esa misma “Ley de leyes” que, por inmensa mayoría, aprobó el pueblo español hace más de 35 años, determina que España es un reino y está regido por una monarquía, algo que sólo se puede modificar a través de una reforma constitucional, que la propia norma del 78 prevé en su Título X, dedicado exclusivamente a ella. Que nadie dude, pues, de la legitimidad y de la legalidad del acceso al trono de Felipe VI, pero que nadie piense tampoco que la monarquía es una realidad inamovible, porque eso sería antidemocrático y España es una democracia plena, gracias a los españoles y al rey Juan Carlos. Con defectos, pero plena.

Como dijo en el discurso público con motivo de su abdicación, estoy de acuerdo con el todavía rey Juan Carlos I en que su hijo, Felipe,  “tiene la madurez, la preparación y el sentido de la responsabilidad necesarios para asumir con plenas garantías la Jefatura del Estado y abrir una nueva etapa de esperanza en la que se combinen la experiencia adquirida y el impulso de una nueva generación”. Pero no sólo su padre, sino la mayor parte de las personas que le conocen de cerca, incluidos políticos, empresarios, periodistas,… que se han pronunciado estos días sobre la persona del Príncipe de Asturias, coinciden en manifestar su sobrada preparación y acreditadas condiciones para ser un buen rey, aunque, naturalmente, necesitará la ayuda de sus sucesivos gobiernos pues, bien es sabido, que el rey de España reina, pero no gobierna, y sus actos están sometidos a refrendo del gobierno. Yo, por mi parte, y aunque sea una simple anécdota, puedo aportar que conocí personalmente al futuro rey en 1990, en Hyeres (Francia), con ocasión de la Semana Olímpica de Vela que anualmente se celebra en esta bella localidad de la Costa Azul, próxima a Niza, y en la que él participó como tripulante de un barco de la clase Soling que patroneaba el canario, Fernando León, con quien después competiría en Barcelona´92, obteniendo un meritorio sexto puesto final. Una tarde-noche de abril, en un restaurante del puerto de Hyeres, junto con Angel Gutiérrez –entonces patrón del Soling “Guadalajara, Puerta Abierta”, que patrocinaba la Diputación Provincial, de la que yo era Jefe de la Sección de Deportes, Juventud y Turismo- y otros miembros del equipo pre-olímpico español de vela, compartimos una grata cena con Felipe de Borbón, que entonces tenía 22 años de edad, y puedo asegurar, y aseguro, como diría Suárez, que a pesar de su juventud, me causó una gratísima impresión por su inteligencia, sencillez, sentido común y saber estar, cualidades que si acompañan a un estadista bien preparado, le suelen conducir al éxito. Que es lo que espero y deseo por el bien de España. Una y diversa, como el mismo Príncipe dijo hace unos días en Navarra.

¡El rey Juan Carlos no ha muerto,  viva el rey Felipe!

Comunicación, pedagogía y otras políticas

 

Contrariamente a lo que me proponía al comenzar a escribir mi post anterior -y que, por cierto, no logré-,  en este nuevo no pretendo hablar de fútbol, pero sí de política, aunque no puedo resistirme, al menos, a dar la enhorabuena al Atlético de Madrid y a sus aficionados por su gran temporada deportiva, en general, y por la Liga Nacional y el subcampeonato de la Champions que han alcanzado con todo merecimiento. Y, por supuesto, felicitar también a mi/nuestro Real Madrid que, por fin, ha ganado “la décima” Copa de Europa, quitándose y quitándonos un peso de encima que hasta ahora lastraba sus resultados en los últimos años en esta competición, que parece su ecosistema natural, algo que se evidencia en la sala, significativamente llamada “Reyes de Europa”, en el Museo del Estadio Santiago Bernabéu. Dejo de hablar de fútbol por hoy –el Mundial está a la vuelta de la esquina y habrá que retomar el tema, sí o sí-, con este mensaje/deseo: ¡La undécima está más cerca que nunca: a por ella!

Una vez que el Madrid es “otra vez campeón de Europa”, como decía el entrañable abuelo, Jesús, de Majaelrayo, en aquel famoso anuncio del todo terreno que llegaba hasta la zona de la “Arquitectura Negra” como si fuera el fin del mundo –que podría serlo por la contundencia y exclusividad de su paisaje- y allí el tiempo no pasara –que, si se quiere y puede, no pasa, toca hablar de otro escenario europeo, en este caso el electoral, tras los comicios celebrados el pasado domingo, día en el que abrieron las urnas cuando algunos aún andábamos pensando que Europa era igual a Champions y no a ese superestado de Estados en que se ha convertido, donde la burocracia lo condiciona casi todo, los millones de euros se mueven como si fueran céntimos, los sueldos de los políticos y los altos funcionarios son de escándalo y lo económico se impone a lo social, e, incluso, a lo político. Pero, a pesar de todo ello, no soy euroescéptico, sino todo lo contrario, y tengo bien claro que Europa, no sólo es necesaria, sino imprescindible, porque la unión, efectivamente, hace la fuerza, aunque haya que reinventarla y hacerla menos economicista y más humana, más concreta y menos abstracta, más sencilla y menos compleja, más cercana y menos lejana, menos materialista y más solidaria. A este respecto, me preocupa mucho el ascenso electoral de partidos de extrema derecha en varios países, especialmente en Francia, donde han obtenido un 25 por ciento de los votos, porque sus tesis van justo en el sentido contrario de la Europa que yo creo deseable.

EUROELECCIONES: ASÍ VOTÓ ESPAÑA

Cuando escribo este post han pasado ya cuatro días desde la celebración de las elecciones y los números que han salido de las urnas son ya de sobra conocidos y están más que manidos, analizados y comentados; no obstante, de esos números electorales, en lo que atañe a España, cabe proponer las siguientes conclusiones: 1/ Aunque ha subido ligeramente el porcentaje de participación respecto a las dos anteriores elecciones europeas (2004 y 2009), los abstencionistas españoles han superado a los votantes, cuando en las primeras elecciones europeas en las que participó nuestro país (1987), votó casi el 70 por ciento del censo; o sea, decrece el interés por “Europa”, justo cuando más afectan a los españoles sus decisiones; 2/  El PP ha ganado las elecciones, pero de aquella manera: perdiendo, respecto a las anteriores europeas, más de 2.500.000 votos –un 16,08 por ciento- y siete diputados; 3/ El PSOE ha perdido las elecciones, pero de peor manera aún que el PP porque se ha desgastado, siendo oposición, tanto como el gobierno: 2.400.000 votos y siete diputados menos que hace cinco años; 4/ IU (La Izquierda Plural) y UPyD han avanzado notablemente, pasando de 2 y 1 escaño en 2009, respectivamente, a 6 y 4, en 2014; 5/ Sorprendente irrupción de “Podemos” en el panorama político, obteniendo 1.200.000 votos y consiguiendo cinco escaños, cuando hace unos meses ni si quiera existía esta formación de izquierdas, que ha enganchado sobre todo al voto joven y al voto crítico con los partidos de izquierdas tradicionales, pero que tendrá una prueba de fuego cuando de la teoría pase a la práctica y tenga que tomar decisiones como, por ejemplo, las de con quién coaligarse, antes y después de los procesos electorales venideros; y 6/ Sigue creciendo el voto en Euskadi y Cataluña hacia los partidos independentistas, lo que es una mala noticia para España, incluidas Cataluña y Euskadi, por supuesto.

CASTILLA-LA MANCHA: MAL RESULTADO DEL PP, PÉSIMO DEL PSOE

De los resultados electorales habidos en Castilla-La Mancha, destacar que el PP los ha tenido malos, en términos absolutos, pero no tan malos, en términos relativos, pues han sido mejores que los obtenidos por los populares en la mayoría de comunidades autónomas españolas y ha distanciado al PSOE en nueve puntos, un partido que se lo tiene que hacer mirar, y pronto y mucho, pues de tener poder omnímodo, tanto en España como en Castilla-La Mancha, hace apenas tres años, va camino de sólo ser capaz de detentar poder allá donde IU, UPyD y Podemos se lo permitan. Y repartan. De todas formas, aunque no son extrapolables los datos de unas elecciones europeas a los de otras citas electorales, sí marcan tendencias y todo apunta a que, si Cospedal salva la mayoría absoluta en la Junta, será porque mejore su gestión y la percepción de ella en el año que queda, aunque siempre tendrá como aliada a la nueva ley electoral, que recortará a la mitad el número de diputados en el parlamento regional –algo que aplaudo-, lo que recorta gastos, sin duda, pero beneficia a los dos partidos tradicionalmente mayoritarios y perjudica a los minoritarios, aunque éstos sean emergentes. Podría ocurrir, incluso, que el PP, con menos porcentaje de votos que hace tres años, ganara las próximas elecciones autonómicas con algún escaño más de diferencia. Pero que no se confíen, que Barreda también modificó la ley electoral creyendo que le beneficiaba y terminó en la oposición…

EL PP DE GUADALAJARA, DE LOCOMOTORA ELECTORAL A VAGÓN DE COLA

A nivel provincial, si bien el PP también ha ganado las elecciones aquí, lo ha hecho por tres puntos menos de porcentaje de votos que la media regional obtenida por los populares, cuando hace cinco años el PP obtuvo en Guadalajara tres puntos más respecto a esa media. O sea, que el PP de Guadalajara ha pasado de ser la locomotora electoral de los populares en la región –de hecho, en esta provincia fraguó su mayoría absoluta hace tres años Cospedal- a ser el vagón de cola. Atención al mal resultado alcanzado por el PP en el Corredor del Henares y a la suma de los votos obtenidos por las fuerzas de izquierda en él porque, si no son coyunturales y sí tendencia, podrían poner en peligro la mayoría absoluta del PP en la Diputación dentro de un año e, incluso, la de Cospedal en la región. Recordemos que, entre la capital y el Corredor, se concentra el 70 por ciento del voto en la provincia y que el partido judicial de Guadalajara, con 15 escaños, suele ser decisivo para dar y quitar mayorías absolutas en la Corporación Provincial.

CAPITAL: APLICANDO LA LEY D´HONT A LAS EUROPEAS, EL PP PERDERÍA LA MAYORÍA ABSOLUTA

En Guadalajara capital, aún dejándose muchos votos en el camino, el PP ha ganado claramente las elecciones –con más de un punto porcentual que en el resto de la provincia-, mientras que el PSOE las ha perdido aquí aún más claramente –obteniendo casi un 3 por ciento menos de apoyo que en el conjunto provincial-, pues ha conseguido menos del 20 por ciento de los votos, que no es su suelo electoral, sino su subsuelo. Como curiosidad y aunque sólo sea un ejercicio teórico de proyección de la Ley D´Hont sobre los resultados de las europeas en la capital y su adjudicación de escaños si de municipales se tratase, así quedaría el Ayuntamiento: PP (11), PSOE (6), IU (2), UPyD (2), Podemos (2), Vox (1) y Ciudadanos (1). Como Vox y Ciudadanos no han llegado al 5 por ciento de los votos, que es el mínimo que se exige para obtener escaño en las elecciones locales, IU y UPyD ganarían otro concejal y pasarían de tener 2 a 3. En ambos casos, el PP “perdería” la holgada mayoría absoluta que actualmente tiene (16 concejales de 25). Repito que no son extrapolables los resultados de las europeas a las locales, pero también insisto en que marcan tendencias e ignorarlos o despreciarlos sería un grave error que no creo que cometa Antonio Román, el mejor activo electoral que, a mi juicio y el de muchos, tiene el PP para volver a encabezar la lista por Guadalajara. Y es público y notorio que en las elecciones locales es muy importante, si no decisivo, el número uno que cada fuerza política presenta, como también es importante el número dos por si el uno después dimite.

LO QUE DEMANDA LA SOCIEDAD ES LO QUE VOTA

Le oí decir hace un par de días a Rajoy que el PP tenía que hacer un “esfuerzo de pedagogía y de comunicación” para explicar bien su gestión y tratar de recuperar, de cara a los comicios de 2015, a los votantes que no les han apoyado en las europeas de 2014, pero que sí lo hicieron en las elecciones autonómicas, locales y generales de 2011. Como no podía ser de otra manera, en línea parecida se ha pronunciado la presidenta de Castilla-La Mancha y secretaria general de los populares, Dolores de Cospedal. Es una buena estrategia, sin duda, porque lo que no se comunica bien parece que no se ha hecho bien, incluso que no se ha hecho o que se ha hecho mal; pero que no se olviden que lo que se hace mal, o regular, o no se hace, es imposible que parezca que se ha hecho bien sólo porque se haga un esfuerzo de pedagogía y de comunicación. Desde que, a mediados del siglo pasado, la llamada Escuela de Columbia, comenzó a teorizar sobre el comportamiento político y la sociología electoral, tres son los factores que se tienen como decisivos en el voto de los ciudadanos: psicológicos, sociológicos y racionales. Y me atrevo a decir que, desde el punto de vista psicológico, hay una sensación de amplio rechazo al actual ser y estar de los partidos políticos tradicionales, por su progresiva endogamia, su sectarismo y sus malas prácticas (de entre ellas, especialmente la corrupción); desde el punto de vista sociológico, la identificación con los partidos tradicionales es cada vez menor porque las tendencias ideológicas están menos diferenciadas y aumenta la volatilidad de los electores (cambio de voto de una opción a otra) y, desde el punto de vista racional, los electores cuestionan progresivamente la capacidad de las dos opciones mayoritarias tradicionales (PP Y PSOE) para resolver sus problemas y dar satisfacción a sus demandas.

¿Pedagogía y comunicación? Sí, por supuesto, pero fundamentalmente cambio, regeneración y renovación en los partidos políticos es lo que demanda la sociedad. Y lo que demanda la sociedad es lo que vota.

Yo voto Real Madrid

El “finde” que viene llega cargadito de sensaciones fuertes: el sábado, 24  – festividad de María Auxiliadora, muy celebrada por una gran mayoría de los que son y fuimos alumnos salesianos- , Real Madrid y Atlético de Madrid se juegan, en Lisboa, nada más y nada menos que la final de la Champions League; por otra parte, el domingo, 25, tenemos cita con las urnas con motivo de las elecciones al Parlamento Europeo. Hoy, en contra de mi costumbre, voy a tratar de hacer como dicen que dijo Franco a un empresario cuando se quejó de una decisión ministerial y no voy a meterme en política. O sea, me abstengo,… de meterme en política, digo, porque el domingo, después de tener casi decidido votar al Real Madrid (o sea, en blanco), finalmente voy a votar lo que siempre he votado, no muy convencido, ciertamente, pero sí movilizado por los ardides de campaña que el PSOE siempre traza para apartar los debates políticos de lo fundamental y tratar de descalificar al PP, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid o que Cañete ha metido la pata, que la ha metido, aunque vale más que cuatro “Valencianos” juntas, algo comprobable a poco que se comparen los currículos de ambos y se valoren más los hechos que los dichos, más las obras que las buenas (o malas) razones. Y votaré lo que siempre voto, aún con entusiasmo cero, porque las opciones alternativas minoritarias a PP y PSOE, sin duda todas respetables y, además, necesarias, en el parlamento europeo son simples gotas de agua en el ancho mar que aglutinan las dos grandes alternativas ideológicas que conforman las mayorías en Estrasburgo y Bruselas: la liberal conservadora y la socialista.

Aunque, sin pretenderlo, ya me he metido bastante en política, quiero centrar el post de hoy en ese encuentro deportivo, extraordinario por varios motivos, que va a comenzar el sábado, a las 20,45 horas, en el Estadio de la Luz, en Lisboa. Aunque, en definitiva, no deje de ser más que un partido de fútbol, será efectivamente extraordinario porque es la primera vez que dos equipos de la misma ciudad lo van a disputar, porque se juega en la capital europea más cercana a Madrid y acudir a él será más fácil y cómodo que nunca, porque el Real Madrid aspira a obtener su ansiada décima Copa de Europa y porque el Atlético de Madrid quiere lograr la que sería su primera. Si a todo esto, que ya es mucho, le añadimos la tradicional rivalidad entre ambos equipos, la forma en la que acaba de resolverse la Liga, el “campañón” que está haciendo el Atleti con un presupuesto muy inferior al de Madrid y Barça, y tantas y tantas cosas más, incluso los poco futboleros seguro que el sábado van a estar en algún momento pendientes de esta final de finales, de este “partido del siglo” que se celebra cada año, aunque éste va a ser especialmente especial, valga la redundancia.

Por todo lo dicho, bien que lamentaré, si no cambia mi suerte en las próximas horas y algún alma caritativa me hace llegar una entrada a su precio –por principios, me niego a pagar un solo euro en la reventa-, no poder estar en el Estadio del histórico Benfica el próximo sábado, animando a mi queridísimo Real Madrid, como siempre he estado en las últimas cuatro finales de Copa de Europa a las que ha llegado: París 1981 –en la que el perdimos 1-0 con el Liverpool-, Amsterdam 1998 –en la que ganamos la tan deseada “séptima” a la Juve de Zidane, con aquel inolvidable gol de Mijatovic-, París 2000 –en la que conseguimos la “octava” por 3-0, frente a un gran Valencia, en la primera final europea entre equipos del mismo país- y Glasgow 2002 –donde logramos la “novena”, por 2-1, ante el Bayer Leverkusen, gracias al tanto inicial del gran Raúl y al final de Zidane que, cuando vi entrar al balón por la escuadra tras aquella impresionante volea suya, me hizo gritar delante de un “Bobby” alucinado que custodiaba nuestro sector en Hampden Park un irreverente, pero muy sentido: “¡Dios es madridista!”-.

Soy muy madridista, sí, pero no soy antiatlético; es más, no me duelen prendas en reconocer el enorme mérito y el gran valor que tiene la temporada que está haciendo el Atleti e, incluso, su propio historial deportivo, cuando ha sido, salvo en épocas muy puntuales, un club que ha dispuesto de bastantes menos recursos económicos que el Madrid y el Barcelona e, incluso, que otros equipos de la liga española. El corazón –no puede ser de otra manera- me dice que la final la va a ganar el Real Madrid porque tiene mejor plantilla y porque parte de su adn lo conforma su histórico dominio de la máxima competición europea de fútbol, un hecho que parece no contar para dilucidar finales, pero que por supuesto que cuenta, y, si no, que se lo pregunten a la Juve, al Valencia o al Bayer Leverkusen, que, a pesar de llegar en plena forma a ese duelo decisivo por la Champions e, incluso, de partir como favoritos, cayeron frente al Real Madrid.

O sea, que no sería una sorpresa, más bien lo contrario, que el Atleti, como el Tajo, fuera a dar a la mar (que es el morir, según las conocidas Coplas de Jorge Manrique), en Lisboa; pero si el que allí “muere” es el Madrid –que, lógicamente, ni lo espero ni lo deseo-, como dice nuestro castizo himno, daremos deportivamente la mano a los atléticos, aunque esa derrota sería, sin duda, más dolorosa que ninguna otra.

En todo caso, ojalá nuestra política y nuestros políticos tuvieran en Europa el mismo peso que tienen nuestro fútbol y nuestros futbolistas. Yo voto Real Madrid.

¡Toledo, tenemos un problema!

                A pesar de que quien pone todo el dinero y la gestión integral del programa es el Servicio Público de Empleo Estatal, dependiente del Ministerio de Empleo, la presidenta de Castilla-La Mancha, Dolores de Cospedal, presentó hace unos días, públicamente y con amplio eco en los medios, el Plan de Empleo para Zonas Rurales de la región correspondiente al presente año. Este Plan va a dar empleo en 2014, durante 3 meses, a 2945 desempleados, de los cuales 1162 son de Ciudad Real, 802 de Albacete, 523 de Toledo, 439 de Cuenca y ¡19 -sí, leen bien, no es una errata-, repito, 19 de Guadalajara!

Como quien ha presentado este Plan ha sido la presidenta Cospedal y no el Presidente Rajoy o la ministra Báñez, a pesar de que, como ya ha quedado dicho, se trata de un programa estatal, en vez de dirigirme a “Madrid”, lo hago a “Toledo” y, como los cosmonautas del Apollo XIII, alerto de que “tenemos un problema”, un grave problema, diría yo, no porque no podamos alunizar, como les ocurrió a los tripulantes de la misión de la NASA a la Luna en 1970, sino porque son para alucinar en colores las cifras de distribución provincial de este Plan que pretende paliar el desempleo en zonas rurales deprimidas, como si en Guadalajara no las hubiera.

Imagino que para intentar justificar la ridícula cifra de personas que en Guadalajara se van a ver beneficiadas por este Plan y/o para que las culpas de este hecho se confundan e, incluso, recaigan en quien lo paga y gestiona, en su presentación se informó que “la distribución provincializada de los fondos la realiza el Servicio Público de Empleo Estatal, no puede ser alterada regionalmente y atiende a criterios de reparto del año 1997”. Pues, si es así, no tenemos uno, sino varios problemas y, al menos, un par de preguntas: 1/ ¿Por qué se aplica un criterio de hace 17 años en la gestión de un plan de empleo, cuando en ese dilatado período de tiempo tanto han variado los parámetros y las circunstancias del mercado laboral? 2/ ¿Por qué nos “vende” este Plan la presidenta de Castilla-La Mancha cuando no ha puesto un céntimo de euro la Junta en él y, además, su distribución no puede ser alterada regionalmente?

La respuesta a la segunda pregunta es obvia –la política es el arte de vender peines a calvos y frigoríficos a esquimales- y respecto a la primera, me cuentan quienes trabajan en el ámbito de la promoción y el fomento del empleo que la castellana-no manchega provincia de Guadalajara tiene un mercado laboral agrario muy distinto al de las cuatro provincias castellanas-sí manchegas y, por supuesto, una distribución de la población en el territorio también muy distinta, aunque haya algunas comarcas de la región, especialmente las serranías y la Alcarria conquenses, muy parecidas a las zonas rurales de Guadalajara. Efectivamente, mientras que en La Mancha hay un importante número de trabajadores agrarios por cuenta ajena, dada la amplitud de las explotaciones y las características de los cultivos en esa gran comarca, en Guadalajara la mayor parte de los trabajadores del sector primario lo son por cuenta propia, por lo que aquí el desempleo en este sector es bastante inferior al que hay en el resto de las provincias. En lo que respecta a la demografía y al territorio, es evidente que en La Mancha hay muchos menos pueblos que en Guadalajara, si bien tienen mucha más población.

Aunque el reparto de los fondos de este Plan se haya hecho en función del paro agrícola de cada localidad y deban ser contratados, preferentemente, trabajadores del Sistema Especial Agrario por cuenta ajena, que el medio rural de Guadalajara requiere planes especiales de empleo no es pedir precisamente la Luna, sino reivindicar algo que se lleva décadas reivindicando, pero como el que clama en el desierto, hasta tal punto de que hoy, la mayor parte de los pueblos de nuestro medio rural, tienen muy escasa población y, además, envejecida. Así las cosas, efectivamente, si hay poca gente en nuestros pueblos, porque se han visto obligados a emigrar, y, además, son mayores, no hace falta promover empleos en el sector primario, sino en el de servicios: geriatras, enfermeras, auxiliares de clínica, mancebos de botica, personal de compañía, artesanos del bastón y, por supuesto, empleados de pompas fúnebres.

Recuerdo, cuando se nos trató de vender el “invento” castellano-manchego a los castellano-manchegoescépticos como yo, que uno de los argumentos que sus interesados promotores esgrimían era que las cinco provincias, aunque no tuviéramos una historia, una geografía, unas instituciones y una vinculación común en el tiempo, sí teníamos unas estructuras socioeconómicas parecidas, circunstancia que iba a beneficiar a todas. ¡Mentira y gorda, y, para demostrarlo, ahí está este Plan de Empleo para Zonas Agrarias Rurales Deprimidas que prácticamente ignora a Guadalajara, la provincia de la región, junto con la de Cuenca, que, probablemente, más extensión tiene de zonas rurales deprimidas y que se sigue desangrando, poblacionalmente, año a año! Baste un dato: la comarca de Molina ha perdido más de 500 habitantes en el último año, casi un 7 por ciento de su población, ya de por sí menguada en las últimas décadas.

Definitivamente: ¡Toledo, Madrid, Bruselas: tenemos un problema y no es otro que la supervivencia del medio rural en Guadalajara!

Elegía en prosa para un joven rockero

(A Pedro Antonio Díaz, in memoriam)

             Una vieja batería, marca “Honsuy”, unas baquetas y unas eternas gafas de sol de cristales verdes (“Ray-Ban” para más señas), junto a un rizado mechón de cabello pelirrojo, pueden simbolizar el efímero paso de un buen tipo, Pedro Antonio Díaz, por este “perro mundo” (como titularon Cavara, Jacopetti y Prosperi su película), del que se fue hace ya 30 años, el 12 de mayo de 1984, tras fallecer en accidente de circulación en la N-II, a la altura de Guadalajara.

Pedro era inconfundible; su aspecto, siempre personal y desenfadado, destacaba sobre el encorsetado y convencional ambiente provinciano de Guadalajara por el que se desenvolvía habitualmente, aunque no era precisamente un extraño en Madrid, sobre todo en plazas y calles donde bullía “La movida”, como la de Malasaña o Padre Xifré, o en disco-bares de mítico recuerdo en la eclosión del pop-rock español de los 80, como “Rock-Ola”, “La vía láctea” o “La Manuela”.

Los-Secretos   Nació y vivió para la música. Apenas adolescente, comenzó ya a destacar como un magnífico batería. La vieja “Honsuy” blanca de los Salesianos, fue testigo de su habilidad innata para crear y marcar ritmos. Corrían tiempos de “Beattles”, “Rolling Stones”, “Led Zeppelin”,… o de “Iron Butterfly”, cuyo mítico tema, “In a gadda da vida”, que tenía un solo de batería de 18 minutos, clavaba literalmente Pedro. A nivel nacional, eran tiempos de “Brincos”, “Bravos”, “Pekenikes” o “Canarios”, entre otros muchos grupos con teclados, bajo, rítmica, punteo y batería, pelos largos y pantalones de campana. Acababan aquellos inolvidables años sesenta, claves para el futuro de la música pop española, en la que, posteriormente, un grupo, su grupo, “Los Secretos”, también dejó escrito su inconfundible sello de forma muy destacada. Sin embargo, antes de que nuestro recordado y querido “pelirrojo” se hiciera con la batería de este importante grupo del panorama musical español, tuvo que recorrer muchas plazas de pueblos en fiestas y no sólo tocar la música que le gustaba, sino también acompasar pasodobles, rumbas, valses y “canciones del verano”. Eran tiempos de “Escarcha”. De aquéllos “España cañí” tocados sobre remolques de tractor, y tras mucho aprender a baquetear la caja, los toms y los platos, y a pisar a su debido tiempo el bombo y el hi-hat, unas veces de manera autodidacta, las más, y otras con gente que tenía mucho que enseñar, pasó a grabar en 1981 un disco L.P. con “Los Secretos”, que proporcionó importantes beneficios a la “Polydor” y que, como tema estrella, incluía “Déjame”, una canción que dejaría huella indeleble en la historia del pop español y en la que destacaba nítidamente el buen hacer de un excelente batería.

El nombre de Pedro Antonio Díaz, “Pedrito” para casi todo el mundo, estoy seguro que va a ser escrito sobre un montón de vidrios mojados y ningún niño mimado va a ser capaz de borrarlo. Espero, y deseo, que tampoco el tiempo.

Pedro: aquí todo sigue igual, aunque hay algo más entre nosotros, o peor, algo menos: antes, tu presencia; ahora, tu inolvidable recuerdo que se funde entre “Rock-Ola”, en Madrid, “Money”, en Guada, y la plaza mayor de cualquier pueblo de esta tu provincia. En todos estos lugares, y en muchos más en los que pisaste y dejaste huella, siempre habrá alguien que pida un “gin-tonic” para ti, aunque sepa que no te lo vas a terminar nunca.

Rock-Ola   Un veterano músico que sabe arrastrar a las masas a sus conciertos desde hace muchos años, Miguel Ríos, asegura que “los viejos rockeros nunca mueren”; tú, cumpliéndose la mitad de la proclama de “Jethro Tull”, eras un rockero aún demasiado joven para morir y estabas en la edad ideal para el rock and roll, aunque desde 1980, sustituyendo al mítico “Canito”, anduvieras poniendo algo de caña al pop melódico, tipo “new wave”, de los hermanos Urquijo. Me aferro a pensar que algún día podré encontrarme contigo por el “Peter” del “Moñas”, el “Money” de Ambite o el “Chaplin” de Juan Antonio Martín, o por la Concordia de todos, hablando de música o de chicas con “Foni”, el hermano que se nos fue nueve años después que tú, y con el que seguro que te has vuelto a juntar en el cielo de los “rockers” y los inconformistas.

Aunque el “Registro Civil” diga lo contrario, Pedro Antonio Díaz no ha muerto, ha ido a tocar a un concierto junto a Jimy Hendrix, Janis Joplin y John Lennon; lo más probable es que no regrese en bastante tiempo, pero ¿quién volvería después de poner ritmo a “Voodoo child” con Jimy, a “Try” con Janis o a “Imagine” con John?

 

Este texto fue publicado en el periódico “Flores y Abejas”, en su edición del día 6 de junio de 1984, y ha sido revisado en abril de 2014 con motivo del 30 aniversario de la muerte de Pedro Antonio Díaz y del oportuno, justo y acertado homenaje que el Ayuntamiento de Guadalajara le va a tributar el 8 de mayo, dando su nombre a la Sala de Conciertos del Espacio TYCE y con una actuación de “Los Secretos” en acústico.

 Pies de foto: Superior: la portada del primer disco de Los Secretos, con Pedro en primer plano. Inferior: Foto del mítico bar de copas y conciertos de Madrid «Rock Ola», en el que nuestro autor vio actuar en vivo a Los Secretros varias veces, cuando Pedro triunfaba con ellos como batería.

Nuevas palabras para Javier Borobia

 

Querido Javier:

Hace cinco años, cuando te sorprendió la inesperada enfermedad que dejó tan graves secuelas en ti y que, en los momentos iniciales, incluso parecía que podía abocarte a la muerte, te escribí unas sentidas “palabras” en el blog que entonces administraba en el desaparecido diario digital eldecano.es. Aquellas viejas palabras, como estas nuevas que hoy publico en GD, bien sabes que brotaron de lo más profundo de mi corazón, en el que tienes un hueco muy especial, porque muy especial es el afecto que siento por ti. En mi particular escala de afecciones y sentimientos, estás junto a mi hermano, Alfonso, al que perdí hace 21 años y cuya ausencia aún me duele como al rosal la rosa arrancada. Estás, también, junto a mi hermano Carlos, a quien quiero no sólo por hermandad, sino por amistad bien ganada. Y te considero un hermano, no sólo por mi estima personal hacia ti, sino porque mis padres también te quieren como a un hijo (en el caso de Juanjo, lamentablemente, ya en pasado) y mi hermano, Carlos, igualmente te aprecia hasta considerarte hermano.

Hermano, no sólo en Cristo, Javier: Aunque lastrado por las secuelas de aquél grave contratiempo de salud que te sobrevino cuando hacía apenas unos días que habías dejado tu/nuestra querida Diputación para incorporarte al Patronato Municipal de Cultura de tu/nuestro querido Ayuntamiento de Guadalajara como Gerente, sigues siendo un referente personal, profesional, cívico, ético y moral para la inmensa mayoría de las muchas personas que te conocemos y queremos. Y no he dicho todas porque, aunque estemos ya en tiempo de Pascua, siempre hay algún “Judas” capaz de vender/alquilar su desamor, travestido de falso querer, por un puñado de monedas que, a veces, efectivamente son euros de curso corriente, pero en otras son vanidades y envidias o, simplemente, desatinos.

Aunque, por supuesto, no sólo a mí, sino a esa inmensa mayoría de gente a la que antes hacía referencia, nos hubiera gustado seguir disfrutando de ti en plenitud, aprendiendo de tu inmensa sabiduría, conociendo tu infinito y altruista compromiso con los demás, saboreando tu creatividad y capacidad de aglutinar e ilusionar, gozando de tu extraordinaria bonhomía, deleitando tu carácter afable, debes saber que es para nosotros motivo de consuelo saber que estás ahí y que sigues haciendo muy felices a Alicia, a Rodrigo y a Diego porque pueden disfrutar, y disfrutan cada día, de su marido, de su padre, en quien siguen viendo el gran paterfamilias que siempre fuiste y a quien entregan su amor y cariño, de lo que soy testigo y disfruto cuando te visito todos los jueves.

orea-borobiaJavier, el 22 de abril de 2014 va a ser muy especial para ti. Cumples sesenta años y en esa fecha, víspera del “Día del Libro”, se va a presentar públicamente (Centro San José.- 19,30 horas) tu obra: “Papeles de Javier Borobia (Notas de andar, sentir y soñar)”. En este libro se han recopilado un total de 128 escritos tuyos, la mayor parte artículos publicados en prensa, aunque también hay entre ellos pregones, guiones y hasta un buen puñado de poemas, que, como digo en la solapa del mismo, ponen en evidencia, negro sobre blanco, tu enorme bagaje cultural, tu guadalajareñismo militante, pero en absoluto provinciano, tu capacidad intelectual y eficacia expresiva y  te acreditan como un maestro de la metáfora y poseedor de un estilo literario muy personal, realmente brillante, que, estoy seguro, va a deleitar a los lectores, incluso a quienes, como es mi caso, ya habíamos leído esos escritos cuando se publicaron por primera vez.

Como también escribo en la introducción de tu libro, en cuantas ocasiones he tenido oportunidad te he dado las gracias, no por una, sino por muchas cosas: por tu amplio, profundo y brillante magisterio, por tu hermandad afectuosa y sincera y por tu limpia y generosa amistad. Hoy también te tengo que agradecer que me hayas dado la oportunidad de releer y volver a disfrutar tu obra, que he seleccionado y compendiado con todo el cariño del mundo, al tiempo que con enorme sentido de la responsabilidad porque, estoy seguro, que “Papeles de Javier Borobia” va a ser un libro de referencia a partir de ahora, en cualquier biblioteca guadalajareña que se precie, y que va a envejecer muy bien porque, además de belleza formal de la mejor, en él hay mucha filosofía, y no precisamente barata, mucha y profunda reflexión y un ejemplo inmejorable del dominio y el ejercicio de la inteligencia emocional.

Javier, termino, como empieza tu libro, citando a Ortega y Gasset en esa frase que, me consta, siempre has considerado casi como propia y que dice: “El hombre, más que biología, es biografía”. Tú eres el más expresivo ejemplo de esta certeza.

Un fuerte abrazo, hermano, amigo.

JESÚS OREA

Semana Santa por causalidad

                La que viene es Semana Santa, no por casualidad, sino por causalidad: el martes, 15, llegará la primera luna llena de la primavera de este año y el día de Pascua de Resurrección siempre cae en el primer domingo que sigue a la primera luna llena de la primavera. O sea, que la Semana Santa viene condicionada por el cielo, sí o sí, de tal manera que, echando un rápido vistazo a los axiomas astronómicos de las fases lunares, el Domingo de Pascua nunca puede ser antes del 22 de marzo, ni después del 25 de abril, por lo que este año, en que la “Pascua florida” cae en el 20 de abril, es uno de los más tardíos en celebrarse la Semana Santa. Esta circunstancia condiciona también todo el calendario festivo religioso posterior, de manera que, la que podríamos denominar “granfiesta de los sentidos”,  el Corpus, tendrá lugar este año el 22 de junio, en pleno solsticio de verano, cuando otros se celebra incluso en mayo. Una matización: para la iglesia, el Corpus se celebrará en domingo, como viene ocurriendo desde hace 24 años; pero, por lo civil –o sea, a efectos de calendario laboral-, en Castilla-La Mancha esa gran fiesta tendrá lugar el jueves anterior, como tenía previamente instaurado la iglesia (“tres jueves hay en el año,…”) hasta que, en abril de 1990, la Conferencia Episcopal Española decidió pasar esa festividad al domingo, en acuerdo adoptado en su CXXXVII reunión. El mundo al revés o, como dice el tango de Carlos Gardel: “nada le importa, yira yira…”.

              22042011-_MG_6735  La celebración de la Semana Santa bien entrada ya la primavera no garantiza que el tiempo sea bonancible, pero aumenta mucho las probabilidades de que así sea. Una Semana Santa plena de luz y de sol y con los días alargándose, aunque pueda mediar algún chubasco, no sólo es una aliada de las Cofradías que salen a la calle en procesión con sus imágenes, sino también de los millones de españoles que, en esas fechas más que en ningunas otras del año, se desplazan desde sus lugares de residencia a los de origen u optan por hacer turismo, bien sea en la playa, en zonas rurales o en ciudades en las que la Semana Santa tiene un especial esplendor. Está datado que la semana del año en la que más desplazamientos se concentran y producen es la Semana Santa. Basta darse una vuelta por cualquier pueblo de la provincia para comprobar que esto es así.

No seré yo quien desaconseje a nadie que salga en Semana Santa y, menos aún, que vaya a otra ciudad a conocer y disfrutar de sus procesiones y otros actos tradicionales propios de este tiempo; viajar y abrir bien los sentidos mientras se hace curan muchos males: el aburrimiento, la monotonía, la abulia, la incultura… y hasta los provincianismos y los regionalismos de vía estrecha que, haberlos, haylos, cada día más, y más, y más. Con acento y sin él. Ahora bien, sí que recomiendo a quienes no conozcan en profundidad la Semana Santa de la capital y de algunos de nuestros pueblos, que traten de conocerla, profundizar en ella y disfrutarla, porque hay sobrados motivos para ello. Las Semanas Santas de las guadalajaras no tienen la espectacularidad y el colorismo de las de Sevilla, Granada o Málaga, ni el valor histórico-artístico de los pasos de las de Valladolid, Burgos, León o Zamora, pero sí tienen detalles y momentos, dentro de su sobriedad castellana, capaces de agradar y emocionar a quienes los buscan y encuentran.

Algunos de esos momentos de la Semana Santa de la provincia que recomiendo disfrutar son estos: En la capital, la esforzada salida del Cristo de la Pasión con los cargadores arrodillados, en Santiago, y la rauda subida de esta imagen por la calle Francisco Cuesta, finalizando ya la procesión; el mar de claveles rojos sobre el que parece levitar el bello paso de Nuestro Padre Jesús Nazareno; el emocionante encuentro del Cristo del Amor y de la Paz con la Virgen de la Soledad, en el Jardinillo; el paso del Calvario y la siempre bien vestida Virgen de los Dolores; la velería que acompaña a la Virgen de la Esperanza y su hermoso rostro; el sonido agudo de las dulzainas castellanas que parecen lamentos profundos en el duelo que acompaña al Cristo Yacente… Y este año, como novedad, el lunes santo, a las nueve y media, saldrá desde la iglesia del Fuerte y con destino a San Nicolás, por primera vez, una procesión con la imagen de María Santísima de la Misericordia que supondrá que, a partir de este año, haya en la capital, al menos, una procesión todos los días de la Semana Santa, excepto, lógicamente, el Sábado de Gloria.

IMG_0448r  En cuanto a la provincia, son muchas las citas con actos relevantes que hay en Semana Santa, entre las que destacan las pasiones vivientes de Hiendelaencina, Fuentelencina, Albalate, Marchamalo, Chiloeches y Trillo, con especial atención a la primera pues es la más antigua de todas ellas; en lo que se refiere a procesiones, mi experto compañero bloguero y amigo, José Ramón López de los Mozos, recomienda en su libro “Fiestas Tradicionales de Guadalajara” –y yo, modestamente, también- la llamada  “del Ramo”, que se celebra en Luzaga, el Domingo de Ramos; igualmente, en esa fecha, las de Torrebeleña y Robledillo de Mohernando. Como también relata López de los Mozos, acertaríamos si siguiéramos la pista a los Soldados de Cristo, en Budia, a los Armaos, en Sigüenza, o a los Coraceros, en Milmarcos; asimismo, merece la pena asistir al Rosario de los Faroles, en Atienza, o a ver el paso del Cristo de la Cruz Acuestas, en Jadraque,… Y el Domingo de Resurrección hay cita en numerosos pueblos de la provincia con las llamadas “procesiones del encuentro”, como también las hay en aquellos lugares en que aún se quema “el judas”, como por ejemplo Fuentelahiguera, o donde se “rila” o rueda el huevo de Pascua, como en Hueva o en Yélamos de Abajo. O se rilaba, porque ésta es una costumbre infantil y, como es sabido, hace ya mucho tiempo que a los niños se les ha olvidado nacer en los pueblos.

Apasionante, pues, semana de Pasión. También en Guadalajara.

Geoparque y Fuero de Molina

                No se cuenta por años, sino por siglos, el tiempo que hace que Molina de Aragón y su tierra reciben una mala noticia detrás de otra, como si en vez de su viejo y singular Fuero le rigiera la “Ley de Murphy”. Como excepción que suele confirmar reglas y que, ojalá, pueda cambiar esa dinámica regresiva por otra bien distinta, hace unos días que la Red Europea de Geoparques ha decidido, por unanimidad, que la comarca de Molina sea declarada “Geoparque”, un selecto y prestigioso “club” de territorios del mundo con un destacado y singular patrimonio geológico, natural e histórico-artístico,  avalado, ni más ni menos, que por la UNESCO, la organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. El próximo mes de septiembre, en Canadá, donde se celebrará la VI Conferencia de Geoparques de la UNESCO, se ratificará esta decisión de la Red Europea, celebrada recientemente en Sobrarbe (Huesca).

                Menos de cien comarcas en el mundo, poco más de medio centenar en Europa y sólo ocho en España son “Geoparque”, unos datos, tan objetivos como expresivos, que avalan la importancia de esta declaración para Molina que, por otra parte, ya es el único geoparque de Castilla-La Mancha y el más extenso de toda España pues en él se incluye a 77 municipios que, unidos sus términos, suman una superficie de 4.000 kilómetros cuadrados, un tercio de la extensión total de la provincia de Guadalajara.

Casi diez años de trabajo ha costado obtener esta declaración porque el título de “Geoparque” no se otorga a cualquier territorio que lo desee, sino a aquel que reúna una amplia serie de condiciones y, además, se comprometa en el futuro a un desarrollo sostenible y preservador de su patrimonio. En la propia página web oficial del geoparque molinés (http://www.geoparquemolina.es) se explica muy bien lo que es un geoparque, cómo se gestó su nacimiento y los compromisos y consecuencias de su declaración: “La figura de Geoparque es una distinción sin carácter normativo que otorga la UNESCO a territorios que presentan un patrimonio geológico notable, que es convenientemente conservado y utilizado como motor para el desarrollo local. Los geoparques se han convertido en uno de los principales programas de la UNESCO, junto con otros más conocidos como Patrimonio de la Humanidad o Reservas de la Biosfera. Surgieron a principios de la década de los 90 en Europa, con Francia, Alemania, Grecia y España como socios fundadores. La declaración de geoparque lleva implícita unos objetivos económicos y de desarrollo muy claros basados en tres principios básicos: La existencia de un patrimonio geológico que sirva de protagonista y eje conductor; la puesta en marcha de iniciativas de geoconservación y divulgación y la potenciación del desarrollo socioeconómico y cultural a escala local”.

El mero hecho de ser geoparque ya va a contribuir a que la comarca de Molina de Aragón aparezca en numerosos soportes científicos, divulgativos y promocionales que, además, llegarán a un público objetivo, ya segmentado y escogido, altamente interesado por los valores paisajísticos, en general, y geológicos, en particular, que ofrecen los geoparques, además de en otros recursos patrimoniales transversales, como la historia, la cultura, etc. Pero esta importantísima declaración no es, no debe ser el final del camino – aunque el ya andado sea largo y digno de reconocimiento para quienes han ”tirado del carro”: Manolo Monasterio, José Antonio Martínez Perruca, Luis Carcavilla y demás miembros del equipo de trabajo y de los comités ejecutivo, asesor científico y social-, sino el principio de una nueva etapa para Molina en la que, además de preservarse adecuadamente sus valiosos recursos geológicos y de todo tipo, éstos sirvan para que se genere actividad y riqueza en la comarca, a través de un desarrollo necesariamente sostenible, un adjetivo injustamente desgastado por manido y recurrente en discursos demagógicos, pero que ha de concretarse efectivamente si no queremos que lo que hoy es o puede ser pan, mañana sólo sea hambre. Este proverbio indio resume muy bien lo que pienso y lo que pretendo decir al respecto de la sostenibilidad: “La Tierra no es una herencia de nuestros padres, sino un préstamo de nuestros hijos”.

Con el buen trabajo hecho para lograr esta declaración se ha demostrado que Molina tiene una sociedad civil activa e inquieta y con largas miras que, además, ha sabido implicar a las instituciones en un proyecto como el de “Geoparque” que, o es de todos, o no será de nadie; pero, como suele pasar en todas partes, algunos hechos que han acaecido en Molina en los últimos tiempos también están evidenciando la torpeza y estrechez de miras de algunos, afortunadamente, pocos, muy pocos. No me gustan las algaradas callejeras, ni aunque los que las agiten tengan parte de razón en lo que reclaman, porque pierden toda ella al no guardar las formas. Menos aún me gusta que en el salón de plenos del Ayuntamiento molinés un portavoz de la oposición le llame al alcalde: “payaso”, “mamarracho” y “mequetrefe”. Imagino que Jesús Herranz, que es jurista, acudirá, lógica y legítimamente, en defensa de su honor a los juzgados, pero yo acudo a Ortega y Gasset y, como él, digo: “No es esto, no es esto”.

No quiero terminar este post con sabor amargo, sino bien al contrario, porque como nieto e hijo de molinés (mi padre nació fuera de Molina, pero los molineses, como los de Bilbao, nacen donde les da la gana) me duele mucho aquella tierra. Resulta, cuando menos curioso, que la aprobación unánime de la comarca de Molina como “Geoparque” se haya producido en la localidad oscense de Sobrarbe, no sólo conocida por la extraordinaria riqueza geológica de su entorno (Aínsa, Boltaña, Broto, etc.), sino por su Fuero, al que se le conoce como la “verdadera constitución aragonesa”. El Fuero de Sobrarbe data, al menos, del siglo XI, y en él se pretendió “circunscribir a muy estrechos límites la autoridad del Rey”, en plena Edad Media y con una monarquía regente, no absoluta, sino absolutísima; bien es sabido que, hasta la caída del Antiguo Régimen, a finales del siglo XVIII, y el nacimiento de las constituciones liberales, no se limitaron realmente los poderes de los monarcas, de ahí la importancia histórica del Fuero de Sobrarbe y… del de Molina, que data del siglo XIII, y en el que se estipula algo parecido: “Si algún rrey o comde o poderoso o otro omne alguno este fuero que aquí scripto es, quebrantar quisiere, sea malditcho et escomulgado (…)”.

                Dicho quede.

               

 

 

 

Suárez en “la hora de las alabanzas”

 

No por esperada ha sido menos dolorosa la noticia de la muerte de Adolfo Suárez, el hombre que, junto al rey, Juan Carlos I, hizo posible la ejemplar Transición política en España, que pasó de una dictadura a una democracia en menos de 20 meses, los que transcurrieron desde la muerte de Franco, en noviembre de 1975, hasta la celebración de las primeras elecciones generales, que a la vez fueron constituyentes, en junio de 1977. Una singular transición porque se hizo “de la ley a la ley”, sin revoluciones ni derramamiento de sangre por sí misma, aunque coincidió en el tiempo con los llamados “años de plomo” de ETA, en los que la banda criminal vasca causó más muerte y dolor, dando argumentos impagables a quienes estaban en contra del avance de España hacia una democracia, a la que, entre otros muchos males, le achacaban debilidad y falta de autoridad. Los extremos se tocan y demasiado al este es el oeste.

A Adolfo Suárez, después de muchos desprecios –Alfonso Guerra le llegó a llamar en su día “tahúr del Mississippi” y ayer no paraba de elogiarle- y descalificativos –parte de la izquierda siempre desconfió de él y le acusaba de “fascista disfrazado”, mientras la derecha más reaccionaria hasta le tildó de “rojo” y de “masón”, las dos peores cosas que se podían ser en tiempos de Franco-, ayer le llegó “la hora de las alabanzas”, como llamaba mi abuelo, Juan, a los momentos que siguen al deceso de alguien y de los que pedía a Dios que le librara. Y es que la hipocresía y el cinismo están tan presentes en nuestra sociedad –la política mal entendida y peor aplicada de este tiempo está contribuyendo a ello- que en muchas ocasiones sólo es indulgente y hasta generosa en la valoración de alguien cuando fallece; en este caso, las numerosas y generalizadas alabanzas que están recayendo sobre Suárez no me parecen ni indulgentes, ni generosas, sino justas.

La figura de Suárez, como la de los grandes hombres, se ha venido agigantando con el paso del tiempo, pero cuando dimitió –verbo que sólo se usa con carácter muy excepcional y no común entre la clase política actual- como Presidente del Gobierno, en enero de 1981, le estaban haciendo la vida imposible, hasta límites próximos a la denigración, desde su propio partido de entonces, la UCD, a todos los partidos de la oposición, con especial saña socialista, los poderes económicos y sindicales, una gran parte de los medios de comunicación y hasta un amplio sector del ejército, no sólo el que hacía mucho y continuo ruido de sables en los cuarteles y que terminó dando el golpe de Estado del 23-F, siendo aún Suárez presidente del gobierno en funciones, pues la asonada de Tejero se produjo en la sesión de investidura de Calvo Sotelo como su sucesor al frente del Gobierno. De las muchas y muy buenas frases que Adolfo Suárez dejó para la historia –dicen que era el periodista Fernando Onega quien le hacía los discursos, pero es una obviedad que las frases son de quienes las pronuncian, no de quienes las escriben-, hay una, precisamente pronunciada el día en que anunció por televisión su dimisión como presidente del Gobierno, que debería ser grabada con letras de oro y puesta en lugar bien visible en el salón de los Pasos Perdidos del Congreso de los Diputados, lugar en el que se están rindiendo honores de Estado a los restos mortales del primer presidente de nuestra democracia cuando estribo este post: “Dimito como revulsivo moral que ayude a restablecer la credibilidad en las personas y las instituciones”.

Una frase pronunciada hace 33 años y que, como el buen vino, ha envejecido tan bien que puede ser considerada un “gran reserva” de la alta y mejor política. En los malos tiempos que corren, no sólo por la grave crisis económica que padecemos sino por el desprestigio de la clase política, que hasta es considerada por la sociedad un problema y no una solución, volver a leer esta frase es como abrir la ventana en una habitación con atmósfera cargada y asfixiante, que fue ni más ni menos lo que Suárez hizo cuando, con tanta audacia como determinación y  visión de futuro, desmontó el régimen franquista con tal habilidad que, hasta los propios procuradores de las últimas Cortes de Franco, votaron mayoritariamente a favor la decisiva e histórica Ley de Reforma Política de 1976, que permitió la Transición no traumática de España de una dictadura a una democracia plena, vertebrada con la Constitución de 1978 y homologable y homologada por la comunidad internacional.

Cuando pase esta “hora de las alabanzas” de Suárez, tenemos que quedarnos con lo mejor de su legado político y aprovecharlo en estos difíciles tiempos en que, no sólo mucha gente lo está pasando mal por la crisis económica -contra la que también luchó el de Cebreros, no precisamente con éxito-, sino que las políticas cada vez son menos de Estado y más sectarias y de bandería, los diálogos entre partidos, frecuentemente, son más propios de besugos que de personas y se cuestiona y ataca hasta la unidad de España, cuando más reconocida está su diversidad y más descentralizado su gobierno. O España vuelve, y pronto, al espíritu de la Transición que inspiró Suárez, o nuestro futuro como nación próspera y unida y como Estado social y democrático de derecho peligran seriamente. Determinación, valentía, altura de miras, sentido común, voluntad, capacidad de diálogo y búsqueda de consensos son algunos de los valores que Suárez ha legado a la clase política española; espero que, pasadas sus honras fúnebres, se le siga honrando aceptándolo.

 

Hablaremos el 25-M

                Que el PSOE no está pasando por su mejor momento, ni a nivel nacional, ni regional, ni provincial, ni local es una certeza, no una opinión. Es más, el decir que “no está pasando por su mejor momento” es un eufemismo, porque la realidad es que vive en una crisis de calado, que tampoco es una opinión, sino otra certeza porque no gobierna ni la Administración del Estado, ni la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, ni la Diputación Provincial, ni el Ayuntamiento de Guadalajara, por primera vez desde que se celebran elecciones democráticas al amparo de la Constitución de 1978.

                Los partidos con vocación de gobierno, como es el PSOE, cuando están fuera de él (de todos ellos, en los cuatro casos referidos), se parecen mucho a los fantasmas: apenas se les puede identificar el rostro porque los liderazgos se desgastan y diluyen, van penando por la vida lamentándose de su mala hora y hasta arrastran lastres como si fueran cadenas, en forma de malos resultados electorales y de pérdida de poder e influencia.

Lo más preocupante del PSOE de hoy, a nivel nacional, es que el que parece más solvente, experimentado y con mejor sentido y visión de Estado de sus líderes es, precisamente, Alfredo “P punto”  Rubalcaba, al que no hace mucho comparaba en este mismo blog con un personaje de la película de Amenábar “Los otros”, que bien es sabido que estaban muertos pero ellos no lo sabían. O sea, que el mejor de sus dirigentes –o, al menos, el aparentemente más idóneo-, tuvo gran culpa de lo peor, a la vez que el pasado es también presente y puede ser o decidir el futuro. Así de complejas las cosas, en Ferraz deben estar valorando si es más conveniente seguir pagando a los sociólogos que orientan la política de acción y comunicación del partido o contratar a un equipo de psicólogos, cuando no de psiquiatras, para no terminar con Kafka de referente, una vez que hace años despidieron a Marx.

Es también una certeza y no una opinión que el PSOE pagó muy caro, en las dos grandes citas electorales de 2011 y en todas las instituciones que gobernaba, el advenimiento de la crisis y su progresiva y cada vez más profunda y negativa incidencia en la economía y la sociedad española, algo lógico pues sus dirigentes, empezando por su entonces líder y presidente del gobierno, Zapatero, primero negaron su existencia y luego no supieron atajarla, incluso algunas de sus medidas contribuyeron a agravarla. El PP, cerca de tres años después de asumir simultáneamente el poder en los ámbitos nacional, regional, provincial y local, debería estar casi achicharrado en intención de voto porque, aunque la macroeconomía va mejorando –despacio, eso sí-, y el peligro del “rescate a la griega” parece ya superado, la economía real, la de la gente de la calle, tiene un termómetro infalible y que aún prescribe calentura: el paro, que sigue en cifras escandalosamente altas. Y es que detrás de ellas no sólo hay números y estadística,  sino millones de familias y de personas que las están pasando realmente canutas, que han caído en el umbral de la pobreza o que han descendido de parámetros de cierta holgura económica a otros de mera supervivencia, lo que es muy duro y muy triste.

A pesar de este estado de cosas, el PP se desgasta, sí, pero no se achicharra en intención de voto, mientras que el PSOE sigue estancado en el achicharramiento que padeció hace tres años y aún no ha resuelto si quiere seguir teniendo el líder con el que se achicharró o relevarle por alguno de los varios que pretenden sucederle, entre ellos el alcalde de Toledo y secretario regional de los socialistas, Emiliano García Page, que en una gran encuesta que se hizo a nivel nacional era el posible candidato a la secretaría general del PSOE con menos apoyos, incluso por detrás de la opción innominada de “otros candidatos”. ¡Otra vez “Los otros”! El PSOE y sus fantasmas…

No es tampoco una opinión, sino una certeza, basada, como los refranes, “en la madre experiencia”, que las intenciones de voto son sólo eso: inclinaciones en un momento dado, una foto fija de un día y una hora determinada que puede variar, y mucho, cuando llegue el momento real que cuenta para adjudicar y repartir el poder que es el día de las elecciones. En poco más de dos meses llegarán las elecciones europeas, que siguen pareciéndonos un tanto lejanas a pesar de que cada día nos jugamos más cosas directamente en ellas. Esta circunstancia va a provocar, probablemente, que, a la ya habitual alta abstención que se suele producir en esos comicios, se sume en esta ocasión la del desgaste del PP por tardar en frenar la crisis y no terminar de invertir la situación del paro, así como por los recortes sociales que se ha visto obligado a hacer, y el del PSOE, que sigue oliendo a chamusquina desde su achicharramiento electoral hace tres años y parece encandilar menos al electorado que un tablao flamenco en Moscú, hasta el punto de beneficiarse IU de ese desgaste socialista cuando la lidera un político limitado y mediocre donde los haya, como es Cayo Lara.

Pero no sólo la abstención se va a beneficiar de los desgastes de los dos grandes partidos, sino que también van a coger muchas papeletas para su “saca” los hasta ahora partidos minoritarios, sobre todo IU –como ya decíamos, especialmente a costa del PSOE- y UPYD –picoteando a populares y socialistas- e, incluso, otras nuevas opciones que aprovecharán el distrito único electoral de las europeas para intentar tener escaño en Estrasburgo y Bruselas, la doble sede compartida del Parlamento Europeo. Vox, claramente a la derecha del PP, y Ciudadanos, a la izquierda del PP, pero a la derecha del PSOE, pueden alcanzar representación en Europa, a costa de los dos partidos mayoritarios. ¡Ojo, también, al voto en blanco y al nulo!

Presiento que el 25-M van a hablar las urnas más claramente que nunca. Espero que quienes tengan más obligación de escucharlas, lo hagan. Como decía el “jingle” de la campaña de las primeras elecciones que se celebraron tras la muerte de Franco, en 1977: “habla pueblo, habla; habla pueblo, sí; no dejes que nadie decida por ti”. Hablaremos pues.

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